Otras publicaciones:

Book cover

9789871867974-frontcover

Otras publicaciones:

Book cover

DT_Tirole_Navajas_13x20_OK1

1 Líneas epistemológicas complejas en la medicalización de la infancia[1]

Elvio Galati[2]

¿Los padres saben siempre más que los hijos?

Y el padre dijo: Sí. […]
Papá, ¿quién inventó la máquina a vapor?,

y el padre dijo: James Watt, y entonces el hijo replicó:

¿Pero por qué no la inventó el papá de James Watt?

Bateson, 1998

Introducción

Aquí trataré al TDA, tal cual es conceptualizado por el DSM, elaborado por la APA. Describiré los aspectos epistemológicos que surgen a raíz de su estudio crítico desde la perspectiva de la medicalización de la vida, específicamente de la infancia, y el pensamiento complejo de Edgar Morin[3]. La Historia de la Ciencia del fenómeno a estudiar ayuda a comprender su desarrollo epistemológico.

El pensamiento complejo hace referencia a: la contradicción, la unitas multiplex[4], la existencia de distintas lógicas, la insuficiencia de la razón, la jerarquización de la singularidad, el sistema y las distintas interrelaciones que, como emergentes y restricciones pueden darse en él. La diversidad está al interior de la complejidad, en tanto “[…] es […] un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados, que presentan la paradójica relación de lo uno y lo múltiple” (Morin, Ciurana, Motta, 2002: 40). El pensamiento complejo asocia los pensamientos que clásicamente pueden excluirse, los llama a conciliar, oscilar, competir y antagonizar, muestra las partes y el todo, la incertidumbre, la unión de los juicios de hecho y los juicios de valor, de la ciencia y la filosofía, contempla el papel del investigador, la procesualidad del objeto, en lugar de las unidades elementales, abarca la perspectiva de lo global y lo local, y la visión sistémica del todo en relación con las partes.

La metodología del trabajo es cualitativa. Se interpretan los documentos del DSM, junto con la bibliografía que se desarrolla en el trabajo, nacional e internacional, tomando trabajos en francés e inglés, acordes con el marco teórico. En la versión III del DSM aparece por primera vez el TDA en el manual, y por ello utilizo ese documento, junto con la versión V, que es la última. Aquí relacionaré también todos los aspectos teóricos tratados con el trabajo de campo que se valió de las entrevistas, es decir, la cotidianeidad del TDA visto desde el relato vivo de los protagonistas. El método de trabajo es comprensivista, en tanto prima el estudio y reflexión a partir de lo concreto. Del conjunto de las entrevistas semi-estructuradas se sistematizaron rasgos en común, se aclararon los significados y contornos del material explorado. Y se compararon los resultados a través del análisis teórico. Fueron entrevistados los padres de un niño con TDA; una psicóloga que atiende un adolescente actualmente diagnosticado con Asperger; la directora de una carrera de Psicopedagogía, una egresada de Psicopedagogía, y una directora de una escuela pública. Se agregan en otro momento las entrevistas a una psicopedagoga, a los psicólogos de una institución pública rosarina, una psiquiatra infantil, y un psiquiatra infanto-juvenil. Luego, se sumaron los registros de consumo de metilfenidato de una obra social provincial, más el análisis de la documentación de un cuestionario sobre déficit de atención.

El TDA se encuentra en el grupo de los “trastornos del desarrollo neurológico”, definido como un patrón persistente de inatención e impulsividad que interfiere en el desarrollo.

Estructuralmente el trabajo conceptualiza el TDA, habla de la historia de los problemas de salud de los niños, contextualiza históricamente la medicalización de la infancia, define la medicalización, y luego particulariza en la medicalización de la infancia. Hay un capítulo referido al TDA en algunas teorías psicológicas, y su inclusión en los paradigmas. Llegando al meollo del tema, se muestran las características epistemológicas del DSM en referencia al TDA. Se cuentan las alternativas a la medicación, el paso del TDA por la enseñanza universitaria y se concluye con un apartado acerca de la juridización de la salud, referido a la relación del TDA con la prevención de la delincuencia.

1. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad

El DSM es el “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales”. La última versión es la V, del año 2014, realizado por la Asociación Americana de Psiquiatría, APA por sus siglas en inglés. Comenzó en el año 1952 y tuvo en su haber a la homosexualidad como enfermedad. Se la consideró una perversión sexual en el DSM-I de 1952, trastorno de la personalidad que implicaba una desviación sexual (Fernández Rodríguez, García-Vega, 2012: 105). La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE)-8 (1967).

(…) coloca las desviaciones sexuales (…) al mismo nivel que las neurosis, los trastornos de personalidad, el alcoholismo o la dependencia de drogas. Las desviaciones sexuales incluían la homosexualidad y el transvestismo y dentro de este mismo rango, la pedofilia o el fetichismo (parafilias) (Fernández Rodríguez, García-Vega, 2012: 106).

Siguió incluyéndola como una desviación sexual el DSM-II (1968). El DSM-III (1980) la trata como un desorden psicosexual. Recién en el DSM-IV (1995), cuando se refiere a lo “homosexual” se alude a una “orientación”. Siguiendo en el tema, el DSM-V, medicalizando, tiene en su haber a la disforia de género, convirtiendo un aspecto de la diversidad sexual o de género en un trastorno o, mejor dicho, una enfermedad.

Aquí abordaremos al trastorno por déficit de atención que es incluido por el DSM bajo el grupo de “trastornos del desarrollo neurológico”. Es definido por el manual como un patrón persistente de inatención e impulsividad que interfiere en el desarrollo. Esos dos grandes síntomas se desagregan en dos sub-síntomas o criterios: la inatención y la impulsividad (APA, 2014). En efecto, “(…) la hiperactividad y la dispersión promovidas por la aceleración de los ritmos cotidianos y las expectativas de eficiencia dificultan el aprendizaje y el lazo social con pares” (Vasen, 2005:29). La inatención consiste en no prestar atención a detalles, o el trabajo no se lleva a cabo con precisión; hay también dificultad para mantener la atención en clase, conversación o lectura prolongada; no escucha cuando se le habla o tiene la mente en otras cosas; no sigue las instrucciones o no termina las tareas escolares, ya que se distrae o evade con facilidad; tiene dificultad para organizar las tareas (secuenciar, ordenar, gestionar el tiempo, cumplir plazos); evita tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido (preparar informes, completar formularios, revisar artículos largos); pierde cosas, como materiales escolares o papeles del trabajo; se distrae con facilidad por estímulos externos, y olvida las actividades cotidianas, como devolver las llamadas y “pagar las facturas”. Ya en el DSM-III se decía que el niño no permanecía con sus tareas y tenía dificultades para organizar y completar su trabajo (APA, 1980). Luego se dice que su trabajo es poco riguroso, se dificultan las tareas grupales y donde más expectativa de atención se pone, en las clases, las dificultades de atención se exageran (APA, 1980). En el hogar también hay imposibilidad de atenerse a las actividades. De todas las características asociadas al trastorno, luego de mencionar obstinación, negativismo, intimidación, baja tolerancia a la frustración [típica en un niño], y baja autoestima, se expresa la falta de respuesta a la disciplina (APA, 1980). En la versión III eran solo 5 (cinco) los signos a observar por inatención y 6 (seis) por impulsividad. En la versión V se contabilizan 9 (nueve) signos para la inatención y otros 9 (nueve) para la impulsividad.

En cuanto a la impulsividad, se la puede captar en los siguientes síntomas. Juguetea o golpea las manos, o se retuerce en el asiento; se levanta en situaciones que se lo espera sentado, no se mantiene “en su lugar”. No se requiere para el diagnóstico la presencia conjunta de inatención e impulsividad. La presencia de los síntomas se ha mantenido durante al menos 6 meses. No se requiere la presencia conjunta de oposición, desafío, hostilidad o fracaso en la comprensión de tareas o instrucciones. El Manual se encarga de aclarar que los síntomas interfieren con el funcionamiento social, académico o laboral, o reduciendo la calidad de los mismos. Para los mayores de 17 años se requiere un mínimo de 5 (cinco) síntomas.

Todo lo cual rememora el capítulo de “Los Simpsons” donde Bart toma el ritalin, que en la parodia es llamado focusin. Y luego de la ingesta, parece un robot solo empeñado en aprender, incluso superando en su obsesión por el estudio al inteligente Martin. Ahí en el capítulo también se muestran los efectos secundarios, que son extrema focalización en tareas y delirio persecutorio por la obsesión. Esto nos introduce en el asombroso mundo de los efectos adversos (APA, 1980) de los medicamentos, lo que es una aplicación de los efectos ambivalentes de la ciencia (Morin, 2006).

En la entrevista, la mamá del niño medicado dice que su hijo “es” TDH, lo que implica una carga filosófica muy pesada, en tanto ya la madre le asigna entidad al trastorno, siendo él en su hijo y siendo su hijo con él. A pesar de que ella misma aclara que su hijo no está enfermo sino que tiene una “condición”. Recuérdese en este sentido la vieja polémica entre Parménides y Heráclito acerca de la naturaleza del ser, en tanto el primero le daba la estabilidad y estática propias del ser, mientras que el filósofo del devenir decía que algo está en construcción y cambio todo el tiempo. En este sentido, afortunadamente, la Ley N° 26.657 expresa que la salud mental es “(…) un proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona” (Art. 3). La cursiva apunta a movilizar un diagnóstico, tornándolo provisorio, así como a resaltar la contextualidad local y epocal de una enfermedad.

También existe “otro TDA especificado”, en donde predominan pero no se cumplen todos los síntomas del TDA, y el clínico señala el motivo específico por el que la presentación no cumple con el TDA e hiperactividad. Asimismo existe el “TDA con hiperactividad no especificado”, donde predominan los síntomas de TDA con hiperactividad, pero no se cumplen todos los criterios del TDA, y el clínico opta por no especificar los motivos del incumplimiento del TDA. No existe suficiente información para hacer un diagnóstico más específico.

El Metilfenidato[5] es el medicamento indicado para este trastorno (Chambry, 2011). Es clasificado con las anfetaminas y la cocaína en el DSM-IV: “(…) siendo estructuralmente diferentes, poseen una acción similar a la de la anfetamina, como son el metilfenidato (…)” (APA, 1995: 216-217)[6]. A la hora de vincular al metilfenidato con la cocaína se dice “(…) en cada caso de trastorno psicótico inducido por sustancias se indica el nombre de la sustancia específica (p. ej., cocaína, metilfenidato, dexametasona) que presuntamente está provocando los síntomas psicóticos” (APA, 1995:318).

Ante la pregunta de si es el metilfenidato es confiable, dice la psicopedagoga que es más simple que cualquier otra medicación. Aclara qué significa “simple” cuando dice que la risperidona, para el Trastorno Generalizado del Desarrollo, es más compleja, no se la puede sacar los fines de semana, y hay que hacer dosificación en sangre. El metilfenidato no genera acostumbramiento. Aclara que antes de medicar con metilfenidato se debe tener en cuenta la edad, es decir, nunca se debe medicar a un niño menor de 6 o 7 años, por el desarrollo.

Un artículo da cuentas de la relación entre la psicosis y el metilfenidato[7]. Por ello,

(…) se recomienda hacer un examen exhaustivo previo al inicio del uso del metilfenidato para descartar presencia de síntomas prodrómicos de esquizofrenia o síntomas psicóticos por más mínimos que sean y, de haberlos, estar pendientes de los cambios conductuales que pueda presentar el paciente a lo largo de su tratamiento (Masías-Arias, Fiestas-Teque, 2014: 177).

Las anfetaminas estimulan el sistema nervioso simpático. Producen tensión mandibular, bruxismo, aumentan la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Generan sensación de alerta, estimulación, mejora del rendimiento intelectual, sensación de energía, disminución del cansancio, del sueño y del hambre (Papaseit et al, 2013)[8]. Tienen un gran potencial de abuso y pueden causar dependencia (Robledo, 2008:166). La administración repetida de anfetaminas puede producir perturbaciones persistentes en la esfera cognitiva y emocional y pueden aparecer cuadros psicóticos aun retirada la droga (Robledo, 2008). Para la APA (1989) estas tres sustancias -metilfenidato, anfetaminas y cocaína- son idénticas en cuanto a sus efectos clínicos (Doré y Cohen, 1996: 217). Cuando se contextualiza la medicalización de la infancia, se señala que “(…) la vida urbana va asumiendo un ritmo cocaínico (…)” (Vasen, 2005: 37)[9]. En cuanto a los efectos, en el espacio de una hora luego de la primera ingestión, casi todo niño será más dócil y obediente, y menos distraído (Doré y Cohen, 1996: 219).

En Francia, no hay un TDA, sino solo la clasificación de hiperkinesia, lo que es significativo a la hora de abordar algo decididamente polémico.

Dans la classification française des troubles mentaux de l’enfant et l’adolescent (CFTMEA [23]) encore utilisée, le concept de TDA/H est limité à l’hyperkinésie, les troubles attentionnels étant relégués au second plan. Les thérapies psychodynamiques correspondant à une tradition française, ne sont pas évaluées et sont utilisées chez les enfants agités ‘hyperkinétiques’ et non spécifiquement atteints de troubles attentionnels (Chambry, 2011: 182).

Lo cual da a entender que el tema puede abordarse de otra manera, a la vez que relativiza la clasificación del DSM.

La madre del niño con TDA relata en la visita al médico neurólogo, que él observa su hiperactividad, y le dice instantáneamente que le tienen que comprar esta pastilla porque si no, no va a “funcionar”. Ahí la madre emplea el vocabulario de las máquinas, interpretando la personalidad del niño como algo que ya se sabe cómo va a reaccionar, como cuando alguien lleva una licuadora a reparar porque no revuelve elementos, y no hace más que eso, que en el caso no lo hace. Y hay que destacar que fue la única opción que tuvo en cuenta el médico. Y la mamá dice que la sedación que tenía lugar en el niño era muy acentuada. En otro momento, la mamá expresa que hay que tener en cuenta que el cambio en el comportamiento es la “punta” de algo.

También puede percibirse del relato de la mamá que ella señala que la medicación es solo para concentrarse, y dice que no interfiere en el sueño, ni con otra cosa. Esto implica no tener en cuenta los efectos secundarios del medicamento, respecto de los cuales la comunidad sanitaria ha tomado nota en los reportes de fármaco-vigilancia, y en la disposición ANMAT 2123/2007[10]. La mamá, en un momento dice que “no hay contraindicaciones”. Y expresa que al niño le disminuye el apetito. Él toma la dosis a las 7 de la mañana, al mediodía no tiene apetito, pero a las 17 hs., cuando la pastilla deja de tener el efecto, le da hambre y “agarra lo que encuentra”. Y los fines de semana, cuando no toma la pastilla, ocurre lo mismo. La psicopedagoga dice que antes de medicar se hacen estudios, como la polisomnografía. Cabe destacar que la mamá del niño dijo que a él le hicieron este examen. Luego menciona el electrocardiograma, necesario ya que el metilfenidato es un derivado de la anfetamina, es un sobre-estimulante, y tiene efectos secundarios, como trastornos del sueño, tics, entre otros. A lo que hay que sumar lo dicho por el psiquiatra, ya que el medicamento aumenta la frecuencia cardíaca, y debe ser controlado el niño en ese sentido, antes de la administración también. Puede quitar el apetito, y disminuir el peso. La psiquiatra dice que uno de los efectos adversos es la disminución del apetito. Si el niño tiene arritmia y bajo peso, no es candidato para el fármaco. En el mismo marco, que trataríamos como efectos sociales, o daños colaterales de la medicación, los papás mencionan que casi no tiene amiguitos, no tiene relaciones. Del relato de la mamá surge que su hijo es apartado, porque no le gusta el futbol, en tanto los compañeros dicen que pierden por su culpa, porque a él no le gusta. Sin embargo, la mamá le indicó que, para evitar problemas, vaya a la biblioteca y elija un juego que le guste, y así se fue haciendo de compañeros para jugar al ajedrez. Menciona la mamá que estos chicos, y su hijo en particular, tienen la autoestima baja, porque no los integran los compañeros. La psiquiatra también señala que estos niños son dejados de lado. Un paciente no era invitado a los cumpleaños porque no controla sus impulsos, hace caer, tira el pelo, golpea. Esta característica es mencionada también por la directora de Psicopedagogía. Hay que pensar que una pastilla difícilmente trabaje la “estima” de una persona, que tiene que ver más con la percepción que el sujeto tiene de sí mismo, y de los demás en relación con él mismo. Hay que señalar que al final de la entrevista la mamá menciona que, respecto de la medicación, nos comuniquemos con la médica que lo trata a su hijo.

Los psicólogos de la institución pública señalan que en algunos casos la medicación es necesaria, analizando caso por caso. Así, una base farmacológica permite trabajar, entablar una transferencia, un tiempo de juego. La Psicopedagoga establece los criterios estrictos con los cuales se llega al diagnóstico: se observa al niño en la escuela, se hacen pruebas neuropsicológicas, pruebas atencionales computarizadas, puede haber falsos positivos o negativos, se atiende la descripción de los padres. Ante ello se promueven tratamientos psicopedagógicos, focalización de la atención, pautas conductuales de regulación, integración sensorial, pautas educativas en la familia. Y si todo eso no funciona, se consulta a un neuro-pediatra. Remarca la necesidad del control continuo, como para cualquier medicación, a fin de evitar que tenga efectos no deseados. Y como se trata de un niño, se necesita un adulto responsable para que no la suspenda, tome más o menos. El psiquiatra relata el caso de un niño medicado con metilfenidato a quien se le propuso suspender la medicación en las vacaciones de invierno y volver a la escuela con estrategias de organización de las actividades (agenda, escritorio despejado), para dedicarle un tiempo a las tareas “aburridas”. El fármaco acompañó hasta que él aprendió. En un caso no quería suspenderse por los padres el medicamento, y entonces había que profundizar el estudio en el apego muy fuerte a los progenitores que generaba ansiedad e inhabilitada la confianza en el niño. La psiquiatra señala que la medicación, en algunos casos, es necesaria. Cuando los padres vienen a su consultorio es porque están exhaustos, y el niño está a punto de ser echado del colegio. Relata el caso de un niño que era adoptado, y que una psicóloga se negaba a darle medicación, y ella dice que la medicación actúa mientras se trabajan los otros aspectos. Los padres de la mamá ayudaban económicamente a la familia, y ellos no querían que el niño supiera que era adoptado. Aquí cabe la derivación de la mamá a la terapia individual. En otro caso, una mamá decía que el niño le producía cefaleas, pero había algo más que ameritaba un tratamiento aparte.

Hay que considerar como efecto a largo plazo, el derivado de la medicalización, que es la incorporación de la pastilla como mecanismo de solución a un problema que puede requerir de otros abordajes, como en este caso, la verbalización del conflicto que tiene el niño y que se observa a través de los síntomas de inquietud, movimiento y desatención. Hay un uso pragmático de la medicación, es decir, utilizado para que el niño se quede quieto y atienda, es decir, haga tareas durante el período escolar. La psiquiatra señala que las consultas suelen venir en mayo, junio, agosto, cuando la maestra “aprieta los torniquetes a los padres” o “el niño tiene que reducir horarios”. No hay preocupación directa por el sufrimiento psíquico y sus causas, o por el deseo del niño. En un momento de la entrevista, la directora de Psicopedagogía contesta que la atención y quietud lograda, el control, la regulación con la medicación se notan por el resto: “la mirada social”, pero que el niño no la asume o elabora.

Es raro que no se sepa cuándo va a dejar de tomar las pastillas, abordándose el problema del niño -cuyos padres fueron entrevistados- por medicamentos, cuando en realidad, desde la Psicología no se sabe cuándo termina un tratamiento. Debería ser parte de la cultura médica que las pastillas sean técnicas transitorias, cuando del relato de los papás en ningún momento se habló de la interrupción de la medicación que el niño viene tomando desde los tres años. Al momento de la entrevista tenía 11 años. Incluso en un momento la mamá menciona que probablemente las deje de tomar a los 17, 18 años, como ocurrió, por otra parte, con el padre. En este sentido, los psicólogos de la institución pública recalcan la necesidad de la medicación en algunos casos, pero con la revisión constante de la misma. Incluso en los casos de los certificados de discapacidad. Ya que no son diagnósticos estancos, universales, ni eternos. Además, la infancia es un proceso en donde el niño se está constituyendo. El psiquiatra destaca que la medicación es necesaria en función de la intensidad de los síntomas y que suele haber co-morbilidad, es decir, presencia de otros síntomas como depresión, ansiedad, aspectos disociales, bipolaridad. Un tipo de fármaco puede disminuir la impulsividad. Y destaca que hay niños medicados con antipsicóticos pero tienen TDA. Sí es interesante cuando destaca que el fármaco puede actuar sobre ciertos mecanismos o síntomas, pero no puede ir a otros niveles más complejos, como el psicológico.

Desde el punto de vista económico, el medicamento es cubierto por la obra social en un 50% por reintegro. La mamá aclara que la medicación es muy cara ($2000 aprox. a 04-2018). Y por el descuento de la obra social, paga $500 aprox. Lo que lleva a $1000 por mes por todo; según precios del 2018.

Como nota de color, hay que decir que la psicopedagoga señala el nombre comercial de un medicamento para estos casos, que se llama “Atentto”, del laboratorio Roemmers, que es un “suplemento dietario para mejorar las funciones cognitivas[11]”. Expresa que “está de moda”, que “está circulando bastante”. El prospecto describe el TDA, en sintonía con el DSM-V. Se lo indica para niños con problemas de atención, como indispensable para el funcionamiento cerebral. Se dice que los nutrientes ayudan para el aprendizaje, el lenguaje, la lectura y la conducta. Siempre se ha pensado que el aprendizaje, la lectura, el lenguaje y la conducta formaban parte de la educación -familiar y escolar-, no de la Medicina. Se habla de la palabra clave afín al capitalismo educativo que es el “rendimiento intelectual”. La psiquiatra dice que al no poder focalizar, el rendimiento escolar es malo. La continua referencia al rendimiento, palabra extraída del vocabulario económico, asocia más al ser humano con una máquina con funciones, ya programada, y de la que se esperan resultados predeterminados.

La optimización es un concepto tecnológico surgido del artefacto y adaptado a la máquina artificial: permite determinar un programa racional en función de fines claros y precisos y de un ahorro-funcionalidad de los medios. Pero […] es imposible optimizar la complejidad y singularmente la complejidad viviente (…)” (Morin, 2006:475)[12].

No hay aquí libertad ni singularidad, palabras clave de la complejidad. Nótese que los reclamos de padres y maestros se depositan en la Neurología, rama de la Medicina que trata el sistema nervioso, y cuyo pariente cercano son las “neurociencias”.

2. Historia de los problemas de salud de los niños

La masturbación en la Edad Media configura uno de los antecedentes en la temática. De ella da cuentas Michel Foucault (2007) en “Los anormales”. A comienzos del siglo XIX se instaló en Francia un museo de cera al que se invitaba a los padres a concurrir con sus hijos en caso de que éstos hubieran evidenciado signos de inicio en la masturbación; mostrándose los accidentes de salud que se ocasionarían (Foucault, 2007: 220). Cabe mencionar la fisonomía cada vez más descompuesta, estragada, esquelética y diáfana del adolescente masturbador que se agota. En tanto la medicalización ve enfermedad donde no la hay, los médicos oficiales del momento atribuían a la masturbación ser causa de distintas enfermedades: meningitis, flegmasía, mielitis, afecciones de la médula espinal, enfermedades óseas, degeneración de los tejidos de los huesos, amaurosis, enfermedades del corazón, tisis, tuberculosis (Foucault, 2007). Es asombrosa la relación de coincidencia que hay con el trastorno disfórico premenstrual, ya que en este caso “(…) hay tantas definiciones diferentes que resulta casi imposible establecer un concepto general. (…) han llegado a contar hasta 150 síntomas supuestamente asociados con la enfermedad” (Moynihan y Cassels, 2006: 114). Como una forma de ver enfermedades donde no las hay, “(…) la masturbación es tal que no tiene sintomatología propia, pero cualquier enfermedad puede derivar de ella” (Foucault, 2007:226). Así, se cubre de lo patológico a la infancia (Foucault, 2007: 227). Incluso el término técnico para el producto de la eyaculación se llama, cuando es inconsciente, “polución nocturna”, como si el resultado del placer fuera algo que contamina. Así, la familia se une al médico como el eslabón que controla la sexualidad infantil, “convirtiéndose unos y otros en diagnosticadores y terapeutas” (Foucault, 2007: 236). Será la medicina la que pueda decir y hacer hablar a la sexualidad, en el momento mismo en que la familia la pone de manifiesto, puesto que es ella quien la vigila (Foucault, 2007). Nótese en relación con el TDA que hay una influyente asociación de pacientes en EE.UU, que

(…) abre ahora sus puertas con talleres de dos días de duración ofreciendo a los padres formación certificada por la CHADD [Organización no Gubernamental Caritativa de Niños y Adultos con Trastorno de Hiperactividad y Déficit de Atención] sobre cómo brindar apoyo y formación a otras familias, con la aprobación de la organización (Moynihan y Cassels, 2006: 77).

He aquí la imborrable huella del eterno sistema, que cobra distintas manifestaciones a lo largo de la historia. Y el poder hecho medicina se ve en las “camisas de noche”, los corsés de metal y aterciopelados, con tubos para eliminar el orín, que se abría una vez por semana para higienizar al niño, las vendas (Foucault, 2007), la varilla que se colocaba en el miembro, la inyección de una solución en la uretra del varón junto a la unión del miembro a la raíz, lo que provocaba lesiones que tardaban una semana en sanar, tiempo durante el cual el niño no se masturbaba (Foucault, 2007: 238-239). Ha sido una constante en la historia la solución rápida y cómoda, y hoy se entiende por qué no se invierte en terapia psicológica, ya que las empresas no la pueden empaquetar para venderla.

Es en 1899 que Kraepelin funda la clasificación de los trastornos mentales, agrupando pacientes con sintomatología homogénea (Del Barrio, 2009). “A la tendencia más hermenéutica (…) de Freud, Kraepelin le contrapone un saber psiquiátrico que es heredero del positivismo biomédico” (Caponi y Martínez-Hernáez, 2013: 468). El psiquiatra alemán también creía que la mayor parte de las afecciones psiquiátricas tenían una causa hereditaria. Luego cabe citar la Asociación Americana de Psicología Médica en 1917, la Asociación Médica Americana en 1928, la Asociación Americana de Medicina en 1934, hasta que la Segunda Guerra Mundial aporta la necesidad de agrupar a los perjudicados bajo un lenguaje común (Del Barrio, 2009). Era necesario contar con precisión las causas de morbilidad (APA, 1952). Según el DSM, no había clasificaciones para diagnosticar las reacciones psicológicas al estrés del combate (APA, 1952; Pestre, 2005)[13]. Nótese que Robert Spitzer encabeza la APA en 1974 con plena libertad para nombrar a los miembros del comité, siendo influenciado por los neokraepelianos de la Universidad de Washington (Lakoff, 2000).

En una de las entrevistas, el papá del niño con TDA introduce el aspecto biológico. Cuando relata su experiencia, en un momento la compara con la de su hijo, y dice que es probable que él haya hecho lo mismo, pero que era tratado de distinta manera, antes con el temor al padre, y hoy con la medicación. Y él mismo se pregunta si no será hereditario. A lo que la mamá responde que “hay herencias, genéticas, que son inevitables”, según la explicación de “la doctora”, lo que se da en el parecido físico, y también en la conducta. Ante la bibliografía crítica a la medicación, uno de los aspectos señalados era la falta de conocimiento científico sobre la etiología de la enfermedad, con lo cual, evidentemente, es algo cuya investigación debe ahondarse, a fin de incluir esa variable, o si la educación influyo en el comportamiento del niño, con lo cual se vira más hacia la Psicología, y entonces la medicación cobra menos protagonismo. En un momento de la charla, el papá menciona que su hijo tiene una “enfermedad incurable”. La psicopedagoga de la Universidad privada dice que el TDA es una patología, y que la aprendió con el DSM-IV, en su momento, en la Facultad. En otra parte de la charla dice la mamá que evitan los dispositivos electrónicos como celulares, en tanto eso implica “activar la hormona hiperactiva”, asociando la conflictiva con lo biológico. En el curso de la entrevista no pudimos ahondar en ese aspecto, de tremenda importancia, en tanto eso, sumado a la medicación, previa biologización, estigmatiza al niño, hace a su tratamiento sin plazo fijo, y lo encarrila en una sola dirección de tratamiento, el medicamento y el ámbito de la Medicina. Aunque en un momento hablan del fin en los 17 o 18 años. La psicopedagoga señala la necesidad de pensar mucho, no apresurar los diagnósticos, para comprender que, antes dificultades, un “sello” es un fantasma que acompaña a la familia toda la vida.

En un momento del relato la mamá explica la biología del comportamiento de su niño. Y dice que él tiene una “hormona que va para todos lados y por eso no logra la concentración”. Y la pastilla le da la orden de concentrarse, vital para el “acatamiento de las indicaciones”. Expresa que “la pone en su lugar”, expresión cargada de sentido psicológico, en tanto hay alguien fuera de lugar. Es el pensamiento parecido a la creencia según la cual la depresión se cura con mayor serotonina en el cerebro. Evidentemente, la felicidad no tiene que ver con un tratamiento químico. De la misma manera que se pensaba que el tratamiento de la menopausia tenía que ver con parches químicos.

George Still -médico en el King’s College Hospital- presenta en 1902 casos de niños con buen intelecto, pero con defectos en la voluntad inhibitoria, detectando que no podían quedarse quietos. Tampoco eran capaces de mantenerse enfocados por mucho tiempo en una sola cosa, se distraían. Todo lo cual creía que sucedía por un daño orgánico en el cerebro (Lakoff, 2000). En 1972, Leo Kanner sustituye daño por disfunción; en tanto se expresó en 1960 que no había conexión entre la hiperactividad y el daño cerebral. En los ’90, los tratamientos indicados eran el “readiestramiento conductual”, a través de temporizadores y listas, y la medicación estimulante. En 1958, el DSM-II lo esquiva hablando de la hipercinesia (“hyperkinetic reaction of childhood”), el predecesor del TDA, que se caracterizaba por hiperactividad, inquietud, distracción y poca atención. Y en 1980 ya es nombrado por el DSM-III (Lakoff, 2000).

3. Contexto histórico de la medicalización de la infancia

Dicho problema emergió en el contexto de la Postmodernidad, donde la aceleración de los tiempos influye en la práctica cotidiana, incluida la científica y particularmente la científico-médica-psiquiátrica. Así se entiende la influencia simultánea y coordinada de familia, escuela y psiquiatría (Doré y Cohen, 1996). Con la ayuda del pensamiento complejo, la sistémica permite entender a cada parte en función de las otras, y a su vez todas se entienden en relación con el todo que se genera: el emergente, que en el caso justifica y hace comprender al funcionamiento de cada una de las partes. Hay que tener en cuenta también el aumento del número de alumnos, y luego de la explosión demográfica posterior al “baby-boom”, la decisión de no expulsar a los niños perturbadores del seno de la escuela (Doré y Cohen, 1996). Todo lo cual recuerda los determinantes sociales de la salud, es decir, aquellos factores o circunstancias no médicas ni biológicas, pero que influyen en la salud de la población. Nótese que se “preparan” los síntomas del TDA para la futura performance del niño cuando adulto, en tanto influirá su comportamiento disruptor en la futura empresa, que necesita gente ordenada, concentrada, atenta, en suma, productiva. Al hablar de cómo se constituye una ciencia, Braunstein dice que se impone en los individuos una manera de pensar y de actuar congruente con lo que se espera de los individuos (Braunstein, 1982). Ahí está la clave, ya que el sistema capitalista, tengamos de él la valoración que tengamos, espera de los individuos disciplina en el mundo laboral, para lo cual hay que preparar a los futuros trabajadores desde la escuela, exigiendo que sean atentos, calmados, disciplinados. En última instancia, si los adultos son tratados como máquinas, algo similar se puede esperar de los niños, en tanto unos y otros tienen que “ponerse las pilas” y esperan que llegue el descanso para “desenchufarse” (Vasen, 2005). Y si fuera el caso, “cambiar el chip”, “resetearse”. Aquí se simbiotizan la medicalización y la informatización de la vida, tratando ambas de mecanizar la vida del sujeto.

La psicóloga señala, marcando la línea de la historia de estos tiempos, que “(…) el mercado ofrece terapias y tratamientos para no preguntarse nada” (Vasen, 2005: 158). Preguntas que serían posibles en un espacio propio de análisis de los padres, para tampoco limitar el eventual tratamiento psicológico al niño. Lo que se relaciona con una visión sistémica de la temática, en tanto no solo es el niño, sino que son también piezas clave los padres, la escuela, los maestros, el sistema en última instancia. Y una parte no puede entenderse sin su relación con las otras, y el todo, del cual bien tiene noción la psicóloga cuando con “el mercado” nombra al sistema capitalista. Los psicólogos de la institución pública también hacen hincapié en la época, lo neuronal gana terreno y va de la mano con la necesidad de que todo sea inmediato ante la consulta. Además, se espera que otro diga lo que hay que hacer. En tanto el malestar puede durar mucho tiempo, como la solución es de cada uno, no se soporta el tiempo. Y al Psicoanálisis le cuesta competir contra la eficiencia del fármaco. El auge de las redes sociales propone que nadie se puede permitir estar mal. Cabe entonces proponer otra lógica.

Hay que tener en cuenta, al momento de la constitución de la psiquiatría infantil, que en lugar de relacionase y articularse con la educación y el bienestar social, se inclina hacia los campos más prestigiosos, la neuropsicología, la biología y la epidemiología (Lakoff, 2000). Todo lo cual constituye una opción política, epistemológica. Nótese que la esquizofrenia y la depresión maníaca mostraban respuestas positivas al tratamiento farmacológico en los ’50 (Lakoff, 2000). Esto exhibe que relaciones entre las disciplinas siempre hubo, con lo cual cabe preguntarse, en definitiva, qué tipo de ciencia es la Psicología, si “natural” o exacta, o humana, social. Hasta que en 1980, el DSM-III abandona la psique para inclinarse hacia una descripción del problema basada en lo orgánico[14] (Lakoff, 2000). Nótese que Morin no se inclina por las ciencias ni por las humanidades, sino que habla de una integración entre ellas (Morin, 2006). En efecto, “(…) los diversos aspectos de la vida no sólo existen en sí mismos, sino también entremezclados con otros contextos holográficos” (Dychtwald, 1992: 146).

Yendo a la historia del TDA, la directora de Psicopedagogía señala que estos problemas eran antes tratados como una “disfunción cerebral mínima”. Lo que es reforzado por el psiquiatra, señalando que la psiquiatría infantil se inició por estas características de falta de atención, inquietud e impulsividad. Agrega que los franceses lo llamaban “inquietud psicomotriz”; lo que guarda la ventaja de la relación entre lo psíquico y la motricidad. De lo que damos cuenta cuando en la parte de la historia del TDA hacemos alusión a George Still, que creía que había un daño orgánico en el cerebro, y luego a Leo Kanner, que sustituye daño por disfunción (Lakoff, 2000).

4. La medicalización de la vida

Uno de los pioneros de la medicalización de la vida, Iván Illich, la define como “(…) la intrusión de la asistencia a la salud en el presupuesto, la dependencia respecto de la atención profesional y (…) el hábito de consumir medicamentos (…) (Illich: 1975: 53). Ya había dicho que “(…) es la intervención de la medicina en temas que deberían dejarse al amparo de otras ramas de la ciencia o a lo que en gnoseología se conoce como el conocimiento popular (…)” (Galati, 2018: 70).

La historia de la humanidad es la historia de la diferencia, y ésta es clave a la hora de diagnosticar a un niño como portador de un trastorno de conducta. Nótese que, si de agrupar se trata, podemos dejar atrás pseudo-criterios biológicos y plantear, sobre la base de criterios políticos y económicos, una clasificación según se trate de enfermedades creadas o reales. Siendo creadas todas aquellas que surgen de la medicalización de la vida, como las vinculadas al día femenino, el “trastorno disfórico premenstrual”, “la disforia de género”, la osteoporosis enfocada a mujeres no ancianas, el colesterol, que es solo un indicador junto con la presión arterial alta, el “trastorno de ansiedad social (fobia social)”, etc.

La medicalización consiste en “(…) el proceso de convertir situaciones que han sido siempre normales en cuadros patológicos y pretender resolver, mediante la medicina, situaciones que no son médicas, sino sociales, profesionales o de las relaciones interpersonales” (Orueta Sánchez, 2011: 211). En efecto, “(…) no toda entidad que es tratada como una enfermedad es un problema médico” (Epele, 2008: 158). Literalmente significa transformar en médico un problema que no lo es (Natella, 2008). El origen de este término puede encontrarse en Iván Illich, quien escribió un libro que se llama “Némesis médica. La expropiación de la salud” (Barral, 1975), justamente porque la medicalización apunta a “(…) expropiar el poder del individuo para curarse a sí mismo y para modelar su ambiente” (Natella, 2008: 9). Otra manera de expresar la medicalización se da cuando no se reconocen “(…) los límites del poder médico sobre la naturaleza humana” (Morin, 2011:164). Una analogía con hechos pasados podemos encontrar cuando Foucault señala que las brujas condenadas no tenían poder para realizar los hechos desgraciados, pero que merecían el castigo por su apostasía y desobediencia a Dios (Foucault, 1996). Lo patológico estaba camuflado y el castigo/sanación era religioso, no médico. Se trataba de la “mistificación de la vida” cuando se creía que habían sucedido cosas que en realidad no ocurrían (Foucault, 1996). La religión se ocupaba de algo que no era de su incumbencia y podría hablarse en este sentido de la clericalización de la vida. Y así comparte fundamentos y críticas con la medicalización. No por casualidad Foucault ha dicho que los médicos son instrumentos de control, heredando la misión de los religiosos. Yo agregaría “compartiendo” dicha misión. Foucault decía, a propósito de su tratamiento de las relaciones entre la verdad y el poder, que la sociedad “(…) tiene su régimen de verdad, su ‘política general’ de la verdad: es decir, los tipos de discurso que acoge y hace funcionar como verdaderos o falsos (…)”. Y, fundamentalmente, “(…) la ‘verdad’ está centrada sobre la forma del discurso científico (…)” (Foucault, 1994: 143). Algo similar ocurre con el fútbol, en donde la vida cotidiana es absorbida por su vocabulario y su ideología: tal o cual cosa “es un golazo”, hay que “ponerse la camiseta”, “no embarrar la cancha”, “parar la pelota”, “transpirar la camiseta”, “pegó en el palo”, “paso a paso”, “hay equipo”, etc. La cultura de la medicalización también lleva a que no sean solo los médicos quienes medicalicen, en tanto un estudio canadiense revela que los maestros piden la atención médica para niños hiperactivos[15], factor al que se suman los padres. El futbol se toma como ideal de progreso, y la medicina se toma como ideal de curación. Cuando en verdad, los médicos conocen de una parte del ser humano, su funcionamiento biológico, y aun así éste es incierto en gran parte. Por el lado del fútbol, es solo un entretenimiento, pero poco aporta al crecimiento económico de un país. A tal punto, que el Producto Bruto Interno (PBI) no crece al fabricar o exportar futbolistas.

Lo que la medicalización plantea no es el desconocimiento, sino las consecuencias del conocimiento.

El no saber ya ha dejado de ser peligroso y el peligro radica en el propio saber. El saber es peligroso, no sólo por sus consecuencias inmediatas para el individuo o para un grupo de individuos, sino para la propia historia (Untoiglich, 2014: 75).

Lo anterior guarda coherencia con la concepción del pensamiento complejo acerca del carácter ambivalente del conocimiento científico[16]. En efecto, “(…) toda la metodología científica, enteramente abocada a la expulsión del sujeto y de la reflexividad, mantiene esta ocultación en sí misma: ‘La ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma’, decía Rabelais” (Morin, 1993: 27). En efecto, por ejemplo, el psicoanálisis se interesa en la historia del sujeto (Caponi y Martínez-Hernáez, 2013: 468). De ahí la importancia de la transferencia o la empatía, para llevar adelante una relación de tratamiento psicoanalítico, terapéutico[17]. A todo esto, hay que sumar la insistencia de la ciencia clásica en la pretendida objetividad de los resultados, a los que se llega por la falta de involucramiento del investigador en “los hechos”. Y el precio de este objetivo es el abandono de la narrativa del paciente, en este caso, del niño (Caponi y Martínez-Hernáez, 2013).

También se medicaliza cuando la investigación en salud se reduce a la investigación farmacológica (López Carrillo, 2012). Lo que guarda estrecha relación con la intención más fuerte de vender que de curar. De ahí la importancia de la presencia del Estado y la Academia, a través de los controles de los medicamentos y de los protocolos de investigación, porque precisamente muchos laboratorios suelen financiar los “emprendimientos” de salud[18].

Medicalizar significa asimismo dar medicamentos para prevenir enfermedades. Cuando la mejor forma de prevenir en salud es educando, llevando una vida saludable en todo sentido, no artificial ni superficial. Nótese la relación que haremos con la característica de la ciencia que hace necesario el conocimiento para la previsión: “(…) el verdadero espíritu positivo consiste, ante todo, en ver para prever, en estudiar lo que es, a fin de concluir de ello lo que será, según el dogma general de la invariabilidad de las leyes naturales” (Comte, 1995:32).

Transformar los factores de riesgo en enfermedades es un aspecto de la medicalización. Es decir, “(…) la realización indiscriminada de actividades de cribado, las revisiones repetidas por factores de riesgo, etc. acaban convirtiendo a personas sanas en enfermos dependientes del sistema” (Orueta Sánchez, 2001: 213). La medicalización guarda afinidades con la simplificación en tanto la salud es abarcada desde un único punto de vista, el biológico, y se apunta a convertir dolencias leves en verdaderas enfermedades. Foucault menciona como casos de medicalización a la alimentación, el ritmo de vida, las condiciones de trabajo (Foucault, 1996: 78). Y cabe citar el caso de los suplementos dietarios, lo que se dedica a una mejor calidad de vida para combatir a los radicales libres en pos de una juventud eterna.

El medicamento y la aparatología obstaculizan el ejercicio del llamado arte de curar, que no se resume en la operación intelectual tendiente a encasillar a una persona en un medicamento o en una enfermedad, sino que involucra actos diversos. El arte de curar incluye:

(…) la exploración con los sentidos (…) la indagación psicológica y social y la exploración instrumental y de laboratorio. El arte de la medicina consiste (…) en el conjunto de actos que (…) realiza el médico: entrevistar, examinar, diagnosticar, tratar, pronosticar y educar a los pacientes. El desarrollo experto de estas acciones médicas requiere relativamente más de habilidades intelectuales y sensoriales que de ciencia en sentido estricto (Goic G., 2008: 518).

Para todo lo cual es indispensable, como decía, la comunicación y la empatía, si es que la salud involucra la relación entre personas.

5. La medicalización de la infancia

La presión del sistema se ve en tanto todas las tareas que requieren atención, concentración o esfuerzo son propias de la vida sistematizada, esquematizada, que apunta a producir a escala en algún sentido. Si se toma el formulario, se pide para completar algún requerimiento del sistema de vida generalizado que llevamos, típico del capitalismo. El niño no se mantiene en su lugar, cumpliendo con la división de las tareas. Está inquieto (corretea o trepa). No juega ni se ocupa en actividades recreativas. Es incapaz de estar quieto por un tiempo prolongado. Habla excesivamente. Habla inesperadamente o antes de que se haya concluido una pregunta, no respeta el turno de la conversación. No puede esperar su turno en una fila. Interrumpe o se inmiscuye con otros. Y para mayores de 17 años se requiere un mínimo de 5 síntomas.

Muchos son los autores que señalan que la causa del TDA permanece desconocida, y es frecuentemente criticado. Tampoco se sabe de los efectos a largo plazo sobre la conducta, el desarrollo escolar o las aptitudes sociales. Para otro estudio, entre un 20 y un 30% de niños no responden favorablemente a la medicación (Doré y Cohen, 1996). Y hay efectos negativos como el insomnio, la disminución del apetito, dolores abdominales y de cabeza, depresión, nerviosismo e irritabilidad, interrupción temporaria del crecimiento (Doré y Cohen, 1996). Luego se mencionan los efectos que son coincidentes con el uso frecuente de anfetaminas: agitación, episodios psicóticos, comportamiento violento y dependencia psicológica (Doré y Cohen, 1996). Asimismo, se cita aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial (Epele, 2008).

Cabe preguntarse, en línea con los efectos de la medicalización, si el consumo de medicamentos en la infancia no es un preludio de la consumición futura de otras sustancias en la adultez (Doré y Cohen, 1996). Así se ve entonces cómo la medicalización encarna la simplificación química[19], es decir, la reducción de un problema que tiene múltiples dimensiones al puro tratamiento de su fase orgánica.

Una manera de complejizar el abordaje de niños con problemas de atención es dar cuentas de los marcadores del DSM, pero estar alertas si, además, se suman otros factores como ideas suicidas, tristeza, otras enfermedades o probabilidad de desarrollarlas (Aguilar Cárceles, 2014). La propia APA señala que hay que englobar a los síntomas en otros factores como los antecedentes: genética, rasgos familiares, temperamento, entorno (APA, 2014). En tanto una manera de simplificar es encasillar al niño en el diagnóstico: soy esto, es lo otro[20]. En efecto, “(…) tiende a convertir lo histórico y situacional en algo que simplemente es. (…) el sentido que demos a un hecho pasa a formar parte del mismo” (Vasen, 2005: 36).

El fenómeno de la medicalización comprende la creación de un mercado (Cannellotto y Luchtenberg, 2008), que en el caso concreto comienza por el medicamento, sigue por la enumeración sistemática de los síntomas, y va a la caza de los pacientes a los cuales tratar. Tampoco se busca la salud de manera explícita y directa, sino que se prioriza la búsqueda de objetivos que hacen al mantenimiento de un sistema funcionando, sea el familiar, el educativo y, a gran escala, el económico.

Incluso si se repasa la ética del capitalismo, es funcional a él el esfuerzo, el aprovechamiento del tiempo, la concentración en la tarea requerida, que fue dividida por el sistema en razón de la especialización que se requiere. No por casualidad el pensamiento complejo criticará la hiperespecialización. Todos los síntomas apuntan a una mala realización de las tareas encomendadas por el sistema, directamente o en relación a la preparación o aprendizaje para la vida en dicho sistema, en tanto la escuela es una preparación para el trabajo, central al sistema capitalista. No es casual entonces que dicha Asociación Psiquiátrica tenga su sede en el país emblema del capitalismo, EE.UU. Nótese que el Manual se refiere a los síntomas de un niño en tanto miembro, que forma parte del funcionamiento de un sistema. Magistralmente se señala la relación de la filosofía económica con la impronta del TDA/metilfenidato:

Además, toda sociedad sostiene ideales en relación a cómo debe ser un niño y esto es transmitido tempranamente. Se podría decir que todo sujeto firma cuando nace, mucho antes de tener conciencia de ello, un contrato con el grupo social al que pertenece. Contrato en el que se compromete a cumplir con determinadas pautas para ser considerado parte del grupo y obtener el reconocimiento del mismo (Epele, 2008: 158).

Francia ha estado a la punta de este tema, en tanto desde la escuela ha abordado médicamente a los niños inquietos, previendo que una permisión en este sentido de conductas disruptoras, conllevaría a mayores problemas en la edad adulta, con el delito[21]. Cabe preguntarse si la idea de hiperactividad no se confunde con la infancia de hoy (Epele, 2008).

La medicalización de la infancia apunta al control, para que los niños se queden quietos, atiendan al docente y hagan tareas que no les gustan (Cannellotto y Luchtenberg, 2008). Para ello se utiliza el TDAH. Lo que lleva a preguntarse por qué ocurre eso. Así,

(…) en lugar de decir que un niño tiene tics, se suele hablar del Trastorno de Gilles de La Tourette; en lugar de un niño que está triste, se menciona el Trastorno Bipolar (y ya se está discutiendo si darles o no a los niños antidepresivos) y un niño que no habla es rápidamente catalogado dentro del Trastorno Generalizado del Desarrollo. [A lo que hay que agregar el Trastorno Oposicionista Desafiante, si desafía]. Es decir, todas las conductas que podrían generar preguntas llevan a nominar como respuesta (Janin, 1988: 85).

Cuando Morin se refiere a las relaciones entre el espíritu y el cerebro, menciona

(…) las manipulaciones del cerebro, que ya son efectuadas por un Estado totalitario en asilos psiquiátricos, con el fin de someter a los espíritus. (…) la instancia suprema de la sociedad puede retroactuar sobre la bioquímica del cerebro (…) (Morin, 2006: 85).

Nótese la relación con los medicamentos utilizados para controlar a los niños, que también son los futuros adultos. Hoy en día, con un laboratorio, dinero, lobby, la ayuda de asociaciones de padres, y publicidad, puede crearse una enfermedad (Moynihan, y Cassels, 2006). De hecho, en referencia a la medicalización de la infancia por el TDA, el DSM-III expresa “(…) the signs must be reported by adults in the child’s environment, such as parents and teachers” (APA, 1980: 43). Categorizar como discapacitados a quienes sufren el trastorno implica recibir subvenciones para tratamientos y compras de medicamentos. Así, “(…) los laboratorios productores de la Metilfenidato, (…) Ritalina, donaron casi U$S900.000 a la asociación (…) [Children and Adults with Attention-Defficit/Hiperactivity Dissorder Association]” (Vasen, 2005: 34).

La medicalización de la infancia sigue por otra parte, el compás de nuestros tiempos. Esta misma Postmodernidad que nos apura y simplifica, también adecua y complejiza y nos da herramientas para pensar en las causas y contextos de la medicalización. Así,

(…) es diferente pensar que alguien tiene una patología desencadenada por factores ambientales, a sostener que la patología misma tiene que ver con elementos epocales, en conjunción con la historia individual y familiar de ese niño, con las conflictivas psíquicas de sus padres y con las exigencias escolares (Janin, 1988: 85).

Hoy en día, el exceso de estímulos genera una excitación permanente que hay que descargar en motricidad; todo lo cual debe metabolizarse adecuadamente, sumado a que la escuela y la voz del docente, sin luces ni colores (Janin, 1988), no son un ambiente propicio para ello. La escuela tiene que “competir” con la computadora y el mundo virtual al que se accede con internet. Sobre el tema del “trastorno de ansiedad social” se ha dicho que “(…) podría resultar fructífero si empezase ‘no con las razones por las que un individuo en particular siente timidez o ansiedad, sino con estudios sobre las influencias culturales en los patrones de interacción social” (Moynihan, y Cassels, 2006: 140).

Cuando se pregunta a los padres cómo comenzó todo, la mamá dice: “por la inquietud”. Nótese que inquietud es una palabra multívoca que significa que alguien no está quieto, pero también significa que alguien tiene algo que lo moviliza, como cuando cotidianamente se dice que se pueden responder preguntas o inquietudes… Es evidente que en este caso hay algo en el niño que lo moviliza, no solo en el sentido que no lo deja quieto, de hacer movimientos, sino en el sentido de algo que lo cuestiona interiormente. En la entrevista con los psicólogos de la institución pública, dicen que el diagnóstico obtura alguna otra cuestión, e impide preguntarse por qué el niño actúa de ese modo, qué le pasa. Y de esa forma se tapa medicando, perdiéndose la singularidad. Si se pone el foco en un individuo enfermo, se pierde la dinámica de la enfermedad. Se calla entonces todo lo relacionado con lo vincular, familiar. Aquí los psicólogos dan cuenta de la complejidad del problema de la medicalización de la infancia, en tanto el sujeto es tal en su entorno familiar, escolar y urbano/societal/humanístico/cósmico. Los psicólogos dicen que no se toma en cuenta la ubicación del síntoma, si obedece a algún cambio en su vida, si pasó algo allí. Morin diría que se pierde la contextualización del tema, el contexto en el que surge (Morin, 2002). Y cuando se les pregunta por la asociación de la temática con las neurociencias y la causa biológica o genética, se menciona que se reduce el problema al cerebro del niño, y más aún a las neuronas o los neurotransmisores, unidad más elemental aún, olvidando al niño en su complejidad. En un momento dicen que ya no se llama “Juan Pérez” sino el desatento, el hiperactivo. Nótese la relación con el nuevo suplemento dietario del laboratorio Roemmers. Expresan que todo lo que tiene que ver con el malestar, desde el Psicoanálisis, no debe ser callado, ni a quién afecta en realidad. Señalan que a veces no es tanto un problema del niño sino de los padres en relación a la demanda de los niños, por ejemplo, de atención. Habría que poner un signo de pregunta a los actores para saber qué pasa en un sistema, las demandas que recaen sobre él, por qué hace lo que hace.

El psicólogo resalta que si se pone el acento en lo biológico o neuronal pierde implicancia el sujeto, o los agentes vinculados a él. Ya hemos dicho que la medicación y el diagnóstico sacan y hacen perder identidad al niño. No por casualidad Morin señala que “(…) en el marco de una psicología conductista es imposible concebir un sujeto” (Morin, 2002: 140)[22]. El medicamento solo atiende a la variable biológica de la salud, reduciendo la complejidad. Los psicólogos insisten en la complejidad mostrando las aristas del problema. Depende de la escuela, la cantidad de alumnos que tiene, si es de barrio o del centro, qué recursos tiene, porque los docentes y niños no son iguales. La familia puede acompañar. El Psicoanálisis propone algo más colectivo, las redes, no la neurona, el cerebro, uno, el individuo, la genética. Es un niño con una historia, un lenguaje que lo precede, que lo atraviesa, un barrio, sus compañeros, sus padres. Todo lo cual marca la subjetividad. Otro rasgo que destaca la complejidad del problema es la apreciación que hace el psiquiatra entrevistado, en tanto puede tener tanta o más importancia por la gravedad una psicosis, en donde el niño permanece quieto, inmóvil, que el padecimiento del TDA. Ocurre que este último llama la atención porque es exteriorizado, es disruptivo, y el otro interiorizado. Como no se manifiesta, no altera la “paz escolar”. Suma complejidad al decir que a la hora del diagnóstico hay que prestar atención si se da solo en la escuela, y se trataría de un problema de aprendizaje, o si ocurre en la casa, el club, etc. Hay que sumar la intensidad, y cuán disruptivo es en la vida cotidiana, ver si tiene antecedentes familiares. Agrega que esos síntomas podrían encuadrarse como un estilo de personalidad, que pueden no ser armónicos, y así se ensaya la tolerancia. De otra manera, puede ser obsesivo, puede ser aislado, y sin ser autista puede simplemente no tener ganas de juntarse con otros niños. Aquí se percibe el rasgo medicalizador en tanto se trata de ver enfermedades por todos lados.

Los psicólogos dan cuenta de un caso en donde un niño es llevado a un centro de salud y la madre pide medicación porque es muy inquieto y dice que no lo aguantaba más. La médica hace otra escucha de eso y pide consulta con psicología, y todo lo que para esa madre era insoportable de ese niño tenía que ver con que el nene no quería que su madre se vaya. Y lo que en realidad había que preguntar era qué le pasa a esa mamá con relación a su hijo.

En un momento del relato, la mamá entrevistada dice que cuando su hijo estaba en el jardín maternal, “estaban siempre pendiente de él”. Lo que da a entender la sobreprotección, que tal vez pueda tener que ver con algunas de las causas de esta condición, en tanto el exceso de atención que dan los padres, pueda dar lugar a una posterior excesiva demanda del niño. Lo cual tiene relación con una parte de la entrevista, en donde le preguntamos si el niño a los cuatro años no sentía algo, porque la mamá mencionó en un momento qué era lo que él podía decir, apuntando que poco o nada. Luego expresa que ellos eran los que consultaban al médico, no el niño. En un momento dice que del médico esperaban “qué diagnostico nos daba”, es decir, a ellos. Esto tiene vínculo con la escucha, en este caso, del niño, para saber qué es lo que quiere, lo que en última instancia apuntaría a transformar sus movimientos en palabras. En el relato la mamá cuenta que a los tres años no le podía preguntar si era hiperactivo. Por supuesto que a esa edad nunca lo podría decir, pero sí podría haber dicho otras cosas, ya que al año ya empiezan a hablar los niños. En un momento dice la mamá que iba a cumplir cuatro años, y “a esa edad qué va a hablar”. “Él estaba en su mundo de niño”. En el mismo sentido, en un momento de la entrevista el padre dice que el profesional, para el hijo -aclaramos nosotros-, se elige en función de “cuál te da la respuesta a lo que vos esperás”. En ningún momento en función de lo que quiere o espera el niño. También cuando la mamá relata la situación de llevar a su niño al consultorio de un médico, dice que la espera de dos horas le generaba asperezas a la pareja, “de algo tan pequeño”. Cuando si se trata del problema de su hijo, lo único pequeño es la edad del niño. En otra parte del relato, cuando recordaban lo que un médico decía y los pediatras que están en contra de la medicación o que consideraban que era inquieto, el padre expresa “ah, vení tenelo una semanita vos”. Oportunidad en donde se vuelve a expresar que todo lo que hacen lo hacen por el niño. Al menos es lo que expresa su parte “consciente”. En relación con la ausencia de la singularidad, que en este caso viene a ser el niño y sus deseos, la psicóloga relata en una parte de la entrevista que los informes de los médicos neurólogos suelen venir con nombres de otros pacientes, refieren a “él” cuando en realidad es “ella”, o que una nena es zurda cuando es diestra. Lo que da a entender que se generaliza el abordaje, y se pierden los detalles en los que puede encontrarse la clave del abordaje. Esto es manifestado por la psicóloga en el caso que lleva adelante con el alumno universitario adolescente que tiene Asperger, que estudia historia, y que relata pequeñas mejorías que hacen su vida más llevadera. Todo lo cual guarda relación con la normalidad a la que apunta la medicalización que, borrando diferencias y particularidades, borra la riqueza y a los sujetos, en tanto las diferencias nos permiten ser y existir con otros, señala Valeria Hernández.

La mamá, a la hora de describir la situación de salud de su hijo, expresa muy precisamente y desde el inicio de la entrevista, que tiene un trastorno de hiperactividad con atención dispersional, que técnicamente es un TDA. Cuando se le pregunta por cómo llega a ese diagnóstico, señala que la maestra del jardín maternal, a donde fue llevado con 18 meses, le sugiere que vea a un psicólogo o “algún médico en lo cognitivo”. Lo que da a entender que es la escuela la que reclama el amoldamiento. Y la mamá se da cuenta también ya que cuando era niño le compraba rompecabezas, que nunca podía concluir, porque iba a la hamaca, en donde estaba otro poco de tiempo, y luego se disponía a hacer otra cosa. “No terminaba un juego”. Por otra parte, analizando la entrevista en su aspecto global, como un todo, la mamá siempre pone la atención, el eje, en la escuela, en la necesidad de que el niño cumpla con el deber que le da la escuela. En cuanto al alumno universitario que atiende la psicóloga, ella relata que su paciente toma la medicación antes de ir a la Universidad. Aunque expresa que como el alumno jugaba rugby, a veces lo tomaba para concentrarse en el partido. La mamá dice que ya a los tres años no podía cumplir con la consigna de tener un papel y dibujar con un lápiz quietito y sentado. En un momento la mamá asiente y valida a la escuela como “primera diagnosticadora”, al decir “ellos saben…”. Es particular que la mamá diga en un momento que es algo que no generan ellos, no es por voluntad propia. Lo que es cierto, en tanto reciben influencias, en la temprana edad, de los padres, la escuela, sus compañeritos, que lo hacen ver diferente. De hecho el papá, en otro momento de la entrevista señala, ante la pregunta de la comparación entre el estado del niño antes y después de la medicación, que antes era “nota y nota y nota de la maestra”. La psicóloga menciona que ha escuchado los comentarios de maestras que dicen: “ay está con la pastillita, está re tranquilo con la pastillita”. Aunque se cuida de no generalizar. En un momento menciona que crecen los casos, y que ella trata de calmar a las maestras y antes de hacer una entrevista con los padres porque “tiene algo”, plantea cambiarles el foco y proponerles que se pregunten qué nos quiere decir, si algo le está pasando. Incluso aclara la mamá que el diálogo era fluido con la escuela, y que nunca ello implica que “si no lo enderezan te lo vamos a echar”. El papá señala en un momento que la cantidad de alumnos es de 28, y que una de las maestras era incluso más baja que los alumnos, lo que implicaba poner en peligro el “respeto a la maestra”, y puesto como una variable en juego.

En el mismo sentido, expresan los padres que no le dan las pastillas en las vacaciones. En el relato también se percibe una característica de la medicalización que es su culturización, en términos morinianos se alude al imprinting cultural, que es aquel que, aplicado en este caso, indica que el medicamento se ha hecho parte de la vida cotidiana de las personas, que ellas tienden a querer solucionar los problemas a través de una pastilla, que entonces se incorpora al vocabulario cotidiano y a la caja de herramientas con las cuales una persona tiende a solucionar sus problemas. Se trataría del imprinting medicalizador. En un momento, el papá relata que se da un episodio de incomodidad -“está medio denso”- durante las vacaciones, entre los padres y el niño, y papá mismo dice que ello se debe a que no le dieron la pastilla.

Curiosamente, los padres relatan que en un momento de la historia clínica de su hijo, lo llevaron a un especialista en niños que le dijo “apenas lo vio”, que era un chico “hinchapelotas”. Lo que descomprime la injerencia de la Medicina en el tratamiento de estas condiciones. Palabra esta última que también fue usada por la mamá, y que también desbiologiza a niños con estos problemas. Hay que tener en cuenta que el peso de la edad y el sistema “tranquiliza” a las personas, pero una característica inherente a la niñez es la curiosidad y la inquietud. Inquietud, no solo en el sentido de movimiento, sino en el sentido de deseo más cuestionamiento, en tanto es un despertar a lo que la misma mamá dijo: lo nuevo.

La directora de Psicopedagogía relata en un momento que hubo abusos con el diagnóstico de TDA y diagnósticos tempranos. E incluso señala que “muchas de estas conductas son normales en estos chiquitos”. Destaca que si un niño es hiperactivo a los 5 años es esperable y hasta “saludable”. Siguiendo en el ámbito del abuso menciona casos de papás que han ido al neurólogo “por otra cosa” y terminaban llevándose el protocolo de TDA para la escuela. Cabe mencionar que la directora de la escuela señala que se deriva al niño con problemas al pediatra y luego éste decide si va al neurólogo. “La verdad es que el diagnóstico precoz transforma a personas que se sienten sanas en pacientes ansiosos” (Illich, 1975: 59). Este protocolo es una guía de observación de conductas, el “cuestionario sobre déficit de atención”[23]. Ante la pregunta del porqué de esta situación hace alusión a conductas que “socialmente son reforzadas”. Más la “necesidad de ponerle nombre a todas las cosas”. Encuadramiento que impide pensar en cada paciente, en cada circunstancia, su entorno. Es raro escuchar que si bien la directora de Psicopedagogía da cuentas de abusos de la medicación por los profesionales, cuando se le pide un juicio sobre la medicación dice que no tiene posición tomada y que como carece de conocimientos farmacológicos, deja esa evaluación a los médicos: “para eso está el médico”. Cabe reflexionar aquí sobre el papel sobrevaluado de los expertos en el conocimiento, y su relación con la vida cotidiana, entrando en la relación entre expertos y legos, que Morin (1984) apunta a complementar[24].

6. El TDA en las teorías y paradigmas

Si partimos de la base del concierto de las teorías psicológicas, que incluyen al conductismo, el psicoanálisis, la Gestalt, la sistémica, el transpersonalismo, etc., sin dudas el abordaje que hace el DSM a través del TDA guarda estrechas afinidades con el conductismo. Desde el punto de vista paradigmático, el conductismo se inscribe en el materialismo que aprecia la existencia del ser en la materia, los hechos. Es así como determinadas técnicas -TDA- se inscriben en determinadas teorías -conductismo- y éstas en determinados paradigmas o filosofías -materialismo-. Siguiendo el marco teórico señalado al comienzo, el TDA, más el conductismo y el materialismo se inscriben en el paradigma de simplificación (Galati, 2018: 270, 285). La simplicidad alude a la consideración de un fenómeno en su generalidad, abstracción, mecanicismo, y objetividad, en términos cuantitativos, causales, lineales y explicativos. Se entiende de manera clara y distinta, y generalmente de manera unidimensional, es decir, según lo capte una única disciplina, abordado especializadamente. El único aspecto involucrado se absolutiza, haciendo el abordaje homogéneo. Entiende a través del orden, la ley, y separa lo que está ligado (Galati, 2012). Esta manera de entender los fenómenos considera suficiente el estudio a través de dichas características.

El conductismo implica un instrumental teórico para producir cambios deseables en los comportamientos y ejercer así un control sobre los mismos (Saal, 1982). Con lo cual se percibe la relación del DSM con el conductismo, sobre todo asociando los medicamentos. Habiéndose transformado el alma en conciencia, se necesitaban respuestas eficaces para las necesidades de una sociedad industrial en desarrollo (Saal, 1982). Nótese aquí la relación con el surgimiento del DSM en el marco de los problemas derivados de la Segunda Guerra Mundial, ante la necesidad de agrupar a los perjudicados bajo un lenguaje común (Del Barrio, 2009). Había que contar con precisión las causas de morbilidad (APA, 1952). No había clasificaciones para diagnosticar las reacciones psicológicas al estrés del combate (APA, 1952). Se ven aquí, una vez más, al capital y la guerra como motores de la ciencia. El énfasis en los síntomas, lo exterior, es compatible con la reducción biologista[25] (Saal, 1982), y con el dogma positivista de rendirse a los hechos, lo observable. Cuando más que una solución excluyente la medicación es un recurso válido (Vasen, 2005). En cuanto al objeto de la Psicología, se pasa entonces de la conciencia a la conducta, lo que obliga a un cambio de método, es decir, de la introspección a la observación (Saal, 1982). No se consulta y dialoga con el niño y los padres acerca del porqué de la ansiedad, la falta de atención y la hiperactividad, y se queda el profesional en las características externas. Es muy afín a este marco teórico en Psicología el de la evolución de las especies en Biología, en tanto el individuo, para poder sortear los obstáculos que el ambiente y otros individuos le imponen ha de adaptarse para poder sobrevivir, lo que también ha de hacer en el ámbito de la economía, habiéndose ya mostrado las relaciones que tienen evolucionismo y capitalismo. En la Epistemología, Karl Popper ve a la ciencia como una evolución a través de competiciones, por medio de conjeturas y corroboraciones (Castrodeza, 1992). Einstein superó a Newton, que a su vez superó a Copérnico/Galileo, que a su vez superó a Ptolomeo (Castrodeza, 1992).

Es entendible que no se ponga el hincapié en las causas de las conductas, como lo señalaba el DSM-III, en tanto solo se cuenta con lo observable referido a las conductas en sí. En efecto, “(…) se restringe la tarea del científico a la actitud expectante de observar y predecir un campo de fenómenos previamente delimitados: el de los estímulos (E) y las respuestas (R)” (Saal, 1982: 265). Cuando se repasan las definiciones de la Psicología, la de Smith y Smith dice que es la ciencia de la conducta, y ésta es la respuesta de un organismo a los cambios del medio (Braunstein, en Pasternac, Benedito, y Saal, 1982: 26). Es decir, encaja bien con el medicamento que se prescribe para ese organismo infantil que no se adapta al medio que le exige: padres angustiados, docentes desbordados y futuro laboral incierto[26].

La ciencia se reduce entonces a los cánones del positivismo: sobre la base de respuestas a determinados estímulos, predecir y controlar las conductas. Con las sustancias que aplacan la conciencia de los niños, bajando las defensas/alertas del organismo, se los controla, y se logra que cumplan las tareas esperadas. Es así como “si se desarrollan sistemas de hábitos ‘adecuados’, cada sujeto podría ir a ocupar el lugar que le está reservado, sin roces, ni conflictos” (Saal, 1982: 265). Recuérdese cuando Sócrates y Platón hablaban de los dones que nos son asignados y el lugar que ocupamos en la República. El objetivo de la medicalización de la infancia, más allá de vender el medicamento, se inscribe en la finalidad más económica y política de prevenir y controlar a los que en el futuro serán los trabajadores del sistema[27]. Es más fácil, económico y práctico tratar al niño, que en el futuro será, si todo sale bien, un adulto bien adaptado. Un texto que expone un caso menciona a un adolescente deseoso por estudiar para ser profesional (Masías-Arias y Fiestas-Teque, 2014).

En un momento del relato, la mamá del niño medicado señala que en la escuela “no hacía caso”, “no acataba órdenes de nadie”. Que solo iba a jugar a la escuela. En un momento la mamá señala que en la escuela primaria es necesario que el niño esté “en su banco, sentadito, escuchando, prestando atención”. Porque en el preescolar “están sentados en grupo en una mesa”. Cabe destacar cuán importante es la distribución del espacio y los muebles en una escuela y cómo su organización demuestra el modelo educativo subyacente, si las sillas se ponen en círculo, en grupos, o en fila. Cabe preguntarse por qué tienen que estar separados en la escuela, para aprender. En primer lugar, porque en la vida diaria, el día de mañana, puede que estén en grupo, y en segundo lugar porque podrían aprender mejor en grupo. Y el papá menciona la necesidad de un “direccionamiento” en relación con la excesiva violencia entre niños. Ante esto, cabe pensar respecto del vocabulario militar de la mamá, que, si bien en parte puede tener algo de razón, su lenguaje absolutiza, y pone a la escuela como un cuartel, y no como el desarrollo pleno de la personalidad del niño. En otro momento de la entrevista la mamá alude a que la medicación era para que el “funcione mejor”. Nótese que es la terminología del DSM, que ve a los seres humanos como máquinas con funciones. En uno de los tramos finales de la entrevista sigue aclarando que la medicación cumple su función de buen trabajo de atención en la escuela. La mamá insiste en que a ella le “interesa la escuela”, ya que el termina de almorzar y hace solo la tarea: “yo no tengo problema con él en ese sentido”. Sigue diciendo que la problemática de estos chicos se presenta en época escolar: “a eso apuntamos nosotros”. Cabe aquí la relación inmediata con lo dicho sobre los registros de consumo de metilfenidato. La directora de Psicopedagogía también señala que la medicación se da en épocas escolares y cuando están en el aula. Y pensaba en el futuro, ya que el tratamiento se hacía para que pueda “estudiar correctamente, que logre concentrarse en su estudio”. El psiquiatra recalca que si se suele dar el fármaco de lunes a viernes, los fines de semana la persona sigue siendo la misma, y debería haber alguna estrategia. En la entrevista con la psicóloga, ante la pregunta del sentimiento de los padres acerca de si buscan su tranquilidad o saber qué le pasa realmente al niño, contesta que buscan “que se adapte al sistema”[28]. Y esto cobra más importancia desde el punto de vista ético, en tiempos de constitución subjetiva como es la infancia, en cuyo caso, es necesario que el otro, el adulto, acompañe y ofrezca y se ofrezca para que el niño pueda ir siendo, señala Valeria Hernández. Cabe acotar que en momento alguno se habla de lo que el niño desea, aquello que lo motiva, su proyecto de vida, o simplemente de sus planes a corto plazo. En un momento la mamá habla del ajedrez y de la pintura, pero solo lo menciona, y no se ahondó en ello, incluso a pesar de nuestras preguntas. En una oportunidad, en la entrevista a la psicóloga, ella comenta el caso de un adolescente que tiene con asperger, y a la hora de plantear el abordaje del psicoanálisis, ella dice que entrevista a los padres, pero que centra el trabajo en la demanda de él, que en el caso pedía estrategias para relacionarse, mientras que los padres hacían foco en la burla que recibía.

Hay que tener en cuenta que cuando la psiquiatría infantil se inclina hacia la biología, deja atrás la impronta de Sigmund Freud y Adolf Meyer, quienes hacían ciencia a través del ejemplo y la analogía (Lakoff, 2000), su método científico. Recuérdese cómo Freud utiliza casos para exponer sus ideas. Mientras que a partir del DSM no hace falta un intérprete sino alguien que mida, y la psiquiatría se vuelve biomédica (Lakoff, 2000). A pesar de todo, el DSM-V es recurrente al hablar del “juicio clínico”. Todo lo cual requiere criterios diagnósticos comunes con los consiguientes protocolos terapéuticos.

En este sentido cabe mencionar cómo el DSM se ha hecho carne en las instituciones educativas, en tanto la Psicopedagogía tiene los protocolos correspondientes. Aquí percibimos el entendimiento legalista de un fenómeno, característico de una visión simple. Con motivo del trabajo de casos, se analizó un “cuestionario sobre déficit de atención” (Navarte, 2011), utilizado por psicopedagogas. Es de destacar que el cuestionario comienza diciendo: “debido a que los maestros son los más aptos para detectar los diferentes desvíos en las conductas de los alumnos (…)” (Navarte, 2011: 399). Lo que da a entender cuál es el centro filosófico del TDA. La falta de adecuación del niño a su rol de alumno, cumpliendo las tareas de la escuela, idea tantas veces repetida en este trabajo. Sigue afiliándose el protocolo al modelo conductista: “este cuestionario es práctico para la observación de conductas de desatención e hiperactividad, describiendo un perfil conductual que permitirá al Neurólogo o al Psicopedagogo pensar en un diagnóstico diferencial de Déficit de Atención” (Navarte, 2011:400). Hace hincapié en la practicidad, es decir, en el nivel pragmático del tratamiento de una situación, un término también recurrente en este ámbito. En ningún momento se hace alusión a que dicho cuestionario se inscriba en un modelo de abordaje más complejo, que incluya, por ejemplo, otras técnicas psicopedagógicas, como las mencionadas por la Psicopedagoga o la Psicología[29]. Relacionando dicho cuestionario con la descripción que hace el DSM-V, éste alude al “(…) fracaso en la comprensión de tareas o instrucciones” La escuela se propone como el hábitat del TDA. Ahí se menciona la “(…) dificultad para mantener la atención en clases (…)”. Menciona que el niño “(…) parece no escuchar cuando se le habla directamente (…)”. Añade que “(…) no termina las tareas escolares (…) se distrae rápidamente (…)”. Resalta la “(…) dificultad para organizar tareas y actividades” (APA, 2014). Algo que menciona la psicopedagoga y el psiquiatra infantil. Se recalca la pérdida de elementos como materiales escolares. Es interesante cuando el cuestionario expresa que “su forma de ser le crea problemas con los compañeros de clase”. Y aquí cabe incluir lo dicho por el psiquiatra en cuanto al cuidado de medicalizar un estilo de personalidad. Ya que a renglón seguido el cuestionario dice “es rechazado por sus compañeros” y “tiene dificultades para hacerse amigos”, “se aísla de sus compañeros”. Todo lo cual corre el riesgo de etiquetar al niño empeorando su situación, advertencia que no se hace en momento alguno del cuestionario, mencionando sus efectos secundarios. La ausencia de tranquilidad es una constante en el cuestionario y el DSM. La referencia al “motor” coincide con la metáfora del “resorte” que utilizó la mamá entrevistada del niño con TDA. Es raro que se coloque como síntoma que el niño “hable excesivamente”, cuando la idea principal de resolución del inconveniente apunta a buscar su palabra para desentrañar su malestar. No es casual tampoco que en los salones universitarios sea raro encontrar alumnos que hablen excesivamente. Un libro sobre la escolaridad reproduce, casi al calco, un libro -DSM- sobre trastornos mentales. Es así como la buena marcha de la escolaridad copa la salud mental de la niñez.

Las características de una ciencia entendida de esta manera son la predominante inmovilidad, que se deriva del establecimiento de una categoría, la objetividad del investigador, los fenómenos que son rigurosamente medidos en términos de cantidad, frecuencia e intensidad, y la ausencia de situaciones extrañas que afecten la observación del investigador (Álvarez-Gayou Jurgenson, 2003). Se deja de lado el estudio de casos, y de esta forma no se profundiza en la historia particular, relaciones con los padres o expulsiones en la escuela (Lakoff, 2000). A pesar de lo cual, el DSM-V menciona factores externos. Es así como el individuo se integra en un sistema de estadísticas con factores correlacionables que pesan sobre cualquier psiquiatra que no se avenga a ellas (Lakoff, 2000). El juicio individual del psiquiatra queda anulado. Nótese que el Manual se llama de “estadísticas” y diagnósticos. A pesar de lo cual la versión 2014 señala la necesidad de la formación clínica (APA, 2014). Desde otra perspectiva, el conocimiento se piensa adquirido a partir de relaciones con otras disciplinas, complejamente, y sin subordinarse a los cánones de la ciencia clásica, expuestos en el campo de las naturales y exactas.

Tal como la Psicología se rinde al síntoma en procura de su estatus epistemológico biologista, así el Derecho también se supo rendir ante la ley para ganar autonomía científica y aferrarse a lo empírico, renegando de la justicia entendida entonces como especulación subjetiva y relativa, y arrojada al limbo de la metafísica[30]. Y la definición acerca del objeto de una disciplina influye en lo que consideraremos que habrá de investigarse y de qué manera. Si estudia la consciencia, habrá que acceder a ella a través de la reflexión sobre sus contenidos, mediante el diálogo. Si se trata de la conducta, se la observará y se experimentará a través de lo observable de dicho comportamiento (Braunstein, en Pasternac, Benedito y Saal, 1982). El objeto se reafirma si esa conducta es estudiada en el marco de un sistema de conductas. Una idea de conducta, como objeto de la Psicología, es definida como el conjunto de operaciones fisiológicas, motrices, verbales y mentales por las que un organismo reduce las situaciones que lo motivan y realiza sus posibilidades (Braunstein, en Pasternac, Benedito y Saal, 1982). Véase cómo la mente se transforma en un mecano a reparar a través de técnicas tabuladas. Si en el Derecho se incluyen los aspectos sociales y los valorativos, el jurista no se rendirá ante la norma siguiendo los dictados de la dogmática jurídica[31]. También sus investigaciones se ampliarán mucho más y podrá incluso criticar el statu quo. Braunstein, repasando las definiciones de Psicología, expresa una en la que se dice que estudiará a la personalidad, no la actividad psíquica o el mundo moral, y tampoco la conducta o las experiencias íntimas, sino que se aborda la totalidad psicológica que caracteriza a un hombre particular, según Richard Meili, para quien hay que observarlo desde fuera y sentirlo desde dentro (Braunstein, en Pasternac, Benedito y Saal, 1982). Aquí puede verse una definición de notable complejidad, en tanto abarca un estudio de lo orgánico, y de lo social, ambos fundantes de la psiquis de un sujeto. Recuérdese que una vez se dijo que el ser humano es un ser bio-psico-social. Aquí pueden verse los paradigmas materialista, y estructuralista, aunque no el idealista o espiritualista.

La complejidad se ve a flor de piel cuando se contempla cómo por un lado la medicalización de la infancia controla, y por otro lado el empoderamiento del niño pretende que tenga libertad.

El lugar del niño en la actualidad es contradictorio: por un lado, se lo concibe como sujeto de derechos y su palabra es mucho más tenida en cuenta que en otras épocas, pero a la vez se espera de él que satisfaga el narcisismo parental, que sea exitoso para hacer sentir exitosos a sus padres, ubicando la infancia como un tiempo de ‘producción’, de exhibición de saberes, más que de desarrollo y crecimiento. El juego, como actividad fundamental del niño, queda relegado a un segundo plano o considerado algo que también hay que pautar y dirigir (en ‘grupos’ de juego coordinados por un adulto) (Janin, 1988: 186).

El complejo material es recortado, fraccionado cuando se medica a un niño por molestar en clase, no copiar lo que se escribe en el pizarrón o estar distraído, no tomando en cuenta el contexto, las condiciones socio-culturales y la historia personal y familiar de los niños (Cannellotto y Luchtenberg, 2008). Se recorta la vida del niño si se la reduce al síntoma. Se recorta también el padecimiento a sus síntomas, en lugar de profundizar, desfraccionar, en el tratamiento de las causas de la atipicidad. “Utilizar los psicofármacos en forma desaprensiva para silenciar la pena y la cólera no es más que una conducta médica aberrante, propiciada por el marketing de la industria farmacéutica para ampliar el volumen de sus negocios” (Müller, 2014: 87).

7. Características epistemológicas del DSM

Uno de los parámetros para la redacción del DSM- III, luego de haberse presentado dos ya, fue el de establecer criterios diagnósticos con bases empíricas (Del Barrio, 2009), como si los dos anteriores no las hubieran tenido. Se insiste en dicho “error” cuando se expresa que en el pasado, las nuevas clasificaciones de los desórdenes mentales no habían sido lo suficientemente sometidas a ensayos clínicos antes de ser oficialmente adoptadas[32]. También es sorprendente que livianamente se diga que para la mayoría de los trastornos la etiología es desconocida (APA, 1982)[33]. Esta afirmación se repite en el DSM-V[34]. Lo cual ameritaría que primero se investigue para conocerla. Puede verse aquí como la utilidad prima sobre la verdad, relacionándose valores de manera que uno no armoniza con el otro[35]. De ahí que sea pertinente cómo Braunstein llamaba a esas clasificaciones reductoras como “nombres sabios para la ignorancia” (Pacheco, s.f). Podría suponerse que primero se crea el remedio para venderlo y luego se instrumenta el catálogo que más o menos responda a una enfermedad: esencia de la medicalización. Ya nos previenen acerca de “(…) la posibilidad de que las enfermedades comiencen a tener el nombre de los remedios que supuestamente las curan” (Vasen, 2005: 10). Poco puede saberse sobre la cura de una enfermedad si no se conoce cuál es su funcionamiento, de donde proviene, cómo se origina. Lo cual también guarda relación con el poco impulso hacia la ciencia básica, que demanda más tiempo que la aplicada, y cuyos efectos solo se perciben a largo plazo. En el tiempo de la velocidad cibernética, no hay mucha paciencia para la ciencia básica ni para los niños. La explicación que da el DSM es un contrasentido, ya que reniega de las teorías, como si fueran perjudiciales (APA, 1980). Al contrario, no solo todo es teoría, sino que la proliferación de teorías hace que, ganando en diversidad, miremos lo mismo de distinta manera, lo que abre el abanico de opciones al tratamiento de las dificultades del comportamiento. Además, hay en el DSM-III la adopción de un marco teórico que es el de la organicidad y biologismo de todos los trastornos presentados; lo que habilita al tratamiento farmacológico. No obstante, en la versión del DSM-V se expresa que el tratamiento es una decisión clínica compleja que debe tomar en consideración la gravedad del síntoma, su significado, el sufrimiento del paciente, la discapacidad que implican los síntomas, riesgos y beneficios de los tratamientos disponibles y otros factores (APA, 2014). En efecto, “(…) podemos llegar a pensar que lo esencial de una experiencia vivencial está regulado por nuestra bioquímica” (Vasen, 2005: 37). Se sigue en este sentido la idea cognitivista de que hay que priorizar el comportamiento de la mente por los síntomas o los efectos (APA, 1980) más que por las causas. Los conductistas

[e]ligen esta forma de conocimiento argumentando que ante la complejidad de la conducta humana no es posible ni tenemos los medios para abordarla en toda su extensión; por eso lo mejor es descomponerla en sus elementos e ir estudiando cada uno de ellos por separado hasta lograr leyes generales del comportamiento de los organismos (Guzmán y Hernández Rojas, 1993: 13).

Cuando Braunstein habla de la ciencia, dice que su misión a lo largo de la historia ha sido desocultar el funcionamiento de los fenómenos tras las apariencias. Piénsese por ejemplo en la “salida” y “puesta” del sol, que es una apariencia, en tanto el sol no se mueve, o que las especies fueron creadas por Dios, sin relación entre los reinos vegetal, animal y mineral[36]. Es así como cabría encuadrar a las apariencias de desatención e hiperactividad, como meros icebergs de algo más profundo, la oculta estructura de lo real[37]. También Gastón Bachelard (1974) habla de la necesidad de superar los obstáculos epistemológicos, que en este caso serían la inercia, la comodidad, el modelo médico-hegemónico y la resistencia al saber científico. Así, “(…) hay que estudiar los errores y los fracasos (…) son reveladores de las dificultades que ha sido necesario vencer, de los obstáculos que ha habido que superar” (Koyré, 1977: 7). En efecto,

(…) un artículo sobre ADHD y divorcio, aparecido en Pediatrics en 2001, plantea la frecuencia de esta patología en hijos de padres con divorcios altamente conflictivos, dando un ejemplo en el que una niña queda en medio de una pelea entre sus padres, pelea que se reproduce en relación al tratamiento que se debería realizar. Uno de los especialistas convocados para hablar del caso (…) concluye que si se lograsen aminorar las tensiones y las diferencias entre los padres, seguramente habría una mejoría suficiente en el comportamiento de la niña como para obviar la necesidad de la medicación (…) (Janin, 1988: 13).

La desatención e hiperactividad son síntomas, algo superficial que esconde algo más profundo. Así, “(…) en el plano teórico se recurre entonces a las representaciones ‘espontáneas’ y ‘naturales’, a las apariencias, a nociones que son incompatibles con los conceptos de la ciencia: es la acepción epistemológica de ‘ideología’” (Janin, 1988: 13). En efecto, el DSM-V señala

Los síntomas que se incluyen en cada uno de los conjuntos de criterios diagnósticos no constituyen una definición integral de los trastornos subyacentes; los cuales abarcan todos los procesos cognitivos, emocionales, de comportamiento y fisiológicos, que son bastante más complejos de lo que se puede explicar en estos breves resúmenes (APA, 2014: 3).

En otra oportunidad, el DSM-III señala que la falta de ensayos de campo y de validación empírica eliminó varias propuestas de categorías de trastornos mentales (APA, 1980). En el mismo sentido se expresa que para la mayoría de las categorías el criterio de diagnóstico está basado en el juicio clínico y no han sido completamente validados por datos importantes como el curso clínico, resultados, historia familiar, y respuesta al tratamiento[38].

La línea epistemológica que se mantiene en la versión V, es la uniformización: “Clinicians and research investigators must have a common language with which to communicate about the disorders for which they have professional responsibility” (APA, 1980: 1). Sigue la creencia en la generalidad, igualdad, repetición, uniformidad y universalidad de las enfermedades mentales, pensando que hay un conjunto identificado de ellas, y que todos tienen las mismas, despreciándose las características particulares que hacen al caso concreto[39]. Lo cual no es un signo de tratamiento complejo del fenómeno mental, que reclama su grado de singularidad, que brinda, por ejemplo, el Psicoanálisis. A pesar de lo cual, el DSM-V señala, al menos en su letra, que la formulación de un caso de un paciente debe incluir su historia clínica, a lo que suma la complejidad proveniente de los factores sociales, psicológicos y biológicos (APA, 2014). Esta versión del Manual insiste ahora en la complejidad ganada:

El objetivo final de la redacción de la historia clínica radica en la utilización de la información disponible sobre el contexto y el diagnóstico, para elaborar un plan de tratamiento integral adecuadamente fundamentado en el contexto cultural y social del individuo (APA, 2014: 4).

También incluye a la familia, si se lee: “Se recomienda aprovechar la información de otros miembros de la familia y de terceros (además de la del individuo) sobre las actitudes del individuo, siempre que sea necesario” (APA, 2014: 7). Y plantea un distanciamiento con respecto a la universalidad: “(…) este conjunto de categorías de diagnóstico no puede describir con absoluto detalle todo el rango de trastornos mentales que pueden experimentar los individuos y presentarse a diario ante cualquier médico en cualquier parte del mundo” (APA, 2014: 4). Así lo relata el psiquiatra entrevistado. Aunque también es cierto, y ahí la contradicción ínsita al tratamiento complejo de un fenómeno, que pueden realizarse estudios y comparaciones si las unidades guardan cierta semejanza, bajo un patrón común.

En cuanto al DSM-III se plantea como objetivo reflejar el más actual estado sobre el conocimiento en materia de desórdenes mentales. Lo mismo se señala en la versión V. Aunque luego se dice, apartándose de la idea de verdad, que debe ser “clinically useful” (APA, 1980: 2). Este rasgo es resaltado por la psicopedagoga, y recurrente en la psiquiatra, los papás.

Por el contrario, de la entrevista realizada a la psicopedagoga, surge que no[40] hay una tendencia a medicar a los niños, ni de parte de los médicos (pediatras y neurólogos), ni de parte de los padres para aceptarla. Primero se aplican otras estrategias terapéuticas. Sí menciona que los países de la costa del Pacífico tienden a utilizar la medicación como diagnóstico, es decir, “pruebo, le doy y si le sirve confirmo el diagnóstico”. Como ocurre en Chile, donde la influencia anglosajona es más fuerte que en Argentina, condicionada por corrientes psicológicas europeas, como el Psicoanálisis. Cabe aclarar que hoy se está dando globalmente la impronta anglosajona por el poderío norteamericano en expansión. Algo que destaca la psicopedagoga es que los criterios de diagnóstico atraviesan situaciones culturales, es decir, el diagnóstico depende de la situación cultural y, en efecto, el DSM está hecho por la APA, cuya cultura no es la misma que la argentina. Sigue diciendo que la media de nuestros chicos son mucho más movedizos, hiperactivos, desatentos. Van muy por encima de la norma. Agrega que en otros países en materia de diagnóstico hay variantes, desde poco, medio y mucho, en relación a las características de desatención e hiperactividad. Y en nuestro caso es muy subjetivo. En un momento dice que casi el 50% de los pibes serían enviados con TDA, bajo las indicaciones de “le cuesta prestar atención”, “es hiperactivo”, “no comprende”, “tiene conductas disruptivas”.

Es curioso que también exprese el DSM que el equipo de trabajo confió, “cuanto más se pudo”, en la evidencia derivada de la investigación. También se dijo: “even when data were available from relevant research studies, Task Force members often differed in their interpretations of the findings[41]. También es de destacar que cuando el grupo de trabajo del DSM-III envió sus borradores y obtuvo diferencias con otras organizaciones profesionales señala que al menos se las clarificó.

La cantidad es un indicador. Desde el DSM I al V, aumentaron la cantidad de trastornos. Se comenzó con 127 en 1952 según la versión I, y actualmente hay 488 con la versión V de 2014. En el último caso incluyendo las variantes, como leve, moderado, profundo, etc. Lo que lleva a pensar que aumentó un 284% en el total. En cuanto a los trastornos que pueden afectar a los niños en el DSM-III, del año 1980, había tres (tres) trastornos en la categoría “trastorno por déficit de atención” y en el DSM-V, del año 2014, hay 5 (cinco). Lo que arroja un aumento del 66%.

El alto nivel de discrecionalidad, que incluiría la cuestión más en la Psicología que en la Psiquiatría y la medicación, se ve cuando se dice que no se supone que cada trastorno mental es una entidad con límites agudos entre ella y otra, tanto como entre ella y la salud mental[42]. En efecto,

Estos múltiples ‘diagnósticos’ psicopatológicos son principalmente agrupaciones arbitrarias de rasgos, que simplifican las determinaciones a partir de una concepción reduccionista de las problemáticas psicopatológicas y que anulan la complejidad de los procesos subjetivos del ser humano (Epele, 2008: 159).

Así lo resalta el psiquiatra, en referencia a la gran cantidad de matices que suelen tener los niños diagnosticados con TDA.

Y como si existiera la obligación de estar enfermo, el Manual señala que, si el diagnóstico no se encuentra, los otros desórdenes que presenta el Manual deberían ser considerados[43], como una suerte de principio residual de la enfermedad mental. A pesar de varios contrastes entre esta versión y la última, aquí se ve una continuidad[44], fundamental para la medicalización, en tanto pareciera que “todo” debiera quedar abarcado por la Psiquiatría[45]. Lo que se compadece con el “completo estado de bienestar” que la OMS reclamó en 1946 para la salud. Aquí puede verse como línea epistemológica que la ciencia debe guardar prudencia a la hora de intervenir, no pensando que ella es solo la que puede abordar una situación[46].

Si bien la contradicción es una de las características del pensamiento complejo, en donde todo fenómeno conlleva rasgos contradictorios, concurrentes, antagonistas, en un Manual que supone tener la clasificación universal de las enfermedades mentales, se espera que diga quién entra y quién sale de dicha normalidad. Frente a esto, y ante el título “conceptos básicos”, se dice que no hay una definición satisfactoria que precisamente especifique los límites del concepto trastorno mental (mental disorder)[47]. Aunque la versión V sí lo caracteriza como un síndrome donde hay una alteración cognitiva, emocional o del comportamiento de un individuo que refleja una disfunción de los procesos psicológicos o biológicos que subyacen en su función mental (APA, 2014). La psicopedagoga dice que el déficit de atención es una falla en los mecanismos de inhibición. Lo que muestra la explicación funcionalista y mecanicista, en donde se vincula al individuo con lo biológico. Es de destacar, cuando el padre del niño medicado relata la resistencia que en algún momento tuvo de parte de sus hijas mayores[48] a la medicación de su niño, que no es un “invento”. En tanto se asocia la pastilla con algo seguro, comprobado. Esta palabra también será utilizada por los dos psiquiatras entrevistados. Así opina la psiquiatra cuando dice que no es un invento, sino que sale de la observación clínica. El grupo de psicólogos de la institución pública destaca, sin profundización, que se trata de un discurso hegemónico, que sigue en construcción. El psiquiatra también lo ve como un invento, y lo curioso que señala es que es un “síndrome”, es decir el agrupamiento de un conjunto de síntomas. De hecho, destaca que ya en el nombre de TDA se pone atención a la disfuncionalidad antes a la psiquis del niño. Resalta que, si bien fue crítico en un principio del TDA, es necesario llamarlo de alguna manera a ese grupo de síntomas, no para identificar, sino para tratarlos. La psiquiatra dice que el TDA es una “patología madurativa”, y en la medida que el chico va creciendo, va dominando sus impulsos. Teniendo como idea que la medicación vaya desapareciendo.

Otro contrasentido se deriva de medicar a los niños con estimulantes peligrosos y, por otro lado, empeñarse en una campaña contras las drogas (Lakoff, 2000), en las cuales deben incluirse las anfetaminas. La Asociación Americana de Psiquiatría es la que habita en el mismo país que impulsa la “guerra contra las drogas”.

Ahondando en la contradicción, en un momento el DSM-III expresa que no necesariamente el conflicto entre un individuo y la sociedad, que representa una desviación social, es en sí un trastorno mental[49]. En efecto, el empleo de psicofármacos en contextos institucionales va de la mano de la exigencia de eficiencia muy difícil de eludir[50] (Vasen, 2005). Lo cual podría aplicarse perfectamente al caso del TDA, y también a la disforia de género, en su momento. Plantea el Manual un deseo que no se cumple en la realidad: que la clasificación de los trastornos mentales no categorice a los individuos sino a los trastornos que los individuos tienen[51]. Juego de palabras que suena bien en la Academia, pero que es casi imposible de instrumentar en la práctica. Algo que también es difícil de aplicar, sobre todo cuando se refiere a muchos individuos, es la idea de que dichos sujetos difieren en muchas maneras del grupo del desorden mental, lo que afectaría el manejo clínico y el resultado[52]. Dicha idea se repite en el DSM-V (APA, 2014). Lo extraño es que también se diga que un problema de comportamiento o psicológico puede ser un foco de atención o tratamiento profesional, aunque no sea un trastorno mental[53]. Lo que perfectamente aplica al TDA.

En un momento reconoce el Manual la influencia del medio en el niño. Cuando habla de ambientes inadecuados, caóticos y desorganizados, puede llevar a que haya dificultades en el sostenimiento de la atención y en el comportamiento dirigido a un objetivo. Con lo cual habría que prestar atención a las razones por las que dicho ambiente es así. Y el Manual reconoce que en esos casos será difícil determinar si el comportamiento desorganizado es una simple función del ambiente caótico o si se debe a la psicopatología del niño (APA, 1980). En efecto, sobre el tema, criticando la visión universalista de la enfermedad mental se dice: “(…) algo en sí mismo adquiere cualidad de síntoma, en tanto puede definirse con independencia del conjunto de relaciones en el marco de las cuales adquiere valor” (Monteverde, 2008: 8). Y la preocupación se centra en el contenido en lugar de la relación (Monteverde, 2008). Y la relación, en este caso del paciente con su entorno, su herencia, su familia, etc., es fundamental. La ceguera de la Psiquiatría para con estos aspectos tiene causas políticas: “(…) la formación de los psiquiatras solía excluir la comprensión de la vida de los pacientes[54] para favorecer los tratamientos llamados ‘organicistas’” (Pacheco, s.f.:1). También se suma la ausencia de diálogo. Recuérdese que es una pauta de la ciencia clásica la ausencia del sujeto investigador, y su no involucramiento como garantía de objetividad (Morin, 2005). Esto recuerda a las veces en que distintas teorías educativas se centran en transmitir el conocimiento a los alumnos, en lugar de criarlos con amor, para que ellos mismos descubran y organicen sus conocimientos, o aprendan en un contexto de afecto, ya que no tienen que lograr un título, sino aprender a elegir sus caminos para ser felices[55].

El papá introduce la variable del “contexto histórico” en la que se inscribe el TDA, que lo habíamos mencionado como parte de la “Postmodernidad”, época en donde se da la aceleración de los tiempos. Incluso mencionamos una frase muy pertinente de un autor en relación al ritmo cocaínico de estos tiempos. La psicóloga también refiere a los tiempos en que no se puede “parar” y todos la vivimos. La psiquiatra hace referencia a “la play”, la Tablet, el celular, que lo estimulan. Incluso dice que a los 8 meses ya se dan esos instrumentos. Lo que implica que más allá del correlato biológico, “algo debe haber”, el entorno con el que se cría a los niños contribuye. La psicóloga señala que se les pide a los niños algo que no hacemos como adultos. Pocos dedican tiempo al niño y le preguntan qué le pasó hoy, o le leen un cuento. Hoy es “mírate un videíto en la Tablet y andá a dormir”. Y predomina lo visual antes que la palabra. Se pierden tradiciones y deja de mediar la palabra. No hay que olvidar que el metilfenidato contiene anfetaminas, que son psicoactivas, estimulantes. La psicóloga señala que el niño que no presta atención es lo más común, algo particular del siglo XXI. La psicopedagoga de la Univ. privada también expresa que algunos padres consultan acerca de si su niño tiene algo, pero les da miedo la medicación si lo llevan a un neurólogo. La inquietud es propia de la edad, o están desatentos porque no son motivados, o no les gusta la escuela. El papá dice que esto ocurría también en el pasado, pero no era abordado por la escuela y la medicina. Probablemente él era así también, pero se utilizaban otros métodos, como la “mirada del padre”. El papá decía que “era terrible”, pero en esa época no se miraba la “cuestión médica”. Y la mamá agrega que “tampoco era tranquila” y era muy inquieta. También menciona que hoy es la “era de lo tecnológico”. Lo que tiene mucha relación con el tema, en tanto la cantidad de estímulos que reciben los niños acelera sus canales de percepción y ello influye en la demanda de estímulos. Y en el caso, la mamá señala que a su hijo le encanta la computación, la tecnología. Nótese que hoy con la pastilla y antes con el miedo, se lograba controlar al niño. También la mamá menciona esta variable en relación a una de las maestras de su hijo, que no supo tratarlo y quería plantear una solución que la beneficie solo a ella. La mamá dice que los maestros no saben cómo tratar a este tipo de niños. Y menciona a una maestra que en tercer grado le dijo a su hijo que “él no se da cuenta que el tiempo se acorta”, porque se distraía ante cosas como la goma de un lápiz. Aclara que tienen mucha sensibilidad, un corazón que no tiene otro chico, que ven otras cosas, más allá. Ante eso la mamá dice que no podés sentar adelante a los 28 chicos, ya que “cada uno tiene un proceso madurativo diferente”. Y entonces pregunta a quién se le acorta el tiempo, y contesta “a vos se te acorta el tiempo que no llegás con la curricula”, en referencia a la maestra. La directora de Psicopedagogía también hace alusión a los problemas de los maestros frente a estos niños, en tanto se quejan de que no atienden, pero justamente en eso consiste su problema. Y por ello merece una ayuda extra. En la entrevista con la psicopedagoga de la Univ. privada ella recalca que “hay tiempos que corren, la escuela no espera”. La psiquiatra señala que las quejas vienen de la escuela, porque el chico “no sigue el ritmo de la clase”, “molesta a sus papás”. Ahí señala que ella medica cuando hay amenaza de expulsión de la escuela. La psicopedagoga expresa que la escuela presiona mucho, porque no tolera ese chico inquieto, que plantea conflictos, que es contestador. Y la psiquiatra señala, paradojalmente, que si es un chico sano es un chico inquieto. Lo que también es recalcado por el psiquiatra, en tanto el sistema educativo no tolera la desatención. Señala Valeria Hernández[56] que los tiempos de la constitución subjetiva o subjetivación no se corresponden con ningún orden cronológico o fenomenológico, es decir, los registros y procesamientos de las vivencias no responden a un “deber ser” según lo esperado por otros: familia, escuela, etc. Son tiempos subjetivos que se despliegan como procesos internos y singularmente propios. Sea lo que sea que se espere de un sujeto: posiciones, pensamientos, aprendizajes, palabras, serán tiempos únicos que cada sujeto atraviese. Esta dimensión subjetiva es opuesta al orden biológico. Cuando el psiquiatra habla del paciente dice que es indispensable saber quién es, y para ello ayuda saber cuáles son sus intereses, relación con los padres, qué deporte le gusta, qué odia, qué le da miedo, cómo lo criaron.

Abordar lo social, psicológico, y sanitario desde el punto de vista meramente orgánico, comportamental es una reducción de la complejidad de la vida de una persona(lidad). “En lugar de un psiquismo en estructuración, en crecimiento continuo, en el que el conflicto es fundante y en el que todo efecto es complejo, se supone, exclusivamente, un ‘déficit’ neurológico” (Epele, 2008: 160).

No hay que dejar de resaltar el carácter temporal y espacial de la enfermedad, es decir, su contexto. En efecto, mientras el mundo plantea una aceleración nunca antes vista, “(…) seguimos pensando que los niños deben escuchar y memorizar, concentrarse y quedarse quietecitos, [ante] una avalancha de niños cuya atención está ordenada de otros modos (…)” (Vasen, 2005: 18). Una crítica hace alusión a la célebre frase de Sarmiento: “educar al soberano”, que presuponía un hombre libre, y dice: “¿Para el ejercicio de qué ciudadanía se educará a quien ya no será soberano ni siquiera de sí mismo?” (Vasen, 2005: 19). Enseñamos a los niños del siglo XXI en escuelas del siglo pasado[57]. El Derecho también se queda retrasado con las demandas actuales de ciertos sectores de la sociedad que condenan en el tiempo que lleva un programa de televisión, o peor aún en los 120 caracteres que instantáneamente publica Twitter, echando por tierra principios jurídicos elementales como la inocencia, el debido proceso.

8. Alternativas a la medicación

Una alternativa implica una visión plural del fenómeno en estudio. En este caso, una pluralidad que se evidencie en diversos enfoques y tratamientos para el problema comportamental. “Feyerabend es el representante del anarquismo epistemológico, en el sentido de aceptar una pluralidad metodológica en la ciencia” (Galati, 2018c: 68). El pluralismo se puede ver aquí en sentido de diversos tratamientos científicos, y en el sentido de diversos abordajes no necesariamente científicos, referidos a la salud. La Medicina podría dialogar con la llamada medicina alternativa o no convencional, que plantea la herboristería, la biodecodificación biológica, el ayurveda, la acupuntura, el reiki, el yoga, etc. Y de esa forma Occidente, que prioriza el medicamento y la cirugía, dialogaría con Oriente que promueve la prevención y la cura en salud, y una visión más holista[58].

La mamá dice que su niño una vez fue llevado a una psicóloga cognitiva, que solo observaba su comportamiento. Dice que la pediatra infantil es “psicóloga, neuróloga”, y señala que lo escucha. Hay que tener en cuenta que puede no ser cierto que una misma persona reúna en sí las calidades de médica y psicóloga. Al plantearles la pregunta por tratamientos alternativos a la medicación, la mamá menciona yoga, flores de Bach, una médica en lo cognitivo, que le hacía hacer juegos. También aclara que no solo se le da la medicación y la consulta al mes que viene, sino que tiene su número de teléfono y ante cualquier problemática la llama. Siguiendo en el ámbito de las alternativas, y yendo a una de las causas del TDA, la psicóloga menciona que no hay “ningún padre en análisis”. Lo que sin dudas contribuiría a aliviar al niño, si gran parte depende de las exigencias de los padres. Ante la pregunta de si el psicólogo o el psicoanálisis podrían abordar solamente a estos niños, y la explicación justamente del caso de los papás de la entrevista, se dice que el abordaje desde un solo lugar no es recomendable. Lo ve desde el otro lado, y dice que los tratamientos no son de corta duración, y que hay un niño que ahora va al secundario y lleva cuatro años medicado. Ante la pregunta por la utilidad o necesidad del psicoanálisis, dice que es indispensable el andamiaje, y ella como psicoanalista puede hacer un andamiaje, pero cada familia puede recurrir a otros andamiajes. En otro momento de la entrevista aclara este término por inclusión de un ejemplo, y refiere a un acompañante terapéutico, que no tiene que ver con lo curricular, pero lo ayuda a permanecer en situación áulica. Sí le parece necesaria la Psicología porque el aspecto emocional en estos chicos es algo que se tiene que trabajar, lo vincular. Aunque contempla la intervención con la medicación para un padre que tiene un hijo que no puede permanecer quieto, y en algún momento, la medicación permite trabajar el problema desde otro lugar.

La psicopedagoga menciona pautas de organización familiar porque muchas veces en los hogares de recursos más bajos, las pautas de organización son laxas, hay muchos permisos, no hay organización del sueño, no hay horarios, y los chicos son caóticos, pero no tienen un déficit de atención. La psiquiatra también hace referencia a las familias de estos niños que son “desorganizadas”. Alude al necesario equilibrio entre la autoridad abusiva y el otro extremo, los papás muy permisivos, en donde el niño maneja toda la vida familiar (horarios, comidas, vestimenta). Esos niños tienen baja tolerancia a la frustración. La intervención con la familia se hace con psicólogos. Esto lo añade ante una pregunta acerca del papel de la terapia psicológica en este tema. Dice que allí se trabaja “estructuración subjetiva”. La psiquiatra habla de la terapia familiar, como un sub-sistema con el cual trabajar. Y por ejemplo, a un papá se le puede encargar la tarea de ir a buscar al niño a un deporte; para dormir, el papá le va a contar un cuento, si el niño lo elige, lo cual reorganiza reglas, para aceitar el sistema familiar. La sistémica no busca el por qué o la causa, ni culpables, tal vez propicios en el psicoanálisis, sino que se piensan las relaciones como un círculo, se afectan mutuamente, no hay una única causa. Si el papá se ausenta, la mamá tampoco le da el lugar. Si se corre a la mamá, se siente descansada y el papá se siente importante, ante las desautorizaciones. La integración sensorial es terapia ocupacional, trabajo corporal, todo vinculado a la imagen corporal. Apunta a que de todos los estímulos que recibe pueda inhibir, es decir, seleccionar, y privilegie algunos. Con una mirada más global, la psicopedagoga señala que no hay un modelo educativo que responda sino un modelo médico que responde. También expresa, como una pauta psicopedagógica interesante ante las dificultades de aprendizaje, que se trabaje en pequeños grupos, con didácticas específicas, ya que no todos pueden responder uniformemente, en tanto hay distintos niveles de comprensión y en algunos casos no hay comprensión. La psiquiatra también hace referencia a que estos niños vayan a colegios con pocos alumnos. Y esto filtra y reduce la necesidad de la derivación a los hospitales, que están saturados. Aquí se ven los efectos de la medicalización, que es el dispendio de recursos. Y así puede trabajar el psicopedagogo, por ejemplo, 15 minutos con un chico todos los días en la escuela, y puede sacarlo adelante. Una hora en el hospital es ineficiente, ante la otra intervención que es sistemática, pequeña, pero intensa.

La psiquiatra cuenta un caso en donde una estrategia pudo haber sido el cambio de colegio del niño, que para él era muy exigente, pero los padres se negaron.

Los psicólogos de la institución pública ponen el acento, desde el Psicoanálisis, en las cuestiones vinculares, ir más allá del niño, una escucha distinta, que le devuelva la voz al niño, su singularidad en el entramado que aparece. Piénsese entonces cómo la realidad del TDA va por un lado, con el predominio de los intereses de la escuela, los padres, y la industria farmacéutica, en tanto el interés superior del niño va por otro, a pesar de ser tan declamado por las normas, y no cualquier norma jurídica, ya que está contemplado en la Convención de los Derechos del Niño, con jerarquía constitucional. Dicen que el Psicoanálisis le devuelve el estatuto de sujeto al niño, y no depende entonces de la voluntad de la maestra. Los psicólogos destacan que el interés superior del niño no sea disfrazado por el interés de los padres o las instituciones. También otra clave puede ser que el síntoma sea reinventado creativamente de otro modo más aliviador para el niño, no para los padres.

El psiquiatra destaca que a pesar de la medicación hay que poner hincapié en la terapia familiar y la terapia individual, para entender por qué esos síntomas se dan así. Y es ahí donde da la sugerente recomendación de terapia en función de lo que más se adecue al caso, sea con la terapia psicodinámica, cognitiva, integrativa, psicoanalítica, de psicología social. Lo que denota un rasgo de complejidad, por la pluralidad de las terapias y la singularidad del caso a atender.

La psicóloga, en línea con este relato, señala que es muy difícil plantear alternativas en los equipos de trabajo con profesionales cuya forma de trabajo se suele repetir y que son proclives a la medicación, y más con el efecto potenciador de los padres, que eligen los profesionales. Hay que decir que con respecto a la alternativa psicológica, la directora de Psicopedagogía expresa que no debería ir a muchos profesionales, para que no sea agotador, y que el trabajo debe ser de equipo, interdisciplinar, es decir, con alguien al frente que haga el abordaje real, con mirada compleja. Es de destacar que el psiquiatra diga que la tarea principal del psiquiatra es armar un equipo, que no puede dejar de hacerse, y que la medicación se verá. Lo cual es un signo de complejidad. Al hacer tanto hincapié en el acompañamiento, viene a la mente la idea de la profesión del acompañante terapéutico. ¿Es que acaso los profesionales de la salud no acompañan? Si el enfermero se encarga del cuidado, ¿es que acaso son ellos los únicos que cuidan? El equipo es inseparable del efecto del fármaco. La guía, la intervención, se suman al fármaco.

La directora de la escuela aludía al trabajo con las especialidades para con los niños que tienen problemas de aprendizaje. Se les puede ofrecer que consigan logros, más allá de la dificultad, como con las manualidades, la música, plástica, el cuerpo, la educación física. Lo que aumenta su autoestima. También menciona la mediación, los centros de alumnos, la biblioteca (proyectos de lectura), jornadas temáticas. Con respecto al resultado, dice que no es muy bueno, ni es malo, sino que hay resultados, que siempre conviene hacer las actividades porque pone a la escuela en dinámica progresiva, a trabajar. También menciona los servicios alimentarios en la escuela, para niños desnutridos, que relaciona con este tema. Es rescatable que se aluda a uno de los marcos teóricos de este trabajo, que justamente critica la medicación como primera alternativa. Y es de destacar la visión global defensiva de la directora de Pedagogía, como si sintiera que algo no anda del todo bien con la medicación y el TDA. Algo similar ocurrió con la directora de la escuela, a lo que se puede agregar un discurso apegado a lo que la escuela debería ser -“lo primero es el niño”, “si le das espacio el chico habla”-, y con pocas referencias a lo concreto o experiencial. En un momento dice que la escuela puede mucho, pero no todo. Señaló que un director no se puede focalizar en una problemática, sino en todas. Muy generalmente dice que a veces se le pide mucho a un niño, y hay otros niños a los que no les interesa la escuela. Expresa que la “escuela de hoy no puede ser ni la de ayer”. Es de destacar que la directora trajo a la entrevista unos papeles con líneas de exposición o esquemas.

9. El TDA en la enseñanza universitaria

De la entrevista también surge que la Facultad de Psicología de la UNR debería hacer su auto-crítica[59], en tanto la psicóloga plantea que una sola materia abordaba la relación de la personalidad, consciencia o mente, con la biología, reconociendo la veta psicoanalítica de la carrera. Y aclara que la materia es optativa. Se hacía “Clínica A” o “Clínica B”; y en Clínica B se veía el DSM, con todas las clasificaciones y los abordajes desde la Psicología Cognitiva o las neurociencias, con mapeos cerebrales para evaluar la mejor droga. Cabría preguntarse si en alguna materia se trata la medicalización. Y ante la pregunta por si se da porque se sostiene o como mera información, la psicóloga dice que es por mera información. Ella relata que su acercamiento al DSM-IV -hoy está la versión V- fue para poner un diagnóstico por una obra social, como justificativo, que se traduce en un código del nomenclador. Y ese código remite también a la salud abordada y tratada desde generalizaciones. Y resaltando una crítica a ese abordaje concuerdan Psicoanálisis y Pensamiento Complejo. En la Facultad privada, el TDA se ve en las patologías, en algunas materias[60]. Y trabajan “estructuras de adecuación curricular para trabajarlo en el acompañamiento de la escuela”. El psiquiatra señala que el apego, el vínculo, el desarrollo no forman parte de la especialidad, sino la enfermedad y su gravedad. Y cada una de las concurrencias tenía su estilo, una más neurobiológica y otra más psicoanalítica. Expresa que si el profesional no tiene una avidez por completar lo relativo a corrientes que le falta, se nota en la práctica. Y un signo de alerta se da cuando el profesional no entiende al paciente. Como estrategias en el aula se plantean divisiones de tareas, reorganización de las consignas, se disocian, para recibir una orden por vez, se fragmentan los tiempos, porque su tiempo de atención es menor. Para que no vea todo de golpe, se anule y finalmente haga nada. Así, contempla el final de la tarea, con un cierre. Y hace lo mismo que los demás, pero secuenciadamente, y sostenido emocionalmente. Se piden intervenciones y se los convoca.

10. La juridización de la salud en la prevención de la delincuencia

La cientificidad de una enfermedad tiene una importancia superlativa, ya que ello implica no solo abordarla medicamentosamente, en su caso, sino que también pueden derivarse consecuencias en el mundo del Derecho, si se parte de la base de que algo anormal debe ser erradicado o tratado. Se llama juridización de la salud cuando el Derecho aborda a través de sus mecanismos un fenómeno que debería dejar en manos de otras disciplinas o de ninguna (Galati, (Galati, 2018). Y esa juridización es derivada cuando hay previa medicalización u originaria en caso contrario. En el caso que veremos a continuación hay juridización legislativa, ya que se promueve en el ámbito de la actividad parlamentaria, como poder del Estado, el que se encarga de juridizar.

Un proyecto de ley francés, del diputado Alain Benisti, bajo el encargo del entonces primer ministro de Sarkozy, Fançois Fillon, aludía a la prevención de la delincuencia, a través del registro del comportamiento de los niños que exhiban signos de futuras conductas delincuenciales, como falta de docilidad, débil control emocional, impulsividad, índice de moralidad baja. En los fundamentos que explican el proyecto se señala: “Nous devons pouvoir répondre à leurs aspirations à se former, à acquerir leur autonomie adulte, à s’insérer durablement sur le marché de l’emploi” (Benisti, 2010:14). Como hoy se aceleran los tiempos, no es extraño que se sobrecargue al niño con exigencias propias del adulto. He aquí una de las presiones que se ejercen sobre el ser adulto en potencia, pero que no es adulto, lo que ocasiona el riesgo de tratar de manera inadecuada a quien es diferente. En un momento se expresa en los fundamentos que: “La prévention de la délinquance doit être le carrefour des synergies, le garant de nouvelles pratiques d’exigences fondées sur la qualité et non la quantité” (Benisti, 2010: 15). Precisamente se utilizaría el mismo criterio de la calidad por sobre la cantidad para hacer hincapié en el tratamiento no medicalizador ni juridizador de los signos que expresa la infancia, para abordar social, pedagógica o psicológicamente dichos problemas o inconvenientes. En un momento se dice con un juego de palabras:

Il est certain que la plupart des enfants présentant des facteurs de risque ou des signes de mal-être à 3 ans ne deviendront pas des délinquants à 15 ans, mais on constate à l’inverse, parmi les mineurs délinquants, un certain nombre de points communs dès leur plus jeune âge. C’est pourquoi il est fondamental de focaliser la politique de prévention de la délinquance sur la prévention précoce (Benisti, 2010: 15-16).

Tomando consciencia de que padres y maestros facilitan el control de la infancia, formando una verdadera red, el proyecto del diputado francés también señala: “(…) agissant le plus en amont posible dès les prémières difficultés de l’enfant en associant la famille à toutes les mesures mises en oeuvre” (Benisti, 2010: 20). A tal punto es indispensable la participación de la familia que se muestra un dispositivo precoz de las desigualdades sociales por el desarrollo del lenguaje en niños de 18 a 30 meses. El objetivo es entonces mejorar la adquisición de competencias lingüísticas. Se trata del dispositivo “Parler bambin[61]” (Benisti, 2010: 79). La impronta uniformadora es marcada. Este proyecto fue desarrollado por un médico de salud pública, según el cual, “[…] la capacité langagière d’un enfant est un prédéterminant à la réduction de l’échec escolaire” (Benisti, 2010: 80). También se hace hincapié en el control del ausentismo, en donde las instituciones educativas deberían enviar una lista al Inspector de la Academia de aquellos que no dieron a conocer los motivos de la ausencia, que dieron motivos inexactos, o que faltaron a la clase sin motivo legítimo o excusa valedera al menos cuatro medias jornadas en el mes (Benisti, 2010). “L’objectif de ‘Zéro décrocheurs’ doit devenir une priorité de l’Education nationale” (Benisti, 2010:84). Cabe preguntarse por el puente que se hace para asociar el ausentismo con la delincuencia.

El Ministerio de Educación Nacional preparó una “Ayuda para la evaluación de competencias al finalizar el jardín de infantes” en 2011, considerada “herramienta de localización de alumnos que presentan riesgos para los aprendizajes, para uso de los docentes”. Las preguntas de la ficha apuntaban a medir, por ejemplo, si es capaz de atender, el uso del lenguaje, la motricidad, y la consciencia fonológica. Lo remarcable era que al lado del puntaje se dividía entre “riesgo” y “alto riesgo”.

A ese proyecto se contestó con “Pas de zéro de conduite pour les enfants de trois ans” (Janin, 2008), donde se critica el hecho de considerar índices de factores de riesgo: frialdad afectiva, tendencia a la manipulación, cinismo, indocilidad, heteroagresividad, débil control emocional, impulsividad, índice de moralidad baja. Cabe pensar qué le habría sucedido a la historia de la filosofía, la ciencia y el arte si se hubieran aplicado dichos criterios para ahogar la inventiva y la singularidad de Nietzsche, Galileo y Leonardo[62]. Se apunta, como dicen los críticos, a un pensamiento robotizado, mecánico. Y proponen como solución:

(…) plutôt que de tenter le dressage ou le rabotage des comportements, il convient de reconnaître la souffrance psychique de certains enfants à travers leur subjectivité naissante et de leur permettre de bénéficier d’une palette thérapeutique la plus variée (Tremblay, 2008: 228).

La medicalización se observa porque la solución se sitúa mejor en el ámbito educativo, pedagógico o social. Bien podrían tenerse en cuenta los llamados determinantes de la salud[63].

En este caso, hay juridización al adjudicar conjeturas sobre el futuro comportamiento penal a partir de indicios educativos, generando la falsa asociación de dificultades del aprendizaje de los niños con futuros comportamientos delictivos. Aquí se falla en la causalidad, ya que si algo no es el ser humano es determinado ni determinable. David Hume, el filósofo inglés que critica el principio de causalidad, se retorcería en la tumba si leyera el proyecto del diputado francés. La palabra y la libertad nos hacen ser lo que somos. Sí puede recibir influencias o condicionamientos, y por ello la Bioética habla de los determinantes en salud. Además, se pretende etiquetar a los niños como actuales peligrosos. La prevención de la delincuencia se debería hacer en las causas profundas del delito como la pobreza, la falta de educación, la falta de vivienda, de trabajo, de alfabetización, etc. que son focos o caldos de problemas, pero no determinantes de ellos. No hay que estereotipar y, en consecuencia, forzar el cumplimiento de falsas profecías.

La ANMAT, (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica), teniendo en cuenta los cuestionamientos al metilfenidato y la atomoxetina, indicados para el tratamiento del TDAH, solicitó incluir advertencias en los prospectos a través de su resolución 2123/2007. No debe realizarse el diagnóstico definitivo de este síndrome si los síntomas son de reciente aparición. La etiología específica no se conoce y no hay una medida diagnóstica única. Un adecuado diagnostico requiere no sólo el uso de recursos médicos sino también de recursos psicológicos, educacionales y sociales. El/la (se completa con el principio activo que corresponda) no está indicado en todos los pacientes que cursan este síndrome. Los estimulantes no están dirigidos a pacientes que exhiben síntomas secundarios a factores ambientales y/o desórdenes psiquiátricos primarios, incluyendo psicosis. Es esencial un adecuado enfoque educacional, y la intervención psicológica y social es necesaria. Cuando las medidas de intervención psicológicas y sociales solas son insuficientes, la decisión de prescribir medicación estimulante dependerá de que el médico establezca la cronicidad y severidad de los síntomas. Hay también contraindicaciones y advertencias.

Continúa destacando la resolución que no hay datos suficientes sobre el uso a largo plazo de este principio activo. Aunque no se ha establecido una relación causal, una detención del crecimiento se ha registrado en el uso a largo plazo de estimulantes en niños. Debido a esto, los pacientes que requieran tratamiento a largo plazo deben ser cuidadosamente monitoreados. El/la (se completa con el principio activo que corresponda) no puede ser usado en pacientes diagnosticados con depresión, sea ésta de origen exógeno o endógeno. La experiencia clínica sugiere que la administración a pacientes psicóticos puede agravar los síntomas ya existentes, tales como disturbios comportamentales y/o alteraciones del pensamiento. Sostiene además que el tratamiento con este principio activo no está indicado en todos los casos que cursan con este síndrome. La posibilidad de instalarlo debe ser considerada a la luz de la historia completa y evaluación exhaustiva del paciente. La prescripción debe depender de lo que el médico especialista establezca a partir de considerar gravedad, severidad y persistencia de los síntomas y edad del paciente. La prescripción no debe depender de la sola presencia de uno o más síntomas comportamentales. Los efectos de este principio activo administrado a largo plazo no han sido establecidos.

Conclusión

El concepto de la medicalización nos trae varios interrogantes, como por ejemplo, delimitar las fronteras de la Medicina. Porque si la tendencia es a la medicalización, se debe a que el profesional de la salud no conoce más que de tecnología médica, procesos biológicos, químicos, genéticos. Si conociera aquello que bordea lo considerado tradicionalmente médico, si conociera de cuestiones sociales y valorativas relativas a la Medicina, podría percibir que lo que pretende resolver por caminos sintéticos o artificiales se podría resolver de otra manera. Es de gran ayuda en este sentido la Bioética compleja[64]. Si se toma la raíz de la medicalización, se pretende asociar la salud al medicamento, que es un agente externo que pretende “curar” una afección que manifiesta la persona, cuando muchos de los casos de medicalización son relacionados con alteraciones que deberían tratar otras disciplinas.

La enfermedad es determinada por su contexto histórico. El DSM-V ha tomado nota de algunas críticas. Sobre todo en lo relativo a la complejidad del diagnóstico, es decir, la multiplicidad de factores que influyen en él, la variedad de los trastornos. Para quienes tenemos una mirada crítica acerca de la medicación de los niños, este apartado es el que nos provoca mayor consternación y contradicción, en tanto la aceleración de los tiempos, la cosificación o mercantilización del individuo, en suma, la capitalización de la sociedad, es coherente con la prescripción de fármacos hacia quienes no se adaptan a la mecánica de los tiempos que corren. “La velocidad cibernética no siempre permite que la biología humana se acompase a sus ritmos” (Vasen, 2005: 31). Así se ve entonces cómo el trastorno es un capítulo más de la falta de adaptación del sujeto al sistema capitalista, tanto como un empresario que no se ajusta a las reglas de la oferta y demanda es desplazado hacia las filas de los obreros, y en el caso de los niños es desplazado hacia las filas de la enfermedad. Por ello se habla de comportamientos “(…) disfuncionales respecto al patrón normal de comportamiento en el conjunto de individuos” (Aguilar Cárceles, 2014: 31). Asimismo, la juridización de la salud, que pretende prevenir la delincuencia en la etapa del aprendizaje de los niños, adelanta indiscriminadamente el futuro al presente, estereotipando a partir de meros indicios o conjeturas. La complejidad reclama poner a los medicamentos en su sitio, como un complemento, una ayuda, no la única salida y menos la primera alternativa. La ciencia no está para vender, sino para desocultar y ayudar a las personas.

Bibliografía

AGUILAR CÁRCELES, Marta (2014). “El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Aspectos jurídico-penales, psicológicos y criminológicos”, Madrid, Dykinson.

ÁLVAREZ-GAYOU JURGENSON, Juan (2003). “Cómo hacer investigación cualitativa. Fundamentos y metodología”, Bs. As., Paidós.

AMERICAN PSICHIATRIC ASSOCIATION (APA) (1980). “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM)-III”, 3ª ed., Washington, APA.

APA (1952). “DSM (first edition)”, Washington, APA.

APA (1995). “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV)”, trad. por Tomàs de Flores i Formenti y otros, Barcelona, Masson.

APA (2014). “DSM-V. Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-V”, trad. de Ricardo Restrepo, Washington, APA.

APA (2014). “Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5”, trad. de Burg Translations, Washington, APS.

BACHELARD, Gastón (1974). “Epistemología”, trad. de Elena Posa, 2ª ed., Barcelona, Anagrama.

BATESON, Gregory (1988). “Pasos hacia una ecología de la mente”, trad. de Ramón Alcalde, Buenos Aires, Lohlé-Lumen.

BENISTI, Jacques (2010). “Mission parlamentaire sur la prévention de la délinquance des mineurs et des jeunes majeurs”, mission confié par le Premier Ministre François Fillon auprès du Ministre de l’Intérieure, de l’outre-mer, des collectivités territoriales et de l’inmigration, Paris.

BRAUNSTEIN (1982). “¿Cómo se constituye una ciencia?”, en AAVV, “Psicología: ideología y ciencia”, 8ª ed., ed. por Amelia Rivaud y Néstor Braunstein, Buenos Aires, Siglo XXI, págs. 7-20.

BRAUNSTEIN, Néstor (1982). “¿Qué entienden los psicólogos por psicología?”, en PASTERNAC, Marcelo, BENEDITO, Gloria, y SAAL, “Psicología: ideología y ciencia”, 8ª ed., ed. por Amelia Rivaud y Néstor Braunstein, Buenos Aires, Siglo XXI, págs. 21-46.

CANNELLOTTO y LUCHTENBERG (2008). “Medicalización y sociedad. Lecturas críticas sobre un fenómeno en expansión”, en http://scripts.minplan.gob.ar/octopus/archivos.php?file=4271 (03.06.2016).

CANNELLOTTO, Adrián, y LUCHTENBERG, Erwin (2008). “Introducción”, en AAVV, “Medicalización y sociedad. Lecturas críticas de un fenómeno en expansión”, coord. por Adrián Cannellotto y Erwin Luchtenberg, 2008, en http://www.observatorio.gov.ar/especificos/temas-especificos/Medicalizacion%20y%20sociedad.%20Lecturas%20criticas.pdf (19.12.2012).

CAPONI, Sandra, y MARTÍNEZ-HERNÁEZ, Ángel (2013). “Kraepelin, el desafío clasificatorio y otros enredos anti-narrativos”, en “Scientiæ Studia”, vol. 11, nº3, págs. 467-489.

CASTRODEZA, C. (1992). “De la epistemología popperiana a la epistemología darwinista”, en “Revista de Filosofía”, vol. 5, n°8, págs. 329-350.

CHAMBRY, C., y otros (2011). “Le trouble déficitaire de l’attention, avec ou sans hyperactivité (TDA/H): une approche pluridisciplinaire longitudinale croisée de 36 enfants”, en “L’Encéphale”, 37, págs. 180-190.

COMTE, Auguste (1995). “Discurso sobre el espíritu positivo”, trad. de Julián Marías, Barcelona, Altaya.

DEL BARRIO, Victoria (2009). “Raíces y evolución del DSM”, en “Revista de Historia de la Psicología”, vol. 30, n°2-3, Valencia, Universidad de Valencia, págs. 81-90.

DORÉ, Christine y COHEN, David (1996). “La prescription de stimulants aux enfants ‘hyperactifs’: une étude pilote des incitatifs et des contraintes pour les parents, les médecins et les enseignants”, en “Santé mentale au Québec”, XXII, 1, págs. 216-238.

DYCHTWALD, Ken (1992). “Comentarios a la teoría holográfica. Reflexiones sobre el paradigma holográfico”, en AAVV, “El paradigma holográfico. Una exploración en las fronteras de la ciencia”, ed. por Ken Wilber, trad. de Vicente Romano, Bs. As., Kairos/Troqvel, págs. 143-153.

EPELE, María (2008). “Usos y abusos de la medicalización en el consumo de drogas: sobre economías, políticas y derechos”, en AAVV, “Medicalización…”, cit. en http://scripts.minplan.gob.ar/octopus/archivos.php?file=4271 (03.06.2016).

FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, María, y GARCÍA-VEGA, Elena (2012).“Surgimiento, evolución y dificultades del diagnóstico de transexualismo”, en “Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría”, 32 (113), págs. 103-119.

FOUCAULT, Michel (1994). “Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones”, trad. de Miguel Morey, Barcelona, Altaya.

FOUCAULT, Michel (1996).“La vida de los hombres infames”, trad. de Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría, La Plata, Altamira.

FOUCAULT, Michel (2007). “Los anormales. Curso en el Collège de France (1974-1975)”, trad. de Horacio Pons, Bs. As., Fondo de Cultura Económica.

FREUD, Sigmund (1976). “Conferencias de introducción al psicoanálisis”, trad. de José Etcheverry, en “Obras Completas”, vol. 15, Bs. As., Amorrortu.

FUKS, Saúl, (1995). “Las complejidades de la psicoterapia”, en “Pensée et Complexité”.

GALATI, Elvio, (2003). “Comentarios al libro ‘Filosofía de las ciencias humanas y sociales’ de J. M. Mardones y N. Ursua. (Reflexiones sobre Epistemología y Derecho)”, en “Revista del Centro de Investigaciones en Filosofía Jurídica y Filosofía Social”, nº 27, Rosario, Fundación para las Investigaciones Jurídicas, págs. 145-157.

GALATI, Elvio (2007). “Filosofía de la evaluación de la Universidad. Notas sobre metodología cualitativa en la investigación jurídico-educativa”, en “Academia. Revista sobre enseñanza del Derecho”, n°9, Bs. As., Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA)- Rubinzal-Culzoni, en http://www.derecho.uba.ar/publicaciones/rev_academia/revistas/09/filosofia-de-la-evaluacion-de-la-universidad.pdf (11.1.2014), págs. 299-358.

GALATI, Elvio (2009). “El Derecho Ambiental en el Derecho Planetario. El hombre y la naturaleza hacia la auto-eco-re-organización”, en “Investigación y Docencia”, nº42, Rosario, Fundación para las Investigaciones Jurídicas, tb. en http://www.cartapacio.edu.ar/ojs/index.php/iyd/article/viewFile/1224/1235 (13.9.2010), págs. 77-90.

GALATI, Elvio (2011). “La Bioética y el Bioderecho y las relaciones entre valores. Propuestas de soluciones para los comités de ética”, en AAVV, “Derecho y complejidad”, coord. por Eduardo Lapenta y Fernando Ronchetti, Azul, Fac. de Derecho, UNICEN, págs. 383-391.

GALATI, Elvio (2012). “Comprensión del pensamiento jurídico complejo a través de un caso. La riqueza de la complejidad frente a la abstracción de la simplicidad”, en “Cartapacio de Derecho”, vol. 23, Azul, Fac. de Derecho, UNICEN, en http://www.cartapacio.edu.ar/ojs/index.php/ctp/article/view/1389 (24.6.2013), págs. 1-56.

GALATI, Elvio (2015). “Los comités hospitalarios de bioética. Una comprensión trialista y transdisciplinaria desde el Derecho de la Salud”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Teseo-Universidad Abierta Interamericana, 2015, en http://ciret-transdisciplinarity.org/biblio/theses.php (9.2.2016).

GALATI, Elvio (2016). “El Código Civil y Comercial de 2015 ante la complejidad del Derecho de la Salud”, en “Cartapacio de Derecho”, vol. 29, Azul, Fac. de Derecho, UNICEN, en http://www.cartapacio.edu.ar/ojs/index.php/ctp/article/view/1490/1830 (14.3.2016), págs. 1-109.

GALATI, Elvio (2018a). “La eutanasia y la medicalización de la muerte desde una perspectiva jurídica compleja”, en “Revista Latinoamericana de Bioética”, vol. 18, nº34-1, Bogotá, Universidad Militar de Nueva Granada, 2018, en https://revistas.unimilitar.edu.co/index.php/rlbi/article/view/1833/2817 (8.5.2018), págs. 68-86.

GALATI, Elvio (2018b). “Los principios del derecho de la salud”, en “Jurisprudencia argentina”, XX, núm. especial de Bioética, del 18.7.2018. AP/DOC/467/2018, págs. 66-81.

GALATI, Elvio (2018c). “Otra introducción al pensamiento complejo”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Teseo-Universidad Abierta Interamericana, 2018, en https://www.uai.edu.ar/media/111542/galati-otra-introducci%C3%B3n-al-pensamiento-complejo.pdf (17.12.2018).

GARCÍA, Gerardo, (2018). “Fármacos estimulantes y psiquiatría infantil. Una revisión de su aplicación en el trastorno por déficit de atención con hiperactividad en niños”, en “Salud Mental”, vol. 26, nº2, págs. 33-41.

GARCÍA, R., y otros (2008). “Efectos del metilfenidato en el rendimiento lector de niños con TDAH”, en “International Journal of Developmental and Educational Pscychology”, vol. 1, nº1, 2009, págs. 549-557.

GOIC G., Alejandro (2008). “El arte de la medicina y el médico humanista”, en AAVV, “Bioética en Medicina”, coord. por Oscar Garay, Bs. As., Ad-Hoc, págs. 509-529.

GUZMAN, J. y HERNÁNDEZ ROJAS, G. (1993). “Implicaciones educativas de seis teorías psicológicas”, Depto. de Psic. Educativa, UNAM, México.

ILLICH, Iván (1975). “Némesis médica. La expropiación de la salud”, Barcelona, Barral.

JANIN, Beatríz, (s.f.)“La medicalización de la infancia”, en CANNELLOTTO y LUCHTENBERG, cit.

KOYRÉ, Alexandre (1977). “Estudios de historia del pensamiento científico”, trad. de Encarnación Pérez Sedeño y Eduardo Bustos, Bs. As., Siglo XXI.

LAKOFF, Andrew (2000). “Adaptive will: the evolution of attention deficit disorder”, en “Journal of the History of Behavioral Sciences”, vol. 36(2), págs. 149-169.

LÓPEZ CARRILLO, Margarita (s.f.) “La medicalización de la vida y la salud de las mujeres”, en https://bit.ly/2PZUHli (19.12.2012).

MASÍAS-ARIAS, Lubeth, y FIESTAS-TEQUE, Luis (2014). “Psicosis desencadenada por metilfenidato en un adolescente con trastorno de déficit de atención e hiperactividad”, en “Revista de Neuro-Psiquiatría”, vol. 77, nº3, págs. 175-178.

MONTEVERDE, Betina (2008). “DSM-IV: problematización del estatuto científico del diagnóstico en salud mental. Su legitimación y su correlato con la normalización y la medicalización social –AD/HD”, tesis de Maestría en Salud Pública, Rosario, Centro de Estudios Interdisciplinarios.

MORIN, Edgar (1984). “Ciencia con consciencia”, trad. de Ana Sánchez, Barcelona, Anthropos.

MORIN, Edgar (2002). “La cabeza bien puesta. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento”, 1ª ed., trad. de Paula Mahler, Bs. As., Nueva Visión.

MORIN, Edgar (2005). “Introducción al pensamiento complejo”, trad. de Marcelo Pakman, Barcelona, Gedisa.

MORIN, Edgar (1993). “El Método 1. La naturaleza de la naturaleza”, trad. de Ana Sánchez en colab. con Dora Sánchez García, 3ª ed., Madrid, Cátedra.

MORIN, Edgar (2006). “El Método 2. La vida de la vida”, trad. de Ana Sánchez, 7ª ed., Madrid, Cátedra.

MORIN, Edgar (2006). “El Método 3. El conocimiento del conocimiento”, trad. de Ana Sánchez, 5ª ed., Madrid, Cátedra.

MORIN, Edgar (2006). “El Método 4. Las ideas. Su hábitat, su vida, sus costumbres, su organización”, trad. de Ana Sánchez, 4ª ed., Madrid, Cátedra.

MORIN, Edgar (2006). “El Método 5. La humanidad de la humanidad. La identidad humana”, trad. de Ana Sánchez, 2ª ed., Madrid, Cátedra.

MORIN, Edgar (2006). “El Método 6. Ética”, trad. de Ana Sánchez, Madrid, Cátedra.

MORIN, Edgar (2011). “La vía. Para el futuro de la humanidad”, trad. de Núria Petit Fontseré, Barcelona, Paidós, 2011.

MORIN, Edgar, CIURANA, Roger, y MOTTA, Raúl (2002). “Educar en la era planetaria. El pensamiento complejo como método de aprendizaje en el error y la incertidumbre humana”, Valladolid, UNESCO – Univ. de Valladolid.

MORIN, y PIATELLI-PALMARINI, Massimo (1983). “La unidad del hombre como fundamento y aproximación interdisciplinaria”, en AAVV, “Interdisciplinariedad y Ciencias Humanas”, trad. de Jesús Gabriel Pérez Martín, Madrid, Tecnos, págs. 188-212.

MOYNIHAN, Ray, y CASSELS, Alan (2006). “Medicamentos que nos enferman e industrias farmacéuticas que nos convierten en pacientes”, trad. de Helga Montagut, Bs. As., Atlántida.

MÜLLER, Mónica (2004). “Sana sana. La industria de la enfermedad”, Bs. As., Sudamericana.

NATELLA, Graciela (s.f.). “La creciente medicalización contemporánea: prácticas que la sostienen, prácticas que la resisten en el campo de la salud mental”, en CANNELLOTTO y LUCHTENBERG, cit.

NAVARTE, Mariana (2011). “Trastornos escolares. Detección – Diagnóstico y tratamiento”, Quilmes, Landeira.

ORUETA SÁNCHEZ, Ramón et al (2011). “Medicalización de la vida (II)”, en “Revista Clínica Médica Familiar”, 4 (3), en http://www.revclinmedfam.com/PDFs/63dc7ed1010d3c3b8269faf0ba7491d4.pdf (19.12.2012).

PACHECO, Jesús (s.f.). “Entrevista. Néstor Braunstein. Dominar las subjetividades”, en http://vlex.com/vid/stor-braunstein-dominar-subjetividades-449058226 (2.3.2017).

PAPASEIT, E., y otros (2013).“Metilfenidato en el tratamiento del trastorno de déficit de atención con hiperactividad en pediatría: monitorización en matrices biológicas”, en “Anales de Pedriatría”, vol. 78, nº2.

PESTRE, Dominique (2005). “Ciencia, dinero y política. Un ensayo de interpretación”, trad. de Ricardo Figueira, Bs. As., Nueva Visión.

ROBLEDO, P. (2011). “Las anfetaminas”, en “Trastornos adictivos”, 10(3), págs. 166-174.

SAAL, Frida, (2011). “Conductismo, neoconductismo y Gestalt”, en PASTERNAC, BENEDITO, y SAAL, op. cit., págs. 261-278.

TREMBLAY, Richard (2008).“Prévenir la violance dès la petite enfance”, Paris, Odile Jacob.

UNTOIGLICH, Gisela (2014).“Medicalización y patologización de la vida: situación de las infancias en Latinoamérica”, en “Nuances: estudos sobre Educação, Presidente Prudente-SP”, vol. 25, nº1, págs. 20-38.

VASEN, Juan (2005). “Fantasmas y pastillas. Intervenciones psicoanalíticas y psicofarmacológicas con niños”, Bs. As., Letra Viva.

WATZLAWICK, Paul (1995). “Introducción”, en AAVV, “El ojo del observador. Contribuciones al constructivismo”, trad. de Cristóbal Piechocki, 2ª ed., comp. Por Paul Watzlawick, y Peter Krieg, Barcelona, Gedisa, págs. 9-13.


  1. Este trabajo es de autoría individual, pero realizado en el marco de un proyecto de investigación científica bajo mi dirección, e integrado por Mariela Bianchi, Mariana Gerbotto, Valeria Hernández y Juan Pablo Lattuca, a quienes agradezco por la lectura, observaciones, y apoyo.
  2. Posdoctor en Derecho por la Universidad de Buenos Aires. Doctor en Derecho por la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Profesor titular regular en la Universidad Abierta Interamericana (UAI), y jefe de trabajos prácticos regular en la UNR. Investigador científico 1b de la UAI, y categoría II del Programa de Incentivo a docentes-investigadores del Ministerio de Educación de la Nación. www.elvioacademia.wordpress.com elviogalati@gmail.com.
  3. Sobre el tema p. v. Galati, 2015.
  4. “(…) paradigma que asociaría lo uno y lo diverso en una concepción fundamental de la unitas multiplex. (…) un paradigma, que en lugar de separar la idea de unidad y la de diversidad, y de oponerlas, las uniría”. (Morin, Piatelli-Palmarini, 1983: 191).
  5. Sobre el tema puede profundizarse en el trabajo de Bianchi.
  6. También es agrupado el metilfenidato como estimulante, en un estudio sobre la medicalización de la infancia: “El Comité de Expertos del Instituto de Salud Mental de Estados Unidos, en noviembre de 1998, realizó un informe sobre este tema planteando que las anfetaminas y estimulantes similares fueron introducidos para tratar el ADHD en 1950, pero que la frecuencia de este diagnóstico y el uso de estimulantes se ha acelerado en los últimos años” (Epele, 2008: 56).
  7. “La Food and Drug Administration (FDA) encuentra que un 92% de pacientes con TDAH que presentan síntomas psicóticos o maníacos remitieron con el retiro o disminución del producto pero un 8% persistieron con los síntomas siendo posteriormente diagnosticados como bipolares o esquizofrénicos. Asimismo se ha demostrado que el metilfenidato produce psicosis en 40 a 60% de pacientes con esquizofrenia” (Masías-Arias, Fiestas-Teque, 2014: 175-176).
  8. “Las formulaciones farmacéuticas disponibles en España contienen la mezcla racémica de los isómeros [d,l]-treo-MFD, responsable en parte de los efectos secundarios cardiovasculares y anorexígenos. Actualmente en otros países ya están comercializadas preparaciones que únicamente contienen el isómero d-treo-MFD, es decir, la parte que proporciona exclusivamente los efectos psicoestimulantes terapéuticos” (Papaseit et al, 2013: 78).
  9. Basta ver en este sentido la película “El lobo de Wall Street” para ver el ritmo de vida que llevan los protagonistas.
  10. V. el pto. 10.
  11. V. https://www.roemmers.com.ar/es/productos/atentto (26.4.2018).
  12. Así, “(…) cada individuo (…) se esfuerza por maximizar sus probabilidades vitales y en minimizar sus riesgos mortales” (Morin, 2006: 465).
  13. Al respecto, “(…) basta pensar en la importancia de la salud y de la ‘calidad física’ de los soldados, en especial en las guerras coloniales (…)” (APA, 1952: VII).
  14. “La respuesta terapéutica es la medicación en tanto el problema se considera, desde el vamos, de origen orgánico” (Lakoff, 2000: 158).
  15. “(…) las más de las veces, los docentes en su afán de ayudar, inician estos procesos instalando en la vida de esos niños y sus padres marcas imposibles de borrar” (Untoiglich, 2014: 26).
  16. “Las mentes formadas por un modo de conocimiento que repudia la complejidad, por tanto la ambivalencia, no saben concebir la ambivalencia inherente a la actividad científica, en la que conocimiento y manipulación son las dos caras del mismo proceso” (Morin, 1984: 80).
  17. “Kraepelin minusvalorará los elementos subjetivos, ambiguos y emotivos presentes en los relatos, hasta el punto de construir una estrategia anti-narrativa; esto es, la ocultación del discurso del paciente frente a las supuestas evidencias objetivas de la enfermedad” (Caponi y Martínez-Hernáez, 2013: 468).
  18. “El protagonismo, se exige tanto al médico, para que no sea aplastado por la industria farmacéutica y se convierta en ejecutor de la publicidad de las empresas, y se exige al paciente, para que no crea que su actividad se reduce a tomar una pastilla, en tanto no puede reprimirse un síntoma sin tener en cuenta que existe en un cuerpo” (Galati, 2016: 62).
  19. “Reduce la organización viviente a la organización físico-química (…) robotizar al ser viviente del que no resta más que una máquina automática (…)” (Morin, 2006: 451).
  20. “(…) el beneficio que aporta la posibilidad de nominar un padecimiento. No era nada infrecuente que un paciente crónicamente institucionalizado se presentara diciendo: ‘soy ezquizofrénico’. Hoy podría decir: ‘yo soy bipolar’” (Vasen, 2005:36).
  21. V. el pto. 10.
  22. Sobre la relación del conductismo con la educación p. v. Galati, 2018c:229-255.
  23. V. el pto. siguiente.
  24. “El científico de las ciencias exactas no tiene (…) ninguna superioridad intelectual, no sólo con respecto a los demás científicos, sino también con respecto a los demás ciudadanos. (…) podemos verificar esta proposición remitiéndonos a las declaraciones políticas, filosóficas, sociales de los premios Nobel y otros físicos eminentes” (Morin, 1984: 25). “En la situación psicoterapéutica (…) quien consulta pareciera carecer de verdades y quien es consultado, poseer todas las ‘verdades científicas’. En una visión simplificadora, no puede existir más que la verdad y el error” (Fuks, 1995: 5). Lo mismo ocurre con la relación estudiante-docente. Además, “(…) quien consulta se encuentra, en virtud de su sufrimiento, en un estado de indefensión que lo vuelve permeable a la fascinación” (Fuks, 1995: 6). Tal como ocurre con el alumno, asombrado ante la sabiduría de su maestro.
  25. Ya Freud decía que una de las dificultades para comprender el psicoanálisis era haber “(…) enseñado a buscar un fundamento anatómico para las funciones del organismo y sus perturbaciones, a explicarlas en términos de física y de química y a concebirlas biológicamente, pero ni un fragmento del interés de ustedes fue dirigido a la vida psíquica que, no obstante, corona el funcionamiento de este organismo maravillosamente complejo” (Freud, 1976: 17). Nótese cómo Freud menciona la complejidad, que en otra traducción -Biblioteca Nueva- se menciona como “complicado”, palabra tan similar, pero tan distinta.
  26. “El vivir no puede ser reducido a la utilidad, el ahorro, la homeostasis, la adaptación, aunque comporte todas estas dimensiones. El vivir no hace estallar la racionalidad, sino toda concepción cerrada de la racionalidad” (Morin, 2006: 477).
  27. “Es más fácil, económica, y segura la preparación adecuada de los hábitos ‘deseables’ que su modificación” (Saal, 1982: 265-266).
  28. “(…) hoy la psiquiatría trabaja de manera amplia con el concepto de acomodación a la realidad como medida de la salud o de la enfermedad mental de un hombre […]” (Watzlawick, 1995: 12).
  29. V. el pto. 8.
  30. “Parecería que la lucha por la autonomía del Derecho -muy noble y destacable por cierto- se paga con el homenaje a la legalidad, con lo cual se termina reivindicando la tarea purificadora de Kelsen, gran defensor de la autonomía del Derecho, pero impulsor de la sumisión de la ciencia jurídica a las redes del Positivismo” (Galati, 2018c: 52).
  31. “El Trialismo ya contiene en sí lo que podría considerarse desde el punto de vista positivista como ‘no jurídico’, a saber, la jurística sociológica y la jurística dikelógica” (Galati, 2018c: 179).
  32. “In the past, new classifications of mental disorders have not been extensively subjected to clinical trials before official adoption” (APA, 1980: 4).
  33. “(…) la fisiopatología subyacente de este trastorno no ha sido identificada aún” (García, 2003: 36).
  34. “Hasta que se identifiquen de forma incontestable los mecanismos etiológicos o fisiopatológicos que permitan validar por completo un trastorno o espectro de trastornos específico, la regla más importante para establecer los criterios del trastorno del DSM-5 será su utilidad clínica para valorar su curso y la respuesta de los individuos agrupados en función de un conjunto dado de criterios diagnósticos” (APA, 2014: 6).
  35. Sobre las relaciones entre valores p. v. Galati, 2011.
  36. “La astronomía de Copérnico nos había desalojado del centro del universo, la biología de Darwin nos derrocó de la posición de reyes de la creación, el materialismo histórico de Marx nos mostró la determinación social de los lugares que creíamos ocupar libremente y el psicoanálisis de Freud nos destruyó la ilusión de que nuestra conciencia era el centro de nosotros mismos” (Braunstein, en Pasternac, Benedito, y Saal, 1982: 18). “Copérnico le sacó al hombre el privilegio de ser el centro del Universo. Darwin lo convirtió en un descendiente de antropoide, con lo que dejó de ser una criatura a imagen de su Creador. Freud desacralizó la mente humana y Hubble nos exilió a los suburbios más alejados del cosmos” (Morin, 2002:102).
  37. “La ocultación de nuestra subjetividad es el colmo de la subjetividad. Inversamente, la búsqueda de objetividad no comporta la anulación, sino el pleno empleo de la subjetividad” (Morin, 2006: 347).
  38. “(…) for most of the categories the diagnostic criteria are based on clinical judgment, and have not yet been fully validated by data about such important correlates as clinical course, outcome, family history, and treatment response. Undoubtedly, with further study the criteria for many of the categories will be revised” (APA, 1980: 8).
  39. “La metodología cualitativa no trata mayormente de concentrar mismas unidades a fin de generalizar, sino de tomar casos significativos y de compararlos. No ‘direcciona’ su investigación arbitrariamente mediante hipótesis, sino que apunta a la diferencia, a la diversidad en la comunidad” (Galati, 2007: 338).
  40. Cabe resaltar que ella quiere decir que no hay, pero en primer lugar dice que hay. Se corrige. Para un psicoanalista, se trataría de un acto fallido.
  41. “Incluso cuando se disponía de datos de Estudios de investigación pertinentes, los miembros del grupo de trabajo a menudo difieren en sus interpretaciones de los hallazgos” (trad. del autor).
  42. In DSM-III there is no assumption that each mental disorder is a discrete entity with sharp boundaries (discontinuity) between it and other mental disorders, as well as between it and No Mental Disorder” (APA, 1980: 6).
  43. If an appropriate diagnosis cannot be found, disorders described elsewhere in this manual should be considered” (APA, 1982: 35).
  44. “[…] es imposible abarcar absolutamente toda la psicopatología en las categorías de diagnóstico que estamos utilizando ahora. Por eso es necesario incluir las opciones de ‘otros especificados / no especificados’ para aquellos cuadros que no se ajustan exactamente a los límites diagnósticos de los trastornos de cada capítulo” (APA, 2014: 4).
  45. Esta omnipotencia recuerda a la jurídica del positivismo, que señala que todo lo que no está prohibido está permitido, según el principio de hermeticidad del ordenamiento jurídico. Cuando puede ocurrir que algo puede ser dañino e injusto y no necesariamente estar prohibido. “El kelsenianismo sostiene que una laguna, como la hubo con respecto a los bosques, significa una permisión, por el principio de que todo lo que no está prohibido está permitido. Sin embargo, nadie puede negar la perniciosidad de la tala de bosques, aunque no haya una norma prohibitiva de la misma” (Galati, 2009: 85).
  46. De lo contrario habría “cientifización” de la vida. V. Galati, 2018a: 70.
  47. Although this manual provides a classification of mental disorders, there is no satisfactory definition that specifies precise boundaries for the concept ‘mental disorder’ […]” (APA, 1980: 5). Lo que se ejemplifica con la depresión mayor con o sin melancolía.
  48. La psiquiatra dice que en general los padres son reticentes a medicar a sus niños, en tanto si toman medicación a los 6 años, cabe preguntarse qué ocurriría más adelante.
  49. When the disturbance is limited to a conflict between an individual and society, this may represent social deviance, which may or may not be commendable, but is not by itself a mental disorder” (APA, 1980:6).
  50. “En cualquier caso el tratamiento con metilfenidato podría ser una ayuda importante para que los niños estuvieran más atentos al entrenamiento de las estrategias o procedimientos para el aprendizaje. […] la medicación ayuda a potenciar los efectos de la instrucción académica” (García et al, 2009: 556).
  51. “A common misconception is that a classification of mental disorders classifies individuals, when actually what are being classified are disorders that individuals have” (APA, 1980: 6).
  52. “Although all the individuals described as having the same mental disorder show at least the defining features of the disorder, they may well differ in other important ways that may affect clinical management and outcome” (APA, 1980: 6).
  53. “(…) a behavioral or psychological problem may appropriately be a focus of professional attention or treatment even though it is not attributable to a mental disorder” (APA, 1980: 6).
  54. Sobre el tema p. v. Galati, Elvio (2011), “Un cambio paradigmático en la salud. Consideraciones sociales de la ciencia jurídica a partir de la Ley Argentina de Derechos del Paciente”, en Eä – Revista de Humanidades Médicas & Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología”, vol. 2, nº 3, abril 2011, Ciudad de Bs. As., ISO-CYTE – Instituto de Estudios en Salud, Sociedad, Ciencia y Tecnología, en http://www.ea-journal.com/art2.3/Un-cambio-paradigmatico-en-la-salud.pdf (28.4.2011).
  55. P. v. en este sentido “La educación prohibida”, documental argentino de 2012, producido por Eulam Producciones y dirigido por Germán Doin. V. http://educacionprohibida.com/ (30.6.2017).
  56. Puede profundizarse su pensamiento en su trabajo de este libro.
  57. “(…) la escuela pretende enseñar a chicos que ya ‘saben’ y que, en muchos casos, deben básicamente desaprender” (Vasen, 2005: 18).
  58. Sobre el tema p. v. Morin (2011), “La vía. Para el futuro de la humanidad”, trad. de Núria Petit Fontseré, Barcelona, Paidós, cap. “Medicina y Salud”.
  59. Coneau recomendó a la carrera de Psicología de Rosario que modifique su plan de estudios, garantizando: una pluralidad de enfoques, el aspecto público de la profesión que se da en la psicología comunitaria, la psicología forense, prácticas profesionales supervisadas, un trabajo final integrador. En este dictamen de 2013 le recalcó que no hay investigación interdisciplinar.
  60. Que interesante sería tener “filosofía de la salud”, de manera de “[…] considerarse a sí mismo [el psicoterapeuta] como un diagnosticador de patologías ya preexistentes en su sistema de creencias teórico, necesitó poder transformarse en un explorador/viajero de los diversos territorios del existir” (Fuks, 1995: 8).
  61. Previamente se dijo que la pobreza, los fenómenos de bandas y la falta de dominio de la lengua pueden explicar el fracaso escolar.
  62. Sobre el tema p. v. Galati, E. (2011), “Algunos desafíos del ‘Derecho Genético’”, en “Investigación y Docencia”, nº44, Rosario, Universidad Nacional de Rosario, págs. 93-110; tb. en http://www.centrodefilosofia.org.ar/IyD/IyD44_11.pdf (24.10.2012).
  63. “(…) es posible que los factores que no contribuyen [directamente] a la salud, como los determinantes en salud, no puedan ser superados individualmente. Lo que amerita que el Estado intervenga, no para dar salud, sino para generar condiciones a fin de que todo individuo la logre” (Galati, 2018b: 75).
  64. “(…) se concibe como una posibilidad de articulación para ligar acción y reflexión, experiencia y conocimiento”. Surge en oposición a la bioética personalista, para evitar trasladar ideas confesionales a los demás. La bioética compleja aprovecha los contenidos de las ideas inter y transdisciplinarias, y trialistas. No es una mera bioética institucional, para evitar encerrarla en los límites de cualquier burocracia. Sobre el tema p. v. Galati, 2015: 17, 134, 145, 216, 279-280. Supera los clásicos principios de no maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia, en otros principios más complejos y autóctonos. V. Galati 2018b.


Deja un comentario