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Orígenes sociales de los migrantes

Esta investigación entramó el estudio de las migraciones internacionales de los argentinos de clases medias al inicio de milenio con sus trayectorias de clase intergeneracionales. Para reconstruir esas trayectorias, de las que las posiciones actuales son un momento, indagué en las generaciones anteriores y los posicionamientos de los miembros de las distintas fracciones de las clases medias, y el modo en que se han transfigurado sus actividades, al compás de las transformaciones socio-estructurales del país. Esto posibilita indagar desde dónde –en una sociedad como la argentina del siglo XX– se accede a las posiciones intermedias del espacio social, a la luz de los casos empíricos. Pretendí vincular, en este ejercicio, el tiempo biográfico de los sujetos con el tiempo histórico y social (Bertaux, 2005).

Por otra parte, este análisis da indicios sobre los fundamentos de las acumulaciones originarias de las principales fracciones de las clases medias, al poder detectar los momentos en que se han producido reconversiones de capitales, o si, por el contrario, se ha tendido más hacia una acumulación ampliada del capital original. La historia del linaje social de estas familias da idea de las jugadas implementadas por las distintas generaciones, teniendo en cuenta que el juego social tiene una historia, y que “la competencia recuerda una carrera con handicaps que se corriera desde hace generaciones, o a unos juegos en los que cada jugador dispusiera de las ganancias positivas o negativas de todos sus antecesores” (Bourdieu, 1999a: 285).

A pesar del contexto de permanente inestabilidad argentino de las décadas bajo estudio, funcionaba un modelo histórico-estructural (Kessler, 2003b) que formaba parte del relato colectivo compartido, especialmente, por las clases medias argentinas. Este modelo, según Kessler, se sustentaba en tres ejes: a) un pasado nacional próspero, con predominancia de una movilidad ascendente; b) la creencia en la continuidad del progreso colectivo; y c) la encarnación de este proyecto en las clases medias. Este relato colectivo representaba a cada nueva generación ocupando una posición superior a la precedente. El pasado de inmigración transatlántica, como telón de fondo de la viabilidad del ascenso social, alimentó el sueño de la movilidad social ascendente para varias generaciones de argentinos (Minujin y Anguita, 2004).

Desde estas premisas, analizo aquí cómo han utilizado las distintas generaciones de los migrantes entrevistados los instrumentos de reproducción social disponibles en cada momento histórico. Esto es, cómo se han producido los diferentes ajustes relativos entre esperanzas y posibilidades (Bourdieu, 1999a), orientando, dentro de las familias, la realización de unas inversiones y no de otras (no sólo económicas, sino también escolares, la inclinación por unos estudios o carreras, la distribución de recursos entre los hijos, etc.). Las dimensiones de análisis consideradas son: a) el capital de origen y la acumulación originaria al interior de las familias; b) el modo en que los sujetos han sido delineados desde las familias para sus inserciones sociales (especialmente, laborales y educativas) de acuerdo con los capitales a reproducir; y c) la relación entre las estrategias de reproducción social de las familias y los diferentes momentos históricos (modelos de acumulación).

Al inicio del desarrollo de cada fracción se da una noción general de sus características históricas y de sus procesos de conformación, en el marco de la estructura de clases argentina. A estos efectos, el relato se remonta desde las trayectorias de los abuelos de los entrevistados, para poder vincular las historias familiares de los inmigrantes que llegaron a Argentina, durante el primer tercio del siglo XX: los padres o abuelos de los actuales emigrados argentinos en España.

Cuadro 2: Posiciones de los entrevistados en las fracciones de las clases medias antes de emigrar

Pequeña burguesía patrimonial

– Empresarios medianos y pequeños

Clase media de servicios

– Profesionales liberales y asalariados

– Profesores secundario y terciario

– Técnicos

Clase media-baja

– Empleados administrativos y de comercio

-Obreros calificados

Total

Jóvenes
(25 a 30 años)

Luciano

Andrea

Sandra

Carlos

Alicia

Juana

Carolina

Lucrecia

Nicolás

Facundo

Mario

Diego

12

Adultos
(≥ 31 a 65 años)

Daniel

Esteban

Antonio

Gerardo

Hernán

Mónica

Inés

María

Susana

Patricia

10

Total

5

10

7

22

Fuente: elaboración propia.

Pequeña burguesía patrimonial: fracción rica en capital económico

Las clases medias en la historia de Argentina se fortalecen como parte significativa de la población (alrededor del 40%) hacia el siglo XX, apoyándose su crecimiento en gran medida en los inmigrantes transatlánticos y sus descendientes (Germani, 1977). Sin embargo, este proceso de movilidad social ascendente se inserta en un contexto de constante transformación, en el que las estrategias de los agentes debieron contar con un grado considerable de incertidumbre. Si la disposición empresaria (habitus económico) puede consolidarse a partir de unas condiciones de estabilidad estructural que permiten la proyección de las estrategias en el tiempo (propio y de los hijos), en base a la acumulación de diversas formas de capital económico, en el escenario argentino estas condiciones de posibilidad fueron cíclicas. Cambios de moneda y de los mecanismos de regulación, periodicidad en el sistema de garantías –intermitencia de periodos constitucionales con golpes de estado–, promueven la generación de unas prácticas con gran capacidad de adaptación ante situaciones adversas, en las que se precisa del principio de cambiar para conservar si se quieren mantener las posiciones. Esto se aprecia, especialmente, en casos en los que no hay continuidad entre la actividad de los abuelos y la de los padres –salvo algunas excepciones–, ni entre la de los padres con los hijos (entrevistados). De abuelos dedicados a la agricultura (como propietarios o como arrendatarios), a padres que, insertos en la incipiente trama productiva, tentaron suerte con pequeños talleres o comercios, en calidad de propietarios. Entre tanto, los hijos de la mayoría de esta fracción han realizado, como suele ser típico en este grupo, una reconversión hacia el capital escolar[1] (Bourdieu, 1998).

El material obtenido en el trabajo de campo posibilitó captar cantidad de matices que enriquecen esta primera lectura, algo esquemática, de las trayectorias típicas de las familias de esta fracción, que se muestra en la Figura 1.

Figura 1: Trayectoria típica de los miembros de la muestra
(pequeña burguesía patrimonial)

Fuente: elaboración propia.

Los antecesores I

En la etapa de afianzamiento de las trayectorias de los padres de los entrevistados (1945-1975), o época dorada de movilidad ascendente, existía espacio para una gran pequeña burguesía, en el marco de la industrialización por sustitución de importaciones (Torrado, 2002). Esto es, empresas medianas y pequeñas, algunas con personal a cargo y otras apoyadas en mano de obra familiar, cuyos productos estaban destinados a nutrir el mercado interno. Así, entre los padres de este grupo se encuentra a propietarios de pequeños negocios y emprendimientos diversos: ferreterías, bazares, puestos de alimentación en mercados, talleres textiles, etc. Estos emprendimientos se generaron en la época de fácil acceso al crédito para la realización de manufacturas, a mediados de siglo XX. En pocos casos fueron empresas heredadas de los abuelos de los entrevistados, puesto que el origen del patrimonio familiar (abuelos) se encontraba generalmente en la explotación de la tierra (como propietarios o arrendatarios)[2].

Los antecesores fueron en muchos casos inmigrantes (padres, abuelos o incluso bisabuelos de los entrevistados) de diversas procedencias: españoles, italianos y polacos, quienes pudieron acceder a posiciones de la pequeña burguesía en un contexto de expansión de estos segmentos. La acumulación originaria fue, posiblemente, fruto de la combinación de coyunturas económicas favorables y de un espíritu emprendedor de los inmigrantes de ultramar que iban a hacer la América[3].

Esta fracción se caracteriza por un primer momento de relativa acumulación de capital económico, que se estableció como condición de posibilidad de una acumulación de capital cultural-escolar, en la generación de los hijos. En el primer momento, de abuelos a padres, la acumulación de capital económico hubo de contar con reconversiones de actividades, acompañando los cambios estructurales de los diferentes modelos de acumulación descritos en el capítulo dos. No es de extrañar que en las familias de esta fracción los abuelos se dedicaran a la agricultura –modelo agroexportador, los padres a diversas pequeñas empresas –modelo industrializador– y los hijos hayan intentado una valorización mediante inversiones escolares –modelo aperturista (economía de servicios)–.

Sólo dos de los entrevistados de esta fracción, Luciano y Carlos, tuvieron una antigüedad de dos generaciones en el mismo negocio familiar: puesto en mercado de abastos y almacén naval, respectivamente. Sin embargo, ninguno de estos emprendimientos tuvo continuidad en ellos, ni tampoco entre sus hermanos. Los hermanos de Luciano se han reconvertido exitosamente hacia el capital escolar, y trabajan como profesionales asalariados en empresas privadas. El hermano de Carlos, en cambio, se ha reciclado a actividades que pueden encuadrarse como nuevas profesiones (turismo de aventura, paracaidismo, rescate en alta montaña, etc.).

Luciano. 36 años, viajó a España en el 2001, desde CABA. Sus padres eran españoles, que emigraron con los abuelos durante la niñez. Esto le posibilitó ingresar a España con nacionalidad española. Menor de tres hermanos, es el único que no pudo trazar un camino de reconversión escolar desde la fracción económica. Esta ambigua relación con el sistema escolar (por momentos lo considera como mecanismo para validar conocimientos; pero a su vez se ve incapaz de asumirlo como estrategia para él), le lleva a tener un mea culpa de su precaria situación, que estaría explicada por el hecho de no haber concluido ningún estudio superior o específico.

Hijo y nieto de pequeños comerciantes, ha intentado en España trasladar su experiencia de comercial en áreas de trabajo que ya conocía (vendedor de licores, de telefonía, su principal trabajo en Argentina). Al momento de la entrevista se encontraba pluriempleado, como dependiente-encargado en un pequeño negocio (fotocopiadora e imprenta) y durante los fines de semana como teleoperador.

                                
Carlos. 32 años, viajó a España en el año 2002, con ciudadanía italiana desde Mar del Plata. Su principal motivación para migrar es relatada como “necesitaba un cambio”, puesto que en 2001 había sufrido una cadena de rupturas: con la novia, con quien vivía; se le caducó el alquiler (después de siete años); en el trabajo le quisieron reducir el sueldo. Ante la disyuntiva de irse a CABA desde una ciudad intermedia argentina, él y su grupo de música optaron por emigrar a España. Alternativa que desencadenó la ruptura del grupo musical: el contexto de recepción no fue el que esperaban, y no tenían ni tiempo ni disposición para ensayar juntos. A pesar de estos contratiempos, Carlos no dejó de insistir en su proyecto musical y estuvo todo el tiempo contactado con grupos, dando recitales y grabando CDs. Algunos de esos grupos están en Argentina, otros son de argentinos en España y uno es de españoles. No tiene mucha afinidad con la música que se produce en España, por lo que siente una pérdida de tiempo respecto a su crecimiento musical. No obstante, su incipiente actividad por cuenta propia como profesor de bajo electrónico, le motiva a seguir intentando el sueño del artista: vivir de su vocación.

Aprendizaje en el medio familiar

En esta fracción hay familias que han sostenido pequeños emprendimientos, desarrollados bajo la forma de producción mercantil simple. Se trata de pequeños emprendimientos familiares o unipersonales, con escasa instalación tecnológica. Dentro de la producción mercantil simple puede desarrollarse algún tipo de división del trabajo, encontrándose dentro de esta categoría tanto a trabajadores autónomos de clase media (que emplean volúmenes mínimos de fuerza de trabajo asalariada) como a cuentapropistas (Torrado, 2002). Pero también incluye a medianas empresas con potencial de acumulación propiamente capitalista (inversiones en capital fijo y variable).

Las actividades desplegadas en estos emprendimientos pequeños y medianos han involucrado a todos los miembros de la familia, dejando secuelas de los primeros aprendizajes en el mundo de la familia, que en esta fracción se mezclaba con el mundo del trabajo. En los casos observados los hijos han participado desde muy jóvenes en las tareas de los diversos emprendimientos, aún mucho antes de culminar estudios secundarios. Esto propició un aprendizaje del manejo de los negocios o tareas específicas de modo casi espontáneo, orientando las prácticas hacia la actividad propiamente económica. Daniel comenta que “desde chiquito le ayudaba a todo” al padre en el taller textil que quedaba en la parte delantera de la casa: desde cortar las telas hasta vender la ropa que confeccionaban. Carlos, hijo y nieto de rederos de pesca, también aprendió el oficio desde niño, en el pequeño almacén naval del abuelo. Gerardo, hijo de un empresario de transportes, condujo los camiones del padre con dieciséis años, y comenzó a programar los horarios y recorridos de los autobuses tiempo antes de terminar su carrera como ingeniero de transportes.

Es posible que la orientación familiar de las estrategias de los hijos hacia un mantenimiento o una reconversión de los capitales a acumular dependiera en gran medida de la posición de los hijos en la fratría y del género.

Daniel. 35 años, emigró desde CABA, primero a Israel en el año 2002, donde estuvo durante dos años. Debido a sus orígenes judíos (aunque se define “judío a lo Woody Allen”, o sea, ateo), se planteó este viaje como un reencuentro con esta cultura, en la que había sido formado en su infancia y juventud en organizaciones de una rama de izquierdas. Coincidiendo con la crisis argentina, y de una situación laboral inestable, aprovechó las facilidades que daba el estado de Israel a los judíos retornados que quisieran ir a vivir allí. En Israel se comenzó a dedicar a la artesanía, actividad que desempeña al momento de la entrevista, considerándose a sí mismo “un empresario”. Allí conoció a una española, con la que se casó, y juntos decidieron emigrar a España. Al momento de la entrevista, se estaba divorciando de su pareja, y planeaba quedarse a vivir allí.

Sus dos hermanas viven en Estados Unidos en situación irregular, por lo que él denomina su situación como “estar en una cárcel de lujo”. Su padre falleció y ninguna de ellas pudo ir a verlo, por el temor de no poder regresar. Su madre vive en Argentina, y recibe ayudas de todos sus hijos que viven en el extranjero.
                                 
Andrea. 33 años, viajó a España en el año 2002 con su marido desde Gran Buenos Aires. Antes habían estado viviendo en Miami tres años y medio (entre el año 1998 al 2000) donde intentaron asentarse, pero no pudieron regularizar su situación de residencia. Después de Miami probaron suerte en Barcelona, pero no les gustó. Entre una migración y otra, estuvieron en Argentina, donde su pareja consiguió un trabajo en Telefónica, puesto con el que pudo trasladarse a España.

Andrea comenta que “el espíritu aventurero” ha motivado a esta pareja a migrar en todas las ocasiones. Respondiendo a éste, minimiza mucho las influencias del contexto y de las redes. A través de la nacionalidad italiana de su marido (adquirida por su abuelo, tramitada por su mamá durante la infancia) han podido asentarse regularmente. En España han adquirido un chalé y tienen dos hijos pequeños. No se plantean regresar a Argentina.

Las estrategias esbozadas por los hijos de esta fracción han estado tensionadas entre la acumulación para el emprendimiento familiar (siendo ellos mismos mano de obra familiar) y el propio proyecto de posicionamiento económico y, en definitiva, social. La poca capacidad de acumulación de algunos emprendimientos, sustentados en parte en esa mano de obra familiar incondicional y barata, marcó un rumbo de apertura para algunos hijos de esta fracción. Daniel, por ejemplo, ganaba “muy poquito” con su padre, y eso lo motivó a abrirse hacia otras modalidades de venta (pago en cuotas) y posteriormente, hacia otras actividades relacionadas con el comercio, fuera del seno familiar.

En otros casos la búsqueda de forjarse un camino propio, fuera de la empresa familiar, fue una respuesta a la exclusión fáctica de la herencia familiar. Aquí nuevamente es preciso tener en cuenta la posición entre los hermanos y el género. Andrea, por ejemplo, segunda de dos hijos, realizó sus propios emprendimientos en el sector textil. Su hermano mayor quedó a cargo del negocio familiar, un taller textil; y ella aprovechó todos sus conocimientos en el sector para realizar su propia empresita de uniformes junto con su marido.

Otro tipo de recorridos en esta fracción es el intento de asalariarse en áreas afines a los orígenes familiares. En estos casos existe una cierta continuidad de los primeros aprendizajes (tareas propias de los emprendimientos familiares), pero con cierta base de seguridad salarial. Carlos y Luciano, por ejemplo, representan bien esta opción. Ambos son nietos de propietarios de pequeños negocios que, si bien aprendieron los oficios (de redero y de vendedor, respectivamente) en el ámbito familiar, optaron por abrirse camino vía la asalarización. Carlos volcó estos conocimientos en una empresa de fabricación de redes deportivas, haciendo un pequeño pase desde las redes de pesca –a las que se dedica su padre, y antes el abuelo– a las deportivas. El salario que le pagaban en esta empresa –superior a lo que obtenía trabajando con el abuelo entonces– y la seguridad de trabajar en tierra firme, y no en altamar, definieron sus primeras inserciones laborales en una ciudad de la costa atlántica argentina.

Luciano, por su parte, comenzó a trabajar atendiendo la ferretería del padre junto con uno de sus hermanos. Además, el padre tenía un puesto en un mercado de abastos –antes propiedad del abuelo– y una lavandería que atendía la madre. Aunque en algún momento funcionaban los tres establecimientos –época de uso intensivo de la fuerza de trabajo familiar–, la recesión económica desde mediados de los años noventa empujó a los hermanos fuera del ámbito familiar, es decir, al mercado laboral como asalariados. La inserción de Luciano como comercial de una compañía telefónica a mediados de los noventa constituye una buena traducción de las habilidades aprendidas en los negocios de la familia. Gran parte del sueldo de un comercial depende de la cantidad de ventas, que supone cierta capacidad de persuasión sobre los clientes.

Por último, las situaciones de autonomía/asalarización en esta fracción no han sido en todos los casos instancias excluyentes. En algunos casos han representado etapas, secuencias o incluso han coexistido en la trayectoria. En la vida laboral de Antonio se combinaron largos periodos de trabajo en relación de dependencia –aunque como viajante, es decir, con un margen de maniobra para desarrollar habilidades comerciales–, junto con una pequeña empresa de instalaciones eléctricas que actualmente regenta su hijo. En algún momento antes de emigrar también se dedicó a la compraventa de coches y camionetas, que retrotrae a la capacidad de comercializar, aprendida durante sus inserciones como viajante.

Antonio. 57 años, emigró a España en 2003 desde Bahía Blanca, en un viaje que, según sus palabras, era como vivir “con los ojos y los sueños de mi padre”. Los padres de Antonio eran españoles, ello posibilitó que ingresara al país con esa nacionalidad. Al momento de emigrar, se encontraba tras una ruptura con la familia: se había separado de su esposa hacía cuatro años, y según comentó, no lograba definir una vinculación con los hijos fuera del esquema de sustentador principal.

Antonio envía remesas a su familia para sostener diversos emprendimientos de los hijos. Se define como “un obrero que cobra en una moneda más fuerte”, y es lo que permite a sus hijos tener una situación relativamente acomodada.

Portador de un discurso del esfuerzo, de la austeridad, propio también de los pequeños propietarios o emprendedores; sabe que sus hijos heredaron ese habitus emprendedor de manera dispar: la hija mayor es la que más firmemente ha seguido sus pasos, aunque combinado con el capital escolar; el hijo mediano se aproxima al espíritu de sacrificio exigido por el modelo paterno; mientras que el menor se le ha escapado totalmente de las manos (sostiene valores opuestos a los suyos, “se cree de una élite”, etc.). Esto lo lleva a concluir que en Argentina está perdiéndolo todo, y en España tampoco tiene nada.

Las estrategias de mantenimiento en la fracción, de una reproducción centrada en el capital económico, se han sustentado en la influencia de ciertos modelos familiares de lo que se considera el éxito, reforzando así el habitus empresarial (por ejemplo, los “tíos empresarios de éxito” que han hecho mucho dinero, y que mencionan Luciano y Daniel).

En la figura 2 se presenta una síntesis de las trayectorias de los hijos de la pequeña burguesía patrimonial que se han mantenido en la fracción de clase de origen, bien porque no han intentado reconvertirse a la fracción cultural-escolar, o bien porque no hayan tenido éxito en este proceso.

Este mantenimiento en la fracción de la pequeña burguesía patrimonial tiene sus matices, como se irá detallando en los siguientes capítulos. Pero lo que persiste, incluso en el tramo de la trayectoria que corresponde con la inserción en España, es el intento de hacer negocios por cuenta propia, sin patrones.

Figura 2: Trayectoria de los entrevistados (sin reconversión)

Fuente: elaboración propia.

Reconversiones

Como señalé muy esquemáticamente en la Figura 1, el recorrido habitual de los hijos de la pequeña burguesía ha sido la reconversión hacia la fracción con peso relativo en el capital cultural/escolar, dado el estado de los mecanismos de reproducción –descrito en el capítulo dos– a partir de los años sesenta y setenta. De hecho, la mayoría de estos hijos se han reconvertido hacia diversas profesiones; y los que no, cuanto menos lo han intentado, aunque no hayan podido finalizar las carreras.

Entre los reconvertidos, la elección de algunas profesiones ha estado orientada por el tipo de emprendimiento de la familia de origen. Así, la reconversión hacia el capital escolar se ha planteado como una profesionalización de la actividad empresarial de la familia –aplicación de conocimiento experto–. El ejemplo de Gerardo es muy clarificador de esta cuestión: sus estudios en ingeniería de transportes podrían haber sido rentabilizados para la empresa familiar, si la situación económica hubiera sido estable. Como ello no ocurrió, la empresa paterna de transportes se diversificó en los años noventa –al momento de terminar Gerardo sus estudios universitarios– hacia otras ramas en auge y con sostén de otros socios capitalistas: televisión por cable, primero, e inversión en un hotel, posteriormente. La reconversión de Gerardo –quien conjuga ser el hijo mayor y varón de cuatro, único con estudios universitarios– no se capitalizó finalmente en la empresa familiar. No obstante, en el mercado laboral obtuvo recompensas a sus esfuerzos (estudios en universidad privada y postgrados), al lograr una inserción de jerarquía en el área de transportes de CABA, gracias a su buen currículum y capital social. El cuantioso salario de Gerardo se utilizó durante muchos años para cubrir las grietas de las diversas empresas del padre, que se descapitalizaban constantemente.

Gerardo. 39 años, viajó a España en 2005, dejando en Argentina un puesto de jerarquía que no ha podido replicar en destino. Emigró con ciudadanía italiana y con el trámite de homologación del título iniciado desde Argentina.

Representante de la “buena voluntad cultural” (y credencial), no ha dejado de formarse en su carrera: después de recibirse de ingeniero en una prestigiosa universidad privada, realizó un Máster en Organización y Dirección Empresarial, en la Universidad de Buenos Aires. Luego, un curso de posgrado en España, en la Universidad Politécnica de Madrid auspiciado a través de una beca de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Ahora está perfeccionando su nivel de inglés, que sabe deficitario para, por ejemplo, “negociar contratos”.

Está esperando una hija, se encuentra en pareja con una mujer española, quien trabaja para una importante empresa de Inglaterra, y no descarta este destino frente a la opción española.

Más allá del planteamiento inicial de esta estrategia por parte de la familia, hacia el mantenimiento o la reconversión de fracción de clase (concentrada en Gerardo frente al resto de sus hermanos), las temporalidades involucradas en las trayectorias de los sujetos en relación con la inestabilidad de la estructura económica y social argentina, hace difícil la proyección intergeneracional de padres a hijos.

Los otros sujetos reconvertidos de la muestra son tres mujeres que estudiaron licenciatura en psicología. Además, todas cuentan con cursos de postgrado, con lo cual la apuesta por la certificación escolar parece haber sido fuerte. El logro de la titulación precisa de tiempo liberado de obligaciones laborales y de éxito escolar que, como ha sido desarrollado por diversas investigaciones de la sociología de la educación, requiere de unas condiciones sociales de posibilidad (Martín Criado et al., 2000; Bourdieu y Passeron, 2003).

La conversión hacia la acumulación de capital cultural (escolar) de estas tres mujeres, con padres y/o maridos pequeños empresarios –del comercio, de la industria o de explotaciones agrícolas– constituye una estrategia de adaptación ante el potencial fallo de los mecanismos de herencia del patrimonio de base, en el contexto de inestabilidad económica argentino. Diversificando las opciones laborales al desarrollar una carrera, se establecen otras fuentes de acumulación de capital, alternativas a las disponibles por el origen social. Además, como señala Bourdieu (2011), los títulos escolares constituyen un capital cultural institucionalizado, permitiendo a sus poseedores cierta intercambiabilidad y estableciendo tasas de convertibilidad entre capitales cultural y económico.

Entre las posibilidades de Inés, Mónica y Sandra se encontraba tanto el desarrollo de la actividad en el empleo público (asalariadas), como el posible desempeño como profesionales liberales (autónomas). En un extremo de este rango está el caso de Inés, quien ingresó a la administración pública en una época que aún era posible, tras una fase de interinidad, obtener un puesto fijo como psicóloga en un departamento de orientación psicopedagógica (años 1970). Durante veinticinco años ejerció su profesión, pero padeció la devaluación salarial descripta en el capítulo tres[4]. Por este motivo tuvo que recurrir a diferentes empleos simultáneos, todos vinculados al empleo público (impartió talleres de mediación para docentes y trabajó en una Defensoría del Menor). Mónica, psicóloga que realizó sus estudios siendo mayor –después de casarse y tener a su hijo– se ha desempeñado como profesional asalariada de la función pública y como autónoma con consultorio propio. Ambas actividades eran realizadas en paralelo antes de emigrar. Sandra, en cambio, depositó todas sus fichas durante varios años para ingresar en el ámbito académico –umbral que se le aparecía al alcance de la mano, en tanto dos de sus hermanas habían logrado insertarse en una universidad pública de su provincia–. Tras un tiempo trabajando ad honorem dando clases, y luego de un concurso en el que no quedó seleccionada, optó por emigrar. Ya en España considera la posibilidad de instalar un consultorio propio.

Inés. 63 años, proviene de en medio donde el capital económico ha sido, si bien modesto, bastante más fuerte que el escolar. Su padre, un inmigrante español, que según describió Inés era un “campesino analfabeto”, se convirtió en propietario de un comercio, y pudo “comprar su casa, su coche y pagar sus vacaciones”. Inés realizó estudios de magisterio y comenzó a estudiar Licenciatura de Psicología, mientras trabajaba de maestra. Apenas se recibió, y con alguna experiencia docente logró insertarse en un departamento de orientación psicopedagógica, y en menos de diez años logró la titularidad del cargo.

A fines de 1980 tramitó la ciudadanía española suya y de sus hijas, porque quiso emigrar entonces. Durante 1990, Inés siguió formándose con cursos de posgrado: uno en mediación comunitaria y otro en violencia familiar. Finalmente, migró a España en 2003. Sus dos hijas están con ella en España, estudiando y trabajando: la mayor continúa la carrera de Biología (iniciada en Argentina) y la menor está haciendo magisterio especial. Inés tiene un trabajo estable, pero con un salario muy bajo (850 euros). Espera poder trabajar algunos años más, aunque reconoce tener ciertas dificultades en su condición de sexagenaria. De momento, se quedará en España, aunque piensa que al jubilarse no le alcanzarán sus ingresos y tendrá que volver a Argentina.

                     
Mónica. Emigró a España en el año 2002, impulsada por la decisión de su esposo, que se había quedado sin trabajo. Su esposo siempre fue empresario, y su emprendimiento del teflón creció en la época de auge del menemismo, para lo que contaba con su hijo como trabajador. Cuando esta empresa quiebra (hacia el 1999) se cambió de rubro: primero a una farmacia (menos de un año) y luego, a una empresa de venta de cerámicos y sanitarios (que se sostuvo durante casi tres años). El primero en migrar fue el hijo, quien se instaló en Mallorca con la nuera y los nietos.

Cuando en 2004 Mónica pudo obtener la homologación de su título, se puso en campaña para aprovechar su experiencia laboral en Argentina, y conseguir trabajo como psicóloga. Pero en Mallorca estos intentos fueron infructuosos: no consiguió más que unos pocos pacientes para atender en su consultorio. En el 2007 migraron nuevamente, al sur de Madrid, donde habían comprado dos departamentos (uno para cada familia) con dinero que traían de Argentina. Y fue allí donde Mónica logró insertarse en trabajos similares a los que tuvo en Argentina como terapeuta.

Su marido al momento de la entrevista estaba desocupado, trabajando por temporadas en Baleares como chofer de autobús de turismo. Él y el hijo planean comprar un taxi para trabajar entre los dos, para lo que están sacando el carnet de taxi. No vendieron ninguna propiedad en Argentina y tienen la casa sin alquilar.
                                 
Sandra. 37 años, viajó a España en el año 1999. Procedente de una familia de la pequeña burguesía agrícola de un pequeño pueblo de Salta, tuvo su primera migración familiar hacia Tucumán, para que estudiaran Sandra y sus hermanos. Manifiesta haber migrado a España, en gran parte, para “cortar el cordón” con su familia. Nieta de españoles (dedicados al cultivo de campos) no realizó el trámite de nacionalidad española antes de la mayoría de edad, por lo que ingresó a España sin la documentación en regla.

Su principal contacto en España era una ex compañera de la facultad (ambas psicólogas) quien de algún modo propició desde España su migración. Aunque reconoce haber crecido económicamente (se compró un departamento en Argentina) está muy decepcionada con su formación. Comenzó un doctorado, en el que llegó hasta la superación de Diploma de Estudios Avanzados y se encuentra homologando aún el título de licenciatura. Trabaja en una fundación, donde realiza tareas pedagógicas y de apoyo psicológico a los alumnos con problemas escolares.

Otro tipo de reconversiones hacia el capital cultural no pasa por la institución formal para transformarse. El aprendizaje que Carlos hizo desde niño de un instrumento musical con profesor particular y gran constancia[5], se ha traducido en una mutación de su condición de clase de origen, aunque sin los avales de la certificación escolar (conservatorio). Actualmente es un músico que vive de su quehacer, aunque como señala Bourdieu (1998), sin ese hacer probablemente no tendría el ser[6], es decir, es músico porque hace música, careciendo de la esencia que acreditan los títulos de nobleza cultural.

Respecto a los sujetos que no lograron reconvertirse, pero lo intentaron, están los casos de Daniel, Luciano, Antonio y Esteban. Daniel estudió casi tres años de Biología, pero habituado a trabajar desde muy joven, no soportó el encierro que le suponía el estudio y el laboratorio. En cambio, en los otros casos han sido más bien situaciones emergentes las que hicieron desistir de la vía escolar. Luciano estudió tres años publicidad en un instituto privado, pero tuvo que dejar los estudios en el momento en que trabajaba en la ferretería familiar (etapa de uso intensivo de la mano de obra familiar). Años más tarde hizo casi tres años de letras, pero allí chocó con otro tipo de barreras: la carrera, en la Universidad de Buenos Aires, según comentó, “tiene un nivel muy alto”, “la gente lo va dejando, va quedando la gente con más nivel”. Al no contar Luciano con el nivel requerido, se fue desmotivando lentamente, planteándose a raíz de esta experiencia frustrada con los estudios, la emigración: “bueno, ya si dejo de estudiar, y voy a tener que ser un trabajador, pues igual me voy a Europa, a ver si vivo mejor”.

Esteban. 46 años, llegó a España en el año 2005. Como su abuelo era español, él siempre quiso conocer España. Jefe de familia con tres hijos jóvenes, todos terminaron la escuela secundaria, incluso una de las hijas estudia en una escuela privada de chefs (financiando la familia tanto el pago de matrícula como la manutención). Abuelo de cuatro nietos, Esteban quiere progresar en España. Sostiene un discurso emprendedor, y evalúa su migración como muy provechosa, ya que desde que llegó (en menos de cuatro años) y desde que logró la residencia legal (año y medio) ya ha conseguido agrupar a casi toda la familia –exceptuando a la hija que se encuentra estudiando– y ponerse un negocio, que compagina con su trabajo asalariado en una empresa de instalaciones de gas.

El liderazgo que tiene respecto a su familia lo ha tenido también respecto a la comunidad de vecinos, de Santiago del Estero, donde era puntero político del partido oficial. Comenta que la única manera de obtener recursos pasaba por vincularse con los políticos. Su apuesta clara y directa de invertir en estas fichas ha tenido algunos éxitos: su esposa es enfermera, y logró un puesto de auxiliar en el Laboratorio Central de su ciudad, además de obtener una casa. Aunque él no obtuvo lo que esperaba (un puesto de trabajo estable en el Estado) y esto fue mitigando sus expectativas en la provincia.

En España espera poder instalar algún negocio gastronómico, para lo que cuenta con toda la plantilla familiar: hija chef, los otros dos hijos que ya han trabajado en el sector gastronómico, la esposa que se ha dedicado en épocas anteriores –en Argentina– a la preparación y venta de comidas, y él, el único con papeles, el que “pone la cara”.

En los otros casos (Antonio y Esteban) las urgencias fueron de otro tipo, relativas a la formación de las respectivas familias de destino. Así, no pudieron lograr los títulos –de ingeniero, el primero; de profesor de matemáticas el segundo– a los que aspiraban, puesto que formaron familia siendo muy jóvenes –a los 21 años–; y entre los apremios económicos por mantener la familia se entrecruzaron coyunturas políticas adversas.

Clase media de servicios: fracción rica en capital cultural-escolar

La clase media de servicios es más reciente que la pequeña burguesía patrimonial. Si se equipara –aunque sea de manera provisoria– la primera con la clase media asalariada y la segunda con la clase media autónoma (en la terminología que utiliza Torrado, 2003), se observa que en las últimas décadas aumentó la fracción asalariada, y disminuyó la autónoma (tabla 3). La clase media de servicios, cuyo capital fundamental es el capital cultural de tipo escolar, se expandió a la par que lo hacía el sistema educativo, especialmente los niveles secundario y universitario (Svampa, 2005). Las personas entrevistadas de esta fracción protagonizaron el proceso de reconversión una generación antes que la pequeña burguesía patrimonial: desde la explotación de la tierra a las pequeñas empresas (en la trayectoria de los abuelos), y desde el capital económico al escolar (en la trayectoria de los padres). De otra parte, el estudio de movilidad intergeneracional de Kessler y Espinoza (2003) señala que el destino profesional –titulaciones universitarias– es el que cuenta con mayor tasa de reproducción entre las ocupaciones no manuales (un 42,9% de los hijos de ocupaciones profesionales tenía, a su vez, un padre en esa categoría).

En la Figura 3 se representa de modo esquemático la trayectoria habitual entre los entrevistados pertenecientes a esta fracción. Quizá porque pudieron visualizar las oportunidades que ofrecía la vía escolar de reproducción, en un estado anterior del campo de las clases sociales, los abuelos con algún capital económico invirtieron en los estudios universitarios de sus hijos (los padres de los entrevistados).

Figura 3: Trayectoria típica de los miembros de la muestra
(clase media de servicios)

 

Fuente: elaboración propia.

Los antecesores II

El tramo de la generación de los padres protagonizó una época de apertura en el acceso a las universidades, pudiendo cumplir el sueño de muchos inmigrantes de ultramar de que sus hijos fueran profesionales (Minujin y Anguita, 2004). Si bien la universidad argentina sentó sus bases de funcionamiento hacia 1918 (Reforma Universitaria), será hacia los años 1960 cuando el acceso a diversas carreras se intensifica por parte de las clases medias. En ese momento se crean y consolidan las universidades nacionales en todo el país y se abre la puerta a la creación de universidades privadas. El motor del ascenso social por la vía credencialista se había activado para amplios sectores sociales, también para parte significativa de las clases populares. Desde los años sesenta ya se comienza a plantear el problema de la masificación de las universidades, trayendo aparejados en el mediano plazo sus procesos anejos de inflación y devaluación de las credenciales (Romero, 2001).

Al igual que para la pequeña burguesía patrimonial, las orientaciones de las carreras de esta fracción guardan estrecha relación con las empresas paternas, de cara a una mayor acumulación de saber experto para sus negocios. Así, el padre de Lucrecia se convirtió en farmacéutico, heredando la farmacia del abuelo. El padre de Nicolás, en ingeniero químico de alta categoría en la función pública, especializado en bromatología, siendo los abuelos paternos propietarios de una fábrica de embutidos. O los abuelos maternos de Juana, que fundaron el primer diario y teatro de la localidad, dedicándose la madre[7] a la docencia de Literatura en grado medio y a la dirección teatral.

Lucrecia. 33 años, llegó a España en el año 2003. Antes había estado en Bélgica, donde vivía su primo diplomático, con el proyecto de insertarse como pasante en la Comisión Económica Europea y acumular una experiencia que pudiera volcar luego en Argentina. No fue seleccionada, al no tener destreza en idiomas. Tras su estadía en Bélgica, donde trabajó de niñera, migró a España.

Procedente de M., una pequeña ciudad de provincia de Buenos Aires, su padre es farmacéutico y tuvo farmacias (una heredada del abuelo) que perdió en las cíclicas crisis argentinas. Actualmente trabaja por cuenta ajena para una farmacia, y goza de una buena jubilación por haber sido personal civil en el ejército. Su madre estudió italiano de mayor, y daba clases de idioma en escuelas cercanas a M. hasta fallecer en un accidente de tráfico.

Lucrecia es la segunda de cuatro hermanos, y estudió para perito calígrafo. El mayor es diseñador gráfico, y trabaja por cuenta propia y ajena para una empresa. La tercera hizo estudios de secretariado, en lo que actualmente está ocupada. El hermano menor no terminó la secundaria, hizo estudios de cocina, y trabaja y vive en M., con el padre.

Su inserción en España, signada por los contactos, le supone una estabilidad que en Argentina no tuvo: es la primera vez que trabaja con contrato de trabajo. Convive con su novio español, y no tiene planes de regresar a Argentina.

Otras inserciones a esta fracción, sin embargo, se reclutan desde posiciones no relacionadas con la propiedad económica. Los abuelos de Alicia, por ejemplo, eran personal de servicio (mayordomos) en una gran estancia en la provincia de Buenos Aires. Con mucho esfuerzo, su padre estudió la carrera de contador público, aunque no pudo finalizar porque la universidad cerró en el contexto de la dictadura. Esta situación marcó lo que la entrevistada relata como “una bajada de línea familiar tremenda” con los estudios: “[…] todos, estudiamos, o sea… No teníamos el mensaje de ganar dinero a través de eso. Eso es un tema aparte que tenemos que aprender cómo podemos. Pero todos tenemos postgrados, no solamente el título, sino postgrados” (Alicia).

El sustrato de sacrificio y esfuerzo al que aluden las palabras de esta entrevistada es el correlato del espíritu emprendedor para las fracciones económicas. No sólo se erige dentro del relato familiar[8] en un modelo a seguir, sino que esa experiencia es la que orienta el punto de partida de la trayectoria de los hijos: estudiar una carrera, y además tener postgrados.

Por último, el caso de Hernán, cuyo padre se dedicó al diseño gráfico, la publicidad y la escenografía de teatro en una época de expansión del ámbito artístico –años sesenta y setenta–. En esta familia, la entrada a la fracción cultural se produce por el mundo de la cultura y el espectáculo, en el que se desempeñaba el padre del entrevistado y actualmente su hermana, de modo relativamente autodidacta.

Alicia. 37 años, viajó a España en 2001. Antes había estado de vacaciones en dos ocasiones, puesto que el buen salario de su trabajo le permitía viajar por Europa. Procedente de una familia de S., un pueblo de la provincia de Buenos Aires, dedicado mayormente a actividades ganaderas y agrícolas, a los 18 años migra a CABA para estudiar Licenciatura en Publicidad en una universidad privada. A los dos años de estar estudiando la crisis comienza a afectar al estudio contable del padre y Alicia tiene que ponerse a trabajar: primero de dependienta en una óptica, luego de secretaria en un estudio jurídico. Al recibirse en 1993 se inserta en el campo de las telecomunicaciones, y gracias al empuje que le da luego un máster en marketing –realizado también en universidad privada– promueve su rápido ascenso dentro de la empresa. Llegó a tener un buen salario (3000 pesos/dólar) y posición, sólo le quedaba ascender a gerencia cuando decide renunciar y emigrar a España.

En España, su ingreso sin papeles y sin poder disponer de ahorros –corralito mediante– supone un recorrido por trabajos del mercado secundario: desde atender un cybercafé hasta trabajar para una empresa de investigación de mercados –ambos “en negro”, hasta que le hacen el contrato en 2005–. El vínculo con una mujer del barrio de Salamanca –a través de un contacto de su pueblo– le permitió acceder a algunos otros trabajos: dependienta en zapatería, redacción de horóscopo en importante revista, cursos personalizados. También ha trabajado de teleoperadora y administrativa para varias empresas. Al momento de realizar la entrevista, estaba renunciando al último trabajo, como dependienta en un banco, para “tomarse el paro” que le permitirá realizar un curso de “formador de formadores” y comenzar a dar clases de coaching, uno de los motivos de su migración.

                            
Hernán. 44 años, migró a España en el año 2002, convocado por su hermana, quien se encontraba allí desde fines de 1999 e inserta en el mundo del espectáculo. Al llegar sin papeles, Hernán trabajó en el mercado sumergido (venta de ropa durante toda la semana, sin contrato, etc.; cuidador de parking, donde finalmente le hicieron los papeles). Al momento de la entrevista había logrado insertarse en una multinacional, en una actividad afín a su formación y experiencia previa como técnico químico.

Hijo de un publicista autodidacta que entró en decadencia con el cambio tecnológico, en la familia hay un ambiente cultural penetrante, aunque no esté avalado con credenciales escolares: el padre estuvo vinculado al teatro como asistente de dirección, diseño y puesta de escenografías, y actualmente imparte cursos sobre la materia. Un hermano del padre, tío de Hernán, fue un reconocido dramaturgo que obtuvo premios (uno de ellos en España). Y su exmujer (licenciada en museología) actualmente atiende un comercio de antigüedades y artesanías, además de sostener un centro cultural que tiene con el padre de Hernán. La hermana, cantante de musicales, migró contratada por una importante empresa de espectáculo-musical y se desempeña como cantante de bolos de zarzuela, actividad con la que realiza giras por distintas ciudades de España.

Padre de dos hijos y separado de la madre de éstos desde 1997, no planea volver a Argentina, puesto que su hijo mayor (14 años) tiene intenciones de ir a estudiar a España, lo que constituye para él un motivo para quedarse, que antes no visualizaba.

Estas familias, que se apoyaron más en las inversiones de capital cultural (ya sea institucionalizado como títulos de grado y posgrado; o incorporado, para el caso de Hernán) para su reproducción social, han atravesado momentos de inserción en el empleo público, que en algunas épocas ha sido completado con la actividad privada, como asalariados o autónomos. Retomando el caso de Nicolás: su padre, ingeniero químico, es inspector municipal de categoría 5 (que es “la categoría profesional”, cuenta Nicolás, diferenciándola de los técnicos) también trabajaba en una fábrica de harinas (mixturando sector público y privado). La madre, fonoaudióloga, fue docente durante toda su vida laboral, y una vez jubilada, instaló una guardería con una hermana. También el padre de Juana, contador con estudio propio, ha trabajado en relación de dependencia con una empresa metalúrgica durante muchos años. El padre de Alicia, que ha llevado la contabilidad en su propio estudio de todo un pueblo dedicado a la explotación agrícola (incluso sin tener finalizada la carrera), ha compatibilizado esta actividad con la docencia en una escuela secundaria. Por último, muy representativo de estas inserciones mixtas en los recorridos autónomos y asalariados, es el caso del padre de Lucrecia. Las derivas económicas lo llevaron a tener en algún momento varias farmacias, siendo que ninguna subsistió a las embestidas de las crisis económicas. Así, además de heredar la farmacia del abuelo, el padre de Lucrecia hizo carrera en el ejército: gran parte de su trayectoria laboral el padre ha estado empleado como personal civil del ejército, de categoría profesional asalariado, de donde obtiene actualmente su jubilación.

Este tipo de mixturas en el tipo de inserción (asalariada y autónoma) de los padres profesionales de los entrevistados, da idea de la inestabilidad de las posiciones medias en Argentina. No sólo por la relativamente escasa antigüedad con la que cuentan, sino por el contexto siempre cambiante del que son producto. También los titulados, como los pequeños empresarios, ostentan gran capacidad de adaptación. Mientras que la pequeña burguesía patrimonial presentaba gran versatilidad entre diferentes actividades económicas, en esta fracción se manifiesta como la conciliación entre diferentes sitios del mercado laboral: sector público y privado, como asalariados o autónomos.

Cuando ambas fracciones, económica y cultural, son producidas en contextos de transformación –dificultando la elaboración de estrategias de reproducción que puedan proyectarse a mediano y largo plazo– no es extraño que los agentes opten por cargarse con herramientas lo más diversificadas posibles. Así, es difícil encontrar, en la muestra[9], sujetos que correspondan a tipos puros que se desempeñen sólo como autónomos o sólo como asalariados. O que lleven a cabo su actividad exclusivamente en el ámbito público o en el privado. En este marco, y a pesar de la relativa inestabilidad del contexto, las titulaciones –capital cultural institucionalizado– constituyen una garantía y un reaseguro, aunque para ser plenamente eficaces necesitarán de ciertas dosis de capital social.

La reproducción: entre la herencia y la repetición

Marcados por un pasado familiar que cargaba el horizonte de posibilidades hacia la vía credencialista (“estudiar para ser alguien”), los entrevistados pertenecientes a esta fracción han optado por continuar con inversiones de tipo escolar. Sin embargo, la orientación de estas inversiones se ha apartado ligeramente, en algunos casos, de las profesiones paternas. En otros, en cambio, han reproducido automáticamente incluso las de abuelos, careciendo de cierto sentido del juego que posibilitara una inserción adecuada en el estado actual del campo de clases. Por último, también una alternativa ha sido la salida: sea como deserción de la vía credencialista (caso de Nicolás) o apartándose de los modelos familiares (Hernán).

Si se observan más detalladamente las trayectorias de los entrevistados, algunas reorientaciones guardan gran afinidad con las opciones disponibles desde el origen familiar, y que serían una especie de retraducción al estado del campo actual, en la generación de los hijos. Por ejemplo, Alicia, que es licenciada en publicidad ha conservado la orientación paterna de ciencias sociales aplicadas al campo económico, aunque reciclada bajo nuevos formatos. Hizo un máster en empresariales y otro en neurolingüística. Todos estos estudios se realizaron en universidades privadas, y le abrieron las puertas en el campo de las telecomunicaciones en importantes empresas transnacionales, en el área de calidad y marketing, donde ocupó puestos de jerarquía. En cambio, Juana replicó la profesión que realizaban los abuelos en la ciudad de origen, donde tuvieron el primer diario de la localidad. Se licenció en ciencias de la comunicación en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y luego no realizó más estudios. Quizá porque, de acuerdo con su experiencia y como mencionó, en su ciudad “como es pueblo chico, el que tiene título tiene otro prestigio”, y considerara suficiente su titulación universitaria para insertarse en el mercado laboral. Con un capital social insuficiente –o eficiente sólo en su ciudad natal, donde no quería regresar– no consiguió consolidar su trabajo de periodista en CABA. Entretanto, los demás hermanos de Juana habían realizado carreras con fácil acomodo en el entorno del pueblo, sea en el estudio del padre (un hermano contador y el otro abogado) o su hermana, farmacéutica, con farmacia propia.

Juana. 34 años, viajó a España en noviembre de 2001, antes de que estallara la crisis que, ella, por una pasantía en la sección de economía internacional de un periódico, “ya veía venir”. En el momento de emigrar, hacía más de un año que no conseguía trabajo estable. Estudió Licenciatura en Comunicación Social, y tiene total vocación por esa profesión, heredada de sus abuelos maternos.

Procedente de una familia de notables de C., pequeña ciudad de la Provincia de Buenos Aires, el abuelo funda el primer periódico, la abuela el primer teatro y el padre participa en círculos honoríficos y clubes sociales. Todo parece indicar que su emigración se debe a no haberse podido situar en un lugar adecuado: si bien todos los hermanos estudiaron carreras universitarias, sólo ella quedó descolgada de un puesto acorde. Sus tres hermanos se han podido ubicar en su ciudad natal: uno abogado y otro contador, relacionados al estudio contable del padre; la hermana, farmacéutica con farmacia propia, en un pueblo vecino.

Llegó a España sin documentación, y al poco tiempo tuvo que precipitar su ingreso al mercado de trabajo informal, pues no podía sacar el dinero que le enviaba su padre por el corralito. Realizó múltiples trabajos, casi todos ellos a través de redes de argentinos. Actualmente está probando suerte con una empresa propia de promoción de cine, para la que cuenta con una socia española. Se casó con un argentino que conoció en España, trabajando de camarera, con quien tiene dos hijos pequeños. Constantemente se plantea volver, aunque piensa que sería “otro fracaso”.

Similar limitación encontró Lucrecia, también procedente de una pequeña ciudad provinciana que, tras estudiar una diplomatura de peritaje en la UBA, no logró insertarse adecuadamente en un campo que estaba copado por los abogados, y en el que había que pagar, como ella dijo, “mucho derecho de piso”. Es decir, fundamentalmente, tener paciencia para cobrar –ella, en cinco años había hecho setenta peritajes de los que cobró sólo tres– y, aún a riesgo de “venderse”, saber negociar con las partes.

Una rápida visión de lo que ha significado en las últimas décadas la opción entre universidades públicas y privadas en Argentina puede ayudar a comprender las trayectorias de los entrevistados. A partir de 1980 se experimenta una gran expansión de la matrícula en las universidades privadas, universidades que venían asentándose desde hacía dos décadas. Entre éstas, las instituciones privadas con orientación empresarial[10] son las que reclutaron a amplios sectores de las clases medias –por tener matrículas no demasiado elevadas–, que buscaban ante todo credenciales que se valoraran para insertarse en el mercado laboral, al margen de las pretensiones de excelencia académica. A su vez, existe otro nicho de universidades privadas con alto nivel académico, pero no acceden a ella los miembros de las clases medias, sino más bien las elites. Otro tipo de oferta privada es la de las Universidades Católicas, con oferta variada de carreras –similar a la pública–. En el polo opuesto, las universidades públicas siguen gozando de prestigio a pesar de los escasos recursos financieros y los altos índices de deserción (García de Fanelli, 1997).

Se generó entonces un mercado universitario heterogéneo, con diversidad de situaciones dentro de las universidades nacionales (de mayor a menor prestigio) así como dentro de las universidades privadas (Landinelli, 2008). Desde las representaciones de los entrevistados, las universidades públicas –especialmente la referencia aquí es la UBA–tienen elevado nivel académico y excelencia, mientras que las privadas garantizarían la inserción laboral en el mundo de la empresa privada. La experiencia frustrada de Luciano con sus estudios de letras en la UBA contrasta con la de sus hermanos, quienes estudiaron sus carreras en universidades privadas –quizá más indulgentes respecto a contenidos y saberes previos– que les posibilitaron luego inserciones exitosas en empresas privadas.

Existe también otro campo de representaciones entre las clases medias profesionales que vinculan la universidad pública como lugar al que asisten quienes no pueden pagar la matrícula en la institución privada, “plagada de carteles”, “politizada”, “con huelgas y procesos lentos”, etc.; frente a “los procesos eficientes de la Universidad Privada” (Tevik, 2006: 92).

Dicho esto, se comprende en parte la heterogeneidad de inserciones de los entrevistados. Por un lado, las diferencias entre hermanos en una misma familia en la orientación de las trayectorias, según se formaran en instituciones privadas o públicas y el tipo de carreras. Por otro, quienes no han contado con todas las cartas –capital social, contactos que posibiliten el acceso a los trabajos– para que sus títulos universitarios obtenidos en la universidad pública sean rentabilizados en el mercado laboral. Y esto ocurre en un momento de fuerte competencia por los puestos de trabajo, en el que se han creado nuevos criterios de clasificación, atravesados por lo analizado en páginas anteriores como mecanismos de reproducción ligados al mercado.

En cuanto a las estrategias de deserción o salida está el caso de Nicolás. Sus dos padres son profesionales, con estabilidad en el empleo público, y tenían expectativas de que su hijo estudiara alguna carrera. Sin embargo, él, tras un año de estudiar derecho y dos en un conservatorio de música, le declaró la guerra a la educación formal. En sus palabras: “yo soy del palo amateur, ¿viste? Soy muy anti-institucionalista, no me gustan mucho las instituciones. O sea, ni con un conservatorio, ni universidad”. En el capítulo siguiente se analizan los efectos de su disposición ante los estudios en su trayectoria de desclasamiento.

Nicolás. 34 años, llegó a España en 2001. Músico aficionado de Mar del Plata. Hijo de profesionales que han trabajado en el sector público: padre químico en municipalidad (profesional de categoría 5), y madre fonoaudióloga en escuela especial pública; él hizo un año de abogacía, pero desistió de seguir. Dedicado a la música de manera autodidacta, la que se manifiesta como su principal inquietud, reniega de la institucionalidad del aprendizaje. Define a su familia como de “clase media”, con una hermana licenciada y otra que “labura mucho y está bien enganchada” (en secretariado). Ambas, también, vinculadas al empleo público. Nicolás ha comprado la que fuera casa familiar tras el fallecimiento de la madre, y tiene planes de regresar a Argentina, para ponerse por su cuenta con un emprendimiento turístico (cabañas de alquiler). Dice haberse adaptado a España, aunque no se ha acostumbrado. Su familia de origen parece encajar su decisión migratoria como “cosa de jóvenes”, algo pasajero, que le aportará experiencias. Esto se expresa en el extrañamiento que tiene porque todavía no vuelve.

Otra forma de salida es la estrategia adoptada por Hernán. Este entrevistado fue incluido en esta fracción, aunque su padre no es profesional titulado. Sin embargo, al estar inserta la actividad del padre en el ambiente del teatro –fue asistente de dirección teatral, publicista, escenógrafo e imparte talleres de teatro–; es un caso particular de capital cultural incorporado, sin institucionalizar, basado en la autodidaxia. Un tío de Hernán (hermano del padre) es un reconocido dramaturgo, y su propia hermana es cantante de musicales. En tanto, Hernán no se dedicó al ambiente artístico reinante en la familia, pero tampoco desertó del valor de las titulaciones. Siendo técnico químico de nivel medio, ha podido insertarse en diferentes industrias de Argentina con esta especialidad, en un momento en que estas titulaciones tenían aún valor en el mercado. La capitalización que hizo Hernán de su titulación media, sin embargo, se vio limitada a la par que terminaba de desindustrializarse el país, en los años noventa.

Clase media-baja

Esta fracción, aunque posee un volumen global de capital inferior que las dos anteriores, cuenta con algunas actividades que constituyen una suerte de lugares de pasaje ocupacional hacia posiciones de las clases medias. Según algunos estudios de movilidad social de Argentina y el Cono Sur, se trata de actividades que pueden posibilitar el acceso a posiciones de clases medias desde las regiones inferiores del espacio social. De acuerdo con Espinoza (2006:7) quienes ingresan en actividades de comercio, transportes, de algunos servicios a empresas, etc., se ven “permanentemente tensionados entre la presión por establecer su propio negocio y el riesgo de ser expulsado hacia el desempleo”, en el marco de mercados laborales muy flexibles. Además, la amplia gama de marcos contractuales que existen en sectores como el comercio, hace difícil estipular si se trata de movimientos ascendentes, o si más bien responde a una reacomodación de puestos en el marco de la desindustrialización y el predominio del sector servicios.

Paralelamente, Dalle señala que en las últimas décadas los hijos de obreros especializados se desplazaron hacia ocupaciones en comercio, servicios y hacia el segmento no calificado de la clase trabajadora. La reducción estructural de ocupaciones de clase trabajadora calificada hizo que disminuyera este canal de herencia de clase de padres a hijos, lo que “sugiere un cambio de la composición de la fuerza de trabajo del sector industrial (manufactura) hacia los servicios” (Dalle, 2010: 68). Así, al haber disminuido la cantidad de puestos obreros –por los procesos de desindustrialización– las actividades del sector servicios (comercio, empleados administrativos, transportistas) se tornaron una alternativa ocupacional viable para los hijos de padres obreros.

Más que en las inserciones laborales esta fracción inferior de las clases medias centra en las inversiones escolares sus esfuerzos para ascender posiciones sociales, constituyendo la formación un elemento crucial en las trayectorias intergeneracionales. Sin embargo, aunque los miembros de esta fracción hayan aumentado las titulaciones escolares respecto a las de sus antecesores, cuentan con algunas dificultades para que se valorice el título otorgado por la escuela secundaria como capital cultural. Entre estas dificultades, a partir del material empírico he vislumbrado las siguientes: a) en muchos casos se trata de un capital escolar no convertido eficazmente en capital cultural, por déficits de las familias de origen –muchos de estos estudios se han realizado a destiempo, en escuelas para adultos–; y b) el poco reconocimiento de los títulos de nivel secundario en el mercado laboral de Argentina, a no ser como parámetro del efecto fila, que ordenaría los postulantes a un puesto de acuerdo a la cantidad de credenciales, al margen de las cualificaciones que se soliciten para el mismo (Filmus et al., 2001).

En busca del Estado de bienestar

Durante la etapa de industrialización (1945-1975) aumentó la cantidad de puestos en el sector público en todas las categorías asalariadas: profesionales, técnicos, empleados administrativos, etc. (Rozenwurcel, 1987). También se produjo entonces una expansión del sector terciario como generador de mano de obra, que a los efectos de analizar esta fracción coinciden con los empleados de comercio y administrativos. Esta época también fue de importantes migraciones interiores, que se dirigían generalmente desde las provincias hacia el Gran Buenos Aires, por la crisis de las economías regionales (Romero, 2001; Ceva, 2006).

En el tramo de conformación de sus familias, los padres[11] de los entrevistados de esta fracción se beneficiaron de los procesos de movilidad social ascendente, de tipo estructural, descritos en el capítulo dos. Traducida a las trayectorias de los hijos, esta movilidad significó una mejora de las condiciones de vida en el marco de un proceso de modernización. Esto les permitió garantizar a sus hijos ciertas condiciones de vida (casa, estudios obligatorios, algún intento –en ocasiones logrado– de estudio postobligatorio, etc.), e incluso inculcarles una orientación ascendente de la pendiente colectiva, mediante un sentido del esfuerzo muy poderoso, como principal herencia. Como lo expresa Patricia, una de las entrevistadas, “fue el único legado que nuestro padre nos pudo dejar, el hecho de querer salir adelante y ser alguien”. Así, los hijos han obtenido títulos escolares superiores a los de sus padres, enmarcado esto en la expansión de la matrícula educativa y de los años de escolaridad en las décadas recientes. Sin embargo, como algunos estudios de movilidad educativa intergeneracional muestran, sólo un 31% de los jóvenes de 20 a 24 años –en áreas urbanas– consiguen superar el nivel educativo de sus padres y adquirir un nivel educativo básico de 12 años de escolaridad. Y sólo un 20% de los jóvenes cuyos padres no culminaron la primaria logra terminar el nivel medio, mientras que cuando los padres han cursado al menos 10 años de estudios, ese porcentaje supera el 60% (CEPAL, citado en Filmus et al., 2001).

Las inserciones laborales de los padres de esta fracción han sido en su mayoría como empleados administrativos o de comercio, chóferes, enfermeros, e incluso, operarios de fábrica. Entre las actividades que realizan, si bien muchas de ellas son de carácter no-manual, estas son de baja categoría, tanto en relación con los salarios cuanto a la formación requerida para los puestos. Especialmente, en el momento de inserción de los padres a esos empleos –décadas de 1940 y 1960– que fue una época de reclutamiento amplio.

De todos los empleados, los de comercio son los más representativos de la tensión señalada por Espinoza (2006) entre abrir su propio negocio o quedar sin trabajo. Es el caso de los padres de Facundo, que intentaron algunas pequeñas empresas: una vinería primero, luego una agencia de lotería. Ninguno de estos emprendimientos tuvo persistencia en el tiempo, y la actividad más constante que han desarrollado es la de empleados de comercio. El padre, además ha trabajado de chofer en una empresa de autobuses, y finalmente pasó a un puesto administrativo dentro de la empresa.

Facundo. 34 años, emigró a España en el 2003, aunque dentro de Argentina había emigrado en varias ocasiones. Primero se trasladó toda la familia desde Neuquén a General Roca, donde hizo los estudios secundarios (se recibió allí de maestro mayor de obras, titulación técnica). Luego se fue a La Plata a estudiar arquitectura, y dos años más tarde, cuando sus padres no podían mantener sus estudios, migró a CABA a trabajar y seguir estudiando. Las trampas de la migración las vive desde joven, y tiene experiencia en lo que significa cambiar de proyectos. En CABA, con jornadas laborales cada vez más largas, le fue imposible seguir estudiando, pese a que probó con varias carreras: luego de intentar homologar sus estudios de arquitectura en la UBA, comenzó varias carreras, sin poder concluir ninguna (marketing, publicidad y psicología), en años consecutivos y en universidades privadas.

Su vida laboral ha sido discontinua. Antes de emigrar tuvo dos juicios con diferentes empleadores. Uno por impago de horas extra, y otro por indemnización por despido. Ambos se resolvieron favorablemente, y con ese dinero se planteó su estrategia migratoria en un momento en que estaba desocupado y teniendo que volver a la casa paterna. Su otra opción en ese momento era utilizar el dinero para realizar su vocación: estudiar cocina, aprovechando que los padres lo podían mantener en Neuquén. Pero desistió ante la incertidumbre de lo que sucedería en el país.

Hijo de empleados, sus padres han intentado para sus hijos estrategias por la vía escolar con desigual éxito (además de la experiencia de Facundo, la hermana del medio no terminó la escuela secundaria, y la menor es licenciada en administración de empresas).

Otro tipo de inserciones frecuentes de esta fracción es en el sector público, en su momento de fuerte expansión. Así, varios padres pudieron acceder a empleos formales y con amplias prestaciones –obra social, vivienda o turismo sociales[12]–. El padre de Diego trabajó como inspector de limpieza de la Municipalidad; la madre de María como enfermera y la de Susana como empleada administrativa, ambas en Salud Pública. Así, si bien desde modestas posiciones, los antecesores pudieron encontrar un trabajo seguro, con estabilidad y aportes para la jubilación.

Algunos padres de la muestra trabajaron en ocupaciones manuales, como operarios de fábricas diversas: conservas, textiles, frigoríficos (padre y madre de Carolina, madre de Mario) o, dentro de los servicios personales, el servicio doméstico (madre de Mario).

A pesar de estas modestas posiciones de los padres, la época que transitaron durante su trayectoria de consolidación de sus familias de destino coincide con la etapa de difusión de los servicios públicos, gracias al Estado de Bienestar en auge. Un ítem de este desarrollo lo constituye la vivienda social, que se expandió a nivel masivo durante el periodo de 1946-1980, a través de la acción estatal (Ballent, 2000), época en que estas familias consolidaron sus trayectorias sociales ascendentes. Respecto a la generación anterior (abuelos de los entrevistados), los padres alcanzaron cotas de bienestar superiores en lo que al aspecto habitacional se refiere[13]. La casa propia lograda por los padres de los entrevistados constituye un pequeño capital que algunos heredarán, capital que será mayor o menor dependiendo de la cantidad de miembros de las familias. La mayoría de los antecesores de los miembros de esta fracción habitaba en sus propias viviendas, conseguidas a través de distintos mecanismos: desde la compra individual de viviendas, con financiación hipotecaria de fácil acceso (la mayoría de los padres de la fracción tienen casa en propiedad: Patricia, María, Diego, Facundo, Carolina), hasta la ocupación de terrenos que luego fueron legalizados y dotados de infraestructuras (la casa de la madre de Mario, fue conseguida por la abuela materna de este modo; ver Del Cueto y Luzzi, 2008).

Los recorridos laborales de esta fracción, a pesar de algunas etapas de pluriempleo, tienen bastante estabilidad en cuanto a las actividades y a los sectores de inserción. Más sugerentes son, así todo, los movimientos migratorios interiores, realizados por la generación de los antecesores. Significativamente, los padres de los entrevistados, en su mayoría, han protagonizado en la juventud migraciones dentro del país, en busca de inserciones laborales y habitacionales que posibilitaran la prometida movilidad ascendente. Sea entre provincias, o desde las provincias al Gran Buenos Aires, este tipo de movimientos migratorios se hicieron masivos en el segmento de las trayectorias de los padres.

A pesar de que las migraciones más importantes ocurrieron desde diferentes puntos del país al área metropolitana de Buenos Aires –llegando a concentrar un tercio de la población del país–, en la muestra sólo hay un caso: los padres de Carolina. Procedentes de un pueblo de una provincia algodonera, formaron parte de la corriente migratoria rural-urbana de los años sesenta que se dirigió hacia las grandes ciudades en busca de los centros industriales en esplendor en ese momento. Tras el asentamiento en el área metropolitana de Buenos Aires –en una zona que funcionaba como enclave de migrantes de la misma región de origen–, se insertaron en la industria de frigoríficos él, y en la textil ella, aunque esta última a domicilio. De los tres hijos que tuvieron, sólo Carolina hizo estudios universitarios. Más adelante se profundiza en su trayectoria, muy singular desde el punto de vista escolar.

Otras experiencias migratorias de los padres han sucedido entre diferentes ciudades de provincias de Argentina, posibilitando la inserción de los progenitores en el sector de servicios: empleados de comercio, chóferes, puestos administrativos. Los padres de Facundo representan bien este tipo de itinerarios. Esta migración se produjo hacia regiones más dinámicas económicamente que las de procedencia. Una vez que se formó la pareja en una ciudad de tamaño intermedio –en la que nació el entrevistado–, tuvieron mucha movilidad dentro de la región. Así, durante los estudios secundarios de Facundo la familia se trasladó a otra ciudad, donde pudieron asentarse en el centro –en el primer lugar, se habían instalado en barrios periféricos–. En el apartado siguiente, se analiza que Facundo hará recorridos geográficos y laborales en varias ocasiones, antes de emigrar a España.

Por último, también encontramos padres que han protagonizado migraciones internacionales: dos de los entrevistados de esta fracción han tenido padres españoles[14]. En un caso, se trata de un gallego de la Coruña, que pudo ingresar en los años 1950 en la expansiva administración municipal de la Ciudad de Buenos Aires como inspector de limpieza. El padre de Diego que, según cuenta éste, no tenía “ni la primaria completa”, compatibilizaba este trabajo de mañana con otro por las tardes, de chapista en un taller. En algún momento también fue conductor de taxi, lo que sugiere situaciones –o bien épocas– de pluriempleo. Entretanto, la madre de Diego era ama de casa, y Diego comenzó a trabajar antes de la mayoría de edad.

El otro caso es el del padre de Patricia, un almeriense que tras una migración muy costosa –que relata como una especie de epopeya familiar: se fue desde Almería a Francia caminando, porque sólo tenía dinero para el barco que salía de allí– logró, a mediados de los años cuarenta, instalar una fábrica de cañerías en una gran ciudad de argentina[15].

Diego. 35 años, viajó a España en el año 1999 y estuvo un mes paseando. Ya en el año 2000 se desplazó con intención de quedarse. Es hijo de un “español franquista”, que emigró hacia Argentina a mediados de la década del cuarenta, y pudo tramitar para él y su hermano la doble ciudadanía apenas nacieron. Autodefinido de familia de “clase media, media baja”: su padre se desempeñó como inspector de limpieza en la Municipalidad de CABA, trabajo que completaba con el de chapista en un taller por cuenta ajena; en tanto su madre fue siempre ama de casa.

En el momento de emigrar, Diego tenía un trabajo con estabilidad, en el que tenía posibilidades de crecer y donde estaba satisfecho con el sueldo (1200 pesos-dólar). Sin embargo, él atribuye a un aburrimiento en su vida cotidiana como disparador de la decisión de emigrar, dejando, además del trabajo, a su novia y grupo de música. Diego tocaba la guitarra en un grupo barrial de rock.

Valora de su experiencia en España la calidez de las personas que conoció, pero el aspecto laboral y de crecimiento personal no lo ve positivamente. Piensa que, si hubiera tenido al momento de emigrar la información que tiene diez años después, no hubiera emigrado. Sus intentos fallidos de crecer en actividades para las que tampoco estaba preparado –vendedor de productos odontológicos, donde más invirtió: compró un coche, trajes, realizó cursos, etc.– lo desplazan hacia trabajos poco cualificados.

Al momento de la entrevista regenta un bar con un socio, en lo que pretenden sea una experiencia lo más próxima a la autonomía de emprendedores. Aunque más bien desempeñen tareas ligadas a la hostelería, con pago de alquiler del local, y sin mucho margen de maniobra, en parte, porque no tienen otro capital que invertir que la honorabilidad que otorga la ética del trabajo.

                       
Patricia. 38 años, emigró a España a finales del año 2005, tres meses más tarde que su marido, un chef que había sido becado para realizar una estancia de perfeccionamiento en un importante restaurante vasco. Al final no se materializó esta estancia, pero como tenía sacado el pasaje, aprovechó para ver el panorama. En Argentina era profesor de una importante escuela de cocina, aunque salarialmente estaba disconforme. En España ha conseguido buenos puestos en el sector: jefe de cocina en establecimiento de argentinos, luego de cocinero particular en casa de personas acomodadas, y actualmente trabaja en sector gastronómico de un casino, también en puesto jerárquico.

Cuando Patricia emigró, estaba embarazada de su hija más pequeña, y tenía otros niños de 1 y 9 años. Esto dificultó su ingreso al mercado laboral español, al no contar con fácil acceso a guarderías ni apoyo familiar. En Argentina trabajó desde los 12 años, para poder ir a la escuela secundaria tuvo que pedir autorización policial –para asistir a horario de adultos– y demostrar que sus padres no podían trabajar. De los ocho hermanos de Patricia, dos han conseguido titulación superior (una fonoaudióloga, otra profesora de francés); otro es empresario (tiene su propia panadería). Patricia ha realizado diversos cursos: diseño gráfico, peluquería, repostería. Aunque su mejor trabajo en Argentina no estaba vinculado a ninguna de estas titulaciones: fue conductora de transporte público en Córdoba durante 6 años, con buen sueldo. En los años previos a emigrar se había convertido en el principal sostén de la familia, impulsando esta situación la emigración a España.

Actualmente ella y su marido tienen contrato indefinido, aunque saben que con la crisis en España su situación también se precariza: ya hay despidos en la empresa, y aunque se lleven bien con el jefe, saben que no están protegidos. Esperan poder terminar de pagar las deudas (generadas por un viaje a Argentina; por compra de un coche) por si tuvieran que marchar.

Este recorrido por las trayectorias de los padres, en las que se han entrecruzado movimientos migratorios (regionales e internacionales, rural-urbanos y urbano-urbanos) con los procesos de movilidad social, permite entrever dos cuestiones que inciden en los procesos migratorios de los hijos. En primer lugar, si bien los padres habían conseguido unas condiciones de vida superiores a las de los antecesores, éstas se enmarcaron en una etapa de desarrollo y modernización, que propició este tipo de movimientos ascendentes. Fue la época dorada de movilidad social ascendente, en la que cada generación ocuparía posiciones superiores a la precedente. En segundo lugar, esas migraciones (interiores o internacionales) en la generación de los padres sugieren que se trataba de posiciones que no se encontraban consolidadas entonces, y que buscaban contextos más propicios para una mejora de las condiciones de vida y posiblemente de las posiciones sociales.

La promesa del capital cultural/escolar

Los hijos de esta “clase media, media baja”, como la llama uno de los entrevistados (Diego), han atravesado diferentes avatares familiares e individuales, con una escasez de recursos relativa respecto a las fracciones de las clases medias más consolidadas. Se puede entrever varios intentos de ascenso social en los entrevistados, apoyados en estrategias de acumulación escolar. Aunque los hijos de estas fracciones pudieron acceder a niveles más elevados de formación que sus predecesores, casi todos han tenido unas trayectorias escolares dificultosas: repetición de cursos, deserciones escolares tempranas, que luego fueron completadas en escuelas para adultos o intentos frustrados de realizar estudios universitarios. No obstante, todos lograron titulación de la escuela secundaria posobligatoria.

Efectivamente, muchas tentativas de acumulación escolar toparon con diversos obstáculos en el seno de las familias, que imposibilitaron el éxito de estas inversiones. Por ejemplo, Diego comenzó a trabajar tempranamente por iniciativa de su madre, quien fue personalmente a una fábrica cercana a la vivienda a preguntar si recibirían a su hijo como empleado. El esquema de reparto de tareas en la familia de Diego es similar al descrito por Susana Torrado (2003) para los estratos de obreros calificados. Padre proveedor de los medios de subsistencia del grupo –llegando a estar pluriempleado–, madre dedicada con exclusividad a las tareas domésticas, e hijos –en este caso, sólo Diego– insertados tempranamente en el mundo laboral para completar el salario del jefe de hogar. Asimismo, si en el conjunto del estrato de los obreros la participación laboral de los hijos jóvenes es del 47% –contra el 30% de las clases medias–; en las clases medias es más alta la participación en el mundo laboral de las cónyuges –en familias con ambos miembros– que entre los obreros (en torno al 30% frente al 15%, con excepción del empleo doméstico). Como sugiere Torrado, “la división familiar del trabajo se diferencia según la pertenencia de clase” (Torrado, 2003: 547). Según pude deducir de su relato, los padres de Diego orientaron las inversiones escolares en una formación para su hermano, que es precisamente –profecías autocumplidas– el que, de los dos hijos, obtuvo titulación universitaria. Mientras el hermano se licenció en artes plásticas y trabaja actualmente en el ambiente artístico de vanguardia de CABA; Diego, al ser “más de la calle”, fue retirado de la escuela privada –un gasto más que una inversión, si éste no lo aprovechaba– en las épocas de austeridad y crisis, por no poder pagar las matrículas de los dos hijos. Esta suerte dispar con los estudios, sin embargo, no disuadió a Diego del intento de realizar una carrera. Cuando finalizó el secundario por la opción para adultos, comenzó a estudiar en la UBA una licenciatura en administración de empresas, orientado por una especie de alodoxia (Bourdieu, 1998: 155) de la que él mismo parece reconocerse, a posteriori, víctima[16].

Otro tipo de trayectorias (Facundo, Patricia, Carolina) se decantan claramente como una búsqueda imperiosa por apoyar en los estudios una posible trayectoria social de ascenso. Facundo, por ejemplo, se trasladó con toda la familia a cincuenta kilómetros de su residencia para hacer estudios secundarios y, tras repetir un año, obtuvo una titulación media de maestro mayor de obras. Luego se mudó nuevamente, esta vez a una ciudad de la Costa Atlántica para estudiar arquitectura, con el compromiso de los padres de brindarle apoyo económico, entre tanto regresaban a Neuquén, su ciudad natal. A los dos años tuvo que cambiar Facundo nuevamente de residencia (a CABA) para trabajar, dejó el proyecto de estudiar arquitectura e intentó diferentes carreras sucesivamente: dos años de marketing, uno de publicidad, otro de psicología; todas en universidades privadas. La convicción de que, en Argentina, “si no tenés carrera, de algo, olvidate de prosperar, porque te lo van a hacer notar todos”, le marcó la exigencia, pero sin orientación ni condiciones para lograrlo, debido a las largas jornadas laborales.

Otro tipo de inversiones escolares, menos pretenciosas que los estudios universitarios, es la realización de cursos orientados al empleo. Patricia recurrió a distintas formaciones de índole pragmática, tras una esmerada concurrencia y finalización del sistema educativo formal. Graduada en una escuela para adultos –a pesar de no ser aún mayor de edad, con “medalla de excelencia académica”, cuenta–, su trayectoria escolar podría sintetizarse en cierto principio de diversificación, que la orienta a estar preparada para diferentes oficios. En efecto, después de los estudios secundarios, realizó distintos cursos: diseño gráfico, peluquería y repostería; todos ellos con la meta de tener mejores condiciones para acceder al mercado de trabajo. Finalmente, su trabajo de mayor importancia y duración no se relacionó con estos cursos: fue chofer de autobús en una empresa pública en la ciudad de Córdoba. Sin embargo, es posible que su versatilidad le jugara favorablemente para conseguir este puesto, valorado por ella positivamente (buen sueldo y estabilidad, que la convirtió en el principal sostén del hogar, como detallo en el capítulo siguiente).

Para los sectores sociales que no tienen un capital económico o escolar que transmitir, las inversiones educativas son la principal estrategia para trazar trayectorias ascendentes, y, en algunas ocasiones, tienen éxito. Este tipo de trayectoria es la que representa Carolina. De modesto origen social, sus padres obreros tenían estudios primarios (completos el padre, y sin terminar la madre). Sin embargo, Carolina, la mediana de los tres hijos, obtuvo titulación superior, es licenciada en sociología. En tanto, la hermana mayor es empleada administrativa (con una titulación media), y el menor no terminó la escuela secundaria. Ella nunca tuvo amigos en ese barrio, al que califica como “una villa muy pobre”, en cambio sus hermanos sí. Además, la enviaron a un colegio al que para llegar había que desplazarse en autobús. Este colegio estaba situado en un barrio “más como si fuera de clase media o media baja”, que era “mejor” que el establecimiento que tenía próximo a su residencia, al que asistieron los hermanos. Quizás, en este caso, los padres mantuvieron desde su infancia sutiles tácticas de separación de Carolina del ambiente de la zona donde residían.

Carolina. 34 años, emigró en el año 2004, en un momento en que se encontraba con varias cosas cerradas de su vida en Argentina: había adquirido un departamento en CABA, a través de una estrategia que le permitió disponer de sus ahorros después del corralito; se había licenciado en sociología unos años antes (2002), y estaba en un “punto muerto” en su trabajo. Carolina era jefa de administración de una empresa intermediaria (de entre 15 y 7 empleados) entre las farmacéuticas y las obras sociales. Afectada por la crisis post-devaluación, esta empresa comenzó a empequeñecerse aún más, congelando los salarios del personal (que, en otra época era “bastante bueno”: 1500 pesos-dólar). Antes de dejar el trabajo, Carolina pidió reducción de jornada. Su decisión de emigrar se basa en que a ella siempre le gustó viajar, y es una posibilidad que se le ofrece más a la mano en España, sobre todo, para viajar por países de Europa y algunos “destinos exóticos”.

En los cuatro años que llevaba viviendo en España al momento de la entrevista, siempre ha encontrado trabajo, gracias a las redes de españoles en las que se ha insertado. En uno de estos trabajos, de recepcionista en un pequeño hostal de los padres de una amiga con quien comparte vivienda, le ofrecieron hacerle los papeles (2005). Actualmente trabaja de empleada administrativa en una Escuela de Negocios, donde dice encontrarse a gusto. Se encuentra cómoda en España, aunque extraña a sus padres y hermanos, quienes no comprenden por qué todavía no regresó, siendo que ya viajó por distintos lugares, principal objetivo de la migración.

Tiene planeado fundar una ONG con amigos (españoles y argentinos), que tienen en trámite de registro. En Argentina realizó durante varios años de universidad trabajos voluntarios y de militancia, y cree que es difícil insertarse en España en ese campo, por la cantidad de requisitos para la formalidad que supone. A pesar de ello, realizó un curso de “Experto en gestión y promoción de ONGs” y otro en “Formación de formadores en Derechos Humanos”.

Los efectos de lugar (Bourdieu, 1999b) que suscitan las zonas de residencia durante la socialización primaria y secundaria –y a los que estarán subyugados los descendientes de permanecer allí– constituyen un factor de clasificación muy fuerte para estos sectores al borde de la pobreza o la marginalidad. En el caso de Carolina hubo una salida exitosa del lugar de origen, que le imprimió toda una serie de disposiciones que tienden a alejarla de las expectativas familiares, y probablemente de cualquier proceso de contramovilidad (Cachón, 1989).

Este caso constituye un ejemplo de desclasamiento por arriba. Los “desclasados por arriba” o “tránsfugas de clase” (Lahire, 2004) son quienes padecen una oposición entre dos matrices de socialización contradictorias. Muchas disposiciones inferidas de esta entrevistada (estudios superiores, migración a España “para realizar viajes”, rechazo del mandato de la maternidad, etc.) y asumidas desde distintas formas de socialización secundaria (escuela fuera del barrio de origen, universidad, militancia en barrios) tienden a alejarla de sus orígenes de clase.

Sin embargo, otros entrevistados de esta fracción estaban, al momento de la entrevista, en el proceso de desmarcarse del efecto de los lugares de origen degradados. Mario es uno de ellos. Procedente de un barrio periférico de Gran Mendoza, que él califica como “barrio de terror” o “zona de guerra”, ha padecido el estigma propio de los sitios que concentran todo tipo de situaciones de violencia y marginalidad –a pesar de no estar muy alejado de otros barrios no tan estigmatizados[17]–. Se produce una especie de zonificación (o guetificación, según la expresión de Wacquant, 1999) de regiones dentro de las ciudades, que generan sutiles discontinuidades en el espacio geográfico y asignan a los sujetos unas categorías específicas según el lugar de procedencia. Mario relató haber sufrido situaciones de violencia familiar, por parte del padre alcohólico que los abandonó, a raíz de lo cual su madre tuvo que ocuparse de la crianza de los hijos en solitario. A pesar de ello, Mario y sus tres hermanos han finalizado los estudios secundarios, aunque no continuaron estudios superiores. El hermano mayor y el pequeño siguen viviendo en el conflictivo barrio, cada uno con su respectiva familia de destino. Sin embargo, la hermana pudo mudarse a otro lugar, después de retornar al país tras haber estado diez años trabajando en Estados Unidos. La propia familia de Mario –mujer e hijos– también ha podido alejarse a una mejor ubicación, gracias a las remesas que éste envía desde España.

Mario. 33 años, migró a España en 2005, momento en el que llevaba dos años de relación con su pareja –que tenía dos hijos– y momento en que él salía de una crisis personal (cuenta que él pensó que “no llegaría ni a los 30 años”, que está vivo “de milagro”, que hizo cosas malas, etc.). Socializado en un barrio que él califica “de terror”, del que, según relata, han salido varios delincuentes actualmente en prisión; su principal objetivo es apartar a su familia (su mujer y sus hijos, así como otro hijo suyo que tiene de una relación anterior) de ese entorno. Su meta de estar en España puede entenderse en ese contexto: él se desmarca de los que acceden a los planes de vivienda estatales, que son para “vagos”, por lo que tiene que “deslomarse” en España, para poder comparar una casa en Argentina.

No es el único de la familia que se inclina por esta estrategia: su hermana, de 32 años, estuvo viviendo 10 años en EE. UU., experiencia que le ha permitido “ser la única propietaria” de vivienda de los hermanos. El sueño de tener la casa propia, que además esté en un ambiente no degradado, se configura como el principal motor de estas estrategias. Pidiendo más a la suerte, si pudiera ahorrar lo suficiente como para poder montar algún negocio propio –que le permita trabajar por su cuenta– vería cumplidos sus objetivos.

María. 42 años, llegó a España en 2002. Su marido había emigrado unos meses antes, en tanto ella permaneció en Argentina con las dos hijas. Ha realizado diversos trabajos antes de emigrar: recepcionista, limpieza por horas, repostería en su domicilio; mientras su esposo se ocupaba como albañil. En el momento de decidir la emigración, a su marido le adeudaban varios trabajos en obras, y estaba tramitando la ciudadanía italiana –que finalmente no le salió–. Un primo de éste lo convenció para migrar a España, donde se encontraba trabajando. En España conocieron pronto a una familia de españoles, que ha sido crucial para su instalación: proporcionaron trabajo al marido, que llegó a emplearse como conserje en un colegio privado, propiedad de esta familia. Allí mismo contrataron a María como empleada de limpieza. En los cinco años que María y su esposo trabajaron con estos empleadores, pudieron ahorrar dinero, comprar un departamento en Argentina, y otro en España. En el momento de realizar la entrevista, habían instalado un pequeño comercio de venta de productos para inmigrantes (comercio étnico), que era regentado por María. No tienen planes de regresar.

                      
Susana. 63 años, llegó a España en diciembre de 2001, fue reagrupada por su hijo, que ya se encontraba viviendo en una provincia catalana desde 1999. Antes de ir a España, Susana estuvo seis meses en Miami, donde tenía intenciones de instalarse. Al ver que esto no era posible (pasó por la prórroga del visado de turista, y estaba a punto de quedarse irregular) viajó a España, ingresando reagrupada por su hijo. Estuvo en Cataluña trabajando un tiempo, pero el idioma le limitaba las búsquedas de empleo a servicio doméstico y cuidado de niños o ancianos. Luego intentó continuar con su trabajo de Argentina en Murcia, en una inmobiliaria, pero duró poco tiempo. Pasó también por Canarias y finalmente se asentó en Madrid, donde se encuentra trabajando de teleoperadora para vender productos farmacéuticos. Además, hace masajes y reflexología. Tiene otra hija que se encuentra viviendo en Inglaterra. En Argentina el único familiar que le queda es un nieto de 16 años (por parte de su hija), que vive con el padre de éste.

Su situación económica no fue siempre desfavorable. En los noventa, trabajando con varias escribanías, obtenía salarios altos, que le permitieron realizar algunos viajes a EE. UU. y a Europa. Sin embargo, lo efímero y precario de esta situación radicó en la vulnerabilidad que proporciona el empleo informal. Tras más de veinte años de trabajo, en ninguno de los empleos (ni en las escribanías, donde trabajaba como secretaria externa; ni en un conocido periódico, donde trabajaba de grabadora de datos) tuvo contrato laboral ni, por tanto, aportes jubilatorios.

Reposicionamiento de los migrantes desde las familias de origen

Este breve compendio de relatos individuales y familiares que cuentan la historia colectiva desde los trazos singulares de las biografías permite ubicar a los sujetos en el espacio social. En base al análisis de los orígenes y las trayectorias sociales y familiares de los entrevistados antes de emigrar, resaltan los siguientes rasgos. En primer lugar, que las trayectorias intergeneracionales, de antecesores a hijos, se han desarrollado con gran versatilidad. Aún dentro de las fracciones principales (económica y cultural) los sujetos han mutado entre: actividades, ámbitos de inserción (público o privado), desempeño como trabajadores autónomos o asalariados. Todos estos cambios parecen ser requisitos para la permanencia en las posiciones. Así, han desarrollado una especie de principio diversificador, fuente de disposiciones plurales, gestadas en contextos de gran inestabilidad económica y transformación de la estructura de las clases.

En segundo lugar, los instrumentos escolares de reproducción social han estado disponibles, aunque con desigual resultado, para todas las fracciones. Una parte de la muestra se reconvirtió en el tránsito intergeneracional desde la fracción económica a la cultural (como se señala en la figura 4), protagonizando cambios en la condición de clase. También hallé un caso de desclasamiento por arriba (Lahire, 2004) y otro de desclasamiento por abajo. En el primero, el testimonio de Carolina, quien pudo culminar sus estudios universitarios y apartarse de sus orígenes de clase. En tanto el segundo, protagonizado por Nicolás, quien no continuó la estela de la acumulación escolar, entre otros factores, por su resistencia a realizar estudios universitarios. Otro grupo de los entrevistados realizó intentos infructuosos de inversiones en credenciales universitarias.

En tercer término, los mecanismos de reproducción social de mercado se han presentado especialmente eficaces para los miembros de la muestra pertenecientes a la clase media de servicios (reconvertidos desde la fracción económica o con dos generaciones de antigüedad). Así, las universidades privadas han resultado importantes para el acceso a empleos de calidad, por el valor que las titulaciones otorgan en tanto credenciales (y no en base a criterios de excelencia).

Por último, los miembros de la fracción de clase media-baja han concentrado sus esfuerzos de movilidad social ascendente, primero, en las migraciones interiores (en la generación de los antecesores) y luego, en las inversiones escolares (en la generación de los hijos), aunque éstas se han truncado por diferentes obstáculos (falta de financiación o apoyo de los padres, conciliación de trabajo con estudios, como mostré en este capítulo).

A partir de estos elementos, los reposicionamientos y continuidades en las fracciones de origen de los entrevistados, quedan conformados como se presenta en la Figura 4.

Figura 4: Orígenes de clase y posicionamiento de los entrevistados
antes de emigrar

* Enclasamientos de los entrevistados de acuerdo con las posiciones de los padres
** Enclasamientos de los entrevistados con o sin reconversión de capitales en la sociedad de origen (hasta antes de la emigración)
Procesos de desclasamiento individual (descendente o ascendente)
Procesos de reconversión de condición de clase (desde capital económico predominante a capital escolar/cultural)
Fuente: elaboración propia.


  1. Varios estudios focalizan en el cambio de configuración de las clases medias en las últimas décadas en Argentina. Mientras disminuyó la proporción de industriales y comerciales en las clases medias autónomas, aumentó la proporción de profesionales y técnicos en las clases medias asalariadas (Torrado, 2003). Estudios de movilidad social intergeneracional señalan también que es más probable que el hijo de un empleador o gerente sea profesional que al revés (Kessler y Espinoza, 2003).
  2. La explotación agrícola en la Argentina se sustentó principalmente en prácticas de arrendamiento más que de propiedad (Germani, 1977). La valorización de las tierras iba creciendo a medida que las mismas se iban colonizando por los inmigrantes, pero el acceso a la propiedad estuvo limitado por la oligarquía, que favoreció una conducta especulativa de los inmigrantes de ultramar (Romero, 2001).
  3. El mito de hacer la América funcionaba en Argentina, como en otros países de fuerte inmigración de esa época, apoyado en el rápido éxito que lograron muchos emprendedores de la época. Hacia 1914 las tres cuartas partes de la burguesía urbana –comercial e industrial– estaba conformada por extranjeros. También éstos constituían dos tercios de los trabajadores de cuello blanco del sector privado (Germani, 1977).
  4. Según los datos explotados por Kessler y Espinoza (2003: 33) referidos al Gran Buenos Aires, la categoría de los profesionales asalariados tenía ingresos medios de 1900 pesos en el año 1980, 1100 pesos en 1991 y 1500 pesos en el año 2001.
  5. Un estudio realizado por Kozel (1998) señala que el aprendizaje de actividades culturales en la Ciudad de Buenos Aires sigue tres circuitos: a) formal; b) semi-formal; y c) profesores particulares. Si bien el último circuito es extrainstitucional, al no asumir la forma de carreras, suele incluir la enseñanza de afamados profesores que imparten clases a un número muy reducido de discípulos. Carlos asistió dos años al primer circuito, en un conservatorio de Mar del Plata, y luego tomó clases durante muchos años con un reconocido profesor particular.
  6. El precio que pagan los advenedizos, autodidactas y aprendices de la cultura legítima es, según Bourdieu, el de estar permanentemente sometidos a pruebas que demuestren su saber (Bourdieu, 1998: 20). No obstante, Carlos se reivindica un “músico serio” que trabaja, como él dice, con “músicas complejas”, compone sus propias obras –no es un mero intérprete de instrumento–, y aspira a vivir de la música de manera permanente.
  7. Si bien se intentó considerar ambos linajes, materno y paterno, para analizar los orígenes sociales, en algunos casos eso no es del todo satisfactorio, dependiendo del tipo de uniones de los padres.
  8. El relato familiar que los entrevistados enuncian frente a la entrevistadora toma, en ocasiones, la forma de una novela familiar. En ésta los sujetos suelen sostener fantasías sobre su relación con los padres o sobre su origen familiar (Laplanche y Pontalis, 1993). Más adelante se analiza la forma de epopeya que toman estos relatos en algunos entrevistados.
  9. No es descabellado pensar que, quienes tengan unas posiciones más definidas y afianzadas –y menos movibles– no cuenten entre sus familias con emigrantes, objeto de la investigación.
  10. Estas universidades privadas de orientación empresarial están mayormente dedicadas a las ramas de las ciencias sociales, que no suponen gran inversión en infraestructuras (laboratorios, equipos, maquinarias, etc.; García de Fanelli, 1997).
  11. En esta fracción no se analiza la generación de los abuelos, puesto que se trata de una fracción de posible entrada a las clases medias más asentadas, por lo que su antigüedad en la posición de clase no es tan relevante como los instrumentos que pueden haber aprovechado para ascender socialmente, en la generación anterior. Es decir, los diferentes intentos de realizar inversiones hacia la acumulación de capital escolar o de instalar negocios propios (posible fuente de acumulación de capital económico).
  12. Como se señaló en el capítulo dos, la modalidad de Estado de Bienestar argentino se apoya en el trabajo –en épocas de pleno empleo–, y en la gestión del welfare por parte de los sindicatos. Así, en las primeras décadas del siglo XX, el turismo de los trabajadores estuvo a cargo de los gremios y organizaciones católicas; luego el peronismo realizó una expansión cuantitativa, creando zonas vacacionales masivas: Mar del Plata, Chapadmalal, Río Tercero, etc. (Pastoriza y Torre, 2000).
  13. El estudio de Ballent sobre la expansión de la vivienda en Argentina, muestra que hacia 1943 se destacaban dos rasgos habitacionales: hacinamiento (colectivo –más de cuatro familias que compartían casa– e individual –más de cuatro miembros por cuarto–); y bajos porcentajes de propietarios (37% de las viviendas del país estaban ocupadas por su propietario en 1947; Ballent, 2000). A partir de la década de 1940, se implementan planes de financiación y construcción de viviendas que pretendían una importante cobertura social.
  14. El periodo de llegada de los inmigrantes de ultramar a Argentina, así como la antigüedad en suelo argentino, marcan diferentes posibilidades de movilidad ascendente para los hijos. Ver Devoto (2003).
  15. Debido a lo efímera que resultó esa posición empresarial –en la que parece haber hecho “mucho dinero”, según la entrevistada, que se esfumó antes del nacimiento de Patricia (la menor de nueve hermanos)– no incluí este caso en la fracción de pequeña burguesía patrimonial.
  16. Comenta Diego: “Decime ¿qué empresa iba a administrar yo? El que hace eso es porque va a administrar la empresa del viejo, pero era… mis viejos no era, no habían estudiado, mi viejo, ¡quinto grado, y era inspector de la municipalidad!”.
  17. Un estudio realizado sobre este barrio señala que existe un estigma al haber sido en sus inicios un asentamiento ilegal. “[…] a pesar de que el barrio cuenta con todos los servicios básicos, varias líneas de transporte público de pasajeros, escuelas primarias y secundarias, centros de salud, centros comunitarios, comisaría, espacios verdes, asfaltado y alumbrado público, el mismo carga con el estigma de haber sido un asentamiento ilegal. Para el habitante de la ciudad de Mendoza, la representación del barrio correspondiente a los años 1950 se impone por sobre su situación actual. Una demostración de ello es, por ejemplo, que más de un vecino del barrio encuentra obstáculos para insertarse en el mercado laboral formal cuando menciona que vive en el Barrio S. M.” (Sáenz, 2000).


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