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Introducción

La experiencia menemista de los años noventa generó una especial atracción entre las ciencias humanas y sociales argentinas en torno al estudio del peronismo y disparó nuevas preguntas e indagaciones en función de su despliegue bajo el paradigma neoliberal consolidado en el país. Las medidas de reforma estructural del Estado y la economía, el giro discursivo e identitario del peronismo, el potente liderazgo de Carlos Menem, los nuevos formatos de la política, las grandes transformaciones institucionales, generaron enriquecedores debates y estimularon numerosos estudios académicos. Esa atracción tuvo, sin embargo, una concreción más dispar a nivel de los “peronismos provinciales”. En efecto, este partido nacional de distrito –que tiende a mantener estructuras, autoridades y dinámicas con relativa autonomía en sus distintos niveles nacional, provincial y municipal– experimentó sus propios procesos durante la década neoliberal que no replicaron con exactitud lo que sucedió a nivel nacional. Recién entrados los años 2000 empezaron a avanzar con paso más firme los análisis sobre lo “subnacional” y, entre ellos, las indagaciones sobre el peronismo en esta escala jurisdiccional.

La literatura disponible sobre la temática indaga el fenómeno peronista desde la apertura democrática en las provincias a través del estudio de diversos objetos: las características de los regímenes de gobierno provincial, la conformación de fuerzas políticas novedosas, los procesos de crisis políticas y sociales, las elites provinciales, las relaciones de dominación de históricas familias políticas sobre los territorios, el comportamiento de los sistemas políticos y electorales, etc. Así, el peronismo es abordado a partir de la preocupación por diversos temas y problemas en los que –con frecuencia– los avatares que atravesó este movimiento político tradicional de la Argentina aparecen de modo protagónico. Sin embargo, los estudios sobre el peronismo provincial como objeto en sí mismo durante los años noventa son más escasos. Acaso por el proceso atravesado por esta fuerza que experimentó una centralización muy fuerte del liderazgo en torno a la persona del presidente de la Nación, Carlos Menem, los años noventa vividos por el peronismo en las distintas provincias no han sido objeto de un análisis cualitativo detenido y profundo en el modo como lo ha hecho, por ejemplo, la Renovación Peronista (Ferrari y Mellado, 2016). El caso del peronismo santafesino es un claro ejemplo de esta relativa vacancia.

En este marco, el propósito de este libro es analizar un caso provincial (el de Santa Fe) y un periodo (los primeros años noventa) que no ha sido aún explorado desde un enfoque que contemple las múltiples dimensiones del fenómeno peronista. En concreto, el objetivo es analizar las transformaciones del peronismo santafesino a partir de tres dimensiones y lograr una interpretación que articule estas diversas aristas del fenómeno: el partido, la identidad y la representación política (o el liderazgo). En este libro, por lo tanto, nos interrogamos por las prácticas, los modos y los sentidos que atravesaron la organización partidaria durante el periodo bajo estudio teniendo en cuenta el punto de vista de los actores. Asimismo nos preguntamos por la constitución de la identidad política peronista y por la configuración de sus liderazgos y sus élites gubernamentales dentro del escenario público provincial. Los actores a indagar son las élites o la dirigencia política del peronismo (y sus aliados).

Hacia 1990 el gobierno peronista de la provincia atravesó una crisis de representatividad y de organización interna que tuvo un doble efecto. Por un lado, colocó a Santa Fe en una situación de debilidad institucional (con amenazas de intervenciones federales y de destitución del gobernador Víctor Reviglio que, finalmente, no se concretaron), cuya expresión más radical fue la destitución en aquel año del vicegobernador mediante un juicio político –el único que experimentó la provincia desde la vuelta democrática–. Por otro lado, puso a la fuerza gobernante ante la probabilidad real de perder las elecciones gubernamentales del año siguiente, lo que obligó a su dirigencia a diseñar estrategias para evitar una derrota que propios y ajenos veían con casi total certeza.

Esa coyuntura fue la condición de posibilidad de la emergencia de un liderazgo novedoso y muy particular en el marco del peronismo local: el de Carlos Reutemann. Su estilo de representación y de gobierno significó un cambio sustancial tanto para el peronismo santafesino (que encontró en su persona un liderazgo y una conducción) como para la dinámica político-partidaria provincial a lo largo de toda la década y hasta, por lo menos, el año 2003 –cuando finaliza su segundo mandato–.

En efecto, el peronismo santafesino experimentó con la consolidación del liderazgo reutemannista una serie de profundas transformaciones:

  1. A nivel partidario, se produjo una centralización de los procesos de decisión en torno a su persona, lo cual supuso un ordenamiento vertical de las relaciones internas (antes fuertemente horizontalizadas en torno a diversos liderazgos “empatados” en su poder de influencia); una desindicalización de los principales cuadros partidarios y del gobierno; y una progresiva desaparición de las prácticas de elección directa de autoridades y candidatos a cargos públicos, como así también de prácticas más o menos rutinizadas como reuniones y congresos partidarios que habían estructurado la dinámica organizacional interna en el periodo anterior (1983-1991).
  2. A nivel gubernamental, el PJSF como partido de gobierno fue desplazado como órgano principal de provisión de funcionarios y cuadros de gobierno como lo había hecho en el periodo anterior. En cambio, Reutemann distribuyó el gabinete inicial entre individuos de diversas extracciones partidarias y otros sin ninguna adscripción político-partidaria, mientras que hacia la mitad de su mandato “peronizó” el gobierno desplazando a cuadros no peronistas y afiliando a otros al PJ desde sus posiciones como funcionarios públicos, al igual que él mismo lo hizo. Sin embargo, la toma de decisiones gubernamentales siguió dependiendo centralmente de su decisión como jefe del gobierno y del partido, arbitrando y buscando consensos ante los reclamos que, empero, algunos sectores del peronismo le presentaban. Este comportamiento distinguió a su figura de la de otros outsiders que o prefieren mantenerse al margen de las estructuras partidarias o no logran generar una base de apoyo propia en el partido en el que se inscriben.
  3. A nivel identitario, el peronismo santafesino experimentó también fuertes transformaciones con respecto al periodo pre-reutemannista. Bajo la conducción del nuevo líder la identidad peronista en Santa Fe desplazó la matriz “tradicional” que la había caracterizado previamente. En cambio, adoptó nuevos componentes vinculados al abandono de la dimensión colectiva en la estructuración del “sentir peronista” y a la constitución de un clivaje moral (un peronismo “transparente”, de personas “buenas” y “no corruptas), quedando solamente su componente estructurador de relaciones inter-personales (expresado en la relación de Reutemann con Menem o con la figura de Perón) y reducido a una dimensión “privada” y subjetiva del sentimiento individual de las personas. Esta resignificación de la identidad peronista posibilitó, sin embargo, inscribir la figura de un extranjero como Reutemann en esta tradición política, según los marcos de la reactualización doctrinaria menemista.
  4. A nivel de la representación política, Reutemann desplegó en la escena pública novedosos formatos y contenidos, no sólo para la política santafesina sino como antesala de mutaciones que se desplegarán a mediados de la década en otros distritos (como en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y que adquirirán centralidad en la pos-crisis de 2001. Esos cambios se expresaron en el despliegue de un vínculo de “proximidad” con la ciudadanía santafesina que suponía la presentación de su figura como la de un “comprovinciano” más y no como un político o un hombre de Estado. Sin embargo, no recurrió a una plena política de identificación o de fusión con el “hombre común” (borrando toda distancia representativa), sino que mantuvo cierto componente carismático (a partir de su figura de ex celebrity del deporte) y cierta opacidad propia de los políticos (a través de los rasgos del hombre “reservado” y no afecto a la exposición mediática, asociados a la imagen del “hombre de campo”). Estos elementos -que denominamos como los de una “proximidad no intimista”- le permitieron combinar de manera sui generis la faceta de proximidad con la del hombre político que es algo distinto y está por encima de sus representados. Esa doble cualidad fue fundamental para mantener su legitimidad vigente pese a la resistencia que experimentó la política de reformas de corte neoliberal. 

Estos hallazgos nos permitieron reflexionar en torno a la complejidad del fenómeno peronista santafesino durante los primeros años noventa, evitando reducir su naturaleza a explicaciones de corte puramente institucionalista típicas de la ciencia política mainstream que centran su atención, por ejemplo, en las ventajas del sistema electoral de Lemas, como ha sido frecuentemente abordado (cfr. Blando, 2002; Borello y Mutti, 2003; Puig, 1997 y 2003; Robin, 2007; Venesia y Petracca, 1996). Tampoco creemos que las disputas internas de esta fuerza política se puedan comprender, exclusivamente, como luchas por posiciones de poder que enfrentan secuencialmente a distintos bandos, como se percibe en la matriz explicativa de ciertos enfoques historiográficos. Éstos, si bien recuperan –por su carácter disciplinario– una dimensión histórica de la que carecen los análisis institucionalistas, se mantienen en el nivel de la lucha racional de los actores por el poder, lo que los lleva a sentenciar acerca de “la eterna interna” del peronismo en Santa Fe sin preguntarse por los términos de esas luchas y por los modos como los actores ponen en sentido sus discusiones y debates internos, más allá de –o sin atender a– cualquier racionalidad instrumental identificable (cfr. Baeza Belda, 2010; Maina, 2007, 2012 y 2016; Rinaldi, 2016). ¿Qué significaron “las internas” o “el internismo” peronista para los propios actores protagonistas de esas luchas? ¿Por qué en cierto momento los actores valoraron positivamente la realización de internas partidarias y en otro momento las percibieron como la causa de la crisis organizacional y representativa del peronismo en este distrito? Estas preguntas sólo se pueden atender haciendo foco en los sentidos y discursos que circulan entre los protagonistas de esas disputas.

Es por ello por lo que al análisis organizacional de un partido como el Justicialista y a la necesaria mirada histórica de los procesos, incorporamos un análisis del modo como los actores construyen solidaridades colectivas, el cual incluye una dimensión racional de la acción pero a la vez la excede al poner en juego también visiones sobre el pasado de la tradición peronista y sobre su devenir futuro (Aboy Carlés, 2001). Bajo este enfoque, los procesos identitarios y de construcción y presentación pública del vínculo de representación política por parte de los líderes (Manin, 2006; Novaro, 2000) son fundamentales para obtener una comprensión más acabada del fenómeno que permita, a su vez, establecer comparaciones con fenómenos similares y evitar tanto las aseveraciones racionalizantes como los particularismos excepcionalistas. En este sentido, el peronismo es observado bajo su inscripción en un espacio-tiempo específico: la provincia de Santa Fe. Así, buscamos tener en cuenta en qué tipo de superficie territorial, social, económica y cultural se configuró esta fuerza política durante el periodo bajo análisis, advirtiendo similitudes y diferencias con otros espacios subnacionales y con la llamada escala “nacional” donde también ha gobernado el peronismo.

La literatura en discusión: peronismo, élites y liderazgos provinciales

Partido, gobierno y líderes: el peronismo santafesino desde el retorno de la democracia

En los últimos años dos órdenes de fenómenos confluyeron para que el campo de la política santafesina durante los años recientes mereciera una atención renovada entre los analistas políticos y sociales. Uno de ellos, de orden coyuntural, tuvo que ver con el cambio de signo político en el gobierno de la provincia en el año 2007, luego de 24 años de gobiernos peronistas ininterrumpidos. Una nueva alianza de partidos protagonizada por la UCR, el PSP y, como socios menores, la CC y el PDP (el Frente Progresista Cívico y Social) obtuvo el gobierno santafesino, alianza que (con sus devenires) gobierna hasta la actualidad. Este hecho hizo que algunos estudiosos se interesaran por las características del FPCyS abordando –entre otros temas– los factores de su organización interna (Gómez y Recio, 2013), la dinámica de su competencia electoral (Delgado, 2006 y 2009) y las diferencias y similitudes entre sus principales líderes políticos y los del PJ (Cherny, 2003).

El otro fenómeno, de más largo aliento y que excede al ámbito santafesino, se relaciona con la importancia que adquirieron los estudios sobre la dinámica política subnacional y su vinculación con los procesos políticos nacionales, en el marco del debilitamiento de las identificaciones nacionales de los partidos mayoritarios desde el retorno de la democracia pero, más notoriamente, desde la década del noventa. Como contrapartida de ese proceso habría emergido una relativa mayor autonomía de los líderes, alianzas políticas y discursos provinciales o locales con respecto al ámbito nacional (Beherend, 2011; Cao, 2001; Cherny y Vommaro, 2004; Sosa, 2009). De allí que el análisis de la política santafesina de finales del siglo XX y principios del siglo XXI haya sido abordado teniendo como horizonte este problema (Cherny y Vommaro 2004), puntualmente, para las coyunturas electorales de los años 1999 y 2003, tanto en lo referente al PJ como al PSP y la UCR, y para el surgimiento del fenómeno “kirchnerista” a partir de 2003 según las características que adoptó en la provincia (Ramos y Vaschetto, 2017).

Ahora bien, en lo que atañe a la política santafesina anterior al surgimiento del FPCyS, es decir, entre la vuelta a la democracia y el último gobierno del PJ finalizado en 2007, los estudios han girado principalmente en torno a un tema que monopolizó los desarrollos de la politología en la provincia: el sistema electoral y, dentro de él, la llamada “Ley de Lemas” que tuvo vigencia entre 1990 y 2003. Este tópico ha sido abordado desde diferentes aristas: el debate en torno a la sanción de la ley y sus sucesivas modificaciones (Borello y Mutti, 2003), la relación del sistema electoral con el sistema de partidos provincial (Robin, 2007), el posicionamiento de los partidos mayoritarios en torno a la ley y su instrumentalización (Puig, 1997 y 2003) y las posibles reformas al sistema (Blando, 2002; Venesia y Petracca, 1996).

Además de los estudios sobre la ley de Lemas, distintas disciplinas o campos de estudio se han interesado también por el análisis del PJSF en función de su condición de partido gobernante. Así, desde los análisis de las políticas públicas se ha atendiendo a su funcionamiento institucional (en los bloques legislativos, en las relaciones entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, etc.) en el marco de la sanción de las leyes de Reforma del Estado de los años noventa en la provincia, como el caso de las privatizaciones (De la Torre, Geary, Madoery y Theiler, 1991; Iazzetta, 1997), de la descentralización educativa (Espinoza, 2016; Plomé, 2002) o de las transformaciones en el entramado socio-productivo local (Alonso, 2006). Por otra parte, como organización partidaria, se ha analizado el proceso de “desindicalización” progresivo en el peronismo santafesino entre mediados de la década del ochenta y el momento previo a la asunción de Carlos Reutemann a la gobernación (Lacher, 2015). Asimismo, como maquinaria electoral, los estudios politológicos han girado en torno a sus “estrategias adaptativas” en las coyunturas de 1999 y 2003 (Ramos, 2011) y a los componentes de la campaña electoral y del debate público de 1991 (Sánchez y otros, 1995).

La historia reciente también se ha abocado al estudio de la composición dirigencial, el desempeño electoral y la dinámica de los partidos políticos con asiento en la provincia (PJ, UCR, MID, PDP, PSP) desde el retorno del régimen democrático (Guberman, 2004; Maina, 2014). Sin embargo, desde este campo disciplinario los avances sobre la historia reciente del peronismo son aún escasos, habiéndose indagado con mayor alcance en los orígenes del mismo: las tradiciones políticas que le sirvieron de cantera principal en la provisión de núcleos ideológicos (Macor, 2003); la dinámica político-institucional en la reformulación del Estado provincial entre 1946-1955 (Bacolla, 2003); y la relación entre liderazgo, agencias estatales y partido en el primer peronismo (Prol, 2012). Sobre el peronismo santafesino en la era democrática, predominan –como mencionamos– los estudios en torno al fenómeno de la “Renovación Peronista” (Baeza Belda, 2010; Maina, 2007, 2012 y 2016) y a la pregunta por la conformación o no de dicha corriente interna en el peronismo santafesino de los años ochenta. Para el periodo que analizamos aquí, las contribuciones desde la historia son aún muy escasas, que parecen reducirse a una tesis sobre el surgimiento del liderazgo reutemannista (Rinaldi, 2016).

Otro grupo de estudios de producción anterior a éstos interesado por los fenómenos del mundo del trabajo y, dentro de él, por el comportamiento de los actores sindicales peronistas, ha abordado la composición y el rol del sindicalismo de la ciudad de Rosario y sus alrededores dentro del PJSF antes y después de la apertura del proceso democrático de 1983 (Fernández, 1993; Kohan, 1993).

El peronismo “extra-céntrico” en el periodo democrático en otras provincias

En cuanto a los análisis del peronismo en el periodo democrático en otras unidades subnacionales, los enfoques vinculados a la historia política son los que más han avanzado en este terreno. Así, se ha estudiado a las elites del PJ, su reclutamiento y vínculos con el territorio (Kindgard, 2007; Mellado, 2011), los avatares electorales del partido y sus disputas internas desde la derrota nacional de 1983 (Closa, 2005; Ferrari, 2008, 2009, 2011 y 2013; Mellado, 2010; Vilaboa, 2016) y el fenómeno de la Renovación Peronista en las provincias (Ferrari y Mellado, 2016). Estos estudios comprenden a los peronismos de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Jujuy, Misiones, San Juan, Santa Cruz y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es deseable que las líneas historiográficas continúen abordando la vida y dinámicas del peronismo reciente en el resto de las unidades subnacionales.

Otra disciplina que hace algunos años profundizó el alcance de sus investigaciones sobre la política en general, y el peronismo en particular, es la antropología política. Principalmente, se ha abocado al análisis de los procesos de “sucesión” política, emergencia y caída de liderazgos, las relaciones entre política y justicia y la constitución de redes de confianza en el peronismo reciente (Frederic, 2004 y 2011; Godoy, 2012; Maidana, 2013: Soprano, 2009). Los mismos están situados en los casos de Buenos Aires, Santiago del Estero, Salta y Misiones.

Por último, el campo de lo que podemos considerar como “análisis político” (desde la sociología, la ciencia política y la teoría política) extiende el cuadro de los antecedentes sobre el peronismo subnacional en la post-dictadura. El estudio de los liderazgos y el surgimiento de nuevas fuerzas políticas surgidas del peronismo o de sus alianzas con otros partidos como el caso del Frente para la Victoria en Santa Cruz (Sosa, 2014) o del Frente Renovador en Misiones (Abdulhadi, 2013); el estudio de poderosas redes de dominación en distritos donde el PJ ha gobernado ininterrumpidamente a lo largo de décadas como en Santiago del Estero (Farinetti, 2013; Ortiz de Rosas, 2014; Schnyder, 2011); los procesos de crisis políticas del peronismo sanjuanino (Rodrigo, 2013); la configuración de novedosos liderazgos en un partido tradicional como el peronismo en Tucumán y Catamarca (Novaro, 1994); y las transformaciones en los componentes de la identidad peronista en el contexto del pensamiento “neoliberal” en Córdoba y Buenos Aires (Erbetta, 2011a; Reynares, 2012 y 2014), son algunos de los valiosos aportes que las ciencias sociales de nuestro país han sistematizado, problematizado y abordado críticamente en vistas a comprender qué ocurrió con el “fenómeno peronista” en las provincias luego de 1983[1].

Elites políticas y líderes provinciales en democracia. ¿Qué se sabe de ellos?

Por último, quisiéramos ubicar los aportes de este libro en el espacio de discusión sobre las elites políticas (en el sentido del término indicado por Wright Mills [1987]), y específicamente, sobre las elites ministeriales provinciales. En efecto, el estudio de quienes integran las posiciones institucionales más altas en la estructura político-estatal de cualquier jurisdicción constituye un aporte singular para la comprensión de las prácticas y el pensamiento del alto personal político. Los análisis sobre las elites del periodo democrático también han ido conformando un campo de estudio propio o, al menos, numerosos trabajos académicos han ido encontrando en torno de este objeto un ámbito de diálogo específico.

En este mapa encontramos, por ejemplo, estudios sobre las elites del Poder Ejecutivo nacional (Canelo, 2012; Gené, 2014a; Giorgi, 2013; Heredia y Gené, 2009; Pomares y Leiras, 2014) y del Poder Legislativo (Canelo, 2011a; Ferrari, 2008; Levita, 2015; Landau, 2013; Ortiz de Rozas, 2017; Perelmiter, 2012; Rodrigo, 2017)[2].. Por su parte, las investigaciones sobre las elites legislativas provinciales cuentan con un avance sustantivo (Caminotti, Rotman, y Varetto, 2011; Ferrari y Pozzoni, 2009; Lodola, 2009 y 2015; Mellado, 2017; Perri, 2013) mientras que sobre la esfera del Poder Ejecutivo en este nivel de gobierno los hallazgos son menores. En efecto, en lo que respecta a los estudios de gabinetes provinciales (área donde se inscribe el tratamiento que en esta obra hacemos de las elites como objeto específico –el gabinete de Carlos Reutemann–), éstos son prácticamente inexistentes. Encontramos algunos aportes sobre los elencos del Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires (Pereyra, 2016); sobre los del Ministerio de Desarrollo Social de la Ciudad de Buenos Aires (Golbert, 2004; Salerno, 2016); sobre el gabinete de María Eugenia Vidal en Buenos Aires (Canelo y Lascurain, 2017); e investigaciones comparadas sobre los ministerios y burocracias de la CABA, Chaco, Tucumán y Santa Fe (Scherlis, 2010). En cuanto a las trayectorias de los gobernadores y vicegobernadores argentinos, los estudios son aún más escasos (Campomar y Suárez, 2014; Lascurain, 2018; Lodola, 2015; Suárez, 2016)

Por último, esta investigación pretende, también, contribuir con al análisis de la configuración de los liderazgos a nivel provincial. Son, efectivamente, los grandes líderes provenientes del ámbito subnacional quienes se convierten, luego, en políticos destacados en el espacio nacional. Varios de los primeros mandatarios nacionales que ha tenido nuestra democracia reciente han gobernado, con anterioridad, sus distritos subnacionales de origen (Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Mauricio Macri) y, la mayoría de ellos, por varios periodos constitucionales. El propio Reutemann estuvo muy cerca de ser candidato a la presidencia de la Nación en dos oportunidades (1999 y 2003) [EL, 20/8/99 y LN, 11/3/02]. Por lo tanto, se vuelve relevante conocer, describir e interpretar qué tipo de figuras se constituyen como líderes en las provincias (sus estilos de gobierno y de representación, los atributos en los que fundan su legitimidad, el tipo y alcance de su ambición política, etc.) para contar con herramientas que permitan establecer comparaciones entre ellos y comprender la configuración de posibles futuros liderazgos nacionales. En efecto, el locus político provincial es un gran generador de figuras que continúan desarrollando sus respectivas carreras en el nivel nacional puesto que es en el propio nivel provincial donde se juega, en gran medida, la dinámica política nacional (De Luca, 2008; Lodola, 2009).

En este sentido, contamos con varias indagaciones en profundidad sobre liderazgos provinciales de trascendencia que han conducido, a su vez, la fuerza política en la que surgieron. Existen estudios sobre el estilo de representación, la acción de gobierno y la trayectoria político-partidaria de Eduardo Duhalde (Erbetta, 2011b; Ferrari, 2013); de Néstor Kirchner (Sosa, 2014 y 2018); de Ramón Ortega (Novaro, 1994); de Jorge Escobar (Rodrigo, 2013); de María Eugenia Vidal (Annunziata y otros, 2017) y de Mauricio Macri (Annunziata, 2012a; Mattina, 2015 y 2016). El análisis de la figura de Carlos Reutemann busca constribuir con este mapa de investigaciones sobre importantes liderazgos provinciales de nuestro país.

Síntesis de los aportes del libro

Como se observa, el caso empírico del peronismo santafesino durante la década del noventa en sus diversas facetas (partidaria, identitaria, estatal y representativa) constituye un terreno escasamente explorado. Llama la atención la escasez de trabajos académicos sobre este objeto (sea considerando cada una de estas dimensiones por separado, sea enfocando un análisis integrador de las mismas) por tratarse de un periodo decisivo para la (re)orientación del Estado, la economía y la política provincial en base a la aplicación de las políticas de reforma estructural, la cual se extenderá hasta el colapso del modelo neoliberal argentino en 2001. Además, constituye un periodo significativo para el análisis de la política santafesina en función de la singular alternancia (dada la prohibición constitucional de la reelección inmediata del gobernador y del vicegobernador) que se produjo en el máximo nivel Ejecutivo entre dos figuras del mismo partido a lo largo de cuatro mandatos (Carlos Reutemann y Jorge Obeid, quienes se alternaron en el poder entre 1991 y 2007).

Ahora bien, si trascendemos el nivel de la mera faltante empírica sobre el estudio del peronismo santafesino en los noventa encontramos que nuestra propuesta viene a aportar además una mirada teórica aún no desarrollada para abordar el caso. En efecto, como lo describimos más arriba, el peronismo santafesino ha sido analizado casi con exclusividad por su inscripción y su rol en el sistema electoral que tuvo vigencia entre 1990 y 2003. La dinámica de esta fuerza política –pero, también, la del radicalismo– en la esfera provincial ha sido interpretada en función de los efectos que sobre su desempeño electoral y su comportamiento organizacional ha tenido la Ley de Lemas. Desde esta perspectiva, entonces, el predominio del PJ a lo largo de los años fue garantizado por distintas estrategias que apuntaban a restringir la competitividad en el sistema político provincial a través de mecanismos como la ley de Lemas, la manipulación del calendario electoral o las situaciones poco claras en los escrutinios (Puig, 1997). Así, predomina una clave de análisis de corte institucionalista que busca explicar, por ejemplo, el éxito en la performance electoral de este partido por los beneficios que le reportó dicha ley; esto es, contener su faccionalismo interno y garantizarle la victoria electoral por la sumatoria de los votos de las distintas líneas internas y no por los obtenidos individualmente por el candidato que alcanzó la mayor cantidad de sufragios en la contienda inter-partidaria. Este enfoque –que tiene en su origen un componente normativo sobre “cómo deben” funcionar los partidos y representar los líderes políticos en los regímenes democráticos– obturó la posibilidad de interpretar al peronismo de estos años desde otros puntos de vista teóricos o analíticos.

Sin desconocer los efectos concretos de aquellas prácticas señaladas por los estudios politológicos sobre la performance electoral de los partidos (y, en nuestro caso, del PJSF), consideramos que el análisis debe complejizarse en orden a dar respuestas a preguntas que desde allí sería imposible esbozar. En primer lugar, preguntarnos por las ideas y sentidos políticos que se pusieron en juego durante esta etapa en el peronismo y en la dirigencia política local y que llevaron a institucionalizar, por ejemplo, un sistema electoral como la ley de Lemas. En segundo lugar, comprender al peronismo de este distrito desde una perspectiva diacrónica o de mediano plazo que encuentre en la composición, las prácticas y las ideas de su dirigencia desde el regreso de la democracia las claves de interpretación de los fenómenos que dieron lugar, posteriormente, al surgimiento de una figura outsider como la de Carlos Reutemann, a su conversión en líder del peronismo santafesino y a la configuración de su particular estilo de gobierno y de representación política, todos aspectos que hacen también a la legitimidad electoral y gubernamental de esta fuerza política.

En este sentido, también, consideramos que un abordaje sobre las formas en las que se establece el vínculo de representación entre políticos y ciudadanos (esto es, el modo como un liderazgo o una conducción política adquiere legitimidad y reconocimiento entre los representados, en el sentido weberiano del término) y la inscripción de ese liderazgo en la cantera de una tradición política específica (la peronista) y no en otra, otorga algunas herramientas para comprender, por ejemplo, la gravitación de una figura como la de Reutemann en el peronismo y en la política local, incluso, hasta el presente. Los “misterios” sobre la eficacia de su atractivo político entre la ciudadanía santafesina y sobre su influencia en las redes del peronismo de esta región no podrían clarificarse si no nos acercamos al caso desde esta óptica.

Es por ello por lo que tampoco son suficientes los análisis (provenientes, en general, de la historia) que ven en los actores políticos –y, en el peronismo, especialmente– sólo intencionalidades de tipo instrumental, como la de la “búsqueda del poder”, la “victoria en las elecciones internas”, la “lógica de conseguir, acumular y preservar el poder” (Macor e Iglesias, 1997), visión que subyace también en las investigaciones que se ciñen solamente al estudio de las instituciones electorales. La ambición política y la pretensión de los actores de perpetuarse en el poder no explican por sí mismas el sentido de las luchas ni la forma en la cual a partir de ellas los actores construyen legitimidad e identificaciones, tanto entre la ciudadanía como en el interior de la fuerza política a la que pertenecen.

Por último, el análisis de un caso provincial problematiza las miradas enfocadas exclusivamente desde una visión “nacional” o porteña de la política. En relación con el liderazgo reutemannista, el análisis de las formas y los contenidos de la representación política que escenificó frente a la ciudadanía santafesina nos permite cuestionar algunas tipologías de legitimidad política elaboradas para otras latitudes. Así, mientras que liderazgos surgidos de nuevas fuerzas políticas durante los años noventa o primeros dos mil (como el de Carlos “Chacho” Álvarez en el FREPASO o el de Elisa Carrió en el ARI) son caracterizados como “de opinión o de audiencia” (Cheresky, 2006), el caso de Reutemann y del PJSF durante el mismo periodo se aleja bastante de ese esquema interpretativo. Reutemann se constituyó, efectivamente, como un líder político novedoso para la época, distinguiéndose tanto del formato del “político tradicional” (aquél con larga trayectoria en los partidos y en las instituciones del Estado) como del prototipo del líder outsider construido y recostado exclusivamente en la esfera mediática o de “opinión”. En su figura se conjugan, entonces, elementos definidos para distintos tipos de liderazgos: el denominado “populista” (Cheresky, 2006) –por su emergencia dentro de un partido tradicional de masas y su consolidación como líder de una estructura con base territorial–, el “personalizado” (Novaro, 1994) –por el componente carismático personal de construcción del vínculo político–, el de “popularidad” (Cheresky, 2008) –por su condición de ex deportista famoso– y el llamado liderazgo de “proximidad” (Annunziatta, 2012a y 2013b) –una imagen del político identificado con el “ciudadano común” y no con la “clase política”–. Constituye, por lo tanto, un híbrido particular que es necesario analizar por fuera de las categorías de análisis más recurridas.

El cambio de escala nos posibilita también matizar las hipótesis planteadas por la literatura especializada acerca de la implementación de medidas de reforma estructural durante la década del noventa en las provincias. Estos estudios, que en su mayoría abordan los casos provinciales de manera agregada y con herramientas de análisis cuantitativo (Cao y Rubins, 2008; Gervasoni, 2011; Gibson, 1997; Gibson y Calvo, 2008) arriban con frecuencia a conclusiones generalizantes que descuidan las particularidades locales y la evidencia empírica cualitativa. El estudio específico de las medidas de reforma implementadas en Santa Fe entre 1991 y 1995 (y la consideración de las que no se pudieron aplicar o que requirieron etapas más prolongadas para su concreción), en conjunto con el análisis de las condiciones de posibilidad de la ejecución de las mismas (lo que involucra contemplar la relación de fuerzas establecida entre los partidos más importantes del sistema político provincial, la potencia del liderazgo gubernamental de Reutemann y los intereses de los actores sociales que intervenían en su aceptación o rechazo) nos permite precisar el lugar de este Estado subnacional en el esquema general de aplicación de las políticas neoliberales, la funcionalidad que las mismas tuvieron en esta jurisdicción, la distancia con respecto a lo esperado por las autoridades nacionales y las diferencias con otras unidades provinciales.

Herramientas conceptuales: análisis organizacional, sociología de las elites, análisis de las identidades políticas y teoría de la representación

Esta obra se propone un abordaje interdisciplinario en función de los distintos niveles de análisis en los que se estudiará el objeto de investigación. Así, haremos uso de un conjunto de perspectivas teóricas a modo de caja de herramientas que nos permitirán –cada una desde su óptica conceptual– abordar el fenómeno del peronismo santafesino en el primer lustro de los años noventa de manera rigurosa pero ecléctica, a través de los distintos aspectos del mismo.

Recuperamos, entonces, los aportes de cuatro enfoques teóricos. En primer lugar, para analizar la dimensión partidaria del peronismo santafesino recurrimos a las herramientas que nos brinda la teoría organizacional de los partidos políticos, que se remonta a las elaboraciones conceptuales de Max Weber (1992) [1922] y Maurice Duverger (1987) sobre los partidos burocráticos de masas, y sus reformulaciones según la evolución que experimentaron dichas organizaciones a lo largo del siglo XX. Se trata, por un lado, de los aportes sobre el modelo del partido profesional-electoral de Ángelo Panebianco (1995), que complejiza la noción del catch-all party elaborada por Otto Kirchheimer (1966). De su clásico Modelos de partido… (1995) recuperamos las nociones de “coalición dominante” para caracterizar a los grupos dirigentes de las primeras líneas del PJSF entre 1983 y 1995; de “línea partidaria” para analizar los cambios programáticos o de ideas político-ideológicas que atravesó al peronismo de esta jurisdicción a lo largo del periodo bajo estudio; y la caracterización del peronismo como un “partido carismático” cuya dirección fue ejercida, de un modo particular, por un “líder de situación” como lo fue el de Carlos Reutemann. Por último, observamos las transformaciones del PJSF bajo el prisma de los modelos de partidos “burocrático de masas” durante los años ochenta (en base a su funcionamiento a través de procesos electorales regulares, de rotación de sus coaliciones dominantes, de intensa actividad militante, de movilización propia de recursos económicos y organizativos, principalmente, a través de los sindicatos, etc.); y la adopción en los noventa de rasgos propios del tipo “profesional-electoral” (orientado principalmente a la disputa electoral, dirigido al electorado de opinión más que a un electorado con orientaciones ideológicas definidas y de fuerte dirección personalizada, etc.).

Por otro lado, analizamos al PJSF bajo el prisma de lo que Richard Katz y Peter Mair (1995) han definido como la “cartelización” de los partidos políticos contemporáneos. El aspecto que nos interesa resaltar de esta definición es el modo como los partidos (de oposición, pero aún más los de gobierno) ya no son algo separado del Estado, así como tampoco los funcionarios (sean técnicos con o sin credenciales partidarias) son algo distinto del partido en el gobierno. Esta característica es analizada en nuestro caso, especialmente a partir de la asunción de Reutemann como gobernador, para abordar el modo como funcionaron bajo su mandato las relaciones entre el partido y el gobierno (específicamente, en lo que respecta a la composición de las élites gubernamentales).

En segundo lugar, nos valemos del marco teórico de la sociología de las elites políticas, en particular, de los análisis sobre la composición de las mismas según su capital social (background), los atributos y características de sus miembros políticamente valorados (Offerlé, 1999), su recorrido o trayectoria por distintos campos o posiciones institucionales (Bourdieu, 1986; Boltanski, 1973) y las redes y entornos por los que circulan (Sawicki, 2011). Este enfoque nos servirá para analizar las redes partidarias y no partidarias que apoyaron a los distintos gobernadores e integraron sus gabinetes ministeriales, y su vinculación con las distintas áreas de la gestión gubernamental. Ésta es una perspectiva que focaliza en las prácticas de los actores en situación, relacionando los atributos que portan con las prácticas que ejecutan. A su vez, aborda dichas prácticas bajo la perspectiva de su devenir histórico y –al mismo tiempo– en el marco de la dinámica propia de la actividad política (Offerlé, 1999 y 2011).

En tercer lugar, para analizar las transformaciones de la identidad peronista en la provincia nos valemos la sociología de las identidades y tradiciones políticas (Aboy Carlés, 2001a; Laclau, 1993 y 1994; Mouffe, 1999). En efecto, el peronismo es también una de las identidades políticas más significativas de nuestro país. El sólo análisis de su dimensión partidaria (que, como sostendremos, es fundamental y hace a su vida como organización) deja de iluminar el aspecto más potente, movilizador y arraigado en la subjetividad de quienes se consideran parte de este movimiento político. Entendemos, entonces, al peronismo como una tradición política (esto es, como una historicidad sedimentada desde el pasado) [Mouffe, 1999] que moldea y opera sobre la construcción de una identidad presente. Como afirma Gerardo Aboy Carlés, “para una sociología de las identidades políticas la identidad de historia y política queda de manifiesto en el hecho de que el pasado, siempre abierto, puede ser reconstruido en función de un presente y un porvenir” (2001a: 69). Analizaremos, por lo tanto, la configuración y los desplazamientos de la identidad peronista en la provincia de Santa Fe entre la vuelta de la democracia y la consolidación del liderazgo reutemannista asumiendo que una identidad o tradición política no es nunca una “identidad cabal” (Laclau, 1994a), dada de una vez y para siempre, sino que se constituye a partir de operaciones representativas (de un liderazgo, de una ideología política o de cualquier conjunto de símbolos) y de aquello que excluye o deja afuera (Aboy Carlés, 2001a).

Como vemos, los procesos representativos e identitarios se articulan mutuamente. En efecto, según esta perspectiva analítica la operación de representación que supone toda identidad nunca es absoluta, en el sentido hobbesiano de una “sustitución” de la voluntad del representado por la del representante, sino que se realiza sobre un campo de representaciones y de prácticas parcialmente sedimentado (Laclau, 1993). En otros términos, el principio de identidad es una condición a priori de la representación; es, a la vez, antecedente y producto de la misma, excede a la representación aunque, sin ésta, sólo puede ser políticamente activa en términos reactivos o dispersarse como particularidades sociales sin cohesión (Novaro, 2000). El establecimiento de “fronteras políticas”, la resignificación del pasado de la tradición y las perspectivas a futuro del peronismo santafesino (o de lo que éste “debe ser”) son analizados e interpretados bajo este enfoque.

En cuarto lugar, recurrimos a la teoría de la representación política y de los liderazgos y, en especial, al análisis de las transformaciones en el vínculo entre representantes y representados (Manin, 2006; Rosanvallon, 2004) para abordar las mutaciones del lazo representativo ocurridas en Santa Fe, en el marco de los cambios operados en nuestro país desde el advenimiento del régimen democrático en 1983. Dicho enfoque abreva en la teoría weberiana del liderazgo político (Weber, 1992). En particular, recuperamos el concepto de liderazgo o dominación carismática en función del rol que ocupa el carisma en las modernas democracias de masas, en la medida en que las sociedades se burocratizan, por un lado, y se democratizan, por otro (Novaro, 2000). En efecto, a partir de su “rutinización”, el principio de legitimidad carismática se transforma pasando de su forma autoritaria a un modo “anti-autoritario”, es decir, que es reconocido en la medida en que “la dominación está asegurada y, sobre todo, tan pronto como toma un carácter de masas (Weber, 1992: 202, cursivas en el original). Más aún, a partir de la crisis de la llamada “democracia de partidos” en la Europa de la década del setenta (Manin, 2006), y de las identidades a ellos asociadas, la persona del líder o del representante se vuelve un elemento central en la generación del vínculo político ante la dificultad de los partidos de canalizar la representación de los ciudadanos. La representación se habría vuelto más “personalizada” (Novaro, 1994) y el ámbito que la estructuraría no sería ya la organización de los partidos sino una especie de “audiencia” (Manin, 2006) de la cual participarían los votantes según la confianza y el ofrecimiento que le generan los “líderes de opinión” (Cheresky, 2006).

En este tipo de democracias los partidos políticos ocuparían un lugar subalterno en su capacidad de mediación entre líderes y ciudadanos y en la expresión de la unidad del Estado. En efecto, una vez que los partidos políticos no son ya el espacio principal de expresión y constitución de las voluntades colectivas, “el carisma personal [de los líderes políticos] se vuelve un rasgo permanente de la vida política” (Novaro, 2000: 126). En este sentido, las figuras que aspiran a obtener cargos de gobierno –y, especialmente, cargos ejecutivos– deben distinguirse ante el electorado al que buscan conquistar por “alguna característica que sea valorada positivamente por sus conciudadanos y que los otros candidatos no posean, o no en la misma medida” (Manin, 2006: 94). El carisma del líder no remite, por tanto, a una cualidad ni un don “extraordinario” (como lo definía Weber) ni a un atributo subjetivo de su carácter sino que lo constituyen, precisamente, esos rasgos poco comunes y valorados de manera positiva como una característica distintiva que es reconocida en un candidato y no en otros; es una virtud públicamente autorizada en la relación de representación.

En el caso de la figura de Reutemann, veremos que este líder –como candidato y como jefe del gobierno– portaba una serie de atributos (la honestidad, la eficiencia, la simpleza, la honradez, la mesura, etc.) que eran valorados positivamente por la sociedad santafesina de la época y que encontraron en su persona un particular reconocimiento público. Ahora bien, la personalización del vínculo político en Reutemann no implicó una “mediatización” del mismo. En efecto, su figura se oponía a este perfil en dos sentidos: su emergencia e inscripción en una estructura partidaria tradicional (el PJ) –lo cual supuso disputar y construir poder hacia el interior del partido político y no desde las plataformas mediáticas– y su carácter esquivo a la utilización de los medios de comunicación masivos para construir su vínculo con la ciudadanía y la preferencia por el contacto directo en el territorio.

Metodología: técnicas de análisis y construcción del corpus empírico

Producto del abordaje interdisciplinario de este libro en el que recuperamos elementos teóricos y metodológicos de distintos enfoques y perspectivas (aunque todos de tipo cualitativo), triangulamos también distintas técnicas de recolección de datos y de análisis de los mismos.

En lo relativo al abordaje socio-histórico y organizacional del PJSF recurrimos, por un lado, al análisis de contenido de documentos escritos, como cartas orgánicas, propaganda electoral, discursos públicos, datos electorales, comunicados oficiales del partido publicados en la prensa, etc. Cabe aclarar que a todos estos datos debimos relevarlos por fuera de la institución partidaria. La visita a la sede central del PJSF en la ciudad de Santa Fe nos encontró con una ausencia total de material específicamente partidario; esto es: periódicos partidarios, actas de reuniones, fichas de afiliados, información sobre los recursos financieros del partido, composición de sus autoridades, etc. El personal del lugar al que nos remitieron para averiguar sobre este aspecto nos informó que “puede haber algo en una pieza de una persona que ya no trabaja acá, pero, además, no está para nada ordenado ni clasificado”. Por este motivo, debimos trabajar con la información que, en este aspecto, brindaban los diarios de la época u otras fuentes relacionadas. Esta situación podría comprenderse, no solamente por una falta de voluntad de archivar este tipo de información, sino como una expresión de la propia naturaleza del peronismo en lo que se refiere a su estructura organizacional. En la medida en la que el partido funciona casi exclusivamente en momentos electorales, carece de una cultura de mantenimiento sostenido de reglas y normas burocráticas rutinizadas y son escasas (o inconstantes) las instancias de funcionamiento formal del mismo (Levitsky, 2005); es por ello por lo que es esperable que tampoco haya un registro formal y asentado de sus prácticas y de sus declaraciones públicas. Hemos corroborado, además, que la faltante de información partidaria dentro del PJ también constituye un obstáculo para el estudio de la organización en otros distritos provinciales (como Buenos Aires o Córdoba).

Este vacío se saldó, por lo tanto, a partir del relevamiento de material de prensa local (en las hemerotecas de los diarios El Litoral de la ciudad de Santa Fe, La Capital de la ciudad de Rosario –los dos de mayor tirada de la provincia, que relevamos íntegramente día por día entre 1989 y 1999) y editoriales del diario Rosario 12; prensa nacional (La Nación, Clarín, Página 12, Perfil), del diario de diarios El Bimestre (disponible en el Archivo CESPA –Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina–, perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires), de la bibliografía secundaria sobre el caso del PJSF (Baeza Belda, 2010; Damianovich, 2001; Lacher, 2015; Maina, 2007, 2012, 2014 y 2016; Rinaldi, 2016) y de publicaciones periodísticas (Acosta, 1987; Pandolfo, 2010; Seminara y Acosta, 1997; Vargas, 1997). También contamos con material audiovisual sobre programas televisivos de política local, disponibles en la página web del Archivo TVDOC: <www.tvdoc.com.ar>, y con diversas entrevistas a políticos por parte de periodistas locales disponibles en <www.youtube.com> (los programas “Nuestras Voces” y “Programa Palabra”). Por último, para los datos electorales recurrimos al archivo del Tribunal Electoral de la Provincia de Santa Fe (disponible on line) y al Atlas Electoral de Andy Tow (disponible en <http://www.andytow.com>).

En cuanto a los desafíos que debimos afrontar para obtener el material escrito, debemos decir que no fueron menores que los presentados para el desarrollo de las entrevistas (que describiremos luego). Los obstáculos para acceder a los archivos, hemerotecas y bibliotecas se presentaban a cada paso: el cierre temporario de los mismos, las mudanzas, las pérdidas de material por parte de las mismas instituciones/empresas e, incluso, cierres definitivos (como el sucedido con la hemeroteca del diario El Litoral) constituyeron verdaderos problemas que debieron subsanarse recurriendo a otro tipo de fuentes.

En segundo lugar, recurrimos al análisis de entrevistas orales, tanto propias como realizadas por otros investigadores y periodistas locales. En cuanto a las entrevistas personales, realizamos un total de 23 entrevistas en profundidad que tuvieron lugar en tres ciudades: Rosario y Santa Fe (la mayoría) y Buenos Aires (en algunos casos, generalmente, cuando los entrevistados se encontraban circunstancialmente en esta ciudad). La técnica de la entrevista comporta beneficios y dificultades. En cuanto a los primeros, se muestra muy fructífera para poder dar cuenta de toda aquella información que el material escrito no puede ofrecer. Tanto como fuente de acceso a datos no encontrados por otros medios, como instancia para adquirir nuevos materiales o referencias a otros que desconocíamos, para indagar y comprender prácticas y lógicas de funcionamiento de instituciones y actores públicos o como acceso al conocimiento del entramado entre los sucesos de mayor exposición pública con los más íntimos, personales y/o azarosos acontecimientos, las entrevistas en profundidad con actores directa o indirectamente involucrados en los fenómenos a indagar se vuelven un recurso informativo y de análisis valiosísimo[3]. En cuanto a sus límites, el investigador está expuesto a la percepción subjetiva del entrevistado, a su capacidad de memoria y olvido e, incluso, al grado de apertura y confianza que ofrezca para llevar adelante la entrevista, como así también a las contingencias que aparezcan al momento de afrontar el proceso de concretar la misma (la lejanía física, el entorno en el que se desarrolle, la dificultad para contactar a la persona, etc.) y los costos económicos y de tiempo que supone para el investigador su realización. Debemos reconocer que nuestra experiencia tuvo, en términos generales, un saldo sumamente positivo. No por tratarse –casi mayoritariamente– de individuos que han ocupado altísimos cargos en la administración provincial (y algunos, en la nacional) y en la estructura del PJ, se mostraron menos receptivos, amables y dispuestos a la conversación. Con algunos de ellos pudimos mantener el contacto luego del encuentro, volviéndose informantes especializados para seguir obteniendo distinta información que nos resultara necesaria una vez avanzado el proceso de investigación.

El corpus de entrevistas propias está compuesto por 21 hombres y sólo 2 mujeres (todo un dato sobre la desigualdad de género existente en las altas esferas institucionales de la política estatal y partidaria). En cuanto a su participación en la vida política santafesina durante el periodo bajo estudio, ocupando diversos cargos en la administración provincial y/o municipal y en distintos poderes del Estado (Ejecutivo y Legislativo) contamos con 16 individuos; otros 6 protagonizaron la vida política santafesina en periodos posteriores y 1 individuo es un académico local especializado en la dinámica de los partidos políticos santafesinos (ver en el Anexo al final del libro la lista completa de entrevistados, cargos, periodo y lugar y fecha de la entrevista). A las entrevistas se les aplicó una guía de preguntas en común (ver Anexo) sobre cuya base nos desplazamos temática y temporalmente según las características del entrevistado. Todas fueron grabadas y desgrabadas en su totalidad y duraron entre 1 y 3 horas (en algunos casos se desdoblaron en dos encuentros). Las mismas se realizaron entre los años 2015 y 2017.

En cuanto a las entrevistas realizadas por otras personas se trató, por un lado, del material disponible en el muy interesante y completo Archivo de Historia Oral del Programa Historia y Memoria con sede en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral (en la ciudad de Santa Fe), al que sólo se podía acceder de manera presencial (mediante previo pacto de la visita) para poder escuchar allí mismo las entrevistas, de modo que este relevamiento también integró parte de los viajes realizados –junto con la realización de las entrevistas propias y el relevamiento del material de la prensa local y demás archivos–. Por otro lado, contamos con una publicación de entrevistas realizadas a actores políticos de la época –transcriptas en su integridad– por parte del periodista rosarino Raúl Acosta (Acosta, 1987).

Para el abordaje de la dimensión de la identidad peronista y de la representación política recurrimos al análisis de contenido del discurso. Partimos de una perspectiva teórica y analítica que concibe al discurso como “el resultado de toda práctica articulatoria de naturaleza lingüística o extra lingüística que constituye y organiza relaciones sociales mediante configuraciones de sentido” (Panizza, en Aboy Carlés, 2001a: 42). Desde este enfoque, por lo tanto, “todo objeto se constituye como objeto de discurso, ya que ningún objeto se da al margen de toda superficie discursiva de emergencia” (Laclau y Mouffe, 1987: 121). Así, al explorar y analizar el discurso de los líderes políticos del peronismo santafesino entre 1983 y 1995 asumimos el supuesto de que su palabra pública tiene (o busca) el efecto de construir legitimidad e identificaciones con los representados/ciudadanos/compañeros de partido. Esta perspectiva teórico-metodológica concibe, por lo tanto, a las identidades políticas como producto de un juego suplementario con aquello que excluye (su “alteridad constitutiva”) y con aquello que representa (y que, a la vez, constituye). Como consecuencia, la “recepción” del discurso es co-constitutiva del acto de representar (o, en otros términos, del acto de identificación/reactivación) [Laclau, 1993 y 1994]. La representación no es, entonces, un fenómeno unidireccional o constituido “en dos tiempos” (con dos entidades ontológicamente diferenciadas), sino que funciona de modo circular: una identidad se conforma a la vez que se representa (Aboy Carlés, 2001a; Novaro, 2000)[4].

Al mismo tiempo, tomamos las herramientas del análisis estructural del discurso (Sigal y Verón, 2010; Verón, 1987) para abordar la posición de enunciación del enunciador, la relación que éste establece con sus destinatarios (internos y externos) y la relación del enunciador con el contenido de su discurso, principalmente en los discursos de campaña de los gobernadores y en el lugar en el que se posiciona Reutemann al momento de afiliarse al peronismo y convertirse –además– en el líder de esta fuerza política en la provincia.

Los modos de definir la relación con los ciudadanos y compañeros de partido (destinatarios internos del discurso) como la relación con los adversarios políticos (destinatarios externos) se pueden advertir en los discursos de los gobernadores del peronismo santafesino en cada etapa de gobierno, como así también los desplazamientos ocurridos entre unos y otros. En este sentido, el análisis del discurso político permite abordar tanto la dimensión presente o sincrónica en la construcción de las identidades y de la representación política, como la dimensión diacrónica o relativa al pasado y a la tradición política de referencia (Aboy Carlés, 2001a).

El material analizado bajo este modelo analítico es un conjunto de discursos institucionales, de campaña, políticos y mediáticos enunciados por los distintos gobernadores del periodo estudiado (José María Vernet, Víctor Reviglio y Carlos Reutemann) como así también por altos dirigentes del peronismo provincial y nacional que replicaban el sentido y las voces de los gobernadores. Para ello, relevamos material disponible en diversos archivos: Biblioteca de la Legislatura provincial (para los discursos institucionales de Asunción de autoridades y de Apertura de Sesiones Legislativas); Archivo General de la Provincia (para relevar el fundamento de la legislación y los decretos gubernamentales); discursos disponibles en publicaciones (Cerruti y Ciancaglini, 1991; De Privitellio y Romero, 2000; Pandolfo, 2010; Vargas, 1997); y material de prensa y audiovisual (donde constan los discursos de campaña, propaganda electoral, declaraciones de los actores, etc.).

Para indagar en la composición de los elencos gubernamentales durante el gobierno de Reutemann, nos servimos de las herramientas del análisis prosopográfico a través del cual “se recaban las características comunes que hacen al background de un grupo de individuos con el objeto de hacer un estudio de sus vidas en tanto colectivo” (Ferrari, 2010: 529-530). La prosopografía permite construir verdaderas biografías colectivas en base a la selección de variables específicas en función de las preguntas del investigador, identificando perfiles, trayectorias y ámbitos de socialización de los actores.

En esta obra nos servimos de la prosopografía para reconstruir la trayectoria de los hombres y mujeres que ocuparon las posiciones políticas de la más alta jerarquía gubernamental, esto es, el personal seleccionado por el jefe del gobierno provincial (el gobernador) en la órbita del Poder Ejecutivo que abarca, en este nivel de gobierno, desde el cargo de ministro/a, pasando por el de secretario/a, subsecretario/a, director/a e interventor/a provincial[5]. Las variables que consideramos para el relevamiento fueron el lugar de nacimiento, el nivel educativo y título de grado, la profesión, la pertenencia partidaria, la ocupación de cargos públicos y/o partidarios y la militancia en diversos ámbitos (partido político, universidad, sindicato, etc.). En función de ello elaboramos una tipología de funcionarios políticos del gabinete inicial de Reutemann según su pertenencia o no a algún partido político y el motivo a partir del cual el individuo fue reclutado para el cargo. Para ejemplificar cada uno de los tipos describimos en profundidad algunas trayectorias mientras que en el Anexo del libro se presenta la grilla completa de funcionarios/as relevados/as (44) según cargo, partido político y tipo al que pertenece. Del total de individuos, hay sólo una mujer ocupando el cargo de subsecretaria provincial. La prosopografía nos sirvió, así, para determinar qué tipo de personal Reutemann decidió seleccionar para conformar su gabinete inicial, en función de su condición de recién llegado al ámbito de la política partidaria y advertir, así, con qué tipo de apoyos contó para iniciar su gestión de gobierno. Este plantel de la elite ejecutiva provincial se vio modificado hacia la mitad del mandato del gobernador, en virtud de su adscripción al justicialismo y de su elección como jefe formal (y no sólo de hecho) de la fuerza política gobernante. El material empírico relevado y sistematizado para este tipo de análisis se basó en documentos públicos (decretos de nombramiento de funcionarios asentados en el Archivo General de la Provincia), entrevistas personales a los actores, material de prensa, biografías publicadas, bibliografía secundaria y la base de datos PIP-CONICET (N° 11220110100415): “Reconfiguración de las elites argentinas. Perfil y dinámicas de interacción de las elites políticas, económicas y tecnocráticas entre 2002 y 2010” del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de General San Martín.

Por último, para el análisis de las políticas públicas durante el periodo estudiado nos servimos de bases de datos (INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas, 1991 y 2010; Producto Bruto Geográfico 1993-2013, Provincia de Santa Fe), informes con sistematización de datos estadísticos (Instituto de Desarrollo Regional, publicaciones 1997 y 1999), material disponible en internet, relevamiento de leyes y decretos nacionales y provinciales, diarios locales y nacionales y bibliografía secundaria (Cardini y Veleda, 2002; Cetrángolo y otros, 2002; Cetrángolo, y Jiménez, 2003; Garnero, 2001; Gibson y Calvo, 2008; Olmeda y Cardini, 2003).

Estructura de la obra

El libro se divide en cuatro partes. En la primera, analizamos el contexto histórico del peronismo santafesino previo a la emergencia del liderazgo de Reutemann, de modo de poder establecer continuidades y transformaciones con respecto al periodo posterior (1991-1995). En el capítulo 1 examinamos la estructura de relaciones internas del PJSF entre 1983 y 1987. Indagamos en el papel del sindicalismo peronista local en la dinámica partidaria, en las prácticas institucionalizadas y no institucionalizadas mediante las cuales la coalición dominante del partido dirimió sus conflictos internos (elecciones directas e indirectas, congresos partidarios, relaciones con las autoridades nacionales del PJ) y la lógica de toma de decisiones entre los múltiples liderazgos en pugna. En el capítulo 2 abordamos el proceso a través del cual esa coalición dominante entra en una profunda crisis tanto a nivel de la estructura partidaria como en la dinámica gubernamental. Los reposicionamientos del peronismo nacional a partir de la emergencia del liderazgo menemista impactan en la vida local de esta fuerza política, como así también los procesos simultáneos de pérdida de influencia del otrora poderoso sector sindical y de crisis de legitimidad del presidente del PJSF y gobernador de la provincia, Víctor Reviglio. En ese marco, analizamos el modo como el propio partido y sus dirigentes logran resolver la crisis de representatividad partidaria y gubernamental, a través de dos mecanismos fundamentales: la sanción de la ley de Lemas y la búsqueda de nuevas figuras como candidatos del partido para las elecciones gubernamentales del año 1991.

La segunda parte transita un doble carril dentro del periodo central bajo análisis (1991-1995): el de la dinámica partidaria a partir del surgimiento del liderazgo local de Carlos Reutemann y el de la composición de los principales cuadros del gobierno. El capítulo 3 analiza el proceso partidario interno a través del cual el nuevo gobernador de la provincia se posiciona –en poco tiempo– como líder del PJSF. Las características organizacionales del peronismo (en tanto que partido carismático) y las del régimen electoral provincial (que permitió a un outsider de la política ser candidato a gobernador) son identificadas como las principales dimensiones institucionales que explican dicho proceso, mientras que las características del propio liderazgo reutemannista (su ambición política y su reconversión en un político profesional, en el sentido weberiano) complementan la comprensión del proceso desde una perspectiva de la acción política. En el capítulo 4 describimos la composición de los gabinetes inicial e intermedio del gobierno, a partir de una prosopografía de las elites ministeriales (los llamados “funcionarios políticos”), advirtiendo la transformación entre uno y otro en función de las relaciones del líder del gobierno con el partido de gobierno y con los demás actores extra-partidarios, en el marco mayor del proceso de estatalización de los partidos políticos contemporáneos.

En la tercera parte (que contiene el capítulo 5), nos desplazamos hacia la dimensión de las identidades políticas, analizando al peronismo santafesino en tanto que tradición e identidad política. Así, exploramos las transformaciones que éste experimentó entre la vuelta de la democracia y la primera mitad de los años noventa a partir del discurso de los líderes (gobernadores y dirigentes de primera línea). El análisis nos permite ver los cambios entre una década y la otra pero, también, el modo como algunos elementos “novedosos” empiezan a asomar a finales de los años ochenta y como, pese a los diagnósticos de “vaciamiento” identitario en los noventa, el peronismo –bajo la impronta reutemannista– adoptó nuevos sentidos e imaginarios acordes a las transformaciones más generales suscitadas en las identidades y en la representación política.

En la cuarta y última parte, titulada “El vínculo representativo y el liderazgo gubernamental de Reutemann” analizamos su figura como gobernante. Así, en el capítulo 6 indagamos en el modo como construyó su relación con la ciudadanía santafesina al diseñar formatos y contenidos novedosos en el vínculo de representación política. Comparamos su figura con la de otros outsiders políticos de la época y de periodos posteriores y reflexionamos en torno al carácter “transicional” del tipo de vínculo político que Reutemann construyó, entre lo que la literatura ha identificado como la etapa de la “representación partidaria o tradicional” (1983-1989) y la de la representación “personalizada”, de “audiencias” o de “proximidad” (desde 1989 hasta la actualidad).

En el último capítulo del libro analizamos al líder en el gobierno, específicamente desde su función decisional sobre las políticas públicas. Examinamos su liderazgo como factor principal en la toma de decisiones relacionadas a las políticas de reformas implementadas en la provincia durante la primera parte de la década del noventa. Analizamos los condicionamientos y los obstáculos que atravesó el proceso de aplicación de las reformas por parte de los diversos actores que intervenían en la dinámica política provincial (partidos del oficialismo y de la oposición, autoridades nacionales, organizaciones gremiales y empresariales) y las estrategias a través de las cuales el líder del gobierno respondió a los mismos. Asimismo, ubicamos a Santa Fe en perspectiva comparada con otras provincias argentinas para auscultar en el ritmo y alcances de las reformas. ¿Siguió Santa Fe los tiempos y los alcances de la aplicación de estas medidas esperados por el gobierno central? ¿En qué consistió el “neoliberalismo” en la provincia durante la llamada “primera ola de reformas”? En tanto que jurisdicción con altos niveles comparados de desarrollo económico y social, ¿cumplió, como indica la literatura, el papel asignado desde la Nación según el cual las reformas debían aplicarse de modo más prematuro y extendido en las provincias “centrales” que en los llamados distritos “periféricos”? El capítulo busca responder estas preguntas, a partir de la consideración de variables políticas e históricas que permiten una comprensión más profunda y menos atada a parámetros normativos de fenómenos con un alto nivel de complejidad.

En las conclusiones generales recapitulamos lo abordado a lo largo de las distintas partes del libro y sus contribuciones al análisis del peronismo en la historia reciente en sus distintas dimensiones: el partido, la identidad y los liderazgos, en el marco de un ámbito provincial y sus relaciones con las distintas escalas de gobierno. Proponemos, también, posibles líneas de investigación a futuro partir del análisis de la sucesión del liderazgo de Reutemann en la persona de Jorge Obeid, quien gobernó la provincia de Santa Fe en alternancia con su líder político en dos oportunidades (1995-1999 y 2003-2007). El problema de la sucesión permitiría precisar los alcances del estilo y de los componentes del liderazgo reutemannista y abordar las transformaciones del peronismo local en el mediano y largo plazo.


  1. Un panorama del estado del arte de los estudios políticos subnacionales sobre el Estado, los partidos y las élites desde las distintas disciplinas, se puede leer en Ortiz de Rozas (2016).
  2. Para un estado del arte de los estudios sobre ministros y gabinetes en Argentina y América Latina, y su puesta en discusión con los tradicionales análisis de gabinetes en sistemas parlamentarios o semi-parlamentarios, se puede leer el capítulo 1 de la tesis de Mariana Gené (2014a).
  3. Para una detenida reflexión sobre el papel de las entrevistas en el abordaje de elites y personal político de alta jerarquía, cfr. el interesantísimo trabajo de Mariana Gené (2014b).
  4. La legítima observación según la cual el análisis del discurso deja de lado la dimensión de la recepción del mismo es una crítica que, además de atendible, es clásica. Esta objeción se remonta al debate entre Ernesto Laclau y Emilio de Ipola de los años ’70 en torno de la noción de populismo. Un brevísimo racconto aquí. En 1977, con la aparición del texto “Hacia una teoría del populismo” de Ernesto Laclau, ese término aparece definido como una forma particular de articulación discursiva consistente en la presentación de las interpelaciones popular democráticas. Luego, en su libro “Ideología y discurso populista”, De Ipola objeta el carácter unidireccional de la noción de representación implícita en el trabajo Laclau, subrayando la falta de consideración del plano de la recepción o, mejor dicho, del reconocimiento imprescindible para que toda enunciación tenga efectos prácticos. Posteriormente, De Ipola matizará dicho reparo a partir de la influencia de la noción derridiana de “suplemento” (cfr. Aboy Carlés 2001a y 2001b).
  5. Excluimos el nivel de director/a del relevamiento. En el capítulo 4 argumentamos esta decisión.


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