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Infancia y desarrollo en las políticas de género y sexualidad de los sistemas de educación y protección de la infancia en Brasil

Leonardo Lemos de Souza, Hugo Higino Peres de Andrade y Raquel Pereira Gonçalves

Este trabajo es un despliegue y continuación de las discusiones mantenidas desde 2021, cuando participamos en Discourse Unplugged, grupo de investigación coordinado por la profesora Erica Burman en la Universidad de Manchester, además de participar como investigadores en la Red Latinoamericana de Estudios Sociales en Parentalidades y ahora en el GT CLACSO Estudios Críticos en Materpaternidades.

En años anteriores (2017-2020)[1], veníamos desarrollando un programa de investigación que situaba a la psicología del desarrollo como área básica y como fundamento de las prácticas (psicoeducativas) con niñes, adolescentes y jóvenes. En este programa analizábamos las posibles aportaciones y tensiones generadas por los estudios feministas queer contemporáneos (Butler, 2015, 2016; Preciado, 2020) y los estudios decoloniales (Lugones, 2008, 2014) sobre estas prácticas y teorías educativas y psicológicas.

Se produjo un conjunto de estudios empíricos y teórico-conceptuales (Souza et al., 2023; Souza et al., 2022; Cabral y Souza, 2023) que tuvieron como objetivo analizar conceptos y temas abordados en la formación de educadores y psicólogos y en las producciones en la interfaz de la psicología (del desarrollo) y la educación, especialmente en el tema de los géneros y las sexualidades. Por otro lado, en un segundo tema, guiados por los estudios feministas queer y decoloniales en ciencia, también intentamos elegir conceptos estratégicos para analizar las formas hegemónicas de investigar y producir conocimiento en psicología del desarrollo y sus implicaciones para la educación: política, desarrollo/progreso, naturaleza/cultura, niñe, edad, sujeto/objeto, conocimiento y tecnologías. Elegimos autoras centrales como Haraway (1995, 2023), Burman (2011, 2016, 2019, 2021) y Castañeda (2012) para debatir algunos de estos conceptos clave para la producción de conocimiento en este campo.

En un intento de profundizar en este último tema, este texto se centra en el campo del debate nacional y, en cierta medida, internacional, sobre los efectos de los movimientos ultraconservadores sobre géneros y sexualidades en las prácticas de cuidado y educación de niñes y jóvenes. En particular, las redes de producciones discursivas sobre le niñe, la familia y el desarrollo. Este es un texto de apertura para futuras propuestas de investigación sobre este tema, en el que la psicología del desarrollo juega un papel en el mantenimiento y la producción de estas políticas.

Políticas antigénero y familismo en la escena brasileña e internacional

Las políticas antigénero, antitrans y antieducación sexual que han reverberado en Brasil y en otros países (Corrêa y Parker, 2021) están vinculadas a movimientos ultraconservadores que utilizan la religión cristiana y valores moralistas sobre la familia. Apoyan un discurso antagónico a los derechos de las múltiples existencias de sexualidades y géneros. Estos movimientos han llevado a acciones para coartar la libertad de expresión de les docentes en los diferentes niveles educativos, como la prohibición de los temas de género y sexualidad en las políticas educativas, particularmente en los planes de estudio. En este escenario, el discurso dominante es el de proteger a la familia y a les niñes de la despatologización de las sexualidades no heterosexuales y de la visibilización de expresiones de género que escapan a la lógica determinante del sexo biológico como despliegue de comportamientos binarios de género.

El término “ideología de género”, acuñado en la década de 1990 por grupos religiosos cristianos conservadores, especialmente en América Latina (Corrêa y Parker, 2021) en debates sobre políticas de género, cataliza todas las prácticas y valores que habilitan el derecho a expresar géneros y sexualidades que se desvían de la norma cisgénero y heterosexual (Junqueira, 2018). Estos grupos construyen documentos no clericales en los que enuncian discursos sobre la peligrosidad de la igualdad de género y la ciudadanía sexual. Señalan a las mujeres como desviadas de los roles de reproducción y cuidado de la familia, y a la homosexualidad, el travestismo y la transexualidad como violadores de la infancia, o de una cierta infancia que no se realizará y amenazará el lugar hegemónico históricamente ganado por las perspectivas eurocristianas.

Este término ha sido utilizado como una herramienta para producir acciones que impidan el acceso a la salud, la educación y la asistencia a los grupos que disienten de las normas sexuales y de género. Fue y es utilizado como dispositivo para enfrentar las recientes conquistas de los movimientos de mujeres y LGBTQIAP+ en Brasil (Fachini y França, 2021).

El género y la sexualidad han sido objeto de disputa en las esferas política y social. En la agenda internacional, los partidos políticos de derecha y ultraderecha y los movimientos conservadores han retomado constantemente esta agenda para acercarse a los grupos que coinciden con ellos y capitalizar el espacio político y los votos en períodos electorales. La familia y le niñe se ven amenazados por la agenda de la diversidad sexual y de género. Cualquier práctica o valor que afirme o garantice derechos a la libre expresión de géneros y sexualidades se convierte en una amenaza para la familia, constituida aquí por la composición nuclear cisgénero y heterosexual: hombre, mujer e hijos e hijas. Es en el contexto familiar donde se debe garantizar y proteger la heterosexualidad y la cisgeneridad como condición, o caminos en la trayectoria evolutiva y “normal” de cualquier persona (Preciado, 2020). Esta composición familiar es la guardiana y ejecutora de los modelos de cuidado y educación de los roles de género y sexuales que dan como resultado el mantenimiento del patriarcado.

Las políticas de defensa del familismo que surgen de este contexto buscan garantizar el modelo patriarcal y nuclear de organización familiar como forma de asegurar una infancia normal para los hijos de este núcleo. Por ello, la infancia ha sido objeto de políticas de control de sus trayectorias. El género y la sexualidad son contenidos que amenazan la linealidad de estas trayectorias al visibilizar y positivizar modelos de relaciones afectivas y sexuales, así como expresiones de género dislocadas del modelo cisheteropatriarcal. Son prohibidos en los currículos, planes de educación locales, regionales y nacionales, además de ser una plataforma de promoción de líderes religiosos y políticos vinculados a estos movimientos neoconservadores, a través de burlas y ataques públicos en los grandes medios de comunicación, que provocan pánico moral (Corrêa y Khalil, 2021).

El patriarcado, organizador y mantenedor de la vida familiar, otorga a los hombres (varones cisgénero) poder sobre las mujeres y su descendencia. Para Gayle Rubin (1975), los cuerpos de las mujeres y les niñes son capitalizados por el sistema para el mantenimiento de la familia, que garantiza la continuidad de la producción y el consumo en el capitalismo. A lo largo de la historia, e incluso en la actualidad, el trabajo doméstico de las mujeres ha garantizado la supremacía y la visibilidad del trabajo de los hombres. A les niñes y jóvenes se les protege y garantiza una educación destinada a mantener los sistemas del capital. Su educación debe estar dirigida a hacerles útiles a la nación (al mercado, como mano de obra y reproductores cualificados). Las mujeres y les niñes son mercancías estratégicas en la conducción de las políticas económicas y, a su vez, las políticas sexuales y de género de una sociedad determinada, que se guía por estos principios, necesitan utilizar dispositivos para administrar sus cuerpos y sus vidas.

En este sentido, la articulación entre los dispositivos de sexualidad, infancia y familia nos permite comprender que, en estas relaciones de saber y poder, no solo se produce la categoría de infancia, sino también una perspectiva normativa de la familia y de la sexualidad que sostiene el sistema de explotación de la vida. La reproducción (papel de la mujer) y la crianza de los hijos (papel de la continuidad) son estratégicas para el mantenimiento del modelo de producción del capital.

Desde la perspectiva de la formación sociohistórica del familismo en Brasil, es posible ver la inseparabilidad entre dispositivos legales y médicos en la constitución tanto de la organización familiar normativa como del desarrollo de políticas públicas en el campo de la protección social (Moraes et al., 2020). Este panorama se intensificó con las políticas de infancia, a través de la institución jurídica del ECA (Estatuto da Criança e do Adolescente), que surgió como dispositivo de protección a principios de la década de 1990 en Brasil.

En el ámbito del debate internacional sobre políticas de protección y derechos de la infancia y la juventud, especialmente de la primera infancia, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) y UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) han desempeñado un papel destacado. El conjunto de propuestas articula las perspectivas de desarrollo y progreso de los países, así como las demandas de los movimientos sociales. Lemos et al. (2023) ya analizaron las redes y mecanismos de poder involucrados en las implicaciones de estas producciones para la promoción de políticas sociales cuya biopolítica invisibiliza o controla las prácticas (incluso sexuales y reproductivas) de determinados grupos poblacionales (negros, indígenas, pobres, niñas).

Desarrollo, dispositivos y colonialidad: la infancia como tecnología de normalización

Así, una de las cargas más pesadas impuestas a les niñes –y, en cierto modo, a todes nosotres, en los momentos más diversos de nuestra existencia– es el desarrollo. Especialmente, el desarrollo que tiene lugar bajo la égida de un conjunto de reglas, de un “deber ser” que nos lanza a una trayectoria, cuyo despliegue tiene, de antemano, un guion que arbitra sobre la vida a través del tamiz de la salud, la felicidad, el éxito, la madurez, la inteligencia, el equilibrio, la heterosexualidad obligatoria, la capacidad corporal, la autonomía, la sociabilidad, la perfección, la eficacia, la productividad y la normalidad. Asumida como “origen”, la infancia es tomada como personaje central de esta retórica del desarrollo por su condición de vida anunciadora, de primeros pasos en la escalada de la existencia, históricamente sustentada en la idea de vulnerabilidad e inocencia.

La psicología del desarrollo, ciencia recién nacida en este escenario, se encarga de producir conceptos y categorías que definen las necesidades, pensamientos, afectos y comportamientos de les niñes, dándoles existencia en la vida social (Burman, 2016). El desarrollo, por lo tanto, gana el sello de la legitimidad científica y opera así como un régimen de verdad para hacer que la vida exista y suceda de una determinada manera (Foucault, 1998). Es un conjunto de normas que, al reiterarse, dan existencia a lo que declaran y producen lo que nombran. En este flujo de repeticiones y convenciones regulares, el desarrollo tiene el efecto de producir vidas normativas a través de la performatividad discursiva (Butler, 2015).

Ningún acto puede ejercer el poder de producir lo que declara, independientemente de una práctica regularizada y sancionada. En realidad, un acto performativo, separado de un conjunto de convenciones reiteradas y, por tanto, sancionadas, solo puede manifestarse como un vano esfuerzo por producir efectos que tal vez no pueda producir (Butler, 2015, p. 163).

La psicología del desarrollo se consolida así como un conjunto de discursos sobre la infancia y la vida humana, que no se limita a la producción de conceptos y teorías científicas, sino que sobre todo pretende establecer formas de ser y relaciones sociales. Se trata de discursos que desembocan en la vida social, haciendo del desarrollo un guion que hay que encarnar obligatoriamente, pues de lo contrario quienes no lo cumplan quedarán al margen de lo que ahora se asume como una vida inteligible. Como afirma John Broughton (1995): “Developmental psychology sets goals and formulates ideals for human development and provides the means of realizing them. Rather than simply observing development, it develops us” (p. 2).

La captura de la infancia por el discurso del desarrollo la convierte en la narración de la vida de une niñe únique, universal, separade de sus condiciones sociales de existencia y de sus formas inventivas de producir su propia vida. Se establece un “niño ideal-típico” (Burman, 2011) que, aun siendo una ficción, se consagra como un “deber-ser” que actúa como pasaporte para existir sin las etiquetas de las anomalías.

Este discurso del desarrollo pasó a formar parte de lo que René Schérer (2009) denomina el “sistema de la infancia”, que consiste en un conjunto de prerrogativas que dictan deberes y comportamientos para niñes y adultes, con el fin de disciplinar, pedagogizar y dar inteligibilidad a la infancia, en pleno funcionamiento a partir del siglo XVIII. El “niño ideal-típico” es también une niñe imaginarie, una ficción construida socialmente que opera como la imagen especular de la infancia que deben reflejar todes les niñes (Burman, 2021). Esta imagen es el resultado de inversiones en la construcción simbólica de una infancia única, de la que se separan las condiciones sociales y la diversidad de las vidas de les niñes reales. Del otro lado de esta imagen, nos encontramos con niñes que no cumplen con esta infancia normativa idealizada y, por esta razón, sufren exclusión y permanecen al margen de los privilegios de le niñe prototípique (Burman, 2011; Castañeda, 2012). Son los propios sujetos, señala Burman (2016), los objetos del discurso de la psicología del desarrollo, es decir, su producción discursiva da origen a subjetividades y una de ellas es el “niño ideal-típico”.

La retórica del desarrollo humano, sin embargo, no es exclusiva de la psicología, aunque de hecho es esta ciencia la que se la apropia y la lanza a la vida social como “norma de vida” para todos. La idea de progreso, como motor de esta narrativa, resuena en la vida intrapsíquica con las macroestructuras de poder sostenidas y mantenidas por el orden del desarrollo económico, que utiliza la explotación humana y natural e innumerables formas de opresión para funcionar, y que es agenciado por organizaciones y corporaciones nacionales e internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (Burman, 2011, 2021). Esto se remonta a los orígenes mismos del discurso del desarrollo en la sociedad occidental, que es el capitalismo industrial, fuertemente marcado por la colonización europea y el contexto de la creación del Estado nación en el siglo XIX. La maximización es una de las palabras clave de este discurso, señala Burman, ya que conecta el beneficio con el desarrollo, ambos impulsados, a su vez, por la locomotora del progreso.

Aquí, el concepto de desarrollo producido por ciencias como la psicología y la educación se entrelaza con los modelos de desarrollo económico y social. La respuesta al desarrollo económico (progreso) radica, sobre todo, en la producción de modelos de desarrollo psicológico que expliquen cómo llevar a cabo la adquisición de habilidades y competencias (cognitivas, sociales, afectivas, etc.) necesarias para una buena eficiencia y utilidad en la vida en sociedad (en términos de ventajas económicas). No es de extrañar que, según Eric Fassin (2021), los movimientos antigénero en Europa y América Latina coqueteen con las políticas del neoliberalismo económico y social.

El proyecto colonial eurocéntrico que comenzó en el siglo XVI, alineando la ciencia moderna, la moral cristiana y el desarrollo/progreso, produjo una escisión en el mundo, con el Occidente europeo como centro de la civilización y el resto del “mundo” como margen salvaje. En el curso histórico del capitalismo global, la disciplina y el control de los cuerpos se establecieron como un interés central. Basándose en lo que Michel Foucault (1998) denomina biopoder, los llamados cuerpos salvajes son domesticados a través de la pedagogización del cuerpo. Se utilizan dispositivos disciplinarios para garantizar el modelo ideal de humanidad basado en el desarrollo lineal y el progreso, la preservación de los valores cristianos y el dominio de la razón científica. Desde una perspectiva foucaultiana (Foucault, 2006), se producen múltiples dispositivos disciplinarios como regímenes de verdad para regular y normalizar los cuerpos en la sociedad.

Tanto la infancia como la sexualidad surgieron junto con el proyecto civilizador eurocristiano, llevado a cabo mediante la articulación entre la ciencia moderna y la colonización, la esclavización de les no humanes, salvajes, irracionales y paganes del mundo no europeo, definidos como les “Otres” que debían ser educades para convertirse en civilizades (Kilomba, 2020). La misión civilizadora eurocristiana se basó en el criterio jerárquico, legitimado por argumentos teológicos y filosófico-científicos (Vergès, 2020): les salvajes paganes mediante la evangelización, que autorizó el proceso de colonización con el argumento de salvar almas, y más tarde con las revoluciones tecnológicas, para llevar el desarrollo y la tecnología a los países del tercer mundo.

Tomando Europa como centro del mundo civilizado, cristiano y blanco, todo lo demás se situaba en el extremo opuesto: marginado, pagano, racializado, salvaje (Vergès, 2020). La creación de una frontera que separa la humanidad de la no humanidad (naturaleza y cultura) durante el proceso de colonización. La división humane/naturaleza inicia el proceso de clasificación jerárquica de la humanidad y justifica la colonización de otras existencias.

El dispositivo cisheteropatriarcal-colonial-adultocéntrico, avalado y legitimado por la ciencia moderna, opera en la división del mundo entre humanes y no humanes (Stengers, 2002; Vergès, 2020). A partir de este principio, la infancia emerge como un dispositivo central para la articulación del poder, que opera tanto en la producción de cuidados específicos para les niñes como en la delimitación de qué niñes serán vistes como potencialmente humanes (prehumanes), con derecho a tutela y cuidados por parte de la familia nuclear burguesa, el Estado y las instituciones, así como qué niñes serán producides “fuera” de esta “humanidad” para el mantenimiento del sistema capitalista.

El dispositivo de la sexualidad se alinea así con los dispositivos médicos y legales, a través de prácticas discursivas que establecen regímenes de verdades sobre les niñes, configurando tanto el dispositivo de la infancia como el de la familia nuclear eurocristiana como centrales para mantener el régimen de poder capitalista (Foucault, 1998, 2006).

Uno de los efectos de la articulación de dispositivos es la forma en que la familia debe organizarse y funcionar. Al presentarse como una representación de la naturaleza, el modelo familiar delimitado por la articulación de dispositivos se asume como condición de normalidad. En la medida en que la privatización de la infancia (Gélis, 1991) se constituye en las sociedades modernas, se articulan innumerables dispositivos para garantizar el buen funcionamiento de la familia ideal, buscando un desarrollo normal, eficiente y sin desviaciones de la norma hegemónica. Les niñes se convierten en les adultes necesaries para reproducir y mantener el sistema capitalista. Esta norma se organiza obligatoriamente para preservar la estabilidad del sistema capitalista.

De la ideología racionalista moderna surge una organización sociopolítica en torno al cuerpo de le niñe. En esta organización, le niñe es un ser casi humano, en formación, que requiere las condiciones “adecuadas” para convertirse en humane y, por tanto, en une adulte cisheterosexual acabade y complete. Este sentido de cuasihumanidad atribuido a les niñes se sustenta en teorías creadas para entender el funcionamiento humano adulto, basadas en el proceso de desarrollo infantil, que debe transcurrir de forma lineal y progresiva hasta la edad adulta (Moruzzi, 2017).

Todo este proceso articulado de control sobre el cuerpo infantil, disfrazado de cuidado, desde la emergencia del dispositivo infancia y junto con el familismo, asegura que los cuerpos infantiles sean artefactos biopolíticos (Preciado, 2020). A partir de esta conjunción, la familia se coloca como guardiana del orden de género para garantizar el telos heterosexual, y es la responsable, autorizada y legitimada por la sociedad, de acompañar este desarrollo natural hasta la adultez, protegiéndole de degeneraciones y haciendo a le future adulte apte para satisfacer las demandas del sistema capitalista.

Aparentemente, pensar el campo de los estudios sobre la infancia sin considerar las raíces de la colonialidad del poder borra la idea de que, en nombre de la protección de les niñes considerades parte de la cuasihumanidad (blanca, cisgénero, heterosexual, centrada en la ciudad), todes les “Otres” niñes disidentes son colocades bajo la égida colonial de la explotación y la opresión (Lugones, 2008). Para que algunes niñes vivan la infancia, otres ni siquiera son considerades como tales. Son la materia prima del sistema capitalista. Son explotades, violades, golpeades, vendides, esclavizades, prostituides, traficades, deshumanizades, tal como ocurría en el período colonial con los cuerpos considerados “no humanos” (Lugones, 2014).

Mientras algunes niñes casi humanes habitan la infancia hegemónica, otres están expuestes a una política de exterminio (Preciado, 2020). Desde temprana edad, los cuerpos de les niñes son estandarizades en cuanto a sus movimientos, sensaciones y afectos para garantizar la normalidad. El miedo a las desviaciones “de una sexualidad normal” rodea las prácticas y discursos sobre los cuerpos infantiles que expresan disidencia de la norma sexo/género considerada natural y normal.

Cada vez que este órgano flaquea, el poder disciplinador está presente, castigando la desviación (Preciado, 2020). En la delgada línea que separa los derechos a la prestación, a la protección y a la participación, derechos que han sido enunciados en documentos concordantes con la Declaración Universal de los Derechos del Niño en diversos países, entre ellos Brasil, surge la cuestión de cuáles son los órganos que pueden acceder a estos derechos. ¿El borramiento de lo que se produce con les niñes y adolescentes impide el acceso a estos derechos?

En la medida en que el dispositivo de la infancia circunscribe las fronteras entre niñes “cuasihumanes” y niñes “no humanes”, el borramiento de las intersecciones entre raza, clase, género y sexualidad es lo que permite que el efecto de este dispositivo continúe en la vida cotidiana de les niñes. Este borramiento histórico de las raíces coloniales, racistas, sexistas y cisheteropatriarcales que conforman el dispositivo infancia hace efectivo el orden y mantenimiento del sistema de explotación capitalista colonial (Lugones, 2008, 2014). Por lo tanto, no asumen la condición de “prehumanidad” que puede ser cuidada y protegida, y son clasificades como anormalidades, indignes, sin potencial para “volverse humanes” (Favero, 2020).

Rita de Cássia Marchi (2011), inspirada en los estudios de género, parte de una crítica a la ciencia moderna, problematizando la condición invisible de niñes y mujeres en la producción de conocimiento. Ella relativiza las relaciones tradicionales entre generaciones, en las que se imponen violentamente identidades desiguales y relaciones de poder entre adultes y niñes, presentes en los estudios surgidos en la década de 1990, proponiendo así la autonomía epistémica de les niñes. Lo que se observa es el predominio de investigaciones que reproducen el orden de poder hegemónico, binario y jerárquico: adultocentrismo.

En este contexto, la propia organización microfamiliar está siendo ampliada y nacionalizada en Brasil. Al problematizar el vínculo entre el familismo y el proceso de nacionalización del cuidado y la protección social de niñes y adolescentes, Patrícia Moraes et al. (2020) demuestran la persistencia histórica del papel de la familia nuclear, tanto en la configuración social brasileña como en la formulación e implementación de políticas públicas de protección social vinculadas al modelo normativo de la familia tradicional –cisheteropatriarcal–.

Este modelo pasó a ocupar un lugar central en la formulación de políticas públicas como estrategia de protección social durante la década de 1990, período de redemocratización del país tras el golpe militar de 1964 (Moraes et al., 2020). La década de 1990 sacó a la luz cómo la reestructuración posdictadura produjo diferentes efectos en la vida de les niñes, desde el familismo y las políticas de infancia, desde su clasificación como cuasihumanes o nada humanes.

En este debate, la infancia y el desarrollo están atravesados por los conceptos de raza, género/sexualidad y clase social. La infancia ha sido escudriñada por las ciencias, que crean referencias universalizadoras de este período de la vida, que se subordina y subyuga a las diferencias étnicas, de clase y de género. Las ideas actuales sobre el desarrollo están estrechamente relacionadas con estos marcadores sociales de diferencia, y se utilizan como causas de problemas en la construcción de trayectorias vitales.

En los últimos casi veinte años, ha habido un conjunto de investigaciones que han realizado análisis exhaustivos de los discursos conservadores y antigénero en Brasil, especialmente en la educación (Lionço et al., 2018). Desde 2011, con el uso del llamado “Kit Gay” para descalificar el Proyecto Escuela Sin Homofobia, según Leite (2019a, 2019b) el debate sobre géneros y sexualidades ha sido producido por la agenda conservadora cristiana y moralista, produciendo una serie de exclusiones sobre los derechos de les niñes y jóvenes.

Algunos de estos estudios se dedican a analizar la prohibición del género en documentos, planes y fundamentos curriculares y pedagógicos en la educación brasileña (en sus diferentes niveles, municipal, estadual y federal) (Silva y Paraiso, 2019; Mendes et al., 2020; Santos et al., 2023). Otras investigaciones analizan el debate público sobre proyectos de ley y propuestas antigénero en las políticas de educación y protección a la infancia y juventud. Otras intentan analizar los orígenes del movimiento antigénero en Brasil y en otros países y sus reflejos en las disputas sobre políticas de género y sexualidad (Prado y Corrêa, 2018; Corrêa y Khalil, 2021).

Algunes de elles se dedican a situar y problematizar el lugar de las cuestiones de edad y el papel de la familia en este debate sobre la educación de niñes y jóvenes (Leite, 2019a, 2019b; Mattos y Cavalheiro, 2020). Las tensiones en los debates sobre los procesos de autoidentificación de género (Souza, Salgado y Mattos, 2022), el proceso transexualizador (Favero y Machado, 2019), los derechos sexuales de les niñes y adolescentes (Carvalho et al., 2012) o los derechos de les bebés intersexuales a la no intervención en la designación de los genitales. También hay quienes han analizado los programas de promoción del vínculo familiar y de valorización de la familia como estrategia para garantizar las políticas hegemónicas de género y sexualidad, como el Proyecto Niño Feliz (2018-2022) del gobierno Bolsonaro (Nascimento et al., 2022).

A lo largo de este conjunto de investigaciones, hay unanimidad en analizar el avance de las estrategias de los grupos ultraconservadores para atacar los avances de la agenda progresista de derechos sexuales e igualdad de género (Penante y Sousa, 2023). Algunos destacan el lugar del familismo en el desarrollo de estas estrategias, así como la comprensión de les niñes como propiedad del sistema cisheteronormativo, con el objetivo de perpetuarlo.

Consideraciones finales

Participamos de este debate junto a perspectivas feministas críticas y antidecoloniales sobre infancia, géneros y sexualidades, buscando delinear flujos analíticos sobre las redes geopolíticas, capitalistas y neoliberales que apuntalan la producción de conocimiento en las prácticas psicoeducativas sobre las trayectorias de vida y la gestión de los cuerpos, identidades y deseos de niños y niñas. Dentro de estas redes, destacamos los discursos sobre la infancia y el desarrollo (de les niñes y de la nación) que se entrelazan con las políticas de género y sexualidad, provenientes de las agendas de los gobiernos nacionales y de los organismos internacionales.

Lo que sugerimos en las formulaciones hechas hasta ahora se refiere a los usos de la infancia en este marco problemático: género, sexualidad y desarrollo de la nación. Creemos que demostrar cómo las políticas desarrollan la relación entre infancia, género y sexualidad en las prácticas educativas y asistenciales está entrelazado no solo con las agendas morales y religiosas conservadoras, sino también con los proyectos de desarrollo nacional y su relación con otras políticas económicas globalizadas. Esta relación debe analizarse más allá de los microanálisis relacionados con los discursos religiosos y moralistas, como ya se ha descrito. Cómo se han alineado las perspectivas políticas sobre género y sexualidad en la infancia en cuestión con los proyectos geopolíticos de la nación. Por lo tanto, no solo nos referimos al desarrollo humano en el sentido científico psicológico, sino también a su relación con el desarrollo como categoría analítica en un contexto geopolítico.

Además, desde 2018 a 2022 hubo una intensa confrontación y tensión en la lucha por los derechos frente a las violaciones perpetradas por el gobierno brasileño durante este período. Un análisis de los materiales producidos en este contexto puede ofrecer importantes conocimientos sobre los efectos de la agenda ultraconservadora antiLGBTQIAP+ en el país. Los vínculos con las economías y los proyectos políticos de nación que validarían la familia nuclear, cisheteronormativa, pueden ser deconstruidos y desviados hacia nuevos procesos de subjetivación de la infancia y el desarrollo, con el rechazo de compromisos con ideologías que excluyen y producen más violencia, es decir, el rechazo activo del proyecto colonial-capitalista de subjetivación.

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  1. Proyecto de investigación “Epistemes feministas y psicología del desarrollo: el género como dispositivo de problematización de los procesos de cambio”, financiado por la FAPESP (proc. 17/14706-3).↵


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