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Memoria popular en los márgenes[1]

Cambios en las modulaciones gubernamentales (1969-1979) desde una perspectiva
co-productiva

Alberto L. Bialakowsky, Roxana G. Crudi, Juan B. Ferenaz, María Rosa Ocampo y Amalia Suárez

Co-descubriendo herramientas metodológicas

Este estudio presenta resultados de la evolución del trabajo que se realiza en el marco del proyecto de un proyecto de investigación que se lleva adelante desde el año 1999, desde el cual se sostiene un “dispositivo de intervención transdisciplinaria” en contexto del Barrio Ejército de los Andes, y que postula recrear herramientas metodológicas para abordar formas alternativas de construcción de conocimiento colaborativo. La metodología de coproducción investigativa se postula aquí como una praxis sociológica sistemática, recursiva y crítica, que ensaya integrar no sólo contenidos y observables, sino incluir también en su desarrollo el análisis de sus soportes técnicos y su marco epistémico consecuente. Así en la práctica científica se propone la inclusión de los sujetos de conocimiento (negativizados) en la propia elaboración intelectual, partiendo de la comprensión que son, justamente, las voces y los cuerpos históricamente silenciados y despojados, los que deben participar en la creación de un saber sobre sus propias condiciones de existencia. El saber “para” el otro ha encontrado sus límites, tanto en la insuficiencia de sus aplicaciones como por la debilidad de la expectativa de derrames y transferencias de conocimiento (Bialakowsky et al, 2013).

Desde esta perspectiva también se recupera el enfoque genealógico (Foucault, 1992), que permite reconstruir las resistencias y las memorias locales de las clases subalternas[2]. La historia nunca podrá ser construida en forma neutral, despojada de pasión “encarnizada solamente con la verdad” sino que implica muchas veces “deshacer la unidad del sujeto”, implica un “sacrificio del sujeto de conocimiento” (Foucault, 1980)[3]. Se trata aquí, de historias co-narradas, a partir de las cuales los sujetos coproductores subjetivizados en la praxis del método de coproducción investigativa descubren su “historia”, la recuperan, la auto-gestan, es decir, producen un re-descubrimiento por medio del co-relato interactuado entre investigadores y coproductores, sin perder de vista el contexto mediato y el entorno inmediato donde estas experiencias han transcurrido.

Es decir, develando por medio del relato la relación entre decisión, distancia y acontecimiento.

“Pero el relato establece que esta relación no es una relación, que esta relación es la negación de la relación. De modo tal que, finalmente lo que se nos cuenta es una ruptura: la ruptura del vínculo natural y social establecido. Y por cierto, para contarnos una ruptura deben contarnos primero una relación. Pero finalmente el relato es el relato de una ruptura.” (Badiou, 2010:17).

Se afirma entonces –como relectura- que, los relatos son de vital importancia para la metodología porque se impone un trabajo sobre la ruptura. La ruptura que la formación discursiva hegemónica modela, aplanando el acontecimiento y silenciando las voces disonantes. Así, donde los relatos emergen permiten reconstruir el acontecimiento.

Recuperar la herramienta metodológica de las historias de vida entendidas como: “los procedimientos seguidos para organizar la investigación alrededor de un yo individual o colectivo que toma la forma narrativa incorporando sus descripciones de experiencias y sucesos y sus interpretaciones” (Sautu, 2004:24), permite develar las interpretaciones subjetivas de los protagonistas, tratando de descubrir cómo construyen su propio mundo y entretejen su experiencia individual con la de los demás. De esta forma,

“(…) se integran las dimensiones micro-macro sociales y plantean la importancia de comprender la historia y la biografía, específicamente centrarse en la relación entre ambas para comprender la sociedad. El uso de las biografías en las investigaciones empíricas en ciencias sociales tienen la ventaja de recoger la experiencia de las personas como ellos la procesan y la interpretan, conectando la historia personal, con las instituciones y la sociedad (Sautu, 1999)” (Boniolo, 2009: 101).

Pero, puede señalarse que, en las historias de vida, planteadas en la forma del experimento, el sujeto entrevistado resulta “objetivizado”, y por lo tanto cosificado, negando su potencial de productor de conocimiento analítico sobre su propio relato. Un Otro que posee un saber metodológico y teórico externos, es quien interroga, sistematiza y comprende. En este planteo –en cambio- el poblador, el cursante y el investigador mutan como productores de conocimiento y los interrogantes los atraviesan recíprocamente. De este modo, en los dispositivos de coproducción de larga duración se co-trabaja en la adaptación y recreación de técnicas y herramientas metodológicas, de encuentros discursivos e intersecciones “co-teóricas[4]. Cristalizar estas historias co-narradas, requiere impulsar una interacción simétrica tanto para la producción del instrumento como posteriormente en situación de entrevista e intercambio colectivo, todos los involucrados participan en un juego múltiple donde la pareja entrevistador-entrevistado se reconfigura, en una asociación, en un nosotros interrogativo. Secuencialmente para el análisis y sistematización se vuelve al dispositivo de coproducción investigativa donde la inter-acción diluye el dualismo positivista sujeto-objeto de conocimiento. Son condición de posibilidad para llevar adelante estas co-narraciones, el compromiso de los sujetos participantes, lo cual supone por parte del investigador un desprendimiento de ropajes metodológicos e institucionales propios que limitan la coproducción de conocimientos.

Consecuentemente en el desarrollo del texto que sigue se presentarán fragmentos de historias de vida co-narradas que han sido fruto de dispositivos de coproducción de larga duración, en cuyo registro – especialmente aquí: 2000/2013- se han intentado recoger historias silenciadas, negadas o bien de difícil sino imposible acceso por otras técnicas, para poner en juego un co-relato que dan lugar a genealogías co-exploradas. Ahora bien, cabe señalar al respecto, que dispositivos de esta naturaleza se cimentan tanto por la donación subjetiva por parte de los coproductores, a las que nos debemos, como por a la continuidad y la persistencia de los investigadores en campo.

1. La construcción de un NUS

De la orilla del río a la integración urbana

“Claro…dos años íbamos a estar pero yo estuve… antes del 69… y todavía sigue ahí, la gente se sigue reponiendo eso es lo que te quiero decir… bueno, la cuestión es que  nosotros ahí… eso fue un poco jodido, ahí digamos porque era la época de militares y a nosotros no nos avisaron que nos iban a sacar, cuando nos iban a erradicar fue muy compulsivo, nos pusieron un camión en la puerta nos dijeron que nos íbamos, así que agarramos algunas cosas… como… a nosotros nos avisaron a la noche y nos fuimos a la mañana. Mi papá trabajaba toda la semana en un lugar, ¿no venía viste? Porque era ladrillero, entonces él no estaba y nosotros no sabíamos dónde estaba, no teníamos ningún tipo de comunicación así que mi hermano salió a buscarlo a mi papá porque cuando nos íbamos… Subíamos entonces (a los camiones), y las casillas las tiraban y las quemaban… entonces yo recuerdo eso como… qué estado tan agresivo yo decía entre mí… porque yo me acuerdo que lo sentía no era que tiraban mi casa, sino que sentía que se caían las cosas que yo tenía adentro, ¿no? Por ejemplo, los lugares en donde yo me imaginaba cosas, viste en el techo con luces que yo (veía) desde la cama, jugaba con esas cosas, con los rincones ¿no? Después me di cuenta que eran animaciones las que yo hacía, de jugar, que hacía esto que hacía lo otro, entonces yo pensaba que perdía todo eso… eran como los dibujitos animados que en ese momento no tenía… y por lo que más sufría era por eso y por los amigos, porque yo en esa época tendría 12 años, 11, 12 años, entonces no sabía dónde iban a ir mis amigos ¿me entendés?… Sabía que era un desastre ahí… bueno de ahí entonces de San Fernando nos llevaron a Don Torcuato, … en Don Torcuato nos esperaban casitas bajas todas juntas, a pesar que era abierto en unos terrenos del ejército estaba diseñado para que cada casa estuviera pegada a la casa de al lado del costado y de atrás… eran casitas de ladrillo hueco entonces nosotros escuchábamos todo lo que pasaba en la casa de atrás y del costado, era un circo (risas)… Antes de bajar nos fumigaron, nos fumigaron calculo yo con no sé (qué), nos fumigaron a nosotros, a los muebles a todos… en definitiva… ¡de qué nos querían fumigar!! Lo que nosotros traíamos supongamos que fuera piojos o pulgas ponele… no se iban a morir, no entiendo para qué hicieron semejante crueldad! Bueno, ahí estaba lleno de soldados que bueno nos ayudaron a acomodar… pero yo los recuerdo siempre pero no como una figura amigable, sino que estaban con perros, a caballo y que fue muy compulsivo eso de trasladarnos a la casa…. bueno ahí entonces nos tocó una casita que tenía dos habitaciones y un comedor, y éramos una familia muy grande, ya ahí éramos ocho porque dos -hermanos- se habían casado, éramos ocho hermanos… igual enseguida se empezaron casar mis hermanas, mis hermanos y se empezaba a achicar la familia y después a agrandarse cuando venían los nietos viste, porque cuando se separaban… venían los nietos, viste como ahora pasa allá en los monoblocks (Barrio Ejército De los Andes). Y bueno ahí estuvimos hasta el 73…” (Fragmento historias de vida co-narradas: diciembre 2010).

A través de la coproducción de la historia barrial se rememora y reconstruye conocimiento sobre los “traslados” compulsivos como instrumento de regulación biopolítica durante la dictadura militar de Juan C. Onganía, fundamentada por el Plan de Erradicación de Villas de Emergencia (PEVE). Estas prácticas, aunque coercitivas, con visos de crueldad tal como se acumula subjetivamente, operadas sobre los pobladores de los denominados “barrios de emergencia” pueden asimilarse a una regulación es biopolítica en tanto que se produce en conjunción con la normalización de la fuerza de trabajo para su disponibilidad de ingreso al mercado. La población es maltratada, fumigada, segregada espacialmente y dotada de un “tratamiento especial”.  Se produce una dinámica que implica una secuestración para el disciplinamiento. Un estado que los recoge y los somete a mecanismos para transformar sus cuerpos y subjetividades en piezas útiles y dóciles. Como plantea Foucault en torno al biopoder en el surgimiento del capitalismo que continúa imperando:

“Ese biopoder fue, a no dudarlo, un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo, este no pudo afirmarse sino al precio de la inserción controlada de los cuerpos en aparato de la población. (…) Si el desarrollo de los grandes aparatos del Estado, como instituciones de poder, aseguraron el mantenimiento de las relaciones de producción, los rudimentos de anatomo y de biopolítica inventados en el Siglo XVIII como técnicas de poder presentes en todos los niveles del cuerpo social y utilizadas por instituciones muy diversas (la familia, el ejército, la escuela, la policía, la medicina individual o la administración de colectividades actuaron en el terreno de los procesos económicos (…), operando también como factores de segregación y jerarquizaciones sociales, (…) garantizando relaciones de dominación y efectos de hegemonía” (Foucault, 1996:170-171).

Se trataba de un poder de “hacer vivir”, que administraba y controlaba los cuerpos para la vida y la producción, bajo diseños con características panópticas.

“Bueno después empezamos a organizarnos, empezaron a visitarnos los asistentes sociales, nos hacían como una especie de ranking, por cada cosa te ponían un número ¿no? Por ejemplo si el matrimonio estaba casado tenías un número, si la casa estaba pintada… yo creo que hasta nos consideraban hasta si eras virgen o no, porque… ¡se te metía en la casa la asistente social con una impunidad! … vos fíjate que siempre odié a las asistentes sociales que eran metidas, siempre me peleaba con mis compañeras porque se metían a preguntar cosas personales ¿me entendés? Yo siempre odié eso ¿viste? La asistente social para mí no era simpática ¿viste? Una vez me acuerdo que pusieron una carpa (en el barrio Don Torcuato) y habían venido los soldados, los médicos militares supongo, nos sacaron sangre a todos, nos revisaron, por ahí con la buena intención… nosotras ahora que hacemos eso, el control de los niños a meternos en la casa y todo eso, … nosotros lo vivíamos esto como…. yo siempre le relato esto al médico, para que le entre esto de la ¡invasión!, de tener cuidado con eso, ¿no? A nosotros compulsivamente nos sacaban sangre, nos revisaban e inclusive nos daban el diagnóstico. En el caso de una de mis hermanas se equivocaron, tenía 15 años le dijeron que tenía sífilis y mi hermana no había tenido relaciones, y mi papá casi por poco los mata a todos los que estaban ahí porque él sabía lo que era ¿me entendés? Pero nosotros ni idea lo que era…” (Fragmento historias de vida co-narradas: diciembre 2010)

La co-narración habilita la interrogación y “entender” acerca de las continuidades y rupturas: en la producción de dinámicas de secuestración en sus distintas fases históricas, como así, en la organización que seguiría “al traslado”, y datar cómo un cambio de regulación produce tanto transformaciones sociales y subjetivas, como diversidad de expresiones de resistencias en ambos planos.

2. La “31”. Experiencia de construcción popular en el corazón de la ciudad

“- Quisiera saber, ya que van a indagar, cómo fue la lucha donde estaban los padres tercermundistas, entre ellos el padre (Carlos) Mugica y el padre Pichi (Meisegeier), que implico una tirantez constante con el gobierno. ¿Cómo hicieron para que Múgica accediera?, ya que no quería

– Mirá, yo conozco la historia esa, porque mi papá era dirigente de la zona. Si querés yo te cuento. En toda la zona, que como bien te decía, se comenzó a llamar zona Eva Perón en vez de 31, había todo un grupo muy grande de militantes peronistas de la JP (Juventud peronista). Yo era muy chica también en ese momento, pero como estaba muy cerca de mis viejos y de toda la gente que estaba ahí. Se conformó una junta, la junta de la zona, que la conformaba cada uno de los presidentes de cada uno de los 6 barrios y cada barrio tenía organizado su presidente, con todos sus delegados de sectores, sectores era, los pasillitos. Pero acá, Carlos (Mugica), era amigo de todos, amigo de la familia, venía siempre y charlábamos mucho con él. Participó muchísimo con todo el tema del barrio, pero siempre escuchaba lo que nosotros decíamos, lo que decía la gente, en realidad Carlos lo que hacía, era que como empezó a tener repercusión, porque era un cura tercermundista, venía la gente a ver qué era eso, como un cura era una atracción, por lo tanto todo el mundo venía… Y de repente cuando empieza toda la movida política por el tema de la erradicación por supuesto que él se opone, como nos opusimos todos los del barrio.  Bueno, ahí se convoca a un montón de gente, aprovechando que todo el mundo venía a ver que era esto del cura tercermundista. Entonces, la gente de las comisiones de los barrios se organiza… Todo acá se hizo peleando, desde la década del 60, que llegué con mi familia, hasta el 71- 72, hasta el 74, fue todo un tiempo y una trayectoria de luchar por cosas y cosas, y la gente se unió y conoció lo que era organizarse…” (Fragmento historias de vida co-narradas: febrero 2010).

La construcción y conformación de una identidad tanto subjetiva como colectiva es la que abre paso al proceso de resistencia al interior de la “Villa 31”. Puede observarse que, aunque la erradicación ya estaba en marcha, se caracterizaba –en nueva etapa- por ensayar un diálogo con las autoridades estatales. Así la propia organización realiza un censo y como se verá más adelante alcanzan a tener una reunión con el presidente y su ministro de bienestar social.

“… Le preguntaban a la gente (con el censo) como quería su casa, era un barrio… Se hizo (un plan) como la gente quería, se puso la autopista, el verde. No sabes qué bonito. Todo el mundo: “Vamos a presentárselo a Perón”, porque Perón ya estaba viniendo… que fue en el 72, el 73, en junio del 73 cuando viene hubo toda una situación política difícil, con don José (López Rega) de por medio. ¿Qué pasó?, lamentablemente, los del ministerio de bienestar social habían presentado otro proyecto, decían: “nosotros ya tenemos las casas para ustedes”. “No, nosotros no queremos saber nada, nosotros queremos esto, que hicimos” … que se yo, se defendió hasta que se pudo y se pensó que sí se pedía una audiencia a Perón, se llevaba todo esto y se mostraba, el “Viejo” iba a decir que sí. Y, no. el Viejo vio todo, y ya lo habían chamuyado antes. Y dijo, “no, las viviendas para ustedes ya están”, “No, no las queremos”, bueno, presionó, presionó, y dijo, “bueno estas son las casas, eso o nada, porque de acá se tienen que ir… Todo eso se planteó, y el Viejo asesorado por toda esa manga de ingenieros que tenía, dice, “NO”. Me acuerdo que pusieron a nuestra disposición todo lo que quisiéramos para conocer el barrio. Bueno, toda la gente del cuerpo de delegados vino. (Nosotros) éramos como cincuenta en un micro, Y nos vinimos, me acuerdo que bajamos en la (Escuela) Técnica 4, que era preciosa la escuela. Por supuesto que estaban construyendo todavía muchos nudos. Era muy lindo el lugar, pero decíamos, “yo no, no, a mí me gusta más a donde estamos” … Era otra cultura…” (Fragmento historias de vida co-narradas: febrero 2010).

La “Villa” estaba definida por las relaciones de solidaridad que constituían un barrio popular, el traslado a los monoblocks, en paralelo con el desmembramiento de la organización villera, el entrecruzamiento con las políticas gubernamentales y el momento histórico nacional posibilitaron el paso a las que pueden denominarse ya relaciones sociales guetificantes.

“Bueno, cuando dijeron que no, empezamos a insultar a Perón, ¿Y quién carajo es para decirnos donde tenemos que vivir? Nosotros queremos acá, y “Lopecito”(José López Rega) empezaba ahí a marcar. Bueno y ahí es donde cuando asume en el 73. Viste que en septiembre hay unas elecciones donde asume… A partir de ahí, de diciembre del 73 puede ser, en marzo, una tanda… después empezó ya todo.  Bueno cuando ya no podemos oponernos a nada, se hace una movilización, para ponerse totalmente en contra de eso y ahí es donde matan a un compañero, la guardia de infantería mata Alberto Chejolán, del barrio Güemes y cuando pasa eso es que Carlos (Mugica) da la misa ahí en Güemes, y es la última misa que oficia ahí en el barrio por que ya había empezado la erradicación. Y, bueno, empezó compulsivamente, muy mal…” (Fragmento historias de vida co-narradas: febrero 2010).

Aquí se comienzan a visualizar algunos indicios de entrelazamiento entre modulaciones biopolítica y tanatopolítica. Pues, aunque la organización barrial había planificado y resistido a la unilateralidad de la regulación gubernamental para imponer su concepto de hábitat, ahora sus vidas pasaban gradualmente a la insustancialidad social del “homo sacer” (Agamben, 2003). El estado da lugar a la represión, que cimenta las bases de la erradicación violenta. El “padre” Carlos Mugica brinda su última misa en la Villa 31, por la muerte de un poblador del barrio en manos de la guardia de infantería y meses después, él mismo sería sacrificado. Al decir de Giorgio Agamben (2002):

“…en la perspectiva de la biopolítica moderna tal vida se sitúa en cierto modo en la encrucijada entre la decisión soberana sobre esa vida suprimible impunemente y la asunción del cuidado del cuerpo biológico de la nación, y señala el punto en que la biopolítica se transforma necesariamente en tanatopolítica…” (165).

“- Yo iba más al ejemplo de la casa de mi mamá que era imposible de romper, era imposible. Y voy al barrio con mi tía, cuando estaban tirando las casas y era tan ¡tan feo!, tan triste para mí, tanta desolación, y es que era mi casa. Yo no sé si al barrio… si lo quiero. Pero para mí, mí lugar era la villa… No sé si eso significa progresar o no, me importa tres pepinos, pero mi lugar, mi pertenencia, creo que está en la villa… Y mirá que me vine a los 11 años, no es que me vine de muy grande, pero allá era mi lugar.

– Bueno, de hecho, ¿cómo salimos?: Lo hicimos en camiones del ejército… Claro, vino el ejército y puso a disposición los camiones y te tiraban las cosas ahí como si fuesen… Yo me acordaba lo que pasó en los nudos[5] 8 y 9[6]…  me acordaba lo de aquella época…

–  Nosotras nos quedamos, creo que fuimos la segunda o tercer tanda, mi casa fue la única que quedó, que era de cuatro habitaciones. Todo el resto estaba totalmente devastado. Entonces vos veías, que estaba todo tirado, con 12 años, como se hubieran puesto una bomba…” (Fragmento historias de vida co-narradas: febrero 2010).

El relato conduce a observar como la política de erradicación impacta sobre la subjetividad y los lazos comunitarios, semejante a la producción del “exilio” que fuerza a mutar su lugar de pertenencia y pérdida de identificación barrial, que por un lado se expresa con tensiones nostálgicas, especialmente con la reimpresión presencial de violencias traumáticas, tales como la ejecución militarizada de implosiones, tales lo “escenificado” gubernamentalmente en los referidos nudos 8 y 9. Por el otro, dicha memoria y sus representaciones contribuyen a desvincular o lentificar la construcción de una nueva identidad comunitaria.

“- Y bueno… ¿Por qué cambió todo? Cambió todo por la situación política, cambio todo porque no le dieron bola al proyecto en toda la zona. Porque en ese lugar, toda esa junta de delegados, trabajaron un montón, me acuerdo que en esa época todo el mundo hacía el censo de su sector[7], o sea, vos conocías a tus vecinos…

– A nosotros nos censaron prácticamente tres veces, sino habrán sido más, también.

– Yo creo que como todo el mundo se opuso en la zona a la erradicación, porque lo que queríamos era la ¡radicación! de la gente en el barrio, como lo había proyectado la gente, como lo quería la gente y lo iba a respetar, entonces fue todo mal. Después la organización se rompió totalmente. Porque ninguno fue vecino del que tenía al lado, la excusa era perfecta: ¡No! Vos tenés una familia de ocho personas y acá hay departamentos para una familia tipo. Entonces tenés que irte a la otra punta”. Después ya no participaron los delegados, ya no participó nadie. Ahí se rompió la organización y se fue todo al diablo. Y junto con eso 74-75 y después: el Golpe. Bueno, en el 76, hubo lugares donde sacaban todas las cosas, todos los vecinos venían para acá y se rompía todo, se tiraba abajo la casa para que no se construya de nuevo, entonces vos entrabas al barrio y veías una manzana acá con casas, otra que no tenía, otra que sí…” (Fragmento historias de vida co-narradas: febrero 2010).

A propósito:

Si el soberano, en cuanto decide sobre el estado de excepción, ha dispuesto desde siempre del poder de decidir cuál es la vida a la que puede darse muerte sin cometer homicidio, en la época de la biopolítica este poder tiende a emanciparse del estado de excepción y a convertirse en poder de decidir sobre el momento en que la vida deja de ser políticamente relevante” (Agamben 2003: 180).

3. Iconos tanatopolíticos

“La gente más organizada de toda era la que vino de villa Retiro que trabajó con el padre Mugica. Esa era la gente mejor organizada (…) Pero la otra organización la que venía de puro coraje y corazón se terminó en el 76. Se acabó” (Entrevista: septiembre 2004).

Al arribo del “Proceso de reorganización nacional” el espacio del complejo de monoblocks fue materialmente cercado, a sus habitantes se les otorgó un pase para que pudieran entrar y salir del área identificados de esta manera. Según se informa el barrio, que inicialmente se lo denominara popularmente como “Padre Mugica” en reconocimiento a su apoyo y militancia, fue redesignado con el nombre por “Ejército de los Andes”, como también periodísticamente es reconocido o rotulado como el “Fuerte Apache”. Se colocaron veedores y administradores militares, fueron desarticulados los consorcios, numerosos militantes populares y comunitarios del barrio fueron secuestrados y otros desaparecidos.

“A lo largo de 40 años el nombre de nuestro Barrio cambio varias veces. De acuerdo al contexto histórico y social fue la denominación que se le fue dando al lugar. Si volvemos a la década del 70, nos encontramos con un Barrio nuevo…  Después de pasar por la prueba de vivir en San Fernando: aquí se construyeron “viviendas transitorias” para pobladores que habían vivido en un lugar que se inundaba todos los años…  Muchos venían de pelear con las inundaciones, la falta de libertades, falta de trabajo. Llegan aquí y buscan un nombre, por supuesto que lo encontraron y lo llamaron “Liberación”, liberados para construir su destino, como trabajadores y forjadores del futuro promisorio para su familia. Los tiempos eran veloces, apenas se acomodaron los primeros pobladores y comenzaron a poner en marcha su nueva vida… Ciudadela, era como un nombre que nadie o muy pocos habían escuchado. Había que aprender a vivir de otra manera, a viajar, a subir al ascensor. También en esa lucha habían perdido a un buen amigo que caminó con ellos los pasillos de la 31, Carlos Mugica. En honor a él, se bautizó al barrio con su nombre. Había mucha ebullición a nivel político y social. En el 76, tras un duro golpe se inicia una etapa de dictadura… A partir de esta época es que se pretende borrar la memoria entonces en nombre y acorde a los tiempos, se lo llama Ejército de los Andes… En ese tiempo de desconfianza hay un cambio casi para los 80 comienzan a correr nuevos aires. La democracia llega y se vuelve a comenzar, se quiere organizar. Llegados los 90, la situación empieza a hacer agua, el cierre de fábricas hace que en el barrio se note la crisis y así un buen día se produce un tiroteo entre la ley y los ladrones que desde un edificio tiraban balas, así es como un periodista que allí se encontraba… tiene la idea de comparar al barrio con un fuerte indio y dijo “Esto parece un fuerte Apache”, por el descontrol y la furia de la gente que desde la ventanas tiraban hasta inodoros para que la policía deje de tirar en un lugar poblado de gente. Los medios tomaron esa denominación “Fuerte Apache” para estigmatizar…. porque siempre sirvió para nombrar lo malo, hay quienes pensamos lo contrario.” (Fragmento historias de vida co-narradas: noviembre 2013).

“Acá una vez el ejército rodeó durante tres días. Entró a las 4 de la mañana, rodeó el barrio, no dejaba entrar, ni salir a nadie y para que vos te pudieras movilizar tu casa ya tenía que haber sido requisada, tenía que tener un cartelito en la puerta como que había sido requisada y te daban un papel. Con ese papel vos podías ir a comprar…  nos tuvieron rodeados, no sabemos cuanta gente se llevaron en ese momento, no tenemos noción porque además los parientes de los desaparecidos se niegan a hablar del asunto todavía”. (Entrevista: septiembre 2004).

En los “pasajes al acto” las acciones del poder dictatorial que revelan en sus contenidos tanatopolíticos, por una parte, la radicalización de las fronteras de demarcación social segregacionista, y por la otra en convergencia, las operaciones de secuestración dirigidas al “blanco” de pobladores se orienta como efecto espectral traumático también territorialmente a la desarticulación de los cuerpos colectivos barriales.

“… Entonces nosotros no lo vivíamos con miedo y tampoco sabíamos que iba a venir toda esa época, esa cosa de represión, lo que, si se vivía como algo terrible esto de que no me dejen bajar la escalera, no me dejen salir a comprar, que venían casa por casa y revisaban todo, era un allanamiento … No sé ni qué buscaban porque… supongo que ellos tendrían… no era una cosa que (solo) tenían marcado donde estaban los militantes, por ejemplo. Se llevaron a todos… y todos los compañeros que había en el barrio, desaparecieron y no supimos más nada de ellos y… lo que más sufrimos todo esto (es) que te digo, del encierro, de no poder salir a trabajar, no salía nadie del barrio y … para nosotros fue terrible porque nosotros no teníamos nada que decir de estos vecinos … por ejemplo que se yo, mi hermano era un luchador sindical y también, siempre vivió con lo mismo que tenía antes… Y vos decís bueno, por ahí tenían métodos que no se comparten, otros no compartían, pero eso no le daba derecho a nadie a matarlos…”. (Fragmento historias de vida co-narradas: diciembre 2010).

La experiencia concentracionaria dentro de la lógica del genocidio reorganizador operaba como estrategia de disciplinamiento social expuesta desnuda o como holograma en estos “márgenes”. Estos dispositivos cumplieron una serie de funciones simultáneas:

“desactivación de los sujetos y fuerzas sociales contestatarias; deshumanización de los mismos como modos de justificación y legitimación de la operatoria genocida, disciplinamiento y heteronomización social a través del terror y la difusión   de la desconfianza como conducta social generalizada, (…) y la clausura de las posibilidades de articulación política, de solidaridad, de cooperación” (Feierstein, 2007: 377).

“Entonces de ahí, de toda la comisión, toda esa organización (barrial) que había la mayoría se fue, o sea, los metieron presos o dejaron la militancia, dejaron de participar, vino una intervención militar, (y) la organización del barrio paso a manos de un teniente coronel. Era uno solo que pretendía administrar todo lo que era el barrio… Entonces se vino abajo todo eso de que cada vecino participara, discutiera sus cosas, eso se perdió, entonces, ahí vino digamos como la caída del barrio…” (Fragmento historias de vida co-narradas: diciembre 2010).

El “barrio-gueto” y el “campo” o “lager” se asimilan. En la dictadura la relación existente entre la sociedad y el campo clandestino producen un umbral de indistinción entre lo normal y lo espectral[8]. Lo silenciado genera parálisis e imposibilidad de intervenir en la realidad, se abre paso a través de lo temible como modulación a los procesos de guetificación (Wacquant, 2006), que no abandonaran en la representación simbólica como “lugar peligroso”, de violencia y fragmentación social. Ya que

“… una porción de territorio que se sitúa fuera del orden jurídico normal, pero que no por eso es simplemente un espacio exterior. Lo que en él se excluye, es, según el significado etimológico del término excepción, “sacado afuera”, incluido por medio de su propia exclusión. Pero lo que de esta forma queda incorporado sobre todo en el ordenamiento es el estado de excepción mismo” (Agamben, 2002:197). 

Como así también se supone puede comprenderse que los Núcleos Urbanos Segregados justamente son atravesados tanto por lógicas gubernamentales de subordinación y aislamiento como así también por el continuum exclusión-extinción social (Bialakowsky et al, 2010).

“… nosotros ahí ya compramos un departamento en uno de los monoblocks, en el monoblock 7 ya que yo después de vivir con mi mamá me fui a vivir ahí mismo y … vino el golpe del 76. Bueno ahí … fue brutal en el barrio, digamos porqué, como para siempre fue construido con esta visión de pocas entradas (que pueden ser) cerradas y…si, … que es un encierro… los militares cerraban todas las entradas y escaleras, que había soldados en cada escalera y, en todas las entradas del barrio, no dejaban salir a nadie … Nosotros, recuerdo que mis hermanas por ejemplo todas tirando todo lo que era revistas porque nosotros no sabíamos (sobre) que era, por ejemplo, en ese entonces el PC (Partido comunista)[9] … ahí vino digamos como la caída del barrio en todo lo que era lo edilicio porque ya no había nadie que los cuide… Y también fue como, bueno por ejemplo muchas familias perdieron a sus hijos … supongo que esto habrá sido también desmovilizador y también triste para los vecinos, porque si yo todavía me pongo triste cuando lo cuento… ya como que tiras la toalla y decís no hago más nada viste. Esto del bien común fue como que se perdió mucho en estos años, se perdió lo de las fiestas abajo de los monoblocks… empezó a haber chorros, también la época daba porque ya empezó viste la desocupación… supongo que también habrá habido… lugares estos (que) se convirtieran en antros digamos, no. Por ejemplo, venían policías que de vez en cuando a vivir ahí, que de vez en cuando le tiraban tiros a uno y lo mataban, aparecía algún muerto… por ahí, que se yo, que no era militante ni nada y vos decías porqué lo mataban, no entendías nada… era como estar en guerra…” (Fragmento historias de vida co-narradas: diciembre 2010).

Aparece así expresadas modulaciones tanatopolíticas que se expanden y cobran diversidad de facetas, tal como señala Agamben:

“Así el estado de excepción, que era esencialmente una suspensión temporal del ordenamiento sobre la base de una situación real de peligro, adquiere ahora un sustrato espacial permanente que, como tal, se mantiene, sin embargo, de forma constante fuera del orden jurídico normal” (Agamben, 2002:196). Sus huellas acusan torsiones sociales deletéreas: “La férrea inducción al silencio, pretendió hacer que se ignoraran los hechos aberrantes impulsando mecanismos de re-negación y disociación y construyendo una realidad patológica con amplia incidencia en la constitución subjetiva de las personas afectadas que arrastró a la sociedad en su conjunto. La normalidad estaba dada por la circulación de un discurso que omitía lo esencial y que a la vez desinformaba, haciendo persistir en el tiempo, la incertidumbre cuyos efectos son a la vez, devastadores y acumulativos, tanto individual como socialmente.” (Vega Martínez, 1999:178).

4. A modo de conclusión

 “Es un barrio muy grande, hay miles de miradas, quizás cada uno pueda llenar de contenido ese nombre o cambiarlo por otro. La realidad es que el nombre llegó a todos lados. Deberíamos ser capaces de explicar todo lo que tiene el barrio para ir saldando el desconocimiento y llenarlo de ejemplos, que los hay, porque es como cualquier otro barrio del conurbano bonaerense donde cada día miles de trabajadores, estudiantes y amas de casa salimos a trabajar desde muy temprano…. También se viven las crisis y necesidades de todo el país y el mundo globalizado, gracias a las nuevas tecnologías que son parte de la vida diaria. Cualquier nombre que se elija tendrá que ver con lo que nosotros como habitantes votemos, debatamos y acordemos…” (Fragmento historias de vida co-narradas: noviembre 2013).

“Porque el nombre propio o singular está garantizado por la permanencia de un saber. Este saber se encarna en nombres generales que designan paradas y descansos, sustantivos y adjetivos, con los cuales el propio mantiene una relación constante. Así, el yo personal, tiene necesidad de Dios y del mundo en general. Pero cuando los sustantivos y adjetivos comienzan a diluirse, cuando los nombres de parada y descanso son arrastrados por los verbos de puro devenir y se deslizan en el lenguaje de los acontecimientos, se pierde toda identidad para el yo, el mundo y Dios.” (Deleuze, 2002:11).

La imposición de la nominación como efecto de poder difumina la identidad colectiva por medio del nombre que el Otro fosiliza a la vez que estigmatiza como tecnología del poder en el ejercicio de su modulación.

Lo expresado de la experiencia co-narrativa se construye como comprensión y revisión histórica del saber “para sí” y “entre sí” contextualizados, sobre los que operan la gubernamentalidad y aquel devenir de la “colonialidad del poder” (Quijano, 2000) en el pasaje y degradación de las regulaciones biopolíticas a las coerciones de la tanatopolítica, exhibidas descarnadamente en los márgenes sociales cuyo centralidad consiste en la desarticulación de los cuerpos colectivos que operan como reservorios de resistencia (Feierstein, 2007).  Aun con el advenimiento de la democracia, las huellas selladas por las políticas de segregación residen en estratos subyacentes y se expanden en la medida que se incrementa la distancia social con las clases subalterna y sus márgenes.

Como contracara núcleos de resistencia social han sobrevivido  e incluso expandido a través de una diversidad de expresiones como con asamblea barriales, educación popular y ampliación  de derechos sociales en congruencia con el despliegue de políticas inclusivas y de memoria, las cuales como continuidad de este estudio ofrecen nuevo campo de análisis para comprender el conflicto subsistente entre prácticas gubernamentales oscilantes entre la bio a la tanato-política, observadas desde lo local barrial como complejidad y como holograma social (Morin, 1997).

“- Claro, siempre en mi casa se habló de política y se hablaba en función del barrio, se habló desde el relato este no, desde esta historia, entonces toda mi cabeza, todos mis análisis políticos pasaban por ahí, yo miraba la realidad desde ahí. Quizás no la asumía, quizás hasta la ocultaba pero yo lo hacía desde ahí, entonces cuando empecé a militar era…tenía que ser ahí…” (Fragmento historias co-narradas: mayo 2011).

Volviendo sobre nuestras notas iniciales, acudimos a lo significado por Jacques Rancière, que resulta en sintonía con el planteo de nuestras inquietudes en la búsqueda de una conjunción entre conceptualización y método:

“El discurso habitual de los académicos anula ese acontecimiento, ya sea midiéndolo con el rasero de las tesis reconocidas sobre la historia de los movimientos sociales o bien explicándolo como expresión de las condiciones de vida de esas poblaciones. De este modo se introduce una diferencia de estatuto entre dos tipos de discursos: aquellos que expresan una condición social y los que explican, a la vez, esa condición y las razones por las que se expresa de cierta manera. En otras palabras: incluso cuando se ocupa de la emancipación social, el discurso académico aplica el presupuesto de la desigualdad. Suele oponérsele a este método, la pretensión de presentar la desnudez las “voces de los abajo”. Pero ese sigue siendo un modo de situar en sus lugares respectivos al mundo popular de la voz y al universo intelectual del discurso. La única manera de hacer justicia a esos textos y acontecimientos que constituyen, es fabricando un tejido de escritura que logre abolir la jerarquía de los discursos…” (Rancière, 2010: 8).

Puede afirmarse finalmente que, en nuestro enfoque la coproducción investigativa supone colocar en juego los saberes expropiados y producir “equivalencias entre saberes” para su recuperación, en la comprensión de la exigencia de un corrimiento en aquel citado orden de jerarquías metódicas que obstaculizan la democratización del conocimiento como condición básica, y nada más ni nada menos necesario que para impulsar con ello un giro epistémico.

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  1. Publicado en la Revista Entramados y perspectivas de la Carrera de Sociología, Vol. 6, N° 6, 2016.
  2. En palabras de Foucault, esta se define como el acoplamiento de los conocimientos eruditos y las memorias locales, (…) que permite la constitución de un saber histórico de las luchas y la utilización de ese saber en las tácticas actuales” (Foucault, 2000: 22). Dejar emerger las memorias locales implica adentrarse en la construcción social de la memoria colectiva y las vinculaciones que se gestan entre los recuerdos y silencios sociales. Asimismo, posibilita “poner en juego los saberes locales, discontinuos, descalificados, no legitimados, contra la instancia teórica unitaria que pretende filtrarlos, jerarquizarlos, en nombre de un conocimiento verdadero y de una ciencia que está detentada por unos pocos…” (Foucault, 2000: 24).
  3. Es decir: “la historia efectiva, no teme ser un saber en perspectiva… El sentido histórico, tal como Nietzsche lo entiende, sabe perspectiva, y no rechaza el sistema de su propia injusticia. Mira desde un ángulo determinado con el propósito deliberado de apreciar, de decir si o no, de seguir todos los trazos del veneno, de encontrar el mejor antídoto. Más que simular un discreto olvido a él cada uno de sus movimientos, es una mirada que sabe donde mira e igualmente lo que mira. El sentido histórico da al saber la posibilidad de hacer, en el mismo movimiento de su conocimiento, su genealogía.” (Foucault, 1992).
  4. Para una contrastación con la metodología propuesta véase Rappaport, Joanne (2007), “Más allá de la escritura: la epistemología de la etnografía en colaboración”, Revista Colombiana de Antropología, Volumen 43, Enero-Diciembre.
  5. Se denomina “nudo” al conjunto colindante de cuatro edificios de 12 pisos cada uno.
  6. Los nudos 8 y 9, del complejo de monoblocks habitacional del barrio Ejército de los Andes fueron “implosionados” en el año 2000. Al respecto véase de los autores Revista Herramienta, Número 15, otoño 2001.
  7. Unidades de organización territorial de la “zona 31”.
  8. “En muchos sectores populares argentinos, ni siquiera se registra esta experiencia como concentracionaria, al ligarsela con el maltrato histórico sufrido en permanentes razias y encarcelamientos” (Feierstein, 2007:377).
  9. “(…) Aquí y allí, la política del PCA (Partido Comunista de Argentina) se resistía a coincidir con la realidad y la militancia lo notaba ¿Por qué el Comité Central (CC) no cambió, entonces, la orientación? En otros trabajos que se encuentran a la consulta del público (…) he puesto de relieve el papel que tuvo la conservación de la legalidad en esta decisión. En este artículo, en cambio, hemos podido observar cómo los principales funcionarios tendieron a actuar burocráticamente y producir informes de poco valor reflexivo. El PCA analizaba la dictadura como un fenómeno de cúspide y sus dirigentes se esforzaban, muchas veces más allá de la prudencia, para que dicho análisis encajara con la situación cotidiana de cada lugar. Cuando la represión se obstinaba en mostrar los límites de la línea y los militantes reflejaban esa realidad los emisarios de CC en todo el país solían reducir la información a “falencias en la comprensión de la línea”, “sectarismos” o “prejuicios antimilitaristas” y por esa vía obliteraban la posibilidad de generar una instancia verdadera de debate.” (Casola, 2015: “Consideraciones finales”: primer párrafo).


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