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8 Los futuros posibles

Susana Finquelievich

A través de los escenarios esbozados en este breve capítulo, los autores de este libro adoptamos una posición firme y clara: el desarrollo económico, social, tecnológico y político se encuentra estrechamente ligado a la generación y producción de innovaciones. Los escenarios que se presentan en este capítulo se asocian, entre otros autores, con los trabajos de Daniel Schteingart (2017), quien plantea que todos los países “innovadores”, sea “industriales” o “en base a los recursos naturales” poseen niveles muy elevados de desarrollo humano, lo cual no ocurre con los “ensambladores” o los “no innovadores primarizados”. “De esta manera, el desarrollo parece estar mucho más asociado a la existencia de tales capacidades innovadoras, más que a la composición de las exportaciones. Si bien es cierto que la mayoría de los países desarrollados posee una canasta exportable dominada por las manufacturas de media y alta tecnología, también existen países como Australia, Nueva Zelanda, Noruega y, en menor medida, Canadá, en donde los recursos naturales han sido (y siguen siendo) palancas clave del desarrollo. Por el contrario, países como México, Filipinas o Tailandia, entre otros, cuentan con una canasta exportable relativamente similar a la de Alemania, Japón o Estados Unidos, y sin embargo lejos están de ser desarrollados.”[1]

Mazzucato (2014:133)[2] observa que a pesar de que se suele considerar a Estados Unidos como el paradigma de la creación de riqueza liderada por el sector privado, en realidad ha sido el Estado quien ha asumido el riesgo emprendedor a gran escala que ha estimulado la innovación. Un ejemplo de ellos es la DARPA, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada en Defensa del Gobierno de Estados Unidos, que ha dado origen nada menos que a Internet. La tendencia de Estados Unidos al neoliberalismo en tanto que ideología, doctrina económica, proyecto socio-político, no le impide apreciar que el nivel de innovación tecnológica es esencial para la tasa de crecimiento económico y para el lugar que ocupa el país en la división global del trabajo.

Los escenarios que planteamos (con un horizonte a mediano plazo) son un ejercicio de prospectiva, pero no pretenden un rigor científico. Surgen del debate, más que de una metodología estricta de prospectiva. En ellos hemos considerado las siguientes variables: existencia de políticas explícitas de C&T+i orientadas al desarrollo; características de grados de dependencia tecnológica, o por el contrario, de soberanía tecnológica; inversiones estatales y del sector privado en C&T+1; y lugar que el Estado pretende que Argentina ocupe en el mercado global en el sector de innovaciones productivas ligadas al sector TIC, y más específicamente, al de SSI. La soberanía tecnológica se puede definir como el derecho y el deber de una nación de dominar sus medios tecnológicos a tal punto que no puedan ser controlados de manera injerencista por otros intereses ajenos al bienestar de su desarrollo. Con la veloz evolución de la ciencia, la tecnología y la innovación, los procesos de desarrollo de una sociedad que una vez dependieron en gran parte del capital humano y el trabajo manual, se asocian actualmente de manera creciente a una cultura tecnológica capaz de abarcar cualquiera de sus esferas. Es un fenómeno que cruza fronteras e incluye personas de distintas profesiones[3].

Hace ya unos cuantos años, Sábato y Botana resumían los argumentos a favor de que en los países de América Latina es necesario realizar investigación científico–tecnológica en forma seria, sostenida y permanente. Estos argumentos son los siguientes:

“a) La absorción de las tecnologías que todo país debe necesariamente importar, es más eficiente si el país receptor dispone de una sólida infraestructura, científico–tecnológica. Esta infraestructura (…) sólo puede crearse, mantenerse y progresar a través de la acción propia de la investigación. b) El uso inteligente de los recursos naturales, de las materias primas, de la mano de obra y del capital, así como los problemas de las economías de escala, requieren investigaciones específicas para cada país. c) La transformación de nuestras economías para satisfacer la necesidad imperiosa de industrializarnos y exportar productos manufacturados, será tanto más cuanto más elevado sea nuestro potencial científico–tecnológico. d) La ciencia y la tecnología son promotores catalíticos del cambio social”[4]

Escritos en el Siglo XX, estos párrafos aún deben ser recordados en el Siglo XXI.

¿Dónde va la nave y quién la pilotea?

En los tres escenarios que aquí se plantean, el elemento decisivo es la voluntad política del Estado Nacional con respecto a la C&T+i, así como su capacidad de negociación, tanto con el sector privado nacional, como con empresas y organismos económicos internacionales. El primero de estos escenarios bosqueja una extrapolación al futuro de la situación actual en Argentina. El segundo, un escenario intermedio, formula una reflexión sobre una mayor inversión económica en el sector de C&T+i, pero con una insuficiencia de políticas públicas específicas al respecto, orientadas hacia un desarrollo tecnológico, sin por ello abandonar la producción primaria. El tercero es el escenario deseable, en el cual la Argentina es reposicionada en un rol relevante a nivel global en el sector de SSI, en beneficio directo del desarrollo social de su población.

Con respecto a los dos primeros escenarios, dominados por el neoliberalismo, especificamos que se trataría de un “Neoliberalismo a la argentina”. Efectivamente, la tendencia neoliberal está ampliamente esparcida en el mundo actual. Sin embargo, como bien explica Mazzucato, ello no impide a países centrales como Estados Unidos, la Unión Europea, la Federación Rusa, Suiza, Inglaterra, Corea del Sur, Singapur, y en forma expeditiva China, invertir crecientemente en C&T+i y generar un alto número de innovaciones a un ritmo cada vez más veloz.

García Delgado y Gradin (2017: 17)[5] llaman a este tipo de neoliberalismo “neoliberalismo tardío” y lo definen como:

“… Etapa caracterizada por una feroz disputa por la reestructuración de la distribución de la riqueza a favor de los sectores concentrados de la economía; por el inicio de un nuevo proceso de endeudamiento externo; la apertura de la economía; la desindustrialización; y el intento deliberado de bajar salarios y niveles de consumo de los sectores mayoritarios.”. (…) “En el plano subjetivo, el principal denominador es el sujeto empresarial como actor principal de las coaliciones de gobierno, involucrado directamente y sin mediaciones, a la gestión de lo público. Esto, a su vez, presenta aspectos subjetivos distintivos y abarcadores que la última versión de los ´90, seguramente por el avance de las nuevas tecnologías y de las redes sociales, facilitando la construcción de hegemonía por parte de élites que cuentan con gran capacidad comunicacional. Son las apelaciones constantes a cuestiones vinculadas a la comunicación, al marketing, y a la exaltación de una cultura liberal e individualista, desde donde se construye la hegemonía del proyecto subjetivo del Neoliberalismo tardío. Esta se caracteriza por las formas de hacer política “posmodernas”, y el “emprendedurismo”, ancladas en un proceso de crisis de representación histórico de nuestras sociedades”. Estos autores añaden: “La retórica anticorrupción contacta con esta forma pospolítica de construcción de sentidos, que sostiene el discurso comunicacional distintivo de estos gobiernos neoliberales, pero tardíos.” (García Delgado y Gradim 2017:18).

De acuerdo con los autores mencionados, entre otros, hemos construido los siguientes escenarios:

El escenario de la dependencia periférica

El primer escenario, que llamaremos “Dependencia periférica”, está ligado en Argentina a visiones neoliberales de países periféricos y dependientes, subordinadas a intereses de grandes corporaciones económicas y financieras, carente de pensamiento geopolítico, con visiones económicas y políticas de corto plazo, sin capacidad de imaginar un lugar destacado para nuestros países en la economía global. Forzosamente se generará una fuerte exclusión social. Al mismo tiempo, se efectuará escasa inversión en Ciencia y Tecnología, siguiendo la corriente económica del Ministro Martínez de Hoz durante la dictadura militar de 1976-1983, así como el pensamiento menemista de la década de los 90s (“¿Para qué producir localmente lo que se puede comprar al exterior?”).

La mayor parte de la inversión en C&T+i provendrá del Estado y será cada vez más decreciente, mientras disminuyen los aportes al Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Investigación (CONICET) y a Universidades públicas, los productores naturales de conocimiento. Se reducirá o retirará el apoyo a las microempresas y a las Pymes de base tecnológica (aunque en la actualidad entre ambas componen cerca del 80% del sector productivo SSI), para favorecer a las grandes empresas y a las multinacionales. Esto se traducirá en una localización internacional dependiente, del país y su producción en innovaciones socio-técnicas y productivas, con respecto a países productores y proveedores de bienes y servicios intensivos en C&T+i. Argentina se verá relegada al rol de proveedor de productos con poco valor agregado en conocimiento, así como de mano de obra barata del sector TIC. No producirá innovaciones (salvo por apps de relativa importancia), sino que participará, desde un lugar predeterminado por el mercado y las políticas e intereses de los países centrales, desde el lugar que le señale la distribución internacional del trabajo. Será el eslabón débil en la cadena de valor, proveyendo las commodities de la Sociedad del Conocimiento. Argentina habrá resignado su soberanía tecnológica.

Escenario de la Independencia relativa

En un segundo escenario, el de “Independencia relativa”, el Estado invierte recursos financieros en C&T+i, fundamentalmente en las áreas de nanotecnología, estimula la formación de profesionales necesarios a las empresas del sector TIC, pero no termina de definir políticas y estrategias que determinen prioridades para su desarrollo. Responsabiliza casi en exclusividad al sector privado para que pilotee la nave de la innovación. Sin embargo, el sector privado continuará asumiendo una cifra mucho menor que el Estado en la financiación de actividades de I+D.

Se producen ciertos bienes y servicios con valor agregado de conocimiento, pero se continúa adoptando en el mercado global un rol relativamente dependiente y proveedor de programas y de software no innovador, algunas industrias creativas, efectos cinematográficos, multimedia, diseño de vestimentas, muebles, objetos industriales; en síntesis, innovaciones que no son cutting edge, o de punta. Una mano de obra barata y relativamente cualificada, con un conocimiento del inglés por encima de la media en América Latina sería un factor clave que impulsaría a numerosas empresas extranjeras a deslocalizar parte de sus procesos como método de reducción de costes, principalmente subcontratando servicios tecnológicos a otra empresa, y en algunos casos, implantándose directamente en Argentina.

El Estado a nivel nacional, provincial o local podrá otorgar ciertos beneficios estatales (subsidios o normativas) a Pymes, pero más difícilmente a microempresas, a pesar de que éstas constituyen una proporción relevante del sector de innovación productiva basada en TIC. Se producirá software de cierto nivel para el sector nacional de producción primaria, como la orientada a las actividades agroexportadoras, bioinformática y extractivas como el petróleo. Una concepción neoliberal con visión argentina o de “neoliberalismo tardío” no se planteará como objetivo la soberanía tecnológica, sino que abogará por ciertos progresos, pero debido a condicionantes y (otras) prioridades económicas, sociales y políticos no llegará a concretizarlos en profundidad.

Hurtado (2014) se pregunta: “¿En manos de quién está la reversión de la dependencia tecnológica y cuáles serían los mecanismos de reversión?” (…) “Históricamente, el sector privado en la Argentina presenta, como rasgo estructural, una bajísima tendencia a invertir en investigación y desarrollo, problema que desde 2003 se está buscando revertir. Mientras tanto, parece claro que el desarrollo de la tecnología que necesita el proceso de reindustrialización está en manos del Estado. Es en este punto donde las políticas públicas de tecnología y ciencia aparecen como un componente crucial que debería ser comprendido y analizado en el contexto de la política de industrialización”[6].

Escenario de soberanía tecnológica

En un tercer escenario, que llamamos “Soberanía tecnológica”, por medio de la concientización de los líderes políticos, los del sector empresario y el académico, de negociaciones del Estado nacional con el sector privado y las organizaciones internacionales de tipo BID u OCDE, así como de las influencias ejercidas por organismos internacionales como UNESCO, la United Nations University, o la Internet Society (ISOC) el país habría superado o al menos disminuido, la dependencia tecnológica, mediante la generación e implementación de políticas públicas adecuadas y de una sólida inversión estatal y privada en C&T. El desarrollo tecnológico autónomo permitirá no sólo producir los bienes y servicios que la economía y la población argentinas necesitan, sino también exportar productos basados en el conocimiento y reducir las importaciones que a menudo generan una desbalance en la cuenta comercial, provocando una merma en las reservas.

Las políticas públicas habrán identificado nichos de oportunidad y desarrollado e implementado estrategias propias de C&T+i, posiblemente en articulación con otros países de la Región, como Colombia o Brasil, u otras regiones destacables por sus políticas de innovación productiva, como la Unión Europea, algunos países asiáticos (Japón, China, Corea del Sur, Singapur, entre otros) e Israel. Facilitará la implementación de incubadoras de empresas, start ups y de empresas universitarias de innovación tecnológica por medio de la asociación entre el Estado, el sector privado y las universidades; otorgará facilidades a las microempresas y las Pymes de base tecnológica. Se habrá ganado un lugar de jugador de punta en el mercado global relacionado con la Sociedad del Conocimiento, y a nivel nacional investirá a los sectores productivos primario y secundario de innovaciones tecnológicas y de un capital de conocimientos que permitirán un desarrollo extensivo e intensivo.

En este escenario, el CONICET, la Agencia Nacional de Promoción Científica y tecnológica (AMPCyT) y las universidades, tanto públicas como privadas, serían consideradas como consultoras privilegiadas y naturales del Estado. Por otra parte, se estimularía la participación ciudadana en la C&T+i, por medio de actividades de ciencia abierta o de e-ciencia ciudadana, y de living labs, citilabs, o fab labs.

En cada uno de estos estos posibles escenarios, cabe preguntarse: ¿Quién/es dirigen la nave? ¿Qué políticas (en realidad las verdaderas cartas de navegación) determinan su rumbo? ¿Qué vientos y tempestades nacionales y globales, pueden desviarlos o reencaminarlos? ¿Qué instrumentos de navegación, comunicación, localización, facilitan su camino? Dejamos planteado este debate a los/las lectores, con la esperanza de que lo retomen y desarrollen.


  1. Schteingart, D. (2017): ¿Cuál es el común denominador del desarrollo económico”, en Socialistas, accesible en: https://goo.gl/LsBxu8, consultado el 06/03/2018.
  2. Mazzucato, M (2014): “El Estado emprendedor. Mitos del sector público frente al privado”, Ed. RBA Libros, Barcelona.
  3. Weblog Ter@tux: “Soberanía tecnológica”, accesible en: https://goo.gl/9jw4Tv. Consultado el 6/03/2018.
  4. Sábato, Jorge y Botana, Natalio: Introducción, en: Sábato, Jorge y Botana, Natalio: “La Ciencia y la Tecnología en el Desarrolllo Futuro de América Latina”, recuperado de. http://purace.unicauca.edu.co/redpacificocyt/documentospublicos/la_ciencia_tecnologia_desarrollo_al.pdf
  5. García Delgado, D. (2017): Documento de trabajo Nº 5 : el neoliberalismo tardío : teoría y praxis / Daniel García Delgado ; Agustina Gradin ; compilado por Daniel García Delgado ; Agustina Gradin . – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Flacso Argentina, 2017. Accesible en: https://goo.gl/9hRXzs.
  6. Hurtado, D. (2014): “Industria y dependencia tecnológica”, Universidad Nacional de San Martín, accesible en: https://goo.gl/7j1nY1. Consultado el 08/03/2018.


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