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Una revisión de los estudios de la masonería en la Argentina

El caso de los territorios nacionales del sur

Mariana Annecchini y Ana María T. Rodríguez

Introducción

En este capítulo analizamos aspectos de la masonería en el Interior argentino, específicamente en los territorios nacionales del sur (La Pampa y Patagonia). Focalizamos el estudio en tres aspectos. En primer lugar, sistematizamos la producción historiográfica que ha abordado este tema en Argentina. En segundo término, contextualizamos el proceso histórico en el que las organizaciones masónicas adquirieron protagonismo en la sociedad. Por último, abordamos el rol que cumplieron estas instituciones en cuanto agentes con una alta incidencia en la construcción de espacios que estaban en pleno proceso de construcción de su estructura política, institucional, económica y social.

Para nuestro abordaje examinamos fundamentalmente la bibliografía existente y la correspondencia entre las logias locales y la Gran Logia Argentina[1].

Los estudios de la masonería en la Argentina y en los territorios nacionales del sur

La historiadora Susana Bandieri plantea que una de las dificultades al momento de estudiar la masonería en Argentina es que la mayor parte de la bibliografía existente se inscribe en una polémica ideológica entre militantes y detractores y ha sido monopolizada por autores liberales y nacionalistas[2]. De esta manera, en el ámbito académico argentino no abundan las investigaciones sobre el tema y el estudio de la masonería ha sido incorporado en las agendas de algunos historiadores específicos. Dichos estudios contemplan una serie de aspectos que van desde los orígenes de la masonería, su concepción como ámbito de sociabilidad, los vínculos con la esfera política y religiosa, las tensiones y divisiones en su interior, las acciones concretas de sus protagonistas, hasta el desarrollo e influencia de la masonería en los territorios nacionales de Argentina[3].

Dentro de los investigadores pioneros en el estudio del tema, tenemos que mencionar a Albicíades Lappas y Emilio Corbiére, quienes han dejado un legado importante en el campo de los estudios masónicos a través de sus reconocidas obras. Por un lado, La Masonería argentina a través de sus hombres y La masonería en la ocupación del desierto, dos obras clásicas de Lappas, y, por otro, La masonería. Política y sociedades secretas y La Masonería II. Tradición y Revolución, dos de las principales investigaciones de Corbiére[4].

Por su parte, los trabajos de Pilar González Bernaldo son cruciales para un abordaje crítico sobre la historiografía argentina de la masonería. De manera concreta, nos referimos a obras como: Masonería y Nación: la construcción masónica de una memoria histórica nacional, y Civilidad y política en los orígenes de la Nación Argentina. Las sociabilidades en Buenos Aires, 1829-1862[5]. Se deben mencionar, además, otros dos trabajos de González Bernaldo sobre la masonería: Masonería y revolución de Independencia en el Río de la Plata: 130 años de historiografía y La Revolución Francesa y la emergencia de nuevas prácticas de la política: la irrupción de la sociabilidad política en el Río de la Plata revolucionario[6].

El trabajo de Carlos Mayo “La masonería en crisis (1902-1922)” también se aproximó al tema desde una perspectiva histórica[7]. Lejos de aportar una mirada monolítica sobre las logias, el autor penetró en sus crisis y divisiones internas y mostró cómo las disidencias y los enfrentamientos personales terminaron por generar importantes movimientos secesionistas al interior de la masonería.

En línea con los trabajos de González Bernaldo y de Mayo, otro de los estudios que aborda la situación de la masonería en Argentina durante las dos primeras décadas del siglo XX es el de Ana María Larregle, “Consideraciones sobre la masonería en la Argentina (1900-1920)”[8]. La autora, además de abordar las divisiones internas de la masonería, analiza su composición y las redes que tempranamente comenzó a tejer con figuras destacadas de la esfera política nacional a través de formas asociativas como los Comités Nacionales del Libre Pensamiento. En esta línea, otro de los autores que se ocupó de analizar los vínculos entre la masonería y el movimiento librepensador en Argentina fue Omar de Lucía[9]. Desde la perspectiva de este investigador, las acciones del movimiento librepensador deben entenderse en el marco de cierta tradición laicista que impregnó la sociedad civil y fue ganando adeptos en distintas ramas del estado en formación a través de redes formadas por logias, diarios, publicaciones anticlericales, mutuales de inmigrantes, círculos de profesionales europeos, sociedades juveniles y comisiones de filántropos.

Dentro de los trabajos que se ocupan del componente sociopolítico de la masonería, debemos referir también a las investigaciones de Marta Bonaudo, quien se propone observar el papel jugado por la masonería en la dinámica de la denominada “política moderna[10]. Concebidas como una red de poder social, para Bonaudo las logias decantaron en instituciones que se proyectaron políticamente y operaron como instancias de mediación entre los individuos y el Estado. Desde este lugar, contribuyeron a la construcción de una cultura política republicana sobre la base del sostenimiento de la universalidad de los derechos y de las libertades públicas.

Entre los estudios que conciben las logias como espacios de sociabilidad, no debemos olvidar aquellos que centran su mirada en la campaña bonaerense, como el de Leandro Di Gresia, “Jueces de paz, masones y conservadores en la campaña bonaerense. Una aproximación a las redes vinculares en el sur de la provincia de Buenos Aires (Tres Arroyos, 1865-1910)”, o el de Yolanda de Paz Trueba, “Masonería y Sociabilidad en el centro y sur de la campaña bonaerense. Fines del siglo XIX principios del XX”[11]. El primero estudia la masonería como un ámbito de sociabilidad en el que se pusieron en juego redes vinculares y entramados políticos. De manera concreta, el autor considera que la pertenencia a redes de sociabilidad, como la masonería, pasó a ser una de las claves para ejercer determinados cargos en la administración pública, como el de juez de paz. Por su parte, la historiadora De Paz Trueba también se propone demostrar de qué modo la masonería tejió diversas redes de sociabilidad a través de una serie de relaciones de tipo cultural, social, económico y político que fueron de fundamental importancia en un contexto caracterizado por el surgimiento de pueblos en pleno proceso de crecimiento y expansión. Desde su óptica, las logias ocuparon un lugar preponderante en la esfera pública local a través de la intervención de sus miembros en instituciones benéficas y en el ámbito educativo y de la salud.

Al momento de estudiar la relación entre la masonería y la Iglesia católica, el estudio de Di Stefano constituye un aporte de relevancia[12]. El autor incorpora el estudio de la masonería en su investigación sobre la historia de los anticlericales argentinos. Sus contribuciones al campo de los estudios religiosos ayudan a interpretar desde una mirada histórica el desarrollo de una institución relevante del campo laico como es la masonería.

Junto con el aporte de las obras precedentes, también debemos mencionar la reciente obra de Dévrig Mollès, director científico del Archivo de la Gran Logia Argentina. En su libro La invención de la masonería. Revolución cultural: religión, ciencia y exilios, el autor se ocupa de los orígenes de la masonería, así como también de sus vínculos con la religión y con la política, entre otros aspectos importantes de la vida moderna. El investigador, además, plantea la importancia de realizar un abordaje crítico y científico sobre el tema, tomando distancia de aquellos estudios que solo reparan en los mitos y leyendas al momento de analizar los orígenes de la masonería[13].

Los territorios nacionales argentinos fueron espacios donde el asociacionismo masón también se desarrolló y sus principales exponentes mediaron entre la sociedad civil y el poder político. Prueba de ello lo constituyen estudios como los de Susana Bandieri, quien ha estudiado el caso del territorio nacional de Neuquén[14], los de Ana Rodríguez, quien se ocupó de la presencia masónica en el territorio nacional de La Pampa[15], y los de Aixa Bona, investigadora que abordó la presencia de la masonería en el territorio nacional de Santa Cruz[16]. Estas investigaciones, más allá de sus especificidades, permiten mostrar el grado de desarrollo que las logias tuvieron en los territorios nacionales, así como su incidencia en la política y en el espacio público local al ritmo de los cambios que se producían en el orden regional y nacional. Además, arrojan luz sobre la incidencia de la masonería en el avance de la secularización. En palabras de Bandieri, la masonería tuvo un papel fundamental en la imposición de las prácticas de secularización, en cuanto se apropiaron considerablemente del espacio público local y regional y jugaron un rol político de significativa importancia (Bandieri, 2007, p. 54). Ese espacio público fue el que disputaron con la Iglesia católica. Por lo tanto, desde estos enfoques la masonería es entendida como una institución relevante del campo laico y como un espacio de sociabilidad en el que se elaboraron, debatieron y discutieron valores liberales, republicanos y democráticos.

Al estudiar las prácticas y experiencias de los masones en los territorios nacionales, estas investigaciones revalorizan dichos espacios como objeto de estudio. En otras palabras, al destacar el rol que la masonería y los masones tuvieron en la configuración de los territorios nacionales, contribuyen a pluralizar y complejizar el estudio de la sociedad territoriana y a rescatar sus singularidades.

Las organizaciones masónicas en los territorios nacionales: el contexto de su surgimiento

Los territorios nacionales de la Argentina fueron el resultado de la decisión del Estado de ocupar tierras que habían sido anexadas a la Argentina a partir de diferentes campañas militares contra la población indígena sobre finales de la década del setenta del siglo XIX. Estas campañas garantizaron la inserción productiva del país al mercado internacional como proveedor de productos primarios. Los “nuevos” espacios fueron incorporados a la estructura jurídica a través de la ley 1.532 de 1884 que creó los territorios nacionales de Misiones, Formosa, Chaco, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego[17]. Estas entidades jurídicas, a diferencia de las provincias, eran circunscripciones administrativas que no poseían autonomía dado que dependían directamente del gobierno nacional, y sus habitantes no poseían derechos políticos, es decir, no elegían a las autoridades políticas, con excepción de las municipales[18]. La mencionada ley organizaba

los tres poderes de gobierno de estos territorios con sus respectivas obligaciones: el Poder Ejecutivo, personificado en la figura de un gobernador nombrado por el presidente de la Nación con acuerdo del Senado; el Poder Judicial, formado por los jueces letrados y los jueces de paz, éstos últimos elegidos por el ejecutivo local en las poblaciones con menos de 1.000 habitantes y por los territorianos en las localidades que superaban esos niveles; y el Poder Legislativo, conformado por los concejos municipales que se formaron sólo en localidades con más de 1.000 habitantes[19].

La normativa establecía que la condición de territorio sería provisoria y que alcanzarían el estatus de provincia cuando llegaran a tener 60 000 habitantes. Ya en la primera década del siglo XX, varios de estos territorios contaron con las condiciones legales para ser provincia, pero, por cuestiones vinculadas a diversos intereses políticos y económicos, recién fueron provincializados en la década del cincuenta del siglo XX, de manera concreta, durante el peronismo.

Como han planteado Bucciarelli y Jensen, el Estado esperaba que se produjera la integración de la población dispersa en zonas rurales y centros urbanos, constituyéndose en sociedades con base en el progreso y la civilización. En este clima ideológico, y ante la decisión política de la exclusión de la población que tuvo más un carácter de habitante que de ciudadano, los principios de la democracia republicana no se agotaron en el sufragio y emergieron diversas formas de participación y movilización como prácticas de la construcción política. A modo de ejemplo, y teniendo en cuenta un amplio espectro de expresiones que se manifestaron, pueden mencionarse los movimientos provincialistas que, desde la primera década del siglo XX, bregaron por obtener la autonomía de los territorios del gobierno central[20], el movimiento de trabajadores del agro que llevó a cabo un tipo de movilización con fuertes características chacareras, las demandas de las distintas poblaciones que exigían la construcción de escuelas, y los católicos que salían a las calles con sus procesiones y peregrinaciones. Lo cierto es que las “multitudes”, como parte de un proceso global, irrumpían en los espacios públicos y pretendían incidir en las decisiones políticas.

En este contexto, y tal como ha planteado Bandieri, los territorios nacionales argentinos y, de manera especial, aquellos que fueron asiento de las nuevas autoridades territoriales sin la tradición católica imperante en las más antiguas provincias argentinas atrajeron especialmente a los cultores de las ideas del liberalismo laicista de la época, como es el caso de la masonería, garantizando su exitosa mediación entre la sociedad civil y el poder[21]. Estas logias se desarrollaron como parte de un movimiento mayor que involucró a las diferentes provincias y territorios nacionales argentinos. Lo interesante es rescatar, siguiendo la reflexión de Bonaudo, que la sociabilidad masónica creada a partir de estas prácticas asociativas, en el plano de las ideas, fueron espacios privilegiados de elaboración, debate y discusión de los valores liberales, republicanos y democráticos; y, en el terreno de las formas organizativas, su estructura programática y sus pautas de integración y regulación incidieron en las nuevas formas del asociacionismo voluntario, operando como instrumentos de nuevas identidades (Bonaudo, 2007, p. 404).

Las logias

En los territorios proliferaron diferentes logias masónicas que surgieron en los principales núcleos urbanos. En el caso del territorio pampeano, General Acha fue uno de los primeros poblados del territorio y su primera capital (1900-1902); Santa Rosa fue la capital a partir de 1902 y General Pico fue el principal núcleo poblacional del norte de La Pampa, vinculado al desarrollo agrícola y a la llegada del ferrocarril. Por su parte, Neuquén fue la capital del territorio homónimo a partir de 1904; Río Gallegos lo fue del territorio de Santa Cruz desde 1888 y posteriormente capital de la provincia de Santa Cruz; por último, Ushuaia, capital del territorio nacional de Tierra del Fuego y en 1990 capital de la provincia. Compuesta mayormente por sectores urbanos, la masonería mantuvo estrechas relaciones con los notables de cada territorio, fundamentalmente con la elite política, supo tejer un entramado de vínculos e influencias y fue protagonista de conflictos y tensiones por los espacios de poder. A partir de estos vínculos y de los lazos que mantuvo con las autoridades masónicas a nivel nacional, la masonería se involucró en los problemas locales.

El siguiente cuadro síntesis refleja la existencia de diferentes logias en los territorios nacionales y permite observar, al mismo tiempo, su carácter efímero.

Territorio Logia Periodo
Nacional de la Pampa (Santa Rosa)
Luz de la Pampa
s/f-1907
Nacional de La Pampa (Santa Rosa) Estrella de la Pampa del Valle de Santa Rosa 1907 -1912
Nacional de La Pampa (General Acha) Logia Libertad del Valle de General Acha 1907- 1914
Nacional de La Pampa (General Pico) Logia Luz de La Pampa 1909 -1914
Nacional de La Pampa (General Pico) Logia Hispano-Americana n.° 407, luego Independencia Argentina n.° 407
1919-1923
Nacional de La Pampa (Catriló) Triángulo Luz de La Pampa 1923 -1924
Nacional de Neuquén (Neuquén) Logia Obreros Luz del Neuquén 1905-1907
Nacional de Neuquén (Neuquén) Logia La Verdad 1906-s/f
Nacional de Santa Cruz (Río Gallegos) Logia Hiram en Patagonia n.°70 1903-s/f
Nacional de Santa Cruz (Río Gallegos) Logia Rivadavia 1920-1944

Nacional de Tierra del Fuego (Ushuaia)

Logia La Estrella Polar n.° 117

1906-s/f

Las logias nacieron en lo que podemos denominar la etapa de florecimiento de la masonería y operaron como constructoras de la institucionalidad moderna. Acordamos, como lo plantea Bandieri, que

las incipientes poblaciones patagónicas, sobre todo las que fueron asiento de las nuevas autoridades territorianas, parecieron ofrecer alternativas válidas para consolidar cierto tipo de redes sociales de carácter laico y liberal. Estas formas asociativas tuvieron un fuerte arraigo en las sociedades nuevas, lo cual les permitió una apropiación considerablemente mayor del espacio público local y regional, tal y como se evidencia en el pensamiento y acción de numerosos funcionarios e intelectuales de la época (Bandieri, 2010, p. 12).

Los integrantes de las logias concibieron que, a través de esta forma asociativa, tenían la posibilidad de insertarse en el ámbito público local y desarrollar una función política de relevancia. En palabras de Bandieri, los “nuevos espacios” facilitaron la inserción de aquellos inmigrantes que concibieron la posibilidad de construir “nuevas sociedades” sobre la base de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad y bregaron para que los ciudadanos se realizaran a través de la “Ciencia, la Justicia y el Trabajo” (Bandieri, 2007, p. 58).

De esta manera, los miembros de las logias se insertaron en diferentes ámbitos locales en los que se debatía el destino de estos nuevos espacios que habían sido “conquistados al indio”. El concejo municipal, como lugar político institucional y espacio donde los territorianos ejercían su ciudadanía política, fue uno de los elegidos[22]. Como hemos señalado, en los territorios nacionales los habitantes no tenían derecho a elegir a los gobernadores y en consecuencia el Concejo fue el ámbito donde se llevaba a cabo la lucha política y desde donde se proyectaba el desarrollo local. El otro cargo local en el que los masones se desempeñaron fue el de juez de paz. También se insertaron en las estructuras de las asociaciones de inmigrantes, concretamente en las comisiones directivas de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos o de la Sociedad Española o en otro tipo de asociaciones, como la Asociación Sarmiento en Santa Rosa[23]. Además, promovieron la creación de otras instituciones, por ejemplo, bibliotecas populares, como la creación de la Biblioteca Rivadavia, iniciativa desplegada por miembros de la Logia Obreros Luz del Neuquén en 1907, o centros culturales e instituciones de nivel medio y superior, propuestas llevadas a cabo por la logia Rivadavia en Río Gallegos. Cabe destacar que la proyección de estas instituciones laicas trajo aparejado cierto malestar por parte de la Iglesia católica en los territorios nacionales estudiados. Esto permite advertir la presencia de conflictos y tensiones entre la masonería y dicha institución religiosa.

La participación de los miembros de las logias en otros ámbitos muestra cómo su accionar se forjó más allá de la propia institución y sus adherentes se integraron a otras instituciones del medio que formaban parte de la sociabilidad local. De esta manera, se puede decir que los masones territorianos fueron artífices de la trama de relaciones sociales locales y, como lo han planteado algunos investigadores, pretendieron influir y dirigir la sociedad a partir de sus ideales. En este marco fueron una pieza clave en la construcción de la institucionalidad política de los lugares donde se establecieron. En el territorio pampeano, participaron del movimiento provincialista e incidieron para que algunas comunas, como General Pico, adquieran el carácter de municipalidad.

En cuanto a los reclamos por la provincialización de La Pampa, estos se remontan, como señalan Moroni et al, a los inicios del siglo XX y, con distinta intensidad, estuvieron presentes durante los primeros cincuenta años[24]. La ley n.° 1.532 establecía como mínimo 60 000 habitantes para cambiar el estatus jurídico y con ello gozar de los beneficios que esto implicaba: elegir los gobernantes, tener la posibilidad de ser candidatos, poseer independencia económica.

En 1907 los masones propiciaron la creación del Comité Territorial Pro-Autonomía. De acuerdo a lo postulado por Zink, por iniciativa de Santiago Ortiz y de Arturo Castro, este último integrante de la logia Estrella de La Pampa del Valle de Santa Rosa, se formó una comisión provisoria con vista a institucionalizar y sistematizar las acciones. De este modo, convocaron una asamblea y el 20 de noviembre de 1907 sus participantes crearon el Comité Territorial Pro-Autonomía, presidido por el juez letrado Miguel Duarte, creador de la logia Luz de la Pampa.

Además de Castro, también participó del movimiento el masón Arturo Guevara, quien fue vocal del Comité Territorial Pro-Autonomía. En 1908, Juan Lorusso, Eudoro Turdera y Luis Camussi fundaron el periódico La Autonomía, órgano de difusión del Comité, hasta que decidieron cerrarlo como forma de protesta por la dilación del pedido autonomista[25].

Más allá de estas participaciones individuales, la logia Estrella de la Pampa reclamó de manera explícita:

Su población supera en mucho a la que la ley exige a los territorios nacionales para erigirlos su provincia: sus rentas sobrarían para atender los servicios públicos y costearse una administración hasta de lujo y sería una manifiesta injusticia mencionar si quiera que no tiene hombres aptos para dirigir sus destinos. La honradez caracteriza a los valientes pobladores de estas regiones, ayer no más dominios del salvaje y hoy floreciente fuente de progreso, gracias a la constancia y labor de los que la elevaron a tal altura y el patriotismo más puro anima sus pechos. Así en todos los pueblos, la honradez y el patriotismo animan a los hombres de gobierno, todos los pueblos serian grandes.
Penetrada de todo esto es que esta Aug. y Res. Logia, reconociendo el derecho que asiste al pueblo de la Pampa, lo justo de su demanda y la nobleza de ambición, ha resulto pedir al Gobernador interino que se digne a considerar la gran nobleza del paso que ese pueblo quiere dar y coopere con todo su poder para que pueda realizarlo, con el convencimiento de que este acto encuadra dentro de los nombres ideales masónicos y seria una victoria mas anotar en la historia de su acción benefactora y progresista., la Logia Estrella de la Pampa tomó posición explícita.[26]

La respuesta no se hizo esperar y el gobernador de la Orden se comprometió a coadyuvar a la obtención de la autonomía política del territorio. Si bien no tenemos material documental para interpretar cómo cristalizó ese apoyo a la solicitud de los autonomistas masones, es evidente que la militancia de los pampeanos logró calar en las estructuras de la masonería a nivel nacional.

Como señalábamos, las asociaciones masónicas también participaron de las gestiones para promover que las poblaciones que reunían los requisitos jurídicos adquirieran la jerarquía de municipalidades. En el caso de la logia Luz de la Pampa de General Pico –territorio nacional de La Pampa–, los masones apoyaron las iniciativas del gobernador ante el ministro del Interior para crear municipalidades en algunos pueblos del territorio que “por su número de habitantes estaban en condiciones de tenerlas”: “Y este Valle hace tiempo cuenta con un número más que excesivo del que la Ley exige”.

Recordemos que, según la ley n.º 1.532, para alcanzar la categoría de municipalidad, la localidad debía reunir una cantidad mínima de 1 000 vecinos, y luego el Poder Ejecutivo autorizaba la creación de un Concejo electivo; esa situación les permitía a los pobladores elegir autoridades y tomar decisiones respecto al funcionamiento de la comuna, aunque el gobierno nacional se reservó el derecho de intervenirlos si consideraba que había irregularidades o bien si los concejales no actuaban correctamente o lo hacían con demasiada independencia. General Pico alcanzó esta categoría en 1912.

Está claro que la injerencia de la masonería en los asuntos políticos territorianos no fue una cuestión privativa del espacio pampeano. Tal como señala Bandieri y Moroni, para el territorio nacional de Neuquén, las incidencias de la masonería en la política y en el espacio público local se hicieron cada vez más evidentes, al ritmo de los cambios que simultáneamente se producían en el orden local y nacional. En este sentido, la documentación de la logia Obreros Luz del Neuquén arroja luz sobre la injerencia de los masones en el proceso de destitución del juez letrado del territorio, Patricio Pardo. Las múltiples acusaciones en su contra, así como los cuestionamientos permanentes referidos al estado de la justicia en el territorio, lograron hacerlo renunciar. El paso siguiente de los miembros de la logia fue incidir en la elección de su remplazante. En las reiteradas correspondencias al secretario general, Pedro Grande, solicitaban que se hiciese valer la influencia de la masonería en cuestiones vinculadas a la incorporación de ciertas personas en determinados cargos públicos. Finalmente, la persona designada fue el ya mencionado Miguel Duarte, masón procedente del territorio nacional de La Pampa y fundador de la logia Luz de La Pampa. En este caso, el cargo de Duarte como juez letrado del territorio de Neuquén no solo arroja luz sobre la movilidad de los integrantes de las logias de territorios limítrofes, sino también sobre la trama de relaciones e influencias sociales y políticas tejidas por la masonería.

Situaciones similares a las precedentes tuvieron lugar en la logia del territorio nacional de Santa Cruz, donde miembros de la logia Rivadavia también utilizaron los contactos de la masonería para influir en la designación del gobernador o de determinado candidato a juez letrado del territorio. En este caso, el acceso de la masonería a sus redes de poder no solo le permitía incidir en decisiones que involucraban al territorio, sino también a sus miembros. Como, por ejemplo, colocar a miembros de las logias en un cargo político o en algún puesto de la función pública.

En definitiva, la injerencia en este tipo de cuestiones políticas permite advertir cómo, en un marco de debilidad de las identidades partidarias, la masonería permitió tratar, poner en debate y accionar ante este tipo de situaciones que hacían a la dinámica política de los territorios nacionales.

Reflexiones finales

En este capítulo nos propusimos mostrar el impacto de la masonería en los territorios nacionales del sur argentino. Asimismo, hicimos una breve referencia a los principales autores y autoras que han abordado el tema en Argentina con el propósito de reflejar la complejidad de su estudio y la importancia de abordarlo desde una perspectiva crítica y académica que tome distancia de los aspectos míticos, estereotipos o prejuicios y que pueda recuperar otros elementos en el estudio de la masonería, como su componente histórico y sociopolítico.

Analizar el contexto de surgimiento de las logias en los territorios nacionales y el comportamiento de sus miembros permite advertir que la masonería, como ámbito de sociabilidad, emergió con fuerza no solo en los principales centros urbanos argentinos, sino también en espacios periféricos que estaban en pleno proceso de configuración institucional, política, económica y social como fueron los territorios nacionales. En este sentido, consideramos que, en dichos ámbitos, la masonería fue, sin dudas, una forma de integración de las elites a una sociedad en construcción, donde todo estaba por hacerse. De esta manera, es posible advertir las vinculaciones de los masones con otras instituciones locales, como los concejos deliberantes, el juzgado de paz, las bibliotecas populares o centros educativos, ámbitos que nos permiten pensar en las logias como ámbitos de sociabilidad que, más allá de sus funciones específicas, contribuyeron a crear vínculos y solidaridades en una sociedad móvil, en la cual las identidades, las redes de poder y de sociabilidad también estaban en construcción.

A partir de la creación de vínculos, redes e influencias, los masones se involucraron en los problemas que tenían lugar en los territorios. Se podría decir que funcionaron como grupo de presión, en la medida en que actuaron a través de las autoridades de la Gran Logia Argentina sobre el gobierno nacional y territoriano para imponer sus aspiraciones o reivindicaciones. Según Bandieri, la existencia de importantes redes de relaciones que contribuían a favorecer las intenciones políticas de sus miembros permite romper con cierta historiografía que plantea el aislamiento y la falta de articulación de las elites patagónicas con el poder central producto de la lejanía de los territorios nacionales. Cabe resaltar que dichas redes no siempre fueron fuertes, más bien parecen haberlo sido a principios de siglo, cuando todavía las logias ocupaban lugares de privilegio en el poder nacional. A partir de los años veinte del siglo XX, en consonancia con lo que ocurrió a nivel nacional, el surgimiento de los partidos políticos orgánicos y de otras formas asociativas disminuyó paulatinamente la importancia de las logias y su rol de mediadoras entre la sociedad civil y el poder político.

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Rodríguez, A. M. (2015). “Los masones pampeanos de principios del siglo XX: el perfil socio ocupacional y las redes de vinculación de la Logia Luz de La Pampa, General Pico (1909–1914)”. Ponencia presentada en las XXII Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias Humanas, 10 y 11 de septiembre de 2015, Santa Rosa, La Pampa, Argentina.

Rodríguez, A. M. (2016). “Los conflictos en torno a la construcción de una sociedad católica: voces anticlericales en el Territorio Nacional de La Pampa de principios del siglo XX (1896-1934)”. En R. Di Stefano y J. Zanca (Eds.), Fronteras disputadas: religión, secularización y anticlericalismo en la Argentina (siglos XIX y XX). Buenos Aires: Argentina: Imago Mundi, pp. 147-183.

Rodríguez, A. M. (2017). “Masones en el interior argentino: su funcionamiento, sus redes de vinculación y su disidencia religiosa (1907-1924)”. Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y caribeña, 9(2), 176193.

Pozuelo Andrés, Y. (2018). “Migraciones”. En R. Martínez Esquivel, Y. Pozuelo Andrés y R. Aragón (Eds.), Masonería y Masones I: Migraciones. Asturias, España: Editorial Entreacacias, pp. 1721.

Zink, M. (2014). “‘Tenemos la pretensión de ser provincia’. Actores y prácticas autonomistas en el Territorio Nacional de La Pampa (1890-1930)”. En E. Mases y M. Zink (eds.), En la vastedad del “desierto” patagónico. Estado, prácticas y actores sociales (1884-1958). Rosaio, Argentina: Prohistoria, pp. 25-57.


  1. Concretamente hemos recibido documentación correspondiente a los territorios nacionales de La Pampa y Neuquén. Agradecemos al Dr. Dévrig Mollès por el material brindado.
  2. Véase Bandieri (2010).
  3. En un estudio que aborda los inicios de la masonería y su extensión desde Europa hacia América, Pozuelo Andrés (2018, pp. 17-21) plantea que los individuos que más aprecian y odian a la masonería, los más interesados en ella, son los mismos que se ocupan de tergiversar, deformar y borrar su pasado. Desde su perspectiva, la historia de la masonería ha sido manipulada y lo sigue siendo en la actualidad, en cuanto la mayoría de la producción sobre el fenómeno masónico continúa bajo una autoría amateur.
  4. Véase Lappas (1966; 1981) y Corbiére (2007; 2011).
  5. Véase González Bernaldo (1990; 2001).
  6. Véase Ferrer Benimeli (2012).
  7. Véase Mayo (1988).
  8. Véase Larregle (1989).
  9. Véase De Lucía (1994; 1999).
  10. Véase Bonaudo (2007; 2010).
  11. Véase Di Gresia (2010) y De Paz Trueba (2011).
  12. Véase Di Stefano (2010).
  13. Véase Mollès (2015).
  14. Véase Bandieri (2007; 2010); Bandieri y Moroni (2013).
  15. Véase Rodríguez (2013; 2014; 2015; 2016).
  16. Véase Bona (2008).
  17. En 1899 se creó el territorio de los Andes y por decreto de 1943 fue disuelto e incorporado a las provincias limítrofes.
  18. Véase Bucciarelli y Jensen (2008).
  19. Véase Moroni, Folco, Lanzillota, Zink y Bergia (2008).
  20. En 1918 el Comité de la Juventud Pro Autonomía de La Pampa y el Comité Metropolitano Pro Autonomía –este último con sede en Buenos Aires– organizaron actos y movilizaciones de vecinos por las calles de Santa Rosa. En 1921 la Unión Provincialista presentó a las autoridades un documentado memorial donde se detallaba la historia del movimiento desde 1907 hasta entonces. Durante los últimos años de la década del veinte y primeros de la década del treinta, el Comité Metropolitano, juntas provincialistas de las localidades y comités radicales organizaron convenciones, actos y expresiones de reclamo, con el liderazgo de Alberto J. Grassi. En estos años la acción se focalizó en el norte del territorio y se produjo la incorporación de los socialistas a los esfuerzos autonómicos (Etchenique, 2003).
  21. Véase Bandieri (2007).
  22. La Ley Orgánica 1.532 habilitaba a los habitantes de los territorios a participar de las elecciones de concejos municipales y de jueces de paz cuando las comunas superaban los 1 000 habitantes. Se trataba de un ejercicio limitado de los derechos cívicos, porque no contemplaba la posibilidad de elegir candidato para la gobernación o para el ámbito nacional. Los concejos municipales estaban compuestos por cinco miembros, mayores de edad y domiciliados en el distrito, que a su vez elegían entre ellos un presidente, encargado de ordenar los debates y representar a la localidad en sus relaciones oficiales. Con tres ediles se tenía cuórum para sesionar. Los miembros del Concejo duraban dos años en sus funciones, el cargo era gratuito y se renovaba por mitad cada año, debiendo sortearse al efecto los que se retirarían la primera vez. Moroni et al. (2008).
  23. Esta asociación reivindicaba la figura de Sarmiento, específicamente su tarea educativa y perspectiva laica.
  24. Véase Moroni et al. (2008).
  25. En 1913 se reabrió y quedó a cargo de Arturo Castro y Marcos Molas; si bien continuó con la misma orientación, lo hizo de manera independiente de la organización y se manifestó al margen de identificaciones político-partidarias (Zink, 2015).
  26. Nota al Consejero de Gobierno, del 20 de junio firmada por Arturo Guevara (Venerable), Jose Safigueroa, José Sardella y Luis M. Camussi (Legajo 962, Archivo de la Gran Logia Argentina).


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