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Sobre Questão de consciência, de Italo Santirocchi

Ricardo Cubas (Universidad de los Andes, Chile)

El libro de Italo Santirocchi, leído desde la perspectiva de un historiador del catolicismo hispanoamericano, representa un valioso aporte para la comprensión de la Iglesia Católica en Brasil durante una etapa de renovación religiosa bajo los paradigmas del ultramontanismo decimonónico. En otras palabras, esta obra nos permite entender cómo un fenómeno global se encarnó en una realidad nacional concreta, con tradiciones religiosas arraigadas y con un singular sistema político y de relaciones Iglesia-Estado diferente del resto de la América independiente.

Este estudio no se restringe al tema de la llamada Cuestión Religiosa (1872-1875), el cual ha sido ampliamente estudiado por la historiografía brasileña. Más bien, uno de los méritos del libro es que probablemente ofrece el panorama más completo acerca del desarrollo de la reforma ultramontana durante el Segundo Imperio (1840-1889). Es decir, como se explica en la introducción, este libro va más allá de la historia estrictamente eclesial para abordar la progresiva transformación de la cultura religiosa y política del catolicismo del país y sus relaciones con el poder secular.

Para llevar adelante esta investigación se ha hecho una extensa revisión de fuentes primarias, destacando los documentos encontrados en Brasil y en el Archivo Secreto Vaticano. Ello ha permitido hacer un estudio prosopográfico de 20 obispos ultramontanos, hacer un seguimiento de funcionarios diplomáticos de la Santa Sede, revisar la legislación y las discusiones intelectuales de la época, entre otros aspectos.

A lo largo de seis capítulos el libro analiza cómo a pesar de una arraigada tradición regalista, el ultramontanismo logró sortear un conjunto de obstáculos e instalarse como la fuerza dominante en el catolicismo brasileño. En esa línea, se examinan los procesos políticos específicos del país y los caminos tomados por la Iglesia para ir ganando autonomía frente al poder secular y, al mismo tiempo, una relación cada vez más estrecha con Roma. Esto permitió llevar adelante una renovación del episcopado en clave ultramontana, reformas en el clero secular y las órdenes religiosas, la promoción de la llegada de nuevas congregaciones masculinas y femeninas, la formación de dirigentes laicos alineados con esta tendencia y una extensa labor pastoral entre los fieles.

Dos preguntas centrales en el texto son cómo pudo arraigarse el ultramontanismo en un país que tenía una larga tradición política regalista y qué elementos explican la relativa tranquilidad de las autoridades eclesiásticas frente a la caída del Imperio y el establecimiento de la república laica.

Para explicar el desarrollo de este fenómeno, en primer lugar, se analizan los antecedentes históricos, explicando brevemente los orígenes y fundamentos del patronato y el desarrollo del regalismo lusitano, poniendo énfasis en las reformas eclesiásticas del Marqués de Pombal. Se sostiene que los efectos de estas medidas afectaron hondamente a la Iglesia en Brasil pues incluyeron la expulsión de la Compañía de Jesús (1759), el debilitamiento del resto de las órdenes religiosas y un mayor control intelectual y administrativo sobre clero secular. Al igual que en el mundo hispánico, las bases filosóficas y canónicas de estas reformas estuvieron influenciadas por el pensamiento ilustrado y por corrientes galicanas y jansenistas.

En el Brasil independiente del Primer Imperio y de la regencia este regalismo se acentuó debido a la influencia de la masonería y a las tendencias liberales predominantes en la clase política y en un amplio sector del clero —formado bajo los paradigmas ilustrados de la Universidad de Coímbra—. Los diputados brasileños sostenían que el patronato no era una mera concesión pontificia a la corona sino que era un derecho inherente del poder temporal, el cual emanaba de la soberanía nacional. Dentro de esta lógica, era inaceptable que Roma, siendo una autoridad extranjera, se inmiscuyera en los asuntos nacionales. Sin embargo, el regalismo de la época también encontró resistencias por parte de obispos, sacerdotes, laicos y diplomáticos de la Santa Sede, quienes prepararían el terreno para una próxima generación de obispos enteramente ultramontanos. Asimismo, el involucramiento del clero parroquial en los procesos electorales, generó alarma en las autoridades públicas, especialmente debido a las tendencias radicales de los sacerdotes regalistas.

Al empezar el Segundo Imperio la desconfianza del gobierno frente a estos estos clérigos aumentó debido a su recurrente participación en diversas rebeliones, como fue el caso de la revolución liberal de 1842 en San Paulo y Minas Gerais. Es por ello que, en un contexto de progresivo fortalecimiento del Estado y de expansión de la burocracia civil, el gobierno favoreció a los ultramontanos por ser críticos de las revoluciones y por ser propensos a no involucrarse en la política partidaria y a concentrarse en actividades pastorales. Estas condiciones ayudaron a que se consagraran algunos influyentes obispos ultramontanos, entre los que destacaron Antônio Ferreira Visçoso, obispo de Marina (Minas Gerais) y Antônio Joaquim de Mello, obispo de San Paulo. Ellos realizaron importantes reformas religiosas en sus diócesis, las cuáles que tuvieron una repercusión decisiva en toda la Iglesia del país. La labor de estos obispos sería continuada y consolidada por una segunda generación ultramontana conformada por prelados de reconocida importancia como Antônio de Macedo Costa, D. Vital de Oliveira y Antônio Maria de Lacerda. Los obispos ultramontanos, formados en la disciplina eclesiástica y la obediencia a la autoridad jerárquica, reformaron sus diócesis empezando por el clero y, luego, dirigiéndose al pueblo. Estas reformas se dieron a pesar de que en algunos casos tuvieron que desafiar la intervención del Estado, especialmente cuando éste buscó controlar aspectos relacionados con la disciplina y la formación eclesiástica.

El texto grafica cómo la reforma pudo prosperar gracias a la confluencia de varios factores. Por un lado, fue un proceso conectado con los cambios en la Iglesia en el mundo: el fortalecimiento del papado y de una eclesiología ultramontana, la reorganización de la curia romana, el florecimiento de nuevas congregaciones y la reforma de antiguas órdenes religiosas, la creación del Colegio Pío Latinoamericano para formar a posibles futuros obispos en la región y el predominio de un espíritu apologético y antirrevolucionario. De otro lado, se resaltan las dinámicas internas del catolicismo brasileño incluyendo la renovación episcopal, el papel de las congregaciones en la formación y la disciplina de un nuevo clero y las intensas campañas pastorales hacia los fieles.

A pesar de la oposición de un sector significativo de la clase política y de las resistencias del clero regalista, el ultramontanismo logró imponerse en el país. Al analizar la lista de los obispos de la segunda mitad del siglo diecinueve, se muestra que la inmensa mayoría siguió este nuevo modelo, adaptándolo a sus personalidades y a las realidades de sus respectivas diócesis. También que la mayor parte de ellos tuvo una importante experiencia de formación en Europa o en seminarios brasileños reformados por congregaciones extranjeras. Asimismo, el texto nos brinda un amplio panorama de los diversos actores involucrados en la reforma ultramontana: los obispos, las congregaciones y órdenes religiosas, la Santa Sede, la diplomacia papal junto con el papel de científicos, intelectuales, juristas, periodistas y políticos laicos ultramontanos.

Finalmente se analizan las causas del distanciamiento entre el Imperio y la Iglesia. Las tentativas de intervención estatal fueron resistidas activamente por los obispos quienes fueron recelosos frente a la influencia masónica y las tendencias liberales y positivistas de preponderantes autoridades políticas. Ello se evidenció con la frustración de la firma de un Concordato con la Santa Sede en 1858 y se acentuó explosivamente con la llamada Cuestión Religiosa, cuando dos prelados fueron declarados culpables por desobediencia civil y condenados a prisión y a trabajos forzados—aunque pronto recibieron una amnistía— debido a las medidas que habían tomado contra la masonería en sus diócesis. Otro aspecto álgido se presentó cuando en 1878 la Santa Sede instruyó a los obispos no obedecer dos leyes del imperio respecto a la uniformización formativa en los seminarios según lineamientos definidos por el gobierno. Estas tensiones fueron minando uno de los elementos de legitimidad del Imperio y también explican por qué la Iglesia en Brasil estuvo lejos de perturbarse por la instauración de la república laica y el fin del Estado confesional, pues le permitió obtener una independencia institucional mayor que durante todo el período imperial.

Un importante aspecto, que no es desarrollado en el cuerpo del libro pero que es discutido en la introducción, es la recepción popular del ultramontanismo. Santirocchi revisa críticamente algunas de las hipótesis de la historiografía especializada en este tema. Algunas de ellas, especialmente predominantes entre las décadas de 1950 y 1980, entendían el proceso de romanización del catolicismo brasileño como una lucha de la jerarquía eclesiástica por imponer una ortodoxia doctrinal sobre diversas y arraigadas tradiciones religiosas populares. Asimismo, planteaban que dicho proceso implicaba la implantación del poder del papado sobre las diócesis locales por encima del Estado. En este sentido, la romanización era vista como una europeización de la cultura religiosa brasileña que se impuso sobre el clero y los fieles, generando una división interna entre un catolicismo más blanco, ortodoxo, “legítimo” y cercano a Roma, frente a otro de carácter popular, “abrasileñado” —mestizo y africano—, considerado ilegítimo y supersticioso.

Frente a estas perspectivas, el texto recoge las tesis de otros autores que ofrecen una interpretación distinta y más compleja sobre este fenómeno. Una primera idea es que la reforma ultramontana respondió no solamente a las directivas de Roma sino también a una constante interacción con el clero y la jerarquía local. En este sentido los personajes analizados en el libro no son entendidos como meros agentes de la Santa Sede. En segundo lugar, se sostiene, en la línea del historiador Ferdinad Azevedo, que el ultramontanismo estuvo lejos de ser un fenómeno mayoritariamente de las élites católicas sino que logró calar en el pueblo. Esto se habría dado debido a que la religiosidad popular brasileña se había formado bajo la influencia del catolicismo tridentino barroco, impulsado de manera muy importante por los jesuitas antes de su expulsión en el siglo XVIII y de las reformas regalistas del Marqués de Pombal. Es por ello que cuando décadas después se difundieron las prácticas devocionales ultramontanas -que tenían muchas de sus bases en lo barroco y tridentino- ellas serían rápidamente acogidas por los sectores populares.

En síntesis, Questão de consciência resulta ser un ambicioso estudio que se convierte en una referencia obligada para los estudiosos del ultramontanismo brasileño y latinoamericano ya que nos ofrece un amplio panorama sobre los personajes y procesos involucrados en el desarrollo de este fenómeno religioso. En este sentido, también deja abiertos un conjunto de temas para investigaciones futuras que permitan tener un conocimiento más profundo sobre diversos ángulos de este fenómeno, como podrían ser el grado de inculturación del ultramontanismo entre los fieles, las influencias filosóficas de los intelectuales ultramontanos, el papel de la masonería en las tensiones Iglesia-Estado, entre otros.

Preguntas para el autor:

  • ¿En qué medida cree usted que el hecho que Brasil haya tenido una continuidad institucional dentro del sistema monárquico, en contraste con la tradición republicana de la América española—donde abundaron los quiebres constitucionales—, favoreció u obstaculizó el desarrollo del ultramontanismo en el país?
  • En el caso de varios países de Hispanoamérica, durante la segunda mitad del siglo diecinueve se formaron asociaciones católicas de laicos que participaron activamente en las labores pastorales, editoriales, políticas y de financiamiento de las obras de la Iglesia (en el caso de Perú destacaron la Sociedad Católica Peruana y la Unión Católica). Más allá de las actuaciones individuales de importantes personajes en la política, la cultura y el periodismo, ¿qué tanto se desarrollaron y fueron relevantes este tipo las asociaciones católicas de laicos para el ultramontanismo brasileño?
  • Un elemento central en la renovación ultramontana fue el papel de las mujeres. Por un lado, la enorme expansión y vitalidad de las congregaciones femeninas de la vida activa, las convirtieron en protagonistas de primera línea en las obras pastorales, educativas, misionales y de salud.[1] Asimismo, las asociaciones católicas de mujeres laicas tendieron a mostrar un nivel de compromiso y de actividad muy superior a la de los hombres. ¿Cómo se manifestó esta presencia y qué tan relevante fue en el Brasil del Segundo Imperio?
  • Para mantener en el tiempo las reformas religiosas, se consideró que, más allá de los seminarios, era indispensable la creación de una red de colegios y de universidades católicas. ¿Cuál fue la relevancia de los proyectos educativos confesionales para la consolidación del ultramontanismo brasileño?
  • ¿En qué grado las devociones ultramontanas lograron ser acogidas e incorporarse a la religiosidad popular brasileña? ¿Cómo se puede determinar si el ultramontanismo logró hacerse popular en el país?

  1. Langlois, Claude, Le catholicisme au féminin: les congrégations françaises à supérieure générale au XIXe siècle (Paris: Cerf, 1984); Sarah A. Curtis, Civilizing Habits: Women Missionaries and the Revival of French Empire (Oxford University Press, USA, 2010).


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