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1 eHealth: un concepto, diversidad de prácticas

Mónica Petracci[1] y Patricia K. N. Schwarz[2]

eHealth tiene un doble lugar en este artículo. Llegamos al concepto a partir del análisis de los ejes de tematización de la relación médico-paciente (RMP) en la producción académica en el período 1980-2015, lapso en el cual eHealth emerge en el nuevo siglo como un foco potente de investigación y producción. Ese resultado de la revisión bibliográfica nos enfrentó a interrogantes que reubicaron eHealth en nuestra agenda investigativa: de punto de llegada pasó a ser el punto de partida de una nueva investigación destinada a profundizar el concepto, precisar las prácticas que incluye y comprender los efectos que produce en los actores del sistema de salud.[3]

El objetivo del artículo es presentar los hallazgos de esos dos recorridos investigativos. En ambos casos, el enfoque principal de construcción del problema y análisis es Comunicación y Salud (CyS), al que entendemos como un “campo” (Cuberli y Soares, 2015) “complejo” (Rodríguez Zoya, 2017) y “heterogéneo” (Petracci, 2015).

eHEALTH: punto de llegada

La incursión en la RMP –un ámbito del campo CyS (Petracci, 2015)– condujo nuestro interés al relevamiento sistemático de la producción académica en el período 1980-2015. El análisis de las ochenta y cuatro publicaciones que integraron la muestra definitiva de la revisión permitió construir tres ejes de tematización de la RMP: 1. Nivel de satisfacción del paciente (enfatiza la medición y la relación con la calidad de la atención; piensa la comunicación como aprendizaje de habilidades, y sobresale en las décadas de los años ochenta y noventa). 2. Modelos de relaciones entre médicos y pacientes (expresa la coexistencia y el pasaje de un modelo paternalista a otro más autonomista, con presencia durante todo el período). 3. eHealth (eje cuya producción sobresale a partir de 2000 y se refiere, por un lado, a los cambios ocasionados por la expansión de las TIC en los sistemas de salud y, por otro, a la entrada de Internet e información online en la RMP en coexistencia con la relación presencial cara a cara (Petracci et al., 2017; Schwarz, 2017).

El análisis evidencia la reconfiguración comunicacional de las relaciones entre profesionales de la salud y pacientes sobre el trasfondo de los cambios sociales contemporáneos. Esos cambios en la RMP –aún en proceso– comprenden diferentes tipos y grados de transformación del modelo paternalista tradicional, para el cual el paciente era un receptor pasivo de las indicaciones médicas. El paciente, al menos en la superficie de la relación, dispone de una mayor autonomía respecto del modelo paternalista, pero también se enfrenta al desconocimiento de la confiabilidad de la información y a un espectro de controles y riesgos sobre los datos personales de salud volcados en sitios virtuales.

eHEALTH: punto de partida

Un aspecto de eHealth, que la bibliografía (Eng, 2001; Eysenbach, 2001; Pagliari et al., 2005; Lupton, 2014) coincide en señalar, es la diversidad de situaciones y prácticas que incluye (la informática médica para la organización de servicios de salud, la búsqueda de información y la participación en foros de salud en Internet, el email como complemento de la consulta médica, las aplicaciones de la tecnología móvil con mensajes preventivos, prácticas y relevamiento de indicadores de salud, entre otras). Es un modo de trabajo y comunicación en el campo de la salud –un ecosistema complejo de convergencia de pantallas, dispositivos, saberes y subjetividades– mediado tecnológicamente, en una sociedad global y en red. Según Schwarz (2017), si bien las iniciativas de eHealth tienen objetivos de mejoramiento de la salud individual y colectiva, la entidad a la que están dirigidas las políticas que la implementan es individual, consistente con el criterio de inteligibilidad de las TIC: el individuo, el yo.

A continuación se presenta, en primer lugar, una revisión narrativa (Fortich Mesa, 2013) de las denominaciones, conceptualizaciones y prácticas de eHealth expuestas en documentos de organismos internacionales y la literatura académica y, en segundo lugar, una caracterización de los resultados de eHealth señalados en la literatura.

Denominaciones, conceptualizaciones y prácticas

Si bien la producción de los organismos internacionales y la académica mantienen un diálogo (explícito o implícito) y referencias mutuas (especialmente a través de la presencia de los documentos y declaraciones de los primeros en la producción académica), separamos la presentación para una mayor claridad expositiva.

eHealth en los documentos de organismos internacionales

A través de documentos y pronunciamientos, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2005, 2013) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2011, 2014) propiciaron que los gobiernos formulen planes estratégicos a largo plazo para generar servicios de eHealth dotados de infraestructura, marcos jurídicos apropiados y tendientes al logro de la cobertura universal. Las denominaciones más frecuentes y las definiciones visibilizan las múltiples áreas de aplicación de eHealth:

eHealth/eSalud (OMS, 2005: 40 y OPS, 2016: 12, respectivamente):

[…] apoyo que la utilización costo eficaz y segura de las tecnologías de la información y las comunicaciones ofrece a la salud y a los ámbitos relacionados con ella, con inclusión de los servicios de atención de salud, la vigilancia y la documentación sanitarias, así como la educación, los conocimientos y las investigaciones […].

[…] incluyendo los servicios de atención sanitaria, vigilancia de la salud, literatura y educación, conocimiento e investigación– desempeña un papel vital en la promoción de la cobertura universal de salud. Por ejemplo, ayuda a proporcionar servicios a poblaciones remotas y comunidades marginadas a través de la telesalud o la salud por dispositivos móviles (mSalud). Facilita la capacitación del personal sanitario a través del aprendizaje virtual, hace que la educación sea más accesible, especialmente para aquellos que están aislados, y mejora el diagnóstico y tratamiento del paciente al proporcionar información precisa y a tiempo del paciente por medio de los registros electrónicos de salud.

mSalud (OMS, 2016: 27) se refiere a las tecnologías móviles que “[…] potencian el acceso a la información, servicios y competencias sanitarios, además de fomentar cambios positivos en los comportamientos […] para prevenir el inicio de enfermedades agudas y crónicas”.

Telesalud (OMS, 2016: 60) se refiere a:

[…] la prestación de servicios de atención de la salud, donde la distancia es un factor crítico, por los proveedores de la salud que utilizan tecnologías de la información y de la comunicación para el intercambio de información válida para el diagnóstico, tratamiento y prevención de enfermedades y lesiones, la investigación y la evaluación, y para la formación continuada de los profesionales de la salud, todo en aras de avanzar en la salud de los individuos y sus comunidades.

Salud digital (OMS, 2018) es un término que, en sentido amplio, comprende la cibersalud y la informática avanzada.

De acuerdo con el informe La eSalud en la región de las Américas, los principales hallazgos sobre la aplicación en la región (OPS, 2016: 13-17) son los siguientes para cada dimensión:

Políticas: 61,1% dispone de una política o estrategia nacional de eSalud; 52,6% dispone de una política o estrategia nacional de eSalud; 84,2% ofrece educación o formación sobre el uso de las TIC y la salud en línea.

Registros electrónicos de salud (RES): 52,6% tiene un sistema de RES nacional.

Telesalud: 36,8% se refiere directamente a telesalud en sus políticas o estrategias; 89,5% utiliza telerradiología; 57,9% utiliza la monitorización de pacientes a distancia.

Salud móvil (mSalud): 57,9% dispone de un programa de salud móvil y 10,5% dispone de un programa de evaluación patrocinado por los gobiernos.

Aprendizaje virtual en ciencias de la salud: 89,5% lo emplea en la preparación de estudiantes; 78,9% informó que la principal razón para el uso de eLearning es la mejora de acceso a contenidos y expertos.

Marcos legales: 63,7% tiene legislación para proteger la privacidad de los datos digitales de salud en los RES; 36,8% informó que en su país las personas cuentan con el derecho legal a especificar qué datos relacionados con la salud de su RES pueden compartirse con los profesionales sanitarios de su elección.

Redes sociales: 73,7% informó que los individuos y las comunidades las están utilizando por cuestiones de salud; 100% informó que las organizaciones de atención de salud recurren a medios sociales para promover mensajes en campañas de promoción de la salud; 78,9% no tiene una política o estrategia nacional sobre el uso de las redes sociales en las profesiones de la salud.

Datos a gran escala (Big Data): 31,6% tiene una política o estrategia nacional que regula el uso de grandes volúmenes de datos en el sector salud; 10,5% tiene una política o estrategia nacional que regula el uso de grandes volúmenes de datos por empresas privadas.

La primera Guía sobre intervenciones de salud digital (OMS, 2019) brinda recomendaciones para políticas públicas (notificación de nacimientos y defunciones vía dispositivos móviles; de stock y administración de productos vía dispositivos móviles; formación de profesionales; comunicación dirigida a usuarios sobre temas sensibles como la salud sexual y reproductiva; telemedicina paciente a médico y médico a médico).

eHealth en la producción académica

La búsqueda se realizó en las bases Scopus, SciELO, BioMed Central, JSTOR y SAGE Premier a partir de las palabras clave “eHealth”,eSalud”, “eHealth Review” en el período 2000-2018. El criterio de inclusión fue que el artículo aludiera a las definiciones de eHealth. La distribución por año de los 16 artículos seleccionados es la siguiente: 2001: 1; 2005: 1; 2006: 1; 2013: 3; 2014: 2; 2016: 2; 2018: 6.

La definición integral de Eysenbach (2001: 1) incluye procesos tecnológicos, subjetivos y relacionales, en los que sitúa a eHealth como un campo emergente entre la salud pública, la informática médica, y las empresas:

En un sentido más amplio, el término caracteriza no solo un desarrollo tecnológico sino también un estado de la mente, una forma de pensar, una actitud, y un compromiso de pensamiento global en red, para mejorar la atención de salud a nivel local, regional y mundial utilizando tecnologías de información y comunicación.

Es una definición resaltada en la literatura (Oh et al., 2005; Ekeland et al., 2018).

Según la revisión de 51 artículos de Oh et al. (2005), las nociones que, con un énfasis diferencial, interactúan en eHealth son las siguientes: salud (los efectos de eHealth tienen una connotación positiva y optimista, con una escasa mención de efectos adversos, negativos o perjudiciales); tecnología (entendida como representación, y como herramienta que permite procesos, funciones y servicios para mejorar, sin sustituir, actividades humanas), y aspectos comerciales (incluidos minoritariamente).

Norman et al. (2006), basados en las teorías cognitiva y de la autoeficacia, aportan el concepto “alfabetización electrónica en salud”, considerada una necesidad formativa que incluye, entre otras, a la alfabetización científica, mediática e informática.

Rodríguez Blanco et al. (2013) retoman y actualizan las prácticas incluidas en las definiciones de la OMS (historia clínica electrónica, eLearning, educación continua en TIC, estandarización e interoperabilidad entre diferentes tecnologías y aplicaciones de software para el intercambio y uso de datos mediante estándares, regulaciones, guías y especificaciones técnicas). Fernández Silano (2013) diferencia el campo de acción de eSalud de la Salud 2.0, como visión integral e innovadora de la salud cuyas herramientas principales son la web y las aplicaciones. La revisión sistemática de Van de Belt et al. (2013) ubica a eHealth en la atención médica de la web 2.0, a la que los autores diferencian de la web 1.0 por la interacción que permite.

Pereira et al. (2014) ubican a eHealth como área integral y multidisciplinaria que, a través de TIC, busca mejorar la atención médica y el desempeño de organizaciones, instituciones y empresas de salud. El abordaje de Jimenez-Marroquin et al. (2014) es desde las políticas públicas (declaraciones, directivas, regulaciones) que dirigen y administran el ciclo de la eSalud.

Gee y Patmon (2016) aluden a componentes de eHealth hallados en publicaciones recientes referidos al autocontrol de pacientes con enfermedades crónicas (Internet para la salud, redes sociales y comunidades en línea, teleHealth, mHealth y registros de salud electrónicos con acceso al portal del paciente). En la revisión de Barello et al. (2016) concluyen que eHealth es un término que abarca una gama de fenómenos, concepciones e instrumentos cuyas definiciones destacan la importancia de las tecnologías relacionadas con Internet para apoyar, promover y mejorar la salud, y aumentar la eficacia y eficiencia de la atención médica. Para los autores, la mayoría de los estudios se diseñaron para examinar la eficacia de las intervenciones de eHealth mientras que fue escasa la atención puesta en comprender el impacto de eHealth en la participación del paciente.

Huhta et al. (2018) abordan la alfabetización en eHealth (o adquisición de habilidades tecnológicas) y concluyen que el desarrollo conceptual es un desafío dada la fragmentación de la investigación empírica. Safi et al. (2018) consideran que el término eHealth es general y abarca una amplia gama de aplicaciones que integran TIC para tratar y atender a pacientes. Paige et al. (2018) analizan el concepto de alfabetización electrónica en salud –acuñado en 2006– a partir de su estrecha vinculación con eHealth. Es definido como la capacidad de localizar, evaluar, comprender y actuar sobre la información de salud de fuentes electrónicas. No obstante el uso generalizado de esta definición en la última década, los investigadores argumentaron la necesidad de actualizar el concepto y las técnicas de medición para precisar la naturaleza dinámica y social de eHealth. Los antecedentes sobre las habilidades necesarias incluyen determinantes sociodemográficos (ingresos y educación, edad, etc.); relacionales (influencias sociales, normas, barreras lingüísticas y culturales para la información en salud); conocimiento (tipo y cantidad de información ofrecida y preferida, y nivel de conocimiento sobre un problema de salud), y tecnológicos (motivación y preferencias para emplear tecnología en salud; frecuencia de uso; acceso a dispositivos, tipo y cantidad de tecnologías). Granja et al. (2018) y Vialart et al. (2018) retoman la idea básica de eHealth entendida como el uso de TIC en la asistencia sanitaria.

Caracterización de los resultados

La revisión anterior mostró una escasez de evaluaciones de los resultados de la aplicación de eHealth. Por tal motivo, a modo preliminar, incluimos una caracterización de los resultados presentados en la literatura: aportes (aspectos positivos de eHealth), problemas (aspectos negativos de eHealth), y obstáculos para la implementación de eHealth.

Aportes

Comprende los artículos que muestran resultados positivos de investigaciones sobre prácticas vinculadas a eHealth o bien promueven iniciativas. Dan cuenta de las múltiples posibilidades ofrecidas por las TIC a la salud pública para prevenir problemas de salud, mejorar el acceso a los sistemas y servicios, ampliar la cobertura y aumentar la eficiencia de la atención. Sin desatender los desafíos éticos, en estos artículos hay una lectura en clave positiva de la información sobre comportamientos sociales proporcionada por la telefonía móvil y las redes sociales que pueden transformarse en un insumo para los sistemas de salud.

En un número especial de la Revista Panamericana de Salud Pública dedicado a eSalud se muestran los avances logrados en la región (Novillo-Ortiz et al., 2016). En un sentido amplio, se describe la manera en que las intervenciones en torno a las TIC pueden conectarse gracias a la interoperabilidad de los datos de salud entre diferentes sistemas de información, facilitar el acceso a los servicios y abordar enfermedades. Los autores analizan el desarrollo y avances de eHealth en la región: el establecimiento de alianzas nacionales para favorecer la movilización de recursos necesarios para establecer estrategias de eSalud, la elaboración de documentos metodológicos para definir prioridades políticas relacionadas con la eSalud, el desarrollo de lineamientos para una estrategia de fortalecimiento y determinación de la infraestructura organizacional y tecnológica básica en los servicios de salud, el financiamiento de proyectos sobre eSalud con fondos públicos en los ámbitos local y nacional, especialmente en materia de telemedicina y registros electrónicos de salud, el aumento de marcos legales que respalden el uso de la eSalud y faciliten el intercambio de información clínica a nivel nacional.

Sinha y Schryer (2018), del análisis de un estudio de cohorte, muestran evidencia de los beneficios del uso de TIC –ya sea eSalud (eHealth), mSalud (mHealth) o “salud digital”– en los análisis de igualdad en materia de salud, género, poder y rendición de cuentas.

Problemas

Comprende los artículos que, si bien consideran los aportes, concluyen sobre los aspectos problemáticos o perjudiciales (aun potencialmente) de eHealth.

Ray et al. (2019) comparan la calidad de la prescripción antibiótica en las consultas a niños con infección respiratoria, tanto en consultas virtuales como en urgencias y en atención primaria. Para ello analizaron 4604 consultas virtuales, 38408 consultas en urgencias y 485201 consultas de atención primaria. Los resultados indican que la prescripción de antibióticos fue más elevada en las consultas virtuales (52% del total de las consultas frente al 42% en urgencias y al 31% en atención primaria). Además, las consultas virtuales fueron las que más se apartaron de las recomendaciones de guías y protocolos. Los autores concluyen que el principal problema detectado en las consultas virtuales (telemedicina) se debe a los problemas para el examen completo del paciente y a las dificultades para la comunicación con el paciente y sus acompañantes. Las mejoras en el uso de dispositivos a distancia de medición y examen son un elemento claro para reducir la brecha en la calidad y efectividad de este tipo de consultas.

Jha et al. (2019) sostienen que el tiempo demandado por las TIC, como los registros electrónicos, va en contra de la comunicación e interacción cara a cara en la RMP y favorece el burnout. La cantidad de mediciones obligatorias y la documentación impuesta por los RES actuales, debido a los requisitos reglamentarios y de las empresas de salud, llevan a que los médicos generalmente pasen varias horas trabajando en la computadora por cada hora que pasan frente a un paciente, incluidas numerosas horas después del trabajo para completar tareas administrativas en línea que hacen poco o nada para una atención de calidad.

Samerski (2018) examina cómo la epidemiología digital y la eSalud se unen en un poderoso sistema de vigilancia de la salud, que cambia las nociones actuales de cuerpo y salud. Explora el impacto de la vigilancia digital de la salud en las percepciones, acciones y subjetividades de las personas, ampliando el concepto de “medicina de vigilancia” al de “auto medicina cuantificada” a partir del poder simbólico de las construcciones estadísticas en los encuentros médicos. El autor discute las confusiones y paradojas epistémicas producidas por un sistema de atención médica que, cada vez más, trata a los pacientes como perfiles de riesgo y los incita a percibirse como un conjunto de riesgos para la salud y la seguridad.

Respecto de las implicancias de las comunidades de salud online, Petrič et al. (2017) consideran que, si bien es cierto que los hallazgos demuestran la importancia de dichas comunidades para el empoderamiento de los pacientes, el impacto en la relación médico-paciente es poco estudiado. El objetivo de la investigación fue analizar el impacto de los procesos sociales de las comunidades de salud en línea (intercambio de información con usuarios y moderadores profesionales de la salud, apoyo social, búsqueda de significado y autoexpresión) sobre el empoderamiento funcional y disfuncional del paciente en relación con el médico. Concluyen que los procesos sociales en las comunidades de salud online no tienen un impacto uniforme sobre el empoderamiento de los pacientes. Este impacto depende de la alfabetización en eSalud y del paternalismo médico. El intercambio de información con los moderadores es el factor más importante para estimular el empoderamiento. El apoyo social en las comunidades de salud online juega un papel ambiguo, ya que a menudo los pacientes se comportan de una manera estratégica y poco cooperativa con los médicos.

Respecto de la información electrónica sobre salud, Hunt et al. (2015), a partir de un análisis discursivo de documentos de políticas sobre salud, consideran que la política de salud digital en Gran Bretaña configuró a las redes sociales como un nuevo medio para recopilar información de los pacientes sobre los encuentros de atención médica y comunicar información de salud para la toma de decisiones responsables.

Obstáculos

Comprende los artículos que resaltan los obstáculos para la aplicación de eHealth. Meppelink et al. (2019) afirman que la búsqueda de información de salud online conlleva el riesgo de una evaluación sesgada por la exposición selectiva a mensajes confirmatorios de creencias preexistentes.

Gonçalves y Raimundo (2017) entienden la protección de los datos digitales de salud como un componente de la calidad de la atención. A partir de una investigación sobre plataformas de datos digitales de salud en Portugal, afirman que el consentimiento de los interesados, la autonomía en el acceso y la gestión de la información personal son fundamentales para la legitimidad de las plataformas.

Novillo-Ortiz et al. (2016), en un estudio dirigido por la OMS y la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT) que contó con la participación de 75 países, cinco de ellos pertenecientes a la región (Bolivia, Guatemala, Haití, México y Perú), identificaron cuatro obstáculos principales en la aplicación de la eSalud: la falta de profesionales idóneos y calificados o con experiencia suficiente para desarrollar y ejecutar proyectos de eSalud, la inadecuación de la infraestructura de apoyo a los programas, la carencia de modelos de negocio para respaldar el recurso amplio y generalizado a la eSalud y el escaso compromiso político.

Saner (2016) considera que existen elevadas expectativas de pacientes, políticos y profesionales de la salud respecto de las iniciativas de eHealth. De este modo, se espera que las TIC reduzcan la demanda sobre el sistema de salud, mejoren la prestación de atención médica y la experiencia de la atención de las personas que viven con enfermedades crónicas, para facilitar una atención más personalizada y centrada en la persona en el momento y el lugar correctos, y todo eso a un costo reducido. A diferencia de ello, según el autor, el plan de acción de eHealth de la Unión Europea para 2012-2020, por ejemplo, muestra que las promesas de las TIC de aumentar la eficiencia, mejorar la calidad de vida y la innovación siguen sin cumplirse. Señala varios motivos: la base de evidencia para el valor de eHealth y teleHealth en el manejo de una amplia gama de enfermedades cardiovasculares ha aumentado pero sigue siendo débil y contradictoria; el desarrollo de eHealth y teleHealth sigue siendo impulsado técnicamente y no dirigido por las necesidades y expectativas de los profesionales de la salud clínicamente activos; las plataformas comunes y la conectividad entre herramientas y sistemas son en su mayoría deficientes, generan incertidumbres en el área de privacidad y protección de datos.

Conclusiones

Las conclusiones sobre las definiciones, conceptualizaciones, prácticas y resultados de eHealth se enmarcan en el alcance de una revisión narrativa.

Las definiciones de los documentos de organismos internacionales exhiben el entramado de eHealth entre prácticas y áreas del campo de la salud (atención, vigilancia, diagnóstico, tratamiento y prevención, educación, investigación y evaluación). Las políticas públicas de la región avanzaron en la formulación de iniciativas. No obstante, los marcos regulatorios sobre el uso de datos de salud siguen siendo un déficit, especialmente el uso por empresas privadas. Pensamos que futuros cambios tecnológicos mantendrán agitados debates sobre las definiciones y los resultados de eHealth y, sin perder de vista el peso de la brecha digital, las personas continuarán la formación, el empleo y la apropiación de TIC en salud.

La producción académica da una visión integral y descriptiva –que incluye prácticas, actores e instituciones sociales desde diferentes enfoques disciplinarios– e incipientemente evaluativa de eHealth. Las reflexiones sobre TIC con enfoques de género y derechos son escasas. Los trabajos más recientes sobre eHealth abordan las lógicas de funcionamiento de plataformas virtuales para atención de salud online y destacan las instancias de aprendizaje de pacientes y médicos, así como los procedimientos de acceso a información.

Los aportes de eHealth reconocidos en la literatura son los siguientes: aumenta la accesibilidad al sistema de salud, favorece la atención de enfermedades crónicas; favorece el registro y administración de información en salud y permite un seguimiento de los usuarios y las acciones médicas.

Los problemas más frecuentes encontrados en eHealth son los siguientes: falta de contacto cara a cara; dificultades de comunicación con el paciente y acompañantes; dificultades para garantizar la protección de datos personales de salud; generación de errores en diagnósticos y tratamientos por la ausencia de presencialidad y el uso impreciso de aplicaciones; demanda innecesaria sobre el sistema de salud; exceso de tiempo médico dedicado a completar formularios digitales, entre otros. Si bien es cierto que los resultados de la investigación del estado del arte dan cuenta de aspectos negativos de eHealth, también lo es que ningún autor cuestiona la existencia actual y futura de este nuevo actor/soporte.

Las dificultades para la implementación proceden de la existencia de brechas sociales y/o carencias de diversos órdenes: infraestructurales, políticas, jurídicas, formativas (como, por ejemplo, la falta de profesionales calificados para desarrollar y ejecutar proyectos de eHealth).

La emergencia del ciberespacio, y la cibersalud en particular, están lejos de saldar deudas sociales heredadas. Solucionarlas es un necesario primer paso para alcanzar el acceso universal a la salud, objetivo que sostiene las iniciativas de eHealth.

Referencias bibliográficas

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  1. Investigadora de la Universidad de Buenos Aires en el Instituto de Investigaciones Gino Germani y profesora en la Facultad de Ciencias Sociales, UBA.
  2. Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales y profesora en la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.
  3. Proyectos de investigación UBACyT “La salud en la trama comunicacional contemporánea” de la Programación Científica 2011-2014 (20020100100100) y “Relaciones médico-paciente y nuevas tecnologías de Comunicación y Salud” de la Programación Científica 2018 (20020170100727BA), dirigidos por la doctora Mónica Petracci, con el apoyo de la Secretaría de Ciencia y Técnica (SECyT), Universidad de Buenos Aires, Argentina.


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