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Elementos acerca de la situación de la clase trabajadora en la pandemia de COVID-19: el “brote” de trabajo digital y la contratación on demand

Camila Pereira Abagaro, Roselia Arminda Rosales Flores y Adelgício de Barros Correia Sobrinho

Introducción

La pandemia provocada por COVID-19 pone de manifiesto de manera contundente la crisis estructural del capital de los últimos cincuenta años, que no ha podido ser revertida pese a las medidas de austeridad adoptadas por algunos gobiernos que proponen el modelo (ultra)neoliberal como solución a los problemas económicos, políticos y sociales de América Latina. En ese contexto, se advierte el recrudecimiento de las condiciones de trabajo, salud y vida de quienes necesitan vender su fuerza de trabajo para sobrevivir.

En el siglo XXI, con el creciente avance tecnológico y el surgimiento de las plataformas/aplicativos digitales, se observa una reconfiguración del mundo del trabajo, que se expresa en nuevas formas de organizar la actividad laboral y, por ende, de explotar a la clase trabajadora. Una de ellas es denominada uberización, cuyas características serán indicadas en el desarrollo de este capítulo. Se trata de un escenario sin precedentes y constituye nuestro punto de partida para el análisis pretendido, dado que ya se laboraba bajo tales circunstancias antes de la eclosión de la pandemia causada por COVID-19.

En esa dirección, es apremiante la tarea de pensar las posibles repercusiones de la pandemia en el mundo del trabajo: el aumento del desempleo global, la profundización de la precarización laboral, la intensificación de la uberización del trabajo, el incremento de la desigualdad y pobreza en América Latina, entre otras. Como se trata de un proceso aún en curso, no es posible conocer del todo el impacto de la crisis sanitaria internacional en la situación de la clase trabajadora; empero, se hace necesario señalar elementos que permitan reflexionar acerca de esa tragedia anunciada.

La pregunta que planteamos en el presente documento es: ¿qué ha sucedido a los/as trabajadores/as en el contexto de la pandemia de COVID-19? Esa indagación suscita un amplio espectro de respuestas, no obstante, buscaremos contestarla a rasgos generales y a partir de una mirada crítica y de totalidad, haciendo uso de la metodología de análisis marxista, cuya mirada se centra, en un primer momento, en el concreto real, posteriormente elabora sus abstracciones para, finalmente, proyectar la realidad en el plano del concreto pensado (Marx, 2006 [1968]). Asimismo, la reflexión realizada a partir de la Salud Colectiva latinoamericana posibilita analizar el objeto de estudio a la luz de la determinación social de la salud (Laurell, 1982). Con esa finalidad, realizamos una revisión documental y en medios electrónicos acerca de la situación de la clase trabajadora en la pandemia, además de la consulta bibliográfica para sustentar nuestra argumentación teórica.

No se pretende, de ninguna manera, agotar la discusión en torno al tema, sino que, como fue mencionado con anterioridad, se busca señalar elementos centrales aprehendidos a partir de una mirada hacia la realidad y a la situación de los/as trabajadores/as en la crisis sanitaria, de modo que, en el siguiente apartado, se contextualizará el proceso de uberización del trabajo previo a la pandemia.

Antes de la pandemia: el proceso de uberización del trabajo

Para el desarrollo de nuestras consideraciones, se requiere señalar que el mundo del trabajo atraviesa, desde mediados de la década del setenta, un intenso proceso de transformaciones generadas por las crisis sistemáticas, y cada vez más frecuentes, del modo de producción capitalista, aunado al modelo económico-político neoliberal.

Diversos autores (Antunes, 2008, 2018, 2020b; Braga, 2017; Harvey, 2013, 2020b, Mészáros, 2002, 2009) han documentado ese proceso y las metamorfosis ocurridas al interior del mundo del trabajo, además de sus repercusiones para la clase trabajadora en distintas dimensiones, de las cuales destacamos: degradación de las condiciones materiales de vida; precarización de las condiciones laborales que adquiere nuevas y complejas configuraciones; desempleo estructural; proceso salud-enfermedad, con énfasis en los padecimientos de orden mental y sufrimiento psíquico; desprotección social; captura de la subjetividad del trabajo vivo (Alves, 2016); dificultades enfrentadas por las y los trabajadores en su organización, especialmente por el desmantelamiento de la legislación laboral y sindicatos, entre otras.

Uno de los fenómenos recientes observados en el mundo del trabajo previamente al inicio de la pandemia de COVID-19 es lo que se ha denominado como uberización del trabajo. La crisis del modo de producción capitalista tiene un ápice en 2008 (Dardot y Laval, 2016), cuando se observa el proceso de desindustrialización y expansión del sector servicios. El capital ha respondido a la crisis que está en curso mediante intensos procesos de reestructuración productiva a escala global para asegurar la expansión y viabilidad del sistema capitalista (Abagaro y Cuéllar, 2019), y la búsqueda por la rentabilidad se expresa en un capitalismo predominantemente digitalizado y financiarizado que se expande vertiginosamente.

Esas características conforman una especie de propagación acelerada de novedosas formas de explotación del trabajo por el capital, en plataformas digitales, por medio de aplicativos de prestación de servicios de distintas naturalezas. Ese uso de la fuerza de trabajo es señalado de manera muy específica por Antunes (2018) como “el nuevo proletariado de servicios en la era digital”.

En nuestro entendimiento, el término uberización, cuyo origen alude a la empresa transnacional UBER, expresa, en realidad, un amplio proceso de reestructuración productiva, en el cual la clase trabajadora se encontrará en circunstancias todavía más precarizadas. Pochmann lo considera como una nueva fase de acumulación capitalista:

A partir da década de 1970 temos um esgotamento do fordismo e o avanço do toyotismo, que também tem como referência a montagem de um automóvel. A empresa vai se fragmentando no interior do processo produtivo de tal forma que no mesmo local de trabalho você passa a ter diferentes contratos de trabalho, reunindo empresas especializadas nessa parcialização da produção. O importante, do ponto de vista das consequências para o trabalho, é que agora há uma prevalência da heterogeneidade, desigualdades das condições de trabalho. Uma realidade são os trabalhadores contratados pela montadora, outra é a realidade dos que são contratados por empresas cujos sindicatos são menores, não têm a mesma capacidade de pressão e luta, como é o caso dos vigilantes, da limpeza, da segurança e outras partes constitutivas das peças [automotivas]. A partir da década de 1970, esse se torna um modelo hegemônico de organização do trabalho. Isto é verificado nos serviços também. Um hospital que anteriormente contratava todos os trabalhadores de diferentes categorias cada vez mais passa a trabalhar com a terceirização, que é a fragmentação dos contratos: uma coisa são os contratados diretamente pelo hospital, outro são os prestadores de serviço. O que estamos denominando de uberização é uma nova fase, que é praticamente a autonomização dos contratos de trabalho. É o trabalhador negociando individualmente com o empregador a sua remuneração, seu tempo de trabalho, arcando com os custos do seu trabalho[1] (Pochmann, 2016, pp. 2-3).

Para Antunes, la uberización es “um processo no qual as relações de trabalho são crescentemente individualizadas e invisibilizadas, assumindo, assim, a aparência de ‘prestação de serviços’ e obliterando as relações de assalariamento e de exploração do trabalho”[2] (Antunes, 2020b, p. 11). Es en el escenario de la Sharing Economy (Slee, 2017), también nombrada como Gig Economy (Alves, 2018), que la uberización gana espacio y reorganiza el trabajo, caracterizado especialmente por supuesta flexibilidad de horarios, aparente valorización del conocimiento individual, no subordinación y presunto poder en la toma de decisiones. Un análisis más detallado de los elementos constituyentes de esa reconfiguración del mundo del trabajo posibilita indicar algunas implicaciones objetivas y subjetivas para la clase trabajadora:

  • Que dispongan de las herramientas necesarias para realizar su trabajo y sean encargadas/os de su mantenimiento;
  • Que asuman y/o participen en costos inherentes al ejercicio de su actividad laboral;
  • Imposición por parte de las empresas globales de las condiciones de trabajo, sin posibilidad de negociación;
  • Bajo compromiso y responsabilidad del empleador debido a la contratación en la nube (crowdsourcing);
  • Desprotección social de la clase trabajadora, que se encuentra entregada a su propia suerte.

Una vez que hemos expuesto nuestra comprensión acerca del proceso de uberización del trabajo, en el siguiente apartado trataremos de acercarnos al contexto de la pandemia de COVID-19 y sus posibles impactos en la situación de la clase trabajadora.

El “brote” del trabajo digital en la pandemia de COVID-19

La profusión de debates sobre la pandemia, la crisis internacional y sanitaria y sus posibles repercusiones en la clase trabajadora a escala global permiten antever la complejidad del objeto de estudio, especialmente por la necesidad de observar distintos ejes de análisis relacionados con el tema (Antunes, 2020a; Davis y Klein, 2020; Dunker, 2020; Fontes, 2020; Harvey, 2020a; Jappe, Aumercier, Homs y Zacarias, 2020; Mascaro, 2020; Santos, 2020 y Žižek, 2020).

En ese sentido, reiteramos que no pretendemos dar respuestas definitivas acerca de la pregunta inicial, sino realizar una reflexión crítica y señalar, a rasgos generales, algunas de las situaciones experimentadas por la clase trabajadora en el contexto de la pandemia provocada por COVID-19. Las medidas tomadas por distintos países para tratar de contener el avance del brote (Corresponsales ABC, 2020) se constituyeron en la suspensión de actividades realizadas fuera del hogar y trabajos no esenciales. En ese espectro, algunos sectores que permanecieron activos son aquellos relacionados con los servicios de salud, provisión de alimentos y entrega (delivery), además de un aumento en actividades realizadas vía electrónica, sobre todo de comercio.

Además de la alarmante situación de los/as trabajadores/as del sector salud en las Américas que actúan en el enfrentamiento directo de COVID-19 (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2020), es posible señalar la reorganización de variadas actividades laborales, como por ejemplo: los trabajos que eran realizados en oficinas, sean públicas o gubernamentales; las labores vinculadas a la educación y actividades de docencia y otras tareas relacionadas a la prestación de otros servicios generales. De manera drástica, esas actividades pasaron a ser realizadas de forma virtual, en el formato de home office/teletrabajo, proceso que decidimos nombrar como “brote” de trabajo digital.

Relaciones de trabajo en la nube y crowdsourcing: la pandemia de precarización

La forma en que se desarrolló el capitalismo con la Gig Economy o Cuarta Revolución Industrial (Schwab, 2016) ha impactado sustancialmente en las relaciones laborales, especialmente en lo que se refiere al uso de la fuerza de trabajo, su selección y convenio para la prestación de servicios, con la intervención de plataformas de contratación en la nube que seleccionan a contratistas y contratados de Big Data entre la multitud de disponibilidades, lo que se conoce como crowdsourcing.

Como es habitual en las transformaciones ocurridas en el mundo del trabajo para la búsqueda de ganancias por parte de capital, el crowdsourcing nació con la perspectiva de unir a las personas a una variedad de conocimientos externos, con el fin de llegar a una solución que beneficiara a todos. Incluso personas que no tenían ningún conocimiento sobre un área podrían emprender de manera simplificada (Siegel, 2017) o buscar inversiones (Belezas, 2017). Sin embargo, con algunas adaptaciones, lo que se vio en muchos de estos negocios fue la formación de un contingente de trabajadores para ser explotados, ya no por un capitalista típico, sino por algoritmos computacionales que apuntan al lucro sin hacer ninguna elección ética: solamente obedecen a lo diseñado por sus programadores, quitando el elemento humano y la responsabilidad del contratista con la intermediación de una plataforma.

El movimiento es desarrollado a partir de contrataciones en red y el uso de herramientas como blockchaim (plataforma descentralizada de registro y ejecución), y también es denominado uberización, nombre que nació como mención al experimento de transporte individual de pasajeros que se ha apoderado del mundo y se ha convertido en una gran plataforma logística, en la cual sus “colaboradores” o “socios” (la palabra empleado está prohibida) cuentan con servicios on demand, y ellos deben asumir los riesgos de la actividad, incluso con el pago de seguros, bajo las premisas del control empresarial y sin protección social, con la típica precariedad de sus derechos laborales.

El formato de contratación debe seguir la lógica del mercado libre, donde la plataforma atraería proveedores de servicios y consumidores disponibles en la red, quienes monetizarían el contrato en función de la demanda y las ofertas, con las evaluaciones en el mercado determinadas por los likes y dislikes. Sin embargo, esos datos terminan por ser manipulados por el proveedor de servicios a través de algoritmos computacionales, y esto caracteriza lo que algunos autores han denominado como “capitalismo de vigilancia” (Zuboff, 2018).

Es importante mencionar que esas nuevas tecnologías están reemplazando el modelo de la contratación tradicional, en el cual el empresario podría ser responsabilizado por riesgos/daños causados por la actividad laboral. En esa reconfiguración del mundo del trabajo, la clase trabajadora debe de cargar con los riesgos y posibles daños de su actividad. Son fondos de inversión que, en ocasiones, se suman con capital de los propios empresarios y empleados, a partir de la compra de acciones de sociedades anónimas o venta directa en sociedades cerradas, lo que da como resultado una figura híbrida en la que el explotado puede ser, en parte, su propio explotador (Žižek, 2012). Esto resultó ser un elemento preliminar muy importante para la consolidación de un sistema como el crowdsourcing.

Se observa, de lo mencionado, que estamos ante un movimiento que se presenta como un reformulador de las relaciones laborales, con una cultura de apariencia comunitaria y cooperativa, pero que, al final, en buena parte de los negocios, puede ser no más que una estrategia de dominación y explotación capitalista sin rostro que desafía las democracias y las leyes protectoras de las relaciones laborales en busca de enormes ganancias a escala (Slee, 2017).

Las posibilidades de desarrollar capacidades y oportunidades propiciadas por la inteligencia artificial (IA) y el internet de las cosas (IoT) dentro del espectro de crowdsourcing, de simplificar y organizar diversas actividades (Chase, 2015), no se plasma del todo una vez que se constituye en una relación de dominio contractual a través de las plataformas intermediarias, y así la situación se convierte de un posible emprendimiento a una relación precaria. Dicho de otra manera, ahora la clase trabajadora se encuentra en una posición de “emprendedores/as por necesidad”.

Cabe destacar que ese era un proceso que se hacía presente antes de la pandemia de COVID-19 y se intensifica de manera drástica en el contexto pandémico, lo cual revela una profundización de la precarización de las condiciones laborales y de salud de la clase trabajadora (Praun, 2020).

El cambio que introduce la tecnología en las relaciones laborales podría no caracterizarse como esencialmente perjudicial. Sin embargo, la forma en que se conforman esas relaciones genera una situación de dominación, que ocasiona daño al lado más frágil –el trabajo– y provee grandes ganancias a la clase que históricamente lo explota –el capital– a través de las variaciones de crowdsourcing en la contratación de trabajadores/as, es decir, el crowdwork y el trabajo on demand, que se desarrollarán en los subtemas que siguen.

Crowdwork: apertura a la precarización del trabajo digital

El crowdwork, también llamado trabajo colaborativo, es una forma del crowdsourcing para la contratación de mano de obra humana que puede involucrar proyectos de baja, media o alta complejidad, pero que resultan inviables para la realización por IA, ya que implican juicio ético o incluso autonomía, lo que rebasa la programación computacional:

O “crowdwork” refere-se a atividades que envolvem a realização de tarefas por meio de plataformas online que colocam em contato diversas organizações e indivíduos com outras organizações e indivíduos por meio da internet, permitindo a aproximação entre consumidores e trabalhadores de todo o mundo[3] (Oitaven, 2018, p. 15).

Las actividades de crowdwork van desde responder cuestionarios o la transcripción de audios hasta la elaboración de proyectos de redacción, funcionando la plataforma como un verdadero intermediario entre las partes que brindará un servicio “totalmente” autónomo. Dicho de otra manera, equiparándolos a meros servicios sin vínculo laboral/empleo formal que asegure protección y seguridad social a los/as trabajadores/as, lo que profundiza la precariedad en la cual se encuentran inmersos/as.

El control de la actividad y la fijación del precio se deja al libre mercado y a la disponibilidad de las partes, tomado el parámetro de likes y dislikes como principal vía para determinar si una persona realmente presta el servicio o, en el caso del consumidor, si lo paga adecuadamente.

El crowdwork puede verse como el propósito original de los servicios de crowdsourcing, que no debe confundirse con los intentos de deconstruir las relaciones laborales, aunque la apertura a la precarización está presente por medio de la búsqueda global de personas con experiencia para brindar un servicio específico de baja o alta complejidad, sin ningún control sobre la plataforma o, incluso, sin ninguna promesa de nueva prestación de servicios en el futuro. Es necesario, por tanto, revisar las características que adquiere el trabajo en aquellos espacios donde la plataforma o los aplicativos se erigen como un intermediador, pero además con un dispositivo de control.

Trabajo on demand

El trabajo on demand, a diferencia de lo que se presenta en el trabajo colaborativo, se ocupa directamente de las actividades cotidianas en las cuales la plataforma aparece no solo como un intermediario entre el contratista y el contratado, sino que también ejerce control y mando sobre los proveedores de servicios –“colaboradores” o “socios”–. Además de likes y dislikes, existe un registro real de “socios” con el pretexto de incrementar la calidad/seguridad del servicio para el consumidor, cuando en realidad se caracteriza por una relación de subordinación efectiva, que confunde la figura del “socio” con la del propio empleador:

O trabalho “on demand por meio de aplicativos se relaciona com a execução de atividades laborais tradicionais, como transporte e limpeza, além de tarefas administrativas e de escritório. Os serviços são oferecidos por meio de aplicativo, que estabelece e garante um padrão de qualidade mínimo na realização do trabalho, bem como seleciona e gerencia a mão de obra[4] (Oitaven, 2018, p. 16).

El control ejercido en el trabajo on demand, por medio de los likes y dislikes, es una lógica perversa que puede incluso expulsar al “colaborador” de la plataforma en la cual pone a disposición sus servicios. Asimismo, existen otros controles de horarios y actividades, un dato que se constituye en la forma de monetización del negocio mediante la programación de los algoritmos, es decir que el “colaborador” de servicios no es libre para decidir las condiciones de contratación como, por ejemplo, en la fijación de precios, pues no la realiza él, sino la plataforma. Entre las contrataciones en formato de crowdsourcing, el trabajo on demand es el que tiene mayor capacidad para precarizar las condiciones laborales y, actualmente, se presenta en escala global.

El trabajo en la nube crea nuevas formas de relaciones sociales que requieren ser descifradas, puesto que pretenden desaparecer o invisibilizar el vínculo entre el empleador y los trabajadores –ahora denominados como “socios”–. No obstante, además de vender su fuerza de trabajo, necesitan contar con los medios para realizar la actividad laboral. Volver visibles esas nuevas formas de relación y comprenderlas de manera no superficial permite explicar estas nuevas configuraciones y explicar el posible impacto en la salud de los trabajadores.

Trabajar en la nube: legislación local para abordar la actividad global

Observando las características del crowdsourcing y conociendo su aplicación global, quedan varios interrogantes sobre la capacidad del Estado para definir y regular el fenómeno.

Partiendo de la necesidad local, en su intento de controlar el capitalismo global, Pistors (2019) planteó la siguiente pregunta: “We thus confort a puzzle: if capital is coded in law, how can global capitalism exist in the absence of a global state and a global legal system?”[5].

No es posible responder la pregunta de manera simplificada o definitiva, ya que el crowdsourcing aún está en proceso de desarrollo en el contexto global. Empero, es fácil entender que su aplicación sin un parámetro legal es capaz de causar efectos deteriorantes para la clase trabajadora, y que la capacidad de los Estados es mínima en comparación con el poder económico y la penetración de estas aplicaciones y algoritmos, que terminan vendiéndose como una solución para un ejército de trabajadores/as de reserva creciente sin perspectivas de movilidad social.

El trabajo en la nube elimina la figura del empresario responsable y la sustituye por un consumidor de servicios a ser prestados por un/a trabajador/a convocado/a por una plataforma que lo/a controla electrónicamente y determina exclusivamente por monetización la actividad realizada, de manera desreglamentada y sin principios éticos, visibilizando una realidad inherente a la lucha de clases. En el siguiente apartado, trataremos de desentrañar algunos elementos del proceso salud-enfermedad y sufrimiento psíquico de la clase trabajadora en el contexto de la pandemia de COVID-19 y el “brote” del trabajo digital.

Consideraciones acerca de la salud de la clase trabajadora en la pandemia de COVID-19

El trabajo es una de las actividades fundamentales del ser humano, por medio de la cual se desarrolla física y mentalmente. Además, es el proceso entre el hombre y la naturaleza mediante el cual se producen los bienes para satisfacer sus necesidades. Revisar las formas en las que la sociedad se organiza para la producción de bienes y servicios es importante porque permite explorar cómo las condiciones laborales determinan las condiciones de salud de la clase trabajadora.

A diferencia de la medicina laboral, que estudia los accidentes laborales y plantea solamente medidas para atenuar los peligros y errores en ese proceso, el paradigma de la salud de los/as trabajadores/as es una aproximación a la complejidad de ese proceso. Retomar los conceptos de ese campo de conocimiento permite superar la teoría de riesgo y de causalidad de la epidemiología tradicional, y ello posibilita acercarnos a la determinación social del proceso salud-enfermedad y a los problemas que experimentan cotidianamente los sujetos en la perspectiva de su subjetividad.

En el capitalismo, el objetivo principal del trabajo no es el desarrollo físico o mental del ser humano, sino la generación de ganancias a través de la producción de bienes y servicios (Abagaro y Cuéllar, 2019), lo que convierte al trabajo en un proceso enajenante donde los/as trabajadores/as no poseen el control de su actividad, son expuestos a riesgos y exigencias que se generan a partir de los elementos constitutivos del proceso de trabajo: los objetos, los medios, la organización laboral y la actividad en sí misma (Noriega, 1989).

Cabe mencionar que de los primeros elementos –objetos y medios de producción– se producen los riesgos que son potencialmente nocivos para los trabajadores por realizar una actividad particular. Respecto a la actividad en sí y la organización del trabajo, se derivan las exigencias impuestas por la actividad que realizan los trabajadores. Esta requiere de esfuerzo físico y mental y de un aprendizaje que exige al trabajador que desarrolle diversas habilidades y capacidades humanas (Noriega, 1989). De ahí la importancia de investigar y comprender las nuevas formas de organización en el mundo del trabajo, los riesgos y exigencias que se derivan de esas nuevas configuraciones y las posibles repercusiones en sus condiciones laborales, de salud y de vida.

Por otro lado, es importante un acercamiento al mundo simbólico y subjetivo de la clase trabajadora, ya que arroja ejes analíticos necesarios para la comprensión del proceso salud-enfermedad. Por consiguiente, el proceso de trabajo y las condiciones laborales determinan las manifestaciones de salud y enfermedad que presentan los trabajadores, y estas están determinadas por la estructura y naturaleza de la sociedad en la cual se vive. En ese sentido, es relevante relacionar la producción capitalista como el contexto que determina la situación de la clase trabajadora y su salud. Dicho de otra manera:

Tal y como los individuos manifiestan su vida, así son. Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con lo que producen como con el modo como producen. Lo que los individuos son depende, por tanto, de las condiciones materiales de su producción (Marx y Engels, 1974, p. 19).

Por lo tanto, es necesario articular las transformaciones ocurridas en el mundo del trabajo, cuyo telón de fondo es la crisis del sistema capitalista, y la forma en la cual las nuevas modalidades de apropiación de la fuerza de trabajo pueden repercutir en su proceso salud-enfermedad, incluso en el contexto de la pandemia de COVID-19.

Por ejemplo, las políticas neoliberales implementadas a lo largo de las últimas décadas posibilitaron la flexibilización de las legislaciones laborales en América Latina, lo que reorganizó las formas de trabajar y afectó las relaciones humanas. Es en ese escenario de deterioro de las relaciones de trabajo y colectivas que emergen una serie de padecimientos de salud mental, como por ejemplo, el síndrome de burnout, sobre todo entre los trabajadores que se insertan en el sector de servicios (Martínez y Preciado, 2009).

El modelo de producción flexible y, más recientemente, la uberización del trabajo, profundizan aún más la precarización de las condiciones laborales, sobre todo en el contexto de la pandemia, lo cual impacta en el proceso salud-enfermedad de la clase trabajadora: “Particularmente, é preciso que pensemos estes aspectos renovados na realidade de pandemia, em que a demanda dos trabalhadores uberizados aumentou exponencialmente” (Uchôa-de-Oliveira, 2020, p. 6)[6].

La inserción de nuevas tecnologías en el proceso de trabajo y formas de contratación de tipo crowdsourcing, específicamente en su modalidad on demand, a partir de las plataformas digitales, expone a la clase trabajadora a mayores exigencias, como el alargamiento de las jornadas de trabajo.

En lo que se refiere a la dimensión de las relaciones sociales, éstas se ven perjudicadas por la necesidad de confinamiento/aislamiento en razón de la emergencia sanitaria. Anteriormente a la pandemia de COVID-19, Sennett (2010) ya indicaba cómo el proceso de reestructuración productiva había impactado en la construcción de los vínculos entre los/as trabajadores/as: “(…) que pasan de ser sólidos hacia lazos débiles, sin posibilidad de cementar nexos de confianza, solidarios y de lealtad” (Abagaro y Cuéllar, 2019, p. 115).

Lo anterior tiene implicaciones también en la salud mental de la clase trabajadora, identificándose problemas relacionados con el estrés laboral y otros elementos psicosociales asociados al trabajo. Se ha reconocido el estrés laboral como una causa en el deterioro del bienestar físico y psicológico. Produce sintomatología relacionada con el sufrimiento psíquico, tales como ansiedad, fatiga, depresión (Abagaro y Cuéllar, 2019) y cansancio mental. Asimismo, se asocia con cefalea, gastritis y ausencia de sueño. Las enfermedades mentales y físicas causadas por el estrés ocupacional pueden generar un incremento de ausentismo laboral (Castillo et al., 2014).

Con la pandemia y el “brote” del trabajo digital –en el formato de home office/teletrabajo– se intensifica el proceso que ya se observaba en el contexto de la acumulación flexible:

(…) el capital en su relación antagónica con el trabajo, busca apropiarse del tiempo de vida de la clase trabajadora dentro y fuera del espacio laboral, consumirlo en su totalidad, despojarla de su misma existencia y de su periodo de descanso, con todo lo que eso implica en el campo de la salud mental (Abagaro y Cuéllar, 2019, p. 122).

Los modelos de acumulación capitalista flexible y “uberizada” demandan de la clase trabajadora una mayor versatilidad de la fuerza de trabajo (Marx, 1985) y, consecuentemente, enajenación de quienes trabajan respecto al contenido de su labor, además incrementan la competencia impulsada con los aplicativos/plataformas basados en likes y dislikes, lo que podrá generar padecimientos relacionados a la salud mental, fatiga y deterioro en las relaciones laborales, especialmente en el contexto de la pandemia de COVID-19.

A modo de conclusión

La manera en que se han constituido las nuevas modalidades de contratación de la fuerza de trabajo en las plataformas/aplicativos digitales, delineadas anteriormente, requiere de estudios empíricos que exploren las problemáticas de la relación entre trabajo y salud. La uberización del trabajo se caracteriza por una total desprotección social de la clase trabajadora, que se ve en la necesidad de negociar individualmente sus condiciones de trabajo y está a su propia suerte.

Tales procesos se intensificaron en la pandemia de COVID-19, por ello, la incorporación de nuevos conocimientos para la comprensión de la uberización del trabajo permitirá escudriñar su dinámica de funcionamiento y, consecuentemente, desentrañar el sufrimiento psíquico y las posibles enfermedades emergentes y/o cambios en los perfiles patológicos.

Se observa que la cultura de emprendedurismo que acompaña la reestructuración productiva observada en el mundo del trabajo contemporáneo no se caracteriza como una opción para la clase trabajadora, sino que se convierte en el único camino posible de sobrevivencia, dadas las circunstancias previas a la pandemia de COVID-19, situación que se agrava en el curso de la crisis económica y sanitaria.

El “brote” del trabajo digital y el emprendimiento por necesidad se muestran más como resultado de un proceso perverso en curso contra la clase trabajadora que como una consecuencia de la pandemia, aunque se haya potenciado por la emergencia sanitaria, manteniéndose como rasgo del capitalismo contemporáneo, ya que los vínculos entre empleado y empleador son más flexibles y casi inexistentes, lo cual caracteriza el proceso de uberización del trabajo, la captura de su subjetividad y el proceso salud-enfermedad de la clase trabajadora.

La pandemia acelera y profundiza la precarización de la clase trabajadora que se vio obligada a adherirse a un modelo uberista que tiende a erosionar aún más su vida, con una distancia social cada vez mayor, con repercusiones como el distrés y las enfermedades cardiometabólicas, sin generar responsabilidad al empleador, ya que esta figura desaparece en medio de los algoritmos digitales.

Aún no es posible precisar cuáles serán las repercusiones en su totalidad de la pandemia y de la precarización para los/as trabajadores/as, pero se puede vislumbrar que, con la “desaparición” del/de la jefe/a y el uso “uberizado” de la fuerza de trabajo, se verá impactado el proceso salud-enfermedad y, a la vez, sin protección y seguridad social, su mantenimiento después de la extinción de sus fuerzas.

Otro elemento a ser considerado para futuras investigaciones es la reproducción del capitalismo de vigilancia también en trabajos formales, como en la situación de los/as trabajadores/as que, en razón de la pandemia de COVID-19, están realizando sus actividades en home office, por medio de las plataformas digitales.

Referencias

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  1. Traducción libre: “A partir de la década de 1970 tenemos un agotamiento del fordismo y el avance del toyotismo, que también tiene como referencia el ensamblaje de un automóvil. La empresa se va fragmentando al interior del proceso productivo, de manera que en un mismo lugar de trabajo se empiezan a tener diferentes contratos laborales, aglutinando empresas especializadas en esta parcialización de la producción. Lo importante, desde el punto de vista de las consecuencias para el trabajo, es que ahora prevalece la heterogeneidad, desigualdad de las condiciones de trabajo. Una realidad son los trabajadores contratados por la automotriz, otra es la realidad de los que son contratados por empresas cuyos sindicatos son más pequeños, no tienen la misma capacidad de presión y lucha, como es el caso de los vigilantes, limpieza, de seguridad y otras partes constitutivas de las piezas (automotrices). A partir de la década de 1970, éste se convirtió en un modelo hegemónico de organización del trabajo. Esto también se verifica en los servicios. Un hospital que anteriormente contrataba a todos los trabajadores de diferentes categorías pasa a trabajar cada vez más con la tercerización, que es la fragmentación de los contratos: una cosa son los contratados directamente por el hospital, otros son los prestadores de servicios. Lo que estamos denominando uberización es una nueva fase, que es prácticamente la autonomización de los contratos de trabajo. Es el trabajador negociando individualmente con su empleador la remuneración, su tiempo de trabajo, asumiendo los costos de su trabajo”.
  2. Traducción libre: “Un proceso en el que las relaciones de trabajo son crecientemente individualizadas e invisibilizadas, asumiendo, así, la apariencia de ‘prestación de servicios’ y obliterando las relaciones asalariadas y de explotación del trabajo”.
  3. Traducción libre: “El ‘crowdwork’ se refiere a actividades que implican la realización de tareas a través de plataformas en línea que ponen en contacto a varias organizaciones e individuos con otras organizaciones e individuos a través de Internet, permitiendo que los consumidores y trabajadores de todas partes se reúnan en el mundo”.
  4. Traducción libre: “El trabajo ‘on demand‘ a través de aplicaciones se relaciona con el desempeño de actividades laborales tradicionales, como el transporte y la limpieza, así como con las tareas administrativas y de oficina. Los servicios se ofrecen a través de una aplicación, que establece y garantiza un estándar mínimo de calidad en la realización del trabajo, así como en la selección y gestión de la plantilla”.
  5. Traducción libre: “Por lo tanto, nos enfrentamos a un rompecabezas: si el capital está codificado en la ley, ¿cómo puede existir el capitalismo global en ausencia de un Estado global y un sistema legal global?”.
  6. Traducción libre: “Particularmente, es necesario que pensemos estos aspectos renovados en la realidad de pandemia, en que la demanda de los trabajadores uberizados aumentó exponencialmente”.


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