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3 Tecnología, sujetos y el cuidado de la salud

Rodolfo N. Kaufmann[1]

Introducción

El crecimiento, desarrollo y difusión de las tecnologías de comunicación, diagnóstico, tratamiento, cuidado y de la organización del proceso de trabajo en salud están generando un impacto social, económico y cultural en la salud individual y colectiva que requiere efectuar ciertas consideraciones acerca de los cambios y transformaciones en los servicios que desarrollan las instituciones sanitarias, los colectivos de trabajadores, así como de los fenómenos que acontecen entre pacientes, usuarios y las personas involucradas directa o indirectamente.

Los espacios de las prácticas institucionalizadas en salud se han ampliado mucho más allá de las categorías tradicionales de enfermedades, favorecidas por la construcción e incorporación de nuevas categorías de malestares y sufrimientos. Se establecen nuevos parámetros de normalidad que requieren ajustarse con frecuencia debido a la incorporación de los resultados y valores que se renuevan constantemente desde las diferentes tecnologías instrumentales. Una normalidad que requiere de cuidados profesionalizados para resolver los trastornos patológicos devenidos ante la nueva evidencia científica que se presenta ofreciendo respuestas eficaces a las demandas de un paciente, en el marco de una salud que navega sobre conceptos amplios y difusos que modifican los sustanciales vínculos de confianza en la relación de cuidado.

La fuerte incorporación de la salud-enfermedad y los cuidados bajo las reglas del mercado, la creciente articulación entre formación, producción de bienes, servicios, proceso financiero, ante actuales o potenciales consumidores, introduce al sujeto, que presenta distintas marcas y daños en el cuerpo, en una nueva lógica de exploración, que se multiplica en diferentes prácticas mediadas por dispositivos tecnológicos de diversas dimensiones, tanto cercanos como remotos.

Descubrir y analizar las tecnologías que sostienen los discursos, y que aplican sobre los sujetos y sus cuerpos en las prácticas de salud, resulta fundamental para conocer y sostener una permanente vigilancia de nuestra tarea y de los ficcionados relatos sociales actuales.

Tecnologías en el capitalismo actual

El conocimiento se ha estructurado en las últimas décadas como núcleo fundamental del capitalismo, constituyendo con su expansión un potente “capital intangible” basado en el despliegue de los masivos procesos educativos y de formación profesional. Algunas corrientes de pensamiento consideran que, actualmente, constituye un aspecto fundamental, en la etapa denominada Nuevo Capitalismo, la economía fundada en el conocimiento, el cual se encuentra enmarcado y subordinado a formas institucionales que privilegian los medios de producción de carácter informático. Todas ellas potencian las funciones intelectuales del trabajo y resultan transformadoras de las capacidades de los sujetos, lo cual se acompaña de una movilización de saberes de tipo reflexiva, dentro del proceso productivo que articula con los nuevos modos especializados de producción y consumos sociales.

La denominada transición tecnológica –que articula la salud con los campos socioeconómicos y culturales– fue señalada por C. Marx. En El Capital ([1867] 2009) menciona que el modo de producción capitalista es “prisionero” de las innovaciones tecnológicas para resolver el ciclo de acumulación del capital. Con la analogía del “prisionero” se refiere a la complejidad de la constitución de lo vivo; lo social y la cultura quedan capturados por los desarrollos tecnológicos en cada período histórico determinado por una época. La necesidad de expansión del capital conlleva subsumir a los sujetos y sus cuerpos en modelos de una lógica supuestamente ordenada por la intencionalidad de dispositivos y máquinas. Los procesos digitales se ubican en un imaginario que desplaza y oculta al sujeto, que queda prisionero de una cultura de técnicas y algoritmos eficientes. Imaginario dado por una cosmovisión hegemónica, eurocéntrica, racionalista y unidimensional de la realidad híbrida de la máquina con lo vivo para expandir, sin fin, la conquista y el dominio de la naturaleza. La perpetua acumulación del capital rechaza otra lógica, particularmente si plantea la inversión de un imaginario y realidad social que ubique la tecnología como experiencia y vínculo singular, y a los dispositivos técnicos como extensión del y para el sujeto.

La dualidad enajenante en la relación del hombre con la naturaleza resulta dinámica y cambiante en tanto y en cuanto se impulsa que las tecnologías se modifican para incrementar los procesos productivos. Marx lo menciona en el Prólogo a Contribución a la crítica de la economía política ([1859] 2008: 4), considerando que

En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. Estas relaciones de producción en su conjunto constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se erige la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.

La incorporación de nuevos conocimientos de la tecnología informacional, fundamentalmente, reformula los modos de organización, gestión y evaluación de la producción en salud alterando los procesos de trabajo, consolidados durante prolongados períodos, y al mismo tiempo reorienta el perfil de competencias a ser desarrollado en el proceso formativo ligado estrechamente al campo de trabajo técnico-profesional. El trabajo cognitivo es un trabajo complejo, de naturaleza intelectual, fruto de procesos de aprendizaje y de formación continua dentro y fuera de la actividad productiva (Fumagalli, [2007] 2010). La posibilidad de aprendizaje en términos de un “saber hacer”, con la capacidad de hacer frente a problemas específicos, es también una actitud construida, un “saber ser” que permite actuar y generar nuevos conocimientos. Todas estas interdependencias plantean que el conocimiento que se funde en la práctica de salud es el resultado de un proceso de aprendizaje y culturalización personal y social que se jerarquiza, profundiza y acumula durante la formación profesional.

Para Vercellone (2011: 42), los pilares del nuevo capitalismo cognitivo, en oposición al capitalismo industrial, se reconfiguran, dado que

El saber y lo inmaterial se vuelven principales recursos del valor en sustitución de los criterios de la productividad-cantidad y del tiempo de trabajo directo, propio del capitalismo industrial […] Los saberes incorporados en el trabajo asumen un rol preponderante comparados con los saberes incorporados en el capital fijo. […] Esta evolución avanza en paralelo con la actividad de una nueva división internacional del trabajo basado sobre principios cognitivos. Esta compenetración cada vez más estrecha entre investigación de base e investigación aplicada, que acontece especialmente en la industria del software y en la biotecnología, produce un nuevo paradigma de la innovación.

La profundidad de los conocimientos y sus niveles son un aspecto central a la hora de determinar la construcción curricular y la dirección de la formación, la que se supone estará vinculada con las nuevas formas de división y segmentación del trabajo en salud. Pero ¿cómo reconocemos cuáles son los conocimientos que educativamente deben ser priorizados y cuáles son los saberes que se requiere incorporar y movilizar en el trabajo vivo en acto en salud? Entendemos que la noción de trabajo vivo en acto en salud se refiere a las actividades que se agotan en el acto mismo de su producción y que no pueden circular de manera independiente al momento de su producción.

Pero, también, interesa identificar los posibles actores que intervienen en la división y distribución de la información, los conocimientos y el saber, actuando mediante la motivación, la represión y el control de sus flujos. De tal manera, la apropiación del conocimiento generado e incorporado al trabajo vivo en salud asume la tarea de estudio e investigación, mediados por la comunicación.

Si el uso intensivo de las TIC busca reducir los costos de producción en el sector salud, aparentemente hasta el momento no se percibe que esto haya generado una reducción en el empleo profesional, sino que, por el contrario, existe una apertura al desarrollo de nuevos oficios y profesiones, que se organizan mediante diversos procesos formativos y de trabajo traccionados por un aumento de la especialización y la incorporación permanente de tecnologías duras que contribuyen en la creciente construcción de una demanda por atenciones y cuidados más complejos, especialmente en personas con mayores niveles de vulnerabilidad.

El sanitarista argentino C. Canitrot afirmaba en 1981 (citado en Schonfeld, 2013: 126) que la información a partir de la cual se tomaban las decisiones era la brindada por las empresas proveedoras:

[…] la tecnología dejada a su espontáneo desarrollo es un factor de cambio mucho más significativo que las políticas formales de atención médica que tracen los organismos específicos de gobierno. […] la organización de la medicina –si no se actúa– se amoldará a las características y exigencias de mercado […]

Pero, a pesar de la incorporación, la distribución de las tecnologías duras presenta heterogeneidades manifiestas en cada país. Según un estudio realizado por The Commonwealth Fund (2015) en países seleccionados, el número de equipos de resonancia magnética nuclear (RMI) por millón de habitantes en 2013 presentaba una variación significativa (Israel: 3.1; Gran Bretaña: 6.1; Canadá: 8.8; Francia: 9.4; Nueva Zelanda: 11.2; Holanda: 11.5; Australia: 13.4; Italia 24.6; Estados Unidos: 35.5; Japón: 46.9). Estos datos deben vincularse con múltiples variables que participan en el entramado social, económico y cultural que involucra los modos de organización y gestión de los sistemas sanitarios, los gastos dedicados a salud, la conformación de las prácticas de cuidado expresadas y, finalmente, en las desigualdades sociales reflejadas en la salud.

No solamente las tecnologías duras de diagnóstico son indicadoras de la penetración en la salud de los mercados, las de información y comunicación resultan absolutamente transformadoras en el mundo del trabajo. Osborn et al. (2015), en un estudio sobre los desafíos de las necesidades de salud y cuidado de pacientes complejos para los médicos de atención primaria, observan que el uso de la historia clínica electrónica (HCE) en 2015 es, respectivamente, la siguiente: Nueva Zelanda (100%), Noruega (99%), Suecia (99%), Gran Bretaña (98%), Holanda (98%), Australia (92%), Alemania (84%), Estados Unidos (84%), Canadá (73%), Suiza (54%). La HCE en Atención Primaria es un indicador de la rápida evolución de las tecnologías de información y comunicación en los sistemas de salud y su utilización para el análisis, identificación y evaluación de los costos y la rentabilidad de los servicios. Su funcionamiento no se desarrolla sin contratiempos para los Estados y las empresas, ya que deben enfrentar la resistencia de los profesionales y de los pacientes para que habiliten el acceso a los datos, y se satisfagan demandas de garantía por parte de los sistemas de atención médica y de las aseguradoras acerca de que la información no será utilizada para lucrar con ella.

Indudablemente se generan disputas y conflictos éticos por la apropiación de la información y sus potencialidades como recurso productor de diversos tipos de valorización del conocimiento.

La captura de la clínica

La tecnología en salud se presenta como un complejo sistema que referencia e involucra dispositivos materiales, discursos, prácticas, imágenes, normas, protocolos, etcétera, que impactan y transforman la cotidianeidad, tanto de quienes la producen como de quienes la consumen, en una renovada subjetividad que se amplía constantemente por el despliegue de una vertiginosa información.

Los dispositivos de salud se interiorizan sorteando situaciones de resistencia para crear nuevas conexiones que organizan ideas, aprendizajes, conocimientos y valorizan saberes vinculados con un ejercicio definido. Los escenarios de las prácticas de salud se asocian en una lógica de sentidos que traspasa los límites tradicionales de lo privado y lo público, el Estado o la empresa.

Muchas de las acciones de orientación en la práctica clínica dirigidas particularmente a personas mayores ya no resultan adecuadas, especialmente en la gestión del cuidado de las personas con múltiples enfermedades. La aplicación de criterios técnicamente estandarizados no resulta sustentable en las personas e induce, inevitablemente, a una mala adherencia a los tratamientos, ineficiencia en la utilización de los recursos y pobres resultados en salud (Buffel du Vaure et al., 2016). El enfoque centrado en el paciente aparece como alternativa, diversificando exponencialmente la formulación de prioridades y acciones en cada sujeto y buscando estandarizar adaptaciones individualizadas con diversos gadgets tecnológicos de salud que el mercado recomienda aplicar en la muñeca, el tobillo, la frente o en algún brazo.

El planteo de una búsqueda de cambio en el paradigma de la atención y el cuidado de las personas, especialmente con múltiples enfermedades, mantiene una fuerte impronta biomédica que focaliza en la dominación de un instrumento que se supone también transferible al dominio de la persona. Tanto objeto externo y/o interno, se integra en el cuerpo, y lo que parece una cosa inanimada y pasiva contiene dentro de sí información y elementos subjetivos que condensan una cadena de diferentes creaciones sociales. Una síntesis en permanente tránsito entre la apropiación y la resistencia.

La concepción y ejecución se reúnen en el trabajo concreto, y los aprendizajes logrados por los trabajadores de salud pasan rápidamente, a través de las tecnologías electrónicas y digitales, a constituirse en una “experiencia capturada”, que definimos como aquellas actividades realizadas y vivenciadas por los sujetos individuales y colectivos, así como las habilidades, capacidades y conocimientos que pueden producir recursos materiales y simbólicos generadores de valor, que resultan retenidos y apropiados privadamente. Una realidad espacial y temporal tomada para ser puesta nuevamente como producto en un régimen de innovación permanente. El sujeto es capturado integralmente, y se requiere su implicación subjetiva y la disponibilidad completa para ejecutar una práctica de salud en el momento que se le requiera. Estará constantemente disponible.

El trabajo vivo en acto de salud ya no solamente incluye al trabajador que lo realiza, se busca transformar la cultura de la organización y establecer un sistema de atención centrado en la persona, en el que el paciente participe en las decisiones de gestión y planificación de su cuidado, asistencia y terapéutica. El paciente pasa a integrar el proceso de innovación, se lo incorpora a un modelo que busca captar la información vinculada con su cuerpo, sus percepciones, sus deseos y sensibilidades, las que son enmascaradas como derechos que serán respetados mediante una clara información, protocolos y la confianza en una gestión que se compromete a mejores procesos y resultados.

La implicación en el acto vivo del trabajo en salud construye un encuentro compartido, donde la toma de decisiones resulta de la interacción entre cuidador, cuidado e institución, que ubica la planificación y organización de las actividades de atención y la gestión de los recursos tecnológicos dentro de una relación afectiva que se desarrolla en distintos escenarios mediados por diversos procedimientos de control social. El usuario/paciente aprende, es evaluador de la calidad de los servicios, de la implicación de los profesionales, diseñador de estándares y acreditación. Estas son competencias que demandan desarrollos personales para poder ejecutarlas e interiorizar los pasos y procedimientos que también incorporan percepciones, satisfacciones e insatisfacciones que pueden utilizarse como insumos posteriores. La captura de la experiencia es completa. Se organiza, sistematiza y patenta para nueva empresa.

La instrumentalización de las tecnologías demanda mayores calificaciones de los trabajadores. La capacitación permanente es clave para lograr el desarrollo de nuevas competencias que permitan una gestión dinámica del usuario/paciente, de un grupo o una población. Es necesario renovar constantemente saberes, incluir las vivencias y los registros para lograr habilidades que faciliten adaptarse a las tareas, y sostener la rápida obsolescencia que sufrirán los conocimientos y capacidades adquiridos. El sujeto es puesto en tensión entre ser apropiado por la tecnología y la disposición para lograr su gobernabilidad.

El juego ofrece nuevos conflictos que atraviesan espacios, tiempos de la vida cotidiana, lazos sociales en la tarea colectiva, nuevas formas de división del trabajo, controles, evaluaciones de productividad y particularmente la autonomía del sujeto respecto de sus tareas y funciones. Modalidades más abiertas y flexibles pujan abriéndose paso en un proceso de reestructuración tecnológica del trabajo en salud, que buscará apropiarse de la intimidad del vínculo entre los sujetos y arrancar al trabajador de salud su saber hacer, su reflexión individual y colectiva, los mecanismos defensivos que construye con otros. La tecnología en salud es un fin que se supone opera independientemente de restricciones políticas, sociales o morales y al mismo tiempo se presenta como un mediador para comprender, transparentar e instrumentalizar un vínculo que requiere ser objetivado y mercantilizado. Berardi (2003: 177-178) considera que

El trabajo cognitivo produce estados mentales, encadenamientos técnicos e imaginarios. Los efectos de encadenamiento cognitivo que ese trabajo produce en la mente social son irreversibles. Cuando la inteligencia conectiva adquiere para su patrimonio cierto conocimiento o procedimiento, no es posible borrarlo o hacer que retroceda.

La actual articulación de la formación y la producción en el campo de la salud aparece en un sistema sociocultural, el cual las incluye, produce y refuerza su dependencia a través de la frecuente y constante aparición de nuevas tecnologías, ya sean artefactos, instrumentos, dispositivos organizativos y de gestión, los cuales socialmente son legitimados y adquieren sentido.

Pero es una captura de la creación generada por la combinación de conocimientos, saberes y subjetividad puestos en el acto de trabajo a través de la cooperación por los propios trabajadores de salud, lo cual concluye en una apropiación privada que niega el logro colectivo, no reconoce derechos sobre ella, e impide reclamos jurídicos y sociales. Una acción que logra eficacia involucrando a otros sujetos, a objetos, relaciones sociales y artefactos técnicos, es una totalidad compleja, un actor-red (Tirado et al., 2014). El hecho es que la tecnología y las prácticas sociales no son esferas separadas sino mutuamente constitutivas y definitorias. Los artefactos están implicados en la totalidad de las prácticas que relacionan a los sujetos.

De acuerdo con B. Latour (2008), la subjetividad depende de la circulación y efecto de cosas que pueden ser imágenes, un protocolo, una idea, una explicación, una teoría, un carné de identidad, un símbolo. Considerados como “subjetivadores” poseen la capacidad de detentar una carga política que coloca al individuo en una posición abierta hacia nuevas potencialidades y consecuencias, generar un efecto de reflexividad creando espacios entendidos como propios del sujeto. Los subjetivadores se pueden vincular a grandes y consistentes dispositivos institucionales o a pequeños ejercicios tecnológicos vinculados con prácticas breves y muy cotidianas con duraciones temporales muy desiguales.

La teoría del actor-red consigue identificar en un mismo nivel y a la vez unificar los artefactos tecnológicos con lenguajes de programación y actos humanos. Propone una visión integrada en la que no se puede comprender la acción humana sin entender cómo esta viene modificada, condicionada y posibilitada por una tecnología que, al mismo tiempo, es cambiada y alterada, en un flujo continuo, por la misma acción de las personas. Así pues, el nuevo agente social puede entenderse como un híbrido de relaciones y sustancias entre seres humanos, máquinas, lenguajes, semióticas y programaciones (Pérez Tornero, 2015).

Estas nuevas aperturas de la relación sujeto-tecnologías-redes nos colocan en un diálogo que recupera y actualiza la concepción del fetichismo de las mercancías de Marx y sus características de “apariencia”, la cual se hace necesaria para el funcionamiento del sistema de relaciones sociales, así como por presentar la dificultad para poder salir de ella, ya que su existencia corresponde a una experiencia estructurada por las relaciones sociales de producción. El consumo de fetiches en salud determina quién es sujeto y cuál es su valor. En este sentido el mandato de actualidad en nuestra cultura parece orientarse a que los recursos tecnológicos se constituyan en satisfactores de consumo tanto de aspiraciones como deseos y para la protección ante potenciales amenazas.

La captura del núcleo invisible del trabajo vivo en salud se propone incrementar la búsqueda de mayor productividad y menores costos, manteniendo una lógica productiva fragmentada y ampliando el gobierno de los múltiples modos de asociación de los trabajadores para la producción de los actos de salud. La relación entre el capital y el trabajo es un eje trascendente del mundo contemporáneo, aunque por sí sola no posee la capacidad de generar todas las realidades y respuestas que atraviesan las acciones culturales, sociales, económicas y políticas que ligan el trabajo en salud.

No se puede prescindir radicalmente de la trascendencia de las relaciones sociales o desconocer las articulaciones de poder que operan en las actividades de los sujetos, como tampoco de la complejidad de las redes, su pluralidad, multiplicidad, en una dinámica de permanente movimiento, plegándose y desplegándose, y alterando sus dimensiones en cambios de configuración. No obstante, tenemos necesidad de describir y explicar nuevos fenómenos sobre los nuevos medios-redes, programas, plataformas, tecnologías, lenguajes, competencias, y cómo organizan las acciones y vínculos sociales que confluyen en las prácticas de trabajo en salud. Es importante conocer cómo se desarrollan los movimientos que permiten articular la atención y el cuidado mediante los nuevos medios tecnológicos y sustentar sus cualidades para un trabajo integral, asociativo y coordinado en redes.

Un sujeto es, de últimas, el individuo ligado a una técnica; la educación, en tanto formación del individuo en el ámbito de la acción, es decir, en tanto constitución de lo específicamente humano, es su inserción en la trama del ámbito técnico. El individuo se hace, pues, sujeto, en tanto inserto en la trama técnica: el sujeto es sujeto de la técnica (Carvajal Ahumada, 2010).

Sin un mito los hombres no pueden vivir fecundamente[2]

Si actualmente se están configurando nuevos cuerpos y subjetividades, sería importante que para el desarrollo de las prácticas de cuidado en salud podamos interrogarnos acerca de qué cuerpos y sujetos nos estamos ocupando en nuestro trabajo. ¿Son sujetos que se adaptan e integran a los servicios de cuidado como bienes de consumo? ¿Los procesos de privatización del mercado alcanzarán a las prácticas de cuidado? ¿La propiedad del cuerpo finalmente de quién es propiedad? P. Sibilia (2005: 262) plantea que “[…] subyugados por la retórica y las novedosas prótesis teleinformáticas y biotecnológicas, los organismos contemporáneos se transforman en cuerpos sintonizados. Y también sin duda en cuerpos útiles” y, al mismo tiempo, abre la expectativa de una trayectoria hacia prácticas de cuidado autoritarias en salud.

La tecnología puede conferir a los objetos una vida de relación. No es contra las máquinas que el hombre, por una reserva humanística, debe rebelarse. Estamos esclavizados por la máquina solamente cuando las máquinas están esclavizadas por la comunidad (Espósito, 2016). De alguna manera será necesario articular y rearticular las diferentes tecnologías con los cuerpos de modos diversos si deseamos otras representaciones y respuestas para el cuidado de los sujetos.

Todavía tenemos una oportunidad para repensar el rol que ocupa el conocimiento en los procesos de producción de la salud, la articulación de la intersubjetividad con las diversas tecnologías y la posibilidad de comprender cómo el trabajo cotidiano de los técnicos y profesionales que cuidan de otros fluye en nuevos conocimientos. Depende de nosotros trazar diferentes mapas que permitan reapropiarse de los procesos organizacionales y de nuestra capacidad en términos de actores para pensar y renovar las relaciones entre subjetividad, trabajo y tecnología en el campo de la salud.

Referencias bibliográficas

Berardi Bifo, F. (2003). La fábrica de la infelicidad. Nuevas formas de trabajo y movimiento global. Madrid: Traficantes de sueños.

Buffel du Vaure, C., Ravaud, P., Baron, G., et al. (2016). “Potential Workload in Applying Clinical Practice Guidelines for Patients with Chronic Conditions and Multimorbidity: a Systematic Analysis”. BMJ Open, 6: e010119. DOI: 10.1136/bmjopen-2015-010119.

Canitrot, C. H. (1981). “Tecnología médica: el advenimiento de un cambio radical en la Medicina”. Cuadernos Médicos Sociales Nº 16 y Nº 17. Rosario: Asociación Médica de Rosario.

Carvajal Ahumada, G. (2010). “Todo sujeto es sujeto de la técnica. Tecnología y subjetividad en la filosofía griega clásica”. Análisis, (76): 173-192.

Espósito, R. (2016). Las personas y las cosas. Buenos Aires: EUDEBA.

Fumagalli, A. ([2007] 2010). Bioeconomía y capitalismo cognitivo. Hacia un nuevo paradigma de acumulación. Madrid: Traficantes de sueños.

Latour, B. (2008). Reensamblar lo social. Una introducción a la teoría del actor-red. Buenos Aires: Manantial.

Marx, C. ([1859] 2008). Prólogo”. En Contribución a la crítica de la economía política. Buenos Aires: Siglo XXI.

Marx, C. ([1867] 2009). “Capitulo XXIII. La Ley General de la Acumulación Capitalista”. En Marx, C. El Capital, Libro Primero. Buenos Aires: Siglo XXI.

Osborn, R., Moulds, D., Schneider, E. C., Doty, M. M., Squires, D. and Sarnak, D. (2015). “Primary Care Physicians in Ten Countries Report Challenges Caring for Patients with Complex Health Needs”. Health Affairs 34 (12): 2104-2112.

Pérez Tornero, J. M. (2015). “¿Por qué está de moda la teoría del actor-red?”. Gabinete Comunicación y Educación, Universidad Autónoma de Barcelona. Recuperado de: https://bit.ly/34f7yHS.

Schonfeld, C. (2013). “La evaluación de tecnologías en salud como herramienta para la mejora de la gestión del laboratorio”. Acta Bioquímica Clínica Latinoamericana, 47 (1): 121-143.

Sibilia, P. (2005). EI hombre postorgánico: Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales. Buenos Aires: F.C.E.

The Commonwealth Fund (2016). International Profiles of Health Care Systems. Recuperado de: https://bit.ly/2CHbfL7.

Tirado, F., Baleriola, E., Giordani, T., Torrejón, P. (2014). “Subjetividad y subjetivadores en las tecnologías de bioseguridad de la Unión Europea”. Rev. Polis e Psique, 4 (3): 23-50.

Vercellone, C. (2011). Capitalismo cognitivo. Renta, saber y valor en la época posfordista. La crisis del capitalismo industrial y la transición hacia el capitalismo cognitivo. Buenos Aires: Prometeo.


  1. Docente en la Maestría de Salud Pública de la Universidad Nacional de Rosario y coordinador del Diplomado Promoción Comunitaria de la Salud en la Universidad Nacional de Tres de Febrero.
  2. “Para las escépticas criaturas del orden viejo esta lucha final es solo una ilusión […] El progreso –o el proceso humano– se cumple por etapas. Por consiguiente, la humanidad tiene permanentemente la necesidad de sentirse próxima a una meta. La meta de hoy no será seguramente la meta de mañana, pero para la teoría humana en marcha es la meta final. El mesiánico milenio no vendrá nunca. El hombre llega para partir de nuevo. No puede, sin embargo, prescindir de la creencia de que la nueva jornada es la jornada definitiva […] los hombres tienen que creer en sus verdades relativas como si fueran absolutas. Los hombres han de menester de certidumbre […] Sin un mito los hombres no pueden vivir fecundamente”. Mariátegui, J. C. (1972). El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy. Lima: Minerva.


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