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La historiografía masónica en Cuba

Características generales

Yuniel Fonseca Pozo

Introducción

En las presentes cuartillas, el autor se propuso exponer cuáles han sido las características generales que ha mostrado la historiografía masónica cubana. Para ello ciñó su trabajo en los siglos XIX, en que se institucionaliza la masonería en Cuba y aparecen publicadas las primeras obras de la historiografía masónica cubana; en el siglo XX, en el que en sus primeras décadas la institución masónica cubana vivió su mayor esplendor, alcanzando un notable crecimiento cuantitativo y haciendo visible su amplia proyección social, lo que estimuló la producción historiográfica; y luego en las décadas finales del siglo XX y las primeras del siglo XXI.

Para su trabajo el autor consultó las principales obras de la historiografía masónica cubana, las que se pueden considerar las obras fundacionales de la institución, posibles de consultar en la Biblioteca de la Gran Logia de Cuba de A. L y A. M en La Habana, biblioteca que está abierta al público general y cuenta además con la colección de la revista La Gran Logia y anuarios de las Grandes Logias cubanas. En la Biblioteca Nacional José Martí, se consultaron folletos, manuscritos y artículos publicados durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras décadas del XX, como resultado de conferencias en logias cubanas y que posteriormente se imprimieron para ser socializadas con el resto de los masones cubanos.

Un aporte teórico de la presente caracterización constituye la regularización a la historiografía masónica cubana del rol desempeñado en la sociedad civil cubana de las primeras décadas del siglo XX, de la Gran Logia Oriental de Cuba, objeto de estudio de la tesis de doctorado del autor, lo que le permitió el acceso a los archivos de esa Gran Logia existentes en la logia Prudencia n.º 2 de la ciudad de Santiago de Cuba.

Escritos acerca de la masonería

Desde los primeros momentos de la organización masónica, se evidenció el interés por divulgar la obra de las logias a través de diarios y revistas que publicaban reseñas, narraciones o escritos. La labor de Aurelio Almeida y González en ese sentido fue esencial. Fue una de las figuras de mayor relevancia en el proceso de fusión y reorganización de la masonería cubana durante las últimas décadas del siglo XIX, realizó además importantes aportes en el campo de la jurisprudencia y bajo su tutela vieron la luz varias revistas: La Voz de Hiram, El Cincel y La Gran Logia. Esta última mantiene su vigencia hasta nuestros días y constituye una de las publicaciones masónicas más antiguas de Cuba. Almeida dedicó además valiosos esfuerzos a la traducción al castellano de varias obras de relieve en el campo masónico. Entre ellas podemos mencionar el Curso Oral de Cauchois y la Jurisprudencia de Mackey. Escribió posteriormente el Compendio de Jurisprudencia y El Consultor del Masón, y publicó una serie de artículos titulados La masonería y el Código Penal, con el objetivo de demostrar que ser masón no constituía un delito.

Almeida, a quien se puede considerar una de las figuras relevantes de la jurisprudencia y la historiografía masónica cubana del siglo XIX e inicios del XX, fue el principal artífice de la reorganización y consolidación de la masonería cubana durante las décadas finales del siglo XIX, como también lo fueron Antonio Govín, José Fernández Pellón, Aurelio Miranda, Francisco de Paula Rodríguez, entre otros. Según afirma el investigador Eduardo Torres-Cuevas (2013, p. 222), “ellos crearon una concepción cerrada y definitiva para la masonería cubana” que le permitió ya en la República[1] convertirse en una de las más importantes instituciones de la sociedad civil, no solo por el sostenido crecimiento experimentado durante las primeras décadas, sino también por la proyección social sostenida durante la primera mitad del siglo y la presencia en sus filas de importantes figuras del ámbito político y social.

Un elemento importante, inherente a la masonería cubana, fue la contribución a la historiografía masónica cubana de un grupo importante de miembros de la propia institución. Entre ellos, por la importancia de sus obras, no se puede dejar de mencionar a Andrés Cassard (1879), quien elaboró el Manual de la Masonería, ó sea el tejador de los ritos antiguos escocés, francés y de adopción; a Aurelio Almeida y González (1884), autor de El Consultor del masón; a Francisco de Paula Rodríguez y Gerardo L. Betancourt (1919), autores del Manual Masónico; a Aurelio Miranda Álvarez (1933), con su obra Historia documentada de la masonería en Cuba; a Francisco J. Ponte Domínguez (1954), quien abordó el papel de los masones en las luchas contra España en su obra La Masonería en la independencia de Cuba; y a Roger Fernández Callejas (1913, 1961), con dos importantes textos: La Masonería, la Educación Cívica y el Sufragio y Cien años de actividad masónica. Las obras de estos autores, de modo general, se caracterizan por el tratamiento del esoterismo institucional y por la vinculación de la masonería con las guerras independentistas del siglo XIX.

La masonería cubana, desde su establecimiento, se vio favorecida por una amplia producción historiográfica que tuvo como finalidad legitimar el accionar de esa fraternidad en la sociedad cubana. Esta amplia producción, en buena medida, fue el resultado del empeño de miembros de la propia institución, quienes publicaron decenas de artículos en la prensa masónica y no masónica de casi todo el país. A la obra de los autores antes mencionados, se añade la valiosa información contenida en cientos de artículos publicados durante las décadas finales del siglo XIX y las primeras del siglo XX que dedicaron espacio a publicar el accionar de los masones en Cuba. Esta sostenida producción se vio amparada por la creación, durante las primeras décadas del siglo, de la Asociación de Escritores Masónicos, que “ha logrado encausar la sección masónica de la prensa periódica, logrando que sea un motivo de estudio y de ameno recreo en lugar de una vanidosa exhibición de medianías” (Rodríguez y Betancourt, 1919, p. 79). También se debe resaltar el esfuerzo de la masonería cubana por poseer órganos de prensa propios, ejemplo de ello fue la creación de las revistas La Gran Logia[2] y Los Masones de Oriente.[3]

Acerca de los estudios en torno a la masonería cubana

La mayor crítica realizada por los estudiosos de la historia de Cuba a la historiografía masónica de Cuba está relacionada con el hermetismo que han asumido los estudios frente a los acontecimientos que involucran a la institución, fundamentalmente la vinculación de la masonería a las luchas contra el colonialismo español. La obligada separación del objeto de estudio, que deben lograr los estudiosos para tener una visión objetiva de la realidad, no ha sido lo que ha primado en los análisis históricos de la masonería, sino más bien una extrema precaución en aras de velar por los principios éticos del masón. En este sentido, en uno de los ensayos de Torres-Cuevas se dice sobre la visión histórica:

Aparece velada por el prisma con que los autores asumen su objeto de estudio, la época en que escribieron y las ideas filosófico-político-morales que compartieron. La razón que los motivaba no era sólo la del historiador que tiene como objeto de estudio la incidencia de la masonería en el decursar de la sociedad cubana, sino la del masón que, desde el interior de la institución, observa sólo aquello que la enaltece (Torres-Cuevas, 2013, p. 61)

Si bien es cierto que los estudios acerca de la masonería cubana, realizados por miembros de la institución, como generalidad han estado plagados por la apología, en la actualidad constituye una insuficiencia en la ciencia histórica cubana el estudio de la masonería cubana, desde el punto de vista académico, que revele el verdadero papel de esta fraternidad en la sociedad cubana. Independientemente de las limitaciones señaladas en la historiografía tradicional, vale destacar que las obras de estos autores poseen un alto valor por su contribución al conocimiento y comprensión de la historia institucional, por lo cual es ineludible su consulta para quien consagre sus esfuerzos a un estudio consciente sobre el tema.

La producción historiográfica cubana de las últimas dos décadas tiene otros análisis, con basamentos académicos. Sobre todo se ha reconocido la necesidad de evaluar el papel de la masonería en la historia social de la Cuba contemporánea, y ello ha permitido incluir los espacios en que tuvieron protagonismo las logias y los masones en las líneas de investigación del campo de la ciencia histórica. Pero aún no se cuenta con una producción amplia y diversificada, ni siquiera entre los masones. En la tesis doctoral del historiador y masón Samuel Sánchez Gálvez, se precisa:

En su conjunto los estudios históricos realizados por autores masones cubanos tributan a tres líneas fundamentales. La primera se concentra en el estudio de hechos de la historia nacional en los cuales tuvieron un papel destacado la masonería o los masones; estos estudios priorizan los procesos independentistas, presentando como una notable ausencia los estudios republicanos. La segunda se dirige al estudio de la vida y la obra de figuras masónicas ilustres, por ejemplo, Céspedes, Maceo, Martí. La tercera estudia hechos institucionales tales como fundación de logias, asilos, escuelas (Sánchez Gálvez, 2009).

No obstante, una revisión rápida de los estudios actuales nos permite mencionar importantes especialistas dedicados al estudio de la masonería, los cuales cuentan con obras de gran valor. En primer lugar, debemos mencionar la labor emprendida por el doctor en Ciencias Históricas y presidente de la Academia de Historia de Cuba Eduardo Torres-Cuevas, quien ha dedicado valiosos esfuerzos al estudio del tema de la masonería.[4] En 1978 presentó el trabajo Vicente Antonio de Castro, el Gran Oriente de Cuba y las Antillas y la ruptura del 68, que constituyó el inicio de una nueva visión sobre la historia de la institución masónica. Luego, en 1995, publicó el texto Antonio Maceo. Las ideas que sostienen el arma, en el cual se aborda el papel de la masonería en las luchas independentistas. Por su parte, el libro Historia de la masonería cubana. Seis ensayos, publicado en 2004, representa la reflexión más amplia realizada por el autor sobre el tema. En estos ensayos no solo plantea aportes sustanciales al estudio y comprensión de la masonería cubana, desde su origen hasta el siglo XX, sino que también se propone una periodización para el estudio científico de la masonería en Cuba.[5] En el 2005, la profesora Leonor Amaro Cano, en un comentario al libro en cuestión, señala que la masonería cubana, como una de las instituciones más antiguas del país, en los últimos cuarenta años no ha sido privilegiada en el plano investigativo, a pesar de su prestigio social por más de doscientos años. De ahí que ella recalque la importancia de la obra de Torres-Cuevas, fruto de muchos años de recopilación y análisis, por considerar que aborda espacios de la cultura no estudiados hasta ahora. Citando al mismo Torres-Cuevas, Amaro Cano subraya, además, que no podrá entenderse la historia nacional cubana mientras nos quede espacio por conocer, estudiar y debatir.[6]

En esa misma época, inicios del presente siglo, aparecen trabajos en revistas de ciencias sociales al calor de polémicas sobre la filiación masónica de personalidades relevantes de la historia de Cuba. Las figuras de Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo y José Martí han sido estudiadas desde su posición masónica. Cabe destacar que la certeza de la afiliación masónica de José Martí ha provocado controversias. Así, en el 2004, el profesor Eduardo Vázquez Pérez presentó, entre otros trabajos, La iniciación masónica de José Martí, con la cual generó una polémica con otros especialistas de las ciencias sociales.

Hoy día existe en Cuba un gran interés por el estudio de la masonería. Ello ha dado lugar a maestrías y doctorados, cuyos resultados en muchos casos se encuentran en fase editorial. En este sentido, cabe destacar la labor del reconocido historiador de filiación masónica y profesor de la Universidad de Cienfuegos Samuel Sánchez Gálvez, quien en 2010 defendió su tesis doctoral titulada La logia masónica cienfueguera Fernandina de Jagua (1878-1902). Un estudio de caso. Además, cabe mencionar la publicación de varios artículos en revistas especializadas, así como dos libros: Martí ciñó el mandil. Prueba documental de su filiación masónica, en 2007 y Legados perdurables. Masonería en Cienfuegos 1878-1902, en 2010. Estos textos constituyen un resultado de reflexión histórica válida para abordar los estudios generales de la institución. En ellos, Sánchez Gálvez se dirige a develar el quehacer de la masonería en Cienfuegos, con lo que abrió otro espacio para el estudio académico de la masonería cubana y para el estudio de las logias masónicas, contribuyendo así al desarrollo de los estudios regionales e institucionales.

Por su parte, la búsqueda, el hallazgo y el análisis de nuevos documentos han permitido presentar trabajos de investigación en más de una universidad cubana y acreditar la culminación de estudios de pregrado en las licenciaturas de Estudios Socioculturales, Historia y Sociología. Así, en la Universidad de Oriente, en la provincia de Santiago de Cuba, se defendió en 2009 la tesis en opción al título de licenciado en Historia Acercamiento al estudio de la Masonería en Baracoa (1902-1954), del estudiante Carlos Rafael Urgellés Columbié. En este caso, el autor ha dirigido su interés al accionar de la masonería en la ciudad de Baracoa en la primera mitad del siglo XX, abordando la proyección sociocultural y las acciones vinculadas al rescate y la conservación de los valores históricos y patrimoniales de la localidad. En ese mismo año, se defendió también la tesis Apuntes sobre la historia de la masonería en Santiago de Cuba de 1902 a 1933, de la autoría de José Alberto Ge Nueva, quien ha evaluado la actividad social y la labor filantrópica de la masonería en la ciudad de Santiago de Cuba. En la misma línea de investigación, se presentó en 2013 la tesis en opción al título de licenciado en Historia Obra filantrópica de la masonería en la ciudad de Santiago de Cuba (1920 a 1930). La autora, Evelyn Cañizares Rodríguez, ha caracterizado la masonería en la región suroriental cubana y validado la influencia alcanzada por la masonería en Santiago de Cuba en la vida social de la ciudad durante la década del 20 del pasado siglo.

En el campo de los estudios socioculturales, ha habido también resultados. En la Universidad de Cienfuegos fue defendida en el 2011 la tesis Significación Sociocultural de los Símbolos Empleados en las Logias Masónicas de la Ciudad de Cienfuegos, por la alumna Aimara Olga Amador Alonso, quien ha realizado un estudio del origen y la significación del empleo de los símbolos en las logias masónicas de la ciudad, representando la masonería como expresión sociocultural. En ese mismo centro, en el 2014, se defendió la tesis en opción al título de licenciado en Historia La Logia Francisco Sánchez Curbelo de Cumanayagua (1939-1959), de la estudiante Claudia Bravo Ramírez. La autora ha centrado su estudio en el análisis y posterior valoración de la formación, composición, funcionamiento y repercusión social de esa logia en la localidad de Cumanayagua.

Un estudio novedoso ha sido el trabajo presentado en el año 2016 por el profesor e investigador de la Universidad de Cienfuegos Haens Beltrán Alonso, quien defendió la tesis en opción al grado académico de doctor en Ciencias Pedagógicas Contribución de la Universidad Masónica de Cuba (1955- 1961) a la Educación Superior en Cuba. En el estudio de la Universidad Masónica de Cuba, que fue la primera institución de esa categoría creada por la masonería en todo el mundo, el autor realiza una reconstrucción de la concepción pedagógica de esta universidad, a partir del análisis del proceso formativo en ella desarrollado, el modelo de gestión universitario, la organización del proceso docente-educativo, el diseño curricular, la extensión universitaria y dependiente de esta y las relaciones que mantuvieron con la sociedad. Además, en la investigación Beltrán Alonso devela una parte de la historia de los centros de altos estudios hasta hoy no abordada y ofrece el acercamiento a un grupo significativo de fuentes primarias, lo que otorga mayor valor a la investigación, si se tiene en cuenta la desaparición física de la mayor parte de los fondos estatales referidos a la educación superior privada antes de 1959.

Con vistas a defender el Doctorado en Historia en la Universidad de La Habana, el autor de estas cuartillas ha trabajado la fundación, funcionamiento y proyección social de la Gran Logia Oriental de Cuba durante las primeras tres décadas del siglo XX. Durante varios años ha podido revisar un grupo significativo de fuentes primarias y secundarias, muy especialmente, la numerosa papelería del Archivo de la Gran Logia Oriental de Cuba, existente en la logia Prudencia n.º 2, de Santiago de Cuba, que fue la sede del referido organismo. Esta amplia y valiosa información estuvo sumida en el olvido por más de noventa años y fue rescatada y procesada a fin de llevar adelante la tesis doctoral.

La Gran Logia Oriental de Cuba, organismo masónico hasta la fecha soslayado por la historiografía masónica cubana, mantuvo un esfuerzo constante por el mejoramiento de las condiciones de vida de amplios sectores de la sociedad que por su condición social se vieron más afectados por la crisis económica y social que experimentó la sociedad cubana durante las tres primeras décadas del pasado siglo. La labor desplegada por la Gran Logia Oriental de Cuba, concentrada fundamentalmente en las esferas de la salud y la instrucción pública, forma parte del legado de la masonería cubana a la sociedad, en momentos en que esta fraternidad constituyó una de las más importantes instituciones de la sociedad civil, aspecto reconocido por los participantes en el Primer Congreso Nacional de Historia, celebrado en 1942:

La masonería ha sido en todos los tiempos, desde su fundación, la institución que más elementos ha aportado a la independencia, la libertad, la cultura y el progreso de Cuba, tanto desde el punto de vista ideológico como el ejemplo de sacrificio, heroísmo y perseverancia ofrecidos por sus afiliados a fin de dar a Cuba una vida de decoro humano, de igualdad y fraternidad social y un régimen de sana democracia.

Repensar cuestiones como la forma de escribir la historia nos obliga a relacionar el interés por los temas y el contexto en el que los historiadores han abordado su investigación. De igual manera, también es importante tener en cuenta la capacidad de analizar el pasado en contextos convulsos.

Al considerar los resultados de la producción historiográfica en Cuba, podemos señalar que, con el triunfo de la Revolución cubana,[7] los estudios históricos se centraron fundamentalmente en los hechos y acontecimientos vinculados a las guerras de liberación del siglo XIX, así como en los movimientos obreros y estudiantiles ocurridos en el siglo XX, sobre todo porque estos últimos tuvieron durante la República un tratamiento bien reducido. La lucha revolucionaria que se abrió a partir de 1959 exigió que las cuestiones políticas lograran una mayor visibilidad, fundamentalmente porque se trataba de reconstruir valoraciones de la historia nacional donde primaran los criterios positivistas. Sin despreciar los resultados de las obras escritas bajo este paradigma historiográfico, a partir de la década del 60 del pasado siglo, los historiadores cubanos incursionan otros paradigmas para llevar adelante sus estudios sobre la historia.

A pesar de las nuevas visiones, fue a partir de la década del 80 del pasado siglo cuando la historia social ocupó un interés especial, por lo que aspectos tan importantes como el asociacionismo masónico, las creencias religiosas, los conflictos generacionales y de discriminación presentes en la sociedad cubana no fueron tan divulgados. Esta cuestión motivó que estos aspectos fuesen abordados por investigadores extranjeros, a tal grado que existió una notable desproporción entre los investigadores nacionales y los foráneos, que dedicaron sus esfuerzos al estudio académico de la masonería cubana. Dentro de estos últimos, se destacan los trabajos de José Manuel Castellanos Gil, investigador español que publicó en 1996 el libro La masonería española en Cuba. En este texto el autor realiza una caracterización de la masonería y los masones españoles radicados en Cuba durante la segunda mitad del siglo XIX. También debemos mencionar el amplio estudio realizado por José Antonio Ferrer Benimeli, a quien se le considera uno de los investigadores más importantes en el estudio de la masonería española y latinoamericana, no solo por la profundidad y amplitud de su obra, sino también por el aporte de una amplia documentación, además de por haber promovido la celebración de varios simposios académicos internacionales sobre la historia de la masonería española y latinoamericana.[8].

Otro ejemplo del interés por el estudio de la masonería cubana lo constituye el trabajo de la investigadora francesa Dominique Soucy, quien publicó en el año 2006 el libro Masonería y Nación. Redes masónicas y políticas en la construcción identitaria cubana (1811-1902). En este trabajo la autora dirige su análisis a revelar cómo el pensamiento masónico-liberal se manifestó en la sociedad y en las instituciones cubanas. Uno de los principales aportes de esta autora es haber trabajado y publicado la documentación masónica cubana que obra en archivos del Gran Oriente de Francia y que es reveladora de las diferencias ideológicas internas de la masonería cubana.

Otro tanto aporta la visión de la estudiosa francesa Agnès Renault, quien publicó en 2009 La influencia de la masonería francesa en el Departamento Oriental de Cuba en los años veinte del siglo XIX. Los aportes de la prosopografía. El texto hace un análisis de la entrada de varias logias en la ciudad de Santiago de Cuba, con la llegada de los inmigrantes franceses, y de cómo el desenlace de la guerra franco-española provocó la expulsión de estos inmigrantes en 1809, tras lo cual desaparecieron también las logias. Posteriormente, la autora se enfoca en el renacer de los trabajos de la fraternidad durante el Trienio Liberal (1820-1823).

La investigadora francesa Delphine Sappez, por su parte, defendió en 2013 su tesis doctoral titulada Ciudadanía y autonomismo en Cuba en el siglo XIX: el compromiso de Antonio Govín y Torres (1847-1914). Allí la autora examina, desde finales de la década del 1870, la fundación de logias dependientes de las distintas Obediencias españolas que rechazaban la legitimidad de la masonería cubana y realiza una biografía política y social de un masón y político cubano, de protagonismo en la esfera pública cubana de las últimas décadas del siglo XIX cubano.

Debemos señalar que, durante las dos décadas del siglo XXI en Cuba, los estudios en torno a la masonería han tomado auge. Sin duda, la celebración del I, II y V Simposios Internacionales de Historia de la Masonería Latinoamericana y Caribeña, que tuvieron lugar en La Habana, en los años 2007, 2008 y 2017, contribuyeron a ello. Estos encuentros facilitaron los intercambios académicos entre especialistas de varios países latinoamericanos y permitieron una actualización del tema a nivel regional, ya que despertaron el interés de investigadores cubanos por el estudio del tema.

En la actualidad, el estudio académico de la masonería cubana mantiene un interés sobre todo en los jóvenes que inician sus trabajos profesionales. Pero no podemos desconocer que la labor de búsqueda tropieza con muchas dificultades. Una de ellas es la consulta de documentos hoy día limitada por la pérdida parcial o total de los fondos relacionados con el tema, sobre todo en los Archivos Históricos Municipales, localidades donde el accionar de la masonería fue recurrente en los principales órganos de prensa. No obstante, aun así, en las principales ciudades del país y en los Archivos Históricos Provinciales, sobre todo en las ciudades que fueron capitales de provincia en la antigua división político-administrativa y que eran receptoras de valiosa información de los términos municipales[9] comprendidos en sus límites, es posible la revisión de algunas de esas publicaciones. También es factible el examen de la correspondencia sostenida entre las logias o entre estas y las entidades gubernamentales. Ello permite analizar una gran variedad de documentación, como por ejemplo las solicitudes para la creación de entidades masónicas o paramasónicas,[10] proyectos de reglamentos, etc., que proveen al historiador de valiosa información para su trabajo.

Una fuente importante son los textos contenidos en publicaciones seriadas. Así, por ejemplo, la revista La Gran Logia, Los Masones de Oriente y secciones masónicas como En Pie y al Orden que ocupó un espacio habitual en Diario de Cuba. Gran parte de esta información permanece en los archivos de logias cubanas, donde se atesora valiosa información, que como generalidad se encuentra en buen estado de conservación. Queda pues una posibilidad abierta para continuar el trabajo iniciado en siglos pasados.

Conclusiones

Este capítulo discurre por la historiografía masónica cubana, acotando tres etapas: siglo XIX, durante la segunda mitad, cuando aparecen las primeras obras de la historiografía masónica cubana, las que podemos considerar los textos fundacionales; siglo XX, las primeras seis décadas de este, en que la fraternidad masónica alcanzó mayor expansión y mayor proyección social, lo que alentó notablemente la producción historiográfica de la masonería cubana; y, por último, las décadas finales del siglo XX y las primeras del XXI. Asimismo, permite conocer las generalidades de esta disciplina en Cuba, incluyendo además investigaciones realizadas desde el punto de vista académico, que como culminación de estudios se han realizado en universidades cubanas y que datan de la última década, lo que provee una actualización acerca de los estudios sobre la masonería cubana.

Bibliografía

Almeida y González, A. (1884). El Consultor del masón. Madrid, España: Puente Godoy y Loureiro Editores.

Cano, A. (2006). Revista Universidad de La Habana. Revista Catauro, Año VII, n.° 12, 141-146.

Cassard, A. (1979). Manual de la Masonería ó sea el tejador de los ritos antiguos escocés, francés y de adopción Edición undécima, corregida y aumentada. Nueva York.

Castellanos Gil, J. M. (1996). La masonería española en Cuba. S. Cruz de Tenerife, España: Centro de Cultura Popular Canaria.

De Paula Rodríguez, F. y Betancourt, G. L. (1919). Manual Masónico. La Habana, Cuba: Imprenta El Siglo XX.

Fernández Callejas, R. (1913). La Masonería. La Habana, Cuba: Imprenta el Siglo XX.

Fernández Callejas, R. (1961). La Educación Cívica y el Sufragio y Cien años de actividad masónica. La Habana, Cuba: Imprenta El Siglo XX.

Ferrer Benimeli, J. A. (1976). Masonería, Iglesia e Ilustración. España: Fundación Universitaria Española.

Miranda Álvarez, A. (1933). Historia documentada de la masonería en Cuba. La Habana, Cuba: Molina.

Ponte Domínguez, F. J. (1954). La Masonería en la independencia de Cuba. La Habana, Cuba: Editorial Modas Magazine.

Sánchez Gálvez, S. (2009). La logia masónica cienfueguera Fernandina de Jagua (1878-1902). Un estudio de caso. Tesis en opción al grado de doctor en Ciencias Históricas. La Habana: Cuba.

Soucy, D. (2005). Masonería y nación. Redes masónicas y políticas en la construcción identitaria cubana (1811- 1902). Las Palmas de Gran Canaria, España: Ediciones Idea.

Torres-Cuevas, E. (1978). “Vicente Antonio de Castro, el Gran Oriente de Cuba y las Antillas y la ruptura del 68”. Revista Santiago, n.º 32, 125-180.

Torres-Cuevas, E. (2012). Antonio Maceo. Las ideas que sostienen el arma. La Habana Cuba: Editorial Imagen Contemporánea.

Torres-Cuevas, E. (2013). Historia de la masonería cubana seis ensayos. 3.º edición. La Habana: Editorial Imagen Contemporánea.

Vázquez Pérez, E. (2004). “Iniciación masónica de José Martí”. Revista Universidad de la Habana, n.º 259, 92-112.


  1. Etapa comprendida entre mayo de 1902 y enero de 1959.
  2. La revista La Gran Logia, fundada en 1881, se publicó ininterrumpidamente hasta la actualidad. Su colección se puede consultar en la Biblioteca de la Gran Logia de Cuba, la Biblioteca Nacional José Martí y en la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País.
  3. Esta revista fue el órgano oficial de la Gran Logia Oriental de Cuba y se publicó desde agosto de 1921 hasta el año 1946, en el que se unificó la masonería cubana. Su colección se puede consultar en el Archivo Histórico de la logia Prudencia n.º 2 en la ciudad de Santiago de Cuba, que fue la sede de ese Alto Cuerpo Masónico.
  4. Eduardo Torres-Cuevas como presidente de la Academia y como director del Centro de Altos Estudios “Fernando Ortiz”, de la Facultad de Filosofía e Historia, de la Universidad de la Habana ha organizado numerosos eventos en torno a la presencia masónica en la historia de Cuba y de América Latina, que han dado lugar a intercambios interesantes entre especialistas, como también a publicaciones.
  5. El texto comprende los siguientes ensayos: “Los cuerpos masónicos cubanos durante el siglo XIX”; “El Gran Oriente de Cuba y las Antillas y la ruptura del 68”; El 98, Cuba y la masonería cubana”; “La masonería en Cuba durante la primera República (1902-1933)”; “La masonería en cubana en las décadas finales del siglo XX: escenario y alternativas ante el nuevo milenio”; y “José Martí y la masonería española”.
  6. Comentario del libro de Eduardo Torres-Cuevas (2005).
  7. A partir de esta fecha, se abre un nuevo período de la historia de Cuba que abarca desde el 1.º de enero de 1959 hasta la actualidad.
  8. Véase Ferrer Benimel (1976).
  9. Términos municipales o municipios: estructura de división político-administrativa en que se estableció un ayuntamiento.
  10. Instituciones creadas bajo preceptos masónicos que, aunque funcionan de manera independiente, mantienen vínculos con la institución masónica. En Cuba, dentro de las asociaciones paramasónicas más importantes, se puede mencionar la Asociación Hijas de Masones de la Cruz Blanca de la Fraternidad, la Asociación Jóvenes Esperanza de la Fraternidad (AJEF), la Asociación de Veteranos Masones y las Hijas de Acacia.


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