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Introducción

Susana Finquelievich, Patricio Feldman, Ulises Girolimo, Belén Odena

En el discurso relativo al deber de la felicidad, tan típico de nuestro Siglo XXI, se nos insiste en que es preciso aferrar el presente. No obstante, el presente es el menos asible de los tiempos: apenas lo hemos nombrado, ya se ha transformado en pasado. Para los coordinadores de este libro, el pasado es aprehensible, pasible de ser conocido. El presente es el veloz fluir del pasado inmediato. El futuro, en cambio, sería el producto de esa construcción de pasados sucesivos. No es predecible, pero sí se pueden identificar tendencias, regularidades, indicios que permiten proyectar una imagen cercana a lo que puede suceder. No podemos anticipar ni predecir con suficiente precisión, pero estamos capacitados para imaginar y construir un mapa de opciones posibles. Es ese mapa el que nos permite actuar sobre el presente, pensando en el futuro.

Desde este punto de vista es que nos inspiramos en Jano para trabajar sobre “El futuro ya no es lo que era”. En la mitología romana, Jano​ es el dios de las puertas, los comienzos, los portales, pero también de las transiciones y los finales. Más aún, según los romanos, este dios afirmaba y auguraba buenos finales. El dios Saturno, agradecido al guerrero Jano por haberle prestado refugio cuando fue expulsado del mundo de los dioses, lo dotó del poder de ver el futuro y el pasado al mismo tiempo y lograr así tomar decisiones sabias y justas. Además, lo convirtió en un dios.

A causa de este poder de percibir simultáneamente pasado y futuro, Jano es representado con dos caras, mirando hacia ambos lados de su perfil. Esta imagen muestra la unidad y la dualidad, simultáneamente integradas y separadas. Pero además, como Prometeo -el titán amigo de los hombres que robó el fuego de los dioses, el conocimiento, para entregárselo a los humanos- Jano es un héroe cultural y sagrado que ha jugado un fuerte rol en la evolución de las sociedades humanas. Se le atribuye entre otras cosas la invención del dinero, la navegación y la agricultura. Pasado, futuro, culturas, estudio, trabajo, y el fuego del conocimiento. Los capítulos que integran esta obra tratan fundamentalmente de estos ejes.

La gestación y el desarrollo de este libro ocurrió casi simultáneamente con los nacimientos de los hijos de tres de los coordinadores: Patricio Feldman, Ulises Girolimo y Belén Odena. Más aún: la última bebé fue dada a luz mientras los demás coordinadores le dábamos frenéticamente los últimos toques al libro. Lo que se dice, dos alumbramientos al mismo tiempo. Estos cuatro nuevos seres representan nuestra apuesta al futuro.

“El futuro ya no es como era” está organizado en tres partes. La primera, “Tendencias hacia el futuro” comienza con el provocativo capítulo de Luis Alberto Quevedo, “Dialogando con las máquinas. De la revolución digital a una segunda naturaleza robótica”. El autor reflexiona sobre nuestras crecientes y cada vez más complejas interacciones con las máquinas, un tema presente en muchos de los debates que se sostienen en el territorio que conjuga las tecnologías, la economía capitalista, las prácticas culturales y la vida cotidiana de los ciudadanos. El autor propone reflexionar sobre cómo fue pensado, percibido, planeado ayer el futuro que vivimos hoy, cómo fue pre-visto en el pasado nuestro vínculo con las máquinas y qué ha ocurrido en la actualidad. Dado que cada vez dialogamos más con los artefactos, esto nos obliga a re-pensar el presente y el futuro cercano. Quevedo opina que actualmente los humanos nos enfrentamos a una superioridad cognitiva de la tecnología.

El autor señala el desafío de la inteligencia artificial, que nada tiene que ver con el que planteó la robótica, muy anterior a los algoritmos con los que nos relacionamos casi a diario. En la robótica del siglo XX las máquinas eran programadas a través de secuencias lineales que buscaban que ese robot repitiera con precisión un determinado proceso, inconsciente de su capacidad para mejorarlo, sino que su éxito consistía en la exactitud, en la capacidad de repetición. El salto que se ha dado en el siglo XXI es que los algoritmos tienen capacidad de “aprendizaje”. ¿Cuáles serán sus impactos y sus consecuencias?

En el segundo capítulo, “¿Qué futuro(s) estamos construyendo?”, Susana Finquelievich se cuestiona sobre los impactos sociales y económicos de las tecnologías emergentes de la Cuarta Revolución Industrial, que plantea como comparable a las tres revoluciones previas basadas en el vapor, petróleo y electricidad, e informática. Esta Cuarta Revolución estaría liderada por IA, robótica, blockchain, bitcoins, edición genética y neurotecnologías. El capítulo trata sobre la interfase entre prolongación de la vida humana y el tsunami tecnológico que tratamos de navegar. Ante esta realidad vertiginosamente cambiante, interroga: ¿Cuál será el porvenir del trabajo? ¿Los avances veloces y a veces brutales de las tecnologías, tendrán como consecuencia grupos sociales “superfluos” para la sociedad? ¿Qué políticas pueden generar los gobiernos y los sectores económicos, los mismos ciudadanos, para morigerar estos impactos?

La autora presta especial atención a los impactos geopolíticos. En el caso de los países periféricos, y en particular de América Latina y el Caribe, existen barreras importantes que hacen difícil la rápida absorción e integración de esta evolución tecnológica. Esto se debe a que la región no cuenta con las capacidades científicas y tecnológicas ni de la infraestructura necesarias para dar una cabida plena a estas transformaciones. Una razón es que los niveles de preparación de la mano de obra en la región suponen un freno para la adopción de nuevas tecnologías. Otra es que el costo menor de la mano de obra hace que, para las empresas, resulte menos atractivo reemplazarla por innovaciones tecnológicas. Además, la mayoría de las empresas de la región son pequeñas, lo que añade restricciones a la innovación.

La segunda parte del libro, “Políticas en el presente para construir el futuro” es la más nutrida en cuanto al número de capítulos que la integran, un signo del interés que suscita el tema. El capítulo “Políticas públicas de innovación en Argentina: entre la retórica emprendedorista y los desafíos de la industria 4.0”, de Patricio Feldman, ilustra los nuevos desafíos que afronta la humanidad en la tercera década del siglo XXI, desde la perspectiva particular de un país periférico como Argentina. El futuro del empleo, la incorporación intensiva de estas tecnologías a la gestión urbana, el desarrollo de nuevas áreas de I+D, las transformaciones en los marcos regulatorios, la problematización del uso y manipulación de los datos, y el desfasaje entre el avance científico-tecnológico y la oferta educativa, son algunos de estos desafíos.

El autor expone la evolución de las políticas públicas de innovación socio-tecnológica implementadas en Argentina a partir del cambio de gestión gubernamental ocurrido en diciembre de 2015, sobre la base de los siguientes interrogantes: ¿Qué políticas públicas se han diseñado o implementado para abordar los grandes desafíos del siglo XXI? ¿Qué rol ejerce (o debería ejercer) el Estado en estos procesos? ¿En qué áreas específicas se percibe el desarrollo o incorporación intensiva de las tecnologías 4.0? ¿Existe una estrategia nacional de desarrollo de estas tecnologías? ¿En qué medida el contexto macroeconómico impacta negativamente en las capacidades, perspectivas y proyecciones futuras?

El capítulo de Rita Grandinetti, “La innovación en la construcción de futuros públicos. Una pregunta, una afirmación y dos líneas de reflexión” reflexiona sobre la innovación pública y la construcción de futuros comunes deseables. La autora entiende la innovación pública como un motor de capacidades de políticas estatales en entornos cada vez más complejos y dinámicos, resultante, y a la vez promotora, de nuevos relacionamientos Estado- sociedad civil. A partir de la matriz de innovación abierta, la innovación resulta del intercambio intensivo que se da entre ciudadanos, organizaciones y organismos del Estado. Se reconoce en estos conceptos una ampliación y deslocalización de los actores de la innovación: diferentes agencias públicas, ciudadanos, activistas, universidades, expertos individuales, etc. Sus técnicas se generan en el diseño colaborativo, se orientan a la co‐ creación en políticas públicas, la apertura de los procesos y datos, la transparencia y la generación de ideas. Su finalidad es el incremento del valor público para la gestión de lo común en contextos de incertidumbre.

Grandinetti afirma que para abordar los desafíos presentes y futuros es preciso desarrollar nuevas capacidades estatales, que vuelvan inteligentes, en un sentido político, no meramente tecnológico, a los Estados de las diferentes jurisdicciones. Esto requiere innovaciones sólidas y osadas, que partan de pensar los nuevos escenarios y las capacidades disponibles y construyan las coaliciones de actores necesarias para llevarlas a cabo.

En su capítulo “Iniciativas y desafíos de las ciudades argentinas en materia de innovación tecnológica en el contexto informacional”, Ulises Girolimo expone los ejes fundamentales que estructuran los debates sobre ciudades e innovación productiva. Realiza una aproximación a las principales estrategias e iniciativas que están desarrollando las ciudades argentinas en relación a una de las actividades más dinámicas a nivel internacional, y una de las que registró un crecimiento sostenido en los últimos años en el país: el software y los servicios informáticos. El autor da cuenta del lugar que ocupan las ciudades en el contexto informacional, los límites y potencialidades de los abordajes locales, y los principales estrategias e iniciativas que están desarrollando las ciudades argentinas en relación a una de las actividades más dinámicas a nivel internacional, y una de las que registró un crecimiento sostenido en los últimos años en el país: el software y los servicios informáticos. Girolimo advierte que, de continuar las tendencias actuales, en las que el financiamiento al sistema científico-tecnológico se deteriora año a año y el buen desempeño del sector del SSI encuentra ciertos límites a la hora de vincularse con los entramados productivos locales, es probable que Argentina ocupe el lugar de proveedor de productos con escaso valor agregado en conocimiento y mano de obra barata altamente calificada. Plantea que revertir esas tendencias es un desafío estratégico y necesario para la búsqueda de un futuro diferente.

El capítulo siguiente, “Desarrollo, Ética y Soberanía en la Sociedad del Conocimiento”, de Gabriel Baum, aborda el tema inquietante de las políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación en Argentina. Recuerda el importante legado que dejó el período populista-progresista (2003-2015) en cuanto a la reconstrucción de varias instituciones de investigación y desarrollo científico y técnico. Plantea que tal vez el mayor legado sea la puesta en valor en gran parte de la sociedad del conocimiento científico y técnico como un factor de progreso colectivo y de soberanía nacional. Lo contrasta con los ataques del gobierno neoliberal, sobre todo en la reducción del número de ingresantes al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET), el virtual desmantelamiento y privatización de los servicios de ARSAT, la desactivación de los planes Nuclear y Aeroespacial, la reducción de la planta de técnico-profesional del INTI, la reducción sistemática de los presupuestos universitarios, entre muchos otros, representan un retroceso de costosa recuperación para la Nación. Sin embargo, la herencia cultural de los alcances anteriores en CyT no podrá ser fácilmente borrado de la memoria y la conciencia colectiva.

Es importante considerar esta potencia para recuperar lo perdido y superar lo realizado por el kirchnerismo, tanto en cantidad como en calidad. Baum afirma que la reconstrucción y superación de lo obtenido depende en gran medida de la profundidad, honestidad y buen criterio con que se realice un análisis crítico de todo lo bueno, lo malo y lo no realizado. En el campo de las TIC, junto con notables avances, deben anotarse falencias y ausencias de políticas públicas que conciban a estas tecnologías como palancas capaces de levantar y dinamizar todos los aspectos de la vida económica y social. Análogamente, si bien los esfuerzos dirigidos a la educación científica y técnica de los jóvenes han sido enormes, la verdadera reforma educativa necesaria no fue siquiera debatida por los actores de la comunidad. Baum propone utilizar inteligentemente las infraestructuras físicas y humanas, diseñar cuidadosamente programas y proyectos fundamentales y factibles son las bases para poder hacer de ciencia y tecnología –y de las TIC en particular- una herramienta para salir de la crisis causada por el neoliberalismo.

Alejandro Prince, en su trabajo “El Capital Humano en el sector TIC en Argentina: ¿tiene futuro?” aborda la cuestión del empleo en un mundo en el que la automatización y el uso de robots industriales crece exponencialmente. Si bien no existe un consenso generalizado respecto al saldo de la revolución tecnológica frente a la creación o destrucción de empleo, el autor considera que en los últimos años la tecnología no ha hecho mermar el porcentaje de empleos. Por el contrario, ha producido nuevas divisiones y especializaciones, con ganadores y perdedores en el corto plazo, con un aumento de la productividad y calidad de vida, sin mermar los puestos de trabajo. El autor sitúa el debate en torno al trabajo y la tecnología en Argentina, donde el eje está puesto en la capacidad de crear en cantidad y calidad, los recursos humanos necesarios para enfrentar la sociedad y economía del conocimiento. Considera que un error frecuente es circunscribir el déficit de recursos al sector de software y TIC, cuando es el conjunto de la economía la que demanda este tipo de personal.

El núcleo del trabajo consiste en analizar los resultados de diversas investigaciones empíricas que permiten caracterizar al sector TIC en Argentina, mostrando una evolución y crecimiento constante en diferentes indicadores, y la evolución del mercado de trabajo en los últimos años. Establece un recorrido por las principales políticas públicas tendientes a incrementar la oferta de capital humano TIC, dando cuenta del divorcio existente en función de la demanda requerida por el mercado, que permanece insatisfecha. Desde la óptica del autor, uno de los principales desafíos a futuro de Argentina es utilizar tecnología de modo extensivo, intensivo y estratégico, para lo cual debe resolver el faltante de capital humano TIC.

La tercera parte del libro se denomina “Jóvenes y añosos: ¿Qué les espera?”. Está compuesta por tres capítulos cuyo hilo conductor está signado por el análisis de las actitudes de niños, adolescentes, jóvenes y adultos mayores frente a la tecnología, a los futuros que la sociedad está construyendo al respecto, y a las políticas públicas que se necesitan para utilizar las tecnologías emergentes para el bienestar de estos grupos sociales.

María Belén Odena inaugura esta parte con su capítulo “Adultos mayores en la Sociedad del Conocimiento: presente y futuros”, en el que, desde la Psicología, enfoca un tema poco transitado en relación a las tecnologías y a las políticas públicas: el envejecimiento poblacional. Junto con la revolución tecnológica. Éste es uno de los cambios sociales más significativos del siglo XXI, con consecuencias para casi todos los sectores de la sociedad: el mercado laboral y financiero, la demanda de bienes y servicios, la estructura familiar y los lazos intergeneracionales. El campo de la salud es interpelado debido a la preocupación por la salud y la enfermedad de los adultos mayores y a la inmediata necesidad de garantizar programas y políticas de aseguren un envejecimiento con calidad de vida e inclusión social.

Odena recuerda que la vejez es una construcción histórica y sociocultural: cada sociedad define y otorga significado a las diferentes etapas de la vida de una persona. Por lo tanto, la comprensión del envejecimiento desde una perspectiva biopsicosocial implica analizarlo en sus tres dimensiones: el envejecimiento biológico, el psicológico y el social. La autora señala que los adultos mayores pueden superar la barrera de las dificultades de uso de la tecnologías de información y comunicación (TIC) y lograr una verdadera apropiación de las tecnologías para lograr objetivos personales concretos. Utilizan las TIC como una herramienta eficaz para combatir las cuatro plagas de la vejez: la soledad, el aburrimiento, la falta de ayuda y la reducción de las habilidades mentales responsables de afectar profundamente su salud psicofísica. El trabajo termina con la propuesta de elementos para elaborar políticas públicas, programas e iniciativas en pos de la e-inclusión de los +60.

Le siguen dos trabajos focalizados en el extremo opuesto del arco etario. El primero de ellos, “Ciberpibes. La compleja tarea de acompañar los usos tempranos de Internet”, de Roxana Cabello, recuerda que los usos de Internet se inician en la actualidad a edades cada vez más tempranas y se realizan, sobre todo, a través de dispositivos móviles. Describe el Proyecto Tecnosfera Infantil que se desarrolla en el Programa: Usos de Medios Interactivos (UMI-UNGS). En este proyecto, la autora y su equipo tratan de comprender qué características asumen esos usos entre niños y niñas de 6 a 8 años de edad, que crecen en barrios del Área Metropolitana de Buenos Aires, en hogares de nivel socioeconómico medio bajo y bajo.

Este trabajo se focaliza en las personas adultas que están a cargo del cuidado de esos chicos y chicas; analiza cuáles son sus representaciones respecto de Internet: qué tipo de asociaciones establecen en relación con ese medio: los riesgos que acarrea; otros aspectos negativos o beneficios que puedan significar en el caso de la infancia. La presentación de esas asociaciones permite tener un primer panorama respecto de las ideas que circulan entre ellos, así como la medida y el sentido perciben de los riesgos que perciben. También se consideran algunos estudios que plantean que las representaciones que las personas adultas tienen sobre las tecnologías condicionan las orientaciones que estas personas ofrecen a los niños y niñas para los usos de las mismas. Centrándose en el caso de Internet, Cabello identifica y tipifica una serie de regulaciones que comunican las personas entrevistadas y encuestadas y analiza las relaciones que existen entre esas regulaciones y las asociaciones que establecen con respecto a Internet. La autora sostiene la importancia de no sólo alertar sobre los riesgos que comportan los usos de Internet y acompañar a los adultos para que orienten a los niños y niñas, sino también de incorporar recursos para los adultos, para ayudarlos a promover usos fructíferos y críticos por parte de los chicos y chicas, que capitalicen el enorme potencial que el medio tiene para la producción de aprendizajes.

Cierra el libro un importante trabajo de Fernando Peirone, Lucila Dughera y Fernando Bordignon: “Saberes tecnosociales emergentes. Hacia una propuesta de estudio”. Los autores toman como eje principal de reflexión la disyunción epocal en los saberes tecnosociales. Presentan el contexto que da origen al objeto de estudio, que describe los desplazamientos y desconexiones que ha sufrido el orden social moderno durante las últimas décadas y que afectan sensiblemente a nuestra forma de estar en el mundo. Luego los autores se focalizan en el rango etario de los llamados “millennials” para analizar las problemáticas que experimentan los jóvenes actuales en su paso por la educación formal y el modo en que, ya entrando en la adultez, comienzan a relacionarse con los nuevos procesos productivos, así como laborales.

También reflexionan sobre la necesidad de superar los obstáculos epistemológicos que impiden comprender lo que se podría llamar el “habitus informacional” de los jóvenes actuales, para lo cual presentan el desarrollo que los llevó a la concepción de un concepto nuevo: saberes tecnosociales. Señalan que dichos saberes se adquieren principalmente de modo informal o en la educación no formal y a partir de prácticas sociales, antes que tecnológicas. Para finalizar, los autores consideran de gran relevancia precisar los saberes tecnosociales que conforman la experiencia cultural actual. Plantean el saber tecnosocial puede funcionar como una clave epistémica para comprender el orden social emergente en el marco del proceso histórico-político que desencadena la discontinuidad del proyecto cultural de la modernidad.

El resultado de estos capítulos, como las dos caras de Jano, recorren las diversas construcciones del pasado, fundamentalmente en la segunda mitad del Siglo XX y lo que llevamos recorrido del siglo XXI, y sobre esta base propulsan tendencias y propuestas hacia el futuro. No se pueden pre-ver las corrientes sociales y tecnológicas del futuro cercano sin realizar diagnósticos sobre lo ya realizado. Analíticos y a la vez propositivos, las autoras y autores de este libro esperamos suscitar el necesario debate sobre los futuros posibles en la sociedad, la tecnología, las políticas y la economía.



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