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Introducción

El presente libro es el fruto de los diálogos y debates llevados adelante por un grupo de historiadores del trabajo pertenecientes a diversas universidades argentinas y brasileñas a lo largo de la última década. Si bien las reuniones formales bajo el título “Red de Historia Social y Cultural del Mundo del Trabajo en Brasil y Argentina” (Redhisoc) comenzaron en 2010, existía un vínculo informal establecido a partir de la común afinidad sobre las formas de estudiar y analizar el complejo mundo de los trabajadores. Este libro recoge el resultado de cinco talleres organizados para discutir nuestras investigaciones en curso y pensar perspectivas futuras de intercambio.[1] A través de un ejercicio de acercamiento y desfamiliarización de nuestros supuestos, buscamos poner de relieve los caminos posibles para integrar los mundos del trabajo de ambos países en sus múltiples dimensiones, a la luz de recorridos historiográficos distintos. Este volumen registra el impacto de estos diálogos en nuestras investigaciones.

Un proyecto de este tipo podría asociarse a los estudios globales y transnacionales abocados a conectar fluidamente diversas experiencias nacionales. Sin embargo en nuestro caso las causas del encuentro y la conformación del grupo de trabajo no se vinculan a ello y tampoco a un afán de hacer historia comparativa. En realidad, nuestro diálogo lleva la marca de una inspiración primordial en torno a la lectura de la obra de Edward P. Thompson y los debates que suscitaron su interpretación de los sentidos del concepto de clase obrera y la importancia del análisis cultural para comprender los procesos de formación de las clases sociales y el conflicto de clases.[2] Nuestros intercambios de ideas siempre estuvieron teñidos por una común apreciación de la historiografía thompsoniana así como a la adhesión a los rigores empíricos de la historia social que nos había formado. Fue así que nos conocimos, descubrimos afinidades en seminarios y congresos, nos leímos y decidimos conformarnos como grupo de trabajo.

Esta inspiración compartida nos permitió construir un campo de interés y semántico también compartidos. En tanto historiadores e historiadoras sociales del trabajo, nos interesaban y nos interesan las preguntas acerca de la experiencia social, las desigualdades, los procesos de trabajo, la cultura de los trabajadores y las izquierdas. En nuestras investigaciones, transitamos por campos temáticos y por períodos históricos en común, construidos en diálogo con narrativas de la historia laboral producidas en perspectiva nacional: el anarquismo, el socialismo, los populismos, el componente racial en la formación de las clases, las dimensiones cotidianas de la experiencia de clase, las experiencias huelguísticas, las prácticas asociativas y electorales y las políticas laborales, cruzados todos ellos por las marcas del género.

Si el reconocimiento de intereses comunes fue un condimento indispensable para convertirnos en un grupo de trabajo, las peculiaridades nacionales significaban un desafío complejo a resolver, y a la vez se trataba también de un atractivo puesto que era precisamente en la diferencia en donde el encuentro podía ser más productivo. Estábamos sin duda frente una cuestión compleja pues formamos parte de un continente en el cual las tradiciones historiográficas nacionales estuvieron poco atentas a entablar intercambios y diálogos sostenidos con otras experiencias históricas latinoamericanas. Por eso, el reconocimiento de que debíamos superar el desconocimiento y la ignorancia que teníamos del otro a pesar de la cercanía física de ambos países se convirtió en un desafío crucial. Se trataba, entonces, de comprender los significados peculiares y propios de categorías de análisis y campos conceptuales empleados por todos. Para eso, era fundamental empezar a preguntarnos sobre los acuerdos y desacuerdos así como sobre los puntos de confluencia y de disparidad entre nuestras narrativas historiográficas y procesos históricos.

A partir de este desafío, en cada encuentro fuimos desarrollando una serie de reflexiones suscitadas a partir de la confrontación entre las narrativas de la historia del trabajo en la que nos habíamos formado y por las que transitamos. Algunas de estas reflexiones se convirtieron en debates recurrentes en los que se entrecruzaban diversas perspectivas y líneas de reflexión dentro de la historia del trabajo: sobre el género, sobre mercados de trabajo, sobre procesos de racialización, sobre política y ciudadanía, sobre sociabilidad, sobre encuentros culturales. De alguna manera los artículos reunidos en este volumen intentan expresar perspectivas explícitamente situadas que exploran las intersecciones entre estos campos de debates a través del abordaje de problemas históricos delimitados.

Algunos de estos nudos ganaron mayor importancia en los encuentros realizados, y por esa razón también sirvieron para organizar la disposición de los artículos. Un primer nudo temático se refiere a las diversas formas de trabajo libres y no libres y su conexión con formas de racialización y la emergencia del racismo. Se trata de campos temáticos cuyo tratamiento ha sido notablemente dispar en las producciones académicas de Argentina y Brasil. El debate sobre la esclavitud ha sido la marca de la renovación de la historia social brasileña a partir de la década de 1980, y se volvió fundamental para entender la cultura política y la configuración de la ciudadanía en Brasil, aunque no de la manera lineal y unívoca imaginada por muchos pensadores del siglo XX. En la Argentina la situación es diferente y los historiadores recién han comenzado a preguntarse sobre el tránsito entre relaciones esclavistas y “libres”, sus impactos en términos de status legales, ciudadanía, derechos y construcción de identidades colectivas entre los siglos XVIII y XIX. El diálogo entablado entre nosotros ha permitido sugerir la necesidad de ampliar y diversificar las reflexiones sobre los procesos históricos de racialización en el campo de la historia del trabajo.

Los artículos de Mirta Lobato y de Fabiane Popinigis expresan con claridad esas potencialidades analíticas. Lobato nos muestra cómo los espacios de trabajo de la industria de la carne en Buenos Aires fueron atravesados por sentidos cambiantes de violencia, capacidades físicas, suciedad y muerte entre los siglos XIX y XX. La perspectiva de género le permite relacionar la construcción de estos espacios de trabajo con la invisibilización del trabajo femenino y del trabajo racialmente marcado en este proceso. De esta forma, espacio y género confluyen para iluminar la conformación histórica de un mundo del trabajo registrado en múltiples imágenes y relatos. Lobato nos guía entre luces y sombras con la intención de interpelar los sentidos comunes historiográficos subyacentes en el clásico tema de la “división sexual del trabajo”. Popinigis, por su parte, también observa las marcas de una presencia femenina que luego terminaría borrada de las narrativas historiográficas y relegada al registro de lo pintoresco. En este caso, el foco recae sobre el trabajo de las mujeres esclavas y libres en la comercialización de productos alimenticios en el Desterro, actual Florianópolis. Sus estrategias económicas y políticas, registradas en peticiones de licencia para vender en el mercado, en censos, en listas de pago de impuestos y en las preocupaciones de los políticos, nos permiten hallar las claves para seguir repensando los marcos discursivos en los que se construyó el hito historiográfico de la “formación de mercado de trabajo libre” en Brasil. Gracias a sus trayectorias de vida, se vuelven ineludibles las dimensiones de género y el racismo que se cruzan en esta y otras interpretaciones historiográficas. Las historias de las vendedoras negras en los espacios urbanos son una parte crucial de la historia de la imbricación entre formas de explotación del trabajo y su contracara, la lucha por el control de la fuerza del trabajo.

Las historias contadas por Lobato y Popinigis transcurren en mundos absolutamente distintos pero que existieron en un mismo tiempo. Ambas nos muestran que, tanto en el sur de Brasil como en el Río de la Plata, las disputas en torno a la organización de los trabajos de producción y comercialización de alimentos guardan algunas preciosas pistas. Si las seguimos de cerca, podremos observar con una mirada diferente la construcción de una clase obrera masculina y blanca en nuestras historias del trabajo. Sus artículos participan de un movimiento en el que cada vez más los historiadores en ambos países vienen haciendo suyas las preguntas que toman al género para desnaturalizar muchas de las periodizaciones e incluso las formas habituales de conceptualizar a la clase trabajadora.

Los procesos de renovación de la historia política y sus diferentes impactos en las reflexiones de los participantes del grupo conformaron otro importante nudo en el cruce entre la historia política y la historia social. El ejercicio de contraste entre producciones historiográficas de las últimas décadas en cada país puso de relieve las consecuencias del desarrollo de una historia social que, al privilegiar, quizá de manera excesiva, “la historia desde abajo” descuidó las conexiones entre el mundo de los trabajadores y la esfera de la política en Brasil. La mayor parte de los artículos aquí reunidos se concentran en el siglo XX, por lo que resultan recurrentes las temáticas de la creación de identidades colectivas, las relaciones con el mundo de la política y las diferentes formas de interpelar al Estado. En estos rubros, observamos que, más allá de nuestras diferencias, participábamos todos de una tendencia de cuestionamiento de los sentidos comunes locales (nacionales) sobre los procesos de exclusión y de incorporación de los trabajadores en la vida política y su periodización en cada caso.

Otro nudo relacionado con estos debates surgió a partir de las historias específicas de los usos del adjetivo “popular” en las categorías de análisis empleadas por cada uno de nosotros. La necesidad de explicitar nuestros supuestos a oídos extranjeros nos llevó a reconocer los sentidos productivos de la tarea de tener que respondernos preguntas inusitadas, extemporáneas en el mejor sentido posible, ya que también eran preguntas dispuestas a aceptar los términos y la lógica de nuestros propios problemas de investigación. Se tornaba evidente que el ejercicio de este desafiante diálogo nos estimulaba a una reflexión crítica sobre nuestros puntos de partida. Además, nos encontramos con la historicidad compartida de nuestros saberes históricos pues, de diferentes formas, heredamos un campo de preguntas formuladas por historiadores durante la década de 1980 bajo inspiraciones thompsonianas y en el medio de procesos de apertura democrática. En el transcurso de cuestionar paradigmas estructuralistas, plagados de determinaciones económicas y políticas, esas comunidades abrieron diferentes caminos para el abordaje interesado en la agencia histórica y en la indeterminación del proceso histórico.

Precisamente, los usos del adjetivo “popular” se inscriben en esta coyuntura y expresan una indagación sobre las identidades colectivas y sus connotaciones políticas. Tal como nos explica Leonardo Pereira en su artículo sobre el asociacionismo de trabajadores en torno al carnaval en el Río de Janeiro de la primera república, la idea de “cultura popular” fue ampliamente usada en la historia social brasileña dedicada a comienzos del siglo XX para describir el interés de los historiadores sobre las prácticas culturales del mundo del trabajo. La pregunta sobre la lógica propia de los trabajadores dio lugar a relatos de tonos heroicos de una resistencia popular a imposiciones disciplinarias, pero también impulsó estudios sobre los cruces y matices entre identidades de clase, étnicas y nacionales en la experiencia social de diferentes grupos de trabajadores.

A su vez, en el caso argentino, los prolíficos campos de los estudios migratorios y del asociacionismo informaron las preguntas de diversos historiadores e historiadoras argentinas a partir de la década de 1980 sobre la experiencia étnica, nacional y de clase. Uno de sus diversos resultados fue la conformación de la noción de “sectores populares”. Además de evitar determinismos, se buscaba reconocer el rol de la movilidad social y de formular indagaciones sobre la participación política y sobre la cultura de masas en la experiencia de los trabajadores. Un primer intento de periodización, que registraba el paso de una identidad contestataria a una cultura cívica reformista, fue dando lugar a una explosión de preguntas que tendían a alejarse de la teleología que implicaba la ubicación del peronismo al final del relato. Esas preguntas se traducían en investigaciones que apuntaban a complejizar el período inicial del peronismo en Argentina y la llamada “república populista” en Brasil, tal como explica Paulo Fontes en su artículo. Al mismo tiempo, otras investigaciones también apuntaban a la matización y complejidad de los procesos históricos de las primeras décadas del siglo XX.

Las especificidades brasileñas y argentinas de los sentidos de los campos conceptuales referidos a lo “popular” son muchas, y nos alertan contra cualquier intento simplificador de buscar correlaciones y equivalencias. Sin embargo, en ambos casos estos usos son parte de la emergencia de tendencias de la historia social y política que se interrogan sobre la agencia de múltiples sectores sociales, sobre la indeterminación de los procesos históricos, y sobre el lugar del conflicto de clase en sociedades en las que ocurren complejos procesos de urbanización. Las respuestas y los procesos históricos evidentemente son distintos; pero las estrategias y desafíos metodológicos e historiográficos pueden ser puestos en productivos diálogos y contrastes.

Uno de los resultados posibles de estas indagaciones más generales puede ser observado en el análisis de Leonardo Pereira sobre los sentidos de las disputas entre dos asociaciones de carnaval en el Río de Janeiro en 1902. A partir de este caso, su análisis aporta al conocimiento de los lazos y rivalidades que dotaban de identidades colectivas a los trabajadores en el Río de Janeiro de los primeros años republicanos. Lejos de ser un punto en un recorrido hacia la identidad de clase o a una pérdida de autonomía, el asociacionismo recreativo es un prisma para observar la compleja multiplicidad de la experiencia obrera. Cuando las fiestas y las peleas son tomadas como encuentros culturales, la identidad de clase no puede ser separada de identificaciones raciales y sentimientos de pertenencia nacional. Que la historiografía brasileña las haya tratado de forma separada, en rubros historiográficos distintos, el de la cultura obrera y el de la cultura popular, no cambia el hecho de que en la experiencia histórica ellas siempre estuvieron integradas. El artículo explora dimensiones constitutivas de la experiencia muchas veces ignorada por parte de observadores externos. Esos mismos observadores, secundados por la historiografía política, también tardaron en encontrar indicios de la participación política de los trabajadores en la primera república. En el artículo de Pereira, se vuelve evidente que aparentes disputas pueriles carnavalescas tenían mucho de política.

Por su parte, los artículos de Claudio Batalha y Silvana Palermo nos invitan a revisitar el ámbito de la política formal para reconsiderar diagnósticos de exclusión y subordinación política. Sus reflexiones testimonian los desafíos comunes enfrentados por una historia social que se interroga por la política: ambos discuten las periodizaciones tradicionales y las interpretaciones historiográficas subyacentes sobre las formas de exclusión/inclusión de los trabajadores en los procesos electorales. Para eso, despliegan sus investigaciones alrededor de una pregunta que organiza sus argumentos centrados en los sentidos sociales de la legislación electoral. Para Batalha, el punto de partida es la ley Saraiva de 1881 y las que la siguieron en el comienzo del período republicano; para Palermo, es la ley Sáenz Peña de 1912 con su consabido peso historiográfico. En cada artículo, se desarrollan estrategias distintas para insertar a la legislación, tomada no tanto como un marco normativo que se abate sobre la realidad social, sino como un enigma que demanda la construcción de contextos sociales apropiados para descifrarlo.

Claudio Batalha, por su parte, analiza los cambios producidos en torno del derecho al sufragio en Brasil frente a la idea largamente instalada de un sistema excluyente, cuya característica principal ha sido el fraude hasta la década de 1930. El contraste planteado con la periodización argentina refuerza aún más la percepción de la persistente exclusión política en el caso brasileño. Sin embargo, la comparación entre marcos normativos no alcanza a dar cuenta de la complejidad del proceso histórico local. Es por eso que Batalha construye un contexto sumamente matizado y complejo para profundizar la comprensión del surgimiento de las candidaturas obreras o candidatos pasibles de recibir apoyo obrero en un sistema tan expulsivo. Si el reconocimiento del fraude como organizador del sistema era generalizado, también formaban parte de este panorama los obstinados intentos de algunos dirigentes por participar y reformarlo.

A su vez, Silvana Palermo analiza el impacto generado por la ley electoral sancionada en 1912 en el contexto de las celebraciones obreras en torno a la gran huelga ferroviaria de 1917. Como ocurre en el artículo de Pereira, en este trabajo la fiesta también se vuelve una ocasión estratégica para explorar los múltiples sentimientos de pertenencia que atraviesan la experiencia obrera. Además, en el contexto posterior a las elecciones de 1916, tanto la huelga como los festejos registran un desconocido encuentro entre los trabajadores, los dirigentes, los militantes e incluso las autoridades públicas. Los artículos de Batalha y Palermo apuestan por las potencialidades de un enfoque que se interroga en forma más detenida sobre los comportamientos y lealtades electorales de los trabajadores, sin duda una pregunta válida en contextos tan dispares como el brasileño y el argentino.

También la cuestión nacional se convierte en una variable ineludible para el análisis de la conformación de identidades colectivas y políticas. De formas bien distintas, las contribuciones de Enrique Mases y Cristiana Schettini interpelan de una manera más directa a la nación en sus límites. Para delinear un panorama de largo plazo de la construcción de la “cuestión indígena” en la Argentina desde fines del siglo XIX hasta el peronismo, Mases aborda el tema del trabajo como una lente privilegiada para organizar las cambiantes configuraciones de los derechos políticos, las jerarquizaciones raciales y la identidad nacional. La figura del indígena, tal como fue construida por las voces de una multiplicidad de sujetos políticos y estatales en este largo período, funciona como una suerte de parámetro que apunta a marcar los límites de las construcciones discursivas inclusivas. Pero no se trata de un problema retórico: en cada momento estas múltiples configuraciones se traducían en consecuencias concretas en términos de acceso a la propiedad y reconocimiento de derechos. De acuerdo con Mases, el ascenso del peronismo constituye un claro quiebre, al extender los contornos del paradigma del trabajador y por lo tanto de la ciudadanía.

En un artículo también ubicado en los márgenes de la nación y con el claro objeto de discutir las nociones contemporáneas de trabajo, Schettini rastrea las trayectorias de hombres y mujeres pobres que circulaban entre Buenos Aires y Río de Janeiro y eran registrados como sujetos “indeseables” en las mallas de los controles y la vigilancia portuaria. Precisamente, la cuestión de la vigilancia ilumina otros caminos como los de la producción, la acumulación y la circulación del dinero ganado por las prostitutas. Seguir el recorrido de este dinero nos acerca a una multiplicidad de acuerdos en los que trabajo, afecto y decisiones económicas confluían en las complejas experiencias vinculadas a la prostitución. Nuevamente, los marcos normativos, tales como las legislaciones locales y nacionales son indagados en sus dimensiones sociales, propiciando usos y resultados imprevistos. Entre otros, se destacan las formas en que era usada la ley de expulsión brasileña por parte de mujeres que acusaban a sus parejas de explotación sexual. En este caso, el recorte nacional es claramente insuficiente para el abordaje de una experiencia social que se caracteriza por el tránsito por fronteras, no sólo nacionales, sino también morales y legales.

En ambos textos, se torna evidente que la perspectiva de la exclusión –espacial, social, política– no alcanza para describir esas experiencias históricas particulares pues no pueden dar cuenta de la diversidad de complejidades de las relaciones sociales y las experiencias de vidas que se despliegan en esos inestables y lábiles márgenes de la legalidad, la ciudadanía, y la nacionalidad. Además, problemas de investigación que no suelen ser interrogados como parte de la historia del trabajo, como la ciudadanía indígena o la experiencia de la prostitución internacional resultan útiles para los debates actuales que cuestionan los límites conceptuales de la propia noción de trabajo.

El trabajo de Paulo Fontes recorre y amplía algunas de las cuestiones planteadas hasta acá. Por un lado, su foco sobre las prácticas asociativas de los trabajadores en la industrial ciudad de San Pablo a mediados del siglo XX dialoga directamente con el abordaje de Leonardo Pereira. A la vez, su análisis sobre las conexiones entre las prácticas asociativas y la vida política recupera algunos de los problemas formulados en los trabajos de Batalha y Palermo. Como en todos estos abordajes, Fontes encara los límites establecidos entre universos obreros y populares, y entre dimensiones políticas más contestatarias y más conformistas en relación con la experiencia de los trabajadores de San Pablo. Al analizar la emergencia de nuevas formas de asociacionismo popular territorializado en esa ciudad durante los años cuarenta, demarca un impulso renovador de una nueva generación de historiadores argentinos y brasileños acerca de los períodos denominados populistas. Al descartar explicaciones fundadas en una ruptura tajante entre una nueva cultura política que tiende a reemplazar las experiencias políticas previas, estos historiadores empezaron a indagar sobre la relación entre trabajadores, autoridades, políticos y sus prácticas asociativas. Su análisis de la Sociedad Amigos del Barrio durante la intendencia de Jânio Quadros revela un discurso fuertemente asociativo y reivindicatorio que entablaba delicadas negociaciones en torno a diversos derechos a la ciudad.

Es también en función de la compleja relación entre los trabajadores y el Estado que Juan Suriano y Fernando Teixeira elaboraron sus contribuciones, conformando el último nudo de nuestros debates. Mientras el primero lo hace desde una perspectiva que privilegia la forma en que los propios trabajadores construyeron sus instituciones representativas, estructuraron sus demandas y modelaron la palabra obrera a partir de su diálogo/enfrentamiento con los empresarios y el Estado, el segundo encara esa relación en franca polémica con la historiografía laboral brasileña, al desmentir el supuesto que establece que la relación entre trabajadores y justicia laboral perpetuaba la dominación de clase para, invirtiendo los términos, plantear que los trabajadores recurrieron frecuentemente a la justicia laboral para volcarla hacia sus propios intereses.

Juan Suriano aborda la reconstrucción del lenguaje de derechos obreros realizada por los mismos protagonistas a través de sus asociaciones representativas (sociedades de resistencia, sindicatos), de su prensa escrita y de sus representaciones políticas e ideológicas como el anarquismo, el socialismo, el sindicalismo revolucionario, y el comunismo en Argentina entre el momento inicial de la formación de la clase obrera y la llegada del peronismo. Para ello se formula una serie de preguntas con el objeto de comprender el significado atribuido por los trabajadores y sus representantes al derecho obrero: ¿Cómo se estructuró la palabra obrera en torno a sus derechos? ¿Cuándo comenzó a esbozarse esta preocupación? ¿Qué tradiciones modelaron su sentido del derecho? ¿Cuáles tendencias ideológicas la modelaron? ¿Qué diferencias las separaban? ¿Qué sentido se le atribuía al derecho y la justicia? ¿Cuál era el rol asignado al Estado y cómo lo interpelaban? ¿De qué forma reclamaban? A partir de estos interrogantes la investigación demuestra cómo se fue transformando el sentido atribuido al derecho obrero y cómo el rol asignado por el Estado y la cuestión nacional fueron moldeando las demandas obreras e incorporadas a su lenguaje de modo que, sin modificar la base de sus reclamos, reconocía ahora la relación irreversible entre movimiento obrero y Estado.

La contribución de Fernando Teixeira profundiza las potencialidades analíticas que la historia social del trabajo nacida de las renovaciones historiográficas en la década de 1980 aporta para una reevaluación de nuestras narrativas nacionales. Su análisis de las contiendas entre capital y trabajo llevadas a la justicia laboral brasileña en la coyuntura de 1963/1964 recupera diferentes dimensiones vinculadas a la agenda de la historia social de las últimas décadas. Entre otras, se destaca su discusión de la aparente oposición entre huelga y negociación legal y judicial de los derechos laborales. Para los trabajadores brasileños, el entramado corporativista no impidió que la ley siguiera siendo una arena, de las más importantes, de la lucha de clases. Además, al identificar y describir la lógica del accionar de la clase trabajadora brasileña en aquella coyuntura, Teixeira discute las explicaciones históricas más consolidadas del golpe militar de 1964 que, aun cuando resultan divergentes, no dudan en atribuir a los trabajadores y a las izquierdas la responsabilidad de la ruptura institucional. Su interpretación no sólo muestra la lógica política del accionar de los trabajadores, también nos permite vislumbrar que muchas de las rupturas habituales en nuestras periodizaciones nacionales son resultado de procesos históricos conflictivos cuyos contenidos son poco conocidos.

Los encuentros realizados demostraron fehacientemente que los obstáculos con que nos encontramos no se limitaban sólo a los problemas derivados del nacionalismo historiográfico o metodológico. Se trataba también de realizar un esfuerzo más amplio para explicitar las líneas historiográficas que nos formaron y nos cruzaron en nuestro quehacer cotidiano como historiadores y que fueron alimentando las preguntas de investigación que individualmente nos habíamos formulado. Esas historias personales movilizaron muchas identificaciones, no sólo aquellas en torno a nuestras identidades nacionales como argentinos y brasileños, sino también en clave de muchas otras experiencias, algunas de ellas compartidas, otras no. Si la preocupación sobre la cuestión del género y del racismo registra inevitablemente otras identidades posibles, el lugar del Estado o de las relaciones culturales en cada investigación también nos sugirieron formas diversas de hacer historia social del trabajo.

Creemos que la experiencia de la Redhisoc se constituye en un primer paso fundamental para encarar en el futuro inmediato un trabajo colaborativo productivo y de calidad, así como también para enfrentar los desafíos de la enseñanza y la investigación en el campo de la historia latinoamericana a partir de la práctica de la historia social del trabajo. Ambas dimensiones –la de sentar las bases para trabajos colaborativos rigurosos y la de contribuir a la producción de material didáctico en el campo de la historia latinoamericana– se volvieron los objetivos que orientaron la propuesta y ejecución de este texto.

Por todo ello, el presente libro no busca establecer correlaciones o comparaciones entre procesos históricos. Nuestra intención es conectar temas de investigación vinculados al mundo del trabajo de ambos países a partir de ciertas afinidades teórico metodológicas y reflexionar sobre los mismos, con el objeto de conformar ejes que organicen nuestros ejercicios de investigación individuales y nuestros intentos por articular respuestas diversas a problemas comunes que enfrenta actualmente la historia del trabajo. Es en este sentido que la compilación busca registrar formalmente los resultados de estas reflexiones colectivas, realizadas a partir de recorridos individuales de investigación y, a la vez, estimular la formación de nuevos investigadores interesados en entrenarse en la historia social y cultural del trabajo con una perspectiva consciente y crítica del nacionalismo historiográfico. Si además logramos identificar las conexiones y los procesos históricos comunes, podemos decir que se ha tratado de un efecto colateral absolutamente bienvenido que merece profundizarse en el futuro.

Los artículos reunidos en este volumen son diversos en términos temporales y temáticos, pero guardan una perspectiva en común. Esta tiende a privilegiar la materialidad de las relaciones sociales en la constitución del pasado a ser estudiado y considera, además, cruciales a los conflictos sociales para la comprensión de los procesos históricos. En este sentido, estos trabajos se abocan al análisis de la articulación de identidades sociales, en particular las identidades de clase, atravesadas por jerarquías y solidaridades culturales, como las de género, raciales, generacionales, nacionales y regionales, entre otras. En cada uno de los artículos, se registran ejercicios que buscan articular las dimensiones culturales, sociales, políticas y asociativas que fueron conformando las experiencias sociales de las y los trabajadores que vivieron en ambos países entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX.

Finalmente, queremos agradecer a las agencias de financiamiento argentinas y brasileñas y a las universidades involucradas que propiciaron las condiciones materiales de nuestros encuentros.[3] Sabíamos que estábamos siendo beneficiados por un momento de incremento de la inversión en la producción del conocimiento social, pero no sabíamos lo poco que iba a durar. El momento de expansión, así como el de retracción que se le siguió, tuvo, en sintonía con lo que pasa con nuestros temas de estudio, características distintas y desiguales en cada país. Frente a esas circunstancias, fue la convicción en la potencia del trabajo colaborativo, sumada a grandes dosis de solidaridad, paciencia y disposición al diálogo lo que permitió que esta experiencia se sostuviera y se desarrollara hasta este resultado.


  1. El primer taller se realizó en Buenos Aires en la Universidad de San Martín (UNSAM) en octubre de 2010, el segundo en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC) en noviembre de 2011, el tercero en la UNSAM en abril de 2013, el cuarto en la Universidad Estadual de Campinas en marzo de 2015 y el quinto en la UNSAM en septiembre del mismo año.
  2. Algunos de los participantes del grupo han publicado reflexiones sobre el impacto de la obra de Thompson en sus propias trayectorias individuales y colectivas. Entre otros, Popinigis, Fabiane, “E. P. Thompson e a experiência da classe trabalhadora”, Henrique Amorim y Jair Silva (org.), Classes e luta de classes. San Pablo, Annablume, 2015, pp.161-176; Lobato, Mirta Zaida, “Mi lectura de la ‘Formación de la clase obrera en Inglaterra’ de Edward Palmer Thompson”, Revista Mundos do Trabalho, vol. 5, n. 10, 2013, pp. 37-51; Fontes, Paulo; Negro, Antonio y Fortes, Alexandre, “As peculiaridades de E. P. Thompson”, en: Antonio Luigi Negro y Sergio Silva (org.), E. P. Thompson: as peculiaridades dos ingleses e outros ensaios, Campinas: Ed. da UNICAMP, 2001, pp. 21-57; de Miranda Pereira, Leonardo Affonso, “Os románticos”, Cadernos Arquivo Edgard Leuenroth, vol. 11, 2004, pp. 301-311.
  3. FAPERJ – Fundação de Amparo e Pesquisa do Estado do Rio de Janeiro; Fundação de Amparo e Pesquisa do Estado de São Paulo (Proceso N° 2013/21979-5); Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica; Programa Redes de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación; Universidad Nacional de San Martín; Universidad Nacional de General Sarmiento.


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