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2 Los estudios eidéticos como propuesta de reconfiguración disciplinar

2.1. ¿Cómo se definen los estudios eidéticos? ¿Cómo se sitúan en relación con disciplinas como la historia de las ideas, la historia intelectual, la sociología del conocimiento, que hacen, también, aunque con sus respectivas especificidades, de las ideas su objeto de estudio?

Se ha inventado las expresiones “estudios eidéticos”, “estudios eidológicos” y “eidología”, todas a partir de la noción griega “eidos”, que significa idea, para designar los estudios que tienen por objeto las entidades eidéticas. Con el paso del tiempo, he ido prefiriendo la primera expresión, para evitar la confusión que puede suscitar el parecido de las otras dos con el concepto clásico “ideología” [1.5]. En las Jornadas de Talca de 2017, nuestra colega y amiga Cecilia Sánchez observó que la noción de eidético/eidética podía inducir a confusión en la medida que evoca a Husserl, la segunda reducción fenomenológica, donde su sentido es claramente otro. Sin embargo, pienso que este riesgo es muy bajo. Es claro que estamos hablando de cosas muy distintas, que en este espacio disciplinario las ideas de Husserl son poco conocidas, y que, además, aquí se trata de ampliaciones.

Los estudios eidéticos comprenden aquellas disciplinas que tradicionalmente se han llamado “historia de las ideas”, “historia de la filosofía”, “historia de la ciencia”, “historia intelectual”, todas pensándose como tributarias del quehacer historiográfico, aunque en numerosas ocasiones sus contenidos no hayan correspondido efectivamente a la dimensión temporal.

Un aspecto muy importante de esta propuesta es que el paradigma historiográfico es uno de los pertinentes pero en ningún caso el único. Los estudios sobre las entidades eidéticas no se circunscriben a la dimensión histórica, que por otra parte, y casi de suyo, los ha constituido en ciencia básica, inhibiéndoles el carácter aplicado, que podrían igualmente desarrollar. Otras sub-disciplinas han sido por ejemplo la “sociología del conocimiento” y los “estudios culturales”. Al estudiar los mitos, la antropología y las ciencias de la religión también se abocan parcialmente al estudio de entidades eidéticas. De hecho, los estudios eidéticos extraen elementos de numerosas disciplinas, además de inventar los propios, no obligándose a un divorcio de la historiografía, aunque obligándose, eso sí, a la multidisciplinaria poligamia o poliandria, como se quiera [1.3; 1.5; 2.11]. 

Los estudios eidéticos, que enfatizan el estudio de las ideas más que de las intelectualidades, apuntan a estudiar las entidades eidéticas en tanto que tales, es decir, en sí mismas, parecido a como la lingüística estudia las lenguas.

A los estudios eidéticos les interesa entender muchas cosas relativas a las entidades eidéticas: cómo se componen, cómo se articulan, cómo mutan, cómo se cruzan, cómo pueden clasificarse, cuáles son sus características, según su clase, cómo y cuáles entran en simbiosis con las sociedades… Ello en nada obsta a que se practiquen formas como la psico-eidología o socio-eidología, Sin pretender que una especialidad sea mejor que otra, pues cada una explota un nicho. Sería como decir que la biología, la zoología o la botánica son mejores que la ecología o viceversa. Viva la disciplina como también la interdisciplina…, y esta declaración no es eclecticismo sino más bien pragmatismo y sentido común. Nuestra capacidad de pensar es muy amplia y vamos elaborando muchas maneras de hacerlo.

2.2. Entonces los estudios eidéticos quedarían definidos primordialmente por su objeto, las entidades eidéticas…

En realidad, vengo pensando en tres aproximaciones, las cuales se traslapan y complementan. No creo que sea necesaria una definición única ni menos que se pretenda cerrada y exclusivista. Lo repito, el quehacer intelectual tiene tal vitalidad que revienta las definiciones cerradas. Por eso hablo de un ámbito disciplinar donde se entrecruzan formas de trabajo y no hablo de una disciplina y menos de una ciencia, en sentido estricto.

La primera aproximación focaliza su atención en el objeto. De acuerdo con ella, los estudios eidéticos se ocupan de las entidades eidéticas y de éstas en relación a sus realidades inmediatas.

Pero si los estudios eidéticos están obligados a darnos un ámbito de ocupación privilegiado, no serían tanto sus objetos que los definirían, sino una específica aproximación al quehacer simbólico, a los comportamientos inteligentes e incluso a la cultura material, en vistas a ser analizados desde la pregunta por las ideas que se expresan.

Por otro lado, también pueden ser caracterizados como aquel ámbito del que se ocupa el conjunto de estudios que practica, ha practicado y practicará la comunidad de quienes se consideran y son considerados cultores esta área de estudios.

Algunas personas consideran que la formulación “estudios eidéticos” es sofisticada o críptica y me han sugerido que la resuma en “eidética”, que es homogénea con lingüística y con química.

2.3. Objeto, mirada, quehacer/comunidad, es interesante pensar en esta triple definición de un ámbito que parece ser, constitutivamente, abierto. En tu opinión, ¿cuáles son aquellas disciplinas con las que los estudios eidéticos establecen o debieran establecer vínculos significativos?

La respuesta sería demasiado larga y, en el trascurso de la conversación, iremos haciendo precisiones. Por ahora, puede decirse que el comercio con la historiografía debe continuar, pero sin celos, que el parentesco con la economía y con la sociología es irrenunciable y que también debe continuar el contacto con los estudios literarios que ha sido igualmente tradicional. Curiosamente los estudios literarios y la lingüística, su parienta cercana, han asumido varios conceptos que provienen o que se utilizan también en las ciencias de la vida: generaciones (José Ortega y Gasset), lingüística generativa (Noam Chomsky) estructura genética (Lucien Goldmann), entre otros. Pero incluso en los propios estudios eidéticos se han usado expresiones genéticas para el estudio de las ideas africanas (Boele van Hensbroek, 1999).

Los estudios eidéticos se han ligado, buscando interpretar o explicar sus objetos, a la sociología, la economía, la politología, historiografía e incluso la ecología. En su afán por encontrar un lenguaje y formulaciones adecuadas, también se han inspirado en la lingüística, en los estudios literarios y filosóficos, en los estudios culturales e, incluso, en la geografía y la biología, sin menoscabo de adecuaciones y adaptaciones. Una de las principales potencialidades de la disciplina es su capacidad para hibridar lenguajes e incluso para utilizar e hibridar paradigmas y enfoques provenientes desde orígenes bastante lejanos.

La expresión estudios eidéticos permite pensar un gran espacio de intersecciones disciplinares, que carecía de nombre, donde se entrecruzan surcos cultivados por diversas especialidades. Conceptualizar el conjunto puede posibilitar el mejor encuentro sinérgico entre quienes cultivan las diversas especialidades, a la vez que organizar una institucionalidad que las potencie recíprocamente y, sobre todo, plantearse la elaboración de agendas de trabajo amplias y relativamente fáciles de pensar con un concepto común.

Por otra parte, se puede entender esto mejor a la luz de lo que ha ocurrido, en un plano mayor, con la noción “estudios culturales” que fue clave para potenciar esa área del conocimiento y sin la cual no era posible coordinar a gente que trabajaba sobre los media y otra que estudiaba la danza, con gente que trabajaba sobre fundaciones de apoyo al arte, y otra que trabajaba sobre historia del libro y así…

Las diferentes aproximaciones al interior de los estudios eidéticos equivalen a sub-disciplinas que apuntan a obtener tipos diversos de respuestas. Así como la física no es mejor que la química tampoco es mejor la historia de las ideas que la historia intelectual. Puede discutirse, eso sí, dado cierto problema, cuál de estas u otras podría responder mejor. Aunque sería más adecuado decirlo así: ante tal problema una ofrecería tal tipo de respuestas y la segunda tal otro, sin necesariamente ser mejor o peor. Una releva ciertos elementos que la otra no y viceversa.

2.4. Sucede con frecuencia que al diseñar un programa de curso o seminario muchas cuestiones “hallan su sitio” y, al organizarse en relación con otras, se esclarecen. ¿Tienes elaborada una propuesta de curso de eidética o de estudios eidéticos? ¿Cuáles serían sus características?

Tengo una serie de puntos que son los que he ido introduciendo a lo largo de mi propia docencia y que podrían constituir algo así como un curso de “Introducción a los Estudios de las Ideas”:

  • Conceptos fundamentales con los cuales funcionan las disciplinas que se entrecruzan en este ámbito.
  • Maneras de hacer al interior del campo: tendencias y figuras.
  • Definición de las entidades eidéticas.
  • Clasificación de las entidades eidéticas (sistemas eidéticos y otras) y comparativismo: mitos, sistemas ideologías, dispositivos, etc.
  • Clasificación de escuelas y tendencias eidéticas en las diversas regiones del mundo (“100 nombres”).
  • Metodologías: Las maneras y condiciones para trabajar sobre lo eidético y sus conexiones: definiciones, conceptualizaciones, métodos de las sub-especialidades, disciplina-interdisciplina.
  • Mutación, cruzamiento, adherencia y simbiosis en/de las entidades eidéticas.
  • Circulación, difusión de las entidades eidéticas.
  • Relaciones entre lo eidético y lo no eidético (lo que la gente llama la “realidad”: neuronas, cerebros, organizaciones, estados, sociedades, personas…).
  • Pendientes y agendas para la disciplina.
2.5. Vamos a ir tocando varios de los puntos que has mencionado recién a lo largo de estas conversaciones…

Y si tuviera que confeccionar un programa de “Estudios eidéticos aplicados”, comenzaría por algo más o menos así (nunca he realizado un curso sobre esto, apenas he apuntado algunos de estos elementos en cursos dedicados a otros asuntos). El objetivo general sería contribuir a la generación de ideas que permitan pensar mejor, mediante la “programación” y el “aceleramiento artificial” de aquello que la intelectualidad o la sociedad de modo “natural” lleva a cabo lentamente. Los objetivos específicos serían los siguientes:

  • Discutir en qué sentido los estudios de las ideas y sus realidades inmediatas pueden considerarse como “aplicados”, tratándose de un ámbito tan abstracto.
  • Fomentar la transferencia de conceptos y paradigmas entre las disciplinas.
  • Estudiar la circulación de las ideas.
  • Contribuir (mediante procedimientos de la ingeniería geneidética) a la elaboración de conceptos “traductores” o “esperánticos” que operen como “puntos en encuentro” entre discursos diversos.
  • Contribuir a la elaboración de paradigmas y metodologías para el estudio de los fenómenos eidéticos (orientándose particularmente hacia la capitalización de los paradigmas y conceptos existentes en otras disciplinas).
  • Establecer instancias de diálogo entre discursos diversos: disciplinas, ideologías, teologías-religiones.
  • Contribuir a la elaboración de procedimientos para el desciframiento de códigos geneidéticos y su posible aplicación.
  • Confeccionar cartografías eidéticas (de acuerdo a regiones geográficas, áreas geo-culturales, épocas, escuelas, etc.).
  • Suministrar “ideas artificiales” para ser testadas.
  • Contribuir a la creación de los criterios para elaborar “informes eidéticos” y elaborarlos realmente.
2.6. Vamos a volver más adelante sobre la dimensión aplicada de los estudios eidéticos [7]. Ahora me interesa que sigas presentando tu propuesta en el sentido más amplio posible. ¿Qué líneas de reflexión vienes cultivando últimamente en relación al robustecimiento de la misma?

Mencionaría cuatro líneas principales. En primer lugar, he estado trabajando algo sobre la noción “medioambiente intelectual”, sobre la cual expuse en las Jornadas de las Ideas en Talca en 2013 y que tú escuchaste. Esta noción quiere dar cuenta de una dinámica de las comunidades intelectuales, donde los agentes asumen roles que adquieren sentido y desarrollan aptitudes que se hacen comprensibles al interior de dicho ecosistema, cosa que podría no ocurrir en otros. A ver si me explico mejor: los ecosistemas adquieren dinámicas que envuelven a los agentes, que no se explican solamente por sus antecedentes biográficos, individuales o sociales ni por su formación intelectual.

Este mismo asunto de los ecosistemas intelectuales me ha interesado en relación a la eclosión de la creatividad en éstos. Intento trabajar en el asunto de la creatividad, aunque con poca velocidad y, peor, con escasa creatividad yo mismo. Se trata de pensar de qué maneras puede potenciarse la creatividad en el pensamiento de América del Sur. Mi percepción es que el pensamiento en Suramérica no pasa por su momento de mayor creatividad en estos primeros lustros del siglo XXI, aunque pueden tenerse en cuenta numerosas innovaciones. He estado leyendo a Randall Collins, su monumental Sociología de las filosofías (2005), para afinar la mirada en este asunto. ¿Por qué existen ecosistemas intelectuales donde eclosiona en alto grado la creatividad y en otros no? ¿Qué conjuntos complejos de causas son necesarios para producirla? Ya conversaremos más de esto. En todo caso, insisto que, en algún sentido, quienes estudian el pensamiento deben aportar a “mejorar” el pensamiento, cosa que puede entenderse de variadas formas [7.4].

En tercer lugar, en las Jornadas de Talca de 2014, donde no estuviste, expuse acerca de los estudios sobre redes intelectuales y los criterios para hacerlos funcionales al mejoramiento del quehacer de las propias redes intelectuales. Esto se refiere a lo que mencioné hace un momento acerca de los estudios eidéticos aplicados o eidología aplicada. Intentando generar un acercamiento entre los estudios intelectuales y las ciencias (o técnicas) de la administración. Esto de las redes intelectuales es importante, pues su estudio me parece el mayor aporte latinoamericano a los estudios de las intelectualidades [6.16-6.18].

Otro tema que intento es el acercamiento entre los estudios eidéticos y las ciencias cognitivas, intentando mostrar que algunos sistemas eidéticos han prosperado según principios evolutivos, es decir, son funcionales al desenvolvimiento de la especie, o dicho mejor, han prosperado aquellos que han facilitado el desarrollo de la especie, incluyendo el proceso de “hominización”. Todavía con mayor radicalidad, me atrevo a aventurar una hipótesis: hemos alcanzado la calidad de homo sapiens debido a sistemas eidéticos que nos desafiaron a pensar mejor, oficiando de mecanismos de selección natural. Hubo sistemas eidéticos que facilitaron que se aumentaran determinadas destrezas de nuestro cerebro y de nuestro organismo y que oficiaron como agentes de selección. Ello en dos sentidos: llamaron al cerebro a desarrollarse e impulsaron a eliminar a quienes no podían asumir tal sistema eidético por demasiado sofisticado. Por otra parte, concebir algunos géneros de sistemas eidéticos como entidades en simbiosis con las sociedades de seres humanos permite acercar los estudios eidéticos a las ciencias de la vida, invita a hacerlo.

2.7. Alguien podría preguntarse por el sentido de introducir una (otra) nueva denominación, como es el caso de la fórmula estudios eidéticos, en un ámbito de alguna manera saturado de propuestas programáticas y gestos fundacionales. ¿Cuál sería el “beneficio” epistemológico de arribar, pongámoslo así, a un consenso en torno a tu propuesta? ¿No estaríamos ante una nueva manifestación del síndrome de Copérnico al que hice referencia anteriormente [1.8]?

La noción estudios eidéticos quiere por una parte mejorar la precisión del ámbito de estudio. Se trata de una formulación que alude a un ámbito disciplinar, no a una disciplina ni mucho menos a una ciencia. Es preferible a la noción estudios “ideológicos”, porque las ideologías son apenas una de las formas que asumen las entidades eidéticas, aunque sea la más conocida.

Al centrar la discusión en las ideas, estos estudios se distinguen de otras disciplinas (sin evitar traslapes e interconexiones) y pueden abocarse a su estudio en sus diversos niveles o expresiones: lenguas, mitos, cosmovisiones, sistemas filosóficos, ideologías, cuerpos legales, pero también en diversos recortes disciplinarios, como es el caso de las ideas jurídicas, económicas, sociales, sobre asuntos internacionales, pero también mentalidades y sensibilidades, o bien según los agentes (pueblos, etnias, gremios, agrupaciones, estamentos, clases, etc.). Si pensamos en el mito, encontramos una amplia familia de leyendas, cuentos populares, historias de personajes sobrenaturales, tradiciones y creencias, por mencionar algunos parientes. La pluralidad y variedad de lo eidético es inmensa y sería un despropósito identificarla exclusivamente con alguna o algunas de sus manifestaciones: los conceptos políticos, por ejemplo. Y dado el caso, la historiografía de los conceptos puede ser una fórmula muy interesante para estudiar el 1% o el 5% del universo eidético, para el 95% restante tiene muy poco valor. Esto no le invalida, sólo le ubica como un método para alcanzar determinados objetivos. Lo anterior nos conduce de golpe al omni-eidetismo: las ideas están por todos lados, se trata de relevarlas y en muchos sentidos de potenciar su desarrollo. De más está decir, por otra parte, que a un mismo corpus eidético podemos hacerle diversas preguntas y según éstas acudiremos a unos procedimientos u otros, dialécticamente, pues cada procedimiento nos permite ver unas cosas y no otras.

2.8. Entiendo entonces que con la introducción de la expresión estudios eidéticos estás proponiendo agrupar iniciativas ya existentes. Como toda propuesta de esta naturaleza, tiene un coeficiente de polemicidad. Veo aquí dos problemas. Uno es que los estudios eidéticos son algo que indudablemente existe, aunque no como tal, con esa denominación ni, tampoco, exactamente, con el sentido y los alcances que propones. Esto vendría a ser revelador de tensiones entre la descripción de un estado de cosas y el perfilamiento de una heurística y de una suerte de utopía.
El otro problema es cómo podría relacionarse una iniciativa como ésta con la enmarañada institucionalidad ya existente, con la diversidad de perspectivas y formas de trabajo. Para ponerlo de otro modo: una opción no menos legítima sería la de admitir la heterogeneidad radical e insuperable en este ámbito de estudios y preconizar, por ejemplo, una especie de minimalismo. La propuesta de los estudios eidéticos parece orientarse a la búsqueda de una suerte de comunión relativa, de arribo a un consenso amplio, de dotación de algún tipo de orden para el cuasi-caos imperante, de agrupamiento y capitalización de logros, de acceso a mayores niveles de densidad. En este sentido, es difícil no verla como una construcción englobante, a la que podría atribuírsele una vocación megalómana, hegemonizante, hasta imperial/ista…

Pienso que al hablar de estudios eidéticos se agrupan variadas expresiones de quienes se interesan por los estudios de las ideas, de las intelectualidades que las hospedan como también de sus relaciones con las sociedades con las cuales entran en simbiosis, en perspectiva histórica o presente, en perspectiva básica o aplicada, en perspectiva más referida al contenido de las ideas o en quienes estas se expresan.

Me parece clave la constitución de un ámbito disciplinar que agrupe estas expresiones así como a la comunidad de quienes nos dedicamos a este asunto, promoviendo a la vez la maduración de un lenguaje, entre otras cosas. Este ámbito disciplinar se encuentra muy poco constituido, lo que hace que opinen en un mismo plano personas que, si se tratara de hablar del cosmos, podríamos considerar ptolemaicas, ufológicas, teológicas, astrológicas y astronómicas, entre otras. Como ves, si por un lado me muevo hacia la ampliación del ámbito disciplinar, por otro busco destacar la necesidad de constituirlo con ciertas definiciones más precisas.

La insistencia en los “enfoques” diversos, en el “cruce de caminos”, en la noción “ámbito o área disciplinar”, pienso que impide ver esta propuesta como hegemonizante, precisamente porque plantea la coexistencia, no la exclusión. Por otra parte, ello puede decirse de cualquier propuesta. No me preocupa mucho. Epistémicamente, me gusta la noción de “punto de encuentro”. Entender un área disciplinar como un encuentro entre líneas de trabajo o enfoques que se entrecruzan en un punto. Ese punto y sus regiones cercanas constituyen un área disciplinar. Así como van divergiendo, en el otro extremo, se encuentran otros puntos de confluencia, que son otras áreas disciplinares.

Sí me preocupa, en cambio, que sea una propuesta que fecunde el quehacer en vez de inhibirlo, y correlativamente, que le ofrezca cierto status de profesionalización, elevando el nivel de las discusiones, sacándolo del nivel de las “opiniones”, donde cualquier persona las entrega sobre el contexto, confunde ideologías con mitos originarios o refiere como miembros de una misma generación a personas que nacieron con 100 años de distancia.

Te lo cuento como anécdota. Hace poco, me tocó escuchar una persona que hacía un contraste entre lo que llamaba “la generación de Bolívar, Sarmiento y Rodó” y los autores decoloniales, o algo así.

2.9. Queda claro, entonces, que la diferencia entre la propuesta de los estudios eidéticos y la de la historia intelectual remite a una cuestión de enfoque y, también, de teoría de conjuntos, en el sentido de que, para la primera, la segunda es algo así como un sub-conjunto suyo…

La historia intelectual (entendida normalmente más bien como historia de las intelectualidades que de lo intelectivo) es un sub-campo en más de un sentido. Los estudios eidéticos se interesan por la historia (por el pasado y por la historicidad del pensamiento y de sus huéspedes) pero también por el presente; se interesan tanto por las intelectualidades como por otros ámbitos sociales y sobre todo se interesan por las ideas en tanto que tales.

Estudiar los fenómenos eidéticos en la dimensión sincrónica y en el presente es clave. Se trata de renunciar a la formulación historiográfica como única. Además, si los estudios eidéticos quieren realizar estudios aplicados, ello es muy difícilmente compatible con una perspectiva exclusivamente historiográfica.

En verdad, los estudios eidéticos desde siempre, por así decirlo, han trabajado con diversas disciplinas pero por alguna razón se han denominado “historia de…”, no habiendo hecho verdadera historiografía en numerosas oportunidades. La dimensión diacrónica o evolutiva no siempre ha estado presente. En numerosas oportunidades se han realizado estudios sincrónicos incluso sobre el pasado, como fotografías.

2.10. Este punto de la no restricción historiográfica o diacrónica aparece como algo crucial en tu propuesta, y es algo que no le resulta tan claro a todos los colegas. En las Jornadas de Talca de 2017, donde presentamos una versión de esta propuesta, Dante Ramaglia solicitó precisiones en este sentido. ¿Puedes dar ejemplos de estudios eidéticos no diacrónicos?

Pienso en distintos tipos de investigaciones eidéticas. En primer lugar, todo lo que se refiere a las discusiones teóricas, tanto sobre la disciplina y su entorno como acerca de definiciones de sus objetos de estudio y pertinencia, de sus herramientas conceptuales. En segundo lugar, lo concerniente al estudio de las ideas en el presente. En tercer lugar, lo relacionado con las agendas proyectivas (hacia el futuro) en diversos ámbitos eidéticos. En cuarto lugar, lo que alude a trabajos de asesoría. Finalmente lo que se trabaja en el ámbito de la ingeniería eidética.

Como ejemplos para cada uno de los tipos mencionados sugiero:

  1. Discusiones sobre si debe hacerse historia intelectual o conceptual o de las ideas. Las discusiones en torno al sentido de este quehacer o de alguna de sus expresiones. Por ejemplo, propuestas para una mejor historiografía de las ideas…; Estudios sobre cómo conceptualizar las ideas o entidades eidéticas, los sistemas de ideas, las ideologías, las intelectualidades, las redes intelectual; Los estudios acerca de los instrumentos conceptuales de la disciplina, que la emparientan o distinguen de otras cercanas: por ejemplo, las distinciones entre escuela de pensamiento y tendencia.
  2. Estudios como: “Últimos desarrollos del pensamiento neoliberal” o “Las ideas en Chile en la actualidad” o “Tres maneras de pensar el desarrollo económico hoy”, o “Análisis de los discursos del presidente de turno” o “Estado de la cuestión en las teorías antropológicas contemporáneas”.
  3. El quehacer proyectivo o prospectivo se realiza frecuentemente al interior de diversos ámbitos disciplinares y es muy cercano a los “estados de la cuestión” o “estados del arte”, que frecuentemente se hacen sin método ni oficio, sino de manera impresionista y amateur. Ejemplo: “Tareas y desafíos para el pensamiento sobre democracia”.
  4. Un encargo de una editorial: “Estudio acerca de las tendencias futuras en las ciencias sociales”, en vistas a elaborar una política editorial.
  5. Proyecto: “Puntos de encuentro entre el pensamiento islámico progresista y el socialismo para la elaboración de una agenda común”. Investigación de laboratorio: “Introducción de genes del pensamiento ácrata en el pensamiento integrista católico”.

Los ejemplos anteriores no se refieren al pasado, no contemplan necesariamente la dimensión temporal, no se realizan con los métodos de la historiografía, no requieren del oficio historiográfico, no se producen al interior de la institucionalidad historiográfica; además, las personas que los escriben no han estudiado historiografía ni se ven a sí mismas como historiadores.

Todo esto parece muy claro, salvo para personas que sostienen posiciones “pan-historiografistas”, como aquella que calificó a su madre de historiadora, pues le preguntó de dónde venía y ella le contó que había ido a comprar pan a la esquina. “En el fondo mi madre es una historiadora”, afirmó. Estaba entusiasmada, en su primer semestre de estudios.

De hecho, esta conversación entre nosotros podría ser considerada como parte del acervo de los estudios eidéticos y no es un libro de historia de las ideas, aunque en el futuro quienes se ocupen de la disciplina de las ideas puedan trabajarlo como un libro ya histórico. Claro, si tenemos la suerte que pase a la historia.

Es destacable que varias de estas labores ya se hacen y ni siquiera se consideran parte de los estudios eidéticos, en la medida que el campo no está suficientemente considerado. No es algo raro, ha ocurrido por todas partes. En el pasado, los juristas oficiaron de sociólogos, cientistas políticos y economistas, entre otros oficios.

2.11. Resumiendo, ¿la propuesta de los estudios eidéticos consistiría en reformular este ámbito disciplinar en tanto “punto de encuentro”, una suerte de paraguas amplio que deje claramente establecido el no monopolio historiográfico y que permita avanzar hacia un mejor planteamiento y hacia una mejor definición de la pluralidad de enfoques, énfasis y estilos de trabajo implicados?

Me parece una muy buena formulación. Los estudios eidéticos pueden tener tantas expresiones diversas como las ingenierías, los estudios económicos o psicológicos. De hecho, quienes se ocupan de ello ya lo hacen de maneras muy diversas: sobre ámbitos muy variados de la realidad eidética (regiones, épocas, especies) y también con métodos, enfoques y paradigmas diferentes. Las disciplinas ya existentes que serían agrupadas en los estudios eidéticos son: la historia de las ideas, de la filosofía, de las ciencias, de las mentalidades, la historia conceptual, los estudios del discurso y de las mentalidades, la sociología del conocimiento, la sociología de la intelectualidad, la sociología de la ciencia, las ciencias de la religión, numerosas expresiones de la antropología que se refieren a los mitos y a las formas de pensar de los pueblos ancestrales y originarios. Se traslapa con la gnoseología y con la epistemología. Se emparienta con las ciencias de la vida, con las otras ciencias del conocimiento, con las ciencias sociales y, por cierto, con la filosofía y con la historiografía, desde donde emerge como una más de las disciplinas que van encontrando entidad propia e independizándose de las disciplinas madres. Las ciencias del conocimiento, por su parte, se emparientan con las ciencias de la vida por un lado y con las humanas por otro.

El terreno puede ser amplísimo. Casi cualquier producción inteligente puede concebirse como expresión de ideas, así como la ciencia química puede estudiar toda la realidad en su dimensión química.

2.12. ¿Cuáles serían los objetivos de los estudios eidéticos entendidos de esta forma?

He pensado que se pueden plantear los siguientes:

  • Estudiar las entidades eidéticas y sus componentes, relaciones y evoluciones, en su especificidad de entidades eidéticas, es decir, no concibiendo a las ideas como productos neuronales ni psíquicos, aunque haya terrenos fronterizos;
  • Estudiar las entidades/sistemas eidéticos en sus conexiones con realidades no eidéticas (neuronas, cerebros, sociedades), sabiendo siempre distinguir lo uno de lo otro, dicho en forma distinta: estudiar las maneras en que las poblaciones eidéticas se articulan (negocian sus simbiosis) con las poblaciones inteligentes en ecosistemas en movimiento;
  • Entender cómo las entidades eidéticas han constituido a los seres humanos, cómo los seres humanos se han hecho mamíferos capaces de elaborar entidades eidéticas, mamíferos con un cerebro capaz de contener entidades complejos, mamíferos con un cerebro en el cual se pueden implantar estas entidades eidéticas que le “exigen”, a un mismo cerebro, como una dulce pedagoga, como un entrenador riguroso, como un tirano implacable…
  • Construir o reparar entidades eidéticas que contribuyan a aumentar y mejorar la vida;
  • En relación a todo lo anterior, constituir un ámbito disciplinar que estudie las entidades eidéticas en su especificidad, logrando constituirse como tal, sin aislarse y siendo capaz de dialogar con otros ámbitos disciplinares, especialmente con las ciencias humanas y sociales, con las ciencias cognitivas y las ciencias de la vida.
2.13. ¿Has pensado en avanzar en una sistematización de la variedad interna de los estudios eidéticos?

He pensado en el siguiente esquema de enfoques y escuelas al interior de los estudios eidéticos, y seguramente se me escapan opciones:

Las “historiografías”:

  • De las mentalidades
  • La conceptual
  • De las ideas
  • De la ciencia
  • De la filosofía
  • La intelectual

Las “sociologías”

  • Del conocimiento;
  • De los intelectuales;
  • De la ciencia.

Las “antropologías”

  • Las ciencias de la región
  • Los estudios del mito
  • Los estudios de las pueblos ancestrales
  • Los estudios de los pueblos originarios

Otras formas del quehacer

  • El análisis de discurso y de los contenidos de los medios de comunicación
  • El estudio de las visiones de mundo
  • Los estudios clásicos e incluso arqueológicos, por sus abordajes de los mitos, el pensamiento y la cultura de los pueblos de la antigüedad
  • Los estudios sobre la institucionalidad de organización del trabajo intelectual
  • Los trabajos epistemológicos sobre el área disciplinar
  • Las ingenierías eidéticas, los estudios prospectivos y los aplicados.

También he pensado que en los estudios eidéticos existen subdivisiones de dos tipos: paradigmáticas y temático-disciplinarias. Paradigmáticas porque las ideas se estudian con diversos paradigmas e incluso más, en su sentido amplio, mucha gente no estudia ideas sino intelectuales, o géneros literarios como el ensayo, o historia de la ciencia u otros quehaceres que, podría decirse, no son estrictamente estudios eidéticos, pues no se ocupan propiamente de estudiar ideas, pero están en las fronteras. Pero entre quienes estudian propiamente ideas también existen paradigmas: así la historia conceptual y la sociología del conocimiento abordan las ideas desde diversos puntos de vista; podríamos agregar o inventar la socio-eidética, la psico-eidética (inspirándome de las escuelas lingüísticas: socio y psicolingüística).

Asimismo, pero en parte atravesándose con la cuestión de los paradigmas, debemos ver la cuestión las temáticas. Hay gente que estudia pensamiento político o ideologías; hay gente que estudia la historia de los paradigmas científicos; gente que estudia las mentalidades y otra las grandes cosmovisiones; hay gente que estudia el pensamiento de alguna región del mundo en particular y gente que estudia el pensamiento de alguna clase social, grupo o gremio, entre otras muchas subdivisiones. Esto, evidentemente, puede remitir a la formación disciplinar del especialista.

También tenemos gente que hace investigación básica y otra que hace investigación aplicada y gente que se interesa por los períodos o ámbitos geo-culturales amplios y otra gente que se aboca a cuestiones muy específicas o monográficas.

2.14. ¿Dirías que hay/debiera haber un lenguaje propio de los estudios eidéticos?

Los estudios eidéticos han elaborado históricamente un lenguaje que ha ido constituyendo la disciplina, aunque no siempre haya sido pensado de esta manera ni menos con este objetivo. Los principales elementos de este lenguaje están constituidos por la denominación de l@s:

  • Escuelas: cepalismo, idealismo, arielismo, pragmatismo, funcionalismo, panislamismo, negritud…
  • Períodos históricos: presocrático, helénico, medieval…
  • Ámbitos geográficos: filosofía alemana, filosofía árabe, pensamiento latinoamericano…
  • Géneros eidéticos: ideología, mentalidad, disciplina científica, pensamiento, cosmovisión o visión del mundo, tendencia de pensamiento, escuela…
  • Ámbitos disciplinares: ciencias sociales, humanidades, filosofía, física…
  • Instrumental conceptual: paradigma, concepto, categoría, sistema, estructura, historia de las ideas, historia conceptual…
  • Grupos, generaciones y redes intelectuales: Generación de 1837, Círculo de Praga, Jóvenes Otomanos, red Internacional del Conocimiento.

Este lenguaje no siempre ha sido creado ad-hoc y muchas veces se introdujo sin ninguna intención académica ni menos propia de la disciplina. Pero en esto no hay ninguna novedad, en todos los ámbitos del quehacer ocurre así. La disciplina toma conceptos de donde puede y les va otorgando un carácter académico.

Este lenguaje, que se encuentra también en otras disciplinas y, por de pronto, en las disciplinas madres, la filosofía y la historiografía, es clave para la constitución de los estudios eidéticos. Más aún, éstos se constituyen en la confluencia de este lenguaje, en su maduración y densidad. No podría decirse que los estudios eidéticos son fundados en algún momento y luego “crean” un lenguaje. Por el contrario, el lenguaje existe y su densidad constituye a los estudios eidéticos que, a su vez, progresivamente continúan avanzando en la reelaboración y creación de este lenguaje. Por ejemplo, en los estudios del pensamiento de las regiones periféricas me he encontrado con gran cantidad de conceptos definitorios de tendencias de pensamiento que no se manejan entre quienes cultivan la disciplina en nuestra región y que muestran la eclosión de conceptos al interior de este ámbito disciplinar: panasiatismo, pannegrismo, panturquismo, teología minjung, teología del búfalo de agua, eslavofilia y salafismo, entre tantos más.

Este lenguaje, que por cierto no es siempre consensual y depende de las escuelas, de los paradigmas, puede ser reunido y mejor constituido a través de la realización de un diccionario que lo reúna, lo sintetice y lo critique.

El asunto de los conceptos adecuados es muy importante por varias razones: una, porque para entender la realidad es clave utilizar conceptos que “den cuenta” de ésta; otra, porque la constitución de un espacio disciplinar pasa, en buena medida, por la creación de una conceptualización específica.

Otro lugar de un lenguaje específico lo constituye la propia reflexión sobre el ámbito disciplinar. Este mismo libro da cuenta de ello, precisamente, en las más amplias dimensiones, cosa que se refleja en las discusiones sobre el significado o alcances de la disciplina, en las tareas de ésta, en sus objetivos y en su historia.

2.15. En tus respuestas has hecho varias referencias a otras disciplinas, incluso has tomado prestadas imágenes y palabras de ellas. Algunas de esas disciplinas son, al menos a primera vista, muy distantes de las que conformarían el ámbito de los estudios eidéticos. ¿Podrías explicar las razones que te han llevado a establecer analogías de esta naturaleza? ¿Qué esperas obtener de este tipo de operación?

Hay dos cuestiones muy importantes que quisiera señalar en relación con este punto. En primer lugar, que es clave el traspaso de conceptos desde varias disciplinas hacia los estudios eidéticos. En segundo lugar, que los estudios eidéticos pueden ser propuestos como agentes singularmente activos en los traspasos conceptuales a través de las disciplinas.

El traspaso de nociones y métodos entre las disciplinas no es privativo de los estudios eidéticos, por cierto. El trabajo de unas personas inspira a otras y a veces cierto concepto o cierta concepción, incluso entre disciplinas bastante alejadas, sirve, metafóricamente, para iluminar o ilustrar un aspecto. Más profundamente, existen traslapes disciplinares y temas donde varias disciplinas se encuentran. Todavía más, el trabajo de unas disciplinas inspira el de otras. Todo esto permite entender dicho traspaso.

Ahora bien, existe una posición prudente y una timorata. La prudente: los traspasos deben ser útiles y razonables. La timorata: no hay que contaminarse y además las disciplinas son inconmensurables y todo lo que venga de una ajena destruye la especificidad de la propia.

Por ello, para hablar prudentemente sobre traspasos conceptuales es clave la noción de “modelo”, pues permite hacer estos traspasos conceptuales sin ocuparse de cuestiones antropológicas ni ontológicas, sino manteniéndose el nivel de lo instrumental. Ello no elimina la discusión sobre la pertinencia de los conceptos o la validez de los modelos empleados.

Con estos traspasos quiero fecundar los estudios eidéticos, trayéndoles aire y exogamia, para no continuar pegados solo a las ideologías liberales, a la historia del positivismo en el propio país, a los estudios sobre el ensayo de 1950, a la obra de Sarmiento… Asumiendo, por lo demás, que investigar sobre estos temas me parece completamente legítimo, aunque algo trillado. También pretendo iluminar problemas que, pienso, se ven mejor con algunas categorías de otras disciplinas: exportaciones eidéticas, cruzamientos eidéticos, cartografías eidéticas, entre tantas otras. Obviamente, plantear problemas nuevos, como el origen de los sistemas eidéticos entre los sapiens y antes. También generar diálogos, como el que he reiterado entre los estudios eidéticos y las ciencias cognitivas. Y finalmente, instalar la discusión sobre asuntos sincrónicos, para lo cual la inspiración en la lingüística ha sido clave [10.26].

2.16. Hace un instante ubicaste a la noción de “modelo” en el centro de tu argumentación. ¿Qué quieres decir exactamente con “modelo”?

La palabra “modelo” quizá está algo viciada. Digo “modelo”, como modelo a escala, como analogía e incluso metáfora, es decir como constructo que se emplea para graficar mejor algo sin pretender que sea real. Una maqueta de un edificio, el dibujo de un átomo, la analogía del cuerpo con una organización social, permiten ilustrar ciertas cosas. Llevadas al literalismo tergiversan lo mismo que pretendían aclarar. Cuando traemos conceptos de un ámbito disciplinar a otro deberían mejorar la comprensión, si lo hacemos mal, confunden más que aclaran.

2.17. ¿Qué papel le atribuyes a la cuestión metodológica? ¿Los estudios eidéticos tienen una metodología que podríamos considerar propia o característica de ellos?

En sentido estricto, no. Los estudios eidéticos no tienen propiamente una metodología, porque consisten en un campo donde se cruzan varias perspectivas disciplinarias y metodológicas: los estudios del mito, de los sistemas filosóficos, de las ideologías y otras expresiones de sistemas eidéticos, estudios con sentido histórico y otros que se interesan por el presente, estudios con carácter descriptivo, otros con carácter operativo, estudios de carácter teórico, otros de tipo empírico, estudios enfocados hacia las intelectualidades, otros que se ocupan de individuos. Es decir múltiples perspectivas disciplinares que se cruzan y entrecruzan, pero que no pueden pretender una metodología única.

Cuando digo estudios de carácter “teórico” me refiero a preguntas en torno a qué llamamos sistemas eidéticos, cómo circulan las ideas, cómo mutan, cómo se instalan en las sociedades, cómo se articulan las diversas entidades eidéticas con realidades no eidéticas, cómo avanzar en la constitución de conceptualizaciones para estudiar las ideas y sus portadores, etc.

¿Qué sería entonces lo que les otorga unidad a las diversas expresiones de los estudios eidéticos? El hecho de ser trabajos significativos para un conjunto de gente que se reconoce en este ámbito de cruce disciplinar, gente que se lee recíprocamente, que se cita, a la cual estudios cercanos le hacen sentido, gente que podría participar en un mismo coloquio o encuentro académico. En este sentido los estudios eidéticos no constituyen un paradigma, sino en sentido muy vago. Tampoco poseen una metodología, sino que en su interior convergen personas que acuden a metodologías muy diversas. Lo que los constituye es un campo de conversaciones e intereses compartidos. En este sentido hay sub-espacios de mayor convergencia y lugares de menor convergencia y donde algunas expresiones de los estudios eidéticos se encuentran con otras disciplinas: sociología, historiografía, filosofía, ciencias cognitivas, ciencias de las religiones, etc…

2.18. ¿Cuáles serían los riesgos o peligros a los que se enfrentan quienes cultivan los estudios eidéticos?

Uno es precaverse de los magos de la “sospecha” y de la “sobre-suspicacia”. Se trata de una actitud que se muerde la cola. Sus planteamientos son muy fáciles de reducir al absurdo en la medida que pretenden estudiar a todos los demás de acuerdo a un criterio que no se aplica a quienes viven en el reino de la sospecha y de la suspicacia.

Otro es la extrapolación acrítica y extemporánea. Por ejemplo, los aportes de Van Dijk para estudiar la prensa y el discurso mediático-político, aplicados simplemente a la obra de Martí, que tanto escribió en la prensa, son desproporcionados. Menos adecuados todavía para estudiar la obra de L. Senghor sobre la negritud o para estudiar las propias obras de Van Dijk.

Por otra parte, se nos presenta la angustiante sobre-teorización. Me permito copiar un texto de Jacques Guilhaumou (2004, 50).

“En el plano más estrictamente teórico, y más allá del desacuerdo entre un enfoque hermenéutico, que privilegia ‘el movimiento de la interpretación’ en el seno de ‘la unidad dividida’ de toda formación discursiva históricamente comprobada (Michel Foucault), y un enfoque más ‘dialéctico’, que pone el acento en ‘el interdiscurso’ (Michel Pecheux), es decir, en formaciones discursivas interrelacionadas por lo que puede y debe ser dicho en una coyuntura determinada, se trata de destacar el carácter ‘transvaluador’, de un momento histórico a otro, de la noción-concepto de formación discursiva”.

Pido que se lea detenidamente el pasaje y se piense quién podría manejarse en estas disyuntivas y practicar algo como esto. Solo falta a Guilhaumou agregar una pizca de Lacan y espolvorearlo con Derrida para que los lectores se vayan directo a un manicomio, por un lado, y para la delicia de Alan Sokal, por otro.

2.19. De acuerdo. Sin embargo, una buena cantidad de disputas al interior del campo disciplinar se ha producido justamente por diferencias de método.

A la hora de explicitar un campo disciplinar debemos situar las polémicas en relación a los sub-campos. Las polémicas y aportes más innovadores en los últimos tiempos provienen del sub-campo de estudios del “discurso” (más que del “pensamiento”) político de los siglos XVIII y XIX. Los aportes de R. Koselleck, Q. Skinner, J. G. A. Pocock y los que han girado en torno a éstos, como J. Fernández Sebastián, se refieren a ese período y sólo consideran unos pocos países de Europa Occidental, aunque muy influyentes en otros lugares del mundo. Es como si un lingüista supusiera que el lenguaje político es el único del que hay que ocuparse y, aunque no lo explicitara, nunca hiciera comparaciones o contrastes con otros para esclarecer las especificidades de su campo de interés.

Pero lo cierto es que poca significación (aunque no carece absolutamente de interés) tiene esta discusión para otras épocas y para otros espacios geo-culturales y para otras maneras de “pensar”. La oralidad, el mundo islámico, la trayectoria del pensamiento chino, coreano y japonés, las intelectualidades indígenas en América y en el Pacífico sur, el pensamiento de los esenios, de los cátaros y de los kataristas, de los seguidores de Abd al Wahhab, o de los identitarios de Papúa Nueva Guinea.

2.20. Frente a esto, ¿qué propones?

La metodología de las aproximaciones múltiples-consecutivas. Más sencilla, pragmática y factible. Consiste en realizar diversas lecturas de las obras y de las otras obras de la misma persona y de la bibliografía sobre dichas obras para ir escuchándolas y comprendiéndolas. Es una metodología simple y por ello practicable y no mentirosa. La sobre-sofisticación teoricista sirve a menudo de cobertura para el trabajo ramplón.

Cuidando que el quehacer no se sobrecargue de vicios teoricistas y de sofisticaciones que lo hagan impracticable, que la posición crítica no se transforme en suspicacia y que esos marcos teóricos, que parecen haber alcanzado conclusiones a priori, no tiendan a suplantar la empiria, que en este ámbito consiste en la lectura de los textos, la toma de contacto con las obras.

2.21. Tengo la impresión, de todos modos, que la simpleza de la que hablas no equivale a decir que trabajar de esta forma suponga “poco trabajo” ni, tampoco, resultados relevantes “automáticos”…

Mi objeción al sobre-teoricismo o al sobre-metodologismo es que deriva en afirmaciones que, ante todo, buscan ser coherentes con los principios. Para llegar a conclusiones así, el estudio de la realidad (de las cosas) carece prácticamente de importancia. Por el contrario, para elaborar una sola proposición relevante acerca de algo son necesarias horas, días, meses de trabajo empírico. Y ésta no es en ningún caso una negación de la necesidad de pensar, de hipotetizar, de imaginar. Las buenas ideas no salen simplemente del trabajo empírico, sino de elaborar buenas preguntas, buenas conclusiones. El punto es que quienes tienden al sobre-teoricismo no quieren investigar sino simplemente ofrecer pruebas que reafirmen sus preconceptos.

Alguna vez llamé a la forma de trabajo que propongo “revoloteo”, pero no en el sentido de superficialidad, sino en el de mirar, remirar y volver a mirar las “cosas” en sus relaciones. Este revoloteo o reincidencia permite una perspectiva, una profundidad de mirada. A partir de esto es que es posible entender, comprender, y formular las buenas preguntas y las buenas conclusiones de las que hablé hace un momento. Revolotear, reincidir, de eso se trata.

Pongamos, por caso, el estudio de la incidencia de los viajes en los cambios eidéticos de las figuras intelectuales, tema al que acabo de dedicarle un curso en el Doctorado en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago de Chile. Cabe presuponer que los viajes inciden sobre las ideas. Pero sería liviano afirmar, simplemente, que el viaje “cambia” las ideas. Hay muchas ideas que no cambian con el viaje. Sólo algunas son reelaboradas en relación a las nuevas vivencias, nuevos contactos, nuevas lecturas. Determinar con precisión el alcance de los cambios es un largo proceso de investigación (entre biográfica, de redes, de estudio de los ecosistemas “de origen” y “de destino”), para establecer en qué sentido, hasta qué punto, esa nueva experiencia motivó reelaboraciones eidéticas específicas.

Pero, además de estas consideraciones generales, trato de proponer la elaboración de métodos específicos para resolver cuestiones también específicas.

2.22. ¿Por ejemplo?

Puedo ofrecerte dos posibilidades que he trabajado. Una es en torno al asunto de la recepción y cuáles son los métodos para determinar cómo se ha recibido y reelaborado una obra en un medioambiente diferente a aquel en el cual ha aparecido. En esto he querido ir más allá de las propuestas de H. R. Jauss. La segunda se refiere a las redes intelectuales.

2.23. ¿En qué sentidos quisiste ir “más allá” de Jauss? ¿Cuál es tu distancia principal con este autor?

Jauss piensa en el público lector, lo que me parece del todo legítimo, pero no piensa en las comunidades intelectuales que leen para trabajar intelectualmente y producir conocimiento, no para buscar placer estético, y ello aunque las personas que integran estas comunidades también puedan leer buscando placer estético. Para esto he distinguido cinco modos de lectura, de los cuales el público lector en el que piensa Jauss, es uno.

Elaborando un artículo sobre la teología de la liberación y su recepción en Sri Lanka, quise desarrollar un modelo de reelaboración de un sistema eidético importado desde otro ecosistema intelectual. A propósito de esto me ha interesado desglosar esta circulación y reelaboración eidética en cinco momentos y, a su vez, cada momento en varias operaciones. Sería largo exponer eso ahora. Valga señalar que los momentos que he distinguido son los siguientes: selección externa, selección interna, reelaboración simple, reelaboración compleja y bautizo del nuevo sistema eidético [5.13]. Creo que esto debe mejorar sustancialmente la algo ingenua observación de la copia, de la apropiación y de otros conceptos que se han manejado sin suficiente precisión.

2.24. Hablabas de modos de lectura, o de tipos de lectores. Dijiste que había cinco. Uno es el público lector de Jauss; otro, el de las comunidades intelectuales que leen para producir conocimiento. Faltaría mencionar los otros tres.

Sí. Los estudiantes no leen por placer ni para producir conocimiento, los técnicos que leen manuales lo hacen para operar máquinas o procedimientos y los profesores, jueces de concursos y censores, lo hacen para entender-apreciar las obras. Ahí tienes los cinco modos. Entonces sumemos al “horizonte de expectativas” el “interés de lectura” o el “modo de lectura”.  Además al público lector agregaría, como extremo, los infantes que no saben leer sino que escuchan los cuentos que les leen, y que son los buscadores de placer estético por antonomasia, de modo tan radical, que casi quiebran el esquema por el otro lado. A todo esto podríamos agregar otra categoría: los “niveles de agencia” con que se lee, las intelectualidades leen con mayor grado de agencia que los infantes, que incluso se molestan cuando se cambia una coma del cuento que se les ha leído, en otras ocasiones.

Precisamente para ir más allá del planteamiento de R. Jauss y W. Iser es necesario agregar la noción “figuras de personas lectoras” en relación a “perspectivas de lectura”, el para qué se lee, puesto que de ello dependerá el carácter de los horizontes de lectura. En otras palabras, sin quitar validez a la noción “horizonte de expectativas”, debe agregarse la noción de “objetivos de lectura” que no la refuta, sino que la complementa, pues diversos tipos de personas se acercan a una obra desde sus respectivas funciones, especialmente cuando no se trata de obras literarias sino de prosa de ideas (obras de pensamiento, conceptuales, científicas, académicas). La pregunta que se formula en ese caso es cómo fueron recibidas las obras por un conjunto de personas que no eran solamente “lectoras” sino, a su vez, productoras de ideas, y que las leyeron como insumos para su propio quehacer y no como pasatiempo, divertimento, curiosidad o placer estético, sino como parte de una actividad profesional, en el entendido que no son dimensiones completamente cerradas una hacia la otra, pues todos los seres humanos, simultáneamente, son “consumidores” y “creadores” de pensamiento. Esto tiene algo que ver con el nivel de agencia en la perspectiva con la cual se enfrenta una lectura, es decir como consumidor o como insumos o materiales a procesar para nuevas elaboraciones.

2.25. Más adelante, cuando conversemos sobre los cambios en el nivel eidético, volveremos sobre aspectos de esa contribución [5.13]. En cuanto a las redes intelectuales, es un tema al que le dedicaremos un capítulo íntegro, el sexto. Pero tal vez convenga recordar ahora los grandes trazos de tu propuesta teórico-conceptual sobre las redes.

Se trata de un método simple y que permite obtener mucha información relativa a cómo circulan las ideas y a cómo se asocian a ciertos medioambientes intelectuales y sociales. La noción “redes intelectuales” la fui madurando en conversaciones múltiples con tanta gente… Debo reconocer particularmente a Marta Casaús y a Ricardo Melgar Bao, con quienes he dialogado ampliamente sobre estos asuntos, sobre aprismo, teosofía, centroamericanismo, sobre Vasconcelos, Gabriela Mistral, Joaquín García Monge, Haya de la Torre y otras figuras importantísimas en la constitución de una intelectualidad suramericana, y que se reconocía como tal.

2.26. Una pregunta que no quisiera dejar de hacerte antes de cerrar esta parte de nuestra conversación tiene que ver con indagar cuáles son los cultores del ámbito disciplinar de los estudios eidéticos a los que consideras fundamentales. Hemos hablado algo de los latinoamericanos, aunque poco de figuras de otras procedencias. ¿Cuáles han sido y son tus “autores de cabecera”, si cabe la expresión?

No cabe propiamente la expresión. Pero puedo decirte enorme cantidad de cosas sobre esta cuestión, que además puede ser abordada desde tantos puntos de vista. Ya han aparecido algunos nombres y aparecerán muchos más así como vayamos tocando otros temas.

Te respondo a medias por lo que se dice, a medias por lo que ha sido mi propia trayectoria. Como fundador de este ámbito: Arthur Lovejoy. Como sistematizador de una línea de trabajo: Mircea Eliade. Como innovadores sobre el estudio del discurso político europeo clásico: Q. Skinner y J. G. A. Pocock. Como inventor de la historia conceptual: R. Koselleck. Tratando el tema de la recepción: H. R. Jauss. Sobre el tema de la circulación de las ideas, como concepto: Pierre Bourdieu. Sobre los discursos: Teun Van Dijk. Por sus aportes para establecer paralelos entre regiones del mundo: David Curtin y E. Górski. Sobre las mentalidades: Georges Duby y Roger Chartier. Sobre la sociología del conocimiento: Karl Mannheim. Diccionarios que ayudaron a formarme: José Ferrater Mora y Nicola Abbagnano. Sobre la noción de intelectual orgánico: Antonio Gramsci. Grandes estudios comprehensivos: Michele Federico Sciacca y Randall Collins. Sobre pensamiento árabe: Anouar Abdel Malek, José Antonio Pacheco, Mohamed Arkoun y Nazib Ayubi. Sobre pensamiento africano sud-sahariano: Robert July y Pieter van Hensbroek. Sobre pensamiento chino: Lucien Bianco, Anne Cheng y Wang Hui. Sobre pensamiento eslavo: Isaiah Berlin y Andrzej Walicki. Sobre las redes intelectuales en el Pacífico: Marius Jansen. Sobre ideas y cognitivismo: Francisco Varela y Yuval Harari. Sobre varios de ellos, y sobre algunos otros, estamos hablando aquí.



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