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9 Inmersión en el futuro

9.1. ¿Cómo abordarías la cuestión del futuro de las ideas, de los estudios eidéticos, del desarrollo eidético?

Creo que son problemas distintos.

Consideremos primero el futuro de las ideas. ¿Te refieres a intentar predecir lo que será el “escenario eidético” regional o el global? ¿En qué ámbitos? Así como lo has formulado se trata de una pregunta demasiado difícil por indeterminada.

Tú sabes bien que la prospectiva puede trabajar de varias maneras. Una es consultando expertos, otra es proyectando tendencias, otra, combinando éstos y otros criterios. En estudios eidéticos no contamos, por ahora, con tendencias del tipo “crecimiento demográfico” o “precios del petróleo”.

Por razones sobre las que hemos conversado aquí, los expertos en estudios eidéticos tienen escasa voz sobre el presente/futuro, sus intereses están más anclados en el pasado. Pero justamente una de mis propuestas es que nuestros estudios deben ocuparse, también, de la prospectiva eidética. Es necesario, entonces, decir algo sobre el método, algo sobre qué puede ocurrir y, también, algo sobre los imponderables.

9.2. Comencemos entonces por las cuestiones de método.

Algo fundamental tiene que ver con la construcción de instrumentos adecuados. La prospectiva no puede ser solamente un conjunto de intuiciones de alguien informado. Debe tener como base información empírica contrastable. Esto se liga a cuestiones teóricas acerca de cómo se desenvuelven las dinámicas eidéticas: progreso científico, ciclos generacionales, cuestionamientos a los maestros, modas intelectuales.

Por ejemplo, dentro de veinte años, los principales agentes eidéticos van a ser quienes hoy están haciendo sus tesis doctorales. Los autores no citan veinte años después lo que consideraban “top” veinte años antes. Por lo tanto, hay razones para pensar que aquello que hoy es el “top” de citaciones no lo será en veinte años. Es un criterio negativo: lo actualmente relevante no va a serlo dentro de veinte años. Pero aquí también hay que ver los distintos ecosistemas y el “efecto delay”, que seguramente no opera de igual forma en la moda del vestir que en las modas eidéticas. De este modo, es posible avanzar en consideraciones interesantes acerca del futuro estudiando los temas y las citaciones en las tesis doctorales actuales y sometiendo esta información a procedimientos estadísticos elementales.

También debiera estudiarse, bajo estos criterios, la venta de libros por temas o autores. Igualmente, y cada vez más, lo que sucede en internet, con la circulación de temas y libros, las citaciones, bajadas, referencias, etc. Lo mismo con los temas de los congresos, simposios, jornadas, encuentros. En la segunda década del siglo XXI, por ejemplo, han crecido los encuentros sobre pos/decolonialidad. Ésta es una tendencia muy clara. Sin embargo, por lo que sabemos sobre la dinámica eidética, es altamente probable que esto descienda notoriamente en el primer lustro de la tercera década.

El mundo académico tiene una dinámica de innovación constante. Sistemáticamente hay que decir cosas nuevas. Por razones psicológicas, que no sé bien cómo llamar, pero que tienen que ver con los ciclos generacionales, las ideas envejecen muy rápido. Además, van apareciendo fenómenos nuevos y se destacan nuevos hitos.

Por lo demás, están los grandes temas que van a inquietar a la opinión pública. Estos grandes temas no son completamente “objetivos”, ni derivan exclusivamente de “grandes acontecimientos”. Su captación tiene que ver con percepciones y sensibilidades, con distintos “filtros”. Tiendo a pensar que un tema como el calentamiento, ya instalado como gran tema global, superando incluso a la globalización, va a seguir vigente aunque probablemente se modifique alguna de sus formulaciones, quizá incluso su nombre. Va a seguir vigente porque no lo vamos a solucionar ni a detener. ¿Qué haría que esto cambiara? Un inmenso cataclismo ambiental, donde mueran cientos de miles o millones de personas, que no creo que ocurra mucho antes de 2050, y no me refiero a uno principalmente nuclear, porque éste puede ocurrir en cualquier momento. También, una sucesión de cataclismos menores, que podrían diferir la ocurrencia de un cataclismo a gran escala.

9.3. Algo así entraría dentro de lo que hace un momento designaste como imponderables…

Sí, porque este tipo de fenómenos puede dejar sin validez toda proyección de tendencias. Al menos en los espacios donde el imponderable ocurra o directamente afectados por él. Estos acontecimientos rompen los ritmos habituales de la intelectualidad. Pueden hasta dejarla enmudecida.

La historia del arielismo enseña bastante sobre esto. El arielismo perdió su vigencia antes de que se cerrase su ciclo histórico natural, por decirlo así. Acontecimientos como la Revolución mexicana, la gran guerra y la Revolución rusa dejaron prácticamente muda a la intelectualidad arielista, que debió ser reemplazada por una intelectualidad joven, que pasó a hablar en nombre de lo social, y en contra de lo culturalista.

Algo parecido ocurrió con el pensamiento económico liberal pre-keynesiano en torno a la crisis de 1929. Este pensamiento se quedó sin habla. Entonces irrumpieron voces nuevas. La estrategia de la intervención del Estado en la economía fue la estrategia de grupos intelectuales que hasta ese momento tenían poca presencia, y que lograron entonces responder a la perplejidad causada por la inmensa y no prevista crisis, y a partir de ello ganaron protagonismo. Esto explica parcialmente algunos cambios por reemplazo en las ideas, como hemos conversado antes [5.13].

9.4. Centrémonos ahora en lo que piensas que puede ocurrir en materia de ideas en los próximos veinte años. ¿Cuáles pueden ser las tendencias, los temas, los problemas, las novedades institucionales, más destacables?

Para comenzar, se pueden mencionar algunas tendencias que no son duras o estrictas, pero que son de sentido común. Una es que el marxismo ha “bajado”. Probablemente siga bajando, o teniendo una “tasa de crecimiento negativo” a nivel global. Otra es que han surgido una cantidad de tendencias eidéticas que ponen en cuestión la noción “desarrollo”. También han proliferado los dispositivos eidéticos de autoayuda, que se han adherido a numerosos sistemas eidéticos.

La vasta información disponible permite distinguir algunas tendencias, aun cuando las mismas no estén “traducidas” a coordenadas cantidad/tiempo.

En América Latina, el foucaultismo, que estuvo tan a la moda en la primera década del siglo XXI, prácticamente ha desaparecido. Duró diez o quince años y seguirá en este camino descendente.

Como se señaló, es presumible que una tendencia vigente, y en ciertos lugares en alza, como el pos/decolonialismo, no dure más que lo que duran las modas. Ya lo he señalado, descenderá claramente en la próxima década.

Parece haber aquí una especie de teoría, según la cual las modas duran más o menos eso. Una hipótesis es que la duración normal de las modas puede verse tergiversada por acontecimientos que hacen mutar la sensibilidad de las intelectualidades. Por cierto, sería necesaria una teoría especial de las modas entre las intelectualidades letradas y profesionales, donde éstas parecen operar de modo distinto a la ropa femenina masiva, por ejemplo, a las modas musicales también masivas, o a los tipos de autos.

9.5. Entonces, ¿hacia dónde van las ideas en los próximos veinte años?

Hablando exclusivamente de Suramérica, destacaría la presencia mayor de lo que hoy llamamos intelectualidades emergentes: intelectuales de procedencia indígena y afrodescendiente. Pienso que, en general, la presencia de la intelectualidad indígena va a ser mayor que la de la intelectualidad afrodescendiente. La intelectualidad afrodescendiente es de menor tamaño relativo. También, mayor presencia de mujeres en los rangos “top”. Hoy las mujeres ya son mayoritarias en la academia latinoamericana, pero no en los rangos “top”. Creo que en veinte años habrá más mujeres “top” en la intelectualidad, no sólo una Beatriz Sarlo o una Elena Poniatowska. Sin embargo, las mujeres continuarán siendo bastante minoritarias entre las mayores citaciones. Los temas relacionados con lo indígena y lo afro tendrán mayor presencia. No creo que pase lo mismo con los temas de género.

9.6. ¿Por qué?

Pienso que los temas de género ya han experimentado un crecimiento importante, una especie de apogeo. Con esto no quiero decir que vayan a desaparecer ni que no puedan pasar por reelaboraciones. Sólo que no van a seguir creciendo.  

Dicho mejor: disminuirán su crecimiento y en términos generales decrecerán, aunque se reconvertirán, y entre sus modificaciones tendremos temas asociados como lo transgénero, que de “perversión” pasará a moda, y no sólo moda intelectual. Entre la juventud de muy diversos lugares del mundo, dentro de poco tiempo una décadas, tendremos un boom de operaciones, trasplantes y hormonas hacia formas de androginia y sexo opuestos y complementarios: quiero decir personas que querrán cultivar ambas posibilidades, las intermedias y otras por inventar: pene, ano, clítoris, tetas y más, si fuera posible, un verdadero “combo” sexual. Esto será una expresión de y una motivación para cambios en el nivel eidético: las ideas van primero, las convicciones amplias y más compartidas vendrán después.

9.7. ¿Otros temas?

Temas ambientales, como el calentamiento global, van a tener mayor presencia, aunque esto no será exclusivo de América Latina. Probablemente “lo internacional” va a ganar espacio en la forma de pensar los problemas, que serán abordados más “planetariamente”. Esto parece obvio, pero es importante. Ya existe, pero va a aumentar. El tema del Pacífico: en América Latina va a crecer la “conciencia del Pacífico”, disminuyendo la “conciencia del Atlántico”. La presencia del océano Pacífico va a ser mayor en los discursos. América Latina se va a poner algo más de espaldas al Atlántico. Parece una obviedad, aunque es muy difícil de probar. Por otra parte, será un proceso inevitablemente desparejo, distinto en Chile a Uruguay o Argentina. Tiene que ver con China, con Asia, con Australia, con los cambios geopolíticos. También tendremos más centros de estudio sobre estos temas.

9.8. ¿Qué puede pasar con la contraposición identitarismo/centralitarismo en los próximos años en la región y en el mundo?

Esta pregunta es muy pertinente, y sin embargo no me siento en condiciones de responderla en forma satisfactoria. En primer lugar, porque no logro establecer una forma de medición suficientemente clara de la preeminencia de lo identitario o de lo centralitario en un determinado lugar, en una determinada fase. En parte, porque nuestro auditorio se niega a establecer las distinciones necesarias. Por ahora prefiero hablar de una tensión permanente, más que de ciclos. No tanto porque no piense en esto, sino porque no me siento capaz de probarlo ni de trasmitirlo adecuadamente. Me he dado cuenta en varias ocasiones que cuando digo cosas a este respecto me malentienden y las ideas se tergiversan. Por ejemplo se confunden las ideas de las nuevas generaciones intelectuales con las prácticas y las políticas de los Estados.

9.9. ¿Y qué piensas que va a suceder a nivel global?

En la conformación de entidades eidéticas y en las discusiones a nivel global va a haber mayor presencia de elementos eidéticos provenientes de las trayectorias china, india, árabe, africana, de lo que se advierte ahora. Sin duda habrá más presencia de “lo chino” en las academias: temas, investigadores, figuras, problemas. Incluso del idioma, lo cual plantea que más personas van a estudiar mandarín, incrementando las referencias.

Entre los temas de creciente interés a nivel global mencionaría: ambiente, agua, energías alternativas, derechos humanos internacionales, violencias ligadas al narcotráfico, redes sobre temas consensuales, aunque en este último caso se trataría de redes más bien livianas. Entre las corrientes crecientes, los estudios de la cultura y del fenómeno religioso, las alternativas al capitalismo, las ciencias cognitivas, que incidirán en todos los cruzamientos imaginables. Referencias a las ciencias de la vida, a las ciencias del conocimiento.

Debo resaltar todavía la importancia en las últimas décadas de la intelectualidad india, en particular de la que escribe en inglés y está conectada a las redes internacionales, una buena parte de la cual reside en los países del centro. Creo que esto crecerá todavía en la tercera década del siglo XXI y probablemente en la cuarta.

9.10. Hasta aquí hemos hablado más del futuro de las ideas que del futuro de los estudios eidéticos propiamente dichos. ¿Cómo podría abordarse este tema?

El futuro de los estudios eidéticos podría abordarse desde varios puntos de vista. Uno relevante consiste en pensar lo que “queda por hacer”, como tareas pendientes, en el marco de lo relativamente consensual para nuestras comunidades de trabajo.

Otra manera de enfrentar el problema consiste en interrogar lo que otras comunidades están haciendo y nosotros no hemos hecho todavía.

Otra manera podría ser imaginar reformulaciones de los estudios eidéticos que interroguen acerca de otras cosas, poco convencionales: aquí podría mencionarse lo del desarrollo eidético o la eidología aplicada.

Otra todavía se refiere a asuntos no temáticos sino al planteamiento de nuevos problemas o formulaciones para el sentido de la disciplina: aquí destaco la profundización de las relaciones con otras disciplinas, como por ejemplo las ciencias cognitivas.

No podría dejar de mencionar que estas conversaciones aluden por todos lados a una agenda. Más aún, constituyen una agenda, son una agenda como la mar es el océano.

9.11. Pero si tuvieras que decir qué aspecto futuro de la disciplina posee mayores potencialidades innovadoras, ¿qué dirías?

Quizás su propia constitución/reconfiguración y la construcción de su propia autonomía, abandonando la condición de hija de la historiografía.

9.12. Pero, esto último ¿lo conceptualizarías como una tendencia o, más bien, como un anhelo personal?

Bueno…, se trataría de una profecía que estoy tratando de auto-cumplir.

9.13. Y sobre iniciativas puntuales, como encuentros o publicaciones, ¿qué piensas?

Me gustaría un encuentro acerca del futuro de este ámbito disciplinar, conversaciones más frecuentes sobre la innovación, sobre el sentido, sobre cómo nuestras investigaciones contribuyen al bien-pensar.

9.14. ¿Qué podría ser en el futuro la historia del pensamiento latinoamericano o, mejor dicho, los estudios sobre el pensamiento latinoamericano? Has hablado de “paneidetismo”, que las ideas están en todas partes…

Uno de los criterios que me he propuesto en el estudio de las ideas es ir abriendo nuevos espacios de estudio, ampliando aquello que hicieron las personas que nos precedieron. Sería en extremo limitante entender las ideas latinoamericanas solamente como “filosofía” o como “ensayismo”, a la manera de los primeros estudiosos. Las ideas que emergen en el seno de la producción politológica, económica, pedagógica o de temas internacionales y mucho más allá, deben ser ciertamente abordadas. Pero no se trata únicamente de ampliaciones disciplinarias, sino genéricas, étnicas, geográficas y otras que permitan verdaderamente dar cuenta de lo que se piensa en la región.

Es necesario hacer estas ampliaciones porque las personas que iniciaron el estudio de las ideas entre nosotros provenían de una formación filosófica y querían hacer “historia de la filosofía” como sus maestros europeos. En un primer momento se daban cuenta que la producción filosófica latinoamericana era escasa y muy inaccesible, pues los trabajos ni siquiera habían sido convenientemente editados. Además tenían problemas para leer las lenguas clásicas –griego y latín– y desconocían completamente las lenguas indígenas.

Entonces encontraron un primer recurso que consistió en decir que debía cambiarse la noción de filosofía pues nuestra filosofía estaba en los pensadores políticos o jurídicos del siglo XIX. Así encontraron el camino de la filosofía política o de la cultura y a través de ese camino fueron recorriendo nuevos campos. En el propio medio filosófico esta tendencia provocó reacciones, por parte de quienes argumentaban que eso no era filosofía ni menos lo era la labor de quienes lo estudiaban. Ello produjo una discusión filosófica, sobre el sentido de la filosofía en América Latina, lo que contribuyó a ampliar el espectro de esta ocupación.

Hay personas que continúan trabajando sobre estos temas, pero su época dorada fue en los cincuentas y sesentas. Fue, a mi juicio, la aparición del concepto “pensamiento latinoamericano” aquello que en buena parte cortó el nudo gordiano. La pregunta por si era o no y en qué sentido filosofía, quedaba superada al hablarse de “pensamiento”, noción  más amplia y vaga, que permitía incorporar muchas manifestaciones eidéticas sin tener que adscribirlas a la organización disciplinaria europea.

Es esta noción, la de “pensamiento”, la que permite concebir justamente el “paneidetismo”.

9.15. Mencionas nuevamente el “paneidetismo” y el tema de las “ampliaciones”. Quisiera aprovechar para pedirte que profundices, en la medida de lo posible, sobre el tema de las “ampliaciones”. Me da la impresión de que tu valoración de la incorporación de áreas de interés, o del ensanchamiento del objeto de estudio, es mayormente de signo positivo. Esto es consonante con las justas demandas de inclusión de diversos grupos y de visibilización de múltiples problemáticas. Pero es difícil de conciliar con otra tendencia pesada de nuestra época: la híper-especialización.

Mi posición a este respecto es muy positiva. Estas ampliaciones nos permiten imaginar, estudiar, capitalizar, dar espacios, otorgar voces a numerosas agencias eidéticas, a niveles y formulaciones, a sub-disciplinas y a sectores sociales. Ello, por cierto, comporta nuevos desafíos, pues es necesario formarse específicamente para estudiar entidades eidéticas desconocidas en el propio ecosistema.

9.16. Hablemos entonces sobre las “ampliaciones”, las que han tenido lugar y las que consideras necesarias.

En los hechos, lo que se considera objeto de estudio ha ido creciendo. Se han realizado importantes ampliaciones que han otorgado a la disciplina una categoría y un interés que antes no tenía. En el nivel geográfico, la región va “ampliándose”, considerando territorios sobre los que antes poco y nada se decía: Brasil, América Central como también El Caribe, y no solamente de habla hispana.

En el nivel de los grupos humanos, de un pensamiento generado sólo por varones se ha avanzado en la presentación de algunas pensadoras; de un pensamiento generado únicamente por ensayistas se va avanzando para ampliar la noción de los grupos que generan pensamiento: intelectuales en el más amplio sentido. Mejor dicho, en todos los conjuntos humanos se va buscando la dimensión de “productores” de pensamiento, para decirlo de otra manera, se ha ido asumiendo una “democratización” eidética.

En el nivel disciplinario, la más importante innovación ha sido la incorporación de las ciencias económico-sociales como objeto de estudio. Tradicionalmente los trabajos se ocuparon del ensayo y de algo que llamaban “filosofía latinoamericana”, pero pasaban en gran medida por alto la producción de las disciplinas económicas y sociales, sin considerarlas productoras de “pensamiento”.

A nivel temático, han ido apareciendo objetos como los asuntos internacionales, la defensa y la seguridad, la inserción en el escenario global; la cuestión estética, curiosamente muy poco tratada desde las ideas; la condición y la expresión de la mujer, su papel y sus especificidades.

Como ya se ha dicho, el trabajo específico de la “eidética” es más la utilización de una perspectiva que la búsqueda de un tema. El pensamiento se produce por todas partes, el desafío es ser capaz de captarlo y procesarlo. Es tarea de los especialistas en la disciplina, ampliar su destreza para estudiar toda la producción de ideas. Los déficits de captación y procesamiento han dado lugar a una afirmación fácil y perezosa: el pensamiento latinoamericano se encuentra privilegiadamente en la literatura. Igualmente han aparecido nuevas preguntas, como la pregunta por la circulación de las ideas, la pregunta por el impacto de nuestras ideas a nivel global o la pregunta por las redes intelectuales.

9.17. Transcurridas varias décadas de ampliaciones del objeto de estudio, ¿te parece que éstas continuarán en el futuro?, ¿quedan todavía ampliaciones pendientes?

Me preguntas por cuáles serían los territorios hacia los que podrían aventurarse quienes se interesan por el pensamiento de la región. Todo lo que se ha hecho puede hacerse nuevamente y mejor. Por lo tanto, el campo de trabajo es infinito, luego creo que puede satisfacerse del mismo modo que nos hemos referido a las ampliaciones. Se ha hablado de ampliaciones geográficas, genéricas, disciplinarias, de conexiones y de proyecciones.

Respecto de las  regiones geográficas: sobre la región amazónica, hasta donde conozco, prácticamente nada se ha escrito en términos eidéticos; sobre el ámbito genérico: no tenemos una historia del pensamiento femenino en América Latina; sobre ámbitos disciplinarios: el tema de los trabajos sobre la ciudad o más ampliamente el pensamiento de la ingeniería, arquitectura y urbanismo, un ámbito en el cual el asunto de la modernización ha sido fundamental, está muy virgen; respecto de la cuestión étnica: el pensamiento indígena, producido en las lenguas autóctonas, ha sido muy poco estudiado entre nosotros, a diferencia de los grandes aportes que están haciendo los estudiosos africanos, por ejemplo con miradas como la de la sage philosophy, por ejemplo; sobre las relaciones entre el pensamiento latinoamericano y el no latinoamericano está casi todo por decirse, fuera de lo poco que se ha hecho con relación al pensamiento de la Europa extremo occidental; lo recientemente dicho se emparienta obviamente con las proyecciones y reelaboraciones del pensamiento latinoamericano más allá de las fronteras, y que ha sido un aspecto en el cual me he interesado particularmente en los últimos años, en particular las proyecciones hacia África, como también hacia el subcontinente Indio y hacia el Pacífico.

Estos me parecen algunos de los territorios hacia los cuales orientarse, pero insisto, las posibilidades para innovar en los objetos de investigación, sin contar con las posibilidades a partir de la renovación de metodologías o perspectivas, son inmensas.

Se ha avanzado en la conceptualización sobre nuestras ideas. Se habla menos de “espiritualismo”, “romanticismo”, o “positivismo”, conceptos generalmente tomados prestados, para desarrollar formulaciones más originales como “arielismo”, “indigenismo”, “cepalismo” o “liberacionismo”. Probablemente el cambio más importante, y derivado de lo mismo, es que las personas que miraban “filosóficamente” las ideas latinoamericanas, por su formación estricta (¿estrecha?) en la filosofía europea, no podían ver aspectos de nuestro pensamiento que no se conformaban a ese paradigma. De este modo iban utilizando para definir las tendencias de pensamiento aparecidas en esta región, que además poseían bajos niveles de originalidad, conceptos como “ilustración”, “romanticismo”, “positivismo”, “espiritualismo”, “idealismo”, o “comtismo”, “spencerismo”, etc. De este modo, el pensamiento producido en América Latina era visto sólo como proyección de las escuelas europeas de pensamiento.

El primer y mayor problema que esto conllevaba era impedirnos ver la cabalidad de nuestro pensamiento; el segundo era reforzar el convencimiento acerca de nuestra inferioridad secular; el tercero era dificultar el propio desarrollo de los estudios eidéticos. Para explicar la dificultad de ver a cabalidad nuestro pensamiento, podemos acudir al modelo óptico. Las lentes utilizadas permitían ver solamente una parte de la realidad, para la cual estaban especializadas, pero dejaban en la sombra otras dimensiones. No voy a abusar, como tantas personas, de la palabra “invisibilizar”, puesto que pienso que no existía un designio por ocultar esas otras dimensiones. Esto es muy claro, por ejemplo en la concepción del pensamiento de Rodó como espiritualismo. Sin duda existen una serie de dimensiones del rodoísmo, o más ampliamente del arielismo, que corresponden a patrones espiritualistas, empero existen también patrones antisajones no menos importantes y que no pertenecen al pensamiento espiritualista. Por así decir, el arielismo está compuesto por una dimensión espiritualista y por otra anti-sajona. La mirada filosófica, con la lente europea, nos permitía solo advertir la dimensión espiritualista, dejando la otra como completamente marginal.

Sin duda, a nivel territorial, de los grupos humanos, disciplinario y temático pueden y deben continuar realizándose ampliaciones. Sin embargo, para que ello ocurra más fluidamente es imprescindible dar un salto en cuestiones teórico-metodológicas que permitan avanzar.

9.18. Entiendo que buena parte de tu propuesta de reconfiguración disciplinar está orientada precisamente en esta dirección. No quisiera dejar de preguntarte si la imagen de “salto en cuestiones teórico-metodológicas” remite a imaginar el advenimiento de nuevos paradigmas en este ámbito de estudios.

La cuestión de los paradigmas está íntimamente ligada a la manera en que se recorta el objeto de estudio. Por ejemplo, la identificación del “pensamiento” con el ensayo y la filosofía, permitió hacer importantes avances en los años cuarenta, pero ya en los años setenta era un tremendo obstáculo, e incluso hoy continúa siéndolo, aunque en general se ha superado. Por otro lado, la utilización de la categoría “influencia” para armar las corrientes de pensamiento entre nosotros permitió esbozar el romanticismo y el positivismo, pero progresivamente esto se hizo camisa de fuerza para pensar el arielismo, el indigenismo o el cepalismo. Todavía más, concebir los estudios eidéticos como “historia” o “historiografía de las ideas” ha conducido a la disciplina a ocuparse demasiado de autores ya fallecidos, dificultándole aproximarse al presente y por ello mismo haciéndole más difícil, aunque no imposible, la incidencia sobre las discusiones del presente.

Los paradigmas también compiten por la comprensión del fenómeno intelectual interpretándolo como sucesión de generaciones, como campo o como redes intelectuales. Por ejemplo, la teoría de “campo” quiere descubrir cómo operan el poder y el capital; la de las “redes intelectuales” apunta más bien a estudiar como colabora la intelectualidad, cómo se transforma en agente y cómo circulan las ideas; “generación” sirve para entender los cambios y los ciclos. En alguna medida, son paradigmas contrapuestos, sin embargo, simultáneamente son instrumentos que echan luz sobre dimensiones diferentes del fenómeno y en ese sentido pueden ser complementarios.

Pero me refiero también a varias otras cosas. Por ejemplo, a asumir que estos micro-paradigmas son bastante conmensurables y cada uno está diseñado para estudiar una dimensión específica, lejos de abarcar la totalidad. Por otra parte, que concebir los estudios eidéticos también como ingeniería eidética podría potenciar mucho el quehacer, y ni qué decir de nuevas alianzas interdisciplinares…

9.19. ¿En qué sentido sostienes que concebir los estudios eidéticos también como ingeniería eidética podría potenciar el quehacer en nuestro ámbito de trabajo? Por lo demás, ¿en cuáles nuevas alianzas interdisciplinares estás pensando?

Las alianzas interdisciplinares, por su parte, nos abren a otras dimensiones, nos sensibilizan sobre nuevos campos de estudio afines a estas disciplinas y sobre todo platean preguntas que no se han hecho los estudios eidéticos, muy amarrados al pensamiento político, y gastados en autores y preguntas de la historia conceptual e intelectual… En este sentido los estudios internacionales nos abren a preguntas tanto acerca del pensamiento internacionalista, relativamente poco estudiado, como a problemas nuevos: la circulación internacional de las ideas Sur/Sur o la noción de acervos globales de ideas, por ejemplo. La alianza con las ciencias cognitivas llevaría a cuestiones como el origen de los fenómenos eidéticos en relación a la aparición del sapiens y su evolución, entre otras cosas.

La alianza con las ingenierías abriría puertas hacia el estudio de la compleja composición y hacia la construcción de nuevas entidades eidéticas. Lo potenciaría, pienso, al formularle nuevos desafíos, sacándolo de cierto esclerosamiento historiográfico. La ingeniería permite pensar quehaceres diversos, permite pensar unos estudios eidéticos orientados más bien a determinar lo que ha ocurrido u ocurre y otros más proactivos, orientados más bien a generar prácticas eidéticas. Y precisamente quiero señalar que ambas posibilidades no son excluyentes. La posibilidad de reinventarse de los estudios eidéticos de tantas maneras posibles, yendo por tantos caminos diferentes, permite formularse cuestiones también diferentes e innovadoras. En este caso, por ejemplo, hemos hablado de cierta ingeniería geneidética. También podríamos hablar de las relaciones entre la eidética y la informática, o de tecnologías eidéticas, en relación a los dispositivos de que también hemos hablado. Posiblemente te sientes tentado de pedirme si podría proponer al menos un programa para un curso sobre eidética e ingeniería. En verdad, no sería capaz de hacerlo, por ahora.

9.20. ¿Hay más?

Muchas más. Por ejemplo, la relación entre la estructura de los fenómenos eidéticos y los formatos cerebrales; las relaciones entre las propiedades cerebrales, las lenguas y las entidades eidéticas; las relaciones entre la “evolución eidética” convocando la “evolución cerebral” en una dinámica de recíprocas exigencias, aunque me interesa específicamente la exigencia eidética para la evolución cerebral. Pienso, en particular, en cierta eutanasia realizada a través de los milenios por los cultores e idealizadores del lenguaje oral, de la palabra, sobre los cerebros menos aptos para este manejo, por ejemplo la probable eutanasia sobre los descendientes (híbridos) de neandertal o erectus incapaces de hablar (silábicamente) con la misma destreza por el insuficiente desarrollo del hueso hioides, si así fuera.

9.21. Tu mirada de balance y perspectivas de los estudios eidéticos se instala justo en la tensión entre la imagen del “se ha logrado mucho” y la imagen del “todavía no es suficiente”, o del “no estamos aprovechando del todo nuestras capacidades o potencialidades”.

Es cierto. Creo que no estamos dando cuenta o asumiendo suficientemente, el “capital eidético” con que contamos y mucho menos lo posible, dentro del infinito de posibilidades.

Existe una inmensa cantidad de elementos en los saberes indígenas, en sus ecosistemas intelectuales actuales, en sus lenguas, un repositorio/acervo que no estamos aprovechando, desde el punto de vista de la producción eidética y que la investigación sobre estudios del pensamiento ni siquiera conoce suficientemente. No necesitamos ir a China o a Etiopía. No hemos hecho gran cosa para aprovechar esto. También por esto es que veo como algo tan importante la cuestión de la democratización de nuestras intelectualidades, para refrescarnos del ahogante europeísmo.

Por otra parte, yendo más allá de cualquier autoctonismo o estrechez, nuestro capital eidético es el del mundo entero. Tenemos que ver qué somos capaces de hacer con esto que se encuentra de algún modo (ojo, no de cualquier modo) a nuestra disposición. Entre otras tareas, si los estudios eidéticos pueden imaginarse como trabajo en pro del pensar más-mejor, pienso que es muy importante hacer una cierta prospección de los recursos globales de ideas. Entiendo que es una manera de decir y que no puede ser realizada literalmente, dadas diversas limitantes y entre ellas las conceptuales. Por ello ha sido uno de los motivos más recurrentes de mis agendas recientes aquello de ampliar las bibliografías de los currículos más allá de lo que se produce intelectualmente en cuatro o cinco países y que deja de lado más del 90% de la humanidad, aun cuando esos cuatro o cinco países produzcan más del 50% de lo que hace la humanidad.

Se trata de promover una apertura a los mensajes eidéticos del mundo, la orientación de nuestras antenas a captar las voces del universo eidético, más allá de convencionalismos, dependencias, complejos, prejuicios y mezquindades. Por ejemplo, escuchar, mixturar, combinar, cruzar, mezclar, probar, sensibilizarse, adiestrarse para conocer y entender las categorías con que los pueblos del Pacífico Sur piensan el océano.

La propuesta de los estudios eidéticos ha sido imaginada en parte como un quehacer de estudio de las ideas tendiente a pensar más-mejor. No es fácil definir con precisión esta última expresión, pues constantemente el pensamiento, por su mismo desarrollo, va desarmando los esquemas anteriores. Se trata, por eso, de una intención de movimiento mucho más que un punto de llegada. En las periferias este más-mejor se expresa, entre otras dimensiones, en un afán de autonomía. Pensar más-mejor es pensar con mayor autonomía y ello se relaciona con la posibilidad de manejar una mayor variedad de información eidética, que haga más viable eso de cortar cordón umbilical de la dependencia afectivo-cultural que suele aquejarlas. Pero quizás no aludías a esto con tu pregunta. Pero quizás no aludías a esto con tu pregunta.

9.22. Es cierto. No aludía propiamente a eso sino a otra cosa, que enseguida voy a retomar. Ahora quisiera preguntarte por qué imaginas el acervo eidético como un capital y no de otras formas.

No se trata de eso. Es uno de los lenguajes posibles para interrogarse, pero existen muchos otros. Te lo digo de otra manera: No hemos contribuido desde América del Sur sino escasamente a cartografiar el acervo eidético del mundo y menos a procesarlo de forma innovadora. De otra manera todavía: cómo aprovechar todos los descubrimientos para patentar nuevos inventos tecnológicos, o de otra: cómo ampliar el corpus de la filosofía en los currículos timoratos, u otra: cómo organizar programas que formen estudiantes con destrezas para trabajar con la innovación eidética.

9.23. Otro tema de interés es cómo pensar, no digamos en leyes, sino en lógicas o conexiones, que permitan dar cuenta de la vida de las ideas en nuestro tiempo, siendo que lo que se aprecia por todas partes es una diversidad pasmosa, indicativa, al parecer, del reinado de la contingencia, de la arbitrariedad, del oportunismo eidético, si se me permite la expresión. No quiero deslizarme hacia el decadentismo cultural, pero no sería totalmente franco si no dijese que, para pensar en nuestro tiempo, suelo recostarme, al menos en un plano coloquial, en la imagen de la “edad folletinesca” tematizada por Herman Hesse en la Introducción a su novela El juego de los abalorios.

No te deslices hacia el decadentismo que no es cosa buena. Por otra parte, es mejor pensar esta diversidad a la que te refieres como el florecimiento de mil flores que como en el caos, e incluso si fuera algo caótico ¿qué importaría?

¿A qué te refieres con lógicas y conexiones que den cuenta de la vida de las ideas en nuestro tiempo? No alcanzo a entender esta parte de la pregunta.

9.24. Me refiero a la posibilidad de formular hipótesis explicativas más o menos satisfactorias sobre la dinámica eidética. No parece un desafío fácil dar cuenta científicamente de tanta diversidad.

No es necesario imaginar una teoría omnicomprensiva que valga para todos los niveles posibles. Es perfectamente posible y necesario realizar intentos por entender parcialidades de la realidad. Sería un despropósito focalizarse en una especie de teoría omnicomprensiva acerca de lo eidético. Correspondería más bien a un personaje enloquecido de Borges que a ti o a mí.

Por cierto, no estoy hablando de tesis del tenor siguiente: “Para entender la realidad eidética es necesario articularla adecuadamente con la no eidética”. Eso no es una teoría sino una perogrullada. Quizás puedas enunciar algún ejemplo del tipo que estás pensando para entenderte mejor. En todo caso los esfuerzos que hemos hecho por clasificar las entidades eidéticas, entre tantas otras cosas, están colmados de teorías al respecto.

9.25. “Edad folletinesca” es una idea acuñada por el historiador literario Plinio Ziegenhals, personaje inventado por Hesse, y alude a una época que no carece de espíritu, pero que no sabe qué hacer con él, resultando la inaudita libertad espiritual insoportable para el propio espíritu. La edad folletinesca de Ziegenhals/Hesse se caracteriza por el parloteo incesante e insustancial en los medios masivos, por la producción industrial y carente de sentido de artículos científicos (a veces atravesados por la ironía y la auto-ironía), por la fabricación constante de bagatelas intelectuales, por una inundación de fragmentos de saber aislados y destituidos de significación, por la degradación, la venalidad, la claudicación. Es una imagen distópica. Ziegenhals/Hesse aluden a una dinámica eidética industrial, vacua, oportunista, por la que se fabrican continua y conscientemente (malas) ideas para su consumo masivo. ¿Qué piensas de ese tipo de disposición, por la que se pone en cuestión no solamente la “opinología”, o tal o cual aspecto de ella, sino el entero espíritu de nuestro tiempo?

La opinología no es propiamente un problema de estudios eidéticos, aunque entiendo que guarda relaciones. Es un fenómeno de la comunicación más que de las ideas. La opinología podría estudiarse como mentalidad y no como ideología. Pero no veo bien qué podría responderte acerca de esto.

Con tu pregunta pareciera que quieres llevarme a tragar el anzuelo del decadentismo, a ver si hago juicios que afirmen la idea que la nuestra es la peor de las épocas o al menos una muy mala y que conservadoramente aludiera a algún pasado más o menos dorado. Pero, diré, más sensiblemente, que yo no siento así: ni me asustan los caos, ni la abundancia de información me abruma, ni el despliegue alocado de la creatividad me intimida.

9.26. Pienso que, como toda distopía, la imagen de la edad folletinesca no se refiere tanto al futuro como al presente, en términos críticos. Además, no se refiere apenas a la opinología comunicacional, sino al espíritu de la época. Se la podría interpretar, creo que legítimamente, en clave simmeliana, es decir, como una crítica a la trágica saturación de la esfera cultural, y, más prosaica pero no menos justamente, como una crítica a los criterios productivistas de sectores importantes de la academia o de la burocracia académica. Otro tema conexo es la interrogación sobre el significado de la eclosión de la diversidad. ¿No hay algo así como una “industria” de la diversidad? 

En principio podría pensarse que el productivismo no tiene que ver tanto con la academia como con la sociedad. Por otra parte, el medio es el mensaje, y el productivismo y la saturación podrían ser más propicias al desarrollo de ciertas entidades eidéticas que de otras. Ciertamente, sería más propicio al desarrollo de entidades eidéticas del género reciente que del género ancestral. ¿Qué quiero decir con esto? Entidades gestionadas conscientemente, herramentistas, instrumentales, ingenieriles. El alto productivismo, la aceleración, el bombardeo eidético ¿serán más proclives a ideas de innovación? Tampoco hay que olvidar aquí el gatopardismo. O las pequeñas innovaciones permanentes sin sustancia.

Pero hace generaciones que en el ámbito urbano de las ciudades occidentales y de las grandes ciudades periféricas la cantidad de información programada que se recibe es claramente mayor a lo que los seres humanos pueden llegar a procesar. No es un fenómeno de comienzos del siglo XXI. Hace más de un siglo existían en dichas ciudades decenas de periódicos en circulación. Además de periódicos, había otros medios: imprenta, cine, etc. El atiborramiento de información no es algo exclusivo de este tiempo.

Agrego a esto que en mis lecturas de historia de las disciplinas, principalmente de la filosofía, frecuentemente se trata el pasado como algo transparente y fácil. Suele decirse: “En el siglo tal había dos o tres tendencias, en tanto que en la contemporaneidad la multiplicidad es completa y radical”. Pero ello no es así. Sucede que quienes dicen esto no se animan, por distintas razones, entre las que se cuenta el afán de quedar bien con todos, a cartografiar seriamente su propio tiempo. Por otro lado, la multiplicidad es mejor que peor. Se liga con la especialización. También debe haber personas capaces de hacer conexiones amplias, capaces de responder preguntas diversas a las que responden quienes se ocupan de temas monográficos.

9.27. Con respecto al desarrollo eidético, es decir al pensar más y mejor. ¿América Latina o el Sur Global alcanzarán niveles superiores de desarrollo eidético?, ¿de qué depende que los alcancen o no?

Una cosa es el conocimiento; otra, las ideas. Son cuestiones relacionadas, pero no son sinónimos. Si aumentan las ideas, aumenta el conocimiento. Los nuevos paradigmas, conceptos, métodos, tienen mucho que ver con que hay más información o conocimiento. Pero no son lo mismo. Cualquier trasmisión de información gasta megabytes.

Con base en estas distinciones, en términos prospectivos pienso que América Latina y las regiones periféricas en general van a aumentar su presencia aparente en los indicadores de producción de conocimiento (artículos científicos, académicos, en revistas indexadas). Primero, porque la academia no deja de crecer en términos cuantitativos y, en términos relativos, más que en el centro. Esto, hace cincuenta años, no era así. Segundo, porque el sistema de indexación estaba en pañales y además se mantenía artificialmente restringido porque las instituciones implicadas no eran sensibles a lo que ocurría fuera del centro. Desde 2000 se han ido sensibilizando, produciéndose recientemente una especie de boom en este sentido. Se transforman en negocios, que tienen que mostrar lo que se produce en el mundo para venderse. Se tergiversa así el sentido de la producción académica.

Sin embargo, a nivel de ideas, es mucho más difícil predecir. Pero sobre todo, es más difícil de tergiversar en términos comerciales. Ahora bien, producir conocimiento subsidiario, pequeños artículos indexados sobre cuestiones pequeñas, es tanto más fácil que producir grandes ideas. Una predicción sería que va a haber mayor crecimiento de artículos científicos empíricos que en la producción de nuevas ideas o sistemas eidéticos o paradigmas.

9.28. En términos de desarrollo eidético, este panorama que trazas es, como mínimo, ambiguo…

Sí, porque sólo excepcionalmente conseguimos tener intelectualidades capaces de elaborar/ presentar/madurar/circular ideas a nivel de amplias regiones. Esto no cambiará mucho en los próximos veinte años, aun cuando la producción de artículos indexados se cuadruplique en ese lapso. Que no se malentienda: esto último es algo bueno. Vamos a conocer mucho mejor distintas realidades y, así, la realidad global, en todos los ámbitos: agrícola, social, climático, etc. De alguna manera, Martí nos pedía esto. Pero no es suficiente. Porque no es el único aspecto del desarrollo eidético. Seguramente, la cantidad de ideas producidas en el mundo periférico también crecerá, pero no creo que ocurra en la misma proporción que los artículos indexados. Este crecimiento no va a alcanzar el 30% del global.

9.29. ¿Te parece que los estudios eidéticos van cambiando en relación con transformaciones más amplias, como las que supone la emergencia de la sociedad del conocimiento y la información? ¿Tendrían mayor significación hacia el 2000 que en 1900 o 1800? Dicho de otra manera: ¿los estudios eidéticos adquieren mayor o menor relevancia en este tipo de sociedades?

Una respuesta algo simple es que si en este tipo de sociedades la presencia del conocimiento y la información es tan grande, manejarse en este plano, saber desenvolverse, tener instrumentos, es más importante que en otras sociedades. Otra más elaborada podría decir que estoy confundiendo cosas e incluso tergiversando, pues la sociedad del conocimiento e información parece ser un tipo de sociedad que debe ser entendida por disciplinas que no son los estudios eidéticos, al menos no en primera instancia, y más aún que si el conocimiento y la información tienen más presencia es porque las ideas poseen menos y por ello los estudios eidéticos pierden relevancia, sugiriendo que en tiempos del ideologismo los estudios eidéticos tenían particular vigencia… Pero, más que pensar en una disminución de lo eidético prefiero pensar en la aparición de nuevas entidades eidéticas. Una vez más, estas nuevas entidades no necesariamente harán desaparecer las antiguas sino que se agregarán, posiblemente restando importancia relativa a otras.

9.30. ¿Te atreves a pronosticar qué nuevas especies eidéticas podrían aparecer?

Hace ya más de medio siglo se pronosticó el fin de las ideologías, por lo demás en el momento del máximo ideologismo, los años sesenta. Hacia fines del siglo XX se actualizó mucho esta noción, luego de la caída del Muro. Por cierto, las ideologías en sentido estricto, ni las entidades eidéticas en sentido amplio, no han desaparecido.

Me atrevo a sugerir el desarrollo de “ideologías-cortas”. Lo que denomino ideología corta es un sistema eidético muy parecido a la ideología tradicional aunque más lejano del sistema filosófico y más focalizado en cuestiones específicas, que no necesita responder a una filosofía de la historia, sino que se basta con un conjunto de lemas o máximas articuladas, con poca sofisticación y con suficiente simplicidad para funcionar en los medios. No es completamente nuevo. Los catecismos operaban así, simplificando un sistema eidético para consumo masivo y sobre todo de niños. Podría decirlo de este modo: una ideología corta es aquella que puede ser asimilada en el marco de programas televisivos, para gente que ama el deporte o que puede ser repetida por tiras animadas y por conductores de programas para la hora del desayuno. Ello propicia programas políticos de menor envergadura dogmática que se conforman con alianzas a corto plazo, que pueden recomponerse pronto y donde las ideologías están más cerca de lo programático que de las creencias de fe. Pero ojo con esto, no se trata de una predicción para el resto de los tiempos, sino para un par de décadas. Ya lo creo que volverán las ideologías duras, del dar la vida por ellas.

Estas ideologías para prosperar deben asumir el tipo de sociedades en las cuales se alojan y en que nichos dentro de tales sociedades. Ciertos nichos favorecen unas otros favorecen otras. El soporte técnico banda animada no en abstracto sino en el marco de millones de bandas animadas existentes, en el marco de una cultura de bandas animadas existentes permite que se desenvuelvan ciertas entidades eidéticas con más facilidad y otras con mayor dificultad.

9.31. ¿Otros pronósticos?

Más que pronóstico lo que estoy haciendo ahora es explicitar el presente y apenas señalar que esto perdurará por décadas. La ideología se refiere eminentemente a la cosa pública y tiene que ver con el proyecto de sociedad. En tensión, de diferencia y encuentro, se han desarrollado cantidad de entidades eidéticas que pretenden ser dadores de sentido a las existencias y conductas cotidianas. Un espacio que era cubierto por otros sistemas eidéticos como los religiosos, los filosóficos o los mitos cosmogónicos. Claro que esto que digo no es muy original si no logro caracterizar mejor este pensamiento que es “débil”, no en el sentido de “no dogmático” de Gianni Vattimo, sino más bien en el de “simplificado y poco elaborado”, y en sentido muy opuesto a las matrices francesas y más afín a matrices sajonas, para decirlo en términos europeos. Para avanzar en este terreno he introducido el concepto “cotidianías”. El hipismo fue un movimiento que se articuló a una “cotidianía”, con alta capacidad de asociación con otras, el naturismo, las religiones orientales de consumo occidental, cierto naturismo, nudismo, ecologismo y anti-consumismo. Otra es el veganismo, deriva en una línea desde el hipismo, y se aloja en nichos universitarios principalmente, contribuye a disciplinar a sus adherentes, les da sentido de militancia, les ayuda a sentirse superiores y establece relaciones con otras como el ecologismo, el naturismo, el anti-consumismo, formas neo-fisiocráticas y versiones simplificadas de sistemas eidéticos religiosos de culturas diferentes a aquella que mora en la persona envuelta. Florece en medios universitarios, allí prospera y se desenvuelve, colonizando. Otra cotidianía es el fisicoculturismo, ultra-corta, prospera más bien entre personas no universitarias, y coloniza bandas o maras más que sectas, se emparienta con militarismos. Estas cotidianías se asumen con diversos niveles de adhesión y no faltan quienes pretenden seguirlas hasta la muerte, como quienes por seguir un principio de alimentación sana terminan suicidándose prácticamente por falta de proteínas o de minerales o de alguna vitamina pues su ortodoxia les impide “envenenarse” consumiendo alimentos que los contengan. Ello les da un alto sentido de militancia y pertenencia, identidad con fuerte diferenciación, con sus marcas de distinción, más que militancias, aunque ello sea variable… El veganismo asociado al ambientalismo genera mayor militancia que el fisicoculturismo en la versión cultivada en las bandas de motoqueros, con sus atuendos de falsos guerreros de utilería, sus tatuajes y su masculinidad forzada…



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