Otras publicaciones:

12-2771t

12-2770t

Otras publicaciones:

9789871867691_frontcover

9789877230307-frontcover

4 Ideas, realidad y sociedad: ¿una relación simbiótica?

4.1. Me gustaría abrir esta parte de nuestra conversación con un par de interrogantes interconectados. ¿De dónde dirías que proviene tu disposición a repensar cuestiones clave de la vida de las ideas con base en aportes de las ciencias de la vida? Derivadamente, ¿cuáles son los elementos más importantes que has considerado útil tomar en préstamo de estas ciencias para robustecer la propuesta de los estudios eidéticos?

Lo más importante de tu pregunta, a mi juicio, es eso de la “vida de las ideas”, y merece que le demos varias vueltas.

Numerosas entidades eidéticas, especialmente las ancestrales, las que se constituyen como mentalidades-creencias y se van constituyendo colectivamente a lo largo de siglos (un mito sobre el origen de un pueblo), así como también las que tienen amplia repercusión (las propuestas acerca del desarrollo económico), adquieren una existencia muy autónoma, a diferencia de aquellas otras entidades eidéticas “recién elaboradas”, por una persona con nombre propio, en una fecha y lugar.

Esas entidades han ganado tal peso al interior de una comunidad que van mutando independientemente de las voluntades individuales, pues son muchísimos los cerebros que interactúan. Más aún, pasan a transformarse en paradigmas que se apropian de los cerebros y los condicionan en el modo de pensar, pues les instalan sus categorías inhibiendo en muchas oportunidades la instalación de otras.

Estas entidades eidéticas me han interesado enormemente pues conforman las mentes, se apropian de ellas, adquieren tal dinámica que pueden entenderse como fuerzas vivas con un designio, una estrategia de reproducción, a un punto tal que parecen estar compuestas por “memes” altamente replicativos. Me han interesado también pues no pueden concebirse como “productos” o “herramientas” de individuos sino como marcos referenciales con los que los individuos piensan, interpretan el mundo, imaginan soluciones, y de los cuales no pueden escapar sino a costa de crisis, rupturas, traiciones, dolores, desorientaciones, pérdidas de sentido, etc.

El caso de las lenguas, sobre todo aquellas de pueblos originarios, y su relación con las mentalidades quizá sea un buen ejemplo. Las personas nacen, se forman, aprenden a hablar y a comportarse al interior de una lengua, a partir de una mentalidad, con una mentalidad. No es que la lengua o la mentalidad sean eternas ni inmutables, pero permanecen por décadas y en muchas oportunidades por siglos y hasta milenios, y todo pensamiento se da al interior de éstas. Son los marcos referenciales a los que me refiero. Trabajar el concepto “mentalidad” permitió a los historiadores sociales y económicos franceses ocuparse de la dimensión eidética en la larga duración y de las ideas compartidas por diversos sectores sociales en vez de ocuparse únicamente en la historia corta de las ideas de grupos o movimientos determinados. Tanto así que pretendieron asociar las mentalidades a la psiquis, y su estudio a la psicología. Esto no me oculta sin embargo que hay padres e hijos que viven en distintas lenguas, a veces muy diversas, y alcanzan grados importantes de comunicación y de confrontación, porque logran entenderse y descifrar los sentimientos del otro.

4.2. ¿Cuál sería el papel de las ciencias de la vida en todo esto…?

Bueno, si podemos entender al menos algunas entidades eidéticas como dotadas de “vida autónoma”, entonces parece obvia la recurrencia a las ciencias de la vida para entender algunos de sus procesos. No se entienda, sin embargo, autonomía como autarquía o solipsismo.

Las ciencias de la vida ofrecen variados instrumentos conceptuales para imaginar los asuntos eidéticos. Entre los más importantes, la noción de ecosistema o medioambiente, con la cual elaboramos la de “ecosistema o medioambiente intelectual o cultural”; la de genes, que podemos emplearla para elaborar la de “gen-eidas”; la de ingeniería genética, con la que podemos construir la “ingeniería (gen) eidética”. ¿Por qué no concebir un sistema eidético como un compuesto de conceptos-nociones-eidas que equivalen (aproximadamente) a genes que contribuyen a otorgarle su entidad?

4.3. Has hecho afirmaciones acerca de la relación entre las ideas y las sociedades con las cuales entran en simbiosis. En algún momento me hiciste llegar el borrador de un artículo en el que buscabas ir todavía más allá, planteando que ciertas entidades eidéticas crearon a los seres humanos…

En ningún caso como lo han concebido algunas “teologías”, según las cuales un espíritu habría creado a los seres humanos. Pero posiblemente sí en el sentido que en esta simbiosis las entidades eidéticas fueron encontrando (seleccionando) cerebros mejores para alojarse y para ser cultivados, cerebros que podían cultivar (servir) mejor a tales o cuales entidades.

Quizá la formulación no sea totalmente clara. Para no incurrir en confusiones idealistas, prefiero decir que las entidades eidéticas han ido constituyendo a los seres humanos y a las sociedades en los vaivenes de su relación recíproca con tales entidades. Esto puede afirmarse de las sociedades e incluso en cierto modo de los individuos. Ya sabemos cómo las personas cuando asumen un nuevo sistema eidético o se incorporan a un ambiente nuevo donde se “respira” un nuevo sistema eidético no únicamente cambian aspectos exteriores sino que comienzan a reconstruir su entera existencia a partir de nuevos criterios. Es en este sentido que ciertas entidades eidéticas constituyen, construyen o “crean” a los seres humanos.

También puede decirse que algunos sistemas eidéticos contribuyeron a seleccionar a los humanos. Hubo sistemas eidéticos “perversos”, como algunos tabúes que impedían casarse con personas que no pertenecieran al mismo linaje. Esos sistemas eidéticos generaron un grado de consanguinidad tal que produjo la extinción de aquellas comunidades que los cultivaban. Hubo otros sistemas eidéticos que incorporaban otros tabúes, por ejemplo uno que ordenaba matar a todos los hijos. El clan que lo adoptó también se extinguió y muy pronto. Hubo otro que ordenaba deformarles seriamente el cráneo, los hijos igualmente murieron y el clan también se extinguió. Hubo otros sistemas eidéticos que colaboraron a que los seres humanos perseveraran en la existencia, por ejemplo, aquel que llamaba a emparejarse con personas de otros clanes. Este sistema eidético generó la reproducción y la selección de sus huéspedes y no su extinción. Pero a la vez casarse con personas de otros clanes supuso recibir bienes culturales, tanto de cultura material como simbólica. El discurso de la exogamia no apuntaba solamente a lo “natural” sino también “cultural”, e hizo que esos clanes fueran más abiertos y adaptables al medio. El buen sistema eidético (el del bien-pensar) produjo la sobrevivencia por exogamia, evitando la extinción del clan. En este sentido, los “buenos” sistemas eidéticos produjeron a los seres humanos. Los “malos” sistemas extinguieron a sus huéspedes.

Pero podrían citarse muchas otras posibilidades: sistemas eidéticos que permitieran entender mejor el comportamiento del clima, de las presas, de las plantas y de sus posibilidades alimenticias y curativas, y sobre todo que los sistemas eidéticos incentivaran la posibilidad de aprender (o capitalizar) de la zoo-sabiduría (y digo bien, “sabiduría”) de todos los animales del medio ambiente en que est@s human@s pre-sapiens o sapiens recientes se iban desenvolviendo como tales: rutas, cavernas, plantas medicinales, lugares de agua, pesca y alimentación, protección de las inclemencias, uso de herramientas, destrezas y astucias. La capacidad cerebral de “almacenar” un sistema eidético que permitiera capitalizar la sabiduría animal sería tremendamente funcional al proceso evolutivo de l@s pre-sapiens y sapiens. Entidades eidéticas que permitieran capitalizar todo eso les conducirían más rápido que otros menos aptos desde la proto-hominidad hacia la condición de sapiens.

Ahora bien, esto, que puede ser válido para pequeñas sociedades simples, no puede ser extrapolado automáticamente a las sociedades grandes y complejas. Basta una simple ley como el mandamiento de practicar el incesto para extinguir un clan, pero un mandamiento de ese género es impensable en una sociedad compleja y menos en una sociedad que además de compleja tiene alta circulación de bienes, personas, ideas, mensajes, etc.

Por otra parte, podemos imaginar que una evolución rápida, con una acumulación suficiente de mutaciones sapiens, fue favorecida por una entidad eidética que ordenaba cruzarse únicamente con otros sapiens que habían alcanzado la condición de hablantes, por ejemplo, marginando y discriminando a quienes no la alcanzaban.

4.4. En suma, no cabe hablar, desde esta perspectiva, de un sapiens pre-eidético.

No existe un estadio originario de tabula rasa absoluto. No lo hay para una sociedad, ni para una escuela o generación y ni siquiera para un individuo. Es imposible imaginar a un individuo o grupo que decida asumir tales o cuales ideas, sin encontrarse ya en simbiosis con (o inmerso en) algún sistema eidético. El estado cero o de tabula rasa, como un cerebro o un conjunto de cerebros que dialogan y toman decisiones sin acudir para ello a ningún tipo de ideas, es un absurdo. Por otra parte, para entender al neandertal es necesario acudir a ciertas entidades eidéticas que permiten nociones complejas como elaborar ropas, armamentos, administración del clan, algunos ritos funerarios y quizás algunas formas de arte o al menos ornamentación.

4.5. “Vida” también es un concepto complejo. ¿Qué noción de vida estás manejando para pensar estas cuestiones?

Una cierta existencia autónoma, reproductiva, que se despliega, que establece relaciones con otros seres vivos.

No debemos entenderla de manera exactamente igual a las ciencias biológicas, que tampoco poseen un consenso completo y menos una ortodoxia rígida. Se escucha a menudo la expresión “vida, tal como la conocemos hasta ahora en la Tierra”.

Digo “vida” en sentido de una dinámica independiente, que está más allá de las decisiones de la gente, donde tales decisiones afectan pequeñas parcelas o quizá mayores, pero en muy largo plazo y de manera muy incierta. Digo vida en el sentido de una eclosión que no depende solamente de la voluntad, sino en grado muy importante de una multiplicidad de cerebros que van operando en el mundo en relación a situaciones diversas.

Quizás hay mejores expresiones que “vida”, pero no he dado con ellas. En todo caso: eclosión, reproducción, dinámica independiente, que depende en pequeña medida de las voluntades…

4.6. ¿En qué momento una sociedad o un ser humano (o ser vivo) pasa a “necesitar” un sistema eidético? ¿Cuándo se produce eso que denominas simbiosis? Sociedades relativamente complejas como el clan de chimpancés, la miríada de hormigas o la jauría de lobos parecen no necesitarlos… 

Aunque los clanes de chimpancés poseen algunos elementos zoo-culturales, inventados y transmitidos, que no tienen otros clanes, y que tampoco los manejan chimpancés en cautividad, todo parece indicar que no estamos en presencia de sociedades con sistemas eidéticos complejos y ni siquiera simples como aquellos compuestos por unos cuantos mandamientos de comprensión básica: matar a la gente del clan, no; robar a la gente próxima, no; desafiar al jefe de los próximos, no; seducir la pareja del próximo, no; emparejarse con personas del clan, no; colaborar con la alimentación del clan, sí; participar en la defensa del clan, sí; entre otras ideas.

Estos elementos zoo-culturales constituyen sistemas proto-eidéticos, que no son hablados, no son conceptuales, pero que vienen en potencia en la genética y son “actualizados”, “puestos en acto”, “enactados” por la existencia en zoo-ciedad. Puede decirse que están, grosso modo, asumidos en el clan de chimpancés y que no se respetan en cautividad, porque allí no hay clan. Son los principios básicos para la existencia de un clan viable o para una jauría de lobos, entre otras agrupaciones de animales. Hay allí un rudimento de cultura y de proto entidades eidéticas, cuya posibilidad está en la genética pero que no son innatas, en el sentido de automáticas, sino elaboradas en los millones de años del clan y luego aprendidas-enactadas, como una fórmula viable de supervivencia. Por ejemplo, no todos los cánidos la practican y ni siquiera todos los lobos viven en clanes. La invención del clan entre los lobos es una expresión zoo-cultural, como zoo-ciedad relativamente compleja y viable para la supervivencia, que permite cazar grandes presas, defender un territorio e incluso alimentar a algunos heridos y minusválidos. Ese clan respeta un conjunto de mandamientos básicos, pero no puede imaginar, formular ni transmitir un mandamiento del tipo: –“Adorarás al señor, tu dios”, como tampoco contarse un mito acerca de la creación originaria del clan junto con el mundo.

4.7. Parece inevitable preguntar cómo puede pensarse, desde este enfoque, el gran tema de las rupturas eventualmente constitutivas de lo que llamamos la condición humana…

Me temo que una pregunta de este tipo conlleve una concepción algo esencialista y quizás por eso se satisfaga sólo con una respuesta tautológica. En verdad, no tengo una respuesta clara. Tiendo a pensar que los pre-humanos (como pre sapiens) poseían sistemas eidéticos más o menos complejos. Me parece que en este punto estamos en la frontera con la antropología, la arqueología y la paleo-antropología. Mi información no es suficiente para responder. Más allá de esto, lo que me interesa destacar que, en lo que respecta a los elementos culturales y particularmente eidéticos, no parece haber un salto tan radical de la animalidad a la humanidad, especialmente si consideramos los mamíferos que viven en sociedad, que deben darse zoo-reglas y, sobre todo, los humanos pre-sapiens.

4.8. Son temas abisales; seguramente por eso nos fascinan tanto. En mis anotaciones tengo destacada una idea tuya según la cual los sistemas eidéticos (o algunos) se relacionan con los humanos como su flora intestinal. Se trata, evidentemente, del recurso a una analogía, a un modelo, del tipo que explicaste anteriormente [3.4]. Tengo subrayado, también, que la introducción de esta imagen tiene estrecha relación con tu crítica a la visión instrumentalista de las ideas. Me parece importante que desarrolles el punto.

El problema se plantea así. La noción “las entidades eidéticas son instrumentos que crean los seres humanos para fines predeterminados” supone una decisión teórica pre-eidética, en la cual la conciencia transparentemente decide “utilizar” tales ideas para un objetivo que se ha propuesto. La objeción más fuerte que puede hacerse a esta concepción es que no es posible imaginar un ente inteligente haciendo una operación mental antes de tener ideas, pues no es imaginable pensar pre-eidéticamente para tomar la decisión de instrumentalizar las ideas. Toda decisión en tal sentido es un proceso que tiene lugar en el marco de la existencia de entidades eidéticas previamente implantadas. Cualquier determinación de objetivos, de crítica, de cambio, etc. sólo se da en el marco de entidades eidéticas previas. Es decir, muchas de estas entidades no son cosas, como un martillo o un cañón, que pueden emplearse para un objetivo predeterminado.

Existen, como vimos, entidades eidéticas que poseen vida propia, por así decir, en simbiosis con sus huéspedes, y que por ello no son estrictamente “utilizables” como instrumentos: los proto sistemas eidéticos y las lenguas-mentalidades-creencias. Ni siquiera son pensables como miembros del cuerpo: me corto las ideas como me corto las uñas o una oreja, ni tampoco me amputo las ideas como me puedo amputar un dedo o una pierna, y ni siquiera puedo extraérmelas como si fueran una muela o un riñón. Si mato mi flora intestinal me muero con ella, salvo que sea capaz de crear un sistema artificial de digestión que cumpla con las funciones que desempeñaban esas bacterias en simbiosis con mi organismo. En este sentido, algunas entidades eidéticas no son “partes” ni “apéndices” de los seres humanos. Son realidades diferentes que se articulan simbióticamente a éstos y que han evolucionado junto a los seres inteligentes, como la flora intestinal que no existe sin los organismos digestivos, pero que no es un miembro, sino un huésped. Ha evolucionado con-en éstos.

Advierto un problema de lenguaje del cual no es fácil escapar. Pues diríamos que los seres humanos usan las manos para trabajar, usan los pulmones para respirar, usan el corazón para que circule su sangre, usan su sangre para que oxigene sus células y usan su cerebro para pensar. Pero esos usos del verbo “usar” son excesivos. Tan excesivos como decir que un bebé usa la teta de la madre para alimentarse, o que un feto usa el cordón umbilical para el mismo fin, o que usé a mis hermanos para jugar con ellos en mi niñez. Ese tipo de expresiones pervierten no solamente el sentido del verbo usar, sino también los sentidos del cuerpo, de las relaciones humanas y del idioma, como los postmodernos que hablaban de los usos de la historia, sin asumir que estamos inmersos en la historia como un pez en el océano. Y un pez no usa el océano, un pez no puede pensarse sin el océano, un pez vive en el océano, es parte del océano, es el océano, junto con el agua, la sal, las algas, la arena, las corrientes, las mareas, las estrellas de mar y los demás seres vivos. De este mal uso del lenguaje, de este mal uso de la palabra “uso”, de estos equívocos, deriva el instrumentalismo barato y tantas confusiones.

Todo lo anterior, sin menoscabo que un pescador puede usar un pececillo como carnada en un anzuelo…

4.9. Recuerdo que una referencia a la flora intestinal de los elefantes iba en la misma dirección…

Los individuos nacen sin flora intestinal, por eso no pueden vivir independientemente de sus madres hasta que no se desarrolla dicha flora en ellos. Los seres humanos nacen sin sistemas eidéticos y adquieren la capacidad de pensar complejamente en la medida que internalizan parte de los sistemas de ideas de sus comunidades. Los elefantitos para desarrollar su flora intestinal deben ingerir excrementos de los elefantes adultos. En todo caso esas bacterias y hongos que viven en nuestro organismo y que establecen simbiosis con nosotros son mucho más antiguas que los seres humanos e incluso más antiguas que los mamíferos. Seamos coherentes entonces y pensemos bien quién utiliza a quién para la supervivencia, aunque la simbiosis suponga beneficio mutuo. Algo así debemos hacer, consumiendo los “excrementos” eidéticos de nuestros mayores para poder alcanzar un pensamiento relativamente autónomo y complejo, y que no se escandalicen los de estómago débil, que no acusen de coprolalia, que en el terreno de la vida la generación y la descomposición son dos caras de la misma cosa.

Ahora bien, para no dar lugar a malos entendidos, lo que quiero decir es que algunas entidades eidéticas pueden ser pensadas como flora intestinal y no que las ideas sean bacterias. Aquí no hay nada de organicismo. Sería tan abusivo como decir que el planeta Tierra está hecho de números, porque se dice que la circunferencia mide 40.000 kilómetros. En este caso, al menos, las matemáticas son sólo epistémicas y no ónticas. Sin embargo, se han concebido las ideas como memes, cuyo sentido es reproducirse buscando los espacios para hacerlo (Harari, 2015).

Y, por supuesto, no se trata sólo de los elefantes. Inmensa cantidad de animales necesitan para vivir la flora intestinal dentro de sus aparatos digestivos. Si esa premisa es válida, ¿podemos hablar de la flora intestinal a secas? Obviamente que podemos. Por ejemplo, podemos estudiar cuáles son los tipos de bacterias que se encuentran en simbiosis con nuestros aparatos digestivos, podemos estudiar los componentes químicos de esa flora y muchas otras cosas. Por otra parte, ello no significa afirmar que no existen en simbiosis con tales o cuales animales. Pero la distinción entre ambos niveles es elemental.

4.10. Más allá de los modelos que ofrecen las ciencias de la vida, ¿qué inspiración pueden hallar los estudios eidéticos en otros ámbitos disciplinarios?

Las ciencias de la vida nos ofrecen numerosas formulaciones útiles para imaginar las ideas. Podemos pensar en un modelo proveniente ahora de la física, más particularmente de la óptica. Así como la luz se comporta de maneras diversas, sea como partículas o como ondas, puede decirse que algunas entidades eidéticas se comportan como cosas diferentes. Por ejemplo, en muchas ocasiones, aunque no siempre, las entidades eidéticas pueden pensarse como instrumentos.

4.11. Me gustaría que ofrecieras algunos ejemplos de esta dialéctica, que es indudablemente compleja.

Existen entes eidéticos que, sin haber sido creados como instrumentos, son instrumentalizados por alguien para obtener información y/o para ejercer el poder y/o para manipular y/o para motivar y/o para justificar y/o para otros objetivos.

El instrumento no debe entenderse únicamente como un “arma” para matar, someter u obligar a otro a hacer lo que deseo. Puede igualmente imaginarse como un “bisturí” para operar, como un “microscopio” para observar, como unas “pinzas” para tomar algo muy fino, como un “rayo láser” para realizar operaciones de precisión, como una gran maquinaria para hacer más fácil el transporte, como un “robot” para realizar operaciones rutinarias. Es decir, cuando se alude a las “ideas como instrumentos” no debe pensarse sólo en una especie de maquiavélico designio por dominar a terceros, aunque como en cualquier quehacer tecnológico esto puede también estar presente.

Se crea un constructo eidético para obtener información: una pauta para hacer encuestas, por ejemplo, o una pauta para entrevistas en profundidad; se crea un constructo eidético para enseñar mecánica: un manual de mecánica automotriz; se crea otro para armonizar a las parejas mal avenidas: un texto de terapia; se crea otro para guiar a los estudiantes: un breve programa para el curso sobre Historia del Feminismo en Afganistán; y todavía uno más, para reglamentar el tránsito vehicular: la ley del tránsito. Todos estos son casos de elaboración de constructos eidéticos como instrumentos guiados por un objetivo utilitario de plazo inmediato. Estos casos agrupan lo que llamo “artefactos eidéticos”.

No podría decirse lo mismo, por ejemplo, de la redacción del Facundo, por Domingo Faustino Sarmiento, donde se combinan objetivos y niveles de discurso variados. El Facundo no es un manual de instrucciones, un programa, un recetario, aunque la racionalidad instrumental no esté completamente ausente de la obra. Es una obra que pretende explicar el funcionamiento de una sociedad, generar conciencia respecto de la situación que aquejaba a la Argentina, pero también es un dejarse llevar por la imaginación contando mitos, historias e historietas, buscando el sentido y coherencia. Es decir, trasciende con mucho la racionalidad instrumental y esto con mayor razón podría decirse del conjunto de la obra de Sarmiento o del conjunto del pensamiento latinoamericano del siglo XIX.

Pero los programas de cursos, los manuales, los formularios de encuestas y los libros de autoayuda no son los únicos constructos eidéticos que pueden concebirse “herramentalmente”. Es posible construir otros tipos de entes eidéticos asumiendo también la finalidad instrumental. Ejemplos privilegiados provienen de dos campos: la construcción de idiomas artificiales (como el lenguaje de las matemáticas o el esperanto) y la ingeniería genética. Estos dos ámbitos nos entregan pistas acerca de cómo concebir instrumentos eidéticos complejos.

Imaginemos un problema complejo cualquiera como, por ejemplo, la necesidad de profundizar la democracia, el deseo de fomentar el respeto a los derechos humanos, la protección del ambiente o cualquier otro objetivo complejo, en el sentido de amplio, de no unívoco o de obtención no inmediata. ¿Podemos imaginar una empresa eidética que contribuya a alguno de estos objetivos? ¿Cómo construir instrumentos eidéticos que contribuyan a alcanzar estos fines (que se encuentran en otro plano que lo instrumental)? Es posible hacerlo o, al menos, concebirlo. De hecho, quienes se abocan al derecho, a la politología o a la filosofía muchas veces se han propuesto elaborar trabajos tendientes a satisfacer objetivos como éstos. En tal sentido, lo propuesto no ofrece novedad alguna: la novedad radica en concebirlos como una tarea de eidología aplicada, guiada por la racionalidad instrumental y siguiendo, en cierto modo, el modelo de quienes construyen lenguajes artificiales o de quienes practican la ingeniería genética.

4.12. Queda claro que hay ideas-instrumento, pero también que piensas que no todas las ideas son instrumentos y, más allá, en que no conviene demasiado pensar la vida de las ideas con base en esa imagen.

Más importante, el conjunto de las entidades eidéticas no puede ser concebido como instrumento, pues sería como concebir el universo como instrumento, lo que nuevamente pervierte completamente el concepto “instrumento”.

Pensar los sistemas eidéticos como instrumentos de los seres humanos es lo mismo que concebir de ese modo a la cultura o a las lenguas. Casi resulta más fácil pensar a la inversa: los grandes sistemas eidéticos se sirven de las personas como instrumentos para su beneficio, como el budismo-zen aliado al panasiatismo se sirvió de los kamikazes (los pilotos suicidas) para su lucha contra otros sistemas eidéticos. Las ideas pueden concebirse como una especie, o algo así, de seres que andan buscando cabezas donde instalarse y desarrollarse. Ideas a la búsqueda de cerebros donde prosperar, cerebros que sean conquistables, colonizables para que se dediquen al “cultivo” de ciertas ideas. Digo “cultivo” en el sentido de elaborar tales ideas, sistematizarlas, cuidarlas, reproducirlas, ramificarlas, hibridarlas, injertarlas, combinarlas. En definitiva, servirlas.

Pero obviamente no podría haber una relación unilateral donde apenas una de las partes obtuviera beneficios. En consecuencia, esos cerebros son, en cierta forma, como las colonias de hormigas que cultivan hongos. Sin duda, las hormigas se sirven de los hongos, pero los hongos en su afán reproductivo se sirven igualmente de las hormigas. ¿Qué es antes? ¿La planta que difunde su polen a través de aves e insectos o éstos que se alimentan de la dulzura de la planta? ¿Puede aquí haber un antes y un después? ¿Puede decirse que únicamente la planta se sirve del polinizador o que únicamente el pájaro o insecto se sirven de la planta con néctar? Claramente, no. En el largo proceso de evolución de las sociedades, se han desarrollado aquellas que no pueden existir sin los sistemas de ideas. Es decir, es imposible pensar para una sociedad compleja o un grupo humano complejo un momento cero, de tabula rasa, un momento en que piensa pero piensa sin ideas, sin categorías, y en el cual sin ideas, por así decirlo, decide libremente qué ideas va a cultivar porque le son útiles o más útiles que otras.

Por qué no mirar las cosas del otro lado, desde el hongo (es decir, desde el sistema eidético), y decir: –“¡Mira qué hongo más inteligente! Encontró un hormiguero o el cerebro de un intelectual burgués dispuesto a cultivarlo y propagar sus genes”.

Debe tenerse en cuenta que las diversas variedades de hongos, que compiten por ser cultivados por las hormigas, deben prestarles servicios a éstas para que los cultiven y deben ser mejores que otros, de modo de seducir a las hormigas, por así decirlo. Los hongos deben desenvolver una estrategia para lograr la propagación de sus genes. Ello no es algo automático ni necesario. En tal sentido, las agentes no serían unas hormigas que decidirían cultivar hongos para su beneficio, sino los hongos (ideas), que buscan a las hormigas para que los sirvan, cultivándolos. Son los hongos los que “diseñan” una estrategia (no consciente, ojo) de seducción, en su propio beneficio, de las hormigas, claro, ofreciéndoles algunas migajas.

4.13. Vuelves a estar muy cerca de afirmar que los sistemas eidéticos podrían pensarse como anteriores a los seres humanos…

Al menos en algún sentido, sí. Es razonable pensar que no todas las entidades eidéticas aparecen con el sapiens que es el ser humano que somos. Es fácil imaginar luego de las muchas pruebas de la paleo-antropología que los neandertal, que no son sapiens, aunque son indudablemente humanos, ya alojaban entidades eidéticas, como lo prueban la muy probable existencia del habla, por la presencia del hueso hioides, y los ornamentos y ceremonias funerarias. Más allá de eso, numerosos trabajos de etología animal muestran existencia de zoo-culturas materiales y zoo-simbólicas (Goodall, 1986; Romero de Solís, 2003). Ello indica existencia proto-sistemas eidéticos [3.10].

¿Por qué sería abusivo imaginar que las mutaciones que fueron “produciendo” al sapiens no consistieron parcialmente en la capacidad de aprehender mejor los constructos simbólicos, tanto los que se manejaban antes de su aparición en tanto especie, como los que iban apareciendo en este proceso de construcción recíproca? Que no se confunda, esto no es idealismo, en todo caso, es cognitivismo y genética, cuestiones que remiten a lo material, tal como cabe entenderlo a comienzos del siglo XXI [10.13].

Las entidades eidéticas ancestrales (narraciones breves, cosmovisiones, “teologías” ancestrales, mentalidades, mitos fundacionales), que son siempre colectivas y no creaciones individuales, en el sentido de atribuibles a una persona específica y datadas en el momento en que dicha persona las inventó, no pueden ser concebidas como productos (ni como productos excretados, ni como productos fabricados), ni como miembros amputables. La mejor forma de concebirlos es como organismos en simbiosis con los seres humanos, organismos ancestrales, y hasta más antiguos que los sapiens, que no sólo no son “productos” de los humanos, porque están tan asociados a la especie, a la constitución colectiva de la especie, que no cabe imaginar a ésta sin estas entidades ancestrales. Ello sin menoscabo que puedan amputarse (podarse) porciones, que podamos cuestionar algunas partes y que podamos huir de prejuicios.

Las entidades eidéticas ancestrales se crearon con la especie e incluso, en algún sentido, puede decirse que contribuyeron a crearla. La especie sapiens es también “producto” de las proto entidades eidéticas y de las entidades primigenias, pues sin estas no habría alcanzado su ser (no habría llegado-a-ser), como tantas ramas evolutivas o clanes de sapiens tempranos que se extinguieron. Los sistemas eidéticos ancestrales son condiciones de posibilidad para la existencia de las sociedades realmente existentes. Por eso es que se puede afirmar que los “mejores” sistemas eidéticos “crearon” al ser humano, le permitieron “alcanzar la humanidad sapiens”.

4.14. Uno podría preguntarse por las razones de la perdurable simbiosis. No parece fácil elaborar una respuesta, entre otras cosas porque justamente estás poniendo abiertamente en cuestión el “herramentismo”, punto que conduce a tomar distancia de cualquier tipo de explicación funcionalista…

Así es. En este sentido, quizás convenga recordar una serie de reflexiones de Yuval Harari sobre lo que pudo haberles permitido a los sapiens disponer del lenguaje ficticio. Harari dice algo así como: “El lenguaje ficticio, los mitos y las leyendas pueden ser vistos como una desventaja de los sapiens en relación con otros animales, en la medida que distrae a los primeros de las cosas más importantes, ocupando su precioso tiempo en fantasías sin sentido” (2015). Y sin embargo –prosigue–, parece que el modo correcto de plantear la cuestión no es ése, sino el inverso: el lenguaje ficticio pudo ser la más importante ventaja de los sapiens en relación con otras especies, tanto humanas como animales, por la sencilla razón de que les permitió a los sapiens imaginar cosas no sólo individualmente, sino además colectivamente. Esto es lo que habría abierto paso a la forja de relatos comunes y, más allá, a la inusitada habilidad de cooperar flexiblemente en empresas de diversa índole. Muchas personas que no se conocen entre sí pueden cooperar exitosamente si comparten creencias comunes: mitos, historias, dioses. Harari va todavía más lejos y señala que el mundo moderno se apoya sobre creencias en entidades que son ficticias, imaginarias, como las corporaciones, los Estados, podríamos agregar el dinero. Pienso que en estas tesis de Harari hay elementos inspiradores para pensar el papel de las entidades eidéticas a lo largo de la historia.

Pero no quiero tomar distancia de las explicaciones funcionalistas en todos los planos. Así como existe variedad de entidades eidéticas, existe variedad de relaciones entre los seres humanos y sus comunidades con esas variadas entidades. En definitiva, se trata de entender cómo las lenguas y los lenguajes y las entidades eidéticas en general se han ido constituyendo en simbiosis con las comunidades.

4.15. Al inicio de este capítulo quise llevarte a hablar del origen de tu disposición a repensar toda esta problemática acudiendo a categorías tomadas de las ciencias de la vida. Pero enseguida la conversación derivó hacia el tema de la vida de las ideas. Retomo entonces la inquietud. En alguno de los encuentros que fueron perfilando este volumen te pregunté por la presencia de Humberto Maturana y Francisco Varela entre tus inspiraciones.

Propiamente, la obra de Maturana tiene mínima presencia en lo que venimos conversando. No así el libro Connaitre, de Francisco Varela (1989), que ha sido importante para mí, desde hace ya un par de décadas, al que he dado vueltas y vueltas y que me ha inspirado numerosas reflexiones que se han ido hilvanando y dando forma a varias de las cuestiones sobre las que conversamos, en particular sobre las ciencias de la vida y cognitivas.

Hay otra dimensión que ha sido importante, que se emparienta con esto y se trata de la inmensa cantidad de documentales científicos en general y sobre naturaleza y animales que he visto en TV, a lo largo de los años.

Desde antes y luego con el TV cable, los documentales sobre ciencia y tecnología se hicieron una pasión. Esto me permitió dar un vistazo a la genética, a la robótica, al funcionamiento del cerebro, al big-bang, a los exterminios en masa de especies por cataclismos, a la inteligencia artificial y otras cosas.

A propósito de esto, he conversado con colegas acerca de cómo creen ellos que impactan sus experiencias (vivencias, viajes, otras lecturas, noticias, TV, cine, etc, excepción hecha de los cambios políticos y del diálogo con academic@s) en su obra. Me ha sorprendido cómo algunos son casi impermeables y su trayectoria académica es casi cerrada a lo no académico, en el sentido más estricto. Fue relevante, por el contrario, la experiencia de otro colega que, luego de lidiar con las manadas de perros dentro del campus, por el cargo que ostentaba, presentó un proyecto de investigación de varios años sobre perros y cultura, mostrando cómo esa experiencia vital había tocado de forma importante su quehacer intelectual.

No creas que se trata de mí, pero el largo trato con los mamíferos y otras familias zoológicas, además de las humanas y los humanos, me ha instruido sobre la existencia de una zoo-psicología de aves y mamíferos domésticos. Cómo algunos animales aprenden, cómo establecen sus jerarquías, como se desarrolla su afectividad, cómo dudan y deciden. Por cierto, esto lo he hecho en diálogo con algunas lecturas dispersas y con documentales de TV. Los documentales acerca de los chimpancés de Jane Goodall me han impactado y me han ayudado a pensar el tema de los valores y la comunicación entre algunos no humanos y sobre cómo el sí/no (como hágalo/no-lo-haga) se asocia a la permisión/prohibición, al placer/dolor y a las jerarquías, a la zoo-historia del clan o manada o jauría. Lo que más me ha interesado es la creación de un lenguaje gestual y de sonidos asociados. Esto, que es muy ancestral, y millones de años pre-sapiens, nos ayuda a entender los proto-sistemas eidéticos en los primates y en los humanos pre-sapiens. Por eso he querido hablar de zoo-culturas. Existe un salto con el progresivo desarrollo de los músculos faciales: la sonrisa y el enojo, sobre todo la sonrisa, porque el enojo es bastante manifiesto en muchos animales. La sonrisa es más “humana”, aunque podamos advertir antecedentes en chimpancés y perros. La sonrisa es un salto evolutivo humano, para ganar simpatía o clemencia del superior. Primero será súplica, después benevolencia. Esto nos aleja de los temas en discusión, pero es simplemente para aludir a la posibilidad de establecer conexiones, dejándose inspirar por otros ámbitos académicos y existenciales.

Esto me ha llevado a discutir el contextualismo mal entendido que deriva de una confusión entre la parte y el todo, la confusión entre un género de entidades eidéticas y toda entidad, como si toda entidad pudiera parangonarse a la ideología alemana. Observaciones inteligentes sobre la ideología alemana, no son extrapolables a los relatos sobre el león de los bosquimanos y no sólo porque sea una sociedad sin clases (ver Prada, 2009). Aunque el saber esté siempre marcado también por el poder, también el poder está marcado por el saber. Nuestro trabajo teórico ha permitido, al ir creando conceptos, ir realizando distinciones y precisiones que recogen y superan lo que hicieron Destutt de Tracy, Karl Marx y Friedrich Engels, quienes a comienzos y mediados del siglo XIX acuñaron la noción “ideología”.

4.16. También has postulado que los estudios eidéticos pueden ser pensados como parte de o, mejor dicho, en interrelación con, las ciencias del conocimiento o las disciplinas cognitivas, junto a otros abordajes afines.

Los estudios cognitivos se realizan en diferentes niveles, desde perspectivas disciplinarias muy diversas, con procedimientos e instrumentos muy variados. Más que abocarse a un área de la naturaleza, por así decir, se abocan a un problema. Muchas disciplinas se ocupan del conocimiento: los estudios de la inteligencia artificial, los estudios lingüísticos, los estudios neurológicos o de la fisiología cerebral: funcionamiento del cerebro, los estudios psicológicos: como desarrollo de la inteligencia, de la memoria, de los procesos de aprendizaje, los estudios filosóficos: como lógica, gnoseología y epistemología, apuntando hacia las reglas del bien pensar y los procedimientos teóricos del conocimiento y de las ciencias. Los estudios eidéticos pueden considerarse también, en la medida que se ocupan de cómo funcionan los sistemas eidéticos o cómo operan las comunidades intelectuales como cerebros eidéticos, entre otras dimensiones.

4.17. Voy a insistir: ¿en qué sentido o sentidos puede decirse que los estudios eidéticos forman parte de las disciplinas cognitivas?

Considero que los estudios eidéticos forman parte de estas disciplinas al menos en cuatro sentidos:

En primer y especial lugar, al estudiar cómo se forman las entidades eidéticas, incluso antes de la constitución del sapiens y sobre todo del sapiens actual (asumiendo los cambios en el funcionamiento del cerebro del sapiens a lo largo de decenas y decenas de miles de años), y cómo el sapiens llega a serlo en la medida que se hace capaz de manejar el lenguaje que es la otra cara de entidades eidéticas elaboradas.

También lo hacen, aunque de forma secundaria, al estudiar las entidades eidéticas en tanto que tales, asumiéndolas como sujetos: cómo emergen, cómo se estructuran o componen internamente, cómo se desenvuelven en la historia, cómo funcionan o evolucionan, como se reelaboran, cómo se cruzan, mutan, cambian, crecen, se desarrollan o decaen, quedando obsoletas, siendo superadas o reemplazadas, cómo circulan, se mueven al interior de un sociedad o entre dos o más sociedades o comunidades intelectuales, cómo se relacionan con las sociedades en que se desenvuelven. Todo ello en relación a las operaciones cerebrales y en particular la articulación del cerebro en tanto que base de la eidética con el cerebro fisiológico.

En tercer lugar, al concebirse como quehacer de ingeniería eidética: de producción, reelaboración, cruzamiento o procesamiento de entidades eidéticas o conocimientos.

Por último, al estudiar cómo proceden las personas en tanto entes sociales y las comunidades intelectuales para producir conocimiento y al estudiar, también, de qué formas es posible mejorar la producción-productividad de las comunidades intelectuales. Los estudios del conocimiento no se ocupan únicamente de cómo produce conocimiento el cerebro sino de cómo producen conocimiento las comunidades intelectuales, considerándolas de algún modo como cerebros colectivos.



Deja un comentario