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6 Autocuidados en la oferta de eHealth en Argentina desde una perspectiva de género y políticas públicas de salud

Patricia K. N. Schwarz[1]

Existe acuerdo en entender eHealth en tanto novedad en las estructuras cognitivas, una modificación integral del transitar la vida y habitar el cuerpo en su relación con el mundo. A la vez implica un nuevo campo de confluencia entre tecnologías de información y comunicación (TIC) y los servicios de salud, tal como Eysenbach afirmara en su famosa definición en 2001. Esta confluencia entre las lógicas de funcionamiento de la biomedicina y las TIC representa una herramienta mediante la cual la sociedad capitalista vehiculiza estrategias biopolíticas de control social, a través del disciplinamiento del cuerpo. Este disciplinamiento toma una específica expresión en la dimensión de los cuidados.

El desplazamiento de las responsabilidades y acciones del Estado sobre la salud pública traslada costos y prácticas de cuidados al sector privado, a la sociedad civil y al individuo. Este proceso es constituyente de la experiencia de los cuidados en Argentina y Occidente en la actualidad, es por ello que en este artículo analizamos las iniciativas del Estado, del sector privado y de la Organización Mundial de la Salud, específicamente en lo relativo a los autocuidados, es decir, los que se refieren a las acciones del individuo sobre su cuerpo, subjetividad y salud, entre otras dimensiones relacionadas con la supervivencia y bienestar físico, emocional y social. El análisis vincula esta modalidad de experiencia del cuidado con un anclaje directo –incluso explicitado por las instituciones analizadas– en los dispositivos y acciones de eHealth, en tanto soporte que potencia las iniciativas de autocuidado y que en ocasiones se convierte en la única vía de posibilitarlo.

La preocupación y análisis de la dimensión de género en esta problemática atraviesa todo el trabajo dado que el mundo de los cuidados interpela normativamente a las mujeres en las sociedades patriarcales como la nuestra, en Occidente y Argentina en particular, a partir de la división sexual del trabajo que indica esas disposiciones hacia el Otro, incluso en ocasiones a expensas de los cuidados hacia sí mismas. Las mujeres son quienes buscan online información sobre salud en mayor proporción, justamente porque son quienes se ocupan de los cuidados de la salud; a pesar de que también conforman el grupo que menor cantidad de habilidades y conocimientos tiene sobre TIC, de modo coherente con lo que impone la división sexual del trabajo patriarcal, que indica el mundo de la técnica y la tecnología como ámbito de competencia masculina, problemática conocida como brecha digital de género. Los organismos internacionales promueven reducirla, entrenando a las mujeres como usuarias, no como desarrolladoras de software o hardware (Schwarz, 2018).

En cuanto a la metodología, los datos construidos y analizados son producto de una etnografía virtual que realicé en la página web de la OMS, de empresas de salud privada (n: 5) de Argentina y del Ministerio de Salud y Desarrollo Social del mismo país en 2018 y 2019. También realicé entrevistas en profundidad a 5 informantes clave del sector público de salud de Argentina.

Autocuidados de la salud

Comprendemos al autocuidado de la salud como una expresión más dentro del campo general de los cuidados. Dos definiciones son ilustrativas:

Se trata de actividades que sustentan a las personas, en el sentido de otorgarles los elementos físicos y simbólicos que les permiten vivir en sociedad. Incluye el cuidado directo (la actividad interpersonal de cuidado), la provisión de las precondiciones para que ese cuidado pueda realizarse (el trabajo doméstico necesario para proveer el ámbito y los instrumentos de cuidado) y la gestión del cuidado (Gherardi et al., 2013: 9).

Actividades que incluyen todo aquello que se hace para mantener, continuar y reparar nuestro mundo, de tal forma que podamos vivir en él de la mejor manera posible. Este mundo incluye nuestros cuerpos, nuestras subjetividades, nuestros seres y nuestro entorno, todo lo cual se busca entretejer en una red compleja que dé sustento a la vida (Tronto, 1993: 103).

Menéndez (2009) alude a diferencias entre autoatención (acciones de tipo asistencial, cuyo énfasis es lo colectivo) y autocuidado (prácticas preventivas o que potencian la salud, cuyo énfasis es individual).

Así, en el campo de la salud, los preceptos hegemónicos en torno a los cuidados están vinculados, entre otras cosas, al objetivo de los Estados de preservar e incrementar el biovalor de los individuos, es decir, el valor político y económico de la vida de los ciudadanos (Rose, 2012). Estos preceptos resultan en un disciplinamiento normativo de los cuerpos, pero también por medio de ellos, de las subjetividades y las emociones (Foucault, [1966] 2003; Rose, 2012; Sánchez Antelo y Mendes Diz, 2015). En la cultura occidental liberal y la biomedicina de la Modernidad Tardía, esta construcción subjetiva resulta en una ética somática –en términos de Rose (2012)– de responsabilidad individual sobre las condiciones de salud del propio cuerpo.

La acción individual del propio cuidado responde a esta interpelación normativa. Se trata del autocuidado, definido por Franco Muñoz (2009: 3) como:

[…] actitud en relación con uno mismo, con los otros y con el mundo, lo que lo ubica como una categoría global que involucra al autocuidado entre sus componentes fundamentales, debido a que, para poder desarrollar el conjunto de acciones que connota el autocuidado, debe existir un proceso de construcción de significados que orienten dichas acciones. Esto es, la dimensión del cuidado de sí en salud como posibilidad de identificar los significados que permiten abrir los modos de apropiación cotidiana de prácticas de autocuidado, debido a que dichos significados constituyen la configuración de actitudes para asumir la propia existencia, bajo el principio de heterogeneidad de mundos y visiones de vida.

El autor distingue entre cuidado de sí (actitudes) y autocuidado (actividades y prácticas), y los vincula de manera complementaria para abarcar las experiencias de la vida cotidiana y las interacciones subjetivas de construcción social del conocimiento referido al mantenimiento de la salud.

Tal como afirma Foucault (2006), el conocimiento de sí mismo (mediante prácticas externas e internas sobre el propio cuerpo: ejercitación física, meditación, entre otras) permite la acción sobre sí en tanto estrategia biopolítica de control. Según Femenías y Soza Rossi (2018: 86), “[…] el cuidado de sí es una ética y una estética de la existencia, que implica a cada quién con la comunidad y consigo mismo […] El sujeto que al cuidar de sí cuida también de los otros”.

La elección individual es un principio liberal por excelencia (las personas pueden tomar sus propias decisiones mientras no lastimen a otros). Esos constructos históricos plasmados en una perspectiva individual de la salud se refuerzan con el advenimiento de eHealth, pues la unidad ontológica e interpretativa de las TIC es el individuo, el yo (Turkle, 1995).

Consideramos los cuidados en tanto valor y prácticas sociales, relacionales y por ende simbólicas y subjetivas. Es decir, formas sociales y colectivas que son soporte y sentido del autocuidado (Domínguez Mon, 2015; Femenías y Soza Rossi, 2018). Si bien los cuidados tienen soporte social, no están distribuidos equitativamente. En la matriz patriarcal, la división sexual del trabajo y la ética maternal interpelan a las mujeres en tanto cuidadoras “naturales” de otros (Badinter, 1991; Domínguez Mon, 2015; Schwarz, 2016). Esto se traduce en cifras concretas: en América Latina son las mujeres las que cuidan sin remuneración en mayor proporción. Esto produce como consecuencia asimetrías en el uso del tiempo entre mujeres y varones, en detrimento del tiempo que las mujeres destinan a su propio cuidado (Pautassi, 2007; Daly y Lewis, 2019). Se trata de la apropiación del trabajo de cuidado de las mujeres, denunciado desde hace más de medio siglo por diversas corrientes feministas –iniciando por las materialistas– (Guillaumin, 2005).

Un abordaje que permite la equidad entre personas, de diferente sexo, edad y nivel socioeconómico, en la distribución del autocuidado en particular y de los cuidados en general es la ampliación de ciudadanía. Entendiendo que el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado, en tanto derecho universal, interpela a la sociedad en su conjunto y no a las mujeres solamente, como lo hace la división sexual del trabajo en el sistema patriarcal (Gherardi et al., 2013).

El autocuidado se vuelve una salida posible a la crisis actual del sistema de cuidados, en el que la demanda es mayor que la oferta, básicamente por la reducción de gastos en salud de los Estados, la participación progresiva de las mujeres –cuidadoras en mayor proporción que otros sujetos sociales– en el mercado laboral (con menos tiempo para cuidar a otros) y el envejecimiento de la población (Daly y Lewis, 2019).

Autocuidados e eHEALTH en el sistema público y privado de salud

En el contexto actual de cambio de los Estados de bienestar y avance de los Estados neoliberales, con la característica común de reducción del gasto público, se ha producido un progresivo traslado de responsabilidades sobre la salud. Responsabilidades dirigidas ahora al individuo –imperativo del autocuidado-, a diferentes ámbitos institucionales estatales, y hacia el sector empresarial y de la sociedad civil, proceso cristalizado en una redefinición de las políticas públicas relacionadas con los cuidados. Así, el mercado está asumiendo un papel más protagónico que en tiempos pasados. Aun habiéndose incorporado nuevos actores a la escena de cuidados en salud, la oferta resulta insuficiente respecto de la demanda. La falta de opciones para satisfacer necesidades de cuidado produce lo que se ha dado en llamar “altruismo obligatorio” por parte de la familia, y dentro de esta de las mujeres en particular (Rose, 2012; Rodríguez Enríquez, 2013; Daly y Lewis, 2019). Incluir la oferta de eHealth como vía de acceso al autocuidado en salud tuvo, desde sus orígenes, la intención de reducir costos a Estados y empresas, así como mejorar el acceso de la población a información y sistemas de atención. Mientras las mujeres cuidan sin remuneración alguna y los individuos realizan actividades de autocuidado, los Estados y las empresas reducen los costos dirigidos a cuidados en salud.

Para comprender la forma intersectorial en que las sociedades actuales abordan las problemáticas vinculadas a los cuidados de la salud, nos valemos de la definición de Rodríguez Enríquez (2013: 139) sobre la organización social del cuidado, como la “[…] distribución de responsabilidades y actividades de cuidado (y de los tiempos dedicados a ellos), entre los hogares, el Estado y los mercados, para dar cuenta de la atención (satisfactoria o con déficit) de la demanda de cuidados”. Complementariamente, el concepto de social care de Daly y Lewis (2019) alude a tres dimensiones de los cuidados en los sectores público y privado: trabajo, marco normativo, costos financieros y emocionales.

El siglo XXI comenzó con una articulación funcional a la reducción del gasto público, entre servicios públicos y privados de salud en torno a los cuidados en esta área. En este apartado hemos analizado cómo se manifiesta la dimensión del autocuidado en ambos sectores y sus vinculaciones mutuas.

El estado y autocuidados en eHealth

Si bien desde sus inicios las políticas sociales de los Estados nación/región han sido consecuentes con la lógica de la división sexual del trabajo (Pautassi, 2007), en las últimas dos o tres décadas este paradigma fue disputado y cuestionado por colectivos de pacientes y por el feminismo, proceso potenciado por las posibilidades que brinda el espacio online. Rose (2012: 278) se refiere a este fenómeno a través del concepto de biociudadanía digital:

[…] las acciones de comunidades vinculadas por Internet en pos de conseguir derechos somáticos. Corresponde a la categoría de ciudadanía genética lo que conecta los debates en torno de derechos, reconocimientos y responsabilidades con preocupaciones más íntimas y fundamentales respecto de las identidades heredadas, la corporización diferencial y la ética del cuidado.

Internet permite, por un lado, que los ciudadanos biológicos se conecten entre sí, accedan a información sobre autocuidados que no provienen de profesionales biomédicos sino de experiencias, emociones, prácticas de otros ciudadanos y, por otro, permite lograr la autodefinición biomédica y disputar la tradicional asimetría de poder con los profesionales de la salud. Paralelamente, las exigencias de autocuidado al ciudadano biológico, desde el sector público y privado de salud, se presentan como un compendio de decisiones y prácticas racionales de análisis costo-beneficio propios del homo economicus capitalista moderno y liberal (Rose, 2012). Así, se sostienen y refuerzan a la vez la hegemonía del sujeto autónomo, consumidor y racional. En algunos aspectos esta impronta, que no considera la dimensión irracional/emocional de las prácticas y experiencias, hace ineficaz el dispositivo comunicacional, tal como afirman también las personas entrevistadas.

En cuanto a la distribución de los cuidados entre el Estado y la sociedad civil, en la página web del Ministerio de Salud de la Nación se diferencia el autocuidado de la ciudadanía respecto de las prácticas de cuidados del Estado. De modo coherente con la distinción entre autoatención y autocuidado (Menéndez, 2009), es frecuente que en las publicaciones del Estado, la palabra cuidados sea utilizada para aludir a las prácticas de la ciudadanía, no así a las del Estado. En este último caso, se utiliza la palabra atención en salud.

El sector privado de salud y autocuidados en eHealth

Las empresas de salud privadas en su gran mayoría tienen servicios de eHealth, aunque no lo nombran de esa manera. Cuentan con servicios de videollamada para consultar con un profesional de la salud, aplicaciones para pedir turnos y consultar resultados de estudios diagnósticos, foros para conectar pacientes, instituciones y profesionales de la salud e información acerca de afecciones de salud y recomendaciones de autocuidado. También suben a sus webs videos de charlas de prevención y promoción de salud.

A diferencia de las campañas y políticas públicas de salud del Estado, en el sector privado se utiliza la palabra cuidado para aludir tanto a las prácticas de pacientes como a las del servicio de salud. Probablemente se trate de un intento de acercamiento al cliente para estimular el consumo de los productos ofrecidos. Por ejemplo:

En (A) dedicamos nuestras carreras profesionales a mejorar el cuidado de la salud (cobertura privada de salud A).

Queremos que más gente se cuide (cobertura privada de salud B).

En ocasiones aluden a sus servicios médicos en tanto “atención de salud” pero no utilizan este término para referirse a prácticas de pacientes:

¡Como si fuera una consulta presencial, pero desde tu computadora o celular! Recibí atención médica profesional al instante, online y desde donde quiera que estés (cobertura privada de salud A).

Es frecuente que los servicios privados de salud incluyan en sus páginas web lo relativo a la legislación vigente que protege las historias clínicas y los datos personales, particularmente en su formato digital.

El término cuidados es reciente en la bibliografía que alude a prácticas de salud, coincide con el advenimiento de la concepción biomédica de paciente activo en las últimas décadas (Petracci et al., 2017). El término atención en salud corresponde al paradigma anterior, probablemente a ello se deba que solo se utilice para aludir al servicio profesional de salud y no a las prácticas de los pacientes. Colabora con lo anterior el hecho de que el término care en inglés puede traducirse como cuidado y también como atención. Este hecho puede estar indicando la permeabilidad del sector salud en Argentina respecto del material teórico anglófono.

En este apartado analizamos la expresión de la problemática del autocuidado en eHealth en el Estado y el sector privado de salud a nivel nacional en Argentina; sin embargo, en el plano internacional, estos actores están en diálogo permanente con las disposiciones, recomendaciones, financiamientos, iniciativas, campañas y decisiones de la OMS, entre otras instituciones supranacionales. A continuación analizamos los autocuidados e eHealth en la OMS. Para conectar ambos apartados citamos las reflexiones de Domínguez Mon y Femenías (2018: 11):

En las sociedades capitalistas contemporáneas post industriales de los países centrales, los derechos a los cuidados forman parte de las agendas de la mayoría de los Estados de bienestar. Sin embargo estas propuestas, contempladas en las reuniones de las agencias internacionales tales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Internacional del Tra­bajo (OIT) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), muchas veces no llegan a plasmarse en prácticas avaladas por los Estados periféricos. Cuando se pierde la mirada social sobre los conjuntos humanos y se considera solamente el coste económico, el cuidado deja de ser considerado en toda su complejidad, como una actividad comprensiva e integral, para convertirse en una práctica mercantil, con valor de mercado.

Nociones y propuestas de acción de la Organización Mundial de la Salud en torno a los autocuidados e eHEALTH

En el ámbito internacional se configuraron concepciones y pautas de promoción del autocuidado desde la formulación de la Estrategia de Atención Primaria en Salud en la Declaración de Alma Ata en 1978 y la Conferencia Internacional sobre la Promoción de la Salud celebrada en Ottawa en 1986. A pesar de que en la práctica estos aportes redundaron en el estímulo de autocuidados en el tratamiento de enfermedades y no en la preservación y mejoramiento de la vida, estos antecedentes resultaron provechosos para las propuestas que devinieron posteriormente desde la OMS (Franco Muñoz, 2009).

Otro fenómeno que abreva en las iniciativas de la OMS respecto del autocuidado e eHealth son las acciones de organismos internacionales que promueven el uso de TIC, entendiéndolas como factor de desarrollo económico, de inclusión social y un medio para evitar inequidades en el acceso a los servicios de salud.

A comienzos del milenio se produjo una innovación tecnológica del mundo digital, el advenimiento de la web 2.0. La novedad y ventaja de la web 2.0 es que los usuarios de Internet pueden incorporar y producir contenidos (Van de Belt et al., 2013). En este contexto tecnológico tomamos el concepto de Salud 2.0 de Fernández Silano (2013: 13):

La Salud 2.0 se concibe como una forma integral de asistencia médica y sanitaria centrada en el ciudadano o en el individuo; en la que los actores involucrados (pacientes, profesionales, administradores, proveedores) participan de forma activa empleando las redes sociales y las herramientas de la web 2.0, para mejorar la calidad de vida de las comunidades.

Según resultados de la encuesta sobre eHealth (OMS, 2016), todas las áreas relativas a eHealth en sus países miembro habían crecido respecto de 2010. El 58% tiene una estrategia de eHealth, aproximadamente el 90% de estas estrategias se vinculan con los objetivos de cobertura universal de salud. Dentro de quienes tienen políticas públicas relativas a eHealth, el 90% destina financiamiento específico para ello. Aproximadamente la mitad de los países tiene páginas de Internet con información sobre salud en diferentes idiomas. Tres cuartas partes de los países tienen instituciones que brindan entrenamiento en el uso de TIC para la atención de salud.

La OPS realiza un abordaje individual y colectivo del autocuidado con perspectiva de género desde inicios de la década de 1990, que le ha permitido rediseñar contenidos teóricos y acciones prácticas tendientes a valorar la emocionalidad de las mujeres, las reivindicaciones de equidad de género y ciudadanía de mujeres, y a promover el ejercicio del derecho a una educación en el autocuidado (Arango, 1992). El Programa Mujer, Salud y Autocuidado de la OPS concibió el autocuidado de la mujer como

la capacidad para decidir sobre su cuerpo y su salud física, mental y emocional en función de su desarrollo humano, como ser social, a partir de la reafirmación como persona, en la perspectiva de su crecimiento personal y de sus necesidades, conducentes a una toma de decisiones conscientes y permanentes (Arango, 1992: 5).

La Asamblea Mundial de la Salud de 2018 acordó seguir estimulando el potencial de las tecnologías digitales para mejorar la salud pública y urgir a los Estados a priorizar el desarrollo y ampliación del uso de tecnologías digitales en salud para lograr el acceso universal (OMS, 2019). El siguiente gráfico da cuenta del rol que juegan eHealth y las tecnologías en el autocuidado:

C:UsersVOGELDesktopPata 2018UBACyT 2019Art libro 2019partesOMSWHO _ Self-care can be an effective part of national health systems_filesframework.jpg

Nota de la autora: traducción y descripción del gráfico (OMS, 2019) a partir del círculo externo.
Responsabilidad: del sector salud, sector privado, individuo, donantes, sociedad y Estado.
Ambiente apto: seguridad de productos, soporte psicológico, soporte de leyes y políticas, acceso a la justicia, capacidad económica (de consumo), protección contra la violencia, coerción y discriminación, información, educación, financiamiento de la salud, regulación de la calidad de los productos e intervenciones, equipo de trabajo entrenado.
Lugares de acceso: farmacias, servicios de salud, tecnologías y plataformas digitales, comunidad, medicina tradicional y prácticas socioculturales, cuidados, hogar.
Principios: derechos humanos, equidad de género, ética, trayectoria de vida, abordaje holístico.
Autocuidado para la salud y el bienestar.

Según los ejes expuestos en el gráfico, la OMS aborda el autocuidado de una manera integral y holística que incluye aspectos relacionales, subjetivos, contextuales, estructurales y culturales. En una vinculación de dimensiones que va de lo macro a lo micro, muestra un interesante recorrido desde la heteronomía para poder llegar a garantizar la autonomía en los cuidados de salud. Los aspectos no aludidos se refieren a las interacciones entre actores/sectores del gráfico, producidas en condiciones de asimetrías de poder, y las regulaciones internas entre actores/sectores del gráfico que deben activarse cuando algún otro actor/sector necesario para garantizar el autocuidado está inhabilitado o limitado en su accionar. Dada la preeminencia de la explotación de las mujeres en las tareas de cuidado no rentado, problemáticas evidenciadas por la denuncia feminista desde hace varias décadas de modo global, y dada la recurrencia de la inaccesibilidad a diferentes dimensiones del cuidado en salud a partir de las desigualdades sociales y económicas, las relaciones de poder y las brechas sociales que reducen el acceso a las instancias institucionales presentes en el gráfico son aspectos fundamentales que deben ser visibilizados en el abordaje de los autocuidados en salud. Sobre todo los que están vinculados con eHealth, cuyo acceso implica superar la brecha tecnológica, además de la de salud.

Siguiendo lo propuesto en el gráfico, la OMS (2019: 8) define el autocuidado como

La capacidad de las personas, las familias y las comunidades para promover, mantener la salud, prevenir enfermedades y enfrentar enfermedades con o sin apoyo de un profesional de la salud. La promoción del autocuidado es un medio para capacitar a las personas, las familias y las comunidades para la toma de decisiones informadas sobre la salud. Tiene el potencial de mejorar la eficiencia de los sistemas de salud y contribuir a la equidad en salud. Desde una perspectiva de salud pública, el autocuidado juega un papel importante tanto para las personas como para los sistemas de salud. Para las personas la capacidad de tomar decisiones informadas y hacer uso de los recursos de salud disponibles puede contribuir a un manejo exitoso de una condición de salud. Para las personas de bajos recursos puede permitir el acceso al cuidado de su salud.

La definición (OMS, 2019) incluye la promoción de la salud, la prevención y control de enfermedades, la automedicación, el cuidado de personas dependientes, el acceso a hospitales/profesionales de salud en caso de necesidad, rehabilitación y cuidados paliativos, la higiene (general y personal), la nutrición (tipo y calidad de los alimentos), estilos de vida (actividad física, etc.), factores ambientales (condiciones de vida, hábitos sociales, etc.), factores socioeconómicos (nivel de ingresos, creencias culturales, etc.). También alude a que, independientemente de los factores que determinen la conducta o la eficacia del autocuidado, es la persona en términos individuales la que debe actuar para preservar o mejorar su salud. Del mismo modo, la Conferencia Global de Atención Primaria de la Salud resaltó la importancia de formar a individuos en el autocuidado y el cuidado de otros.

La autonomía necesaria para el autocuidado es estimulada por las relaciones médico-paciente que incluyen progresivamente el punto de vista del paciente y por la incorporación de los derechos humanos en el sector salud (OMS, 2019). Sin embargo, una limitación al potencial del autocuidado a partir de iniciativas de eHealth es la brecha digital en poblaciones sin acceso a tecnologías y/o a la alfabetización digital.

En sus textos es frecuente que la OMS (2019) explicite su interés en estimular el desarrollo de eHealth como vía de fortalecimiento de las políticas de autocuidado. Un eje central es el principio de autonomía expresado a través de la libre y bien informada toma de decisión, criterio sostenido sobre la base de los derechos humanos. Con el crecimiento de las comunidades online de ayuda y el acceso a información sobre salud online, la división entre conocimiento experto y lego se está desvaneciendo, así como las asimetrías de poder que los vinculaban.

Palabras finales

En este artículo analizamos el autocuidado en tanto iniciativa política y estrategia de construcción de ciudadanía biológica, una cultura de consumo de la salud que deriva trabajos y costos del cuidado desde el Estado y/o empresas al individuo consumidor/usuario/productor. Es una práctica que se apoya en los dispositivos de eHealth para desarrollarse y, al mismo tiempo, mientras crece y se instala en las acciones cotidianas, refuerza el sustrato simbólico del capitalismo liberal occidental y los valores de la Modernidad Tardía: la experiencia y responsabilidad individual del propio cuerpo y su salud.

La necesidad de ser cuidado es una condición afín a todos los seres humanos, no como seres autónomos y siempre independientes sino como seres que dependen del cuidado mutuo para sobrevivir material y subjetivamente.

En el análisis hemos dado cuenta de la continuidad conceptual e histórica entre el individuo autónomo, sostenido desde sí (en tanto entelequia, sujeto hegemónico occidental de la Modernidad Tardía), los principios y valores de creación y existencia de las TIC (cuya unidad ontológica es el individuo, el yo) y la progresiva responsabilización individual de los cuidados en salud –el autocuidado se ha vuelto la mayor expresión del proceso de profundización y fortalecimiento mutuo de estas dimensiones de experiencia de nuestro tiempo–.

Parte de la complejidad de abordar el autocuidado se refiere a sus múltiples dimensiones y potencialidades de manifestación en diferentes planos de experiencia a la vez: subjetiva y material, colectiva e individual, en tanto práctica y en tanto conocimiento, entre otras. Como alertan los investigadores aquí analizados, esta característica de indeterminación enriquece el análisis y evidencia problemáticas sociales transversales.

La OMS y el Estado argentino están pensando el autocuidado de manera holística e incluyen aspectos estructurales y sociales en sus propuestas. Sin embargo, el sujeto al que van dirigidas sus iniciativas de acción es individual, no colectivo. Incluso, como ya observamos, esta intención puede verse explicitada en sus textos (OMS, 2019). En el sector privado de salud se observa, únicamente, una apelación al autocuidado individual. Las páginas institucionales de los sectores público, privado e internacional se dirigen a usuarios en términos generales, sin aludir al sexo en la mayoría de las ocasiones. Esto es coherente con las exhortaciones del sector abocado a la salud pública (nacional e internacional) a respetar las diversidades sexo-genéricas y la equidad de género. No obstante, los hallazgos sobre cuidados a nivel global siguen alertando sobre el mayor peso que ejerce la demanda de cuidados en las mujeres, a partir de la norma patriarcal de la división sexual del trabajo, incluso en detrimento de sus propios autocuidados. En el campo de la salud esto se profundiza porque, como expone Davis-Floyd (2004), el conocimiento biomédico ha tenido históricamente una trayectoria y valores patriarcales, y las prioridades de indagación y resolución de problemáticas han sido las orientadas hacia los cuerpos de varones. Tronto (2004), en concordancia con otras propuestas feministas, alude a la corresponsabilidad como solución micro en las relaciones interpersonales de la vida cotidiana, y a la socialización de los cuidados, como solución macro en el ámbito político.

En el devenir de sus complejidades, el fenómeno de los autocuidados en salud, así como las problemáticas asociadas a ellos, se encuentran en proceso, en un cambio dinámico y permanente. Este es su desafío y su potencia.

Referencias bibliográficas

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  1. Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales y profesora en la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.


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