Otras publicaciones

12-3052t

silentchange

Otras publicaciones

9789871354894_frontcover

12-3864t

Prólogo

Carolina Rosas

Este libro, que tengo el enorme gusto de presentar, llega en un tiempo de debate y reformulaciones en el campo de estudio de las migraciones y el género. Y llega, también, en un tiempo político y social que interpela a las migraciones internacionales, a las mujeres y a las ciencias sociales en general. Por eso, me atrevo a decir que es un libro que “llega a tiempo” para darnos pistas, respuestas y preguntas sobre temas de nuestro quehacer académico, y para informar a quienes toman decisiones políticas en estas materias.

Con un largo camino recorrido, los estudios sobre migración y género se encuentran hoy haciendo balances y autocríticas, reflexionando en torno al futuro. Ello encuentra su sentido en que, si bien este campo ha sido prolífico, generando distintas líneas de indagación y numerosas producciones, se reconoce que ha habido problemáticas, dimensiones y perspectivas que han quedado relegadas en la construcción de conocimiento. Aun así, me parece conveniente recordar que la incorporación de la perspectiva de género en los estudios de migración provocó una revolución, en todos los sentidos de la palabra, en un campo dominado por miradas androcéntricas que no casualmente miraban desde el Norte y pensaban a la migración desde marcos económicos. Y puesto que, como bien ha dicho Bourdieu (2003: 4), “los conflictos epistemológicos son siempre, inseparablemente, conflictos políticos”, también quiero recordar que las transformaciones en el conocimiento producido acerca de las mujeres migrantes tuvieron sus correlatos en la arena política, aunque los avances hayan sido heterogéneos en esta materia —tanto porque no han existido en algunas áreas, como porque son cuestionables en otras.

Y no sólo hay ausencias y sesgos. Al decir de Pierrette Hondagneu Sotelo (2011:228), los nudos temáticos aglutinados en el espacio de confluencia de la migración con el género no están suficientemente comunicados entre sí. Y cuando viramos la mirada hacia afuera del campo, las cosas no están mejor: “there is a near total deafness from scholars working on other core areas of immigration studies”. Para decirlo sencillamente, hablamos poco entre nosotras, y casi no nos escuchan afuera.

Si bien acuerdo con las observaciones anteriores en su generalidad, es sabido que los sesgos, las ausencias, los diálogos y las sorderas no son iguales en el Norte y en el Sur. No sólo porque difieren la historia, las características de los contextos migratorios, los actores que le dan vida y los marcos regulatorios, sino porque los grupos y las redes académicas de allá y de acá escuchamos y somos escuchados de diferente manera. No es novedad que nuestros oídos siempre han estado prestos para las voces del Norte, y que lo contrario es menos frecuente. Pero también nos equivocaríamos si creyéramos que eso permanece estático. Poco a poco se hacen más frecuentes los intercambios con colegas europeas o estadounidenses. Y lo que es importante, al interior de Sudamérica, y en particular en Argentina, las redes de investigadoras e investigadores interesados en el campo migratorio Sur-Sur están consolidándose de forma rápida. Las autoras de este libro son un claro ejemplo de ello.

Hijas de su tiempo y de su lugar, cada una de estas autoras se siente cómoda ante los desafíos teóricos que brotan del campo, y los usan a su favor. De hecho, el libro mismo encuentra allí su motivación. Los trabajos que se suceden en estas páginas nos recuerdan que los estudios de migración han ponderado a la adultez, en detrimento de otros momentos de la vida; lo mismo se ha hecho respecto del trabajo productivo, por sobre el reproductivo; y dentro del trabajo de cuidado, se enfatizó el trabajo doméstico por sobre otros, como los que se realizan en el ámbito de la salud. Asimismo, este libro convoca a reflexionar críticamente en torno a la forma en que hemos abordado la familia y al carácter [hetero]normativo que ha impregnado los análisis; y también nos interpela sobre las razones que han ocultado de nuestros lentes analíticos a algunos grupos particularmente vulnerados en sus derechos, como las migrantes encarceladas y las trabajadoras sexuales.

Más aún, la complejidad y multidimensionalidad que las autoras despliegan en sus trabajos transparentan el hecho de que la denominación que utilizamos para distinguir el campo (“las migraciones y el género”) nos ha quedado un tanto estrecha (y, digámoslo, un tanto esencialista) para meter allí todas las dimensiones de desigualdad que están en danza. De hecho, la perspectiva interseccional, transversal a todos los artículos que componen el libro, no hace más que recordarnos que aunque sigamos usando por costumbre esa denominación estrecha, a su interior hay mucho más que género y migraciones. Y quiero aprovechar aquí para decir que el grupo que dirige María José Magliano en la Universidad Nacional de Córdoba es uno de los que más seriamente está trabajando con esa perspectiva en Argentina.

El libro también hace frente, con holgura, a algunos desafíos políticos que impone la escena argentina actual, lo cual, desde mi punto de vista, constituye uno de sus aportes más interesantes. Las autoras muestran, por ejemplo, que el trabajo de cuidado comunitario y la participación política van de la mano, y constituyen formas creativas de resistencia por parte de las mujeres migrantes. Ello se interpreta como prácticas ciudadanas que emergen “desde abajo” y que inevitablemente ponen en cuestión las prácticas del Estado. En suma, sin negar las asimetrías que afectan a las migrantes, este libro horada las imágenes de sumisión y pasividad que comúnmente les son adheridas, para ponerlas también en el lugar de la agencia y de la contestación política.

Además, el libro devela los supuestos moralizantes y discriminatorios que atraviesan las políticas públicas y las prácticas de muchos agentes del Estado. Es decir, nos da elementos para comprender los sentidos alterizantes que los sectores dominantes argentinos –entre los que contamos al propio Estado, el principal productor simbólico del nosotros y del otros– han construido alrededor de los y las migrantes y sus familias. No es casual que hoy, el Estado argentino pondere una concepción securitista y meritocrática de la inmigración, y ponga en cuestión derechos que habían sido consagrados en la Ley 25871 en el año 2004.

Esta gran tarea ha sido realizada por un grupo de cientistas sociales que se ha constituido en referencia obligada para quienes busquen interiorizarse en las migraciones de varones y mujeres latinoamericanos, el cual nos viene beneficiando con sus aportes desde hace años. Basta señalar a modo de ejemplo dos libros también coordinados por María José Magliano, uno de ellos junto a Ana Inés Mallimaci y el otro junto a Victoria Perissinotti y Denise Zenklusen: Las mujeres latinoamericanas y sus migraciones (2016, Conicet), y Los nudos ciegos de la desigualdad. Diálogos entre migraciones y cuidado (2017, Eduvim).

Conozco personalmente a la directora de este libro, María José Magliano, y a casi todas las autoras. Con ellas transitamos los caminos de las migraciones y el género en Argentina, compartimos congresos, construimos proyectos de investigación, discutimos abordajes, colaboramos en la formación de investigadores. Por eso puedo afirmar algo que, en realidad, cualquier lector intuirá. Hablo del compromiso, la sensibilidad, la seriedad y el esfuerzo implicados en su trabajo científico. Sin esos atributos es difícil componer tan airosamente un libro.

 

Buenos Aires, 21 de marzo de 2018



Deja un comentario