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3 “Tenés que estar atento a todo”: el desvelo y el trabajo de los DJ en Tucumán

Sergio Carrizo[1]

La pista está completa. Entre las personas no existe casi espacio, apenas se respira, y el humo dificulta tal acción, sumado al estremecedor sonido de los agudos y graves de la música, en un lugar cubierto de cuerpos transpirados. Los vidrios están empañados por el calor y el sudor de la gente. Estamos en el llamado VIP +25. Allí solo ingresan ciertos asistentes. Camino, como puedo, hasta la cabina del DJ. Como todas las noches, toca DJ K, quien es el residente. Lo veo solo, apoyado en la pared; me mira, y gritándonos, hablamos:

–DJ K: ¡¡¡Uhhhh, maaan!!! ¡¡¡No doy más!!

–Yo: Te veo, ¿qué te pasa?, ¿estás bien?

–DJ K: No sé, me siento mal. Creo que me falta azúcar. Yo le voy a hacer seña al encargado… ¡Por favor, pedile una 7-Up!
–Yo: Pero… Boludooo, ¿estás bien? Te veo muuuy pálido.–DJ K: Sí, no sé… Mucho calor… Estuve en el casorio que te conté todo el día, y ahoraaa… ¡¡Dale, dale pedime la Sevennn!![2]

Los disc-jockeys (DJ) atrapan, condensan y encarnan música en sus cuerpos. Su actividad consiste en enganchar o empalmar tracks musicales (Butler, 2003) con distintos soportes e instrumentos. Generan y venden una fuerza de trabajo mediada por la constitución de sí mismos en cuanto perfiles o figuras, que los convierten en una marca mercantil. Cuerpo-corporalidad, destreza técnica e identidad masculina son algunos de los ejes que convierten a un individuo en un DJ dentro de la escena musical de Tucumán.

Tomando esos ejes entrelazados, en este capítulo reflexiono sobre las prácticas de autoconstrucción de algunos DJ. Ellos, agentes relevantes de las industrias creativas, nos dan cuenta de una dinámica de presión laboral, relacionada con la visión económica de la inventiva. Aparecen como engranajes de la cultura de la diversión, en el contexto del posfordismo, condicionado por la acumulación flexible, concepto que utilizó David Harvey (1998) para caracterizar la formación capitalista contemporánea.

Propongo que los DJ son un tipo de agentes y de figuras dentro de las industrias culturales que ofrecen su cuerpo sensible (Le Breton, 2010) y sus experiencias corpóreas. La categoría de figura fue diseñada por Norbert Elias (2008) para mostrar el sentido configuracional y procesual de los agentes sociales, ayudándonos a superar las teorías que colocaron a las prácticas del individuo por encima de la sociedad, o, por el contrario, a la sociedad sobre el individuo. Entiendo que los DJ son figuras sociales, trabajadores siempre cambiantes, que se autoconstituyen desde sus experiencias e intelecto en cuerpos que aglutinan destrezas técnicas. Sus acciones y relaciones se encuentran interactuando en un conjunto de tensiones e interdependencias dentro de un mercado laboral flexible y precario. De mis conversaciones con los DJ, surgió con fuerza la idea de que el propio cuerpo es el principal instrumento de trabajo con el que constan. Cuando nos referimos al cuerpo, aludo a su dimensión física y somática. Pero esta materialidad incluye la dimensión subjetiva: las cargas emocionales, psíquicas, simbólicas, siempre cultural-sociales, en un cuerpo experimentado, que superan a la realidad orgánica en sí (Pedraza, 2002).

En Tucumán, es amplio el espectro de agentes que son reconocidos y autoidentificados como DJ. Estos se mueven dentro de una escena laboral flexible, mediada por lugares de trabajo con mayor constancia, que les permiten tocar por lo menos una vez a la semana, como, por ejemplo, los boliches y pubs, frente a los eventos sociales de carácter más itinerantes e intermitentes en el tiempo, como los casamientos y cumpleaños de quince.

De allí que mis interlocutores, DJ varones cis tucumanos de entre 30 y 50 años de clase media, al referirse a sus tareas durante una jornada laboral, que generalmente se desarrolla de noche, refieran siempre su desgaste corporal. Por su parte, la escena musical-bailable en esta provincia posee una serie de condicionantes de exclusividad físico-motoras y restricciones de género para quienes desean crear contenidos culturales y vivir de ella y en ella. Este contexto impone la inimitable situación de llevar al cuerpo a puntos límites de exigencias constantes y a generar prácticas discursivas centradas en la “masculinidad viril”. Así, exploro y elaboro los significados que se le imprimen a la figura y corporalidad de los DJ en Tucumán, entendiendo que estos son el resultado de particularidades situadas dentro de un mercado laboral (escena musical) que, a la vez de ser constreñido, es también constituido, disputado y preservado por quienes se encuentran establecidos en él.

Cuerpo y corporalidad DJ

Los estudios culturales del cuerpo prestan atención a genealogías y a nucleamientos y matrices corporales. Para Silvia Citro (2010), por ejemplo, el dualismo ontológico, nacido en la Antigüedad, y continuado por René Descartes, tuvo una gran presencia hasta avanzado el siglo xx, pero, con la investigación de Marcel Mauss sobre las técnicas corporales en la década de 1930, emergieron perspectivas que reconocen a la corporalidad como un elemento constitutivo de los seres humanos. La primera de esas tendencias, afín al estructuralismo y seguida por Claude Leví-Strauss, Mary Douglas, Clifford Geertz y David Le Breton, aborda el cuerpo como un producto de sistemas simbólicos compartidos. Una segunda tendencia, afín al posestructuralismo y representada por Michael Foucault y Judith Butler, entre otros, entiende al cuerpo como un lugar de inscripción de discursos sociales, regulados por controles individuales y colectivos, e institucionalizados en regímenes de poder. Finalmente, una tercera línea, propuesta desde la fenomenología, retoma la noción de “ser-en-el-mundo”. Así, Marcel Merleau-Ponty criticó las tendencias netamente representacionales que conciben al cuerpo como un símbolo inerte, planteando el carácter activo y modificador-constituyente de la corporalidad en la vida social. En consonancia con esta línea, podemos leer la perspectiva del embodiment (encarnación), planteada recientemente por Thomas Csordas (2010), que propone un acercamiento fenomenológico-metodológico al cuerpo vivido antes que a un “objeto de estudio” inerte. Para Csordas, además, los actos corporales de percepción no son universales, sino culturales, pues poseen especificidades incorporadas en un conocimiento de la experiencia junto a otros cuerpos.

A su vez, las miradas sobre la corporalidad consideran nucleamientos y matrices, los cuales, según Claudia Mallarino (2015), dan cuenta de cómo los cuerpos condensan logos, experiencias y prácticas discursivas. Dichos nucleamientos pueden ser agrupados en temáticas tales como la identidad y la subjetividad, la gobernabilidad y el poder, la educación y la normalización. Además, para Mallarino, dentro de esos nucleamientos aparecen matrices sociales del cuerpo: modos de presencia locales de la discursividad, capaces de generar identificaciones y regímenes conceptuales. Desde estas matrices se producen ciertas verdades institucionalizadas, en el sentido elaborado por Foucault.

Desde este panorama teórico, entiendo los cuerpos y las corporalidades de los DJ. Rescato sobre todo las inscripciones sensoriales-semióticas (Le Breton, 2009) y los procesos experienciales de encarnación (Csordas, 2010) para dar cuenta de algunos de los aspectos fenoménicos inherentes al cuerpo y a la corporalidad de una porción de los DJ de Tucumán.

Al dialogar con ellos, surgió que muchos DJ consideran que su actividad implica una gran apuesta física. Es que el desquite biológico se hace sentir en el cuerpo de un DJ, pues la noche corroe y cansa. Todos los DJ que consulté consideraron que el mayor desafío y flagelo en su trabajo es el desvelo, del cual una persona no se recupera más. Esta es la mayor condición que destacan a la hora de hablar de sus trabajos. Uno de ellos opinó que:

Para mí si vos te acostás antes de las 4:30 de la mañana ganás el día, si vos te acostaste después de las 4:30, ya está perdido. Vos tenés horarios y horarios… Si vos te vas a acostar a las 11 de la noche, al otro día te vas a levantar a las 7 de la mañana cero… Si vos te vas a acostar a las 4:00 de la mañana, al otro día por más que te levantes a las 12:00, tu cuerpo está agotado, te acostás después de las 4:30 fuiste… Al otro día… ya quedás desvelao, te arden los ojos, tenés un cansancio… Y eso es lo que vos no aguantás… nunca lo recuperás.

El insomnio y las alteraciones en el descanso llevan al desgaste físico, ya que las horas perdidas por falta de sueño son irrecuperables. Sin embargo, no existe la misma consideración compartida sobre otro tema principal: el consumo de alcohol y de sustancias psicoactivas, el segundo elemento sobresaliente que es habitualmente aparejado al trabajo nocturno de un DJ. Allí existen diferencias y contradicciones. Solamente tres de los DJ que consulté consideraron que solo sin consumir alcohol se puede superar la noche, manifestando: “Para mí, si no chupás es la cosa…”. En contraposición, para el resto de mis interlocutores, el noventa por ciento aproximadamente de los DJ, la noche es un escenario propicio para la dependencia a ciertos estimulantes, y el alcohol sería necesario para sobrellevarla. Sobre esta cuestión, un DJ, preocupado, comentó:

¿Sabés lo que me pasa últimamente a mí? Te acordás que yo te he dicho que, cuando agarré la lata de cerveza, ya me estoy volviendo alcohólico… Vos te me has cagao de risa… y no es joda lo que te estoy diciendo… y ya se me ha pegado el cigarro, el fernet y la coca.

Nocturnidad y estimulantes son los condicionantes primarios disruptivos que emergen con carácter notorio al analizar lo que implica poner el cuerpo en cada actuación. Además, de estos elementos limitantes, o no, según cada DJ, aparece la necesidad imperiosa de energía que se inscribe en esos cuerpos, los cuales, como cualquier otro, dependen de ella para moverse y vivir. Al llevar a cabo sus actuaciones, los DJ realizan un gran desgaste calórico. Expresa un DJ que no consume alcohol: “Al desvelo de la noche, lo debes pasar con frutas, agua pura y un buen descanso. Mirá cómo serán de profesionales ciertos DJ europeos… Cuando van tres horas de set, comen una banana. ¡Pummm!… Eso es energía pura”. Aparejado al gran desgaste de energía acarreado por la noche larga, surge el problema de una alimentación desordenada. Un DJ opinó:

El desvelo y ese cambio de sueño que nos perjudican al momento de descansar. Médicos e investigadores confirman que no dormir de manera regular y descansar poco provoca fatiga, depresión, ansiedad, irritabilidad, nerviosismo, insomnio y una disminución del nivel de concentración en la tarea que realizamos. Además de las veces que, por andar a las corridas entre eventos, consumimos comidas rápidas o lo que encontramos en el camino.

Teniendo presentes estos factores somáticos-biológicos, entiendo que la figura de un DJ implica ser un individuo, una entidad corporeizada-encarnada, cuya experiencia mental-musical y técnica se coloca en sintonía con otros organismos-cuerpos-sujetos. En ese sentido, las distintas corporalidades de las y los bailarines de una pista se involucran con las esferas emocionales, psíquicas, sociales y simbólicas del cuerpo vivo y vivido de una figura puntual, la del DJ. Estas figuras pueden ser vistas como dioses, engrandecidos, alabados y avalados, o, todo lo contrario, denostados y detestados. Es que un DJ es un agente que realiza un juego creativo-recreativo con sus sentidos y destinado a los sentidos de quienes son sus bailarines. El cuerpo orgánico del DJ incorpora-encarna, en el sentido de Csordas (1990), inmensas cuotas de sensorialidad. Advirtió un joven DJ: “La música tiene que rozar el cuerpo. Lo que quiero transmitir en la pista primero tengo que sentirlo internamente. Si eso sucede y lo logro mantener durante todo el set, seguramente será una gran noche”.

Observo una interesante tríada compuesta por la música, la pista (otros cuerpos-sujetos) y los sentimientos encarnados en un DJ. Es ese cuerpo, una fisicalidad, que incorpora música en el contexto de una actuación-trabajo, el que involucra una interpretación plagada de expresiones de diversos estados emocionales. Esta afirmación nos lleva a coincidir con David Le Breton (2010 y 2009), quien sostuvo que la condición humana es corporal y está atravesada por diferentes percepciones. Para Le Breton, el cuerpo es una cantera inagotable de prácticas sociales, que genera una memoria cargada de experiencias dentro de contextos humanos-culturales. Esas experiencias sensibles desarrollan en los individuos un vocabulario que se manifiesta a través de las emociones. Así, un DJ, al realizar su trabajo montado en una cabina, pone en juego su memoria corporal, cargada de experiencias sensoriales múltiples. Por ejemplo, un DJ comentó:

Tenés que estar atento a todo, que si no te falla nada… que si trajiste todo… que si el dueño no te hace caras, que si la minita linda te pide un tema. Uyyy, con miles de ojos, y además tenés que jugar con tu cara… Baaa… Porque me pasó miles de veces, que estaba muerto por dentro, con problemas familiares, mi vieja enferma, sin guita, y siempre tenés que ir a trabajar con la mejor… Porque imagínate poner música con cara de culo… Chau… Nadie baila, nadie chupa, no consumen en la barra, y si vos no estás enfiestado, olvidate de cobrar… Así que, papá, te lavás la cara, sonrisa y salís con la mejor de las ondas… No importa que estés reventado.

En estas expresiones, cuerpo y corporeidad dan cuenta de las experiencias sentidas por un DJ. Observamos aquí cómo opera una historia política en sus cuerpos. Estos agentes al trabajar siempre deben demostrar, aunque no sea real, un estado de ánimo efusivo y desbordante de alegría. En sus reflexiones, los DJ explican y caracterizan qué significa para ellos producir constantemente goce y disfrute para una situación bailable. Ellos, a su vez, deben dominar su naturaleza corporal y adaptar sus emociones al actuar. En ese sentido, un experimentado DJ expresó:

Mirá nada de estar bajón o estar enfermo. Sabes las veces que estaba cagaoo del hígado… muerto por lo que comía y chupaba, y lo mismo tenía que ir… en un boliche que ponía viernes, sábado y a veces domingo…pero era guita muy buena… o las veces que tenía ganas de vomitar y me daban cólicos… uff, o ganas de ir al baño… pero te la aguantás, por eso siempre tenés que tener un pollo que te haga la gamba, un changuito que te aguante, pero tampoco podés dejarlo al changuito solo toda la noche.

Cuerpo y corporalidad deben presentarse acordes al mandato imperativo de lo que significa ser DJ, desde una idea creada en el colectivo social y según las presiones de la industria cultural. Este agente “debe” ser la expresión de una figura afable, un organismo potente, rebosante de alegría y energía. Además, debe desarrollar ciertos tipos de inteligencias, destrezas y memorias sensoriales-perceptivas.

Dentro de la escena creativa

“Poner música es como andar en bicicleta o hacer el amor, ja ja ja, no te olvidás nunca”, expresó un DJ. En su teoría de las inteligencias múltiples, Howard Gardner (2006) analizó las capacidades cognitivas del ser humano, proponiendo que cada persona posee al menos ocho inteligencias: lingüística, lógico-matemática, cinético-corporal, musical, espacial, naturalista, interpersonal, e intrapersonal. Me interesa tomar aquí la corporal-kinestésica y la musical, ya que es crucial para un DJ tener un cuerpo bien coordinado, como la capacidad que se observa en los deportistas. La acción de empalmar tracks musicales necesita ciertas destrezas físicas, emergentes de la inteligencia kinestésica, pues cada DJ ágilmente activa objetos técnicos por medio del tacto y su movimiento corporal. Así, uno de ellos me dijo: “¿Ves? Yo vuelo con las manos, lo hago hablar al fader, va y viene… va y viene… Y cuando me caliento con el scratch, uuuh, no me para nadie”.[3]

Los DJ tienen muy desarrollado el sentido del ritmo y la coordinación. Existe en algunos de ellos una búsqueda casi obsesiva por la precisión en el manejo de sus habilidades técnicas y corporales. De este dominio depende, para decirlo en términos de Pierre Bourdieu (2010), su “distinción” como DJ respecto a otros en el campo. Así, ciertos agentes objetivan y articulan sus condiciones de existencia y las posiciones que ocupan en la escena. Como lo expresa un DJ renombrado:

Vos te hacés conocido por tu fama, y eso es porque la dominás… Porque practicás y practicás, y practicás… ¿Las mezclas salen solas? Nooooo, solo manejando muchas horas de prácticas… y así te llaman, así te reconocen entre los otros. Es como el jugador de fútbol, si vos la movés bien, movés bien tu cuerpo, los clubes se matan por contratarte.

Existe una visible predisposición y facilidad para aprender a través de la experiencia y las capacidades kinestésicas. Para Gardner (2006), una característica de esa inteligencia es la habilidad de emplear el cuerpo en formas muy diferenciadas y expresivas. Un DJ no solo se dedica a la técnica de mezclar música, sino que realiza arengas corporales hacia su público. Los DJ levantan sus manos, mueven sus brazos de lado a lado, bailan y ejecutan pequeños saltos en la cabina según el estilo de cada uno. Por ejemplo, Carlos es reconocido con el mote de “el loco Petrelli” entre sus colegas y el público de la noche tucumana debido a sus espectaculares performances con movimientos llamativos y enfáticos. “Y… hay que hacer bailar a la perrada… Si no me muevo, me duermo y no baila nadie”, expresó Carlos.

Durante varios años, acompañé a Carlos Petrelli en algunas de sus actuaciones en boliches. Luego del warm up, el “aguante” hecho por un DJ no tan conocido que va generando el ambiente de la noche, Carlos prepara su performance mediante un rito de calentamiento corporal, visible al público. Como si fuese un deportista, activa su noche con saltos, movimientos de brazos, giros de cuello, cabeza, y hasta en algunos eventos utiliza muñequeras similares a las de los tenistas. Con esta puesta en escena, hace notar que está dispuesto a afrontar la tarea de hacer bailar a todos toda la noche.

Aunque no todos los DJ realizan una preparación-presentación de esa espectacularidad, todos tienen múltiples habilidades kinestésicas para actuar como DJ. Por ejemplo, maniobrar con precisión objetos que denotan una extrema finura, como manejar los potenciómetros de una consola de sonidos, o manipular discos de vinilos. Cada DJ combina movimientos que se deslizan entre lo brusco, lo llamativo, lo fino y lo delicado. Ser DJ implica un dominio virtuoso, entre los simples impulsos y las acciones racionalmente mentadas. A contrario de lo que a veces se supone, la tarea de un DJ no es una actividad improvisada y descontrolada, ni solo la expresión de un momento festivo-musical. Cada DJ mantiene un equilibrio reflexivo constante entre lo mental y lo físico-corporal: “Hasta machaoo te tenés que controlar, porque, si no, haces mierda todo…”.

La inteligencia lógico-matemática se complementa con la corporal-kinestésica en tareas que requieren el empleo de motricidad fina y gruesa. Apretar a la vez casi en forma continua el botón de play y el de cue, que graba una pista en un punto deseado, para dejar correr un track musical digital, o colocar la púa milimétrica sobre el comienzo de una canción en un disco de vinilo, requiere condiciones corporales de equilibrio, gracia, destreza y exactitud, junto a una gran concentración, que a veces no es valorada en su importancia y remunerada de manera equivalente. Esto hace que los DJ se destaquen y sean considerados eficientes, o sean vistos como malos o “perros”, categoría nativa que descalifica a quienes no logran ser buenos técnicamente al realizar sus mezclas musicales. La agudeza en ciertas destrezas motoras y la memoria corporal son clave. Esto se evidencia en que la mayoría de los DJ poseen recuerdos vívidos sobre sus actuaciones y verdaderos mapas cognitivos en sus cuerpos de los lugares donde trabajaron. Uno de ellos comentó: “Podría haber caminado por ese boliche dormido o con los ojos vendados, me lo conocía de memoria, vivía ahí, tenía las llaves, ¡el dueño confiaba más en mí que en su esposa! … Todas las tardes iba a practicar”.

Sumada a su perspicaz inteligencia corporal-kinestésica, un DJ debe poseer nutridas capacidades de inteligencia musical. Estas competencias son el resultado de intuiciones y aprendizajes que se condensan-encarnan en su cuerpo, a la hora de ejecutar un set. En estas instancias de trabajo, se ponen en juego los principales elementos constituyentes de la música: el tono o la melodía y el ritmo, patrón de sonidos que se emiten en determinadas frecuencias auditivas, según un sistema prescrito. Con los elementos de tono y ritmo, los DJ, y cualquier persona, expresan cierto lenguaje corporal. La música interviene en el sistema sensoriomotor de un DJ y en el de sus bailarines.

Para Bryan Riemann y Scott Lephart (2002), este sistema combina procesos neurosensoriales y neuromusculares, que integran y procesan respuestas de movimientos a ciertas sensaciones y percepciones. Así, la sensorio-motricidad es compleja, pues, además de generar las acciones motoras, actúan en ella componentes de homeostasis: el proceso por el cual un organismo se sostiene y controla a pesar de las perturbaciones de fuerzas externas. Los DJ realizan movimientos corporales que implican respuestas inmediatas de su sistema sensoriomotor, buscando mantener su equilibrio, ya que, en su cabina de trabajo, son bombardeados por una infinidad de motivaciones sensibles. En palabras de un DJ:

Yo me subo a la cabina, enciendo la compu y el controlador, y yo soy otro totalmente distinto al que ven en mi trabajo durante la semana. A mí me enloquece la música y las luces… No sé, es como que me excita, me pone como loco, me da energía… Es una gran electricidad y adrenalina que se siente en todo el cuerpo… Siento muchas cosas al estar ahí, mejor que tomar cualquier merca. ¡¡Uy!! ¡¡Mirá!! Se me puso la piel de gallina de solo imaginar lo que te estoy contando.

Los DJ continuamente se adaptan a sus condiciones. Para decirlo en términos de Csordas (1990), sus prácticas “encarnan” la relación que tienen con la escena de las industrias creativas donde actúan. Al hacerlo, también elaboran definiciones que inciden sobre su actividad y posición en el campo cultural. Como comentó un DJ:

Hoy entré al Museo de Arte Contemporáneo en Londres, vi la obra de un artista que me pareció fascinante. Su arte consistía en un collage. Recortes de diarios, revistas, imágenes, fotos, textos, que, unidas unas a las otras, expresaban algo muy particular y distinto a lo que producía cada una por separado. En ese momento me vino a la cabeza la pregunta que me hiciste, sobre el trabajo del DJ o el arte de un DJ y pude ver su analogía. Un DJ con la música hace algo parecido a un collage, su trabajo está en la unión o fusión de las piezas.

Fusionar piezas, desplegar magia y mezclar elementos, como si fuese un pastiche de una obra plástica, son algunas de las formas de objetivación y a la vez de percepción que algunos DJ realizan de sí mismos y de su actividad. Algunos de ellos se consideran artistas, y, aunque otros no, siempre ponen atención a los procesos de reflexión estética que modulan la actividad que realizan. Estas reflexiones resaltan cómo el cuerpo y los sentidos sirven de catalizadores para condensar la música. Por eso, el cuerpo y la corporalidad de un DJ siempre están en constante definición. En este sentido, Augusto Gallucci lleva a otro campo la concepción de la tarea de un DJ al compararla con la de los deportistas: “Creo que soy muy futbolero, y lo relaciono todo con el fútbol, y al DJ con el jugador de fútbol, porque el jugador de fútbol sabe que tiene, y que va a tener un final”.

Sea como un artista o como un deportista, hacerse y ser DJ implica un juego perceptivo y con lo perceptivo. Al decir de Csordas (2010), siempre lo perceptivo comienza en el cuerpo y, mediante el pensamiento reflexivo, termina en los objetos. Un DJ percibe música a través de su cuerpo, y sale de él con mezclas musicales hacia otros cuerpos, que experimentan a su vez modos somáticos y subjetivos de percepción, en una atención corporeizada que ya no es individual, sino colectiva, mediatizada por los códigos de cada escena. En palabras de un DJ:

¡¡Yo soy música!!… Mirame… Mirame [moviendo su cuerpo en poses de baile]. Vos me preguntas qué es ser “Disc Jokey”. Jajaa, así como dicen los viejos Disssssc Jokey, es eso… Es ser la música, la que sea, la que sea.

Si hay alguna potencia en las llamadas “industrias creativas”, los DJ nos muestran, con sus performances y reflexiones, cómo aquella surge y se remite a sus verdaderos trabajadores.

Discursos de DJ varones

Las prácticas discursivas de los DJ tucumanos conservan y mantienen algunas inscripciones históricas y sociales puntuales, asociadas a ciertas conductas esperadas. En primer lugar, cuando hablamos de DJ en esta escena, lo hacemos nombrando exclusivamente a “varones”. El género predominante es el masculino. En el colectivo de estos agentes en esta provincia, solo registré cuatro figuras de DJ mujeres. Se construyó en la escena tucumana una fuerte formación de masculinidad y heteronormatividad, emparentada con la práctica de este trabajo. Por ejemplo, varios DJ dejaron entrever en nuestras charlas que el cuerpo y la corporalidad de la mujer “no sería apta” para esta tarea, pues las DJ carecerían de destrezas técnicas, las cuales, en contraste, serían solo de los DJ. Un experimentado DJ expresó sobre las performances de las DJ:

–No, no, ¡¡no!! ¡Andá hacerte re contra… ¡Vos me hablas de que es buena mezclando, esa mina no es buena mezclando! ¿Sabes quién pone buena música? La DJ C, esa sí pone música, es la única. Las supera a todas esas dos o tres que andan por ahí. O sea, es una sola a la que la podemos reconocer como mujer DJ. A esa otra que vos decís, la DJ T, ¡¡¡nooo, esa no es DJ!!!… ¡¡¡Qué mina que la odio!!!
–¡Sos un machista! [mi intervención].
–Nooooooo, no es machista!! Si yo estuviera así poniendo música, y si yo pusiera con el pingooooo [señalando su pene], todo el mundo me miraría, y diría: “Ay qué bien que pone música fulanito con el pingo”. No, hermano, si la mina sale así y tiene así unas tetas… [risas de por medio en el grupo de DJ presentes] y ahí está el pezón y te hace así [haciendo alusión a dar el play con el pezón del pecho de la mujer], claro, los vagos que están desde abajo mirándola dirán: “¡Qué buena DJ es esa mina!”. ¡¡Eso no es ser DJ, hermano, no me boludees!!

De esta manera, el relato de algunos DJ varones minimizan la habilidad de las DJ para mezclar música. Sus palabras sexualizan la actividad de las DJ, a fin de denostar su habilidad musical, a la vez que, en contraposición, erotizan su actividad como DJ, pues, en el caso de los DJ, sería la habilidad de su performance musical lo que produce el carácter erótico de su figura, y no a la inversa. Para decirlo en términos de Judith Butler (2002), la performatividad del género, la repetición de actos constituye la capacidad de ciertos agentes a la hora de intervenir en la conformación de figuras e imágenes sociales. En este caso, los DJ enuncian regulaciones de sentido práctico en torno a quién puede y quién no ser “un DJ” en Tucumán. Existe un mandato de virilización que impone al varón masculino heterosexual en esta tarea, frente al repudio y la exclusión de otras identidades de género y sexualidades. Así, en esta escena entran en la categoría de sujetos abyectos las DJ y los DJ homosexuales.

Por lo que la mujer-objeto aparece como un premio y signo de la performance viril. “Es que las mejores mujeres las tiene el DJ”, afirmó un DJ con mucho tiempo en la actividad. “Yo estuve con las mejores minas de Yerba Buena”, aludiendo a las mujeres consideradas más lindas y “con mejor posicionamiento social” de Tucumán. Así, en torno a sus cuerpos, muchos DJ producen asignaciones genéricas de identidad masculina, que fijan nodalmente en torno a significantes e imaginarios de una aparente gran destreza sexual, producto a su vez de su performance musical. En la mayoría de los encuentros que realicé durante mi trabajo de campo, se multiplicaron en forma exponencial las historias de relaciones sexuales ocasionales que habrían sido experimentadas por mis interlocutores. Por caso, un DJ contó un acto de masturbación ocurrido en la cabina de un boliche mientras realizaba la presentación de un set. En esta escena, la atracción por el cuerpo y lo que representa la corporeidad “del DJ” resulta similar a la situación y las prácticas de los cantantes varones en los mundos de los cuartetos de Córdoba, investigados por Gustavo Blázquez. De acuerdo con Blázquez (2014),

el uso de desigualdades fundadas en el binarismo de género y la heterosexualidad, como forma normalizada de (re)unión de los cuerpos, determinaba las políticas y las poéticas que organizaban la producción en los mundos de los cuartetos. Antes que producto de la imposición de un principio metafísico de diferenciación sexual-genérico-erótico extra-discursivo y a-histórico, esa lógica era el producto de diversos procesos históricos. Al (re)producir un género artístico local, los empresarios y los artistas (re)producían al género sexual como “desigualdad perdurable” de modo tal que cuando hacían [el negocio de los bailes de] cuarteto también hacían género y erotismo (p. 215).

En el mismo sentido, la imposición generalizada de la imagen viril y la atracción erótica fundada en la ideología heteronormativa se encuentra presente y asociada a la figura de “los DJ” en las escenas musicales tucumanas, graficando lo que Gilmore (1996) llamó una “geometría social del género” (citado en Blázquez, 2014). Este concepto describe una tercera dimensión espacial de las identidades de género, además de la sexual/anatómica y la genérica/cultural. Esta geometría dispar y sobresaliente se demuestra en cierta pauta establecida según la cual el DJ de un lugar bailable siempre es varón y se encuentra tocando siempre arriba en una cabina o zona físicamente visible a todo el público de bailarines. Tal materialidad física ayuda a la construcción, el aumento y la imposición de la imagen/figura masculina. Cuando aparece la figura femenina, solo surge de una condición extraordinaria o llamativa.

En contraste, en otras provincias argentinas, existe una mayor presencia de mujeres DJ. Dando cuenta de ello, Rocío Rodríguez (2018) mostró la forma en que se conjuga género y sexo en la escena electrónica de la ciudad de Córdoba. Rodríguez analizó los complejos entramados de prácticas y sentidos que se producen en los espacios de encuentro entre la música, el género y otros marcadores de las diferencias sociales como la clase/raza, abordando el caso de la música electrónica. Rodríguez reveló en su etnografía cómo un grupo de mujeres llevó adelante el proyecto de producirse como DJ y mostró la desigualdad estructural en la que se encontraban con respecto a su género, siendo la noche un espacio de trabajo especialmente masculino, al igual que la apropiación de la técnica musical y de la tecnología. En resumen, Rodríguez expuso cómo las mujeres DJ realizaron su proyecto de reconocimiento en el mundo del arte, subvirtiendo ciertas estructuras de dominación masculina.

En Tucumán, es hasta ahora invisible un panorama similar con algún colectivo femenino que hubiera logrado realizar ese proyecto. Las objeciones a este desarrollo provienen de los pares varones, que no se presentan a sí mismos como iguales a las DJ. Siguiendo a Bourdieu (1998), entiendo que esto obedece a que entre los DJ tucumanos operan disposiciones, hábitos y estrategias de reproducción con la que se hacen poseedores de cierto monopolio sobre la producción y reproducción del capital simbólico. Así, movilizan estrategias que excluyen o subvaloran a las mujeres de la escena musical. La condición masculina, presentada como una virtud entre los DJ tucumanos, se interpone como “la” condición natural para este campo laboral y creativo. Sin embargo, como también lo propone Bourdieu, observamos que tal privilegio masculino encuentra su trampa en su acaparamiento de la actividad, ya que estos DJ varones cis se ven a sí mismos bajo la exigencia de actuar su virilidad constantemente, incluso a costa de su cuerpo y corporalidad.

Conclusión

De esta manera, si las condiciones de precariedad y alta flexibilidad de la escena musical llevan a los DJ a continuas noches de desvelo, su imaginación y sus performances de género y sexualidad viril parecen ser unos de los incentivos que hacen posible el encierro en la cabina, a las que las mujeres solo acceden como invitadas. Como en la sutil ciudad de Zenobia, contada en la novela de Italo Calvino (1984), los DJ encuentran su trampa en el sueño que encarnan y proyectan. Pero, al mismo tiempo, otra escena late en sus contradicciones. Esos mentises, entonces, nos ubican en la misma lógica mercantil del trabajo de los DJ, marcándonos los trazos particulares de sus configuraciones, que tienen, en sí mismas, las propias y múltiples problemáticas físicas-corporales, destrezas técnicas y percepciones sensoriales-artísticas.

Referencias

Blázquez, G. (2014). ¡Bailaló! Género, raza y erotismo en el cuarteto cordobés. Buenos Aires: Editorial Gorla.

Bourdieu, P. (1998). La dominación masculina. Barcelona: Anagrama.

Bourdieu, P. (2010). La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. Argentina: Siglo xxi Editores.

Butler, J. (2002). Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo. Buenos Aires: Paidós.

Butler, M. (2003). Unlocking the groove: Rhythm, meter and musical design in electronic dance music. Estados Unidos: Indiana University Press.

Calvino, I. (1984). Las ciudades invisibles. Buenos Aires: Minotauro.

Citro, S. (coord.) (2010). Cuerpos plurales. Antropología de y desde los cuerpos. Buenos Aires: Biblos.

Csordas, T. (1990). Embodiment as a paradigm for anthropology. Ethos, 18(1), 5-47.

Csordas, T. (2010). Modos somáticos de atención. En S. Citro (coord.), Cuerpos plurales. Antropología de y desde los cuerpos (pp. 83-104). Buenos Aires: Biblos.

Elias, N. (2008). Sociología fundamental. Buenos Aires: Gedisa.

Gardner, H. (2006). Las inteligencias múltiples. Estructuras de la mente. Colombia: Fondo de Cultura Económica.

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  1. Profesor adjunto en la carrera de Arqueología de la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo, y auxiliar en la carrera de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, ambas de la Universidad Nacional de Tucumán, Argentina. Junto a Andrés Ospina Enciso y María Angélica Garzón Martínez, es compilador del libro Etnografía y Patrimonio Cultural. Caminos emergentes y perspectivas (Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, 2021). Especialista en Estudios Culturales por la Universidad Nacional de Santiago del Estero, Argentina.
  2. Las conversaciones son de mi diario de campo, realizado en Tucumán entre 2018 y 2022. Este fue insumo de mi tesina Performance y configuración de DJ´s en Tucumán: engranajes de las industrias culturales y de un mercado de consumo, para la Especialización en Estudios Culturales de la UNSE. De allí surgió este capítulo.
  3. Fader es un potenciómetro de sonido de las consolas, las cuales mezclan o cortan dos tracks musicales de distintos canales. Scratching es una técnica para producir sonidos al mover un disco de vinilo hacia adelante y hacia atrás.


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