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8 Más allá del centro

8.1. En mi opinión, uno de los aportes más interesantes de tu libro Pensamiento periférico es la extrapolación de la tesis de la tensión/alternancia entre las disposiciones centralitarias y las identitarias desde ámbito latinoamericano a la totalidad del espacio periférico. ¿Cómo fue que arribaste a esa formulación?

Los países periféricos tenemos evidentemente problemas similares de dependencia, imperialismo, pobreza, marginalidad, democracia/dictadura. También tenemos el problema de la poca presencia de nuestros pensamientos a nivel global.

Sin embargo, al ser vistos como continentes distintos con culturas distintas, se nos ha hecho creer que somos muy distintos a otras periferias, que nunca nos hemos dicho nada y que no tenemos nada para decirnos.

Pero la reacción ante la expansión europea y occidental ha sido y es extremadamente parecida en todas las periferias. De hecho, en todas las periferias se ha venido constituyendo un pensamiento de estructura similar, cuyo patrón es el que has mencionado: ser como el centro o ser como nosotros mismos. Se trata de un patrón común, más allá de las diferencias de religiones, de lenguas, de etnias.

Hemos mencionado la importancia de los aportes de Leopoldo Zea en este sentido. Pero también debo destacar otra obra que fue de la mayor importancia a la hora de concebir la noción de un “pensamiento periférico” con esas características. Se trata de los aportes del polaco Eugeniusz Górski, quien establece una comparación de paralelos y tensiones entre el pensamiento suramericano y el de Europa del Este. La obra de Górski, inspirada a su vez en la de Zea y, también, en la Andrzej Walicki, logra un conjunto de formulaciones que fueron decisivas para mí (Górski, 1995).

También cabría mencionar planteamientos clásicos como el de Isaiah Berlin. Este autor hizo indudablemente un gran aporte en la comprensión del pensamiento ruso “occidental” contemporáneo, relevando con maestría autores y tendencias. Su planteamiento es uno de los que me llevaron a imaginar la noción de un pensamiento periférico que compartía un mismo patrón o estructura en las diversas periferias. La insistencia de Berlin en la contraposición entre “eslavófilos” y “occidentalistas” es clave a la hora de marcar el identitarismo y el centralitarismo. Por supuesto, Berlin nos habla sólo de Moscú y de Petersburgo; Rusia y la URSS han sido mucho más y él no fue demasiado sensible a eso. Más recientemente, Marlene Laruelle, una autora francesa que ha trabajado en USA, ha ampliado la versión que los trabajos clásicos de Berlin nos habían ofrecido sobre el pensamiento ruso. Uno de los logros de Marlene es conectar el pensamiento ruso con el turco y con el islámico, enriqueciendo y pluralizando el panorama sobre lo que es eidéticamente ese gran país, con tantos ecosistemas intelectuales diferentes (Laruelle, 2008; 2007).

8.2. En pocas palabras, ¿cómo caracterizarías ese “patrón común” del pensamiento periférico? ¿Cuáles dirías que son los “denominadores comunes” de las intelectualidades periféricas?

Se entiende por “pensamiento periférico” el que emerge en/por parte de intelectualidades que piensan por relación al centro y que grosso modo se mueven en la disyuntiva ser-como-el-centro versus ser-nosotros-mismos. Esta noción la he formulado para entender un tipo de pensamiento que se da en los últimos siglos en la mayoría de los espacios culturales mundiales. Una intelectualidad periférica es una intelectualidad impresionada por lo que es el centro, que admira el poder y la belleza de dicho centro, un centro que además descalifica a los otros como infrahumanos, decadentes o bárbaros (por lo demás, como lo ha hecho inmensa cantidad de culturas). Esta intelectualidad así impresionada genera un tipo de pensamiento completamente distinto al de las intelectualidades de aquellas mismas regiones que todavía no se han percatado de la presencia del centro y que continúan pensando en los términos ancestrales de sus propias culturas o cosmovisiones. Históricamente ha sucedido que estas culturas y cosmovisiones sufrieron una especie de terremoto al tener lugar el contacto con el centro, apareciendo por todas partes una nueva intelectualidad que piensa estructuralmente con relación al centro. Este tipo de pensamiento sólo es comprensible a partir de un tipo de sensibilidad cuyo carácter se emparienta con el complejo de inferioridad,

En resumen, la idea central es la siguiente: en numerosas regiones del mundo, desde el siglo XVIII, pero sobre todo durante los siglos XIX y XX, va apareciendo una intelectualidad que piensa la realidad en el marco de la “disyuntiva periférica”. La perspectiva de “imitación” versus “diferenciación” ha inspirado las más importantes polémicas en gran parte del mundo. La fascinación por el modelo del centro versus el rechazo de ese modelo es lo que constituye la disyuntiva periférica.

8.3. ¿Cuáles han sido, a tu juicio, los principales aportes de las nociones “pensamiento periférico” e “intelectualidad periférica” a los estudios eidéticos latinoamericanos? ¿Cuáles pueden ser sus proyecciones?

Estos conceptos han permitido avanzar en tres direcciones. En primer lugar, han ayudado a comprender una gran parte del quehacer intelectual de los últimos siglos. En segundo, han contribuido a entender las similitudes entre Suramérica, Asia y África que no se dejaban entender con la noción Oriente/Occidente, como también con partes de Oceanía e incluso de Europa, donde la intelectualidad ha pensado “periféricamente”. En tercer lugar, han servido para comenzar a asumir desde dónde, o desde qué nivel, es necesario partir para dar un salto hacia una dialéctica que rompa con la disyuntiva  del ser-como-el centro versus ser-nosotros-mismos.

Una cuestión adicional para la que me han sido útiles estos conceptos, aunque más indirectamente, tiene que ver con permitirme trabajar mejor la circulación de las ideas y para formular esta noción en el marco de las “corrientes de circulación” sur-sur.

8.4. La tercera dirección que mencionaste hace referencia a la posibilidad de situarse en alguna especie de plataforma o umbral con base en la cual emprender un salto hacia una “nueva dialéctica”, capaz de quebrar la disyuntiva  del ser-como-el centro versus ser-nosotros-mismos. Da la impresión de que con esto estamos, de nuevo, en los territorios de la formulación de agendas y del desarrollo eidético. ¿En qué consistiría concretamente esta dialéctica superadora?

No tengo buenas respuestas para esto, sino apenas rudimentos, quizás la voluntad de salir de esta disyuntiva más que propuestas acerca de cómo hacerlo realmente.

Esta disyuntiva ha sido la que ha constituido lo medular del pensamiento de las regiones invadidas, colonizadas, imperializadas a partir de la expansión de Europa Occidental. Aunque este proceso no ha terminado, la perseverancia del tema creo que puede inhibirnos más que proyectarnos, incluso a las intelectualidades que somos mestizos productos de dicho proceso.

Plantear las cosas en otros términos parece clave para no quedar fijados en el pasado o en un presente que se niega a terminar. Sobre esto escribí en Pensamiento Periférico:

Probablemente la mayor observación que debe hacerse a quienes se mantienen pensando en el marco de la disyuntiva periférica es ser incapaces de cortar el nudo gordiano de dicha disyuntiva, emancipándose de ella para asumir otras maneras de pensar. Es decir, que esta discusión, en torno a si debemos o no ser como el centro y en qué sentido, en verdad impide ver la disyuntiva más importante y más radical: mayor o menor felicidad, realización y autonomía, más allá de toda creencia, toda cultura, toda costumbre, todo modelo y todos los intereses creados. Es decir, un pensamiento y una intelectualidad que apunta al bien-pensar y que se ocupe de aquellos elementos que van en pro del mayor conocimiento, de mejores niveles intelectuales, de educación y pensamiento, de mayor bienestar y calidad de vida, mejor práctica de la democracia y de la política, mayores niveles de igualdad y libertad, mejor situación en lo que respecta a la nutrición, a la salud, al medioambiente; tener mejor o peor calidad de vida, mejor expresión de lo que se es y se desea, mayores niveles de felicidad, de realización, de trato amoroso y amistoso entre las gentes.

8.5. Frente a esto, un lector crítico podría decirte que esa disyuntiva que introduces como más importante y radical es una variable dependiente de la condición periférica y dependiente de nuestros países.

Habría que razonar de esta manera creo yo: el pensamiento periférico sólo es comprensible en relación a cierta situación periférica, por otra parte, que una situación sea comprendida como periférica, deriva de un pensamiento que cuenta con las bases para percibir esta condición… Existen bases eidéticas en diversas entidades que hacen más posible asumir esta condición de marginalidad y minusvalía y estas bases pueden ser muy ancestrales.

8.6. En mis notas tengo apuntada una afirmación según la cual tus lecturas de los últimos años han tendido a focalizarse en una serie de autores que vienen buscando establecer conexiones entre diversas partes del mundo y, sobre todo, en lo que respecta a la circulación sur-sur. El listado de nombre es extenso. Incluye algunos que has mencionado al pasar a lo largo de estas conversaciones, como el de David Armitage y otros, así como varios más que hasta ahora no han sido convocados aquí. Me gustaría que dedicásemos un momento a comentar qué vienes leyendo y con cuáles acentuaciones.

Una de las principales razones por las que me han estado interesando aquellos autores que logran establecer conexiones entre diversas partes del mundo y sobre todo en materia de circulación sur-sur es porque considero que nos ayudan a salir de la noción de influencia, tan productiva como peligrosa. La noción “influencia” denota una serie de cuestiones y connota muchas más. En particular, en nuestra región connota una especie de naturalización respecto a que siempre somos influidos o influenciados y nunca influyentes, si bien esto no se encuentra en la denotación de la palabra influencia. Al referirse a la circulación sur-sur, en cambio, no damos por subentendido que el centro emite y nosotros solo recibimos.

Lo que David Armitage (2013) plantea como más innovador, aunque en cierto sentido es algo obvio desde el punto de vista de los estudios eidéticos en Suramérica, es la idea acerca del “giro internacional”. Los estudios de historia intelectual van perdiendo el carácter nacional que frecuentemente se les había dado, pues la cuestión espacial traspasa las fronteras, para asumir la consideración de los contactos trasnacionales y de las circulaciones en amplias regiones.

Sin embargo, para los estudios del “pensamiento latinoamericano” por emplear la formulación más convencional, la constatación de Armitage no parece tan novedosa. Siempre habíamos imaginado un espacio que trascendía los estados nacionales, no solamente por la fuente europea desde donde procedían las ideas, sino también porque en muchas oportunidades se estudiaron tendencias eidéticas que eran regionales y no nacionales. Esto desde el periodo colonial hasta nuestros días. Con mayor razón si vamos a los planteamientos de las intelectualidades indígenas contemporáneas, inspirados en concepciones previas a la llegada de los europeos.

Dicho esto, la formulación de Armitage me parece relevante. Aunque capaz que ingrese a nuestros medio como una moda y no falten quienes crean y sostengan que sólo ahora se ha empezado a practicar esto y lo traigan como un descubrimiento. Quizá esté simplificando un poco su planteamiento cuyas aseveraciones están muy bien formuladas.

8.7. ¿Qué otros autores y autoras te han llamado la atención?

Algun@s turc@s: Selçuk Esenbel, Cemil Aydin, Arif Dirlyk (ver bibliografía). Estas tres figuras, la primera mujer, los otros dos varones, han publicado en inglés numerosos trabajos, por eso me resultó posible conocerles. Su gran aporte ha sido relacionar el pensamiento otomano y turco y, más ampliamente, el pensamiento de las regiones islámicas, con el de otros ecosistemas intelectuales del Asia.

En esta misma línea me ha interesado la obra del alemán Thorsten Botz-Bornstein, quien ha trabajado sobre pensamiento musulmán, japonés, chino y más allá. Precisamente a partir de tus preguntas he estado googleando a Botz-Bornstein, conociendo otros trabajos suyos, de otro tipo, dado que posee intereses múltiples e innovadores. Uno que me ha interesado mucho discute las nociones “memes” y “genes” en relación al concepto chino “wen”. Polemizando con Richard Dawkins (1976), Botz-Bornstein (2010) cuestiona la noción meme como mecanicista y estrechamente adaptacionista para levantar como alternativa el concepto wen. A su juicio, wen es una noción  intraducible. Su significado sería “pattern”, “structure”, “writing” y “literature”.

Por mi parte, pienso que quizá esto nos ayude a entender de qué manera en las simbiosis entre sistemas eidéticos y sociedades las partes implicadas en el proceso negocian su relación, sin que ninguna simplemente “se adapte” a la otra. 

La obra de Dawkins me parece tan interesante como provocadora y pienso que abre una multitud de sugerencias para entender la difusión de las ideas y más ampliamente la cultura, pero que precisamente no tiene en cuenta el modo en que los seres vivos modifican sus medioambientes, no quizás como individuos ni en el corto plazo, pero sí como comunidades en el largo plazo, haciendo sus medioambientes mejores para la supervivencia de la propia especie. Lo mismo hacen muchas veces las comunidades humanas, aunque la mayoría de las veces su crecimiento demográfico es tal que destruyen los medioambiente haciéndolos invivibles para sí mismas.

Debo mencionar igualmente a Pieter Boele van Hensbroek (1999), un autor holandés que ha trabajado sobre África Sudsahariana, sobre pensamiento político y filosofía. Su libro fue muy inspirador para escribir el mío sobre pensamiento sudsahariano y para pensar cuales eran algunos niveles en los cuales yo podía innovar respecto de lo ya hecho en estas materias.

También cabe aludir nuevamente a la francesa Marlene Laruelle, a quien hemos recordado hace un momento al hacer mención del aporte de Isaiah Berlin sobre el pensamiento y la cultura rusos.

8.8. Tras tu nueva mención a Boele van Hensbroek, la pregunta sobre el libro que le dedicaste al pensamiento africano sudsahariano cae por su propio peso. ¿Qué fue lo que te llevó a encarar ese esfuerzo?

He querido hacer un libro sobre el pensamiento africano por varias razones. Una primera respuesta, aunque claramente insuficiente, es que muy poco de eso se encuentra en español y en otros idiomas, salvo el inglés. Más importante que eso es que el breve esquema que ofrecí, sin pretender alcanzar los grados de erudición de algunos de los trabajos existentes, ni su detallada profundización en el África Occidental anglófona (que ocupa normalmente dos tercios de los trabajos), apuntó a los cuatro objetivos principales indicados en la Introducción al volumen:

  1. Alcanzar una esquematización del pensamiento africano sudsahariano, destinada a personas que desde múltiples disciplinas y procedencias geo-culturales se interesan sobre la producción intelectual de la región.
  2. Cubrir un espectro notoriamente más amplio que el cubierto por los textos antes mencionados, concibiendo al pensamiento sudsahariano con sus necesarias ampliaciones.
  3. Mostrar algunos paralelos y las conexiones existentes entre el pensamiento sudsahariano y el de otras regiones del mundo, particularmente con otras expresiones del pensamiento periférico.
  4. Contribuir a la constitución del pensamiento sudsahariano aportando conceptos, definiendo escuelas de pensamiento, mostrando herencias y conexiones y  destacando focos de emergencia de ideas.

Quizá convenga ahondar y explicitar mejor el segundo de estos puntos, esto es, el tema de las “necesarias ampliaciones”, especialmente porque entiendo que los estudios sobre el pensamiento africano han concebido un África Sudsahariana demasiado pequeña, dejando de lado una enorme cantidad de focos o fuentes de emergencia de pensamiento.

Es cierto que mi “esquema” se mantiene en dos coordenadas que han sido las de otros trabajos: la escritura y la producción en idiomas europeos o derivados, pero apunta a cubrir  ampliamente el campo que recortan dichas coordenadas. Esto último en varios sentidos. En primer lugar, el de cubrir un amplio periodo, ocupándose de los 150 años que van entre 1850 y 2000. En segundo lugar, el de asumir la diferencia entre africano y negro, para abarcar al espacio intelectual sudsahariano atendiendo a la producción de intelectualidades negras, blancas y asiáticas. En tercer lugar, el de buscar dar cuenta de una producción que no se genera únicamente en el África Occidental anglófona sino en otros países y lenguas: en la región de Sudáfrica, apenas abordada en otras historias del pensamiento, en los países con intelectualidad francófona más allá de Senegal y en los países con intelectualidad lusófona. En cuarto lugar, el de ampliar los ámbitos disciplinares, avanzando más allá del ensayo y del pensamiento político hacia disciplinas como el pensamiento pedagógico, historiográfico, económico, filosófico, teológico, estético. En quinto lugar, el de abrirse a sectores no convencionales, como el pensamiento femenino, buscando los focos de su emergencia; el pensamiento de la intelectualidad oriental, especialmente de procedencia india o indo descendiente; el de la producción de profesores e investigadores extranjeros residentes en África por años e insertos en el medio intelectual sudsahariano. En sexto lugar, el de asumir aunque sea en una pequeña porción aquello que se está produciendo en los espacios islámicos, en esa otra academia, que guarda pocas relaciones con la “reconocida” universitariamente, pero que incide cada vez más sobre la realidad de la región. En séptimo lugar, el de ocuparse de las conexiones con el pensamiento no africano, sin restringirse a las más conocidas con el Caribe y USA.

En definitiva, de lo que se trata es de reconocer, cartografiar y exponer el pensamiento sudsahariano, de una forma incompleta y esquemática sin duda, aunque más amplia que la convencional. Los estudios convencionales dan la impresión de no sospechar siquiera la inmensa variedad de ecosistemas intelectuales existentes en esa gran región (Párrafos tomados de Devés 2011).

8.9. Recién decías que el libro de Boele van Hensbroek te sirvió de inspiración y apoyo en este caso. ¿En qué sentido/s dirías que tu esfuerzo le ha aportado algo nuevo al estudio de la temática?

Como te decía en la respuesta anterior, lo más importante de mi aporte personal fue incluir más ampliamente el pensamiento en francés y sobre todo el pensamiento en portugués, que Boele no consideró en su obra. Por otra parte, él se focalizó en el pensamiento político, en sentido amplio, y yo quise ir claramente más allá de eso apuntando a cuestiones culturales más ampliamente e incluyendo también temas internacionales, étnicos y teológicos, para cerrar con las discusiones sobre globalización, intentando ofrecer un panorama más comprensivo. Y por cierto, destacar el papel de algunas pensadoras sudsaharianas.

Aprovecho de decirte algo que no proviene del libro en cuestión y es la gran diferencia entre la intelectualidad afrodescendiente usamericana y la suramericana, especialmente brasileña. La intelectualidad afrodescendiente usamericana es más independiente, más precoz, más creativa, más capaz de concertarse en redes. Muchas razones pueden dar cuenta de esa especie de círculo virtuoso. Creo que el desarrollo de la sociedad civil, la religión protestante, los medios económicos, el alfabetismo, las instituciones religioso-educacionales, son algunas de las razones para esta ventaja.

8.10. ¿Puede decirse que para estudiar el pensamiento africano sea necesario acudir a paradigmas o metodologías distintas a las que se emplean para abordar el pensamiento latinoamericano?

Una diferencia importante, aunque no me parece obvio que pueda llamarse “de paradigma”, es la que se refiere a la relación entre el pensamiento del África Sudsahariana y el pensamiento usamericano (y en parte caribeño), particularmente el pensamiento de la intelectualidad afro-descendiente, considerado mucho más relevante que el europeo para entender el de dicha región. En América Latina y el Caribe, por el contrario, las referencias al pensamiento europeo son mayores que al pensamiento usamericano.

8.11. Pero ¿qué desafíos teóricos específicos dirías que supuso aquel esfuerzo de esquematización del pensamiento africano subsahariano?

Prefiero “sudsahariano”. Ya se les atribuyen muchos sub a los africanos para agregarles uno más y en todo caso, como mi norte es el sur, no serían sub, sino “supersaharianos”. Lamentablemente, en la edición en portugués, que fue la primera, la portada del libro indica “subsaariano”, contradiciendo el contenido.

Parece inevitable que la construcción del “esquema” de un pensamiento implique desafíos de orden teórico. Pienso que, en este caso, los más relevantes fueron tres. En primer lugar, tematizar las “fuerzas motrices”. En segundo, formular los “motivos más importantes”. En tercero, avanzar en la elaboración de una serie de conceptos que permitieran designar a cada especie dentro de la amplia diversidad eidética.

Tematizar las “fuerzas motrices” significa descubrir y formular conceptualmente aquellas “intenciones” u “objetivos”, o “designios” o “tópicos” que hacen moverse al pensamiento africano y que permiten entender el “sentido” de su movimiento.

Los “motivos” son aquellos elementos recurrentes, que se van modulando con matices en lugares o épocas por personas diferentes, y que se hacen reconocibles como reiteradas preocupaciones en el espacio sudsahariano, a la vez que compartidas con otros pensamientos, particularmente emanados de otras intelectualidades que piensan periféricamente.

La elaboración de conceptos para designar a las distintas especies eidéticas se topó, en este caso, con el “monotematismo” de algunos estudiosos que han identificado prácticamente “pensamiento africano” con “nacionalismo”, mostrando por una parte falta de imaginación y, por otra, desconocimiento de la “variedad semántica” que existe para denominar a las escuelas de pensamiento de la región.

8.12. Aquí parece haber una controversia interesante. ¿A qué te refieres exactamente con la contraposición entre “monotematismo” y “variedad semántica”?

La explosión del pensamiento africano de las últimas décadas hace cada vez más interesante para quienes nos dedicamos a los estudios eidéticos el recoger, nombrar y clasificar una variedad de manifestaciones que van proliferando, por ejemplo en el seno de la filosofía y de la teología y por todas partes. Tanto más interesante se hace esto en la medida que, aumentando la longevidad intelectual, hay personas que a lo largo de su existencia acogen y cultivan varias especies eidéticas, en una proliferación parecida a la Friedrich Schelling quien, a lo largo de sus décadas, se dice, dio vida a cinco sistemas distintos. Es clave asumir y nombrar esta eido-diversidad. Por eso, utilizar casi únicamente la noción “nacionalismo” para referirse al pensamiento sudsahariano es empobrecer el pensamiento de la región y mostrar poca imaginación.

8.13. En aquel libro no solamente abordaste el pensamiento africano, sino que además pretendiste estudiar las conexiones con los pensamientos de otras regiones…

Tan importante como ampliar el estudio del interior es ampliar el estudio de las conexiones con el exterior: sus paralelos, relaciones y parentescos, cosa que intenté profundizar, o al menos ampliar, en el Pensamiento Periférico. En el caso del pensamiento africano, esta dimensión ha sido tradicionalmente abordada en su aspecto más importante, el de las relaciones del pensamiento africano con el pensamiento negro americano, tanto caribeño como usamericano, pero dejando otras múltiples relaciones casi sin tratamiento. Y debe entenderse que relaciones son tanto “de afuera hacia adentro” de la región como a la inversa. También debe entenderse que tales relaciones no se dan sólo mediando contactos personales sino que existen paralelos, similitudes o parentescos donde hubo pocas relaciones personales o ninguna.

Quizás aclare algo de esto el hecho que este libro lo escribí como parte de mis avances sobre el pensamiento de las regiones periféricas y luego vino a fundirse casi completo, y algo corregido y aumentado, en el otro sobre el pensamiento periférico. En ese sentido, fue un avance de un proyecto mayor. Fue producto del gran salto que dio mi investigación sobre estos asuntos en el año que di clases en la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras, invitado por el querido amigo Jorge Rodríguez Beruff, periodo de gran creatividad, y el cual se gestaron las Cartas a la Intelectualidad y se engendró también este trabajo que ahora se lee, durante un breve viaje que hice desde allí a Dominicana.

8.14. Hablando de conexiones, de circulación y de difusión, te he escuchado en un par de oportunidades referirte a tus investigaciones sobre la recepción de la teología latinoamericana en Asia, en particular en Corea del Sur. ¿Qué lecciones has extraído de esa no menos “exótica” incursión?

Me preguntas por “lecciones”. No sé qué lecciones y si he extraído alguna o no. A ver si lo que te respondo alude a tus “lecciones”.

Ya antes había trabajado algo sobre esto. Lo más importante han sido los acápites incluidos en el libro sobre el pensamiento periférico y algunos artículos sobre las proyecciones del pensamiento cepalino-dependentista en Bangladesh, India y Sri Lanka. Tengo un trabajo sobre la influencia de Gandhi en Suramérica y antes, con Ricardo Melgar, habíamos escrito sobre la presencia del pensamiento asiático en nuestra región y también otro artículo, en conjunto, sobre el pensamiento teosófico, que toca apenas tangencialmente aspectos del pensamiento asiático.

Más recientemente, he querido incursionar en el Pacífico, mirar hacia otros lados. No mirar el mundo viajando sobre el Atlántico y pasando por Europa para ir al mundo, sino mirar directamente el Asia-Pacífico. El estudio sobre el impacto del liberacionismo en la teología minjung fue una de las formas de hacerlo (Devés 2016).

8.15. ¿Cuáles fueron los principales hallazgos?

Se ha dicho y reiterado que la teología minjung se inspiró de la teología latinoamericana y/o que fue una expresión coreana del sur análoga a la teología liberacionista de acá. La idea entonces fue detectar cómo se habían enterado la teología coreana de lo que se hacía en esta región en los 1970s, pues estaba claro que ambas intelectualidades no tenían prácticamente conocimiento ni relaciones una con la otra. Lo más interesante de poner en relieve al respecto, creo, fue el papel de la red EATWOT de teología del Tercer Mundo, como “vehiculizadora” de ideas entre Asia, África y América del Sur.

Más ampliamente, diría que mi interés en el pensamiento asiático debe asociarse a varias preocupaciones: por el pensamiento periférico; por la ampliación de los estudios sobre pensamiento latinoamericano, en lo que tiene que ver con las inspiraciones recibidas, que van claramente más allá del pensamiento europeo occidental, que es lo que más (casi lo único) que se ha estudiado; por las proyecciones del pensamiento latinoamericano a Asia, particularmente de las ideas económico-sociales hacia el subcontinente indio.

8.16. ¿Que ha aportado esto a tus estudios y más en general a tu quehacer académico?

Una tarea desde el 2000 aproximadamente ha sido irme ubicando en la dinámica del pensamiento en las diversas regiones del mundo de los últimos 200 años. En lo que llamamos “Asia”, un continente tan heterogéneo, se concentra la mayor parte de la humanidad por lo que nada se podría decir de la totalidad sin asumir estas regiones. Esto, que es una obviedad, no lo es en absoluto para quienes se ocupan del estudio de las ideas en Suramérica.

Lo primero que me ha aportado fue una visión más global, permitiéndome decir algo al menos sobre el pensamiento de China, India, Japón, Indonesia, Turquía, Bangladesh, Filipinas, Pakistán y varios otros lugares. Más que eso poder establecer conexiones y paralelos que otras personas no habían visto entre esas regiones y Suramérica, privilegiadamente con México, Argentina, Brasil y Chile, aunque también con varios otros países de la región como Perú, Costa Rica y Nicaragua.

Podría mencionar también una motivación por la promoción de encuentros académicos y la ampliación de las redes, aunque en forma mínima, en el marco de nuestras actividades en IDEA-USACH y en la Internacional del Conocimiento.

Me ha permitido sobre todo conocer ideas y figuras que antes apenas ubicaba, digámoslo así, por cultura general. En especial, como figuras históricas, a Gandhi y Sun Yat-sen, y como figuras vivas a los subalternistas…

8.17. Mencionaste a Gandhi y a los subalternistas y, hace un momento, al subcontinente indio. ¿También en este caso tan complejo la “variedad semántica” se deja apresar en la disyuntiva periférica? ¿Qué dirías, en dos pinceladas, sobre la posibilidad de comparar la dinámica eidética india con la de otros espacios inmensos como el africano, el chino, el latinoamericano? ¿Has identificado alguna “nota característica” en ese espacio?

Responderte que no he identificado alguna nota característica podría sonar a superficialidad o estupidez. A la vez, sonaría pretencioso suponer que yo haya estado en condiciones de captar una característica común a intelectualidades tan heterogéneas, expresivas de sociedades que suman a comienzos del siglo XXI más de mil millones de personas, con tantas culturas diversas, con ecosistemas intelectuales tan diferentes y que sólo recientemente se engloban en el Estado que hoy llamamos República de la India, algo tan superficial para ellos, tan reciente, para una trayectoria varias veces milenaria de intelectualidades letradas.

No quiero hacerlo porque sería ramplón. Bastaría con pensar en Bengala y Mumbai (Bombay) o en Delhi y Kerala para estar ante diferencias mayores que las existentes entre México y Sevilla o entre Buenos Aires y Nueva York. Se trata de intelectualidades que alojan entidades eidéticas emergidas-de y/o formuladas-en lenguas sino-tibetanas, dravidianas, iranias o indo-arias, algunas más alejadas entre ellas que el español del polaco o que el portugués del sueco. Por otra parte, si algo he leído de R. M. Roy, de Rabindranath Tagore, de M. Gandhi, de Amartya Sen, de Gayatri Spivak o de Vandana Shiva, ¿qué reflexión común podría establecer sobre estas figuras y que fuera válida para la intelectualidad india como tú me pides?

Más fácil me parece caracterizar las intelectualidades americanas y sudsaharianas, como intelectualidades letradas de muy reciente data y originarias, en tanto letradas, de la trayectoria europea. Sobre todo la suramericana, porque las intelectualidades sudsaharianas en varios lugares de esa región, ya existían como letradas antes del siglo XV, en lo que hoy es Mali, Mauritania, Senegal, Sudán del Norte y ciertamente Etiopía, tanto como dos mil años y, por cierto, no me refiero a la amplitud geo-cultural de lo que hoy llamamos República Democrática Federal de Etiopía, sino más bien a los amharas y tigray. Algo parecido ocurre con lo que llamamos hoy República Federal de Somalia, Eritrea e incluso Tanzania, o específicamente Zanzíbar.

Por ejemplo, me parece fascinante como la intelectualidad amara-cristiana junto al patriarcado de Alejandría se distanció de la europea luego del concilio de la Calcedonia, quedando afiliada al monofisismo. Puede imaginarse a la intelectualidad amara, la copta e incluso la zanzibareña o zanzibarí (desde hace algunos años debo lidiar con los gentilicios de tantos y tantos pueblos del mundo para los cuales nuestros diccionarios de español no tienen nombres) como algo detenidas en el tiempo, al menos hasta las primeras décadas del siglo XX, cosa que dificulta pero no impide que alimenten y hasta promuevan innovaciones como ciertas formas de marxismo en las márgenes del Mar Rojo, el Cuerno de África y hasta las islas africanas del Índico.

En América, si entre los mayas hubo una intelectualidad letrada, esta trayectoria se cortó relativamente pronto y al parecer no existe una trayectoria letrada que haya perdurado hasta la llegada de los europeos, lo que hace a las intelectualidades letradas americanas claramente más homogéneas, desde este punto de vista, y ni qué decir las suramericanas. Por otra parte, las intelectualidades incluidas dentro de lo que hoy llamamos República Popular China, han sido más homogéneas que las indias por el grado de centralización tan antiguo del imperio, con un sistema de mandarinato regular y extendido entre el 600 y el 1900 aproximadamente.

Te quejarás posiblemente que me fui por la erudición escamoteando la necesidad de responderte. ¿Qué más podía hacer ante una pregunta de esa magnitud? Por cierto, no podía responderla en media página sin hacer generalizaciones ofensivas por su simpleza, para la intelectualidad de ese gran espacio, que acaso leyera estas líneas.

8.18. ¿Por qué has querido estudiar últimamente la cuenca del Pacífico? También te he escuchado intervenciones al respecto, y hasta el anuncio de un gran proyecto de investigación.

Nada de un “gran proyecto”… Ya te decía que ha sido para mí un desafío eso de ir llenando el globo de ideas, con algo de su historia, al menos los dos últimos siglos.

Hace ya varios años publiqué un primer artículo (2009), inspirado en el trabajo de Marius Jansen (1976), sobre redes pan-asiáticas en el Pacífico hacia 1900, comprendiendo a chinos, japoneses, filipinos, coreanos, vietnamitas y unos pocos más. Luego, en el libro sobre el pensamiento periférico (2014, 2017) he ampliado ideas y pueblos, anotando varias cosas sobre el Pacífico Sur: Nueva Zelanda, Papúa, Fiyi, Nueva Caledonia y así. Más tarde, he trabajado la circulación de la teología de la liberación a Corea del Sur (2016).

Siento este llamado desde hace ya décadas en el seno de mi IDEA-USACH y de nuestras redes por abrirse progresivamente a nuevos espacios y tener algo que decir sobre esta inmensa región. Existe una deuda del pensamiento de Suramérica con el Pacífico, si puede decirse así. Hemos pensado demasiado poco sobre este espacio. Las conexiones atlánticas han monopolizado el interés, dejando las conexiones a través el Pacífico muy en segundo plano y entiendo que para ti, como argentino y como porteño, será todavía más difícil que para mí. Pero esto debería ir cambiando así como “se desplaza el poder” hacia acá, como dice alguna gente.

Precisamente el concepto “circulación” del cual ya hemos hablado bastante, contribuye mucho a esto de pensar el Pacífico, este Pacífico “en nosotros”, para retomar a Epeli Hauofa, del cual somos navegantes. Por otra parte, me ha parecido relevante detectar cómo en ese mundo tan desconocido para nosotros, el pensamiento liberacionista, en pedagogía y teología, ha tenido bastante presencia y cómo, desde los años setenta en adelante, numerosas figuras que lideraron las independencias de esos territorios fueron herederas de este pensamiento.



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