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Estados subnacionales y veteranía de Malvinas

El Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas (CESCEM) de Corrientes y su lucha por una pensión provincial

Daniel Chao

Es indudable que la veteranía de guerra y su definición luego de cualquier conflicto bélico comparte un doble estatus. Por un lado, abarca una serie de aspectos de cuidado que generalmente, y según las épocas, incluyen mínimamente un reaseguro económico por la participación en la guerra, algún tipo de cobertura de salud y, sobre todo, variadas formas de reconocimiento simbólico. Por el otro, esa delimitación nada tiene de universal y está plagada de disputas, debates, problematizaciones varias, y muchas veces mantienen un grado de tensión y reaperturas constante. A esta duplicidad debe agregarse el papel central que ha tenido el Estado, sobre todo durante el siglo XX, en la certificación de esa condición. La veteranía de la guerra de Malvinas es un ejemplo claro de esta cuestión. Su definición, y el papel de los soldados en la posguerra, ha sido motivo de tensiones desde que Moore y Menéndez firmaron el alto al fuego el 14 de junio de 1982 en el helado otoño de Puerto Argentino/Port Stanley. Aún en la actualidad hay sectores que disputan esa definición y quieren ampliarla, mientras que otros -reconocidos por el Estado- hacen todo lo posible por mantener el statu quo de los parámetros construidos durante cuatro décadas en torno a quién merece ser llamado veterano o excombatiente de Malvinas.

En gran medida, las definiciones se vinculan a los beneficios que traen aparejados (pensiones, subsidios, indemnizaciones, exenciones, etc.) y las organizaciones de ex soldados (algunas de las cuales incluyen exoficiales y suboficiales) han sido parte de estas disputas desde la década de los 80, cuando comenzaron a surgir los primeros centros de excombatientes, registrándose sus apariciones iniciales en las ciudades de Buenos Aires y La Plata. El 26 de agosto de 1982 se conformó el Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas de Capital Federal presidido por Jorge Vazquez, primer espacio de este tipo a nivel nacional. Tiempo después iniciaron sus actividades los centros de La Plata y Chaco, y para 1983 se dio forma a la Coordinadora Nacional de Centros de Ex Soldados combatientes junto a organizaciones de Córdoba. Cabe destacar que el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) de La Plata no formó parte de la Coordinadora hasta 1984, tras la renuncia de Vázquez al CESCEM Capital y su reemplazo por Miguel Trinidad y Héctor Beiroa. Con ese enroque, la posición de la Coordinadora se homogeneizó parcialmente, tomando una postura entroncada con la posición de las juventudes políticas, ligando la guerra de Malvinas al concierto de las guerras anticoloniales del siglo XX, y ubicando a los excombatientes como representantes de una gesta nacional y popular más allá de quienes la declararon. La Coordinadora tomó en sus manos el objetivo de conservar la memoria de Malvinas y los excombatientes con un claro discurso anticastrense. En 1984 se sumó a este proceso el Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas (CESCEM) de Corrientes, el cual será objeto de estas líneas. En este capítulo nos proponemos tres cuestiones: indagar el estado de la literatura en torno a la guerra de Malvinas, y señalar las vacancias existentes sobre el papel del Estado y sus tensiones con los excombatientes y veteranos; abordar algunos aspectos del nacimiento del CESCEM Corrientes; y finalmente dar cuenta de su lucha por reconocimiento a partir de las disputas contra el gobierno provincial por la obtención de la pensión para veteranos de la guerra de Malvinas en el año 2003.

Los estudios sobre la posguerra de Malvinas y la ausencia del Estado

Existe un número importante de investigaciones que se han preguntado por el impacto social, cultural y político de la guerra desde distintas disciplinas. Para los objetivos de este capítulo, nos centraremos, en primer lugar, en los que se han enfocado en la cultura política, los imaginarios y conflictos a nivel interno motorizados por la cuestión Malvinas; y, en segundo lugar, aquellos que hicieron foco en disputas por la memoria de la guerra, la identidad y la experiencia bélica de los veteranos en posguerra.

Sobre el primer conjunto, quizá el texto que inaugura esta perspectiva en posguerra sea la respuesta de León Roztichner ([1985] 2005) al Grupo de Discusión Socialista, conformado por un colectivo de intelectuales exiliados en México durante la dictadura. Desde su propio exilio en Venezuela, Roztichner rechazó con dureza los términos de un Manifiesto elaborado por sus pares (en mayo de 1982) en apoyo a la guerra, presentada en términos de justicia popular y antiimperialista, más allá de que estuvo encabezada por la misma Junta Militar que llevó a cabo el Terrorismo de Estado. Esta disputa[1], mucho más cercana al campo político que al académico, marcó una forma de plantear la cuestión: ¿Qué grado de inscripción tiene Malvinas en el imaginario argentino y qué papel político ostenta en posguerra?

Un número importante de investigaciones recuperan este interrogante, fundamentalmente la antropóloga Rosana Guber (2001) y el politólogo Vicente Palermo ([2007] 2014) quienes proponen dos maneras de pensar el lugar cultural de las Islas, rastreando históricamente el tratamiento de Malvinas como cuestión política y social antes de la guerra de 1982. Ambos trazan una genealogía de la adhesión a la causa Malvinas, que les sirve para explicar los modos en que, luego de la derrota, las Islas continúan presentes como un símbolo cultural de nacionalidad; sin embargo, sus desarrollos son esencialmente distintos. Por el lado de Guber, lo cultural es entendido como un proceso por el cual “grupos humanos inventan símbolos que les permiten expresar sus consensos y disensos, sus oposiciones y sus negociaciones, su existencia temporal y espacial. ‘Malvinas’, entonces, no sería una esencia de los argentinos sin la cual dejaríamos de ser tales, sino un vehículo construido para expresar una presencia y una historia tumultuosa” (Guber, 2001: 20). Para la autora, las islas fueron una metáfora alimentada desde diversos frentes (la escuela, la literatura, la política) que mostró una continuidad y comunidad en un contexto de discontinuidades y exclusiones políticas. Fue, en definitiva, y hasta la guerra, un símbolo de unidad nacional que se planteó como un lazo de filiación. Estos lazos de parentesco fueron los que se quebraron con la guerra, pero a su vez, son los que se intenta restablecer con los usos políticos del símbolo Malvinas (la autora lleva este análisis a la resolución del conflicto carapintada en 1987, o al emplazamiento del Monumento a los Caídos en 1991). Para Guber: “Malvinas se invoca como, y se convierte en, la representación de un país que es vivido no tanto como una progresiva conquista sino como una pérdida constante. La recuperación de la pérdida es invocada como la restauración de una edad de oro que quedó en el pasado; la recuperación de las islas se convierte, así, en metáfora de la recuperación final de la Argentina” (Guber, 2001: 163).

En contrapartida a esta visión, Vicente Palermo ve en Malvinas un espejo de la cultura política, una propuesta de identidad y de un modo de ser del nacionalismo argentino que se encarna en tres lugares comunes: unanimismo (hay una unidad nacional que se ha roto y hay que recomponer), decadentismo (hay una pérdida de relevancia en el mundo que otros le arrebataron al país y hay que restaurarla), y territorialismo (hay una constante e histórica mutilación territorial que hay que remendar). Para el autor, Malvinas como símbolo encarna “a la perfección el nacionalismo de los argentinos como uno solo, autopostulado como el único posible y la única forma de identidad nacional concebible” (Palermo, 2014: 16). De manera similar a Guber, rastrea las formas en que grupos nacionalistas (que Palermo define como “difusos”, por ejemplo, el peronismo) presentaron la cuestión Malvinas antes de la guerra, aunque la discusión que postula es distinta. Si en Guber la Nación es un terreno volátil y de cambios constantes (y el uso de Malvinas es un intento de recomponerlo), en Palermo hay una continuidad de lugares comunes que pueden rastrearse y que definen lo que es ontológicamente el nacionalismo vernáculo. Para el politólogo, el problema es que en posguerra no se elaboró colectivamente una explicación del conflicto lo cual reforzó el “núcleo duro de la cultura política argentina” (Palermo, 2014:17), lo que analiza a partir de una serie de estereotipos que emergieron luego de la guerra (guerra absurda, tierra irredenta, la cercanía de la victoria bélica, engaño mediático, desmalvinización, entre otros). A su vez, si Guber entiende que uno de los principales motores de quiebre de los lazos filiales fue la ligazón entre Malvinas y dictadura que se hizo en la temprana posguerra (Guber, 2001:113), Palermo ve un proceso de separación tajante entre guerra y Malvinas que mantuvo la pureza del símbolo (Palermo, 2014: 335) y que se sostuvo (con renovaciones, pero fundamentalmente con continuidades fuertes) durante los años posteriores a 1982.

Por otra parte, quizá una de las primeras reflexiones sobre los veteranos de Malvinas en posguerra sea la de Miguel Bonasso, publicada en Nueva Sociedad en 1985. En ese artículo, Bonasso intentó hacer un anclaje generacional entre los jóvenes militantes desaparecidos y perseguidos por la Dictadura Militar (1976-1983) con los jóvenes soldados (específicamente los conscriptos) que protagonizaron la guerra de Malvinas, ya que ambas generaciones “jugaron sus vidas para defender conceptos afines de liberación (en un caso) y de soberanía nacional (en el segundo)” (Bonasso, 1985: 54). Al igual que Rozitchner, el tono del escrito fue evidentemente político, pero señala la importancia del fenómeno de los excombatientes y su posicionamiento en la sociedad, cuestión que fue retomada en estudios que se preguntan por la identidad nacional y la comunidad imaginada durante la guerra de Malvinas, pero fundamentalmente en las representaciones sobre lo nacional presentes en rituales de los veteranos en posguerra (Menéndez y Romero, 1988; Menéndez, 1998).

No obstante, recién en los primeros años del nuevo milenio se inauguran una serie de exploraciones referidas a la identidad y la posición de los veteranos de Malvinas a nivel social y cultural, fundamentalmente gracias al aporte de Rosana Guber (2001; 2004; 2007) y el historiador Federico Lorenz ([2006] 2012; 2013). La primera se preocupa por el significado de Malvinas para los argentinos en la primera década de posguerra, haciendo foco en el lugar social creado colectivamente en torno a la identidad de los ex soldados. La autora define esta construcción identitaria como liminal “es decir, una identidad no encuadrada en el sistema clasificatorio con que opera el sentido común de los argentinos” (Guber, 2004: 16), y a partir de ella entiende cómo los argentinos conciben su sentido de comunidad nacional. El concepto de liminalidad le permite abordar tres cuestiones: a) los modos sociales en que se presentó a los veteranos como externos a toda identidad nacional reconocida, y por eso necesarios de reconocer y reintegrar; b) las posiciones adoptadas por algunos centros de veteranos, la emergencia de la experiencia de guerra como fundamento para autodefinirse como guardianes de la memoria sobre Malvinas, y las disputas internas entre grupos por esa memoria y sus luchas para ser considerados como sujetos políticos; y c) las rupturas de lazos filiales y la incapacidad colectiva de conferirle a la guerra su especificidad.

Por otro lado, con algunos objetivos comunes, pero tomando un período más prolongado (1982-2012), Lorenz señala que indagar en la posguerra de Malvinas y el posicionamiento de los veteranos permite entender de qué manera la sociedad argentina “se relaciona con sus jóvenes, les otorga y vive su protagonismo y los disciplina. [Su libro] Es, en consecuencia, una aproximación al lugar de las juventudes en la política” (Lorenz, 2012: 24). El historiador se concentra fundamentalmente en los veteranos, sus acciones, y sus relaciones con otros actores que intentaron proponer/imponer memorias (que el autor define como discursos dominantes) del conflicto y definiciones sobre los propios ex soldados (víctimas, generación antiimperialista, próceres escolares), y la utilización política de Malvinas en distintas coyunturas. Lorenz coincide con Guber respecto al uso de la experiencia de guerra[2] como argumento de autodefinición por parte de los veteranos, la construcción identitaria ligada a la posguerra y la importancia de considerarlos como sujetos históricos, pero discute la noción de liminalidad, afirmando que identitariamente tuvieron diferentes inscripciones en distintas coyunturas.

Las hipótesis desarrolladas por Guber y Lorenz influenciaron a numerosos autores que indagaron en la posguerra de Malvinas. La liminalidad, los silencios impuestos socialmente y la construcción identitaria es recuperada en investigaciones historiográficas como la de Andrea Rodríguez (2020a) que aborda las experiencias de posguerra de los conscriptos, suboficiales y oficiales del Apostadero Naval Malvinas (una unidad logística de la Armada creada durante la guerra), la identidad social fundada en las islas y resignificada en el período posbélico, y la construcción de un sentido compartido; o por el lado de la antropología, la ligazón entre liminalidad, nombramiento de los combatientes y rituales de memoria es considerada para analizar las formas en que se enfrentan a la muerte los familiares de caídos en Malvinas (Panizo, 2017). Así también, la importancia de las representaciones de la guerra en la configuración identitaria por sus protagonistas en distintas coyunturas (Rettig, 2011; Alves da Silva, 2016; Climent, 2016); la experiencia de guerra (Bleichmar, 2007; Tozzi, 2008; 2009); y las construcciones identitarias y disputas por reconocimiento de distintos movimientos de ex soldados (Valencia, 2006; Larumbe, 2008; Pratesi, 2010; Arias, 2013; Chao, 2015; 2017; Bonnin, 2017). Sobre este último punto, y acorde a los objetivos de este texto, cabe señalar los análisis que ha iniciado Andrea Rodríguez (2020b; 2021) sobre el Centro de Veteranos de Guerra “Malvinas Argentinas” de Neuquén, en el que enfatiza en las inscripciones de este centro en una cultura política provincial y las formas de lucha en este espacio, de aparición tardía respecto a otros centros u organizaciones en otras latitudes.

Si tomamos en consideración nuestra síntesis –e incluso si la extendemos hacia el conjunto de estudios sobre posguerras en Argentina- las preguntas por los procesos de reintegración, las políticas dirigidas hacia veteranos y la acción estatal aparecen escondidas o subsumidas en otras preocupaciones. La reintegración es retomada como problema por Guber pero sólo para reforzar su hipótesis de la liminalidad; mientras que el grueso de los análisis que vimos no recupera la relación entre Estado y veteranos, salvo para marcar cuestiones coyunturales, de intereses políticos o de representaciones y discursos dominantes, centrándose en el problema identitario de los veteranos y mezclando la agencia estatal entre otros actores de la cultura política. Emplazado en lazos filiales (Guber), o entendido como un actor interviniente en las batallas por la memoria en torno a Malvinas (Lorenz); o canalizador de los sentidos comunes del nacionalismo argentino (Palermo), la agencia del Estado queda relegada a alguna alocución presidencial, disputa mediática o acción puntual (la aprobación de alguna ley), sin focalizar en la continuidad del pensamiento político sobre el papel que les cupo frente a los sujetos emergentes de la guerra. En definitiva, si comparamos los estudios de posguerra en otras latitudes con los trabajos argentinos, podemos marcar un área de vacancia en lo que respecta a la reintegración de los veteranos una vez finalizada la guerra, y cuál fue el lugar que tuvo lo estatal en ese proceso. En contrapartida, el Estado aparece en muchos relatos de sentido común como el gran deudor respecto a los individuos movilizados como soldados hacia el Atlántico Sur, como el padre que no se hizo cargo (según la metáfora utilizada por Rosana Guber, 2001), como un ausente o un vacío; esa ausencia parece acentuarse ante la falta de investigaciones que puedan dar cuenta de las acciones estatales dirigidas a los veteranos de la guerra de Malvinas, y cómo se pensaron los problemas de vida de estos sujetos desde diferentes estamentos de gobierno. Este aspecto se magnifica si consideramos que las ciencias sociales argentinas apenas han dado lugar a las relaciones entre los estados subnacionales y las organizaciones de ex soldados.

La inmediata posguerra para el Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas (CESCEM) de Corrientes

En mi propio trabajo (Chao, 2021) he intentado reflexionar sobre las políticas públicas dirigidas hacia veteranos/excombatientes, y los debates suscitados a nivel de los poderes Ejecutivo y Legislativo sobre el estatus y los problemas de este sector desde el regreso a la democracia. La veteranía de guerra, y los problemas aparejados a ella, tuvo un derrotero que incluyó políticas de pensiones, salud, educación, vivienda, trabajo y reconocimientos simbólicos variados, desde los que se jugó no solo la protección social de los ex soldados sino, al mismo tiempo, su lugar dentro de la sociedad. Pero ese trabajo requiere una mirada local/provincial pues las jurisdicciones subnacionales tuvieron propuestas y avances diferentes.

Como dijimos, en este capítulo nos abocaremos a la provincia de Corrientes, la cual, paradójicamente, fue una de las primeras en promulgar una ley de beneficios para excombatientes y una de las últimas (según el CESCEM) en legislar una pensión para el sector. Frente a esto tenemos que recordar que las unidades del Ejército asentadas en Corrientes tuvieron una participación protagónica en Malvinas, lo cual repercutió en que una parte sustancial de los soldados movilizados al sur sean oriundos de esta provincia[3]. Respecto al número de efectivos, la III Brigada de Infantería de Monte cercana a la ciudad de Curuzú Cuatiá movilizó a su Comando de Brigada (con 232 hombres), la III Compañía de Comunicaciones (23 hombres), la III Compañía de Ingenieros (89), y la Compañía de Sanidad (104 combatientes). Además, formaron parte de esta Gran Unidad el Regimiento de Infantería N° 12 de Mercedes con 733 hombres, el Regimiento de Infantería N° 4 de Monte Caseros con 678, el Regimiento de Infantería N° 5 de Paso de los Libres y el Grupo de Artillería III con asiento en la misma ciudad (Consejo Superior del Arma Infantería, 2010). Se estima que alrededor de 1000 de esos hombres eran nacidos en alguna localidad correntina.[4]

Esa masa de hombres abandonó de a poco la instrucción (la clase 63) o regresó directamente a sus hogares (la clase 62) por haber sido convocada como reservista. Con sus experiencias a cuestas, el regreso a sus hogares fue difícil y disímil. Apenas unos meses después del conflicto, un grupo de ex soldados de la ciudad de Corrientes empieza a agruparse replicando lo que sucedía en ciudades como La Plata o Buenos Aires. Según su sitio oficial, el Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas de Corrientes

comienza a fines del año 1982 es decir a unos meses de finalizar el conflicto bélico, cuando un grupo de ex combatientes deciden convocar a una reunión de camaradas con el propósito de analizar la situación general de las personas que habían participado de la guerra ya que por los medios de difusión se hacían constante referencia a problemas laborales y de salud de estas personas. En esta reunión se resuelve organizar una comisión con el propósito de investigar la situación, que ante los hechos comienza a realizar trabajos de asistencia y apoyo al ex combatiente y sé [sic] continúa trabajando de esta forma hasta mediados del año 1983 [5]

No obstante, la primera Acta de Reunión de la Comisión Directiva está fechada el 21 de diciembre de 1984, en un encuentro del que participaron: Antonio Millán (presidente), Orlando Pascua (secretario), Germán Rebollar (tesorero), Baltazar Vallejos (vocal primero), Ángel Flores (vocal segundo), Domingo Medina (vocal tercero) y Juan Fernández (vocal cuarto). Desde nuestro punto de vista la conformación de una Asociación Civil con Personería Jurídica estaría marcando un intento de conformar un espacio susceptible de ser interlocutor a nivel institucional. Este funcionamiento es clave para la inscripción del CESCEM en todo el campo novedoso de movimientos sociales que tienen en las conquistas de derechos y la contención de un sector particular su objetivo más claro (en este caso con una actividad administrativa similar a cualquier órgano de gobierno institucional).

El funcionamiento del CESCEM desde sus inicios dejó traslucir dos modos distintos: como un espacio institucional de contención, apoyo, e impulso de políticas de beneficios para ex soldados combatientes en Malvinas; y como un motor político de recordación constante de la guerra entendida en clave de “gesta”. El CESCEM se mostraba como un actor que vehiculizaba la satisfacción de necesidades en nombre de un colectivo: pedidos en las fiestas de fin de año de sidra y pan dulce para los excombatientes de menos recursos; solicitudes de trabajo en la administración pública provincial y municipal; la concreción y puesta en marcha de la Ley de Beneficios a Ex Combatientes (Ley 23. 109/84); concreción y puesta en marcha de las leyes provinciales respecto al tema viviendas; formas de comunicación con excombatientes del interior; elaboración de nóminas de soldados inscriptos en el Instituto de Vivienda de Corrientes (INVICO), etc. En tanto que organismo de la sociedad civil, los miembros del CESCEM se reunieron con autoridades gubernamentales, e incluso se situaron como un nexo operativo entre el gobierno y los excombatientes, por ejemplo, canalizando pedidos de vivienda o solicitudes de trabajo.

En el segundo plano se encuentra la acción de recordación de la “gesta” y la camaradería. Ambos son claves para entender las acciones estratégicas del grupo. La cercanía al 2 de abril de los años 85’, 86’ y 87’ delimitaba la necesidad de tratar en asamblea la organización del evento. Definición de consignas (como “Generación Malvinas, todos por una nueva Argentina” del año 1987), listas de oradores, institucionalización del día del excombatiente como feriado: “que tenga los alcances de cualquier día patrio”[6], organización de misas por los caídos e incluso la posición pública tomada por los excombatientes en otros días claves como el 10 de junio (día de la soberanía sobre las Malvinas) o el 14 de junio (fecha de rendición).

Interesante es ver el cambio entre el acto cívico amplio de 1985 donde el CESCEM invitó a referentes de la iglesia, el gobierno y todos los partidos políticos, y el homenaje de 1986 donde Antonio Millán, presidente del Centro, fue el único orador. Incluso ese año, las consignas estuvieron cargadas políticamente lo cual vincula la recordación de la gesta con las fronteras identitarias:

Pueblo de Corrientes. El 2 de abril todos a la plaza Cabral con los excombatientes recordando a nuestros compañeros caídos en Malvinas y levantemos la bandera de esta causa nacional, popular y antiimperialista. Fuera ingleses de Malvinas, fuera el FMI de Argentina, por la reglamentación de la ley de beneficios para combatientes, por la reivindicación de la lucha de las Malvinas por nuestros derechos y contra la desmalvinización, por la investigación, juicio y castigo a los responsables de la derrota, no a la soberanía compartida, no al desconocimiento de las Islas Malvinas, contra la doctrina de seguridad nacional, por la doctrina de la defensa nacional, por la justicia y por la liberación sin dependencia. Volveremos a Malvinas de la mano de América Latina.[7]

La acción de marcar lugares y actos de memoria impulsaron las posiciones públicas del CESCEM en sus inicios. A la par, la camaradería fue un factor de cohesión fundamental, no sólo por la organización de cenas de camaradería a fin de año, sino, y, sobre todo, por la relación fundamental con otros excombatientes de otras provincias. La Plata, Capital Federal, Resistencia y Corrientes, fueron los motores impulsores de la Coordinadora Nacional de Centros de Ex Soldados Combatientes en Malvinas, la cual se reunía trimestralmente para discutir problemáticas inherentes al sector. Estas reuniones se alternaban entre las cuatro provincias, e implicaba llevar posiciones locales y disputas nacionales. En este sentido el funcionamiento de una Coordinadora vuelve a poner en el centro la tensión entre un organismo de “contención” de tipo institucional y una forma colectiva de acción política concreta.

De la lectura de las Actas debemos marcar una cuestión importante: el CESCEM no delimita en el tratamiento de sus temas (aunque puede hacerlo en la elaboración de consignas o declaraciones pública, de las cuales no tomamos registro) un tipo de relación con el sector militar. Es decir que el campo de relaciones donde se juega es el civil. En ese sentido, retomando lo que dijimos anteriormente, el Centro puso en el eje de sus reclamos a la administración pública impulsando la solución de problemas que no son atendidos y erigiéndose como un canalizador de los mismos. Pero hay otro aspecto interesante en estos primeros años, y que tienen que ver con su inscripción y relación en el horizonte de las relaciones políticas.

En 1985 el CESCEM es invitado a participar en el Encuentro Internacional de Juventudes en Moscú (al cual terminan no asistiendo), ese mismo año son invitados a Nicaragua, no sólo para agradecer el apoyo de ese país a Argentina durante el conflicto bélico, sino para “observar la situación política, económica y social”[8]. En 1986, se discutió la inclusión del Centro en la Multisectorial por la solución de la deuda externa, la oposición a la visita de Rockefeller al país o la adhesión a un paro de la CGT “por considerar que esta organización está en su mayoría integrada por jóvenes obreros y que los salarios son tan bajos que los llevan a tomar esta decisión”[9]. Este tipo de adhesiones marca de cierta forma el campo de relaciones que se trazaron desde el CESCEM. Es decir que las líneas de fronteras no son sólo pensadas como una distinción antagónica -como podría ser el caso militar-, sino como un campo de “otros” que define acciones: la administración pública y organizaciones políticas populares.

Las leyes correntinas de posguerra y la lucha por la pensión provincial

La provincia de Corrientes sancionó su primera ley destinada a veteranos el 1 de septiembre de 1983 aún bajo la intervención de Juan Alberto Pita. La ley 3809/83 regulaba la adjudicación de tierras a ex soldados conscriptos que combatieron en la guerra de Malvinas o sus deudos. Esta norma especificaba que serían considerados excombatientes:

aquellos ciudadanos que, en cumplimiento del servicio militar obligatorio, o como voluntarios, o como pertenecientes a otras clases convocadas con motivo del conflicto, fueron movilizados al teatro de operaciones, entendiéndose por tal las Islas del Atlántico Sur y el Mar Argentino. Quedan en consecuencia excluidos de tal concepto quienes prestaron servicio en el continente, sea como fuerza de reserva, apoyo de combate o cualquier otro carácter, también quedan excluidos de los beneficios que otorga la presente Ley los integrantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, cualquiera haya sido – en el conflicto armado – su grado y situación de revista[10]

Las leyes que siguieron en la década de los 80’ estuvieron ligadas a brindar cobertura social y médica en distintos aspectos, aunque el término ex conscripto (como marca distintiva del excombatiente) se usará alternativamente. Esas normas legislaron sobre: el régimen de atención pública en salud (Ley 3891/84); el otorgamiento de una pensión graciable por discapacidad, donde se usa por primera vez el término “ex conscripto” (Ley 4221/88); la ocupación cargos vacantes en la administración pública y de planta permanente (Leyes 4328/89 y 4370/89); becas de estudio (Ley 4371/89); mejores condiciones para la adquisición de una vivienda vía los planes del Instituto de Vivienda de Corrientes (INVICO, Ley 4372/89); cobertura de la obra social provincial (IOSCOR) para todos los soldados ex conscriptos que participaron en el conflicto (Ley 4415/90); eximición del 50% del valor de la vivienda otorgada por el INVICO (Ley 4745/93); nueva pensión graciable para discapacitados que demuestren un 66% de discapacidad (Ley 4782/94); nueva eximición en el pago de las viviendas pero esta vez del 100% (Ley 5294/98); exención de impuesto inmobiliario (Decreto Ley 215/01); y bonificación por el consumo de energía eléctrica para uso domiciliario (Ley 5457/02). En líneas generales estas leyes, en casi dos décadas, abarcaron todos los aspectos establecidos por la Ley Nacional 23.109/84: vivienda, salud, educación. Además, no beneficiaban a miembros activos, retirados o que hayan abandonado las Fuerzas Armadas, pese a que la conmemoración oficial de la guerra tuvo siempre a las autoridades castrenses. De hecho, los veteranos en los términos que trabajamos anteriormente acompañaron los actos oficiales desde dos organizaciones: la Federación de Veteranos de Malvinas y la Asociación de Veteranos de Malvinas de Corrientes, ambos pertenecientes a la Federación de Veteranos de Guerra de la República Argentina. Este aspecto muestra la inscripción local del problema nacional, aunque lo que intentaremos es poner de relieve y hacer visible históricamente el accionar estratégico del CESCEM para lograr conseguir la ley de pensión para todos los excombatientes (Ley 5507/03).

Los 20 años del inicio del conflicto trajeron un sinfín de retomas de memoria. A nivel nacional el gobierno acompañó a la facción de veteranos con la presencia de Eduardo Duhalde en un acto conmemorativo de Ushuaia, mientras que los excombatientes de Capital Federal y La Plata marchaban junto a los movimientos piqueteros. A nivel local, se organizaron numerosos actos recordatorios, oficiales o no, pero a los cuales las autoridades provinciales y municipales de la ciudad de Corrientes intentaron asistir. Como siempre desde 1991, la Federación de Veteranos de Guerra y el CESCEM organizaron actos por separados marcando la distancia de disputa que para ese momento ya era clásica (Guber, 2004). El acto de este último fue utilizado para establecer una fuerte declaración pública en términos de derechos.

El acto del 2 de abril de 2002 se llevó a cabo, como era habitual, en la Plaza 25 de mayo de la ciudad de Corrientes. Como representantes de las autoridades provinciales se encontraban el ministro de Hacienda, Enrique Vaz Torres, el ministro de Gobierno y Justicia, Pedro Cassani, y el fiscal de Estado, también excombatiente, Armando Aquino Britos[11]. Luego de reivindicar su lugar en la gesta y el orgullo sentido por su participación, José Galván, presidente del CESCEM manifestó que “los excombatientes se sienten olvidados por la sociedad”[12] en tanto que pidió al gobierno que atienda sus reclamos para “mejorar la calidad de vida a ellos y sus familiares”. Ese olvido y falta de atención se materializaba en “400 veteranos desocupados, y otros tantos con problemas de salud”. Más allá del obvio hecho de que se encuentran en esta breve declaración la gesta, el derecho y la situación de desahucio (o la gesta que da derechos que no son respetados), este acto es importante porque se encuentran in situ el discurso oficial y el de los excombatientes. Aquino Britos destacó luego de las palabras de Galván que “el gobierno debería instituir una pensión, la cual se tendría que conformar sacando de los sueldos más altos y de las jubilaciones de privilegio”[13]. Si bien el fiscal no era parte del Ejecutivo, jugaría un papel importante no sólo porque un año después los excombatientes retomarían sus palabras para criticarlo, sino por ser promotor y defensor del sector al obtener un cargo legislativo.

A fines de ese año, el senador Sergio Flinta (Unión Cívica Radical), en la última sesión de diciembre, presentó un proyecto de ley propuesto por el CESCEM bajo Expediente 1425/02, pero que no fue tratado hasta mayo de 2003. Este aspecto pone en pie de lucha a los excombatientes a nivel público, sobre todo usando el acto del 2 de abril de 2003 como plataforma. Además, se da un contacto concreto y fluido entre el CESCEM y la intendenta municipal, Nora Nazar (Partido Nuevo), hasta ese momento opositora al gobierno provincial, encabezado por Colombi. Cabe señalar que Nazar en 2002 había participado del acto que anualmente organiza la Federación de Veteranos de Guerra en la plazoleta Malvinas de la costanera correntina, y no había enviado representantes al acto donde hablaron Galván y Aquino Britos.

Sin embargo, el 1 de abril de 2003 la intendenta se reunió con algunos miembros del CESCEM y firmó una ordenanza municipal que exime a los excombatientes del pago de tributos comunales[14]. Asimismo, la intendenta se comprometió a asistir al acto ante la invitación de los miembros del centro. A su vez, el 25 de marzo el movimiento envió una nota a todos los medios bajo el nombre de “Carta abierta al Gobernador” donde establecía con duros términos la posición del espacio ante la tardanza de aprobación del proyecto presentado a fines de 2002. Allí recuerdan las palabras de Aquino Britos como representante del gobierno y hasta mencionaron la conformidad de Vaz Torres (Hacienda) ante la posibilidad de sostener económicamente el estipendio. Además, resalta un hecho que sitúa a Corrientes muy abajo del tablero de justicia y reivindicación: “siendo Corrientes la única provincia que carece de este reconocimiento para los excombatientes”[15]. El cierre de la carta, firmada por José Galvan (presidente) y Orlando Pascua (secretario), es elocuente:

Señor Gobernador ya no queda más tiempo, es su oportunidad histórica desde la máxima responsabilidad de estar al frente del Poder Ejecutivo provincial, de no permitir que la situación sanitaria, social y económica de los excombatientes correntinos se continúe precarizando y empeorando cada vez más, llegando al límite como en los casos citados, de la muerte de hermanos nuestros que ofrecieron lo más preciado de un ser humano, la vida, en defensa de la soberanía nacional.

A pocos días de conmemorarse el 2 de abril los 21 años de la gesta de Malvinas y que los excombatientes estaremos rindiendo homenaje a nuestros compatriotas caídos, reivindicando nuestro derecho soberano sobre las Islas del Atlántico Sur, junto a la comunidad correntina, va a ser para nosotros digno de anunciar a nuestros compañeros de un justo reconocimiento del Estado provincial de brindar el solicitado beneficio solidario[16]

Cuando se arguye que un grupo de defensores de la soberanía nacional, fundamento clásico de las democracias occidentales, se encuentra en situación de crisis sanitaria y marginalidad, no se permite mayor respuesta y no se crean condiciones de discusión posible. No es un planteo por ampliar derechos, sino simplemente un reclamo por reconocerlos, hacerles justicia. Toda acción Estatal de evasión es puesta bajo el lente de la desmalvinización[17] y por ende del antipatriotismo. Sobre todo, por el hecho de ser Corrientes una de las provincias que más soldados envió (Pratesi, 2010), ya que la organización logística apresurada de la guerra y la defensa de la cordillera ante las hostilidades chilenas desembocaron en la movilización despareja de las Unidades del NEA y Centro, por encima de las del NOA, Cuyo y Sur (Balza, 2003; Junta Militar, 1983).

Las palabras de Galván se endurecieron en el acto del 2 de abril, ya que no obtuvieron respuestas a la carta abierta y no hubo representantes del gobierno provincial en el acto organizado por el Centro. Galván afirmó que

[…] no nos dieron la pensión que prometieron y se fueron a Mercedes a escuchar lo que quieren oír […] Se burlaron de nosotros porque presentaron el proyecto en la última sesión del año pasado cuando no había posibilidades de tratarla […] Pedimos acciones de gobierno para superar la dura situación de posguerra [con más de] 60 exsoldados pacientes del Hospital Psiquiátrico San Francisco de Asís […] [P]edimos salud, no privilegios, nunca nos escuchan los representantes del Estado […],queremos integrarnos a la sociedad […] Lamentablemente hay camaradas chupamedias, que por quedar bien o por un sueldo político son capaces de hacer cualquier cosa[18]

Además, Galván criticó a Aquino Britos en su lugar de mediador designado por el gobierno, y afirmó que “vamos a hacer lo imposible para que nos escuchen y si el oficialismo no nos escucha vamos a apelar a otros legisladores”[19]. Esta presión pone de manifiesto el lugar político en que se posiciona el CESCEM, y sobre todo la acumulación de cierto capital que les permite moverse estratégicamente de esta forma en el espacio social. Vemos dos efectos. El primero, la capacidad de hacer ingresar en recinto un proyecto elaborado por ellos. Esto se materializó el 26 de septiembre de 2002 a partir del proyecto 1425/02 desde el senador Sergio Flinta. De hecho, en los fundamentos del proyecto Flinta establece que la situación sanitaria y económica de los excombatientes es “motivo de una profunda preocupación del Centro de Ex Soldados Combatientes de Malvinas de Corrientes, Institución (sic) que viene bregando por el bienestar de los ex Soldados Combatientes y de la sociedad en su conjunto desde el año 1983 y que es el gestor e impulsor del presente Proyecto de Ley”.[20]

El segundo efecto fue lograr el tratamiento y aprobación, el cual se lograría el 20 de mayo de 2003 –casi 50 días después del acto del 2 de abril- prácticamente sin debate. El proyecto (luego devenido en la Ley 5507/03) establece –en su artículo 1- el beneficio “de una Pensión a los ex – Soldados Combatientes en Malvinas, de carácter mensual y vitalicio”. Además, estipula que el beneficio abarca “a los ex – Soldados Conscriptos que participaron del conflicto bélico desarrollado entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982 dentro del denominado Teatro de Operaciones Malvinas (T.O.M.)” quienes “deberán acreditar su condición de ex Soldado Conscripto Combatiente de la Guerra de Malvinas según lo prescripto por el Artículo 1º del Decreto Nacional Nº 509/88 reglamentario de la Ley Nº 23.109 (Artículos 1, 2 y 3 de la ley).

El día del tratamiento en la Cámara de Diputados algunos miembros del CESCEM se agolparon en las barandas del recinto para escuchar el debate, pero además como una forma de poner el cuerpo a modo de presión. En declaraciones a los medios el presidente del Centro afirmó que ese día iba a “[p]resenciar la sesión y ver qué diputado levanta la mano y cuál no”, aclarando además que “si no hacemos esto (el acto de entrar a la sesión) va a pasar como el año pasado”. No obstante, puso nuevamente el plafón político desde donde se sostiene el reclamo: “no es para tener plata en los bolsillos, sino para que no mueran más los camaradas”.[21]

La ley se votó en diputados sin debate. La breve crónica de un periodista pinta el escenario político en donde la aprobación tuvo lugar.

[…] los excombatientes se agolparon en el recinto y ocuparon el 90 por ciento de las barras para seguir de cerca la sesión con el convencimiento de que la ley estaba a punto de aprobarse. A raíz de contactos previos mantenidos con distintos legisladores, había trascendido que la iniciativa contaría con el aval de todas las bancadas, lo que aumentó el optimismo reinante en la sala desde mucho antes de que comenzaran las deliberaciones. […]. Y llegó la hora de votar. En general primero, y en particular después, los legisladores [] mantuvieron las manos en alto hasta que Josefina (Meabe de Mathó, presidenta de la Cámara) pronunció las palabras mágicas: ‘es Ley pasa al Poder Ejecutivo para su promulgación’. Sobrevinieron entonces los gritos de festejos, los aplausos y los abrazos entrañables entre los hombres que hace 21 años habían enfrentado a las tropas británicas en inferioridad de condiciones[…][22]

Orlando Pascua reforzó la idea inicial del lugar correntino en el tablero de los reconocimientos: “junto con Capital Federal, donde tampoco hay pensión, éramos los únicos excombatientes del país que no contábamos con un salario asignado por el Estado provincial. Creemos que el gobernador va a dictar el decreto en breve”[23]. No obstante, el decreto de promulgación tardaría casi un año en dictarse. El 9 de marzo de 2004, a partir del Decreto 410/04, el gobernador Ricardo Colombi hizo efectiva la Ley 5507/03 estableciendo las condiciones del cobro cuyo beneficiario son los “ex soldados conscriptos que participaron del conflicto bélico desarrollado entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, dentro del denominado Teatro de Operaciones Malvinas (T.O.M.)”. El cobro de la pensión se llevaría a cabo a partir del 1 de abril de ese año, como modo de evitar reclamos públicos de los excombatientes tal cual sucedió en 2003. Ese 1 de abril, Colombi realizó un acto donde entregó diplomas de reconocimiento a 20 excombatientes, a la vez de instituir un espacio de agradecimiento ante la promulgación de la ley. En el evento el excombatiente Ramón Orlando Mendoza afirmó que “aquí comienza la reivindicación social tan esperada de la que sin embargo muchos no podrán disfrutar porque se quitaron la vida” […] “Por primera vez nos sentimos reconocidos oficialmente”[24]. De esta forma dio cierre un logro estratégico fundamental del CESCEM. De hecho, luego de este conflicto las relaciones entre el gobierno provincial y el Centro cambiaron, tanto en la planificación de actividades en conjunto (como el convenio con el Ministerio de Educación provincial en 2005 para elaborar material reivindicativo de la gesta para las escuelas de la provincia)[25], en la materialización de espacios donados por el Estado provincial como la “Casa del Excombatiente” (inaugurada en 2008)[26] o en la creación de organismos gubernamentales para el sector como la Dirección “Malvinas Argentinas”, dependiente del Ministerio de Gobierno y Justicia, donde se designó a Galván como presidente y a Ricardo Velozo (también del CESCEM) como vice en marzo de 2010.

Conclusiones

En estas líneas mostramos una parte de las diversas luchas por reconocimiento encabezadas por las organizaciones de veteranos y excombatientes, a partir del caso de la ley de pensión de la provincia de Corrientes y el papel jugado por el Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas (CESCEM). Intentamos mostrar la importancia de analizar el lugar del Estado respecto a las formas de concebir la veteranía de guerra y el poco lugar que ha tenido esta cuestión en las ciencias sociales. A su vez, nos acercamos al nacimiento del CESCEM para entender desde qué lugar construyeron su posición política y de qué forma estos primeros años legitimaron su acción para la conquista de la ley de pensión.

Los argumentos por los cuales la veteranía discurre, se expande, se contrae y se estabiliza son variados, y en la posguerra de Malvinas se han montado sobre tres cuestiones: qué condición se tenía a posteriori del combate (ex soldados, oficiales y suboficiales en baja), si se estuvo en las islas Malvinas o si se entró en combate (definiciones que se trazaron luego de la guerra y no antes) (Chao, 2021). La guerra de Malvinas fue interpretada, pensada, descripta y definida luego de suceder y bajo las tensiones que atravesaron los diversos momentos de la historia argentina. En esas definiciones se jugaron muchas veces las capacidades de los centros de excombatientes de interpretar las oportunidades políticas e imponer su pliego de demandas, sostenidas sobre todo en la legitimidad sin medias tintas que lograron con mayor intensidad desde la década de 1990.

La guerra de Malvinas tiene un peso específico en Corrientes que se sostiene en la gran movilización de las unidades y subunidades del NEA al Teatro de Operaciones del Atlántico Sur, con más de medio centenar de muertos y miles de hombres movilizados al sur desde la provincia, el peso de Malvinas en Corrientes se basa en la experiencia de esos que fueron y volvieron y sus familias. El análisis de las experiencias de guerra, las experiencias de movilización, las disputas por la atención del Estado y el reconocimiento de problemas y necesidades, merece atención porque muestra, en niveles microhistóricos, cuestiones que se desarrollan a niveles “nacionales” o de Estado-Nación. Las experiencias subnacionales, tanto en disputa y tensión con los gobiernos provinciales como en los municipios, pueden posibilitarnos complejizar la “posguerra” como referente imposible de determinar, pues en Argentina, en sus provincias y en sus ciudades, la pregunta sobre qué hacer con los veteranos sigue motorizando respuestas y las organizaciones siguen creando maneras de evitar lo que consideran el mayor de los peligros: el olvido.

Fuentes

Fuentes oficiales de la provincia de Corrientes

Ley Provincial 3809/83

Ley Provincial 3891/84

Ley Provincial 4221/88

Ley Provincial 4328/89

Ley Provincial 4370/89

Ley Provincial 4371/89

Ley Provincial 4372/89

Ley Provincial 4415/90

Ley Provincial 4745/93

Ley Provincial 4782/94

Ley Provincial 5294/98

Ley Provincial 5457/02

Ley Provincial 5507/03

Decreto Provincial 215/01

Honorable Cámara de Senadores de Corrientes. 14 de mayo de 2003. Versión taquigráfica.

Actas y estatutos

Actas del CESCEM 1984 – 1991

Estatuto de la Asociación TOAS C/62

Periódicos impresos

Diario El Litoral. Corrientes. Hemeroteca del Archivo General de la Provincia de Corrientes.

Diario Época. Corrientes. Hemeroteca del Archivo General de la Provincia de Corrientes

Periódico digital

Diario Época. http://diarioepoca.com

Sitios web

Sitio oficial del CESCEM. http://www.cescem.org.ar

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  1. Rozitchner los acusó de intentar cambiar la guerra sucia –el Terrorismo de Estado disfrazado de guerra contra la subversión- por una guerra limpia –la guerra de Malvinas.
  2. En otros trabajos, tanto Guber (2016) sobre la actuación de algunos grupos de la Fuerza Aérea durante la guerra, como la descripción de Lorenz (2009; 2013) en torno al Ejército, abordan la experiencia de guerra en su propio contexto de ejecución, por lo cual no son incluidos en esta síntesis. Para un análisis de la experiencia guerrera de grupos ligados a la Armada Naval, Rodriguez, (2014).
  3. Cabe señalar que las unidades correntinas absorbían ciudadanos de las provincias del NEA que hacían el servicio militar obligatorio, por lo cual no todos eran correntinos. Asimismo, los oficiales y suboficiales al mando provenían de diversos puntos del país.
  4. El Centro de ex Soldados Combatientes en Malvinas (CESCEM) de Corrientes cuenta 53 correntinos fallecidos y más de 800 que reciben beneficios provinciales.
  5. Disponible en https://www.cescem.org.ar/institucional/quienes_somos.html.
  6. Acta del Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas (CESCEM), Corrientes, 23 de febrero de 1985.
  7. El Litoral, Corrientes, 30 de marzo de 1986, p. 2.
  8. Acta del CESCEM, Corrientes, 27 de septiembre de 1985.
  9. Acta del CESCEM, Corrientes, 26 de enero de 1986.
  10. Disponible en https://bit.ly/3ztUFJ0.
  11. En 2002 gobernaba la provincia de Corrientes el radical Ricardo Colombi.
  12. El Litoral, Corrientes, 3 de abril de 2002, p. 5.
  13. El Litoral, Corrientes, 3 de abril de 2002, Op. Cit.
  14. El Litoral, Corrientes, 2 de abril de 2003, p. 8.
  15. Diario Época, Corrientes, 26 de marzo de 2003, p. 12.
  16. El Litoral, Corrientes, 2 de abril de 2003, p. 9.
  17. La noción de desmalvinización se le atribuye a Alan Rouquie en una entrevista de 1983 en la cual afirmaba que el gobierno de Alfonsín debía desmalvinizar al país para fortalecer la democracia y quitar a los militares del imaginario patriótico, por ende, disminuir su poder. Sin embargo, esta noción es interesante por su multiacentualidad respecto a la Cuestión Malvinas y su uso acusatorio. Un discurso puede ser desmalvinizador cuando es pro o antimilitar, cuando se distancia del nacionalismo o cuando pone ciertos símbolos nacionales cerca. También es desmalvinizador el discurso que pone a los excombatientes como víctimas tanto como el que los pone como héroes dueños de sus acciones en guerra. Desmalvinizar es nada y todo, permite acusar y defenderse. En este trabajo no haremos hincapié en el término, pero hacemos esta aclaración para entender que juega un papel importante en las memorias sobre Malvinas.
  18. El Litoral, Corrientes, 3 de abril de 2003. P. 9.
  19. El Litoral, Corrientes, Op. Cit.
  20. Honorable Cámara de Senadores de Corrientes (Versión taquigráfica, Corrientes, 14 de mayo de 2003.
  21. El Litoral, Corrientes, 20 de mayo de 2003, p. 10.
  22. El Litoral, Corrientes, 21 de mayo de 2003, p. 5.
  23. El Litoral, Corrientes, Op. Cit.
  24. El Litoral, Corrientes, 2 de abril de 2004, p. 7.
  25. El Litoral, Corrientes, 3 de abril de 2005, p. 9.
  26. El Litoral, Corrientes, 3 de abril de 2008, p. 10.


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