Otras publicaciones

12-3861t

Book cover

Otras publicaciones

9789877230185-frontcover

cover

Se hace poesía al publicar

Experiencias editoriales independientes
y artesanales en Salta

Julieta Colina

La poesía tiene, como parte misma de su especificidad, la necesidad de apropiarse de un soporte. Ahora bien, ese condicionamiento está matizado por otra característica: no parece haber límite definido para el soporte. Una pared, una servilleta, un billete o la misma mano pueden servir de apoyo material a un poema. Santos Vergara, artista plástico y escritor de Orán, recuerda que en su infancia pobre soñaba con un lápiz y una hoja en blanco para ensayar sus trazos. Mientras el sueño esperaba paciente, cualquier pedazo de papel sucio era un recurso aceptable para la creación.

El trabajo editorial tiene la enorme tarea de construir las condiciones de posibilidad para que las obras de los escritores lleguen a manos de los lectores en formatos relativamente accesibles y que acompañen, en la medida de lo posible, el valor de lo que cobijan. La industria editorial -parte del sistema de mercado en el mundo que habitamos- antepone a los anteriores objetivos el valor de las ventas y ganancias monetarias. En ese entramado de intereses, la poesía asoma la cabeza entre multitud de estanterías y vidrieras, haciendo esfuerzos para no perderse entre tanto ornamento y llorando todo lo propio que quedó perdido en las márgenes del mercado.

Sin embargo, suele circular una potencia literaria al borde de los cánones y formatos legitimados por la Literatura con mayúscula vinculada a los sistemas editoriales de mercado. El motivo de la diferenciación jerárquica literatura reconocida-literatura no reconocida no necesariamente tiene que ver con una valoración de la calidad de las producciones, sino más bien con una antigua imposición de la cultura hegemónica como la única escena de la vida simbólica de un territorio. Al margen, en la sombra de esos escenarios donde se otorgan diplomas y laureles hay, como decíamos, un pulso creador especialmente vivo que, incluso sin reclamar algún sitio en el ámbito del canon literario, construye otro trazado simbólico e identitario. Esta caladura sobre el mapa cultural de Salta tarde o temprano lo ramifica con surcos hechos de imágenes diversas de nuestra provincia y sus formas de habitarla.

El caso entonces es que la creatividad en manos de artistas, editores y gestores culturales ha logrado siempre inmiscuirse por los intersticios de los espacios consagrados para publicar a autores y promover el polimorfismo de las gestiones culturales. De modo tal que las formas de hacer circular la literatura han encontrado vetas, y esto lógicamente ha modificado también el discurso literario en sí mismo.

La propuesta que sigue es explorar algunas expresiones del trabajo editorial independiente y artesanal desarrollado en la provincia de Salta en las últimas décadas para rescatar el valor de dichos proyectos en la producción, distribución y recepción de textos poéticos. En este sentido, tomaremos como referencia algunas de las propuestas que trabaja Matías Moscardi (2016) en Máquina de hacer libritos. Poesía argentina y editoriales independientes en la década de los noventa. Principalmente, la necesidad de volver a poner la mirada sobre las prácticas de escritura que habilitan los proyectos editoriales independientes al transformar los modos de hacer y los modos de decir y, de esta forma, redistribuir el reparto de lo sensible, al decir de Ranciére (2011). Para ello, revisaremos las nociones de “independencia” y “artesanía” en la generación de proyectos literarios; trazaremos un panorama de los proyectos editoriales independientes y artesanales en Salta desde los ochenta en adelante y seleccionaremos un corpus breve de obras que permita la aproximación a estas problemáticas y circunstancias particulares dentro del campo literario de Salta. En dichos casos, analizaremos los modos en que la escritura se ve interferida por (o interfiere en) la materialidad, el formato o los modos de circulación que la transportan a los lectores. Así, intentamos develar cómo los proyectos editoriales independientes y artesanales han tenido la función y la capacidad no sólo de activar circuitos alternativos de escritura en la provincia sino también de habilitar una cartografía diferente a la tradición local, con sus lenguajes particulares y sus propias representaciones de lo literario.

Sobre algunas particularidades de proyectos editoriales independientes y alternativos

Matías Moscardi (2016) especifica de qué hablamos cuando nos referimos a ediciones independientes y ediciones artesanales. Las primeras son aquellas que surgen como producto de emprendimientos menores opuestos de alguna forma al establishment y que tienen predominancia, en Argentina, en la década del noventa con el auge del neoliberalismo y el crecimiento de la industria transnacional del libro; en segundo lugar, lo artesanal tiene que ver con la hechura del libro con las manos, con lo casero. Ambos casos, refiere Moscardi, generan una vinculación entre el modo de escribir y la forma material de su producción. De lo dicho, nos interesa centrar la atención, por un lado, en el carácter metamórfico de la poesía vinculado a la mutación de sus soportes o modos de circulación. Por otro lado, la recepción de esos textos -su lectura- también se transforma por la inscripción que deja la mediación del soporte.

En definitiva, los conceptos de poesía, de escritor/editor y de lector son motivo de revisión ya que estos textos y su presentación habilitan nuevas perspectivas de análisis crítico. Justamente esa es la integración entre las prácticas de escritura poética y el estudio de las editoriales independientes en donde Mazzoni y Selci (2006) ven la necesidad de que la crítica literaria se detenga.

Rumbos del campo editorial en Salta

Simplemente para tener un pantallazo, diremos que el campo editorial de las últimas décadas en Salta ha presentado las variantes que enumeraremos a continuación, siguiendo la aproximación de Raquel Guzmán (2014).

  • Imprentas con sello editorial que editan libros pagados por el propio autor, donde el autor controla la publicación y la distribución de ejemplares. Ej.: Mundo Gráfico.
  • Emprendimientos comerciales gestados por escritores para la publicación de sus libros y de otros autores, con un sello editorial y un trabajo conjunto de distribución y circulación. Ej.: Ediciones Retorno; Ediciones del Grupo Vocación de Orán; Ediciones El Robledal.
  • Ediciones artesanales, donde el escritor cumple todos los roles: escribe, diseña su libro, lo imprime, lo presenta, lo distribuye y lo difunde. Ej.: Editorial Puentipalo (César Antonio Alurralde); Editorial Tunparenda (Jesús Ramón Vera); Editorial Altoyuyo (Juan Díaz Pas); Editorial Kamikaze (José González); Editorial Equus Pauper (Alejandro Luna); Editorial Del Colectivo Ya Era (Diego Ramos); Editorial Killa (Fernanda Salas); Ediciones ¡Ay caramba! (Alejandro Chiri); Editorial Cuaderno de Elefantes (Mario Flores); Editorial Saltalandia (Rodrigo España) .
  • FONDO EDITORIAL (de la Secretaría de Cultura de la Provincia), que publica según una selección con criterios académicos y generalmente a autores que no es posible conseguir de otra manera para ponerlos a disposición. Hay polémica en cuanto a los criterios que se manejan, pues usualmente aparecen títulos cuya selección es difícil de comprender.
  • REVISTAS. Ej.: Diálogos, Letras, Artes y Ciencias del Noroeste Argentino; El pájaro cultural (independiente, como proyecto parte de La cocina de Gómez, con la dirección actual de Juan Ahuerma Salazar); La cocina de Gómez, arte y cultura (Revista) Artenautas (agenda cultural y entrevistas a agentes del campo cultural salteño); Estaciones de Vocación (Grupo Vocación de Orán); Cuadernos del Trópico (Santos Vergara, director); Claves (columna de Teresa Leonardi Herrán); La Valquiria (Rosario de Lerma, César Martínez y Leonardo Rivera); Sonámbula; La Quimera.

Guzmán destaca que, en la mayoría de los casos, los escritores deben asumir las funciones vinculadas usualmente al trabajo editor, como ser la edición, la publicación y la difusión del material. El escritor Carlos Müller (2011) enfatiza también la ausencia de una política editorial seria en la provincia y la desaparición de los editores a pesar de la existencia de imprentas. En este sentido, por ejemplo, hace hincapié en la ausencia de difusión y generación de espacios de visibilidad de escritores del Norte. Sin embargo, otra postura, como la del escritor Juan Ahuerma Salazar, considera innecesaria e inconveniente la apertura del mercado editorial en la región porque, de ser así, se generarían transformaciones opuestas a nuestros modos de relacionarnos casi personalmente a través de la literatura:

Algunos escritores, como César Alurralde y Juan Ahuerma afirman […], que hacer ediciones de autor es una ventaja ya que se evita la distribución masiva y obliga a una distribución mano a mano, un contacto directo entre el escritor y su gente (Guzmán, 2014: 120-121).

Creo que es importante el estudio más detenido de estos aspectos ya que significan una entrada a la producción que nos obliga a examinar la escena literaria en su integridad.

Nos situamos así en una perspectiva compleja del objeto recortado en la trama enmarañada de una situación socio-histórica con la que comparte una lengua y una esfera de significación. A la vez el texto poético es un enunciado, es decir, una réplica de otros enunciados, forma parte de la cadena de enunciados que constituye la literatura, en actitud dialógica con lo literario y lo no literario de su época, y de épocas anteriores, sin dejar de ser -simultáneamente- un antidiscurso ya que repele la lógica discursiva(…). Por otro lado, el carácter performativo del texto instituye un cierto modo de participación en la sociedad, construyendo un lugar de enunciación donde no sólo está la palabra individual sino también la expresión colectiva (Guzmán, 2014: 222).

En este sentido, los textos no pueden leerse aislados de sus medios de producción y recepción ya que cada uno está mediado por problemáticas que se entrecruzan en un espacio discursivo dinámico y heterogéneo. De modo que se vuelve necesaria la construcción del Noa cultural no sólo como acontecimiento sino también como discurso (Guzmán, 2014).

La poesía así en la tierra como en el cielo. Tunparenda y los votos[1] inmortales de Jesús Ramón Vera

En la casa de la poesía sólo permanece lo que se escribe con la sangre para ser escuchado por la sangre.

Walter Adet

Jesús Ramón Vera (1958-2012), entrado el siglo XXI, parece ser una leyenda de la poesía de Salta que, quienes no tuvimos la oportunidad de leer y conocer en vida, debemos descifrar con dificultad como intentando rearmar un rompecabezas de restos dispersos en el piso. A pesar del esfuerzo, aparece inevitable la sentencia que el mismo Vera escribió: Su forma original ya es imposible[2]. Decimos “leyenda” en tanto todos pueden contar una versión, pero no se sabe cuál es la infalible. Más allá de las discusiones detrás del misterio de este artista, Vera generó un movimiento en la cultura salteña que resulta ineludible en nuestra historia sociocultural.

Hablamos de un poeta marginal desde el punto de vista de su lugar de enunciación pero también desde el lugar de sus sentimientos. Se lo encontró siempre encabezando la vereda de los que enfrentan los poderes establecidos como armas que apuntan contra los más débiles. Fue un auténtico luchador del arte como forma de vida y de supervivencia humana. Entre otras cosas, su biografía incluye la dedicación docente (controversialmente suspendida), la manufacturada producción poética y la permanente gestión y puesta en marcha de proyectos populares, culturales y artísticos como el trabajo editorial, la vida de la comparsa y los talleres artísticos comunitarios. Dicen también (las malas lenguas) que tenía una relación impostergable con el vino. Será que la sangre de hombres con esta trascendencia no puede ser menos; será que en estas ocasiones no hay otra forma de gobernar los gritos de la sangre.

Entre sus tantos emprendimientos, la intención ahora es referirnos al proyecto editorial Tunparenda que llevó adelante junto a Santiago Rodríguez[3], Julio Lamas y Raúl “Pekinés” Lamas[4]. Se trató de un emprendimiento que tuvo el objetivo de dar vida y circulación a la poesía local a partir de publicaciones artesanales. Proyecto abierto y trascendente en tanto publicó no sólo textos inéditos y paradigmáticos en el movimiento literario contemporáneo, como el caso de la edición de El pan del consuelo de Jesús Ferreyra, sino también textos de autores ya consagrados, como es el caso de la reedición en 2004 de Incesante memoria de Teresa Leonardi Herrán.

Dentro de este proyecto Vera publicó, entre otros, su segundo libro Así en la tierra como en el cielo en el año 1989. De este poemario queremos destacar, para empezar, dos características. Por un lado, sus poemas se imprimieron en el reverso de las boletas de las últimas elecciones, gesto clave para su figura de poeta y de editor. Por otro lado, el poemario contó con la presentación en prólogo de las palabras de Walter Adet, más que consagrado poeta, crítico y habitante del Olimpo de los dioses de Vera. En efecto, me gustaría proponer, como base de la reflexión, aquello que precisamente Adet (1982) con tanta transparencia definió en la pregunta “¿qué saldo deja una literatura que anduvo entre religiosos y familias principales por cuatro siglos de vida intelectual?” Y es que al pensar en la figura de Vera como poeta y como editor, es absoluta la imagen de un verdadero democratizador de la palabra, de un escritor que rompió tradiciones y poses en las presencias de la poética salteña. Esto puede verse a lo largo de su trayectoria en general y en Así en la tierra como en el cielo en particular. Con respecto a la singular forma del poemario de hacerse libro, nos detendremos en la idea de la escritura que aquí pueden reconstruirse como palimpsesto, por un lado, y la literatura en su vínculo con el reciclaje, por otro.

Así en la tierra como en el cielo es un título que abre varios sentidos y lleva al lector a reubicar algunos parámetros de la cultura en las tradiciones locales. En el inicio, el poema que da nombre al libro nos dispone en la perplejidad de las conquistas del hombre sobre el hombre “Le lavaron el cerebro / secáronle la mejilla” (2013: 55). La creencia religiosa de contigüidad entre lo que pasa en la tierra y lo que pasa en el cielo aparece reinterpretada aquí como lugares habitados puramente por el hombre. La voluntad del dios que reza el Padre Nuestro en los versos de Vera se vuelve la voluntad del hombre sobre el hombre, que conduce a las derrotas y las pérdidas “En el invierno / y también en el infierno / se arrodilla ante los todopoderosos / con alegría” (55). Los votos de la fe están allí puestos en la intemperie y la suspensión del hombre sometido, del indio bajo la conquista siempre absurda y enajenante de un dios más poderoso que el propio. Se lamenta el poeta de la enajenación del hombre de su tierra que mira a un dios incluso en cualquier tecnología: “En el más allá / habría aire acondicionado”.

Lo que suma mayor impulso es que ese triste rezo del poema aparece interceptado por la “elección electoral” con que comparte el papel. Esto hace pensar al hombre poniendo en manos de algún político el destino de la gente. El hecho de que el libro esté impreso en el reverso de las boletas electorales carga cada palabra allí escrita con la sombra de lo que hay del otro lado. Es, entonces, una escritura que se sostiene en la historia política, en los mecanismos de la democracia; una escritura que no se puede separar, independizar ni sentir aparte del sistema. Reciclar el voto, volver a poner en uso aquello destinado ahora a botarse, aquello que ya no sería más que basura, es el gesto que lleva impregnada la tarea de salir de entre las ruinas, de buscar una resurrección posible reciclando las palabras y sus sentidos perdidos en una pugna electoral, en una historia irremediable.

De esa manera, encontramos poemas que verdaderamente parecen palabras rescatadas -con la capacidad milimétrica del relojero- de la vorágine donde el lenguaje se desdibuja. Esas palabras bastan para recomponer la imagen del hombre en su realidad más inmediata con la vida y con las formas de la desgracia.

el viejo

El árbol

lo protege del inverno.

Vende maní.

Compra maní.

Bajo el sombrero

una sombrita espera el día.

Aparecen en los poemas pequeñas historias, insinuaciones de sutiles hallazgos que van trazando un laberinto con puerta de entrada pero no de salida. El lector tiene también que emitir su voto, lo que implicaría terminar el poema, resolver la magia, salvar la historia. Se desprende de esta propuesta una falta de forma acabada (in-formalidad) o una imprecisión que puede asociar el soporte con el contenido. El poeta, político activo, emite su campaña. El lector que lo elija deberá actuar ante ella, dar su voto.

paisaje

Un jardín.

Cielo

de agua clara.

Un arbolito:

Un mendigo duerme

bajo la tierra.

Como todo buen poema -según dice Adet- calla cuando es debido. Algo siempre queda sin decir. Se trata de poemas del vaticinio por lo que revelan; pero son escrituras del enigma, por lo que callan y queda resonando. Una búsqueda en las sombras del misterio, de la magia y del acertijo. Una búsqueda que invita al lector a la búsqueda. La presencia de Adet en la antesala de esta lectura significa una marca legitimadora, pero no por su renombre en las altas letras, sino por lo hondo y preciso de su mirada. La artesanalidad de este trabajo, ese rasgo que lo hace único en su especie, quizás tenga que ver con la dedicación puesta en encontrar la palabra justa, la palabra precisa. De esa forma, Vera busca reducir lo que queda por decir a lo esencial, sincronizando con Rilke cuando sugiere “No se deje engañar por la superficie. En lo profundo todo es ley.” (Cartas a un joven poeta).

Diego Ramos, la voz de la villa, la voz de la orilla, la voz de los barrios privados de voz[5]y Ya Era, productora de ideas alternativas y de trabajo no formal

¿Por qué esperar un año para generar un concurso literario de la provincia si podíamos publicar cinco títulos en una semana? (YA ERA)

Hablar de YA ERA es referir a un proyecto que rebasa la experiencia pura y formalmente literaria a partir de la gestión de diversas actividades comunitarias (ferias de libros, talleres de artesanías, de reciclado y de malabares y espectáculos de títeres). De hecho, la intención primordial de este grupo colectivo de trabajo tiene que ver con lograr el acercamiento de la cultura cualquiera producida por cualquiera a gente cualquiera.

No todo cuanto se dice está en los libros. YA ERA encuentra en las paredes, en papeles rotos esparcidos al azar, en la oralidad del callejeo, en la feria y el desorden ambulante los espacios vinculares de su comunidad y los sentidos de sus prácticas (Juan Manuel Díaz Pas).

Un rasgo interesante del proyecto es justamente la movilidad de sus integrantes por ámbitos muchas veces antagónicos, como ser la universidad y la calle. Considerando puntualmente sus experiencias editoriales, se trató (¿se trata?[6]) de una “revista”[7] colectiva a cargo de poetas jóvenes entre los que, en su origen (2008), se encontraban Juan Manuel Díaz Pas, Alejandro Luna y Diego Ramos. Además de la revista, el objetivo motor fue desde el inicio publicar libros de autores locales inéditos en formatos elaborados absolutamente de modo artesanal (pequeños libros con tapas de cartón reciclado de las calles de la ciudad y fotocopias abrochadas o cosidas; siempre con alguna ilustración en pintura de color, generalmente con algún detalle particular en cada uno de sus ejemplares).

Para entender el momento en que se germina este proyecto, cuenta Juan Manuel Díaz Pas que sus antecedentes se remontan a un par de años antes de Ya era, cuando el grupo participaba de lecturas públicas en distintos eventos por los que “acarreábamos nuestras plaquetas fotocopiadas y las repartíamos a quienes pasaran” (Díaz Pas, 2011:179). Si bien el grupo se conoce en la universidad, sus actividades están orientadas a otros espacios. De allí surge en el 2005 de la mano de estos y otros escritores la revista Kamikaze que conllevaba ya la voluntad de editar artesanalmente los libros de sus integrantes. En esos momentos, el grupo tenía bien clara su postura frente a lo que consideraba literatura y su intención de ahondar en las grietas de lo que -se decía- eran el buen gusto y la alta cultura. En este caso, la escritura de Jesús Ferreyra (perteneciente en términos generacionales a un grupo de escritores más grandes en edad) representaba para ellos una bisagra en la escritura de Salta que permitía situarlos en un lugar de fuerte controversia y oposición al discurso poético/político oficial. De este plantel inicial se desprenden el proyecto editorial artesanal de Alejandro Luna, Equus Pauer y, de allí también, Ya era.

Los “libritos” publicados por YA ERA son autodefinidos como una recopilación de mitos, leyendas, medicina alternativa, gualichos, poesía, historia de gente de la calle, drogadictos, cirujas, marginales, pobres en general. En palabras de Díaz Pas la propuesta “no está cerrada a un sólo público pues pudo haber sido escrita por cualquiera, no lleva firmas y tampoco interesa demasiado esa función autorial como sí el reconocimiento del valor performativo del lenguaje (182)”. De hecho, hay muchas publicaciones sin (nombre de) autor y, se podría decir, sin editor ni correcciones: puro engranaje de palabras que alguien, algún lector transeúnte, tiene que pechar para que avance y conduzca a esa realidad insinuada. En este sentido, creo que el proyecto redefine, mezcla y conjuga de un modo particular los roles de escritor, texto y lector, que deben rasgarse las costras secas heredadas de la obligada devoción ante una literatura grandiosa. ¿Qué significa ser un poeta? ¿Qué puede llegar a ser poesía? Todas estas dudas quedan dispuestas para que el lector resuelva la incógnita, quizás por eso hacen propio el poema del autor jujeño Germán Walter Choquevilca:

Interrogante

¿El poeta nace o se hace?

Desde el cúbico espacio de mi cuarto

siento el trueno orador de lejanía

y es la ventana un ojo en la tiniebla

y la lluvia una suave letanía.

¿Por qué seguir pensando en lo de anoche

y averiguar lo que es la poesía?

¿Hay que ser erudito para amarla?

¿Hay que leer tratados cada día?

¿Hay que seguir los pasos de los genios

o acostarse a la sombra de las divas?

(…)

¿Es poeta el que habla del soneto,

de Rimbaud, de Breton o Lamartine,

o el que defiende las razas y los pueblos

porque es corto el espacio en que reside?

(…)

¿Quién es poeta al fin de este balance?

¿Somos todos o algunos infelices

que por no tener en qué ocuparnos

nos bebemos el vino en sus raíces?

Vosotros, que sois jueces para todo,

¿quién es poeta? ¡por favor decidme!

Entre las olas de este movimiento cultural alternativo, surfea -como un campeón olímpico de la lucha simbólica villera- la gestión cultural y literaria llevada a cabo por Diego Ramos (el “Chuky”), quien posiblemente ya sea también un mito de la cultura plebeya de Salta. Un extraño clima familiar y a la vez absurdo genera que en sus narraciones se devele, de modo grotesco y desencajado, una ciudad más real de lo que podríamos sospechar. Realidad social de los barrios y villas, hambre, dolor, muerte, poder, “progreso” son temas que se dan rienda suelta en sus escritos difíciles de definir. Ensayos, crónicas de la ciudad, poemas malditos, mitos de tradiciones oscuras, cuentos hechos de recuerdos de alguna mente surrealista y delirante. Brota de todo esto, una conciencia de lo profundo, que va más allá de toda forma: “¿qué hombre puede juzgar las faltas de los más pobres? (Diego Ramos)”.

En estos escritos eclécticos y multiformes, resulta evidente una desobediencia a la corrección. De hecho, el flujo y el modo de presentación de los textos no toman en cuenta la ortografía, la puntuación y la coquetería de la literatura de corrección. Al contrario, el lector tiene en sus manos también la tarea de editor, en tanto debe muchas veces terminar de dar forma a los textos (“corregirlos”) o, en tal caso, desestimar la mediación de la palabra para escuchar directamente el grito de la bronca. Seguramente la posición por fuera del sistema de publicación formal que asume este escritor (que, de más está decir, auspicia de editor, impresor, repartidor, etc.) le permite dichas renuncias. Suficiente tiene el poeta villero con tener que sobrevivir como para estar revisando detalles del texto escrito-parece ser la idea-.

Entonces, en las publicaciones de Ramos aparece, auspiciada por YA ERA, una literatura que se autoconcibe como “Literatura Social”. La voz de la enunciación, la que toma la palabra de los sin voz, siempre se ubica en ese lado de la vereda: “Allí estamos todos, contraventores, ladrones, manyines, lustras, malabaristas, carreros, trapitos, pichis, picheritos, tomadores circunstanciales, anticonchas, moto chorro, pipero, fumanchero…” y busca de modo verborrágico que se entienda quién es quién, dónde realmente está el poder y la delincuencia. Con este recorrido, el poeta callejero se mueve como pez en el agua en un espacio de papel que le permite decir lo que sea, como salga. La fidelidad a la espontaneidad es una de las técnicas de escritura que parecen más apreciadas y lleva justamente a romper las tradiciones de las escrituras correctas, de las voces correctas, de las posiciones sociales correctas. Los relatos parecen declamados con la fuerza de la oralidad al leerlos. Se escribe y se publica como se puede, pero con la conciencia profunda del valor real de lo que la toma de la palabra significa: romper una tradición para inaugurar otros valores.

La tradición

Cuatro siglos usa el mismo poncho

Valle hermoso e ingenuo

No vas ni venís

Levantate los flecos, mirate

Los pies amputados.

Vemos aquí una asimilación absoluta del ser hombre y ser escritor. Una ampliación del ser hombre a los parajes más fantásticos y, a su vez, una apertura del escritor a todas las formas de trazar un camino humano. Así se escribe su autobiografía el poeta/artesano/caminante/obrero/aborigen:

Soy joven y villero, bohemio, vago, atorrante, poeta y artesano, músico, delirante, soy ladrón de sonrisas, vendedor ambulante, actor callejero que ofrece arte en las esquinas, malabarista bailando los colores del semáforo a las sonrisas de los niños, soy sin derecho civil, ellos son la ley, son los jueces, son la policía (…) Soy simple, básico, respeto a todos, desde el más chiquito hasta el más grande y siempre corro la liebre vendiendo golosinas por la catedral para hacerle frente al hambre de estas tierras, soy Salteño pero la coima municipal y la contravención policial no me dejan vivir honestamente por eso le pido que me ayude con una monedita, mejor si tiene trabajo, soy bueno con la plata, el cobre, y el bronce, manejo bien la pala y el pico, soy sincero en el tintero y no soporto las injusticias, dígame cuando necesite un carpintero, un joyero o un malabarista, un electricista o un artista para un teleteatro de la vida. Soy un Ya era y uno mis fuerzas en la batalla de las mamaderas en contra de las empresas usureras que tienen de esclavo al pobre trabajador que siempre paga su boleto y el de sus hijos con el sudor, que lo parió.(El Pájaro Cultural, 2016:11)

La autogestión se presenta, pues, como motor del cambio literario introduciendo en sus estéticas otros circuitos por el mapa de Salta. Los personajes y los lenguajes transparentes reconstruyen las tradiciones de las márgenes desde su propio centro poniendo en evidencia lo cotidiano que se pierde en el día a día. La calle no es percibida por este artista como una carencia sino que es interpretada puramente como una forma de creación. La poesía se convierte, así, en dominio del vagabundo.

Construir la propia cultura (modelos de producción cultural participativa)

A modo de conclusión, creo que es importante destacar que estas editoriales independientes y artesanales son claves en el campo poético y cultural de Salta no sólo por presentar material que probablemente de otra forma no sería publicado sino también por su fuerte capacidad para aglutinar a artistas y construir otros lectores. Sus actividades y sus productos son verdaderos órganos de generación y difusión de otras identidades. Su presencia, su seguimiento y su apoyo nos dan la pauta de lo que sucede con la poesía y la cultura en la realidad más cotidiana que motoriza la escritura también desde circuitos no legitimados institucionalmente.

Domina así la presencia de una literatura ligada y modificada por el contexto y, a su vez, una realidad transformada también por esas producciones culturales. La escritura, como refiere Moscardi, se presenta como una estrategia territorial en donde la palabra sirve para tomar posesión del lugar:

Las distintas modulaciones del espacio que encontramos no sólo aparecerán articuladas como cartografías geográficas o escenarios locales concretos: estas tramas constituyen proyecciones del campo poético, entendido como un lugar que primero hay que trazar y delimitar, para luego ocupar (Moscardi, 2016: 97).

Desde esta perspectiva, quedan preguntas abiertas que no buscamos cerrar sino repensar. Por un lado, ¿qué es la poesía? Seguramente, es algo que tiene contacto cercano con la cotidianeidad, aunque desde algunas tradiciones no lo parezca. Por otro lado, ¿quién es poeta, quién editor y quién lector? ¿Qué funciones cumplen? Los tres son, con certeza, sujetos reales que tienen la plasticidad para reformularse en cada lectura, en cada producción, en cada comunicación. Moscardi invita a pensar también algunos casos de edición artesanal como actos de transparencia del acontecimiento poético, por medio del cual escritor/texto/lector quedan enfrentados sin barreras. La poesía es valorada, desde esta perspectiva, no como un saber ni un objeto de lujo, sino como aquello que está ahí para poner en uso, para saciar la urgencia de expresión. De modo que se produce esta interesante vuelta de tuerca: la poesía no necesariamente se rinde a las condiciones de su soporte, sino que ella misma muta su forma para volverse soporte del libro.

La literatura es, por tanto, un objeto que se construye permanentemente. En esa reconstrucción hay siempre espacios vacantes a tener en cuenta en los márgenes de las tradiciones. Son efectivamente modelos de producción cultural participativa y de organización cooperativa, por lo que -como sostiene Moscardi- más que independientemente funcionan sólo bajo un régimen de interdependencia. Se construye así otro sistema de valores en torno a la literatura que transforma las prácticas y las producciones literarias. Creo que solamente corriendo el foco de los espacios de legitimación se abre la posibilidad de abordar el espesor de la escena literaria salteña.

Bibliografía

Adet, W. (2007 [1982]) Cuatro siglos de literatura salteña. 1582-1981. Vol. I. Salta: El Robledal.

Altuna, E. y Palermo, Z. (1996) Literatura de Salta. Historia socio-cultural. Fascículos I, II, III y IV. Salta: CIUNSa.

Díaz Pas, J. M. (2012) “Hacemos lo posible para no morir”. En Vera, J. R., Antología poética (). Salta: UNSa.

Guzmán, R. (2014) Poesía y Sociedad. La lírica del NOA: 1960-1980. Salta: EUNSA.

Massara, L., R. Guzmán y A. Nallim (2011, 2012 y 2013) La literatura del Noroeste Argentino. Reflexiones e investigaciones. Volúmenes I, II y III. San Salvador de Jujuy: EdiUNJU.

Mazzoni, A. y Selci, D. (2006) “Poesía actual y cualquierización”. En Fonderbrider, J., Tres décadas de poesía argentina. 1976-2006. Buenos Aires: Libros del Rojas.

Moscardi, M. (2015) La máquina de hacer libritos. Poesía argentina y edioriales independientes en la década de los noventa. Mar del Plata: Puente Aéreo.

Moyano, E. (2004) La literatura de Salta. Espacios de reconocimiento y formas del olvido. Salta: EUNSa.

Müller, C. (2011) “Cómo escribir y publicar en Salta (y no morir en el intento)”. En Massara, L. et al., La literatura del Noroeste Argentino. Reflexiones e investigaciones, Vol. I, (169 – 172). San Salvador de Jujuy: EdiUNJU.

Ramos, D. (s/f) Publicación artesanal de poemas seleccionados. Salta: Equus Pauper.

_______ (2015) Literatura social, una experiencia callejera. Salta: Ya era.

_______ (2017) Mitos y leyendas de barrios, villas y pueblos de Salta: El duende de Chachapoyas. Salta: Ya era.

_______ (2017) Un ensayo sobre la realidad social y jurídica de la periferia de Salta. Salta: Ya era.

Ranciére J. (2011) Política de la Literatura. Buenos Aires: Ediciones del zorzal.

Rivera, P. (2012) “Jesús Ramón Vera: un militante de la vida y la poesía”. En Vera, J. R., Antología poética (). Salta: UNSa.

Vera, J. R. (2013) Obra Poética Completa. Salta: La Cocina de Gómez.


  1. Recurrimos a la RAE para detallar todas las acepciones de la palabra “voto/s” que están contempladas en su elección para el título del apartado:
    1. m. Expresión pública o secreta de una preferencia ante una opción.
    2. m. Gesto, papeleta u otro objeto con que se expresa una preferencia ante una opción.
    3. m. Parecer o dictamen explicado en una congregación o junta en orden a una decisión.
    4. m. Persona que da o puede dar su voto.
    5. m. Ruego o deprecación con que se pide a Dios una gracia.
    6. m. Juramento o execración en demostración de ira.
    7. m. Ofrenda dedicada a Dios o a un santo por un beneficio recibido.
    8. m. Deseo.
    9. m. Rel. Promesa que se hace a la divinidad o a las personas santas, ya seapor devoción o para obtener determinada gracia.
    10. m. Rel. Cada uno de los prometimientos que constituyen el estado religioso y tiene admitidos la Iglesia, como son la pobreza, la castidad y la obediencia.
  2. Jesús Ramón Vera (1986) “El rompecabezas” en Subsuelo:
    Cayó de mis manos
    hacia fuera.

    En vano
    quise evitar el golpe.
    En desorden
    los restos se dispersaron
    como si huyeran de sí mismos.

    Desde que está en el piso
    no puedo armarlo.

    Su forma original ya es imposible.
  3. Santiago Rodríguez, pintor y escultor salteño con una trayectoria artística cuyos orígenes se remontan a la década del setenta. Su trabajo ha sido reconocido por importantes salones provinciales y nacionales.
  4. Julio Lamas y Raúl “Pekinés” Lamas, músicos (guitarristas) reconocidos en el ambiente cultural salteño por integrar el Grupo Niebla Jazz que lleva más de treinta años de trayectoria. Se trata de artistas valorados en la provincia por su camino musical desvinculado del tradicional folklore de la región y bañado de otras influencias como el jazz, el rock y el blues. A pesar de tocar desde 1987, la banda no tuvo más que grabaciones caseras hasta el año 2017 en que editaron su primer disco. Participaron en espacios como el ciclo “Poesía Viva” que registró la confluencia de poetas con músicos de Salta y en el documental “Copla Vera”, sobre la vida y la obra del poeta Jesús Ramón Vera.
  5. Mantra que repite Diego Ramos al iniciar la presentación de su programa radial “Mocambo” en FM Rosicler 91.3 (LINK DEL CANAL DE YOUTUBE DE LA RADIO: https://www.youtube.com/watch?v=yyXJyGN_LcE)
  6. Es difícil saber con precisión si el grupo -o solamente Diego Ramos- continúa llevando adelante este proyecto.
  7. Revista en sentido amplio, porque sus formatos varían entre libros de cartón, fanzine, etc.


Deja un comentario