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4 Los catolicismos en el ámbito territorial: la diócesis de Merlo-Moreno

1-La diócesis, un entramado de instituciones, actores y acciones

La diócesis de Merlo-Moreno posee un entramado institucional que reproduce andamiajes propios de la institución y que se despliega a su vez en organismos, organizaciones, asociaciones, relaciones y actores diversos. Hoy la diócesis está presidida por el obispo, Fernando Maletti, y el obispo auxiliar, Oscar Miñaro. Cuenta además con el Vicario General y de Educación, el Vicario General y de Asuntos Económicos, el Secretario Canciller, el Ecónomo diocesano y la Asociación Eclesiástica San Pedro. Se divide en cinco Decanatos: Merlo Centro, Parque San Martín–Mariano Acosta, Libertad–Pontevedra, Moreno Norte y Moreno Sur (ver Aneo I). Estos decanatos se organizan territorialmente en 35 parroquias y 181 capillas, un total de 216 templos católicos[1], con 61 sacerdotes. Algunos de ellos, dada su edad, con pocas tareas pastorales, por lo que podemos observar, que muchos están a cargo de una parroquia y de más de una capilla. Capillas que muestran haber crecido entre el 2000 y el 2012 y mantenerse estables hasta 2018. Podemos resaltar también la importante presencia en el territorio de casas de religiosos y religiosas, 12 de religiosos, 35 de religiosas y 2 monasterios femeninos, un total de 49. El promedio de religiosos por casa es de 2,5 y el promedio de religiosas por casa de 3,91 (incluidos los monasterios). Muchos religiosos y religiosas tienen una avanzada edad y al menos una de las casas religiosas femeninas funciona como casa de descanso para las hermanas que tienen problemas de salud o son muy ancianas. También hay en la diócesis 38 instituciones educativas católicas y 3 Hogares, uno para jóvenes en riesgo, uno para mujeres víctimas de violencia y uno de niños. A lo que se suman un centro de día para jóvenes en situación de vulnerabilidad y con consumo problemático de sustancias y un taller protegido para personas con discapacidad.

Las congregaciones religiosas, tanto femeninas como masculinas, están conformadas por especialistas que, con presencia territorial cada vez más débil, tienen una relación particular con la diócesis. Están en la diócesis, son parte, pero paralela y centralmente responden a los lineamientos propios de la congregación a la que pertenecen y están inmersos en sus dinámicas internas. Si bien, algunas de estas congregaciones, o algunos de sus miembros se involucran en actividades diocesanas, son los menos. Religiosas y religiosos, suelen ser trasladados, cada cinco o seis años, a casas de las congregaciones fuera de la diócesis e incluso fuera del país. Lo que desfavorece también el involucramiento, conocimiento, y especialmente el compromiso con lo local.

Las hermanas de la Misericordia, a las que ya mencionamos, quienes establecieron en los 70 su casa de formación en Moreno y trabajaron con el padre Piguillem, están aún en la diócesis, pero desvinculadas de lo diocesano. Tienen una casa en la que viven tres religiosas, una muy mayor y dos más jóvenes, de estas últimas una lleva adelante la Casa de la Mujer y la otra coordina un Hogar de Tránsito, dos propuestas que marcan un fuerte compromiso con las necesidades sociales. Nombramos también a las Hermanas Dominicas Irlandesas, presentes en el territorio desde los años 80, desvinculadas, al igual que las Mercy, de lo diocesano, y que llevan adelante un proyecto de acompañamiento de jóvenes de sectores empobrecidos con el objetivo de que puedan finalizar sus estudios de nivel superior y/o universitarios. Proyecto que funciona como centro de prácticas de la Licenciatura en Trabajo Social de la UNM. En la actualidad se destacan como congregaciones femeninas las Esclavas del Sagrado Corazón y las Ursulinas, ambas vinculadas a lo educativo, pero también al trabajo con jóvenes con consumo problemático de sustancias. Y como congregaciones masculinas los Scalabrinianos, que trabajan con migrantes y los franciscanos volcados a la tarea educativa e inmersos en sus propias actividades y problemáticas:

Con las religiosas hubo muchos como vaivenes, hubo muchas religiosas involucradas en la cuestión social, las Mercy, las de San José, que ya se retiraron de la diócesis, después tenés muchas congregaciones, pero son más para adentro, algunas trabajan, por ejemplo, las ursulinas, que trabajan con el tema de la educación y ahora se están involucrando con el tema de la droga dependencia, porque por fin se dieron cuenta que es una temática con la que tenemos que involucrarnos como Iglesia (A.A).
Presencia católica en la diócesis de Merlo-Moreno[2]

Instituciones y actores

Años

2000

2012

2015

2018

Parroquias

35

35

35

35

Capillas 

140

181

181

181

Sacerdotes diocesanos

34

34

34

34

Sacerdotes de congregaciones

10

27

27

27

Diáconos permanentes 

10

24

24

24

Religiosos

27

30

30

30

Seminaristas mayores 

4

3

3

3

 Religiosas 

158

145

145

145

Laicas consagradas

 

 

2

2

Monasterios femeninos 

2

2

2

2

Casas de religiosos[3] 

10

12

12

12

Casas de religiosas [4]

34

35

35

35

Centros educativos 

39

38

38

38

Como muestran los datos cuantitativos, un entrevistado señala que cada vez son menos los religiosos y las religiosas, que lo que quedan son estructuras y obras. Hay congregaciones con muchas casas, pero puede haber un religioso o una religiosa en cada una de esas casas. Suárez (2017) analiza que la merma que se dio en la vida religiosa y eclesiástica masculina, pero con mayor intensidad en la vida religiosa femenina, no solo les trae a las congregaciones grandes dificultades para sostener sus obras, sino que también representa indicios de los desafíos que enfrenta la Iglesia. La autora plantea que estos indicios tal vez están indicando el fin de ciclo de una forma de vida religiosa femenina.

El mismo entrevistado que nos aportó estas observaciones que pusimos en relación con los datos cuantitativos, sostiene que las congregaciones surgieron como respuestas válidas en un contexto para el que hoy se requieren otras respuestas que no aparecen, y que cuando se intentó una respuesta (la experiencia de “ir al pueblo”) no “salió bien”, lo que ha llevado a una reafirmación del modo anterior de vida religiosa, “hay una vuelta atrás”:

Surgieron como respuestas válidas a un contexto, hoy día capaz que se requieren otras respuestas y otras formas y no se ven, no aparecen, al contrario, se reafirman, a veces hay una vuelta atrás, como se intentó hacer cosas y no salió bien se vuelve nuevamente a afirmar lo de antes, y cada vez son menos, entonces tenés instituciones con muchas obras, con muchas casas y no tienen en esas casas a los religiosos o religiosas, por ahí quedó uno y ahí creo que perdió fuerza, que se diluyó ese carisma, esa espiritualidad inicial. O que la misma orden no vio que tenían que dejar eso y dar otro salto, hacer otra cosa y renovarse de otro modo (S.C).

Este especialista se interroga también sobre si la consagración religiosa tiene que ser en la actualidad con los tres votos (obediencia, pobreza y castidad) y si tiene que ser siempre individual. En la misma línea, una religiosa considera que la vida consagrada va a tomar un matiz totalmente distinto, que no sabe cómo va a ser, pero que los votos, como se comprenden hoy, no tendrán vigencia a futuro. En su congregación hacen un cuarto voto de ayuda a los pobres y enfermos, el que cree sí va a continuar:

Yo creo que como llamado y como presencia sigue siendo, hay que ver la forma y cómo me consagro, o sea, quiero ser un testimonio viviente de mi fe y de mi compromiso, ¿tiene que ser con los tres votos? ¿tiene que ser yéndome? ¿O tiene que ser de otra forma? ¿tiene que ser siempre individual, puede ser familiar también? ¿Por qué no? Lo que implica una lectura muy profunda y nueva, no igual, nueva, de nuestras fuentes, de los evangelios, de ver el contexto y si las anteojeras se abren y aparecen nuevas formas (S.C).
Creo que a vida religiosa vamos a tomar un matiz totalmente distinto, ni sabemos cómo va a ser eso, creo que entregadas a la gente y viviendo el carisma, nosotras tenemos asociadas que viven el carisma de la misericordia en distintos lados, nos ayudan, se embargan en algo ellas viviendo el carisma, no sé… Los votos de pobreza, castidad, obediencia, como están hoy no, tenemos un cuarto voto de ayuda a los pobres y a los enfermos, eso va a seguir como sea (B.M).

Así, tanto el especialista laico como la religiosa, aportan elementos, desde sus perspectivas, para pensar ese posible fin de ciclo de una forma de vida religiosa femenina al que se refiere Suárez (2017).

En cuanto a la integración de las congregaciones femeninas al trabajo diocesano, algunos entrevistados destacan, que además de la dedicación a lo propio de la congregación, también la distancia de las actividades diocesanas se da por el rol secundario, que como mujeres y como religiosas han ocupado históricamente en la Iglesia y por el “aprovechamiento” que los sacerdotes han hecho de su trabajo. Cuestiones que a las religiosas “tampoco les gustan” y las alejan de ese trabajo conjunto:

Es un tema difícil, depende cuáles sean, hay algunas que son mucho más integradoras, se integran ellas, pero claro, a veces hay antecedentes malos, como que los curas se aprovechan de las monjas y las usan para que ayuden y hagan esto y aquello y a las monjas tampoco les gusta eso. Pero después hay otras, por ejemplo, las que tienen escuela, ellas hacen su vida, tienen la escuela, se dedican a eso (A.A).

Resulta así interesante considerar las características de la trama de las congregaciones religiosas, especialmente de las femeninas, las cuales explicitan tanto, la crisis que están transitando las congregaciones en general (Suárez, 2017), como el despliegue de un trabajo que reafirma su autonomía de la autoridad diocesana mientras que se inscriben en un fuerte compromiso social.

La diócesis tiene hoy el lema “Anunciar a Jesucristo desde los pobres a todos en salida misionera, anunciando el reino, asumiendo la religiosidad del pueblo y de los pobres”. Este lema manifiesta la perspectiva y alguna de las estrategias institucionales explícitas. El centro de la propuesta es el anuncio de Jesucristo, la estrategia, desde los pobres, y asumiendo su religiosidad, a todos. Ese anuncio implica la salida misionera y asume las palabras de Francisco “una Iglesia en salida”[5]. El obispo al enunciar este lema, subraya, que el asumir la religiosidad del pueblo, de los pobres, se sostiene en lo dicho por Mons. Romero, de que la peor discriminación que pueden sufrir los pobres es la discriminación religiosa, ser dejados afuera de las estructuras de caridad de la Iglesia. Maletti, no nombra a Francisco al explicar el lema, pero sí retoma su expresión “en salida”, y aunque dicho lema no tiene palabras de Romero[6], sí observa que se asienta en su pensamiento:

Tenemos un lema diocesano “anunciar a Jesucristo desde los pobres a todos en salida misionera”, fue el lema 2017, 2018, en el 2019 hemos agregado: “anunciando el reino, asumiendo la religiosidad del pueblo y de los pobres”, esto último a partir del dicho de Monseñor Romero, la peor discriminación que pueden sufrir los más pobres, los desprovistos, los despojados, es la discriminación religiosa, es la más cruel de todas, dejarlos afuera de las estructuras de caridad de la Iglesia (M.F).

Una de las dimensiones de esta estrategia es acompañar a los pobres y a su religiosidad popular, una característica de ese acompañamiento es que los pobres estén “libres de las garras de los punteros políticos”:

Por eso acá incentivamos mucho el acompañamiento de los grupos humanos pobres, mediante, entre otras cosas, la religiosidad popular. Acompañando y también que puedan estar como libres de las garras de los punteros políticos, los anhelos de liberación que son tantos no (M.F).

Esta perspectiva presenta varias aristas que iremos analizando, pareciera que las personas en situación de pobreza necesitan ser protegidas por la Iglesia, pero paralelamente, pareciera también que son una población disputada entre agentes políticos y agentes religiosos.

En numerosos partidos del conurbano la pobreza es una realidad que se impone a los agentes religiosos, pese a ello, las 12 diócesis que forman parte de este conglomerado “reaccionan” de manera diferente, y estas diferencias son marcadas por las respectivas conducciones eclesiásticas de los obispos (Esquivel, 2004). De acuerdo al actual obispo de la diócesis de Merlo-Moreno, Raspanti y Laguna, tuvieron una “mordiente” en lo social, el primero una “mordiente con “asistencialismo eficaz”, y el segundo una “mordiente” de acción política “con prácticas que invaden el sentido de la pobreza y lo transforman en calidad de vida”:

Bueno, es una realidad primero. Estos dos municipios de Merlo y de Moreno son muy pobres […] De todos modos, la reacción de las diócesis, somos 12 diócesis del Gran Buenos Aires, han sido muy distintas de acuerdo a las conducciones que han tenido, acá la herencia de Mons. Raspanti y de Mons. Laguna, distintas personas, pero con una mordiente así en lo social, Raspanti en un asistencialismo eficaz, Laguna más en una acción política con prácticas que invadan el sentido de la pobreza y lo transformen en calidad de vida (M.F).

Claramente, Maletti identifica dos perfiles episcopales diferentes, por un lado, el de Raspanti, perfil que ya describimos, siguiendo la dimensiones que para ese análisis presenta Esquivel (2004), y por otro lado el de Laguna, obispo que lo sucedió, quien presentaría características diferentes, marcadas centralmente, por no deber “todo” a la institución (Esquivel, 2004). Este obispo como expresa Maletti, no solo tuvo una “mordiente” de acción política, sino que también fue un obispo con mucha exposición pública y mediática.

La diócesis al organizarse como tal va conformando una estructura organizativa propia, en la actualidad cuenta como organismos diocesanos: Colegio de consultores, Consejo Presbiteral, Consejo Diocesano de Pastoral, Consejo de Asuntos Económicos, Tribunal Interdiocesano, Seminarios Catequísticos y la Conferencia Argentina de Religiosas y Religiosos (CONFAR). Las Pastorales en la Iglesia y en cada diócesis establecen las áreas en las que se debe intervenir, podríamos decir, las áreas estratégicas en las que se concentrará el trabajo pastoral y es sobre estas que se trazan las líneas de intervención. El trabajo pastoral se organiza en Merlo-Moreno en numerosas áreas: Pastoral Misionera, Equipo Diocesano de Cáritas, Equipo Diocesano de Catequesis, Pastoral Educativa, Pastoral de la Juventud, Pastoral de la Salud, Pastoral de Comunicación, Pastoral Económica, Pastoral Familiar, Pastoral Social[7], Pastoral Vocacional, Pastoral Litúrgica, Pastoral Bíblica, Pastoral de Migraciones, Pastoral de Adicciones y Droga dependencia, Pastoral Digital, Pastoral de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso y Pastoral Universitaria. Si bien, como ya resaltamos, las características socio económicas del territorio hacen que todas las pastorales tengan relación con la pobreza y con las personas que viven la pobreza, Cáritas y la Pastoral Social, serían las vinculadas más estrechamente a la problemática, también la Pastoral Misionera, la Pastoral de Migraciones y las demás pastorales.

Cáritas es una organización católica que nació en Alemania en 1897 bajo el “Charitasverband für das katholische Deutschland” (“Liga caritativa para la Alemania católica”), y se fue extendiendo a todos los países con presencia de la Iglesia católica y a todas las diócesis. Su nombre original muestra para qué fue creada y bajo qué perspectivas. La caridad tal como era comprendida en ese momento, en el contexto de la RN y del enfrentamiento con la modernidad (Mallimaci, 1993). Esta organización ha sido desde entonces la encargada oficial en la Iglesia de ocuparse de los pobres y la pobreza, y se ha inscripto en un posicionamiento marcadamente tradicional. Sin embargo, Cáritas ha pasado por distintos momentos, delineando diferentes estrategias pastorales, que han presentado con frecuencia diferencias incluso al interior de la organización, heterogeneidad que se hace explícita entre Cáritas internacional, nacional, de las diversas diócesis y las numerosas parroquias.

Cáritas de la diócesis de Merlo – Moreno lleva adelante en la actualidad al menos catorce programas y/o proyectos vinculados a la animación de las Cáritas parroquiales, la economía social, espacios educativos y de salud, atención terapéutica familiar, comedores y “vaso de leche”, y prevención de adicciones. Dentro de estos programas se incluyen los ya mencionados, la Casa de Cáritas, destinada al acompañamiento de familias en emergencia habitacional por períodos breves, un Refugio para Víctimas de Violencia y un Taller Protegido para personas con discapacidad. No en todas las parroquias de la diócesis funciona Cáritas, a pesar de contar estas parroquias con varias capillas, abarcando zonas muy pobladas y con elevados porcentajes de pobreza. Las entrevistadas resaltan que, en la última década Cáritas estaba trabajando con proyectos y actividades de promoción, alejándose de su perfil más clásico relacionado a lo asistencial, pero que, sin embargo, han tenido que retomar, dada la crisis nacional, la entrega de alimentos y ropa, tareas que además complican la organización y logística de trabajo:

No todas las parroquias tienen Cáritas, eso es un tema, tenés 40 parroquias, en algunos casos tienen 20 capillas y una Cáritas parroquial y tenés parroquias que tienen 5 o 6 Cáritas y están con trabajo muy vivo, es muy indistinto. En la diócesis, tanto el partido de Merlo como el de Moreno tienen una diversidad impresionante, lo que sí la pobreza es muy grande. La crisis se nota tremendamente, más en la zona de Moreno, si bien Merlo tiene su pobreza, como dirían algunos: tenemos nuestros propios pobres de quienes ocuparnos. Pero en Moreno es más crudo, crudo porque en estos últimos años, ya Moreno viene en desventaja con Merlo, por una cuestión de estructuras del Estado, de políticas sociales que brinda, al tener una situación tan difícil ahora en todo lo que tiene que ver lo social se agudiza más, y se nota más […] Nosotros más o menos tres años atrás, sin mentirte, no teníamos distribución de mercadería, veníamos apuntalando más que nada a la promoción humana, a través del desarrollo propio de la persona, brindando talleres de oficios, acompañábamos de manera específica a las familias, no eran tantas, y no hacíamos entrega de bolsones ni de alimentos, para nada (L.R.C).

Cáritas trabaja en red con otras Pastorales y/u organizaciones católicas, entre ellas, con el Foro de Infancia Robada, que si bien, no es una organización católica en sí, nuclea a actores de pertenencia católica y que en la diócesis tiene una particularidad, el Foro de Merlo, es parte de la Pastoral Social, no así el de Moreno, que se reúne en la Casa de la Mujer (Hermanas de la Misericordia), de ese partido. Si bien Cáritas mantiene diálogo con el Municipio de Merlo y con el de Moreno, ese diálogo es, generalmente, para la organización de la colecta anual de este organismo, y para la organización de la prevención y/o acción en las situaciones de emergencia. Para estas últimas han intensificado el diálogo, impulsados por un programa de Cáritas nacional: “Medio Ambiente, Gestión en la Emergencia”, para trabajar en la prevención de estas situaciones y para, en el momento de la emergencia, no superponer acciones. Es interesante destacar, que una de las entrevistadas remarca que no se sientan juntos a decidir sobre política pública, pero, sin embargo, muestra claramente el deseo de hacerlo:

Se venía trabajando mucho en el tema de oficios, en la pastoral de la escucha que nació a partir del tornado que yo te conté, la parte espiritual y psicológica de la persona, que cada vez está, es lo que lleva después a otras problemáticas, no estás bien anímicamente y eso te va llevando a lo otro, la trata de personas. Estos programas en red con otras instituciones, la red de Infancia Robada con quien comenzamos en un principio, con otras organizaciones, hoy estamos con los Hogares de Cristo, con la pastoral de las adicciones. Son las pastorales con las que más trabajamos en red, porque si bien trabajamos en red con el Estado, es más que nada recursos, no tenemos la gracia de sentarnos a ver las políticas públicas y a decir: a ver para dónde apuntamos, ojalá un día se dé. Sí lo intentamos con el programa Medio Ambiente, Gestión en la Emergencia, hay personas que se fueron a capacitar a Cáritas Nacional y ahora intentamos entrar con los actores principales que son el Estado. Actividades en conjunto no desarrollamos, salvo en el tiempo de colecta, que ahí los invitamos a participar y animar, y para las emergencias sí, nos contactamos, tratamos de unir recursos, la verdad que ahora estamos haciendo como un pasito de prevención a futuro (L.R.C).

Las entrevistadas de Cáritas plantean que Merlo presenta una particularidad con respecto a Moreno, pese a que en ambos municipios los porcentajes de pobreza son similares, en Merlo, las gestiones del ex intendente sofocaron y persiguieron la organización social, pero paralelamente construyeron formas institucionales de dar respuesta a la problemática. En cambio, Moreno cuenta con mucha historia de organización, pero con menos capacidad de respuesta:

En Moreno la ejecución de políticas públicas, a la hora de respuestas siempre tuvo más dificultades, nosotros, es nuestra lectura personal, es que no tiene una estructura, el Estado municipal, que es quien tiene que llevar adelante, o provincial o nación, los que acompañan esos equipos, lo suficientemente fortalecidos, sin recursos suficientes, materiales ni humanos; en Merlo, tienen una estructura más armada y te dan respuesta, no toda la que quisiéramos obviamente. Esto ha sido igual en todas las gestiones, no cambió, por ahí escuchas: no en la gestión anterior era muy pesada, pero también tenían respuestas. Moreno ha sido y sigue siendo un partido de mucha militancia y organizaciones, pero la verdad que a la hora de dar respuestas concretas (L.R.C).

Sin embargo, otra de los entrevistadas, de la PS, aporta una lectura diferente de esta situación. Para ella, la gestión del ex intendente de Merlo, no sólo sofocó la organización social, sino que también impidió la visibilización de las problemáticas sociales. No es, desde su perspectiva, que Moreno tenga menos mecanismos de respuesta institucional a las problemáticas sociales, sino que al haber mayor visibilización pareciera haber menos respuestas, plantea además que otra dimensión a analizar es la calidad de esas respuestas:

Las problemáticas de Moreno están mucho más visibilizadas por eso más necesitadas de respuestas, pero no me parece que no se hayan dado respuestas, después hay que ver la calidad de respuesta y comparar, no tengo esa información (B. L).

También las especialistas de Cáritas señalan que a esta organización llegan demandas que debieran llegar a Estado municipal, que es el que tiene que dar respuestas. Y que cuando actúan de intermediarios de esas demandas no obtienen respuestas o soluciones del Estado, exigen esas respuestas, y en algunos casos, al no obtenerlas, buscan ellos la manera de darlas a las familias, y es en estas situaciones cuando se dificulta la relación:

Somos Iglesia, no somos Estado, porque también eso se presta a confusión, te dicen: anda a Cáritas por vivienda, anda a Cáritas por alimentos, anda a Cáritas por remedios, la verdad que nosotros podemos dar respuesta desde una mirada netamente pastoral, como parte de la Iglesia, digamos, en el auxilio al hermano, pero hay un actor principal, que es el Estado que tiene que darle la primera respuesta, pero eso no quita que nosotros como Cáritas no articulemos. Tenemos que articularnos con otros espacios, ver cómo trabajan ellos para no superponernos, y nos pasa con esto de la emergencia (M.M).
Sí, el diálogo se mantiene y se sostiene con los dos municipios, lo que no podemos llegar a concretar a veces las solicitudes, en algunos de los casos, más que nada por casos particulares de familias, ellos lo que te alegan es que hay muchos y es verdad y cada vez más. Nosotros tenemos un recurso que es de donaciones, el Estado tiene un presupuesto, y esperamos y exigimos, bien, desde el lugar que nos corresponde, que se le dé respuesta y a veces terminamos absorbiendo nosotros, como podemos, las demandas y ahí es donde tenemos dificultades, pero el trato, bien, agradable, muy fraterno (L.R.C).

Uno de los especialistas, posicionado en otra perspectiva, y que no es parte de Cáritas, analiza que, al ser ésta una institución dentro de otra institución, como le pasa al Ministerio de Desarrollo Social o a la AUH, a veces no llega a todo del mundo, y que “las comunidades eclesiales no eclesiásticas” a veces tienen más trabajo y más compromiso con el tema de la pobreza, metiéndose en el “conurbano más profundo”:

Cáritas es una institución dentro de la institución, si bien no es autónoma tiene programas y todo eso y a veces no llega a todo el mundo, entonces a veces las comunidades eclesiales que no son eclesiásticas tienen más trabajo, en el sentido de más compromiso con el tema de la pobreza. El trabajo de Cáritas a veces es tan institucional que a veces no termina llegando a todo el mundo, las comunidades, como decimos nosotros, por ahí se meten en el conurbano más profundo y a veces Cáritas trabaja con aquellos que viven alrededor de la parroquia, es lo que pasa con toda institución, con el Ministerio de Desarrollo o con la AUH, que sé yo, no le llega a todo el mundo, o sea que tan universal, hay cientos de pobres fuera del programa, y a veces los más beneficiados, aunque se lo merecen por su condición, son los más cercanos a los punteros políticos, en la Iglesia pasa lo mismo (D.G).

Si bien Cáritas y la Pastoral Social tienen relación en la diócesis, para las entrevistadas de Cáritas deberían ser un solo organismo. Resaltan que Argentina es el único país de América Latina en el que no es así y que en esto ha influido la historia del país y específicamente la dictadura. Observan que para muchos católicos la “política es mala”, que desconocen la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), y que la Iglesia es política. Lo que además conduce a cierta marginación de la Pastoral Social y a la lucha de la misma por ocupar “el lugar que le corresponde”:

Pero lo que pasa que la historia de nuestro país ha hecho que se separe Cáritas de Pastoral Social. Nosotros intentamos trabajar, pero lo global de la Iglesia argentina no hace que podamos trabajar, en otros países, creo que Argentina es el único país donde están separadas, en todos es Pastoral Social/Cáritas (L.R.C).
La Pastoral Social, lucha, lucha, lucha, por ocupar el lugar que le corresponde, pero está muy marginada, por todo lo que te comenté antes, intenta, intentan, pero hay cierto rechazo, yo creo que esto es a nivel país, lo que nos generó la dictadura es algo que cicatrizó y a las nuevas generaciones cuesta mucho involúcralas, por qué, porque no tuvieron la Doctrina Social de la Iglesia incorporada o no la profundizan (M.M).

Un retroceso, que observa D.G, es que antes la Pastoral Social trabajaba en el consejo de Derechos Humanos y en la actualidad no lo hace:

La Pastoral Social trabajaba en consejo de Derechos Humanos y ahora no, es un retroceso (D.G).

Las referencias a la DSI solo aparecen en especialistas que son parte actualmente de la estructura diocesana, quienes sostienen que generalmente los católicos hacen una lectura superficial de esta doctrina, y que desde esa lectura consideran que la política es mala, y que “salir a terreno”, desde la mirada del Evangelio, es malo. También surge en el análisis de una especialista, que es por esta consideración, que se separan Cáritas y Pastoral Social, lo que es para ella una lectura errónea, e insiste en que la Iglesia es política:

Se supone, yo la lectura que hago es que se hace una mala interpretación de la Doctrina Social de la Iglesia, entonces cuando se hace una lectura errónea desde lo superficial, no profunda, sucede esto, que creemos que la política es mala, y creemos que salir al terreno desde la mirada del Evangelio también es malo o cómo lo llevamos, entonces nos encontramos Pastoral Social por un lado y Cáritas por el otro, pero en realidad somos parte de la misma Iglesia. Entonces a veces es una lectura errónea, la Iglesia es política, entonces si uno interpreta el bien común desde ahí, lo podés transitar desde el Evangelio tranquilamente (M.M).

Uno de los especialistas, vinculado a la TL, manifiesta que a los pobres no se los trata como a sujetos, que prevalece la mentalidad de que estos son destinatarios de la caridad de la Iglesia, y que parte de ser buen cristiano es darle algo a los pobres. Observa también que, desde esta perspectiva, se suele decir “Yo trabajo con los pobres”, y que desde los SFT se fue resignificando ese concepto de “trabajo” por el de “militancia”, ya que se considera que decir “trabajo con” y “milito en” representan dos líneas diferentes:

La mentalidad que hay para la Iglesia los destinatarios de la caridad y de mi buen ser cristiano es darle algo a los pobres, no se los trata como sujetos. “Yo trabajo con los pobres”, es un término que a mí me molesta mucho, nadie trabaja con los pobres y tampoco es un trabajo, pero se acostumbra mucho a decir eso, algo que con los seminarios nosotros fuimos tratando de resignificar ese trabajo por la palabra militancia, muchos hoy te dicen: estoy militando en una comunidad de base, estoy militando en una parroquia y es un término distinto (D.G).

En lo que observa este especialista, y desde su perspectiva, está presente y hasta es hegemónica la lógica de salvación (Castel, 1998), lógica que describimos inicialmente, centrada en el deber del que da (Simmel, 2011), y por eso mismo, en su salvación. Al preguntarle a otra de las entrevistadas si los más pobres estaban/están en las comunidades y/o son destinatarios de las acciones eclesiales, responde que “antes” estaban como protagonistas, que si era necesario asistirlos se lo hacía, pero se buscaba que ese que era asistido en un momento, luego fuera promocionado:

Antes eran siempre, también como protagonistas, sí hay etapas que vos tenés que asistir porque por la situación es necesario, pero siempre se buscaba que ese que hoy es asistido pueda ser promocionado. Por ejemplo, donde se hacían ollas populares y se cocinaba con leña hoy tenés centros comunitarios, las mismas personas se fueron formando, desde acá está la red andando, de Cáritas, que ahí se está haciendo todo un trabajo de acompañamiento de esas mujeres (N.V).

Cuando ella habla de “promoción”, y afirma que antes los pobres estaban como protagonistas hace alusión, implícitamente a dos cuestiones, otra perspectiva de la pobreza, centrada en el derecho del que recibe (Simmel, 2011) y una línea teológico pastoral más ligada a la TL/TC. Volvemos a subrayar que estas dos cuestiones, una perspectiva de la pobreza y una teológica pastoral, no se pueden separar, ambas se implican mutuamente. Esta misma especialista laica pone en relación diferentes líneas teológico pastorales, el rol de los sacerdotes en su imposición, las formas de intervención y las tensiones que se generan. Para mostrar la centralidad del sacerdote en la definición de la línea teológico pastoral, N.V. relata que en 2005 cambian al párroco de su zona (Cuartel V), quien imprimía en su comunidad un modelo “muy social y político”, acordando con las religiosas que abogaban por lo promocional, por otro párroco con un modelo en el que, si bien estaba lo social y lo político, tenía fuerte peso lo sacramental. Lo que provocó una fuerte tensión entre las intervenciones asistenciales y las promocionales, tensión que produce un quiebre y el alejamiento de muchos:

Cambió el párroco, que era muy querido en la zona, con otra idiosincrasia y ahí hubo un quiebre, se confrontaron dos modelos, un modelo muy social, político, a un modelo en que estaba lo social, y estaba lo político pero estaba más atravesado por lo sacramental, entonces era importante que fueras a misa, no estoy diciendo que no sea importante sino donde se ponía el acento, y en los más pobres y alejados, donde las comunidades son todas pobres y ahí empieza a haber una tensión entre la asistencia y la promoción que era como dos lógicas, que siempre estuvieron enfrentadas. Las hermanas son más de la promoción, de la educación, de la organización y el párroco de esa época era más de la asistencia, la promoción política, pero habían llegado como a un acuerdo, a un respeto mutuo. Después vino Farrell, que también era de una línea parecida a Gómez Tey, pero con otro acento y entonces ahí hubo como una fractura y muchos empezaron a correrse (N.V).

Observamos, en lo que describe N.V, las notorias tensiones que se generan en el territorio entre especialistas intermedios que representan diversos catolicismos. Catolicismos, no marcadamente antagónicos, sino de fronteras muy débiles, con acentos diferentes (Ameigeiras, 2013a). Los dos tipos de especialistas de los que habla parecen inscribirse en perspectivas que vinculan lo religioso, lo social y lo político, sin embargo, las discrepancias se manifiestan por el acento sacramental que imprime uno de los sacerdotes a la pastoral. Discrepancias que se hicieron más fuertes al llegar otro sacerdote, que también vinculaba lo religioso, lo social y lo político, pero que, al parecer, lo hacía con matices diferentes, generándose una fractura. Fractura que va a retomar otra especialista, que analizaremos más adelante, quien plantea que además del rol central de los sacerdotes en las tensiones entre los diferentes catolicismos, su hegemonía se expresa incluso sobre esas tensiones. Conflictos en los que intervienen otros actores, con frecuencia, se dirimen a favor de los sacerdotes, y pone como ejemplo que la situación que describimos en Cuartel V se resolvió con el alejamiento de las religiosas de ese territorio.

Diferentes especialistas intermedios despliegan estrategias en el territorio, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, algunos de ellos tienen responsabilidades en las pastorales de la estructura diocesana. Es el obispo el que selecciona y convoca a los especialistas miembros y responsables de cada pastoral. Así, si bien, estos especialistas poseen perspectivas y significaciones diferentes, también características en común dado que los criterios que el obispo tiene en cuenta para convocarlos seguramente están muy relacionados con su propia perspectiva y con las estrategias y objetivos que tiene para la diócesis. Maletti subraya, cuando lo entrevistamos, que un alto porcentaje de responsables de las pastorales son laicos, y principalmente mujeres, mostrando su protagonismo. Sin embargo, si bien puede dicho protagonismo significar una decisión diocesana, también puede estar influido por los escasos sacerdotes, religiosos y religiosas, por las múltiples ocupaciones de estos, o en el caso de religiosos y religiosas, por su poco compromiso con lo diocesano.

Así, esta “selección”, ya sea de sacerdotes, religiosos, religiosas o de laicos, está mediada por criterios y perspectivas del obispo, pero también está limitada por los escasos especialistas disponibles para ocupar esas posiciones. Al analizar la conformación de cada una de las pastorales de la diócesis observamos que, en más de un caso, un mismo especialista tiene responsabilidades en más de una pastoral. Uno de los entrevistados (G.G) expresa que, en una oportunidad al preguntarle a Maletti por el nombramiento de determinado sacerdote en una parroquia, este le respondió: “se hace lo que se puede con lo que se tiene” (entrevista que retomaremos). Así, podemos suponer que sucede algo similar con la selección de responsables de cada pastoral. En los delegados o responsables de las pastorales se presentan entonces elementos en común con las perspectivas del obispo, pero también están presentes significaciones diversas, que son más diversas aún en los miembros (no responsables) de cada pastoral.

Como dijimos, la Pastoral Social es una de las que más vinculación presenta con la problemática de la pobreza. La delegada, una especialista, abogada de profesión, participaba de las actividades de una parroquia y fue convocada por Maletti para estar a cargo de esta pastoral. Esta entrevistada resalta que fue convocada por su participación primero en grupos juveniles y luego en la Pastoral Social, en muchas de sus afirmaciones y opiniones expresa manifiestamente la relación de esas opiniones con su posición social, su profesión y con su actual lugar de trabajo profesional. Esta especialista, por un lado, sigue lineamientos diocesanos, pero paralelamente pone en juego sus propias relecturas de lo eclesial, lo social, el Estado, los pobres y la pobreza:

Sigo trabajando con jóvenes, con chicos que iban a tomar la confirmación, estuve varios años trabajando con jóvenes y después se fueron gestando otros proyectos de acompañamiento en la comunidad, seguí la búsqueda. Hubo un encuentro de pastoral social que se proponía hacer un mapeo de la diócesis, y ahí me interesó desde la inquietud de mi trabajo, era un poco sentirme interpelada por esa realidad social. En ese encuentro yo participé activamente […] A partir de ese encuentro y yo me encuentro con un grupo de gente grande, había algún que otro joven, y gente nueva, había como 30 personas, después esa gente va menguando, no persevera, bueno hay muchos problemas, de distancias, de interés de lo que puede significar pastoral social, para unos para otros, entonces yo me voy comprometiendo cada vez más, fruto de mi formación en pastoral de juventud y de mi profesión, yo veía que estábamos muy desorganizados […] El padre que estaba a cargo renuncia y se hace cargo de otra pastoral y ante esa situación yo creo que me salió naturalmente, nunca me lo propuse ocupar un espacio, un rol, un título pero sí me tomé muy enserio que era algo que me interesaba y que es un aporte desde la fe que uno puede hacer, y fui asumiendo naturalmente […] empezamos a conversar con el obispo, a trasmitirle las inquietudes, a preguntarle qué esperaba él de la pastoral social […] Y el obispo me propone hacerme cargo de la pastoral social, le dije que no, que había gente con más experiencia, y me dice que no era más de lo que estaba haciendo y ahí acepté […] El mandato específico que tenemos del obispo es generar espacios de formación […]También, eso desde mi formación profesional, creo que hay una sobrevaloración del Estado (B.R).

La delegada de la Pastoral Social, hace constante referencia a la DSI y al magisterio del papa Francisco, y afirma que el objetivo de la Pastoral Social es dar a conocer la DSI y ponerla en práctica. También ella subraya que para muchos católicos la Iglesia no se tiene que meter con lo social y político, pero que el Evangelio y el magisterio sí hablan de esto, y que lo político es en ambos entendido como bien común:

La Pastoral Social busca hacer hincapié en la mirada social de la Iglesia, en la Doctrina Social de la Iglesia, darla a conocer y ponerla en práctica, ahí hay distintas facetas, darla a conocer tiene que ver con lo formativo y abrir debates, la gente de la misma Iglesia dice que la Iglesia no se tiene que meter en lo social, en lo político y demás. Y en realidad desde la fe y desde la mirada del Evangelio y hasta todas las enseñanzas de los últimos papas que fueron re interesantes en términos sociales y hasta políticos, político en el sentido bien común, hablan que desde la fe uno tiene o tendría que tener una mirada en relación a lo social, hablan de que la fe implica una determinada mirada de lo social (B.R).

Así, no solo observamos claramente las relecturas de esta especialista, sobre el evangelio, la DSI, situaciones sociales, etc., sino también que cuando señala que muchos católicos consideran que “la Iglesia no se tiene que meter con lo social y político”, no hace más que evidenciar relecturas que en sus repuestas asumen los católicos, y los especialistas en particular, en el territorio.

Para cumplir con el “mandato del obispo de dar a conocer la DSI” organizan, desde esta pastoral, cursos formativos, muy centrados, en la actualidad, en la encíclica Laudato si, cursos en los que participa muy poca gente. Y para poner en práctica esta doctrina generan espacios de diálogo y organización en inundaciones, tomas, etc., para lo que ponen en juego, por decisión del obispo, recursos locales:

Nosotros tenemos varias propuestas, desde que salió la Laudato si el obispo nos pidió que trabajáramos en ella, porque condensa la enseñanza social de la Iglesia y la aplica a nuestro tiempo, entonces hay un montón de herramientas para trabajar […] hemos tenido algunas intervenciones en evacuaciones por inundaciones y en tomas, generando espacios de diálogos y organización. Buscando recursos locales y eso fue una decisión del padre obispo, porque esa es la gente que está ahí y que puede conocer las problemáticas y son los que responden a las necesidades, uno puede articular y generar espacios, y de algún modo nosotros buscamos eso (B.A).

Dijimos también que el Foro de Infancia Robada Merlo funciona en el Obispado, siendo parte de la Pastoral Social, y el Foro Moreno, funciona en la Casa de la Mujer. La Red Infancia Robada que lidera la hermana Marta Pelloni, articula grupos que trabajan en temas de infancia y violencia de género. Uno de los entrevistados plantea que el Foro Moreno es autónomo, tiene una posición política tomada, pero no partidaria, para este Foro el problema tiene como causa una cadena de corrupción y de negociados, asumiendo una posición abolicionista. Y que, sin embargo, el Foro Merlo, que está bajo el “paraguas” de la diócesis, es partidario (Kirchnerista) y garantista:

La Casa de la Mujer ahora forma parte, además de ser la Fundación Espacio de la Mujer, forma parte de una organización que formamos hace 5 o 6 años, con Marta Pelloni, que ella fundó una red nacional que le llamó Infancia Robada y nos convocó un día en Moreno para formar un foro, vendrían a ser las sucursales de la red en los territorios son foros constituidos por diferentes grupos en la cuestión de articular infancia y violencia de género, entonces ahí estamos varios también colaborando con ese grupo, y una de las que colabora y más participa es la Casa de la Mujer, de las Mercys…pero no está bajo el paraguas de la diócesis la Casa de la Mujer, es no una cuestión institucional, es una organización social no eclesial, ni siquiera confesional es, sin embargo el Foro de Merlo, sí. ¿Cuál es la diferencia? La cuestión política, el Foro de la Infancia Robada de Merlo está bajo el paraguas de la diócesis, porque uno de los curas que la lleva adelante y algunas integrantes son Kirchneristas, el Foro de Infancia Robada de Moreno, mirá vos, la temática es muy delicada y sin embargo la diócesis elije a esta y a la otra no, que trabaja muy autónomamente y directamente con Marta Pelloni, una tiene sus reuniones en la curia, la otra en la casa de la mujer, la autónoma tiene una posición política tomada, pero no es partidaria, sin embargo la que está bajo el paraguas de la institución es partidaria, no lo dicen pero te das cuenta…Nosotros planteamos que acá hay un problema muy grave que tiene que ver con una cadena de corrupción, de negociados y que nosotros como espacio que defiende el tema de la trata, del abuso, de la violencia, no podemos ser garantistas como este otro grupo quiere. Nosotros no podemos convalidad o legitimar por ejemplo que una mujer considere a la prostitución como un trabajo, entonces nuestro grupo es abolicionista y el otro es garantista (D.G).

La Casa de la Mujer, a la que ya hicimos referencia, es un espacio creado y llevado adelante por las Hermanas Mercys y un equipo de profesionales, que trabaja con mujeres, especialmente víctimas de violencia de género, siendo pioneras en el territorio, comenzaron a abordar más recientemente otras temáticas referentes a género, esto desde la Fundación Espacio de la Mujer. La organización, pese a ser creada y sostenida por especialistas intermedias, no asume la conducción diocesana, sino que sus estrategias en el territorio responden a una especial lectura de la situación, cuestión que nos lleva a lo planteado en cuanto a la búsqueda de autonomía de los especialistas, y en particular de algunas religiosas (Suárez, 2017). Una de las religiosas resalta que la Casa está abierta a todos, no importa su ideología o religión, y uno de los especialistas laicos profundiza esta afirmación, cuando destaca que en ella hay diversidad y espiritualidad, pero no catolicidad:

Abierta a todo el mundo, a cualquier ideología, cualquier religión, empezamos sin saber mucho cómo se iba a dar, se dio como se dio. Ahí nos dimos cuenta que muchas venían de violencia doméstica, caminando, caminando, después género en el 98 cuando empezamos todavía no […] Me acuerdo que los primeros 8 de marzo, 25 de noviembre, día de la no violencia hacia la mujer, no se conocía nada, y nosotras empezamos, creo que un 25 de noviembre éramos 3 o 4 mujeres con globos y algunos carteles, nos miraban, ¿quiénes son? Hoy en eso hemos caminado mucho. Yo estuve a full 20 años… Que la mujer crezca en autoestima, se capacite (B.M).
La Casa de la Mujer tiene espiritualidad, pero no catolicidad, ahí hay diversidad y está bueno eso (D.G).

También como parte de las actividades de la Pastoral Social, en el obispado se reúnen organizaciones sociales y políticas en una mesa de diálogo, coordinada por el padre Farrrell (asesor de la Pastoral Social) y por una laica. Desde esta mesa se participa en reclamos, marchas, etc. y se organizan tres encuentros anuales de formación y debate. El padre Farrell es también uno de los impulsores de los “Misioneros de Francisco”, movimiento que, si bien no se organiza en base a lo territorial, tiene presencia en la diócesis, combinando prácticas políticas y religiosas. Surgió en 2014, meses después del nombramiento de Bergoglio como papa, e inspirado en su mensaje articula el peronismo en su fase kirchnerista, y elementos de la TC y de la opción por los pobres, cruza así matrices de sentido políticas y religiosas. Desde una praxis político religiosa ocupan y usan el espacio público (Carbonelli y Giménez Béliveau, 2018), mostrando, como otros grupos, la presente y reactualizada relación entre lo religioso y lo político.

Vemos así, ya en este primer acercamiento que, si bien como dijimos, Cáritas y la PS, son las áreas de la estructura diocesana más vinculada a la pobreza, hay otras organizaciones y especialistas también relacionados. Una de las cuestiones que establece diferencias entre Cáritas y Pastoral Social es la delimitación y comprensión de su “objeto de intervención”. La primera, pese a los cambios que la han ido atravesando, signados básicamente por el debate asistencia–promoción, se dirige a personas en situación de pobreza, y esto está claro, no solo para la organización sino, para la misma Iglesia, para los católicos e incluso para la ciudadanía en general. Como ya observamos, después de la dictadura la Iglesia recobró legitimidad por su “ayuda social”, especialmente en la crisis 2001, y Cáritas tuvo en esto un papel importante que le valió protagonismo en la Mesa del Diálogo argentino (Ameigeiras, 2009). La legitimidad que gana en este período particular la Iglesia por su “ayuda social”, y Cáritas en particular, por ser la institución por excelencia de la caridad de la Iglesia, no se debe al cambio interno de esta organización sino a la retirada del Estado y a las transformaciones en la sociedad, que reconoce credibilidad y seriedad en ella (Mallimaci, 2008b). La Pastoral Social, en cambio, tiene un ámbito de acción menos preciso, y también menos visibilidad que Cáritas, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Mientras las principales tensiones que explicitan los entrevistados de Cáritas diocesana se dan con el Estado, las que manifiestan en la Pastoral Social se relacionan con ese no reconocimiento en los católicos del territorio, probablemente porque se la asocia no a lo asistencial/promocional sino a “lo político”. Esta Pastoral Social centra sus actividades en la formación y en la intervención en conflictos territoriales, y busca también diálogo y reconocimiento en organizaciones sociales y políticas. Cuando una de las entrevistadas de Cáritas plantea que deberían ser una misma organización pareciera darse también alguna tensión referida al “objeto de intervención”, los conflictos en los que actúa la Pastoral Social suelen tener como protagonistas a personas en situación de pobreza. En paralelo, tanto una como otra organización son cuestionadas por el especialista identificado con la TL que citamos (D.G), para él Cáritas no llegaría a los más pobres y la Pastoral Social habría abandonado ámbitos en los que anteriormente tuvo presencia.

Así, las tensiones entre Cáritas y la Pastoral Social, hacen evidente las luchas al interior del campo católico y también las relaciones y tensiones con especialistas de otros campos, con el Estado, y con organizaciones sociales y políticas. Relaciones con distintas características, y que varían de acuerdo a los momentos políticos, a las conducciones episcopales, es decir a los perfiles de cada obispo (Esquivel, 2004).

La DSI en el papado de Francisco y su encíclica Laudato si, en las que hace hincapié la delegada de la Pastoral Social como centro de sus actividades actuales, como dijimos en el capítulo anterior, reactivan los vínculos entre la Iglesia y agrupaciones sociales y políticas, especialmente con el peronismo (Mallimaci y Esquivel, 2014). Esto se expresa, entre otras manifestaciones, tanto en los Misioneros de Francisco, el Pacto de Padua, como en la creación de la Secretaría de Culto y Doctrina Social de la Iglesia Católica en el partido Justicialista, en la que fue designado secretario en 2016, Gustavo Menéndez, Intendente de Merlo (Esquivel, 2017).

Otra de las pastorales más relacionadas con personas en situación de pobreza es la Pastoral Misionera. En los últimos años han crecido en la diócesis los grupos misioneros juveniles y el movimiento carismático, los primeros siendo parte orgánica de la diócesis, una de sus pastorales; el segundo con menos vínculos con lo diocesano, con más autonomía institucional, pero ambos marcando una tendencia a “lo espiritualista”, desvinculando, de alguna manera, lo religiosos de lo socio político. La delegada de la Pastoral Social habla de un “mandato” del obispo, para referirse a línea en que enmarca él a dicha pastoral: la formación. En el mismo sentido el delegado de la Pastoral Misionera, hace referencia al “encargo” del obispo de “hacer a todos hermanos para que el Reino crezca”, al narrar su experiencia como misionero utiliza verbos como escuchar, hablar, acompañar, acercar; también enumera “estrategias” para hacer esto: palabras, acciones y gestos. Para nombrar la experiencia misionera utiliza la palabra “magia” y también destaca, emocionado, el agradecimiento de las personas a las que se acercan y la sorpresa de estas personas por la energía de los jóvenes misioneros:

Estás hablando con una persona y te cuenta su vida, te das vuelta y estás hablando con otra, esa es la magia de ser misionero y de hacer algo por el otro…Uno de los encargos que nos hace el obispo es que hagamos hermanos a todo el mundo, que se extienda el Reino, yo creo que una de las cosas es esa, acompañar al hermano, acercar al que está alejado, al que está enojado, al que no conoce y acercarlos a una Iglesia que sea familia, mediante diferentes estrategias, mediante las palabras, las acciones, los gestos, que podamos tener nosotros como cristianos, como discípulos y misioneros de Cristo […] Yo tengo la experiencia de que la gente se acerca demasiado, de tener bastante éxito. Cuando vas a una casa y esa persona no puede acercarse a la Iglesia, esa persona te agradece mucho y como que te entrega todo, te cuentan todo y se quedan sorprendido por vos, por tu energía, algo que uno no lo ve (C.C.M).

Este entrevistado, delegado de la Pastoral Misionera, participó de varios grupos misioneros juveniles, y de actividades parroquiales, siendo posteriormente designado como delegado de esta Pastoral. Al igual que la delegada de la Pastoral Social, si bien menciona este “encargo del obispo”, pone en relación a sus actividades y decisiones, sus experiencias eclesiales previas, especialmente misiones en el interior del país, y su actual formación docente. Por lo que volvemos a destacar, la convivencia de una estrategia institucional con significaciones y estrategias generadas desde sus propias experiencias pasadas y presentes. Así, cuando este mismo misionero amplía su experiencia, expone que visitan casas, y ven las necesidades, estas necesidades las diferencia en dos tipos, unas sacramentales, la necesidad del bautismo, cuestiones que ellos se encargan de organizar (el sacerdote luego “impartirá” el sacramento), y otras sociales, que son comunicadas al sacerdote para que “lleve cosas”:

Lo que hacíamos como misioneros íbamos a visitar las casas, y ver las necesidades y de ahí bueno, por ahí necesidades más en cuanto a que la gente quiere bautizar a los hijos, entonces hacíamos bautismos ahí, misas ahí y después si veíamos algunas necesidades la comunicábamos al párroco para que vaya y lleve cosas, pero se trabaja más socialmente, ¿no? (C.C.M).

Barrientos (2008) identifica un discurso presente en la Iglesia, al que caracteriza por ser minimista, por estar enfocado hacia la atención asistencial y paternalista de los mínimos necesarios para la sobrevivencia humana (necesidades básicas y mínimos biológicos), sumando que este discurso es legitimador de la pobreza. Cuando el especialista C.C.M, se refiere a la pobreza, al distinguir unas necesidades que se satisfacen con sacramentos y otras “llevando cosas”, parece diferenciar una pobreza más de tipo “espiritual” y/o religiosa y otra a la que se responde por la asistencia, desde los parámetros mínimos para la sobrevivencia. No poniendo en cuestión las causas de la pobreza que viven estas personas a las que les “llevan cosas”, ni tampoco las características de esa respuesta, y dando la misma relevancia a las “necesidades sacramentales” que a las de sobrevivencia (Gutiérrez, 1994; Casaldáliga, 1989).

En cuanto al crecimiento del movimiento carismático, uno de los especialistas intermedios entrevistados observa que muchos sacerdotes se “han pasado” a la renovación carismática precisamente porque este movimiento no implica relación con el compromiso social, sino con el tema “espiritualista”, más de salud, más individualista. También califica al movimiento como “evangelistas católicos”, y observa que este “pase” sería una estrategia para contrarrestar la escalada del evangelismo. Pone como referencia a la Iglesia Universal del Reino de Dios, iglesia que habría quitado muchos “clientes” a la Iglesia católica, y subraya en esta estrategia el carácter político de la Iglesia. Cabe destacar en este punto que el secretario de culto del municipio de Merlo pertenece a la Iglesia adventista y el de Moreno a la Iglesia Universal del Reino de Dios:

Hace más de 10 años que ha crecido mucho el Movimiento Carismático en la diócesis, muchos curas, y esto es una apreciación personal, se han pasado a la renovación carismática porque es cero compromiso con el tema social y esto es más bien un tema espiritualista y que tiene que ver con el tema salud, quizás, no tiene nada que ver con los otros…está calando hondo, los carismáticos son los evangelistas católicos digamos, para contrarrestar toda una escalada del evangelismo tipo iglesia universal que le ha quitado muchos clientes a la Iglesia católica, es política, te das cuenta que es política (D.G).

No es menor, que los secretarios de culto de ambos municipios pertenezcan a iglesias evangélicas, esta situación inédita da cuenta de la pluralización del campo religioso y nos abre interrogantes. Interrogantes sobre la trayectoria de estos secretarios, sobre las decisiones políticas que condujeron a sus designaciones, teniendo en cuenta, entre otras cosas, la identificación del intendente de Merlo con la Iglesia católica, y su cargo en la Secretaría de culto y DSI del partido Justicialista. Así mismo, nos preguntamos si la inscripción de estos funcionarios en cargos vinculados a lo religioso es desde lo político partidario, si sus estrategias se generan desde la sujeción al partido, y paralelamente si esto abre conflictos con sus grupos religiosos y con la conducción eclesial.

Si bien el entrevistado, al que nos estamos refiriendo, no usa el concepto de estrategia, en lo que plantea identificamos algunas características que en este trabajo vinculamos teóricamente a ese concepto. Según lo que él describe, los sacerdotes al “pasarse” al movimiento carismático actúan racionalmente, pero lo hacen en condiciones determinadas que no han elegido (Dubet, 2011), condiciones marcadas por el crecimiento del evangelismo, y por la escisión, en una parte importante de la Iglesia, de lo religioso, lo político y lo social. El sentido práctico les permite generar acciones creativas, pero adecuadas a esas restricciones objetivas y subjetivas (Bonnin, 2013a). Orientan diversos combates para conseguir algunos objetivos (Testa, 1986), una pastoral más individualista y que la Iglesia no pierda fieles, no pierda “clientes”. Se daría así una lucha al interior del mismo campo religioso (Bourdieu, 1996; Martínez, 2007). El movimiento carismático es analizado por algunos autores en relación a la autonomía institucional que reclama, y por la relación directa del creyente con Dios, con escasa o nula mediación sacerdotal (Giménez Béliveau, 2016; Várguez Pasos, 2016), la perspectiva de este especialista no contradice la lectura de los autores. Podemos pensar, desde lo que él observa, que la vinculación sacerdotal al movimiento es una estrategia también para contrarrestar dicha autonomía, y fortalecer la institucionalidad, a través de la participación sacerdotal. En este sentido, Mallimaci (2008b) afirma:

Este tipo de catolicismo, si bien fue cuestionado en sus comienzos, hoy goza de apoyo institucional debido a la “barrera” que opone al crecimiento de otras expresiones religiosas similares no católicas, especialmente las evangélicas pentecostales (p.139).

El crecimiento evangélico es cuantificado por A.A, quien expresa, basada en “un cálculo” que hicieron en la diócesis, que en 2004/2005, eran 200 o 210 templos católicos, “contra” 600 pequeñas iglesias evangélicas”, habla entonces, de “penetración evangélica”. Y afirma también que la Iglesia “se quedó mucho en lo que es su misión”, y este “quedarse” como factor influyente en esa “penetración”. Señala que el crecimiento evangélico se da más en las zonas pobres de la diócesis y que las iglesias evangélicas prometen a los pobres “soluciones ya”:

También está en la diócesis hubo mucha penetración evangélica, nosotros hicimos un cálculo por el año 2004, 2005, contra 200 capillas que nosotros teníamos en ese momento, ponele 210, entre capillas y sede parroquial, teníamos alrededor de 600 pequeñas, porque son pequeñitas. Viste que la Iglesia se quedó mucho en lo que es misión, el evangélico tiende hacia, no adquiere presencia en las zonas más céntricas, pero en las zonas más pobres sí, también está la otra, que te prometen una solución ya, que bueno, que no…y salvo en Padua que hay unos bautistas, con algunos se puede dialogar bien, no hay problema (A.A).

El obispo también se refiere al crecimiento de las iglesias evangélicas y a los secretarios de culto de Merlo y de Moreno, subraya la buena relación con ellos y la necesidad de trabajar más juntos, en una caridad común. Desde la perspectiva de este especialista, cuando los creyentes quieren “que le abran la Biblia” van al pastor, cuando quieren zapatillas van Cáritas, van a la Iglesia católica. Cuestión que también habla de las estrategias y las construcciones de los mismos creyentes:

El consumo de bienes de este tipo supone, entonces, la capacidad de los individuos para realizar sus recortes de creencias, estructurando sistemas de creencias y no-creencias a la medida de ellos mismos y de acuerdo a sus intereses. Este tipo de creyente se expresa en un mercado socio-religioso, en el cual ninguna institución particular funciona como estructura de plausibilidad, sino que diversas instituciones se asumen en tanto subestructuras que funcionan en un contexto de pluralismo religioso […] Por un lado, la elaboración de bricolajes socio-religiosos al interior de un mercado de bienes simbólicos de salvación susceptible de ser regulado por los individuos, quienes tomando del mismo aquello que en determinado momento necesitan, construyen y reconstruyen sus propios sistemas de creencias por fuera de los controles institucionales (Giménez Béliveau, Esquivel, Mallimaci, 2008: 76-77).

En un contexto de pluralización, los creyentes consumen diferentes bienes del “supermercado socio religioso”. Si bien Maletti habla de que los creyentes en situación de pobreza consumen bienes simbólicos en las iglesias evangélicas y bienes materiales en la Iglesia católica, consideramos que, probablemente, estos creyentes consumen indistintamente bienes simbólicos y materiales en ambas iglesias, sin que esto les genere contradicciones.

En un paisaje religioso fluido y fragmentado, en el que diferentes organizaciones católicas, evangélicas, afro-brasileñas disputan un espacio complejo, los sujetos se consideran más como “cuentapropistas” religiosos, que elaboran sus trayectorias eligiendo los compromisos a asumir o a no asumir y los grupos y las instituciones en las cuales buscar bienes simbólicos y materiales (Mallimaci y Giménez Béliveu, 2007: 56).

Maletti afirma que la Iglesia católica tiene diálogo con sujetos insertos en situaciones de pobreza estructural, pero dando respuesta a necesidades materiales, sin embargo, debería también ofrecer la Palabra de Dios, ya que de no hacer esto sería un club que busca adeptos. Esta última afirmación nos remite a una frase del papa Francisco que tuvo mucha repercusión mediática y eclesial “la Iglesia no es una ONG”[8], y también nos abre numerosos interrogantes. Nos cuestionamos si se presenta aquí una disociación entre “lo religioso” y las situaciones de pobreza y hasta dónde estas situaciones reclaman a lo religioso desde sus entrañas. En el capítulo II, analizamos los “desplazamientos” y “ajustes” que sufrió la “opción por los pobres” desde Medellín a Aparecida. Así nos preguntamos también si con estos planteos referidos a que, si la Iglesia da a los pobres bienes materiales, pero no los evangeliza, no les da lo considerado específicamente religioso, es un “club de adeptos” o una “ONG”, no se están reforzando aún más los postulados de Aparecida, sosteniendo que tampoco lo asistencial sin lo religioso tiene sentido. De ser así, no solo habría quedado muy lejos Medellín sino más aún la TL, para la que la Iglesia debe optar por los pobres involucrándose en praxis liberadoras (Casaldáliga, 1996; Vigil, 2004; Boff, 1989).

Crecimiento del evangelismo, secretarios de culto evangélicos, esas iglesias siendo referentes para ofrecer la Palabra de Dios (lo que pareciera ser lo más estrictamente religioso), se presentan como desafíos a la Iglesia católica. Cuando el obispo manifiesta la necesidad de trabajar más con los evangélicos, parece igualmente hablar de una estrategia institucional (Soneira, 1989), y de una lucha al interior del campo religioso, con agentes de grupos religiosos diferentes (Bourdieu, 1996; Martínez, 2007), por la competencia de fieles.

Sí, las iglesias evangélicas en Merlo – Moreno han crecido mucho y tenemos una excelente relación, los dos secretarios de culto son evangélicos, y somos muy amigos […] Sí, sí, sería interesante que hablaras con ellos, Calvaro y Miguelito Sandoval. Y tenemos que trabajar más juntos, en eso también estamos insistiendo con los evangélicos, en la caridad con ellos, ellos aportan la profundidad y la espiritualidad bíblica, pero ellos no tienen la capacidad de diálogo con la pobreza estructural y coyuntural que tiene la Iglesia católica, por eso cuando la gente necesita un par de zapatillas va a Cáritas de la Iglesia católica, cuando quiere le abran la Biblia va al pastor. Nosotros, de alguna manera, como Iglesia también tenemos que anunciar a Jesús, abrir la palabra de Dios y hacer que se produzca una dinámica de escuchar que Dios nos llama y que eso de algún modo estalle en un encuentro con calor y amor de amigos con Jesús y poder, digamos, ver que la fe alimente la vida de todos los días, y la vida de todos los días haga crecer la fe sino somos un club que busca adeptos, eso no me interesa (M.F).

Al describir la organización de la diócesis y hacer una primera aproximación a los actores, nos introducimos en la comprensión de cómo se constituye el campo católico en el territorio, pudiendo observar la división del trabajo. Retomando a Bourdieu (1996) esta división se relaciona a capitales, a bienes apreciados y escasos, capitales y bienes que generan una división entre quienes los producen y distribuyen y quienes los consumen. En esta división se constituye una red de intercambios, tensiones y luchas, que continuamente van reconfigurando el campo: entre especialistas intermedios que representan a diversos catolicismos, entre sacerdotes y otros especialistas intermedios por la imposición de sus capitales específicos, entre especialistas responsables de áreas pastorales por tipos de intervenciones y especificidades de cada pastoral, etc. Estas tensiones y luchas se manifiestan en determinadas condiciones objetivas y subjetivas, desde las que la Iglesia como institución, y los especialistas intermedios de esa institución, desarrollan múltiples estrategias (Soneira, 1989), para responder a las transformaciones, complejidades y competencias de su mismo campo católico (búsqueda de autonomía de algunos grupos, de algunas congregaciones femeninas, etc.), como del campo religioso en general (pluralización, crecimiento de iglesias evangélicas, estrategias diversas de los sectores empobrecidos, etc.).

2-Líneas, acentos y perspectivas de pobres y pobreza

Pasados 17 años de la Semana del Clero en la que se trabajó en relación a la delimitación de acentos pastorales, que describimos en el capítulo III (Ameigeiras, 2013a) estos siguen sirviendo a algunos sacerdotes para autonombrarse y para identificar a otros. En las entrevistas realizadas a sacerdotes pudimos observar claramente que al nombrar a otros sacerdotes rápidamente suman el acento con el que se identifican, este acento parece funcionar como marca de identidad. Sin embargo, coinciden, que si bien, los acentos están presentes, esta clasificación es hoy obsoleta en la diócesis, ya que sacerdotes que se sumaron posteriormente, y especialmente los ordenados más recientemente, no se sienten identificados con los acentos descriptos. Uno de los entrevistados afirma que los acentos venían de una época con opciones pastorales fuertes, que el nuevo clero tiene “menos opción”, a lo que otro suma que son “más aniñados”, con una tensión a aburguesarse. Podemos pensar entonces que las opciones vinculadas a la TC y a los “acentos”, sin ser rechazadas por el clero, son reubicadas en la línea tradicional de la Iglesia y reacondicionadas a los tiempos actuales:

Y si bien esos acentos siguen estando, pero ya no identifican tanto. Y los nuevos no se identifican, empezó a venir un clero con menos opción. Creo que esos acentos tenían resabios de una época de opciones pastorales fuertes, de criterios sólidos, un Pepe Zamorano, un Juan Carlos Martínez (V.P).
Los nuevos sacerdotes son más “aniñados”, muestran tensión a aburguesarse, y no quieren ser encasillados en ningún acento (O.J).

A pesar de que se afirma que los acentos se fueron desdibujando, cuando uno de esos mismos entrevistados, intenta explicar los perfiles sacerdotales de la diócesis, recurre a una caracterización muy similar, remarcando que los curas jóvenes van tomando una línea más institucional. Este análisis parece sugerir entonces, que el desdibujamiento de líneas tiene mucha relación con el mayor peso que va adquiriendo la línea institucional:

Hay un grupo de curas más jóvenes que van tomando la línea más institucional, más pastoral clásica, hay otros que tienen una opción más social, pero no crítica, de acompañamiento, de salir al cruce de las necesidades y por ahí suscribirse a algún político de turno, y algunos que intentamos unir fe y política (V.P).

Basados en algunos trabajos (Ameigeiras, 2013b, Mallimaci, 2018) que analizan la situación actual de la Iglesia católica a nivel nacional podemos suponer, que el debilitamiento de los acentos que fueron relevantes en los 90 en la diócesis de Merlo – Moreno, reproduce esta tendencia de nivel nacional, en donde seguramente, la relevancia del acento del pueblo justo, en especial, y del pueblo santo son mucho menores, acrecentándose una línea más tradicional e institucional. Al preguntar a uno de los sacerdotes si en los laicos y en los religiosos y religiosas es posible identificar estos mismos acentos quedó unos segundos en silencio. Si bien conocíamos que en la experiencia inicial del trabajo con los acentos los laicos no participaron, suponíamos que dichos acentos podían servir al menos como claves de lectura de líneas teológico pastorales diversas en esos agentes. Por la respuesta del sacerdote, laicos, religiosos y religiosas serían, de alguna manera, “neutrales”, mostrarían cierta homogeneidad, o no serían relevantes sus perspectivas. Así mismo, al terminar la entrevista a otro de los sacerdotes y pedirle sugerencias de nombres de especialistas para continuar con el trabajo de campo, nombró a sacerdotes, y al insistir, clarificando que también consideramos como tales a laicos, religiosas y religiosos, la respuesta llevó un tiempo. Varios entrevistados, incluso sacerdotes, observaron que es el sacerdote el que imprime o impone su acento al trabajo pastoral y a los laicos, laicos que deben adaptarse al mismo, y de no hacerlo son excluidos o se alejan, sucediendo algo similar con religiosas y religiosos.

En la actualidad, como dijimos, para algunos, se han desdibujado los acentos y se ha ido fortaleciendo la línea institucional sacramental, en la que tiene centralidad el sacerdote, primando su figura, su lugar y rol en la jerarquía eclesial. De acuerdo a una de las especialistas, las líneas sacerdotales no se explicitan argumentativamente, sino que se expresan en las prácticas pastorales, un laico con determinada formación puede leer, a través de las prácticas, la línea que las origina, otros, con menor formación, solo observarán la práctica en sí, procesiones, devociones, etc., esto influye en que estas perspectivas o líneas, no sean consideradas “tema” o incumbencia de religiosas, religiosos y laicos. Cuestión que sirve para comprender el silencio de los sacerdotes al interrogarlos al respecto:

Por qué se plantea esta cuestión, esto tampoco es algo que los curas lo andaban divulgando en el sermón, el trabajo fue más de ellos, ellos confrontaron. Ese es un problema a veces en la Iglesia, hasta qué punto a veces el laico en ciertos aspectos logra dialogar, porque a veces no descubrís cuál es la orientación, porque a veces te hablan, que sé yo, de una Teología del Pueblo, si leíste algo, si sabés algo, te das cuenta y sino lo que mirás de afuera es que a un cura le interesan más las procesiones, las devociones, estimula determinadas cosas, otros curas cosas distintas, pero no es que te expliquen abiertamente, entonces creo que tampoco hay mucha gente que conozca el tema (A.A).

La especialista entrevistada que realizó este planteo, en cuanto a las lecturas de los laicos de las perspectivas sacerdotales, da también un ejemplo de cómo se manifiestan y hacen palpables las diferencias y tensiones entre acentos en los comienzos de la diócesis:

Por ejemplo, estábamos en una reunión, sale el tema de los bautismos, cuál es hoy la línea del bautismo, bautizar sin poner condiciones, siempre se luchó porque los curas no estén pidiendo la libreta de casamiento de los padres o preguntando si la madre es madre soltera, separada o lo que sea, eso creo que toda la diócesis, salvo algún cura italiano, algún cura español, de criterios muy rígidos, los demás estaba acordado de años que la línea era abierta, pero salió una conversación entre en el que en ese momento era el director de catequesis de la junta con uno de los padres de este grupo, que era el padre Juan Carlos Martínez, de Libertad, que falleció, muy conocido y entonces: bueno un poco, las charlas a los padres, que sepan de qué se trata. Entonces saltó Martínez y le dice: entonces qué querés, empezar a seleccionar para el bautismo. Ese era un punto de crisis…Identificar los acentos los ayudó a convivir (A.A).

Pero también hace visible, de parte de los sacerdotes, el no percibir que los especialistas laicos puedan asumir por su cuenta estrategias propias o relecturas de las estrategias institucionales en su trabajo en el territorio, como de hecho lo hacen. Poniendo también de manifiesto las tensiones más profundas que se producen cuando especialistas que reclaman autonomía, generan estrategias que quedan fuera del control eclesial, como puede ser la Casa de la Mujer, a la que ya nos referimos.

En los años 70 y en los 80, al menos en algunas parroquias de Merlo-Moreno, inscribiéndose en los lineamientos del CVII en cuanto a que la Iglesia es Pueblo de Dios (Libanio, 1986), el sacerdote tenía un capital y un rol específico, pero los laicos tenían otros protagonismos, eran partícipes de decisiones, etc. Un entrevistado, al explicar este tipo de participación, señala que no se era invitado o convocado a hacer algo en la Iglesia, haciendo referencia a ser convocado por el sacerdote para colaborar, sino que, al creer en una Iglesia Pueblo de Dios, se estaba activa y protagónicamente, y de par a par con “con quien sea”, volviendo a hacer, implícitamente, referencia a la actual centralidad del sacerdote. Los mecanismos de toma de decisiones eran diferentes también, una religiosa con un fuerte trabajo territorial durante los años 80, en un sector de los más empobrecidos de Moreno, sostiene que, en ese momento, las decisiones en la capilla en la que estaba su comunidad se tomaban en asambleas de 200 personas, decisiones que hoy toma el sacerdote solo. Y que muchos de esos laicos que estaban activamente en los años 80 se desvincularon de lo eclesial y fortalecieron su militancia política y social:

Si la Iglesia es pueblo de Dios, es ese pueblo el que organiza la Iglesia, en otra época la participación era distinta, no te llamaban “vení a hacer esto”, sino que participabas porque vos te sentías Iglesia viva, no podías no estar, y activamente y protagónicamente, con conciencia propia y de par a par con quien sea (S.C).

También el obispo observa que los sacerdotes más antiguos se siguen reconociendo y nombrando por sus acentos, pero los que llegaron a la diócesis después de ese trabajo, que en la actualidad son la mayoría, no lo hacen. Desde su perspectiva, Francisco superó los acentos, puso a su derecha a todos lo que antes estaban a la izquierda, y así los acentos se intercambian y todo se suma, lo social, lo popular y lo litúrgico catequístico. Así mismo, destaca que en la diócesis se da esta unificación, no como un mix, sino como una unidad. Coexistirían acentos, sin identificarse como tales, pero en unidad por el “viraje” dado por Francisco:

Igualmente, algunos sacerdotes se siguen denominando o denominando a otros inicialmente […] Los más históricos, los últimos años hay más sacerdotes que están desde esa fecha para adelante que desde esa fecha para atrás […] Lo que pasa… y, y en la Iglesia, Francisco puso a la derecha de él a todos los que estaban antes a la izquierda de todos, Francisco digamos superó, entonces eso también, los acentos, más lo social, más lo popular o más lo litúrgico catequético. Que hoy están intercambiados los acentos y está todo como sumado, ¿no?, pero no en un mix sino en un momento de la realidad que es diferente, de hecho, hay más unidad acá en nuestra diócesis, en el clero (M.F).

Cuando Maletti habla de “viraje”, nos lleva a la multiplicidad de autores que ya, desde el nombramiento de Francisco como papa, se preguntan si su papado estará marcado por rupturas y/o por continuidades (Ameigeiras, 2013b; Cipriani, 2018; Mallimaci, 2018). Queremos destacar dentro de estos autores, y de las respuestas que van delineando a estos interrogantes, lo que plantea Mallimaci (2018):

Ante un mundo cada vez más desplazado a la derecha en el que las demandas espirituales son significativas, el actual papa cree prioritario deslegitimar desde el mensaje cristiano a un capitalismo desregulado de “ajuste y explotación”, centralizar la dignidad de cada persona, en especial la “de los más pobres”, “los excluidos”, los de “las periferias existenciales” y presentar a la Iglesia católica como parte de la solución. Propone, como sus antecesores, de los cuales es continuidad, el antiliberalismo de la Doctrina Social de la Iglesia y el Catecismo Universal, adaptados al siglo XXI (p.116).

Uno de los sacerdotes entrevistados, al igual que el obispo, afirma que en la actualidad no hay conflictos entre los sacerdotes por diferencias teológico pastorales, que sí hay distintas miradas que conviven o que no se cruzan, pero sin tensiones explícitas:

¿Conflictos como cuando se hizo el trabajo de los acentos? No, hoy por hoy está muy sanada esa situación. Sí distintas miradas, pero o bien convivimos o bien no nos cruzamos, pero no hay tensiones explícitas. Sí hay posiciones políticas diferentes, creo que mientras estuvo como intendente Othacehé dividió mucho las aguas entre los que perseguía y a los que tenía bajo su amistad (V.P).

En el mismo trabajo, como en otros trabajos suyos, Mallimaci (2008a, 2013a, 2013b, 2013c) sostiene, que los catolicismos son variantes del catolicismo integral que comenzó a consolidarse con Pío IX. En ese marco afirma, que, en continuidad con sus antecesores, Francisco sigue enfrentando al capitalismo desregulado y presentando a la Iglesia católica como solución. Igualmente, hace central en esa propuesta la dignidad humana y “de los más pobres”, de “los excluidos”, de los de “las periferias existenciales”. Este autor también identifica a la DSI con ese antiliberalismo, y observa que Bergoglio, ni antes de ser papa, ni siéndolo, propuso reformas, ni transformaciones, sino continuidades, apostando a perfeccionar las regulaciones:

Como vimos, Bergoglio en Argentina no propuso reformas a la organización parroquial territorial, se sintió lejano de las comunidades de base y de la democratización del poder eclesial, y no construyó otras mediaciones organizativas. Francisco cree que hay que mejorar, ampliar y perfeccionar la estructura de regulación y negociación que ya existe –de obispos, sacerdotes, parroquias y colegios– sin proponer tampoco reformas a la potestad, ni al matrimonio, ni al sacerdocio, ni a las demandas de las mujeres, ni a la elección de los obispos (Mallimaci, 2018: 118).

Desde otro posicionamiento Cuda (2013a), afirma que Francisco no busca el cambio de las estructuras sociales como lo hacía la TL, pero sí de las eclesiales:

Esto puede indicar que Francisco busca el cambio de las estructuras, pero no de las sociales como promovía la Teología de la Liberación, sino de las eclesiásticas en función del pueblo, como lo promovía la modalidad argentina en la Teología del Pueblo. Francisco quiere una Iglesia que se descentralice y no que se «funcionalice». (p.19).

De acuerdo al planteo del obispo, el “viraje” que introduce Francisco, reposiciona a los que antes tenían menor poder en la institución, y paralelamente, y desde nuestra lectura, hasta contradictoriamente, unifica diferencias que borran o diluyen los acentos antes marcados en la diócesis. Nos preguntamos si un “viraje” de esas características, y esa disolución de acentos, no estarán enmarcados en un alineamiento para enfrentar al liberalismo, produciendo paralelamente mayores regulaciones y menos transformaciones eclesiales.

Cuda (2013a) resalta como parte de la modalidad de la teología latinoamericana de Bergoglio, la idea de conciliación en la unidad como método de resolución del conflicto social, y sus postulados de que la unidad es superior al conflicto, el todo es superior a la parte y el tiempo es superior al espacio. Esta autora rescata una intervención de Bergoglio, en 1974, en la que sostiene: «Es necesario superar contradicciones estériles intraeclesiásticas para poder enrolarnos en una real estrategia apostólica que visualice al enemigo y una nuestras fuerzas frente a él» (p.18). Y sostiene que esta intervención del 74 vuelve a aparecer, casi sin alteraciones, en 2010, cuando es cardenal y en 2013 cuando es papa. Así, subraya que el problema de lograr la unidad aparece como central tanto en la teología de Bergoglio como en la teología de Francisco.

Pese al desdibujamiento de acentos y a la convivencia sin conflictos, que describen el obispo y uno de los sacerdotes, ante la pregunta por las líneas teológico pastorales presentes en la diócesis, uno de los entrevistados realiza, muy fácil y rápidamente, una clasificación de estas. Menciona a: la Lefevbrista, la moderada, la popular y la popular social. Así mismo, aclara que cada línea, implica una teología, un discurso sobre Dios, se expresa en una praxis y tiene relación con el poder, sosteniendo que cada teología es funcional al momento que le toca transitar:

Cada línea implica una teología, cada teología es un discurso sobre Dios que se expresa en una praxis y que tiene que ver con el poder. Hay que ver de dónde surge esa teología, la Teología de la Cultura y la Teología de la Liberación, desde el pueblo, desde la religiosidad popular, desde los pobres…Cada teología es funcional al momento histórico que le toca transitar […] Esas líneas presentes en la diócesis son entonces: los lefevbristas; los conservadores, quienes no lo sitúan a Jesús históricamente, es un Jesús espiritual, y en esta línea el Opus, el Verbo Encarnado, el Misti Cristi; los moderados, que sí ven a un Jesús histórico, pero “lavado”; la popular, que nace a la luz del CVII y del Pacto de las Catacumbas, representada por el MSTM, Medellín, Puebla, que marca una fisura, y San Miguel, esta línea realiza cambios litúrgicos, busca la apertura y “vivir como vive el pueblo”; la popular social, Jesús es el Jesús histórico implantado en su época, Mateo 24 presenta el programa político de Jesús, embretado en el momento que vivió, es la línea del MSTM, lucha contra los poderes, y hace opción por los pobres. El dilema del MSTM es qué hacemos con los pobres, socialismo o peronismo. Los de Morón si el pueblo es peronista y el cura es producto del pueblo, entonces el cura debe de ser peronista. Y por último la popular espiritual, gente del pueblo, pero trabajando desde un lugar sectario, como que tienen algo de misterio y eso les da poder, cursillistas y Legión de María (L.R).

Otra de las entrevistadas, que también rápidamente presenta, ante nuestra pregunta, una tipología de líneas teológico pastorales, enumera tres líneas: la sacramental, la social y la orgánica. La primera resaltaría lo espiritual y la centralidad de los sacramentos, la segunda lo social, sin dejar de lado los sacramentos, e incluye dentro de esta a la que denomina “orgánica”, describiéndola como un “mix” de las anteriores, que privilegia acompañar al pueblo en sus devociones, creencias y en lo sacramental:

Yo podría reconocer no sé si dos o tres líneas, una que tiene que ver con lo sacramental, con la importancia de la misa, de los sacramentos, de toda esa parte espiritual y lo demás como que no es tan fuerte, ponen el acento ahí, otro acento es en lo social, ver al Cristo encarnado en los que sufren, en los que no tienen para comer, en los que sufren violencia de género, discapacidad, entonces ponen el acento más en lo social, y lo sacramental no lo dejan de lado pero como que no es el acento, y también en esta opción están algunos que son como más orgánicos, tienen una estructura, ayudan a armar estructuras, y otros que respetan y acompañan eso que está en la comunidad, por lo menos desde lo vivencial tengo esas tres líneas, que no sé si están bien caracterizadas, es lo que he visto en el andar… la tercera es como un mix, acompañar al pueblo, lo que pasa, la gente, el culto a los muertos, la oración a los difuntos, la misa, los bautismos, esos momentos son como muy fuertes, después ir a misa los domingos, comulgar, confesarse…, confesarse más difícil, una práctica poco frecuente. Entonces van acompañando eso, una misa la hacen en el mismo lugar, no es necesario el templo, sino que la comunión está donde la gente la necesita y Dios presente ahí (N.V).

Así, varios entrevistados afirman que lo institucional y lo sacramental prevalecen hoy en la diócesis, e incluso uno de ellos (S.C) reconoce esta tendencia, observando, además, que lo institucional “se disfraza de pueblo”:

Iglesia pueblo, iglesia institución, iglesia sacramento, la dos más fuerte ahora […] “Maletti se ha jugado en muchas cosas y en otras no, la realidad obliga a estos obispos a estar con los pobres. Prevalece la institucional disfrazada de pueblo (L.R).
Hoy, el trabajo pastoral, por lo que conozco, no es tan diversificado, mucho de catequesis sacramental, matrimonios, Cáritas y no sé cuánto más hay (S.C).
Lo sacramental pegando fuerte (N.V).

“Se puede ser progresista pero eclesialmente sacramentalista” (D.G), afirma otro de los especialistas. Algunos sacerdotes de la diócesis son reconocidos por manifestaciones públicas, participación en algún conflicto local, etc., desde posiciones que se pueden considerar “progresistas”, sin embargo, esto no erradica la prevalencia de lo sacramentalista en las parroquias y capillas de las que se hacen cargo:

Vos podés ser socialmente progresista pero eclesialmente sacramentalista y eso se da en la mayoría de las parroquias, conducir una parroquia es un quilombo, parece que no es nada pero es un quilombo, entonces muchos curas no quieren involucrarse en el tema social, prefieren acotarse al tema meramente religioso, doy las misas, los bautismos, la catequesis, el grupito de hombres casados, el grupito de mujeres adoratrices del sagrado corazón, cosas que no tocan tierra, entonces el planteo es la formación de los curas en lo diocesano (D.G).

La disminución de religiosas, religiosos y sacerdotes, es uno de los factores que algunos especialistas atribuyen a que el obispo acepte congregaciones y sacerdotes de líneas más institucionales. Para Trigo (2005), las transformaciones epocales, influyen tanto en “la vida religiosa”, las congregaciones, los sacerdotes, etc. como en las demandas. El autor observa que, la necesidad de una capacitación constante para mantenerse competitivo, la desaparición de solidaridad social, la inseguridad, una sociedad del riesgo, marcaron un cambio de época al que la vida religiosa respondió re institucionalizándose. Y que en ese nuevo contexto la encarnación se convirtió en un mal negocio, no da para vivir y hay que ofrecer aquello que tiene demanda.

En Cuartel V, en las mismas comunidades que se tomaban las decisiones en asambleas, y donde estaban las hermanas dominicas irlandesas, se instaló la congregación “Madrecitas de los Pobres”, para las que también es central lo sacramental y las celebraciones litúrgicas. Para describir su trabajo, una de las entrevistadas observa que “todo es sumisión”, van a los más pobres para asistirlos, transmiten el “aguantar”. A diferencia de la línea más presente a principios de los años 80, que, si bien también realizaba actividades vinculadas a la asistencia, el objetivo era la promoción desde la identificación de situaciones injustas, no queridas por Dios.

Esta diferencia, desde su perspectiva, “hace ruido” en las comunidades. Uno de los especialistas analiza que en los años 60 – 70 hubo, a trazo grueso, una izquierdización de la Iglesia y ahora una derechización, “una derechización de mama mía”:

Madrecitas de los Pobres, estuvieron un tiempo, ellas viven esto de…, no quiero decir la mendicidad…, son mendicantes pero es esto, está todo sobre lo sacramental, lo social hasta ahí, entonces sí, son muy buenas animadoras en las misas, se caminan todo, están en todas las celebraciones, se fueron, porque salieron dos o tres de las que estaban, ahora quedó una religiosa, y vive en la misma casa que vivía la comunidad, y sigue siendo animadora, tiene un carisma muy lindo con los jóvenes pero todo es de sumisión, no hay promoción, por lo menos yo no la veo, está en esto de ir a los lugares más pobres, más alejados, que está buenísimo porque nosotros también lo hacíamos pero con otra mirada, ellas con una mirada más de asistencia que de promoción, nosotros fuimos aprendiendo, cuando hay alguna circunstancia que es injusta o que no es lo que Dios quiere, uno lo dice y se para desde otro lugar, están como que hay que aguantar, eso también genera ruido en las comunidades (N.V).
Yo creo que no, que como así en la Iglesia de los 60–70 hubo, si querés, así a trazo grueso, una izquierdización, ahora hay una derechización que mama mía (C.C).

Como ya dimos cuenta, algunos especialistas entrevistados, afirmaron que los laicos ante la divergencia con las líneas teológico pastorales de los sacerdotes en las que hoy prevalece lo institucional, o con los “acentos”, se silencian y permanecen o se alejan. Sin embargo, en la actual situación de debilitamiento institucional, parecería que los especialistas religiosos intermedios, poseen una mayor autonomía en el despliegue de estrategias sin que eso implique, por parte de los mismos la asunción de una línea teológico pastoral particular, sino más bien de dar respuestas a cuestiones que se van presentando. Nos preguntamos así, qué características asumen las estrategias que algunos especialistas despliegan de modo más autónomo, y qué características tienen las estrategias que siguen, en sus trabajos pastorales, los especialistas que permanecen más estrechamente vinculados o enmarcados en lo institucional.

Ya señalamos que aún dentro de los laicos que participan en las parroquias, como de los que son responsables o miembros de las diferentes pastorales hay relecturas de las estrategias institucionales y que los sacerdotes no suelen hacer este reconocimiento. Sin embargo, las relecturas que realizan los que permanecen parecerían profundizar la perspectiva institucional, poniendo no solo el peso en lo considerado estrictamente religioso sino también reforzando la “espiritualidad”[9] y el alejamiento de la participación socio política.

La aplicación de la lógica de la “división del trabajo religioso” que presume un distingo entre gestores del saber y receptores finales, se muestra inapropiada para dar cuenta de los flujos de circulación y producción a los que están sujetos los conocimientos religiosos. Veremos catolicismos alternativos que apelan a narrativas cosmológicas y performances que ofrecen opciones distintas a las propuestas del centro eclesiástico, el cual congela el saber en las manos del especialista (Ludueña, 2014: 102).

Anteriormente, en este mismo capítulo, recurrimos nuevamente a los planteos de Bourdieu (1996) sobre los capitales y bienes que generan una división entre quienes los producen y distribuyen y quienes los consumen. Y comenzamos a describir las múltiples participaciones de los especialistas reformulando y produciendo estrategias que también significan saberes, capitales y perspectivas. Con lo que desarrollamos posteriormente a este planteo tenemos más elementos, para sostener que, si bien continúa vigente esta división entre los que producen y los que consumen los bienes en el campo católico, son múltiples las relecturas, reformulaciones y producciones que hacen otros especialistas intermedios, y en menor medida, los laicos en general. Como analiza Ludueña (2014) son muchos los flujos de circulación y producción a los que están sujetos los conocimientos religiosos, los saberes no están congelados en los especialistas que históricamente han detentado el monopolio de esos saberes. Este autor habla también de “los relieves de la diversidad” y de la “permanencia institucional sin monopolio cosmológico”.

De este modo, tenemos más elementos para profundizar lo que venimos planteando, que también en los que permanecen en la institución hay reformulaciones y producciones de creencias, pero que las permanencias más homogéneas e institucionales serían las más estrechamente vinculadas a las participaciones parroquiales. Participaciones en las que pareciera profundizarse una “espiritualidad desencarnada”, centrada en aspectos sacramentales o litúrgicos y/o en actitudes más vinculadas a la “ascesis” y el recogimiento, más que una espiritualidad “encarnada”, preocupada por el prójimo y vinculada a los pobres. Homogeneidad que también desconoce perspectivas diferentes con presencia histórica en el mismo territorio, así cuando a uno de los especialistas, relacionado a la pastoral misionera y a la vida parroquial, le preguntamos si tiene conocimiento de los “acentos”, si al menos ha escuchado hablar al respecto afirma: “Nunca escuché de los acentos, ni siquiera en forma de chiste” (C.C.M).

También al interior de los movimientos y grupos están presentes diversas significaciones de esta “espiritualidad” que no se ve interpelada por la pobreza, algunos ponen el acento en la sanación individual y otros en los rituales litúrgicos más tradicionales que desde su perspectiva relacionan, con la mediación del sacerdote, al creyente con Dios.

Una de las religiosas entrevistadas señala que existe mucha diversidad al interior del catolicismo, pero mucha homogeneidad al interior de las parroquias, observando que en alguna parroquia puede encontrarse un atisbo de laicos críticos, pero que son una significativa minoría, y que los mismos han participado durante muchos años en los SMFT:

Mucha gente participó sistemáticamente 20 años en los Seminarios de Formación Teológica, algunas pocas de esas personas están en parroquias. Estar en parroquias significa callarse y seguir la línea del sacerdote, en general hay mucha homogeneidad al interior de las parroquias (Z.N).

Estos SFT, hasta hace unos años fueron relevantes en la diócesis, sin embargo, los mismos se han ido debilitando como instancia de participación y nucleamiento. Los SFT son espacios de articulación de multiplicidad de experiencias, desde cooperativas de viviendas y organizaciones de mujeres contra la violencia doméstica, hasta grupos parroquiales y comunidades de base. Lo que une a esta diversidad de participantes es la “opción por los pobres” (Giménez Béliveau, 2016). Así, González (2002) los nombra como continuidad del catolicismo de protesta social y Mallimaci (1996) los inscribe en la línea de cristianos ligados al mundo de los discriminados y excluidos.

Restauración y vuelta a la gran disciplina, son dos conceptos de Libanio (1986), retomados por uno de los entrevistados. Si con el CVII la Iglesia postuló grandes transformaciones, tanto a su interior, en la definición de su propia identidad, como en su relación con la modernidad y con la sociedad (Panellas Barnosell, 2015; de Aquino Junior, 1987), en las internas por la hegemonía, fueron más fuertes las líneas que no asumieron esas transformaciones, y lentamente se retrocedió a una disciplina institucional que ha caracterizado históricamente a la Iglesia:

Yo creo que hubo una restauración en ese sentido, hace un rato yo te nombraba a Libanio, su hipótesis es que hay una vuelta a la gran disciplina, a Trento, que es lo que sucedió, y es otra Iglesia, hay una vuelta a una Iglesia con la disciplina de la Iglesia… da otra seguridad…la Iglesia no es un terreno baldío y todos tratan de construirla, hay formas distintas y obviamente están las internas por la hegemonía (S.C).

En relación al rol del sacerdote, a las contradicciones y conflictos en cuanto a que puede ser en paralelo “progresista” y sacramentalista, y a la tendencia de la prevalencia de la línea sacramental, emerge también la temática de la mujer en la Iglesia. Hablamos anteriormente de las dificultades de las congregaciones femeninas para integrarse a las actividades diocesanas, de sus desafíos, y de los indicios de un fin de ciclo de una forma de vida religiosa femenina (Suárez, 2017). También para las mujeres laicas se presentan indicios de agotamiento de un tipo de presencia eclesial. Lo que está en juego es el rol de la mujer en la Iglesia (Gebara, 2018). Una religiosa expresa que la mujer hace todo en la Iglesia, pero no es reconocida, coincidiendo, una laica, expresa que las mujeres ponen todo, están en la trinchera, pero son relegadas y son las menos reconocidas. Y un especialista, suma otra cuestión, que también la “sensibilidad social” de las parroquias pasa por las mujeres, que son el noventa por ciento de la población parroquial. Las dos mujeres que citamos, la especialista religiosa y la especialista laica, ponen, de alguna manera, lo sacramental como capital de disputa, capital que, en la Iglesia, históricamente, le ha sido asignado en exclusividad a los varones. Una de ellas destaca, que algunos avances se han hecho, ella como laica, incluso compartió en una misa la homilía con un obispo, situación poco frecuente en la Iglesia, y que también marcaría algunas particularidades de esta diócesis. Resalta, así mismo, que hay mujeres que dan la comunión, pero que sin embargo no hay equidad, que la mujer está siempre debajo, siempre sujeta, sujeta a la autoridad del varón, del sacerdote:

La mujer hace todo en la Iglesia, pero no es reconocida, creo que toda la forma de la Iglesia, la estructura y lo sacramental también responde a una religiosidad conservadora, tradicional, dogmática, la misa, la eucaristía, hay curas muy cercanos…pero lo que tiene…, creo que la gente simple siempre consigue…pero el arquetipo que tienen adentro es difícil de cambiar (B.M).
El rol de la mujer en la Iglesia en sí siempre ha sido como relegado, religiosas, laicas, son las que más ponen, las que más andan en las trincheras, pero son las menos reconocidas, eso lo veo en la diócesis y en otras diócesis también. Es cierto que se han hecho avances, no puedo decir que estamos en la edad media, se han hecho avances, yo por ejemplo he podido dar la homilía junto con el obispo, con Bargalló, entonces tener un lugar, no te puedo decir de paridad, pero sí equitativo, las hermanas que fueron a hacer celebraciones, que las mujeres puedan dar la comunión con los sacerdotes, ha habido avances, pero siempre debajo, siempre sujetas. Para hacer oír la palabra hay que levantar mucho la voz (V.N).
El tema de la cuestión social en las comunidades parroquiales justamente pasa por la sensibilidad social de las mujeres, porque el noventa por ciento de los integrantes de una comunidad son mujeres (D.G).

Que la gran mayoría de católicos que participan en las parroquias sean mujeres, y que también sea alto el número de mujeres que tienen responsabilidades en las pastorales de la diócesis no es un dato menor. La mayor participación eclesial es y ha sido históricamente, de mujeres, por lo que serían las significaciones de las mujeres sobre pobres y pobreza, las que en este contexto de mayor autonomía institucional tendrían fuerte peso. Sin embargo, hay que considerar diferentes dimensiones de los perfiles de estas mujeres, y los capitales simbólicos que pueden o no poner en juego en las diputas del campo, para que sus significaciones tengan autonomía institucional y paralelamente para que puedan imponerse. La teóloga brasilera Clara Lucchetti Bingemer (2018) observa:

A lo largo de la historia de la Iglesia, la mujer fue mantenida a una prudente distancia de lo sagrado y de todo cuanto lo rodea […], de la mediación directa con Dios. Todo eso, evidentemente, requiere un cuerpo «puro» y la desconfianza de si la mujer realmente lo posee es enorme […], aún sigue pesando sobre ella el estigma de ser la seductora inspiradora de miedo, fuente de pecado para la castidad del hombre y el celibato del clero (p. 17).

El cuerpo de la mujer, al que obviamente no pude, ni debe, ni quiere renunciar, es convertido en causa primordial de, que pese a tener un rol fundamental en la Iglesia, este quede siempre sujeto al del varón, y en particular al del sacerdote, al del varón célibe (Lucchetti Bingemer, 2018). Suárez (2017), al analizar “Arraigos para la vida”[10] o “círculos de mujeres”, experiencia que retomaremos más adelante, sostiene que en la Iglesia es hegemónico un paradigma que lleva la impronta del patriarcado, del dominio, del control, y que esta experiencia que investiga, como, tantas otras, comienzan a legitimar un paradigma contrahegemónico, en el que es importante la búsqueda de nuevos sentidos y roles de la mujer en la Iglesia.

Tanto históricamente, como en la actualidad, la Iglesia como institución, está cerca de los pobres, la pobreza no le ha sido ni le es indiferente, pero como venimos desarrollando, las comprensiones de la misma son diversas. La pobreza puede tomarse como virtud o como algo “maldito”, y es la primera una línea muy marcada. Uno de los entrevistados hace estas observaciones y además sostiene, que no se distingue entre pobres y pobreza, que al comprenderla más como virtud no hay una opción por cambiar las estructuras que la generan, lo que permite la convivencia con cualquier gobierno. El mismo entrevistado, remarca una distinción, habría una opción por los pobres, por esta no indiferencia, por el acompañamiento, que se manifiesta en curas villeros, comedores, bibliotecas, etc., pero no contra la pobreza, al no ir contra sus causas:

En la Iglesia argentina hay un acompañamiento claro, concreto y real a los pobres, espacios de iglesia muy jugados: curas villeros, comedores, bibliotecas. La pobreza no es indiferente para la Iglesia. Pero me parece no hay una opción por clarificar que la pobreza es algo maldito. Todavía me parece que está muy marcada por tomar la pobreza como una casi virtud, los elegidos de Dios, que es así, pero no ven esta distinción entre los pobres y la pobreza. No parece que haya una clara opción por cambiar las estructuras que generan pobreza, y de hecho se convive con cualquier gobierno de turno…Sí hay una opción por los pobres si querés, pero no contra la pobreza (V.P).

Como plantemos al describir la diversidad de perspectivas de la pobreza en el catolicismo, los católicos no niegan que se debe amar a los pobres, pero sí presentan divergencias de, cómo debe ser, o cómo debe expresarse ese amor. Es esto lo que “divide las aguas”, y marca líneas pastorales, estrategias políticas y metodologías pedagógicas (Pixley y Boff, 1986). Así, la diversidad de catolicismos se inscribirá en perspectivas diferentes en relación a pobres y pobreza (Mallimaci, 1996 y Ameigeiras, 2008).

En alguna de estas líneas, se presenta la distinción entre pobre y empobrecido, pobre tiene que ver con una situación provisoria, determinada por inclemencias climáticas, que arruinan cosechas, por desempleo transitorio, etc., en cambio en el empobrecimiento, la pobreza está determinada por otro, y esa determinación está asociada a la corrupción. El empobrecimiento no es una cuestión de un gobierno sino de un sistema, por eso, por más simpatía que tengan por un gobierno, los grupos que se guían por el evangelio y por las enseñanzas de Jesús no pueden legitimar las políticas que generan empobrecimiento, sino mostrar y ayudar a esos gobiernos a ver que la política prioritaria es hacia eso:

La pobreza no es una cuestión de un gobierno, es la cuestión de un sistema, vos no podés negar la pobreza o el empobrecimiento, por más que simpatices con el que está en el gobierno, entonces cuando vos hacés la opción por los pobres no importa el gobierno que esté, tenés que ser crítico, y que seas crítico de eso no implica un anti, te estoy diciendo en esto estás fallando, tenés que mejorar esto, porque yo no me como que bajamos la pobreza, sigue habiendo pobres, me entendés, ayer escuché el discurso de Cristina que EEUU bajó el desempleo de 3, 8 a 3,6, ¿eso es un logro?, bajar la pobreza de 10% a 9, 8% ¿es un logro?, yo siempre digo lo mismo, mientras haya un pobre en Argentina siempre va a haber un sistema corrupto, porque donde hay un pobre hay corrupción o como dice Sandro Gallazi, una cosa es ser pobre y otra ser empobrecido, pobre tiene que ser algo pasajero, fortuito, alguien que se le inundó el campo, que perdió la cosecha, circunstancialmente está sin empleo, porque a una mujer se le murió el marido, pero que otro determine tu pobreza, eso es corrupción y vos como integrante de un grupo que su primera línea de enseñanza es el evangelio y opté por los pobres como optó Jesús, vos no podés legitimar esa política, por más que te guste ese gobierno, al contrario, tenés que ayudar a ese gobierno, hacerle ver que la política prioritaria es hacia eso, es ahí donde se legitiman las políticas por parte de las iglesias, te estoy hablando de las iglesias porque en los últimos años, el evangelismo, el metodismo, etc., están haciendo lo mismo (D.G).

Falta de recursos, de educación formal, de poder, son problemáticas que enumera una de las especialistas para describir la pobreza, y subraya que hoy la educación formal es muy importante para las mujeres pobres de menos de 40 años, refiriéndose a la UNM y a la militancia joven que observó al participar de un evento, que ahí se realizó:

Sí, todo ayuda a ver la pobreza, la falta de recursos y de una educación formal, también de poder, eso lo valora mucho la gente…Hoy las mujeres más jóvenes de 40 años lo valoran mucho, eso me encanta. ¡La universidad! Yo el otro día fui a una charla a la que vino Sonia Sánchez. Hace mucho tiempo, hace como 18 años vino a una de las casas que teníamos nosotras, la fui a saludar, se acordaba y ahí estaba en medio de las chicas jóvenes, me sacaron una foto “las pibas”, yo sería la más grande… me preguntaron y me sacaron una foto (B.M).

Algunos especialistas también asocian a la pobreza, la injusticia, la asimetría y la desigualdad, y destacan que América Latina es construida sobre la injusticia y la asimetría de la dependencia; otros especialistas, en cambio, la asocian a la tragedia, la necesidad y al hacer mal las cosas como sociedad. En esta última perspectiva se hace referencia a la falta de respuestas estructurales, observándose que si generalmente hay en la sociedad rechazo a las políticas sociales paliativas más aún a las que generen cambios estructurales. En paralelo a esta lectura se plantea que la pobreza no se soluciona “de arriba hacia abajo”, son los que viven la pobreza los que saben cuáles son sus necesidades. De acuerdo a una de las entrevistadas, la revolución a la que apostaría Francisco sería precisamente esa apuesta a las bases, no implicando esto, para ella, romantizar la pobreza, sino reconocer la dignidad de las personas que viven la pobreza:

Entonces mirar la injusticia en América Latina y Dios en medio de esa experiencia…América Latina es construida sobre la injusticia y sobre la asimetría de la dependencia […] Sí, creo que es fuerte este movimiento que impulsa a los creyentes, y de última no importa si es bautizado o no, si es practicante, porque lo de las prácticas es compromiso por la igualdad y por la no injustica, es cierto que esto ocurre en medio de la disputa intensa entre dos potencias (S.C).
La pobreza es una tragedia, que alguien tenga que pasar necesidad, estamos haciendo muy mal todo como sociedad. Creo que hay distintos mecanismos, y hay muchas comodidades que hacen que nos hayamos quedado muy estáticos para dar respuestas estructurales. Creo que el consumismo nos ha atravesado tanto que cuesta salir de esa lógica de pensamiento. Creo que todavía no hacemos lo suficiente para dar respuestas a esas realidades. Las políticas sociales que buscan dar respuestas a eso acabadamente están condenadas de antemano porque son cosas que no se pueden ni pensar y que mediáticamente se fomenta ese tipo de rechazo. Si hay tanto rechazo a políticas paliativas, cuanto más a políticas que generen cambios estructurales. También creo que la pobreza no se soluciona de arriba para abajo, son necesarias políticas estructurales, pero la pobreza se soluciona de abajo para arriba y creo que ahí está también el respeto por la dignidad del otro. El que sabe cuál es su necesidad es la persona que está en el barrio que se está inundando, la persona que está en la toma […], son los docentes que están en las escuelas que no están en condiciones. La real revolución es la apuesta de Francisco a los pobres y a las bases, y eso no por romantizar la pobreza, que esa es una expresión de Scanone, uno de los formadores de Francisco, sino por reconocerles la dignidad a esas personas que socialmente se les quitó (B.R).

Si bien, B.R, utiliza la palabra “revolución” en relación al papado de Francisco, y subraya que en esa revolución apuesta a un cambio desde las bases, desde las mismas personas que viven las situaciones de pobreza, desde la centralidad de la dignidad de la persona, podemos suponer, desde lo analizado anteriormente, que Francisco marca más continuidades que “revoluciones”. Y que lo que la entrevistada describe podría ser una estrategia institucional que busca homogeneidad, para desde esa preocupación por los pobres, presentarse con más fuerza ante el liberalismo, su “enemigo” histórico (Mallimaci, 2018). B.R, miembro de la Pastoral Social, afirma también, que habría un sobre dimensionamiento o una sobre valoración del Estado. Para esta especialista el Estado tiene que dar respuestas, pero eso no es suficiente, pensar al Estado como garante de derechos, pondría en él toda la responsabilidad y limitaría la capacidad de las personas para auto responder a sus problemáticas. El cambio estructural se produciría por la toma de conciencia de cada uno sobre su situación:

También, eso desde mi formación profesional, creo que hay una sobrevaloración del Estado, creyendo que el Estado puede dar respuesta a todas las poblaciones que tiene que dar respuesta, no es que no las tenga que dar, pero no es suficiente. El Estado como garante de derechos creo que es una cosmovisión que resta para atrás, un montón y que limita a las personas en su propia capacidad de dar respuestas a las problemáticas. Creo que el Estado tiene que acompañar, pero la gente es la que sabe lo que necesita, lo que le hace falta, pero el cambio estructural va a pasar por la conciencia que tome cada uno de su situación, de su situación y de lo que necesite (B.R).

La perspectiva de esta entrevistada muestra una concepción arraigada en la cultura católica dominante a la que se han sumado otros grupos religiosos:

Con la finalidad de precisar la función del Estado, la cultura católica dominante, a la cual se han ido sumando los otros grupos religiosos, sostiene que la estructura estatal debe actuar en términos de subsidiariedad, esto es, garantizar primero la libre iniciativa de los particulares y organismos intermedios e intervenir solamente cuando ellos no la realicen adecuadamente y cuando se trate de una actividad orientada al bien común. Desde esta perspectiva, el Estado debería prescindir de intervenir mientras los individuos y las comunidades inferiores puedan valerse por sus propios medios (Mallimaci y Esquivel, 2014: 82).

Si bien la categoría pueblo no suele aparecer en los entrevistados más jóvenes, sí, pero ocasional y débilmente, en esta especialista de la Pastoral Social, quien reivindica el método ver /juzgar/ actuar, y se lo atribuye a la TC y a la DSI. Método que serviría para para reconocer que en la vida del otro está Dios, un Dios que quiere vivos a todos, más allá de sus circunstancias de vida, ahí se realiza el llamado personal o en la vida del pueblo:

El método latinoamericano, que viene un poco de la Teología del Pueblo, es ver, juzgar y actuar, que es parte de la Doctrina Social de la Iglesia que lo toma como método, entonces yo creo en esto del diálogo personal y de reconocer de que en la vida del otro está Dios y Dios nos quiere vivos, y en una vida plena, más allá de cualquier circunstancia que uno esté atravesando, pero no deja de ser vida y ahí cobra sentido o es el llamado personal y en la historia del pueblo (B.R).

Maletti afirma que para los cristianos hay tres tipos de pobreza, la que es fruto de la injusticia, la marginación, la corrupción y el acaparamiento de bienes por parte de unos pocos; la virtud de la pobreza, anticipo del reino de Dios, por la que optan religiosas y religiosos; y la pobreza evangélica, a la que están llamados a vivir todos los bautizados. La primera tiene que ser erradicada, la segunda y tercera anuncian el reino futuro, y paralelamente son denuncia profética para cambiar estructuras. Estos son para él desafíos asumidos por la diócesis desde su creación:

Porque para los cristianos la pobreza es una virtud, por eso hay tres tipos de pobreza, la pobreza fruto de la injusticia y la marginación, de la corrupción y del acaparamiento de bienes por unos pocos, que es la pobreza que no queremos, la pobreza que hay que erradicar, pero después está la pobreza virtud que hacen las religiosas y los religiosos, que hacen un voto que tiene un sentido jurídico, pero están llamados a vivirlo, no siempre lo hacen, como una virtud con un sentido teológico, ¿no? Y eso es anticipo del reino de Dios, virtud de la pobreza que es la virtud de compartir, más que no tener lo necesario para vivir, para vivir bien. Entonces anticipo del reino de Dios y por eso son signo del mundo futuro los religiosos y las religiosas en su vocación, ¿no? En todos los ítems de la vida religiosa, tanto contemplativa, como misionera, asistencial, etc., etc. y después hay otro tipo de pobreza que es la que tenemos que vivir todos los bautizados y que es ahí donde hacemos una gran incoherencia, ¿no? Una gran plurivalencia, y que es la pobreza evangélica. La pobreza que es desterrable, la pobreza de los consagrados y la pobreza evangélica que tenemos que vivir todos los cristianos, todos los católicos, todos los bautizados y esto es el gran desafío que asumió la diócesis de Merlo – Moreno con su primer obispo, que fue Fernando María Bargalló, que estuvo 15 años al frente de la diócesis […)]Porque la pobreza evangélica y la pobreza de los consagrados es una pobreza que anuncia el reino futuro, pero también la pobreza, enseña el magisterio de la Iglesia, es denuncia, denuncia por la forma de vida y también en lo profético de cómo cambiamos las estructuras (M.F).

El obispo analiza que los pobres están siempre presentes en los discursos eclesiales, pero no siempre en las prácticas, en esas prácticas suelen ser considerados como destinatarios de las acciones caritativas, pero no como protagonistas. También señala que el papa ha marcado una perspectiva de derechos, a la tierra, al techo y al trabajo (las tres T), que la pobreza enfrenta grandes desafíos: corrupción, narcotráfico, narco menudeo y descuido de la casa común, y que estos desafíos no asumidos, no cumplimentados, son los que provocan la pobreza:

En el discurso no, pero en la práctica sí […] Los pobres no son pasibles de acción caritativa, sino que tienen que ser protagonistas, ¿no? Y a partir también de salvar la coyuntura, pero la perspectiva de los derechos, como los ha señalado el papa, sobre todo a la tierra, el techo y el trabajo […] El gran problema es la pobreza, la pobreza en todos sus sentidos, no solo la sociológica, ¿no? Pero que se aterriza mucho en lo sociológico y que es un paraguas de tres grandes desafíos, uno es la corrupción, otro es el narcotráfico y el narco menudeo y el otro es el descuido de la casa común, esos tres grandes desafíos no cumplimentados y no asumidos provocan la pobreza, la pobreza que desterramos, ¿no? (M.F).

Las tres T, que Francisco desarrolló en encuentros mundiales de movimientos populares, como en sus visitas a Kenia, México, etc., y las que ya nos referimos, se erigieron rápidamente como ejes de su convocatoria a diversos movimientos sociales (Carbonelli y Giménez Béliveau, 2015):

La voz de Francisco denunciando al reino del dinero como pilar estructurante de las relaciones humanas y la reivindicación de un desarrollo sustentable con inclusión social, son recepcionadas por diversos sujetos sociales y políticos que sintonizan con esa mirada global, como un faro en la disputa por la definición de los principios que regulan nuestra vida en sociedad; y como un anclaje desde el cual potenciar sus estrategias de acumulación política y/o social cotidiana (Esquivel, 2017: 20).

Citamos en capítulos anteriores a G.G, quien cuestiona a Montoneros y al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), por ponerse a la vanguardia del pueblo y no estar en medio del pueblo. S.C, para diferenciar intervenciones en relación a la pobreza, subraya que la pedagogía de Jesús fue hacerse uno más, él no actuaba de arriba hacia abajo sino de abajo hacia arriba, se hacía uno con el otro. La pedagogía de Jesús era diferente al “ir” a verlo, a visitarlo, a darle, porque de esa manera siempre se está afuera, y no en medio de, esta es una caridad cercana a la beneficencia, a la filantropía. Y esa caridad marca una relación de asimetría, hay uno que “llena” y otro que al ser carente es “llenado”, sin embargo, de los pobres se aprende, son los que Dios más quiere. Observa también el entrevistado que la Iglesia, desde Constantino hasta el presente, sobre todo con la contra reforma, tiene una actitud de connivencia con el poder político, y con la concepción de que Dios es uno, rey y supremo, organizando todo de arriba hacia abajo:

Hay un redescubrimiento lo vivido por los pobres, Jesús fue uno de ellos, su pastoral, si se pudiera llamar así, es la de la opción por los pobres, toma toda una forma de pedagogía que es hacerse uno más, la encarnación es el misterio más importante del cristianismo, porque implica el modo que actúa Dios, no desde arriba hacia abajo sino a la inversa, actúa desde el otro y desde abajo para arriba y no hay más posibilidad de hacerse uno con el otro, no ir a verlo, ir a visitarlo, o ir a darle, porque siempre estoy afuera, sería esa caridad donde yo hago, a veces muy cerca de la beneficencia, de la filantropía. De última lo que plantea eso es una asimetría entre el que da y el que recibe, el que tiene y es y el otro que no es, es carenciado, por lo tanto, yo tengo que llenarlo, pero esa no es la actitud de Cristo, su actitud es otra totalmente. Y de los pobres se aprende y son los que Dios más quiere. Lo que pasa que en las estructuras de organización de la sociedad esto no está presente, la Iglesia desde Constantino hasta acá y sobre todo con la contra reforma, tiene una actitud de connivencia, de ser parte del poder político y de esa concepción de que Dios es uno y rey, es el supremo y donde todo se organiza de arriba hacia abajo a través de sus representantes visibles (S.C).

Uno de los sacerdotes entrevistados, a quien ya citamos (V.P), manifestó que la Iglesia es cercana a los pobres, pero desde la contención y el acompañamiento, no desde la afectación de sus causas. S.C, siguiendo esa argumentación, afirma que la línea de compromiso por la lucha, es más que la contención y el acompañamiento, y que en otro tiempo el eje fue la idea de justicia. Igualmente observa, que frente al dolor de alguien que viene y pide, surge esa idea de caridad. Como las formas que adquieren las intervenciones están íntimamente relacionadas a las líneas teológico pastorales, destaca otra línea pastoral, que ya describimos, que se preocupa y ocupa de acompañar la fe del pueblo, y acá establece una diferencia con los inicios de la TC. Así mismo, este entrevistado sostiene que antes (en los años 70) también se acompañaba la fe, pero no descomprometiéndose de lo socio político, estaba presente la formación crítica. La otra línea que destaca, vinculada a las intervenciones, es la sacramentalista y burocrática, que también ya presentamos, y a la que caracteriza como centrada en el sacerdote y en los sacramentos, ya que considera que son la tarea propia de la Iglesia, aunque en paralelo se suelan hacer obras de caridad:

Una línea es el compromiso por la lucha, que es más creo que es por la contención, el acompañamiento, en otro tiempo fue la idea de justicia. Lo que pasa que ante el dolor algo tenés que hacer, ante el que viene y me pide qué hago y surge esta idea que tiene que ver con la caridad. Otra línea más de acompañamiento de la fe popular, cuidar la fe del pueblo, a través de las fiestas, procesiones, encuentros. No es que si estás en una línea no estás en otras, ya no pone el acento tanto en obras, sino en el acompañamiento de la fe. En otro tiempo hacíamos eso, acompañar la fe, pero que al mismo tiempo sea una fe con conciencia y venía todo el tema de la formación, formación como formación crítica, conciencia crítica. Ahora se ha retomado el seminario de formación catequística, y hay algo en esta línea, pero es minúsculo. La otra línea es más sacramentalista y burocrática, centrada en el ministro y en entender que la tarea de la Iglesia es esa. Suelen hacer obras de caridad (S.C).

Aunque algunos de los entrevistados nombran líneas dentro del catolicismo, parecen ser múltiples las posibles combinaciones. Esta multiplicidad de perspectivas nos lleva a preguntarnos hasta dónde es posible hablar de una estrategia institucional que orienta actividades y trabajos, o si por el contrario dicha línea institucional constituye una referencia que da lugar a lecturas, perspectivas y apreciaciones sobre los pobres y la pobreza, a partir de las cuales especialistas intermedios elaboran sus propias estrategias de intervención en el territorio.

Estos entrevistados coinciden igualmente en marcar períodos diferentes con respecto a la prevalencia de esas líneas, subrayando el actual debilitamiento de la que cobró vigor en los años 70, y que ponía especial acento en las causas de la pobreza, en la necesidad de implicarse e involucrarse como Iglesia en lo político para incidir sobre las causas, asumiendo las consecuencias que ese posicionamiento podía aparejar.

3-Dimensiones que tensionan el campo

3.1-Perfil sacerdotal

Al incorporar y describir en esta investigación el concepto de Martínez (2013) de “especialistas religiosos intermedios”, sostuvimos que comprendemos a los sacerdotes como un tipo de especialistas intermedios, cuya diferencia con los demás especialistas intermedios está dada fundamentalmente por un capital específico que los posiciona de otra manera en el campo católico, la consagración de la eucaristía (el transformar pan y vino en el cuerpo y la sangre de Jesús), la confesión/reconciliación (perdón de los pecados para poder recibir la eucaristía), y los sacramentos, el “manejo de lo sagrado”. Observamos en el trabajo de campo que el perfil sacerdotal, su rol, las perspectivas y acentos que encarna, la relación con laicos y otros especialistas intermedios, es nudo de disputas y luchas, no referidas a su capital específico sino a como pone en juego el poder que ese capital le da para imponer sus líneas teológico pastorales. Así, esta tensión en cuanto al rol sacerdotal está estrechamente vinculada a las disputas y luchas entre las diferentes perspectivas, pareciendo tener las estrategias de los sacerdotes, un peso aún mayor que las del obispo, lo que no significa sea un rol autónomo ni disociado de lo institucional. Es en la formación de los sacerdotes en donde actúa fuertemente la impronta institucional, y las perspectivas hegemónicas que se imponen en esa formación van a ser las que busquen asegurar perfiles determinados en estos especialistas intermedios de gran gravitación en el campo católico. La aplicación del CVII implicó que la identidad del sacerdote, su papel en la sociedad y el diálogo de la Iglesia con la sociedad, se convirtieran en “nudos de disputa” importantes (Guiaquinta, 2009). Otros capitales comenzaban a tener peso en el campo católico, en algunos sacerdotes se desdibujaba la centralidad del “manejo de lo sagrado” (Martín, 2010) como capital a imponer en el campo. Sin embargo, en la actualidad este continúa marcando la hegemonía sacerdotal, lo que muestra la re institucionalización del rol (Trigo, 2005).

Una de las dimensiones consideradas es la formación en los seminarios, uno de los especialistas entrevistados distingue dos configuraciones, la primera, el seminario como estructura conventual que aparta “del mundo”, “del pueblo”, formando al futuro sacerdote como alguien que ha sido elegido para ser separado del mundo, concepción que da ciertas seguridades y construye de determinada manera a la persona y al rol que va a asumir. Y la segunda, como un seminario que forma no para aislar, sino para que el sacerdote se reconozca parte de un pueblo, y podemos agregar, al servicio de ese pueblo. Formación en la que el rol sacerdotal queda menos diferenciado del de otros agentes y genera incomodidades e inseguridades:

La formación de sacerdotes, de los seminaristas, la experiencia de esa época muy fuerte de curas que trabajan en los seminarios, es del seminario como convento, esa estructura de la edad media, de irse del mundo, es igual a: no, tengo que estar y ser parte de, porque Dios está en medio de su pueblo, Dios camina, y si la Iglesia es Pueblo de Dios en marcha, no soy elegido para sacarme, separarme del mundo, hay una nueva mirada que incomoda mucho y genera inseguridades (S.C).

Los “nutrientes”, tanto de laicos como de seminaristas, han variado de los años 70 a la actualidad. S.C, quien utiliza este término de “nutrientes”, expresa, que en esos años leían libros de teología y hacían cursos, y que, aunque le faltan algunos elementos, puede afirmar que también en los seminaristas esto ya no sucede. Las formaciones diferentes se observan claramente, para este entrevistado, en los sacerdotes de reciente ordenación, estos no quieren tener compromiso con lo social, tienen una formación más sacramentalistas que social y “no tienen carga ideológica”. Este tipo de formación es asociado a lo preconciliar:

No es cuestión de que unos son mejores y otros peores, qué han bebido, de qué se han nutrido, ¿no? Yo me he nutrido mucho, leíamos libros, teología, teníamos cursos. Hoy si hacen lo mismo es mínimo. Esto es arriesgado decirlo porque me faltan algunos elementos, ni aún en la formación sacerdotal, más allá de la opción que cada uno después quiera tomar (S.C).
Curas jóvenes formados de otra forma, no quieren compromiso en lo social (…) algunas veces hemos discutido con los curas, digo discutido en el buen sentido, cuando nos sentamos a charlar así, el tema de la formación, la formación sigue siendo prácticamente pre conciliar en muchas diócesis y ellos mismos reconocen, más bien con una estructura más sacramentalista que social y también está el tema de la parroquia, tienen más tareas administrativas que acompañar una pastoral determinada…y el cura no se involucra en esas cuestiones, a lo sumo te pone un comedor o hace que un grupo de personas ponga un comedor pero él no se hace cargo (D.G).
Hay un grupo de curas con mucho compromiso, y otros que tienen también compromiso, pero no tienen la carga ideológica, por decirlo de alguna manera, ese bagaje ideológico, ante la necesidad buscan dar respuesta, pero sin ese bagaje detrás (E.O).

Incluso uno de los sacerdotes entrevistados, plantea que ya se ingresa al seminario con motivaciones distintas a las de los años 70, antes se quería ser cura para transformar la realidad, y recuerda que ya en el seminario empezaban a pelear los acentos, cuestión que también era posible por la cantidad de seminaristas. Así mismo, afirma que hoy, en cambio, son pocos y se adaptan a la formación del seminario, que se forman prolijos, aniñados y con cierta tensión a aburguesarse:

Antes se quería ser cura para transformar la realidad, en el seminario ya empezábamos a pelear los acentos, éramos muchos y permitía esto. Hoy son cuatro, se adaptan a la formación del seminario. Se forman curas prolijitos y aniñados, con cierta tensión a aburguesarse (O.J).

Estos seminarios en los que se forman sacerdotes, con poco vínculo con “lo social”, no están influidos solo por procesos internos de la Iglesia, sino micro y macro sociales, signados por la desmovilización general, los jóvenes que ingresan, que quieren ser sacerdotes, como planteó O.J, no necesariamente quieren transformar la realidad socio política:

Y con los curas más o menos lo mismo, también poco jugados. Pero eso también tiene que ver con que hay una desmovilización muy grande, creo que general, pero también en la Iglesia (V.P).

También el obispo, analiza la formación en los seminarios, y las líneas y perspectivas teológico pastorales presentes en los sacerdotes, nombrado a varios Seminarios como referentes y emblemáticos de esa diversidad:

No, quizás en la diócesis hay distintas raíces de formación, porque vienen, los sacerdotes se han formado en distintas casas de formación si son religiosos o en distintos seminarios si son diocesanos y eso también da una impronta, no es lo mismo el seminario de Devoto que el de la Plata, que el seminario de Córdoba, de Santa Fe o el de Rosario, de donde provienen, o el de Mendoza, muchos de nuestros seminaristas y lo mismo las casas de formación, no es lo mismo la formación que daba el CEFIT (Centro de Estudios Filosóficos y Teológicos) de Córdoba, que reunía muchas congregaciones en una tonalidad de teología de la historia, teología de la liberación y que en un seminario más clásico que podía haber en la misma arquidiócesis y lo mismo acá en el Gran Buenos Aires, no es lo mismo la formación que podía dar la Escuela de Teología del Máximo de los jesuitas en San Miguel, que la escuela de teología de los dominicos allá en Defensa y Belgrano, en el viejo convento Santo Domingo (M.F).

Los futuros sacerdotes ingresan a los Seminarios inscriptos en trayectorias previas, personales y sociales, con diferentes motivaciones y significaciones en relación al rol sacerdotal. La formación que reciben, la vinculada a la teología, la filosofía, etc.; pero también, la relacionada al rol sacerdotal, a su relación con otros actores del campo, con otros campos, etc., marca una impronta importante en esas trayectorias que los condujeron al ingreso a los seminarios y en sus trayectorias posteriores, en su constitución como agentes de este campo, y en las estrategias que desplegarán siendo sacerdotes. Dimensiones consideradas por Esquivel (2004) cuando analiza los perfiles de los obispos argentinos.

Para Maletti, más allá de las diferencias que imprime la formación en los Seminarios, la realidad de la diócesis también gravita y se pone en juego con esas formaciones. Para él, en el caso de Merlo–Moreno, es tanto lo que los sacerdotes tienen por hacer, que se “aguan” respondiendo a las demandas de la gente, y esa demanda es caracterizada como demanda de acompañamiento, escucha, grupos de oración y acompañamiento de la realidad. Volvemos así a lo planteado por Trigo (2005), a la interrelación, de las trasformaciones epocales, los perfiles de “oferta” y los perfiles de “demanda”:

Sí, de todos modos, en esta diócesis es tanto lo que hay que hacer desde nuestra misión específica sacerdotal que bueno, gracias a Dios, nos aguamos en el servicio directo a la gente, ¿no? En esa demanda que la gente tiene de que los acompañemos, los escuchemos, hagamos con ellos grupos de oración, que podamos tener con ellos también grupos de estudio sobre la realidad (M.F).

Las diversas líneas y estrategias pueden dialogar o no con la pobreza del territorio, de hacerlo hay que analizar cómo se configura y resuelve ese diálogo en cada sacerdote y cómo se expresa en prioridades, participaciones, acciones, actividades y acentos. En palabras del obispo ese diálogo, esas prioridades, etc. se dan en el “servicio directo”, servició que parece influir en la disolución de acentos.

Otra cuestión que destacan los entrevistados es el “personalismo” de los sacerdotes, que al ocupar ese rol buscan imponerse: “soy el cura”, y reforzar su posición en la jerarquía eclesial y principalmente en la iglesia local. Si bien se hace referencia al sacerdote como el que acompaña a la comunidad, también como el que decide y controla. A esto se lo denomina “personalismo” y se lo asocia directamente al poder, al reconocimiento, a la obediencia y al status:

El tema de la formación de los curitas jóvenes es algo que todavía hay que ajustar. Todos los curitas nuevos no son iguales, pero algunos que he visto no me gustaron mucho. Y hay un tema también, cuando se sienten curas cambian: soy el cura. Y eso no puede ser, otro tema similar puede pasar con los diáconos, y es un tema que se trabaja mucho, porque si no lo que es un servicio se convierte en cositas acá (se señala el hombro) (A.A).
El sacerdote acompaña, decide y controla (P.M).
Ese personalismo tiene que ver con el poder, traduciéndolo en crudo tiene que ver con el poder y del poder sacas varias flechitas, reconocimiento, obediencia, status […] Presente está no sé si con la misma fuerza, muy poco, la verdad que se lo come el personalismo, levanta una bandera que en el territorio. Y les decís: para llegar a Medellín te faltan kilómetros (risas) y para empoderar la bandera de la opción de opción por los pobres también (M.M).

Este “personalismo” está relacionado también al “clericalismo”, el actual obispo reconoce la gravitación del clericalismo y observa que, si bien está presente en curas y obispos, también en los laicos. Consideramos que esta dimensión tiene dos caras que se retroalimentan, por un lado, la Iglesia ha impulsado vigorosamente la centralidad del sacerdote en la institución y formado al laicado en el reconocimiento de esa centralidad, de ese poder; y por otro, ese laicado, sostiene el clericalismo. Lo que dice el “padre” se hace, esta actitud avala un capital, un saber y una posición, y al ser los sacerdotes exclusivamente varones, es un capital, un saber y una posición que, social y eclesialmente, se le reconoce a los varones:

El clericalismo: lo que dice el padre, lo dijo el padre, entonces no importa cuál es la postura: el padre dijo, y ya está. Es un tema difícil y se retro alimenta porque a veces tenés curas que les viene bien así, que hagan lo que él les diga (A.A).
Bueno, quiero decirte, el clericalismo de los curas, de los obispos, pero también el clericalismo de los laicos. Tenés el Consejo Pastoral Diocesano, donde el 80% son laicos, de esas 20 personas, y el resto somos el obispo, curas y alguna religiosa. Y digamos siempre es como a ver lo que deciden los curas, lo que decide el obispo, es como un protagonismo que hay que ir trabajándolo mucho (M.F).
También tienen que acompañar, es importante que la gente vea un cura afuera, revestido, hay mucha necesidad, siempre que los ven se acercan para que los bendigan (C.C).

Así, señalamos nuevamente esta tensión entre los especialistas de lo sagrado, el rol que reivindican y las transformaciones del campo, entre las cuales está la mayor autonomía, la mayor circulación de saberes (Ludueña, 2014), y una diversidad de especialistas que también reconfiguran las estrategias institucionales y producen otras significaciones y sentidos. Pero, igualmente, y quizás, más aún ante estas transformaciones los sacerdotes buscan legitimar distancias sociales para que la producción y reproducción de “oposiciones” aparezca como “real” y “natural” (Paucovich, 2008). La institución desarrolla estrategias para reforzar esta naturalización, sin embargo, cada vez menos agentes son parte de esta naturalización de oposiciones y distancias. El monopolio en la producción de estos bienes genera malestares y tensiones en el campo. Malestares y tensiones que, en las últimas décadas, han sido expresados por mujeres, y visibilizados especialmente por teólogas. Algunas de las cuales (Luccetti Bingemer, 2018; Gebara, 2018) plantean que no necesariamente la mujer disputa el ministerio sacerdotal, cuestión que tendería a reproducir su modelo histórico y masculino, que sí es necesario abrir posibilidades para pensar nuevas formas de ser Iglesia, nuevos ministerios, nuevos servicios, y fundamentalmente un nuevo lugar para la mujer. Nuevo lugar ligado también a pensar a la mujer como productora de bienes simbólicos y no consumidora pasiva de esos bienes (Luccetti Bingemer, 2018).

Otra problemática que fortalece la centralidad sacerdotal e influye en el ejercicio de las funciones del obispo es la escasez de sacerdotes, la necesidad de tener presencia territorial, hacerse cargo de parroquias, capillas y actividades pastorales propias, y no contar con los sacerdotes necesarios. Cuestión que incide a la hora de recibir congregaciones religiosas en la diócesis, tema ya planteado por una entrevistada y reforzado por otra que sostiene que el obispo recibe a “cualquiera” que genere cierto movimiento. Al decir “cualquiera” se refiere a que no importa la perspectiva teológico pastoral que la congregación o el sacerdote encarnen, también en algunas oportunidades se ha autorizado a que los consejos parroquiales se hagan cargo de las actividades de una parroquia en la que no hay sacerdote. Un entrevistado recuerda que el obispo le dijo que “se hace lo que se puede con lo que se tiene”:

Maletti tiene más habilidad para traer curas, porque hubo un momento en la diócesis que éramos 35 parroquias y llegamos a tener 5 parroquias sin párroco, pero se funcionaba con los consejos de pastoral parroquial, o sea él confiaba en los laicos, religiosas. Maletti en eso consiguió, no sé, de otras diócesis (A.A).
El obispo recibe a cualquiera que genere cierto movimiento en la diócesis (Z.N).
Yo creo que Maletti es un tipo muy amplio: vengan todos, hacemos una bolsa de gatos acá y después vamos, es lindo eso, pero nuestra praxis, nuestra formación y nuestra práctica religiosa encarnada en el Pueblo de Dios, no… éramos más si querés, más nestoristas que kristinistas, más radicalizados (S.C).
Pero por ahí siguiendo en la línea del tema pobreza yo no tengo ninguna duda, que, dentro de la diócesis, más allá de las líneas conservadoras, o las estructuras que te transmiten alguna rigidez es muy elástica la cuestión de puedo hacer, puedo trabajar en lo social en distintos ámbitos y vas a tener en ese sentido la venia del obispo que en ese sentido es muy abierto, es muy abierto (D.G).
Ahora no estoy militando en Guadalupe… una vez le pregunté a Maletti, por qué pusieron a este último cura en Guadalupe, y me dijo: mira se hace lo que se puede con lo que se tiene (G.G).

El número de sacerdotes tiende mundialmente a disminuir, en muchos países y regiones hay muy pocos en relación a los fieles católicos, y a los fieles que aún son parte o se relacionan con lo eclesial. Esta escasez de sacerdotes suele ser presentada institucionalmente de manera tal que se los crea indispensables, buscando que esto los legitime en el campo. Pero, por otro, dicha escasez ha posibilitado que algunas de esas regiones varones casados, religiosas y laicas, hayan ido ocupando espacios reservados al sacerdote, lo que abre algunas esperanzas de cambio. Igualmente, la consagración eucarística no es parte de las posibilidades que se abren a las mujeres, y tampoco a los varones no célibes. Planteos que se expresaron en el Sínodo para la Amazonía[11], en 2019, pero que no han generado ningún cambio significativo.

En los comienzos de la diócesis, cuando sí se identificaban más claramente las tensiones de la convivencia de perspectivas diferentes, el obispo estaba implicado como tal en conciliar esas diferencias, en mediar y armonizar:

Bargalló intentaba ser muy cercano a la gente, unos curas que se radicalizan para un lado, otros para otro, él se mantenía ahí, tratando de mediar, de armonizar, yo creo que hizo un trabajo muy bueno, porque a mí me parece, incluso lo que hizo fue cruces (A.A).
Bargalló, al ver la diversidad de la diócesis, que era pesada no sabía cómo manejarla, no sabía qué hacer, buscaba a Pepe, lo lleva a la catedral y trató de usarlo políticamente (L.P).

Pese a que gran parte de los entrevistados valoran y ven de manera positiva las pastorales de Bargalló y de Maletti y resaltan su cercanía a los pobres, también destacan otra cuestión que nos sirve para continuar analizando la centralidad sacerdotal. Ante diferentes problemáticas, disyuntivas pastorales, etc., la última palabra la tiene el obispo o se la reconoce a los sacerdotes, y las voces de religiosas, religiosos y laicos son secundarias, acalladas o ignoradas: “El obispo pese a ser cercano a los pobres, la última palabra siempre la tiene él o se la da a los curas, ni a religiosas, ni a laicos” (Z.N).

Hicimos referencia a la afirmación de un entrevistado: “se puede ser progresista y sacramentalista”, con otras palabras, emerge nuevamente esta cuestión. Al hacer el paralelo con esa afirmación podemos decir: “un obispo puede ser cercano a los pobres, pero esto no implica que quite peso a la figura del sacerdote”. Al debilitarse la línea que pone el acento en las causas de la pobreza, también pierde centralidad la Iglesia concebida como “Pueblo de Dios”, concepción nacida del CVII y Medellín, para volver a la centralidad del sacerdote.

3.2-Perfiles de religiosos y laicos, vínculos con lo socio político

La tensión religión – socio política es histórica en la Iglesia católica, en esa historicidad se han presentado resoluciones diversas, en las que estas esferas han estado más o menos ligadas/desligadas. Cuando perspectivas, líneas, movimientos o grupos intensifican los vínculos religión – política suelen generarse conflictos y luchas. Pero principalmente cuando se acentúa ese vínculo con la política entendida como involucramiento con reivindicaciones y luchas por los derechos humanos, involucramientos que, en no pocas ocasiones, han favorecido el acercamiento a opciones político partidarias.

Tal como hemos analizado, el CVII y posteriormente Medellín trabajaron poniendo énfasis, de múltiples maneras, en ese vínculo. Por ejemplo, la TL fue acusada posteriormente por el mismo Vaticano de poner demasiado o todo su acento en lo político (de Aquino Junior, 1987). En la diócesis de Merlo – Moreno observamos también es está una dimensión que tensiona el campo católico.

En los dos períodos en que analizamos la diócesis: “Entre el Concilio Vaticano II y el fin de la dictadura del 76” y “El retorno de la democracia y la creación de la diócesis”, como en el punto “Del reino celestial al conflicto interno y territorial”, abordamos estos vínculos y sus tensiones, afirmamos ahora que, en la actualidad también continúa siendo motivo de disputa.

Para los católicos militantes en los años 70 no se puede hablar de fe sin política, sino esa fe sería un espiritualismo (Boff, 1989). La fe debe encarnarse y al hacerlo no puede comprenderse sin su vínculo con lo político y con la política:

No se puede hablar de fe sin política, la fe no es espiritualismo sino algo que se encarna (…) Capaz que hay un temor a mezclar la visión religiosa con la política, yo creo que se implican mutuamente, no hay una cosa sin la otra, Jesús es tremendamente político y tremendamente religioso, por eso le fue como le fue (S.C).
Al encarnar el mensaje de Cristo, entonces la dimensión política era una dimensión más (C.C).

Uno de los entrevistados manifiesta que hoy la política dentro de la Iglesia es más feroz que en lo partidario, y que esas disputas políticas al interior de la institución están más marcadas por lo “K y anti K”, que por lo religioso. Sin embargo, al plantearle este tema a uno de los sacerdotes entrevistados, este observa que el tema político no aparece, que ojalá se diera esa tensión, que lo político no es tema de agenda. Y pone como ejemplo, que el decanato del que forma parte es el único en la diócesis en el que se propusieron comenzar a reunirse para hablar de política, y pese a ello, cuesta mucho hacerlo y avanzar en esa línea:

La política para mi es igual dentro del mundo partidario que dentro del mundo de la Iglesia y en esta más feroz […] hoy más marcada por K y anti K, no por lo religioso (D.G).
¿Tensión pastoral o partidaria? Yo no lo veo, lo venimos como reflexionando, incluso en este decanato desde el año pasado empezamos a juntarnos, somos 10 u 11 curas, para hablar de política. Este es un decanato muy particular, porque no se da en otros lados, pero así y todo estamos como remando esa huella. El tema político no aparece, ojalá estuviera esa tensión, no es un tema de agenda (V.P).

Se señala la tendencia a la “despolitización”, otro de los entrevistados afirma que la tensión más que por lo político partidario está marcada por “lo populista o gorila”, que la segunda opción es la línea ganadora y que la otra evita la confrontación:

Coincido con que está muy despolitizado, me parece que la cosa se juega mucho más amplia que la opción político partidaria, me parece que va más por, no usado peyorativamente, por lo populista o gorila, eso sí está presente y como que esta ala es la ganadora, y la otra: no queremos confrontación, no queremos conflicto y menos en un ámbito de Iglesia (C.C).

Otro especialista observa que muchos católicos asocian lo que llaman política a algo casi injurioso, como si hubiera hecho un daño profundo a lo religioso, y que, además, algunas personas, desde lo institucional, abrevan para esto, cuando históricamente lo religioso nunca ha estado desligado de lo político.

Exactamente tienen ese antídoto con la política, con lo que llaman la política, como una expresión casi injuriosa, como si eso hubiera hecho mucho daño a lo religioso en aquella época…y de alguna manera muchas personas que hoy están en lo institucional abrevan un poco en eso (E.O).

En las comunidades la política parece asociada a una “cosa rara o fea” y a intereses personales. El sacerdote que hace este señalamiento pone la imagen de la tierra dura, como la de Santiago del Estero, en la que hay que remover mucho para que brote la participación y se vaya perdiendo el miedo a vivir la fe así:

La palabra política está tan manoseada y tan poco valorada que te cuesta a veces. Acá por ahí participamos y nos interesa, pero uno lo dice en las comunidades y no… más bien es como una cosa rara o fea, ¿no? En el Gran Buenos Aires la gente en los barrios alguien empieza a hacer algo y dice: ah, lo está haciendo por política, y lejos de estar diciendo lo que debería estar diciendo esa frase: lo está haciendo para un cambio, para transformar para bien, no lo está haciendo por un interés personal, la política está identificada con un interés personal […] Yo lo que siento es que hay que roturar mucho la tierra que está dura como la de Santiago del Estero, hay que remover mucho y de apoco van apareciendo brotes de participación o de perderle el miedo a vivir la fe así (vinculada a lo político) (V.P).

Planteamos ya que, históricamente la Iglesia en Argentina ha desplegado diversidad de estrategias para integrar lo religioso a lo socio político, para “penetrar” desde lo religioso todas las esferas del campo social, para catolizar al Estado, a la sociedad civil e incidir así en las políticas públicas (Mallimaci, 1988a; Esquivel, 2009; Ceva, 2012). Estas estrategias no han sido exclusivamente institucionales, sino que especialistas de diversidad de catolicismos, unidos por esta matriz integral (Mallimaci, 1888b; Dominella, 2015), también han generado estrategias desde esta perspectiva y con objetivos similares. Nos preguntamos entonces cómo paralelamente a dichas perspectivas y estrategias dominantes, numerosos especialistas y agentes, y centralmente los más vinculados a lo institucional, muestran este tipo de perspectivas en las que lo político no es relevante o es considerado “mala palabra”. Si bien no tenemos una respuesta, suponemos que estas perspectivas no es que abogan por la escisión de lo religioso y lo político, sino, que, por el contrario, comprenden lo religioso como superior a lo político, y lo político supeditado a lo religioso.

El mismo entrevistado (V.P) que usa esta imagen de la tierra dura para referirse a las comunidades, a los laicos, es el que observó dificultades similares entre los sacerdotes del decanato que decidió reunirse a hablar de política. Así, para hablar de las comunidades también se sirvió de una imagen vinculada a la tierra: “pero así y todo estamos como remando esa huella”, cuestión que muestra claramente, que tanto en sacerdotes como en laicos se presentan situaciones similares. Si bien son múltiples las variables que pueden incidir en estas configuraciones y representaciones, y teniendo en cuenta también la repuesta provisoria, de que numerosos especialistas supeditarían lo político a lo religioso, retomamos uno de los planteos de este especialista: “hay que remover mucho y de apoco van apareciendo brotes de participación o de perderle el miedo a vivir la fe así” (vinculada a la política). Observamos que la palabra “miedo” es una palabra que emergió reiteradamente en los entrevistados que participaron en los años 70, militantes que vincularon en sus experiencias y prácticas la fe, lo social y lo político, y que vivieron la persecución y las desapariciones. Otra entrevistada plantea que el mismo Evangelio es político y que desde esa politicidad del Evangelio, nacen las “confusiones”. Señala que el temor de los feligreses viene cuando los sacerdotes se identifican con lo partidario:

Hay muchos sacerdotes que sí se identifican con lo partidario y ahí viene el temor del feligrés: está haciendo política. Y en realidad está haciendo partidismo, y en realidad habría que poder sentarse con el sacerdote y decirle, pero si vas por el lado del Evangelio se confunde mucho con lo que te demanda el Evangelio de ser profeta, el profeta anuncia y denuncia, y es bíblico (L.P.C).

De acuerdo a una de las especialistas, al no haber espacio en la Iglesia para la participación política desde la fe, cuando un joven quiere vivir esa dimensión se lo trata de enmarcar en el trabajo pastoral tradicional, la catequesis, la misión o la consagración religiosa:

Nuestros jóvenes que no tienen formación en la Doctrina Social de la Iglesia el joven que es ansioso y que tiene ganas de vivir te lo termina captando la militancia de algún partido político, porque no hay espacio para eso en la Iglesia, porque no se lo permite la Iglesia, pero no se lo permite la Iglesia toda, no es el cura ni el obispo, porque cuando un joven quiere vivir la Doctrina Social de la Iglesia en su comunidad está avasallado por los adultos que están en el lugar, entonces o tenés que ser catequista, o tenés que ser misionero, o tenés que ser religioso: no me vengas con política acá, entonces cómo vive (M.M).

Precisamente al preguntarle a un joven integrante del equipo de la Pastoral Misionera por los vínculos de los misioneros con lo social y político afirmó desconocer relaciones con lo político, pero que sí las tienen con lo social, poniendo el ejemplo del tejido de cuadrados para confeccionar frazadas para personas que las necesitan. Así mismo, otro entrevistado señaló que si bien en Merlo, la actual gestión permite el involucramiento de la Iglesia en espacios locales, la Iglesia no tiene cuadros directamente ligados a lo institucional para hacerlo. Lo que no implica que no haya agentes que vinculen lo religioso y lo político y también participen en lo político desde lo religioso, y/o en lo religioso desde lo político, como por ejemplo los “Misioneros de Francisco” (Carbonelli y Giménez Béliveau, 2015).

Los grupos misioneros trabajan en cuanto a las necesidades sociales, no sé con lo político, por ejemplo, hay un grupo que es del lado de Libertad, que junto con la comunidad tejen cuadrados de 20 por 20cm para entre todos hacer frazadas para las familias que más necesitan (C.C.M).
Cuando empezó Menéndez se crearon algunos espacios, Servicio Local de Niñez, Género, la Iglesia siempre es convocada, está gestión tienen muy presente a la Iglesia. Incluso Menéndez es explícitamente católico, tiene buena relación con el obispo y con el papa Francisco. Lo que pasa que la Iglesia no cuenta con demasiados cuadros y por otro se habían ido desdibujando esos espacios (V.P).

En el capítulo II sostuvimos que los laicos se definen por el no manejo de lo sagrado, por la oposición con los agentes que sí lo manejan, pero también por los capitales que han acumulado en otros campos y ponen en juego en el católico. El campo político es el principal campo en el que pueden acumular capitales con peso en el campo católico, pero estos capitales son desestimados en los ámbitos parroquiales e institucionales, por lo que los especialistas los ponen en juego en otros espacios. Pero igualmente inciden y tensionan el campo, ya que el vínculo religioso/eclesial con lo político no se ha diluido, sino que se va transformando y reconfigurado (Esquivel, 2009).

Al referirnos a los obispos de la diócesis y a sus pastorales, destacamos las relaciones, tanto de Bargalló como de Maletti, con problemáticas socio políticas, involucramientos que no solo le trajeron conflictos con actores de la esfera política sino al interior de la propia Iglesia local. Maletti expresa que ante una determinada pastoral o un gesto con alguien de la política o de lo gremial se presentan reacciones en contra y reacciones a favor. Una especialista pone de ejemplo la misa por el aniversario de la muerte de Santiago Maldonado[12] y la presencia en la misma de la ex presidenta Cristina Fernández:

Por ejemplo, yo doy una pastoral o hago un gesto con fulano de tal de la política o de lo gremial y enseguida tengo gente que le gustó y gente que no le gustó, de mis fieles, lo lindo de todo esto es que todos me lo dicen con mucha confianza y eso es un gran valor de esta diócesis, que hay mucho respeto por el obispo, pero el respeto que vale la pena, que todo el mundo larga lo que siente, lo que piensa (Mons. Maletti).
Vino Cristina, una vez a la parroquia de La Merced, debe ser…, ahora no me acuerdo…, la misa era por este chico del sur (Santiago Maldonado), apareció de golpe, el obispo recibió quejas, otros se enojaron, y una mujer, que había muerto una hija en el accidente, ese terrible, de tren, de Once, la enfrentó, fue una situación difícil. El obispo, Fernando, lo encaró, lo habló, dijo: yo, disculpen, a mí me avisaron hace una hora que venía, disculpen si alguno se sintió ofendido o algo (A.A).

Observamos entonces, desde diferentes actores y perspectivas, el vínculo fe – política. En esta diócesis los obispos han relacionado generalmente ambas esferas, enfrentando las problemáticas aparejadas y, sin embargo, en algunos sacerdotes y laicos hay resistencias a ello. Situación enmarcada en el pontificado de Francisco, quien impulsa la participación en lo socio político, los movimientos sociales, etc. (Carbonelli y Giménez Béliveau, 2015), expresándolo, tanto en homilías como en declaraciones y encíclicas. Cuestión que coincide también con el fortalecimiento de dicho vínculo en el país, donde lo político alimenta la relación con lo religioso, y donde, en palabras de un entrevistado, la política se sirvió, y se sigue sirviendo, de lo religioso. Lo que este ejemplifica con la firma del Pacto de Padua. Del mismo modo, considera que hoy más que nunca la religión influye en la política:

La política se sirvió y se sigue sirviendo de la cuestión religiosa, mucho mensaje mesiánico… Hoy más que nunca la religión está influyendo en la política […] El Pacto de Padua está desactivado, ahí es cuando la política usa a la religión (D.G).

Esquivel (2017) aporta más elementos para comprender esta relación, observando que la designación de Bergoglio como papa “reactualizó y diseminó un repertorio de prácticas y discursos arraigados en la cultura política argentina que integra, más que escinde, las dimensiones políticas y religiosas” (p.14). Y en un trabajo conjunto con Mallimaci (Mallimaci y Esquivel 2014), se refieren a una matriz conceptual que integra lo popular y lo católico, una matriz que implica una simbiosis político-religiosa y la marcada disposición de los actores políticos por no disociar ambas esferas.

Resaltamos en el análisis los espacios parroquiales y sus resistencias y restricciones a la participación política, e inicialmente, en este punto, retomamos la perspectiva de los militantes católicos de los años 70 en los que no se puede separar fe y política. Uno de los entrevistados afirma que personas cercanas a líneas de justicia social, hoy no están en las parroquias: “Se diluye vínculo fe – política, con líneas más cercanas a la justicia social, personas cercanas a esta postura hoy no están en las parroquias” (S.C).

El obispo, siguiendo el magisterio de la Iglesia, reafirma que todos los bautizados laicos tienen que, de acuerdo a su vocación, participar en política, pero también reconoce, esto que han manifestado especialistas intermedios, al interior de la Iglesia, en sus internas, la política es mala palabra. Así, plantea que, si los católicos ven deficiencias y escándalos en la política, también los hay en la Iglesia, pudiendo ser ella mala palabra. Y que los laicos que participan en política tendrían que transformar esa imagen que de ella hay en la Iglesia y “refundar la política”:

Yo hoy en lo personal estoy convencido que todos los bautizados laicos tienen que actuar en política, todos los que tienen vocación tienen que participar en política, tienen que transformar esto que hay en la interna de la Iglesia de que la política es mala palabra. Porque si también vemos todo lo deficiente, todos los escándalos, también podemos tomar que la Iglesia sea mala palabra. Tenemos que refundar la política (M.F).

El papa Francisco “seduce” a sectores no católicos, la encíclica Laudato si, es más visibilizada por grupos políticos y sindicales que religiosos. Algunos de los cuales se reúnen en el obispado a leer textos del papa. Para Maletti, aunque reciba cuestionamientos por estas relaciones, la Iglesia pide eso, una apertura que no significa “casarse” con los modelos que proponen estos actores, sino ser fermento en la masa, y en paralelo, seguir con lo habitual, Liga de Madres, Legión de María, con un modelo de Iglesia que también muestra sus defectos:

Están seducidos por el papa Francisco, por ejemplo, la Laudato si y la figura de Francisco, los que más los visibilizan no somos los católicos, son estos grupos […] Todo el año pasado fue leer textos del papa Francisco, hay troquistas, hay comunistas, hay militantes grosos que vienen y te cortan una calle y todo el mundo los re putea y están acá. A mí me han cuestionado eso, yo digo hoy la Iglesia nos pide eso, que tengamos una apertura, eso no significa casarse, casarnos con el modelo que proponen, pero de algún modo ser fermento en la masa implica también eso. Sin descuidar lo habitual y que las señoras de la Liga de Madres sigan haciéndolo, y las de la Legión de María sigan yendo casa por casa, pero viviendo un estilo, un modelo de Iglesia que muestre también sus defectos (M.F).

Retomamos dos expresiones del obispo “seducción” y “fermento en la masa”, ambas nos remiten a un trabajo de Esquivel (2017), en el que afirma que la Laudato si es recepcionada en diversos sujetos sociales y políticos que sintonizan con esa mirada global, “como un faro en la disputa por la definición de los principios que regulan la vida en sociedad; y como un anclaje desde el cual potenciar sus estrategias de acumulación política y/o social cotidiana” (p.20). Este autor también observa:

La Encíclica entra a tallar y encuentra no solo una fundamentación discursiva, sino también un intersticio desde el cual relegitimar el lugar del catolicismo en el espacio social contemporáneo. Desde un abordaje holístico, no escinde sino unifica los tres pilares que dan cuenta de un desarrollo sustentable: el económico, el social y el ambiental (p.17).

Así, la Laudato si, en esta “seducción” de diversos sujetos sociales y políticos, se convierte en una estrategia institucional que busca relegitimar al catolicismo en el espacio social contemporáneo, reposicionarlo desde su mirada integral, vincular lo religioso a lo social y a lo político, que sea “fermento en la masa” (Pérez Esquivel, 2018; Rauber, 2018). Esta idea/imagen de “fermento en la masa”, muestra claramente expresiones de la matriz integral, un catolicismo que penetra todas las esferas, a través de estructuras, pero también de agentes.

Sin embargo, en las comunidades católicas suele ser escasa la convocatoria para la realización de talleres sobre la Laudato si, contrariamente, especialistas de la diócesis tienen la experiencia de haber ido a ofrecerlos a organizaciones barriales “ateas y comunistas” y que estas ya la hubieran leído:

El mandato específico que tenemos del obispo es generar espacios de formación y en eso venimos trabajando. Desde la mirada de la Iglesia en salida fuimos buscando hacer talleres de Laudato Sí en distintas comunidades, nos fue medianamente bien […] y va el que le interesa, la verdad que participa poca gente, van 10 con suerte y estamos haciendo todos así, es muy difícil generar un interés en alguien que no lo tiene, y ya nos dimos cuenta que llevando este taller no es la manera” […] A nosotros nos pasó que gente de una organización barrial, atea, comunista, la leyeron mucho antes que nosotros. Fuimos a ofrecer un taller y nos dijeron: ah sí hace seis meses la estamos estudiando (B.R).

El obispo suma otros elementos al análisis de la relación con estos sectores, encuentra en no católicos y militantes respeto por él y “un cariño por la Iglesia, por cierto, estilo de Iglesia”. Desde su perspectiva, estos sectores valoran la fe y como parte de este respeto y de esta valoración no sacan el tema y debate de la legalización del aborto en las reuniones, cuestión resaltada también por otra especialista:

Yo voy, pero no siempre porque los muchachos ven al obispo y se cohíben porque me tienen mucho respeto. Yo encuentro en la gente no católica y en los militantes, un cariño por la Iglesia, por cierto, estilo de Iglesia. Es algo impresionante, valoran mucho la fe. La mayoría son abortistas, pero el tema no lo sacan acá, no lo sacan acá adentro (M.F).
La autoridad de Francisco y el respeto que tienen por Fernando, por su presencia, por su constancia, por su disponibilidad siempre hacen que desde fuera siempre se manejes con muchísimo respeto (B.R).

Sin embargo, una entrevistada (no especialista religiosa), empleada del municipio de Moreno, militante gremial y política, relata dos hechos particulares, uno en relación al gremio del que es parte y otro al partido en el que milita. Con respecto al primero, expresa que ante un conflicto de empleados municipales con el intendente Festa fue un sacerdote a mediar y militantes de ATE comenzaron a gritarle, reprochándole la oposición de la Iglesia ante la legalización del aborto, y cuando el sacerdote empezó a rezar se le reían. Y con respecto al segundo, que ella como empleada municipal participó en actividades llevadas adelante con diferentes actores en una parroquia, pero al invitarlos recientemente para una actividad que organizaba su partido en la plaza frente al templo no se quisieron sumar. La parroquia permaneció cerrada durante la actividad, agentes parroquiales y un sacerdote le explicaron que, en algunos eventos se habían sentido “usados políticamente” por lo que no querían involucrarse en nada partidario:

El padre de la catedral de Moreno fue como a mediar, pero en el medio le empezaron a gritar que la Iglesia apruebe la ley del aborto y tuvo que interceder el intendente hablando de otra cosa, y el diputado y armando algo para, porque era como que lo iban a prender fuego, fue una manera fea porque no construyó nada. Fue la única vez que vi intervenir a alguien de la Iglesia (D.M).
En Paso del Rey siempre vi presente a la Iglesia en todas las actividades, con el padre Elbio… Antes mucho más. No llevados desde el Estado sino de las diferentes organizaciones […] Cuando con mi agrupación política estábamos organizando una actividad en una plaza enfrente a una parroquia, acostumbrada a articular desde el municipio […] cuando fuimos a hablar había un nuevo cura, más conservador, me pasó que me cerraron la puerta, me dijeron que no podían mezclarse con la política, pero bueno tuvieron mala experiencia con esta gestión, donde le plantaban las banderas sobre las ventanas. Pero hablé con otro padre y tiene esperanza que con el cambio de gestión volvamos a articular (D.M).

Así, también en esta dimensión, observamos el debilitamiento de posturas fuertes, principalmente de los 70. Diferentes actores involucrados hoy en la institución Iglesia favorecen la desvinculación fe y política. Probablemente, por esta concepción de que lo religioso es superior a lo político y que lo político debe supeditarse a lo religioso. Muestra de esto es que, laicos que forman parte de parroquias desfavorecen la participación política y no ven bien manifestaciones o acciones del obispo que consideran tienen relación a lo partidario. También el no tener cuadros para participar de mesas locales, comisiones municipales, etc. e incluso haberse retirado de algunas por los mismos motivos. Del mismo modo, esta desvinculación se pone de manifiesto desde sectores no eclesiales, en la situación a la que se refirió una entrevista, y que desarrollamos, en cuanto al sacerdote que al participar de una instancia de mediación municipalidad – gremios, instancia que probablemente en otros tiempos fuera algo habitual, es “agredido” por los militantes gremiales. Estas son situaciones que expresan mutaciones al interior de la institución y en la relación con otros campos. Sin embargo, no todos los actores piensan o generan apreciaciones con estas características, el territorio muestra miradas diversas, lo cual no implica que haya algunas, como aparece en el trabajo de campo, que sean claramente predominantes.

3.3-Transformaciones intra eclesiales, contextuales y especialistas

Pese a que en Merlo – Moreno, en los años 70, no se utilizaban tanto las denominaciones de Teología de la Cultura y Teología de la Liberación, sí se marcaban opciones y disputas. Una religiosa de las Mercy plantea esta cuestión, señalando que el acento estaba en la religiosidad popular y en el aprender a mirar al Jesús histórico, a un Dios que se embarra (Scanone, 1997; Cuda, 2013b):

Una Iglesia popular y en medio del pueblo, nos formamos de esa manera…una Iglesia en medio de los pobres […] No se hablaba en ese tiempo de a TL sino de la DSI (G.G).
Creo que íbamos con esto de la religiosidad popular y estaba la Teología de la Liberación como dos corrientes bien marcadas, pero no éramos conscientes en ese momento, creo que yo aprendía a mirar a un Jesús histórico, no sé si me marcaron tanto las diferentes líneas, sino escuchar a la gente, estar en los grupos, compartir la reflexión de lo que veíamos. Nos veíamos seguido con mucha gente capaz de reflexionar, siempre había alguien que iluminaba, algún cura, y gente que pensaba, que miraba […] Creo que él me regaló (el padre Pepe) lo de un Dios amigo que camina con vos, que se mete en la tierra, que se embarra (B.M).

Se puede considerar a la religiosidad popular como la manera en que los sectores populares expresan sus apreciaciones y vivencias acerca de lo sobrenatural y el modo en que se vinculan con lo que se considera “sagrado”. Estas apreciaciones surgen en el marco de procesos socio culturales estrechamente relacionados con una manera de vivir, sentir, expresar la religiosidad, y se manifiestan tanto en forma individual como colectiva, en prácticas sociales y simbólicas, donde lo sagrado no aparece disociado de lo social (Ameigeiras, 2008a). En este momento socio histórico, en los años 70, especialistas provenientes de otros sectores sociales se dejan interpelar por esta religiosidad propia de los sectores populares, interpelación que comparten con otros especialistas, y que incluso resignifica sus imágenes de Dios. El “ir al pueblo” implicó encontrarse entonces con esta religiosidad popular, con las injusticias que vivía ese pueblo, y con sus identificaciones políticas, significó, como dijimos anteriormente, encontrarse con el peronismo (Forni, 1990; Barral, 2019):

Lo de los 70 también tuvo lo bueno y lo malo, después la cosa quedó en la nada, muchos se perdieron, muchos se casaron, muchos se fueron y fue como que en todos los momentos de renovación de la Iglesia tuvo esa situación. A mí me parece que lo que marcó acá nuestras iglesias, creo que más que Medellín se siguió a Puebla, el estilo de Puebla, el estilo de comunión, participación (A.A).
La religiosidad en nuestra cultura popular es muy fuerte, es muy fuerte, no tanto por lo europeo, que sumar en este caso, porque desde los indígenas es muy fuerte, una cosmovisión que no divide lo religioso de lo mundano (S.C).
Uno lo que se encuentra es una fuerte vivencia de la religiosidad popular más allá de las instituciones, de la religión, que no se encontraba con eso y toda esta forma…el nuestro es un pueblo religioso, tiene una fe, y qué tengo que hacer, asumir y acompañar es, y también tiene un tremendo deseo de justicia porque lo vive en carne propia, entonces esas tres miradas…más allá de las denominaciones serían esas miradas (C.C).
Y sí, nos formamos con eso, leíamos Medellín, con los curas, ahora me acuerdo, tuve un cura en 3ro. o 4to. año, en la época que volvió Perón, la época de lo de Trelew, en la época de Ezeiza, toda esa época, éramos pibes de 15, 16 años, que en un colegio de curas que ahora es lo más garca que hay, el San José de Morón, nos formaban de ese modo (G.G).

Una de las especialistas subraya que cree fue el “estilo de Puebla”, el “estilo comunión participación” el que marcó más “nuestras iglesias”, el que más marcó a la diócesis. Si bien Puebla hizo explícita la fórmula “opción preferencial por los pobres”, y continúo sosteniendo la necesidad de actuar sobre causas y consecuencias de la pobreza, sumó otro “núcleo teológico”, comunión – participación, que como observamos, significó un desplazamiento en esa opción con respecto a Medellín (Yáñez, 2008; Vigil, 2004). Nos hemos referido ya a los debates en cuanto a que Puebla, relevante en la TC, hizo una relectura del CVII en términos más moderados que la TL, para adaptarla a la tradición nacional católica. Adaptación que para algunos se produjo para “normalizar” la Iglesia en Argentina (Di Stefano y Zanatta, 2009), para apaciguar los conflictos y tensiones que la habían convulsionado en los años posteriores al Concilio.

Jóvenes de diferentes sectores sociales, trabajadores y universitarios, se identificaban en los años 60-70 con el catolicismo, con los lineamientos y propuestas del CVII, de Medellín y de Puebla, involucrándose, militando y buscando opciones radicales. Una ex religiosa que vivió sus años de formación en Moreno, al recordar su opción por la vida religiosa observa, que como a muchos jóvenes universitarios de la época, para vivir esos compromisos más radicales, se le presentaba el dilema de militar o entrar en una congregación, un cura le preguntó entonces: “¿dónde está Dios?”, y sin dudar pidió hacer una experiencia con las hermanas de la Misericordia:

Yo fui parte de la congregación 27 años, entré en el 76 y salí en el 2004, recuerdo que cuando todavía estaba en búsqueda y sentía como muchos jóvenes de la época, universitarios, que militaba políticamente o entraba en una congregación religiosa, como compromisos más radicales diría, ¿no? En ese tiempo un cura me preguntó: ¿Dónde está Dios? Y yo me quedé muda, no dudé más, y pedí a las hermanas de la Misericordia de hacer una experiencia con ellas (F.M).

Muchos jóvenes se comprometían para vivir la fe encarnada, y esa característica o atribución de “encarnada” significaba vivirla en el pueblo y con el pueblo. Así mismo, era fuerte la idea de “tomar conciencia” (no de concientizar a otros), conciencia, entre otras cosas de que, donde no hay paz no hay justicia, y para esto, insistimos, parecía no haber otra opción que el peronismo y su compromiso con la justicia social:

Surge en los 60/70 un fuerte compromiso: tengo que vivir la fe encarnada y no hay paz si no hay justicia y cuando uno toma conciencia de eso mucha opción no hay (S.C).
Hubo un fenómeno que no fue únicamente característico de Moreno, el contacto y la superposición en el territorio del trabajo político y además con una opción clara, el MSTM, claramente peronista …y el peronismo el común denominador, no existía otra cosa, no había otras posibilidades (C.C).

Es claro que el proceso de renovación eclesial y las transformaciones que había iniciado el CVII, en cuanto los vínculos de la fe con la política, fueron “frenadas”, la dictadura “quebró” estos procesos (Mignone, 1999), y en palabras de uno de los entrevistados si no hubo alianza, al menos sí consenso entre algunos sectores eclesiales y los militares:

Esto fue frenado intencionalmente y hay un eje que quiebra esto que son las dictaduras, una estructura organizada para ir en contra de esto, para frenar, para reprimir (…) Sin ser muy exagerado si no hubiera habido una alianza ha sido con el consenso (S.C).

Uno de los entrevistados cuestiona a la izquierda peronista, ésta en su comprensión, y especialmente montoneros, no fue parte del pueblo, sino que iban al lado o la vanguardia, y el mismo entrevistado subraya que los católicos que participaban en Moreno se formaban en una Iglesia popular en medio de los pobres, ellos sí, dentro del pueblo, no al lado, ni a la vanguardia. Ir a la vanguardia implica considerar que necesitarían concientización, y quienes les darían conciencia histórica, capacidad crítica y proyecto político sería la izquierda peronista:

Éramos primera generación de estudiantes universitarios y en la década del 70 te creías gran cosa, en esta visión creo yo se equivocó la izquierda peronista o los que fueron vanguardia como los montoneros, vos tenías que ir dentro del pueblo, no al lado del pueblo, o la vanguardia o sentirte que vos ibas al pueblo, como dice la canción: qué lindo que es meterse en el nosotros que es la única verdad, eso yo lo aprendí mucho después. Nos formábamos en una iglesia popular en medio de los pobres y creíamos que debía ser así. Dentro del pueblo, no al lado ni a la vanguardia. Queríamos militar en los barrios (G.G).

Otro especialista, que se reconoce inscripto en la TL, desvinculado de lo estrictamente institucional, aunque muy vinculado a organizaciones cristianas, especialmente a los SFT explica, que la liberación es liberación de todo, incluso de las estructuras eclesiales. Así mismo, considera que donde hay un solo condicionante no hay liberación, la liberación es integral, la estructura eclesial y sus mediadores, serían así un condicionante, obispos y sacerdotes indican cómo ejercer la espiritualidad. Así, opone una espiritualidad enmarcada por la institución contra una vida espiritual más holística. Claramente, este especialista, desde su inscripción teológica y desde su espacio de militancia reclama autonomía de la autoridad de la institución (Giménez Béliveau, 2016). Observa también que la TL se ha ramificado en distintas teologías, por ejemplo, la eco teología:

El término liberación implica todo, liberación de todo, yo creo que, hasta inclusive de las estructuras eclesiales, liberaciones acotadas no existen, donde hay una condición ya no hay liberación, donde hay un condicionamiento, mejor dicho, no hay liberación, el término liberación tiene que pasar por todo, es una integralidad. El tema de la liberación es: yo quiero ejercer mi fe como yo quiero, elijo la estructura eclesial católica, pero la ejerzo a mi manera, no necesariamente tengo que estar supeditado a lo que me diga un párroco o un obispo para ejercer mi espiritualidad. Muchas veces lo que se da y trata de mantener la Iglesia es una pastoral espiritualista contra una vida espiritual más holística, si quiero creer en la Pachamama y soy católico, creo en la Pachamama, quiero hacer filosofía Zen, la hago, me hace bien a mi espiritualidad […] Más bien habría distintas líneas de las teologías, la misma teología de la liberación se ha ramificado en distintas teologías, que sé yo, hoy podríamos decir que la Laudato si se podría encolumnar en lo que sería la eco teología, a partir de toda la militancia que le viene imprimiendo Leonardo Boff desde la carta de la tierra en adelante (D.G).

La TL tendría cada vez menos presencia en la diócesis, para algunos la TC ha sido más fuerte y es en la que se inscriben los acentos. Es muy gráfica la expresión de una entrevistada, quien manifiesta que quedan “mojones” de la TL, haciendo referencia a personas aisladas y/o a pequeños grupos. Otro de los entrevistados observa lo lejos que quedó la época del MSTM, y remarca, con otras palabras, la idea de “mojones”, habla de algunos curas, muchos laicos, algunas CEBs, y de “vestigios”, sosteniendo, que en general “todo ya pasó”:

Toda la diócesis hace la opción por los pobres, pero poco queda de la Teología de la Liberación, quedan mojones, la línea fuerte es la Teología de la Cultura y los acentos son en esa línea. No hay líneas pastorales porque nunca se pudieron acordar por estas diferencias de acentos (Z.N).
Moreno fue un caso muy clave de la Iglesia diríamos de los curas del tercer mundo. Eso tristemente quedó muy lejos pero todavía algo queda. Muchos de los laicos todavía andamos, algunos pocos curas, depositarios de aquellos están y algunas comunidades de base que fueron muy lindas conservan algún vestigio, pero en general todo ya pasó (G.G).

También, una especialista, no identificada con la TL, sostiene que queda muy poco de esta teología, algunas personas, temas que pueden emerger y que remiten a esta perspectiva, charlas relacionadas de las que participa poca gente. Así mismo, hace referencia a la resistencia a “empaparnos de eso”, y a ser etiquetados, a quedar identificados de un lado o de otro, hablando de los binarismos o la llamada “grieta” argentina:

De Teología de la Liberación hay muy poco, personas o un tema que dé lugar a que surja, charlas debate, a mí me cuesta creer que haya tanta resistencia a empaparnos de eso, porque cuando hacen algo de eso participa muy poca gente, es este temor de tener quedar pegado a algo, o a tener la etiqueta de un lado o de otro, eso rompió todas las fronteras y está en todos lados (M.M).

Con respecto a esta observación, nos preguntamos si se trata de miedo a los etiquetamientos o una clara toma de distancia de esta teología. Una pregunta con distintas respuestas, pero presente en las apreciaciones de los especialistas

Si bien una religiosa y un laico, que sí se identifican con la TL, sostienen que no hay TL en el nivel jerárquico, otros entrevistados sí nombran a sacerdotes que se inscriben en esta línea, y algunos de los sacerdotes entrevistados al preguntarles al respecto se identificaron con la TL: “En los curas y en el nivel jerárquico no hay Teología de la Liberación…para muchos es mala palabra, marxismo puro” (D.G).

Hay divergencias en cuanto al obispo, uno de los entrevistados subraya su respeto a la TL, cuestión que también observamos en la entrevista que le realizamos. Sin embargo, uno de los coordinadores de los SFT, seminarios nacionales que, como dijimos, representan a esta línea, expone los conflictos que ha tenido con el obispo por la organización de estos Seminarios, en los que participan aproximadamente 60 personas de la diócesis. Asegura también que cuando por un breve tiempo estos no se realizaron, el Episcopado celebró esa situación, que ellos fueron acusados de “hacerse dueños de los pobres”, y el obispo le dijo que los SFT se tendrían que llamar de formación bíblica y no teológica. Una sugerencia que motivó en el entrevistado la pregunta respecto a si se trataba de miedo a la teología o a los laicos haciendo teología. Esto también muestra las tensiones que generan los grupos, actores y espacios que reclaman autonomía de la autoridad institucional (Giménez Béliveau, 2016):

Hay gente como en el caso de nuestro obispo, que es respetuoso, pero yo creo que eclesialmente no se está promoviendo eso. Tal vez el papado de Francisco, el papado tapado, porque Bergoglio arzobispo de Buenos Aires y papa es otro (risas). Los más creyentes dirían que el Espíritu opera cuando se le canta y acá cantó… de igual manera es una grata sorpresa, eso yo creo que puede promover, pero en una etapa en el mundo, en la sociedad, de mucha transformación (C.C).
Hace unos años tuve mi primera discusión con Fernando Maletti, cuando nosotros dejamos de hacer el Seminario, mira si sería importante, o si sería un grano en el traste para ellos que hasta festejaron en la Conferencia Episcopal que el Seminario no se hiciera más, porque ellos decían que nosotros nos hacíamos dueños de los pobres. Yo tuve una discusión con el obispo de Posadas, Martínez, porque me acusó de eso en una entrevista personal, está bien, vos me acusas de que nos hacemos dueños de los pobres y ustedes, los obispos, no se creen dueños de la Iglesia, entonces prejuicios tenemos todos… Te decía eso, cuando hacemos el encuentro nacional de comunidades de base en Quilmes me invitan a dar un taller […], lo armo, damos el taller […] y me cruzo con una integrante de la comisión nacional de la organización y me dice: me enteré que vuelve el Seminario, que van a hacer el Seminario, le dijo: sí y me dice: por qué no lo anuncias, le digo: te parece que lo anuncie, mira que este es el encuentro de comunidades de base, pero sí, me dice, si la gente que está acá es la gente que va al Seminario…Comento…, cuando anuncio, griterío, aplauso, la gente se puso re contenta, pasó. Como al mes voy al obispado…y yo me iba con el proyecto del Seminario porque necesitaba un obispo que me firme el abal, para poder recibir una subvención, cosa que no pasó…sí, me lo firmó, pero antes de firmármelo, tomamos unos mates primero y me dice: te tengo que confesar algo porque no me lo puedo callar. Bueno, ¿qué pasó? Me dice, textualmente: no sabés como me rompió soberanamente las pelotas que hayas anunciado el Seminario en el encuentro de las CEBs, y le digo: ¿a qué se debe eso?: A que nosotros pensábamos que el Seminario no existía más… Dice: ustedes tendrían que ponerles Seminarios de Formación bíblica no teológica, qué le tenés miedo a la teología le digo… Pero vos fíjate, es el mismo obispo que te digo que está comprometido con esto, con lo otro (D.G).

Mojones, vestigios, algo que quedó lejos, así parecen experimentar muchos entrevistados, militantes en los 70, no solo la TL sino la nueva Iglesia de la que eran parte y los sueños por los que comprometían sus vidas. Un proceso conciliar frustrado (Libanio, 1986), el re encausamiento de las transformaciones que se habían generado y un cambio que no se dio:

A quedado una división muy grande a partir de lo que fue el Concilio, en última instancia yo creo que el Concilio, no llegó a ampliar los límites de la Iglesia hasta donde podría haberlo hecho, quedó frustrado ese proceso, quedó frustrado dentro de la misma Iglesia y además por el contexto, en el caso de Argentina por lo que pasó, la dictadura y compañía, la Iglesia con otros pontífices fue como reencausando la cosa, uno vuelve a leer los documentos del Concilio y uno dice: acá había una apertura, que esto llevado mucho más al plano de lo social hubiera producido un cambio enorme (E.O).

Observamos que los especialistas más jóvenes no hablan de TL ni de TC o TP, una de ellas sostiene que la TP quedó en el pasado, que la TL y la TP son lo mismo pero que si bien los sigue atravesando como católicos no las conocen por esos nombres, y que estas denominaciones comienzan a volver con Francisco. Esta especialista (B.R) retorna así la categoría de pueblo y expresa que muchas veces al hablar de pueblo Francisco no es entendido. Que cuando habla de pueblo creen que habla de política, pero que en realidad lo que dice es que Dios está en el pueblo, y que esa idea estuvo presente en los próceres de la independencia, la idea de que el pueblo delega el poder:

La TL es lo mismo que la TP, no se conoce por esos nombres, no es que no exista, nos sigue atravesando, pero yo creo que mi generación ya no las conoce con esos nombres. Yo me hago cargo, no las conozco en profundidad, ahora con Francisco las vamos escuchando […] La TP yo creo que quedó en el pasado pero que hay mucha sed de eso y que Francisco la ha puesto dentro del lenguaje cotidiano […] La idea de pueblo ha sido muy criticada, Francisco habla de pueblo y no lo sabe ni traducir a veces, porque no es la traducción pareja para todo el mundo entones a veces dicen que cuando habla de pueblo habla de política pero en realidad lo que dice que Dios está en el pueblo, la idea de nuestra independencia, de los que pensaron nuestra independencia, el poder está en el pueblo, Dios se lo da al pueblo y el pueblo es el que lo delega, la fe está en el pueblo, después la Iglesia la acompaña, entonces creo que de ahí es que una persona no recibe a Dios en un sacramento sino que el sacramento lo que hace es plenificar la fe que la gente, que el pueblo ya tiene (B.R).

Compromiso, militancia, ideales, sueños, utopías, fueron movilizadores de estos jóvenes. Nos resulta interesante aquí retomar el análisis de Dominella (2015), esta autora, que en uno de sus trabajos sobre el catolicismo liberacionista lo liga, como otros autores ya mencionados (Mallimaci, 1993; Bonnin, 2013b, Mallimaci y Esquivel, 2014), a una matriz común, la del catolicismo integral, y también al aludir al catolicismo liberacionista, afirma en otro trabajo:

Este catolicismo vivido “integralmente” debía penetrar en cada uno de los “ambientes” donde los militantes desarrollaban su compromiso. En este sentido, la concepción que guiaba su acción era la del “fermento en la masa”, que implicaba la inserción en la realidad con un estilo propio, esto es, animados por la fe y compartiendo una intensa vida comunitaria, pero sin segregarse de los demás hombres. Un Encuentro de laicos realizado en Buenos Aires, hacia fines de 1966, justificaba la exigencia de los cristianos de trabajar junto con los no cristianos en el cambio de estructuras (Dominella, 2012: 44).

Anteriormente, analizamos lo expresado por Mons. Maletti respecto al papa Francisco y a la “seducción” que ejerce sobre diversos actores sociales y políticos. También destacamos que describió las actividades que con estos actores se llevan adelante desde la diócesis como ser “fermento en la masa”. Dijimos que esta idea/imagen expresa claramente al catolicismo integral, con el aporte de Dominella (2015) podemos identificar a esta matriz común que atraviesa a los catolicismos, y afirmar que, aunque con estilos diferentes, buscan ser “fermento en la masa”, “penetrando” diferentes áreas, esferas, espacios y estructuras.

Con respecto a los ideales y sueños que estos militantes católicos seguían, por los que se comprometían, e incluso por los que arriesgaban la vida, una religiosa manifiesta que creían que iban a hacer maravillas, que tenían un ideal lindo. Pero que, si bien sus actividades algo impactaron en la gente, mostrando una Iglesia cercana, no impactaron en el compromiso, ni en el compromiso político que ellos buscaban se generara en el pueblo, como tampoco en la lucha por otra sociedad:

Así como lo lindo también tengo que decir que, en ese tiempo, cuando estudiábamos Puebla, creíamos que íbamos a hacer maravillas, pero mirando 40 años después…era un ideal muy lindo, pero…, impactó a la gente la cercanía de la Iglesia, ver que la Iglesia sale, que somos uno, que somos compañeros, pero sí pensamos más que iba a haber gente más comprometida. Yo creo que hay gente muy buena pero tan comprometida no…tampoco políticamente…Pero todo ese compromiso de los jóvenes entregados para cambiar la sociedad…falta, hay mucho individualismo (B.M).

Esta misma religiosa, profundiza la caracterización de la utopía que querían hacer realidad: comprometerse a nivel social con la gente, ayudarlos a crecer y a vivir un Dios cercano, un Dios que quería un cambio de vida. Afirma que buscaban que la gente sencilla pudiera tener una vida digna, con lo suficiente para vivir bien, y una sociedad más igualitaria. Utopía que no se volvió realidad, e identifica, como algunos de los factores que influyeron en esto, la globalización y la droga:

La utopía que teníamos, comprometernos a nivel social y con la gente, ayudarlos a crecer y a vivir un Dios mucho más cercano y que quería un cambio de vida, que la gente más sencilla pudiera tener una vida digna y lo suficiente para vivir bien, que pudieran tener un nivel económico que les permitiera crecer y desenvolverse como personas, educar a sus hijos con libertad y vivir una sociedad más igualitaria, ¿no? Creo que fue un sueño nuestro, que luchábamos para eso y creíamos que iba a ser así. Teníamos un sueño y queríamos convertirlo en realidad y creo que después se dio mucho el tema de la globalización, de la droga (B.M).

Otro especialista subraya que buscaban una nueva sociedad, basada en los valores del Evangelio, en la igualdad, la fraternidad y el bien común. Y destaca el papel que la dictadura tuvo en desintegrar y destruir intencionalmente, por medio de persecuciones, desapariciones y exilios lo que se estaba produciendo (Mignone, 1999; Calveiro, 2014). También coincide en que se instaló el individualismo, el “sálvese que pueda”, y que se desarticuló, disuadió y paralizó a los jóvenes con el miedo y con la droga, consumo que condujo su energía para otro lado, miedo y droga anulan el horizonte de la utopía. Él dice: “¿qué quedó? Lo que pudo”:

Queda lo que pudo quedar… (risas). A parte la realidad ha superado todo, no es comprensible esto sin el proceso, cuando se desintegra todo intencionalmente, hay persecución, hay gente que desaparece, que se los han llevado y hay gente que se tiene que exiliar. EL objetivo era desarticular y destruir todo eso. Muchos creíamos, tal vez ingenuamente, que era cierto, que era posible una nueva sociedad. ¿De acuerdo a qué? A los valores del Evangelio, la igualdad, la fraternidad, el bien común […] La solidaridad era muy fuerte, con el proceso viene el individualismo, el sálvese quien pueda, arréglense como puedan. A mi entender uno de los objetivos del proceso fue la desarticulación de los jóvenes, porque son los que más fuerza tienen, es la fuerza dinámica de una sociedad en su compromiso por el cambio social. ¿Cómo los disuado? Con el miedo: “miren lo que les pasó”, paraliza y trabaja desde el inconsciente. El otro, para mí, es la droga, que no existía, yo creo que es la forma de cambiar la energía de los jóvenes hacia otro lado. Con el miedo y con la droga anula el horizonte de utopía, de cambio, de transformación, de justicia y lo vuelve hacia sí mismo, hacia adentro y encima lo destruye. Ahí hubo un éxito muy fuerte. ¿Qué quedó? Lo que pudo (S.C).

Ya habíamos señalado que integrantes de los grupos juveniles que coordinaba/lideraba el padre Piguillem, con el retorno de la democracia iniciaron sus carreras políticas (Prevot Shapira, 2009; Esperanza, 2011). Uno de los entrevistados, que fue parte de estos grupos, afirma que muchos de los que participaron continúan con el compromiso por un mundo mejor, desde el lugar que ocupan, desde su profesión, etc., y que sin dejar de ser religiosos viven lo religioso con menos vínculo, o desvinculados totalmente de lo institucional:

Se habían sumado Asistentes Sociales, personas que hoy son médicos, docentes. La mayoría asumió…, la tarea que haya asumido, siempre tuvo impronta fue el compromiso, como se decía en la época, con un mundo mejor, desde el lugar que ocupara…De una manera, para ponerlo en términos actuales, dijera Aldo, Mallimaci y compañía, no es que dejaron de ser religiosos, pero empezaron a vivir lo religioso de otra manera, menos dentro del marco institucional […] La mayoría ya no tiene vínculos con lo institucional, a mí me interesa mucho ver eso… qué pasó con esos jóvenes, que la mayoría están vivos, tiene entre 60, 65, 70 años, el derrotero de esos jóvenes es un tema interesante. Un poco la línea que estudio Mallimaci, los católicos a la carta y esa cuestión, son profundamente religiosos, pero desligados totalmente de la institución, yo me identifico profundamente con eso (E.O).

Cuando se le pregunta a la religiosa a la que citamos en estos párrafos, en cuanto a si las personas que participan en el Foro de Infancia Robada Moreno, son en su mayoría católicos desvinculados de lo institucional, ella responde: “Sí, claro, que ven la realidad, que escuchan” (B.M).

Y al preguntarle si los laicos formados en los años 70 están desvinculados de lo institucional y a veces vinculados a otros espacios, como puede ser Infancia Robada, con silencios y gestos expresa una respuesta afirmativa. Otro de los entrevistados, observa que, si bien casi nadie lo sabe y los protagonistas no lo dicen, en buena medida la UNM es resultado de esas luchas de los años 70, que muchos de los que están en la institución “vienen” de ese lado, por lo que entonces es un espacio donde se continúa con esa lucha y con esos ideales: “Aunque casi nadie lo sabe y los protagonistas no lo dicen, en buena medida la UNM, es un resultado en última instancia de aquello, muchos de los que estamos venimos del mismo lado” (G.G).

También pudimos observar que varios militantes católicos de los años 70, cercanos al padre Pepe, pese a haberse desvinculado de lo institucional continuaron participando de las misas celebradas por él, pero al morir Pepe, se cortó ese último vínculo institucional:

Yo a misa iba cuando estuvo Pepe, porque era una cosa muy particular, un grupo de amigos, que sé yo, yo si fuera a una misa ahora, acá en Moreno por ejemplo el párroco que está en Nuestra Señora del Rosario, salgo vacío, esa homilía de una religiosidad en abstracto, que somos todos hermanos, está bien, pero la dimensión social, la dimensión política no aparece, y yo ya no puedo entender la fe sin esas dimensiones, por ahí por cómo nos marcó esa época (E.O).

Como dijimos, las dos congregaciones que permanecen en la diócesis y que todos los entrevistados reconocen como las que más representaron los cambios conciliares, las hermanas de la Misericordia (presentes en la diócesis desde el 74) y las Dominicas irlandesas (presentes desde los años 80) muestran tener en la actualidad pocos o nulos vínculos con las actividades diocesanas:

No sé si se identifican mucho, estoy un poco alejada, conocemos, estamos, vamos a algunas cosas, pero no estamos metidas ninguna de las tres (B.M).
Nos fuimos de Cuartel V hace seis años, para no generar conflictos, aunque seguimos haciendo algunas actividades, poca relación tenemos con la diócesis (Z.N).

Una laica, formada en los años 70, y con una fuerte militancia católica en los años 80, también manifiesta su alejamiento de lo diocesano, de lo parroquial, y la elección de decidir dónde participar de la misa, de acuerdo a las homilías de los sacerdotes, ministros de la liturgia de la eucaristía, pero también ministros de la Palabra:

Yo ahora no estoy con una mirada sobre la diócesis, digamos, estoy un poquito más alejada […] No es que no voy a misa, pero elijo dónde ir a misa, para mi ir a misa es estar en comunión y a veces algunas homilías, algunos textos me generaban que no me iba en comunión, entonces en algunos lugares dejé de participar, justamente para evitar eso, para estar en comunión (N.V).

Trigo (2005) reconoce que hay razones para hablar de cierta crisis de la TL. Si la TL, como proyecto pastoral, y, por consiguiente, como elaboración teológica, nace de la alianza entre cristianos no populares y populares, en el seno del pueblo, en la actualidad el problema principal es la disminución de los agentes pastorales e intelectuales de este proyecto pastoral. Ante todo, han disminuido de forma drástica los cristianos comprometidos que eran su base, y de manera particular los eclesiásticos. Para este autor en el presente contexto no encuentra eco lo que fue caldo de cultivo de la pastoral propuesta por Medellín y Puebla, como aplicación situada del Vaticano II. También observa que, si falta esta contraparte no popular, porque simplemente se fue o porque está en lo suyo, los movimientos y la constitución del sujeto popular se atascan. Uno de los especialistas, que se identifica con la TL, que por edad no vivió los años 70, y que sí estuvo muy ligado a lo institucional, teniendo diferentes funciones en la estructura de la diócesis desde su creación, afirma que ha superado “la etapa” de participar en una parroquia. A lo largo de la entrevista explica que se ha alejado también de lo diocesano, siendo en la actualidad coordinador de los SFT, y parte de otras organizaciones cristianas. Así mismo, otro de los especialistas se pregunta precisamente si la colonización territorial de la Iglesia por medio de las parroquias continúa siendo válida:

La etapa de la comunidad parroquial la tengo superada (D.G).
Hay que ver si la Iglesia sigue siendo válida, con la colonización territorial, parroquia, ¿sigue siendo válida o hay que sumar otra? (S.C).

Al preguntarle al obispo por los especialistas de la diócesis, este afirma que los hay pero que muchos no están en la estructura de la Iglesia, al igual que una de las especialistas entrevistadas, se refiere a ellos como “gente que piensa”. Observa también que a veces la gente que piensa choca con los trepadores y los aferrados a pequeños poderes, y que se está tratando de “reconquistar” a estos especialistas. Le preguntamos entonces la edad promedio de estos especialistas, y son precisamente los militantes de los 70:

Sí, hay laicos que son referentes. Algunos se cansaron de nosotros, los curas y el obispo y viven la fe, pero no están en la estructura de la Iglesia, los estamos reconquistando. Pero claro es la gente que piensa, a veces la gente que piensa choca con los trepadores, con los aferrados a pequeños poderes, ¿no? En una capillita es la dueña de la llave, la catequista que no quiere ser relevada, el ministro de la eucaristía que piensa que es permanente, hasta en una estructura diocesana o nacional, donde está la misma debilidad del corazón humano, ¿no? […] Yo tengo 70, la gente de mi edad que vivió los 70 (M.F).

Otra especialista reconoce que hasta los años 70 había en la Iglesia espacios de formación para los laicos y que era muy rico lo comunitario, pero que se perdió, y que en esto tuvieron incidencia los medios de comunicación y el no aggiornamento de la Iglesia a los nuevos tiempos. Así mismo, reconoce que la gente no va a la Iglesia, e identifica desde ahí el llamado de Francisco de una iglesia en salida, preguntándose cómo se hace para llevar adelante esta propuesta:

A nivel Iglesia hasta los 70, yo creo que había un espacio de formación del laicado, una riqueza de lo comunitario super interesante que se perdió. Esto pasa por varias cosas […] hoy día en una sociedad de masas hay mensajes que son como muy difusos y con los medios masivos de comunicación creo que hay veces que esas confusiones no son inocentes y que además falta de parte de la Iglesia espacios de formación. Pero también es verdad que la Iglesia no se supo aggiornar a los nuevos tiempos. A veces la iglesia prepara proyectos y cosas para gente de otra época, es una pobreza, pero estamos como en ese tiempo de transición, antes la gente iba a la Iglesia y hoy la gente no va a la Iglesia. Entonces es la Iglesia en salida que dice Francisco, pero cómo se hace, no sé, estamos intentando alternativas (B.R).

Muchas parroquias y capillas en los años 70, y en los primeros años de democracia, concentraban las actividades barriales, hoy sus actividades tienen que ver con lo sacramental, lo litúrgico, y suelen prestar salones, para el funcionamiento de programas del Estado u actividades de organizaciones sociales. Hay en ellas muy poca gente, muy pocos agentes pastorales, muy pocos o ningún especialista, salvo los investidos para recibir la obediencia de los laicos, dado el monopolio de un conjunto de poderes simbólicos que los capacitan para eso (Zanca, 2006), los sacerdotes (que también son pocos para el número de parroquias):

Y hacía falta acompañar a toda esa población, entonces se fueron formando ministros, entonces los laicos fuimos tomando protagonismo, entonces hacíamos celebraciones, las charlas para bautismos, para casamientos, organizábamos el servicio de Cáritas, emprendimientos, la salud, todos surgía desde ahí y las decisiones se tomaban en el Consejo Pastoral (N.V).

Una joven, que en la actualidad es parte de una de estas capillas, relata que la gente del barrio no participa activamente, que suelen ir a misa, pero que no participan porque la Iglesia demanda mucho tiempo:

La participación de la gente está cuando…por ejemplo el otro día un vecino, no sé si estaba borracho y rompió la puerta de la capilla y salieron los vecinos, saltaron, se enojaron, hablaron y se arregló, o sea cuando pasan problemas con la capilla, digamos, muchos no participan activamente, participan de la misa, pero más de esto nadie se mete, no les gusta meterse muy de lleno dentro de la Iglesia porque demanda mucho tiempo (J. M).

Para el obispo, los más pobres no están en las parroquias, se acercan a “recibir un servicio”, no a ser parte o a liderar, el mismo especialista es el que planteó que los pobres se acercan a las iglesias evangélicas a buscar a la Palabra de Dios y a la Iglesia católica para buscar “zapatillas”:

Bueno muchas veces no son vecinos del barrio también, vienen de otros lados, pero cuando son vecinos del barrio la pobreza social marca mucho, ¿no? Tampoco la gente muy pobre y marginada más va a buscar ir a recibir un servicio que quizás de ser parte, de liderar algo. Por eso en los lugares más pobres, los menos pobres de esos pobres son los que más están (M.F).

Seman (2015), haciendo referencia a su investigación en un barrio de la zona sur del Gran Buenos Aires, observa que las iglesias pentecostales no son, pentecostales “en el barrio”, sino “del barrio”. Están compuestas por familias, en promedio, más pobres que las que conforman el catolicismo del barrio, ubicándose en zonas más pobres y además dirigidas por personas que fueron excluidas o no pudieron ser encuadradas por el catolicismo, ya que este recluta para su liderazgo sujetos “mejor capitalizados”. Si bien los “mejor capitalizados”, de las parroquias suelen incorporarse a la estructura diocesana, al preguntarle a una especialista si estos pueden ser considerados especialistas intermedios (de acuerdo a nuestra definición inicial), responde que no, que simplemente han recorrido algunas instancias de formación, relatando como un laico que se acerca a una parroquia, empieza a trabajar, concurre a algún curso o taller y si persevera el cura lo “va detectando” y lo empieza “a enganchar en todos lados”. Este proceso es parte, desde su perspectiva, del camino por el que se llega a esa estructura diocesana y a los equipos de pastoral:

No, no, la formación primera que vos recibís es cómo se vive en tu parroquia, a partir de ahí el que empieza a trabajar, y se engancha y va a un cursito, a un taller y persevera, el cura te va detectando y como decía mi marido: tené cuidado porque te empiezan a enganchar de todos lados. Entonces la gente que está por ejemplo en la catequesis, como yo misma, empezás en la parroquia, en la escuela, y te vas integrando, y no está mal tampoco, porque la gente trae el sentir de los que están participando con ellos (A.A).

En el catolicismo local se presenta entonces un recorrido de especialización, pero en menor medida, tanto cuantitativa como cualitativamente, que en décadas anteriores. La misma entrevistada, profundizando esta lectura, plantea que, siendo directora de un Seminario Catequístico, una de las instancias de formación de los laicos en ese proceso que viene describiendo, los laicos se acercaban con poca formación, que se perdió un poco la transmisión familiar, por lo que todo es nuevo, desconocido hasta ese momento, teniendo que ser inicialmente una formación experiencial y básica. Destaca también que en el Consejo de Pastoral no hay confrontación, y retoma la temática/problemática del clericalismo:

Dentro de la diócesis nuestra no, no, es un tema que a veces, yo estoy como directora del seminario de catequesis en Merlo, y la formación tiene que ser bastante experiencial, y bastante básica en el comienzo, porque la gente se acerca a la Iglesia por diversos motivos, a veces se enganchan, a veces no, pero no vienen con esa fe que venía de la familia como se venía antes, se perdió un poco la transmisión de la fe dentro de la familia, entonces en algunas cosas es como que les planteas algo y todo es nuevo […] claro a veces en el Consejo querrías gente que confronte más, a veces eso a mí me valora Juan, el tema de confrontar con algún cura, porque ese es otro tema, el clericalismo: lo que dice el padre, lo dijo el padre, entonces no importa cuál es la postura: el padre dijo, y ya está. Es un tema difícil y se retro alimenta porque a veces tenés curas que les viene bien así, que hagan lo que él les diga (A.A).

Explica también que los que tienen formación hoy en día no participan en la Iglesia, que quienes son parte de Facultades están fuera de lo que es la Iglesia, estudiantes críticos, y agresivos en algunos lugares, destacando esto en los que estudian ciencias sociales, y sumando que además es la Iglesia la que pone las reglas y limita la participación:

Los que tienen formación hoy en día, vos conoces el ambiente de las Facultades, las facultades están muy fuera de lo que es Iglesia, críticos, etc., el que estudia en sociales, la Iglesia es la que te puso las reglas, la que te limita, es un poco agresivo en algunos lugares (A.A).

Cuestión que ya abordamos en los relatos de otros entrevistados, uno de ellos que planteó, que, si un joven quiere participar política y/o socialmente no encuentra lugar para hacerlo desde la Iglesia, e incluso puede ser excluido de lo parroquial. Y otra que valoró la militancia en el ámbito universitario, observando que esa militancia de jóvenes comprometidos con lo socio político no se da hoy en la Iglesia. Señalamos también que, para el obispo, la Iglesia está desacreditada, ya que para algunos sectores internos la política es “mala palabra”, y para algunos sectores “externos” la Iglesia es “mala palabra”. Describiéndola como una Iglesia que además no asume totalmente la dimensión misionera, y que es una Iglesia muy puertas adentro,

Van cobrando algún protagonismo, pero ahora de alguna manera se suma el descrédito de la Iglesia y bueno, los jóvenes de ahora, pero también los jóvenes de dos generaciones más arriba van increyendo, de Cristo sí, a Iglesia no, entonces todo lo que suena a Iglesia, estructura, los aleja y por otro lado la dimensión misionera que se nos pide ya desde Juan Pablo II no ha sido asumida totalmente. Es una Iglesia muy puertas adentro, muy arrinconada en sus estructuritas ¿no? (M.F).

La mayor participación de jóvenes se da en los grupos misioneros juveniles, que como observamos han crecido en la diócesis, pero desvinculando de sus tareas y actividades lo social y político. Trigo (2005) afirma que, en las últimas décadas, se han creado espacios corporativos, en los cuales, quienes se adhieren a un proyecto, viven unos con otros y, de este modo, sienten que poseen un lugar en el mundo, un hogar, una identidad, unas relaciones confiables y no competitivas. Y pone como ejemplo al “apostolado juvenil”. Dice, en esta misma línea argumentativa, que, a los jóvenes de los movimientos y grupos, ya no les interesan los jóvenes de su ciudad, país, continente, etc., sino los jóvenes del propio movimiento. En las reuniones se comparten códigos y se sienten confirmados, se sienten bien, el esquema incluso de los proyectos que hacen, ya no tiene relación con el meterse en el colectivo de jóvenes, solidarizándose con su generación, sino con salvarse del mundo, de la juventud que “está perdida”.

Especialistas intermedios laicos tuvieron roles protagónicos y fueron parte de lo institucional durante los años 70, cuando se hizo más fuerte la concepción de “Iglesia Pueblo de Dios”. Especialistas que desde la militancia cristiana católica buscaban y luchaban por una sociedad igualitaria y más justa para todos. Las transformaciones socio políticas y eclesiales fueron claves para alejarlos de estos espacios. Zanca (2006) al analizar a los intelectuales católicos, en diferentes momentos de la historia argentina, afirma que para los “administradores de la salvación”, para los que monopolizan lo sagrado, el intelectual propone interpretaciones, que por más controladas y vigiladas que se encuentren, siempre representan un peligro por su autonomía respecto de la “sana” guía que vela, ante todo por el interés institucional. Si bien no comprendemos a los especialistas intermedios como intelectuales, sí sostenemos que los capitales que ponen en juego pueden ser considerados peligrosos por los sacerdotes y por otros actores del campo, especialmente en los períodos en los que la perspectiva institucional sacramentalista se hace más fuerte. Muchos factores entonces han influido en la poca presencia de especialistas intermedios laicos en parroquias y otros ámbitos institucionales. A los especialistas de los años 70 la dictadura, algunos miembros del episcopado y sectores eclesiales, les hicieron notar que al ser peligrosos corrían peligro, incluso de muerte. Que para no correr peligro tenían que dejar de ser peligrosos, o desaparecerían. Muchos fueron asesinados, otros desaparecieron de la Iglesia o para Iglesia, que se re institucionalizaba y se alejaba del CVII (Trigo, 2005). Ya sus luchas no tenían que ver con esa Iglesia, pero paralelamente para esa Iglesia no eran parte de ella, no eran necesarios. Los laicos, que hoy son parte de la institución, generalmente, desvinculan fe y política, no buscan transformaciones sociales sino, como plantea Trigo (2005), confirmarse mutuamente, “salvarse del mundo”, ponerse a resguardo de los peligros.

Planteamos que el escaso número de sacerdotes introduce, para algunos, la posibilidad de una transformación, expresada en términos de la posibilidad de que el laicado asuma otros roles en la Iglesia. Observamos también que el capital específico que monopolizan los sacerdotes es lo sacramental, y en particular la consagración de la eucaristía, y que, aunque otros actores cobren un nuevo protagonismo eclesial y asuman nuevos ministerios, mientras exista el monopolio de ese capital, poca viabilidad tiene esa transformación. Sumamos también que la poca presencia institucional de especialistas intermedios laicos es otro de los elementos que hace poco viable esa transformación. Tanto el obispo de la diócesis de Merlo – Moreno, como dos especialistas religiosas y una especialista laica, afirman que “los que piensan no están en la Iglesia”. La teóloga feminista Ivonne Gebara (2018), confirma y particulariza esta observación, subrayando que a las mujeres que piensan la Iglesia ya no les dice nada, que se están alejando o ya no están, lo que también hace poco probables caminos nuevos hacia una Iglesia no jerárquica y no patriarcal.

La presión continúa de Roma afectó a la TL, muchos de sus teólogos, en mayor o menor medida, internalizaron la censura. También algunos obispos habían liderado transformaciones que no fueron comprendidas como parte de aggiornamento que había pedido el CVII, para poner freno a este proceso, además de la censura a teólogos, eligieron obispos que se juzgaban inmunes al contagio, así la desmovilización fue uno de los resultados.

Al comenzar este capítulo describimos la organización de la diócesis de Merlo – Moreno y posteriormente analizamos algunos de los actores de ese entramado vinculados más estrechamente a la temática que nos convoca, pobres y pobreza. Insistimos en que, una de las cuestiones que está en juego con respecto a esta temática es la relevancia que se le da a la “dimensión espiritual/sacramental” y a la “dimensión socio política”. Y en cuanto a esta última subrayamos que en el magisterio eclesial siempre ha sido clara, y generalmente aceptada por todos, la importancia del “amor al pobre”, pero que, sin embargo, las tensiones y conflictos se presentan en relación a las perspectivas y líneas de acción al respecto (Pixley y Boff, 1986):

De cualquier manera, la Iglesia no puede renunciar a la dimensión social de su acción evangelizadora. La acción de la Iglesia no se limita a la predicación o a la santificación, sino que, igual que Cristo, debe llegar al hombre entero. Por eso, “la Iglesia no disocia la acción temporal de su misión espiritual. Es decir, la Iglesia corno Iglesia entra plenamente en todas esas cuestiones que atañen al hombre, donde se juega el destino del hombre (Segundo encuentro de reflexión y diálogo sobre pastoral popular, La Rioja 1971: 86, citado en Fernández, 2000: 194).

Podemos observar cómo se presentan estas tensiones en la diócesis en particular, en el campo católico en general, y en la historicidad de ese campo. En los años 70 muchos laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas, de este territorio privilegiaron, desde la perspectiva de la TL/TC, la “dimensión socio política”, lo que les dio un protagonismo particular en el campo católico y en el campo socio político. Sin embargo, el debilitamiento de esa perspectiva en la Iglesia universal, latinoamericana y argentina, también se mostró en la diócesis. Por un lado, damos cuenta de sectores para los que “lo religioso” no implica ningún tipo de vínculo con lo social y político, y sectores para lo que la fe implica necesariamente esa relación. Pero, por otro, destacamos que, en la actualidad, los sectores, y centralmente los sectores más institucionales, que despliegan una serie de perspectivas y comportamientos en relación a los pobres y la pobreza, lo hacen, desde nuestra perspectiva, con estrategias más ligadas a lo que podemos denominar como “preocupación por los pobres”, alejándose de la “opción por los pobres”.

En el capítulo 1 de este trabajo, describimos y analizamos perspectivas diferentes, y muchas veces contrapuestas de pobres y pobreza y las agrupamos en tres grandes tipos, teorías individualistas, interaccionistas y materialistas, de acuerdo a su análisis de las causas de la pobreza (Reygadas, 2004). De acuerdo a Simmel ([1908] 2011) afirmamos que las formas de intervención son precisamente las formas de construcción social de la pobreza, sostuvimos también la relevancia de los especialistas en esas construcciones (Bourdieu, 1985; Bayón, 2012). Cuando decimos ahora que en la diócesis priman estrategias ligadas a la “preocupación por los pobres”, relacionamos dichas estrategias a las teorías individualistas, en las que las causas se identifican en los mismos sujetos que viven la situación o ni siquiera se problematizan, se “atienden” las demandas, se dan respuestas a las necesidades, se acompaña a los que la viven. Y es esta una forma de construir la pobreza (Simmel ([1908] 2011). Un tipo de estrategia que no deja de generar enfrentamientos y luchas, y que es necesario seguir investigando. Una situación en donde subrayar igualmente la relevancia de la manera en que cada sector lee y resignifica la relación de la dimensión “religiosa” y la dimensión “socio política”.


  1. Mapa con localización de parroquias y capillas de la diócesis Merlo – Moreno. [En línea] [Consultada: 13/5/2018] Disponible en: https://bit.ly/3f8fy23
  2. Construido en base a guías eclesiástica (Conferencia Episcopal Argentina) de diferentes años y a “Diócesis de Merlo-Moreno. Guía Diocesana” (al 30/9/2018) (Publicación Diocesana).
  3. Franciscanos, Franciscanos conventuales, Misioneros de la Consolata, Redentoristas, Sagrados Corazones, Scalabrinianos, y Misioneros Servidores de la Palabra (algunas congregaciones tienen más de una casa).
  4. Hermanas de la Caridad de Santa María, Hermanas Carmelitas de la Caridad de Vedruna (Carmelitas de la Caridad), Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara (Clarisas – Monasterio), Misioneras de la Divina Misericordia, Dominicas de Santo Tomas, Dominicas Irlandesas, Esclavas Españolas, Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, Franciscanas Misioneras de María, Hijas de Nuestra Señora del Monte Calvario, Siervas de San José, Congregación de Marta y María, Hermanas de la Misericordia de las Américas, Hermanas Misioneras de la Consolata, Hijas de Nuestra Señora de Luján, Obreras Catequistas de Jesús Sacramentado, Religiosas de la Pasión de Jesucristo, Religiosas de la Pasión de Jesucristo (Pasionistas – Monasterio), Sociedad del Sagrado Corazón, Hermanas Nuestra Señora de Buenos Aires, Hermanas Ursulinas del Corazón de Jesús Agonizante (algunas congregaciones tienen más de una casa).
  5. Exhortación apostólica Evangelii Gaudium [En línea] [Consultada: 6/10/2019] Disponible en:https://www.vidanuevadigital.com/documento/exhortacion-apostolica-evangelii-gaudium-del-papa-francisco-pdf/.
  6. Arzobispo salvadoreño inicialmente conservador, luego asesinado por su defensa de los DDHH, y canonizado por el papa Francisco en 2018.
  7. La Pastoral Social está integrada por un equipo diocesano, en el que participa un integrante de Movimientos Sociales, y por un equipo Foro de Infancia Robada (Trata, prostitución, chicos desaparecidos).
  8. [En línea] [Consultada: 22/8/2019] Disponible en: https://es.aleteia.org/2015/02/05/.
  9. Concepto teórico, sustentado por diferentes posiciones epistemológicas, siendo necesario que estas hagan explícitas las formas de entender el estudio de la espiritualidad y, al mismo tiempo, discutir sus alcances y sus límites (Viotti, 2018). Si bien en este trabajo no profundizamos en este concepto, subrayamos que lo utilizamos en relación a individuos, perspectivas, movimientos, etc. que se centran en lo individual, la salud, lo emocional, etc., dejando de lado lo socio político.
  10. “Arraigos para la Vida es un camino de búsqueda de espiritualidad holística; es un espacio privilegiado de relación, formación y promoción entre mujeres y para las mujeres especialmente de las más vulneradas. El objetivo es vivir una espiritualidad holística inspirada en el evangelio de Jesús, en clave ecuménica, feminista y ecológica, que posibilita la transformación personal y empodera para el cambio social en articulación solidaria con otras prácticas sociales. En la actualidad los círculos locales están distribuidos en diferentes provincias y localidades. En el Gran Buenos Aires hay siete: La Reja Grande (Moreno); José León Suarez; El Talar (Pacheco); La Tablada, Pilar; Lugano 1 y 2 y B° Carlos Gardel- El Palomar. En la provincia de Misiones hay dos: Puerto Iguazú y Wanda. Se reúnen también en Santa Fe, en Santiago del Estero y en Realeza (Brasil)”. Proyecto Arraigos para la vida. Espiritualidad holística en clave de mujeres, escrito por las religiosas responsables en noviembre de 2013 que condensa el contenido de los folletos de difusión de la iniciativa) [En línea] [Consultada: 18/11/2019] Disponible en: Disponible en http://www.celam.org/observatorio-old/docs/20180115.pdf. Suárez (2017) analiza en profundidad esta experiencia.
  11. El objetivo de este Sínodo es, en palabras del papa Francisco “Identificar nuevos caminos para la evangelización de esa porción del Pueblo de Dios, especialmente de los indígenas, frecuentemente olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno, también como resultado de la crisis de los bosques amazónicos, pulmón de capital importancia para nuestro planeta”. [En línea] [Consultada: 10/3/2020] Disponible en: https://www.aciprensa.com/ Finalizado el Sínodo sus conclusiones se expresaron en la Exhortación Apostólica Postsinodal querida Amazonía. [En línea] [Consultada: 10/3/2020] Disponible en: http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es/documentos/exhortacion-apostolica–postsinodal-querida-amazonia.html
  12. Joven desaparecido en un contexto de represión de la Gendarmería Nacional, en una comunidad Mapuche de Chubut en 2017, y encontrado muerto 77 días después, por ahogamiento para algunos, asesinado para otros.


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