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1 Los debates sobre el idioma y la lengua literaria

En la historia de las pol茅micas acerca del idioma y la lengua literaria se destacan tres o cuatro momentos principales. El primer n煤cleo de debates se encuentra en la primera mitad del siglo XIX, a partir de los aportes generados por los hombres del 37. Estos intelectuales afirmaban que la revoluci贸n pol铆tica, conquistada en mayo de 1810, deb铆a ser completada por una revoluci贸n cultural de gran alcance. Sus escritos dan cuenta de ello, y en ese marco pensaron que la fundaci贸n de una naci贸n implicaba la creaci贸n de una de sus piedras angulares: una literatura. Qu茅 lengua deb铆a utilizarse para que la nueva naci贸n escribiera su literatura es una de las cuestiones sobre la que trabaj贸 mucho esta primera generaci贸n intelectual del R铆o de la Plata. Pierre Bourdieu afirma que la lengua oficial se constituye en estrecha vinculaci贸n con el Estado, puesto que cuando 茅ste comienza a conformarse se crea 鈥渦n mercado ling眉铆stico unificado y dominado por la lengua oficial鈥, la cual se convierte en la norma te贸rica con que se miden objetivamente todas las pr谩cticas ling眉铆sticas (1985: 19). La generaci贸n del 37 pensaba la conformaci贸n del Estado y brindaba un espacio muy importante a la lengua y la literatura en esa construcci贸n.[1] Cuando estos intelectuales escribieron sus primeros textos, la norma idiom谩tica estaba marcada por los preceptos hisp谩nicos. Ellos, en cambio, propon铆an una lengua americana, que diera cuenta de la realidad diversa en la que se encontraban.[2] Se delimitan, entonces, desde muy temprano, los dos paradigmas que, interpretados no siempre del mismo modo, dan forma a los extremos del debate sobre el idioma y la lengua literaria: por un lado, el rupturismo, que se propone romper con la hegemon铆a peninsular y fomenta la idea de un idioma de los argentinos y/o americanos. Por otro lado, el casticismo o purismo idiom谩tico, el cual sostiene que la identidad nacional se manifiesta en una lengua libre de extranjerismos o 鈥渄esviaciones鈥 americanas, y encuentra en Espa帽a, y en su legislaci贸n sobre el idioma, la fuente de nuestras tradiciones.

Un segundo momento se ubica hacia 1880, cuyos hombres, en principio, fueron continuadores de los preceptos forjados por la generaci贸n anterior. La Generaci贸n del 80 mantuvo gran parte de las idea de sus predecesores: a la libertad frente al pr茅stamo sigui贸 un poliglotismo declarado que se detent贸 como se帽al distintiva del nivel cultural del grupo (Di Tullio 2003).

Como se sabe, la inmigraci贸n produjo desencanto en las 茅lites, puesto que no estaba conformada por los europeos que pensaron Sarmiento y Alberdi 鈥搗ale decir, ingleses, alemanes, holandeses鈥, sino por europeos del sur a los que, lejos del progreso invocado, se les atribu铆a rasgos retardatarios y amenazantes.[3] Frente a un escenario no deseado 鈥揷recimiento urbano desmesurado, exclusivo inter茅s en objetivos econ贸micos, formaci贸n de movimientos obreros, etc.鈥, la dicotom铆a que sirvi贸 de gu铆a para la construcci贸n de la naci贸n 鈥揷ivilizaci贸n y barbarie鈥 sufri贸 una inversi贸n que oblig贸 a las clases dirigentes a repensar los fundamentos de la nacionalidad. El inmigrante, antes considerado agente del progreso y la civilizaci贸n, se convirti贸 en un elemento de corrupci贸n identitaria que amenazaba la naci贸n (Onega 1982; Svampa 2006).

La definici贸n de una nacionalidad implica la elaboraci贸n de un relato de identidad, en donde la lengua constituye uno de los ingredientes fundamentales. Explica Juan Antonio Ennis que

la reflexi贸n sobre la lengua, sobre la propia lengua y las ajenas (鈥) constituye una parte importante de la construcci贸n de la propia identidad. Arist贸teles (鈥) hac铆a su mentada distinci贸n entre griegos y barbaroi 鈥揷omportando esta 煤ltima palabra una designaci贸n del otro a partir nada menos que de la diferencia ling眉铆stica (2008: 86).

Como se帽ala Ennis, la barbarizaci贸n del otro a partir de la diferencia ling眉铆stica se constituye en un lugar com煤n de las intervenciones que dan lugar a lo que se dio en llamar 鈥渓a cuesti贸n del idioma鈥 (Di Tullio 2003).

En el a帽o 1900, Lucien Abeille, profesor franc茅s radicado en Buenos Aires, public贸 Idioma nacional de los argentinos, y di贸 lugar a una pol茅mica de tal magnitud que su edici贸n es considerada como punto de inflexi贸n en los debates en torno a la lengua. La tesis fundamental del franc茅s consiste en la convicci贸n de que la constituci贸n de la nueva raza argentina deb铆a producirse a partir del contacto y la mezcla ling眉铆stica y cultural, tanto la ya producida entre colonizadores espa帽oles y abor铆genes como la que deb铆a generarse a partir de la llegada masiva de inmigrantes (Ennis 2008). Esa nueva raza ser铆a due帽a de un idioma propio, forjado en condiciones 煤nicas. No tardaron en aparecer las respuestas airadas de Miguel Can茅, Eduardo Wilde, Paul Groussac, Carlos O. Bunge, Juan B. Ter谩n, Ricardo Monner Sans, Mariano de Vedia, Manuel Ugarte, y desde ya, Ernesto Quesada. Estas reacciones constituyeron la primera oleada de recepci贸n de la obra. Se puede agregar que estas intervenciones anticipan algunas de las posturas que se tornar谩n m谩s claras y definidas en los hombres del Centenario. Despu茅s de 1902 las resonancias se volvieron dilatadas e intermitentes y reaparece la pol茅mica con el estudio panor谩mico de Arturo Costa 脕lvarez, Nuestra Lengua, en 1922.

Como se sabe, hacia 1910 surge lo que se conoci贸 como 鈥減rimer nacionalismo鈥 o 鈥渘acionalismo cultural鈥 (Pay谩-C谩rdenas 1978). Un conjunto de intelectuales elaboraron un sistema discursivo tendiente a neutralizar la presencia del inmigrante y lo que ellos juzgaban sus efectos negativos y disolventes para la nacionalidad. La m谩s significativa de las reacciones suscitadas por la transformaci贸n del cuerpo social gir贸 en torno al tema de la 鈥渋dentidad nacional鈥 (Altamirano-Sarlo 1997). En lo que respecta al idioma, el horizonte ideol贸gico de ese nacionalismo estaba dado por un 鈥渆sp铆ritu de conciliaci贸n hacia Espa帽a y reconsideraci贸n de la herencia espa帽ola鈥 (165). Ricardo Rojas, por ejemplo, reivindicaba la identificaci贸n rom谩ntica entre lengua y naci贸n, y sosten铆a que la cultura del idioma ser铆a el freno para la corrupci贸n que la inmigraci贸n inflig铆a a la lengua[4] (Di Tullio, 2003). En Espa帽a y su tradici贸n, los nacionalistas encontraron la manera de diferenciarse de los reci茅n llegados, hallaron un nuevo origen al cual apelar, en virtud del fracaso que significaron algunos postulados de la generaci贸n previa. La reacci贸n nacionalista del Centenario implic贸 un viraje respecto de los valores que presidieron la construcci贸n de la Argentina moderna (Altamirano y Sarlo 1997).

En la d茅cada de 1920, los debates en torno al lenguaje, como acabamos de ver, cuentan con una larga tradici贸n. A su vez, el campo literario comienza a complejizarse: Graciela Montaldo (1987a) indica que, hasta este momento, hab铆a sabido controlar sus fisuras, y una identidad semejante, no id茅ntica, mantuvo unidos a la mayor铆a de sus miembros activos. Ya a partir de la generaci贸n del Centenario, y con mayor intensidad en los a帽os veinte, esa cohesi贸n se rompe: si, hasta los primeros a帽os del siglo XX, de las letras se ocuparon los letrados, poco tiempo despu茅s, j贸venes de procedencia y formaci贸n no tradicional, salen a exigir su derecho a la escritura. La literatura comienza a desempe帽ar un rol activo dentro de estos debates, quiz谩s mucho m谩s que antes en la medida en que sus posibilidades formales y enunciativas se astillan y pluralizan. De esta manera, la lengua literaria comienza a reclamar su especificidad literaria. La inmigraci贸n, desde comienzos de siglo, transforma la ciudad y sus pautas culturales, sociales y pol铆ticas; y, en el terreno ling眉铆stico, aparecen usos de la lengua que las 茅lites comienzan a percibir como un 鈥渂abelismo鈥 que afecta la identidad nacional. De esta manera, un conjunto de otredades son sometidas a procesos de legitimaci贸n y exclusi贸n. Si Lugones, en sus conferencias de 1913, reivindic贸 la figura del gaucho a partir de un pacto que sintetiza una raza, un tipo social y una literatura, tambi茅n excluy贸 del proyecto de naci贸n a esos 鈥渙tros鈥, los nuevos b谩rbaros, quienes se diferenciaban en el terreno de la lengua.[5] Jorge Monteleone (1988) advierte que la literatura que surge en la d茅cada del veinte, y que se distingue de la producida por los escritores de la 茅lite, no resulta homog茅nea en muchos niveles, pero sobre todo en lo que se refiere a las modalidades discursivas de la alusi贸n o de la elusi贸n de la voz del otro inmigrante. Si seguimos el art铆culo de Monteleone, veremos que tanto Jorge Luis Borges como Carlos de la P煤a, C茅sar Tiempo o Ra煤l Gonz谩lez Tu帽贸n utilizan distintos procedimientos para referirse a otro, enunciar como otro o inventar voces de otros, y en esas operaciones sientan posiciones con respecto al idioma y a la lengua literaria.

El prop贸sito de este cap铆tulo es elaborar una cartograf铆a documental; conseguir un relevamiento, lo suficientemente representativo, de los discursos que instalaron la cuesti贸n del idioma y los problemas de la lengua literaria desde la primera mitad del siglo XIX hasta la d茅cada de 1920. Pero adem谩s de esto, nos proponemos trazar un recorrido hist贸rico por los hitos que ambas tem谩ticas, muchas veces entrelazadas, marcaron desde los albores de la naci贸n.

En este primer cap铆tulo se recorta un corpus m谩s bien ensay铆stico, adonde el discurso literario cede su espacio preponderante en nuestro trabajo a los aportes provenientes de los gram谩ticos y fil贸logos los cuales, no obstante, incluyen a la literatura como el modelo de lengua a seguir, el ejemplo de 鈥渂uen decir鈥. Tanto las gram谩ticas como los manuales de lengua recurren a la literatura can贸nica para brindar ejemplos acerca de la 鈥渃orrecta鈥 forma de expresi贸n escrita y/u oral. Para tal caso 鈥搚 luego de la exposici贸n de algunos antecedentes de estos debates鈥, hemos decidido ordenar la presentaci贸n de las fuentes en cuatro ejes: los dos primeros comprenden a los grandes antagonistas de la 鈥渃uesti贸n de la lengua鈥 en Argentina: por un lado, tenemos a los autores que velan por la formaci贸n y consolidaci贸n de una lengua 鈥減ropia鈥 de los argentinos; por otro lado, se encuentran los cultores del hispanismo y del purismo idiom谩tico. En tercer lugar, cabe se帽alar que, en el marco de estos debates, la funci贸n de las gram谩ticas y de los diccionarios recibi贸 mucha atenci贸n por parte de algunos sectores. Una buena porci贸n del corpus relevado se refiere exclusivamente a esta tem谩tica, y por tal motivo se opt贸 por reservar para esta cuesti贸n un espacio independiente. Por 煤ltimo, el lunfardo en los a帽os veinte adquiere una relevancia vinculada, principalmente, con el auge y la extensi贸n que presenta en diversas manifestaciones culturales como en el tango o en cierto tipo de literatura. En el marco de los debates en torno a la lengua, el lunfardo se constituye en uno de los actores principales dado que se lo ha juzgado, con alarmas y esperanzas, como el sustrato privilegiado de ese nuevo idioma en ciernes.

1. En torno a la Generaci贸n del 1837

Las pol茅micas del lenguaje en Argentina tienden un arco que parte desde los a帽os de la Revoluci贸n de Mayo hasta, por lo menos, la d茅cada de 1930.

La generaci贸n de los independentistas de 1810 reaccion贸 pol铆ticamente contra sus padres: fue revolucionaria y proclam贸 la Independencia, pero se mantuvo fiel a las formas culturales y ling眉铆sticas que hab铆a heredado (Rosenblat 1961). Durante los momentos inmediatos a la emancipaci贸n, la posici贸n de Argentina y de Am茅rica Latina, en materia idiom谩tica, sigui贸 siendo monoc茅ntrica (Blanco de Margo 1991). Sin embargo, es posible observar en este per铆odo voces que plantean una lengua muy diferente a la emanada desde la metr贸poli: Bartolom茅 Hidalgo, adem谩s de fundar el g茅nero gauchesco y con ello la literatura rioplatense,[6] propuso una lengua literaria alternativa al espa帽ol peninsular. Con Hidalgo ingresa, y nace, la lengua popular en la literatura argentina, principalmente a partir de la intervenci贸n de dos coordenadas: en primer lugar, el uso letrado de las formas orales y populares de la campa帽a bonaerense (Ludmer 2000); y en segundo t茅rmino el rechazo expl铆cito a todo lo que proviene de Espa帽a. El desacato de Hidalgo no s贸lo fue pol铆tico, sino tambi茅n ling眉铆stico: 鈥渆s en la gauchesca donde encontramos un esfuerzo coherente, por humilde que se defina, para acompa帽ar la independencia pol铆tica con una paralela independencia ling眉铆stica, que es bastante anterior a los intentos reformistas de Sarmiento o de Bello鈥 (Rama 1977). La opci贸n del habla dialectal 鈥渞ompe bruscamente la sujeci贸n con los modelos europeos鈥, dotando al escritor de una 鈥渞igurosa libertad鈥 en la construcci贸n de la lengua literaria, 鈥減ara lo cual carece de f贸rmulas o de tradiciones estatuidas鈥 (Rama XXIX). Desde este momento fundacional de la literatura rioplatense, se puede apreciar que la cuesti贸n del lenguaje se encuentra asociada a las formulaciones literarias.

El problema del idioma nacional, eje vertebral de los debates sobre la lengua en Argentina, se inaugura a mediados de 1828, cuando Juan Cruz Varela llama la atenci贸n sobre 鈥渆l mal trato鈥 que se le brinda al idioma espa帽ol (Alf贸n 2008b: 43). Varela publica, en el diario El Tiempo, un art铆culo llamado 鈥淟iteratura Nacional鈥 en el que adem谩s sostiene que no cree que exista una literatura nacional ni cosa semejante. No obstante, aguardaba un movimiento cultural, una pl茅yade o un conjunto de obras que la inicien, y en ese deseo preanuncia la aparici贸n de la generaci贸n de los rom谩nticos del 37. Para Varela, no se puede forjar una literatura nacional sin conocer a fondo el idioma que se habla; y recomienda preservarlo y custodiarlo en la medida en que representa un v铆nculo entre la antigua metr贸poli y la Am茅rica hispana (Alf贸n 2008b).

Para Varela, la nacionalidad argentina constituye una suerte de ap茅ndice de Espa帽a y, por lo tanto, el espa帽ol peninsular debe cumplir un rol fundamental en la formaci贸n de la literatura argentina. Esta idea, contradictoria a primera vista, pero que encuentra su sentido en la concepci贸n que Varela tiene de la nacionalidad, se repetir谩 m谩s de una vez a lo largo de las diferentes fases de la pol茅mica sobre la lengua. As铆, por ejemplo, este razonamiento vuelve a aparecer en un texto de la d茅cada de 1920, de Arturo Capdevila:

en mi viaje a Espa帽a, veinte d铆as hab铆a navegado el vapor (鈥) Era, sin embargo, real y efectivamente como si no hubi茅ramos salido de la patria; pues que aun habl谩bamos el mismo nativo idioma. (鈥) Yo siento el orgullo de esta confraternidad sin fronteras y me sobrecoge el entusiasmo ante esa gigantesca extensi贸n de que es capaz el esp铆ritu. (1954:16).

En momentos en que la naci贸n comienza a dise帽arse discursivamente, la lengua forma parte del programa socio-pol铆tico de los hombres de la Generaci贸n del 37. Convencidos de que una revoluci贸n cultural e intelectual deb铆a acompa帽ar a la ya lograda revoluci贸n pol铆tica de 1810, ellos asumir谩n esa responsabilidad. Escribir谩n textos destinados, entre otras cosas, a la fundaci贸n de aquello que juzgan esencial de una naci贸n: una literatura. Otros escritos sentar谩n las bases acerca de la variedad de espa帽ol que debe utilizarse para que la nueva naci贸n la escriba. En definitiva, lo que busca la generaci贸n del 37 es la articulaci贸n de una cultura propia. Esa tarea se centra en completar la independencia con respecto a Espa帽a en los terrenos en los que se manten铆a la tutela hisp谩nica: la lengua y la literatura (Di Tullio 2003).

Con la Generaci贸n del 37 surge un pensamiento que se ocupa de pensar y sistematizar los problemas de la lengua que la reconfiguraci贸n pol铆tica e institucional post-revolucionaria depara. Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento, Esteban Echeverr铆a y Juan Mar铆a Guti茅rrez son los cuatro autores principales que se encargan de pensar, con sumo detenimiento, en la formaci贸n de una lengua que nos diferencie de Espa帽a. Las tradiciones que nos un铆an con ese pa铆s comienzan a romperse con la Revoluci贸n de Mayo y, en las dos d茅cadas siguientes, y como parte del mismo proceso, los j贸venes intelectuales, bajo el signo del historicismo rom谩ntico, sintieron el desaf铆o de forjar una lengua americana. La propuesta encerraba la paradoja que se desprende de la mirada estr谩bica[7] de nuestros rom谩nticos: proponer el franc茅s como lengua mod茅lica sobre la cual erigir una lengua americana.

La fundaci贸n de un canon no pod铆a orientarse en ese momento a ning煤n pasado prestigioso, no s贸lo porque la actividad cultural en el R铆o de La Plata era escasa, sino tambi茅n porque, seg煤n estos j贸venes intelectuales, no hab铆a nada ejemplar que ver en ese tiempo. Sin ese pasado prestigioso, la tendencia de los grupos liberales es la de programar un futuro que revierta las condiciones de un presente cuyo aspecto desfavorable es atribuido al pasado. Se trata de sentar los pilares de una antitradici贸n (Ennis 2006).

Para la Generaci贸n del 37, la emancipaci贸n no significa necesariamente la formaci贸n de una lengua nueva, de un idioma propio 鈥揺xigencia que s铆 cumplir谩 un rol protag贸nico a partir de fines del siglo XIX鈥, sino cierta reivindicaci贸n del derecho de propiedad sobre la lengua, el derecho a legislar sobre ella, de reformarla cuando sea preciso, sin necesidad de ser autorizado por instituciones peninsulares. Este programa de ruptura con Espa帽a se complementa con la adscripci贸n a otras culturas prestigiosas: Francia, en tanto modelo cultural para estos intelectuales, desempe帽贸 un papel fundamental en cuanto a las posturas adoptadas con respecto a la lengua. El espa帽ol, para Alberdi, deb铆a someterse a un proceso por el cual el franc茅s oficiar铆a de modelador del idioma, a los fines de convertirlo en una lengua apta para la ciencia y las culturas modernas. De esta manera, al preferir el franc茅s por sobre el espa帽ol, al adoptar la 鈥渙rientaci贸n rom谩ntica鈥 (Rama 1977: XXVII-XXIX), la Generaci贸n del 37 reemplaza un vasallaje por otro (Rosenblat 1984).

Con los hombres del 80, la esfera de lo pol铆tico, que todo lo invad铆a, y que tan estrechamente estuvo vinculada con la literatura durante pr谩cticamente todo el siglo XIX, comienza a separarse, a ganar una senda que culminar谩 en la relativa autonom铆a literaria de las primeras d茅cadas del siglo XX. Escritores como Miguel Can茅, Eduardo Wilde, Lucio V. Mansilla, Lucio V. L贸pez o Eugenio Cambaceres escriben con intenciones mucho m谩s 鈥渓iterarias鈥, puesto que est谩n mucho m谩s interesados en dejar un testimonio de s铆 mismos que en influir sobre la realidad pol铆tica (Borello 1974). Y la manera privilegiada de lograr ese cometido ser谩 a trav茅s de sus tareas como escritores. El surgimiento de una figura de autor que comienza a emanciparse de la adyacente imagen del pol铆tico, conlleva un fen贸meno significativo: emerge la novela como g茅nero en el R铆o de la Plata; de este modo, novelas y novelistas aparecen hacia 1880 (Esposito 2009). La modernizaci贸n literaria que se da a partir del ochenta consiste, principalmente, en la elaboraci贸n de una lengua literaria nutrida de otras lenguas literarias, en cuyos pa铆ses de origen, los europeos, se hab铆a conseguido ya hac铆a d茅cadas 鈥渦na separaci贸n institucionalizada de las pr谩cticas y las categor铆as literarias鈥 (Piglia 1998: 21).

2. Lucien Abeille y la reacci贸n conservadora hacia 1900

El problema de la lengua en Argentina tiene dos extremos antag贸nicos: el de los casticistas, que postulan un idioma fiel al de Espa帽a y libre de los elementos 鈥渆spurios鈥 [8] que el contacto de lenguas trae aparejados; y el de los progresistas o evolucionistas, quienes no s贸lo proponen la 鈥渕odernizaci贸n, intelectualizaci贸n y flexibilizaci贸n鈥 de la lengua, sino que son adem谩s los que promueven la creaci贸n de un idioma propio, aspiraci贸n que resulta una de las aristas centrales de la cuesti贸n del idioma en Argentina (Di Tullio 2003).

Como es sabido, el antihispanismo independentista que hab铆a guiado las tesis de la generaci贸n de 37, hacia 1880 cambia de signo y deviene en un hispanismo purificador de la lengua nacional. El primer foco del purismo lo encontramos en el Estado: los dirigentes piensan medidas para contrarrestar el efecto 鈥渘egativo鈥 que la inmigraci贸n tiene sobre la integridad nacional. Se genera as铆 un nacionalismo ling眉铆stico asociado al hispanismo que se traduce en pol铆ticas estatales claras: se dise帽an marcos institucionales para que la escuela se convierta en el 谩mbito privilegiado de acci贸n para llevar a cabo la tarea de 鈥渆rradicar todo vestigio de los rasgos de la inmigraci贸n鈥 (Di Tullio 5). El objetivo fue lograr un estado unicultural y monogl贸sico.

Sin lugar a dudas, el epicentro de la cuesti贸n del idioma se encuentra hacia el a帽o 1900, cuando un profesor franc茅s llamado Lucien Abeille publica, en Francia, un voluminoso libro titulado Idioma nacional de los argentinos. Abeille hace suya la idea de que la identidad de un pueblo se encuentra en su lengua. Sin embargo, dicha idea es antigua y por lo tanto preexistente al surgimiento del nacionalismo moderno que se produce hacia fines del siglo XVIII y comienzos del XIX en Europa (Blanco de Margo 1997). Este nacionalismo ling眉铆stico que inaugura Abeille en Argentina y que repite, aunque de manera extrema, las tesis de los liberales decimon贸nicos, es opuesto al que por ese entonces se delineaba a favor del hispanismo y en contra de las influencias idiom谩ticas provenientes de la inmigraci贸n. Si bien el nacionalismo ling眉铆stico conduce, por lo general, hacia actitudes ling眉铆sticas conservadoras que preconizan la pureza idiom谩tica, tambi茅n sucede que reenv铆a hacia la defensa de formas vern谩culas a las que se le otorga el rango de lengua nacional, 鈥済enerando, en consecuencia (鈥), la b煤squeda de un idioma nacional distintivo鈥 (Blanco de Margo 121). Con el libro de Abeille no s贸lo se sientan las bases de un paradigma opuesto al purismo, sino que se actualiza y se propone, de una manera nunca antes ensayada, la futura formaci贸n de un idioma propio.

Cuando Abeille publica su libro, la mayor铆a de los intelectuales se encontraban lejos de las tesis autoctonistas postuladas por el franc茅s, de all铆 que puede entenderse su propuesta como una 鈥渞ehabilitaci贸n an贸mala del programa rom谩ntico juvenilista del 37鈥 (Oviedo 2005: 31). Por esta raz贸n, se produce un rechazo contundente del libro en todo el arco intelectual argentino, dominado por un hispanismo en pleno auge. Los sectores conservadores del campo letrado llevaron a cabo un proceso de nacionalizaci贸n del habla 鈥渆spa帽olizando鈥, dado que la mayor parte de la clase dirigente patricia era de origen espa帽ol (Rubione 1983: 36). Esta postura hizo que desecharan las propuestas argentinizantes y consideraran el libro de Abeille como un verdadero 鈥渄isparate鈥 (Rubione 37). Para esta 茅poca, ser argentino significaba ser profundamente espa帽ol, y eso implicaba una lealtad incorruptible hacia la lengua espa帽ola, lo que a su vez supon铆a una visi贸n monol铆tica del castellano. Ese sentido de la nacionalidad perdurar谩 en los a帽os veinte, momento en que algunos autores conservadores reproducir谩n expl铆citamente esta idea como, por ejemplo, Arturo Capdevila en su libro Babel y el castellano (1928).

Aquello que molest贸 de la obra de Abeille fue 鈥渟u intenci贸n manifiesta de servir a la causa rom谩ntica populista del nacionalismo ling眉铆stico鈥 (Oviedo 2005: 24). Su criollismo idiom谩tico propon铆a la exclusi贸n de la gram谩tica y daba fueros patrios al habla coloquial, lo cual gener贸 un malestar tan grande que los debates en torno al idioma estallaron en diarios y publicaciones de la 茅poca.

Las pol茅micas en torno al libro de Abeille se entroncan con una problem谩tica previa que tambi茅n preocup贸 notablemente a los 鈥渃onservadores de la cultura鈥: hacia 1880, surge la literatura criollista. Al respecto, en 1881, en el Anuario Bibliogr谩fico de la Rep煤blica Argentina, dirigido por Alberto Navarro Viola, se sostiene: 鈥渘o caben dos opiniones sobre estos vulgares folletines: es la literatura m谩s perniciosa y malsana que se ha producido en el pa铆s鈥︹ (Prieto 2006: 56). De acuerdo con el Anuario, estas novelas, adem谩s de la catadura moral de sus personajes y de la 鈥渧ulgaridad鈥 de sus escenarios, ten铆an el defecto de estar escritas con un vocabulario 鈥渞ecogido en los corrales y enriquecido en los conventillos y en las c谩rceles鈥 (56). Es decir, escritas con una fuerte dosis de cocoliche y lunfardo. En el Anuario se advierte que es precisamente el libro de Abeille el que legitima estas 鈥渏ergas鈥 y las convierte en una suerte de 鈥渘eogauchesco鈥, principal componente del idioma de los argentinos propuesto por el franc茅s.[9] Oportunamente, Abeille rechaz贸 esta acusaci贸n, y en una carta que le escribiera a Pellegrini afirma: 鈥渁lgunas personas me atribuyen ideas que solo a ellas les pertenecen. Me hacen decir que el idioma nacional de los argentinos es el gaucho. El inventor de la supuesta teor铆a es el se帽or Ernesto Quesada. El doctor Can茅 la repite鈥 (Rubione 1983: 248).

Quesada sostiene que, desde fines del siglo XIX, Argentina se encuentra sumida en un 鈥渃aos ling眉铆stico鈥 producido por diversos factores como la deficiencia en la ense帽anza, las p茅simas traducciones y la circunstancia de que cada colectividad que llega al pa铆s trae su escuela, y, naturalmente, la proliferaci贸n del dialecto gauchesco emanado de las publicaciones criollistas. A esto se le suma el hecho de que, ya sobre el filo del siglo XX, se percibe una 鈥渢endencia desafortunada鈥 que considera argentino lo que es criollista (Rubione 39).

La reacci贸n contra el libro de Abeille provino principalmente del grupo de autores hispanistas. Sin dudas, el texto m谩s importante que naci贸 de esa reacci贸n pertenece a Ernesto Quesada, quien supo sistematizar y brindar consistencia argumentativa al pensamiento que dominaba en buena parte de los puristas finiseculares. Nos referimos a El 鈥榗riollismo鈥 en la literatura argentina (1902). Desde la perspectiva de Quesada, la 鈥渂arbarie鈥 idiom谩tica prolifera gracias a la presencia de la inmigraci贸n, que vino a adulterar un estado de lengua relativamente estable y puro. De esta manera, por ejemplo, Quesada aprueba el g茅nero gauchesco, puesto que posee una 鈥渞aigambre espa帽ola鈥 (1983: 114); sin embargo, con la masiva llegada de extranjeros al pa铆s el g茅nero se convirti贸 en una 鈥渋nfluencia literaria perniciosa en alto grado鈥 dado que 鈥渉a desnaturalizado el tipo gaucho, enardeciendo al compadrito, y ha pervertido a los inmigrantes acriollados鈥 (138). A trav茅s de la literatura criollista, los inmigrantes encontraron en la jerga criolla una estrategia de integraci贸n cultural (Prieto 2006), sin embargo, como sabemos, el Estado, que tambi茅n persigue la asimilaci贸n de los extranjeros, encuentra en las formas gauchescas un lenguaje no apto para tal fin: el sistema escolar prescribir谩 la ense帽anza de una lengua y una literatura ce帽idas fuertemente a las tradiciones espa帽olas.

Como puede observarse, el v铆nculo que se establece entre la literatura y los problemas referidos al idioma se hace evidente en estas pol茅micas de comienzos de siglo XX. Sin embargo, es durante la d茅cada de 1920 cuando los problemas en torno a la lengua literaria asumir谩n una especial intensificaci贸n.

3. Los a帽os veinte

Durante la d茅cada del veinte, los debates acerca del idioma, lejos de aplacarse, se convierten en un t贸pico casi obligado en numerosas publicaciones y en los intercambios entre diversos intelectuales. Varios son los motivos que hacen de los problemas de la lengua uno de los rasgos m谩s definitorios de esa d茅cada en lo que respecta a materia cultural y literaria. En primer lugar, la inmigraci贸n europea se manifiesta no s贸lo en el creciente proceso de 鈥渂abelizaci贸n鈥 que experimenta Buenos Aires desde fines del siglo anterior, sino tambi茅n en diversos objetos y consumos culturales. En este sentido, y en segundo lugar, podr铆amos se帽alar el auge del teatro, el tango, las narraciones semanales y una amplia gama de escritores subalternos que utilizan las formas ling眉铆sticas excluidas por 鈥渓os conservadores de la cultura鈥 para elaborar sus textos literarios. Cada una de estas manifestaciones culturales presupone la inmigraci贸n, en la medida en que est谩n atravesadas por numerosos fen贸menos ling眉铆sticos producto del contacto de lenguas. En tercer t茅rmino, durante los a帽os veinte tiene lugar otro hecho relevante: el apogeo del nacionalismo ling眉铆stico, cuyo per铆odo podr铆a establecerse entre 1910 y 1930. Frente al nacionalismo de elite, caracterizado por su marcado casticismo y el rechazo hacia el cosmopolitismo[10], aparece el grupo diferente que abreva en las ideas emancipadoras de los rom谩nticos decimon贸nicos y en las doctrinas de Abeille. Los miembros de este grupo se denominan a s铆 mismo tambi茅n 鈥渘acionalistas鈥[11] pero divergen del nacionalismo hispan贸filo de la 茅lite intelectual (Blanco de Margo 1991). Durante los a帽os veinte, sobre todo al final de la d茅cada, aparece una serie de obras destinadas a poner en evidencia la formaci贸n efectiva de un idioma diferente al castellano, privativo de Argentina. Al respecto, Blanco de Margo asegura que

este grupo parte de la mal interpretaci贸n del proceso de policentrismo ling眉铆stico y por tanto, cree que la norma argentina deber铆a ser la 煤nica v谩lida. Al igual que el hispano-nacionalismo postula, entonces, una estandarizaci贸n monoc茅ntrica, cuyo foco 煤nico en este caso, ser铆a la norma rioplatense (89).

Algunos de los representantes de este nacionalismo popular son Vicente Rossi y Ram贸n Carriegos.

3.1. La 鈥渓engua propia鈥

Sin lugar a dudas, uno de los representantes m谩s importantes de la tendencia antipurista es Vicente Rossi. Hijo de padre genov茅s y madre argentina, nacido en Santa Luc铆a, Uruguay, en 1871, Rossi se instala en la ciudad de C贸rdoba, en la cual fundar谩 una imprenta 鈥揑mprenta Argentina鈥 en la que editar谩 la mayor parte de su pr茅dica a favor de un idioma rioplatense. Si bien la argumentaci贸n acerca de una lengua propia del R铆o de la Plata cobra madurez y solidez hacia fines de los a帽os veinte, cuando publica sus Folletos lenguaraces (1927-1931), Rossi ya se hab铆a ocupado del tema algunos a帽os antes. En 1910, publica Teatro nacional rioplatense. Contribuci贸n a su an谩lisis y a su historia, en el que efect煤a un pormenorizado estudio acerca de los or铆genes y propiedades del g茅nero en el R铆o de la Plata. Una parte de este libro est谩 dedicada al lenguaje, y es all铆 adonde Rossi postula las tesis que luego, en los a帽os veinte, profundizar谩 y explayar谩 en los Folletos. Los aportes fundamentales de este autor se completan con su libro Cosas de negros (1926), obra que si bien versa sobre los or铆genes del tango, dedica una parte al tema del idioma. All铆 sostendr谩 la idea de que los rioplatenses contamos con un idioma propio, y denuncia que 鈥渆l inter茅s por nuestro castellano no es nuestro, es 铆bero, bajo la pretensi贸n de mantenernos en perpetua dependencia, que llaman 鈥榗onquista espiritual鈥, quienes ignoran hasta nuestra posici贸n jeogr谩fica (sic)鈥 (1926: 402).

Rossi se帽ala que cuando 鈥渘uestro pueblo鈥 se decidi贸 a fundar su teatro 鈥渢uvo necesariamente que darle su lenguaje鈥. No faltaron, entonces, quienes pensaron en que ese lenguaje deb铆a ser 鈥渕uy castizo o castizo del todo鈥 (1969: 120). Para Rossi, esa amenaza, lejos de desaparecer, continuaba muy presente. Sin embargo, 鈥渘uestros mejores autores鈥 se han preservado de caer en el 鈥渧icio鈥 del purismo y aplicar a sus obras 鈥渙tro lenguaje que no fuera el que en el R铆o de la Plata se habla鈥 (120). El castellano puro en el teatro nacional no hace m谩s que 鈥渁dulterarlo鈥 y 鈥渄esfigurarlo鈥, en la medida en que es un lenguaje 鈥渃on el que se escribe [pero] no se habla鈥 (120). Aqu铆 Rossi invierte una matriz conceptual, forjada por la cultura conservadora e hispan贸fila, que vinculaba las formas vern谩culas con el orden de la deformaci贸n idiom谩tica. Al invertir la estrategia argumentativa, Rossi se sirve de los mismos conceptos que utilizan los puristas para referirse al lunfardo y a todas aquellas voces que caen fuera de la 贸rbita del castellano normado.

Las tesis de Rossi abrevan en los postulados de Abeille. De hecho, creemos que es uno de sus mejores continuadores. El uruguayo parte de argumentos afines a los del franc茅s. Para Abeille, la raza y el idioma constituyen una unidad; por lo tanto, si en Argentina se ha formado una nueva raza, merced al aporte ind铆gena y cosmopolita, resulta l贸gico que el castellano peninsular 鈥渆volucione鈥 hasta formar un 鈥渋dioma nuevo鈥 (2005: 136). Rossi retoma esta idea cuando afirma que el castellano resulta 鈥渁rcaico, 谩spero y arbitrario鈥 y, sobre todo, 鈥渁jeno a nuestra raza y espiritualidad鈥 (1928a: 7). A su vez, tambi茅n parte de una suerte de darwinismo ling眉铆stico al afirmar que el castellano se encuentra 鈥渆n desaparici贸n evolutiva鈥 frente a un 鈥渋dioma nacional鈥 que resulta 鈥渟uperior a sus fuentes en todo sentido鈥 (1969:123). De hecho, cuando realiza estas afirmaciones en su Teatro nacional rioplatense, coloca una nota a pie de p谩gina para referirse al libro de Abeille como de 鈥渋napreciable鈥 importancia al respecto. En los Folletos lenguaraces, se extiende un poco m谩s en consideraciones acerca del profesor franc茅s: con respecto a Idioma nacional de los argentinos se帽ala que es 鈥渆l primer y 煤nico trabajo serio, de alto valor cient铆fico, desarrollado con profundos conocimientos en tan compleja ciencia ling眉铆stica, y con clara percepci贸n del alma nacional鈥 (1928a: 14). Y agrega que el libro representa 鈥渦na revelaci贸n y consagraci贸n de nuestra independencia idiom谩tica鈥 (15).

Los Folletos lenguaraces representan, despu茅s del libro de Abeille, el soporte argumentativo m谩s fuerte y anal铆tico acerca de la formaci贸n de una lengua propia en el R铆o de la Plata. Pero, adem谩s de esto, y a diferencia de la obra del franc茅s, Rossi despliega all铆 todo un arsenal discursivo destinado a desacreditar y agredir a sus adversarios idiom谩ticos, los puristas. M谩s arriba, hemos se帽alado que los grupos rupturistas se apropiaron del concepto de nacionalismo para invertir el sentido otorgado por la cultura conservadora. Si en esta esfera lo nacional estaba vinculado, en parte, al restablecimiento de las relaciones con Espa帽a y a la asunci贸n de una lengua apegada a sus preceptos acad茅micos, el nacionalismo idiom谩tico de hombres como Rossi significa justamente todo lo contrario: se es nacional en la medida en que se le brinda cabida a las formas culturales e idiom谩ticas propias de estas regiones y, en ese mismo gesto, se procede a negar cualquier tipo de tutela for谩nea, principalmente espa帽ola. Seg煤n Rossi, los pueblos del Plata hace tiempo que se han creado un lenguaje propio, que 茅l denomina 鈥淚dioma Nacional Rioplatense鈥 (6). Esta lengua no es m谩s que el producto de la 鈥渘acionaliza(ci贸n) (d)el idioma鈥, acci贸n que para los 鈥渄errotistas nativos鈥 鈥揳s铆 llama a los puristas argentinos鈥 constituye un 鈥済rave delito鈥 (6). De acuerdo con Rossi, uno de los postulados b谩sicos del 鈥渄errotismo鈥 es catalogar de 鈥渋nculto al que pretenda ser nacional鈥, mientras que los cultos son aquellos que permanecen fieles al castellano (6).

Rossi no niega el castellano de modo completo, sino que sostiene que se lo debe 鈥渁nexar a lo nacional鈥, pero 鈥渃onservando su procedencia, no ocult谩ndola como es la costumbre acad茅mica con infinidad de americanismos鈥 (10). De esta manera, se agrega a los otros aportes que conforman los insumos principales de la lengua rioplatense: el aporte aut贸ctono, vale decir ind铆gena; el europeo no espa帽ol y la creatividad propia. Sin embargo, hace mucho hincapi茅 en que el grueso del 鈥渋dioma nacional鈥 deriva en buena parte del espa帽ol hablado por los inmigrantes y de las invenciones idiom谩ticas de los sectores populares del R铆o de la Plata. El castellano queda reducido a la mera funci贸n de 鈥渋dioma auxiliar鈥 que vehiculiza las influencias de otros idiomas sobre 茅l. En t茅rminos cronol贸gicos, el proceso de formaci贸n de la 鈥渓engua propia鈥 cuenta con dos fases, seg煤n Rossi: el per铆odo inicial, en el que destaca los aportes del ind铆gena y del negro colono; y luego, el segundo per铆odo comprende 鈥渓a babel europea鈥 en nuestro medio (1929c: 26).

Rossi no se queda en formulaciones te贸ricas y argumentativas. En sus Folletos lenguaraces ensaya ese 鈥渋dioma argentino-uruguayo鈥 a partir de la consecuci贸n de su propia reforma ortogr谩fica: unifica los sonidos con las graf铆as, elimina acentos y signos de puntuaci贸n, como as铆 tambi茅n los de interrogaci贸n y exclamaci贸n.[12] En cada uno de los folletos, Rossi aclara que 鈥渓a irregular o ausente acentuaci贸n obedece a un plan de entrenamiento para suprimirla paulatinamente, probando que, con muy raras excepciones, es innecesaria鈥 (1928a: 6). La idea es que, al mismo tiempo que se le brinda sustento argumentativo, los folletos propagan 鈥渆l Idioma Nacional Rioplatense [que] es el que hablamos y escribimos actualmente鈥 (7). Esta conclusi贸n responde a los pormenorizados an谩lisis cuantitativos del vocabulario que realiza al final de cada uno de los folletos, los cuales arrojan el resultado de que un ochenta por ciento de las voces que se empleaban por aquellos a帽os en Argentina correspond铆an al espa帽ol rioplatense, en detrimento de la variedad peninsular.

Durante los a帽os veinte, muchos creyeron ver en el lunfardo uno de los insumos centrales, cuando no el 煤nico, del idioma nacional. Los conservadores lo juzgaron siempre como una amenaza: Ernesto Quesada, Arturo Costa 脕lvarez y Ricardo Monner Sans, por mencionar s贸lo algunos, lo combatieron en茅rgicamente. Sin embargo, en los postulados de los dos representantes m谩s importantes del paradigma de la lengua propia 鈥揂beille y Rossi鈥, el lunfardo no tiene demasiado protagonismo. El profesor franc茅s, 鈥渁lude apenas a algunos t茅rminos del vocabulario lunfardo鈥, pero jam谩s lo hace por su nombre (Conde 2011: 30). Por su parte, Rossi quiere dejar en claro que el 鈥渋dioma nacional [que] hablamos y escribimos actualmente鈥 no se conforma sobre la 鈥渃lave lunfarda ni el argot orillero鈥. Rechaza la afirmaci贸n acerca de que 鈥渓o 煤nico nacional en el lenguaje es el lunfardo鈥 (1928a: 6).[13]

El lunfardo resulta un elemento crucial en la historia de los debates en torno al lenguaje y en las condiciones de transformaci贸n de la lengua literaria. Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, el lunfardo estuvo asociado al vocabulario del delito. Ya en los a帽os veinte comenz贸 a ser percibido, por algunos sectores del campo literario y de la sociedad como un elemento, o una influencia, importante del idioma,[14] sobre todo de ese 鈥渋dioma鈥, independiente del castellano,[15] al que aspiraban los sectores afines a la tendencia rupturista. A su vez, durante las primeras d茅cadas del siglo XX, el lunfardo se constituye como una herramienta importante, entre otras, en la reconfiguraci贸n de la lengua literaria, puesto que poetas y escritores se sirvieron de 茅l para renovar por completo un lenguaje literario que hasta no hac铆a mucho tiempo atr谩s se encontraba supeditado a la correcci贸n que prescrib铆an los diccionarios y las gram谩ticas.

Sin lugar a dudas, el diario Cr铆tica fue uno de los difusores centrales del lunfardo en los a帽os veinte, puesto que muchos de los poetas y escritores lunfardescos publicaban all铆 asiduamente sus poemas, columnas, relatos y glosas. Este fen贸meno implica el pasaje de una modalidad propia de la oralidad a la escritura, lo cual redobla los motivos de alarma puesto que esta 煤ltima era considerada como el reservorio de la correcci贸n.[16] El espacio que Cr铆tica le brinda a estos autores fue motivo de ataques contra el diario por parte de sectores que ve铆an al lunfardo como un 鈥渃orruptor鈥 del idioma y, en cierta medida, como una de las formas de la inmoralidad dada las tem谩ticas 鈥損rostituci贸n, juego, delincuencia, etc.鈥 que parec铆an resultarle inherentes.

J. A. de Diego, en el 鈥淓studio preliminar鈥 que escribe para la primera reedici贸n de Teatro Nacional Rioplatense, a fines de los a帽os sesenta, se帽ala que cuando el autor de Cosas de negros muere en 1945 鈥減ara esta 茅poca era ya inexplicablemente un olvidado鈥 (De Diego 1969: 7). Borges, que ya present铆a, con cierta iron铆a, ese destino en los a帽os veinte, escribe una rese帽a del sexto volumen de los Folletos en la revista S铆ntesis (1927-1930), en donde afirma: 鈥渆stoy previendo que este ahora inaudito y solitario Vicente Rossi va a ser descubierto alg煤n d铆a, con desprestigio de nosotros sus contempor谩neos y escandalizada comprobaci贸n de nuestra ceguera鈥 (1928a: 361). Las reediciones, en 2001 (Taurus) y 2008 (Aguilar), de Cosas de negros tal vez den por cumplidos los presagios borgeanos.[17]

Al mismo tiempo que Rossi se dedica a escribir y publicar sus Folletos, otro representante de los rupturistas, Ram贸n Carriegos,[18] escribe su libro El porvenir del idioma espa帽ol en la Rep煤blica Argentina. Frases i palabras criollas (1928). All铆 defiende la tesis de que en el pa铆s existe un 鈥渋dioma argentino en formaci贸n鈥 (22), producto de que Espa帽a y Argentina han seguido 鈥渃aminos diferentes en lo que respecta a la evoluci贸n del castellano鈥 (19). La principal diferencia que encuentra Carriegos entre nuestro pa铆s y Espa帽a es que Argentina es cosmopolita, condici贸n que no se presenta en la Pen铆nsula Ib茅rica. Si en Espa帽a intervienen el catal谩n, el vascuence, el gallego y el valenciano en el devenir del castellano, 鈥渆stos factores no act煤an en la Rep煤blica Argentina鈥, por lo tanto 鈥渆s l贸gico deducir que no puede dicho idioma seguir un mismo proceso en ambos pa铆ses鈥 (19). Los factores que influyen en nuestro medio tienen que ver, principalmente, con la inmigraci贸n aunque, al igual que Abeille y Rossi, incluye las lenguas ind铆genas como sustrato importante del nuevo idioma: 鈥渃oncurren tambi茅n a la evoluci贸n del castellano en nuestro pa铆s los idiomas hablados por los abor铆genes. El quichua, el guaran铆 y el araucano han contribuido a la formaci贸n del l茅xico criollo鈥 (18).

Carriegos tambi茅n ensaya una fuerte pr茅dica anti purista: reacciona frente a aquellos 鈥渃ompatriotas que (鈥) se empe帽an en conservar [el idioma] puro e intangible鈥 (15). De esta manera, entabla una disputa con Costa 脕lvarez, quien hab铆a publicado en el diario La Prensa una 鈥渃r铆tica c谩ustica鈥 a su libro El porvenir del idioma espa帽ol鈥 Tambi茅n le responde a un autor an贸nimo que, en La Naci贸n, publica un art铆culo en el que afirma que Carriegos 鈥減regona un error o una utop铆a鈥, en referencia a su tesis acerca de una evoluci贸n diferente del castellano a la que sigue en Espa帽a, y propia de la Argentina (Carrriegos 1940). Al mismo tiempo, apoya a aquellos que 鈥渃orrompen el castellano鈥 (1928: 15) y lo conducen hacia los fueros vern谩culos. As铆, la acci贸n de 鈥渃orromper鈥 el idioma, en Carriegos, pierde su sentido negativo y asume un valor necesario y progresista: el idioma nacional se realiza a fuerza de corromper el 鈥渞ancio鈥 castellano. Rossi tambi茅n realiza esta suerte de inversiones cuando vindica el 鈥渉ablar mal鈥 en la medida en que esa es una 鈥渇orma nacional de expresarse鈥 (1929c: 4).

Como vemos, la idea de una lengua propia tuvo una presencia importante durante la d茅cada del veinte. En los a帽os siguientes, las tesis hispan贸filas y puristas, lejos de retroceder, inauguran otros cap铆tulos significativos.[19] No obstante, el debate en torno a un posible idioma nacional en los a帽os veinte gana la prensa y numerosos intelectuales intervienen a trav茅s de art铆culos, libros y/o rese帽as. Sin lugar a dudas, la cumbre de estos debates podemos encontrarla hacia 1927 cuando, entre otros eventos significativos de ese a帽o,[20] el diario Cr铆tica lanza la ya mencionada encuesta titulada 鈥溌縇legaremos a tener una lengua propia?鈥. Aunque la evidencia documental demuestre lo contrario, hacia 1927, Costa 脕lvarez declara que el problema de la lengua propia ya hab铆a quedado en el pasado y la revista El Hogar no hizo m谩s que 鈥渞esucitar鈥 el tema (1927b: 192). El autor de Nuestra lengua se refiere a un art铆culo que publica Pescatore di Perle[21] en su habitual columna de ese semanario, en marzo de 1927, cuyo t铆tulo es el mismo con el que, cuatro meses despu茅s, Cr铆tica bautizar谩 su encuesta.

Sin abandonar el estilo humor铆stico que lo caracteriza, Pescatore se opone a la idea de la gestaci贸n de un idioma nacional. Se帽ala que en 1927 鈥測a no podemos hacer lenguas propias. 隆Imposible, amigo!鈥 (1927: 66). Para Pescatore, el 鈥淚dioma Nacional de los Argentinos鈥 lejos de ser una realidad emp铆rica, constituye un 鈥渋nvento鈥 de Abeille; un invento encarnado en 鈥渃uatrocientas veintiocho p谩ginas in octavo. 隆Una papa! Tan papa que nadie volvi贸 a hablar del asunto hasta la fecha鈥 (66). Pescatore tiene la tesis de que la humanidad se encamina hacia 鈥渓os grandes sistemas homog茅neos鈥, es decir, una direcci贸n inversa a los particularismos que suponen las lenguas vern谩culas: 鈥溌縬u茅 diablos vamos a conseguir inventando ahora el argentino, el chileno, y el boliviano鈥 (66), se pregunta.

En septiembre de 1927, el espa帽ol Am茅rico Castro publica en La Naci贸n un art铆culo titulado 鈥淓n torno al posible idioma argentino鈥, en el que afirma que el deseo de poseer un 鈥渓enguaje propio鈥 resulta una cualidad t铆picamente americana (1927: 11). Este deseo se manifiesta en Argentina, siempre seg煤n Castro, primero en el 鈥渇racasado libro de Abeille鈥 y luego 鈥渄e vez en cuando en la prensa, como sucede en la encuesta a que vengo aludiendo鈥 (11). Se refiere a la encuesta del diario Cr铆tica. De hecho, el domingo siguiente a la publicaci贸n de este art铆culo aparece en el diario de Botana una nota titulada 鈥淟a encuesta de Cr铆tica: 驴Llegaremos a tener idioma propio? Y D. Am茅rico Castro鈥 en la que se acusa el golpe de Castro y se realiza una encendida defensa de la lengua propia, a contrapelo de los resultados arrojados por la encuesta en la que la mayor铆a de los escritores y estudiosos convocados 鈥渄ecidieron impugnar鈥 a quienes bregan por 鈥渓a formaci贸n del lenguaje en otra fuente que la hispana鈥 (鈥淟a encuestas de Cr铆tica鈥︹ 1927: 7). Castro se pregunta 鈥溌縞on qu茅 vamos a cargar nuestro deseo de una lengua propia? 驴Con lunfardismos y giros del arrabal porte帽o? 驴D贸nde est谩 su peculiaridad? Creen que diciendo 鈥榙avi鈥 y no 鈥榲ida鈥 se hace una lengua鈥︹ (1927: 11). En la aludida nota de Cr铆tica, se desestima la subvaloraci贸n de los registros populares que hace Castro en su art铆culo. Para Cr铆tica, en cambio, no se puede prescindir de la psicolog铆a de la numerosa cantidad de personas que hablan el lunfardo de manera cotidiana (鈥淟a encuesta de Cr铆tica鈥 1927).

En 1928, la editorial de Samuel Glusberg, Babel, edita Seis ensayos en busca de nuestra expresi贸n, de Pedro Henr铆quez Ure帽a, con el cual intervino de lleno 鈥渆n el debate sobre la historia literaria y sobre la modernidad y los nacionalismos鈥 (D铆az Qui帽ones 2006: 246). Adem谩s, elabor贸 sus concepciones a partir de la cr铆tica del criollismo, el indigenismo y de las vanguardias. En este libro, se incluye el cap铆tulo titulado 鈥淓l descontento y la promesa鈥, fechado en 1926. Dominicano, afincado en Buenos Aires desde 1924,[22] Henr铆quez Ure帽a revisa en este cap铆tulo uno de los problemas que ocupan a buena parte de la prensa y de la producci贸n literaria y ensay铆stica en esos a帽os: el idioma nacional. El autor se pregunta si para los americanos escribir en lengua vern谩cula significa retomar las lenguas ind铆genas. Descarta esa posibilidad dado que, explica, el hombre de letras las ignora, adem谩s de que existe el problema de que la consecuencia final de su implementaci贸n ser铆a 鈥渓a reducci贸n inmediata del p煤blico鈥 (1928: 20). Henr铆quez Ure帽a recuerda que a帽os atr谩s existi贸 la idea de que 铆bamos embarcados en la 鈥渁leatoria tentativa de crear idiomas criollos鈥, pero ese camino nos hubiese llevado, concluye, a una 鈥渆mpobrecida expresi贸n dialectal mientras no apareciera el Dante creador鈥 (21). Vale decir que para 1926, Ure帽a da por finalizada la posibilidad de la conformaci贸n de una lengua vern谩cula, al menos en los t茅rminos que hab铆a sido pensada por Abeille, o m谩s bien por sus detractores. Recordemos que el profesor franc茅s hab铆a dejado en claro que su tesis no consist铆a en que la lengua del gaucho es el idioma nacional de los argentinos, como le hab铆a sido imputado por Ernesto Quesada (1983). De este modo, Henr铆quez Ure帽a plantea que, para el R铆o de la Plata, el lenguaje gauchesco parec铆a ser la 鈥渟ustancia principal鈥 de ese idioma en ciernes, aunque ese registro presenta un problema: no contiene 鈥渓a diversidad suficiente para erigirla siquiera en dialecto, como el de Le贸n o el de Arag贸n鈥 (1928: 21). Cabe se帽alar que Henr铆quez Ure帽a no lleva m谩s all谩 del gauchesco la problem谩tica del idioma en Argentina, y en este texto no se refiere a las otras formas que se postulaban como sustratos ling眉铆sticos de esa lengua propia. Para Henr铆quez Ure帽a el problema parte de que en Am茅rica no se ha renunciado a escribir en espa帽ol. La soluci贸n que parece encontrar es que el americano se ocupe de 鈥渁cendrar nuestra nota expresiva, buscar el acento inconfundible鈥, pero sin renegar de la lengua heredada. En cierta medida, esta idea ser谩 repetida por Borges quien luego de descartar las tendencias hispanizantes y aquellas otras conceptuadas como vern谩culas 鈥揺l lunfardo, el orillero鈥 llega a la conclusi贸n de que no hay una distinci贸n muy marcada entre el castellano peninsular y nuestro espa帽ol. La diferencia es s贸lo de 鈥渕atiz鈥 y ocurre 鈥渁 nivel del significado de las palabras, que no ha cambiado en lo sustancial, pero s铆 en la connotaci贸n que tienen los t茅rminos鈥 (1994: 146). La perspectiva de Henr铆quez Ure帽a sobre la lengua es la de un intelectual que pensaba que 鈥渘inguna revoluci贸n deja de recibir la herencia del r茅gimen que cae鈥, lo cual no s贸lo implicaba una adhesi贸n expl铆cita al hispanismo,[23] sino tambi茅n 鈥渦na reserva ante el progreso y las vanguardias鈥 (D铆az Qui帽ones 2006: 169). No s贸lo colabor贸 con Amado Alonso en el Instituto de Filolog铆a,[24] sino que adem谩s junto a este intelectual public贸, en 1938 y 1939, los vol煤menes I y II de la Gram谩tica Castellana. Estos textos son los fundadores de 鈥渦na tradici贸n en la ense帽anza de la lengua en la Argentina que se prolong贸 a lo largo de la segunda mitad del siglo XX鈥 (Narvaja de Arnoux 2001: 53).[25] Tanto Alonso como Henr铆quez Ure帽a part铆an de la existencia de un desorden ling眉铆stico que caracterizaba a Buenos Aires, producto del aluvi贸n inmigratorio. La Gram谩tica es pensada entonces como una herramienta para restablecer el orden.

Mucho se ha escrito acerca de las tesis sobre el idioma que Borges sustenta durante la d茅cada del veinte.[26] Por tal motivo, s贸lo expondremos sus ideas al respecto brevemente. En primer lugar, cabe se帽alar que su postura resulta muy particular en la medida en que, como hemos dicho, no adscribe a ninguna de las dos posturas dominantes en los debates en torno al idioma. La producci贸n borgeana de los a帽os veinte ha sido catalogada, de manera muy consensuada, como 鈥渃riollista鈥 (Olea Franco 1993). Ese criollismo consiste b谩sicamente en el rechazo hacia la inmigraci贸n y en una impugnaci贸n de las pol铆ticas europeizantes de los hombres del 37;[27] adem谩s implica una revalorizaci贸n de la figura de Rosas e Yrigoyen. En materia ling眉铆stica, el criollismo borgeano se manifiesta en la aspiraci贸n a una 鈥渆ntonaci贸n argentina del castellano鈥 que encuentra en la oralidad culta, pr贸xima a la norma literaria, una de sus se帽as particulares (Narvaja de Arnoux-Bein 1999: 24); y, a su vez, en el sim茅trico rechazo del lunfardo-orillero y del espa帽ol castizo. Su breve tesis de 1928 acerca del idioma argentino consiste en se帽alar que a煤n no est谩 conformado.[28] Y agrega que lo que le falta, principalmente, es una obra literaria que lo 鈥渋nmortalice鈥. El ideal idiom谩tico, para Borges, se encuentra en el pasado, de ninguna manera en el bab茅lico presente. Por eso rescata a 鈥渘uestro mayores鈥, quienes sin 鈥渁rrogancia orillera鈥 ni 鈥渕alhumor鈥 hispano, escribieron, con el 鈥渢ono de su voz鈥, 鈥渆l dialecto usual de sus d铆as鈥. [29] Acorralado por las coordenadas 鈥渟eudo plebeya鈥 y 鈥渟eudo hisp谩nica鈥, Borges critica al escritor argentino de los a帽os veinte puesto que 鈥渆l que no se aguaranga para escribir y se hace el pe贸n de estancia o el matrero o el valent贸n, trata de espa帽olarse鈥 [30] (1994: 146). En s铆ntesis, entre el espa帽ol peninsular y el nuestro habr铆a s贸lo 鈥渦n matiz de diferenciaci贸n鈥 lo bastante discreto como para 鈥渘o entorpecer la circulaci贸n total del idioma鈥 (146-147).

En 1928, mismo a帽o que Borges edita su Idioma de los argentinos, Arturo Costa 脕lvarez publica un libro, titulado El castellano en la Argentina,[31] que se constituye en uno de los compendios argumentativos m谩s interesantes y valiosos contra las tesis rupturistas. Si bien en Nuestra lengua (1922) ya hab铆a decretado la muerte de todas las tentativas a favor de una lengua vern谩cula, ante la persistencia de esas ideas Costa 脕lvarez parece verse en la necesidad de repetir y agudizar su postura en este libro. Seg煤n Costa 脕lvarez (1928b), todas aquellas publicaciones que postulan al castellano en Argentina como un idioma propio tropiezan con un problema: sostienen la emancipaci贸n de las formas castellanas a partir de una serie de reformas que se llevan a cabo dentro del castellano mismo. Los aportes de los rupturistas quedan reducidos, entonces, a la 鈥渄esnaturalizaci贸n鈥 del castellano mediante la incorporaci贸n de formas extranjeras y 鈥渧ulgarismos nacionales鈥 (17). Para este autor, estas modificaciones no comportan en modo alguno la transformaci贸n de una lengua en otra puesto que, 鈥減or mucho localismo que injertemos鈥 nuestro tronco idiom谩tico com煤n siempre ser谩 el castellano (18). Sin embargo, la postura de Costa 脕lvarez no es la de un purista recalcitrante puesto que reconoce las particularidades propias que presenta el castellano del R铆o de la Plata: 鈥渓a base de nuestra cultura es la heredada tradici贸n hispana; pero su estructura tiende a desarrollarse con caracteres propios, en armon铆a con nuestra idiosincrasia de pueblo nuevo鈥 (63). No obstante, no por esto deja de ser un purista, puesto que si bien acepta el argumento de una lengua con caracter铆sticas personales y diferenciadas, pervive la idea de que el castellano en estas tierras ha sido 鈥渄esnaturalizado鈥 y 鈥渧ulgarizado鈥 por algunos aportes indeseables.[32] M谩s all谩 del reconocimiento de las particularidades del castellano en argentina, Costa 脕lvarez tiene la idea de que la lengua culta ha sido 鈥渄a帽ada鈥 y, ante esta situaci贸n, es necesario 鈥渞establecer[la]鈥 (1928b: 64). Vale decir que si, por un lado, este autor y otros afines se oponen a la tesis de una lengua propia en formaci贸n, por el otro su pr茅dica tambi茅n se orienta a favor de la recomposici贸n de una lengua que se ha visto seriamente comprometida y apartada de su estado 鈥渋deal鈥. Por esta raz贸n, durante los a帽os veinte, aparecen textos destinados a se帽alar los errores m谩s frecuentes en el uso de la lengua y a enmendarlos.[33]

3.2 Los defensores del castellano

Luego de la pol茅mica que se genera alrededor del libro de Abeille, y que deriva en la disputa en torno al criollismo, las querellas se enfr铆an en los a帽os subsiguientes. En la d茅cada del veinte, comienza a emerger un nuevo corpus de ensayos que, por un lado, realizan una revisi贸n de ese pasado reciente y concluyen que el problema de la lengua ha dejado ya de serlo, puesto que 鈥渃ualquier tendencia deliberadamente corruptora del idioma鈥 se ha disipado (Quesada 1923: 11). Ernesto Quesada, quien da por finalizado el debate y proclama la victoria de una batalla iniciada un cuarto de siglo atr谩s, es el encargado de rese帽ar y festejar uno de los libros m谩s importantes sobre el tema durante esa d茅cada: Nuestra lengua, de Arturo Costa 脕lvarez. Publicado en 1922, este libro puede considerarse como un texto inaugural o fundante en el sentido de que se inicia con 茅l una nueva perspectiva en el abordaje de 鈥渓a cuesti贸n del idioma鈥: hasta ese momento, quienes hab铆an intervenido en el debate eran protagonistas en diferentes esferas de la vida intelectual e institucional; sin embargo, es Costa 脕lvarez quien aborda el tema en tanto objeto de reflexi贸n y de estudio, y se erige como 鈥渆l especialista鈥 en dicha tem谩tica (Di Tullio 2006). Si bien forma parte de 鈥渓a tradici贸n de la queja鈥[34] 鈥揳l igual que Ricardo Monner Sans, Juan B.Selva y otros鈥, su voluminoso libro no s贸lo representa una prolija argumentaci贸n contra quienes postulaban una lengua propia, sino tambi茅n constituye una revisi贸n del pasado idiom谩tico del pa铆s al calor de los nuevos desaf铆os que el contexto de los a帽os veinte ofrece.

Si bien es un ac茅rrimo enemigo de las tesis rupturistas, su pr茅dica nacionalista lo preserva de la idea de que se debe acatar servilmente las normas emanadas de la Real Academia Espa帽ola. Sin embargo, la perspectiva de Costa 脕lvarez se encuadra en una defensa del castellano 鈥揷on los l铆mites ya se帽alados鈥 y con la intenci贸n de codificar una lengua culta y nacional, purgada de todos aquellos elementos ling眉铆sticos provenientes de la inmigraci贸n, en los cuales muchos creyeron adivinar el germen de un nuevo idioma. Costa 脕lvarez distingue muy bien las tendencias opuestas que existen dentro del concepto de nacionalismo. En las postrimer铆as del siglo XIX, afirma, se asiste al 鈥渢riunfo鈥 y a la 鈥渁poteosis鈥 de la 鈥渋ncultura popular鈥 en el lenguaje (1922: 89). Piensa en la literatura criollista, en el teatro criollo y en el colof贸n del siglo: el libro de Abeille, del cual afirma, principalmente, que favorece la corrupci贸n de la lengua (Costa 脕lvarez). Sobre el per铆odo 1900-1920, Costa 脕lvarez sostiene que 鈥渓a corrupci贸n del idioma se ha hecho sistem谩tica鈥 debido a que se persigue un fin patri贸tico: nacionalizar el habla (89). Es aqu铆 cuando distingue dos formas del nacionalismo: por un lado, el que se conduce por la 鈥渧铆a b谩rbara鈥, que aglutina a todos aquellos 鈥渋diom贸logos鈥 y escritores cuya pr茅dica tiene por objetivo 鈥渟ustituir la lengua en la que escriben鈥 (91). Ese patriotismo es el que coloca en su centro una 鈥渓engua artificial鈥, cuyo vocabulario 鈥渟er谩 gauchesco, la construcci贸n ser谩 francesa y del castellano no quedar谩 sino lo indispensable para que el aparato no se venga abajo鈥 (91). Por otro lado, se encuentra 鈥渓a v铆a civilizada鈥, la suya, que se basa en el respeto y la preservaci贸n del castellano 鈥渃ulto鈥.

Frente a un contexto en el que prevalece un 鈥渃aos鈥 ling眉铆stico producto de las influencias y mixturas que ejercen los grupos de inmigrantes en contacto con el espa帽ol, 鈥渃aos鈥 que sirve a un conjunto de escritores e intelectuales para fundamentar la idea de una lengua 鈥減rivativa鈥 de la Argentina, Costa 脕lvarez recupera el valor que tiene el castellano para contrarrestar esta situaci贸n 鈥渋ndeseable鈥. Se帽ala que, durante el siglo XIX, la lengua se torna cada vez menos castiza debido 鈥渁l roce que se produce en los arrabales con el guirigay de los negros bozales, en los campos con el lenguaje gauchesco y en las lindes con las lenguas ind铆genas鈥 (22). Es decir, los sectores populares, las minor铆as conformadas por los negros, ind铆genas y gauchos ser铆an los agentes corruptores del lenguaje durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Sin embargo, este y otros autores se encuentran con un problema a la hora de trazar una verdadera tradici贸n nacional apoyada sobre la base del castellano hisp谩nico: los liberales decimon贸nicos elaboraron sus proyectos de naci贸n a partir de una profunda hispanofobia. Para otorgarle un fuerte respaldo al castellano 鈥渃orrecto鈥 y lo suficientemente puro, Costa 脕lvarez debe recurrir a los padres de la patria puesto que la definici贸n de un idioma leg铆timo siempre se realiza en consonancia con los fundamentos de la nacionalidad. Ahora bien, si los padres de la patria parecen sostener tesis que resultan adversas al momento de argumentar a favor de un castellano castizo, medianamente libre de las variaciones locales, no queda otro camino que transformar las tesis antihisp谩nicas para poder vincular 鈥渘uestra lengua鈥 con los pilares de la nacionalidad. Vale decir, entonces, que el desaf铆o consiste en transformar el rechazo hacia Espa帽a que sienten nuestros pr贸ceres y aproximarlos al espa帽ol peninsular. Se impuso, entonces, la tarea de una revisi贸n del pasado nacional a los fines de contrarrestar los 鈥渕ales鈥 que aquejan al presente. Y este paso lo inicia Costa 脕lvarez en Nuestra lengua. De este modo, se ocupa de revisar las ideas que en materia idiom谩tica sostuvieron los principales intelectuales del siglo XIX: Esteban Echeverr铆a, Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento y Juan Mar铆a Guti茅rrez. A modo de ejemplo, y dada la vastedad de los an谩lisis que lleva a cabo Costa 脕lvarez en su libro, s贸lo sintetizaremos la operaci贸n argumentativa que realiza sobre los dos primeros. Acerca de Echeverr铆a, Costa 脕lvarez sostiene que pese a su postura contraria al dogma colonial y a favor de una doctrina est茅tica genuina, es decir, americanista, el autor de El matadero 鈥渘o predic贸 ni practic贸 el antiespa帽olismo furioso, ni el americanismo fren茅tico鈥 (25). El objetivo principal de Costa 脕lvarez es desdibujar la imagen de un Echeverr铆a hispan贸fobo que pueda venir en auxilio de un presente que reclama, para ciertos grupos, una revalorizaci贸n del castellano. Seg煤n este autor, existe una confusi贸n cuando se piensa en los posicionamientos est茅ticos e idiom谩ticos de Echeverr铆a en la medida en que su desd茅n no se dirige hacia el castellano, sino hacia las letras espa帽olas de su tiempo. Y encuentra las palabras de Echeverr铆a que lo redimen: 鈥渆l 煤nico legado que los americanos pueden aceptar y aceptan de buen grado de la Espa帽a es el idioma鈥 (26). Con respecto a la figura de Alberdi, es conocida la hispanofobia de sus a帽os de juventud. El problema se encuentra en que 鈥減reconiza al franc茅s como mejor lengua a causa de su biblioteca literaria y cient铆fica鈥 (35). Costa 脕lvarez va a cuestionar la idea alberdiana acerca de que el franc茅s, al ser veh铆culo de grandes ideas, va a dotar al espa帽ol de una mejor expresividad. La argumentaci贸n de Costa 脕lvarez no consiste tanto en 鈥渄esdecir鈥 a Alberdi, es decir en mostrar la tergiversaci贸n de la que fue objeto, como ocurre con el caso de Echverr铆a, sino m谩s bien en notar lo equivocado que estaba Alberdi en su juventud. Por esta raz贸n, la argumentaci贸n tendr谩 por objeto matizar las posturas del pr贸cer, y adjudicar su radicalidad a la 鈥渋rresponsabilidad鈥 e 鈥渋gnorancia鈥 propias de la juventud, la cual tiene sus 鈥渁rrebatos y extrav铆os鈥, excesos que se deben reconocer m谩s tarde, como lo hizo Alberdi, quien admiti贸 lo 鈥渁pasionado e irrazonable de su aversi贸n juvenil al castellano鈥 (37). La muerte temprana de Echeverr铆a impidi贸 afirmaciones similares, y no hubo m谩s remedio que sostener las tesis del extrav铆o interpretativo. Las palabras del viejo Alberdi a favor del castellano ser谩n tambi茅n utilizadas por Arturo Capdevila en su libro Babel y el castellano (1928).

Al final de su an谩lisis, Costa 脕lvarez hace coincidir los posicionamientos ling眉铆sticos de Echeverr铆a, Alberdi, Sarmiento y Guti茅rrez de la siguiente manera: 鈥渓os cuatro proclamaron en definitiva que nuestro idioma es el castellano, al que debemos limpiar de las impurezas con que lo afean en la lengua vulgar la inmigraci贸n cosmopolita, y en la lengua culta la lectura continua de libros extranjeros鈥 (71). La conclusi贸n, si bien est谩 referida al contexto del siglo XIX, cobra una deliberada vigencia en los primeros a帽os de la d茅cada del veinte, cuando se publica Nuestra lengua. La situaci贸n de fuerte contacto de lenguas explica la anacr贸nica y tendenciosa reflexi贸n final a la que arriba Costa 脕lvarez: Echeverr铆a muere en 1851, cuando todav铆a no hab铆a siquiera ca铆do el rosismo. Resulta, por lo tanto, anacr贸nico decir que el autor de 鈥淓l matadero鈥 se propuso, junto con sus pares de generaci贸n, eliminar las impurezas que la inmigraci贸n cosmopolita iba depositando sobre la lengua, cuando todav铆a restaban varios a帽os para que se pongan en marcha las pol铆ticas de promoci贸n de la inmigraci贸n. A su vez, Costa 脕lvarez olvida o minimiza posicionamientos hispan贸fobos ostensibles que estos intelectuales tuvieron en relaci贸n con los problemas de la lengua: por ejemplo, Guti茅rrez, en 1875, rechaza el diploma de 鈥渁cad茅mico correspondiente extranjero鈥 de la Real Academia Espa帽ola, fundando su decisi贸n en que la pluralidad de lenguas que se oyen en Buenos Aires y el 鈥渋dioma nacional鈥 en que se escriben los peri贸dicos, se dictan las leyes y se comunican los porte帽os son fen贸menos opuestos al purismo idiom谩tico que pretende instalar la Academia en suelo argentino.[35]

Ahora bien, 驴cu谩l es la evaluaci贸n del estado de la lengua a comienzos de los a帽os veinte para Costa 脕lvarez? En primer lugar, va a dejar muy en claro que el idioma nacional es el castellano, 鈥渓a lengua de los manifiestos, proclamas y decretos de nuestra emancipaci贸n, de nuestro himno nacional, de nuestra acta de independencia, de nuestras constituciones, leyes y c贸digos鈥, y la de todos aquellos escritores, poetas y publicistas que 鈥渉an cuidado la forma de expresi贸n鈥 (142). La lengua nacional es, entonces, aquella que se encuentra institucionalizada y vinculada con los or铆genes de la Patria, es decir, la lengua 鈥渃ulta鈥 que proviene del espa帽ol heredado. Existe, en efecto, una heterogeneidad ling眉铆stica en la Buenos Aires de los a帽os veinte, pero para el autor este no es un fen贸meno extra帽o puesto que 鈥渆n ninguna parte de la Tierra la lengua general de una naci贸n se habla uniformemente en todos los puntos de su territorio鈥 (142). Y agrega que en cualquier lugar del mundo esta distinci贸n que se帽ala basta para establecer cu谩l es el idioma nacional; en cambio, en Argentina, eso no es suficiente puesto que 鈥渓os idiom贸logos han atribuido demasiada importancia a lo regional y/o local鈥 (143). Ahora bien, la injerencia de las formas locales en el idioma nacional resulta pr谩cticamente nula para Costa 脕lvarez, puesto que los lenguajes populares se encuentran 鈥渃onfinados a un c铆rculo estrecho鈥 (147). Por este motivo, ninguna variedad popular 鈥渁fecta el fondo de nuestro castellano鈥 (148). La causa de la corrupci贸n del idioma no se encuentra 煤nicamente en la inmigraci贸n, sino en la insuficiencia del sistema educativo nacional, el cual experiment贸 un doble fracaso 鈥揺l de la ley G贸mez (1894 y 1896)[36]鈥 en cuanto a la implementaci贸n del uso obligatorio del castellano como instrumento de ense帽anza en las escuelas (Capdevila).

A fines de la d茅cada, poco antes de morir, Costa 脕lvarez publica 鈥淕roussac y la lengua鈥, un art铆culo aparecido en la revista Nosotros. All铆 recupera una figura como la de Paul Groussac, presencia central del campo literario que tuvo un importante desempe帽o en los debates sobre la lengua hacia fines del siglo XIX. Groussac funciona en el esquema de Costa 脕lvarez como una buena cita de autoridad para refrendar la inviabilidad de la creaci贸n de un idioma nacional que no fuese el castellano. All谩 por 1891, nos cuenta Costa 脕lvarez, Groussac ya se hab铆a encargado de conjurar la amenaza que supon铆a la campa帽a criollista 鈥渆n su prop贸sito de inducirnos a sustituir el castellano mundial por una jerga local鈥 (1929: 118). En aquel momento, Groussac no hizo m谩s que postular, ante el Ministerio Nacional de Instrucci贸n, que 鈥渘o hay m谩s idioma nacional que el castellano鈥 (118). Pero Costa 脕lvarez convoca a Groussac porque, adem谩s de defender el castellano, reivindica la tradici贸n hisp谩nica y la vincula con la cultura americana: 鈥渘ecesitamos desde luego estudiar la historia y la lengua espa帽olas, si queremos conocer a medias las tradiciones americanas y los antecedentes argentinos鈥 (119).[37]

Casi inmediatamente despu茅s de la aparici贸n de Nuestra lengua, Ernesto Quesada publica La evoluci贸n del idioma nacional (1922), folleto que luego reproducir谩 la revista Nosotros a comienzos de 1923. De alguna manera, el texto se propone como un encomio del libro de Costa 脕lvarez, el cual 鈥渧iene a historiar las luchas pasadas y a proclamar el triunfo final de la sana doctrina鈥 (1923a: 13). Para Quesada, Nuestra lengua es el 煤ltimo y victorioso eslab贸n del largo debate sobre la lengua en Argentina: 鈥渆n ese momento verdaderamente cr铆tico[38] se produjo la reacci贸n, en la forma historiada por Costa 脕lvarez, y en la cual me correspondi贸 la parte modesta, reconocida por 茅ste: la lucha viv铆sima dur贸 un par de lustros, encauz谩ndose despu茅s, hasta que hoy por completo ha terminado con el triunfo del buen sentido鈥 (13, destacado nuestro). El problema del idioma nacional ha dejado de ser un problema y, siempre seg煤n Quesada, a comienzos de los a帽os veinte la 鈥渢endencia deliberadamente corruptora del idioma鈥 se ha disipado en pos de 鈥渕antener inc贸lume la pureza de la lengua鈥 (11). Lejos del diagn贸stico que describe Quesada, el libro de Costa 脕lvarez m谩s que una pieza final y victoriosa resulta, seg煤n la perspectiva que ofrece la d茅cada del veinte, el inicio de una nueva faceta de las querellas en torno al idioma y la lengua literaria.

Al igual que Costa 脕lvarez, Quesada reproduce los argumentos que marcan la diferencia entre el Alberdi joven e hispan贸fobo del Alberdi viejo que valora el castellano. Vale decir que duplica y consolida la estrategia que se despliega en Nuestra lengua, que consiste en entroncar las ra铆ces patrias, definidas en su momento por sus protagonistas como antihisp谩nica, con las fuentes del espa帽ol peninsular. Para Quesada, la pr茅dica contra la lengua espa帽ola en la que incurrieron los rom谩nticos decimon贸nicos era un simple resabio del odio a lo godo. Y agrega: 鈥渘inguno de aquellos cultos argentinos 鈥揷omo lo demuestra acabadamente Costa 脕lvarez 鈥 en realidad so帽贸 con la suplantaci贸n del castellano por un dialecto casi ind铆gena鈥 (8, destacado nuestro). Si bien es cierto que ning煤n miembro de la Generaci贸n del 37 postul贸 el reemplazo del castellano por otro idioma, tambi茅n es verdad que los rupturistas tampoco bregaron por ese objetivo seriamente. En todo caso, se opusieron a la variedad culta de Espa帽a y a los deseos de mantenerla 鈥減ura鈥; y propusieron una apertura idiom谩tica que contemplara la inclusi贸n de diversas voces populares y americanas en el seno del espa帽ol. Pensaron, eso s铆, que los cambios ser铆an tan radicales que la lengua en el R铆o de la Plata 鈥損or aqu铆 se circunscrib铆a el radio de los debates鈥 cambiar铆a de tal forma que apenas unos pocos elementos la mantendr铆an vinculada al castellano.

Sin lugar a dudas, durante la d茅cada del veinte, uno de los principales exponentes de la 鈥渢radici贸n de la queja鈥 y del purismo idiom谩tico es Ricardo Monner Sans. Por aquellos a帽os, publica dos libros cuya intenci贸n prescriptiva en relaci贸n con los usos de la lengua en Argentina y la lealtad hacia el espa帽ol peninsular resultan por dem谩s evidentes. Disparates usuales en la conversaci贸n diaria (1923) y Barbaridades que se nos escapan al hablar (1924), como ya se desprende de los t铆tulos, ponen en primer plano las formas impropias de una oralidad que, evidentemente, se aleja del modelo idiom谩tico espa帽ol y que, por consiguiente, es preciso corregir. Seg煤n Monner Sans, la lengua sufre un proceso de creciente corrupci贸n debido al avance de la cultura popular, la cual deber regirse por los usos cultos: la correcci贸n en el habla 鈥渆s el m谩s alto exponente de la cultura de un pueblo鈥 (1923: 95). Y, a su vez 鈥搚 en esto coincide con Costa 脕lvarez鈥, responsabiliza al Ministerio de Instrucci贸n P煤blica por no cumplir del todo con su misi贸n central de garantizar que 鈥渘o se bastardee el heredado lenguaje鈥 (95, destacado nuestro). Para este autor, esa cultura popular, responsable de imponer sus usos ling眉铆sticos tanto en el habla como en la literatura configura la expresi贸n de los 麓鈥漞lementos extranjerizos鈥 responsables de 鈥渁fear la belleza del heredado lenguaje鈥 (96). Inficionados en diversos discursos sociales de la 茅poca, las extendidas formas populares alertan a Monner Sans quien reclama de las autoridades que se 鈥渞evisen鈥 desde los textos escolares hasta los carteles que aparecen en la v铆a p煤blica debido a que muchos de estos soportes se encuentran 鈥渞edactados en una jerigonza incomprensible鈥 (96). El libro siguiente se encuentra en la misma sinton铆a que el anterior, s贸lo que los 鈥渄isparates鈥, purgados de la comicidad que parecen sugerir, se han convertido ahora en cosa seria, invasiva, al trocarse en elementos propios de la 鈥渂arbarie鈥.

Mientras Costa 脕lvarez publica Nuestra lengua, algunos fragmentos de lo que luego se convertir谩 en Eurindia (1924) comienzan a aparecer, en forma de art铆culos, en el suplemento dominical de La Naci贸n. En 1924, Ricardo Rojas, figura preponderante del nacionalismo cultural, finalmente publica su libro en Espa帽a. Sus tesis son por dem谩s interesantes en la medida en que parecer铆an ubicarse en una zona vecina a la de Abeille, puesto que postulan, en apariencia, una cultura nacional y propia no a partir del rechazo y la negaci贸n de diversas influencias, sino m谩s bien todo lo contrario: la cultura argentina deb铆a ser el producto de la asimilaci贸n de componentes tanto ex贸ticos como aut贸ctonos. Sin embargo, las ideas de Rojas, por m谩s que insistan en la necesidad de asimilar las diversas formas culturales e idiom谩ticas europeas e ind铆genas, no pueden ocultar la lealtad que el autor sent铆a hacia Espa帽a; cuesti贸n que lo ubica, en el marco de estos debates, en una suerte de purismo relativo, abierto a los localismo y extranjerismos, pero siempre supeditados al dominio de Espa帽a.

Con respecto a los problemas concretos del idioma, Rojas (1980) afirma que la aparente gran dificultad de nuestra literatura es que no se encuentra escrita en idioma argentino. De la misma manera, las bases de nuestra nacionalidad tampoco est谩n escritas en ese idioma: tanto nuestra literatura como el Himno Nacional, la Constituci贸n de 1853 y los diversos documentos que dan origen a nuestra naci贸n se encuentran escritos en castellano, pero esto no significa que debemos negarle los caracteres nacionales a todas estas formulaciones discursivas puesto que resultan fundantes de nuestra identidad como Naci贸n. En este sentido, coincide con Costa 脕lvarez quien para demostrar la vigencia del castellano en nuestra cultura apela a este mismo argumento que lo ubica en las bases y or铆genes de la Patria. Tanto Rojas como Costa 脕lvarez llegan a la misma conclusi贸n: el pueblo argentino 鈥渘o necesita crearse una lengua nueva para manifestar su genio social鈥 (Rojas 42). De este modo, Rojas refuta las tesis rupturistas y refuerza la importancia del castellano en la conformaci贸n de una identidad nacional 鈥渁ut贸ctona鈥, porque el hecho de que en Am茅rica se hable castellano no significa que por ese solo motivo seamos espa帽oles y no americanos. De esta manera, concluye que nuestro idioma nacional es el castellano. No obstante, no es un purista intransigente. Pese a su argumentaci贸n inclusiva de otras formaciones culturales (cosmopolitismo, indianismo), perdura el gesto de lealtad hacia todo lo relacionado con Espa帽a.[39] Sin lugar a dudas, para este autor, las influencias del pa铆s ib茅rico sobre nuestra cultura fueron de suma importancia.[40]

Rojas reconoce que para la conformaci贸n de la naci贸n, adem谩s de cultivar el desierto y fundar ciudades, se ha necesitado tambi茅n 鈥渞educir al ind铆gena y civilizarlo鈥 (65). En este sentido, apoya y justifica la tarea llevada a cabo por los representantes del liberalismo de la segunda mitad del siglo XIX. Si bien reconoce y reivindica el componente ind铆gena que subyace en nuestro idioma y en nuestra cultura, eso no significa que se deba poner esa influencia al mismo nivel que funcionan las otras, como por ejemplo la hisp谩nica. Se puede afirmar, entonces, que los elementos constitutivos del esquema cultural denominado 鈥淓urindia鈥 no tienen todos el mismo peso y valor. Si bien Rojas habla de 鈥渓o europeo鈥 como el otro brazo de esa s铆ntesis cultural que propone, existe en su argumentaci贸n una clara diferenciaci贸n: por un lado, se encuentra lo espa帽ol, que no se define necesariamente como un elemento extranjero y no conlleva casi ning煤n tipo de valoraci贸n negativa; y por el otro, se encuentra lo europeo (inmigraci贸n francesa, inglesa, alemana, eslava, jud铆a, etc.) en el sentido de lo for谩neo, cuyos elementos 鈥渄isgregadores鈥 ponen a prueba la identidad nacional. Esta segunda acepci贸n se compone de la llamada 鈥渋nmigraci贸n cosmopolita鈥 a la cual Rojas eval煤a de una manera ambigua, puesto que si por un lado contribuye a la caracterizaci贸n de nuestra raza, por el otro es la responsable directa de la corrupci贸n idiom谩tica que experimenta Buenos Aires durante el primer cuarto del siglo XX.[41]

En la introducci贸n a su Historia de la literatura argentina (1917), Rojas (1948) advierte sobre el problema del idioma en el pa铆s y las implicancias que esto tiene sobre nuestra literatura. Para este autor existe una 鈥渃onciencia declinante鈥 de la lengua castellana en el R铆o de la Plata. Esto sucede porque la historia breve de Argentina no ha dado tiempo para que nuestras tradiciones e idioma se sedimenten en un todo org谩nico, como s铆 sucedi贸 en Europa. Si, como afirma Rojas, el suelo, la raza, el idioma y la literatura se funden en una sola unidad, en Argentina esa unidad es puesta en duda a partir del intenso cosmopolitismo que supuso la inmigraci贸n: muchos escritores argentinos, por 鈥渃uestiones de ambiente鈥, escriben en otras lenguas, como el franc茅s, lo que supone el planteo de una serie de interrogantes no menores:

驴Pues, cu谩l es el criterio con que un historiador de la literatura argentina deber铆a considerar esos libros,[42] argentinos por su asunto o por sus autores, y extranjeros por la lengua en que fueron escritos? 驴Qu茅 causas de educaci贸n o de ambiente les movieron a abandonar el idioma nativo? 驴Hasta d贸nde el idioma de la naci贸n define la argentinidad de su literatura, y hasta d贸nde se la define por la cuna de sus autores o la 铆ndole de sus obras? (Rojas 32).

En 1926, un argentino nacido en Rosario, de padre alem谩n, llamado Rudolf Grossmann publica un libro que se propone, en cierta medida, como una refutaci贸n al Idioma nacional de los argentinos de Lucien Abeille: El patrimonio ling眉铆stico extranjero en el espa帽ol del R铆o de la Plata . Con su libro, tiene el prop贸sito de brindar su dictamen en relaci贸n con las querellas acerca de la lengua. Sin embargo, su intervenci贸n en estos debates es muy relativa puesto que el texto en s铆 tuvo muy escasa circulaci贸n: fue publicado en lengua alemana y en el extranjero (Alemania, Hamburgo) y reci茅n fue traducido al espa帽ol en el a帽o 2008 (Biblioteca Nacional). Quien insert贸 el texto de Grossmann en el ambiente, y de manera bastante indirecta, fue Costa 脕lvarez (1928a, 1928b).

Si Abeille propone la emergencia de una lengua de los argentinos, gracias al paulatino alejamiento del espa帽ol castizo debido a las m煤ltiples influencias idiom谩ticas que provienen del extranjero y de las culturas aut贸ctonas, Grossmann viene a demostrar la tesis opuesta: para este autor, pese al ca贸tico panorama de la lengua en la cosmopolita Buenos Aires de los a帽os veinte, no existe nada que pueda poner en peligro la unidad del castellano usual de la Argentina. Esta obra puede ser le铆da como el alegato al Idioma nacional de los argentinos: se puede entender como el libro que se le opuso en su mismo campo, el emp铆rico, y dentro de un mismo marco, el de la ling眉铆stica de principios de siglo XX (Alf贸n 2008a, Ennis 2008). Como bien lo explicita Grossmann, el profesor franc茅s procur贸 darle una base cient铆fica al t贸pico de la lengua nacional argentina y se vio en la necesidad de 鈥減ronosticar su futuro desarrollo sobre la base de los idiomas abor铆genes鈥 (Grossmann 2008: 71). Sin embargo, para Grossmann, el trabajo de Abeille resulta 鈥減seudocient铆fico鈥 y sus postulados, lejos de referirse a un nuevo idioma, no hacen otra cosa que elevar a la condici贸n de idioma nacional 鈥渆l patrimonio dialectal del espa帽ol antiguo o meras faltas gramaticales鈥 (71).

El contacto de lenguas que tiene lugar en la Buenos Aires cosmopolita de los a帽os veinte propici贸 el desarrollo de lo que Grossmann denomina 鈥渓enguas mixtas argentino-europeas鈥. Se diferencian de los dialectos, principalmente, en que las 鈥渓enguas mixtas鈥 no son constantes desde el punto de vista gramatical. Adem谩s, resulta imposible establecer un vocabulario unificado, principios fon茅ticos precisos y una morfolog铆a firmemente trazada, sostiene. Esto se debe a que este tipo de lenguas nunca son populares o nacionales, sino individuales por lo que su variabilidad hace que resulten sumamente inestables y mudables. Seg煤n Grossmann, las lenguas mixtas no son otra cosa que lenguas auxiliares, es decir que se ubican de manera paralela y supeditada a la lengua principal por lo que no influyen de ninguna manera sobre el espa帽ol. Y agrega que tampoco deber铆an influir en la literatura 鈥減uesto que ning煤n escritor serio estar铆a dispuesto a integrarlas [a las lenguas mixtas] a sus obras鈥 (268). Grossmann se帽ala que muchos se vieron tentados en pensar estas lenguas mixtas como el germen de un nuevo idioma nacional argentino; pero el autor niega esa posibilidad argumentando que su 鈥渋nconsistencia gramatical鈥 las condena a la 鈥渆xtinci贸n鈥 (284).

En mayo de 1928, Arturo Costa 脕lvarez publica en la revista Valoraciones una de las pocas rese帽as que recibe en Argentina El patrimonio鈥 All铆 se帽ala que la influencia de la inmigraci贸n sobre la lengua 鈥損rincipal preocupaci贸n para Grossmann y para muchos otros 鈥済uardianes鈥 del castellano鈥 fue utilizada tanto por los 鈥渃onservadores鈥 como por los 鈥渞evolucionarios鈥 para demostrar 鈥渙ra una degeneraci贸n en dialectismo que se deb铆a contener, ora una evoluci贸n hacia un idioma propio que se deb铆a estimular鈥 (1928a: 241).

Uno de los libros que mejor expresa el purismo idiom谩tico es el que Arturo Capdevila publica en 1928: Babel y el castellano. Ya desde su dedicatoria se puede apreciar la importancia que tendr谩 Espa帽a y su cultura en la argumentaci贸n a favor de un castellano puro, sin las m谩culas que el pasado hispan贸fobo y el presente cosmopolita pretenden impregnar sobre la superficie del espa帽ol. Capdevila dedicar谩 el libro al 鈥渟e帽or del castellano鈥, Enrique Larreta, escritor argentino, ferviente admirador de Espa帽a. Luego la dedicatoria se ocupa de vincular la idea de lo nacional con lo espa帽ol, un esquema argumentativo que se repetir谩 varias veces a lo largo de la obra.[43] Para Capdevila, Espa帽a conserva, en relaci贸n con la Argentina, una tutela cultural e idiom谩tica que la historia no pudo destruir, pese a los intentos de los liberales decimon贸nicos y de la tradici贸n hispan贸foba que fundan. Argentinos y espa帽oles no s贸lo pertenecen a 鈥渦na misma raza鈥, sino que adem谩s ambos son 鈥渃iudadanos de una misma naci贸n, miembros de una sola y 煤nica familia鈥 (11). La idea de una misma raza, pero sobre todo la de una naci贸n compartida con los espa帽oles, implica no s贸lo la relativizaci贸n del pasado independentista argentino sino tambi茅n la de un gran n煤mero de ciudadanos descendientes de las culturas aut贸ctonas y de la inmigraci贸n no espa帽ola. Seg煤n Capdevila, Argentina viene a ser una suerte de ap茅ndice de Espa帽a. Ambas naciones parecen compartir un mismo medio 鈥揷ultural e idiom谩tico鈥 al punto tal de que si se viaja hacia la antigua metr贸poli lo m谩s probable es que uno se sienta 鈥渃omo si no hubi茅semos salido de la patria; pues que a煤n habl谩bamos y nos hablaban en el mismo nativo idioma鈥 (16).

En el nacionalismo hispan贸filo (C谩rdenas-Pay谩 1978, Devoto 2002) 鈥揹el que participan la raza, la nacionalidad y la idea de familia com煤n鈥 la noci贸n de una espiritualidad compartida termina por cerrar el estrecho v铆nculo que liga la cultura argentina con la espa帽ola: 鈥渆sa gigantesca extensi贸n de que es capaz el esp铆ritu鈥 es la responsable de cimentar 鈥渆sta confraternidad sin fronteras鈥 que une a ambos pa铆ses (16). Sin embargo, Capdevila llama la atenci贸n sobre el hecho de que 鈥渘o siempre ha sido este que yo enuncio el sentimiento argentino鈥, puesto que 鈥渓a independencia debi贸 dejar, y dej贸, un sedimento de enconos鈥 (16). Y recomienda que, en este terreno, a nuestra cultura le hace falta 鈥渕ucho olvido鈥 para poder 鈥渁paciguar鈥 y revertir ese rencor que el padre supo legar en el hijo (16). La hispanofobia de la Generaci贸n del 37, contin煤a, ha sido la principal responsable de estos enconos hereditarios, particularmente las figuras de Alberdi, Sarmiento y Guti茅rrez. La idea de una lengua propia nace con estos intelectuales, sin embargo, al igual que Costa 脕lvarez, Capdevila afirma que todas las ideas que postulan la emancipaci贸n o modificaci贸n idiom谩tica se ubican en los discursos de juventud de estos intelectuales. Los rasgos particulares del espa帽ol rioplatense son negados, o bien condenadas, por Capdevila. De este modo, por ejemplo, afirma que el voseo no es m谩s que un 鈥渟ucio mal鈥 del que est谩n 鈥渆nfermos鈥 los argentinos (64). En cuanto a los argentinismos, afirma que resultan 鈥渇alsos鈥 puesto que no provienen de ninguna cantera propia y original sino de la Pen铆nsula (84). As铆 concluye que el pueblo argentino ha creado poqu铆simas palabras y deja entrever que el grueso de nuestra lengua es enteramente heredada. Estas apreciaciones no son m谩s que la antesala de la negaci贸n de todas aquellas tesis rupturistas que tienen un importante auge durante la d茅cada del veinte. Para Capdevila, el padre de la 鈥減eregrina鈥 idea de una lengua propia no es otro que Lucien Abeille. De hecho, llama 鈥渁beillistas鈥 a los rupturistas de aquellos a帽os. Con respecto al autor del Idioma nacional de los argentinos, se pregunta si su tesis acerca de una lengua propia no responde a un intento de justificar 鈥渘o s茅 qu茅 desviaciones fon茅ticas en que 茅l [Abeille] ve铆a ya una lengua nueva鈥 (27). Contrariamente a lo que pensaba el profesor franc茅s, 鈥渦na nueva patria no implica necesariamente una nueva lengua鈥. De esa idea proviene 鈥渓a ilusi贸n de ambicionar una privativa lengua para la patria鈥 (28).

4. Gram谩tica, ortograf铆a y correcci贸n en los debates sobre el idioma

En un contexto de fuertes debates sobre el idioma, 鈥渓os conservadores de la cultura鈥, hispan贸filos, se ocupan de reforzar las barreras que protegen al castellano de todas aquellas formas 鈥渆spurias鈥 del habla tra铆das principalmente por la inmigraci贸n. La proliferaci贸n de libros y art铆culos destinados a reforzar la supremac铆a del castellano sobre cualquier otra forma idiom谩tica y a remarcar la vigencia de una herencia cultural, la espa帽ola, por sobre la que pudiera otorgar la inmigraci贸n cosmopolita es una de las manifestaciones del purismo de los guardianes de la cultura. Pero tambi茅n existieron otras estrategias para refrenar el avance de ese cosmopolitismo: desde fines del siglo XIX, se coloc贸 en la escuela la funci贸n primordial de homogeneizar una poblaci贸n cultural e idiom谩ticamente heterog茅nea. Algunos, como Costa 脕lvarez o Quesada, proclamaron la victoria de las tendencias castizas gracias al rol llevado a cabo por el sistema educativo. Sin embargo, ahora quisi茅ramos referirnos a otra de las estrategias del purismo, muy vinculada con la escuela: el 茅nfasis puesto en la correcci贸n idiom谩tica y, sobre todo, en la gram谩tica.

En el terreno literario, el casticismo realiza un importante recorte que deja fuera de la noci贸n de literatura a casi todas las obras de cu帽o popular y moderno. Para los puristas, el lenguaje literario se considera un modelo idiom谩tico y, en consecuencia, toda aquella literatura que incorpora elementos locales, populares y extranjeros es rechazada. Esto explica por qu茅 los problemas en torno al idioma se articulan con los de la lengua literaria y se retroalimentan de manera continua. Un buen ejemplo de la concepci贸n de la literatura como modelo idiom谩tico es el que brinda 脕ngel Acu帽a,[44] en un pasaje de su libro Ensayos, publicado en 1932. All铆 hay un cap铆tulo titulado 鈥淟os factores de evoluci贸n de los idiomas鈥, en el que se帽ala que 鈥渘o se puede negar que la lengua literaria fija y organiza, dando formas definitivas al idioma鈥 (1932a: 44). Desestima el lenguaje popular al asegurar que en 茅l 鈥渉ay diversidad de normas en pugna, lo que imposibilita la estabilizaci贸n de su estructura鈥. El lenguaje literario viene en auxilio de esta situaci贸n y determina el predominio de 鈥渓a norma m谩s apta鈥, dando unidad y sistematizaci贸n (44). Desde la perspectiva de Acu帽a, los registros populares no pueden servir como materia literaria en la medida en que al ser plurales e inestables atentan contra la fijaci贸n del idioma, pero sobre todo contra las leyes que regulan la lengua 鈥渓eg铆tima鈥. En este sentido, la gram谩tica cobra un notable protagonismo para estos sectores en la medida en que constituye el compendio legislativo encargado de normalizar no s贸lo la lengua frente al avance del 鈥渂abelismo鈥, sino tambi茅n el discurso literario de los escritores modernos que se proponen fundar una lengua literaria con un mayor grado de autonom铆a y de especificidad literaria (Rogers 2011a). En enero de 1930, Roberto Arlt realiza una de las impugnaciones m谩s famosas a la gram谩tica y los gram谩ticos cuando publica su aguafuerte 鈥淓l idioma de los argentinos鈥. All铆 refuta unos dichos de Jos茅 Mar铆a Monner Sans, quien hab铆a sostenido, en El Mercurio de Chile, que ya nadie defend铆a la gram谩tica y la Academia, aunque la tarea 鈥渄epuradora鈥 de los intelectuales argentinos pon铆a coto a la 鈥渁menaza鈥 del lunfardo.[45]

Algunos escritores e intelectuales afines a las propuestas rupturistas del idioma marcan su posici贸n a trav茅s de la violaci贸n de ciertas normas, la com煤n de ellas es la ortogr谩fica. En la revista Caras y Caretas, el reconocido cr铆tico espa帽ol Jos茅 Gabriel,[46] en 1927, escribe un art铆culo que pone de manifiesto el malestar ante la anomia que existe en las letras argentinas al respecto. Seg煤n Jos茅 Gabriel, la complejidad ortogr谩fica es la responsable de que se hayan originado las propuestas de reformar la ortograf铆a; propuestas que hunden sus ra铆ces en el siglo XIX, a partir de las tentativas de Sarmiento, y que se manifiestan en plena d茅cada del veinte. Por ejemplo, Jos茅 Gabriel menciona un 鈥渞eciente libro an贸nimo鈥, titulado Ortograf铆a racional, cuya propuesta hace que 鈥渢odos los proyectos [previos] de reforma se queden cortos en comparaci贸n鈥 (1927: 26).

La defensa que hace Jos茅 Gabriel de la ortograf铆a entra en colisi贸n con las propuestas de algunos intelectuales como Vicente Rossi, quienes no s贸lo proponen sino que escriben de acuerdo con una reforma tendiente a simplificar la correspondencia entre los sonidos y los grafemas. En este marco, la publicaci贸n en 1927 de los ensayos que Sarmiento escribe en Chile en la d茅cada de 1840, que tratan precisamente sobre sus proyectos de reforma ortogr谩fica, entre otros aspectos, no resulta casual ni inocente, sino que constituye una pieza m谩s del mosaico de disputas sobre el idioma y la lengua literaria. La editorial Gleizer publica Sarmiento en el destierro (1927), cuyo pr贸logo, notas y edici贸n est谩n a cargo del ensayista, periodista y cr铆tico chileno Armando Donoso. La reedici贸n de estos textos de Sarmiento actualiza las disputas vigentes sobre el idioma en la d茅cada del veinte y, por lo tanto, resultan de gran inter茅s y actualidad para los nuevos escritores (Rogers 2011a), los cuales perciben los problemas de la lengua como inherentes a su praxis literaria, dado que en ellos se dirime no s贸lo la legitimidad de determinadas escrituras, sino tambi茅n diversos espacios dentro del campo literario. En la d茅cada del veinte, la figura de Sarmiento hab铆a sido revisitada en m谩s de una oportunidad por los protagonistas de los debates en torno al lenguaje. Recordemos que, como hemos visto, Costa 脕lvarez en Nuestra lengua, como as铆 tambi茅n Ernesto Quesada en La evoluci贸n del idioma, repasan las tesis no s贸lo de Sarmiento sino de otros exponentes de la Generaci贸n del 37 que explicitaron pol铆ticas y proyectos ling眉铆sticos. El pr贸logo de Donoso constituye un fuerte posicionamiento contra el purismo idiom谩tico de los casticistas. La intencionalidad principal de Donoso es caracterizar a Sarmiento como un americanista; y eso lo consigue haciendo una semblanza del autor del Facundo desde una perspectiva con la cual, seguramente, Sarmiento no hubiese estado de acuerdo: Donoso invierte la polaridad de la dicotom铆a 鈥渃ivilizaci贸n鈥揵arbarie鈥 y define a Sarmiento desde lo que 茅l entend铆a como la barbarie: lo caracteriza como un 鈥済aucho鈥 al que se debe vindicar por ser 鈥渆l menos europeizado de los americanos鈥 (1927: 8). Seg煤n el compilador, Sarmiento es 鈥渓a expresi贸n de la pampa libre y de la Am茅rica b谩rbara, de esta Am茅rica que es la m谩s nuestra鈥 (8). Frente a lo europeo, la barbarie cobra un renovado sentido positivo porque comprende el dominio que Donoso intenta ponderar: Am茅rica. Si observamos bien, nos damos cuenta de que la operaci贸n de Donoso no es muy diferente a la llevada a cabo por Costa 脕lvarez, quien mediante un minucioso aparato argumentativo procura diluir la hispanofobia del pr贸cer. Lo que cambia es el signo de la operaci贸n ya que Donoso intenta llevar la figura de Sarmiento hacia el extremo opuesto, y eso implica convertir todos aquellos elementos denostados por el propio Sarmiento en valores. De esta manera, si Sarmiento era un representante de la ciudad y la 鈥渃ivilizaci贸n鈥, en el pr贸logo de Donoso pasa a serlo 鈥渄e la Pampa en toda su audacia acaudilladora. Era el gaucho que sab铆a dormir con un ojo abierto, portando en la vaina de la espada la pluma audaz鈥 (9).

Para Donoso, las ideas de Sarmiento con respecto a la lengua eran bien claras:

observ贸 que son los pueblos y no los tratadistas o los escritores quienes dan vida a las lenguas; se帽al贸 que la 煤nica funci贸n de los gram谩ticos y de las academias es codificar en sus diccionarios las nuevas voces y modismos que el pueblo sanciona, y afirm贸 que la ortograf铆a debe corresponder a la pronunciaci贸n antes que a su etimolog铆a (17).

Vale decir que Donoso muestra a Sarmiento como un rupturista 鈥揷osa que el propio Sarmiento plantea expl铆citamente鈥 que pone en cuesti贸n el dominio y la injerencia de la Real Academia en Am茅rica, adem谩s de relativizar el poder de las gram谩ticas y diccionarios en lo que respecta a los usos de la lengua, asignando al pueblo, en este sentido, un valor y un poder que los puristas reduc铆an a meras influencias perniciosas y corruptas sobre la lengua. Seg煤n Sarmiento, el castellano se encuentra en una fase de 鈥渁nquilosamiento鈥 que impacta 鈥渘egativamente sobre la literatura鈥. Esto se debe al 鈥渋nflujo de los gram谩ticos, el respeto a los admirables modelos [y al] temor a infringir las reglas鈥 (17). Estas ideas no pueden ser m谩s actuales ni m谩s funcionales en un contexto en donde la discusi贸n sobre la lengua posee renovada vigencia, en donde los gram谩ticos y el aparato preceptivo que desciende desde las instituciones espa帽olas constituyen uno de los frentes de lucha de los rupturistas. Donoso retoma lo que Costa 脕lvarez pretend铆a dejar en el olvido, es decir, la pr茅dica de Sarmiento contra el purismo.[47]

La propuesta de Sarmiento resulta af铆n a la que tienen algunos escritores modernos en los a帽os veinte: 鈥渇undemos nuestra literatura naciente en la independencia鈥 (20). La idea de que debe prevalecer la expresi贸n, es decir el contenido del mensaje, por sobre su forma reglada o normada se convierte, en algunos escritores vanguardistas, en el precepto-gu铆a de sus po茅ticas. Por ejemplo, Nicol谩s Olivari afirma que 鈥渆l nuevo poema鈥 va a surgir no s贸lo al margen de la correcci贸n, sino en contra de ella.[48] Sarmiento hac铆a declaraciones no muy diferentes a las de Olivari: 鈥溾 escribid con amor (鈥) lo que se os antoje, que eso ser谩 bueno en el fondo, aunque la forma sea incorrecta, ser谩 apasionado aunque a veces sea inexacto; agradar谩 al lector, aunque rabie Garcilaso鈥 (Donoso 17-18).

Finalmente, cabe destacar que Sarmiento en el destierro est谩 dedicado a Ricardo Rojas. La propuesta americanista que Donoso postula a trav茅s de los textos de Sarmiento parece encontrar en Rojas una suerte de aliado en el sentido en que, como hemos visto, el autor de La restauraci贸n nacionalista ya hab铆a formulado, en 1924, su tesis sobre Eurindia, que reservaba en el terreno de la lengua un lugar destacado a los aportes de las culturas aut贸ctonas,[49] a las cuales Donoso juzga como otro de los componentes de su americanismo. De hecho, en esa especie de 鈥渂arbarie para la civilizaci贸n鈥 que dise帽a y con la cual caracteriza a la figura de Sarmiento, el componente ind铆gena no est谩 excluido: 鈥渟u ascendiente ind铆gena parece rezumar en sus pol茅micas de gaucho brav铆o, que son como el necesario antecedente de su Facundo鈥 (45-46).

Pero la pr茅dica a favor de la gram谩tica y la correcci贸n es incesante durante estos a帽os por parte de los puristas. En 1925 se reedita la Gu铆a del buen decir, de Juan B. Selva,[50] libro que hab铆a sido publicado originalmente en 1915. Para Selva el modelo del buen decir est谩 dado por la literatura y por la gram谩tica.[51] El objetivo de Selva con este texto es el mismo que persiguen otros gram谩ticos, dando forma a lo que ya hemos mencionado como la tradici贸n de la queja,[52] es decir, ponderar la gram谩tica y la correcci贸n idiom谩tica, realizar un diagn贸stico negativo del modo en que se habla y escribe en Buenos Aires, y prescribir medidas tendientes a revertir tal situaci贸n: 鈥溾 cunde tambi茅n de frondosa y lujuriante la ciza帽a, abundan los errores de toda laya, barbarismos vergonzoso y garrafales solecismos, y no es propio que en el siglo de la electricidad y de las luces sea siglo de descuido y errores para cuanto ata帽e al decir鈥 (1925: VI). Con respecto a la literatura, sostiene que esta debe estar sustentada por un discurso correcto desde el punto de vista gramatical, adem谩s de ce帽irse al uso estricto del castellano, evitando cualquier tipo de 鈥渃ontaminaci贸n鈥: 鈥渓a correcci贸n gramatical ha de primar siempre; sin ella no hay elegancia posible ni literatura que valga dos cominos鈥 (VIII). Naturalmente, todas estas manifestaciones a favor de la gram谩tica y del respeto a la normativa no son sino m谩s que la otra cara de la moneda de las propuestas acerca de la lengua propia. Es por eso que, sobre el final, Selva niega su existencia al afirmar que 鈥渘o hay idioma argentino鈥, como tampoco mexicano o espa帽ol: 鈥渟贸lo hay idioma castellano鈥 (XIII).

En un art铆culo publicado en la revista Nosotros, titulado 鈥淟a gram谩tica rediviva y el nuevo diccionario鈥, Ricardo Monner Sans afirma que si hay alguna naci贸n de Sudam茅rica que necesita una f茅rula gramatical es la Argentina debido a 鈥渓a irrupci贸n de gentes venidas de otras tierras ignorantes del Castellano鈥, quienes ejercen una fuerza 鈥減ersistente鈥 y 鈥渃orrosiva鈥 sobre 鈥渓a belleza de nuestra habla鈥 (1926: 50). Los casticistas invocan la gram谩tica como un ant铆doto frente a una anomia idiom谩tica cada vez m谩s extendida. Naturalmente que el discurso literario vio en las plasticidades ling眉铆sticas que deparaba el contacto de lenguas la mejor alternativa para conseguir una lengua literaria aut贸noma y creativa, pero por sobre todas las cosas libre de los preceptos emanados de una autoridad 鈥揈spa帽a鈥 que ya hab铆a sido puesta en cuesti贸n tiempo atr谩s. En un art铆culo publicado en La Naci贸n, en 1929, Leopoldo Lugones lamenta la 鈥渋ncultura鈥 que existe entre 鈥渄ecenas de autores, llam茅moslos as铆, desprovistos no s贸lo de mediana instrucci贸n, sino de la gram谩tica m谩s elemental indispensable para escribir una carta鈥 (1929: 3). Sin lugar a dudas, Lugones piensa en aquellos escritores que escriben, casi siempre deliberadamente, contra la gram谩tica y los 鈥渂uenos鈥 usos del lenguaje. Concluye diciendo que muchos autores definen a la gram谩tica como 鈥渦n reglamento in煤til, por supuesto que a rigurosa condici贸n de ignorar lo que se desprecia鈥 (3). La gram谩tica vendr铆a ser inherente a la lengua literaria puesto que sin ella 鈥渘o se puede escribir鈥 (3).

Selva, Monner Sans, Lugones, Capdevila y todos aquellos 鈥済uardianes del buen decir鈥 que ve铆an en la gram谩tica una preceptiva formal insoslayable con la cual se deb铆a elaborar la lengua literaria, conceb铆an una relaci贸n no problem谩tica entre el escritor ideal y el gram谩tico. Para estos autores, la literatura se pensaba como un modelo de lengua en donde se combinan armoniosamente ambas autoridades, la del gram谩tico y la del escritor.

Como hemos explicitado en la introducci贸n de este cap铆tulo, el prop贸sito de estas p谩ginas ha sido el de reponer el mapa documental que trace las diversas l铆neas discursivas que instalaron y dieron forma a la cuesti贸n del idioma y de los problemas de la lengua literaria, en las primeras d茅cadas del siglo XX. Este recorrido tambi茅n tiene por objeto posibilitar el abordaje, de manera contextualizada, de zonas espec铆ficas del campo literario a los fines de poder analizar el fen贸meno que nos ocupa: la reconfiguraci贸n de la lengua literaria en los a帽os veinte.

Nos hemos circunscripto a un 谩mbito 鈥揺l del ensayo鈥 que no es el espec铆fico de este trabajo 鈥 referido a la literatura鈥, pero que sin embargo lo contempla de manera directa dada la relaci贸n que existe entre las discusiones en torno al idioma y las condiciones de transformaci贸n de la lengua literaria en estos a帽os. Como hemos dicho, nuestro objetivo es ver de qu茅 manera estas discusiones acerca de la lengua dialogan con el discurso literario y con las relaciones que se establecen en el seno del espacio literario. La cartograf铆a documental que hemos presentado demuestra que los debates en torno al idioma, lejos de aquietarse, cobran un renovado vigor durante los a帽os veinte.

Uno de los ejes de nuestra tesis se帽ala que los debates sobre la lengua no son para nada ajenas al discurso literario en la medida en que siempre se encuentra, de alguna manera, implicado y/o aludido. En este primer cap铆tulo nos hemos ocupado de se帽alar cu谩l es el contexto discursivo en el cual los escritores del per铆odo publican sus obras y entran en la din谩mica que propone el campo letrado. La literatura que se produce en aquellos a帽os y su recepci贸n se encuentran implicadas por las querellas en torno al idioma. Consideramos la literatura del per铆odo como una parte constitutiva de los problemas en torno al idioma; sin embargo, nuestro foco estar谩 centrado en la manera en que el discurso literario, al mismo tiempo que alimenta un debate que lo excede, reconfigura las pautas est茅ticas e idiom谩ticas que le dan forma. En el centro de ese fen贸meno se ubica el proceso de autonomizaci贸n y especificidad relativas al lenguaje literario.

En los a帽os veinte, el t贸pico del 鈥渋dioma propio鈥 se apoya sobre la plataforma construida por las pol茅micas de comienzos de siglo: Lucien Abeille, Vicente Rossi y Ram贸n Carriegos, por ejemplo, se ocupan de esta tem谩tica en la primera y segunda d茅cada del siglo. Si bien esta problem谩tica representa una continuidad en la d茅cada de 1920, el auge del periodismo popular y de una literatura asociada a este periodismo y a la representaci贸n de los arrabales y los conventillos con la correspondiente recreaci贸n de sus modos particulares de habla, convierten al per铆odo en un momento de intenso debate en relaci贸n con la tesis de un idioma de los argentinos. Como hemos visto, las intervenciones de aquellos intelectuales afines al conservadurismo idiom谩tico se centraron en desmontar el aparato argumentativo elaborado por los rupturistas que se帽alaba la emergencia, en el R铆o de la Plata, de un 鈥渋dioma propio鈥.

Para los puristas, la lengua leg铆tima se defin铆a en relaci贸n con las normas emanadas de Espa帽a y con sus criterios de correcci贸n y 鈥渂uen decir鈥. Estos mismos par谩metros son los que ponen en funcionamiento las 茅lites intelectuales para legitimar o rechazar las diversas formas y g茅neros literarios. En este sentido, todos aquellos lenguajes identificados con lo popular se adscriben a categor铆as vinculadas con lo incorrecto, inculto y/o ex贸tico.

Por 煤ltimo, una de las modalidades importantes que asumen los debates en torno a la lengua consiste en revisitar el pasado con el objetivo de recuperar figuras hist贸ricas que sirvan de cita de autoridad para los argumentos que se esgrimen en los a帽os veinte. Esto sucede tanto del lado de los conservadores 鈥揅osta 脕lvarez o Quesada, por ejemplo鈥, como as铆 tambi茅n del de los rupturistas, como Armando Donoso.

A continuaci贸n, desarrollaremos los modos en que se manifestaron estas discusiones dentro del dominio estrictamente literario. Para ello no s贸lo se analizar谩n las obras en las que mejor se aprecien estos debates, sino tambi茅n haremos hincapi茅 en su recepci贸n 鈥揳 trav茅s de diversas fuentes documentales como rese帽as, comentarios y art铆culos鈥 dado que es all铆 en donde mejor aparecen las valoraciones y disputas referidas al lenguaje literario.


  1. Esta percepci贸n tambi茅n es compartida por Andr茅s Bello para quien la gram谩tica resulta un discurso fundacional del Estado moderno. Seg煤n este autor, y dada la diversidad ling眉铆stica de Am茅rica Latina, la gram谩tica es un discurso capaz de imponer una estructura normativa unificadora (Ramos 1995: 10).
  2. Blanco de Margo (1991), Borello (1974), Feinmann (2004), Myers (1999), Rosenblat (1961), Rama (1977), Vi帽as (2005a).
  3. A partir de 1880, momento en que la 茅lite se aisla de 鈥渓a masa innominada de trabajadores descontentos鈥, mud谩ndose al sector norte de la ciudad de Buenos Aires, se desarrolla en relaci贸n con el inmigrante 鈥渢oda una ret贸rica sobre el materialismo, la ausencia de esp铆ritu, el cosmopolitismo, la torre de Babel, los valores amenazados y el mercantilismo鈥 (Onega 1982: 19).
  4. Herder result贸 decisivo para el romanticismo y para la formaci贸n de las nuevas literaturas nacionales, configuradas en torno a una lengua y tradici贸n originarias capaces de generar sentimiento de pertenencia. Este pensamiento incidi贸 tambi茅n en el romanticismo argentino, y en la dif铆cil negociaci贸n entre la b煤squeda de un suelo firme adonde edificar la literatura nacional y las condiciones reales de contar con una lengua y una cultura de trasplante y con una tradici贸n originaria dispersa o inexistente (Gramuglio 2013).
  5. Lugones, en su libro Las fuerzas extra帽as, tematiza la problem谩tica de la educaci贸n y las condiciones de integraci贸n de los inmigrantes. Al respecto, consultar el an谩lisis de Miguel Dalmaroni en 鈥淟as bestias extra帽as鈥 (2006).
  6. La tesis corresponde a 脕ngel Rama quien afirma sobre Hidalgo: 鈥淧rimer poeta de la patria, primer cantor de la gesta artiguista, primer director patrio de la Casa de Comedias, primer versificador de los gauchos orientales, este Bartolom茅 Hidalgo no es un poeta, sino una piedra fundacional. Sobre ella se yergue una literatura con 150 a帽os de trabajos para constituirse independiente, original, nacional鈥︹ (1982: 44). Sin embargo, otros cr铆ticos, prefieren encontrar el origen de nuestras letras en la literatura culta. Este es el caso de David Vi帽as, quien sostiene que 鈥渓a literatura argentina comienza como una violaci贸n鈥 (2005a), poniendo a 鈥淓l matadero鈥 como el texto fundacional de la literatura argentina. Piglia, por su parte, encuentra en la violencia del relato de Echeverr铆a y de la primera p谩gina del Facundo la g茅nesis de la ficci贸n argentina (1998: 23).
  7. En el Dogma socialista, Esteban Echeverr铆a escribe: 鈥渆l mundo de nuestra vida intelectual ser谩 a la vez nacional y humanitario; tendremos siempre un ojo clavado en el progreso de las naciones y el otro en las entra帽as de nuestra sociedad鈥 (1958: 188-189). Piglia toma esta cita y elabora la noci贸n de 鈥渕irada estr谩bica鈥 para definir el doble v铆nculo del escritor del siglo XIX, v铆nculo que funda una verdadera tradici贸n nacional: 鈥渦n ojo mira el pasado, el otro ojo est谩 puesto en lo que vendr谩鈥 (1998: 22).
  8. Seg煤n Blanco de Margo, el purismo 鈥渃onsidera a la lengua como un bien inalterado e inalterable que debe preservarse de todo cambio. Parte de la err贸nea creencia en la posibilidad de fijar el idioma en alg煤n punto de su evoluci贸n. Esta posici贸n conservadora del idioma produce el surgimiento de lo que algunos autores llaman 鈥済uardianes p煤blicos del uso鈥, es decir escritores, intelectuales, hombres p煤blicos, que muchas veces se erigen a s铆 mismos en preceptistas de la lengua鈥 (1991: 2).
  9. En su libro El 鈥榗riollismo鈥 en la literatura argentina (1902), Quesada sostiene: 鈥渓a tendencia del criollismo [es creer] que el dialecto gauchesco es el verdadero idioma nacional鈥 (1983: 177).
  10. En t茅rminos de un ideal, el cosmopolitismo significar铆a el 鈥渋nter茅s por lo universal y el respeto por las leg铆timas diferencias鈥. En t茅rminos m谩s estrictamente hist贸ricos, cabr铆a referir el concepto a las grandes etapas de la cultura occidental, para advertir la creciente intensificaci贸n del inter茅s y la necesidad del intercambio y el mejor conocimiento de los otros, indiscutiblemente ligados, a partir del siglo XVI, a las empresas de conquista y colonizaci贸n y a la expansi贸n comercial, hasta alcanzar hoy lo que se denomina 鈥渃osmopolitismo global鈥. El cosmopolitismo es una cuesti贸n concerniente a lo que Carlos Altamirano en sus trabajos llama elites intelectuales o, en otras palabras, el 鈥渃osmopolitismo activo鈥 de las minor铆as que buscan acrecentar la literatura nacional y ponerla en el mapa literario mundial (Gramuglio 2013: 371).
    Desde las primeras d茅cadas del siglo XX, las lenguas extranjeras en Argentina no poseen un sentido un铆voco. Por un lado, encontramos las lenguas extranjeras que leen y escriben los letrados; y por el otro, est谩n las lenguas extranjeras de la inmigraci贸n. Las primeras, son una expresi贸n de la 鈥渁lta鈥 cultura, del biling眉ismo prestigioso; las segundas, est谩n asociadas a lo precario, lo b谩rbaro y a los acentos ex贸ticos que deforman el espa帽ol. Como correlato de esta situaci贸n, la noci贸n se escinde en un cosmopolitismo leg铆timo, el asociado a las 茅lites, y otro bab茅lico, vinculado con la inmigraci贸n (Sarlo 1997a: 274, Di Tullio 2003: 57). Frente a esta situaci贸n, el poliglotismo y el cosmopolitismo pasan a ser sospechosos y, por lo tanto, surge el mandato de volver a las fuentes de la lengua y la literatura espa帽olas (Di Tullio 59).
  11. Di Tullio se refiere a este nacionalismo como popular (2003: 65).
  12. El proyecto idiom谩tico de Rossi se integra a un conjunto conformado por otras propuestas de reforma de la lengua, las cuales no se limitan al contexto argentino, sino que, a partir de mediados del siglo XIX y hasta por lo menos la d茅cada de 1920, se llevan a cabo en distintos lugares de Am茅rica Latina. Por ejemplo, el proyecto de 鈥渆l idioma de los argentinos鈥 de Borges; el dialecto inventado por Xul Solar, basado en el castellano y el portugu茅s, conocido como 鈥渘eocriollo鈥, y su utop铆a ling眉铆stica denominada 鈥減anlengua鈥; la recuperaci贸n de algunos rasgos de las lenguas ind铆genas en el proyecto del peruano Fransisqo Chuqiwanka Ayulo. Otros autores que expresaron su preocupaci贸n por la defensa de una lengua americana opuesta al conservadurismo de las academias son Mario de Andrade, Manuel Gonz谩lez Prada, Jos茅 de Alencar. En el siglo XIX, cabe destacar la radical propuesta de reforma ortogr谩fica de Sim贸n Rodr铆guez, y la controversia entre Sarmiento y Andr茅s Bello, en 1842. Jorge Schwartz (2002a) realiza un completo repaso de todos estos proyectos.
  13. En Cosas de negros (1926) repite esta tesitura con respecto al lunfardo: 鈥渆n todos los pueblos civilizados hay argot 鈥榣unfardo鈥 y no es el idioma nacional de ning煤n pueblo. No se hace, ni hacemos nosotros, idioma con argot, sino con el uso, abuso, creaci贸n y adopci贸n de vocablos. (1926: 399 y 401). Por su parte, Borges en sus tesis sobre 鈥渆l idioma de los argentino鈥, tambi茅n rechaza el lunfardo y el casticismo. M谩s adelante, se desarrollar谩n brevemente las ideas de Borges al respecto.
  14. Como veremos en el cap铆tulo III, durante el a帽o 1927, el diario Cr铆tica lleva adelante una encuesta que se propon铆a dilucidar si 鈥溌縇legaremos a tener un idioma propio?鈥. En casi todas las respuestas de los encuestados 鈥搑esponden la consigna desde escritores conservadores hasta vanguardistas, gram谩ticos y estudiosos de la lengua鈥 el lunfardo est谩 presente, ya sea para descartar o afirmar su rol protag贸nico en la constituci贸n de un idioma argentino, aunque mejor ser铆a decir rioplatense.
  15. Los primeros estudios sobre el lunfardo aparecen en 1878, cuando en el diario La Prensa aparece un suelto an贸nimo titulado 鈥淓l dialecto de los ladrones鈥. Un a帽o despu茅s, Benigno Lugones, un escribiente del Departamento de Polic铆a, publica en La Naci贸n un art铆culo titulado 鈥淟os beduinos urbanos鈥, en el que aborda el 鈥渃al贸 de los ladrones鈥. La continuaci贸n de este art铆culo de Lugones aparece unos meses despu茅s con el t铆tulo鈥滾os caballeros de industria鈥. En 1883, La Cr贸nica publica un art铆culo an贸nimo titulado 鈥淓l conventillo Aravena鈥, el cual aporta la m谩s antigua definici贸n del t茅rmino lunfardo (Conde 2011: 89). En 1888, Luis Mar铆a Drago publica un ensayo de antropolog铆a criminal en el que hace referencias a este vocabulario. En 1894 aparece El idioma del delito, de Antonio Dellepiane, uno de los textos m谩s importantes del per铆odo sobre el tema. La obra ven铆a acompa帽ada de un peque帽o Diccionario lunfardo, el primero publicado.
  16. Esta problem谩tica ya hab铆a sido puesta de manifiesto por Ernesto Quesada (1983) y otros autores que, a principios de siglo, reaccionaron contra el 鈥渃riollismo鈥 de la literatura popular en la que se mezclaban los registros gauchesco, lunfardo y cocoliche.
  17. A excepci贸n de la rese帽a de Borges, la obra de Rossi no fue muy comentada en las revistas y peri贸dicos de la 茅poca. Por esta raz贸n, el texto de Borges resulta de suma importancia. Si bien no comparte plenamente las tesis de Rossi, la moderada simpat铆a que siente por este autor se recorta sobre el poderoso rechazo que despiertan en 茅l los puristas.
  18. Ram贸n C. Carriegos es periodista, profesor y escritor. Nace en la ciudad de Corrientes, en donde comienza su actividad como periodista. Luego se traslada a la Capital Federal para desempe帽arse como profesor. M谩s tarde, presta servicios docentes en Bah铆a Blanca, en el Colegio Nacional y Escuela Nacional de Comercio, hasta que es designado para desempe帽ar la Secretar铆a y una c谩tedra en la reci茅n fundada Escuela Normal Mixta de la ciudad de Tandil, en el a帽o 1910 (Homenajes tributados鈥 1947). Carriegos inicia su pr茅dica a favor de un 鈥渋dioma argentino鈥 en los primeros a帽os del siglo XX, cuando publica en 1906 una Gram谩tica de la lengua castellana en coautor铆a con Juan Quevedo. En 1910 edita Minucias gramaticales. Entre otras cosas, en esta 煤ltima obra explica por qu茅 opta por escribir el nexo copulativo 鈥測鈥 con el grafema 鈥渋鈥, una modificaci贸n que hicieron propia varios rupturistas: 鈥淟a Real Academia, la cient铆fica corporaci贸n por uno de esos rasgos que s贸lo tiene su explicaci贸n en las leyes at谩vicas, apegada a las cosas il贸gicas, ordena, manda que la vocal i no siga la misma suerte de sus hermanas!…. (sic). 驴Se fundar谩 en algo? 隆Qu茅 esperanza! (鈥) Nosotros estamos harto curados de la fantasmagor铆a de la sapiencia acad茅mica鈥 (1910: 9-12).
  19. Rosenblat sostiene que, en d茅cadas posteriores a la de 1920, el purismo idiom谩tico fue la nota que predomin贸: 鈥渆n toda America, en la educaci贸n, en el periodismo, en la prosa did谩ctica, el purismo sigui贸 siendo la nota dominante鈥 (1984: 293). Ejemplo de esto, seg煤n el autor, es la prohibici贸n del voseo por parte del Consejo Nacional de Educaci贸n en 1939. Sin embargo, agrega que, pese a este dominio, el habla popular 鈥渉a llegado honrosamente a nuestra literatura y le ha comunicado su savia鈥 (293).
  20. Entre esos eventos, podemos mencionar: la pol茅mica en torno al meridiano intelectual de Hispanoam茅rica, que tuvo lugar principalmente en la revista Mart铆n Fierro, entre junio y noviembre; la campa帽a contra el diario Cr铆tica por parte de la revista Claridad (ver cap铆tulo III), la conferencia de Borges sobre el idioma de los argentinos, en septiembre; y la publicaci贸n de algunas obras como los Folletos lenguaraces de Vicente Rossi; la publicaci贸n de los textos de Sarmiento, compilados por Armando Donoso; entre numeroso libros y art铆culos que hac铆an foco en los problemas del idioma.
  21. 鈥淧escatore di Perle鈥 es el seud贸nimo de Francisco Ortiga Anckermann quien escrib铆a, en los a帽os veinte y en la revista El Hogar, la c贸mica secci贸n 鈥淟a paja en el ojo ajeno鈥, en la cual se ocupaba de encontrar 鈥減erlas鈥 literarias (plagios, incorrecciones gramaticales, barbarismos, etc.) en autores consumados.
  22. 鈥淪u traslado a la Argentina, en junio de 1924, fue una apuesta a la independencia, y al logro de las condiciones materiales necesarias para sus proyectos. En las d茅cadas de 1920 y 1930, se encontr贸 con un campo intelectual muy activo, estableci贸 amistad con Alejandro Korn (1860-1936), frecuent贸 los c铆rculos de escritores, colabor贸 en los diarios, y form贸 parte del equipo de la revista Sur鈥 (D铆az Qui帽ones 2006: 211).
  23. 鈥淐omo para Men茅ndez Pelayo, la tradici贸n para Henr铆quez Ure帽a no era s贸lo el acto de transmisi贸n, sino una herencia que impon铆a obligaciones鈥 (D铆az Qui帽ones 2006: 167).
  24. La gesti贸n de Amado Alonso frente al Instituto de Filolog铆a se extiende entre los a帽os 1927 y 1946, y se considera como el per铆odo en el que el Instituto se afianza como el m谩s importante centro de investigaci贸n en el 谩mbito de la filolog铆a hisp谩nica. Para profundizar en la historia del Instituto de Filolog铆a en la d茅cada del veinte, ver Toscano y Garc铆a (2009).
  25. 鈥淟a Gram谩tica est谩 destinada a ser el libro de texto de Castellano para los dos primeros a帽os de la escuela secundaria, por lo cual ampl铆a el alcance de la literatura ya que esta, adem谩s de suministrar muestras de lengua leg铆tima, es modelo para las actividades de escritura, est铆mulo y control de la oralidad y espacio para la ejercitaci贸n gramatical鈥 (Narvaja de Arnoux, 2001: 53).
  26. Barrenechea (1953, 1967), Borello (1974), Echavarr铆a (1983), Masiello (1986), Olea Franco (1993), Far铆as (1994), Narvaja de Arnoux – Bein (1999), Bordelois-Di Tullio (2002), Di Tullio (2003, 2006, 2009), Ennis (2008), Rest (2010), Sch盲ffauer (1999), etc.
  27. Borges (1993) culpa directamente a Sarmiento por habernos europeizado. No obstante, cabe aclarar que no rechaza toda la pr茅dica de los liberales decimon贸nicos; muy por el contrario, reconoce en alguno de ellos un antecedente directo de su postura con respecto a la lengua. Por ejemplo, Borges retoma algunas ideas esbozadas por Juan Bautista Alberdi, quien hacia 1838 se帽ala: 鈥渄esde el instante en que los espa帽oles pisaron las playas de Am茅rica, nuestro suelo les impuso acentos nuevos a sus bocas鈥 (Narvaja de Arnoux-Bein 1999: 24). La tesis de Borges es pr谩cticamente la misma que la de Alberdi: piensa que en Argentina existe un espa帽ol levemente transformado por referencias, connotaciones y sentidos nuevos.
  28. Adem谩s de varios art铆culos publicados en revistas y diarios de la 茅poca, dos son los libros que re煤nen sus posiciones fundamentales sobre el idioma: El tama帽o de mi esperanza (1926) y El idioma de los argentinos (1928). En ambos textos, sus argumentos no var铆an demasiado. En el primero, Borges se ocupa de desacreditar el lunfardo-orillero como posible sustrato del idioma nacional dado que esa 鈥渋nfame jerigonza鈥 no es m谩s que el lugar adonde 鈥渓as repulsiones de muchos dialectos conviven y las palabras se insolentan鈥 (1993: 122). Junto a esta influencia, que 鈥渕ilita contra un habla argentina鈥 (1994: 134), Borges remarca la otra, la de 鈥渓os casticistas o espa帽olados que creen en lo cabal del idioma y en la impiedad o inutilidad de su refacci贸n鈥 (134). Borges afirma que el arrabalero, esa suerte de 鈥渄ecantaci贸n o divulgaci贸n del lunfardo鈥, adem谩s de estar constituido por un 鈥渧ocabulario mis茅rrimo鈥, no resulta muy utilizado: 鈥渆l criollo no lo usa鈥 y 鈥渓a mujer lo habla sin ninguna frecuencia鈥. Pensar que una 鈥渓engua t茅cnica鈥 como esta puede 鈥渁rrinconar al castellano鈥 resulta del todo inviable (137-138).
  29. Piensa, principalmente, en los escritores cultos del siglo XIX, representantes tanto de la Generaci贸n del 37 como la del 80 (menciona a Echeverr铆a, Sarmiento, Vicente Fidel L贸pez, Mansilla, Wilde) (1994: 146). La cr铆tica hacia la generaci贸n de intelectuales argentinos que promovi贸 la inmigraci贸n 鈥搇a 鈥渆uropeizaci贸n鈥濃, al igual que su rosismo de aquellos d铆as, no disuaden a Borges para encontrar en estos escritores el tono del idioma que anhela y que ya poco encuentra entre sus contempor谩neos.
  30. Menciona como excepciones a Eduardo Schiaffino y a Ricardo G眉iraldes.
  31. El castellano en la Argentina se publica primero, en forma de art铆culo, en el n煤mero 219/220 de la revista Nosotros, en agosto de 1927. A su vez, una parte de este texto ya hab铆a sido editada en La obra de Monner Sans en nuestra lengua, un ensayo de 1927 con el cual pretende ubicar al gram谩tico espa帽ol por fuera de la actitud de 鈥渋ntransigencia de los puristas鈥. Seg煤n Costa 脕lvarez, este autor fue un batallador en la tarea de 鈥渟ostener la necesidad de legitimar las voces nuevas, es decir, los neologismos鈥 (1927b: 8).
  32. Se refiere, principalmente, a las influencias del franc茅s, por un lado; y por el otro al contacto entre las 鈥渃lases altas鈥 y 鈥渂ajas鈥, a partir de la apertura democr谩tica del yrigoyenismo (Costa 脕lvarez 1928b).
  33. Sirva de ejemplo algunos libros de Ricardo Monner Sans, tales como Disparates usuales en la conversaci贸n diaria (1923) y Barbaridades que se nos escapan al hablar (1924); o bien la Gu铆a del buen decir. Estudio de las transgresiones gramaticales m谩s comunes (1925), de Juan Selva.
  34. 鈥淟o que se observa en un primer momento, en cuanto a la lengua hablada, es un castellano casi nunca correcto鈥 (Costa 脕lvarez 1922: 141).
  35. Ver 鈥淛uan Mar铆a Guti茅rrez: consecuencias de un gesto鈥 (Ennis 2008: 143-157).
  36. En 1894, el diputado por la provincia de Salta, Indalecio G贸mez, present贸 un proyecto de ley sobre la exclusividad del idioma nacional en todo tipo de escuelas. Lo que motiva este proyecto es el temor que despiertan las escuelas extranjeras, que impart铆an clase en los idiomas correspondientes a cada colectividad. Esto fue visto como una tendencia, por parte de estas escuelas, hacia la autonom铆a y la segregaci贸n del conjunto de la naci贸n. Seg煤n G贸mez, este tipo de escuelas no hac铆a otra cosa que formar 鈥渘i帽os extra帽os a nosotros鈥, en la medida en que 鈥渘o hablan ni quieren hablar nuestro idioma鈥. No obstante, el proyecto no es tratado en 1894 y se lo vuelve a presentar en 1896. Pese a que esta vez el proyecto es ampliamente debatido en Diputados, no alcanza los votos necesarios para su aprobaci贸n (Bertoni 2007).
  37. A su modo, Groussac es un purista: en el filo del siglo, cuando asumen protagonismo los debates acerca del idioma nacional, tiene un postura clara: 鈥渘o existe tal 鈥榠dioma argentino鈥 en formaci贸n. No hubo nunca, ni podr谩 haber entre nosotros, escritores de val铆a actual o virtual que desconociesen las leyes del pensamiento, hasta el punto de profesar el solecismo, pretendiendo expresar mejor en jerga de barbarie sus ideas de civilizaci贸n鈥 (Costa 脕lvarez 1929: 119). Para Groussac, el 鈥渋dioma nacional鈥 es el castellano, pero resulta necesario cortar con el dominio idiom谩tico ejercido por Espa帽a. Del espa帽ol peninsular s贸lo se debe mantener 鈥渓a correcci贸n gramatical, base y fundamento del estilo鈥 (125). Es decir, se muestra purista en lo que respecta a las normas de la lengua, pero su purismo no tiene que ver con una lealtad desmedida hacia el espa帽ol. El idioma que 茅l valora como el m谩s evolucionado est茅ticamente es el franc茅s. Recupera el castellano como idioma nacional, pero un castellano libre del atraso que significa la tutela espa帽ola. Esta concepci贸n del idioma se traslada a su mirada sobre la lengua literaria, a la cual piensa como un instrumento llano, apegado a las normas y libre de la 鈥渃ontaminaci贸n鈥 de las 鈥渏ergas b谩rbaras鈥. Estas ideas explican los t茅rminos en que Groussac ley贸, por ejemplo, Don Segundo Sombra (Ver 鈥淐onversaciones del momento. Paul Groussac al caer la tarde鈥 1926).
  38. Se refiere al momento en que Abeille publica su libro Idioma nacional de los argentinos, y la consecuente reacci贸n que se produce entre los sectores intelectuales m谩s conservadores.
  39. Para escritores como Ricardo Rojas, Manuel G谩lvez, Emilio Becher, Manuel Ugarte, entre otros, el hispanismo result贸 fundamental en la formulaci贸n de cierto nacionalismo cultural. Ver Pay谩-C谩rdenas (1978).
  40. Para Rojas, a tal punto es determinante el influjo espa帽ol en la formaci贸n cultural de nuestra regi贸n que, sostiene, 鈥渆n Am茅rica se desarroll贸 una Espa帽a genuina鈥 (1980: 32). Para este autor, la historia de la civilizaci贸n en Am茅rica no reenv铆a al conocimiento de las culturas precolombinas, como as铆 tampoco a la injerencia que tuvieron los pa铆ses centrales de Europa, sino 鈥渁l conocimiento de la civilizaci贸n espa帽ola鈥 (33).
  41. 鈥溾ientras, el idioma nacional se corrompe en el conventillo, en el sal贸n y en el teatro, mostr谩ndose como nuevo signo de bastard铆a. En las clases obreras ha penetrado el socialismo, que no tiene patria, y en las clases adineradas el 鈥榮nobismo鈥, que tampoco la tiene. Todo es en Buenos Aires ex贸tico鈥 (Rojas 1980: 88). Toscano y Garc铆a (2009) se帽ala que Rojas observa un 鈥減eligro鈥 en la dialectalizaci贸n del espa帽ol, producto del intenso contacto de lenguas, y asigna al Instituto de Filolog铆a una funci贸n de control y regulaci贸n del uso de la lengua.
  42. Se refiere a algunas obras argentinas escritas en franc茅s: Les races aryennes du P茅rou (1871) de Vicente Fidel L贸pez, Les origines argentines (1881) de Roberto Levillier y Simplement 鈥 (1911) de Delfina Bunge de G谩lvez (Rojas 1948: 32).
  43. 鈥淯n orgullo ha dictado este libro argentino: el hablar castellano. Y una cosa querr铆a patri贸ticamente el autor: comunicar este orgullo a toda la gente que lo habla.鈥 (Capdevila 1954: 10, destacado nuestro).
  44. 脕ngel Acu帽a naci贸 en la provincia de Corrientes, el 17 de abril de 1882. Estudi贸 derecho en la Universidad de Buenos Aires. Fue senador por su provincia entre los a帽os 1919-1921. En 1930, alcanza la presidencia del Consejo Nacional de Educaci贸n. Su tarea intelectual estuvo abocada a los estudios vinculados con la educaci贸n. Entre sus obras se destacan: Ensayos (3 series, 1926-1931), La disciplina escolar (1938), El analfabetismo y la funci贸n del Consejo Nacional de Educaci贸n (1939), La escuela en el r茅gimen de la instrucci贸n p煤blica argentina (1939), Origen y evoluci贸n de las instituciones educativas (1939). (Santill谩n 1956).
  45. Ver el cap铆tulo V, dedicado a Roberto Arlt.
  46. Jos茅 Gabriel es el seud贸nimo de Jos茅 Gabriel L贸pez Buis谩n. Nacido en Espa帽a en 1896, vino a la Argentina en 1905. Tuvo una intensa participaci贸n en los medios gr谩ficos argentinos: en los a帽os veinte, se desempe帽贸 en el peri贸dico La Patria de Miguel Ugarte; en La Prensa y en la revista Caras y Caretas, entre otras publicaciones. Muere en 1957, en Buenos Aires.
  47. Cabe aclarar que Costa 脕lvarez no niega la pr茅dica hispan贸foba de Sarmiento. Reconoce sus ataques contra los ret贸ricos y puristas (1922: 46), las pretensiones de supresi贸n total de las reglas gramaticales (46) y el rechazo hacia el estilo correcto y castizo en la literatura (46). Sin embargo, al igual que sucede en el caso de Alberdi, Costa 脕lvarez va a centrar su atenci贸n en las opiniones que Sarmiento desarrolla con posterioridad a 1853, cuando la 鈥渉ostilidad鈥 y 鈥渙jeriza鈥 que muestra en 1842 desaparecen a punto tal de afirmar que 鈥渆l espa帽ol ser谩 la clave de la Am茅rica del Sur (51).
  48. Ver el cap铆tulo IV, dedicado a Nicol谩s Olivari.
  49. Cabe aclarar que estas ideas, si bien encuentran su desarrollo en Eurindia (1924), Rojas ya las hab铆a expuesto en 1917, cuando publica el primer tomo de la Historia de la literatura argentina (1917-1922).
  50. Juan Bautista Selva fue un gram谩tico y docente argentino. Naci贸 en la ciudad de Dolores el 16 de febrero de 1874 en el hogar de don Juan Bautista Selva y do帽a Juana Concepci贸n Rodr铆guez. Se recibi贸 de maestro normal en 1891. Fue director de la Escuela Nro. 1 de Lomas de Zamora hasta el a帽o 1893 en que se radic贸 definitivamente en su ciudad natal para consagrarse a la docencia. Fue secretario, profesor, vicerrector y director de la Escuela Normal de Dolores; Presidente del Consejo Escolar y miembro de diversas instituciones culturales de Dolores. Fue miembro de la Academia Argentina de Letras y de la Real Academia Espa帽ola; Miembro Honorario de la Academia Hombres de Letras del Uruguay, y de la Academia de Letras de Chile, de la Academia Cultural Interamericana y de varias academias de letras extranjeras. Su obra fecunda consiste principalmente en estudios sobre gram谩tica, ortograf铆a y literatura. Falleci贸 en Dolores el 29 de julio de 1962. Una escuela del distrito la N掳 16 ubicada en Lomas de Rold谩n, como as铆 otra de la ciudad de Mar del Plata, llevan su nombre (Selva 1967).
  51. 鈥淣avegue en buena hora por el mar de las letras primorosas quien quiera remozar su estilo, dar pulidez y brillo a su decir; mas m铆rese bien que para alcanzar verdadera propiedad y correcci贸n, y aun elegancia, resultar谩 siempre muy eficaz, si no indispensable, la acci贸n del gram谩tico, que est谩 llamado a se帽alar los m谩s seguros derroteros, que advierte los escollos, que sirve de faro鈥 (Selva 1925: V).
  52. Ya se trate de la gram谩tica espa帽ola o bien americana, lo cierto es que desde los sectores m谩s conservadores del campo letrado se insiste en lo mal que se habla y se escribe en el pa铆s. Detr谩s de esa queja se esconde el desprecio hacia los sectores populares; hacia la inmigraci贸n cosmopolita; hacia cualquier tentativa de postular una lengua nacional fuera de las lindes del castellano; y hacia las nuevas concepciones de la literatura, tendientes a autonomizar al lenguaje literario de la norma gramatical. En s铆ntesis, se oponen a la autonom铆a creativa tanto del pueblo como de los escritores.


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