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4 El gabinete de gobierno

Entre la confianza, el partido y la expertise

Al igual que la figura del presidente de la Nación, los gobernadores argentinos poseen –por mandato constitucional– la potestad de designar a sus principales colaboradores del gabinete que integra el Poder Ejecutivo provincial[1]. El así llamado “personal político”[2] es el responsable de planificar, diseñar y, también, aconsejar en las decisiones de política pública que la máxima autoridad política de un Estado provincial concibe para llevar adelante sus objetivos de gobierno. En este sentido, conocer la configuración de los gabinetes ministeriales, las características y los criterios de selección de sus miembros y las funciones que cada uno desempeña, constituye una vía de entrada privilegiada para indagar los contornos del liderazgo gubernatorial que guía y orienta la acción de estos agentes (De Luca, 2011). Bajo esa premisa, en este capítulo nos proponemos conocer quiénes fueron los principales funcionarios políticos del gobierno de Carlos Reutemann durante el periodo bajo estudio. Consideramos a estos actores como miembros de una elite específica, en función de las altas posiciones institucionales que ocuparon en la estructura gubernamental de la provincia (De Imaz, 1964)[3].

El capítulo se divide en dos partes. En la primera, a partir de un registro sincrónico, indagamos en la configuración del gabinete inicial de Reutemann. A través del análisis prosopográfico (Ferrari, 2010) reconstruimos las trayectorias de quienes ocuparon los cargos de ministro/a, secretario/a, subsecretario/a e interventor/a provincial en cada una de las carteras ministeriales[4]. Dicha reconstrucción está puesta al servicio de la elaboración de una tipología de funcionarios que nos permita auscultar en el tipo de apoyos políticos y personales con los que contó este outsider tan particular al momento de su ingreso a la arena política y electoral. Así, buscamos determinar en qué medida el gabinete con el que Reutemann inició su gestión de gobierno privilegió entre sus integrantes de mayor jerarquía tres tipos de atributos, a saber: 1) la confianza o el conocimiento personal; 2) la trayectoria político-partidaria; y/o 3) la expertise o competencia técnica.

En la segunda parte del capítulo, a través de un registro más dinámico o diacrónico, abordamos el proceso que denominamos de “peronización” del gabinete. En efecto, al promediar el mandato del gobernador se produjo un recambio particular de las primeras líneas del gobierno que consistió en la expulsión de los funcionarios no peronistas y en la afiliación de otros al PJ. Este recambio configuró un gabinete más homogéneamente peronista, al calor de la afiliación y posterior elección de Reutemann como presidente del PJSF.

En suma, en este capítulo buscamos, por un lado, caracterizar el tipo de gabinete específico que diseñó Reutemann al asumir como gobernador desde su papel como extra-partidario para, luego, identificar los cambios sustanciales que se produjeron en el mismo en función de su constitución como líder del peronismo santafesino y diferenciarlo con la lógica de integración del gabinete practicada por la coalición peronista anterior según el esquema de la Cooperativa, analizada en el capítulo 1. El objetivo es describir y analizar un caso que contradice las conclusiones de la literatura especializada sobre el modo y los criterios con los cuales los líderes outsiders integran sus gabinetes de gobierno (esto es, con individuos en su mayoría también ajenos al mundo político-partidario) e identificar cuáles son las características particulares de la “peronización” del gabinete que Reutemann produce en la mitad de su mandato, en el marco del proceso de “estatalización” experimentado por los partidos políticos contemporáneos (Scherlis, 2008 y 2010).

Confianza, trayectoria partidaria y competencia técnica. El reclutamiento de funcionarios en un gabinete liderado por un outsider

La conformación de los gabinetes que integran el Poder Ejecutivo en cualquier tipo de gobierno (presidencialista, parlamentario o semi-parlamentario) constituye un aspecto fundamental del funcionamiento y la dinámica de los gobiernos en sus distintos niveles (nacionales, regionales y locales). En el marco de la literatura sobre gabinetes, inscribimos nuestro análisis en la perspectiva que indaga en la integración de los gabinetes en sistemas presidencialistas de partido único (Camerlo, 2013). En efecto, en estos regímenes (donde existe una tendencia al bipartidismo o poca fragmentación partidaria) como en el caso argentino, el soporte legislativo como criterio de formación de gabinetes pierde relevancia en relación al lugar que ocupa en los regímenes parlamentarios y/o en los regímenes presidenciales de coalición como Brasil. Dada esta configuración institucional, aparecen otros criterios para la selección y remoción de ministros como, por ejemplo, los soportes extra-parlamentarios (de grupos de interés como los sindicatos, los empresarios, la Iglesia), las capacidades técnicas individuales de los funcionarios, la afinidad ideológica, programática o personal con el presidente o la existencia de coyunturas electorales y conflictos –internos o externos– que atraviesan la gestión de gobierno (ibid..).

En línea con esa hipótesis, el análisis de nuestro caso nos permite advertir que –en un escenario donde el titular del Ejecutivo posee amplios poderes para distribuir el gabinete y donde el partido de gobierno cuenta con una robusta mayoría legislativa[5]– las vías o los criterios de reclutamiento de los funcionarios del gabinete inicial son por completo ajenos a la variable del apoyo legislativo. Como veremos, la multiplicidad de extracciones partidarias que portan los funcionarios de los distintos ministerios en la primera parte de la gestión de Reutemann no responde a la búsqueda de apoyo legislativo sino a la relativa autonomía con la que éste integró su gabinete inicial con respecto al partido de gobierno (PJ).

A su vez, discutiremos con las miradas que focalizan en el modo de integración de gabinetes en regímenes presidenciales conducidos, en particular, por líderes outsiders [6] (Carreras, 2013; Siavelis y Morgenstern, 2008). Esta literatura, de marcado corte institucionalista, ve en este tipo de dirigentes (sobre todo aquellos que llegan a cargos ejecutivos electivos) una tendencia a designar dos clases de funcionarios: aquellos que son “neófitos” en política –esto es, que carecen de experiencia partidaria previa o en la administración pública– y los que denomina “técnicos independientes” –es decir, quienes no tienen la actividad político-partidaria, provienen principalmente del mundo privado y poseen conocimientos específicos para el área que fueron designados– (Carreras, 2013; Siavelis y Morgenstern, 2008). La preferencia por parte de los outsiders de distribuir su gabinete entre estos dos tipos de individuos se explicaría, según esta perspectiva, por su propia condición de inexpertos políticos que les haría más dificultoso el logro de consensos y negociaciones con fuerzas políticas establecidas (generalmente, los outsiders emergen en el marco de partidos políticos creados à la lettre de su candidatura). Además, estos actores considerarían como una decisión estratégica la de mantenerse lo más alejados posible de los partidos tradicionales, todo lo cual los llevaría a ejercer el poder de forma personalista en extremo y a desdeñar el apoyo legislativo que podría otorgarles el nombramiento de ministros de fuerzas políticas con peso parlamentario.

La perspectiva normativa e instrumental que subyace en este tipo de enfoques evalúa la conducta de las figuras recién llegadas a la arena político-partidaria como movida estrictamente por una voluntad y arbitrio personales, resultando incapaces o desinteresadas en interactuar bajo las reglas de la negociación y el consenso políticos. Todo ello redundaría en la configuración de regímenes democráticos que, aunque más “eficaces” en su administración, se volverían más inestables y conflictivos. Esta perspectiva, por lo tanto, deja a un lado la implicancia de las condiciones históricas y de los imprevistos propios de la dinámica política que desafían y escapan al control racional de los individuos sobre sus cursos de acción. En efecto, la hipótesis que sostienen estos autores asume algunos supuestos teóricos que son discutibles, a saber: 1) que la trayectoria previa de un actor determina su accionar posterior (v.g., que la falta de una socialización político-partidaria previa lleva a los outsiders a desestimar la articulación con actores de ese mundo); 2) que las estrategias de los actores son universales y a-históricas (es decir que se comportan racionalmente y de la misma manera en cualquier momento y bajo distintas circunstancias); 3) que el personal “técnico” es necesariamente extra-partidario o “independiente” y se mantiene ajeno a los compromisos partidarios una vez que accede al cargo de gobierno.

Por el contrario, un análisis que contemple los atributos y las prácticas de los actores en el proceso de un devenir histórico y en la dinámica propia de la actividad política (Offerlé, 1999) nos permite advertir que éstos actualizan sus trayectorias pasadas según objetivos y desafíos presentes –y proyecciones futuras– y que las distintas categorías o “tipos” de funcionarios (con los atributos respectivos que los respaldan) pueden aparecer mezclados y solapados en la trayectoria de un mismo individuo. Así, es posible que convivan en los casos concretos más de un elemento (por ejemplo, que a la expertise acompañe la confianza; o que a aquélla acompañe la pertenencia político-partidaria). De hecho, la tipología que elaboramos surge del cruzamiento de dos dimensiones expresando la imbricación entre los diversos elementos.

El abordaje del liderazgo de un outsider de la política como lo era Carlos Reutemann en 1991, y el modo de configuración de su gabinete inicial de ministros, nos lleva a cuestionar estos supuestos. Como veremos, si bien Reutemann seleccionó a algunos individuos “neófitos” en política, no desestimó en absoluto las filiaciones partidarias de algunos ni la experiencia en la gestión pública de otros al momento de seleccionar al personal que integraría su gabinete. Es cierto –como vimos en el capítulo 3– que su discurso estaba plagado de fuertes connotaciones anti-políticas y disputaba con un enemigo claro: los “políticos tradicionales”. Sin embargo, como también argumentamos, su crítica se situó en la persona de los políticos y no en los partidos políticos como tales. En el mismo sentido, los “técnicos independientes” no fueron los únicos ni los mayoritarios en la distribución del gabinete. Por el contrario, este gobernador “neófito” convocó en una proporción no menor a personas cuyo atributo específicamente valorado fue la experiencia en la gestión estatal o su trayectoria en distintas fuerzas políticas provinciales, en respuesta –aunque no plenamente satisfactoria para algunos sectores del peronismo, como veremos luego– al tipo de apoyos que había recibido su candidatura. Como indica el cuadro n°3, los ministros iniciales del gabinete muestran en su mayoría la pertenencia a alguna extracción partidaria provincial, pertenencia que se presenta –además– múltiple[7]:

Cuadro N° 3. Carteras, titulares y extracción partidaria del gabinete inicial de Reutemann

Cartera ministerial

Titular

Extracción partidaria

Secretaría General de la Gobernación

Andrés Mathurín

PDP

Gobierno, Justicia y Culto

Jaime Wolf Belfer

ninguna

Hacienda, Obras, Servicios Públicos y Vivienda

Juan Carlos Mercier

MID

Agricultura, Ganadería, Industria y Comercio

José Augusto Weber

PJ

Educación y Cultura

Danilo Kilibarda

MID

Salud, Medio Ambiente y Acción Social

Lorenzo Domínguez

PJ

Secretaría de Estado de Trabajo y Seguridad Social (rango ministerial)

Jorge Antonio Bof

MID

Fuente: elaboración propia. 

Motivos del reclutamiento y pertenencia político-partidaria. Una tipología

Como analizamos en el capítulo anterior, la figura de Reutemann expresó durante la campaña electoral tres atributos representativos fundamentales: una crítica a la “política tradicional” que aparecía como la contracara de su presentación de sí como un “conciudadano” más (esto es, como una persona no-política); una relación cara a cara con el electorado –donde la proximidad, el contacto directo y una gestualidad corporal más que la proclama de grandes discursos y su condición de celebrity produjeron una atracción inmediata entre la población con la que interactuaba–; y un contenido de tipo moral y eficientista sobre lo que debía ser la política y la acción de los políticos. Al mismo tiempo, reivindicaba a la “base justicialista” y a la dirigencia “de todos los partidos” no vinculada a las primeras líneas de los gobiernos anteriores, que lo acompañaron en la campaña y que posibilitaron (además del voto de los “independientes”) su victoria electoral.

Quienes integraron el gabinete inicial de Reutemann expresaban en sus perfiles esas diversas cualidades: peronistas no identificados públicamente con los gobiernos que los precedieron, miembros de otros partidos no peronistas, personas de confianza suya (por caso, “empresarios eficientes”) y técnicos especializados –y no– en el manejo de las distintas carteras del Estado.

A partir, entonces, de un muestreo teórico elaboramos 5 tipos ideales de funcionarios políticos del gabinete inicial. La tipología –que busca captar la mayor variedad posible de rasgos entre los miembros de la elite de gobierno– resulta de la intersección de dos variables. Una es el motivo del reclutamiento que se refiere a la condición principal en función de la cual la persona fue seleccionada por el gobernador. No nos referimos a un “motivo” o “causa” objetiva del reclutamiento, sino al motivo subjetivamente mentado u objetivado por los propios actores o por terceros ante la pregunta “¿cuál fue para usted el motivo de su (la) selección como funcionario (de X)?”. Al mismo tiempo, contrastamos dicha respuesta obtenida en las entrevistas con información proporcionada por otras fuentes[8]. Así, identificamos tres motivos del reclutamiento: 1) la confianza o el conocimiento personal, es decir, cuando el reclutamiento estuvo fundado ante todo en la existencia de fuertes y/o arraigados vínculos de confianza inter-personal (centralmente: familiares y amigos); 2) la trayectoria político-partidaria, o sea, cuando el principal capital de la persona era su condición de “político profesional” (Weber, 2008) con larga carrera en alguno de los partidos de la provincia (PJ, UCR, PDP, MID) y cuya actividad principal haya sido la práctica político-partidaria; y 3) la expertise o competencia técnica, esto es, el requerimiento de que el individuo portase conocimientos y credenciales académicas y/o profesionales específicos para área para el cual fue seleccionado[9]. Como veremos, los tres motivos de reclutamiento son transversales a las distintas carteras ministeriales, excepto para algunas donde la calificación técnica es indispensable, como lo es –típicamente– para el Ministerio de Hacienda desde los años setenta a esta parte (Heredia, 2012).

Aclaremos que adoptamos aquí una definición amplia de “conocimiento técnico o experto” que incluye tanto a los “tecnócratas” puros cuyo atributo distintivo es la capacitación científico-técnica o académica, como a los “tecnoburócratas” cuya expertise deriva especialmente del saber burocrático de la maquinaria estatal (Iazzetta, 2000). En efecto, nos encontramos con individuos altamente calificados y especializados en términos académicos y que, a su vez, tienen una amplia experiencia estatal-burocrática en áreas de política pública donde aplicaron directamente sus conocimientos expertos.

La segunda variable es la pertenencia político-partidaria que contempla, en un sentido amplio, si el individuo seleccionado tuvo (o no) algún tipo de adscripción político-partidaria. La referencia empírica fue obtenida tanto de las entrevistas como de las fuentes secundarias (principalmente, diarios locales), y se construyó a partir de la (auto)definición de los actores como identificados con algún partido o identidad política, independientemente de cuán larga fuese su trayectoria como militantes, de los espacios de esa militancia (colegios, universidades, sindicatos u otras organizaciones) o de si habían ocupado o no previamente cargos institucionales en el partido o cargos públicos. Esta variable se vuelve central en nuestro análisis para refutar la hipótesis antes desarrollada de que un líder outsider designa o privilegia designar colaboradores inexpertos en política (“neófitos” o “independientes”).

Cuadro N° 4. Tipología de los funcionarios políticos del gabinete inicial

Pertenencia político-partidaria

SI

NO

Motivo del reclutamiento

Confianza personal

Allegados con trayectoria partidaria

I

Allegados

Outsiders

II

Trayectoria político-partidaria

Políticos profesionales

III

X

Competencias técnicas

Técnicos partidarios

IV

Técnicos a-partidarios

V

Fuente: elaboración propia. 

El siguiente cuadro muestra la distribución de ministros, secretarios, subsecretarios e interventores provinciales entre los distintos tipos[10]. Como se ve, la distribución es equitativa entre los políticos profesionales y los técnicos a-partidarios (12 individuos para cada tipo de un total de 36 individuos). Le siguen los técnicos partidarios con 7 individuos, los allegados con trayectoria partidaria con 3 y, por último, los allegados outsiders con 2. Si agrupamos los tipos entre los que tienen pertenencia político-partidaria y los que son plenamente a-partidarios, tenemos entre los primeros (tipos I+III+IV) 22 funcionarios (más del 60%) y entre los segundos (tipos II y V) 14 funcionarios. Esta simple estadística descriptiva de la distribución de miembros del gabinete nos permite advertir el peso relativo importante que tuvieron los funcionarios con algún tipo de pertenencia partidaria y experiencia política en la conformación del gabinete inicial de este gobernador outsider.

Cuadro N° 5. Cantidad de funcionarios del gabinete inicial por tipo

Allegados con trayectoria partidaria

I

Allegados

Outsiders

II

Políticos profesionales

III

Técnicos partidarios

IV

Técnicos a-partidarios

V

Total

3

2

12

9

10

36*

8,3%

5,6%

33,3%

25%

27,7%

100%

Fuente: elaboración propia.

*Sin datos: 8 individuos.

Los allegados con trayectoria partidaria

En este tipo contemplamos a aquellos individuos que fueron reclutados en función de su relación de conocimiento inter-personal con el gobernador pero que se referenciaban, al mismo tiempo, con alguna fuerza política provincial. De modo que el atributo de mayor importancia cualitativa para ser reclutado fue la relación de confianza y de conocimiento previo de Reutemann con la persona designada (paradigmáticamente, familiares o amigos) y, en un plano subsidiario, su trayectoria o pertenencia partidaria.

Si hay que ligar al entorno personal y familiar de Reutemann con alguna filiación política no es tanto con el peronismo sino con otros dos partidos de la provincia: el MID y el PDP. En cuanto al primero, el tío de Reutemann (Rodolfo Weidmann) fue un importante dirigente del desarrollismo: senador y diputado nacional, embajador ante la Organización de Estados Americanos bajo el gobierno de Frondizi y profesor universitario en Derecho Administrativo (Vargas, 1997: 91). Su padre también simpatizaba con el radicalismo de corte “tradicional”, según las fuentes, y era, sobre todo “un anti-peronista en aquél entonces”. Además, Don Carlos Reutemann –un productor agrícola-ganadero de la zona central de la provincia y presidente de la Cooperativa San Carlos– tenía afinidad con la democracia progresista, un histórico partido de la provincia con fuerte ascendencia entre los sectores rurales de Santa Fe (Bonaudo y Mauro, 2014).

El mismo Carlos Reutemann contaba entre sus amigos de la adolescencia con cuadros importantes del PDP, como es el caso de Andrés Mathurín, un abogado a quien el gobernador conocía de la escuela secundaria (el colegio Inmaculada Concepción de la ciudad de Santa Fe, de los padres jesuitas). Mathurín había sido previamente fiscal municipal de la ciudad de Santa Fe (1989-1991), durante la intendencia del demoprogresista Enrique Muttis y al momento de su asunción Reutemann lo designó en el cargo institucional más cercano al del gobernador: la Secretaría General de la Gobernación, una especie de extensión del “brazo” del primer mandatario, “la firma del gobernador y la puerta de entrada a su despacho”. Sin embargo, este cuadro de primera línea del PDP renunció a su cargo en 1993 cuando Reutemann decidió afiliarse al PJ, postulándose luego como candidato a concejal por su partido de origen.

El caso de Mathurín no fue el único de un allegado con extracción partidaria no peronista que tuvo una presencia protagónica en el gabinete inicial de Reutemann. Podemos mencionar también el de Zulema Merino, subsecretaria de Recursos Naturales, dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Industria y Comercio (MAGIC). Merino pertenecía también al PDP y fue, previamente a ocupar el cargo, Presidenta de la Sociedad Rural de Sunchales (una localidad agroindustrial del centro de la provincia cercana a la ciudad de Rafaela) y secretaria del Consejo de Administración de la Fundación SanCor, entre otras entidades del sector agro-industrial. Por su ocupación como empresario agropecuario (heredada de su padre), Reutemann poseía estrechos vínculos con personas del círculo de productores rurales, especialmente, de los grandes productores de la provincia. Al igual que su compañero de partido Mathurín, Merino abandonó el gobierno en 1994 para ser candidata (electa) a diputada provincial por el PDP entre 1995 y 1998.

Sin embargo, el ex piloto contaba también entre sus familiares con algunos peronistas, muy alejados de la dirigencia de primera línea, a quienes ubicó en puestos de gobierno dentro del Poder Ejecutivo. Es el caso de su primo hermano Domingo Alfredo Esquivel, quien ocupó la presidencia ejecutiva de la Caja de Asistencia Social de la Lotería de Santa Fe –con rango de Dirección provincial–, dependiente del Ministerio de Hacienda. Esquivel –abogado de profesión- será durante el segundo mandato de Reutemann (1999-2003) secretario general de la gobernación. En el pasado, había integrado el directorio del Banco Provincial de Santa Fe en 1980 (durante la dictadura militar), cuando Juan Carlos Mercier (ministro de Hacienda en ambos gobiernos de Reutemann) fue vicepresidente de la entidad[11].

Los outsiders

Entendemos por outsiders –como lo definimos en el capítulo 3– a aquellas personas sin extracción partidaria (King, 2002) ni trayectoria vinculada a ninguna institución de carácter político (el Estado u organizaciones ligadas a los partidos políticos o que pudieran operar como “entornos partidarios” [Sawicki, 2011]: sindicatos, universidades, ámbitos periodísticos, empresariales, etc.). Aquí los distinguimos de los técnicos outsiders porque son individuos que, además de su condición de personas ligadas a Reutemann desde antes de su inserción en la política y sin filiación partidaria alguna, tampoco portaban credenciales técnicas específicas aplicables al área de gestión estatal para la que habían sido reclutados.

A contramano de lo que indica la literatura, los funcionarios outsiders no representan la mayoría en el gabinete inicial de Reutemann (ver cuadro n° 3 supra). Sin embargo, hay algunos ejemplos que se corresponden con este tipo. Los periodistas Eduardo Seminara y Raúl Acosta ilustran la integración de diversas áreas del Estado con personas que no tenían otro motivo para ser reclutadas por el gobernador que sus lazos personales de diversa índole construidos con él en el pasado:

Quien le vendía helados de frutilla al agua, al parecer, una de sus debilidades, fue incorporado a la lista de concejales [en 1993] […] El que cuidaba el peaje en la garita de la empresa concesionaria cerca de la localidad de Nelson (hacia el norte de Santa Fe, donde Reutemann tiene sus campos) pasó a la comisión mixta Santa Fe-Entre Ríos que regentea el Túnel Subfluvial […] Su masajista […] se instaló en Deportes de la Provincia […] (Seminara y Acosta, 1997: 30).

En cuanto a los cargos de mayor jerarquía del gabinete inicial, encontramos un caso de este tipo en el de Roxana Latorre, una ex directora de un complejo educativo de Rosario a quien Reutemann conoció a poco de asumir el gobierno en una visita a esa ciudad. Latorre había llevado adelante una experiencia novedosa de calidad educativa en una institución pública que había sufrido una profunda deserción en los años anteriores producto, fundamentalmente, de la gran cantidad de paros (bajo su dirección la escuela logró pasar de 98 a 2500 alumnos). En ese marco, el gobernador la convocó para asumir en la subsecretaría de Desarrollo y Racionalización Administrativa, dependiente directamente de la Gobernación. En el segundo gobierno de Reutemann, Latorre ocupará la Secretaría de Promoción Comunitaria (el equivalente al Ministerio de Desarrollo Social), para luego ser electa senadora nacional por el PJ. Como se ve, esta ex directora de escuela no tenía conocimientos específicos para el área a la cual había sido convocada, ni tampoco tenía experiencia en cargos dentro del Estado ni filiación político-partidaria alguna. Sus palabras describen muy bien su condición de outsider total del Estado y la política antes de asumir el cargo:

Yo me desempeñaba fundamentalmente en la docencia. Fui directora de un complejo educativo muy importante que era el Complejo Gurruchaga que empezó de cero […] Ese fue un trabajo que a mí me marcó, eso me acercó bastante a la política –yo soy docente, soy profesora de Letras– porque visitó Reutemann la escuela para conocer la experiencia, esto fue prácticamente ni bien asumió, y me convocó porque estaba a la búsqueda de figuras nuevas para que colaborara con el gobierno. Ese fue el nexo concretamente […] La experiencia con Reutemann fue, a mi juicio, muy favorable porque yo pude estar en el área de Reforma del Estado, y eso me posibilitó, primero, conocer el Estado santafesino por dentro […] y si bien el fuerte mío es la educación, él se había propuesto un tema de ordenamiento del Estado y con un equipo importante que teníamos pudimos colaborar (Roxana Latorre, subsecretaria de Desarrollo y Racionalización Administrativa entre 1991 y 1994. Entrevista con la autora, 16/5/17).

El otro ejemplo de este tipo lo constituye Jorge Álvarez, subsecretario de Información Pública, a quien el gobernador conocía por intermedio de la familia de su ex esposa, que era dueña del Canal 13 (el medio de televisión más importante de la ciudad de Santa Fe). Álvarez –periodista con larga trayectoria en los medios locales, sobre todo en temáticas culturales– fue designado como subsecretario de Información Pública, también dependiente de la Secretaría General de la Gobernación.

Los políticos profesionales

Como mencionamos más arriba, el liderazgo de Reutemann se distinguió de otros de su especie por no descuidar los vínculos y la integración de su gobierno con cuadros cuya actividad principal era la práctica político-partidaria (en términos weberianos, eran “políticos profesionales”). En este tipo, además, hacemos abstracción de las credenciales técnicas que podían portar estos cuadros de distinto signo partidario (por lo que, en algunos casos, ocuparon diversas áreas a lo largo del tiempo y no se especializaron en una cartera en particular) y del conocimiento personal con el gobernador. El aspecto determinante es, entonces, que la persona se destacara por la continuidad de la carrera política a lo largo de su trayectoria profesional (sea en cargos electivos como no electivos). La señal más clara en ese sentido la emitió Reutemann a partir de la conformación de la propia fórmula electoral al elegir como candidato a vicegobernador a un viejo dirigente y militante peronista, Miguel Robles[12].

Ese mismo criterio estuvo presente, también, en la composición del gabinete gubernamental. El ejemplo de Ileana Bizzotto es característico de tipo. Contadora y afiliada al PJ, venía de una trayectoria en el concejo municipal de la ciudad de Santa Fe como asesora en la Comisión de Hacienda (1983-1991). En 1991 Reutemann la designó como subsecretaria de Seguridad Social (dependiente de la Secretaría de Estado de Trabajo y Seguridad Social) por intermedio del senador peronista y contador Jorge Giorgetti, con quien Bizzotto se había formado en la militancia universitaria y profesional. Hacia 1993 fue Ministra de Salud de la provincia. Luego continuó su carrera como diputada nacional por el PJ (1993-1997), para finalizar como concejal del municipio de Santa Fe (1999-2003).

Otro caso de este tipo es el del abogado Alberto Juan Filippi, subsecretario de Logística del MAGIC, quien fuera recomendado por el vicegobernador Robles en base a su trayectoria militante. Provenía del sector del dirigente Raúl Carignano y había sido congresal del PJ durante tres periodos. En tanto que abogado, prestó sus servicios como secretario del bloque de senadores del PJ entre 1983 y 1991.

Otro ejemplo de político profesional originariamente no peronista es el de Danilo Kilibarda, un político radical de la UCRI que ocupó el cargo de ministro de Educación. Abogado especializado en Derecho Penal, docente universitario y diputado provincial (1958-1962 y 1963-1976) fue, también, Convencional Constituyente en 1961 y secretario de la convención reformadora provincial. A partir de 1963, con la fundación del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), prolongó su carrera política en ese partido (De Marco, 2004) y terminó como diputado provincial por el PJ (2003-2007). Renunció al MID en 1983 en desacuerdo con un homenaje que el partido le había hecho al ex gobernador de facto Roberto Casís y nunca se afilió al peronismo. Fue, también, presidente del Colegio de Abogados de Santa Fe (2001-2003). Sin embargo, a los tres meses de iniciada su gestión como ministro debió renunciar en medio de un fuerte conflicto docente[13]. Lo reemplazó otro hombre de partido, el peronista Ricardo Kaufmann, quien tampoco estaba especializado en el área educativa (era abogado, y venía de ejercer como Juez de Cámara en el Poder Judicial provincial). Kaufmann tuvo una duración similar en el cargo a la de su antecesor. Recién bajo la gestión de Fernando Bondesío –por entonces funcionario del ministerio del Interior de la Nación, radical y a quien llamaban el “ministro-gerente”– la cartera asumió una dirección más estable en el tiempo.

Todos estos perfiles de funcionarios del gabinete reutemannista se asemejan, entonces, por portar largas y continuadas carreras político-partidarias en distintos ámbitos del Estado (Ejecutivo y Legislativo), sin especializarse en ningún área en particular o sin que sus credenciales técnico-académicas fueran objeto de aplicación directa en el área para la cual habían sido designados.

Los técnicos partidarios

Este tipo está compuesto por una doble cualidad: técnica y político-partidaria. Según indicamos en la introducción, adoptamos aquí una definición amplia de personal técnico: es todo aquel funcionario con credenciales académicas cuyos conocimientos aplica directamente en el área para la cual fue reclutado. Esa expertise puede coincidir con grados variables de experiencia en el manejo de la administración público-estatal (desde una larga experiencia hasta ninguna), pero sí debe cumplirse el aspecto de que coinciden sus credenciales técnico-académicas con el ámbito de aplicación de políticas públicas propias del área en la que fue designado. No entran, entonces, en este tipo aquellos funcionarios que poseen una formación científico-académica cuyos conocimientos no son específicos para el área en la cual se desempeña.

Por su parte, al componente técnico de estos funcionarios se le agrega el político-partidario. En efecto, numerosos individuos con militancia y con trayectoria electoral en alguna fuerza política son, a su vez, profesionales especializados en el manejo de áreas específicas del Estado. Así, la existencia de trayectorias mixtas que integran recursos técnicos y político-partidarios refuta las perspectivas analíticas que asumen esas categorías como mutuamente excluyentes (Carreras, 2013; Siavelis y Morgenstern, 2008). En este sentido, la literatura ha alcanzado un sostenido consenso en cuanto a la imbricación, la tensión y/o la suplementariedad entre los recursos técnicos y los políticos (Bohoslavsky y Soprano, 2010; Camou, 1998; Heredia, 2008; Morresi y Vommaro, 2011), en especial, desde el ascenso de los economistas –en Argentina y en el mundo occidental, en general– a puestos clave de decisión de política pública (Heredia, 2008 y 2012).

Como ocurre con los funcionarios estatales del nivel nacional –entre quienes la militancia universitaria ha sido el primer escalón para largas carreras políticas (Giorgi, 2014a)–, el ámbito universitario (cuna de la formación del conocimiento académico) también ha sido un espacio privilegiado de acción y formación militante para los políticos santafesinos (tanto en la Universidad Nacional de Rosario como en la Universidad Nacional del Litoral). En efecto, la Universidad operó no sólo como un espacio de socialización sino también como una suerte de “entorno partidario” (Sawicki, 2011) proveedor de cuadros técnicos a los gobiernos peronistas de Santa Fe desde 1983. En ese marco (especialmente, desde la función docente), se crearon agrupaciones de profesionales peronistas tales como la “Comisión de Profesionales Peronistas” (en la Facultad de Ciencias Económicas de la U.N.L. en la ciudad de Santa Fe) y la agrupación “Jóvenes Profesionales con Vocación en Comercio Exterior” (en la misma casa de estudios). Estas experiencias se forjaron también en otras provincias como, por ejemplo, la “Asociación de Docentes Peronistas” de la Facultad de Agronomía, Universidad de Entre Ríos (limítrofe con Santa Fe) o la “Agrupación Peronista de Trabajadores Docentes” de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, que proveyó desde el peronismo cuadros técnicos al Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires entre 1987 y 2007 (cf. Pereyra, 2016).

Las palabras de un dirigente peronista muy cercano a la figura de Reutemann relatan de la siguiente manera la importancia de las redes político-técnicas creadas en la Universidad para la formación de futuros funcionarios de gobierno:

En la UNL [Facultad de Cs. Económicas] participaba políticamente en la Comisión de Profesionales Peronistas […] Militamos fuertemente desde el ’73 hasta el ’76. Entonces armábamos grupos donde tomábamos a compañeros que veíamos con vocación y los empezábamos a desarrollar. Eso hizo que en el ’83 cuando volvió de nuevo la democracia yo fuera el primer secretario de Comercio Exterior que tuvo la provincia; me puso Vernet y Reviglio me dejó en el cargo hasta el 1991. Todo eso posibilitó armar un grupo de jóvenes profesionales, el título era ‘Jóvenes Profesionales con Vocación en Comercio Exterior’ […] Es una forma de ver cómo la Universidad va formando líderes y tiene un impacto fundamental en la militancia, el apego a la ciencia, la tecnología, a la formación social, es fundamental para forjar un dirigente (Jorge Giorgetti, Senador provincial entre 1991 y 1995. Entrevista con la autora, 12 y 13/10/16).

La provisión permanente de cuadros que brindaban las Universidades –y las agrupaciones político-profesionales formadas en ellas– a los distintos gobiernos santafesinos desde la recuperación democrática (todos ellos peronistas), se expresa en la continuidad de algunas trayectorias de funcionarios técnicos peronistas que se iniciaron en la gestión del gobernador José María Vernet, continuaron durante la de Víctor Reviglio (en ambas, ocupando segundas líneas de la jerarquía estatal) y se extendieron hasta la de Carlos Reutemann, donde aparecen en las primeras líneas.

Una trayectoria que refleja este aspecto es la de José Augusto Weber. Ingeniero agrónomo (UNL), fue secretario de Recursos Hídricos de la provincia (1983-1987), Director Regional del INTA (1987-1991) y ocupó cargos en la Dirección de Suelos y Aguas y de Extensión e Investigación Agropecuarias del MAGIC. Fue, además, docente universitario. De acuerdo a sus antecedentes técnico-académicos, Reutemann lo designó como ministro de Agricultura y Ganadería, cargo que ocupó durante tres años y medio. Además, como político profesional del PJ se presentó a elecciones generales en varias oportunidades: fue candidato a vicegobernador en 1991 acompañando al senador nacional por Santa Fe, Luis Rubeo, en una lista alternativa a la de Reutemann y fue electo dos veces concejal de la ciudad de Santa Fe (1997 y 2001), luego de lo cual regresó al INTA en Buenos Aires. Junto con él fueron designados en el ministerio varios peronistas provenientes del mundo universitario y técnico-estatal: el secretario de Agricultura y Ganadería, el ingeniero agrónomo Miguel Ángel Paulón, que se había desempeñado en la Dirección de Extensión del MAGIC, había sido docente universitario y venía del sector privado como gerente de producción Primaria en la Cooperativa SanCor; y el Director Provincial de Ciencia y Técnica, el ingeniero agrónomo Eugenio Astegiano, peronista y docente universitario, también propuesto por el ministro Weber.

Otro ejemplo de funcionario técnico-partidario es el de Lorenzo Domínguez, un médico mendocino que se graduó en la UNR y se especializó en clínica médica y reumatología. Fue director de centros de salud, de hospitales y de atención médica en Mendoza y trabajó como médico sanitarista en Perú. Mendocino de nacimiento, estaba vinculado políticamente con el dirigente peronista José Octavio Bordón, quien desarrolló su carrera política en la provincia cuyana (fue gobernador entre 1987 y 1991) pero era oriundo de la ciudad de Rosario. Según las fuentes, Domínguez fue designado como ministro de Salud, Medio Ambiente y Acción Social de la provincia (1991-1993) en función de su trabajo en el ámbito de la Salud desde su intendencia en la ciudad de Puerto General San Martín (1983-1991), al sur de la provincia. Su subsecretario de Salud y Medio Ambiente, el doctor Gerardo Fiorotto, también era un funcionario del mismo tipo: médico, venía de trabajar en el área en Puerto General San Martín y pertenecía al peronismo[14]. Durante el segundo gobierno de Reutemann Domínguez será secretario de Estado de Medio Ambiente (1999-2001), ministro de Gobierno (2001-2002) y vicepresidente del Consejo Federal de Medio Ambiente.

Reutemann también confió áreas sustantivas del gobierno a individuos con altísimas credenciales técnicas y académicas que tenían historias disímiles de militancia política en otros partidos. El caso más emblemático en este sentido es el del ministro de Hacienda, quien lo acompañó durante sus dos mandatos gubernamentales. Juan Carlos Mercier –contador público, Doctor en Ciencias Económicas (UNL) y con militancia política en el MID– tuvo una extensa carrera en la administración pública provincial previo a asumir como funcionario de Reutemann, y mientras estuvo fuera de la gestión pública se dedicó al ejercicio de la profesión y a la docencia y representación política universitaria[15]. A los 16 años ingresó a la administración pública provincial y se orientó al ámbito de finanzas e impuestos. Se desempeñó en la Dirección Provincial de Vialidad (1966-1971), fue Subdirector y Director de Rentas de la provincia (1971-1972 y 1973-1979), secretario de Hacienda de la municipalidad de Santa Fe (1972-1973), vicepresidente del Banco Provincial de Santa Fe (1981-1982) y ministro de Hacienda de la provincia en el último periodo de la dictadura militar (1982-1983). Fue consejero estudiantil y, como docente, consejero en la Facultad de Ciencia Económicas y luego en el Consejo Superior de la UNL. Asimismo, tuvo una intensa actividad gremial-profesional: fue presidente del Colegio de Graduados de Ciencias Económicas y presidente de la Federación Argentina de Graduados (allí entró en conocimiento con Domingo Cavallo y con Jorge Caminotti, ministro de Economía de Córdoba durante el mismo periodo).

Mercier operó como un “superministro”[16] durante los dos gobiernos de Reutemann: no solamente concentró en su persona la titularidad de los Ministerios de Hacienda y de Obras, Servicios Públicos y Vivienda, sino que controló las “cajas” de todos los ministerios mediante la potestad que le dio el gobernador de designar a los secretarios de Logística de todas las áreas[17]. En sus propias palabras:

Yo no se cuál es la razón por la cual a mí [Reutemann] me dio tanto espacio de poder. Es cierto que yo lo planteé pero, ¿por qué él me lo dio?; yo creo que algo tuvo que ver Cavallo que me conocía de muchos años antes y que tenía una visión, no para mí sino para toda la gestión, de que había que hacer una reforma importante del Estado y que él quería un ministro fuerte. Entonces, lo que era Hacienda y Economía y toda la parte de Obras Publicas, empresas, él la quería bajo una [dirección] […] Yo pude poner a todos los secretarios de Logística, pero además me permitió controlar las cajas de todos los ministerios (Juan Carlos Mercier, ministro de Hacienda y Obras entre 1991 y 1995. Entrevista con la autora, 17/10/16).

Luego de su paso por el ministerio, se probó en la arena electoral, ya bajo la etiqueta del PJ: fue electo diputado provincial (1995-1999) y senador provincial (2003-2007).

Los técnicos a-partidarios

Este tipo fue muy característico del gabinete reutemannista. Los especialistas en distintos saberes técnicos y profesionales –y que debieron aplicarlos al área para la que habían sido designados– pero que, además, no tenían ningún tipo de filiación partidaria, ni experiencia política ni trayectoria en la gestión pública, ocuparon áreas estratégicas del gobierno.

El propio ministro de Gobierno, Justicia y Culto –un cargo equivalente al de ministro del Interior nacional, pero que concentra aún más funciones ya que se ocupa de las relaciones políticas del gobernador con un espectro más variado de actores (legisladores, jueces, intendentes, Iglesia, Policía, corporaciones de la sociedad civil, etc.)– era una persona que no tenía ninguna credencial partidaria. Sin embargo, el Juez Federal de Rosario Jaime Wolf Belfer tenía tras de sí una extensa carrera judicial que lo había puesto en vinculación con gran parte de los actores con los que luego tendría que interactuar. Fue Juez de primera instancia del Trabajo de la segunda nominación de los tribunales rosarinos (1971-982); vocal de la Cámara del Trabajo de Rosario y vocal de la Cámara Federal de Apelaciones (hasta antes de asumir como ministro). Fue también vocal del directorio del Colegio de Abogados de Rosario, integrante de la comisión redactora del anteproyecto del Código Procesal Laboral para la provincia de Santa Fe y se desempeñó como Jefe de la oficina de Patrocinio Jurídico del Departamento Provincial de Trabajo.

Los vínculos de confianza personal no estaban ausentes, sin embargo, en la designación de Belfer. Su hermano –también abogado– era asesor de Domingo Cutuli, por entonces vicepresidente del Automóvil Club Argentino y quien fuera manager de Reutemann durante su carrera como deportista internacional. Belfer debió renunciar a su cargo en 1993 por dificultades con el manejo político de la Policía y, a diferencia de otros outsiders, no se afilió al justicialismo sino que mantuvo su condición de hombre a-partidario.

Otro técnico outsider y persona muy allegada a Reutemann fue el Director de Vivienda y Urbanismo, un vecino suyo y arquitecto que le había diseñado su casa. Alberto Hammerly estuvo al frente del ente autárquico que manejaba el presupuesto para las obras de vivienda de toda la provincia y que fue re-jerarquizado como Secretaría al promediar el primer mandato del gobernador. A diferencia de Belfer, Hammerly se afilió al PJ y desarrolló una plena carrera político-profesional, presentándose a elecciones populares en varias oportunidades: fue presidente del Concejo municipal de Santa Fe (1995-1999), presidente de la Cámara de Diputados provincial (1999-2003) –siempre por el PJ– y ministro de Obras y Servicios públicos (2003-2007), luego de haber sido candidato a gobernador y perder frente a Jorge Obeid. Falleció en 2008.

La “peronización” del gabinete: Estado, líder y partido

Al promediar el gobierno Reutemann realizó un recambio en las posiciones ministeriales más encumbradas del gabinete que adoptó una característica particular: al calor del proceso de su afiliación y puesta al frente de la conducción del PJSF, algunos ministros y funcionarios no peronistas abandonaron el gobierno y otros replicaron la decisión del gobernador y se pasaron a las filas justicialistas. A poco de asumir el gobierno, algunos sectores importantes del peronismo local empezaron a expresar públicamente su disconformidad con el gobernador por la poca representación peronista que había en el gabinete. El vicegobernador Robles afirmaba:

Como peronista me gustaría que hubiera más justicialistas en el gabinete. Yo pienso que Juan Carlos Mercier y Andrés Mathurín, por ejemplo, son dos excelentes personas pero también creo que el justicialismo tiene hombres muy capaces para ocupar los cargos. El peronismo tiene una cantidad de dirigentes que perfectamente podrían ser convocados. Ello no quiere decir que esté en contra de los extra-partidarios […] Simplemente he expresado un sentir en cuanto a la proporcionalidad de hombres del justicialismo en el gabinete (Miguel Robles, vicegobernador entre 1991 y 1995. EL, 20/1/92).

Según su visión, los no peronistas eran necesarios “para una etapa inicial del gobierno”, que mostrase un contraste claro con las disputas y la crisis de representatividad que había padecido la dirigencia peronista anterior. Luego, la representación de funcionarios del PJ debería llegar a un “80% del gabinete” (EL, 19/1/92)[18].

Los ecos de esas primeras discusiones internas se empezaron a manifestar en algunos recambios de las segundas líneas del gabinete. Así, el que era subsecretario de Empresas, Obras, Vivienda y Servicios Públicos –el contador y empresario constructor Marcelo Vorobiof– fue reemplazado por un hombre del PJ (el ingeniero Daniel Depetris). Su perfil “demasiado empresarial” chocó con otros criterios que se barajaban dentro del gobierno, que tenían que ver no solamente con “un simple análisis económico o jurídico”. Según la prensa, “entre los motivos de este alejamiento no estuvieron ausentes los celos por su actuación que lo llevaron a un protagonismo dentro de la cartera, no siendo un hombre del justicialismo” (EL, 22/9/92).

Unos meses más tarde de la renuncia de Vorobiof, otro recambio se produjo en el gabinete: el ministro de Salud, Lorenzo Domínguez, enfrentando denuncias de corrupción realizadas por adversarios suyos en la municipalidad de Puerto General San Martín, renunció a su cargo. Fue reemplazado por otro (ferviente) peronista: el médico José Luis Imhoff, también ex deportista y entrenador de equipos de rugby. Imhoff provenía de una familia de médicos fuertemente identificada con el peronismo, aunque ninguno había ejercido cargo público alguno. La ceremonia de su asunción puso en escena elementos clásicos de la tradición peronista, tanto en las palabras del discurso del nuevo ministro como en la arenga que éste pronunció para que todos cantasen la marcha peronista. Dijo Imhoff:

Amigos y compañeros. Espero que con la ayuda de Dios y la mirada atenta del General Perón y María Eva Duarte de Perón pueda cumplir con las funciones asignadas […] Además de Dios está el Estado […] Donde hay una necesidad, hay un derecho […] Todos somos peronistas en la Argentina, sólo que pasa que algunos no lo saben (Nota: “Juró el Dr. Imhoff en un acto con marcado sesgo político”, EL, 16/12/92).

Finalmente, en julio de 1993 (a un mes de realizarse la interna partidaria en la que Reutemann se erigió como nuevo presidente del PJSF) se produjo la renuncia de extra-partidarios de primera línea que fueron reemplazados por nuevos funcionarios peronistas. Los recambios –en áreas sustantivas del gobierno– se dieron, por un lado, en la Secretaría General de Gobierno, donde el demoprogresista Andrés Mathurín fue suplantado por el peronista Horacio Rosatti, un joven abogado constitucionalista de 37 años que venía de cumplir sus funciones como secretario de Gobierno, Cultura y Acción Social de la municipalidad de Santa Fe (previamente, había ejercido como fiscal municipal de la misma ciudad)[19]. Según la prensa local, el recambio de Mathurín respondía directamente al pedido del justicialismo de preservar el cargo para un hombre de sus filas (EL, 23/7/93).

Por otro lado, la salida del entonces ministro de Gobierno, Jaime Belfer, fue producto de un enroque dentro del gabinete: el que era secretario de estado de Trabajo –Jorge Bof– reemplazó a Belfer en su cargo, mientras que aquél fue sucedido por quien era su segundo en la jerarquía de la secretaría laboral, el Dr. Celsio Ángel Fumis. Tanto Bof como Fumis eran hombres del MID que se habían pasado a las filas del justicialismo en el contexto de la afiliación del gobernador al PJ. Según la prensa, el motivo de la salida de Belfer del gabinete era “oxigenar” la cartera. Reutemann deseaba poner una figura con mayores dotes para la negociación política con los demás poderes y actores que integraban el Estado en sus diversas áreas. En el marco de los conflictos que se venían arrastrando hacía tiempo con las autoridades de la Policía (recambio de cúpula mediante) y de la poca fluidez con las autoridades de las Cámaras legislativas, el gobernador había visto “la necesidad de darle una renovada y más eficiente dinámica a la relación con el Poder Legislativo; mantener un diálogo más abierto con todos los sectores sociales y factores de poder y mejorar la interrelación con la cúpula policial” (EL, 23/7/93).

Para la mitad del mandato del gobernador, por lo tanto, la configuración de las cabezas ministeriales quedó casi completamente conformada por individuos con extracción justicialista (se cumplía, finalmente, el “80% de peronistas” que había solicitado el vicegobernador Robles):

Cuadro N° 6: Carteras, titulares y extracción partidaria del gabinete intermedio de Reutemann

Cartera ministerial

Titular

Extracción partidaria

Secretaría General de la Gobernación

Horacio Rosatti

PJ

Gobierno, Justicia y Culto

Jorge Bof

PJ

Hacienda, Obras, Servicios Públicos y Vivienda

Juan Carlos Mercier

MID

Agricultura, Ganadería, Industria y Comercio

José Augusto Weber

PJ

Educación y Cultura

Fernando Bondesío

UCR

Salud, Medio Ambiente y Acción Social

José Luis Imhoff

PJ

Secretaría de Estado de Trabajo y Seguridad Social (rango ministerial)

Celsio Fumis

PJ

Fuente: elaboración propia.

¿En qué contexto se dieron estos cambios en el sentido de la “peronización” del gabinete? ¿Nos hablan de algún proceso general por el que estaban atravesando los partidos en su relación con el Estado?

En cuanto a los factores coyunturales, este proceso se enmarcó en los cambios por los que estaba atravesando el peronismo a nivel nacional. Como desarrollamos en el capítulo 3, desde marzo de 1991 estaba en marcha el proceso de Actualización Doctrinaria menemista que buscaba consolidar el proyecto presidencial bajo el paraguas institucional del justicialismo (Palermo y Novaro, 1996). Hacia 1993, además de las elecciones legislativas de ese año, Menem necesitaba fortalecer el núcleo de dirigentes justicialistas para garantizar la Convención Reformadora de la Constitución a realizarse al año siguiente. En ese marco, se afiliaron al PJ numerosos dirigentes de otros partidos que apoyaban el proyecto menemista como, por ejemplo, desde el PDC y el MID[20].

A nivel local y en paralelo al desarrollo de aquél proceso nacional, el peronismo santafesino estaba atravesando la discusión sobre la “cuestión del Senador” (también analizada en el capítulo anterior). En su disputa con el presidente Menem por el candidato que sustituiría a la Senadora Gurdulich, Reutemann buscó dar muestras de su voluntad de conducir el justicialismo santafesino para así definir, desde el interior de la fuerza, las candidaturas y lugares de poder. Como vimos, este dilema se resolvió mediante la normalización del PJSF, el llamado a elecciones internas y la victoria de Reutemann como presidente del partido. El proceso de selección del senador nacional que atravesó todo el año 1992 hasta junio de 1993 fue, entonces, el marco político-partidario local que le dio sentido también a estos cambios de gabinete.

Ahora bien, ¿fue ésta una “peronización” del gabinete en el sentido de dotar al gobierno de funcionarios con peso partidario (De Luca, 2011)? ¿Importaba al gobernador a través de estas modificaciones dar mayor lugar a las estructuras del partido en las decisiones gubernamentales? ¿Fue ésta una manera de sostener las redes de base del partido, persiguiendo un objetivo organizacional (Scherlis, 2010)? Lejos de ello, interpretamos que esta nueva configuración del gabinete alejando a los extra-partidarios y colocando en los cargos de mayor jerarquía a individuos comprometidos –al menos, formal e institucionalmente– con el justicialismo, no tuvo que ver con perseguir propósitos vinculados a la lógica tradicional de integración de las agencias estatales con miembros del partido de gobierno (v. gr., lograr cohesión y disciplina partidaria, favorecer el financiamiento partidario a través de las cuotas de los funcionarios o fortalecer las redes de militantes). Por el contrario, estos cambios expresaban el despliegue de una nueva lógica de equilibrar el poder entre los miembros del gabinete por parte del líder del gobierno que, sin desatender los reclamos de algunos sectores del partido, buscase la homogeneización de los funcionarios en función de objetivos gubernamentales, esto es, de lograr un mayor control de las instituciones del Estado, reclutar expertos/políticos con habilidades técnicas y de negociación en las distintas agencias del gobierno y buscar apoyo entre distintos actores políticos y/o grupos de interés (ibid..). En el caso que analizamos, la motivación del gobernador fue dar señales claras tanto hacia los dirigentes locales como hacia el resto de los gobernadores peronistas y al propio presidente de la Nación de que él era el nuevo líder del gobierno y de la fuerza de gobierno.

En efecto, la muestra de que este cambio ministerial no consistía en una vuelta al reclutamiento de funcionarios en base al criterio partidario tradicional fue que la “partidización” de estos individuos se produjo desde sus cargos en el Estado y no desde una trayectoria partidaria anterior. Como describe Gerardo Scherlis –recuperando los elementos de la cartelización de los partidos políticos contemporáneos desarrollada por Katz y Mair (1995)– los partidos (de oposición, pero más aún los de gobierno) ya no son algo separado del Estado, así como tampoco los funcionarios (sean técnicos con o sin credenciales partidarias) son algo distinto del partido en el gobierno (Scherlis, 2008 y 2010). Efectivamente, en un país como la Argentina donde el proceso de des-institucionalización de los partidos (esto es, la tendencia a la personalización y estatización partidarias) ha alcanzado niveles importantes, afirma, “lo que llamamos el partido en el gobierno en la actualidad resulta precisamente de la capacidad del líder electo de incorporar a la gestión redes de expertos de confianza” (Scherlis, 2008: 168). Así, quienes integran esas redes de confianza y de expertise que componen en gran medida los elencos gubernamentales se convierten en “la cara visible del partido en el gobierno y su gestión será un componente central al momento de juzgar al partido en las próximas elecciones” (ibid..).

Como pudimos observar, numerosos individuos sin trayectoria partidaria anterior que integraron la gestión de Reutemann se convirtieron en políticos profesionales luego de su paso por las carteras del Ejecutivo provincial y llegaron a presentarse, incluso, como candidatos a cargos electivos. Por ejemplo, Roxana Latorre (subsecretaria de Desarrollo y Racionalización Administrativa) fue, luego de ocupar su primer cargo en el gobierno, Directora de Tercera Edad (1995-1997), Diputada Nacional por el PJ (1997-1999), secretaria de Promoción Comunitaria de la provincia (1999-2001) y Senadora Nacional por el PJ (2001-2015). Otro caso similar es el de Alberto Hammerly, un técnico outsider que se afilió al PJ desde su ejercicio como funcionario gubernamental y luego desarrolló una carrera político-pública bajo esta misma etiqueta (ver supra). También encontramos los casos de aquellos que se afiliaron al partido del gobernador aunque provenían de otros partidos, continuaron sus carreras bajo la relación de confianza entablada con el líder y respetaron su nueva pertenencia partidaria. Aquí aparecen los ejemplos típicos de los ex desarrollistas, como el del ministro Danilo Kilibarda (ver supra).

Sin embargo, el aspecto determinante en esta “peronización” del gabinete no es la identificación con el partido de gobierno sino la relación de los funcionarios con el líder del partido de gobierno. El primer elemento se encuentra subordinado al segundo. En efecto, en la era en la que los partidos son agencias semi-estatales (Katz y Mair, 1995) o, más radicalmente, organizaciones Estado-dependientes (Scherlis, 2010) que promueven preeminentemente la disputa electoralista (Panebianco, 1995), la organización partidaria pierde autonomía y centralidad con respecto a los representantes públicos, a los candidatos, al electorado de opinión y al financiamiento que le provee el manejo de los fondos públicos y el vínculo con los grupos de interés (por oposición a la importancia que tenían antes la organización, la cúpula partidaria y el voto y el aporte financiero de los afiliados). En ese marco, el principal distribuidor de los cuadros y cargos de gobierno es el líder electo del Ejecutivo (en este caso, el gobernador), quien centraliza el proceso (Scherlis, 2010).

Al mismo tiempo, sería incorrecto afirmar que la identificación de los funcionarios con el líder del gobierno sea un rasgo novedoso, menos aún en un partido carismático y centrado en la autoridad del líder como el peronismo. Sin embargo, el contraste con la dinámica de los gobiernos peronistas santafesinos que antecedieron al de Carlos Reutemann se advierte con claridad. Durante los años ochenta los funcionarios del gobierno eran seleccionados en función de un reparto equitativo consensuado entre las principales líneas partidarias (como lo abordamos en el capítulo 1 a partir de la lógica de la Cooperativa). Ese reparto incluía tanto a los sectores políticos como a los sindicales del peronismo santafesino. Así, por ejemplo, la Secretaría de Trabajo estaba destinada exclusivamente a los representantes de los sindicatos peronistas (Lacher, 2015). Con la asunción de Reutemann a la gobernación e, incluso, cuando “tutelaba” desde fuera del gobierno, las decisiones en torno a la designación de funcionarios dejaron de consensuarse con la estructura partidaria y pasaron expresamente por, o bajo el “visto bueno” de, su persona y su único criterio. Al respecto, un entrevistado nos decía:

¿Cuál era el patrón [de selección de los ministros]? Yo creo que era la intuición, el ver en una persona ciertos méritos que él consideraba que eran adecuados para ese momento y ese espacio, como si fuera un director técnico. Además, da la impresión de que son decisiones que no fueron consensuadas, sino que salieron de su propia cabeza. No creo que haya habido un grupo de asesoramiento en el cual él [confiara] […] Lo mismo para armar las listas, la lapicera con la libretita la tenía él y nadie más; hasta las doce menos cinco la gente no sabía en qué puesto estaba porque él y solamente él manejaba la lapicera con la libretita […] Más de una vez hay gente que se enteró que era candidato a senador después de las 12 de la noche, cuando ya se habían entregado [las listas]. Un ciego rasgo monárquico, por así llamarlo. No se podía discutir, porque no había legitimidad para discutir porque él era el dueño de los votos (Raúl Borello, secretario Legal y Técnico del Ministerio de Salud entre 1991 y 1994. Entrevista con la autora, 19/5/17).

Con respecto al sector gremial, la designación de Jorge Bof (y luego de su sucesor, Celsio Fumis) significó un quiebre con respecto a las administraciones peronistas anteriores. Ambos abogados provenientes del MID y luego afiliados al PJ, no eran figuras del sindicalismo. El primero de ellos, sin embargo, fue asesor jurídico de numerosos gremios (SMATA, Camioneros, Asociación Bancaria y Asociación Trabajadores de la Industria Lechera) y profesor de Derecho del Trabajo en la UNR. El segundo fue colaborador y síndico del Grupo Celulosa Moldeada y miembro del directorio del Colegio de Abogados y Procuradores de Santa Fe. En este sentido, uno de los entrevistados (que solicitó la reserva de su identidad) se refirió a que la exclusión de los miembros del sindicalismo de puestos clave del gobierno era una definición estratégica de Reutemann:

Me parece que el contexto nacional donde Carlos Menem los pulverizó a los sindicatos […], el Lole [Reutemann] hizo lo mismo. Porque para él los gremios eran un problema. Y él en eso tenía algunas definiciones claras: nunca un diputado de un gremio estatal […]. En el ’99 un sector del gremialismo arma La Casa de calle Laprida en Rosario […] y Reutemann los volvió a dejar afuera de las listas (LD, funcionario durante los gobiernos de Jorge Obeid entre 1996 y 1999. Entrevista con la autora, 24/8/16. A pedido del entrevistado, reservamos su identidad).

De este modo, con Reutemann se produjo (al igual que con la toma de decisiones partidarias) una centralización del proceso de designaciones de los funcionarios –de sus entradas y sus salidas, de los enroques, etc.– en función exclusivamente de los objetivos del gobierno y de la consolidación de su liderazgo gubernamental y partidario[21]. En relación con este punto, son ilustrativas las palabras de los entrevistados sobre el modo instrumental con el que Reutemann se relacionaba con sus ministros y concebía su lugar en el gobierno, resguardándose siempre en última instancia un espacio de autonomía propia (una “zona de libertad absoluta”) en las decisiones:

Lo de Danilo Kilibarda [ministro de Educación] es demostrativo de lo que yo te digo, Kilibarda fue un especialista en derecho penal, no era el perfil para un ministerio de educación. Sin embargo, a Reutemann no le importaba nada. Él quería a alguien que le de un diagnóstico de lo que había ocurrido durante toda esta época y entonces pone gente de confianza. Bueno, lo de Kilibarda sirve para demostrar cómo es despiadado con todos los políticos, él se entera de su renuncia, otra anécdota, leyendo el diario El Litoral [que] sale a la tarde, y Kilibarda en ese momento, estoy casi seguro, no lo sabía (Raúl Borello, secretario Legal y Técnico del Ministerio de Salud entre 1991 y 1994. Entrevista con la autora, 19/5/17).

El Lole siempre se reservaba una especie de zona de libertad absoluta para él. Y todo lo que hacía el resto de los funcionarios era casi como responsabilidad del resto. Era notable. Si un ministro decía ‘voy a hacer tal cosa’, decía ‘sí’. [Y si alguno generaba] un terremoto político el Lole [decía] ‘es una pelea del ministro de educación’. Eso lo vi en muchos casos. Si eso hubiera terminado en que Daniel [un ministro] se tenía que ir, y bueno, era un cambio de ministro. Pero al Lole no le hacía cosquilla eso, ni en lo personal, ni siquiera en su vínculo con la gente, él sabía que los votos eran de él. Él había quedado en otro escalón (Esteban Borgonovo, concejal de la ciudad de Rosario por el PJ entre 1991 y 1995 y ministro de Gobierno en 2002. Entrevista con la autora, 14/9/16).

Conclusiones. El gabinete del líder: confianza, trayectoria partidaria y expertise en el reclutamiento de la elite ministerial

En este capítulo analizamos la composición de las primeras y segundas líneas políticas de los gabinetes de inicio y de medio término de Carlos Reutemann, en vistas a identificar el tipo de apoyos con los que contó el gobernador para la conformación de la estructura central del gobierno y comprender los modos de ejercicio de su liderazgo gubernamental. ¿Seleccionó este outsider entre sus funcionarios políticos sólo individuos sin ninguna extracción partidaria, como lo era él al comenzar su actividad política? O, en términos de la literatura especializada, ¿distribuyó su gabinete solamente entre individuos “neófitos” en política y “técnicos independientes”? Cuando decidió darles a las principales figuras ministeriales un más marcado tono “peronista”, ¿a qué factores se debió dicha peronización?

Este propósito nos puso ante la observación de una serie de características particulares. En primer lugar, indagamos en la integración de su gabinete inicial para dar cuenta del tipo de vínculos y de acompañamiento con los que contó este ex piloto internacional de carreras en el umbral de su gestión como gobernador. Partiendo del supuesto de que no fue la variable del apoyo legislativo la que guió la conformación de su gabinete, reconstruimos tipos ideales de funcionarios (que incluyeron ministros/as, secretarios/as, subsecretarios/as e interventores/as provinciales) en función de otras variables. A partir de un muestreo teórico, encontramos que la confianza personal, la trayectoria político-partidaria y las competencias técnicas de los individuos fueron –por el contrario– los principales criterios de reclutamiento.

La tipología nos arrojó luz sobre una serie de aspectos que contrastan con las proposiciones que la literatura ha postulado para el caso de gabinetes de líderes outsiders en regímenes presidencialistas como el argentino. En primer lugar, quienes integraron el gabinete inicial de Reutemann portaron marcadas credenciales político-partidarias. Lejos de privilegiar un equipo de “neófitos” e “independientes” (Carreras, 2013; Siavelis y Morgenstern, 2008), este outsider distribuyó las distintas carteras (en más de un 60%) entre individuos con carreras más o menos aceitadas en la política profesional y en el desempeño de cargos públicos estatales. Entre ellos distinguimos tres tipos: los allegados partidarios, los políticos profesionales y los técnicos partidarios. Sin embargo, también otorgó áreas sustanciales de decisión (como el Ministerio de Gobierno o las segundas líneas de la Secretaría de la Gobernación) a individuos sin ninguna credencial partidaria ni experiencia en el manejo de las agencias del Estado; son los que hemos llamado outsiders puros y técnicos a-partidarios.

En segundo lugar, observamos que los atributos “técnicos” y “políticos” no son excluyentes sino que aparecen mezclados en la persona y en la trayectoria de un mismo individuo. En efecto, la formación y el desarrollo profesional en distintos campos científicos y académicos se dieron, en muchos casos, en simultáneo al despliegue de trayectorias militantes y político-partidarias en los diversos partidos políticos. La imbricación entre “Universidad” y “militancia” produjo cuadros técnico-políticos que proveyeron a los distintos gobiernos peronistas de Santa Fe (tanto en los años ochenta como en los noventa).

En tercer lugar, al inicio de su mandato Reutemann se movió con libertad para reclutar individuos de disímil extracción partidaria. Las cabezas de los distintos ministerios representaban a la casi totalidad del espectro partidario provincial: PJ, UCR, PDP y MID. En este punto, el gobernador se diferenció de sus predecesores peronistas que habían distribuido sus gabinetes preferentemente entre políticos pertenecientes al justicialismo (como analizamos en el capítulo 1).

Sin embargo, hacia la mitad de su mandato este ex deportista y empresario agropecuario produjo lo que denominamos una “peronización” del gabinete. En efecto, los puestos de primera línea –pero, también, entre las segundas líneas– pasaron a estar integrados casi en su totalidad por individuos con arraigo en el PJSF. Como describimos en la segunda parte del capítulo, el pasaje se produjo a partir de la remoción de algunos funcionarios no peronistas (del PDP o a-partidarios), por un lado, y de la afiliación de otros al peronismo (típicamente, los ex MID y algunos sin extracción partidaria previa), por otro. Dicha remoción atravesó un proceso en el tiempo a lo largo del cual primero fueron desplazados los funcionarios no peronistas de segunda línea para culminar el recambio a nivel de los ministros de algunas carteras.

¿Qué significó esta “peronización” del gabinete, reclamada públicamente por importantes sectores del justicialismo al gobernador? ¿Fue una vuelta a la lógica tradicional de integración de los ministerios en favor de distribuir poder hacia el interior de la organización partidaria que estaba en el gobierno? En otras palabras, ¿volvió Reutemann sobre el criterio de distribución ejercido por la Cooperativa durante los años ochenta?

Argumentamos que esta homogeneización de las principales figuras del gabinete en función de una identificación con el partido de gobierno no tuvo que ver con la lógica organizacional de integración de los cargos de gobierno sino con una nueva modalidad que perseguía objetivos estrictamente gubernamentales (Scherlis, 2010). En la era de la cartelización de los partidos (Katz y Mair, 1995) en general, y de la pérdida del sustento social-sindical del peronismo iniciada en los años ochenta pero sustanciada en los noventa (Levitsky, 2005) en particular, esta peronización del gabinete estuvo puesta al servicio de los intereses gubernamentales de la máxima autoridad del Ejecutivo y de su propósito de disciplinar la fuerza partidaria de la que era reciente conductor. En otros términos, la peronización del gabinete vino de la mano de la estatalización del PJ.

En efecto, el contexto de este cambio peculiar de los miembros del equipo ministerial estuvo marcado por los vaivenes del peronismo gobernante, tanto en relación a las estrategias de su líder nacional (el presidente Menem) como a las de su líder local, el gobernador Reutemann. El primero, buscaba ganar las elecciones legislativas de 1993 en las cuales también se votaban convencionales constituyentes para la Reforma Constitucional con reelección del año siguiente, para lo cual Menem había lanzado la estrategia de afiliación de nuevos dirigentes provenientes de otros partidos políticos que apoyaban su proyecto de reformas. En ese marco, numerosos dirigentes santafesinos se afiliaron al justicialismo, entre quienes había algunos integrantes del gabinete (por ejemplo, los ex MID como Bof y Fumis, y algunos a-partidarios que se afiliaron al PJ, Como Latorre y Hammerly).

Al mismo tiempo, Reutemann buscaba consolidar su propio liderazgo frente a la estructura local del peronismo y a la figura del presidente Menem. Desprendiéndose de su condición original de “extranjero” político se garantizó consolidar su liderazgo no sólo como líder del peronismo sino –fundamentalmente– como líder máximo del gobierno. Esa ambición lo llevó a desplegar un modo personalizado y autónomo en la toma de decisiones de gobierno (respaldado en su potente legitimidad popular) que implicaba, no obstante, responder a las demandas que persistían en el tiempo y buscar un modo de resolverlas. Entre ellas se encontraba la resistencia de algunos miembros del PJ a quedar marginados de la dirección de las principales áreas de política pública del Estado provincial. En vistas a conducir y gobernar esos reclamos, Reutemann realizó el recambio ministerial de medio término que analizamos aquí.

En suma, los cambios de gabinete abordados muestran con claridad la particular combinación de elementos “tradicionales” de distribución de cargos políticos en el Estado (v.gr., atender los requerimientos de los miembros orgánicos del partido de gobierno) con elementos más modernos relacionados con la lógica estatal-gubernamental de integración de los mismos. Esta forma de transitar entre viejas y nuevas estrategias de integración de las más altas estructuras estatales fue reflejo del modo sui generis que desplegó Reutemann para ejercer su liderazgo gubernamental.

En el próximo capítulo, referido a la configuración de la identidad peronista bajo el liderazgo de Reutemann, analizaremos una ruptura más radical con respecto al pasado. Los elementos tradicionales de la identidad (presentes en el peronismo santafesino de los años ochenta) serán dejados de lado para configurar un nuevo sentido del “ser peronista” en la provincia de Santa Fe.


  1. En el artículo 72, inciso 6, de la Constitución de la Provincia de Santa Fe se expresa: “El gobernador de la Provincia nombra y remueve a los ministros, funcionarios y empleados de la Provincia, con arreglo a la Constitución y a las leyes, siempre que el nombramiento o la remoción no competa a otra autoridad”.
  2. Nos referimos al funcionariado designado por el titular del Poder Ejecutivo Provincial.
  3. Esta definición de elite abreva en la noción millseana que concibe a los individuos como miembros de una elite según la posición institucional que ocupan, y no según la función que cumplen (Mills, 1987).
  4. Excluimos del análisis a los directores provinciales, que son –al igual que sus superiores– también designados por el gobernador. Esta decisión se fundamenta en que: 1) no pretendemos hacer un abordaje exhaustivo del gabinete sino identificar tipos ideales (Weber, 1992) de funcionarios que resalten determinados atributos presentes en los individuos indagados, según un muestreo teórico y no estadístico; 2) la ampliación del número de cargos, su superposición y la versatilidad constatada a nivel de las direcciones (altas y bajas de cargos en una misma semana), dificultaba tanto un relevamiento riguroso como su categorización en los distintos tipos.
  5. Cfr. capítulo 3.
  6. El pasaje de outsider a insider político-partidario constituye un continuum del cual es difícil establecer momentos “cero” y etapas tajantes. Sin embargo, consideramos un recurso analítico válido construir hitos o coyunturas clave que pongan de manifiesto los desplazamientos que un outsider experimenta a lo largo del tiempo. La composición de los gabinetes de Reutemann expresó, como veremos aquí, los cambios que éste operó en su relación con el PJ.
  7. Esta característica constituyó una diferencia notable del liderazgo de este outsider con respecto a los de otros de su misma especie. Por ejemplo, el ex cantante y empresario Ramón “Palito” Ortega, gobernador de Tucumán por el Frente de la Esperanza (FE) –que nucleaba al PJ y a partidos menores– no había casi incorporado referentes del PJ a su gobierno (Novaro, 1994). Otro es el caso del empresario Jorge Escobar, gobernador de San Juan durante la misma época, quien al asumir su mandato había constituido un “gabinete de outsiders” (con referentes exclusivamente técnicos y extra-partidarios) dejando a un lado a los dirigentes y sectores del PJ que lo habían acompañado en su candidatura (Rodrigo, 2013).
  8. Así, por ejemplo, si la respuesta ante esa pregunta era “porque yo tenía experiencia en el área”, exploramos con otras fuentes (su Curriculum Vitae, etc.) la trayectoria del individuo; o si la respuesta era “me convocó porque estaba a la búsqueda de figuras nuevas para que colaboran con el gobierno” se constató que, efectivamente, el individuo no poseyera actividad político-partidaria o cargos públicos previos ni ningún vínculo con actores de ese universo, a través de biografías, material periodístico, CVs; etc.
  9. Otros autores comparten similares conclusiones, aunque desde el análisis de distintos objetos de estudio. Por ejemplo, Gerardo Scherlis (2010) analiza los criterios por los cuales los líderes ejecutivos (nacionales y provinciales) seleccionan a sus funcionarios en tiempos donde los partidos políticos no son más los principales reclutadores de cuadros de gobierno; éstos son: “el vínculo personal”, la “expertise” y en una medida muy menor la “afiliación partidaria”. En el mismo sentido, Mariana Gené (2014) habla de “expertise”, “cercanía con el presidente” y “vínculos extrapartidarios” al analizar los ministros del Interior. Por su parte, Guido Giorgi (2014b) considera que el reclutamiento de los ministros de todos los gabinetes argentinos se organiza en torno a cuatro vectores: “sectorial”, “profesional”, “temporal” y “político-partidario”.
  10. El universo de funcionarios que consideramos aquí consta de 7 individuos con cargo de ministros, 11 con cargo de secretarios, 22 con cargo de subsecretarios y 4 interventores provinciales (total: 44). La lista completa de los funcionarios con el tipo al que corresponde se puede ver en el Anexo.
  11. Reutemann hizo uso de los escasos vínculos familiares que tenía con extracción justicialista para ubicarlos en el Poder Legislativo provincial. Fueron los casos de Julio Gutiérrez (primo de su primera esposa y escribano suyo, que fue presidente del bloque reutemannista de la Cámara de Diputados) y de Mario Esquivel (diputado provincial, y hermano de Domingo Esquivel).
  12. Robles fue un dirigente de la ciudad sureña de Villa Constitución que no formaba parte, sin embargo, de las primeras líneas del partido. Fue secretario de gobierno de la municipalidad de Villa Constitución (1973-1975), senador provincial (1987-1991), vicegobernador (1991-1995), diputado nacional (1995-1999), director del Ente Regulador de Servicios Sanitarios (ENRESS) [1999-2001] y senador nacional en 2001. Fue, también, vicepresidente del PJSF durante la presidencia de Reutemann.
  13. Todo el gabinete de Kilibarda también portaba un perfil político-profesional: eran mayoritariamente políticos del MID que, en algunos casos, el ministro conocía desde los inicios de su actividad política en los años 60.
  14. Todos los funcionarios del gabinete conducido por Domínguez eran peronistas.
  15. La mayoría del personal subordinado a Mercier en el Ministerio de Hacienda portaba un perfil similar: profesionales (en su totalidad, contadores públicos) con experiencia en el sector público, con actividad académica y con filiación en el PDP.
  16. Esta misma característica se le atribuyó a Domingo Cavallo y a otros ministros del ex presidente Menem. Al respecto, cfr. Gené (2014).
  17. Un perfil similar tuvo su par de Santa Cruz, Julio de Vido, quien concentró la dirección de ambas carteras ministeriales (Sosa, 2014).
  18. El gobernador de San Juan Jorge Escobar –también un outsider atravesó un proceso similar de cuestionamiento por parte de los peronistas que reclamaban “una peronización del gobierno” (cf. Rodrigo, 2013: 143-146).
  19. Rosatti desarrollará una extensa carrera política, siempre bajo la etiqueta del PJ. Entre 1995 y 1999 fue intendente de Santa Fe; fue Procurador del Tesoro de la Nación (2003-2004); Ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación (2004-2005) y desde 2016 Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En función de su perfil, por lo tanto, su reclutamiento estuvo ligado también a la necesidad de contar con peronistas expertos en constitucionalismo, en vistas a la Reforma Constitucional del año 1994. Así, Rosatti ocupó uno de los primeros lugares en las listas para convencionales constituyentes por el PJ (número 7) en representación de Santa Fe (EL, 31/5/93).
  20. Notas: “El PJ tiene nuevos afiliados provenientes del desarrollo” y “La cúpula democristiana santafesina se afilió al PJ” (EL, 27/2/93 y 27/4/93).
  21. Otros gobernadores que también provinieron del exterior del campo político realizaron, como mencionamos más arriba, intentos semejantes para lograr disciplinar al peronismo que los sostenía en el gobierno (mediante, por ejemplo, la incorporación de más peronistas en el gabinete). Sin embargo, no lograron conducir la fuerza como sí lo hizo Carlos Reutemann. Sobre Jorge Escobar en San Juan (quien fue destituido mediante un juicio político), cfr. Rodrigo (2013); y sobre Ramón Ortega en Tucumán (quien no logró consolidar su liderazgo sobre una base de apoyo propia en el peronismo o en otra fuerza y se mantuvo siempre sobre su legitimidad de celebrity popular y al amparo de la figura de Menem), cfr. Novaro (1994) y Giorgi (2014).


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