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Introducción

Susana Finquelievich

No mar estava escrita uma cidade

Carlos Drummond de Andrade

¿Cómo surgen las innovaciones sociales y tecnológicas? ¿Cómo se desarrollan las innovaciones socio-técnicas? ¿Cuál es la relación entre las industrias creativas y la innovación productiva? ¿Cómo influencian el desarrollo, fundamentalmente en las ciudades? ¿Qué políticas públicas la favorecen o las inhiben? En síntesis, ¿Cómo se navega el proceloso mar de la innovación, y quiénes son sus navegantes?

Este libro, que intenta responder a estos y otros interrogantes, está concebido como una puesta en común de los trabajos de seis investigadores que exploran temas similares y que comparten intereses y curiosidades. Presenta los hallazgos de cuatro proyectos de investigación centrados sobre contenidos diferentes, pero que comparten una temática común; los impactos de la innovación productiva (con énfasis en la innovación socio-técnica) en el desarrollo local. Se muestran diversos puntos de abordaje de las facetas de la innovación: las industrias culturales, los laboratorios vivientes, las políticas públicas, el emprendedorismo, el rol de los diversos actores sociales, sus impactos sobre las sociedades y las ciudades, y finalmente, la construcción actual de los futuros posibles.

Primera Parte: Las políticas sobre tecnología e innovación

De acuerdo con la definición incluida en la tercera edición del Manual de Oslo (OCDE, 2005), innovación es la introducción en el mercado de un producto o proceso significativamente mejorado, o bien el desarrollo de nuevas técnicas organizacionales y de marketing. Como recuerdan Schiavo et ál. (2013), las innovaciones, analizadas desde una perspectiva económica, son validadas exclusivamente por el mercado. En cambio, en el nuevo sistema de innovación que posibilitan las TIC, su validación, si bien no excluye al mercado, implica a otros sectores de la sociedad, como son el espacio científico-tecnológico, el gubernamental y la propia sociedad civil. Schiavo et ál. plantean que la innovación consiste en la transformación de una idea en producto, servicio o proceso, nuevo o mejorado, cuya aplicación o introducción en el mercado genera valor adicional. Este valor puede ser económico o socio-ambiental, y se da en diferentes casos. Puede tratarse de la introducción de un producto nuevo o de un cambio cualitativo en un producto existente. Otra forma de innovación puede darse mediante un cambio de procesos en la industria, a través de la implementación de nuevos métodos organizacionales tanto en la producción como en la práctica del negocio. La apertura de un nuevo mercado en el que un área específica de la industria aún no haya penetrado también es una forma de implementar la innovación, tanto como el desarrollo de nuevas fuentes de provisión para materias primas u otras contribuciones.

En este libro, este concepto se amplía: se considera innovación al proceso que lleva a la difusión de un nuevo producto o procedimiento (ya sea este tecnológico, organizacional o de difusión) o a su mejora significativa, así como a su apropiación por diversos actores sociales (Finquelievich, 2012).

Respecto del análisis de los indicadores de innovación, Albornoz (2009) plantea un interrogante esencial: ¿sirve la traslación directa de las categorías usadas en el mundo desarrollado para ser aplicadas a los países de América Latina? Albornoz sostiene que no toda innovación es positiva. Existen innovaciones que acarrean costos sociales no aceptables para sociedades como las latinoamericanas, caracterizadas por una fuerte polarización socioeconómica e inequidad social. En sociedades sin pleno empleo, algunas innovaciones pueden ocasionar la pérdida del empleo de algunos sectores sociales, que no siempre puede ser absorbida por los nuevos conocimientos generados por el proceso innovador. No es deseable trasladar automáticamente los mecanismos que han sido exitosos en Europa o América del Norte a la realidad latinoamericana, puesto que no se trata del mismo contexto social, político, cultural, económico.

La brecha entre los países desarrollados y los que se encuentran en vías de desarrollo respecto de la innovación y el acceso al conocimiento resulta cada vez es más amplia, lo que se exige a los países colocados en la segunda categoría redoblar esfuerzos para no quedar al margen de los avances tecnológicos y científicos que operan a escala mundial. Como señala Albornoz (2009: 20) en referencia al rol que debe cumplir la región:

“las políticas de innovación deben ser redefinidas y enriquecidas, no sólo para aprovechar al máximo las oportunidades que ofrece el cambio tecnológico, sino para impulsar un estilo de conducta innovadora que haga posible evitar la exclusión social y ayude a atenuar la brecha de riqueza entre países y grupos sociales”.

Tres caminos confluyentes

El libro está organizado en tres partes, tres caminos comunicados entre sí por el análisis de la innovación y que confluyen a un fin común: los futuros posibles.

La primera parte propone los elementos conceptuales que se manejan en la totalidad de la obra, y proporciona un panorama crítico sobre las políticas públicas que incluyen los sucesivos capítulos. Expone tres apartados: uno de ellos es el profundo trabajo de Silvia Lago Martínez sobre la evolución de las industrias creativas. La economía creativa o industria creativa es el sector de la economía que involucra la generación de ideas y conocimiento. El concepto abarca esencialmente la industria cultural (arte, entretenimiento, diseño, arquitectura, publicidad, gastronomía) y la economía del conocimiento (educación, investigación y desarrollo, alta tecnología, informática, telecomunicaciones, robótica, nanotecnología, industria aeroespacial).[1]

La UNESCO (2017) define las industrias creativas como aquellos sectores de actividad organizada que tienen como objeto principal la producción o la reproducción, la promoción, la difusión y/o la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial. Este enfoque no sólo enfatiza los productos propios de la creatividad humana que son reproducidos industrialmente, sino que otorga importancia a la cadena productiva y a las funciones particulares que realiza cada sector para hacer llegar sus creaciones al público. Esta definición incluye a actividades relacionadas como la publicidad y el diseño gráfico, que contribuyen decisivamente en este proceso.

Debido a la profunda brecha existente entre las industrias culturales del norte y el sur del mundo, el desafío, según UNESCO, residiría en reforzar las capacidades locales, mejorar el acceso a los mercados mundiales a través de nuevas asociaciones, fomentar la ayuda de expertos, la lucha contra la piratería y la defensa de la propiedad intelectual. Con respecto a este tema, Lago Martínez analiza la evolución de las políticas públicas referentes a las industrias creativas en Argentina, y los impactos de dichas industrias en la economía nacional.

El segundo capítulo se centra en la innovadora investigación de Fernando Bordignon, de la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE) sobre los laboratorios vivientes como motores fundamentales de la innovación abierta basada en el conocimiento. Bordignon aborda la innovación socio-técnica, explicitando que en general el término innovación se asocia a procesos de invención y creatividad orientados a los valores económicos y a los mercados, pero que su uso y aplicación no se restringen únicamente a ellos[2]. La explica como la capacidad de las personas para explotar una idea o un método nuevo, de manera correcta, a los efectos lograr alcanzar un efecto deseado. Conejero (2016) menciona una serie de elementos compartidos asociados al concepto de innovación social, de los que citaremos: a) Satisface necesidades humanas que no son atendidas, debido a escasez de recursos, por situaciones de oportunidad política, o porque desde el sector público o privado no se visibiliza su importancia; b) Origina cambios en las relaciones sociales, centrados especialmente en la gobernanza, debido a que se produce un incremento de los niveles de participación de la sociedad; c) Promueve la capacidad socio-política y el acceso a los recursos necesarios en pos de mejorar el empoderamiento ciudadano.

Bordignon se focaliza en el análisis de los laboratorios ciudadanos, en los que la innovación es su razón de existencia. El concepto de Laboratorios Vivientes o Laboratorios Ciudadanos fue originado por el científico finlandés Jarmo Suominen (aunque también se le atribuye al norteamericano William Mitchell, del Massachussts Institute of Technology), entre otros, como una manera de explorar el desarrollo tecnológico en un contexto social real. Actualmente se emplea para cubrir una amplia gama de metodologías de investigación que asocian a los individuos (usuarios finales) con las TIC. Los contextos reales y vivientes en los que se desarrollan estas experiencias y en los que se experimentan innovaciones estimulan las investigaciones, constituyendo desafíos en la apropiación social de las innovaciones. Tanto los funcionarios gubernamentales como la sociedad civil organizada y los ciudadanos no sólo participan en estos laboratorios vivientes, sino que también contribuyen al proceso de innovación, manifestando necesidades y experimentando nuevos usos.

Los Laboratorios Vivientes (LV), city labs, o media labs, se han implementado como instrumentos para facilitar este proceso de integrar a los usuarios como co –creadores de la innovación. En la Economía del Conocimiento es necesario trasladarse a una perspectiva de la empresa como co-creadora de conocimiento, que aprende y crea valor con sus clientes, asociados, comunidades e instituciones de investigación. El enfoque sobre los usuarios como co-creadores requiere de nuevas relaciones multidireccionales, así como de la definición de nuevos mecanismos y procesos para estos procesos innovadores altamente interactivos. Los LV son una respuesta a estas necesidades; representan un ambiente de innovación nuevo y abierto, en el cual el proceso de co-creación puede reforzarse y alentarse. Combinan infraestructura avanzada, metodologías, herramientas y comunidades, con el fin de facilitar un proceso de innovación interactivo. Mientras en el mundo en red la co-creación se produce de muchas maneras, los LV proporcionan un ambiente propicio para la innovación sistémica en un ambiente real. Incluirán innovación de productos, innovación de modelos de negocios, innovación de políticas e innovación social (Finquelievich (2016). Éstos sólo existen como Laboratorio Viviente si cumple la condición de facilitar el acceso y formación a los usuarios para que se involucren activamente en la búsqueda y hallazgos de nuevas soluciones.

Bordignon actualiza el análisis de la co-creación de innovaciones por medio de laboratorios vivientes en sus diversos tipos, y lo ilustra con estudios de caso en profundidad, como el ejemplo del Medialab-Prado de Madrid, para los cuales ha producido nuevos conocimientos de primera mano.

La primera parte concluye con el capítulo de Patricio Feldman, quien analiza el rol del Estado en los procesos de innovación socio-técnica, a través de una investigación sobre los tipos de políticas públicas de innovación socio-tecnológica implementados en Argentina y particularmente en la Provincia de Buenos Aires entre 2004-2016. El autor se focaliza en el sector de Software y Servicios Informáticos (SSI). Para ello, ha realizado un minucioso estudio de caso y desarrollado una metodología específica para analizar los diversos roles del Estado en la innovación productiva. Esta investigación se complementa con el desarrollo de un análisis sobre la actual ideología emprendedorista. El capítulo opera como conector entre las dos primeras partes del libro: por un lado, refuerza el papel de las políticas públicas ya expresado en los capítulos anteriores; por otro, provee el marco indispensable para la cabal comprensión de los estudios de caso de los procesos de generación de innovación productiva en Bahía Blanca, Tandil y La Plata, que se presentan en la segunda parte.

Como se verifica en dichos estudios de caso, el análisis de los procesos de innovación productiva en entornos urbanos y la conformación de redes de innovación a escala local constituyen modos de abordar la investigación sobre las problemáticas del desarrollo local en un mundo globalizado. El creciente avance tecnológico y el peso específico de la C&T+i en el aparato productivo estimulan a los gobiernos locales, a las empresas, a las universidades y (con menor frecuencia) a asociaciones ciudadanas a tomar medidas para impulsar la incorporación del conocimiento a la producción. Las ciudades cobran mayor relevancia y se configuran como entornos favorecedores de la innovación.

En definitiva, la ciudad es un gran tubo de ensayo, un laboratorio viviente en sí misma. El mero hecho de experimentar hace mover las ruedas del desarrollo. Tal como señala Lévy (2004), es importante constituir colectivos inteligentes que partan de una idea básica: “la inteligencia está repartida en todas partes”. La inteligencia colectiva no puede desprenderse del contexto cultural en el que se desarrolla. Está en todas partes, es global, pero anclada a una realidad local que le da sentido y sustento. No se trata de un concepto abstracto, sino que se remite a las relaciones sociales.

Es necesario generar sistemas locales que puedan integrar los conocimientos con las realidades locales. El carácter relacional de la inteligencia colectiva implica pensar cómo generar redes de innovación en las ciudades que logren potenciar el vínculo entre los actores de la innovación y las necesidades de la comunidad en la que se inscriben. No es el desarrollo económico el que “empodera” a la sociedad, sino que es el empoderamiento de la sociedad el que impulsa el desarrollo económico.

Segunda parte: Innovación productiva en tres ciudades

La segunda parte del libro se focaliza sobre los hallazgos de dos proyectos del equipo I-Polis: el proyecto del Consejo Nacional de investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET – PIP 2013-2016): “Innovación y ciudades en Sociedad de la Información: procesos, actores y resultados en tres ciudades de la Provincia de Buenos Aires“, y en el PICT FONCYT (2014 – 2017): “Desarrollo local e innovación productiva en la sociedad de la información: redes, actores y procesos en tres ciudades”, ambos dirigidos por Susana Finquelievich. El libro rescata las principales características de producción de innovación de los tres territorios a examinar.

Las investigaciones tuvieron como objetivo analizar las relaciones entre las ciudades y los procesos de innovación socio-tecnológica centrados en las tecnologías de información y comunicación (TIC), considerando factores como el tamaño de la ciudad en términos poblacionales, la presencia de actores de la innovación (universidades activas en I+D, empresas de tecnología de punta, gobiernos locales interesados por innovación en el desarrollo local y organizaciones comunitarias activas) y la conformación de redes de innovación productiva entre los mismos. El desarrollo de los proyectos llevó a los investigadores a efectuar un recorte en el universo de estudio y focalizarse sobre el sector del Software y Servicios Informáticos (SSI).

Las investigaciones sobre innovación productiva en el desarrollo local se propusieron identificar la relación existente entre el tamaño de una ciudad en términos poblacionales y los grados de innovación socio-técnica alcanzados. Se aplicaron sistemas de medición de la innovación según indicadores nacionales e internacionales y se profundizan conocimientos sobre metodologías específicas para analizar, medir y comparar procesos de innovación en áreas urbanas. Otro objetivo fue el de analizar, mediante el estudio de actores de la innovación y sus interrelaciones, los procesos mediante los cuales se construyen redes de innovación a nivel local y regional, que permiten la formación de espacios y procesos innovativos en sectores económicos relevantes para el desarrollo regional. Finalmente, el equipo se propuso formular, en base a las conclusiones extraídas, propuestas de estrategias y políticas públicas dirigidas a gobiernos locales para promover la innovación en las ciudades, ligadas a la sociedad de la información y a las políticas de Ciencia y Tecnología. La metodología es cuantitativa y cualitativa. Se realizan estudios de caso en tres ciudades de diferente tamaño en la Provincia de Buenos Aires, que cuentan con universidades y polos tecnológicos, y en las que se desarrollan actividades de I+D en bienes y servicios de base TIC: La Plata, Bahía Blanca y Tandil.

El filósofo Pierre Lévy (2004) afirma que el desarrollo creciente de colaboración y de alianzas es un testimonio manifiesto de la importancia de las redes de innovación. Nuevas competencias deben ser importadas, producidas, instaladas permanentemente (en tiempo real) en todos los sectores. Las organizaciones deben abrirse a una circulación continua y permanentemente renovada de conocimientos científicos, técnicos, sociales o incluso estéticos. El skill-flow condiciona el flujo de fondos. Si esta renovación decrece, la empresa o la organización está en peligro de esclerosis y posteriormente, de muerte. El conocimiento se ha convertido en la nueva infraestructura (Lévy, 2004).

Un autor en particular ha influido las hipótesis que guiaron estos trabajos. Steven Johnson (2010), al referirse a los espacios de la innovación, plantea que el tamaño de las ciudades, en número de habitantes, tiene relación con la generación de innovaciones. El físico Geoffrey West, del Santa Fe Institute (2007) ha generado un modelo que manifiesta que la manera en que las ciudades han sido construidas proviene de los patrones de la biología: mientras mayor es la ciudad, más rápidamente se generan en ella las ideas innovadoras. Si se considera una cantidad fisiológica típica y se la compara con el tamaño del organismo, se encuentra una relación importante: la tasa de metabolismo basal, por ejemplo, se mantiene en una proporción de ¾ del poder o fuerza de la masa de un cuerpo. Si la tasa metabólica crece M ¾, entonces la tasa metabólica por unidad de masa se mantiene en la proporción M ¾[3]. West y sus colegas sugieren que estas proporciones “universales” surgen de las propiedades universales de las redes, que subyacen y organizan a los fenómenos biológicos. Si se visualiza a un sistema biológico de transporte, como el sistema respiratorio o el circulatorio, es innegable que es una red jerárquica, comunicada, cuyas unidades terminales (los capilares más minúsculos, o los alvéolos) tienen todos el mismo tamaño. De todas las redes que pudieran existir, y que satisfagan estas propiedades, las redes que sí existen han sido optimizadas por la selección natural para maximizar la eficiencia (Finquelievich, Feldman y Fischnaller, 2013).

Ese razonamiento sobre las propiedades dinámicas de las redes puede, según West y sus colaboradores, aplicarse a las ciudades. La consecuencia que resulta interesante para nuestros estudios sobre redes y procesos de innovación es que el tamaño de las ciudades estaría relacionado a la generación de innovaciones socio-técnicas. Para Johnson (2010) las Leyes de poder de West sugieren que una metrópolis con una población de 5 millones de habitantes es tres veces más creativa que una ciudad de 100.000 habitantes. Una de las razones que utiliza es que a mayor número de gente concentrada en un territorio, existe mayor número de conexiones posibles que puedan ser formadas en el grupo, y por consiguiente, mayores posibilidades de derrame de ideas. Las buenas ideas podían encontrar su camino hacia otros cerebros y ser desarrollada en ellos. Los economistas tienen una expresión que define estos flujos; “information spillover” o derrame de información. Efectivamente, la humanidad aceleró el ritmo de producción de innovaciones (desde el jabón hasta el alfabeto, desde las velas hasta las ruedas) a partir del periodo situado entre los años 10.000 AC y 2000 AC, cuando las ciudades comenzaron a construirse y se desarrollaron (Johnson, 2010).

Uno de los requisitos para la producción de innovaciones es no sólo la circulación de ideas e información, sino su conservación como conocimiento, para poder construir sobre esa masa crítica conocimientos mayores y más innovadores. En las redes de relación de aquéllas ciudades, las ideas comenzaron a difundirse, y a través de esta difusión, a ser conservadas, por vía oral, escrita, por medio de imágenes, para las futuras generaciones. Esta corriente fue repetida en las ciudades europeas del Renacimiento. Los historiadores han señalado la conexión entre el florecimiento artístico, científico y cultural del Renacimiento y la formación del capitalismo temprano en la región. Este capitalismo inicial implicaba innovaciones en sistemas bancarios, contabilidad, seguros, caminos para comerciar. Las ciudades y los mercados contribuían, más que los feudos cerrados y los castillos del Medioevo, a difundir y acumular innovaciones, de modo que las innovaciones útiles pasaron a un acervo colectivo.

Esto no significa que, concentrados masivamente, los habitantes urbanos se volvieran más inteligentes o más creativos. Simplemente, se aumentaba el número de personas que pudieran producir nuevas ideas o aprovechar ideas en circulación, así como se incrementaba la posibilidad de que dos o varias de estas ideas hicieran sinapsis. No se trata aquí, como expresa Johnson, de la sabiduría de las masas, sino de la inteligencia de alguien en la masa, que podía difundirse, concretarse, y generar más y mejores innovaciones en las redes urbanas. No es la red la que se torna inteligente. Son los individuos los que se vuelven más inteligentes e innovadores, porque están conectados a esa red.

Los sistemas territoriales de innovación: La Plata, Bahía Blanca y Tandil

En esta segunda parte Patricio Feldman y Ulises Girolimo aportan nuevos conocimientos sobre tres estudios de caso que analizan los procesos de innovación productiva en La Plata, Bahía Blanca y Tandil. En ellos, analizan los procesos de innovación socio-tecnológica en el sector del SSI. Se focalizan en identificar a los actores intervinientes, los tipos de interacción y articulación que promueven y desarrollan, las iniciativas que lograron generar y los desafíos que enfrenta la ciudad para consolidar y profundizar los procesos de innovación en marcha.

Alburquerque plantea que el conjunto de instituciones de carácter territorial que contribuyen a los procesos de innovación, conforman un sistema territorial de innovación, compuesto por instituciones públicas y privadas que producen efectos en el sistema que estimulan a las empresas locales a adoptar normas, expectativas, valores, actitudes y prácticas comunes; en síntesis, una cultura de la innovación que es reforzada por los procesos de aprendizaje colectivos (2008). De acuerdo con Alburquerque, pero incluyendo en este concepto a los ciudadanos, sostenemos que un ecosistema innovador implica “la acción combinada en un territorio de un gobierno local centrado en el ciudadano y proclive a la innovación; empresas de todo tamaño dedicadas a la innovación, es decir que consiguen transformar los avances científicos tecnológicos en nuevos productos y procesos, o que utilizan de manera sistemática la aplicación de innovaciones para mejorar la organización de la gerencia empresarial y del proceso productivo, así como de una masa crítica de emprendedores concentrados en una zona geográfica; una fluida conexión entre las universidades, centros tecnológicos y empresas; fuentes de financiación y capital de riesgo. El modelo busca la especialización y flexibilidad y dispone de líderes locales, y de una población no sólo permeable en forma creciente a las innovaciones, sino que pueden ser prosumidores de las mismas, y participantes de procesos de aprendizaje permanente” (Finquelievich, Feldman y Girolimo, 2017).

Estas investigaciones presentan el interés agregado de que el trabajo de campo ha comprendido el cambio de gobierno acontecido en diciembre de 2015, desde la presidencia de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner a la del Ing. Mauricio Macri, con los consiguientes cambios de gestión a nivel provincial y local. Este transición ha opuesto algunos obstáculos a las investigaciones, dado que en algunos casos fue necesario reconstruir sistemas enteros de contactos, sobre todo con funcionarios provinciales y municipales. Sin embargo, ha añadido el elemento interesante (y picante) de comprobar los cambios introducidos por gestiones de signos opuestos. La investigación analiza estas acciones de partidos políticos de distinto carácter y sus consecuencias, no sólo a nivel de las políticas pública explícitas o implícitas, sino sobre las acciones e iniciativas de los otros actores sociales participantes en el territorio.

En el caso de La Plata, Feldman introduce el concepto de sistema metropolitano de innovación, en el que estudia el caso de la Ciudad de La Plata como nodo del Sistema Regional de Innovación (SRI) más relevante de Argentina. Observa que la ciudad y su conurbano constituyen, en sí mismos, en su entramado de actores sociales, en las interacciones entre los mismos, un sistema local de innovación. El análisis de esta doble condición posibilita, por un lado, el esclarecimiento del papel que ocupa la ciudad dentro de un SRI más extenso que incluye la Ciudad de Buenos Aires y otros municipios del Conurbano, y por otro, identificar los aspectos específicamente locales de los procesos de innovación que se desarrollan en el territorio urbano y regional.

Una de las contribuciones más originales del capítulo a este nuevo campo del conocimiento es la construcción de tipologías de intervenciones del Estado en los procesos de innovación, de los actores locales, las empresas de SSI situadas en el territorio, y las redes entre estos actores, entre otras. Lo valioso de esta metodología es que puede ser aplicada a trabajos de investigación sobre diversos procesos de innovación, productiva y socio-técnica.

En el análisis de Bahía Blanca, Girolimo se pregunta: ¿Qué políticas, iniciativas y estrategias existieron en Bahía Blanca durante el período 2004-2017 en torno a los procesos analizados? ¿Qué resultados alcanzaron? ¿Cuáles son sus principales límites y tensiones a la hora de profundizar los avances alcanzados? ¿Cuáles son los desafíos pendientes para generar transformaciones en el territorio analizado? Luego de una investigación extremadamente rigurosa, el autor concluye que con el objetivo de estudiar los procesos de innovación socio-tecnológica, es necesario adentrarse al estudio de las ciudades en tanto espacio de producción, circulación, difusión, y adopción de conocimiento. Sostiene que no es posible analizar la innovación sin considerar el entorno en el que emerge, y aún menos evitar preguntarse por qué un proceso determinado ocurre en ese contexto y no en otro.

El capítulo subraya la creciente importancia de las ciudades intermedias en los procesos de innovación, entre otros factores, por sus capacidades de generar y consolidar iniciativas locales para la generación de redes, la interacción y el flujo de conocimiento entre los actores relevantes.

Girolimo analiza minuciosamente el ecosistema bahiense, para identificar a los actores urbanos de la innovación y reflexionar sobre los actuales desafíos que enfrenta Bahía Blanca para alentar y robustecer los procesos en marcha. Si bien se localizan actores importantes y se implementaron políticas públicas destacadas que llevaron a posicionar a la ciudad como un referente en materia de tecnologías aplicadas a la gestión pública, las potencialidades de desarrollo del sector continúan siendo muy altas. Es particularmente interesante leer que la presencia de los actores en el territorio no garantiza el funcionamiento articulado de redes multiactorales. Si bien existen experiencias de ciudades en las que el rol dinamizador de las redes lo asumen diferentes actores (Universidades o Cámaras Empresarias), el gobierno local cuenta con una gran oportunidad para avanzar en esta tarea. En Bahía Blanca se percibe una incipiente interacción y articulación entre los actores, por lo que es preciso fortalecer los vínculos para aprovechar la presencia territorial de actores de peso. La fluctuabilidad en las relaciones entre ellos, atenta contra la posibilidad de delinear líneas estratégicas a mediano y largo plazo. Sin embargo, la proximidad territorial y la múltiple pertenencia institucional de las personas, que hace que coincidan en lugares de estudio, trabajo y hasta recreación, operan en sentido contrario.

El papel del Estado fue cambiante a lo largo del período 2004-2017, virando desde un perfil de corte dinamizador de los procesos de innovación en una primera etapa, hacia un perfil incubador en el último período, que encuentra dificultades para relacionarse con las empresas ya consolidadas del sector.

En el capítulo “La construcción de sinergias para fortalecer los procesos locales de innovación. Tandil: ¿un caso de éxito?”, Ulises Girolimo analiza, con una metodología análoga a la usada en el caso de Bahía Blanca, el proceso de innovación socio-tecnológica en el sector SSI en Tandil, la más pequeña de las ciudades estudiadas. Se focaliza en las trayectorias, iniciativas e interacciones transitadas por los actores del mundo científico, productivo y gubernamental, asociados al sector SSI, en los últimos 15 años. El capítulo contribuye valiosos elementos para un mayor entendimiento y una mejor interpretación del nuevo lugar que ocupan el conocimiento y la información y los procesos de innovación en las transformaciones del capitalismo, en ciudades intermedias de países periféricos como la Argentina.

El autor entiende a los procesos bajo análisis como sociales, complejos y territorializados. Son sociales porque los actores no actúan de forma aislada, sino que son influidos e intervenidos por las posiciones y acciones de otros, con quienes construyen acuerdos, consensos y, a veces, tensiones. Cada uno de estos actores, local o no, imbuido de sus propias racionalidades, intereses y recursos, produce explícita o implícitamente su propia visión sobre el sector, sobre sus potencialidades e importancia para la ciudad; Girolimo aclara que rara vez esta visión es compartida o aceptada sin reparos por todos los actores.

El capítulo identifica diversas etapas de innovación. Enfatiza que el caso de Tandil, destacable en la generación de innovación productiva, sin estar libre de polémicas, refleja el desarrollo de un importante entramado institucional integrado por diversos actores, provenientes del sector productivo, del mundo científico-tecnológico, y del gobierno municipal que, con una estructura relativamente pequeña, logró instrumentar políticas específicas para el sector. Concluye que los procesos de innovación relevados en Tandil muestran logros extremadamente significativos, que integraron la actuación de múltiples actores (sociales e individuales) en diferentes instancias del período analizado. Girolimo infiere que más allá de los grandes centros metropolitanos, el caso muestra que ciudades intermedias -aun siendo territorios relativamente reducidos en cuanto escala poblacional- pueden tener un rol destacado en los sistemas nacionales de innovación.

Tercera Parte: La importancia de las interrelaciones

El escritor japonés Haruki Murakami afirma: “Los importante no son las cosas, sino la relación entre las cosas”. De acuerdo con Murakami, la tercera y más breve parte del libro se completa con el capítulo de Susana Finquelievich y Lucila Dughera, en el cual se dialoga con los capítulos que componen la primera y segunda parte. La intención es confrontar a los trabajos de los autores de este libro con opiniones de otros investigadores y sobre diversos estudios de caso sobre los temas que abordan, Pero lo más relevante es, tal vez, establecer una relación entre los diversos capítulos, que los ligue y acentúe su característica de conformar un sistema coherente e integral de investigación sobre innovaciones, en un todo creativo.

Cuando se expresa “creativo”, también se hace mención a las diversas pistas de investigación que se generan en las investigaciones que componen este libro, en las metodologías que espera aportar a este campo del conocimiento (aún innovador en sí mismo), en la generación de futuros trabajos.

El libro termina con el capítulo “los Futuros Posibles”, en el que Susana Finquelievich, basada en el debate sostenido por el equipo de investigación, plantea tres escenarios prospectivos para el rol de la Argentina en el escenario mundial en lo que concierne a las innovaciones socio-técnicas y productivas. Estos escenarios varían según la concepción estatal (neoliberal tardío o progresista) que capitanee las políticas de desarrollo, implícitas o explícitas. En los escenarios que esbozamos (con un horizonte a mediano plazo) hemos estimado las siguientes variables: existencia de políticas explícitas de C&T+i orientadas al desarrollo; tipos de dependencia tecnológica, o por el contrario, de soberanía tecnológica; inversiones estatales y del sector privado en C&T+1; y lugar que el Estado proyecta que Argentina ocupe en el mercado global en el sector de innovaciones productivas vinculadas al sector TIC, y particularmente al de SSI. La soberanía tecnológica se puede definir como el derecho y el deber de una nación de dominar sus medios tecnológicos de modo que no puedan ser controlados por otros intereses extraños al bienestar de su desarrollo.

A esto, precisamente, apunta este libro.

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