Todos moriremos
pero haber nacido es colosal.
Daniel Melero, “Florcita”
En el seminario 6 de los seminarios de psicoanálisis dictados en Brasilia, luego de una investigación de por qué la paciente supervisada no aportaba material analítico y el analista manifestaba el deseo de suspender el tratamiento, Bion, haciendo gala de su capacidad analítica, con prudencia y prácticamente sin relacionar de manera directa (pero sí indirecta), vincula ese deseo del analista de retirarse del caso con una actividad masturbatoria de la paciente en clara relación con la expulsión del analista. Capta allí el fenómeno transferencial de una mamá embarazada, negando la participación del analista (hombre) en ese embarazo. El analista –se deduce– se hace cargo de ese sentimiento de exclusión en su fantasía de retiro del análisis.
Con elegancia y sutileza, Bion, entre dólares y cruzeiros, dice esto y muchas cosas más sobre la actividad psicoanalítica. La sensación que genera en la supervisión es que el psicoanálisis debe ser en su acción como el observar una placa de rayos X. Hay un material que ocurre como relato que revela, cuando se aplican los rayos X del vértice psicoanalítico, el trasfondo dramático y edípico que opera en la relación.
Recordemos que estamos ante el Bion que se ha librado ya del todo de lo que ha sido, ha devenido un analista sin presiones del grupo, se ha soltado de su sociedad psicoanalítica hace ya largo tiempo, y prácticamente a sus 80 años, a dos de su muerte, se despoja estoicamente de su recorrido previo, trabajando en lugares desconocidos, fuera absolutamente de cualquier idea de prestigio, casi podemos decir, renaciendo en la inocencia selvática y con deseos, como sabemos por sus memorias y cartas, de volver a la India, cosa que no logrará.
Esa vuelta a la mirada inocente, sin juicios ni enseñanzas, deja ver el esplendor de su amor psicoanalítico.
Pero vayamos a los puntos que quiero trabajar de ese encuentro, referidos básicamente a la sexualidad masculina y la femenina durante el embarazo. En el relato la paciente supervisada había quedado embarazada y se encontraba muy asustada. Tenía miedo de tener un hijo deforme, pensaba que era demasiado vieja para tener un bebé. Bion se pregunta por qué sintió la paciente eso ahora, por qué no lo había sentido antes. De todas maneras, dice Bion, parecen signos muy razonables, si él fuera mujer, estaría muy aterrorizada. Allí, hace una relación del embarazo con sus habituales metáforas bélicas, ubicándolo entre la vida y la muerte. Poniendo de relieve esa dimensión negada. Es una dimensión que se deja de lado cuando una pareja manifiesta su deseo de tener bebés. Es un pasaje desestimado. Vida y muerte, y pone el acento en la vida y el nacimiento de la vida que prolonga la raza. Bion señala que ve a la paciente muy preparada para asumir estas ansiedades que se niegan tan a menudo. El analista de la paciente dice que él no cree que se pueda considerar un progreso que esté embarazada ni entiende por qué la paciente se siente mejor. Bion muestra –a través de los rayos X de su visión– que hay un lazo –y esta es mi traducción de lo que dice Bion– entre el deseo del analista de retirarse del análisis y la expulsión que hace el paciente de la figura masculina del analista. Dicho de otra manera, el analista quiere retirarse del análisis y, además, como vimos recién, ¡sostiene que el embarazo no significa ningún progreso!, confirmando su no contribución a la pareja, negando la relación del embarazo y los dos años de análisis. Es claro que Bion se da cuenta de esto y prosigue diciendo que la fantasía de la paciente se dirige a que los hombres son criaturas tontas que no pueden comprender que las mujeres pueden hacer algo así. Dicho de otra manera, el hombre tiene muchas dificultades para entender lo que la mujer es capaz de hacer, y no tiene un aparato reproductivo, una vagina, y ese nexo con el misterio femenino de hacer hombres y mujeres para proseguir la raza. La paciente, al decir de Bion, afirma la diferencia como un positivo, no como una falta. El hombre, con su falta, queda mirando esa no posibilidad de participar. Los dos –el hombre y la mujer– están asustados por la situación de vida y muerte que enfrentan, pueden tolerarlo o no. Es una situación compleja, ya dijo Bion, y además se presenta la diferencia sexual y la relación sexual. Cómo tolera ella esa relación, cómo la tolera él. Los dos, la pareja, se enfrentan a algo que los supera, que los desorganiza. Como dice Melero, haber nacido es colosal. Y una pareja tiene que soportarlo. Tiene que soportar ver nacer desde algo que no existía antes y que ellos produjeron, pasar de lo informe a la forma, a la forma inesperada, tal vez en mal estado, tal vez no. Que tal vez viva, que tal vez no. Estar en manos de algo desconocido y superador. Algo que ella porta en sí misma y producto de sí misma y de otro. El plasma germinal que empuja. Fueron llevados por un poder ancestral a esta situación y ahora deben soportarla. Esa es la dimensión de lo colosal del hecho. ¿Soportarán lo tremendamente edípico del hecho? Bion apunta sus rayos primeramente a esa situación. Sabemos que estaba en esos días pensando y escribiendo sobre la cesura del nacimiento. Él, dos años antes de morir, enfrentando su muerte, digamos, termina hablando de la vida y la muerte. Está en un buen momento para hablar de ese tema. Terminó su vida hablando de la cesura, la tabla y la fila 2 resistencial, y al final, como en el comienzo, del grupo, esa primera instancia que luego de nacer tiene que elaborarse para pensar. Bion, fuera del grupo, trataba de dar direcciones…
La explosión pregenital se hace presente en el embarazo. Ante esa situación tan importante como la muerte, los recursos son cubrirse, protegerse frente a la inminencia de algo que todo lo cambia. Varón se nace, mujer se nace, y la diferencia es un operador instintivo irrebatible ante el fantástico y desorganizante episodio de un embarazo. La base kleiniana del pensamiento es profundamente anticultural. Sostiene sin amagues al complejo de Edipo filogenético y la diferencia sexual. Postula en lo alto la potencia del ser humano y su responsabilidad de elección. La vagina existe desde el comienzo como una disposición inocultable, y el aparato reproductor femenino y su cavidad se ofrecen como la primera experiencia real con lo vivo. Allí se desarrolla la vida, inmediatamente después se propaga al pecho esa relación. ¿Hay algo más evidente? ¿Como es evidente la presencia del nexo con el misterio? La mujer se hace responsable de los terrores y de la omnipotencia de ese pasaje. El varón mira esa situación desde otro lugar. No sabe cómo ingresar, no sabe dónde ponerse. Es partícipe secundario y responsable plenamente a la vez por lo que suceda allí. ¿Podrá soportarlo, huirá en busca de otras actividades sexuales, abandonará el espacio, intentará renacer juvenilmente negando el paso, despreciará el cuerpo cambiado de la mujer, o se enamorará más de ella y lo que ella lleva gallardamente adelante, fortalecerá esto su vínculo con ella?
Y ella, ¿menospreciará el lugar del pene del varón uniéndose a las mujeres en una posición homosexual, excluyendo el espacio menor que le corresponde corporalmente al varón, podrá apreciar la complementariedad que implica el lugar de guardián protector del vínculo, podrá transmitir a su bebé que el pezón es el pene del padre dentro del pecho de la madre, que ese encuentro es una pareja combinada?
La sesión analítica es sexual y edípica, se presenta espontáneamente como tal. La identificación proyectiva y la relación continente/contenido indican que la noción de “ingresar a…” es indicadora de un espacio y la presencia de ocupantes en ese espacio. La cavidad sexual femenina expresa, desde su anatomía, la base de recepción y comunicación analítica. Por lo tanto, la expulsión del analista en el caso relatado por el supervisado, y como Bion lo señala, tiene un alto contenido pregenital, probablemente provocado por el miedo al embarazo. La experiencia del embarazo –todos hemos tenido esa experiencia de alguna forma en la clínica y en la vida– provoca actuaciones pregenitales, y es un observable en la relación con el analista. Bion, experto en cambios extremos, tuvo el ojo para ver esto. Es como si Bion le dijera: “Usted como analista se quería ir porque la paciente lo excluyó, ella le dijo ‘Usted no sabe nada de embarazos, es hombre y no sabe nada’”. Con la elipticidad que lo caracteriza, Bion dice todo y lo presenta de esta manera en la supervisión. Hay un sarcasmo inconsciente, expone al pasar. El sarcasmo es que la paciente excluye al analista del material, así como excluye al marido del embarazo, entrando en la situación pregenital de la que hablábamos. A tal punto que el analista termina diciendo que él no cree que el embarazo sea un progreso. La paciente lo convenció de que el analista no tenía nada que ver con eso. Bion extrajo sutilezas del material, con sus rayos X. Se le plantea un material visible y encuentra allí el material correspondiente al psicoanálisis. Encuentra el oro psicoanalítico en medio de las apariencias de la conducta y los comentarios generales. Ubica el vértice. El material del análisis está ahí. Existe una pertinencia analítica que lo define. Hay un trasfondo invisible al material sensorial. Es interesante ver cómo ubica Bion la exposición para revelarlo.
La paciente –sigue Bion– tiene temor de lo que el embarazo provoque en el analista. Por eso también intenta excluirlo. Miedo de que su éxito haga que el analista decida retirarse y abandonarla. Sus temores esquizoparanoides oscilan frente al tremendo sismo del embarazo. La paciente le dice al analista que la relación con su marido se centra en que ambos están permanentemente enfermos y que viven en una continua rivalidad. En ese párrafo Bion comienza a hablar del paciente adolescente; ¿adónde querrá llegar? Sostiene que el adolescente es a la vez niño y adulto. Cuando se los trata, se está lidiando con dos objetos peculiares. Muchas de esas mismas cosas pasan en diferentes estadios. Y ahora nos aclara: esto también puede ocurrir con la pareja. Hasta este momento ellos creían que sabían todo sobre el sexo, pero no es así. Solo saben lo que solían saber. Podríamos decir –sentencia– que una pareja casada está naciendo y una pareja sexual está dejando de existir.
La pareja parental no está en el mismo estado que antes, el cambio se está produciendo en ellos, y recurren a todo tipo de reacciones defensivas, masturbatorias, como dolores de parto. Ellos también como unidad psíquica o des-unidad están experimentando un desarrollo para un nacimiento que llegará más o menos bien a término. En este caso no aparecen las familias de los miembros de la pareja, pero solemos ver alianzas y contraalianzas que movilizan los embarazos. Todo el tumulto que genera esa nueva situación.
La paciente trae trivialidades domésticas, dice el analista. La paciente cree –dice Bion– que el analista pretende que el paciente traiga algo grandioso y escandaloso como un abandono o algo grave. El analista estaría tan celoso por lo colosal del embarazo que pretendería alguna situación dramática donde lucirse porque el embarazo eclipsa todo. Es como si dijera la paciente: “Yo estoy ocupada de cosas fabulosas, y usted quiere que venga acá a hablar de conflictos que lo hagan a usted lucirse, serme útil. En este momento déjeme hablar de trivialidades, el espectáculo y lo estruendoso están dentro de mí. Por fuera nada me interesa mucho. ¿Usted no está contento, no quiere hablar conmigo de trivialidades mientras paso este momento tan especial? El análisis también está embarazado, tal vez usted pueda escuchar y aceptar eso”.
Es una valiosa supervisión que renueva la visión del objeto psicoanalítico, la diferencia sexual y la cesura que implica el embarazo.






