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Prólogo

Mariana Nobile

Cuando esta obra llegue a las manos de sus potenciales lectores/as, no sería de extrañar que piensen: “Otro libro más sobre la escuela secundaria argentina”. La preocupación por la expansión problemática de la secundaria, sumada a que ya hace quince años desde que legalmente se estableció su condición obligatoria que exige a los Estados trabajar en pos de su universalización, ha plagado la actividad académica de encuentros, congresos y publicaciones de diverso tipo que se proponen analizar distintas aristas de este nivel educativo que resulta duro de transformar.

Sucintamente, podríamos decir que el diagnóstico sobre la secundaria se reitera, la persistencia de un proceso de selección que lleva a que un porcentaje de sus estudiantes no logren finalizar sus estudios en el tiempo pautado y, lo más importante aún, no se apropien de las herramientas y saberes necesarios para participar del mundo contemporáneo en pie de igualdad (proceso que tiene como principales destinatarios/as a quienes acumulan desventajas sociales y educativas). La preocupación por desarticular ese mecanismo selectivo que la caracteriza se ha traducido en una buena cantidad de intervenciones de política educativa. El problema del cambio de la educación resulta una constante. ¿Cómo generar una escuela secundaria inclusiva y de calidad, que provea las herramientas necesarias a los/as jóvenes que transitan por ellas para participar de un mundo contemporáneo en profunda mutación?

El libro de Camila Carlachiani viene a abonar el terreno de respuestas posibles a dicho interrogante. En cierta medida, este texto introductorio busca brindar un atajo a los/as lectores, rescatando una serie de aportes y derivas. Para comenzar, me gustaría destacar que este libro es producto de una investigación realizada en el marco de la Maestría en Educación de la Universidad Nacional de La Plata, la cual tuve la oportunidad de codirigir. De lectura amena, clara y precisa, permite al/la lector/a adentrarse en la problemática acerca de los procesos de inclusión en la secundaria partiendo de un recorte interesante y sugestivo: ¿por qué algunas escuelas secundarias de la ciudad de Rosario que trabajan con estudiantes provenientes de barrios periféricos logran mejorar sus indicadores, frenando el desgranamiento y aumentando las tasas de promoción? Para ello, avanza en la reconstrucción de las políticas formuladas en distintos niveles que convergen en estas instituciones, las traducciones que de ellas realizan las escuelas, observando las formas diferenciales de trabajar (distanciándose de una mirada ingenua que pueda pensar en una mera compilación de “buenas prácticas”). Y para ello se basa no solo en su desempeño como investigadora, sino también en la experiencia directa en el diseño e implementación de algunas de estas políticas al formar parte de los equipos técnicos ministeriales. Esta doble inserción la obligó a la tarea no siempre sencilla de encontrar el equilibrio entre compromiso y distanciamiento (para recuperar la expresión de Norbert Elías), lo cual nos habla de la formación y la rigurosidad con las que se adentra en el tema.

Voy a compartir ahora los aspectos que rescato de este libro. Quisiera comenzar con uno de ellos que puede resultar menor, pero que no creo que lo sea. Este libro nos permite conocer en detalle los avances que realiza una jurisdicción como la de la provincia de Santa Fe para alcanzar una escuela secundaria inclusiva. En un mundo académico que cuenta con un sobredimensionamiento de la producción en la zona del amba, junto con un sistema educativo descentralizado que configura realidades muy dispares a lo largo y ancho del país, contar con una producción rigurosa sobre lo que sucede en Santa Fe nos permite dejar de tener siempre el foco en la zona del amba, no solamente a quienes vivimos allí, sino también a quienes desde otras provincias solo encuentran producciones que pueden resultar distantes a sus realidades y en las cuales no se ven reflejados/as. Asimismo, permite ver la confluencia de iniciativas políticas federales, provinciales y municipales que se entrelazan en las escuelas, lo cual contribuye a conocer la complejidad y heterogeneidad de realidades educativas que conviven al interior del nivel secundario. Santa Fe y la ciudad de Rosario, en las últimas décadas, han desarrollado una larga serie de políticas de juventud y educación que le brindan un piso desde el cual accionar. Este libro es un ejemplo de ello ya que pudo poner el foco en las escuelas que trabajan bien debido a que la provincia cuenta desde hace años con un sistema informático nominalizado que brinda un zócalo de información para diseñar políticas más precisas que den otro tipo de respuestas a la ciudadanía. Compilar los esfuerzos políticos realizados en un tiempo relativamente reciente en el ámbito educativo es un aporte indirecto del trabajo que aquí se presenta.

Otro aspecto apreciable del libro de Camila Carlachiani, y que sin dudas constituye una fortaleza, refiere al trabajo artesanal que realiza en torno a su posicionamiento teórico-disciplinar. Centrándose en los estudios curriculares, recupera una mirada del currículum que lo entiende como una unidad de desarrollo institucional, donde la experiencia cotidiana y subjetiva lo coconstruye por medio de una conversación complicada (expresión de Pinar). Para ello, la autora abreva en las contribuciones que las teorías poscríticas han realizado en los últimos años. Recuperando la mirada del poscolonialismo, el posestructuralismo y el posmodernismo para la reflexión curricular, propone una articulación novedosa y, sobre todo, avanza en la formulación de una categoría intermedia (siguiendo aquí a Rosa Nidia Buenfil Burgos) que le resulta provechosa en cuanto operador analítico de las realidades escolares: los dispositivos curriculares. A partir de esta categoría, estudia las configuraciones particulares de cada escuela reconstruyendo las articulaciones con el imperativo global/universal que remite a la inclusión socioeducativa en la secundaria obligatoria. Esas articulaciones dan cuenta de las traducciones que los/as actores/as institucionales realizan de esos marcos normativos vigentes, de los recursos disponibles, de las interpelaciones que realizan a sus estudiantes y de los márgenes de participación que les brindan. Esto nos permite observar esas soluciones creativas que se ponen en marcha en la cotidianeidad escolar; de esta forma, se conjugan de maneras novedosas construcciones discursivas, saberes y relaciones de poder, proyectos institucionales que potencian el desarrollo del currículum y que pueden marcar la diferencia a la hora de promover una educación para todos/as. El eclecticismo teórico del cual se vale como recurso la autora certifica su amplio manejo conceptual.

Avanzando en los datos empíricos construidos para la investigación, este libro muestra cómo a lo largo de los años se instala el mandato de la inclusión entre los/as actores/as escolares. Así, resulta alentador observar que en las instituciones cobra vida un imaginario social que irradia y se propaga hacia otras esferas y va consolidando el derecho a la educación secundaria que, por un tiempo, para muchos/as no era más que una norma vigente. Simultáneamente, podemos vislumbrar las declinaciones específicas que este mandato va asumiendo, los aspectos que son priorizados, las estrategias que son desplegadas, dando pistas de ciertas acepciones que asume el significante “inclusión” y de aquellos aspectos que podrían ser enfatizados y que, sin embargo, aún son postergados o pululan en los márgenes.

Los casos elegidos por su performance diferencial y que trabajan con estudiantes provenientes de barrios periféricos de Rosario resultan ser dos instituciones centenarias, relativamente céntricas, que antaño solían depender de la órbita nacional, escuelas históricas en las que abundan ciertos recursos –tanto en disponibilidad de cargos y horas, como en programas, proyectos y condiciones edilicias. Esto lleva a reflexionar sobre distintas cuestiones. Por un lado, resulta alentador que instituciones de este tipo abracen el mandato de generar una escuela inclusiva, a fin de que se constituya en un espacio que albergue a jóvenes que no reúnen las características de sus destinatarios históricos –no son pocos los casos en que este tipo de instituciones se resisten a abandonar una historia de “excelencia”; por ende, se niegan a dejar atrás prácticas exclusivas. Aquí, en cambio, se observan reorientaciones de esa tradición, resignificaciones que pretenden instalar una nueva genealogía en la que se integran sus formas de generar pertenencia y de ofrecerse como un espacio de inserción de todos/as, independientemente de las características y trayectorias reales de sus estudiantes.

Por otro lado, al ver las secuencias discursivas que prevalecen para pensar la inclusión, así como las estrategias desplegadas, vemos que el núcleo duro de la organización escolar de la secundaria persiste, y que aspectos novedosos encuentran nuevamente expresión en lo excepcional y en la atención de emergentes. Es el caso de las dificultades para conmover la relación con el conocimiento, así como la redefinición de prácticas de enseñanza que promuevan otras formas de aprender. Un ejemplo de ello es el uso que aquí observamos de los Núcleos Interdisciplinarios de Contenidos (nic), que permite la educación a partir de acontecimientos, estrategia que desafía el currículum formal, la enseñanza solitaria de los/as docentes formados/as disciplinariamente, a la vez que redefine el rol del/la estudiante, proponiéndole otro vínculo con el saber y con la comunidad que integra. Si los nic constituyen lo nodal de otra política provincial santafesina como el Plan “Vuelvo a Estudiar Virtual”, destinado a la secundaria de adultos, en la escuela común encuentran su acogida en las trayectorias no lineales, en el acompañamiento de quienes se salen de la gradualidad que instala el formato, esto es, en los márgenes. Y, si la problematización por la enseñanza y el aprendizaje dista de ser protagónica en el discurso docente, sí asume mayor presencia la retórica que busca subsanar dificultades a partir de una pedagogía del afecto, de la revalorización de lo emocional y sensible, haciéndose eco de la afectivización contemporánea que, en muchas ocasiones, resulta una forma de travestir las estrategias de contención que se volvieron parte del paisaje de la secundaria masificada.

Por último, este trabajo nos muestra los procesos de fragmentación del sistema educativo, las realidades desiguales que imperan en su interior. La pregunta sobre la desigualdad subyace, y ciertamente es una línea que el libro no se propone problematizar, pero que indefectiblemente queda abierta para futuras exploraciones y análisis. En la ciudad de Rosario, fue posible encontrar estas dos escuelas que muestran buenos indicadores de inclusión y que a la vez trabajan con estudiantes de sectores medios-bajos. Pero se impone el interrogante por el resto de las instituciones que no cuentan no solo con dichos indicadores, sino tampoco con esa batería de recursos que aquí se observan, y que a la vez deben afrontar situaciones sociales de mayor vulnerabilidad.

Quienes se aventuren en la lectura del libro de Camila Carlachiani no solo encontrarán ricos aportes para la investigación curricular en educación secundaria desde perspectivas poscríticas, sino que también finalizarán el recorrido con nuevas preguntas que sin duda nos movilizan a seguir pensando en caminos posibles para dejar atrás una historia de selectividad en la secundaria argentina.

 

Ciudad de Buenos Aires, septiembre de 2021.



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