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Pasando revista…
La Narrativa Emergente Jujeña

Antologías y autores

Gloria Carmen Quispe

Preliminares

“Narrativa del nuevo milenio”, “Nueva Narrativa”, “La joven narrativa”, “narrativa emergente” entre otras fueron las etiquetas usadas por algunos críticos para referirse a la producción literaria narrativa de las últimas décadas. Todas ellas, sin duda, generaron y, todavía generan, desacuerdos, adhesiones, críticas o cuestionamientos.

En nuestro caso, preferimos hablar de narrativa emergente de Jujuy o Nueva narrativa jujeña. Con estos nombres nos referimos a la producción literaria que comenzó a visibilizarse a partir del 2000 de escritores nacidos a fines de los ’70 o en los ’80, que apenas superan los 30 años o que ya promedian o superan los 40 años. De modo que bajo estos rótulos reunimos a escritores de edades dispares. Hablar de narrativa “joven” puede resultar incómodo, insuficiente para dar cuenta de esta variedad etaria si es que el adjetivo lo relacionamos con la edad de los escritores. Si lo anteponemos a la palabra narrativa, la valoración puede no restringirse a la edad y dar cuenta de la juventud de los textos en un campo literario determinado. Lo joven como lo nuevo. Aunque lo “nuevo” también puede generar tensión porque inmediatamente se piensa en su contraparte, su antónimo, lo “viejo”; pero lo viejo aquí no como caduco, sino como lo anterior, con lo que se dialoga, lo que se lee y en lo que se encuentra referentes literarios. Lo nuevo entendido como lo que acaba de emerger, lo reciente, lo novedoso. Una narrativa emergente que se instala como una nueva fase de la literatura que hasta el nuevo milenio dominó el sistema literario provincial. Escritos literarios alternativos que emergen para contar o “hablar” de otro contexto político social y siendo parte de otros procesos culturales.

Este trabajo aspira a esbozar un panorama de la narrativa jujeña con singular acento en la producción de los jóvenes escritores que comienzan a publicar a principios del nuevo siglo. Realizaremos, entonces, un rastreo de los libros publicados y nos detendremos en dos antologías: Sí hay (2010) y Arcade (2017). Estos libros reúnen a distintos escritores y comparten algunos nombres. Esto nos permite evidenciar algunos vínculos, el reconocimiento por parte de los pares y dos formas de valorar e inscribir sus producciones. Finalmente, nos aproximaremos a la cuentística de Maximiliano Chedrese y Martín Goitea.

La narrativa en Jujuy

El género narrativo en Jujuy no tuvo el mismo desarrollo que la poesía. Nuestra provincia cuenta con grandes poetas tales como Germán “Churqui” Choquevilca, Domingo Zerpa, llamados los “folkloristas”; Mario Busignani, Jorge Calvetti, Néstor Groppa y Andrés Fidalgo, integrantes de la generación emblemática y renovadora de la revista “Tarja”; los “ochentosos” como Ernesto Aguirre, Pablo Baca, Alejandro Carrizo y Alvaro Cormenzana. Entre los poetas del nuevo milenio podemos destacar a Federico Leguizamón, Meliza Ortiz, Paula Soruco y Salomé Esper.

La narrativa, sin embargo, ofrece una lista corta de autores. Pero no por ello menos significativa. Está encabezada, sin duda, por Héctor Tizón cuya obra trascendió las fronteras provinciales y nacionales, y fue objeto de variadas investigaciones. De la generación del 55, debemos rescatar también el nombre de Jorge Calvetti que nutrió la narrativa jujeña con su único libro de cuentos El miedo inmortal. Dos escritoras que no pueden estar ausentes son Leonor Pichetti y Libertad Demitrópulos que contribuyeron cuantiosamente a la novelística regional y nacional a pesar de que en su momento, la década del 60, sus obras no tuvieron el reconocimiento que merecían y por mucho tiempo estuvieron ausentes del canon literario provincial. En las últimas dos décadas, sobre todo la narrativa de Demitrópulos comenzó a despertar el interés de investigadores y a ser incluida en los programas de Literatura Argentina. La deuda con Pichetti todavía sigue sin saldar.

En 1971, Tito Maggi publica su libro de cuentos Anamaría de las cuatro palabras, obra escasamente conocida y leída; probablemente opacada por la publicación de dos de las novelas de Tizón, El cantar del profeta y el bandido (1972) y Sota de bastos, caballo de espadas (1975). Maggi suma a su producción narrativa dos títulos más, Una sonrisa de 32 dientes y otros cuentos y Pilpintos.

En los noventa convivieron publicaciones de distintas promociones de escritores. Así en poesía encontramos libros de autores que habían comenzado a publicar en la década anterior como Ernesto Aguirre y Alejandro Carrizo; un autor residual como Groppa, consagrado por su labor como escritor, editor y gestor cultural; nuevos nombres como Susana Quiroga[1] y Miguel Espejo[2]. En narrativa, se publicaron: Día de pesca (1990) de Jorge Accame[3], Música de corderos (1990) de Marcelo Constant, Bitácora del aire (1995) de Alberto Alabí, No esperar nada más de las estrellas (1999) de Pablo Baca; y Redes (1996) y Huellas (1999) de Mónica Undiano. Tizón[4] siguió contribuyendo con novelas y un libro de cuentos.

En esta década también cumplió un rol importante en la configuración del campo cultural jujeño la revista El duende, fundada por Alejandro Carrizo. Se convirtió en una verdadera vidriera literaria; en sus páginas desfilaron autores locales con estéticas residuales, otros emergentes que comenzaban a afirmarse en la escena literaria; también algunos referentes de otras provincias de la región. En la revista se publicaron, además, artículos de divulgación y de opinión de autores nacionales e incluso internacionales.

Reynaldo Castro (2009) señala que el mayor desarrollo de la poesía por sobre la narrativa está relacionado con tres factores. El primero, el impacto que tuvo la última dictadura cívico- militar que impidió que se tendieran puentes entre las promociones literarias. En este caso, entre la generación del ’55 de Tarja y la promoción de los ’80 integrada por Ernesto Aguirre[5], Alejandro Carrizo, Álvaro Cormenzana, Pablo Baca. Si bien el vínculo pudo no ser fluido durante este período, la década del 90 encuentra en activa relación a Groppa y a Fidalgo con la nueva promoción de poetas. El primero incluso desde su rol como coordinador/director del suplemento cultural de un diario local[6], publicó en sus páginas, en los ’80, textos de estos y otros poetas (tales como Nélida Cañas y Estela Mamaní). Fidalgo, por su parte ofició de presentador de Nueva poesía en Jujuy. Antología (1991), ese acto sin duda contribuyó a legitimar a los escritores antologados[7]. La narrativa no corrió con igual suerte, con el inicio del Proceso, Tizón se exilió y permaneció en el exterior hasta 1982 de modo que cualquier vínculo con el referente del género quedó trunco.

Otro factor, siguiendo a Castro, es la falta de “una crítica que oriente, pondere e ilumine sobre las estéticas que se desarrollan y que esas críticas no lleguen hasta un público no especializado” (Castro, 2009: 431). Si bien la crítica contribuye a entender las estéticas, los procesos de continuidades y rupturas literarias, consideramos que no incide directamente en el desarrollo escriturario o el cultivo de un género en particular.

El tercero es el escaso diálogo entre Tizón, la figura más representativa de la narrativa, y sus sucesores[8]. Si bien él y Groppa son reconocidos por el resto de los escritores como nombres valiosos de la literatura jujeña, regional, y nacional, éste último es además un referente literario no sólo para la generación posterior inmediata sino también para las promociones siguientes[9]. Es así que en el nuevo milenio lo encontramos participando activamente en el campo literario jujeño[10] con publicaciones que tienen la urbanidad y la cotidianidad como sus principales protagonistas.

El nuevo siglo en Jujuy se inaugura con La suma del bárbaro (2000) de Federico Leguizamón. Una edición de autor, de formato pequeño y de apenas cincuenta páginas. En estos cuentos[11] se pueden percibir sus preocupaciones, los temas (la violencia, la muerte, la marginalidad, la pobreza) que trabajará con mayor profundidad en Cuando llegó la brigada amanecía en el barrio (2008).

En el 2003, el sello editorial Cuadernos del duende[12] publica Siluetas repetidas de Matías Teruel. Con esta obra se inaugura un período en el que la narrativa ocupará un singular lugar, aunque el predominio de la producción poética continuará siendo evidente. Los certámenes literarios también contribuyeron a dinamizar el campo, en tanto visibilizaron textos de autores jóvenes que comenzaron a participar del mundo literario a partir del reconocimiento simbólico de su escritura. Así en el 2004 se publican las obras ganadoras del II Certamen de Teatro y cuento, organizado por la Secretaría de Turismo y Cultura de Jujuy. Maximiliano Chedrese entra a la escena literaria con once cuentos breves.

El año siguiente comienza a publicarse la “Colección mirilla” de EdiUnju dedicada a poesía y cuento. En narrativa los títulos fueron los siguientes: Cualquiera puede ser un rock- star (2005) de Matías Teruel; Tumbas de papel (2005) de Agustín Guerrero; Y todo lo demás también (2006) de Maximiliano Chedrese. Mención aparte merecen Relatos de bolsillo de Patricia Calvelo, Nada (poesía) de Federico Leguizamón y Espectros (2006, poesía) de Mariano Ortiz[13].

En el 2005 también comienza a circular la revista Cultural Intravenosa, en sus páginas y en distintos números publican escritores jóvenes jujeños y salteños. Colaboran regularmente Matias Teruel, Maximiliano Chedrese[14], Martín Goitea de Jujuy y Juan Diaz Pas, Alejandro Luna y Leonardo Mercado de Salta. Se establece un fluido vínculo literario entre estos escritores. La recurrencia de las colaboraciones nos permite ver que hay nombres que empiezan a afirmarse en las letras. Incluso la revista más tarde se convierte en editorial y publica a muchos jóvenes escritores. Similar labor, a menor escala y con otro desarrollo editorial, ejerce la revista El caldero del diablo dirigida por Mariano Ortiz y Fernanda Escudero.

En la primera década del nuevo siglo, otras obras nutren la literatura jujeña. Cuentos de Martín Goitea son publicados en el 2008 en un libro que resulta del III certamen literario de poesía y cuento. Tres de esos cuentos aparecen luego en El transporte es un desastre (2008), una edición artesanal del autor, de tapas duras forradas con lienzo pintado. Similar técnica tiene su libro de cuentos de 2012, Modus vivendi.

La década cierra con Si hay. Antología de escritores del siglo XXI. Más adelante nos ocuparemos de este libro.

En el 2011, la editorial Perro Pila publica El mundo de arriba y el mundo de abajo de Darío Melano Jasmín; un libro que combina armónicamente el dato histórico y la ficción, refiriendo episodios importantes para la historia y la sociedad de nuestra provincia.

Nuestro inventario sigue con Noche de vedettes (2013), un libro colectivo de egresados de la carrera de letras[15] que también encontraron en la narración el canal para crear y explorar mundos atravesados por la cotidianidad y lo fantástico.

En ese año, la Secretaría de cultura de la provincia convocó a los escritores a participar de los “Certámenes literarios ‘Jujuy le han puesto de nombre’”. La convocatoria apostaba a la participación de autores de todas las regiones geográficas de Jujuy y contemplaba el género cuento, poesía, teatro y un lugar especial para literatura infanto-juvenil. Los textos de los premiados fueron reunidos en antologías y en publicaciones individuales en el 2015. En este volumen, la cuentística aparece enriquecida con otros nombres del resto de la provincia, y nuevamente resultan premiados los escritores Goitea y Melano Jasmín. Este último en el 2014 contribuyó con Sólo por contar, un libro que reúne historias atravesadas por el terrorismo de estado.

Martín Goitea, por su parte, suma un nuevo libro, Habitantes (2016); esta vez de mano de la editorial independiente Tres tercios.

No podemos dejar de mencionar en esta lista los libros de microrrelatos de Ildiko Nassr: Placeres cotidianos (2006)[16], Animales feroces (2011), Ni en tus peores pesadillas (2015). Fue una de las primeras escritoras en cultivar sistemáticamente el género en nuestra provincia. Comenzó a intervenir en la literaria jujeña a fines de los noventa y tiene más relación con poetas mayores en edad, con las que incluso tiene proyectos en común[17]. En pocas oportunidades participó de actividades con los escritores jóvenes mencionados hasta ahora.

El último título de este inventario, que en modo alguno es exhaustivo, es Arcade. Antología de poesía y narrativa (2017) de Ezequiel Villaroel.

Dos antologías, ¿los mismos nombres?

La actividad poética en las últimas décadas continúo ganando la partida a la narrativa. Así en los dos decenios se publicó una cantidad interesante de libros de poesía por editoriales independientes[18] y otras alternativas[19]. Estas últimas fueron verdaderos motores para la circulación de los textos de los poetas emergentes que no podían costear sus publicaciones y mucho menos pensar en grandes tiradas. La poesía circuló en plaquetas o ediciones artesanales de tamaño pequeño. No es casual entonces que en el 2012 se realizara el 1° Festival de Poesía contemporánea “Sumergible”, organizado por los mismos poetas, que convocó a escritores jóvenes de distintos puntos del país; del encuentro incluso surgió una publicación colectiva con textos de los participantes, evidenciando las tendencias poéticas vigentes.

En el 2011, Intravenosa ediciones publica Once. Salpicón jujeño de poesía y en el 2016, Pablo Espinoza con su sello editorial Alma de goma en proyecto común con 27 pulqui de Buenos Aires presentan Columna norte, una antología que reúne a los poetas salteños y jujeños que fueron apareciendo en las otras antologías[20], afirmando de este modo el oficio del poeta, la preocupación por inscribir estéticas propias y tender puentes para federalizar la poesía. A fines del 2016, también Cuadernos del Duende publica Corrosivo. Nueva poesía en Jujuy.

En narrativa, hasta la fecha sólo nos topamos con dos antologías: Si hay (2010) y Arcade (2017). Ésta última es un muestrario poético-narrativo.

Como es sabido toda antología es producto de la selección y de la exclusión, de un recorte realizado a partir de ciertos criterios, de modos de lectura y de formas de entender lo literario. Las antologías suelen mostrar un estado de la cuestión y evidenciar filiaciones y tensiones.

Si hay. Antología de escritores del siglo XXI desde el mismo título afirma una posición. Al tiempo que da una respuesta a una pregunta que no está y da cuenta de la existencia de narradores en Jujuy en este nuevo siglo, también restringe esa categoría a cuatro nombres. Ello puede deberse a dos motivos: el primero, que no hay otros escritores del género y el segundo, que la selección supuso un proceso de inclusión y exclusión. En este caso creemos en el primero de los motivos pues los antologados son los mismos escritores que ya tienen publicaciones individuales de autor o de editoriales. Aparecen con dos cuentos cada uno: Maximiliano Chedrese, Fernando Choque, Martín Goitea, Agustín Guerrero, Carlos Manzur, Ximena Esquivel Mastandrea y Matías Teruel.

A modo de presentación, la antología tiene un prólogo sin firma titulado “Es lo que hay”, que podría ser leído como un “manifiesto” del grupo, aunque es evidente el tono académico y la voz mantiene cierta objetividad. Citamos algunos fragmentos:

…hay literatura en Jujuy, claro, aunque no siempre sea la literatura que “el mercado” espera de la provincia, aunque no figure en las vidrieras de las grandes cadenas de librerías. Sin embargo, “Si hay” no es de ninguna manera un furioso grito de rebelión contra el centralismo político y cultural de nuestra Argentina.

Esta antología tiene como objeto brindar un panorama de la nueva narrativa cuentística de Jujuy, que a esta altura del siglo ya puede tomar forma, o al menos presentar un esbozo de conformación…

¿Qué es lo que hay? Una generación de autores que escriben en la última década y que implica un atravesamiento que parte desde la crisis de 2001 hasta la actualidad. Y que centra principalmente su producción sobre una literatura urbana que responde en gran parte al realismo social. En ello continúa una línea temática en relación a la ciudad iniciada por Groppa y continuada por la generación de Baca, Alabí, Carrizo y Aguirre… Se ubican dentro del ámbito de la ciudad, porque es su ámbito, no necesitan despegarse de él para transmitir sus inquietudes o convicciones, lo que hacen es representar una ciudad que puede ser cualquier ciudad…

[…]No fueron expulsados, ni perseguidos, ni tuvieron que exiliarse, es una generación de la democracia y en sus escritos pueden vislumbrarse las respuestas que la democracia les ha propuesto… estos nuevos narradores deben exponer los errores, las desigualdades, o las decepciones de los últimos gobiernos. (AAVV, 2010: 7-9)

La antología aparece como resultado y muestra de trayectorias individuales, construidas a partir de publicaciones, de formaciones culturales y/o de la participación en distintas instancias de legitimación (concursos literarios, colaboraciones en revistas culturales). Pues como señalamos para el 2010 Teruel ya tenía dos libros publicados; Chedrese y Goitea habían participado de certámenes literarios y habían obtenido el primer premio; contaban, además, con una publicación. Guerrero, por su parte, había publicado un libro de cuentos y obtenido el primer premio en poesía. Manzur y Mastandrea no tenían libro publicado hasta esa fecha pero algunos textos habían aparecido en la publicación del III Certamen Literario mencionado párrafos atrás[21]. Choque hasta entonces había participado con colaboraciones críticas en la revista Intravenosa, era parte del plantel directivo y cumplía roles en la editorial homónima. Hasta donde sabemos, no había mostrado su faceta de escritor.

Llamativamente Teruel y Chedrese después del 2010 no vuelven a publicar pero se mantienen en el mundo cultural desde la función editorial y la gestión. Su obra, sin embargo, ya tiene un lugar en la literatura jujeña y goza de reconocimiento entre sus pares.

Importante es, además, la mención de esta generación como atravesada por la crisis del 2001, que se manifiesta en la ficción en la violencia, el desengaño, la muerte, el olvido, la hipocresía, la ironía e incluso el humor.

Los antologados aparecen como continuadores de la literatura urbana de Néstor Groppa, que también se proyectó en los escritores del ’80 especialmente en Alabí[22] y Aguirre[23]. Por ello estos nombres aparecen como referentes indiscutidos para esta promoción. No hay entonces intención parricida, de quiebre con las generaciones anteriores. En Encuesta a la literatura jujeña contemporánea (2006) Chedrese manifiesta:

Hay tres personas que son fundamentales en la literatura jujeña: Alejandro Carrizo, Ernesto Aguirre y Alberto Alabí. Por suerte hay muchos escritores que escriben excelente, pero yo considero que es justo resaltar exclusivamente estos tres nombres porque además hacen escuela. Tiene una preocupación extraliteraria (en apariencia) que es la de formar nuevos escritores y lectores, difundir la literatura y apoyar los nuevos emprendimientos culturales. Son valiosos porque construyen la literatura jujeña desde todos los puntos de vista. (Castro, 2006: 51-52)

En muchos de los cuentos de estos escritores, aparece la ciudad topográfica y etnográficamente aludida. Los personajes transitan espacios reconocibles para quienes habitamos San Salvador de Jujuy; se desplazan por calles céntricas pero sobre todo frecuentan las calles de barrios donde se encuentran con personajes agobiados por la monotonía, la desilusión, sumergidos en la pobreza y el abandono. Ellos mismos son personajes agobiados que refieren historias cotidianas y en apariencia triviales pero que en el fondo develan la conflictividad humana. El interés, entonces, está puesto en las problemáticas sociales, en los vínculos humanos, en la intimidad misma.

Por otra parte, el Prólogo de Arcade, opera como una presentación grupal, tampoco tiene firma; la voz que escuchamos se incluye en ese colectivo literario:

La definición de Arcade como “maquinaria recreativa” resuena en la manera en que se conforma esta antología y hace pensar en cada texto como una máquina literaria, rompiendo de cierta forma con la solemnidad que rodea muchas veces a la literatura, devolviéndole su cualidad de alcanzable: con esto también se puede jugar…

Este Arcade es una máquina literaria que abarca varios géneros: cuento, poesía, ensayo. Es al mismo tiempo un lugar y un acontecimiento. Puede ser la muestra, siempre caprichosa y parcial, de una escritura generacional en cierto contexto: somos escritores nacidos entre 1974 y 1986 en la provincia de Jujuy; pero también somos parte de un mundo extenso, que cada uno recorre a su manera, con su estilo y sus habilidades de juego. (Villaroel, 2017: 7)

La antología es un muestrario de la producción literaria actual (cuento, poesía y ensayo) de un grupo de escritores que por sus filiaciones, cercanía etaria y un lugar de nacimiento en común comienza a pensarse como una generación, que no se mueve en grupo pero que en ocasiones se reúne por actividades comunes. Esta antología, entonces, puede ser leída como punto de encuentro de caminos literarios que se trazan en, y con, la escritura, como un juego en el que cada texto significante por sí mismo es a la vez la parte de un rompecabezas, de un todo que se instala en un tiempo y un lugar determinado para ser leído. Un todo que se ofrece para la recreación del lector, de cualquier lector.

Este libro fue seleccionado en el Concurso de antologías Andrés Fidalgo. Por orden de aparición participan: Agustín Guerrero, Federico Leguizamón, Rebeca Chambi, Martín Goitea, Daniel Burgos, Meliza Ortiz, Ezequiel Villaroel, Salomé Esper, César Colmenares, Lola Castro Olivera, Darío Melano Jasmín y Santiago Fenoglio.

Si bien se trata de una antología mixta, podemos evidenciar en el recorte la presencia de los mismos nombres; escritores que llevan por lo menos una década o más dedicada al trabajo literario, cuyos textos –sobre todo los poéticos- tienen trascendencia nacional. En narrativa nuevamente están presentes Agustín Guerrero[24] y Martín Goitea reafirmando su lugar como narradores y se incorporan Darío Melano Jasmín, Santiago Fenoglio y el mismo Villaroel.

Maximiliano Chedrese y Martín Goitea: dos formas de narrar la cotidianidad

De los narradores que empezaron a publicar a principios del nuevo milenio, elegimos a estos escritores por los siguientes motivos: entre sus coetáneos, Chedrese[25] es el que explora una narrativa que oscila entre lo psicológico y lo fantástico; además, tiene el reconocimiento de sus pares. En una encuesta realizada en el 2010, aparece en tercer lugar entre los más nombrados[26]. A pesar de que públicamente su labor literaria terminó con la publicación de Y todo lo demás también (2006), los vínculos que estableció y sus escritos le hicieron un lugar la narrativa local. En el caso de Goitea[27], llama la atención la escasa circulación de su obra a pesar de ser uno de los jóvenes narradores de la provincia que tuvo una producción constante que se inicia con las autoediciones artesanales. Podría, entonces, ponerse en cuestión la calidad literaria de sus textos. Sin embargo los diferentes premios y reconocimientos que tuvo en diferentes concursos literarios provinciales, legitiman su cuentística. A esto se suma su participación en Antologías locales promovidas por los mismos escritores.

En la narrativa de ambos autores, la cotidianidad tiene un lugar preponderante. La escritura de Chedrese explora esa cotidianidad y la urbanidad desde el interior y la intimidad de los personajes. En Descuentos (2004) hay un predominio de la focalización interna. Muchos de los textos que componen el volumen exploran el mundo interior de los personajes. Accedemos a miradas recortadas de la realidad; proyecciones que generan desconcierto y ambigüedad. Y esto no sólo se genera por la voz y la mirada de un yo protagonista sino también por la irrupción del fluir de la conciencia; verborragia que interrumpe, detiene los hechos descubriendo los sentimientos de los personajes. Chedrese nos ofrece situaciones protagonizadas por sujetos comunes, padecientes, inseguros. Un ejemplo es “Era en abril” que relata el reencuentro de una pareja en un bar después de varios años de separación. La descripción del ambiente y la contemplación de la mujer amada que hace el narrador protagonista nos hace presumir una velada exitosa. El encuentro y las miradas cómplices suspenden el tiempo y crean un micromundo donde es posible la ilusión, el olvido y el amor:

Trato de distinguir lo real de esta situación que me abraza desde atrás y un calor trepando por mis venas, agitando el pulso, deteniendo el reloj porque el tiempo no pasa ya que las agujas, enredadas en los pliegues de tu vestido, han detenido su giro para ayudarme a mirarte, a disfrutar y reír de tus comentarios sobre lo ridículo de estar sentados aquí los dos hablando como si nada, como si todavía continuáramos siendo aquellos dos adolescentes, como recién salidos de terapia luego de una profunda amnesia. (Chedrese, 2004: 33)

Sin embargo, la canción que se escucha de fondo asalta ese espacio-tiempo suspendido y divide la historia y el texto en dos. El recuerdo, la pérdida y el vacío ponen a correr el tiempo. Los sentimientos, la voz y la historia cambian.

En otro cuento, “El Viajante”, nuevamente la realidad aparece recortada por la mirada y las percepciones de un narrador protagonista. El tiempo elegido para narrar es el presente. Tenemos la sensación de ser parte de los hechos, todo acontece ante los ojos del narrador y ante nuestros ojos. La descripción aquí no detiene la narración, la narración necesita de la descripción.

A una primera parte aparentemente entusiasta del cuento, sobreviene una segunda atravesada por lo fantástico y lo absurdo. El punto de inflexión de la narración aquí es un objeto, un semáforo en rojo que no sólo suspende la circulación sino encapsula al narrador en un tiempo otro que expone una singular realidad pueblerina. Si en la primera parte, el afuera, el paisaje, complementaba la tranquilidad y la armonía del interior del auto, en la segunda parte el afuera se presenta hostil, habitado por otros que amenazan, saquean y perturban. En dos párrafos extensos, el narrador refiere y enumera las acciones más increíbles caracterizadas por la violencia generalizada. La decisión de comprar sin necesidad y pagar para satisfacer, provoca la transformación de los pobladores que se tornan serviciales y hasta gentiles. Lo absurdo irrumpe, desconcierta al narrador pero sobre todo al lector:

Concluido el almuerzo aparece el comisionado municipal rodeado por un tropel de empleados también municipales con una placa en la mano y luego de entonar el himno nacional, entre apretones de manos anuncia que se me hace entrega oficial de las llaves de la ciudad, otra placa en que consta que también soy ciudadano ilustre y un señor que dice pertenecer al partido de la oposición me murmura al oído que todo está arreglado para que mi candidatura a concejal en las elecciones de fin de año sea un éxito (…) me despido efusivamente de todos los parroquianos entre abrazos y el llanto desconsolado de una muchacha que se había ilusionado en casarse conmigo. (Chedrese, 2004: 39-40)

Al final del cuento dudamos de lo acontecido, ¿ocurrió o fue parte de la imaginación del protagonista?, ¿esa tranquilidad y armonía inicial no exponen en realidad el tedio, la soledad del personaje protagonista?, ¿lo ocurrido en la extraña ciudad no es en el fondo un respiro necesario, un quiebre a la monotonía que lo acerca a la realidad, a la vida?

Como en otros textos del volumen, “La puerta sin llave” también apela al suspenso para construir la historia. El narrador en tercera persona elige fluctuar entre la omnisciencia y equisciencia. Elige mirar a través de Catalina. Otra vez las acciones acontecen en espacios cerrados, oscuros, laberínticos, propicios para la confusión:

La puerta sin llave; en el pasillo una mesa con un teléfono negro descolgado de donde una voz de lata grita “Aló, aló”; en el living, los sillones tapizados de azul con manchas oscuras de antaño y sobre una mesita adornos dispares y feos. Hay otro pasillo que da a las dos piezas y Catalina lo asemeja hasta que lentamente sus ojos se adaptan y divisa la puerta del baño; avanza sigilosa unos pocos pasos con creciente temor hasta dar con la puerta de una pieza con cama de dos plazas y mesitas de luz en ambos lados; en la pared, un gran espejo y del otro lado un ropero entreabierto del que escapa la manga de una camisa todo lo observa desde abajo del marco de la puerta sin entrar, por respeto a los muertos y sus espíritus que uno nunca sabe cuándo regresan… (Chedrese, 2004: 52)

Con Catalina y por medio de sus ojos recorremos la casa, la descubrimos y descubrimos los hechos. Esa construcción narrativa favorece la epifanía final, donde el observador se descubre observado[28], y la muerte ajena resulta ser espejo de la muerte propia:

Grita silenciosamente mientras un policía empieza a correr el cierre de la bolsa negra en que la han envuelto. La última imagen que alcanza a ver es la de su hermano contemplándola piadosamente de reojo luciendo su perfil andino tan colorido, tan lleno de otra vida y cree reconocerse en él. (Chedrese, 2004: 55)

En Descuentos podemos evidenciar una preocupación por la construcción narrativa, con singular interés en la focalización, interpelando constantemente al lector[29], haciéndolo activo partícipe de la construcción de sentido para que cuestione lo que lee, detenga la lectura, vuelva párrafos atrás para reconocer quién habla y quién mira. En una narrativa breve con resabios cortazarianos, Chedrese explora intimidades familiares teñidas por el conflicto, la violencia, la muerte y refiere en otras ocasiones situaciones extrañas, con personajes igualmente extraños sumergidos en el desamparo y la monotonía de la que buscan huir exponiendo incluso la propia vida.

Por su parte, la narrativa de Martín Goitea en El transporte es un desastre (2008)[30] transita espacios marginales donde la prostitución, el alcoholismo, la delincuencia y la pobreza son moneda corriente. Espacios habitados por sujetos que intentan sobrevivir y en algunos casos huir a la hostilidad del medio. Como ocurre en “El bolsito negro que decía adidaz”, donde un vendedor ambulante, que vive al día, que no tiene ni para pagar un cuartito de una pensión contrae una deuda con El Prestamista, un hombre que enmascara dudosas actividades con una peña y suele presionar a sus deudores. El hallazgo del bolsito le permite al vendedor ilusionarse con salir de esa situación pero sólo descubre medias sucias y botines que algún veterano dejó olvidado.

En algunos cuentos, los personajes de Goitea están en permanente movimiento y en ese caminar los lectores vamos descubriendo y reconociendo lugares que nos resultan próximos. La descripción también es esencial para montar los ambientes donde transcurren las acciones. Como en Chedrese, la información aparece dosificada, eso favorece las especulaciones del lector en relación a los finales, que muchas veces no coinciden con lo que pensamos, desconciertan y en otros, entristecen develando la crueldad y un determinismo social. Un ejemplo es “El escondite”; en un bar devenido en burdel el narrador acompaña a un amigo, tiene un encuentro ocasional pago con una bailarina que trabaja en situación de explotación. Años más tarde la vuelve a encontrar en un lugar inesperado.

En Goitea la ruptura se manifiesta en el orden del lenguaje, que se despoja de todo ornato para volverse sencillo, procaz, explícito, coloquial y provocador. Incluso algunas escenas desagradables son narradas con detallismo como en “Mantel a cuadros sobre canasto con pan caliente” del libro Habitantes (2015):

[Jeremías] Sintió ganas de vomitar, se puso de pie, mintió que iba a mear y volvía. Entró al baño y cerró la puerta, levantó apresuradamente la tapa del inodoro y se arrodilló, abrazándolo y vomitó. Pedazos de carne y ensalada flotaban en un líquido negro, ácido y maloliente.

En el cuento la traición de la mujer con el mejor amigo, termina en una cruel muerte que aviva los deseos de amasar, cocinar y vender bollos en los tiempos libres que dejan las changas de albañilería. Detrás del pan caliente, el protagonista esconde un proceder violento, premeditado y frío.

Estas anotaciones son una invitación a la lectura de estos narradores. Una invitación a explorar el realismo desnudo y cotidiano de Goitea, a recorrer la intimidad psicológica conflictiva de los personajes de Chedrese.

Palabras finales

Mientras la poesía en Jujuy cuenta con un nutrido grupo de poetas mujeres reconocidas, cuyos textos integran antologías regionales y nacionales, resulta llamativa la ausencia de narradoras. De los doce libros de cuentos publicados en las casi dos décadas de este milenio, ninguno le pertenece a una escritora. Sólo encontramos textos de mujeres en el libro del III Certamen literario de poesía y cuento, con mención aparecen Ximena Esquivel Mastandrea y Elisa Barrientos[31]. La primera después es integrada en la antología Si hay, donde el predominio es evidentemente masculino.

En una entrevista realizada en el año 2013 al escritor Pablo Espinoza le preguntamos por qué creía que había mayor producción poética y menor muestra narrativa. Atribuyó esa diferencia a las dificultades para poder publicar. Incluso señaló que representaba un desafío para las editoriales alternativas que trabajan con formatos pequeños en los que más de un cuento o dos no podrían incluirse. La poesía del nuevo milenio, por su parte, con tendencia a la brevedad había encontrado en estas ediciones una efectiva vía de circulación. Ante este panorama, los concursos literarios de cuento se constituyeron en importantes trampolines para los escritores emergentes, pues favorecieron el acceso a la publicación y representaron la posibilidad de la circulación y la difusión de sus obras. Los concursos, como es sabido, legitiman a los autores; el jurado, generalmente compuesto por escritores o críticos de renombre, evalúa con criterios determinados el valor literario de la obra y en ese acto instala un nombre en el campo cultural. Depende después del autor premiado la permanencia y/o trascendencia a partir de la configuración de una trayectoria propia.

En esta misma línea es destacable la tarea de las editoriales independientes como 3 Ramones, Tres tercios e Intravenosa que no sólo se ocuparon de editar obras de autores reconocidos que no habían sido publicadas en su momento[32] o reeditar obras importantes de la literatura jujeña que ya estaban agotadas[33]sino también se interesaron por la visibilización de la producción de autores jóvenes de nuestra provincia y de otros pertenecientes a la región del NOA.

La cuentística y la poesía actual también encontraron en las revistas culturales importantes canales de visibilización. Las revistas Intravenosa y El caldero del diablo con proyectos editoriales definidos y distintivos publicaron textos de gran parte de los escritores que están haciendo camino en la literatura. Aunque conviene aclarar que los ejemplares de estas revistas si bien aspiraban alcanzar un público masivo[34] circularon por ciertos entornos cercanos al mundo universitario; los impulsores de ambas revistas transitaron (algunos son profesionales) por la carrera de letras.

Jujuy en el nuevo milenio ofrece una variedad interesante de narradores que continúan, con estilos propios y explorando otros temas, el camino trazado por grandes como Tizón, Calvetti, Pichetti, Demitrópulos, Baca y Alabí. El presente trabajo es apenas una aproximación al campo virgen de la narrativa actual que todavía está en plena conformación.

Bibliografía

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_________ (2009) “Campo literario jujeño en la década del noventa: El fin de la inocencia”. En M. Lago, Jujuy bajo el signo neoliberal (155 – 169). San Salvador de Jujuy: EdiUNJU.

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Goitea, M. (2008) El transporte es un desastre. San Salvador de Jujuy: el autor.

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________  (2015) Habitantes.  San Salvador de Jujuy: Tres Tercios

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Rodríguez, S. (2013) “Nueva narrativa salteña o ‘La imposición de una ciudad desquiciada’”. En Massara, L. et al., La literatura del Noroeste Argentino. Reflexiones e investigaciones, Vol.  I, (230-246). San Salvador de Jujuy: EdiUNJU. 

Villaroel, E. (2017) Arcade. Antología de poesía y narrativa. San Salvador de Jujuy: Fondo editorial de la Secretaría de Cultura de Jujuy.


  1. Quiroga (1942) es una de las autoras tardías, pues por edad es una década mayor que la generación de los “ochentosos” (Aguirre, Baca, Carrizo, Alabí). Si bien algunos de sus poemas fueron publicados en los ’80 en el suplemento cultural Pregón, recién a fines de esa década publicó su poemario Mariposas (1988). En los noventa, en poesía tenemos Poemas de la Soledad (1994) y Salvajes luces inquietas sombras (1998); y en narrativa: Ráfagas de viento (1991) y Mensajería (1995).
  2. El caso de Miguel Espejo es particular; a pesar de tener muchas obras publicadas, no es un nombre destacado en el campo literario. En los noventa publicó tres libros de poesía y dos de narrativa. Todos ellos fuera de la provincia (Buenos Aires y Córdoba).
  3. Es uno de los autores más prolíficos de la década; publicó un total de trece libros. En narrativa, entre otros encontramos: ¿Quién pidió un vaso de agua? (1992), Cuarteto en el monte (1993), Diario de un explorador (1996), El puente del diablo (1997), Cartas de amor (1998), Concierto de jazz (1999).
  4. No mencionamos en detalle los libros publicados del autor por ser ampliamente conocidos y estudiados.
  5. En 1978, Aguirre publica Historietas, un libro valorado por críticos y pares como de ruptura.
  6. Hablamos del Suplemento cultural del diario Pregón que co-dirigió junto a Marcos Paz. Groppa estuvo en esta función desde 1960 hasta 2001.
  7. Ellos, nacidos entre 1949 y 1959, son: Alejandro Carrizo, Pablo Baca, Ramiro Tizón, Jorge Accame, Estela Mamaní, Álvaro Cormenzana, Ernesto Aguirre y Nélida Cañas. Véase: Castro, Reynaldo. 1991. Nueva poesía de Jujuy. Antología. Palpalá-Jujuy: Daltónica.
  8. Castro recupera un fragmento de una entrevista que le hiciera Raquel Garzón para Clarín a Héctor Tizón en 1999: “Y es que nos pasó a escritores como [Juan José] Saer, [Ricardo] Piglia y yo mismo: no tuvimos parricidas, jóvenes que nos leyeran, cuestionaran y “mataran” primero, para asumirnos luego como herencia. Los diezmó el Proceso. El paso de una generación a otra no fue gradual sino brutal: no hubo trasvasamiento, sino vacío. Y hubo que sobreponerse también a eso.” Véase: Castro, Reynaldo. 2009. “Campo literario jujeño en la década del noventa: El fin de la inocencia” en Lagos, Marcelo. Jujuy bajo el signo neoliberal. Política, sociedad y cultura en la década de los noventa. San Salvador de Jujuy: EdiUnju.
  9. En Encuesta a la Literatura Jujeña (2006), los escritores encuestados, en su mayoría nacidos en la década del ’50 y ’70, señalan como figura valiosa a Néstor Groppa por encima de Héctor Tizón. Si bien la encuesta es sólo una muestra de las valoraciones de 20 escritores, nos permite tener una idea de los referentes literarios. El nombre de Groppa también aparece mencionado en primer lugar en otra Encuesta realizada en el 2010 por Alejandra Nallim y Reynaldo Castro.
  10. En el 2000 publica Libro de ondas y en adelante el resto de los tomos de sus Anuarios del tiempo (desde el III hasta el X).
  11. De los textos que integran el volumen, “Jujuy está muerto” es un ejemplo de prosa poética; mantiene la unidad con el resto de los textos por lo temático: la frustración, la desazón, la impotencia de una voz poética que denuncia la desidia social.
  12. La editorial, fundada y dirigida por Alejandro Carrizo inicia su trabajo cinco años después de la aparición del primer número de la Revista cultural El duende en 1993.
  13. Con tiradas de 215 ejemplares, este dato no es menor ya que nos permite presumir una circulación limitada de los textos.
  14. Ambos integraron el staff directivo de la revista desde su primer número hasta el último, el resto del equipo fue renovándose.
  15. Los autores: Fernando Choque, Facundo Lerga, Gabriel Peñaloza y Gonzalo Vilca.
  16. Recientemente, 2017, la editorial Macedonia publicó una nueva edición revisada y ampliada.
  17. Hablamos de Susana Quiroga y Mónica Undiano a partir del grupo, sello editorial Ahora o nunca.
  18. Tres tercios, Tres ramones y Cuadernos del Duende.
  19. Entre las más representativas podemos nombrar Alma de goma (Pablo Espinoza), Ediciones del té (César Colmenares) y recientemente Cronopio (Elizabeth Soto).
  20. En el 2007, algunos nombres de poetas aparecieron en Poesía Joven del Noroeste Argentino de Santiago Sylvester.
  21. Carlos Manzur obtuvo el segundo premio en la categoría cuento y Ximena Esquivel, una mención. En el mismo concurso Martín Goitea obtuvo el primer premio.
  22. En Groppa. Libro homenaje de los escritores autoconvocados, Alabí expresa su admiración y se declara aprendiz de la singular mirada groppeana, que hacía foco en escenas callejeras, en sujetos comunes que pululaban diariamente las calles de la ciudad de Jujuy: “Don gringo Enegé, recogiendo la polvareda del picado, los remolinos rojos de la oración que fileteaba la silueta del monoblok H. Y yo mirándolo mirar y llevarse a su observatorio de tarde baldes repletos de material fresco en su libretita y subirlos hasta el andamio del observatorio en la “Urdininea”. Porque sabía que el domingo en la fachada de la página literaria volvía el puente y la Dorrego viborera y bolivariana y el H pero emboquillado y con revoque fino…” (Quiroga, S. y Undiano, M., 2014: 17).
  23. Este autor incluso entabló vínculos amistosos con los nuevos escritores.
  24. En el 2011, su cuento “La feria”, premiado a nivel provincial, forma parte de Cuentos del Noroeste. El año pasado, 2017, Guerrero ganó el III Concurso de cuentos del NOA con “Miércoles de cenizas”.
  25. Maximiliano Chedrese Lachat nació en Córdoba en 1978. Reside en San Salvador de Jujuy desde 1983. Integró desde los inicios el equipo de Dirección de la Revista Cultural Intravenosa. Fue parte del sello editorial Intravenosa ediciones. También conformó la editorial independiente Tres Tercios. Actualmente está a cargo de la Coordinación de Artes e industrias culturales de la Dirección provincial de Derechos Culturales.
  26. Nos referimos a la encuesta realizada por Reynaldo Castro y Alejandra Nallim. En ella los encuestados señalan a Leguizamón y Ortiz –en primer y segundo lugar- como los escritores que “dejaran una huella en el sistema literario local”. Véase: Castro, R. y Nallim, A. 2012. “Letras del Bicentenario. Respuestas y silencios de escritores jóvenes de Jujuy” en Jornaleros. Estudios Literarios y Lingüísticos 2. Bicentenario y Literatura Argentina. Jujuy: EdiUnju.
  27. Martín Goitea nació en Jujuy en 1976. Colabora con frecuencia en revistas culturales. Se desempeñó en cargos de Gestión Pública.
  28. De similar modo en “La lluvia”, cuento incluido en Si hay, el aparente narrador omnisciente al final se devela testigo de la lluvia torrencial que destruye y cubre la ciudad: “Grita y la garganta se le llena de agua, tose, nada y nada y nada… La corriente lo amontona allá, confundiéndolo con el resto, como una cosa más en la vulgaridad, en un horizonte lejano de perspectiva afilada y negra hasta que definitivamente lo pierdo de vista”. pp. 18 (resaltado nuestro).
  29. En el cuento “Crítica a la casualidad” la interpelación al lector es explícita: “De a poco, en este contarle a usted lo que pasó esa tarde al pie de la estatua cubierta de caca de palomas, se va enterando de mi historia…Que no tiene tiempo, que está leyendo este libro en el baño, que se tiene que acostar temprano ¿Y qué culpa tengo yo? El problema es suyo, yo no voy a falsear los hechos por la imperiosa necesidad que tiene usted de recibir información rápida y concisa, eso le pasa por mirar tanto canal de noticias que no le dan tiempo a pensar un segundo en la tragedia que acaban de informarle porque sobre el pucho le largan que cien mil chinos pisaron al mismo tiempo” (43). Este es uno de los pocos cuentos de Chedrese donde la realidad contextual aparece enmascarada. El epígrafe, un fragmento de una noticia, nos sitúa en la década del ’90, período de gran convulsión social provocada por las políticas neoliberales que desembocaron en desempleo, recortes salariales, privatizaciones, crecimiento de la pobreza, paros y protestas generalizadas. El cuento expone otra versión de una manifestación, el descontento social no es contra las políticas gubernamentales sino contra el oportunismo lascivo de un hombre.
  30. Llamativamente, tres de los seis cuentos que componen el libro habían sido publicados ese mismo año por EdiUnju junto a las producciones ganadoras del Certamen Literario de poesía y cuento. El cuento “El transporte es un desastre” vuelve aparecer en la Antología de 2010 con el título “Docuficción”.
  31. Los textos incluidos no son cuentos sino microrrelatos.
  32. Tal es el caso de Los poemas del Jigante de Álvaro Cormenzana, obra premiada pero no publicada sino hasta 2011 por la editorial 3 Ramones.
  33. En el 2012, la editorial Tres Tercios lanzó la colección Biblioteca jujeña contemporánea compuesta de diez libros de diez autores jujeños. La integran: Ángel Negro, Mónica Undiano, Jorge Accame, Pablo Baca, Alejandro Carrizo, Alberto Alabí, Víctor Ocalo García, Marcelo Constant, Ernesto Aguirre y Estela Mamaní.
  34. Sobre todo El Caldero del diablo que era vendida a un bajo costo por su misma condición de fanzine. La revista El Caldero del diablo sigue circulando con tiradas mensuales.


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