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Entre poderosos y plebeyos, el camino hacia la institucionalización de la masonería uruguaya

Efraín Cano Roa

Introducción

La presente investigación se enmarca en un proceso revisionista en la historiografía de la masonería uruguaya y tiene como objetivo conocer el progreso histórico de la institución masónica en Uruguay en el siglo XIX, particularmente, la gestión de Carlos de Castro al frente de ella. Para llevar a cabo dicha tarea, utilizo documentos inéditos, como material del Archivo General de la Nación y el Museo Histórico Nacional. A su vez, utilizo como insumo de la investigación el libro interno de la masonería uruguaya denominado Crónicas del Levantamiento de columnas de las logias nacidas bajo la jurisdicción masónica uruguaya y datos biográficos de sus fundadores, desde el 21 de enero de 1830 al 30 de junio de 2000.

Como información académica complementaria para la investigación, este trabajo cuenta con los principales referentes de la historia de la masonería internacional aglutinados en torno a la REHMLAC (Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y del Caribe), que, aunque no estudian el caso uruguayo específicamente, conforman un buen soporte académico auxiliar.

La estructura de la investigación se conforma de las siguientes tres etapas:

  1. 1828-1851: origen de la masonería nacional,
  2. 1851-1879: renacimiento masónico y proceso de consolidación,
  3. 1879-1888: gestión de Carlos de Castro.

Como puede observarse, la investigación está dividida siguiendo un patrón evolutivo donde cada periodo es fácil de marcar y analizar. Así, el primer periodo data desde la creación de las primeras logias regulares hasta el fin de la Guerra Grande[1], que puede ser caracterizado como una etapa de nacimiento de la masonería en Uruguay. El segundo comienza con el final del conflicto armado en 1851 y culmina con el inicio de la gestión de Carlos de Castro. Lleva la caracterización de renacimiento masónico y consolidación porque remite a los años en que la masonería, luego de ser prácticamente nula durante la Guerra Grande, recupera fuerzas e inicia el proceso de su consolidación definitiva que tiene en la creación del Gran Oriente del Uruguay un mojón fundamental. Finalmente, la tercera etapa incluye la síntesis de los diez años de gestión de Carlos de Castro.

Origen de la masonería nacional (1828-1851)

Los inicios de la masonería en el territorio que más tarde se va a configurar como la República Oriental del Uruguay tiene su nacimiento en las invasiones inglesas del año 1807. La razón de esta datación responde al primer diploma de iniciación masónica en la región encontrado en el museo masónico de Montevideo.

Dicho diploma permite comprobar el ingreso formal de un criollo montevideano llamado Miguel Furriol a la masonería. Aun así, se deben estipular algunas características de este suceso. En primer término, la masonería que se estableció en Montevideo durante las invasiones duró el mismo tiempo que estas, es decir, una vez que los ingleses se fueron, también lo hizo la logia masónica.

Precisamente la logia en cuestión tenía el número 192 en el registro de la masonería irlandesa y estaba unida al regimiento de irlandeses n.° 47. Esta era una práctica usual utilizada por los masones británicos para expandir y difundir la masonería, por lo que dichas logias en la práctica eran “logias ambulantes” que se trasladaban conforme lo hacía el batallón. Esto último fue demostrado por el historiador José Antonio Ferrer Benimeli en su estudio La masonería española en el siglo XVIII, en el cual explica:

Uno de los medios de expansión de la Masonería en el siglo XVIII fueron las logias militares, que en muchos casos eran logias ambulantes [ambulatory lodges] establecidas en las guarniciones de los territorios conquistados y que no se limitaban a los ejércitos de tierra, ya que existen casos de logias a bordo de los navíos de guerra, las sea- lodges según la terminología inglesa (Ferrer Benimeli, 1974, p. 67).

El diploma de Miguel Furriol fue donado a la Logia Acacia de Montevideo por su nieto, también llamado Miguel Furriol, en 1912. Esta es la transcripción de las conclusiones obtenidas por parte del Gran Oriente del Uruguay tras recibir dicho documento:

Nosotros, las autoridades del Gran Oriente del Uruguay, por nuestra parte expresamos que copia fotográfica del presente certificado nos fue cedida por un activo miembro de la logia “Acacia” y que durante largo tiempo estuvo expuesto en el Hall del palacio Masónico; que del estudio de dicho certificado se deducen dos comprobaciones: la primera es que la actividad masónica, organizada en la Banda Oriental tuvo origen en esta logia denominada “Logia de Montevideo” y la segunda que el primer masón iniciado en ella fue el H. Miguel Furriol, el 18 de julio de 1807, Lucis 5807. Fue su nieto, el Il.´ y Pod.´. Miguel Furriol, do. 33, Gran Lugarteniente y Gran Maestro de nuestra Obediencia quien entregó dicho histórico documento a nuestra hermana la logia Acacia, que lo conserva como preciado tesoro” (Fernández Cabrelli, 1988, p. 61).

La importancia del diploma de iniciación de Furriol radica en que representa el punto de partida para esta investigación, ya que es el primer indicio constatable de la existencia de la masonería en este territorio. Por demás, el diploma es muy interesante; a continuación, transcribo su cuerpo escrito:

A todos los verdaderos Noachides iluminados en los misterios sagrados de la Cábala Divina en que ésta se presenta CERTIFICAMOS de nuestra parte como el portador nuestro hermano D’ Miguel Furriol, fue introducido y hecho en nuestra Logia N°192 debajo en el Registro de Irlanda, quien después de un perfecto conocimiento en los dos grados de la masonería fue elevado al digno y honrado grado de MAESTRO. Por cuyas consideraciones lo recomendamos a todos y en particular a cada uno de nuestra fraternidad que es, porque en su caso hizo cuanto pudo en favor de la Masonería, guiándose siempre sin vacilación y con los límites del honor.
El testimonio de lo cual lo sellamos al margen de este certificado con el sello de nuestra Logia.
Dado debajo de nuestra firma por nuestra Logia de Montevideo a 18 de Julio el año del Señor de 1807 y Lucis 5807 (Fernández Cabrelli, 1988, p. 61).

Además de la iniciación de Furriol, existe otro hecho que evidencia la presencia de masones ingleses en Montevideo. Se trata de un desfile realizado por los miembros de la Logia número 192 en ocasión del día de San Juan y fue plasmado por el cronista Isidoro de María a través de la tradición oral de los vecinos que observaron tan singular acontecimiento. He aquí un extracto del relato:

Las tropas inglesas se habían posesionado de la plaza el año 1807 tomando por asalto en el sangriento combate el 3 de febrero.
Bajo el dominio de sus armas celebraron los masones ingleses, de una manera pública y solemne, el día de San Juan, con un ceremonial desconocido para los habitantes de San Felipe y Santiago.
Ya podrá el lector imaginarse la novedad que causaría aquella fiesta, y los comentarios a que daría lugar entre aquella buena gente “la ocurrencia de los ingleses”, como decían, saliendo en procesión por esas calles con estandartes e insignias desconocidas para la generalidad.
La procesión partió del Barracón de la Marina, recorriendo las principales calles hasta la plaza de la Matriz, imponente y silenciosa.
Era una procesión, que en nada se parecía a aquéllas en que la cristiandad sacaba en andas las imágenes de los santos Patronos, con acompañamiento de la cruz, ciriales, hachones y faroles, implorando la lluvia en las grandes secas, por la interposición de San Felipe y Santiago; pero que por lo extraño de su conjunto, llamaba la atención de todos, sin poderse explicar el significado.
Para “los hijos de la Viuda”, como dicen ahora, aquella ceremonia masónica de relumbrón, fue una gran cosa, revistiendo tanta solemnidad que quedó constatada en las páginas del Southern Star (Estrella del Sur), periódico de la época.
Hacía un frío de todos los diablos, y el pavimento de las calles ya puede uno figurarse cómo estaría con las lluvias de la estación y brillando por su ausencia el empedrado. Pero ni por ésas se acobardaron los de la procesión, ni los curiosos, haciendo acto de presencia en la calle, puertas, ventanas, balcones y tejados, abandonando el tradicional brasero, envueltos unos en sus capotes de paño de San Fernando o de otra clase, y otros en sus rebozos de bayeta, por el gusto de dar fe de la extraña fiesta.
Cómo tomaría el vulgo aquellas bandas, mandiles, estrellas y compases simbólicos, es de suponerse. Cuántos habría que creerían ver en ellos condecoraciones o modas inglesas, sin poderse explicar otra cosa, porque en la vida habrían oído hablar de francmasones, ni figurarse lo que significaban… (De María, 1957, p. 178).

De la cita precedente se pueden analizar varios aspectos. Uno de ellos tiene que ver con las palabras que utiliza Isidoro de María para referirse a los masones, llamándolos “hijos de la viuda”. Dicha expresión es una forma que utilizan los integrantes de la orden para denominarse a sí mismos. Otro punto se relaciona con la descripción sobre el interés de los habitantes por el suceso. Según el cronista las personas se arremolinaban en las calles, ventanas y balcones, acción que evidenciaría el interés o curiosidad que tenían frente al suceso que acontecía.

El tercer punto que destacar es, a juicio de quien escribe, el elemento más importante del relato, y se trata de la descripción del atuendo llevado por estos masones británicos. La expresión “cómo tomaría el vulgo aquellas bandas, mandiles, estrellas y compases simbólicos” confirmaría que el desfile contaba con la presencia de iniciados masones.

Estos dos eventos históricos, la iniciación de Miguel Furriol y el desfile masónico relatado por Isidoro de María, ambos en 1807, podría decirse que constituyen el punto de partida de la masonería uruguaya.

Las primeras logias masónicas

Si bien la experiencia de las invasiones inglesas fue importante, la Logia n.° 192 se fue tan rápido como los propios soldados británicos, razón por la cual la masonería desapareció de este territorio.

El origen de las logias nacionales, entendiendo por esto el asentamiento real de logias masónicas en Uruguay, se remonta a fines de la década de 1820 y principios de la década de 1830. A lo largo de este periodo, se configuraron los primeros y principales núcleos masónicos que van a difundir las ideas y los talleres masónicos en el país[2].

En 1828 podemos mencionar la creación de una logia francesa denominada Les Enfants du Nouveau Monde, posteriormente llamada Les Amis de la Patrie. En 1831 se creó la primera logia masónica conformada, en su mayoría, por orientales, y fue denominada Asilo de la Virtud. En este capítulo pondremos especial atención en esta logia y en las posteriores logias masónicas formadas por orientales.

Si bien Asilo de la Virtud nació regularmente en 1831, pueden hallarse indicios de actividad de sus miembros dos o tres años antes[3]. Esto significa que, si bien las actividades de la logia se remontan a los años 1829 o 1828, recién en 1831 fue reconocida por otra logia regular, en este caso, fue el Gran Oriente de Pensilvania, que autorizó la creación del taller masónico en Uruguay[4].

Este primer taller fue considerado, por los masones uruguayos, como la base de lo que más tarde constituirá la institución masónica nacional. Por tal razón, es imperioso hacer una transcripción y análisis de algunos de los principios establecidos en el reglamento interno, puesto que también van a ser reproducidos por la mayoría de las logias creadas a partir de entonces. A continuación se transcriben algunos párrafos del capítulo primero, referido a las consideraciones generales:

Art. 1°. La reunión de los miembros de esta Resp:. Log:. Está especialmente consagrada A:.L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:.[5] bajo los auspicios del M:. Pod:. Sup:. Cons:.[6] de la República Oriental del Uruguay y bajo el título distintivo asilo de la Virtud.[7]

Debemos tener en cuenta que la publicación de este reglamento data del año 1856, año en que la masonería uruguaya debió presentar los reglamentos de cada una de sus logias a la potencia o institución masónica que debía otorgarle regularidad, ya que en 1831 no existía aún el Supremo Consejo del Uruguay. Por lo tanto, Asilo de la Virtud tuvo que volver a imprimir sus reglamentos, con la incorporación de algunas modificaciones, entre ellas, la mención al Supremo Consejo del Uruguay. En los artículos n.° 2 y n.° 3, puede leerse:

Art. 2°. Teniendo los HH:.[8] De esta logia por único objeto el propagar los verdaderos principios de la Masonería, y siendo uno de estos principios el respeto á las leyes y autoridades constituidas del País donde residan; queda absolutamente prohibido tratar de cualquier asunto que directa ó indirectamente tenga relación con la política, en conformidad con los Estatutos Generales de esta antigua y respetable Orden.

Art.3°. Igual prohibición se establece para todo asunto relativo á Religión.

La preservación de los reglamentos de las primeras logias masónicas nacionales es muy importante no solo para observar el sesgo ideológico con el que nacían, sino también para conocer sus propósitos y objetivos. Respecto al primer aspecto, llama la atención, por ejemplo, la referencia a Dios, considerado como el Gran Arquitecto del Universo, y, al mismo tiempo, la prohibición de tratar asuntos relacionados con política o religión. Ambas cuestiones se pueden comprender si tenemos en cuenta que las primeras logias masónicas uruguayas nacieron respetando las constituciones de la masonería universal. En este sentido, puede verse la influencia que dichas constituciones tienen en los reglamentos de estas logias. Por ejemplo, en la primera constitución masónica redactada por James Anderson en 1723, se puede advertir la invocación a un principio metafísico o la prohibición de tratar asuntos relacionados a la política y a la religión[9].

Respecto a los objetivos estipulados por las primeras logias uruguayas, también se enmarcan dentro de los parámetros regulares de cualquier otra logia del mundo, otra influencia de las Constituciones de Anderson. Para entender mejor esto último, basta con remitirse a las constituciones de otras masonerías americanas, por ejemplo, la masonería cubana que, en su reglamento, afirmaba lo siguiente:

Art. 1- La Asociación Masónica tiene como adoptadas por leyes fundamentales universales los Antiguos Límites de la Fraternidad, que son los siguientes:
La Masonería es la institución orgánica de la Moralidad, y su fin disipar la ignorancia, combatir el vicio e inspirar el amor a la Humanidad.
Son sus principios la Moral universal y la Ley Natural, dictadas por la Razón y definidas por la Ciencia; reconoce al Ser Supremo; no admite más diferencias entre los hombres que el mérito y el demérito; a nadie rechaza por sus creencias u opiniones y no da cabida a debates de religión ni de política.[10]

Reglamento original de Asilo de la Virtud. Extraído de Sala Uruguay, Biblioteca Nacional

Como conclusión de esta primera etapa, en la que asistimos al nacimiento de los primeros focos masónicos, es necesario sintetizar algunos puntos. El origen de la masonería nacional se puede ubicar entre fines de la década de 1820 y principios de la década del 1830. Las logias Asilo de la Virtud, Constante Amistad y Les Enfants du Nouveau Monde se constituyeron como los primeros núcleos masónicos en el país, a partir de los cuales salieron los cuadros que expandieron la masonería por todo el país. Aquí hay que recurrir a las listas elaboradas por Miguel Salsamendi a través de varios años de recopilación de actas. Estas permiten observar que los integrantes de estas logias también van a figurar posteriormente en el padrón de otras logias fundadas en Uruguay.

Las primeras logias uruguayas se mostraron fieles a los principales estatutos de la masonería universal. Esto se plasma en los estatutos de Asilo de la Virtud en lo referente a la creencia en un principio metafísico y a la prohibición de tratar asuntos relacionados con la política y la religión.

Renacimiento masónico y proceso de consolidación (1851-1879)

Luego de estudiar el nacimiento de las primeras logias nacionales, es necesario incursionar en la segunda etapa, definida en esta investigación como un periodo de consolidación de los logros obtenidos en la primera, y la concreción de una obediencia masónica nacional, es decir, la creación de una institución masónica de carácter nacional e independiente, lo que en masonería se define como Gran Oriente o Gran Logia.

Inmediatamente después de comenzar la década del 50 del siglo XIX, varios masones consideraron la necesidad de fundar otros talleres masónicos. En este contexto se fundó la logia Amigos de la Perseverancia (denominada también Perseverancia) en 1851. Tres años más tarde, en el barrio de la Unión, se fundó la logia Virtud y Secreto, cuyo venerable maestro (presidente de la logia) fue Jaime Vinent. Otra de las logias creadas por estos años en Montevideo fue la denominada Luz Oriental. En este caso, existen dos hipótesis acerca de su año de creación; por un lado, la del historiador Fernández Cabrelli (1990), quien señala como fecha de creación el año 1854, y, por otro, la de Salsamendi (2001), quien postula que la logia fue creada en el año 1855.

Por su parte, el 2 de diciembre de 1854, tuvo lugar en Montevideo la fundación de la logia Misterio y Honor, la cual jugó un rol muy importante en el desarrollo de la masonería en dicha ciudad, fundamentalmente por dos cuestiones. La primera tiene que ver con que, a los pocos años de su creación, la logia se dividió en tres grupos diferentes que procedieron a fundar tres logias, las cuales denominaron Fe, Honor y Caridad. La segunda cuestión se vincula con que Misterio y Honor fue la logia que dio forma al efímero Gran Oriente de Montevideo, un intento de varios masones por concretar una Obediencia nacional e independiente.

El 11 de diciembre de 1855 se creó otro taller masónico denominado Sol Oriental (no confundir con Luz Oriental). Este taller obtuvo el reconocimiento del Gran Oriente del Brasil el 27 de diciembre de 1855[11], y el 6 de agosto de 1856 se incorporó al Supremo Consejo del Gran Oriente del Uruguay.

Cabe aclarar que no todas las fundaciones se limitaron únicamente a Montevideo, en el departamento de Cerro Largo, esta recibió el nombre de Hesperia[12].

El primer intento de formar una Obediencia masónica nacional

Estaba claro que había llegado el momento de crear una institución masónica nacional e independiente que pudiera regularizar la creación de otras logias en el país y en el exterior. Respecto al número de logias que estaban dispuestas a hacerlo, se puede decir que era aceptable; repasemos los nombres: Amigos de la Perseverancia, Luz Oriental, Virtud y Secreto, Hesperia, Misterio y Honor, y Sol Oriental. Estas seis logias propusieron nuclearse en una federación nacional y crear un organismo rector que dirigiera toda actividad masónica regular en Uruguay. El nombre que llevaría la institución sería Gran Oriente de Montevideo, lo cual no sorprende si tenemos en cuenta que la mayoría de estos talleres funcionaban en Montevideo.

Rápidamente, la logia Misterio y Honor se posicionó a la cabeza del resto de las logias y comenzó el difícil proceso de solicitar al Gran Oriente de Brasil reconocimiento para el futuro Gran Oriente de Montevideo. Es preciso destacar que la fundación de una institución masónica nacional requiere, en principio, tres requisitos[13] fundamentales: la existencia de un número suficiente de logias en el territorio; que no exista otra obediencia masónica regular en el país; y una autorización y reconocimiento de un cuerpo masónico internacional que habilite, a su vez, a la institución naciente a otorgar reconocimientos.

Finalmente, la creación del Gran Oriente de Montevideo se llevó a cabo entre fines de 1854 y principios de 1855, pero su vida fue efímera, solo duró un par de meses. ¿Qué sucedió? ¿Cómo un proyecto de tales dimensiones y apoyado por varios talleres masónicos fracasó? Hasta el momento existían en Uruguay dos grandes grupos masónicos o dos ‘’masonerías’’: por un lado, aquellas logias nucleadas y respaldadas por el Gran Oriente de Brasil (fundadoras del Gran Oriente de Montevideo), y, por otro, la logia Les Amis de la Patrie, dependiente del Gran Oriente de Francia. Estas dos masonerías no se habían disputado el control de la jurisdicción masónica uruguaya hasta el momento, sino que, por el contrario, habían mantenido buenas relaciones en un marco de excelente reciprocidad. Sin embargo, el temor por parte de los franceses de que su logia pudiera ser desplazada por el Gran Oriente de Montevideo llevó a que el presidente de Les Amis de la Patrie, el comerciante Adolfo Vaillant, notificara al Gran Oriente de Francia sobre la situación, para que a su vez este notificara al Gran Oriente de Brasil su disconformidad con el Gran Oriente de Montevideo. La respuesta por parte de las autoridades masónicas brasileñas, tanto al Gran Oriente de Francia como a Vaillant, no se hizo esperar, y resolvieron que no estaban dispuestas a reconocer a una institución (la de Montevideo) cuyas logias estuvieran en entredicho, a causa de la discrepancia que expresó Adolfo Vaillant. Eso supuso el fin del Gran Oriente de Montevideo.

Desde la perspectiva de Fernández Cabrelli, el argumento principal utilizado por Vaillant para convencer a las autoridades masónicas extranjeras de que habilitar o regularizar a la naciente institución masónica uruguaya era un error se centró en alegar la escasa preparación y experiencia masónica de la cúpula del Gran Oriente de Montevideo. En palabras de Fernández Cabrelli:

El 22 de enero de 1855, la real Logia Les Amis de la Patrie recibía una plancha oficial del Hermano José Gereda, el que usando el título de Soberano Gran Inspector General Gran Comendador del Supremo Consejo del Gran Oriente de Montevideo, anunciaba la creación de una Gran Potencia Nacional Masónica en el Uruguay. Declaró adoptar el rito Escocés e instaló inmediatamente oficiales en el grado 33 de este rito; sin embargo, parece que sus miembros no tenían todavía la suficiente ilustración masónica que era necesaria (Fernández Cabrelli, 1990, p. 171).

La experiencia del Gran Oriente de Montevideo supuso para los masones uruguayos un claro revés, pero, lejos de abandonar sus esfuerzos, se concluyó que la lucha por constituir una Obediencia masónica nacional debía continuar. A pesar de las dificultades, existió un logro importante que cambió el rumbo de la historia de la masonería en Uruguay. En 1854 el Gran Oriente de Brasil nombró a Gabriel Pérez[14] Soberano Gran Inspector General grado 33.°, lo que en la práctica otorgó a Pérez varios derechos masónicos. Este reconocimiento a su persona se convirtió en el factor decisivo a la hora de volver a solicitar reconocimiento a Brasil dos años más tarde.

Observemos a continuación un extracto de la carta escrita por Salvador Tort[15] a otros masones para informarles de la decisión tomada por el Gran Oriente de Brasil:

[…] Yo Salvador Tort Sob. Gr. Insp. Gen. 33, del RIT. Esc. Ant. Y Acep. Reunido previa invitación que al efecto dirigí a los Hermanos Bruno Mas de Ayala, Florentino Castellanos, León José Ellauri, Juan Halton Bugglen y Francisco Lecocq, Soberanos Grandes Inspectores Generales 33° en lugar muy a cubierto de toda vista profana, y en donde reina la caridad, la paz y la concordia; les informé que el Supremo Consejo de los Poderosos Soberanos Grandes Inspectores Generales del Brasil por su Magna Carta Poder expedida en el Valle del Río de Janeiro, el dia 7 del décimo mes del año de la Verdadera Luz 5854[16]abía nombrado de juri al Honorable Hermano Gabriel Perez, Soberano Gran Inspector General, Muy Poderoso Soberano Gran Comendador Ad Vitam, facultándose para fundar, constituir y establecer en esta República Oriental del Uruguay, el Supremo Consejo del expresado Rito; y que, en uso de esas facultades se había servido conferirme la Sublime Dignidad de su Muy Ilustre Lugarteniente Gran Comendador para establecer en esta Ciudad el precitado Supremo Consejo, libre e independiente de toda otra Autoridad Masónica.[17]

Quizás el aspecto más notable de este extracto lo constituya la mención a la voluntad del Gran Oriente de Brasil en ayudar a los masones uruguayos a fundar su propia Obediencia. Por su parte, la comunicación que hace referencia al nombramiento de Pérez como grado 33.° está firmada por el vizconde de Jequitinhonha, y en uno de sus párrafos explicita lo siguiente:

[…] He por bien, de acuerdo con la deliberación del Muy Poderoso Supremo Consejo, Disputar al ilustre Hermano Gran Inspector General 33°, Gran Canciller del mismo Muy Poderoso Soberano Comendador Gabriel Pérez para fundar, constituir y establecer el Consejo del mismo Rito en la República Oriental del Uruguay de conformidad con el inciso 1° del artículo 13° de la Constitución […].[18]

El vizconde de Jequitinhonha nació en Bahía, ocupó diversos cargos como senador y ministro de Estado y se declaró partidario de la abolición de la esclavitud. Además, en 1834 fue miembro de honor del Supremo Consejo de Francia y ocupó el cargo masónico de Soberano Gran Comendador de Brasil[19].

Por otro lado, Gabriel Pérez fue uno de los fundadores de la logia Asilo de la Virtud y a partir de 1854 fue el gran artífice de la construcción de la primera Obediencia masónica nacional a través de su rol como cónsul en el imperio del Brasil. Fue designado en dicho cargo el 3 de abril de 1856, y el reconocimiento final de la Obediencia brasileña a la naciente masonería nacional llegó el 17 de julio del mismo año, día en que fue designado como Gran Maestro fundador.

Generalmente, el primer paso para fundar una Obediencia masónica (Gran Oriente o Gran Logia[20]) en un país es establecer un Supremo Consejo, organismo encargado de administrar los altos grados masónicos. Una vez establecido dicho organismo, se procede a crear la Obediencia nacional para administrar los grados básicos de la masonería, es decir, el grado 1, 2 y 3, que son, en esencia, los más importantes puestos que permiten el ingreso a la masonería. Cabe aclarar que, aun existiendo un Supremo Consejo, sin haber Obediencia nacional no existe masonería institucionalizada. La idea de fundar el Supremo Consejo antes que el Gran Oriente no constituye una regla de la masonería en el mundo, puesto que existen países que deciden fundar primero un Gran Oriente o Gran Logia y luego crear un organismo para los altos grados.

Lo que sucedió en Uruguay fue precisamente lo primero, se creó un Supremo Consejo. El 5 de enero de 1856, en el templo de la logia Asilo de la Virtud, Gabriel Pérez leyó en voz alta el reconocimiento definitivo del Gran Oriente de Brasil al Supremo Consejo del Uruguay. Dicho documento fue llamado “Gran Columna de Reconocimiento del Supremo Consejo de los Poderosos Soberanos Grandes Inspectores Generales 33° del Janeiro”[21]. El reconocimiento fue otorgado por parte de la autoridad masónica brasileña el 29 de diciembre de 1855. A continuación, un breve extracto de este:

El Buen desempeño, de tan importante comisión nos fue certificado por los documentos que nos envió ese Muy Poderoso Supremo Consejo. A vista de ellos tenemos la viva satisfacción de comunicaros que el Muy Poderoso Supremo Consejo Reconoce la existencia legal y Masónica del Muy Poderoso Supremo Consejo para la República Oriental del Uruguay, y se lisonjea mucho de mantener y estrechar cuanto fuese posible con vosotros las relaciones más fraternales y duraderas en los términos en que se halla consagrado en las Leyes y Estatutos de la Orden.[22]

Así es como el Supremo Consejo del Uruguay inició sus actividades y fijó sus reuniones en los días 1.° de cada mes. Las primeras medidas que tomar consistieron en observar el funcionamiento de las logias bajo su poder y de aquellas consideradas irregulares. Además, tenía la difícil tarea de atraer a su jurisdicción a todas las logias adheridas al Gran Oriente de Montevideo, que hacia finales de 1855 estaba a punto de dejar de existir.

La actividad fundadora de los masones uruguayos no culminó aquí. Como señalé anteriormente, Argentina no poseía logias regulares, por lo que Gabriel Pérez fue el encargado de sugerir al Supremo Consejo que instalara allí una logia reconocida por la institución masónica uruguaya, que pudiera servir como base para la expansión de la masonería en el vecino país. La respuesta fue favorable, y dicha organización instaló en Buenos Aires la logia Unión del Plata, a la cual se le expidió carta patente el 1.° de abril de 1856. Este hecho, poco recordado para los masones uruguayos, marcó el inicio de la masonería regular en Argentina, y en la actualidad Unión del Plata es reconocida como la “logia madre” de la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones de Argentina[23]. Sin duda que, en este suceso, Gabriel Pérez tuvo una notable participación, y no sería erróneo afirmar que, además de ser el padre de la masonería uruguaya, también lo fue de la masonería argentina.

La fusión y el nacimiento del Gran Oriente del Uruguay

Para concretar la unión final de la masonería uruguaya, había que convencer a las autoridades del extinto Gran Oriente de Montevideo de que la mejor manera de construir una Obediencia nacional era a través de la creación de un nuevo organismo.

Contrario a lo que pueda pensarse, la fusión se desarrolló en un marco de armonía, y la masonería uruguaya quedó integrada al Supremo Consejo del Uruguay, con excepción de Les Amis de la Patrie, que debía fidelidad y reconocimiento al Gran Oriente de Francia y no estaba segura de plegarse a la naciente institución. De esta forma, las logias adheridas al antiguo Gran Oriente de Montevideo se plegaron a la órbita del nuevo Supremo Consejo, lo que fortaleció aún más la institución masónica. También se unieron logias que habían permanecido “en sueños”[24], como Asilo de la Virtud y Constante Amistad, las cuales retornaron a la vida masónica en 1855.

Finalmente, luego de los eventos sucedidos entre 1854 y 1856, el 17 de julio de 1856 el Gran Oriente del Brasil extendió su carta de autorización y reconocimiento para la creación del Gran Oriente de Uruguay (GOU), primera Obediencia masónica nacional regular. Posteriormente, el 17 de setiembre se realizó la llamada “tenida suprema”, es decir, la reunión masónica donde se dio lectura del documento suscrito por el soberano Gran Maestro Gran Comendador del Brasil y donde, además, se formalizaría la instalación definitiva del GOU. A continuación, el acta de aquella reunión:

Acta de la tenida del 17 de setiembre de 1856
El Muy Poderoso Supremo Consejo y Gran Oriente del Uruguay, acompañado de los Miembros Honorarios: Javier Laviña, José Paulino Gereda y Jaime Vinent[25], se presentó a las ocho de la noche en el Templo de la Logia Madre Asilo de la Virtud, y recibido por el Venerable con el ceremonial de costumbre, fue introducido y depositado sobre el altar, la Gran Carta de Reconocimiento del Gran Oriente del Uruguay, por el Muy Poderoso Supremo Consejo en el seno del Gran Oriente del Brasil.
El Ilustre Hermano Lugarteniente aceptó los malletes para la dirección de los trabajos en Sesión Suprema. Nombró los dos Grandes Vigilantes y los demás miembros ocuparon sus respectivos puestos. El Gran Maestro de Ceremonias recibió orden de hacer entrar al Templo y darle colocación por su orden correspondiente a todos los Venerables y Luces de las Logias del círculo y el Venerable y Luces de la Logia Les Amis de la Patrie, bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia. Su colocación fue la siguiente:
Logia Madre Asilo de la Virtud.
Constante Amistad
Perseverancia
Decretos de la Providencia
Misterio y Honor – Fe
Misterio y Honor – Esperanza
Misterio y Honor – Caridad
Unión y Beneficencia
Sol Oriental
Y los representantes de:
Logia Unión del Plata Valle de Buenos Aires
Cristóbal Colombo Valle de Paysandú
Restauración Valle de Cerro Largo
Unión y Filantropía Valle de Gualeguaychú
El Ilustre Lugarteniente hizo anunciar que el objeto de la convocación para la Gran Tenida Magna, era la presentación de la Gran Carta grabada por la que el Muy Poderoso Supremo Consejo en el seno del Gran Oriente del Brasil, reconocía como Potencia Masónica del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, legalmente constituido para la República Oriental del Uruguay, al Muy Poderoso Supremo Consejo y Gran Oriente del Uruguay.
Acto continuo fue puesta la Gran Carta en poder del Gran Secretario General del Santo Imperio, quien dio lectura en alta voz, efectuado lo cual fue colocada otra vez en el Altar y proclamada su inspección.
El Gran Ministro del Santo Imperio, leyó una Columna Grabada que el Gran maestro Soberano Gran Comendador Fundador remitió desde el Valle de Río de Janeiro, la cual fue aplaudida en la forma conocida.
Finalizado este acto, el Ilustre Lugarteniente hizo anunciar en ambas Columnas que la palabra estaba concedida a los Oradores de las logias asistentes y después de los discursos que por varios fueron pronunciados, dio su conclusión el Ministro del Santo Imperio con un lúcido y elocuente discurso.
Se levantó la Gran Carta y puesta en poder del Gran Secretario a los efectos consiguientes se cerró la sesión con las solemnidades de orden.[26]

Este documento representa la concreción del sueño de los masones uruguayos a lo largo de varios años. Además, posee varios puntos interesantes dignos de analizar. Más allá del ritual masónico descrito, se hace alusión a las logias que concurren a la ceremonia y se las distingue en dos grupos: por un lado, las llamadas “logias del circulo” y, por otro, la logia francesa Les Amis de la Patrie, que parece haber olvidado sus diferencias masónicas con las logias uruguayas. Dado que era inevitable la concreción de una Obediencia nacional, podríamos conjeturar que, a riesgo de quedar relegada, la logia francesa decidió celebrar dicho acontecimiento.

En síntesis, desde el final de la Guerra Grande, se comprobó que las logias masónicas nacientes o aquellas que “reabrían” sus puertas estaban dispuestas a concretar la creación de una Obediencia nacional. Aun así, el proceso de creación del Gran Oriente del Uruguay no estuvo ausente de problemas y dificultades. La posición de la logia Les Amis de la Patrie fue un verdadero obstáculo que acarreó desilusiones, por ejemplo en el plan frustrado del Gran Oriente de Montevideo.

Se evidencia la existencia de dos núcleos masónicos en Uruguay a mediados del siglo XIX. Por un lado, un conjunto de logias reconocidas por el Gran Oriente del Brasil que tienen el objetivo de federarse en una Obediencia nacional, y, por otro, una logia francesa con reconocimiento del Gran Oriente de Francia que no muestra los mismos intereses que las primeras. Y, por supuesto, se observa que la gestión de Gabriel Pérez fue fundamental en la concreción de la primera Obediencia masónica nacional.

La gestión de Carlos de Castro (1879-1888)

Un punto importante de la presente investigación lo constituye la gestión masónica de Carlos de Castro, la cual se procede a analizar a continuación. La reconstrucción de su carrera masónica no ha sido investigada hasta el momento por la historiografía, lo cual constituye un aporte importante para entender aún más su figura y el rol que jugó en la masonería nacional.

Esta última etapa abarca el estudio de la carrera masónica de Carlos de Castro, desde su ingreso a la institución hasta el término de su mandato en 1888. El papel que esta figura jugó en la historia de masonería uruguaya es fundamental, puesto que, como veremos más adelante, la posicionó en un estadio de estabilidad y consolidación sin precedentes.

La síntesis de esta etapa es la siguiente.

La carrera masónica de Carlos de Castro es muy completa. Su ingreso a la institución con tan solo 26 años y su progresivo ascenso hasta el grado 33.º se dieron de forma meteórica.

Cuando Carlos de Castro tomó el liderazgo de la institución de forma efectiva en 1878, la situación del GOU era estable, pero se encontraba en un período de estancamiento en la creación de logias. A su vez se puede comprobar en el balance de la gestión presentado al gran maestro en 1888 y en su discurso de despedida.

El contacto entre el Gran Oriente del Uruguay y otras potencias masónicas extranjeras se potencia y fortalece durante esta tercera etapa. Esto se evidencia a través de innumerables saludos provenientes de varios países del globo.

El ascenso de Carlos de Castro al cargo de gran maestro pone en evidencia el respaldo que tuvo a través de los saludos enviados y de los otorgamientos de ‘’miembro honorario’’ a su persona.

Durante sus años de gestión, existió un interés de las autoridades masónicas uruguayas de continuar permaneciendo fieles a los reglamentos de la masonería internacional, especialmente después del congreso en la ciudad de Lausana. Por ello, muchos masones sintieron la necesidad de actualizar los reglamentos para lograr una mayor compatibilidad con los reglamentos masónicos internacionales, lo que arrojó como consecuencia la elaboración de un nuevo código y constitución, cuya vigencia se va a prolongar hasta bien entrado el siglo XX.

Dicho documento produjo un cisma dentro del Gran Oriente del Uruguay como nunca antes había ocurrido, lo que puso en evidencia dos bandos enfrentados, cada uno defendiendo un tipo específico de masonería. Por un lado, la línea tradicionalista personificada en el Gran Oriente del Uruguay bajo el liderazgo de Carlos de Castro. Por otro lado, un grupo de masones que pretendía la implantación de una masonería más democrática. El argumento del primer grupo consistía en descalificar y expulsar a los disidentes sobre la base de la violación a la constitución masónica afirmando que sus malas intenciones y poca experiencia fueron los móviles de sus actos. Los argumentos de los disidentes, en cambio, consistían en modificar las leyes internas de la institución para promover votaciones más justas y representativas, particularmente no reconocían la aprobación del nuevo código y constitución de 1882. Finalmente, la constitución se implantó y los disidentes fueron expulsados de la institución uruguaya y de la masonería en general.

La aprobación del nuevo código y constitución otorgó a la masonería uruguaya un marco jurídico actualizado y acorde a la situación de la institución. Una vez aprobada, se presentaron los estatutos jurídicos ante el Poder Ejecutivo de la Republica con el objetivo de obtener la personería jurídica, cuestión sumamente necesaria para investir a la masonería nacional de un marco legal acorde a cualquier otra institución del país.

Otro de los logros en la gestión de Carlos de Castro fue la construcción del Palacio Masónico, primera sede nacional de la masonería. Hubo un crecimiento de infraestructura de la institución, no solo por el palacio, sino también por la creación o reparación de templos. Me remito, por ejemplo, a los templos masónicos de Paysandú y Tacuarembó.

Para muchos, la figura de Carlos de Castro se había convertido en el arquetipo del masón por excelencia. Basta remitirse a los saludos, solicitudes de padrinazgo, felicitaciones, e invitaciones varias.

Hubo un crecimiento en el número de afiliados y en el número de logias nacionales y extranjeras. Un ejemplo de este último grupo lo representa la logia Aurora del Paraguay. Sobre el número de logias, Miguel Salsamendi (2001) explica que existen 26 logias en territorio uruguayo, una cifra nunca antes alcanzada[27].

En síntesis la tercera etapa que protagoniza el Gran Maestro Carlos de Castro constituye los años de mayor expansión y estabilidad en la historia de la masonería uruguaya. Dicho avance se vislumbra en el plano jurídico con la actualización de los reglamentos y la compatibilidad con los reglamentos de masonerías extranjeras. En el plano de infraestructura, con la construcción de la primera sede de la masonería nacional, con la construcción del Palacio Masónico, lo que supuso un gran desembolso de capital. Y, finalmente, se evidencia con la expansión de logias por todo el territorio uruguayo, lo que produciría en los años posteriores la estabilidad y fortaleza que la masonería ostentó en el siglo XX.

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  1. Conflicto internacional desatado en Uruguay entre los años 1839 y 1851.
  2. “Taller” es sinónimo de “logia”.
  3. La regularidad masónica conlleva el reconocimiento legal de otras instituciones masónicas para la creación de nuevas logias.
  4. Véase Fernández Cabrelli (1990).
  5. Refiere a La Gloria Del Gran Arquitecto Del Universo.
  6. Estas abreviaturas refieren a las siguientes palabras: Muy Poderoso Supremo Consejo.
  7. Véase Reglamento Interno de la logia Asilo de la Virtud, p. 5.
  8. Hermanos.
  9. Para entender cabalmente las Constituciones de Anderson y los primeros años de la masonería inglesa, es obligación remitirse a los estudios de Dévrig Mollès, principalmente a su trabajo titulado La invención de la Masonería. Revolución cultural, religión, ciencia y exilios.
  10. Legislación masónica cubana. 7.° edición. Habana, Imprenta Molina y CIA, 1937. 
  11. Fíjese la cercanía de fechas entre el día en que se procede a la fundación de la logia y el día en que el Gran Oriente del Brasil otorga su reconocimiento. Sin dudas la cercanía con la masonería brasileña favoreció la rápida expansión de la masonería en Uruguay, recuérdese que no existía masonería regular y reconocida en Argentina ni en Paraguay. La masonería brasileña se constituyó como la ‘’cabeza de puente’’ para el eficaz y regular asentamiento de la masonería en Uruguay.
  12. Véase Fernández Cabrelli (1990).
  13. Sobre los requisitos para formar una Obediencia masónica nacional, léase las constituciones de Anderson y las estipulaciones de la Gran Logia Unida de Inglaterra para el siglo XIX. El procedimiento se mantiene inmutable hasta el día de hoy, salvo por pequeños detalles estipulados en el congreso masónico realizado en la ciudad de Lausana en 1875.
  14. Fue embajador del Uruguay ante el Brasil a mediados del siglo XIX y constituyó una pieza esencial para la creación y reconocimiento del Gran Oriente del Uruguay.
  15. Salvador Tort fue un prominente masón que ostentó el grado máximo de la masonería uruguaya.
  16. Hace referencia al año 1854.
  17. Gran Logia de la Masonería del Uruguay, 1996, p. 10.
  18. Gran Logia, 150° Aniversario Supremo Consejo Grado 33°, p. 11.
  19. El vizconde era diplomado en derecho por la Universidad de Coimbra (Portugal), por lo que tenía conocimiento acerca de la ley y la política.
  20. Se conoce como Gran Logia o Gran Oriente a una institución masónica nacional que está integrada por varias logias.
  21. Gran Columna de Reconocimiento del Supremo Consejo de los Poderosos Soberanos Grandes Inspectores Generales 33° del Janeiro (Montevideo: 1856).
  22. Gran Logia, 150° Aniversario Supremo Consejo Grado 33°, p. 17.
  23. La masonería argentina, como se la conoce ahora, tuvo como partida de nacimiento la constitución de la Gran Logia, el 11 de diciembre de 1857. Esta constitución produjo un complicado trámite a raíz del virtual enfrentamiento entre Miguel Valencia (1799-1870), que provenía de una familia unitaria que había retornado del Brasil, luego de un extenso exilio, y José Roque Pérez (1815-1871), un federal que había sido funcionario diplomático durante el gobierno de Rosas.
    Desde luego que no fueron los ingleses los que reconocieron a los masones argentinos. Valencia tenia poderes conferidos por la masonería brasileña, ajena a la tradición argentina, y Pérez, relaciones estrechas con el Gran Oriente del Uruguay, que era el centro masónico fundamental en el Rio de la Plata, por ende, el que otorgó la carta patente de la Logia Unión del Plata un año antes de la fundación de la Gran Logia de Argentina.
  24. Según la terminología masónica, una logia ‘’en sueños’’ es aquella logia que permanece inactiva, es decir, que se encuentra cerrada.
  25. José Paulino Gereda fue miembro fundador de la logia Fe luego de la división ocurrida en la logia Misterio y Honor. Por otra parte, Jaime Vinent fue venerable maestro de la logia Virtud y Secreto.
  26. Gran Logia, 150° Aniversario Supremo Consejo Grado 33°, p. 20.
  27. Véase Salsamendi (2001).


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