Otras publicaciones:

9789877231304_frontcover

9789871867882-frontcover

Otras publicaciones:

Book cover

DT_Descola_Tola_lomo_3.5mm

2 Candidatos y candidaturas

Hay al menos dos dimensiones que resultan pertinentes para caracterizar el primer momento de cada ciclo de crisis. Por una parte, los rasgos personales y las trayectorias de los gobernadores destituidos. Por otra, los procesos por los cuales se construyeron las candidaturas que los catapultaron al control del Ejecutivo provincial. El supuesto de partida es que los resultados electorales reflejan un proceso previo de construcción de la oferta política, que el perfil de los candidatos y las negociaciones entre actores políticos coadyuvan a constituir, como dos dimensiones indisociables que posibilitan el acceso de determinados individuos al Poder Ejecutivo.

Ambas dimensiones son trabajadas en este capítulo. En primer lugar, se reconstruyen las trayectorias de los gobernadores destituidos, en tanto protagonistas centrales de una competencia que los llevó a ocupar el máximo cargo electivo provincial. Se delinean sus perfiles, considerando los atributos que actuaron como capital político en cada caso y los rasgos relativamente típicos que presentan. En segundo lugar, se describe la red de relaciones políticas que los ubicaron como representantes de fracciones, partidos y/o coaliciones en la contienda electoral. Es decir, se analiza el modo en que se articularon las candidaturas que los catapultaron al poder en la provincia.

2.1. Trayectorias de los gobernadores electos

Las trayectorias de Jorge Escobar y Alfredo Avelín se reconstruyen aquí porque conocer sus características personales y políticas ayuda a comprender sus modos de acceso, permanencia y salida de la gobernación provincial. Acceder a un cargo electivo siempre descansa sobre la elegibilidad, definida como la posesión de un conjunto de atributos que son valorados positivamente por los otros, que conjugan sentimiento subjetivo de poder y deber representar a los otros y de actuar en su nombre (Offerlé, 2011b; Gaxie, 2004; Abélès, 2004). Desde esta perspectiva, la pregunta que orienta este apartado es: ¿cuáles fueron los recorridos biográficos de estos dirigentes y qué atributos y/o carreras les permitieron ubicarse como figuras centrales del escenario político provincial?

Apoyándose en las herramientas desplegadas en un conjunto de análisis relativamente heterogéneo sobre las características de los sectores dirigentes y sus trayectorias[1], este apartado indaga sobre los atributos personales de los gobernadores destituidos y el formato de sus carreras políticas. Se reconstruyen para ello sus trayectorias familiares, educativas, socio-ocupacionales y políticas, contrastándolas con atributos relativamente típicos de los dirigentes políticos sanjuaninos.

2.1.1. Una atipicidad de los 90: el outsider como candidato justicialista

Jorge Escobar nació en 1952 en la Ciudad de San Juan, en el seno de una familia de antiguos residentes dedicada al comercio[2]. Su madre se ocupó de ser ama de casa y madre de tres hijos, mientras que su padre se dedicaba a la actividad comercial, siendo representante de la automotriz Ford en la provincia, hecho que le otorgaba tanto prestigio comercial como la cautividad de este segmento del mercado sanjuanino.

Por otra parte, la familia Escobar era propietaria de tierras en distintos puntos de la provincia, no obstante, la explotación agrícola ocupaba un rol marginal en la estructura total de su capital económico. El carácter heredado de este patrimonio le permitía, sin embargo, contar con un capital de reconocimiento entre sus comprovincianos, ya que la propiedad de tierras es una característica distintiva de los descendientes de antiguos residentes.

La cercanía de las tierras a la capital y la extensión de las mismas son dos elementos directamente proporcionales al tiempo de permanencia en la provincia, y constituyen signos de pertenencia a las capas más tradicionales de la sociedad sanjuanina. La familia Escobar puede ubicarse a partir de estos elementos, como parte de los grupos de antigüedad intermedia, sin pertenecer al grupo de familias fundadoras pero tampoco a los grupos provenientes de los dos grandes flujos migratorios que llegaron al país en el siglo XX.

Jorge Escobar transitó una trayectoria educativa típica de estratos medios-altos de la provincia. Cursó sus estudios secundarios en el Liceo Militar General Espejo, una institución educativa relativamente reciente, creada en 1948 a propuesta del ministerio de guerra durante la primera presidencia de Perón. El Liceo se ubica en la provincia de Mendoza, y es una institución de cariz elitista tanto por la composición social de sus estudiantes como por el alto costo que reviste el arancel de su matrícula.

Dos rasgos permiten caracterizar rápidamente esta institución. En primer lugar, es un instituto de enseñanza dependiente del Ejército Argentino, por lo que brinda títulos de subteniente de reserva principalmente, aunque el bachillerato común forma parte de su oferta académica. En segundo lugar, el Liceo funciona como un internado, donde los estudiantes tienen carácter de pupilos durante el lapso que dura su formación, y hasta 1994 era un instituto para varones exclusivamente. Estos dos rasgos se complementan en la autodefinición de la institución: instituto de segunda enseñanza en un sistema pedagógico de internado militarizado.

El haber cursado sus estudios secundarios en Mendoza implicó además que Jorge Escobar tuviera breves lapsos de permanencia en su San Juan natal durante los años de su formación secundaria, lo que concentró inevitablemente su sociabilidad en un ámbito cerrado, elitista, competitivo y verticalista. Pese a constituir un ámbito típico de formación en los estratos medios-altos de la juventud sanjuanina, el Liceo Militar no es una institución que haya cobijado entre sus estudiantes a otros dirigentes políticos sanjuaninos, siendo Jorge Escobar el único gobernador[3] formado en ese ámbito[4]. Por otra parte, el carácter militar de la institución, sumado al momento histórico en que Jorge Escobar transitó su formación secundaria, implicaron que no existiera ninguna posibilidad de militancia política juvenil para el ex gobernador, y que tampoco tuviera contacto con organizaciones tales como centros de estudiantes o agrupaciones políticas de cualquier tipo de orientación ideológica. Contacto que mantuvo, no obstante, con instituciones religiosas.

Este contacto se cristalizaría en la formación universitaria de Jorge Escobar, quien cursó la Licenciatura en Administración de Empresas en la Universidad Católica Argentina (UCA)[5]. Vale destacar que la Universidad Nacional de San Juan cuenta dentro de su oferta académica con la carrera de Administración desde el año 1976, cuando en un proceso de “normalización” se reorganizó la Facultad de Ciencias Sociales. La elección de una Universidad privada confesional aparece ligada, a un perfil fuertemente religioso, coincidente con el carácter conservador y católico de su grupo social de pertenencia, la burguesía media más tradicional de la provincia. Precisamente por esta pertenencia social la Universidad Nacional no constituía para Jorge Escobar un ámbito de acumulación de capital cultural y social, de los que disponía ampliamente.

La universidad privada sería de este modo el ámbito de tránsito de Jorge Escobar, elemento que profundiza el carácter excepcional de su trayectoria: es el único exgobernador sanjuanino que no se formó en una universidad pública y, además, el único que escogió como carrera la licenciatura en administración de empresas[6]. Dos elementos que lo diferencian de gran parte de los dirigentes políticos sanjuaninos, que fueron exponentes de la movilidad social ascendente de mediados del siglo XX.

Desde su formación universitaria tampoco organizó Jorge Escobar vínculos políticos visibles, debido a la inexistencia de centros de estudiantes u organizaciones políticas en el ámbito de la UCA. No obstante, en dicha institución se establecen vínculos de otro carácter, ligados a la religiosidad, que en sociedades conservadoras y católicas como San Juan suelen pesar en gran cantidad de ámbitos, siendo las conexiones originadas en organizaciones religiosas un capital reconvertible fácilmente en otros ámbitos de la vida social de la provincia.

Una vez culminados sus estudios universitarios Jorge Escobar se dedicó a ejercer su profesión en el ámbito privado. Su trayectoria profesional se imbricó con sus relaciones familiares, ya que se convertiría en administrador y dirigente de las empresas fundadas por su padre, fallecido muy joven. Hombre de familia, Jorge Escobar se casó con Cristina Victorio, con quien tendría dos hijos que se dedicaron también a la actividad comercial. Este enlace matrimonial le permitiría reforzar la influencia de su apellido en el ámbito de los negocios, ya que su suegro era un gran empresario dedicado a la comercialización de automotores.

La influencia de Jorge Escobar en el ámbito comercial se extendía más allá de los límites provinciales, siendo titular en la década del 80 de concesionarias de automotores en otras ciudades del interior del país. Su trayectoria empresarial le permitiría luego ocupar el cargo de Director Nacional de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA).

La comercialización de automotores, una actividad de carácter terciario, es un rubro marginal en la estructura productiva sanjuanina, organizada centralmente en torno a la vitivinicultura y el sector público. Esta ubicación socio-profesional excluía a Jorge Escobar de los ámbitos de discusión y organización tradicionales de la burguesía local, tales como la Cámara de Bodegueros y la Federación de Viñateros. No obstante, su misma actividad comercial lo vinculaba como proveedor de los dos sectores neurálgicos de la economía sanjuanina: con el sector productivo que requería vehículos como insumo para su actividad y con el sector público mediante licitaciones o compras directas de movilidades y otros vehículos oficiales.

De este modo, y de la mano de las empresas familiares fundadas por su padre, Jorge Escobar sostenía importantes vínculos con los sectores económicos dominantes de la provincia sin pertenecer directamente a ellos. Una vez insinuada la posibilidad de su ingreso a la política, la ubicación social y la trayectoria personal de Jorge Escobar serían percibidas como atributos positivos, capaces de conciliar intereses diversos.

Un elemento que podría ser leído como parte de una trayectoria típica del empresario que se vuelca a la política fue su paso por la presidencia del Club Atlético San Martín (CASM) en 1989[7]. Arista del perfil de Jorge Escobar que se relaciona también con su trayectoria familiar, ya que su padre había sido presidente de la misma institución entre 1964 y 1965. Dada la importancia del fútbol como fenómeno social es probable que su paso por el CASM haya sido para Jorge Escobar una suerte de trampolín a la política, a lo que se suma el carácter de gestión que reviste el cargo. Aspecto que, por otra parte, compartía con su posterior compañero de fórmula.

El año 1990 aparece como un punto de inflexión en la trayectoria de Jorge Escobar, ya que es entonces cuando se enrola en una agrupación de reciente formación: el Movimiento Empresario Justicialista (MEJ) encabezado por Arnaldo Etchart (Cfr. Viguera, 2000). Esta incorporación fue un resultado visible del proceso de construcción de una imagen política para Jorge Escobar que desarrolló entre 1989 y 1991 a partir de dos redes de relaciones sociales paralelas e interconectadas. Por una parte, las relaciones familiares, ya que su familia política tenía vínculos político-comerciales en la provincia de La Rioja, particularmente con el hermano del entonces presidente, Eduardo Menem[8]. Por otra parte, las relaciones de amistad que sostenía con dirigentes justicialistas, en particular con los hermanos Gioja, César y José Luis, eran parte del capital social de Jorge Escobar que le permitiría ocupar un lugar estratégico en una coyuntura particular de renovación de los elencos políticos como fue el inicio de la década del 90[9].

Sin pertenecer a una familia vinculada a la actividad política, sin haber transitado ámbitos de socialización política ni haber contado con una militancia juvenil en ningún partido político, Jorge Escobar era claramente un outsider[10]. Sin embargo, cobijado bajo el ala renovadora del justicialismo, era sostenido como precandidato a la gobernación de San Juan por importantes dirigentes provinciales y nacionales en 1991. Las relaciones sociales pueden servir como apoyo político, sin mayores mediaciones, cuando los espacios de competencia no se encuentran claramente diferenciados, como es el caso de la provincia de San Juan (Cfr. Goldberg, 2009). El carácter extrapartidario de Jorge Escobar era claramente visible para distintos sectores, que lo caracterizaban como un exponente típico de la situación que atravesaba el ámbito político nacional y provincial: el ingreso de empresarios privados como candidatos, que eran presentados como externos a las lógicas de contaminación de las organizaciones partidarias en contextos de desafección.

Su carácter de outsider era tan evidente que, para permitir que participara de la interna, el peronismo local modificó su carta orgánica, permitiendo que quienes tuvieran menos de dos meses de afiliación pudieran tomar parte como precandidatos. La reivindicación de su total inexperiencia política por parte del propio precandidato ilustra la valoración positiva de este atributo durante el período de construcción de su candidatura: “desde el campo empresario, abracé la causa política a la que amo, porque me decidí a ser protagonista, no limitarme solamente a contemplar, sino a participar en la construcción de un modelo de provincia y sociedad más justa y solidaria” (Diario de Cuyo, 15/06/91). El desprestigio de la clase política y el abismo que se abría entre el lenguaje partidario y las preocupaciones de “la gente” a principios de los 90 (Novaro, 1994) eran factores que incidían en que la falta de experiencia política del candidato se significara como un atributo positivo, convirtiéndola en un capital político.

La carrera política de Jorge Escobar comienza de este modo con su incorporación al MEJ y el ingreso posterior al Partido Justicialista (PJ). Las condiciones del escenario nacional y provincial le permitieron saltar directamente desde el anonimato político a competir por el máximo cargo electivo en el ámbito provincial sin haber ocupado ningún tipo de cargo público previamente. Además de sus características sociales y personales, se le atribuían características de liderazgo carismático, imputándole la capacidad de mantener una relación directa con el electorado.

La modalidad de entrada de Jorge Escobar al ámbito político es relativamente atípica. Sin encarnar ninguno de los tipos ideales que se encuentran entre los profesionales de la política, fueron fundamentalmente sus recursos personales los que le permitieron ingresar en él. No obstante, no puede asimilarse a la figura de pequeño empresario político individual, sino, en todo caso, a la figura de representante (atípico) de una empresa política colectiva (Gaxie, 2004). La trayectoria de Jorge Escobar se encuadra de este modo en la (a)tipicidad de los 90[11]: su imposición en el universo político sanjuanino sólo fue posible como representante de una empresa política colectiva, el justicialismo, al interior del cual, sin embargo, era un recién llegado (Elías, 1998).

Jorge Escobar era cabalmente un outsider. Pero ello no necesariamente debía repercutir negativamente en su mandato de gobierno. El abanico de experiencias históricas muestra la diversidad de desenlaces posibles para las carreras de mandatarios que tienen la característica de ser outsiders, desenlaces que parecen remitir en mayor medida a las dinámicas de los escenarios políticos que al accionar individual[12].

2.1.2. Reminiscencias de la UCRI: el último político-galeno

Alfredo Avelín nació en el interior de la provincia de San Juan en 1927, y pertenecía a la segunda generación de una familia de inmigrantes libaneses: tanto su padre como su madre habían llegado en la década de 1910 a la provincia. La pertenencia étnica y el escaso capital económico signaban la ubicación social de la familia Avelín Ahún: su padre fue integrado al sector comercial de su grupo de pertenencia, la colectividad libanesa, movilizándose por el interior de la provincia para comercializar diversos productos, mientras que su madre se convirtió en ama de casa, encargada de regentear una familia numerosa con seis hijos.

Desde esta configuración familiar se explica en parte la trayectoria educativa de Alfredo Avelín. Sus estudios primarios fueron realizados en una escuela urbano-rural de carácter estatal, público y gratuito de la localidad de Carpintería, en el departamento Pocito, un ámbito rural en las cercanías del área metropolitana conocida como Gran San Juan (GSJ)[13]. Sus estudios secundarios serían iniciados en el Colegio Domingo Faustino Sarmiento, un establecimiento de carácter estatal, público y gratuito, ubicado en el departamento de Rawson que se encuentra comprendido en el Gran San Juan. Posteriormente se trasladaría para continuar su formación secundaria al Colegio Don Bosco, institución de carácter privado y confesional, ubicado en la Ciudad de San Juan y ámbito tradicional de formación exclusiva de varones de los estratos medios-altos.

Alfredo Avelín culminaría sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Monseñor Pablo Cabrera una institución de carácter estatal, público y gratuito ubicada en el corazón de la Ciudad de San Juan, que fuera fundada en 1862 como Colegio Preparatorio para la universidad por obra de Domingo Faustino Sarmiento en su primer mes como mandatario provincial. En 1864, bajo la presidencia de Bartolomé Mitre, cambió su nombre por el de Colegio Nacional y se transformó en el tercero en su tipo en el país, luego de los de Buenos Aires y Entre Ríos. Pese a tratarse de instituciones públicas, este tipo de colegios se ha caracterizado por un sesgo elitista, sobre todo, por sus modalidades de admisión. Por otra parte, el Colegio Nacional de San Juan tiene una larga tradición de formación de cuadros políticos locales. Dado su carácter público, el Colegio Nacional es además un ámbito que posibilita cierta socialización política, al permitir la organización de centros de estudiantes.

La trayectoria de Alfredo Avelín está signada por los rasgos típicos del fenómeno argentino de movilidad social ascendente de mediados del siglo XX: formaba parte de la primera generación de argentinos nativos y sería parte, además, de la primera generación de graduados universitarios de su familia. Rasgos que, coadyuvados por el círculo de vínculos generado en su período de formación secundaria y el modelo que constituía la trayectoria de importantes dirigentes políticos sanjuaninos, orientarían su rumbo posterior.

Como exponente de un proceso de movilidad ascendente, la universidad estatal sería el medio por el cual Alfredo Avelín culminaría su formación. En el marco de este movimiento demográfico nacional, se destacaron dos carreras como el destino de los jóvenes que aspiraban a formar parte las profesiones liberales: abogacía y medicina. En ese marco, la elección final de la carrera universitaria de Alfredo Avelín estuvo marcada por el mandato familiar.

La etapa de formación superior de Alfredo Avelín transcurrió en el ámbito de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), una institución que tradicionalmente ha formado a los jóvenes de la clase dirigente sanjuanina. Durante su período de formación convivió no sólo con otros sanjuaninos que estudiaban en esa ciudad, sino que se relacionó con las convulsiones políticas de mediados del siglo XX, participó de debates, se familiarizó con la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) y la Federación Universitaria Argentina (FUA), se acercó al radicalismo, conociendo además otras tendencias ideológicas que lo signarían[14].

Alfredo Avelín se recibió de Médico Cirujano en 1953. Una vez terminados sus estudios se radicó definitivamente en la Ciudad de San Juan, iniciando su carrera profesional como médico, que estuvo signada por un carácter humanista y fue ejercida, en gran medida, ad honorem. A partir de allí mantuvo una actividad profesional ininterrumpida, desempeñándose tanto en el principal hospital público de la provincia, el Hospital Dr. G. Rawson, como en el policlínico ferroviario y en su consultorio particular. Fue además miembro fundador de una de las asociaciones profesionales más prestigiosas de la provincia: el Colegio Médico de San Juan.

Hombre de familia, se casó con Barbarita Nollens, con quien tuvo cuatro hijos. Dos de ellos se dedicarían luego a la política. Entre sus intereses se cuenta también una afición por la escritura que se ha plasmado en libros de poemas y más recientemente, de denuncia y memorias políticas, además de ser miembro de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).

El regreso a San Juan fue también el inicio de la carrera política local de Alfredo Avelín, una carrera que sigue un cursus característico de los notables, partiendo del ejercicio de cargos políticos locales y ascendiendo gradualmente hasta la asunción de la cartera más importante de su ámbito (Gaxie, 2004). Es necesario destacar que, si bien se encuadra en este tipo de trayectorias, la gradualidad en su carrera política, como la de gran parte de sus contemporáneos, está trastocada por la constante interrupción en la vigencia del régimen democrático, hecho que ha restringido inevitablemente su visibilidad pública y sus posibilidades de acumular experiencia en mandatos electivos.

En su retorno a San Juan, Alfredo Avelín organizaría su actividad política en el marco de la UCR, formando parte de los jóvenes universitarios que el radicalismo local buscaba incorporar para sostener el “principismo” de la organización (Cfr. Goldberg, 2009). Como militante radical, mantuvo un rol activo en momentos de fuerte convulsión política nacional y provincial. La creciente actividad política que Alfredo Avelín había comenzado a desarrollar adquirió notoriedad pública de la mano de la UCRI en 1957, cuando fue designado elector de Arturo Frondizi a los 30 años de edad. Pocos meses después, en 1958, fue designado intendente de la Ciudad de San Juan por el gobernador Américo García, con quien compartía tanto una militancia política como otros rasgos de su trayectoria personal: Américo García se había formado en el Colegio Nacional y la Universidad Nacional de Córdoba, se había recibido de médico cardiólogo y tenía un fuerte perfil humanista. Estas afinidades probablemente hayan incidido en la designación de Alfredo Avelín como intendente, pese a sus escasas aspiraciones políticas.

En su desempeño de nueve meses como intendente implementó una serie de medidas políticas inéditas, tales como la creación del servicio fúnebre municipal y de un banco de sangre, muchas de ellas inspiradas por su formación profesional, algunas de las cuales le generaron roces con sectores conservadores que limitaron su permanencia en el cargo. La disputa pública con dirigentes de la UCRI fue el puntapié inicial para la organización de un proyecto político propio, que se cristalizaría en la fundación, en conjunto con un grupo de dirigentes intransigentes, de la Cruzada Renovadora (CR) en octubre de 1960. La CR es un partido provincial, que se ha caracterizado por tener una pequeña estructura, organizada fundamentalmente alrededor de la figura de Alfredo Avelín, rasgos partidarios que aparecen asociados en gran medida a las características personales de su fundador, que es definido como un dirigente de carácter fuertemente verticalista.

De modo que Alfredo Avelín se acerca al tipo ideal de político que ha llegado a imponerse en el universo político gracias a sus recursos personales, basándose su posición en un capital de confianza y reconocimiento ligado a su persona (Gaxie, 2004). Se lo podría clasificar como un pequeño empresario político individual, propietario de sus medios de acción y movilización política, a partir del cual se sostiene la CR como empresa colectiva. Esto explicaría en parte que su partido no haya alcanzado grandes dimensiones sino que se haya mantenido como una empresa política de carácter casi exclusivamente familiar. La organización alrededor de la figura de un dirigente carismático es un rasgo clásico de los partidos provinciales en Argentina (Cfr. Alonso García, 2007). La característica particular de la CR como organización política es haber permanecido durante gran parte de su existencia en la oposición, a diferencia de gran parte de los partidos provinciales que han sido hegemónicos en sus distritos electorales[15].

El hecho de que la CR se haya constituido como escisión de la UCRI, sumado a las características personales de Alfredo Avelín, explican en parte el carácter del partido y su funcionamiento. La UCRI aparece como la usina de desarrollo del ámbito político sanjuanino: de esta fuerza política se escindieron los dos partidos provinciales existentes, primero el bloquismo, y luego la CR, origen compartido que proporcionó los cimientos ideológicos de ambas organizaciones[16]. Adicionalmente, la Cruzada replicaba a su adversario local Bloquista en dos rasgos constitutivos de su identidad política: la trayectoria de Alfredo Avelín emulaba la de dos grandes dirigentes bloquistas, y se constituía como un “partido familiar”[17].

Como muchos dirigentes provinciales Alfredo Avelín se caracteriza por un gran pragmatismo, que se puede observar en la asimilación de los diversos climas de época en su discurso. La reivindicación del carácter revolucionario sería su signo distintivo como opositor 1974. Dos años después la situación política acentuaba los rasgos autoritarios de su discurso que, si bien seguía posicionando a Alfredo Avelín en la oposición, estaba ahora signado por el carácter conservador y el aliento a la intervención militar ante la crisis política. La incidencia del clima de época en el discurso de Alfredo Avelín se puede advertir tanto en la similitud de sus declaraciones con otros políticos contemporáneos, como en la reconstrucción retrospectiva, y condenatoria realizada por el propio dirigente al cumplirse 30 años del golpe de Estado de 1976.

La reinauguración de la competencia política democrática permitió la reorganización de la CR y la normalización de la carrera de Alfredo Avelín como candidato a cargos electivos. La nueva etapa política nacional lo reposicionó en un lugar subalterno dentro del escenario local, ubicación que implicaría la posibilidad de acumular capital político a partir de estrategias típicas de los dominados: la denuncia ética de la política corrupta y las apuestas a la subversión del orden establecido en el campo político, invocando la vuelta a los principios originarios (Bourdieu, 1995).

Constituido en opositor permanente, luego de sucesivas postulaciones poco exitosas, buscó acoplarse al movimiento nacional de recambio que significaba la postulación de Carlos Menem. De la mano del apoyo electoral al justicialismo nacional Alfredo Avelín obtendría el cargo de diputado nacional en 1989. Alineado todavía con la línea menemista sostuvo negociaciones con el peronismo en 1991, las cuales cristalizaron en el ofrecimiento público para que candidatos del justicialismo ocuparan los cargos de vicegobernador y diputados nacionales en la lista de la CR. El rechazo a su propuesta y el posterior triunfo justicialista implicaron que su figura pasara a un segundo plano. Si bien sostuvo una postura marginal tanto en la provincia como en el Congreso Nacional, su figura retomo protagonismo en 1992 a partir de un incidente escandaloso conocido como “la noche de los senadores”, mediante el cual fue designado como Senador Nacional[18].

Su permanencia en Buenos Aires y la posición estratégica obtenida con la senaduría ubicaron a Alfredo Avelín como uno de los responsables de la generación de los acuerdos electorales que precedieron a la conformación de Alianza por San Juan, en negociaciones con otros dirigentes como Rodolfo Terragno, Federico Storani y José Octavio Bordón. Que Alfredo Avelín fuera candidato a gobernador en 1999 se explica en gran medida por una acumulación gradual de capital político: se había iniciado en la militancia muy joven, ocupando cargos electivos de mayor importancia a medida que avanzaba en su trayectoria. Desplegando las estrategias típicas de los dominados en cualquier campo, las apuestas por la subversión que había sostenido durante tanto tiempo lo ubicaban entonces como un actor político con posibilidades reales de disputar un espacio dominante. Además de su experiencia legislativa, entre los insumos principales de su capital político contaba, en momentos en que la mayor parte de los dirigentes estaban desprestigiados, su imagen de político honesto.

En resumen, el perfil de Alfredo Avelín se encuadraba así en un tipo de dirigente que fue característico del escenario local durante gran parte del siglo XX: la figura del político-galeno. Este tipo de dirigente de carácter humanista y fuertemente carismático cobra relevancia con la llegada al gobierno de los hermanos Cantoni, Aldo y Federico, ambos médicos; y fue encarnada posteriormente por Américo García y Jorge Ruiz Aguilar, todos ex-gobernadores. Alfredo Avelín sería para San Juan la última encarnación de este tipo político, característico de una generación de dirigentes tradicionales.

2.2. La construcción de las candidaturas

Además de ser necesario contar con dirigentes “elegibles”, para construir una candidatura se transita por un período de negociaciones, en las que entran en juego múltiples factores, tanto intrapartidarios como extrapartidarios (Freidenberg, 2009). La selección de candidatos a cargos públicos es una de las funciones más importantes de los partidos políticos: como instituciones alrededor de las que se organiza la competencia legítima en los regimenes democráticos, deben presentar individuos que encarnen a la empresa colectiva en cada competencia (Offerlé, 2004). El proceso de selección de tales individuos, la elección antes de la elección, reduce de manera dramática las opciones del electorado (Field, 2009).

Los procesos de selección representan además uno de los momentos más significativos en cualquier organización partidista, ya que suponen la posibilidad de ascender en la estructura del partido o de dejar de controlar recursos de poder significativos, ya que los que resulten nominados serán quienes representen a la organización y de ellos, y sus grupos de apoyo, dependerá el éxito o la derrota electoral, el ejercicio del gobierno o la oposición (Freidenberg, 2009).

Los mecanismos utilizados para ello pueden ser diversos, no obstante, sea que prime la fórmula del consenso o de la disputa entre grupos (Lorenc Valcarce, 2000), el proceso de selección proporciona una considerable cantidad de información que permite conocer cómo funcionan las organizaciones por dentro y, de modo más general, dónde se sitúa el poder político en un ámbito determinado (De Luca, 2009).

En este apartado, se aborda el proceso de selección que precedió a las campañas electorales, tomando en cuenta que tales mecanismos se pueden desplegar en relaciones intra o inter-partidarias, según el caso considerado. Dado que los métodos de selección de candidatos no solo afectan la política partidista sino que también pueden reflejar la política partidista (Hazan, 2009) se buscará conocer los elementos internos y externos que delinearon el proceso de construcción de las candidaturas como así también las redes de relaciones que permitieron la nominación de cada candidato.

2.2.1. Ortodoxos y herejes en el peronismo sanjuanino de los 90

Las elecciones de 1991 representaban para el justicialismo sanjuanino una nueva oportunidad de disputar el control del ejecutivo al Partido Bloquista (PB), que era gobierno en la provincia desde 1983 por vía electoral, aunque su presencia en las estructuras de poder no se había interrumpido durante el período de facto, siendo dirigentes reconocidos de este partido gobernadores en tres oportunidades durante los últimos años del proceso[19].

No obstante, la vigencia del régimen democrático comenzaba a horadar las bases electorales del bloquismo, ya que la provincia parecía acompasarse, cada vez más, a las tendencias electorales nacionales[20]. Aspecto que puede observarse en los resultados de los sucesivos comicios celebrados, que dan cuenta de una importante fluctuación del electorado sanjuanino, que parece adecuarse a fenómenos de impacto nacional tales como la implementación del plan austral en 1985, que significó un triunfo del radicalismo.

Tabla 1: Resultados electorales. Diputados nacionales,San Juan, 1983-1989

 

30/10/1983

03/11/1985

06/09/1987

14/05/1989

Partido

%

DN

%

DN

%

DN

%

DN

UCR

37,7

2

45,4

2

19,2

18,2

1

PJ

30,1

2

27,1

1

43,6

2

24,5

1

PB

25,3

2

20,1

23

1

14,8

CR

2,9

S/D

+MID

33

1

MID

1,5

S/D

3,4

S/D

UCEDE

S/D

S/D

7,7

7,09

Otros

2,6

7,3

3,2

2,4

Total

100

6

100

3

100

3

100

3

Fuente: Elaboración de la autora en base a datos de Provinfo.

Además de las recientes elecciones legislativas de 1989, el antecedente más inmediato para los cálculos de los políticos sanjuaninos eran los resultados de los comicios para renovación de autoridades provinciales de 1987. Dos elementos significativos se desprendían de estas cifras: por una parte, el PB mantenía el control del ejecutivo y, por otra, la diferencia de caudales de votos se había estrechado considerablemente entre los tres primeros puestos, fundamentalmente, porque el PB perdía más de 8 puntos entre ambos comicios, que fueron capitalizados por la UCR.

Tabla 2: Resultados electorales. Gobernador y vicegobernador,
San Juan, 1983-1987

Partido

30/10/1983

10/08/1987

Bloquista

39,5

31,1

Justicialista

29,8

26,5

Unión Cívica Radical

21,2

27,9

Cruzada Renovadora

5,6

S/D

Otros

3,9

14,5

Total

100

100

Fuente: Elaboración de la autora en base a datos de Provinfo.

El justicialismo se enfrentaba en 1991 a un escenario relativamente favorable, al menos, en tres sentidos. En primer lugar, la debacle de los caudales electorales del bloquismo aparecía como un fenómeno consolidado, que alentaba las posibilidades de un recambio en el Ejecutivo. En segundo lugar, la UCR local, que fue su principal competidor desde 1983, había sufrido dos grandes reveses electorales y atravesaba una crítica situación tanto nacional como localmente. Ambos elementos abonaban las especulaciones de los dirigentes justicialistas de alcanzar el control del ejecutivo nuevamente, al que no lograban acceder desde 1973. El tercer elemento que amalgamaba este escenario favorable era el dominio del Ejecutivo nacional desde 1989, aspecto que podía potenciar la propuesta del justicialismo provincial al integrarla en una ola renovadora, siempre y cuando lograra enrolar a sus principales dirigentes detrás de una propuesta unificada.

Como contrapartida, los comicios de 1989 habían potenciado de modo exponencial la presencia de un partido provincial, la CR, que a partir de su apoyo a la candidatura de Carlos Menem se ubicaba como primera fuerza electoral. Esta situación, inédita para un partido que se había caracterizado por permanecer en la oposición, respondía doblemente al pragmatismo de su dirigente, Alfredo Avelín, y a la estrategia menemista de incorporar sectores extrapartidarios al movimiento (Palermo, 1996). El justicialismo provincial se veía enfrentado a un nuevo competidor, el cual, no obstante, buscaba consolidar relaciones de cooperación con vistas a las elecciones de 1991.

El PJ sanjuanino se desarrolló a la sombra del bloquismo, partido precursor de importantes reformas que lo convirtieron en un populismo autóctono, pionero en el país (Pereyra, 1994). El PB, de la mano de los hermanos Cantoni, había implementado medidas de corte progresista durante la década de 1920, sancionando en 1927 una constitución que establecía la jornada de ocho horas, el seguro a la vejez y el voto femenino, medidas inéditas en el país (Mansilla, 1983). Si bien el PB se disolvió con la llegada del peronismo al poder en 1945[21], la caída del peronismo brindó las condiciones para que el partido se reagrupara y retomara su influencia provincial (Pereyra, 1994).

La existencia de esta fuerza local relativizó el peso del justicialismo en la provincia, no obstante, éste contaba con una estructura partidaria relativamente fuerte, que le permitiría, luego de sucesivas interrupciones institucionales, acceder al Ejecutivo en 1973 con la gobernación de Eloy Camus. El golpe de 1976 desplazaría nuevamente al justicialismo del gobierno, y reflotaría la presencia del bloquismo, que mantendría el control del ejecutivo por casi 10 años consecutivos (Goldberg, 2009).

A partir de 1983 el PJ se había ubicado en la oposición, lo que lo mantenía como un partido de debate. La existencia de disputas internas es más frecuente cuando un partido se encuentra en la oposición. A ello se suma la característica propia del PJ de hacer coexistir sectores muy diversos en su seno, que sostienen una disputa permanente sobre la definición legítima del peronismo desde la muerte del general Perón (Palermo, 1996).

Los conflictos internos del justicialismo sanjuanino se agudizaron luego de las elecciones de 1989, cuando el triunfo de Menem reavivó las esperanzas de disputar el Ejecutivo en la provincia. La línea “Menem Conducción” se había visto fortalecida con el triunfo electoral y pugnaba ahora por un lugar en la estructura del justicialismo que le permitiera incidir en la definición de las candidaturas. El mayor problema que enfrentaba esta línea interna era que su principal figura Ubaldo Montaño, dirigente histórico de la CGT San Juan, había sido expulsado del partido por asumir como funcionario del gobierno bloquista. Montaño comenzó a gestionar su reafiliación y la de los restantes expulsados del PJ, desplegando una estrategia discursiva que apelaba a la necesidad de unificar al justicialismo y a su alineamiento con la política del presidente Menem.

Además del sector pro-unidad de Montaño, otras dos fracciones coexistían en el seno del peronismo durante 1989: por una parte, un sector encabezado por Luis “Quito” Martínez, diputado nacional por el PJ que alentaba la candidatura a gobernador de Emilio Mendoza[22]. Por otra parte, la línea encabezada por Olga Riutort, también diputada nacional, que postulaba a Tulio del Bono[23] como candidato a gobernador. El enfrentamiento entre sectores parecía irreconciliable, e inclusive existió una propuesta de intervención del distrito por parte de las autoridades partidarias, que finalmente logró evitarse con la celebración de un Congreso Provincial en diciembre de 1990, en el que se fijó como objetivo la unificación del partido, para lo cual se apelaría a elecciones internas para renovar autoridades.

Las designaciones posteriores implicaron reacomodamientos en el justicialismo. En la línea de Olga Riutort se encontraban dos dirigentes que serían centrales en la definición de la candidatura: los hermanos Gioja. César era un militante peronista de larga data, colaborador de Eloy Camus en 1973, preso político durante el proceso y luego candidato a gobernador en 1983. Después de su derrota electoral mantuvo un perfil bajo en la estructura partidaria, ya que era considerado una figura poco atractiva para el electorado. José Luis, por su parte, había accedido a la diputación provincial en 1987 a partir de mantener un alineamiento total con Olga Riutort, una de las figuras sobresalientes del justicialismo local durante la década del 80 y la primera mujer electa como diputada nacional por ese partido.

Las dos definiciones centrales tomadas por Olga Riutort sobre su futuro político serían los elementos que abrirían un espacio protagónico para los hermanos Gioja en el seno del partido: por una parte, la diputada se alejaría de la escena política provincial para radicarse en Córdoba, como producto de una alianza matrimonial con el entonces gobernador De la Sota y, paralelamente, se alinearía con las posiciones de su marido, que había optado en 1989 por enrolarse en el proyecto menemista como modo de obtener apoyo para una nueva candidatura a gobernador (Cfr. Palermo, 1996).

El año 1990 obraría de bisagra entre el congreso provincial y las elecciones internas, representando un período de enfrentamientos y negociaciones permanentes entre los distintos sectores. En octubre de ese año se acordó la celebración de internas partidarias, las cuales se realizarían en dos instancias: la primera, en diciembre de 1990, para renovar cargos partidarios, y la segunda, en mayo de 1991, para resolver la candidatura a gobernador y vice por el justicialismo.

La realización de internas no fue una estrategia aislada del justicialismo, por el contrario, otros dos partidos centrales en el escenario político provincial, el PB y la UCR, atravesaban sendos procesos de confrontación interna en este mismo período, y ambos celebraron idénticamente elecciones desdobladas: primero renovaron sus autoridades partidarias y luego definieron candidaturas apelando al voto de sus afiliados. La definición de realizar internas como modo de selección de candidatos puede responder a múltiples aspectos: “elementos institucionales y estratégico-electorales externos al partido, el tipo de valores y actitudes de los militantes/dirigentes hacia las instituciones o el funcionamiento de la política, el modo en que se llevaron a cabo previamente otros procesos de selección y sus resultados sobre el partido, la ideología, el tamaño de la organización y el nivel de fraccionalización y luchas internas, el tipo de coalición dominante que controla la organización, las prácticas informales fuertemente enraizadas, el control de redes clientelares e incluso lo que hagan los otros partidos en términos de exigencia de legitimación ante la opinión pública” (Freidenberg, 2009).

Dado que los métodos de selección de candidatos no solo afectan la política partidista sino que también pueden reflejar la política partidista (Hazan, 2009), es posible pensar que la realización generalizada de internas partidarias en la provincia respondía a dos elementos centrales: por una parte, a la debilidad del conjunto de las estructuras partidarias tradicionales en la provincia, que apelaban a la participación de las bases como recurso para zanjar las diferencias entre dirigentes que disputaban los espacios hegemónicos de cada estructura. Por otra parte, constituían una forma de legitimar la designación de los candidatos ante una opinión pública desencantada de los dirigentes tradicionales en los inicios de la década del 90.

La mecánica de las internas, como modalidad de selección de dirigentes y candidatos, tiene la característica de introducir una cuota de indeterminación en los resultados de la selección y, por lo tanto, otorga mayor importancia relativa al capital político basado en los apoyos y, consecuentemente, a aquellos dirigentes que tienen mayor inserción social (Lorenc Valcarce, 2000). Adicionalmente, en la mayor parte de los casos las internas afectan el nivel de cohesión organizativa y fomentan el fraccionalismo, incrementando las fracturas al interior de la organización (Freidenberg, 2009).

Un punto adicional se negociaba en este interregno electoral al interior del justicialismo: la reforma de la carta orgánica del partido, que era una medida necesaria para poder incorporar extrapartidarios a las listas. Desde el comando central Escobar gobernador se hacía explícito el apoyo al proyecto de reforma de la Carta Orgánica propuesto por el presidente del partido, José Amadeo Conte Grand.

A principios de marzo se lanzaron las dos principales candidaturas. En primer lugar se lanzó la fórmula Del Bono-De Sanctis, en un acto en el departamento Jáchal donde el precandidato a gobernador sostenía que su propuesta era terminar con el feudalismo que manejaba la provincia como una estancia (Diario de Cuyo, 12/3/91). Dos elementos articulaban el discurso, por una parte, la necesidad de cambio frente a la continuidad bloquista, por otra, una impronta técnica y academicista como modo de apuntalar la propuesta. Los rasgos del discurso coincidían con el perfil de Tulio del Bono: ingeniero, rector de la UNSJ, una especie de tecnócrata inserto en las filas del justicialismo.

Pocos días después se anunciaba la precandidatura de Jorge Escobar, para quien, a diferencia de sus competidores, no se había definido fórmula: todavía restaba articular acuerdos entre sectores que permitieran el triunfo en las internas. En el acto realizado en el departamento de Chimbas el precandidato convocaba a recrear las condiciones para producir y proponía una profunda modernización administrativa (Diario de Cuyo, 10/3/91). Jorge Escobar utilizaba un lenguaje llano y directo que combinaba los elementos más tradicionales del discurso peronista, como el concepto de justicia social, con la retórica modernizadora y revolucionaria característica del discurso menemista. Además, establecía una clara ruptura con el estilo personalista de los partidos tradicionales de la provincia.

A partir de las internas de diciembre la línea autodenominada renovadora se encontraba en una posición dominante en la estructura partidaria, que le permitía imponer sus definiciones a la organización (Gaxie, 2004). Tanto Ubaldo Montaño como los hermanos Gioja eran dirigentes del justicialismo que se pueden caracterizar como ortodoxos devenidos en herejes (Offerlé, 2004), y fueron los principales responsables de una estrategia de construcción política que priorizaba la figura del candidato, Jorge Escobar, quien cumplía con el perfil que reivindicaba el presidente Menem para formar parte de la liga de ganadores (Palermo, 1996; Novaro, 1994).

Los dirigentes herejes parecían hacer contar entre sus cálculos la conveniencia de llevar como candidato a un outsider. El potencial beneficio de sostener a este tipo de figuras es claro: frente a los desgastados líderes políticos, pueden traer frescura y originalidad a los máximos niveles de toma de decisiones, ser innovadores, rechazar las prácticas tradicionales, en suma, pueden ser presentados como la clave para un cambio necesario (King, 2002).

La construcción de las candidaturas implicaba en 1991 un conjunto de cargos que incluía todos los puestos de mando de la provincia: diputados nacionales, diputados provinciales, intendencias y concejalías departamentales. La lucha por apropiarse de este conjunto de candidaturas se desarrollaba intensamente en los momentos previos a las internas. El esquema de relaciones que resultó de la renovación de autoridades partidarias había ubicado en una posición subordinada a dirigentes identificados con la tradición, lo que implicó para ellos una pérdida en su capacidad de negociación. A tal punto que minutos antes de anunciarse la fórmula la lista 2 se rompía, dejando fuera de la candidatura a vicegobernador a Emilio Mendoza[24]. Su reemplazante, Juan Carlos Rojas, es convocado de urgencia. Rojas era un dirigente sin trayectoria en cargos públicos que, no obstante, formaba parte del esquema de nuevas autoridades como vicepresidente del partido.

Quedaron conformadas de este modo las dos listas principales de las internas. Posteriormente se presentaría la lista 9, Camus-López, un recurso de último momento que fue puesto en marcha por parte de sectores tradicionales que, aun contando con amplia trayectoria partidaria, no tenían posibilidades de triunfo real. Las tensiones por las candidaturas involucraban además un frente externo, ya que dirigentes del partido desarrollaban, paralelamente a las internas, una serie de negociaciones con otros partidos explorando la posibilidad de frentes o alianzas electorales. En este aspecto se evidenciaban los distintos niveles de organización que coexistían al interior del justicialismo. Desde la presidencia del partido se llevaban a cabo reuniones, que muchas veces eran ajenas a los sectores en campaña, relativizando la importancia de los precandidatos en la toma de decisiones.

La alternativa de establecer un acuerdo con la CR se mantuvo presente hasta último momento, e inclusive se realizó un ofrecimiento público al justicialismo para que integrara las listas del partido provincial: “hemos resuelto invitar a hombres del peronismo para que completen la fórmula en la vicegobernación y entregarles los dos primeros puestos a los candidatos a diputados nacionales. Queremos que exista la posibilidad de que Menem tenga su cámara propia para evitar dificultades” (Alfredo Avelín, Diario de Cuyo, 14/04/91).

Las presiones que ejercieron autoridades nacionales en este sentido se reflejaron en las declaraciones del presidente del justicialismo sanjuanino, José Amadeo Conte Grand, poco tiempo antes de las elecciones internas del partido, quien reconocía la posibilidad de alianzas con fuerzas afines, siempre que se excluyera al PB (Diario de Cuyo, 16/04/91). La realización de las internas contribuyó a definir la situación, por una parte, en cuanto a la figura que representaría al partido y, por otra, ya que reafirmó la postura de levantar candidatos propios, sepultando los rumores de frentes o alianzas. Con la participación de más de la mitad del padrón partidario, el 19 de mayo la fórmula Escobar-Rojas triunfó por el 49.9% de los votos, convirtiéndose en los candidatos oficiales del justicialismo.

Desde el segundo lugar, la fórmula Del Bono-De Sanctis, se encargó de hacer público su apoyo a los ganadores, mediante una solicitada donde figuraba el lema “el que gana conduce, el que pierde apoya” (Diario de Cuyo, 02/06/91). Los constructores de la candidatura de Jorge Escobar lograron apropiarse así del signo del partido y de su mística (Offerlé, 2004) y, al mismo tiempo, tradujeron la candidatura como un signo de modernización del PJ sanjuanino. La figura de Escobar encarnaba para los sectores intermedios –los auxiliares– una posibilidad de acceder a cargos públicos, lo que despertaba entusiasmo y adhesión entre ellos.

De este modo, la estructura del PJ fue la que hizo posible la construcción de la candidatura e, inversamente, la figura de Jorge Escobar sería la pieza fundamental para posibilitar el esperado triunfo del peronismo, estableciéndose así una relación complementaria que fue típica de los 90, con los denominados pilotos de tormenta[25].

2.2.2. Crónica de una coalición esperada

En 1999 el escenario político sanjuanino se caracterizaba por la presencia de dos grandes actores: el oficialismo, encarnado desde casi una década atrás por el PJ, y la oposición, un conjunto heterogéneo de partidos provinciales y nacionales que buscaban aglutinarse en algún tipo de acuerdo que les permitiera disputar el control del Ejecutivo.

Desde 1995 Jorge Escobar ejercía su segundo mandato como gobernador, rodeado de un halo hegemónico. Dos elementos previos habían fortalecido la figura de este dirigente político: en primer lugar, el triunfo electoral en las elecciones legislativas de 1993, momento en que se fundaba el Frente de la Esperanza. Esta herramienta política fue organizada como la estrategia de retorno de Jorge Escobar luego de su destitución, para disputar al FREJUPO las bases electorales del peronismo gobernante. Poco tiempo después surge un segundo elemento que fortalecía su figura: en 1994 la Suprema Corte de Justicia de la Nación falla a su favor, en un recurso de amparo que declaraba nulo todo lo actuado por la Legislatura Provincial (LP) durante el juicio político y lo restituía en el cargo de gobernador, que reasumiría en diciembre de ese año[26].

El triunfo en los sucesivos comicios por parte del Frente de la Esperanza, sumado al apoyo político nacional con que contaba, eran leídos como indicadores de una fortaleza política difícil de corroer por parte de los partidos opositores, una situación que se replicaba casi idénticamente en la esfera nacional, donde la oposición buscaba unificarse para construir una alternativa a la hegemonía justicialista encarnada por Carlos Menem en dos presidencias consecutivas y que amenazaba extenderse con el gobierno de Duhalde (Novaro, 2001a). El signo distintivo de la provincia era, sin embargo, un recurso jurídico presentado por el entonces gobernador que le permitía presentarse nuevamente como candidato en lo que se había llamado la re-reelección.

Las elecciones para renovación legislativa de 1997 fueron un primer ensayo para organizar la coalición opositora que disputaría a Jorge Escobar el Ejecutivo en 1999. En esa instancia, y pese al proceso de conformación de la Alianza UCR-Frepaso que se estaba gestando nacionalmente, en San Juan se enfrentaron electoralmente estas dos fuerzas, conformando cada una su propia coalición con partidos provinciales. Por una parte se conformó la Alianza Opositora, entre la UCR y la CR, por otra, la Alianza Federal, que agrupaba al PB, el Frente Grande y otros partidos menores.

En 1997 el criterio de selección de candidatos en las coaliciones sanjuaninas fue la negociación entre dirigentes, corroborándose una tendencia decreciente en el uso de las internas, que no volverían a ser el mecanismo de selección en ningún partido después de 1991. Este descenso en la práctica de las primarias se relaciona con la experiencia acumulada en el ejercicio democrático, que llevaba al reconocimiento, por parte de ciertos dirigentes políticos, de que es prácticamente inútil intentar derrotar al liderazgo partidario en una votación interna, dada la desproporcionada ventaja de recursos a disposición del líder (De Luca, 2009).

Los resultados de estos comicios fueron utilizados por los distintos dirigentes como el principal indicador para evaluar las fortalezas y debilidades partidarias e iniciar negociaciones con sus pares sobre una posible coalición mayor, que incluyera a los principales partidos opositores. Si bien ambos frentes se ubicaron por debajo del justicialismo y también de un partido provincial de reciente conformación, Desarrollo y Justicia[27], en cuanto a su caudal electoral la Alianza Opositora quedó mejor posicionada, obteniendo no sólo el tercer lugar sino también uno de los cargos en disputa, que sería asumido por la primera candidata de la coalición: Nancy Avelín como representante de la CR.

Tabla 3: Resultados electorales. Diputados nacionales, San Juan, 26/10/97

Partidos/ Alianzas

Porcentaje

DN

FREJUSDE

30

1

Desarrollo y Justicia

26,3

1

Alianza Opositora

24,9

1

Alianza Federal 

11,9

Movimiento Unión Popular

5,7

Otros

1,1

Total

100

 

Fuente: Elaboración de la autora en base a datos de Provinfo.

Por otra parte, el desempeño histórico de cada agrupación política en la esfera provincial condicionaba las jugadas posibles de sus dirigentes, ya que las posiciones que ocupan los distintos partidos en el espacio político estructuran sus puntos de vista, sus recursos y sus márgenes de maniobra, como así también sus razones de aliarse y los usos que se hacen de la alianza (Offerlé, 2004).

El partido provincial de mayor trayectoria, el PB, atravesaba una crisis interna que se había comenzado a evidenciar en 1985 con la renuncia de Leopoldo Bravo a la gobernación, y se vería profundizada en 1991 año en que el partido se alejó del control del Ejecutivo. Su ubicación como cuarta fuerza electoral en 1997 profundizaría la situación de disgregación interna que venía atravesando. Su histórico competidor provincial, la CR, había explotado como fuerza política en las elecciones 1989, lo que le permitió organizar una bancada propia en la LP. En los comicios posteriores conseguía el segundo lugar en la disputa por la gobernación[28]. En 1993, año en que se consolidaba el escobarismo y desde el cual el Frente de la Esperanza se volvería hegemónico en la provincia (Ruffa, 2005a), la CR sufre un descenso dramático de su caudal electoral, ubicándose como quinta fuerza política. Este hecho incidió en el inicio de una política de alianzas a partir de 1995, cuando se presenta en coalición con el Frente Grande. La ubicación de la CR como cabeza de lista de la Alianza Opositora en 1997 significó para ella una mayor posibilidad de capitalizar los resultados ya que, a través de la conversión de votos en escaños, accedía al único cargo legislativo obtenido por la coalición.

Entre los partidos nacionales, el FREPASO era una expresión política de reciente conformación, cuyos principales referentes pertenecían a partidos preexistentes que contaban con escasos resultados electorales, tales como el PSP o la Democracia Cristiana (Novaro, 1998). El único actor de peso en este conjunto era el Frente Grande, como expresión de impacto nacional, que en la provincia agrupaba fundamentalmente a dirigentes intransigentes. Los dirigentes de la UCR, por su parte, interpretaron los resultados de 1997 como un fortalecimiento de su capacidad de negociación en el ámbito provincial, ya que implicaban un cambio en su ubicación dentro del heterogéneo arco opositor: disputaba ahora el lugar como segunda fuerza con la CR. Esta interpretación, sumada al clima de época coalicionista, daba como resultado un discurso donde aparecía como autoevidente la posterior utilización de una estrategia de alianza en 1999.

Dando por sentada la articulación de acuerdos interpartidarios, los dirigentes radicales aspiraban además a utilizar las internas como mecanismo de selección de candidatos, tal como había sucedía en la esfera nacional. Su confianza en un posible triunfo derivaba de la tradición partidaria del radicalismo, que había atravesado reiteradas elecciones internas, a diferencia de sus competidores provinciales. Pese a que durante el ciclo democrático inaugurado en 1983 parecía constatarse una tendencia declinante en el uso de las primarias (De Luca, 2009), en el ámbito nacional uno de los actos fundantes de la Alianza sería en 1999 la realización de las internas para definir la candidatura presidencial.

En la provincia, por el contrario, primaron las negociaciones entre dirigentes, lo que puede explicarse en primer lugar, porque en un escenario federal los partidos nacionales se enfrentan a distintos electorados, lo que les permite desplegar estrategias diversas aún cuando las elecciones se realicen simultáneamente (Barrio, 2010). En segundo lugar, porque las características de la competencia en cada arena electoral inciden en las estrategias desplegadas por los partidos nacionales, los cuales regionalizan sus tácticas y su organización (Pallarés, 2006) en este caso, modelándolas a partir de la presencia y peso específico de dos partidos provinciales. Finalmente, debido a que la conformación de alianzas electorales entre socios desiguales tiende a reducir la probabilidad de que los candidatos legislativos sean seleccionados mediante primarias y a aumentar el espacio para los acuerdos entre las cúpulas partidarias (De Luca, 2009).

Primando la fórmula del consenso, un elemento que incidiría en la dinámica de negociación entre dirigentes serían los sondeos de opinión. Como reflejo de la opinión pública, estos instrumentos, pese a su carácter artificial, suelen orientar los cálculos de los dirigentes quienes las utilizan como vínculo con el electorado (Champagne, 2002). Los sondeos que realizaban tanto los medios como los propios partidos ubicaban a la CR como uno de los partidos con mejor imagen dentro del arco opositor.

El carácter de las diversas fuerzas participantes se vio reflejado en el modo de abordar los acuerdos políticos. Toda alianza implica mecanismos de coordinación y un mínimo de justificación teórica que imponga simbólicamente la legitimidad y/o necesidad, requiere que sean administradas las tensiones y sean objetivados los nuevos principios de visión del espacio político que permiten cambiar la realidad y su percepción. Mientras más endeble aparece la alianza para realizarse y más los dirigentes que la forman otorgan crédito a las ideologías estructuradas, mientras más conflictiva, más la inversión ideológica será importante y más la interpretación de los términos del contrato será un objeto constante de lucha (Offerlé, 2004).

La CR fue el partido más verticalista y menos propenso a resignar espacios, en una actitud típica de su dirigente que en otras ocasiones había condicionado la articulación de acuerdos al encabezamiento de las listas[29]. En 1999 el modo de presionar a los restantes partidos de la coalición fue idéntico: la CR sólo participaría si encabezaba la fórmula gubernamental, imponiendo así un principio de visión y de acción verticalista que condicionaría el accionar de sus socios electorales. El accionar de los dirigentes bloquistas se organizaría en torno a este dato de partida, y a un conjunto de justificaciones que le permitieron ubicarse en un rol subalterno respecto de su histórico competidor. El eje argumentativo era la debilidad del partido, aunque correlativamente los dirigentes hacían hincapié en su olfato político y en la destreza del bloquismo para construir mayorías.

Desde estas premisas, el bloquismo jugó un rol aglutinante que fue central para la conformación de la Alianza. Se puede trazar un paralelo entre el PB y la UCR a escala nacional: si bien su desempeño electoral había sido desfavorable en el último período, contaba con una estructura partidaria y una tradición política que le otorgaba peso específico en el escenario provincial. Por su parte, el FREPASO, que ya en 1997 había realizado una alianza poco esperable con el PB, se sometería nuevamente a los designios de la dirigencia nacional, que, encarnada por Chacho Álvarez conduciría nuevamente en las negociaciones desplazando a los representantes locales de la toma de decisiones sobre la coalición. La UCR sería el partido que más tensaría los acuerdos, ya que los radicales sanjuaninos debieron resignificar su posición en el espacio político a partir de principios de visión y de división que les fueron impuestos, en un doble movimiento que implicaba justificar (y autojustificar) tanto la renuncia a la realización de internas como la posibilidad de encabezar la fórmula para la gobernación. Reacomodamiento que fue posibilitado por la intervención del máximo exponente de la tradición radical: Raúl Alfonsín.

Las negociaciones pendían tanto del peso de los partidos provinciales como del adelantamiento de las elecciones. San Juan sería el primer distrito en renovar autoridades en 1999, convirtiéndose en una especie de test para la política de coalición que incentivó a los dirigentes nacionales a apresurar los acuerdos. El resultado fue una fórmula para la gobernación encabezada por los partidos provinciales, la CR y el PB, en ese orden. La moneda de cambio para los dirigentes de la UCR fue que encabezaron la lista de diputados nacionales, en tanto que el FREPASO sólo obtenía candidaturas a diputaciones provinciales. También participaron de la coalición algunos partidos menores que aportaban sus caudales electorales municipales y aspiraban al efecto arrastre.

Sobre el cierre de listas, se abrió la posibilidad de integrar a candidatos provenientes de la dirigencia sindical, lo que llevó a una serie de negociaciones con la CGT paralela, autodenominada “de los sanjuaninos”. La participación de los sindicalistas se veía condicionada a la decisión de Emilio Mendoza, dirigente justicialista que se había sumado a las filas de la Alianza, pero que en ese momento estaba discutiendo su incorporación a las listas del justicialismo, lo que finalmente se concretó. Los dirigentes sindicales fueron convocados para constituir el ala peronista de la Alianza, lo cual evidenciaba el carácter ecléctico de la coalición provincial, que sumaba apoyos más allá de los acuerdos políticos o programáticos. Esto permitió a los gremialistas condicionar su intervención a la autonomía de su representante, que “en tanto representante de los trabajadores no debería obediencia a los dirigentes de la Alianza” (Roberto Fernández, Secretario General UTA).


  1. Es posible encontrar en la literatura afirmaciones sobre las características relativamente típicas de los sectores dirigentes (Lagroye, 1994; Gaxie, 2004; Offerlé, 2011b). No obstante, en Argentina estas generalizaciones son difíciles de sostener debido, fundamentalmente, a la falta de evidencia empírica. La pregunta por las características de los sectores dirigentes o elites fue una de las tempranas preocupaciones de la sociología argentina, plasmada en los trabajos de clásicos de De Imaz (1965) y Cantón (1966). Luego de un largo período de olvido de la temática, recientemente ha cobrado nuevo impulso con los trabajos de Aelo (2002b; 2002a; 2010), Ferrari (2008; 2001), Heredia (2004; 2005), Gené (2009), Lorenc Valcarce (2011), Rodrigo (2012). Si bien en este conjunto relativamente heterogéneo de abordajes se utilizan alternativamente las nociones de elite, clase dirigente o elenco político, el interés común lo constituyen los atributos y trayectorias de quienes ocupan posiciones dominantes en ámbitos específicos.
  2. La sola antigüedad de los residentes de una localidad desempeña un papel en la configuración de diferenciales de poder entre grupos, que suele pasar desapercibido al estar encubierto por otros rasgos distintivos de los grupos implicados, como la clase social. Al respecto ver Elías (1998).
  3. El universo considerado está compuesto por los exgobernadores y ex-senadores sanjuaninos entre 1973 y 2002, y ha sido trabajado por la autora en el marco de su participación en el proyecto “Configuración de las elites argentinas. Las relaciones entre los cambios estructurales y corporativos del poder económico, el ascenso de la tecnocracia y la desprofesionalización del poder político entre 1976 y 2002” PIP/CONICET 2009-2011. En adelante se hará referencia a ese universo.
  4. El hecho de ser el único exgobernador formado en el Liceo puede deberse a la escasa antigüedad de la institución, y a que Jorge Escobar pertenecía a una generación política distinta a la de los demás políticos considerados: tenía sólo 39 años al momento de su asunción. No obstante, esto marca un claro contraste con los círculos de formación por que transitaron tradicionalmente los políticos sanjuaninos.
  5. Cfr. Argento y Gerchenson (1999).
  6. La atipicidad de la trayectoria educativa contrasta con las dos grandes carreras que tradicionalmente han seguido los dirigentes políticos sanjuaninos en Universidades Nacionales, las cuales implicaron desplazamientos a otras provincias ya que no se dictaban en la Universidad Nacional de San Juan en sus períodos de formación: las carreras de medicina y abogacía (de las cuales egresó el 80% de los dirigentes considerados en el universo trabajado por la autora mencionado anteriormente).
  7. Otro exponente de este tipo de actores, aunque posterior, es Mauricio Macri. El gobernador de Tucumán Miranda también fue presidente de un club (http://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Miranda).
  8. Las relaciones familiares son un elemento de fuerte incidencia en la política local, ya que su dinámica cruza y sostiene la estructura social sanjuanina en su conjunto (Cfr. Goldberg, 2009).
  9. Sobre la trayectoria de los hermanos Gioja en el PJ sanjuanino ver Rodrigo (2016).
  10. Para una tipología del outsider ver King (2002).
  11. El surgimiento de este tipo de figuras ha sido analizado tempranamente por Novaro (1994).
  12. Hubo casos de outsiders “exitosos” en sus gestiones, tales como Charles De Gaulle en Francia o Ronald Reagan en Estados Unidos, que fueron capaces de llevar adelante procesos de reforma estructural en sus países, y también casos de outsiders que culminaron abruptamente sus mandatos ante la ruptura de los vínculos que los hicieron llegar al gobierno, como fue el caso de Fernando Collor de Mello en Brasil, y casos intermedios, como Fujimori, que no puede pensarse como un fracaso inmediato aunque posteriormente debió autoexiliarse de Perú. En las provincias argentinas hay casos exitosos como Carlos Reutemann o Daniel Scioli, que se convirtieron en profesionales de la política, pero también casos menos felices como los de Ramón “Palito” Ortega.
  13. El GSJ es un aglomerado urbano que se conforma por los departamentos de Capital, Santa Lucía, Chimbas, Rawson y Rivadavia, los cinco más poblados de la provincia.
  14. “Admiré a Pellegrini, Yrigoyen, Perón, admiré a Frondizi, a Illia, todo eso lo he reunido y lo he juntado y me he ido formando. No me interesa la política para cargos, para especular; me interesa como un bien común” (Entrevista a Alfredo Avelín, realizada por la autora el 10/11/08).
  15. Como es el caso del Partido Bloquista (PB) en San Juan. Sobre la performance y las características de los partidos provin ciales ver Adrogué (1995), Mansilla (1983) y Alonso García (2007).
  16. Es necesario retocar aquí la tipología de partidos provinciales desarrollada por Alonso García, ya que la autora desconoce la temprana formación de la UCRI en la provincia, que fuera fundada en 1918, y por lo tanto desconoce la procedencia intransigente del PB (Cfr. Goldberg, 2009).
  17. Se ha optado por esta denominación ya que estos partidos: a) no constituyen jurisdicciones de partidos nacionales regenteados por un linaje, como es el caso del Partido Justicialista de San Luis y la familia Rodríguez Saa o en Catamarca con la familia Saadi y, b) no constituyen partidos provinciales que hayan permitido una circulación de dirigentes por fuera de los vínculos familiares, como es el caso del Movimiento Popular Fueguino o el Partido Demócrata de Mendoza. Bajo la etiqueta de partido familiar se incluye entonces al Partido Bloquista, que fue fundado por los hermanos Cantoni y luego fue presidido durante cuatro décadas por Leopoldo Bravo, hijo natural de Federico Cantoni, y sus descendiente s (Cfr. Goldberg, 2007; Falcioni De Bravo, 2003), y a la Cruzada Renovadora, que luego de ser fundada por Alfredo Avelín sostendría su estructura partidaria alrededor de sus dos hijos: Alfredo (h) y Nancy.
  18. La sesión conocida como la noche de los senadores culminó en horas de la madrugada, luego de más de ocho horas de debate por la sucesión del senador bloquista Eduardo Pósleman, que finalmente sería reemplazado por Alfredo Avelín. En esa sesión se votó además su reelección adelantada hasta 2001, al igual que la del entonces senador Leopoldo Bravo. Esta especie de pacto de Olivos local fue posible ya que los partidos provinciales contaban con la cantidad de votos necesarios para sostener sus acuerdos legislativos más allá de la posición del oficialismo justicialista, que había realizado una amplia campaña para lograr que el senador reemplazante surgiera de sus filas, la que fracasó estrepitosamente.
  19. Los gobiernos de Domingo Javier Rodríguez Castro (1981-1982), Leopoldo Bravo (1982-1982) y Eduardo Alfredo Pósleman (1983-1983) (Documento 3).
  20. El PB, como partido provincial, había marcado en gran medida la dinámica política de la provincia desde su surgimiento en la década de 1920, lo que la constituía en un distrito atípico (Goldberg, 2009).
  21. Federico Cantoni fue nombrado durante este período embajador en Moscú, cargo que continuaría su hijo natural, Leopoldo Bravo, hasta la Revolución Libertadora (Pereyra, 1994).
  22. Quien era un diputado provincial y presidente del bloque del justicialismo en la LP.
  23. Un candidato “independiente” que si bien estaba afiliado al justicialismo se había centrado en la actividad académica llegando a ser rector, en ese momento, de la Universidad Nacional de San Juan, único cargo de gestión en el que tenía experiencia.
  24. Emilio Mendoza había encabezado la lista 6 en las internas, y fue derrotado por sus competidores de la lista 2 comandada por José Amadeo Conte Grand.
  25. Este carácter de piloto de tormenta (Novaro, 1994) es reconstruido retrospectivamente por el propio exgobernador: “Creo que el “ismo”, los “istas” pasaron. Además yo apoyé a Menem hasta donde creí que lo debía hacer. Indudablemente como muchas de las cosas buenas que están pasando hoy tienen origen en el gobierno de Menem, también varias de las cosas que deberían haberse cambiado en el país tienen responsabilidad en el gobierno de Menem. Y esto uno lo asumió. ¿Y qué hicieron otros? Saltaron el cerco, se pusieron el pantaloncito corto, 110 con valla, pero alguien tiene que quedar. A lo mejor es un problema de formación. Yo me tuve que comer el desierto y ni ojotas me dieron, pero lo crucé al desierto y hoy no le debo nada a nadie entonces puedo conversar con cualquiera. Lo de Menem termina pero yo veo mucha gente que así como dieron la vida por uno ahora la dan por el del costado. Probablemente eso sea la política pero no fue mi actitud porque no nací y quizá no me muera en la política” (Diario de Cuyo, 24/10/10).
  26. Proceso que se aborda más adelante, en el capítulo 8.
  27. Un partido comandado por Jorge Salvador Abelín, que fuera aliado político de Jorge Escobar. El dirigente era sobrino de Alfredo Avelín, con quien había colaborado en las elecciones de 1989-1991, pero por un error en el registro civil figuraba con un apellido distinto.
  28. Los datos sobre las elecciones de 1991 se detallan en el capítulo 2.
  29. En 1991 con el ofrecimiento al PJ como se ha mencionado antes, y en 1997 al establecer una coalición con la UCR.


Deja un comentario