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Palabras colectivas de apertura

El proyecto que ahora se presenta en formato de libro nació del deseo y necesidad de un grupo de amigas/os por transitar y compartir, desde una perspectiva crítica y de totalidad, lo que sucedía en el mundo y a nosotras/os, a medida que el COVID-19 surgía y se esparcía rápidamente, aunque con características particulares, en cada uno de nuestros países latinoamericanos. La experiencia inédita de una pandemia implicaba desconocer cuánto tiempo íbamos a estar en confinamiento, qué iba a ocurrir con nuestras vidas cotidianas, actividades laborales y afectos.

Además del impacto en la vida personal y en las dinámicas que se subsumen a esa lógica, la pandemia de COVID-19 cambió profundamente nuestras agendas de trabajo, trayendo consigo una nueva forma de producir conocimiento —desde la emergencia— y de comunicarnos, casi exclusivamente a partir de plataformas digitales. Por un lado, de manera vertiginosa, referentes teóricas/os comenzaron a manifestarse acerca de la pandemia a partir de distintos abordajes, y artistas de todo el mundo organizaron actividades culturales desde la virtualidad para recaudar fondos que les permitieran subsistir frente a una situación previa de desprotección económica y social, aunada al abandono por parte de la mayoría de los Estados. Por el otro, la clase trabajadora trataba de comprender el curso de sus días en el contexto de la crisis sanitaria: confinada en sus casas, recibiendo instrucciones —incluso coercitivas— de aislamiento social e higiene, todo ello aunado al temor a enfermarse y a la necesidad de buscar los medios necesarios para su sobrevivencia. En el epígrafe de este libro, quisimos prestar un homenaje a las/os trabajadoras/es de la salud, nos faltaría nombrar a tantos otros colectivos laborales que también padecen de manera contundente los efectos de la pandemia, especialmente, aquellos clasificados como servicios esenciales.

Esta red de amistad y la urgencia por reflexionar acerca de un proceso contemporáneo, aún en curso, se cristalizó en el material que tienen en sus manos y en sus pantallas. Nuestras propias experiencias, ancladas en los territorios donde vivimos, constituyeron el escenario para que problematizáramos lo que nos rodeaba desde los campos de conocimiento y marcos teóricos a los cuales estamos adscritos, específicamente, a partir de la comprensión de la salud-enfermedad como un proceso social (Laurell, 1982). Así, las ciudades, las condiciones materiales de vida, las desigualdades estructurales —en su abanico de posibilidades—, la precarización laboral, la discriminación, la vejez, el género, lo académico, lo político y la política sanitaria adoptada ante la pandemia en los países donde residimos, nuestros vínculos afectivos, laborales y posiciones de mayor o menor privilegio frente a otras personas o grupos pasaron a ser objeto de discusión en reuniones semanales que empezamos a realizar de modo virtual, desde Argentina, Brasil, Chile y México. Es decir, las propias experiencias se convirtieron en insumos para esta producción y esto implica que como investigadoras/es estamos completamente insertas/os en los problemas de investigación que construimos. Esto también nos dejó el COVID-19. Hace un tiempo atrás, Haraway lo denominó “conocimiento situado”. Nosotras/os bien podríamos llamarlo “conocimiento pandémico”, esto es, conocer y vivir una pandemia mientras la investigamos o investigar lo que estamos viviendo en carne propia, de manera simultánea.

La mayoría de las/os coordinadoras/es de este libro nos conocimos en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, en México, cursando un Doctorado en Ciencias en Salud Colectiva. Por lo tanto, esa es la perspectiva teórico-metodológica central que atraviesa este libro. La mirada teórica, académica, política y activista de la Salud Colectiva en América Latina nos permitió reflexionar críticamente acerca de los procesos de salud, enfermedad y atención más allá de lo biológico/fisiológico/orgánico, y, a la vez, complejizar el abordaje conceptual de la pandemia aparte de la existencia de un virus. A lo largo del camino otras/os compañeras/os de Brasil y México se sumaron al libro, a partir de invitaciones que fueron generadas por convergencias críticas, laborales y políticas.

En nuestra perspectiva, la pandemia de COVID-19 es un proceso que también puede ser entendido como consecuencia de un modo de vida destructivo, tanto de la naturaleza como de los seres humanos, resultante de un capitalismo mortífero que arrasa todo a su paso o un “capitalismo pandémico/virótico”, como lo denomina Antunes (2020). Asimismo, el pensamiento sanitarista latinoamericano posibilita aprehender la articulación entre dimensiones imprescindibles para el análisis que nos propusimos realizar, desde la determinación social de la salud, comprendiendo las desigualdades preexistentes al COVID-19 —de origen económico, laboral, de género, territorial, étnico, etario, en salud, entre otras— y su relación con las repercusiones de crisis sanitaria en nuestra región, visibilizando lo que la pandemia, aún en curso, una vez más evidencia en estas partes del mundo.

En ese sentido, nuestro compromiso desde la Salud Colectiva latinoamericana es posicionarnos ante las injusticias económicas, sociales y sanitarias en nuestra región. Los pueblos latinoamericanos han experimentado en sus cuerpos y en sus existencias las consecuencias de la explotación histórica a la cual hemos sido sometidos desde los procesos de colonización. A lo largo de los siglos, las formas han cambiado, pero no el proceso expoliador. Pensar la pandemia para nosotras/os es, parafraseando lo dicho por Testa, “Pensar en salud” o, tomando lo dicho por Samaja en la construcción de una “Epistemología de la salud”, es situar la pandemia de COVID-19 como un paradigma de análisis en el cual se hace apremiante la tarea de retomar categorías como totalidad e historicidad con la finalidad de descifrar el momento actual y, posteriormente, proponer soluciones que rompan con la hegemonía capitalista neoliberal y patriarcal. Este libro se ubica, sin duda, en un esfuerzo inicial para averiguar y entender el momento que atravesamos.

La Salud Colectiva retoma los elementos estructurales y la apropiación diferencial de bienes y servicios para explicar que el proceso de enfermar y morir también se distribuye de manera distinta en los colectivos según las desigualdades económicas, políticas y sociales, y reconoce su triple dimensión: biológica, psicológica y social. Las expresiones biopsicosociales se refieren a todo aquello que nos pasa en el cuerpo y en la psique, las interpretaciones culturales e ideológicas que tenemos sobre esas expresiones, y las prácticas sociales que realizamos para explicarlas, entenderlas, simbolizarlas, ritualizarlas, controlarlas, resolverlas y construir las metáforas que le dan sentido. No obstante, cada una de las anteriores dimensiones es atravesada por el modo de producción, que va a determinar socialmente las formas de cada colectivo de apropiarse de la realidad y las acciones para enfrentarla, también específicas para cada grupo.

La Salud Colectiva propone desde hace más de cuarenta años estudiar la salud y la enfermedad desde su determinación social. Lejos de representar un factor o un elemento más, eso que llamamos social da cuenta de estructuras económicas, políticas y culturales cuyo dinamismo, profundamente transformador ante condiciones y contradicciones particulares, refleja el movimiento permanente de sus colectivos. Lo social, en consecuencia, tampoco participa de aquella linda tríada imaginada donde sus tres partes iguales (lo biológico, lo psíquico y lo social) conviven y celebran. Una mayor jerarquización de lo social subsume lo biológico y lo psíquico sin que ello signifique que estas dos últimas dimensiones no afecten a la primera. La determinación social del proceso salud-enfermedad permite ir más allá del individuo, del factor de riesgo, de la multicausalidad, de la ahistoricidad, y se adentra en aquellas articulaciones que, desde la producción y la reproducción social, en interacción con procesos de otras jerarquías, van modelando condiciones de vida y de salud, desigualdades e inequidades en salud. La politicidad de la determinación social reconoce en lo colectivo algo más allá de la suma de individuos, reconoce la capacidad crítica y revolucionaria de quienes deciden agruparse y transformar lo estructuralmente injusto y generar así mejores escenarios para la producción de la salud en colectivo. El COVID-19, desde su determinación social, nos convoca a la organización y la transformación.

A continuación, se presentan los trabajos que buscaron reflexionar acerca de las diferentes dimensiones que conforman el proceso que hemos vivido en estos meses de 2020. Cabe señalar que solo se presentarán algunas de las líneas de trabajo de las/os integrantes que conforman el conjunto de autoras/es del libro y que se construyen desde la Salud Colectiva y sus objetos de estudio.

El primer capítulo sirve de introducción a lo que sucedió y sigue sucediendo en la región, en particular en los países de Argentina, Brasil, Chile y México. El planteamiento parte de los elementos estructurales que dieron forma a las políticas y acciones para enfrentar la pandemia de COVID-19. Cada país, como verá el lector, presentaba problemas característicos previos a la declaración de la pandemia y también desplegó diversas políticas para enfrentarse al COVID-19 y sus desigualdades preexistentes.

Posteriormente, se ha dividido el libro en tres grandes apartados. En el primero se entregan tres trabajos que abordan la problemática de las políticas de salud, la conformación de los sistemas de salud y su relación con el derecho a la salud. El derecho a la salud como una metacapacidad que requiere de la vinculación con otros derechos sociales y económicos y que, actualmente, es fundamental en la crisis sanitaria que se vive en la región.

En el segundo apartado, tres capítulos tratan de elementos relacionados con la salud de las/os trabajadoras/es en el contexto de la pandemia de COVID-19: el “brote” del trabajo digital y la profundización del proceso de uberización del trabajo con la contratación on demand en medio de la crisis sanitaria; la disputa en el campo económico-jurídico acerca del reconocimiento del COVID-19 como enfermedad laboral en el contexto brasileño y sus implicaciones especialmente para quienes trabajan en los servicios esenciales, como las/os trabajadoras/es de la salud y otras actividades (alimentos, limpieza urbana y entregas a domicilio), además de una reflexión acerca del home office/teletrabajo, la dimensión de género y la denominada “triple jornada” realizada por las mujeres durante la crisis sanitaria.

En el tercer apartado, se integran aquellos trabajos que abordan las subjetividades y la experiencia de la población en la pandemia. La ciudad como espacio-dispositivo para el control de la pandemia y los adultos mayores que han sufrido el confinamiento, la soledad y la protección social desmantelada durante los años de políticas neoliberales. También se incluye el trabajo sobre estigmatización que es el resultado de la narrativa sobre el COVID-19 y que se ha convertido en la nueva metáfora de la enfermedad: el miedo a ser contagiada/o.

Sin duda quedan muchos aspectos de la pandemia que deben ser considerados, aún más cuando la crisis sanitaria está en curso y en muchos países se inician los rebrotes, las denominadas segundas olas. Lo que falta, lo que quedó por fuera en esta ocasión, no significa un obstáculo para mostrar un panorama de un conjunto de visiones que tratan de comprender y explicar lo que sucedió, sigue sucediendo y desconocemos cuándo y cuál será su desenlace, aunque, desde luego, tenemos la certeza de la profunda huella que dejará en el mundo y, específicamente, en América Latina.

Referencias

Antunes, R. (2020). Coronavírus: o trabalho sob fogo cruzado. Boitempo Editorial.

Laurell, A. (1982). “La salud-enfermedad como proceso social”. Revista Latinoamericana de Salud, (2). https://bit.ly/36adJ0H.



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