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Ampliar las posibilidades del yo

Las máscaras de Olga Orozco
en la revista Claudia

Marisa Negri[1]

Claudia, su revista amiga

Abril, el proyecto editorial de César Civita, exiliado en Buenos Aires debido a las políticas fascistas, renovó el mercado editorial con revistas como Panorama y Claudia. Esta última apareció por primera vez en 1953. Estaba destinada a la mujer moderna, culta, de cierto nivel adquisitivo. Era una publicación de gran formato y más de 200 páginas, muchas de ellas a color, con un extenso dossier de moda que reflejaba las últimas tendencias en Europa y Estados Unidos. Claudia apareció en el mercado argentino con una propuesta más moderada en su contenido feminista que las revistas europeas (Piñeiro 2006), ya que debía adaptarse al público local, muy ligado a los roles tradicionales y a la influencia eclesiástica, pero de todos modos estaba inmersa en el ambiente innovador de la época.

La redacción de Abril, inaugurada en 1967 se ubicaba a pasos del Instituto Di Tella. Cantantes, músicos y modelos se autoproclamaban “peronistas revolucionarios” y se encontraban en el café de la esquina con periodistas, escritores y artistas (Scarzanella 2016). Ese clima, marcado por las vanguardias y la efervescencia social, se puede percibir en muchas de las notas de la revista[2].

En diciembre de 1963 aparece el primer artículo de Olga Orozco, “Trece catástrofes de Navidad”, firmado por Elena Prado. La narradora enumera algunos imprevistos que pueden acontecer en las reuniones de fin de año y propone soluciones pragmáticas e ingeniosas para las anfitrionas en apuros. Inaugura así el primero de sus heterónimos, una especie de “hada buena” de las amas de casa que siempre tendrá una solución y la capacidad de hacer ver los problemas como simples inconvenientes fáciles de resolver. Al mes siguiente, se inaugura la sección “Usted pregunta”, a cargo de Valeria Guzmán. La sección irá creciendo y profundizando sus intervenciones, pasará de ser una agenda de direcciones útiles al consultorio sentimental esperado con ansias por las lectoras en cada entrega.

En poco menos de un año, Orozco con sus diferentes seudónimos ocupará un espacio destacado en la revista y coordinará desde la redacción general a su polifónica troupe de columnistas. En septiembre de 1964, aparece un artículo firmado por Olga Orozco y en octubre sus primeros seudónimos masculinos; Stefen Keller, un fugaz alter ego que desarrolla pesquisas sobre la nobleza que reside en Buenos Aires o las bodas más famosas de la historia y Sergio Medina que abarcará un amplio radio de intereses desde las mujeres buscadoras de perlas hasta la aparición de la televisión color. Orozco dota a cada una de las voces de características propias y encuentra el lugar propicio en Claudia para desarrollar un amplio registro de temas que expone con erudición y elegancia.

Pero, por más que amemos el consultorio sentimental de Valeria Guzmán, tan parecido a los consejos que solía dar Orozco a quienes tuvimos la dicha de compartir tardes de té en su departamento de la calle Arenales, será Valentine Charpentier su creación preferida, así lo revela en diálogo con Gloria Alcorta y Antonio Requeni (Orozco 1997). Valentine hará su aparición con una extraordinaria investigación biográfica sobre Madame Curie en abril de 1965. El rescate de personajes femeninos será una constante de este perfil que, según Orozco, “ponía piel de gallina” a su jefa de redacción, Paola Ravenna (Iaccarino 2009).

Amparada por la multiplicidad de nombres tras su identidad, la figura de Orozco domina el tono de la revista, aparece como jefa de redacción y sus seudónimos proliferan en el índice de Claudia. En 1965 reemplaza a Hernán Saavedra en la sección “Libros”. Martín Yanez será entonces quien devele un nutrido sistema de lecturas junto con algunas presencias insoslayables de la época como Silvina Bullrich o Martha Lynch. Durante ese año hará su aparición también Richard Reiner, especialista en asuntos esotéricos que desvelará a las lectoras con sus informes sobre el sexto sentido, las casas abandonadas habitadas por fantasmas u otros fenómenos paranormales. En marzo de 1966, exactamente diez años antes de la dictadura cívico militar que asoló a la Argentina, Orozco firmará su nota “La humanidad futura ¿azar o elección?” con el seudónimo de Jorge Videla. Carlota Ezcurra tendrá un breve desempeño en los setenta ocupándose de las notas frívolas, al igual que Bruno Dauno y Georges Reyer.

La idea de que somos fragmentos dispersos, máscaras que aspiran a la unidad, es una constante en la obra de Orozco, así lo plantea en “Desdoblamiento en máscara de todos”:

Desde adentro de todos no hay más que una morada bajo un friso de máscaras; desde adentro de todos hay una sola efigie

que fue inscripta en el revés del alma;

desde adentro de todos cada historia sucede en todas partes (Los juegos peligrosos, en PC 155)

También en “Juegos a cara o cruz”, uno de los relatos incluidos en La oscuridad es otro sol (1967) devela que ya desde la infancia hay una insistencia en “ser otra”:

Desde los almácigos de las ideas fijas, o más bien desde el sótano de las pasadas encarnaciones –que salen a la superficie cuando la encarnación actual rompe sus aguas, es decir cuando se produce la ruptura del yo–, surgía entonces un nombre, otro nombre, tan insistente como el anterior […]

Lía, la protagonista de los relatos de infancia orozquianos se prueba sus otros nombres: Matrika Doléesa, Griska Soledama, Darmantara Sarolam[3]; en un procedimiento que la poeta, afín a los anagramas y a los juegos de palabras, repetirá para crear sus heterónimos. Intentaremos en este artículo dar cuenta de los más recurrentes y esbozar sus posicionamientos en defensa de las mujeres.

El consultorio feminista de Valeria Guzmán

En el ejemplar n.º 72 de Claudia, de mayo de 1963, aparece por primera vez la sección “Usted pregunta”. Desde la redacción de la revista se les propone a las lectoras:

Salga de dudas. Claudia con su equipo de expertos en moda, belleza, medicina, decoración, psicología, gastronomía, cuestiones jurídicas y familiares, resolverá su problema con un consejo práctico y desinteresado[4].

Las lectoras aceptan el desafío y número tras número plantean al equipo de redacción las más diversas cuestiones: ¿cómo puedo cambiar el color de mis ojos? ¿Dónde debo estudiar para ser azafata? ¿Cómo saber si el novio de mi hija es el adecuado? Las consultas se responden con un estilo sencillo y no exento de humor.

La paz sea con todos

¿Es verdad que los animales hablan? ¿Hay algún libro donde se haga constar su lenguaje y, en ese caso, sería difícil de aprender?

Julia (Capital Federal)

Es un poco difícil lo que usted se propone, pues los animales “hablan” de acuerdo con la gente del país donde habitan: por ejemplo, el gato entre nosotros dice “miau”, pero en Francia dice “miaou”, en Inglaterra “mew” y en Indochina “meo”; en tanto que nuestros gallos, todo el mundo sabe que dicen “kikiriki”, pero los gallos galos dicen “kirikiki” y los ingleses son un poquito más complicados, ya que dicen “cock a dodle doo”. Y… “mintin” que entre las jirafas quiere decir: “Usted lo pase bien, señora”[5].

Adriana Civita, redactora estrella de la empresa familiar es quien está a cargo de esta sección que pasará luego a manos de Olga Orozco: primero, sin firma, y luego, como Valeria Guzmán. Orozco retomará el tono humorístico de Adriana, pero profundizará en los temas vinculares alentando a las lectoras para que indaguen en sus propios deseos y rompan con el molde impuesto por el rol tradicional de la mujer en la sociedad. ¿Por qué Olga Orozco ensaya anónimamente este diálogo con las lectoras tan alejado de su perfil “serio” de reconocida poeta argentina? ¿Son reales las consultas recibidas o son parte de un juego literario que animará al público a escribir para encontrar en el próximo número alguna respuesta a su carta? La sección que, en un principio, ocupa una sola columna, pasa en breve a ocupar toda la página. Veamos, por ejemplo, cómo se posiciona en contra de los prejuicios de una madre en este caso:

Cabezas y sonidos

Soy una mujer chapada a la antigua. Tengo una hija de dieciocho años, de la que no tengo nada que decir: es seria, formal, estudiosa, inteligente. Pero últimamente sale con un muchacho de pelo largo que toca la guitarra y usa ropas de carnaval. Tengo de él los mejores informes en cuanto a moral y capacidad, pero esta situación me molesta. No le he dicho nada a mi hija para no empeorar las cosas, pero estoy muy mortificada, etcétera, etcétera.

Gabriela (Capital)

 

Usted no mira hacia adelante, sino hacia atrás. Y bien, muy bien: nuestros bisabuelos, tatarabuelos y choznos llevaban colgajos, abalorios, pelucas empolvadas y hasta tacones altos. Esto no impedía que fueran personas muy respetables, que algunos que tocaban instrumentos más extravagantes que la guitarra se destacaran como hombres de Estado, preceptores, Papas y patriarcas barbados. Eso, en cuanto al pasado. En cuanto al presente puedo asegurarle que conozco al gerente de un importante banco londinense que usa chaqueta paquistaní, y al director de una empresa industrial que lleva tres collares y camisas con el sol naciente, sin que esto atente contra el buen nombre y el honor de nadie. ¿Qué le parece?[6]

Los argumentos de VG son irrefutables, desarma prejuicios, tiende puentes entre padres e hijos y recurre, si hace falta, a la historia, como en el caso del uso del pelo largo. Valeria Guzmán siempre está a favor de los débiles, de los inseguros, de los faltos de amor. Utiliza el humor para desdramatizar los conflictos de sus consultantes y ante las quejas parentales o amorosas opone con maestría un espejo que devuelve al otro sus propios errores. Sin embargo, cuando detecta que del otro lado hay desesperación o un motivo real de angustia no duda en comprometerse más allá del personaje y recomienda un contacto más personal:

Escríbame, si lo considera necesario, y mándeme su dirección[7].

La sección “Usted pregunta” no deja de expandirse y pasa a llamarse “Claudia escucha”. Los temas propuestos en 1963 se diversifican en diferentes consultorías: “Correo de la salud”, a cargo del Dr. Ricardo Pichel; “Correo de la belleza”, por la experta Mariana Goyanarte; “Correo psicológico”, a cargo de la psicóloga María Elena Bartis; “Correo jurídico”, por las Dras. Alicia R. Anda y Susana Krautner, y una agenda de direcciones útiles llamada “Qué, cómo, dónde”. A Valeria Guzmán le queda el “Correo íntimo”, un espacio de acompañamiento y consejo para las mujeres que desean ser “ellas mismas” superando los estereotipos y condicionamientos patriarcales.

En una época de tensiones entre el rol tradicional de la mujer y la apertura de la discusión feminista, el consultorio íntimo de VG apuesta por la autonomía de las mujeres, alienta a las que desean estudiar y trabajar fuera de su casa o a las que han elegido no formar una familia convencional. Cuando Rogelio Sánchez escribe comentando despectivamente la nota “Mujeres al volante” de Valentine Charpentier[8], VG responde con estadísticas que demuestran que las mujeres son más prudentes a la hora de manejar que los hombres y cuando debe responder la carta “Hombre busca mujer”, con una serie de condicionamientos en busca de la mujer ideal, la respuesta es severa y tajante:

Deseo encontrar una mujer femenina, capaz de sentir el encanto de una puesta de sol y de un amanecer, que comprenda la inutilidad de una discusión, que esté tan cómoda en su casa como en una multitud, o en la cima de una sierra, que sepa que la vida es corta, que desee apurar el cáliz del amor y que sea capaz de beberlo lentamente, que sea cálida y razonadora…

[B.] Capital

 

Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar. Lamentablemente no puedo ayudarle, este correo no se ocupa de formar parejas. Deseo que esa mujer exista, que la encuentre y que las exigencias de ella se adapten a sus condiciones, que deben ser muchas[9].

La relación entre el correo íntimo de Valeria Guzmán y la correspondencia personal de Olga Orozco es notoria. Valeria encarna la faceta de Olga ligada a las reivindicaciones sociales, a un profundo sentido de justicia y de igualdad entre las personas[10].

Oscuras premoniciones en torno a Jorge Videla

Entrevistada por Silvia Hopenhayn, Olga se sorprende de la elección de ese nombre nefasto para la historia argentina. Dice:

Los comentarios científicos los firmaba Jorge Videla, qué premonición ¿eh?, muchas veces le habrán preguntado a ese señor si las notas las escribía él […] a fines de los años 50 tenía unas audiciones sobre teatro clásico español y argentino y a veces cuando faltaba el locutor yo lo cubría, de pronto decidieron que eso se acababa y yo no tenía más trabajo y los directores se apenaron tanto que me ofrecieron participar del radioteatro […] me llamaba Mónica Videla, había una insistencia, había una premonición de algo. Hacía las malas, las brujas y las madres que tienen voz grave. (Iaccarino)

Entre 1966 y 1974, Orozco firma diecisiete notas con el inquietante seudónimo de Jorge Videla. Es la voz que elegirá la autora para las notas sobre avances medicinales como las pastillas anticonceptivas o las medicinas alternativas, pero también para desarrollar su gusto por ciertos personajes del tango como Carlos Gardel o Enrique Santos Discépolo. Acerca de la investigación sobre Gardel, ella cuenta cómo, luego de publicarse la nota, un día se presenta en la redacción una persona que viene desde Montevideo a invitar al Sr. Videla a una comida mensual que se realiza en Uruguay y reúne a estudiosos y admiradores del cantor. La invitación incluye pasaje y estadía para todas las reuniones en lo sucesivo. Cuando Orozco revela su verdadera identidad el enviado le responde “qué lástima, pero mujeres no” (Iaccarino).

La poeta, que ya había sido Mónica Videla para participar de radioteatros, está convencida del carácter premonitorio del seudónimo y llama la atención sobre la oscuridad presente en los títulos. En “La humanidad futura ¿azar o elección?”[11], si bien la nota hace referencia a los distintos métodos de lectura del futuro o mancias –tema muy cercano a Orozco, que durante muchos años tiró el tarot, hasta que un sueño color hígado en donde altas autoridades sagradas la juzgaban la hizo desistir de esta práctica–, al leer juntas las palabras “futuro-humanidad-Jorge Videla” en un mismo paratexto nuestro sistema de alerta se activa. Lo mismo puede suceder con “Lo claro y lo oscuro”[12] o con “Drácula, el señor de los colmillos largos”[13], pero la precisión premonitoria de Orozco va a ir mucho más lejos. En abril de 1967 –si invertimos las dos últimas cifras 1976– publica bajo este seudónimo una investigación titulada “Rapto”[14], destinada a alertar a los padres acerca de los peligros que pueden sufrir sus hijos expuestos a una ola de secuestradores.

En diálogo con Jorge Boccanera, Orozco asevera poseer desde niña aptitudes para adelantarse al futuro:

recuerdo que yo le decía a mamá: “hoy va a venir la tía Margarita a la hora del té y me va a regalar una muñeca” y esa tía que habitualmente no solía venir, llegaba a las cinco con una muñeca. Siempre tuve esa facultad, videncias, premoniciones. (Orozco “Siempre tuve relámpagos”)

Esa capacidad para intuir más allá de lo visible será en el caso de este heterónimo una funesta advertencia del mal que acecha en la oscuridad.

Heroínas, reinas y exotismo en la notas de Valentine Charpentier

Tal vez sea Valentine Charpentier el alter ego más cercano a los intereses personales de su autora. Bajo esta máscara Orozco indaga en las biografías de poetas románticos como Lord Byron, Percy Shelley o Heinrich Heine y su universo de rituales, encantamientos y videncias (Millares 2013). También comienzan a aparecer pintorescas crónicas de viaje a lugares exóticos, islas por lo general, ubicadas en puntos del mapa tan distantes como Grecia, Jamaica o Sicilia[15]. Entrega tras entrega las notas de Valentine Charpentier cautivan a sus lectoras. Son notas extensas que llegan a ocupar diez o doce páginas y humanizan a personajes literarios e históricos. Hay una clara tendencia a poner en foco a las mujeres, escritoras como las hermanas Brönte, Katherine Mansfield o su admirada Colette; diseñadoras como Cocó Chanel, amazonas como Alicia Elisa Lynch, científicas como Madame Curie, míticas heroínas como Helena de Troya o reinas como Isabel o Cristina de Suecia se convierten en arquetipos para las lectoras argentinas. Las mujeres retratadas comparten sobre todo el espíritu rebelde de la autodeterminación, la lucha por sus ideales, la capacidad de sacrificio en pos del destino al cual han sido llamadas. Sin embargo, no son los únicos modelos a seguir, los hay más cercanos y Orozco no duda en darles relevancia. Así Charpentier se acerca a los problemas cotidianos de todas las mujeres; empatiza, aconseja, revela; los temas se tratan en profundidad y con valentía. ¿Qué pueden hacer las mujeres en la “encrucijada de la edad otoñal”? ¿Cómo dominar los celos? ¿Cómo detectar las manipulaciones de un “Donjuán”?

Con respecto al feminismo su postura como periodista coincide con su visión como poeta. Orozco niega en varias entrevistas el rótulo “poesía femenina” y reclama la igualdad de hombres y mujeres:

Quienes hablan de literatura femenina han aceptado la discriminación. La poesía es poesía a secas, nadie habla de una poesía masculina, Creo que la poesía femenina era la de las mujeres de otro siglo que la tomaban como una catarsis, un vuelco sentimental, un estilo de puntillas y desmayos. Para mí la “poetisa” es casi un género literario. (Orozco “Siempre tuve relámpagos”)

 

Que los hombres escriban una poesía “a secas”, y que las mujeres escriban “poesía femenina” me parece una discriminación como la que hacen entre negros y blancos. Todo es poesía, la que escriben las mujeres y la que hacen los hombres, además el momento de la creación no tiene sexo, uno escribe con todo lo que hay alrededor. (Orozco “Escribo un poema para habitarlo”)

El mundo esotérico también tiene lugar en esta sección. Un retrato algo mordaz de la brujería da cuenta de las persecuciones a las mujeres herbolarias y remata instando a la rebelión contra las escobas como objeto doméstico. Antes que amas de casa, mejor brujas podría ser el corolario de esta investigación. El poder de las mujeres también se vincula con los filtros de amor y los venenos que utilizan en el Renacimiento las damas de la corte. La prosa de VCH motiva y enciende. Al número siguiente de cada una de estas extensas biografías suelen aparecer en el correo las voces de las lectoras con elogios, preguntas y sugerencias para el abordaje de nuevos personajes.

Las reseñas de Martín Yanez, las ventajas del seudónimo

¿Por qué Orozco, siendo ya en esa época una poeta prestigiosa, decide velar su nombre tras el de Martín Yanez para la crítica de Libros? Una recorrida por las reseñas hará evidente que le sobran motivos. El material comentado es versátil y no solo se limita a la literatura. Como ya hemos dicho, destacan algunas autoras en boga como Silvina Bullrich o Marta Lynch. En ese caso la crítica es descriptiva y no abunda en detalles. Pero cuando MY tropieza con una estética muy alejada de sus cánones la reseña se vuelve incisiva y sarcástica.

Pomelo de Yoko Ono (De la Flor, $12, 90, páginas sin numerar), es un conjunto de “piezas” (así lo denomina la autora) con reminiscencias del “haikai” japonés. Más poética en su espíritu que en su letra, la serie –en realidad consejos para el ocio aburrido, que pretende serlo también para la relajación– es un popurrí con muchos ingredientes y poca elaboración y pimienta. Las chispas no hacen llama[16].

No era frecuente leer una dosis tan abrumadora de sinceridad en la reseña de un libro. La apoyatura en un seudónimo masculino y el anonimato permitirán una amplia libertad de expresión en este espacio. Orozco juega al crítico severo y preciso, pero no deja de lado el humor como en este comentario sobre Jack Kerouac:

En los primeros años 50, el norteamericano Jack Kerouac supo pintar la bohemia neoyorquina en “El ángel subterráneo”, las peregrinaciones de una pandilla de adelantados de hippies en “En el camino” y trasvasar a las páginas de “Los vagabundos del Dharma” tanta cerveza y marihuana como podía tolerar el metabolismo de sus compatriotas. El resultado fue que desde entonces gozara lugar de privilegio entre los escritores de posguerra, codeándose por el sendero del realismo con Norman Mailer, y por el de la beatitud con el barbado Allen Ginsberg. “Satori en París” (Losada, 138, páginas, 550 pesos) puede ser tanto el epitafio del joven rebelde que Kerouac prometió ser en esos tres libros, como su acceso al esoterismo. En todo caso, un par de semanas vagando por los trasfondos parisienses y bretones con la excusa de bucear las raíces de su apellido lo hacen sentir súbitamente iluminado, lo despiertan como hombre nuevo. Autenticidad o pose, nada de lo que dice para explicar su nuevo estado es trascendente. Eso sí: sigue escribiendo en episodios, a borbotones, fiel a su teoría de la “prosa espontánea”, buscando la identidad perdida con la misma inmadurez y licencias que frecuentó de joven[17].

También este espacio le permite a la autora dar un lugar destacado a las reseñas de libros de poesía, sobre todo de sus contemporáneos, como Alberto Girri, Alejandra Pizarnik, Enrique Molina o Jorge Eduardo Bosco.

Elena Prado y lo mundano

Elena Prado encarna el ideal de mujer moderna que propone la revista Claudia. Puede manejar a la perfección su hogar, ser una excelente anfitriona, tener brillantes ideas para la decoración del hogar y sin que una cosa vaya en desmedro de la otra, ser una gran lectora, aficionada a las artes visuales y estar al tanto de las últimas teorías psicológicas y pedagógicas para acompañar el aprendizaje de los hijos. En este amplio espectro de temas que tratan las notas de EP hay lugar también para el humor, como en el caso de “Me compré un gurú”, escrita como un testimonio en primera persona en el que Elena conoce al Maharishi Mahesh en Porto Alegre antes de que se convierta en el iluminado guía de los Beatles (Orozco 2012).

Es en este perfil en donde se desarrolla el profundo interés de Orozco por las artes visuales. La autora, que fue amiga de importantes pintores argentinos como Xul Solar, Víctor Chab o Juan Batlle Planas, indaga en sus crónicas sobre la relación entre la modelo y el pintor, o realiza una exhaustiva biografía de la pintora Françoise Gilot, “la mujer de dos genios”, quien fuera pareja de Pablo Picasso y del científico Jonas Salk, creador de la vacuna contra la polio. Una característica de sus crónicas es la incorporación de vocablos en francés –Orozco dominaba esa lengua y había traducido entre otras cosas el teatro de Jean Anouilh para Losada–. Este recurso dota al seudónimo de un toque de distinción personal que ocasionalmente compartirá con Valentine Charpentier.

Elena Prado también le pone voz a varias reflexiones acerca del rol de las mujeres y la conquista de nuevos derechos. En “Las argentinas, las vacaciones y el amor”[18] mujeres argentinas de diferente edad y estado civil comparten sus experiencias y fantasías amorosas durante las vacaciones. Como buena conocedora de sus lectoras y las tensiones que las atraviesan, EP concluye:

Las argentinas son dúctiles mentalmente. Creen poder vivir unas vacaciones a la italiana, a la sueca, a la francesa; unas vacaciones con una pepita de pasión, de libertad total, de mundo sprit. Pero cuando llega el momento de mirar qué hay adentro, descubren que la pasión, la libertad total y el mundo sprit se han trocado en un nudo de ataduras, de afectos invulnerables, de propias exigencias y de duración […] En cuanto a las que están dispuestas a amores sin prejuicios, sin ataduras, sin duración, los encuentran también en la ciudad, cualquiera sea la estación, aún en las épocas de grandes heladas. En ambos casos ¿por qué no en unas vacaciones de verano?

También aborda la igualdad de roles en la pareja en “No se cambia por amor”[19], donde plantea la necesidad de desnaturalizar el sometimiento de las mujeres en pos de la igualdad social y humana de los sexos:

¿Debería la mujer enclaustrarse nuevamente en el hogar y renunciar a su personalidad para volver a ser la tranquilizadora sombra de su esposo? Es claro que no. Aun cuando fuera posible –y no lo es– la pareja no avanzaría un solo paso hacia la solidaridad, hacia la comprensión y el auténtico amor si equivocadamente buscara sus modelos en el pasado.

En cuanto a la educación de los hijos recomendará actividades, libros y paseos para realizar con niños en “La felicidad nace en la infancia”[20] y abordará el espinoso tema de la prevención de embarazos adolescentes en “La píldora y las solteras”[21].

Richard Reiner y las revelaciones esotéricas

El Dr. Richard Reiner es, según aclara Valeria Guzmán en respuesta a una lectora, un prestigioso investigador que viaja por el mundo con el afán de profundizar en los misterios del universo. Sus participaciones en la revista abarcan todo tipo de fenómenos paranormales y siempre acuden a fundamentaciones en el campo de la física, la psicología o citan estudios provenientes de la Universidad de Duke o un laboratorio en Leningrado. Las notas suelen dedicarse a un tema puntual e iniciarse con el relato de un hecho sobrenatural que Reiner irá desmenuzando en el transcurso de su exposición y cotejando con diferentes lecturas. A través de preguntas retóricas y una interpelación directa a sus lectores, los hará testigos del misterio. Los finales suelen ser abiertos o presentarse a modo de paradoja. En muchos casos se acercan a interrogaciones que podrían ser parte de un poema

¿Por qué no tratar de ver desfilar el pasado, el presente y el porvenir en un mero grano de polvo, aunque la respuesta sea, casi siempre, un puñado de polvo?[22].

Los artículos del Dr. Reiner fascinan a las lectoras y suelen ser largamente comentados en los números posteriores de la revista. Incluso A. L. desde Tucumán reclama la dirección del Dr. Reiner para escribirle personalmente, a lo que Valeria Guzmán responde solícita:

He leído en el número 107 de Claudia un artículo sobre parapsicología cuyo autor es Richard Reiner. Quisiera que me informara acerca de lo siguiente: a) dirección de Richard Reiner y país en el que realiza sus trabajos, si tiene libros publicados y sus títulos; b) dirección de la Universidad de Duke y de su rector J. B. Rhine; c) cuánto cuesta la suscripción anual de Claudia y si los aumentos que pueda sufrir afectan al suscriptor.

A. L. (San Miguel de Tucumán)

a) Richard Reiner, consecuente con sus poderes, aparece y desaparece continuamente en viajes de investigación. Me ofrezco a hacerle llegar su carta, si la envía usted a esta sección, en cuanto tenga noticias de su próxima permanencia en algún lugar. No tiene libros publicados. Prepara una gran obra que yo espero con tanta ansia como usted; b) J. B. Rhine no es rector sino profesor, y jefe del Laboratorio de Parapsicología de la Duke University, Durham, North Carolina 27706, USA; c) La suscripción anual cuesta $2200 y mientras está en vigencia los aumentos no afectan al suscriptor, a menos que éste sea excesivamente quisquilloso[23].

Nostradamus, los actos fallidos, el sexto sentido, las casas habitadas por fantasmas o el poder secreto de las plantas son los temas que dominan la escena. Temas afines a la vasta cultura de Orozco y a su colección de libros sobre el poder las plantas, el tarot o los hechos paranormales[24]. Pero aún en busca de explicaciones científicas para los misterios del universo, Reiner no descarta la poesía como vía de acceso al conocimiento y cita al Hiperion de Friedrich Hölderlin para reafirmar lo que tantas veces aparecerá en la poesía de Orozco; solo puede responderse a una pregunta con otra pregunta:

Interrogo a las estrellas y se callan; interrogo al día y a la noche, pero no me responden. Desde el fondo de mí, cuando me interrogo, llegan sentencias místicas, sueños inexplicados[25].

El intento de ver más allá de los límites de la realidad hará de Richard Reiner una de las máscaras más cercanas a Orozco. Consultada por la relación entre el poeta y la realidad por Gonzalo Márquez Cristo, Olga respondía:

Supongo que la realidad que menciona es esta –inmediata, limitada y densa– a la que podemos acceder con los sentidos y que tal vez sea un reflejo, como el de la caverna platónica. Y no es que la desdeñe. La amo, me seduce y me arrebata; le tengo el mismo apego irrenunciable que a mi propio cuerpo. Pero sospecho que me impide ver, que es bastante impermeable, que representa además la contingencia, la ruptura, el accidente, la fragmentación, el desmigajamiento de la eternidad en el tiempo. Es la pared que separa lo que estuvo unido. Y eso es notable también en mi poesía: un muro contra el cual golpeo permanentemente, tratando de trascenderlo, de descubrir alguna puerta, alguna fisura que me permita atisbar el otro lado. (Orozco “En el final era el verbo”)

Plumas para unas alas

Y ese color de enigma que termina en pregunta
esa urdimbre cerrada donde cruzan sus hilos la permanencia y la mudanza
(Orozco Plumas para unas alas” Museo salvaje)

Hemos desplegado algunos de los heterónimos que Olga Orozco utilizó durante más de diez años en la revista Claudia. Finalizado este breve recorrido, podemos ver cómo esos fragmentos dispersos forman parte esencial de su obra total. La obra de Orozco que, a fines de 2009 casi no circulaba en las librerías argentinas, ha recibido merecida atención y algunas significativas ediciones en estos últimos diez años. En 2012 se editó por primera vez su poesía completa y la primera antología de su obra periodística. La mayoría de los textos citados aquí permanecen inéditos en formato libro y no pueden consultarse en ninguna hemeroteca nacional. Cuando esta deuda se repare, seremos al fin testigos de la poderosa unicidad de la obra orozquiana.

Referencias bibliográficas

Iaccarino, Marcelo (director). Olga Orozco (T1), Oficios [documental]. Buenos Aires, Canal Encuentro, 2009.

Millares, Selena. “Olga Orozco y Alejandra Pizarnik: poesía y videncia”. Revista de Lengua y Literatura, n.º 36, 2014, pp. 47-55. http://bit.ly/2MfirAj.

Orozco, Olga. Yo, Claudia: obra periodística de Olga Orozco en revista Claudia (1964-1974), investigación y prólogo Marisa Negri. Buenos Aires, En Danza, 2012.

____. La oscuridad es otro sol. Buenos Aires, Losada, 1967.

____. Los juegos peligrosos. Buenos Aires, Losada, 1962.

____. Museo salvaje. Buenos Aires, Losada, 1974.

____. “Siempre tuve relámpagos”, entrevista realizada por Jorge Boccanera en Buenos Aires, junio 1998. http://bit.ly/2MhFBWK.

____. “Escribo un poema para habitarlo, entrevista realizada por Docampo, Claudio Lo Menzo y Otero. La Guacha. Revista de poesía nacional, año 2, n.º 6, marzo 1999.

____. “En el final era el verbo. Diálogo con Gonzalo Márquez Cristo”, 1990. Común presencia, año 2, n.º 3-4, 1990. http://bit.ly/33riNt2.

____. Poesía completa. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2012.

Orozco, Olga y Gloria Alcorta. Travesías: conversaciones coordinadas por Antonio Requeni. Buenos Aires, Sudamericana, 1997.

Piñeiro, Elena. “Mujeres modernas: los medios de comunicación y la construcción de un imaginario alternativo. 1960-1970”. V Jornadas Nacionales de Historia Moderna y Contemporánea, Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, 2006. http://bit.ly/2Mdr664.

Scarzanella, Eugenia. Abril: Un editor italiano en Buenos Aires, de Perón a Videla. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2016.


  1. Casa Museo Olga Orozco, Argentina.
  2. La actividad del Instituto Di Tella y sus referentes suelen aparecer en muchas entregas del mensuario.
  3. Este juego también aparece en el poema “Para ser otra”, de Los juegos peligrosos (1962).
  4. Sin firma, Claudia, n.º 72, mayo 1963: 13.
  5. Claudia, n.º 72, mayo 1963: 13.
  6. Claudia, n.º 180, mayo 1972: 15.
  7. “Claudia escucha”, Claudia, n.º 129, febrero 1968.
  8. “Claudia escucha”, Claudia, n.º 110, julio 1966.
  9. Claudia, n.º 166, marzo 1971.
  10. En la colección de cartas depositadas en la Casa Museo Olga Orozco descubrimos a Orozco reclamando por el injusto despido de un compañero de la radio, o intercediendo para que se editen obras del poeta Ricardo Molinari, ya mayor y enfermo, en España.
  11. Claudia, n.º 106, año X, marzo 1966.
  12. Claudia, n.º 161, año XIV, septiembre 1970.
  13. Claudia, n.º 176, año XVI, enero 1972.
  14. Claudia, n.º 126, año XI, noviembre 1967.
  15. Olga Orozco y su esposo Valerio Peluffo viajaron frecuentemente por Europa, África y América.
  16. Claudia, n.º 163, año XIV, noviembre 1970.
  17. “Viejo muere el beatnik”, Claudia, n.º 145, junio 1969.
  18. Claudia, n.º 128, año XII, enero 1968.
  19. Claudia, n.º 129, año XII, febrero 1968.
  20. Claudia, n.º 130, año XII, marzo 1968.
  21. Claudia, n.º 131, año XII, abril 1968.
  22. Claudia, n.º 179, año XVI, abril 1972.
  23. Claudia, n.º 132, año XII, mayo 1968.
  24. Algunos de estos ejemplares pueden consultarse en su biblioteca personal que pertenece ahora a la Casa Museo Olga Orozco situada en Toay, La Pampa, Argentina.
  25. Texto de Hölderlin citado en “El sexto sentido”, Claudia, n.º 114, año X, noviembre 1966.


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