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El dinero de las prostitutas

Trabajo sexual y circuitos inmigratorios
entre R铆o de Janeiro y Buenos Aires (1907-1920)

Cristiana Schettini

Este texto rastrea algunos recorridos del dinero obtenido con la prostituci贸n a trav茅s de circuitos inmigratorios sudamericanos durante los a帽os previos a la Primera Guerra Mundial. Su intenci贸n es la de contribuir a una reflexi贸n sobre el comercio sexual en relaci贸n con los circuitos inmigratorios y laborales de hombres y mujeres en los m谩rgenes del mercado de trabajo asalariado. En otras palabras, se trata de abordar el ejercicio y la explotaci贸n de la prostituci贸n como parte de las posibilidades de trabajo, ahorro y comercio entre inmigrantes europeos en la Am茅rica del Sur a comienzos del siglo XX. Desde esta perspectiva, los viajes sudamericanos de hombres y mujeres en funci贸n del comercio sexual son indagados como parte constitutiva de sus experiencias, a diferencia de una visi贸n que les confiere un sentido externo y previo como 鈥渢rata de blancas鈥.

Los historiadores que abordaron la organizaci贸n social de la prostituci贸n de este per铆odo registraron diversas percepciones contempor谩neas que le atribuyeron una l贸gica capitalista: un mercado organizado en funci贸n de la oferta y demanda, una organizaci贸n casi fabril y la cosificaci贸n de los cuerpos de las mujeres, comparadas a aut贸matas.[1] En parte, la difusi贸n de este tipo de observaci贸n expresa una preocupaci贸n m谩s amplia, caracter铆stica del cambio de siglo, sobre los riesgos de una mercantilizaci贸n desenfrenada de las relaciones humanas.[2] De acuerdo con esta visi贸n, la intervenci贸n empresarial del proxeneta ten铆a un lugar destacable, en especial en la expansi贸n internacional de la explotaci贸n del comercio sexual.[3] En lugar de tomar a estas percepciones contempor谩neas como descripci贸n de la realidad, conviene contrastarlas con los varios usos y sentidos del dinero obtenido con el comercio sexual.

Para eso, son de gran utilidad los juicios de expulsi贸n de extranjeros por proxenetismo producidos por la polic铆a brasile帽a desde 1907 hasta la d茅cada de 1920. Los juicios de expulsi贸n brasile帽os resultaron de la aprobaci贸n de la ley conocida como Adolfo Gordo, que reglament贸 la expulsi贸n de extranjeros indeseables como una medida administrativa del Poder Ejecutivo. Eso significa que la expulsi贸n ocurr铆a sin necesidad de intervenci贸n del Poder Judicial.[4] La expulsi贸n era sumaria cuando era aplicada a opositores pol铆ticos, en especial anarquistas, o a cualquiera pasible de ser considerado, por parte de las autoridades policiales, como una amenaza a la 鈥渟eguridad nacional鈥. Sin embargo, tambi茅n se preve铆a la expulsi贸n por el ejercicio de pr谩cticas contravencionales, como 鈥渧agancia y mendicidad鈥, e incluso delictivas, como el proxenetismo, ambas previstas en el C贸digo Penal de 1890.

Una peculiar preocupaci贸n con la producci贸n de pruebas para la expulsi贸n de vagos, ladrones y proxenetas diferenci贸 la pr谩ctica de la ley brasile帽a de la ley de residencia argentina, por ejemplo. En Brasil, esa preocupaci贸n llev贸 a la producci贸n de una documentaci贸n similar a la de un juicio convencional. La polic铆a buscaba fundamentar con pruebas cada decreto de expulsi贸n firmado por el ministro de la Justicia, en un procedimiento con forma judicial, pero con contenido 鈥渁dministrativo鈥. La 煤nica posibilidad de intervenci贸n del Poder Judicial ocurr铆a cuando el acusado ten铆a tiempo y condiciones de presentar un pedido de habeas corpus que arguyera la ilegalidad de la prisi贸n, y a veces, de la ley de expulsi贸n misma.[5] Para la historia social, la documentaci贸n producida por esas iniciativas es un rico registro de redes, conexiones y experiencias de trabajo sexual en el espacio sudamericano a comienzos del siglo XX.

A partir de los casos de expulsi贸n de proxenetas identificados en el Archivo Nacional de R铆o de Janeiro, entre 1907 y 1930, este an谩lisis parte de una muestra producida con aquellos casos en los que indiciados, testigos o v铆ctimas hab铆an estado en la regi贸n rioplatense antes de arribar a Brasil.[6] Ese recorte permite acompa帽ar los desplazamientos de hombres y mujeres por Am茅rica del Sur e indagar c贸mo esos viajes impactaron en sus vidas, experiencias de trabajo y, en particular, en las formas de apropiaci贸n del dinero obtenido en la prostituci贸n.

En la primera parte, el texto enfoca a los acusados de proxenetismo arribados a R铆o de Janeiro o San Pablo. Se esbozan las caracter铆sticas del circuito inmigratorio en el que se insertaban y las dificultades laborales con las que se deparaban. En este escenario, el dinero de las prostitutas gana una importancia propia. Las formas de circulaci贸n de ese dinero, pasando de las manos de las mujeres a la de hombres cercanos a ellas ganaban muchos sentidos y ten铆an muchas utilidades, identificadas en la segunda parte. Luego, el foco recae sobre el desplazamiento de las mujeres desde Argentina a Brasil en b煤squeda de los sentidos de sus viajes, entre el desarraigo y la articulaci贸n de redes de apoyo. En particular, interesan los cambios de las condiciones de trabajo desde un marco legal reglamentario, en Buenos Aires, hacia un marco legal formalmente 鈥渁bolicionista鈥, vigente en Brasil. Finalmente, se indaga sobre las relaciones afectivas que las prostitutas entablaban con sus proxenetas. Describir pr谩cticas de circulaci贸n de la riqueza de las prostitutas en momentos en los que la principal manera de entenderlas era a trav茅s de relatos de 鈥渢rata de blancas鈥 puede indicar algunos puntos de contacto entre las nociones de explotaci贸n sexual y explotaci贸n laboral, con 茅nfasis en sus sentidos contempor谩neos. A la vez, revela algunos de los recursos y arreglos cotidianos que conformaban las experiencias de trabajo de las mujeres europeas que trabajaron en el mercado sexual a comienzos del siglo.

Ocupaciones y oficios

Muchos de los indiciados en los juicios brasile帽os producidos a partir de 1907 eran varones que, aun cuando pod铆an declarar una ocupaci贸n u oficio, se encontraban en situaciones laborales precarias. En los primeros a帽os de aplicaci贸n de la ley de expulsi贸n, los acusados de proxenetismo eran de nacionalidades variadas: italianos, espa帽oles, rusos, polacos, uruguayos y argentinos. Muchos eran reci茅n llegados y hab铆an atra铆do la atenci贸n policial al ser vistos circulando por casas de prostituci贸n, mientras otros eran conocidos de los agentes policiales. Sus declaraciones tend铆an a ser desacreditadas y tomadas como mero disfraz para ocultar su verdadera ocupaci贸n criminal. Eso era condecente con las expectativas de las autoridades brasile帽as, que asociaban la actividad de proxeneta al no trabajo, tal como suger铆a su cercan铆a a la contravenci贸n de 鈥渧agancia y mendicidad鈥 en la letra de la ley de expulsi贸n. Fuesen o no verdaderas, lo que es cierto es que las ocupaciones declaradas buscaban ser veros铆miles. Por eso, pueden ser tomadas como una descripci贸n contempor谩nea de algunos circuitos inmigratorios durante los a帽os previos a la Primera Guerra Mundial.

En un primer momento, la aprobaci贸n de la ley de expulsi贸n de extranjeros en Brasil parece haber sido vista por las autoridades policiales como una oportunidad de actuar contra sus sospechosos de siempre, hombres ya identificados en lo cotidiano del accionar policial carioca contra una amplia variedad de actividades pasibles de ser incluidas en el universo de la 鈥渧agancia鈥. En enero de 1907, pasados apenas diez d铆as de su aprobaci贸n, la polic铆a carioca acus贸, de una sola vez, a seis hombres de diversas proveniencias, incluyendo italianos, griegos y rusos.[7] Sus antecedentes, registrados en el Gabinete de Identificaci贸n, comprueban que por lo menos cuatro de ellos hab铆an sido arrestados en el a帽o anterior en una campa帽a del 3潞 comisario auxiliar contra el proxenetismo. Un agente policial record贸 que, en aquella oportunidad, terminaron puestos en libertad por orden del mismo comisario por 鈥渞esultar infundadas las sospechas鈥. En otras palabras, no hab铆a pruebas para enjuiciarlos, aunque algunos eran referidos como 鈥渃谩ftenes conocidos鈥. Este comisario, entonces, parec铆a esperar que la ley de expulsi贸n remediase la cl谩sica dificultad policial de reunir pruebas.[8]

Los procedimientos de este caso expresan la incertidumbre policial sobre la aplicaci贸n de la ley. A partir de mayo de 1907, un nuevo decreto defin铆a la ejecuci贸n de la expulsi贸n para casos de proxenetismo: la investigaci贸n policial deber铆a reunir 鈥渄ocumentos de reconocida fuerza probatoria鈥 o al menos dos testimonios de acusaci贸n.[9]

Aunque la noci贸n de vagancia sobrevolaba el procedimiento, las ocupaciones y oficios declarados por los indiciados en 1907 eran variados: Dressler declar贸 ser 鈥渘egociante ambulante de joyas鈥; Bluchtein, ruso de Odessa, era 鈥渟astre鈥; el napolitano D鈥橭nofrio, 鈥渂arbero y peluquero鈥. El desaf铆o de los acusados era comprobar que entraban en la categor铆a de extranjeros honestos y trabajadores. El de la polic铆a era verificar si esas ocupaciones y oficios no pasaban de excusa de los delincuentes. Se trataba de una corrida contra el tiempo antes de que la expulsi贸n fuese decretada sumariamente por el Poder Ejecutivo. En este caso, al menos Bluchtein logr贸 algo: su socio en la sastrer铆a de la calle Riachuelo n潞 145, junto con dos comerciantes portugueses y un farmac茅utico pernambucano, declararon que 茅l era un hombre serio y trabajador en su oficio de sastre. M谩s dificultad tuvo Alfano Vicenzo, identificado en la comisar铆a como un agrimensor griego, y en el pedido de habeas corpus que logr贸 presentar, como un dibujante italiano. La disparidad entre ambas identificaciones vuelve a sugerir la falta de cuidado o de conocimiento de la polic铆a frente al procedimiento y a sus sospechosos. Al final, ninguna de las estrategias de los dos hombres tuvo 茅xito: Bluchtein fue expulsado (aunque no hay referencias sobre su embarque), y Vicenzo, luego de m谩s de 34 d铆as de arresto ilegal, termin贸 embarcando (por 鈥渋niciativa propia鈥) con destino a Buenos Aires.

Aun en el marco de este uso inicial persecutorio, la aplicaci贸n de la ley de expulsi贸n pod铆a terminar revelando algo de la experiencia de ciertos hombres reci茅n llegados. El neoyorquino Max Burckner, de 32 a帽os, hab铆a desembarcado en R铆o de Janeiro en octubre de 1907 y declar贸 a la polic铆a que estaba a la espera de una posici贸n en la compa帽铆a canadiense, concesionaria del servicio de electricidad, transporte p煤blico y telefon铆a de la ciudad, Light & Power Co.[10] Acusado de proxenetismo, al mes tuvo que embarcar a Nueva York. En 1911, el tambi茅n norteamericano Morris Muller, de 42 a帽os, declar贸 ser colocador de cables telef贸nicos de la misma empresa, pero su contacto con prostitutas alemanas y austr铆acas en una pensi贸n elegante y sus viajes previos a Buenos Aires justificaron la medida policial de expulsi贸n.[11] Como tantas otras ramas de la industria carioca, la Light se beneficiaba a comienzos del siglo de un mercado laboral casi ilimitado, caracterizado por una gran rotaci贸n.[12] Los trabajadores pod铆an acercarse por la fama de la nueva empresa y su car谩cter moderno e innovador, y en este caso con la expectativa de que el dominio del ingl茅s los acercar铆a a puestos m谩s altos. Pero sus prisiones indican el riesgo que corr铆an en estos primeros momentos en los que buscaban establecerse en la nueva ciudad.

Casos como estos refuerzan la mala fama de la ley de expulsi贸n, denunciada por contempor谩neos y caracterizada por la historiograf铆a por conferir a la polic铆a amplios poderes discrecionales.[13] Acusada de inquisitorial, la ley habilitaba persecuciones a anarquistas y militantes del movimiento obrero, y tambi茅n, como demuestran los registros de expulsi贸n, a cualquier extranjero que no pudiera comprobar ocupaci贸n. Con eso, como observa Len谩 Medeiros de Menezes, registraba indirectamente la experiencia de un amplio grupo de trabajadores precarios, aquellos que ella denomina como los 鈥渆xtranjeros pobres鈥 que formaban parte de la trama laboral internacional del capitalismo de comienzos del siglo.

Expedientes sumarios y sospechados de haber sido armados contrastan con la inesperada informaci贸n detallada sobre recorridos laborales que surge en otros casos, muchos de los cuales referidos a hombres m谩s viejos. En 1917, por ejemplo, Saul Flanser, o Choel Flancer, a los 41 a帽os, austr铆aco y sastre, tuvo oportunidad de relatar, en su defensa, un intrincado recorrido laboral e inmigratorio que logr贸 realizar en un breve lapso.[14] Hab铆a llegado a R铆o de Janeiro desde Europa en noviembre de 1916. Por cinco meses estuvo empleado en un gran negocio de ropas, el Parc Royal, como oficial de sastre. Luego de ahorrar seiscientos mil r茅is, parti贸 para la Argentina en b煤squeda de una colocaci贸n mejor. A bordo, conoci贸 a Gabriel Sapaca, con quien decidi贸 entablar una sociedad. Juntos, desistieron de probar la vida en Buenos Aires y resolvieron asociarse en el negocio de mercer铆a en San Pablo. Finalmente, luego de un a帽o, Saul, o Choel, deshizo la sociedad y volvi贸 a R铆o de Janeiro.

Con este relato, buscaba contrarrestar la acusaci贸n de proxenetismo, puesto que siempre era visto en compa帽铆a de una joven prostituta de la Lapa, que algunos pensaban que era su hija. Corr铆a el a帽o 1917. Luego de una d茅cada de vigencia de la ley de expulsi贸n, el comisario, al contrario del procedimiento adoptado en las primeras expulsiones, consider贸 necesario profundizar la investigaci贸n. Para averiguar las declaraciones del indiciado, contact贸 al representante de la firma Parc Royal y a la 4陋 comisar铆a auxiliar de San Pablo. El primero le aclar贸 que la firma nunca contrataba oficiales de sastrer铆a o costureras. Eran los contramaestres quienes adquir铆an sus servicios de forma aut贸noma. A su vez, la polic铆a paulista confirm贸 que en la direcci贸n mencionada hab铆a efectivamente una firma 鈥淪apag e Irm茫o鈥. Pero no hab铆a ning煤n registro escrito de la participaci贸n de Saul o Choel, a esta altura con el apellido escrito como 鈥淔rancez鈥. La ausencia de registros era esperable por la propia din谩mica del mercado laboral en el que Saul, como oficial de sastre, y Gabriel, como negociante ambulante, se insertaban.

La imposibilidad de comprobar el relato empeor贸 su situaci贸n frente a las autoridades brasile帽as. Pero no por eso se vuelve menos revelador de la historia de las caracter铆sticas inciertas, informales e inconstantes de ciertos circuitos inmigratorios durante las primeras dos d茅cadas del siglo XX. Ocupaciones como 鈥渘egociantes鈥, 鈥渘egociantes ambulantes鈥, 鈥渘egociantes de joyas鈥 eran habituales entre los inmigrantes provenientes de Europa central y oriental; no era raro que las casas de prostituci贸n estuviesen entre sus clientelas preferenciales. As铆, las ocupaciones declaradas indican los contornos de una cierta experiencia inmigratoria se caracterizaba por la frontera porosa con actividades consideradas delictivas, o dif铆cilmente registrables como trabajo.[15]

En suma, muchos de los hombres atrapados por las fuerzas policiales brasile帽as como sospechosos de ejercer el proxenetismo en los primeros a帽os del siglo XX estaban insertos en un circuito inmigratorio que integraba a R铆o de Janeiro, San Pablo, Santos y Buenos Aires, entre otras ciudades sudamericanas, por las que pasaban luego de haber dejado Europa. Sus trabajos pod铆an ser m谩s o menos especializados, y m谩s o menos comprobables, pero sus identidades eran inciertas cuando sus experiencias quedaban registradas en los juicios de expulsi贸n: no estaban establecidos; reci茅n llegaban o buscaban formas de volver a partir; instalados en hoteles o pensiones, ten铆an pocos recursos propios y contactos precarios con otros inmigrantes o con prostitutas. Una mirada detenida sugiere un perfil distinto a la idea del apache, la noci贸n francesa, conocida de las polic铆as argentina y brasile帽a, que designaba, originalmente, grupos de j贸venes franceses que optaban por estar afuera del mercado de trabajo, al menos durante una fase de sus vidas, viviendo en delito y del dinero de sus amantes.[16] Los hombres arrestados por la polic铆a carioca en los primeros a帽os de la ley de expulsi贸n, cuya relaci贸n con prostitutas pod铆a ser m谩s o menos comprobada, estaban entre los 25 y 45 a帽os; muchos ten铆an oficio y eran experimentados, mientras otros se dedicaban a circuitos laborales inestables y n贸mades, como los vendedores ambulantes.

El dinero de la prostituci贸n

No es dif铆cil imaginar la importancia de los recursos obtenidos por las prostitutas para un amplio rango de inmigrantes como los hombres brevemente presentados. Quiz谩s, para muchos de ellos, el dinero de las prostitutas haya sido una gran oportunidad para acceder a recursos para realizar una inversi贸n inicial, o incluso para garantizar la supervivencia inmediata. Vale la pena, entonces, sugerir algunos de los caminos de este dinero.

En 1908, el espa帽ol Ram贸n L贸pez, de 35 a帽os, que declar贸 ser 鈥渃onductor de tranv铆a en la cia. Santa Isabel鈥 en R铆o de Janeiro, ven铆a de un largo recorrido: hab铆a estado en Cuba, donde hab铆a obtenido algunos ahorros, no se sabe c贸mo; se mud贸 a Buenos Aires, en donde abri贸 un bar, al que no le fue bien.[17] En R铆o de Janeiro, no era el magro sueldo del trabajo de conductor lo que le permit铆a vivir, sino los recursos de las dos espa帽olas que 茅l hab铆a tra铆do de Buenos Aires 鈥搒u esposa y su prima鈥 para instalarse como prostitutas en las r贸tulas de la calle del Nuncio.[18] Como a L贸pez sus emprendimientos nunca le iban bien, su plan parece haber sido el de vivir del dinero de las mujeres. Pero tampoco este emprendimiento result贸 bien. No era parte del plan que las dos mujeres se enfermaran. Temerosas de sus amenazas para que siguieran aport谩ndole dinero, las dos mujeres terminaron por denunciarlo a la polic铆a.

Como 茅l, muchos de los acusados de proxenetismo en Brasil usaban el dinero de la prostituci贸n para iniciar peque帽os emprendimientos. El austr铆aco Mauricio Goldran hab铆a tenido un bar en la calle Libertad, en Buenos Aires, hasta que termin贸 fotografiado por la polic铆a porte帽a porque su establecimiento era 鈥渕al frecuentado鈥.[19] En 1912, desembarc贸 en San Pablo con la intenci贸n de abrir un negocio de barber铆a con los recursos de su mujer, quien ya hab铆a llegado antes y hab铆a tenido tiempo de instalarse en una casa de prostituci贸n. Con su antecedente en la polic铆a porte帽a, Goldran no tard贸 en ser considerado un cften por la polic铆a paulistana, que acab贸 por expulsarlo. En el mismo a帽o, Isaac Rotman hizo el recorrido inverso, al viajar de R铆o de Janeiro a Buenos Aires para formarse como peinador de mujeres con el dinero de su amante, la polaca Fela Gutzatz.[20] Ella pensaba que 茅l se iba a casar con ella a la vuelta, pero 茅l confes贸 a una conocida en com煤n que s贸lo le gustaba su dinero y no ten铆a ninguna intenci贸n de comprometerse.

Los registros de expulsi贸n iluminan una vida econ贸mica alimentada por la prostituci贸n, cuyo aspecto m谩s visible eran los bares y caf茅s en las calles de concentraci贸n de burdeles, pero que tambi茅n inclu铆an muchas otras actividades. En 1910, Jos茅 Zelicovitch, polaco-ruso naturalizado argentino, declar贸 a la polic铆a carioca que hab铆a vivido como vendedor de cuadros y espejos durante los 煤ltimos tres a帽os en R铆o de Janeiro.[21] Pero las prostitutas de la calle de S茫o Jorge declararon que, desde que hab铆a arribado de Buenos Aires, se ganaba la vida trabajando como escritor de cartas. Por cada carta, las mujeres le pagaban dos o tres mil r茅is. Sus ingresos mejoraron cuando pas贸 a vivir con Regina Domps, una rusa de 38 a帽os reci茅n instalada en R铆o de Janeiro. Pero todo volvi贸 a empeorar cuando, embarazada, ella dej贸 de darle dinero y, amedrentada por sus amenazas, lo denunci贸 como cften a la polic铆a.

El espectro de actividades alrededor del comercio sexual era amplio. En 1911, el franc茅s Louis Leblanc fue acusado de proxenetismo porque conviv铆a con prostitutas, 鈥渓adrones y pasadores de moneda falsa鈥. En realidad, luego de haber perdido el trabajo como obrero, su actividad principal era oficiar de 鈥渕ensajero y secretario鈥 de prostitutas, a las que prestaba diversos servicios.[22] En el mismo a帽o, el filipino Adolfo Sumsi, proveniente de Buenos Aires, empez贸 a ganarse la vida en Brasil como peluquero de prostitutas.[23]

El l铆mite entre apropiarse del dinero de la prostituci贸n y trabajar para prostitutas era difuso. De hecho, no todos estos hombres fueron acusados de proxenetismo. A nadie se le hubiese ocurrido, por ejemplo, acusar al italiano Francisco Sandre, portero de la conocida 鈥減ensi贸n de artistas鈥 de Tina Tatti. 脡l cumpl铆a una funci贸n fundamental para el negocio, al controlar la entrada y la salida de clientes y amantes de las mujeres, un trabajo que implicaba una especial capacidad de clasificaci贸n de esos hombres.[24] Tampoco nadie acus贸 de proxenetismo a los italianos que pose铆an 鈥減ensiones de artistas鈥 en San Pablo, como la Pensi贸n Dor茅e o la Montecarlo, en las que se hospedaban las mujeres contratadas para cantar en cabarets o teatros de variedades.[25] La regla impl铆cita de las giras de las artistas era que se hospedaran en este tipo de establecimientos en donde pod铆an 鈥渞ecibir visitas鈥 de sus admiradores. Todos parec铆an saber que las pensiones de artistas en San Pablo integraban un circuito art铆stico, dominado entonces por emprendedores italianos dedicados al negocio del entretenimiento. Eran hombres que viv铆an del dinero que ganaban estas mujeres con sus frecuentadores. En otras palabras, su sost茅n era el universo de las variadas actividades econ贸micas alimentadas, en diversos grados, por el comercio sexual. Que estuvieran fuera del alcance de la polic铆a denota la evidente incidencia de criterios de clase en la construcci贸n de la figura del proxeneta y las fronteras difusas entre las actividades comerciales consideradas 鈥渞espetables鈥 e 鈥渋nmorales鈥.

Aun corriendo el riesgo de llamar la atenci贸n de la polic铆a, esos hombres parec铆an considerar que las ventajas propiciadas por el mundo de la prostituci贸n compensaban los riesgos. En 1913, el negociante ambulante ruso Samuel Rosemberg le explic贸 con precisi贸n al comisario brasile帽o encargado de investigarlo que, tanto en la Rep煤blica Argentina como en Brasil, 鈥渢rabaj贸 siempre con la venta ambulante de mercader铆as, ropas, telas, etc., y de preferencia las vende en casas de tolerancia por ser m谩s rentable y m谩s f谩cil negocio鈥.[26] Rosemberg llevaba ocho meses en San Pablo, tiempo suficiente para reunir testimonios favorables de otros negociantes rusos, adem谩s de presentar una serie de recibos y facturas que comprobaban una intensa actividad comercial. Con eso, procuraba defenderse de las acusaciones de un comerciante sirio, a quien hab铆a conocido en Buenos Aires. El sirio vio su foto en un diario argentino como rufi谩n. Sus fluidos contactos con el mundo de la prostituci贸n, la nacionalidad rusa, la identidad jud铆a, la ocupaci贸n de 鈥渘egociante ambulante鈥 y, para colmo, su condici贸n de reci茅n llegado de Buenos Aires, contribuyeron para que terminara expulsado como proxeneta.

Esas acusaciones suger铆an en qu茅 medida el mundo de relaciones en torno al comercio sexual era un nicho importante para actividades tan diversas como las ejercidas por sastres, peluqueros, escritores de cartas, mensajeros, porteros de pensi贸n, due帽os de bares y hoteles, negociantes de telas, de ropas y de joyas. Al considerar como proxenetismo cualquier acci贸n que se incluyera en la amplia f贸rmula de 鈥渁uxiliar, facilitar y proveer habitaci贸n鈥 a prostitutas, tal como la defin铆a el C贸digo Penal, la legislaci贸n brasile帽a potencialmente inclu铆a a todos estos hombres en la categor铆a de proxeneta. De hecho, en Brasil, tanto los juicios criminales de proxenetismo como los de expulsi贸n fueron empleados para reprimir ciertas modalidades de encuentros sexuales y para incidir en la localizaci贸n de la prostituci贸n en el entramado urbano.[27] Pero con el paso del tiempo, los juicios de expulsi贸n por proxenetismo pasaron a ser empleados de forma m谩s consistente contra hombres que entablaban relaciones amorosas con las prostitutas. En otras palabras, pod铆a ser acusado de proxenetismo el hombre que recib铆a dinero de las prostitutas en un marco de relaci贸n afectiva, lo cual explica que una parte significativa de este universo de relaciones econ贸micas sostenidas por el comercio sexual quedara afuera de la aplicaci贸n de la ley. A trav茅s de los a帽os, el protagonista de los juicios de expulsi贸n deja de ser s贸lo el hombre reci茅n llegado, sin v铆nculos y sin recursos.

El escenario compuesto por un mercado laboral que ven铆a de un intenso per铆odo expansivo hacia una s煤bita retracci贸n con la Primera Guerra le da una dimensi贸n particular a estas historias que se desarrollaban en las fronteras del mercado de trabajo asalariado, la iniciativa emprendedora y el delito. En este contexto, los desplazamientos internacionales de estos hombres y mujeres, desde una ciudad en la que la prostituci贸n era una actividad regulada a otra en la que el proxenetismo era criminalizado de una forma m谩s amplia, vuelven visibles algunos de los circuitos de circulaci贸n de personas y de intercambio de dinero en los que muchos hombres y mujeres buscaron una vida mejor. Pero, cuando, por alguna raz贸n, sus historias llegaban a los o铆dos de las autoridades policiales brasile帽as, pod铆an terminar registradas en juicios de expulsi贸n. Este instante de visibilidad, si bien no permite vislumbrar las situaciones de consenso tanto como aquellas conflictivas, s铆 permite indagar sobre un segundo momento del circuito de trabajo y apropiaci贸n del dinero de la prostituci贸n: cuando este puede ser recuperado por quien lo gan贸.

Conexiones: 鈥渁ll谩鈥 y 鈥渁c谩鈥

La importancia de las denuncias de mujeres para la elaboraci贸n de juicios de expulsi贸n de extranjeros por proxenetismo en Brasil se fue consolidando a medida que los funcionarios policiales se dieron cuenta de que la ley de expulsi贸n no pod铆a ser tan ampliamente usada como los comisarios intentaron hacer durante los primeros meses de su vigencia. La reglamentaci贸n de la ley en mayo de 1907 y la oposici贸n social frente a una medida que le garantizaba tal autonom铆a al poder ejecutivo, sumada a los pedidos de habeas corpus que demandaban la presencia del Poder Judicial parecen haber contribuido para que las autoridades brasile帽as se preocuparan cada vez m谩s con la forma de las investigaciones que sosten铆an la expulsi贸n.

Tambi茅n parece haber jugado un rol importante el inter茅s de los funcionarios del Ministerio de Justicia y Negocios Interiores en tener bajo control las acciones del jefe de Polic铆a y sus subordinados. Eso qued贸 evidente en el caso del chauffeur catal谩n Amadeo Bernardes en 1912.[28] Luego de vivir un tiempo en Buenos Aires, Bernardes pas贸 dos meses en R铆o de Janeiro en los que iba a dormir en compa帽铆a de una prostituta francesa de la Lapa. Esta situaci贸n se extendi贸 hasta que la polic铆a le dio orden de expulsi贸n. Como la orden fue dada por el jefe de Polic铆a, sin pasar por el ministro de la Justicia, los bur贸cratas del Ministerio, a modo de represalia por haber sido ignorados, decidieron prestar una atenci贸n especial a la elaboraci贸n de la investigaci贸n. Encontraron que las pruebas obtenidas eran fr谩giles: 鈥渓as imputaciones hechas al acusados no me parecen bien comprobadas en la investigaci贸n鈥, coment贸 uno de ellos. Las tres prostitutas que declararon como testigos nada sab铆an de ciencia propia, sino por deducci贸n y por escuchar hablar. M谩s raro era que la due帽a de la pensi贸n en la que viv铆a la francesa ni siquiera fue llamada a declarar, a diferencia de otros casos. A pesar de esas fragilidades, el funcionario del Poder Ejecutivo conced铆a que, puesto que el acusado ven铆a de Buenos Aires y que sus antecedentes eran desconocidos, estaba en condiciones de ser expulsado.

Identificar los t茅rminos e intereses en juego en la construcci贸n policial de la acusaci贸n se vuelve un paso ineludible para comprender la noci贸n de explotaci贸n en juego para los propios involucrados, acusados y v铆ctimas. La obsesi贸n por un pasado en Buenos Aires por parte de la polic铆a, as铆, llama la atenci贸n sobre los sentidos de los viajes entre ciudades brasile帽as y argentinas para estos hombres y mujeres vinculados al comercio sexual.[29]

Para rastrear los sentidos de las historias que contaban sobre sus viajes, es necesario volver a recuperar la diferencia entre los marcos legales sobre la prostituci贸n vigentes en las ciudades de Buenos Aires y R铆o de Janeiro. Al no regularla, el marco legal brasile帽o sobre la prostituci贸n posibilit贸 la producci贸n de los expedientes de expulsi贸n a partir de la idea de que ciertas formas de apropiaci贸n del dinero de la prostituci贸n eran ilegales. Con eso, los expedientes brasile帽os registraron algunas de las diferencias y las similitudes entre ambos contextos legales y sus impactos en las vidas, y en especial, en el trabajo, de estas personas. Desde luego, importa llamar la atenci贸n sobre las similitudes de la organizaci贸n del mercado sexual en ambas ciudades. En primer lugar, era evidente que hab铆a proxenetas activos en ambas ciudades. Es decir, hombres que se apropiaban de las ganancias de la prostituci贸n de una mujer con la que sol铆an desarrollar v铆nculos afectivos. Las pensiones de prostituci贸n regenteadas por mujeres eran lo habitual en ambas ciudades, aunque no hubiese una regla escrita sobre eso en Brasil, como ocurr铆a con las ordenanzas vigentes en Buenos Aires, que formalizaron la figura de la regenta. En R铆o de Janeiro, no s贸lo las casas comunes de prostituci贸n sol铆an ser manejadas por mujeres, sino tambi茅n las pensiones 鈥渄e artistas鈥, eufemismo de casa de prostituci贸n elegante, como la de Tina Tatti o la Richard. Pero en San Pablo, como se ha visto, se pod铆an encontrar 鈥減ensiones de artistas鈥 manejadas por varones sin que la polic铆a los molestara.

Entre las principales diferencias entre ambas ciudades estaba la obligatoriedad de inscribirse en la municipalidad y someterse a ex谩menes m茅dicos en el caso de que la mujer entrara en la modalidad de la prostituci贸n regulada en Buenos Aires. La alternativa era ejercer la prostituci贸n clandestina, en la que las mujeres, conocidas como 鈥済irantas鈥, buscaban a sus clientes en la calle, o en bares y caf茅s, en los que pod铆an trabajar como camareras. Los juicios de expulsi贸n registran poco y nada de las percepciones de las prostitutas respecto a esas diferentes modalidades. En una rara menci贸n, en 1911, la rusa Mar铆a Bagmutova, de 22 a帽os, declaraba que, para ella, la diferencia b谩sica entre Buenos Aires y R铆o era que, mientras viv铆a en la Argentina, ella ten铆a que rendir cuentas al callista y masajista ruso Alexandre Robinson cada lunes, pues en la casa en la que viv铆a, las mujeres 鈥渉ac铆an las cuentas semanalmente鈥, declaraci贸n que indica que ella hab铆a estado en un burdel regulado en Buenos Aires.[30] En cambio, en Brasil, todos los d铆as Robinson aparec铆a para recoger el dinero. En su estancia en R铆o, quiz谩s a partir del contacto con otras mujeres, ella tuvo la idea de ofrecerle la peque帽a fortuna de un conto y quinientos mil r茅is (1:500$000) para que 茅l se fuera a Europa y la dejara en paz. Robinson acept贸 el dinero, se fue, pero no tard贸 en volver, m谩s furioso que nunca: la cit贸 en su consultorio de callista y la amenaz贸 de muerte para que le entregara m谩s dinero: dos contos de r茅is (2:000$000) o 100 libras esterlinas. 鈥淰i茅ndose en la inminencia de hechos m谩s graves cada d铆a鈥, conforme relat贸 al comisario, ella decidi贸 denunciarlo a la polic铆a. No se registr贸 la versi贸n de Robinson, excepto por su identificaci贸n como 鈥渕asajista y callista鈥, con consultorio en la avenida Mem de S谩, en el barrio de Lapa. Expulsado, termin贸 embarcando nuevamente para Hamburgo.

Una referencia m谩s expl铆cita al sistema de regulaci贸n vigente en Buenos Aires en los juicios de expulsi贸n brasile帽os aparece en la denuncia de una mujer italiana a Pascoal Garzulo en 1914. Mientras vivieron en la capital argentina, Garzulo oblig贸 a su pareja a inscribirse en un 鈥渜uilombo鈥.[31] Para escapar a su control y tener acceso a sus ganancias, ella se emple贸 en un bar en el que ejerc铆a la prostituci贸n clandestina. Como era previsible, el napolitano no desisti贸 de perseguirla. Su viaje a R铆o de Janeiro, con un 鈥渉ijo menor鈥, puede ser entendido como una tentativa desesperada de escapar del acoso. Pero mal se hab铆a instalado en una pensi贸n de prostitutas en R铆o, el italiano volvi贸 a encontrarla. Decidido a sacarle dinero para iniciar un negocio de restaurante, le dijo a los gritos que ella ten铆a la obligaci贸n de seguir ganando dinero para 茅l, en una discusi贸n que fue escuchada por la due帽a de la pensi贸n. Temerosa de las amenazas de que le cortaran el rostro con una navaja, la mujer italiana se escondi贸 con el hijo en el hotel Italia-Brasil, el mismo que hab铆a recibido a tantos sospechosos de proxenetismo en los a帽os anteriores. Con menos de 15 d铆as en la capital brasile帽a, el italiano fue expulsado, aunque no hay registros de que haya embarcado efectivamente.

Cualquiera que fuese la motivaci贸n para viajar, la estancia en R铆o parec铆a ampliar el margen de acci贸n y las posibilidades de una mayor autonom铆a para las mujeres. As铆, por ejemplo, Anita Rapaport, casada con Sim茫o Symplack en Varsovia por la religi贸n israelita, hab铆a vivido como prostituta en Buenos Aires desde 1911 hasta 1914.[32] En el a帽o que pas贸 en San Pablo, por orden de su marido, sigui贸 d谩ndole el dinero ganado en la prostituci贸n. Fue cuando ella consider贸 que su vida estaba en peligro que lo denunci贸 a la polic铆a.

El caso de Rapaport pone de relieve otra dimensi贸n de esos desplazamientos: ellas pod铆an ir a Brasil por cuenta propia o a instancias de la pareja, pero no sol铆an estar solas para instalarse en la nueva ciudad y tampoco cuando decid铆an denunciar a un c谩ften. Anita Rapaport tuvo el apoyo de su compatriota Regina Goldberg, a quien conoc铆a desde Buenos Aires. Tambi茅n uno de sus frecuentadores habituales, el empleado en el comercio Isaac Klabin, quien la ven铆a ayudando a establecerse en San Pablo, y que muy cautelosamente se present贸 en la comisar铆a como un cliente bien intencionado, confirm贸 su relato. Finalmente, un negociante ambulante, Juda Charack, que conoc铆a a la pareja desde sus tiempos en Avellaneda, tambi茅n respald贸 a Anita.[33] Era una red de hombres y mujeres de origen jud铆o movilizada en torno a Anita. En su defensa, Sim茫o Symplack explic贸 que necesitaba la presencia o al menos un poder de su mujer para retirar un dep贸sito de 1200 pesos en el Banco Alem谩n que se encontraba a nombre de los dos. Con la acusaci贸n, entonces, Anita Rapaport le imped铆a tener acceso a este dinero.

Como se vio, la identidad jud铆a, o 鈥渋sraelita鈥, como aparec铆a con m谩s frecuencia en estos documentos, de la pareja y de los testigos era relevante para la acusaci贸n, junto con la proveniencia de Symplack de Buenos Aires. La visibilidad jud铆a en las historias de prostituci贸n internacional a comienzos del siglo fue atribuida a los sentimientos antisemitas difundidos en las sociedades sudamericanas. Tambi茅n se la consider贸 como una especie de efecto colateral de la activa reacci贸n de la comunidad jud铆a organizada para separar a los 鈥渋mpuros鈥.[34] Adem谩s, a comienzos del siglo XX, los hombres y mujeres de la comunidad jud铆a vinculados a la prostituci贸n estaban mucho m谩s organizados en asociaciones que otros grupos de inmigrantes.[35] En R铆o de Janeiro, tambi茅n contribu铆a a esta visibilidad el desplazamiento de due帽as de casas de prostituci贸n brasile帽as y portuguesas por rusas-polacas a comienzos del siglo XX. Se trataba de un proceso que fue de la mano con la acci贸n policial para concentrar la prostituci贸n en un conjunto espec铆fico de calles, cercanas al centro de la ciudad. Entonces, las 鈥渞usas polacas鈥 fueron las que se ocuparon de una negociaci贸n cotidiana con la polic铆a, encargada de definir los lugares de la prostituci贸n en la capital brasile帽a.[36]

En conjunto, estas circunstancias contribuyen a la comprensi贸n del rol destacado de las 鈥渞usas polacas鈥 en denunciar a proxenetas a la polic铆a en R铆o de Janeiro y San Pablo. Hay diversos indicios de que estas mujeres asum铆an un papel activo en la negociaci贸n cotidiana, con los poderes p煤blicos, en particular la polic铆a, y tambi茅n con los propios proxenetas, poni茅ndoles l铆mites. En 1907, la rusa Nille Vitte, de 37 a帽os, instalada en la calle de la Concei莽茫o, parece haber sido determinante para que la argentina Laura Mart铆nez, de Entre R铆os, denunciara a Generoso d鈥橝mato como su c谩ften.[37] Generoso esperaba que Laura lo acompa帽ara, le diera algo de dinero, o por lo menos pagara su pasaje para volver a Buenos Aires. Laura le coment贸 a Nille que estaba cansada 鈥渄e darle dinero y de sus malos tratos, y que absolutamente no le dar铆a m谩s cosa alguna鈥. M谩s experimentada, Nille (o Nelly, cuando se presenta como 鈥渁rgentina鈥), la acompa帽贸 a la polic铆a.

De forma casi simult谩nea, Nelly tambi茅n particip贸 de la denuncia que la espa帽ola Jesusa Batez realiz贸 en contra de Antonio Mart铆nez como su proxeneta.[38] En este caso, Nelly personalmente inform贸 a la polic铆a que Antonio estuvo acompa帽ando a Jesusa por Buenos Aires, San Pablo y R铆o de Janeiro, siempre apropi谩ndose de su dinero. Jesusa confirm贸 los dichos de Nelly. Ambas se conoc铆an desde Buenos Aires, y Jesusa la busc贸 cuando sinti贸 que estaba en riesgo. En ambos casos, la cercan铆a de Nelly a la polic铆a carioca jug贸 un rol fundamental en el inicio de las dos investigaciones.

La casi simultaneidad de los dos casos sugiere que pueden tratarse de juicios de expulsi贸n armados por la polic铆a. Pero la acci贸n policial no borraba la expresi贸n de los intereses de las mujeres en poner l铆mites a esos varones. Una y otra vez vecinas, due帽as de casas y frecuentadores diversos desfilan por la comisar铆a para dar declaraciones que refuerzan la acusaci贸n de las mujeres en contra de los proxenetas. Tambi茅n en el ya mencionado juicio contra el espa帽ol Ram贸n L贸pez, la due帽a de la casa que recibi贸 su esposa y prima respald贸 las denuncias de ambas. En el caso de la rusa Regina Domps, el consejo de su vecina de la misma nacionalidad la impuls贸 a realizar la denuncia contra el escritor de cartas Jos茅 Zelicovitch. La misma vecina termin贸 oficiando de traductora para las declaraciones de Regina en la comisar铆a, pues esta todav铆a no dominaba el portugu茅s. Embarazada, Regina cont贸 con el activo apoyo de otras mujeres en el conflicto con su pareja.

As铆, agentes de polic铆a, frecuentadores, compa帽eras de casa y vecinas ten铆an un rol importante en la concreci贸n de las denuncias. En 1910, el 鈥渆ncuadernador鈥 Heyman Lichtesntein, llegado a comienzos de septiembre a R铆o de Janeiro en b煤squeda de Mar铆a Washawski, la encontr贸 instalada en una elegante pensi贸n de la calle Senador Dantas. Juntos hab铆an dejado Lodz para vivir en Buenos Aires y en Bah铆a Blanca, lugares en los que ella hab铆a ejercido la prostituci贸n.[39] Su decisi贸n de dejarlo y partir a R铆o de Janeiro fue motivada por la aparici贸n de otra mujer, tambi茅n polaca, de nombre Rosa, quien se identific贸 como la verdadera esposa de Heyman y madre de su hijo. Rosa hab铆a salido de Polonia en busca de su marido, habiendo pasado una temporada en R铆o, yendo a Buenos Aires y volviendo a R铆o. El esc谩ndalo desencadenado por su llegada a Buenos Aires fue tan grande que Heyman termin贸 arrestado. Cuando 茅l fue a R铆o en b煤squeda de Mar铆a, se encontr贸 con muchos otros conocidos: su exmujer Rosa, quien tambi茅n ejerc铆a la prostituci贸n para mantener su hijito, seg煤n un agente policial; la alemana Rosa Sibelberg, quien hab铆a conocido a Heyman mientras vend铆a y arreglaba ropas blancas de mujeres en Buenos Aires; y otra prostituta rusa, quien hab铆a acompa帽ado el periplo de Rosa en b煤squeda de su marido. Esta enmara帽ada situaci贸n que involucraba parejas, exparejas, hijos y compa帽eras de trabajo, lejos de indicar que el desplazamiento significaba siempre un desarraigo, suger铆a que muchas veces los v铆nculos humanos se deshac铆an y se rehac铆an en estos circuitos laborales espec铆ficos, en los cuales eran siempre las prostitutas quienes terminaban financiando sus propios viajes, los de sus hijos y los de sus parejas.

En este contexto, gana relevancia la figura de la due帽a de la casa de prostituci贸n. Su palabra ten铆a un valor especial no s贸lo para la polic铆a, sino tambi茅n para otras moradoras y vecinas. En el caso de la acusaci贸n de la francesa Jeanne a su amante catal谩n Amadeo Bernardes, fue la prohibici贸n de la due帽a de la casa de que 茅l se sentara a la mesa para hacer las comidas y que anduviera por all铆, 鈥減ara no tener problemas con la polic铆a鈥, la que defini贸 su status de caften a los ojos de las otras mujeres de la casa. En 1913, la rusa Sara Praigreti, luego de haber empe帽ado sus joyas y pedido 30 libras esterlinas a la due帽a de la casa en el que viv铆a para traer al italiano Vicente Grassi, tuvo que endeudarse nuevamente con Ana Gold, la due帽a de su casa en aquel momento, para 鈥渄espacharlo鈥 de vuelta a Buenos Aires.[40] Gold empe帽贸 un anillo y juntas compraron un pasaje para el italiano.

Sin embargo, la alianza entre due帽a de la casa y las inquilinas no era autom谩tica. En uno de los pocos casos en los que la due帽a de la casa fue denunciada, en 1907, momento en el que los comisarios estaban testeando los usos de la ley de expulsi贸n, se puso de relieve su rol ambiguo hacia las inquilinas. La polaca Augusta Nudelman, de 34 a帽os, fue blanco de las acusaciones de muchas otras 鈥減olacas鈥, inquilinas actuales y antiguas.[41] Por los testimonios acusatorios, era evidente que las polacas no la quer铆an. El comisario a cargo del juicio hizo hincapi茅 en su acci贸n como intermediaria de proxenetas instalados en la Argentina. Ella incentivaba a sus inquilinas a mandarles dinero y oficiaba de prestamista. Pero como afirm贸 la inquilina Augusta Goldman, de 24 a帽os, el problema no era s贸lo ese, sino que Nudelman cobraba 15% de inter茅s, mientras que la casa de empe帽o de joyas cobraba 4%. Dora Goldemberg declar贸 al comisario que le pagaba siete mil r茅is diarios por una habitaci贸n, valor exorbitante, que no inclu铆a ning煤n otro gasto ni criada. Para las inquilinas, ah铆 estaba la explotaci贸n.

La historia de Nudelman, quien finalmente escap贸 de ser expulsada por estar embarazada (de un hijo que nacer铆a brasile帽o), sugiere que la due帽a de la casa pod铆a ser una intermediaria de proxenetas ausentes, tal como sol铆a ocurrir en el sistema de burdeles regulados en Buenos Aires. Pero en otros casos, ellas apoyaban a sus inquilinas, por 鈥渘o querer problemas con la polic铆a鈥 y por buscar evitar escenas de violencia en su hogar. Entonces, es destacable que el rol de las due帽as de casas de prostituci贸n en R铆o, como intermediarias entre la acci贸n de los proxenetas, de un lado, y de la polic铆a, de otro, no parec铆a ser tan distinto de aquel rol de las regentas de las casas de prostituci贸n reguladas en Buenos Aires. Se trataba, fundamentalmente, de una figura que garantizaba orden y discreci贸n puertas adentro, y que contaba con la protecci贸n policial en el reconocimiento de esta funci贸n.

En todo caso, la solidaridad que frecuentadores y compa帽eras prestaban a las denunciantes era fundamental para que ellas pudieran interrumpir una situaci贸n que consideraban insoportable. Estas no eran relaciones que ocurr铆an al margen de los circuitos de circulaci贸n de dinero, sino todo lo contrario: el rol de las due帽as de casas como prestamistas y de los negociantes de joyas y casas de empe帽o a los que recorr铆an esas mujeres, adem谩s de los gestos de protecci贸n y apoyo de algunos clientes, pod铆an conformarse, en ciertos momentos, como verdaderas redes de protecci贸n sin dejar de ser parte del mecanismo que manten铆a en movimiento la circulaci贸n del dinero que ellas ganaban.

Palabras de amor y de odio

La acusaci贸n de maltratos, amenazas y extorsiones, en particular la amenaza de cortar el rostro con navaja, era parte fundamental de la construcci贸n de la acusaci贸n de proxenetismo y suele estar presente, pr谩cticamente como una f贸rmula, en la mayor parte de los juicios de expulsi贸n. Los casos en los que la mujer decid铆a denunciar son los m谩s reveladores de c贸mo esas parejas consideraban sus arreglos. Adem谩s, indican c贸mo la circulaci贸n por ciudades brasile帽as y argentinas incidi贸 en los t茅rminos de esos acuerdos afectivos, reforz谩ndolos o interrumpi茅ndolos.

Las cartas eran la principal forma de comunicaci贸n entre parejas. Todas las inquilinas de Augusta Nudelman vieron cuando Dora Goldemberg, de 24 a帽os, recibi贸 carta de su c谩ften Wolf Goldemberg, instalado en Buenos Aires, en la que le ped铆a que le enviara dinero para su manutenci贸n, puesto que estar铆a enfermo. Cartas como esas, que las mujeres presentaban como prueba de la explotaci贸n a que estar铆an sometidas, permiten un mayor acercamiento a los t茅rminos de estas relaciones de pareja y revelaban las expectativas, afectivas y econ贸micas, que compon铆an esas relaciones.

En 1908, el joven franc茅s Antoine Piouffle, de 21 a帽os, arrib贸 a R铆o desde Buenos Aires en b煤squeda de su querida Jeanne Dumont, a quien hab铆a conocido en el barco que los hab铆a tra铆do de Par铆s dos a帽os antes.[42] Mientras ella viv铆a en una pensi贸n elegante en R铆o, 茅l le mandaba cartas de amor dram谩ticas desde Buenos Aires. Ella no las contest贸, alertada por una amiga rusa-polaca, quien ya lo conoc铆a desde Par铆s, de que el joven no quer铆a otra cosa que vivir a sus expensas. En las seis cartas que ella entreg贸 al comisario como pruebas, Antoine le contaba sus planes de que ella fuera juntarse a 茅l en Buenos Aires. Le promet铆a buscar trabajo y le aseguraba que all谩 ella ganar铆a tanta plata como en R铆o, e incluso que su vida ser铆a m谩s f谩cil. Al preguntarle sobre 鈥la petite Rosa鈥 y sobre una polaca que en aquel momento trabajaba en el Casino, las cartas tambi茅n evidenciaban las redes de conocimiento que los un铆an a otros inmigrantes asociados al comercio sexual. A medida en que las misivas se suced铆an, la desesperaci贸n y el tono dram谩tico de Antoine iban en aumento: 鈥淓stoy sin dinero鈥, se lamentaba. Le escrib铆a en la madrugada (e insist铆a en registrar el horario: 鈥淢i adorada, son las dos, ves鈥), resentido por la falta de respuesta, lamentando los momentos de felicidad del pasado y, principalmente, la falta de dinero para pagar la pensi贸n. Alternaba entre imaginar c贸mo ser铆a la vida de los dos reunidos en Buenos Aires y reprocharle su falta de amor: 鈥渃ontigo no puedo contar, porque me amas muy poco en este momento鈥. Lamentaba no tener dinero para salir a las noches y anunciaba que iba a tener que vender sus pocas pertenencias para llegar a fin de mes. En otra carta, amenazaba usar su rev贸lver en un momento de desesperaci贸n. De alguna forma, consigui贸 dinero para ir a R铆o. Pero no tuvo suerte el franc茅s. Jeanne lo denunci贸 con el respaldo de su compa帽era rusa y del encargado de la pensi贸n en la que viv铆a. En pocos d铆as Antoine dej贸 la ciudad, embarcando para Liverpool.

Sin haber tenido tiempo de entablar una relaci贸n estable con Jeanne, que era joven y parec铆a trabajar bien en una elegante pensi贸n de artistas, Antoine no ten铆a otra cosa que sus palabras para convencerla de que le mandara algo de dinero. Pr谩cticamente no hab铆a v铆nculo afectivo entre ambos, o este era muy d茅bil. De este modo, quedaba en evidencia el abismo entre sus palabras desesperadas, sus sentimientos, sus sue帽os de la madrugada, y la realidad.

Muy distinto era el caso de la pareja formada por los franceses Lucien e Irene Lautier.[43] Ella admiti贸 que ejerc铆a la prostituci贸n en la elegante pensi贸n de Mme. Susana, en R铆o de Janeiro, pero no quiso acusarlo de explotarla. Al contrario, garantiz贸 al comisario que viv铆a 鈥渢ranquilamente con su marido鈥, y que 茅l se hac铆a cargo de los gastos de su familia: hijo, padres y hermano. La acusaci贸n de proxenetismo parece haber venido de la francesa Eugene Buffette, 鈥渁rtista dram谩tica鈥 y empresaria de una compa帽铆a de 鈥渃anzonetistas francesas鈥, de gira por Brasil en aquel momento. Ella ten铆a negocios con Lucien, quien, a su turno, declar贸 trabajar en un banco. Quiz谩s Buffette fue quien tuvo la iniciativa de entregar a la polic铆a las cartas de Lucien a Irene.

En las cartas, la idea de var贸n proveedor construido por la esposa para el comisario cede espacio a una intensa relaci贸n en la que afecto y negocios eran indisociables. Las cartas son llenas de palabras de amor y de agradecimiento por el 鈥渟acrificio鈥 de la mujer por la futura felicidad de ambos. Lucien exalta la dedicaci贸n amorosa de su esposa, compar谩ndola con una madre, pero tambi茅n con una hermana y con una hija: 鈥淟o que sufro nada es para tu sufrimiento y t煤 todo lo haces riendo, aunque tu coraz贸n est茅 rasgu帽ado y a veces herido por todos esos brutos que no pueden adivinar los tesoros de dedicaci贸n que t煤 personificas鈥. Al lamentar su ausencia, 茅l se reprocha: sabe que ella no puede estar con 茅l, porque 鈥渢rabajas por nuestro futuro鈥.

Las palabras de amor van dando lugar a cuestiones corrientes de la vida cotidiana: referencias a cartas para mandar al padre y a la madre, consultas sobre personas del c铆rculo de convivencia de ambos, explicaciones sobre las 鈥減eque帽as cosas鈥 que ella hab铆a pedido que se le mandaran. De ah铆, la carta pasa a ser una secuencia de consejos pr谩cticos de tono tutelar. En primer lugar, que no jugara en el club para ganar m谩s dinero: 鈥渆sto envenenar铆a a nuestro amor鈥. En segundo lugar, sobre los negocios: 鈥渘o seas demasiado pesimista ni demasiado confiada鈥. En particular, que no creyera tanto en su belleza: 鈥渘ecesitas siempre arreglarte y cambiarte el peinado鈥. Cuidado con la due帽a de la casa, no conven铆a llenarla de regalos. Cuidado con los italianos: 鈥淣o me gustan los italianos. Son p茅rfidos y zonzos鈥. Finalmente: 鈥渘o exageres en las madrugadas. Descansa m谩s鈥. El amor y los negocios no se separan: 鈥渜u茅 ser铆a de m铆 si t煤 cayeras enferma y yo no pudiera ir a tratarte. Ser铆a horrible鈥.

La carta termina con una breve rendici贸n de cuentas:

鈥 tengo todav铆a el dinero que me diste la 煤ltima vez y no tengo gastos, excepto por los diarios, tranv铆as y tabaco. Tomo agua com煤n porque me cobraban m谩s por la otra y esta es tan buena como la otra. Nada tienes que pagar por el autom贸vil. Pagu茅 en Par铆s 1495 francos. S贸lo tienes que pagar la Aduana.

Arreglos afectivos y negocios eran tejidos en el cruce de expectativas mutuas. La manifiesta desigualdad de la situaci贸n 鈥搈ientras ella cobra por tener sexo y entablar relaciones con otros hombres, 茅l se compra un autom贸vil en Francia y 鈥渁horra鈥 con la marca del agua鈥 parece atenuarse con el reconocimiento del 鈥渟ufrimiento鈥 y de los 鈥渟acrificios鈥 de la esposa. Mientras ella trabaja, 茅l le promete amor eterno, vela por su hijo y sus padres, se preocupa por la salud y promete acompa帽arla en la enfermedad.

El incumplimiento de estas expectativas era lo que daba lugar a la ruptura de los arreglos y a las denuncias: la enfermedad y el embarazo eran las principales situaciones en las que la mujer dejaba de darle dinero a la pareja, quien, a tu turno, no s贸lo no ofrec铆a ninguna ayuda, sino que, al contrario, amenazaba y golpeaba. Los cuidados de Lucien para con su esposa y con el buen andar del negocio, entonces, se fundaban en expectativas que aparec铆an tambi茅n en otros casos. En 1915, Ram贸n Bouzada, de Chascom煤s, se defendi贸 de las acusaciones de agresiones a su pareja, una espa帽ola de 22 a帽os, con el argumento de que, desde su punto de vista, ella ten铆a la obligaci贸n de mantenerlo.[44] 脡l la hab铆a sacado de un sanatorio en Buenos Aires, adonde estuvo internada. Como 茅l ya hab铆a gastado 鈥渕ucho dinero鈥 con ella, no le parec铆a raro que ella lo mantuviera a 茅l durante los 煤ltimos tres meses en los que 茅l estaba desempleado. El espa帽ol Ram贸n L贸pez tambi茅n consideraba normal que su prima y esposa le diesen dinero pues, tal como un intermediario laboral, 茅l hab铆a realizado los gastos de pasajes y ropas necesarios para que ambas se instalaran en R铆o de Janeiro.

En el mismo sentido, es posible rastrear algunas expectativas de las mujeres que entablan este tipo de relaci贸n afectiva, laboral y de negocios. Para Rosita, que pas贸 por R铆o de Janeiro, fue a Buenos Aires y volvi贸 a R铆o en b煤squeda de Heyman Lichtenstein, su marido que la hab铆a abandonado en Europa con un hijo chico, la expectativa era que el hombre se hiciera cargo de ambos. Esta postura era compartida por la nueva esposa de Heyman, Marie Washawski. Al descubrir que 茅l ya ten铆a mujer e hijo en Europa, Marie lo dej贸 y parti贸 sola a R铆o de Janeiro. A su vez, cuando Irene Lautier confirm贸 al comisario que su marido mandaba dinero a sus familiares en Europa, quiz谩s creyera que esta informaci贸n atenuar铆a su complicada situaci贸n con la polic铆a carioca.

Hacerse cargo de la familia parec铆a ser un importante componente de los arreglos entre estos hombres y mujeres. En 1920, Sender Niedzvesky, polaco de Varsovia, naturalizado argentino e instalado en Buenos Aires, pas贸 seis meses en R铆o de Janeiro en compa帽铆a de la rusa Mascotte Grinberg, de 31 a帽os.[45] Cuando la polic铆a sospech贸 que se trataba de un proxeneta y pas贸 a investigarlo, se descubri贸 que su principal actividad era la de cuidar de la hija de la pareja, interna en un distinguido colegio de Botafogo, quien se encontraba en vacaciones escolares. Padre e hija viv铆an instalados en una pensi贸n familiar, mientras Grinberg pose铆a una casa en la calle del Nuncio ocupada por una mujer brasile帽a, negra, y una austr铆aca. Lejos de acusar a su pareja, ella neg贸 cualquier insinuaci贸n de que fuera explotada, pero aun as铆 Niedzvesky termin贸 expulsado. En Buenos Aires, 茅l era un explotador de casas de prostituci贸n y estaba en la lista de socios de la Zwi Migdal, la asociaci贸n de ayuda mutua jud铆a que reun铆a a muchos hombres y a algunas mujeres dedicados al negocio de la prostituci贸n. En el arreglo entre los dos, entonces, 茅l cuidaba de los negocios en Buenos Aires mientras ella se hac铆a cargo en R铆o de Janeiro. Las vacaciones de la hija interrumpi贸 este orden de cosas.

Los juicios de expulsi贸n registraban un amplio rango de arreglos, en los que mediaban, en diferentes grados, violencia, amenazas y extorsiones, pero tambi茅n, en otros casos, v铆nculos afectivos y familiares que se sosten铆an con el dinero de la prostituci贸n. Es improbable que esta diversidad de situaciones que sosten铆a las pr谩cticas de apropiaci贸n de las ganancias de la prostituci贸n por parte de sus parejas pueda ser reducida a una 煤nica f贸rmula de explotaci贸n. De forma similar, la motivaci贸n para desplazarse de Europa a la Am茅rica del Sur, y luego de Argentina a Brasil, tampoco era un铆voca.

Conclusiones

A pesar de las diferencias legales en ambos pa铆ses, existieron formas de apropiarse del dinero obtenido en la prostituci贸n tanto en Argentina como en Brasil. La figura del c谩ften era omnipresente, y se favorec铆a del sistema formalmente abolicionista, y de vigilancia policial, en el caso de R铆o, y reglamentario, de perfil municipal-higienista, en el de Buenos Aires. Ambos incid铆an en las formas y lugares de organizaci贸n del comercio sexual. En ambos contextos, es notoria la visibilidad de los hombres y mujeres de origen ruso-polaco en la organizaci贸n de este mercado en las primeras d茅cadas del siglo XX, tanto en la interlocuci贸n con las autoridades locales como en la atenci贸n social que atra铆a la inversi贸n destinada a adquirir casas para la prostituci贸n.

Tal como percibieron los contempor谩neos en sus denuncias y temores sobre el tr谩fico de mujeres, las historias de estas p谩ginas comprueban que hab铆a una relaci贸n entre el desplazamiento internacional, la organizaci贸n del negocio del comercio sexual, y las formas de apropiaci贸n del dinero obtenido por las prostitutas en su comercio. Abordar tales conexiones como parte de una historia del trabajo en perspectiva transnacional trae consecuencias en dos sentidos fundamentales. En primer lugar, ilumina dimensiones desconocidas de los circuitos inmigratorios constitutivos de momentos de precariedad y marginalidad de diversos grupos de trabajadores europeos en momentos de alternancia entre expansi贸n y retracci贸n del mercado de trabajo. De este modo, pone de relieve el impacto potencial del dinero obtenido en la prostituci贸n en un momento peculiar de las vidas de ciertos hombres. En segundo lugar, el reconocimiento de las diversas motivaciones que llevaban a las prostitutas a desplazarse por diferentes ciudades permite identificar c贸mo ellas perd铆an y, con alguna suerte, a veces, recuperaban el control sobre sus ganancias. El dinero de la prostituci贸n aliment贸 una econom铆a informal que emple贸 a muchos inmigrantes en un amplio rango de peque帽os emprendimientos; fue reinvertido en la adquisici贸n de propiedad urbana, tanto en Buenos Aires como en R铆o de Janeiro; y, finalmente, sostuvo el mantenimiento de familias que quedaban en Europa y de las nuevas familias que se formaban en estos circuitos sudamericanos.


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  2. Dru Stanley, A., 鈥淲ages, sin and slavery. Some thoughts on free will and commodity relations鈥, Journal of the Early Republic, 24, 2004.
  3. Trochon, Yvette, Las rutas de Eros. La trata de blancas en el Atl谩ntico Sur. Argentina, Brasil y Uruguay (1880-1932), Montevideo, Taurus, 2006.
  4. Sobre la ley de expulsi贸n y sus usos en Brasil: Medeiros de Menezes,聽L.,聽Os Indesej谩veis: desclassificados da modernidade. Protesto, crime e expuls茫o na Capital Federal, 1890-1930, R铆o de Janeiro, Eduerj, 1996; Schettini,聽C., 鈥淓xplora莽茫o, g锚nero e circuitos sul-americanos nos processos de expuls茫o de estrangeiros (1907-1920)鈥, Tempo, 33, 2012, pp.51-73; Galeano, D.,聽Criminosos Viajantes. Circula莽玫es transnacionais entre Rio de Janeiro e Buenos Aires, 1890-1930, R铆o de Janeiro, Arquivo Nacional, 2016.
  5. Bonf谩, R. L. G., Com lei ou sem lei: as expuls玫es de estrangeiros e o conflito entre o Executivo e o Judici谩rio na Primeira Rep煤blica. Tese de Mestrado em Hist贸ria, Universidade Estadual de Campinas, Campinas, 2008.
  6. La muestra est谩 compuesta por 70 juicios. En la investigaci贸n de Len谩 Medeiros de Menezes, con el mismo fondo documental, seleccion贸 194 casos de proxenetas a partir de una muestra general de 531 casos de expulsi贸n. Medeiros, Os Indesej谩veis, p. 18.
  7. Arquivo Nacional (en adelante AN), Ministerio de la Justicia. Expulsi贸n de Alfano Vicenzo y otros, IJJ7 -131, 1907.
  8. De hecho, es lo que dijo claramente al intentar expulsar a unas prostitutas conocidas de la 鈥渮ona de las ladronas鈥, sobre las que hab铆a muchas quejas, pero 鈥渃arencia de testigos鈥. Schettini,聽C., 鈥淓xplora莽茫o鈥︹, op. cit., p. 64.
  9. Medeiros de Menezes, Lena, Os Indesej谩veis, p. 207. Para una discusi贸n sobre los procedimientos de un juicio de expulsi贸n en Brasil y su forma judicial, en contraste con el procedimiento adoptado en Argentina, cf. Schettini,聽C., 鈥淓xplora莽茫o…鈥, op. cit., y Albornoz, M. y Galeano, D., 鈥淓l momento Beastly: la polic铆a de Buenos Aires y la expulsi贸n de extranjeros (1896-1904), Astrolabio, 17, 2016.
  10. AN, Expulsi贸n de Max Buckener, IJJ7 – 143, 1907.
  11. AN, Expulsi贸n de Morris Muller, IJJ7 – 144, 1911.
  12. Para el caso de R铆o de Janeiro, al contrario de San Pablo, esa rotaci贸n parece haber disminuido en el trabajo tranviario a partir de 1905, cuando se estableci贸 el monopolio en el 谩rea del transporte urbano. Jo茫o Marcelo Pereira dos Santos, Energia el茅trica e poder pol铆tico. Trabalhadores da Light. S茫o Paulo, 1900-1935 San Pablo, Outras Express玫es, 2015, p. 51-52.
  13. Medeiros de Menezes, L., Os Indesej谩veis; p. 221 y ss.; Bonf谩, L., Com lei ou sem lei.
  14. AN, Expulsi贸n de Saul o Choel Flanser, IJJ7 – 146, 1917.
  15. La ocupaci贸n de comerciante, fuese como empleado en el comercio o negociante aut贸nomo, era vista con gran suspicacia por los contempor谩neos. Popinigis, F.,聽Proletarios de casaca: trabalhadores no comercio (Rio de Janeiro, 1850-1920), Campinas, Ed. da UNICAMP, 2007, cap. 1.
  16. M. Perrot, em 鈥淣a Franca da Belle 脡poque, os 鈥淎paches鈥, primeiros bandos de jovens鈥, Os Excluidos da Historia, R铆o de Janeiro, Paz e Terra, 1988, destaca el car谩cter territorializado de los apaches franceses; Kalifa, D., 鈥淎rqueologia do Apachismo: B谩rbaros e peles vermelhas no s茅culo XIX鈥, Projeto Historia, n. 40, 2010. Galeano analiza los usos de la expresi贸n entre las polic铆as argentina y brasile帽a en Galeano, D.,聽Criminosos viajantes, p. 254 y ss.
  17. AN, Expulsi贸n de Ram贸n L贸pez, IJJ7 – 150, 1908.
  18. R贸tulas era la denominaci贸n de las ventanas caracter铆sticas de estas casas en las que se concentraba la prostituci贸n del centro de la ciudad. Nuncio, S茫o Jorge y Concei莽茫o conformaban un conjunto de calles notorias por la concentraci贸n de prostitutas provenientes de la Europa Central. Schettini, C., 鈥淨ue Tenhas Teu Corpo鈥: uma historia social da prostitui莽茫o no Rio de Janeiro das primeiras d茅cadas republicanas, R铆o de Janeiro, Arquivo Nacional, 2006, cap. 1.
  19. AN, Expulsi贸n de Mauricio Goldran, IJJ7 – 144, 1912.
  20. AN, Expulsi贸n de Isaac Rotman, IJJ7 – 156, 1912.
  21. AN, Expulsi贸n de Jos茅 Zelicovitch, IJJ7 – 160,1910.
  22. AN, Expulsi贸n de Louis Leblanc, IJJ7 – 176, 1911.
  23. AN, Expulsi贸n de Adolfo Sumsi, IJJ7 – 129, 1911.
  24. A las 3:30 de una madrugada de 1913, 茅l intent贸 evitar que el espa帽ol Jos茅 Miguez entrara en busca de su amante Marcelle de Kellen, sin 茅xito. AN, Jos茅 Miguez, IJJ7 – 160, 1913.
  25. Los italianos due帽os de pensi贸n de artistas aparecen especialmente en las expulsiones de Arthur Van Der Est, IJJ7 – 128, 1912 y de Henrique Resta, IJJ7 – 154. Analic茅 los circuitos art铆sticos en los que se insertaban esas pensiones en Schettini,聽C., 鈥淪outh American Tours: work relations in the entertainment market in South America鈥, International Review of Social History, 57, Special Issue, 2012, pp. 129-160.
  26. AN, Expulsi贸n de Samuel Rosemberg, IJJ7 – 147, 1913.
  27. Sobre los juicios de proxenetismo, Schettini, C.,聽Que Tenhas Teu Corpo, cap. 1.
  28. AN, Expulsi贸n de Amadeo Bernardes, IJJ7 – 128, 1912.
  29. Schettini, C., 鈥淓xplora莽茫o鈥︹, op. cit.
  30. AN, Expulsi贸n de Alexandre Robinson, IJJ7 – 129, 1911.
  31. AN, Expulsi贸n de Pascoal Garzulo, IJJ7 – 149, 1914.
  32. AN, Expulsi贸n de Sim茫o Symplack, IJJ7 – 146, 1914. Para una interpretaci贸n de los casamientos en la religi贸n israelita como un recurso de las mujeres para lograr alguna movilidad (y no solo como una forma de enga帽o de proxenetas), Yarfitz, Mir,聽Polacos, White Slaves and Chuppahs: Organized Prostitution and the Jews of Buenos Aires, 1890-1939, Tesis de Doctorado, Los Angeles, University of California, 2012.
  33. Para una descripci贸n sobre Avellaneda como un lugar de concentraci贸n de acci贸n mafiosa y delictiva en el per铆odo, 鈥淎l margen de la ley鈥, Sherlock Holmes, 30 de enero de 1912. Caimari, L.,聽Mientras la ciudad duerme. Pistoleros, polic铆as y periodistas en Buenos Aires, Buenos Aires, Siglo XXI, 2012.
  34. Bristow, E., Prostitution and Prejudice. The Jewish Fight Against White Slavery, Oxford, Clarendon Press, 1982.
  35. Yarfitz, M., Polacos…, op. cit.; Kushnir, B., Baile de M谩scaras – mulheres judias e prostitui莽茫o: as polacas e suas associa莽玫es de ajuda m煤tua, R铆o de Janeiro, Imago, 1996.
  36. En otra oportunidad, analic茅 la historia de Norma Cohn, una polaca jud铆a que a comienzos del siglo XX fue identificada en una nota especial del Correio da Manh茫 como una gran negociadora con la polic铆a. Adem谩s, participaba de la direcci贸n de la Associa莽茫o Beneficente e Funeraria Israelita en R铆o de Janeiro. Schettini, C.,聽Que tenhas teu corpo, op. cit., cap. 2. En Buenos Aires se observa tambi茅n un temor de que la riqueza y la inversi贸n inmobiliaria se concentrara en las manos de los 鈥渢enebrosos israelitas鈥 (sic) y sus intereses comerciales. 鈥15.000 tenebrosos en Buenos Aires鈥, Sherlock Holmes, 25 de enero de 1912.
  37. AN, Expulsi贸n de Generoso D鈥橝mato, IJJ7 – 152, 1907.
  38. AN, Expulsi贸n de Antonio Martinez, IJJ7 – 130, 1907.
  39. AN, Expulsi贸n de Heyman Lichtenstein, IJJ7 – 154, 1910.
  40. AN, Expulsi贸n de Vicente Grassi, IJJ 7 – 140, 1913.
  41. AN, Expulsi贸n de Augusta Nudelman, IJJ 7- 131, 1907.
  42. AN, Expulsi贸n de Antoine Piouffle, IJJ7 – 129, 1908. Las citas de las cartas en castellano son traducciones m铆as.
  43. AN, Expulsi贸n de Lucien Lauthier, IJJ7 – 128, 1912.
  44. AN, Expulsi贸n de Ram贸n Bouzada, IJJ7 – 150, 1915.
  45. AN, Expulsi贸n de Sender Niedzvedsky, IJJ7 – 146, 1920.


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