Mucho se ha discutido este problema. Podemos definirlo así: lo que existe en la realidad psíquica existe, y lo que no, no existe. En la carta 52 a Fliess, Freud ubica esta división en el primer lugar de registro del sistema PCC. Sostiene que no genera huella. Luego, en la segunda transcripción, el dato se convierte en impresión. Este pasaje divide el que un dato comience un recorrido psíquico y que otro no lo haga. Por ejemplo, cuando se dice que la anoréxica ha perdido la noción de hambre o nunca la tuvo, se dice que el hambre, si no encuentra un registro de representación, no existe. Lo mismo se dice de los vínculos. Bion sostiene que el pasaje de lo inanimado a lo animado implica ese lazo con la impresión. Una persona puede ser inanimada para otra, aunque exista un vínculo. El pasaje de lo animado a lo inanimado es un habitual trabajo de la representación. Nada existe de una vez y para siempre. Alguien puede tratar a su hijo como un ser inanimado al no poder representar empáticamente lo que le está sucediendo en determinado momento, y otras veces puede ser alguien con suficiente contacto. La unidad de la representación es móvil. El trabajo psíquico es permanente, y a veces no pueden procesarse los datos que la mente recibe. Lo que adquiere realidad psíquica salta desde lo sensorial hasta la representación. Freud y Bion insistieron en la imagen como figura de esas primeras representaciones posibles, de ese pasaje del dato a la impresión. Bion ubicó en el pasaje de la tabla de A hacia B la zona de mayor adquisición de pensamientos. El proceso transformador, el del poder pensar de A hacia B, es una operación compleja entre las posiciones kleinianas y el vínculo continente/contenido. En el capítulo 26 de Aprendiendo de la experiencia, Bion explica ese pasaje. En ese sentido, Bion opera una ampliación del modelo freudiano otorgándole al vínculo una relación con lo cognitivo. El pensamiento es producto de la función alfa, y la función alfa es la alteración del dato en una experiencia vincular y verdadera. La realidad psíquica es verdadera porque está hecha de experiencias verdaderas. La realidad psíquica no solo implica una orientación hacia la subjetividad, sino también una orientación hacia la objetividad. Alguien tiene realidad psíquica porque puede ver la realidad. A su manera, pero puede verla, porque, al tener realidad psíquica, está despierto para los sentidos. Los sentidos están despiertos porque hay inconsciente. Si no, estarían obstruidos por el deseo de ver lo que se quiere ver. La realidad psíquica nos libera de la realidad sensorial y a su vez la habilita. Allí trabaja el psicoanálisis. Sobre una base de sensorialidad que despierta la realidad psíquica convocada a expresar sus impresiones. Gracias a que hay subjetividad, hay objetividad. Nadie niega la sensorialidad de lo que sucede, y lo expresa desde su realidad psíquica. Cuando se vive en un mundo sensorial, las cosas son lo que son. Cuando la sensorialidad es tapada por los deseos o las visiones o deformaciones de los datos que quedan invadidos de aspectos de un paciente, estamos en una zona psicótica.
La realidad psíquica es la zona de mayor desarrollo para el psicoanálisis. Fuera de ella, el trabajo cambia porque hay que crear la realidad psíquica. La promiscuidad de un paciente puede deberse a que un aspecto voraz y envidioso no puede calmarse con ningún objeto animado. Solamente tomando conciencia de su envidia y voracidad, o sea, representándolas penosamente, el analista puede hacer ingresar en un circuito de representación algo que es actuado, y que tal vez pueda tener sentidos, pero que, hasta que no logre fijación en la inscripción, no puede operar como signo. Es muy diferente cuando lo inscripto genera un choque de representaciones inconciliables. El trabajo es allí sobre las impresiones o las imágenes. Es diverso el interjuego entre lo animado e inanimado, entre la representación y lo representado o no representado. De todas maneras, sea de una forma u otra, lo que accede a la representación psíquica permite crecer y vivir e implica una especie de respiración para el desarrollo emocional. Cuando eso no sucede, se produce una asfixia, un colapso o un deterioro del sentido de vivir.






