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6 Desarrollo, ética y soberanía en la Sociedad del Conocimiento

Gabriel Baum

Introducción

El intenso debate político que se desarrolla actualmente en Argentina deja escasos temas sin destrozar. Uno de los pocos en los que se puede encontrar cierto consenso es el importante legado que dejó el período populista-progresista (2003-2015) en cuanto a la reconstrucción de varias instituciones de investigación y desarrollo científico y técnico, incluyendo en primer término al CONICET, CNEA, CONAE, INTI, INTA, entre otras; el crecimiento enorme de INVAP, como gran empresa de tecnología; la creación de algunas nuevas, comenzando por el propio MINCyT, pero también ARSAT e Y-TEC, el sostenido aumento de la función Ciencia y Tecnología (CyT) en el presupuesto nacional hasta alcanzar el 0,7%, la puesta en marcha de programas de todo tipo relacionados con CyT (Conectar Igualdad, Argentina Conectada, Pampa Azul, entre otros). En consonancia, el crecimiento de la industria nacional, particularmente el sector PyME en algunos segmentos, interactuando y conformando pujantes cadenas de valor con el sector tecnológico público de avanzada (notablemente, CNEA, CONAE e INVAP); el despegue y consolidación de un sector de software y servicios asociados, conformado por miles de pequeñas y medianas empresas en rápido crecimiento, pero también integrando a tres unicornios competitivos globalmente.

Sin embargo, tal vez el mayor legado es la puesta en valor en gran parte de la sociedad del conocimiento científico y técnico como un factor de progreso colectivo y de soberanía nacional. Los ataques y desaguisados, voluntarios e involuntarios, del gobierno nacional vigente, notablemente la reducción del número de ingresantes al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET), el virtual desmantelamiento y privatización de los servicios de ARSAT, la desactivación de los planes Nuclear y Aeroespacial, la violenta (en más de un sentido) reducción de la planta de técnico-profesional del INTI, la reducción sistemática de los presupuestos universitarios, entre muchos otros, representan un retroceso material de costosísima recuperación para la Nación. Sin embargo, el legado cultural de los alcances anteriores en CyT -especialmente entre los jóvenes- difícilmente pueda ser borrado de la memoria y la conciencia colectiva. Es importante considerar esta potencia para recuperar lo perdido y superar lo realizado por el gobierno anterior, tanto en cantidad como en calidad.

Algunas cuestiones de naturaleza ética y filosófica deben guiar nuestras reflexiones si es que deseamos aportar a la construcción de sociedades basadas en el conocimiento democráticas, equitativas y soberanas. Si efectivamente buscamos cambiar la realidad en ese sentido, hay un rol importante para la educación, la ciencia, la técnica y la innovación productiva, y en ese ámbito hay mucho para reflexionar sobre el rol de las personas que las llevan adelante. Romper con las anteojeras culturales y éticas que el neoliberalismo y la colonialidad han puesto en la cabeza de estos protagonistas centrales de la actual vida económica, social y cultural.

Latinoamérica, y particularmente Argentina, necesita derrotar rápidamente la ola neoliberal-colonial-autoritaria que actualmente avanza en la región (con esperpentos del tipo de Bolsonaro en Brasil, Macri en Argentina, ¿eventualmente Guaidó en Venezuela?), e inmediatamente recuperar, y superar el rumbo de la soberanía y el progreso social orientado a un cambio profundo pero factible, camino a un sistema social justo, democrático y humano.Esto significa que, en los próximos años, se trata de construir un sendero posible para un capitalismo-periférico-neodesarrollista-basado en el conocimiento en Latinoamérica, con una inserción en el mundo patriótica-cosmopolita-plurinacional (Appiah, 2019); profundamente democrática, inclusiva, feminista, integradora, con memoria, verdad y justicia hacia el interior de la sociedad. Ninguno de estos atributos es prescindible para construir una comunidad que pueda vivir bien en una nación soberana. Las políticas en los campos de la ciencia y la tecnología deberán pensarse en términos de contribuciones para esta construcción, fuertemente basada en el conocimiento científico y técnico, que debe ser local, nacional y regional para poder ser exitosa. En lo que sigue se presentan algunas pocas reflexiones críticas, y algunas propuestas con la intención de contribuir a retomar el sendero del progreso y superar lo ya realizado en ciencia, tecnología e innovación, particularmente en el campo de las TIC, pensadas como una herramienta efectiva para construir colectivamente, difundir, potenciar y compartir conocimientos en la sociedad.

Las TIC: aplicar el conocimiento técnico para vivir bien

Las políticas públicas deben mirar a la CyT como una enorme palanca para el crecimiento, el buen vivir y la democratización de la sociedad. En ese sentido, una estrategia virtuosa es la aplicación del conocimiento en general, y del conocimiento tecnológico en particular para la resolución de problemas o generación de oportunidades en las cuestiones sociales, medioambientales, productivas y culturales. Sin embargo, no toda tecnología, no toda aplicación y no toda estrategia para llevarlos adelante da igual: es necesario observar que la creencia neoliberal de que la tecnología está libremente disponible y es un bien de mercado más, es errónea. Por ejemplo, las tecnologías llamadas sensibles, como la nuclear o la aeroespacial, no están disponibles para quien no la tiene. Tampoco están disponibles las tecnologías de llamadas “de punta”. Ninguna nación o empresa comparte esta información cuando su aplicación le permite posicionarse estratégicamente en el mundo y/o en los mercados. Por lo tanto, para los países y para las empresas el dilema de hierro es: o hay una estrategia de desarrollo tecnológico o no hay acceso a las tecnologías estratégicas. Se aprende y se construye nuevo conocimiento o se depende de quienes lo tienen o se carece del mismo. La diferencia entre ser subordinados o ser soberanos pasa cada vez más fuertemente por estas opciones.

Una estrategia nacional soberana de aplicación del conocimiento tecnológico es una síntesis entre conocimiento, problemas y oportunidad. Es la conformación de una política de desarrollo que tiene como objetivos el aumento de la generación de riqueza nacional y de los empleos de calidad, el buen vivir de la población y la democratización de la sociedad, porque la incorporación de conocimientos a cada sector de la vida social permite una mejora de las condiciones en la producción, educación, salud, cultura, etc.

En resumen, desarrollo tecnológico autónomo y aplicación del conocimiento técnico a los problemas centrales de la sociedad son parte importante de una estrategia nacional soberana para recuperar el crecimiento y el bienestar de la población. En este contexto, el rol de las TIC es estratégico, en la medida que estas tecnologías atraviesan todas y cada de una las actividades de la sociedad.

Las TIC como tecnologías clave[1]

En los últimos 15 años tuvieron lugar importantes debates acerca de estrategias y políticas públicas para las TIC, a nivel mundial, regional, y en Argentina en particular. En este último caso, tal vez la política más influyente y sostenida en el tiempo ha sido el Régimen de Promoción de Software, cuya importancia no debe medirse solamente en términos de la cantidad de empresas que recibieron beneficios fiscales, sino principalmente porque puso en el debate público -incluyendo los niveles más altos del poder- la importancia y las posibilidades que puede brindar una tecnología, que a comienzos del siglo XXI ya daba claras muestras de su potencial, aún en un país que no se recuperaba de su más profunda crisis económica y social.

La Ley de Promoción de la Industria del Software estableció un modelo de desarrollo sectorial a lo largo de casi 10 años, basado en promover la oferta de software y servicios asociados, con una fuerte impronta exportadora apostando a la mejora de la calidad y la innovación, basada en I+D. La creación del FONSOFT primer fondo sectorial creado en el contexto de la ANPCYT, es la expresión más clara de dicha orientación. La experiencia ha sido considerada exitosa por una amplia mayoría de instituciones y referentes, de los ámbitos empresarial, académico y político. El crecimiento del sector software y servicios informáticos es innegable. Su tasa de crecimiento en casi todos los parámetros fundamentales en la década supera a la de cualquier otro segmento de la economía nacional (OPSSI-CESSI, 2019). De todas maneras, aun reivindicando el éxito de la promoción sectorial, es interesante debatir cómo debe seguir el desarrollo del sector software y de las TIC.

La discusión acerca de la influencia de las TIC -y del software en particular- en la economía viene de larga data, y sólo luego de mucho tiempo quedó claro que se trata de un driver de notable importancia. En términos de las políticas para el sector TI este debate se traduce en: impulsar el desarrollo del sector TIC en sí mismo o como palanca de crecimiento para toda la economía. En relación con esta discusión, es necesario tomar en cuenta al menos tres factores: (1) la situación económica internacional, (2) la necesidad del país de recuperar y profundizar su base económica, y (3) el papel central que juegan las TIC como infraestructura tecnológica y humana en los dos puntos anteriores.

No cabe duda de que la situación precaria de los mercados globales, y su futuro incierto en medio de la llamada “guerra comercial” entre las superpotencias dominantes, aumentan la importancia del mercado interno, muy clara por el crecimiento económico del país durante el período 2003-2015, y más clara aún por el desastre social de las actuales políticas neoliberales. Históricamente, economías sostenibles y fuertes siempre han tenido un gran componente interno como base. Tampoco cabe duda de que una demanda interna limitada a las TIC como industria en sí, restringe lo que sería posible si el Estado aprovecha el papel fundamental que las TIC desempeñan en la economía general para incentivar su inversión tecnológica con actividades que respondan a las demandas nacionales y regionales asociadas a la construcción de una sociedad más amplia, justa y democrática.

Esta diferencia queda clara en Figura 1, inicialmente desarrollado por Dan Atkins en su trabajo con la Office of Cyberinfrastructure de NSF, que enfatiza dos espacios donde el estado puede accionar: uno—en este caso, las TIC como sector industrial—que profundiza las estrategias establecidas, y el otro—en este caso, TIC como infraestructura—que además expande el espacio donde situar estrategias de largo alcance y de mayor potencial para desarrollo e innovación.

Figura 1. Impacto de las TIC como instrumentos de desarrollo

Fuente: elaboración propia

Las TIC forman, desde hace décadas, parte fundamental de la infraestructura económica de los países. Empresas, instituciones académicas, estatales, y ciudadanos dependen de maneras múltiples de las funciones del sector. Las entidades e individuos que mantienen una estructura interdependiente e interconectada proveen a otros sectores productivos de software y servicios, e incluso de personal imbuido en el uso y desarrollo de las TIC. Un ejemplo relevante en dicha dirección ha sido el Centro de Modelado y Visualización instalado en el Polo científico del ex Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MinCyT) durante la gestión anterior. Las técnicas de modelado y simulación son técnicas computacionales de alto nivel, y sus avances están en manos de grupos de investigadores con conocimientos tanto de ciencias de la computación como de ciencias naturales-física, química, biología, y matemáticas. Es útil mencionar como ejemplo el papel de la Network for Computational Nanotechnology[2] en el desarrollo de nanotecnología como industria generativa, centrada en lo que se llama computational science[3], y la importancia de nanoHub, su espacio Web[4] (ver Cuadro 1).

Cuadro 1. Red de Nanotecnología Computacional

Ejemplo: Network for Computational Nanotechnology  

(Ver:https://bit.ly/2WRut5C)

La Red de Nanotecnología Computacional (NCN) fue establecida en 2002 y ha crecido hasta convertirse en un recurso nacional que sirve a toda la comunidad de investigación en el campo emergente de nanociencia y nanotecnología. La NCN está generando nuevos conocimientos, métodos de simulación, algoritmos numéricos y software de código abierto para hacer realidad las promesas de la nanociencia. Las herramientas de modelado y simulación están disponibles a una comunidad de investigación más amplia a través de una ciber-infraestructura basada en la web, nanoHUB (http://www.nanoHUB.org). El número total de usuarios anuales de los servicios educativos y de recursos de nanoHUB han crecido desde unos 2.000 en 2002 a más de 15.000 en 2006. NanoHub también ofrece cursos, seminarios y tutorías que se utilizan como herramientas educativas en apoyo de nanociencia y planes de estudio de ingeniería de 692 universidades estadounidenses. Durante los próximos cinco años, se espera que habrá una fuerte demanda en la industria y la academia de estudiantes bien versados en las técnicas ofrecidas por la NCN, así como de estudiantes de ciencias de la computación y la ingeniería involucrados en el desarrollo y la aplicación de los recursos de nanoHUB.

Esta función económica infraestructural es la que posibilita el desarrollo de un mercado interno mucho más amplio para el sector TIC, una vez que la inversión tecnológica ya ha tenido lugar. Este punto, el papel generativo que juegan las TIC como infraestructura tanto tecnológica como humana, es una clave estratégica para pensar en la recuperación y avance de la economía nacional basada en el conocimiento; una estrategia que debe apoyarse en las inversiones ya realizadas en el sector, fundamentalmente durante el período 2003-2015, como las ya mencionadas red federal de Fibra Óptica y satélites de comunicaciones, CONAE, CI, TVD y que no han sido desmanteladas por la actual gestión, y también algunos avances concretados en el último período (infraestructuras provinciales y locales).

Esencialmente, la pregunta que debe responderse es: ¿cómo puede el sector público utilizar los avances alcanzados en el sector TIC, aprovechando las inversiones ya realizadas en el mismo, como “punta de lanza” para fomentar avances paralelos en otros sectores de la economía tecnológica del país? La pregunta implica entender cómo funciona la transferencia del conocimiento en las áreas técnicas y en las ciencias duras, recordando que quienes transfieren y quienes reciben conocimiento son seres humanos, no instituciones, y que el objetivo de la transferencia es la transformación de la práctica (Carlile, 2004).

Los modelos lineales clásicos, unidireccionales, han evolucionado—gracias a las tecnologías TIC—hacia modelos mucho más interactivos en los cuales los actos de transferencia del conocimiento a contribuyen dinámicamente a un nuevo régimen de uso (Jacobson, 2007) en nuevos sectores.

Los procesos de transferir y recibir el conocimiento entre productores y usuarios constituyen de hecho una relación recíproca de generación de conocimiento y expansión de su aplicación, actuando en medio de un complejo sistema social. Es de estas interacciones de donde emergen nuevos conocimientos, nueva ciencia y nuevas investigaciones que continúan y expanden el proceso de innovación. Este cambio en perspectiva no se centra en entender el uso corriente del conocimiento, sino en entender las razones de su falta de uso en nuevos sectores.

John Seely Brown, recordando que muchos sectores de la economía poseen sus propios grupos internos de TIC, o tienen acceso a ellos como consultores externos, indica (Brown, 2001) :

La práctica, sugerimos, crea diferencias epistemológicas entre comunidades dentro de una empresa; la ventaja de la empresa en el mercado depende en forma dinámica de la coordinación de los conocimientos producidos por estas comunidades internas a pesar de sus diferencias. Al exponer este argumento, mantenemos que el análisis de la innovación sistémica debe ampliarse para abarcar todas las empresas en una economía del conocimiento, no sólo las clásicas innovadoras.

Los recursos humanos del sector TIC pueden actuar como punta de lanza en otros sectores que dependen de las tecnologías TIC, en base a la dinámica a la que se refiere Seely Brown (Zander, 1992). Un segundo paso en el desarrollo industrial y tecnológico, una vez que se ha hecho la inversión en la infraestructura TIC, requiere una estrategia más generalizada que lo haga sostenible a largo plazo. Por otra parte, facilitar una economía capaz de sustentar empresas en varios niveles de desarrollo y capaz de promover su extensión a otras áreas para un desarrollo industrial balanceado implican contemplar no la creación de industrias aisladas con mano de obra especializada, sino más bien la creación de ecologías que generen desde las ideas hasta la innovación en la práctica industrial.

No es necesario reiterar la necesidad de preparar recursos humanos para cualquier estrategia de desarrollo de base tecnológica que se proponga (Baum, Nemirovsky y Sabelli, 2008), ya que todas ellas dependen del acceso a ideas y trabajos humanos. Pero sí es necesario recordar que las necesidades laborales, una vez que la transferencia inicial es exitosa, genera necesidades de producción más masivas que requieren repensar los objetivos.

Estrategias de recursos humanos que se limiten a “seleccionar” individuos con capacidades específicas determinadas no contribuyen a generar una mano de obra nacional más capaz de aprovechar avances tecnológicos en nuevas áreas—se limitan a dirigir individuos capaces hacia ciertos campos, en desmedro de atraer un número mayor de individuos que contribuyan en otros campos a un desarrollo económico más amplio. Las necesidades de un sector pueden coordinarse con las del país en general; no es necesario que se opongan. Aumentar la relevancia de las TIC en otros campos expande las áreas accesibles al mismo sector TIC. Es de esperar que una estrategia educativa orientada a ciencia y tecnología en general sea más efectiva—en términos de calidad-—y eficiente—en términos numéricos— si propone enfatizar la educación científica y tecnológica general en los primeros niveles escolares, y posponer un énfasis tecnológico más específico para los niveles más avanzados.

En efecto, la infraestructura tecnológica y humana deben ser parte de la plataforma de (re)lanzamiento del crecimiento económico y social de la Argentina. Es entonces, muy importante analizar críticamente experiencias como los programas Argentina Conectada y Conectar Igualdad, ambos orientados en la dirección general correcta, aunque insuficientes y carentes de una estrategia general clara que los contuviera. Haremos un breve análisis del primero de estos programas para indicar el rumbo que se considera necesario seguir y las enseñanzas que se pueden extraer. En primer lugar, debe señalarse que Argentina Conectada formó parte de un proyecto latinoamericano estratégico orientado a independizar la conectividad a Internet de Suramérica del “NAP de las Américas”, situado en Florida, EEUU, por donde pasan todas las conexiones del continente; un plan impulsado por los presidentes Kirchner, Lula y Chávez. Se trató del tendido de unos 30.000km de fibra óptica troncal que, junto con los tendidos de otros entes públicos y privados, está en condiciones de otorgar un servicio de comunicaciones de primer nivel, en la medida que se completen las conexiones de “última milla” (es decir, en cada localidad). Junto con los satélites de comunicaciones ARSAT I y II (y III, recientemente cancelado) y un moderno y potente Data Center, constituyeron a ARSAT como una (potencialmente) gran empresa pública de comunicaciones, capaz de orientar todo el desarrollo sectorial. Sin embargo, más allá del cambio de gobierno y la política de desmantelamiento y entrega al capital privado de la nueva gestión, ARSAT no realizó ni tuvo planes para llevar adelante acciones que constituyeran su enorme red en una gigantesca usina de generación, desarrollo y distribución de tecnologías y servicios digitales orientados a todos los ámbitos de la actividad económica, social, educativa y cultural.

ARSAT fue concebida como una gran autopista de comunicaciones poderosa y moderna, pero sin ocuparse en los contenidos que debían circular por ella para impulsar el crecimiento económico y social. Es decir, una enorme e importantísima oferta de comunicaciones sin considerar la importancia de la demanda de los servicios que se podrían brindar; un ejemplo bastante claro de este punto de vista se ilustra en la Figura 2, que muestra un esquema de un posible (y aún factible) ecosistema de innovación productiva desarrollado en torno de ARSAT, tal como se propone en los párrafos anteriores, concibiendo a las TIC como “punta de lanza” para impulsar y complejizar el desarrollo de otros sectores productivos.

Figura 2. Ecosistema de innovación productiva de ARSAT

Fuente: desarrollado por Gerardo Renzetti –Estratec SRL- y el autor.

Conectar Igualdad ha sido una formidable iniciativa para mitigar la desigualdad social, reflejada como “brecha digital”, pero no fue parte de una reforma educativa necesaria, en los términos antes mencionados.

En ambos casos, de manera similar a lo comentado sobre la Ley de Software: Soluciones valiosas e insuficientes, oportunidades ofrecidas desde el Estado carentes de las estrategias integradoras que aseguran el mayor impacto posible, construcción de ecologías desde la innovación hasta la práctica industrial, y finalmente sustentabilidad a largo plazo. Lecciones para aprender.

Reflexión sobre cultura y ética de la innovación

El neoliberalismo impone agresivamente (por las buenas o las malas) valores culturales y éticos que dejan fuera del trabajo y los derechos fundamentales porciones crecientes de la sociedad. Tal como indica T. Piketty (2014) la concentración de la riqueza extrema en cada vez menos ultra-ricos vuelve intolerable la vida de enormes masas de la población mundial. En ese contexto, la experiencia neoliberal aún en curso en la Argentina ha empobrecido velozmente a amplias franjas de la población, destruyendo masivamente puestos de trabajo industriales de calidad, produciendo masivos cierres de empresas, ajustes y despidos en casi todas las cadenas industriales, promoviendo una baja de los salarios reales, y prometiendo una inserción en el mundo por la vía de la exportación de commodities basados en recursos naturales. Una promesa adicional, algo más sofisticada, es la promoción de la exportación de “servicios basados en el conocimiento”, un proyecto que en verdad comenzó a gestarse durante el gobierno anterior, estimulado por un conjunto de subsidiarias locales de compañas transnacionales y algunas grandes empresas locales, que buscan capitalizar una fuerza de trabajo local educada y competente vendiendo servicios, más o menos sofisticados, desde Argentina para el mundo[5].

En efecto, la exportación de estos servicios ha experimentado un notable crecimiento a nivel global y también en Argentina, así como, en la medida que aumenten sus grados de complejidad, pueden ayudar a dinamizar otros sectores productivos (López, 2018). En esa dirección, marcha una nueva ley –denominada de la Economía del Conocimiento- que promovería una amplia gama de estos servicios y reemplazaría al Régimen de Promoción de Software, quedando las empresas beneficiadas por la misma dentro del nuevo régimen. Sin embargo, es evidente que será difícil, sino imposible, aumentar el nivel de los servicios basados en el conocimiento si se desmantela el complejo científico-técnico y se llevan al colapso las instituciones de educación superior, que por otra parte son la base fundamental de la buena performance de los mismos en la Argentina; igualmente, es absurdo proponer que el tejido productivo nacional se podrá beneficiar de los derrames de la economía del conocimiento, cuando se lo está liquidando de todas las manera posibles.

En consecuencia, este nuevo sector podrá, en el mejor de los casos, generar un enclave de prestación de servicios a los mercados externos, beneficiando a una élite de compañías extranjeras y algunas locales, funcionando como un centro de costos para las mismas. El nuevo Régimen de Promoción, en el dudoso caso que se ponga en vigencia, instaurará entonces los beneficios para estas empresas, coherentemente con las políticas generales del gobierno. Las pequeñas y medianas empresas del sector SSI, protagonistas centrales del despegue del sector en la década pasada, ya se han visto perjudicadas por la incertidumbre acerca de la vigencia de la promoción de software, que les ha dificultado seriamente programar sus negocios y competir por nuevos, lo cual se suma a la fuerte caída de la demanda de gran parte de sus clientes locales. El futuro para este sector de empresas nacionales aparece ciertamente difícil, por la caída de la demanda y por la canibalización por parte de las grandes compañías, que compiten por sus trabajadores más calificados.

En resumen, el régimen neoliberal en vigencia trae consigo menos investigación y desarrollo, concentración del capital en manos compañías extranjeras, y nada de innovación ni derrames sobre el tejido de productivo nacional.

En contrapartida, es necesario imaginar y diseñar un nuevo modelo de innovación que posibilite satisfacer las necesidades del crecimiento de nuestras industrias, el bienestar de toda la población y la soberanía nacional. Un nuevo modelo requiere pensar en nuevas formas: en primer lugar, es necesario romper con la idea de “acortar la brecha” con el “mundo desarrollado”. Estos slogans son solamente negocios para empresas transnacionales y consultores de algunos bancos internacionales (que finalmente trabajan para esas empresas), que llevan a lo sumo a construir enclaves de “modernidad” de espaldas a la inmensa mayoría que sufre las peores penurias. Argentina tiene una larga trayectoria en el desarrollo y aplicación de tecnologías adecuadas para sus necesidades económicas y sociales; desde la gesta del Gral Mosconi que dio lugar a primera y mayor empresa petrolera, madre de todas las restantes de Latinoamérica (Bernal, 2005), la industria aeronáutica en la década de 40 y 50, con sus modelos de avanzada como los Pulqui (Artopoulos, 2012), la construcción de un complejo científico-tecnológico-industrial generado a lo largo de más de 50 años que incluye la energía atómica, aeroespacial, radares, satélites y telecomunicaciones. Aún la experiencia del sector SSI en los últimos 15 años podría inscribirse en ese sendero. No hay ninguna brecha para acortar: se trata simplemente de establecer una línea de políticas públicas para CyT que priorice las necesidades de un auténtico programa de desarrollo nacional. En ese contexto, es factible y fructífero tomar ideas, técnicas, innovaciones, invenciones que se realicen en cualquier parte y que sean aplicables razonablemente a las necesidades locales.

En ese contexto debe promoverse una estrategia de “innovación abierta”, que posibilite la más amplia colaboración de todos los sectores, cuyos principios sean los de nuestra inserción en el mundo -mencionados en la primera sección- y cuyas metas sean el progreso y el buen vivir de la comunidad, no la apropiación de la “propiedad intelectual” de los conocimientos. El concepto de propiedad intelectual, tal como se lo santifica en el mundo occidental, no es más que un invento de la burguesía europea que así lo consagró luego de apropiarse gratuitamente y muchas veces violentamente, de los conocimientos milenarios de China y todo el “Lejano Oriente”, del mundo árabe, y también de América y África. El enorme y vertiginoso crecimiento tecnológico de China tiene una de sus justificaciones en una escuela de ciencias e ingenierías milenaria, que sólo permaneció latente por un par de siglos, y una concepción de la originalidad en el arte, la ciencia y la técnica, diametralmente opuesta a la individualista y egoísta de Occidente. Shanzai (Han, 2016), tal el nombre de esta concepción debería ser tomado en cuenta por nuestros países a la hora de promover la investigación, el desarrollo y la innovación. La experiencia china muestra que no hay nada de fundamental en la noción de propiedad intelectual que beneficie el desarrollo del conocimiento humano, en cualquiera de sus formas.

En estrecha relación con el concepto de apropiación privada de los conocimientos y creaciones humanas hay varios temas que deben revisarse:

  • Un debate que parece no haber sido resuelto en la sociedad, pero tampoco dentro del propio sistema científico-técnico es el que enfrenta la construcción pública y colectiva de conocimientos y soluciones técnicas para la comunidad con el modelo del “emprendedor” individual y exitoso. Si bien algunos ejemplares de esta especie existen y merecen respeto, no es posible fundar una política pública en su eventual aparición, menos aún en economías dependientes y periféricas en el contexto global. Es imprescindible que busquemos nuestros propios caminos y métricas de crecimiento y de éxito;
  • Así como no es sensato esperar frutos del árbol del emprendedorismo, tampoco lo es medir/calificar nuestra ciencia en términos de impactos o de publicaciones en revistas de “alto nivel mundial” o calificar a nuestro país en términos de cantidad de científicos por miles de habitantes… pensar en esos términos solamente habla del grado de colonialidad -en palabras de Aníbal Quijano (Quijano, 2000) – de nuestras cabezas. Se trata de un debate abierto desde hace muchos años que ocupó a gran parte de nuestros mejores pensadores, O. Varsavsky, J. Sábato, R. García, A. Herrera, T. dos Santos, entre muchos otros; una tarea imprescindible entonces, consiste en recuperar el pensamiento argentino y latinoamericano en ciencia y tecnología (Marí, 2018) enriquecerlo y actualizarlo en sintonía con las notables experiencias y reflexiones realizadas desde comienzos del siglo XXI por muchos de nuestros intelectuales (García Linera, 2013; Segato, 2013; Dussel, 2015).
  • Otro problema ético para científicos y tecnólogos tiene que ver con las agendas de investigación y desarrollo. No es sensato promover la paz y la libertad y aportar a las agendas tecnológicas de la guerra y la dominación (tal es la agenda científica y técnica global, y de las TIC en particular). El problema no es no retrasarnos en la carrera de las tecnologías de guerra, sino construir una agenda tecnológica para la paz y el buen vivir de las comunidades. Uno de los grandes problemas para los científicos y tecnólogos no es solamente que lo que se inventa y descubre es para la guerra, sino todo lo que no se inventa o descubre para la paz.
  • En efecto, lo que no se inventa ni se descubre, porque no está en la agenda, son los conocimientos ni las tecnologías necesarias para los más humildes. En Argentina –y crecientemente en todo el mundo- millones de trabajadores informales, fuera de todo derecho social y laboral, sostienen gran parte de la vida de la sociedad (cultivando alimentos frescos, reciclando desechos, realizando tareas domésticas, transportando mercaderías, etc.) a cambio de una pobre subsistencia y muchas veces de discriminaciones racistas y clasistas. Para ellos no hay nada dentro de las agendas científicas y técnicas globales ni locales. Es un gran problema ético y cultural para muchos investigadores, que por lo general no encuentran solución al dilema. Sin embargo, es factible y productivo encontrar soluciones técnicas eficientes que ayuden a la integración de estos millones de trabajadores a una vida social digna; el trabajo del Ing. Enrique Martínez y el Instituto para la Producción Popular[6] así como la Ley de Promoción de Transferencia de Tecnología a la Producción Popular[7] en tratamiento en el Congreso Nacional, deben ser parte del debate para construir la agenda del futuro.

Reflexiones finales

Entre los múltiples crímenes y deudas por las que deberá responder el gobierno de Mauricio Macri, uno no menor será el desmantelamiento del sistema de Ciencia y Tecnología, que había comenzado a conformarse y crecer durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Nada resultará fácil a la salida del neoliberalismo; cuanto más se tarde mayor será la destrucción y más difícil será.

La reconstrucción y superación de lo obtenido –comenzando con la restitución del nivel ministerial del área- depende en buena medida de la profundidad, honestidad y buen criterio con que se realice un análisis crítico de todo lo bueno, lo malo y lo no realizado. En el campo de las TIC, junto con notables avances, deben anotarse falencias y ausencias de políticas públicas que concibieran a estas tecnologías como palancas capaces de levantar y dinamizar todos los aspectos de la vida económica y social. Análogamente, si bien los esfuerzos en la educación científica y técnica de los jóvenes han sido enormes –con leyes de educación notables, nuevas universidades y el Programa Conectar Igualdad como insignias- la verdadera reforma educativa necesaria no fue siquiera debatida por los actores de la comunidad. Utilizar inteligentemente las infraestructuras físicas y humanas, diseñar cuidadosamente programas y proyectos fundamentales y factibles son las bases para poder hacer de ciencia y tecnología –y de las TIC en particular- una herramienta para salir de la crisis causada por el neoliberalismo.

Sin embargo, para poder construir una sociedad fundada en el conocimiento justa, soberana y democrática es necesario que los protagonistas de la ciencia y la tecnología pongan en cuestión los principios éticos y las prácticas culturales que los transforman en apéndices de un sistema global al servicio de la dominación neocolonial, y construyan una nueva agenda de valores que ponga en el primer lugar las necesidades de la comunidad y de los más humildes, la construcción colectiva frente al éxito individual, la soberanía nacional, el desarrollo económico y la justicia social.

Bibliografía

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  1. Esta sección está basada en una comunicación privada de la Dra. Nora H. Sabelli (SRI International), una maestra del pensamiento, indispensable y comprometida con la Argentina.
  2. https://bit.ly/30hLU1g
  3. Computational Science (o computación científica) difiere de “Computer Science” (o ciencias de la computación, informática). Computación científica es la aplicación de simulación, modelado y otras formas de computación a los problemas en las diversas disciplinas científicas; su preparación integra estudios de informática, matemáticas, y las ciencias en las áreas de aplicación.
  4. nanohub.org, online simulation and more for nanotechnology. http://nanohub.org
  5. http://www.argencon.org
  6. http://www.produccionpopular.org.ar/
  7. https://bit.ly/295cNu2


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