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Ecos de la prensa política en las elecciones de 1951

Una mirada comparada entre Chaco y Corrientes

María Belén Vallejos y Andrea de los Reyes

A mediados del siglo XX la prensa de masas junto con una radio cada vez más popular eran los medios de comunicación social por excelencia en las principales ciudades de Argentina. La amplitud modulada y los diarios establecían entonces las bases de un sistema de comunicación masivo y con ello, de una nueva forma de sociabilidad mediatizada. En poco más de 50 años, la conjunción de procesos tecnológicos y sociales permitió que los medios se convirtieran en “instituciones políticas” (Schudson, 2002) y económicas, que disputaban nuevas formas de poder con los partidos tradicionales y los distintos estamentos de gobierno. Sin embargo, este esquema apenas se bosquejaba en provincias como Corrientes y Chaco, con estructuras sociales y económicas distintas a las de los principales centros urbanos como Buenos Aires, Córdoba o Rosario, donde sobresalía la prensa comercial.

Antes de iniciarse el peronismo, en líneas generales los periódicos que circulaban en ambas provincias continuaban reproduciendo un modelo de “prensa política” con un estilo periodístico que podría remitirse a los diarios de combate de finales del siglo XIX y principios del siglo XX (Alonso, 1997). Eran, todavía, “vehículos de ideas, instrumentos de militancia y hasta puestos de combate” (Ulanovsky, 1997), aunque el proceso de profesionalización y liberalización del periodismo, en el marco del desarrollo de capitalismo mediático (Pico, 2018), había empezado hacía casi un siglo. Más allá de una marcada identidad partidaria o sectorial, como un trazo general para describir al conjunto, emergía entonces una intensa actividad periodística.

El esquema de medios de comunicación de Chaco y Corrientes estaba conformado por un incierto pero nutrido número de revistas, periódicos y semanarios de partidos políticos, asociaciones civiles, sindicatos y emprendimientos comerciales. Según reseña Sánchez de Larramendy (1991), entre 1930 y 1950 en el Territorio Nacional del Chaco hubo un “auge del periodismo”. Se editaban entonces impresos vinculados a la organización obrera como La Voz del Puerto de los marítimos de Barranqueras, Despertar del Sindicato de Obreros Municipales de Chaco, La Revista de la Policía Chaqueña y Boletín de Magisterio. También había boletines mensuales de la Sociedad Rural de Chaco, de la Sociedad Israelita de Chaco y Acción Chaqueña, un periódico católico que logró mantenerse en circulación por varias décadas. Entre las publicaciones de mayor relevancia durante el período se destacan La Voz del Chaco, El Territorio, Estampa Chaqueña, Tribuno en Sáenz Peña, Chaco y Humanidad, este último dirigido por Hipólito Gangoso (Sánchez Larramendy, 1991). En Corrientes, la circulación de impresos era también profusa y se extendía hacia el interior de la provincia con todo tipo de publicaciones periódicas. Entre 1930 y 1950, se editaban los diarios La Mañana, del Partido Autonomista, El Diario del Foro, una hoja judicial devenida en propaganda peronista (Solís Carnicer y de los Reyes, 2021); El Liberal, periódico de larga trayectoria que se convertiría en referencia del peronismo correntino; El Noticioso, El Nacional, Nueva Época, La Verdad y El Noticioso, diarios todos que tuvieron continuidad durante al menos un año pero que desaparecieron al finalizar el peronismo. Se publicaba también El Heraldo, un semanario católico de varias décadas de existencia; mientras que en el interior se editaban diversos periódicos como El Pueblo y Prédica en Santo Tomé, Unión en Mburucuyá, Acción y Renovación en Curuzú Cuatiá, El Social en Alvear y Nueva Era en Mercedes, entre otros.

El esquema mediático de ambas provincias se completaba con la consolidación de la radiofonía. Se habían establecido en este período las primeras radios AM de Chaco y Corrientes: LT5 Radio Chaco, fundada en 1933, y LT7 Radio Provincia de Corrientes, inaugurada en 1934, sobre las bases de la primera radiodifusora de la región LA1 de Corrientes, que había iniciado sus intermitentes transmisiones en 1923. Para la década de 1950, se habían constituido como vigorosos medios de difusión.

El recorte temporal de este trabajo, se inicia en 1951, año de elecciones generales en todo el país, comicios que marcarían una bisagra en el acceso a la ciudadanía, ya que fueron las primeras en las que votaron mujeres y los habitantes de los territorios nacionales recientemente provincializados.

¿Cómo se reflejó este hito en la prensa de la región? Los principales periódicos, ¿actuaron como “puestos de combate” del oficialismo y la oposición, o formaron parte del engranaje democrático proveyendo información neutral?. Para responder a estas preguntas, analizamos el tratamiento que llevaron adelante los diarios El Territorio, de Chaco, y La Mañana y El Liberal de Corrientes respecto al clima político de la época, examinando piezas periodísticas sobre la violencia política, la campaña electoral, los comicios, y sobre la relación entre la prensa y el peronismo. La selección fue realizada con base en la continuidad y relevancia que presentaban estos periódicos para las ciudades de Corrientes y Resistencia, tanto por su trayectoria como por la cantidad de ejemplares editados.

Breve contexto histórico

La llegada de Juan Domingo Perón al gobierno el 4 de julio de 1946, luego de su triunfo en las elecciones de febrero del mismo año, inauguró un periodo de fuertes cambios políticos, sociales, económicos y culturales. En materia económica se propuso alentar la expansión del mercado interno, la redistribución del ingreso y el crecimiento industrial. Para ello se debieron realizar reformas institucionales importantes que extendieron el papel del Estado y fortalecieron su capacidad de reorientar la composición y la distribución del ingreso nacional (Belini y Korol, 2012: 115). Gracias a la favorable coyuntura económica y a las políticas sociales desplegadas por el gobierno, amplios sectores de la sociedad mejoraron su calidad de vida, lo que Torre y Pastoriza (2002) denominan un proceso de “democratización del bienestar”: el pleno empleo, el aumento del poder adquisitivo, el acceso a artículos electrodomésticos, la posibilidad de adquirir una vivienda, acceso a la educación primaria, media y superior, tiempo libre para la recreación, entre otros derechos.

Durante este periodo se produjo un fuerte aumento de la organización laboral, que decantó en que más del 50 por ciento de los trabajadores se encontraba sindicalizado para mediados de la década del 50. El movimiento obrero se convirtió en un actor de peso dentro del escenario político, y a pesar de las ventajas obtenidas, la relación con el gobierno peronista no estuvo exenta de conflictos. La Confederación General del Trabajo (CGT) se convirtió en una de las ramas más importantes dentro del gobierno, con influencia en la toma de decisiones (Torre y Pastoriza, 2002) y en la relación con los medios de comunicación.

Hacia finales de la primera presidencia de Perón, las condiciones económicas comenzaron a complicarse debido al deterioro de los términos de intercambio comercial, sumado a las malas cosechas producidas por la sequía y el desborde de la inflación. Entre las medidas que tomó el gobierno para paliar esta crisis se puede mencionar la baja de subsidios estatales que afectó a ciertos sectores, como el de los ferroviarios, quienes iniciaron una intensa huelga duramente reprimida (Cataruzza, 2012).

De cara a las elecciones de noviembre de 1951, se debía definir el candidato a vicepresidente de Perón, lo que suscitó una serie de enfrentamientos dentro del propio peronismo. La CGT inició la campaña para apoyar la candidatura a la vicepresidencia de Eva Duarte de Perón, que culminó con el Cabildo Abierto del 22 de agosto. La movilización popular y el amplio apoyo de diversos sectores, no fueron suficientes para continuar la candidatura y unos días más tarde, la primera dama renunció a esta posibilidad.

Otro factor que se sumó al malestar, fue el desencadenado por el alzamiento castrense con participación de políticos opositores ocurrido el 28 de septiembre de ese año. Si bien terminó en un fracaso, propició que Perón impusiera el estado de guerra interno[1], limitando el accionar de los partidos políticos en la campaña electoral. Los dirigentes de los partidos políticos como el Partido Demócrata Progresista, el Partido Socialista y la Unión Cívica Radical, sostuvieron que no estaban dadas las condiciones para la celebración de las elecciones (Pizzorno, 2020) pero el comicio se llegó adelante de todas maneras.

Finalmente, el 11 de noviembre de 1951 se enfrentaron la fórmula oficialista Juan D. Perón-Hortensio Quijano; Ricardo Balbín y Arturo Frondizi por la Unión Cívica Radical; Alfredo Palacios y Américo Ghioldi por el Partido Socialista; Reynaldo Pastor y Vicente Solano Lima por el Partido Demócrata Nacional; y Rodolfo Ghioldi y Alcira de la Peña por el Partido Comunista. Perón fue reelecto con el 62% de los votos, quedando en segundo lugar la UCR (Cataruzza, 2012).

La continuación del proyecto político del peronismo fue posible debido a una serie de reformas políticas y electorales previas que crearon las condiciones necesarias para su triunfo. Una de ellas fue la sanción de la Ley Nº 13.010 de Sufragio Femenino, que otorgó a las mujeres el derecho a votar (Valobra, 2008). En 1949, se reformó la Constitución Nacional incorporando los derechos civiles obtenidos, se eliminó el artículo que prohibía la reelección del presidente, se eliminó el Colegio Electoral estableciendo el voto directo para las elecciones presidenciales y se otorgó el derecho de sufragar a los habitantes de los Territorio Nacionales (Leoni,1992; Ruffini, 2005). En ese mismo año se sancionó la Ley de Partidos Políticos, destinada a limitar el accionar de los partidos y evitar la conformación de coaliciones en contra del gobierno, ya que una de sus cláusulas determinaba que los nuevos partidos podían participar en elecciones transcurridos los tres años desde su fecha de creación. Además, se determinó una serie de sanciones para aquellos que se abstuvieran de participar en el proceso electoral, asegurándose la concurrencia del electorado y a su vez, no quitarles legitimidad a las elecciones (Ajmechet, 2012, 2017).

En 1951, se sancionó una nueva Ley Nacional Electoral que establecía el sistema de circunscripciones uninominales. Cada distrito se dividió en tantas circunscripciones como diputados debía elegir, con la excepción de la Capital Federal, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, que se dividieron en tantas circunscripciones como diputados debían elegir menos dos. También definió la simultaneidad de las elecciones presidenciales y provinciales con el fin de unificar los mandatos de presidente, senadores y diputados, según lo dispuesto en la Constitución Nacional de 1949 (Ajmechet, 2017: 40)

Por último, unos meses antes de las elecciones, se aprobó la Ley 14.032, mediante la cual los Territorios Nacionales de Chaco y La Pampa se convirtieron en provincias. Estas medidas fueron instrumentos políticos que modificaron las reglas de juego y los imaginarios previos al peronismo, y reemplazaron definiciones básicas de lo político por las visiones que tenía el gobierno y Juan Domingo Perón (Ajmechet, 2016).

La oposición vio reducidos sus espacios de acción política, en el aspecto institucional, las nuevas legislaciones aplicadas obligaron a redefinir las estrategias partidarias. Los partidos políticos tuvieron que reajustar sus campañas electorales al estado de guerra interno decretado luego del alzamiento fallido de septiembre de 1951. La utilización que hizo el peronismo del aparato gubernamental dejó poco margen para que los candidatos del radicalismo pudiesen difundir su propaganda electoral. Balbín y Frondizi acudieron a los tradicionales mítines políticos con giras por las distintas provincias del país.

Las elecciones de 1951 en Chaco y Corrientes

En el espacio chaqueño- recientemente provincializado por la Ley Nº 14.037- las elecciones de 1951 fueron las primeras en las que los habitantes del ex territorio nacional participaron, no solo para elegir presidente y vicepresidente, sino también a los 15 convencionales constituyentes encargados de dictar la Carta Magna de la novel provincia la cual pasara a llamarse “Presidente Perón”[2]. El proceso electoral logró reactivar la vida política en el territorio suspendida desde 1943. Según consigna la prensa, desde la convocatoria a elecciones, los partidos exhortaron a la ciudadanía a concurrir a las urnas, se organizaron mítines y actos públicos para atraer a los votantes.

En Chaco, seis partidos políticos participaron de la contienda electoral: la UCR, el PS, el Partido Demócrata Progresista, el Partido Comunista, el Partido Peronista y el Partido Demócrata Nacional, aunque este último no presentó listas para convencionales. A pesar de que los partidos políticos con mayor tradición en el territorio eran el Partido Socialista y la UCR, el triunfo del peronismo fue arrollador en todas las categorías (Leoni, 1992: 22).

Por su parte la provincia de Corrientes, intervenida en 1947 y reorganizada institucionalmente tras el gobierno de Juan Filomeno Velazco, debía elegir además de presidente, diputados y senadores nacionales, gobernador y vice y diputados y senadores provinciales. En las elecciones participaron tres partidos: el Partido Peronista, la UCR y el Partido Demócrata. En el caso del Partido Liberal, se abstuvo de intervenir en el proceso electoral. Distinta fue la actitud de los partidos Demócrata Progresista y Comunista, los cuales presentaron candidatos para las elecciones nacionales, pero no pudieron competir a nivel provincial ya que no se les reconoció personería jurídica por haber incumplido la legislación electoral. Por el peronismo fueron como candidatos a gobernador y vicegobernador, Raúl B. Castillo y Clementino Forte; por el Partido Demócrata, Elías Abad y Pedro Armando Montaña; y por la UCR, Justo P. Villar y J. Anibal Davila (Solís Carnicer, 2009: 245).

En ambas provincias, el peronismo triunfó ampliamente en todos los departamentos y en todas las categorías. En el caso de Chaco, arrasó con el 81% de los votos para presidente y convencionales constituyentes, quedando en segundo lugar la UCR con 13% y en último lugar el PS con 1%. Mientras que, en Corrientes, el peronismo obtuvo el 65% de los votos emitidos en las principales categorías, quedando en segundo lugar la UCR con el 26%.

Otro aspecto a contrastar se relaciona con las candidaturas. Si bien se había establecido la ley de Sufragio Femenino para todo el territorio nacional, en ambas provincias tuvieron posiciones distintas respecto a las candidaturas de mujeres para cargos legislativos. En Corrientes, en el Partido Peronista se sucedieron candidatas mujeres, mientras que las listas para convencionales de Chaco estaban conformadas íntegramente por varones.

Si bien las elecciones se llevaron a cabo en un clima de tranquilidad, las campañas electorales no estuvieron exentas de escenas de violencia. Tanto en Corrientes como en Chaco, se dieron actos intimidatorios durante los mítines políticos y los cierres de campañas. En el caso chaqueño, el PS y la UCR denunciaron la falta de respuesta de las autoridades frente a acciones vandálicas en las sedes partidarias y pintadas ofensivas en los carteles de propaganda política[3]. Las autoridades de la Jefatura de Policía desmintieron estas acusaciones alegando que los dirigentes de los partidos alteraban el orden público en las celebraciones de los mítines e insultaban fuertemente a la figura presidencial[4]. El cierre de campaña de la UCR se vio atravesado por un enfrentamiento armado que dejó dirigentes y afiliados heridos, y numerosos detenidos[5]. En Corrientes, el partido radical denunció al peronismo de los ataques que sufrió la UCR durante los actos políticos celebrados en la provincia, menciona en caso de Bella Vista, donde los asistentes al acto fueron atacados a pedradas, destrozaron el palco y las banderas partidarios fueron quemadas.[6]

Los medios de comunicación durante el peronismo

Hacia 1951, la mayoría de los medios de comunicación se encontraban de manera directa o indirecta en manos del gobierno oficialista, esto se dio a través de distintas estrategias entre las que podemos mencionar la expropiación de periódicos, la concentración política y económica de la radiodifusión. Varela (2002: 5) distinguió dos tipos de medidas que se desplegaron para obtener el control de los medios de comunicación, por un lado, las “medidas restrictivas” cuyo objetivo era censurar los contenidos y controlar los materiales de insumos necesarios para los medios como el papel prensa y el film en la industria cinematográfica, que tuvieron como consecuencia la concentración económica y política de los medios en manos del gobierno oficialista. Por otro lado, menciona las “medidas de fomento” a la industria cultural nacional, como el apoyo económico para el desarrollo de actividades en todo el país y la compra o renovación de equipamiento tecnológico.

Según García Sebastiani (2005: 232) el gobierno opinaba que la prensa debía jugar un rol fundamental para motivar el acercamiento al peronismo de un importante sector del electorado que se mantenía fiel a los partidos de la oposición. La superioridad numérica, la mayor tirada y circulación de los diarios progubernamentales y el control estatal del suministro de papel garantizaban el apoyo de la opinión pública al candidato oficial. El hecho de que existieran publicaciones antiperonistas ofrecía ciertas garantías y un marco legal de competencia política de la oposición; aunque las publicaciones favorables al gobierno en número y tirada a las de la oposición.

Justamente la bibliografía de referencia sobre los primeros años del peronismo y su relación con los medios de comunicación suele centrarse en los procesos de censura y autoritarismo del gobierno peronista hacia los medios de prensa (Sirven, 2011; Waldmann, 1981; Plotkin, 2013; Ajmechet, 2008), sin embargo hoy podemos advertir a la luz de la renovación y especificidad que van adquiriendo los estudios sobre las relaciones entre la prensa y el peronismo, que la transformación de los medios de comunicación en Argentina mucho más compleja entre 1940 y 1950 (Da Orden y Melón Pirro, 2007; Cane, 2011; Fernández, 2013) en la que intervinieron factores económicos, culturales e, incluso, sindicales y familiares.

Como advierte Girbal Blacha (2003) sobre los procesos económicos durante el peronismo: se ha insistido más en señalar los cambios, que sin duda trajo el gobierno de Perón para Argentina, que en las continuidades que también otorgaron una seña particular en esta etapa de la historia argentina. Por su parte, Varela (2002) apunta – específicamente sobre los medios de comunicación- que “los lugares comunes acerca del modo en que los gobiernos autoritarios y los estados populistas han convertido los medios de comunicación en un pilar de gobierno, ha impedido un análisis de los matices históricos específicos”.

Trayectorias de prensa

El primero de los periódicos sobre el cual indagaremos, y también el más antiguo, es “El Liberal. Órgano del Pueblo”, un diario que empezó a publicarse en la ciudad de Corrientes el 19 de marzo de 1909 como representante del partido del mismo nombre. Pasó luego por un período en que se definió “independiente” de toda línea partidaria entre 1916 y 1918, para después transformarse, aunque sin reconocerlo abiertamente, en representante del Partido Autonomista. Durante ese período, aumentó el número de suscriptores y de avisos publicitarios, lo que derivó en un incremento de sus páginas que pasaron de cuatro a seis. Esto, a su vez, obligó la incorporación de nuevos redactores, que irían perfilando un estilo de periodismo más moderno. Entre 1918 y 1921, asumió la dirección del diario Hernán Gómez, sumando varios colaboradores que dieron impulso al diario desde el punto de vista periodístico y técnico. En ese tiempo, el diario abandonó un tanto el tono “independiente” que había conseguido en la etapa anterior, demostrando con mayor claridad su vínculo con el Partido Autonomista, sin embargo, mantuvo un vigoroso intento de modernización, incorporando maquinarias, tales como un taller de fotograbados y una sección de linotipos. Luego de la muerte de Vidal, el 4 de septiembre de 1940, su viuda, Eloísa Torrent continuó a cargo del diario por un tiempo, pero las dificultades empezaron a manifestarse tras el golpe de 1943 cuando el periódico fue víctima de persecuciones y censura. Posteriormente, el comercio le fue retirando los avisos publicitarios y al no poder sostenerlo pasó por varias manos hasta que en 1952 fue alquilado por el empresario de medios, Enrique Jasid, muy vinculado al gobierno peronista, que también había sido propietario del Diario del Foro (Solís Carnicer y de los Reyes, 2021).

El segundo diario analizado es La Mañana, que salió el 2 de febrero de 1930 y desde sus inicios se lo concibió como un “diario de combate” que expresaba la voz del Partido Autonomista de Corrientes. Así se describía el medio en 1955, con motivo de cumplirse sus 25 años de vida: “Surgimos como diario de partido y sin declinar un ápice nuestra posición conservadora, brindamos el prestigio de nuestras columnas a los organismos políticos, que, sin coincidencias en lo interno, conservan igualmente como norte la realidad democrática de la república”.[7]

Desde los primeros tiempos La Mañana, estuvo bajo la dirección de quien también era su propietario, Elías Abad, quien incorporó a su staff al joven dirigente Gabriel Feris, que se convertiría en destacado periodista y figura central del autonomismo durante la segunda parte del siglo XX. Luego de la muerte de Elías Abad, sus herederos no quisieron continuar con la empresa por lo que dejó de salir en la década de 1960.

En sus inicios el diario no contaba con imprenta propia, sino que se imprimía en una imprenta plana en formato sábana y luego eran doblados a mano en la misma casa de su director. En 1951, el diario La Mañana se definía en la vereda del frente del partido gobernante. Así lo estableció en una editorial del 16 de febrero de 1950 anunciando la paralización del diario por falta de papel (Solís Caricer, 2021).

Finalmente, nos encontramos con “El Territorio, Diario de la tarde del Chaco y para el Chaco”, que fue fundado por Raúl Gabriel Gauna en 1919 como un semanario, vocero del radicalismo yrigoyenista. Meses más tarde, se convirtió en un bisemanario y en 1920 en un diario vespertino bajo la dirección del docente y periodista chaqueño Severo López Solís. En 1922, pasó a ser un diario matutino. En 1925, el maestro y periodista Ernesto Zamudio se convirtió en el director y fue un férreo defensor de los colonos ante los abusos del Estado. Entre 1931 y 1935, se involucró en las revoluciones que se proyectaron en el país, incluso en 1932 fue clausurado durante un año. Zamudio se convirtió en el nuevo dueño del diario en 1933 (Almirón, 2019). Durante la década de 1940 y hasta principios de 1950, mantuvo su postura opositora al gobierno peronista. Hacia 1954, por presiones del gobierno nacional, fue vendido a la Confederación General del Trabajo. Luego del derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955, fue clausurado e intervenido como todos los diarios oficialistas, hasta 1960 los directores fueron nombrados por las distintas administraciones. En 1963 el periódico fue transferido al Consejo General de Educación de la Provincia. Finalmente, en el año 1989, el diario cierró sus puertas debido a problemas con la propiedad del mismo y a problemas acarreados con los salarios de los trabajadores (Solís Carnicer y Maggio, 2019: 161).

Elecciones y prensa

Durante las elecciones de 1951, el diario La Mañana, que se definía abiertamente opositor, mantuvo una misma línea crítica. Los cuestionamientos del periódico de Elias Abad, hacia el gobierno peronista apuntaban a la discrecionalidad en la elección de candidatos y daban cuenta de los enojos internos en el peronismo provincial. También se criticaba con ironía el uso de los recursos públicos para la propaganda oficial. Pero, como había sucedido en años previos, no hubo ninguna denuncia de persecución ni de hostigamiento en relación con el medio durante los meses electorales. Al respecto, el entonces director de este periódico, Gabriel Feris, recordó que: “En honor a la verdad, durante el gobierno del general Velazco, el diario La Mañana no tuvo todo ese hostigamiento que habíamos padecido durante la intervención del señor David Uriburu. Si bien es cierto que a Velazco no le gustaba la prédica de La Mañana, nunca dictó una medida que cercenara la libertad de expresión” (Feris, 1992).

En sus páginas el periódico sostenía que: “Es cierto que no comulgamos con el oficialismo del país, pero no se pondrá negar que hacemos contraste constructivo. Antes la prensa era el 4° poder del Estado. Con estos procedimientos ha quedado relegada a la última expresión con lo cual el pensamiento pueda calificar”.[8]

Es que más allá de la distancia entre gobierno y oposición, hasta las elecciones de 1951, las relaciones con el diario de Abad eran tirantes pero cordiales. La situación se modificaría hacia los últimos años del gobierno peronista, cuando el dirigente fuera encarcelado durante dos meses y parte de sus bienes confiscados (Meza Toledo, 1960: 113).

Respecto al diario El Territorio, cuyo dueño era Ernesto Zamudio de filiación radical yrigoyenista y contrario al gobierno peronista, no evidenciaba una oposición furibunda en sus páginas. Esto es un aspecto a destacar, ya que a través de otras fuentes se dejó testimonio de las tensas relaciones que existían entre el gobierno y el diario. En una entrevista realizada a su esposa Rosa Ponce de Zamudio expresaba:

Una vez lo citaron y se fue a la Secretaría de Prensa, creo que se llamaba. Había dicho que tenían un mapa allí, donde estaban todos los diarios y estaban ahí todos los que eran favorables al gobierno, los que eran indiferentes al gobierno y en eso se basaban para el reparto […] para proveer el papel del diario […] Les daban el papel de acuerdo a la adhesión o no adhesión hacia el gobierno (Echarri, 2003: 84).

Las conflictivas relaciones que poseía el diario con el gobierno de turno no se veían reflejadas en la producción periodística. Durante los meses previos a las elecciones de 1951, predominaban artículos con un fuerte compromiso cívico-educativo, ya que la mayoría de sus notas daban a conocer los talleres de capacitación dictados en las escuelas, unidades básicas y otras instituciones del territorio. Semanas previas a los comicios se publicaron artículos referidos a los deberes y derechos de los electores, las sanciones que aplicarían en caso de violar algunas de las leyes electorales y el paso a paso de cómo se debía sufragar. Por último, el diario se encargó de dar a conocer las actividades y plataformas de los distintos partidos políticos, sin embargo, serán más numerosas las noticias sobre el accionar del Partido Peronista.

Sobre el tópico de violencia política podemos destacar que El Territorio fue el diario que mayor despliegue otorgó al tema. Las notas de carácter negativo fueron mayores en este caso, dejando entrever los conflictos entre el gobierno oficialista y los partidos de oposición, no solo se hizo eco de los reclamos de los dirigentes de la UCR, el PS y el PDP ante hechos de violencia sucedidos en actos públicos en el espacio chaqueño, sino también de reclamos de dirigentes nacionales ante la falta de recursos para llevar adelante la campaña electoral de 1951. Cabe aclarar que las denuncias por comportamientos violentos no solo eran realizadas por los partidos políticos, la Jefatura de Policía, a través de un comunicado, responsabilizaba a los oradores de los mítines políticos de incitar a la violencia y el desorden público.

Finalmente, el tercer diario analizado fue El Liberal, el más antiguo de la provincia de Corrientes que era editado en ese momento. El vespertino había atravesado por varios cambios editoriales, que tuvieron incidencias ideológicas partidarias. Incluso, al finalizar el peronismo en 1955, el diario se identificaría abiertamente con el gobierno. Sin embargo, en 1951, apenas se vislumbraba esa transición que más tarde sería conducida por el periodista y futuro legislador electo Horacio Traynor y el empresario de medios Enrique Jasid.

Al contrastar los resultados de la muestra elaborada nos encontramos que el medio en general era utilizado para ponderar las acciones de campaña del gobierno de manera positiva. Si bien no se empleaban adjetivaciones grandilocuentes en torno a las principales figuras – como se evidencian en otros medios de la época – se establecía la preponderancia de la información sobre las acciones del presidente Juan Domingo Perón y de su esposa Eva Duarte, así como en menor medida se daba cuenta de las figuras provinciales como el general Velazco y el doctor Castillo. Al interior del diario se incluían secciones como “Movimiento Político” en las que de manera sintética y neutra daba cuenta de información de campaña de la mayoría de los partidos que disputaban cargos en los comicios de ese año. También, brindaban información básica para las electoras y los electores. Finalmente, advertimos que el relevamiento indicó una ausencia total de noticias vinculadas a la violencia política, tanto en el interior como en la tapa, posiblemente por dos cuestiones. La primera vinculada a la delicada situación por la que atravesaba el medio, evidente en sus páginas plagadas de publicidad y escasa información local; y en segunda instancia por una tendencia cada vez más cercana al gobierno peronista de la mayoría de los periódicos de la época.

Prensa comparada

Al realizar un análisis comparado respecto a la posición de los tres diarios, en torno al tópico de la vinculación entre el gobierno y los medios de comunicación, todos publicaban algunos casos paradigmáticos. Tanto los identificados como opositores, La Mañana y El Territorio, como el diario que podría presentarse como oficialista, El Liberal, dieron cuenta sobre los avances del caso del diario La Prensa, que a principios de 1951 había sido expropiado y fue entregado a la Confederación General del Trabajo (CGT) para su administración. Los tres diarios de Chaco y Corrientes publicaban información breve sobre los devenires de este medio, que se había convertido en un emblema de la disputa prensa-peronismo. En tanto, El Territorio, también daba cuenta de informes internacionales en torno a la libertad de prensa en Argentina y otros países como Venezuela y Estados Unidos, publicando los resultados de la Asamblea de Montevideo de 1951, que suscitó una controversia entre miembros del Sindicato Argentino de Prensa y la organización.

El segundo tópico a comparar es respecto a los comicios de noviembre. Uno de los aspectos que podemos destacar de los tres diarios es que presentaban de manera amplia la oferta electoral de todos los partidos. A través de espacios que se repiten en los dos meses analizados como Movimiento Político, se incluye la información electoral sobre los candidatos de cada uno de los partidos, aunque sobresalen las informaciones sobre los partidos Peronista y Demócrata. De esta manera, los diarios El Liberal y El Territorio, y en menor medida, La Mañana, cumplieron con la función de “educar” que es propia del periodismo moderno. Otorgando información sobre los procedimientos antes, durante y después de los comicios, quienes debían votar, dónde y cómo. Y luego sobre las elecciones, la información oficial sobre los escrutinios definitivos.

Nos resulta interesante marcar como los dos diarios que se percibían como opositores, también cumplieron con la función informativa, pero, además, en el caso de El Territorio, cumplieron con el deber periodístico de informar sobre la violencia política tanto opositora como oficialista. Lo que no ocurrió con contundencia en los otros periódicos analizados.

Finalmente, sobre la violencia política el que mayor importancia otorgó en sus páginas fue El Territorio, a diferencia de los diarios El Liberal y La Mañana, donde no encontramos notas sobre este tópico, exceptuado una referencia en La Mañana sobre episodios de violencia en Bella Vista en un mitin del radicalismo. El diario chaqueño, por su parte, dio espacio a los partidos para denunciar actos de violencia cometidos contra sus dirigentes o carteles de propaganda mediante comunicados en la sección de Movimiento Político.

O en el caso del Partido Peronista, en contra del fallido golpe de Estado de septiembre de ese año, unidades básicas de todo el territorio y distintos gremios se manifestaron en contra del suceso. Se destaca que los episodios de violencia denunciados no fueron solo de un grupo partidario, El Territorio dio espacio a los diferentes actores políticos para denunciar los atropellos de los que eran víctimas, marcando nuevamente la tendencia neutral en sus notas.

Conclusiones

Este primer acercamiento al análisis de la relación entre la prensa y la política, específicamente durante las primeras elecciones generales en el Territorio Nacional del Chaco y en las que votaron ciudadanas mujeres en todo el país; nos muestra la intensa actividad política del período que era ampliamente desplegada en la prensa local.

La combinación de métodos nos permitió matizar los efectos de considerar a la prensa durante el peronismo como un dispositivo monolítico, exento de resistencias, como señala buena parte de la literatura sobre el tema. Por el contrario, nos encontramos que, al analizar las piezas de cada diario, existía una impronta importante vinculada a la educación cívica de los ciudadanos de Chaco y Corrientes, así como el otorgamiento de espacios permanentes para que los partidos dieran cuenta de las actividades proselitistas. Si bien se marcó una tendencia hacia la ponderación positiva del gobierno, se registró una amplia distribución de la información neutral hacia el interior de cada diario.

Los espacios que cedían los diarios para que los distintos partidos políticos informaran e invitaran a los ciudadanos a participar de las actividades partidarias, nos da lugar a pensarlos como lugares de expresión de la oposición en un ambiente de creciente polarización política. También nos permite considerar los periódicos de la región como puestos de combate pero con una perspectiva cada vez más abocada al rol de la formación de los ciudadanos. Si bien podemos reiterar que en este periodo la prensa chaqueña y correntina aún se encontraban en un periodo de transición hacia una prensa comercial, en los tres casos había una fuerte impronta socialización de la actividad política ciudadana.

Referencias bibliográficas

Ajmechet, S. (2008). “La Prensa, actor en defensa de la democracia y las libertades en las elecciones de 1946”. Jornadas sobre la política en Buenos Aires en el siglo XX, La Plata.

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  1. El estado de guerra interno fue decretado por Perón en todo el país. Esto se fundamentaba en el levantamiento de los jefes y oficiales del Ejército movidos por elementos internos y externos, alzados contra el gobierno legalmente constituido, que tiene su origen en comicios unánimemente reconocidos como puros e inobjetables” y autorizaba el fusilamiento inmediato a todo militar que se insubordinara contra las autoridades constituidas. Por medio de su aplicación, muchas personas fueron detenidas y mantenidas en prisión “a disposición del Poder Ejecutivo” sin ser puestas bajo la jurisdicción de ningún juez (Pizzorno, 2020: 10).
  2. Tras décadas de distintos movimientos para lograr los derechos políticos de sus habitantes, en agosto 1951 el Poder Ejecutivo Nacional otorga al territorio nacional del Chaco el estatus de provincia. A partir de esto, y tras un intenso trabajo político, el exterritorio aprobó su propia constitución en diciembre de 1951, pero con una disposición particular, pasaría a llamarse Provincia Presidente Perón. El nombre sería anulado durante la Revolución Libertadora y volvería a utilizarse provincia de Chaco.
  3. El Territorio, 22 de septiembre de 1951, p. 2.
  4. El Territorio, 26 de octubre de 1951. p.2.
  5. El Territorio, 9 de noviembre de 1951, p. 2.
  6. La Mañana, 1 de noviembre de 1951, p. 3.
  7. La Mañana, 2 de febrero de 1955, p 4.
  8. La Mañana, 16 de febrero de 1950, p. 3.


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