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Ya Murió

Tratando de salvar de la herrumbre del tiempo a quienes lucharon por la independencia nacional que, por su posición subalterna, no tuvieron el afecto de los historiadores, en 1886 el teniente Juan Manuel Espora publicó el libro Episodios nacionales. En el capítulo “No queré azuca, pues tomá azuca” refiere, en una pluma distendida no exenta de orgullo patriótico, el testimonio tomado por el general Gerónimo Espejo en Lima en 1848 a un viejo africano vendedor callejero de velas apodado Ya Murió, en alusión tormentosa al deceso de su general, José San Martín:

“Examinándolo un día con este motivo refirió con ese lenguaje chapurreado que usan, que en Buenos Aires fué uno de esos libertos que se determinaron al servicio militar, que había sido soldado del Batallon número 8, que en el ejército de los Andes había hecho las campañas de Chile y del Perú, hallándose muy enfermo cuando la sublevación del Callao, y que por último, se habia batido en varias acciones y guerrillas, especialmente en la de Chacabuco.

Habían pasado treinta años, y el negro para atestiguar su dicho sacó del bolsillo un papel en que conservaba envueltos, los bigotes de un Talavera (nombre con que se designaban en la época de la independencia a los soldados españoles pertenecientes al Batallon Talavera), que despues de haberlo volteado de un bayonetazo y muerto de un balazo le había cortado el bigote con labio y todo; diciéndole ‘no queré azuca, pues tomá azuca,’ aludiendo á las conversaciones que el general San Martín les hacia en el campamento de Mendoza para entusiasmarlos.

San Martín á todos los negros que habia en el ejército de los Andes, tratando de infundirles mayor valor y ódio contra los españoles, al mismo tiempo que no siéndole fácil hacerles entender á gentes tan ignorantes las ventajas que les reportarian vencer á los enemigos, les decia frecuentemente que si los españoles los llegaban á derrotar, volverían nuevamente á ser esclavos y los venderían por azúcar.

Los negros, al medir sus armas con las fuerzas realistas en la batalla de Chacabuco, á cada balazo, á cada bayonetazo, y golpe que dirijían á sus adversarios, en el encarnizamiento de la lucha, repetían ébrios de cólera y venganza ‘tomá pachuca’ (tomá por azúcar’.)” (Espora 1889: 118-119).

La batalla de Chacabuco la libró el Ejército de los Andes de las Provincias Unidas del Río de la Plata contra el Ejército Realista el 12 de febrero de 1817 en lo que hoy es Chile. El testimonio registrado por Espejo sobre el arrojo de los guerreros negros que lucharon allí constituye un valioso antecedente en campo de estudio de los afroargentinismos, pues sus gritos de guerra “tomá pachuca” y “no queré azuca, pues tomá azuca” brillaron con rojo fervor en la victoria.

Además de su valor documental me resultó lo suficientemente conmovedor para incluir en el título de este libro el ya lejano y ausente grito de un africano liberto en Buenos Aires que batalló a las órdenes de San Martín, terminando en Lima como un anónimo velero. A casi dos siglos de la gloria de Chacabuco Ya Murió sigue gritando su testimonio pues el legado lingüístico de su comunidad sigue siendo desoído.



2 comentarios

  1. Tixa 19/05/2016 8:20 pm

    Vó, debería leerse en lugar de no. 🙂

  2. Pablo Norberto Cirio 19/05/2016 9:27 pm

    Ahí revisé el libro original, mi cita es correcta.

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