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9 El caso de los “grandes pooles de siembra”[1]

1. Introducción

En el capítulo anterior hemos visto que las transformaciones recientes operadas en el proceso de trabajo agrario han implicado un aumento sustantivo y generalizado en la escala de producción y circulación del capital agrario. La cuestión principal que se nos abre a partir de esta conclusión es si esta nueva escala con la que opera el capital agrario ha implicado una transformación en la llamada estructura social históricamente característica de la producción agraria pampeana, esto es, si ha implicado una transformación en una estructura donde las figuras del capitalista, el terrateniente y el trabajador tienden a estar integradas en la acción de una misma persona. Por otra parte, en la medida en que esta ampliación de la escala puede adoptar manifestaciones que presenten al capital agrario bajo una figura similar a la del capital normal, la otra cuestión a considerar es si estas manifestaciones contradicen el resultado al que hemos arribado en el capítulo anterior, esto es, que el capital normal continúa encontrando barreras definitivas a su entrada en la producción agraria pampeana. Dado el enfoque que guía la presente investigación el modo de abordar ambas cuestiones no puede ser otro que avanzar directamente sobre las formas concretas que adoptó el proceso de concentración de capital.

La información estadística más apta para identificar las formas concretas que adopta la acumulación del capital agrario son los censos nacionales agropecuarios. Sin embargo, más allá de las limitaciones inherentes a este tipo de información,[2] los últimos dos censos disponibles corresponden a los años 1988 y 2002, el primero realizado en un año bastante lejano al año en que hemos situado el comienzo de las transformaciones en el proceso de trabajo agrario y el segundo en un año en que recién comenzaba el período de consolidación de dichas transformaciones. Frente a esta limitación, avanzaremos con una estrategia de investigación centrada en el análisis de un conjunto restringido de capitales individuales. Dado que se trata de analizar las formas que adoptó el proceso de concentración del capital agrario los capitales seleccionados serán los más grandes del sector. Así, en este capítulo, consideraremos el caso de los llamados “grandes pooles de siembra” que, además de aparecer como los capitales más grandes del sector, se presentan asimismo como un fenómeno novedoso de las últimas dos décadas. Luego, en el próximo capítulo, consideraremos el caso de tres capitales, también de origen reciente, que aparecen como los capitales más grandes del sector.

2. Los pooles de siembra en la región pampeana y la información disponible

A partir de mediados de la década de 1990 la literatura y la prensa especializada comenzaron a detectar la existencia de una forma novedosa del movimiento del capital agrario: el “pool de siembra” (Lattuada 1996, Estefanell, y otros 1997, Posada y Martínez de Ibarreta 1998, Murmis 1998, entre otros). Como lo han hecho notar algunos autores, a pesar de estar presentes hace varios años, su definición aún resulta difusa dentro de los especialistas en la temática (Barsky y Dávila 2009, 77 y 96, Murmis y Murmis 2011, 25). Desde mi punto de vista, y según procuraré precisar más adelante sobre la base de análisis de casos, en su determinación más general esta forma particular de acumularse el capital puede definirse como una inversión de capital limitada temporalmente, surgida de la reunión circunstancial de pequeños montos de capital de origen diverso, y cuya forma de rotación es enteramente la del capital circulante; es decir, que ninguna porción suya adopta la forma de capital fijo. En concreto, se trata de un capital cuyas características distintivas son que funciona durante un período prefijado, que opera sobre una superficie que supera el tamaño normal de las superficies operadas en la zona o región por otros capitales, que arrienda toda la tierra sobre la que opera y que contrata como servicios de terceros todos los trabajos correspondientes al proceso inmediato de producción; vale decir, los servicios de siembra, mantenimiento o laboreo de cultivos y cosecha.[3]

A menudo se suelen identificar entre dos y tres tipos de pooles de siembra sobre la base de la cantidad de hectáreas sobre las que operan y el tipo de forma jurídica que corresponde a su magnitud. Un primer tipo comúnmente reconocido es el “pequeño pool de siembra” o “vaquita” según la jerga tradicional. Estos pooles normalmente no superan las 1.000 hectáreas de extensión y se caracterizan por limitar sus socios al círculo de “conocidos”, con contratos vinculantes altamente informales, en varios casos “de palabra” (Estefanell, y otros 1997, 67, Grosso, y otros 2010, 127). Aunque algunos autores han identificado en este tipo de pooles una estructura muy similar al pool de siembra tal como se lo ha definido más arriba (Grosso, y otros 2010, 126-127), es probable sin embargo que se trate simplemente de una forma renovada de las asociaciones típicas entre los pequeños capitalistas para poder enfrentar las nuevas escalas mínimas de producción. En este sentido, no estaríamos frente a una forma novedosa de acumularse el capital (Barsky y Dávila 2009, 94). Los otros dos tipos de pooles comúnmente reconocidos son los considerados “medianos” y “grandes”, a menudo unificados bajo la figura de pool de siembra típico. En cualquiera de estos dos casos, estos pooles se caracterizan por tener una figura jurídica formal: sociedades regulares, sociedades de hecho, uniones transitorias de empresas y, en los casos de mayor escala, fondos comunes de inversión y fideicomisos (de Obschatko, Ganduglia y Román 2006, 89). Su tamaño varía entre 1.000 y 50.000 hectáreas, con algunos pocos casos registrados en torno a las 70.000 hectáreas (Posada y Martínez de Ibarreta 1998, Grosso, y otros 2010).

La única información estadística global existente sobre esta nueva forma que adopta el capital agrario es el registro parcial que realizó el CNA de 2002 bajo la pregunta de si la explotación agropecuaria se encontraba gestionada por un “pool agrícola-ganadero”. De acuerdo con la definición de pool adoptada en esta investigación, a esta información se puede sumar la recabada con la pregunta de si la explotación agropecuaria forma parte de una unión transitoria de empresas. De acuerdo con el censo del 2002, para el total del país se registraron 487 explotaciones que declararon ser gestionadas por un pool y 302 que declararon formar parte de una unión transitoria de empresas. El 85% de las primeras y el 84% de las segundas se encontraban en la región pampeana (CNA 2002). Dado que la unidad de análisis del censo no es el capital sino la explotación agropecuaria, en cualquiera de las dos variables registradas no se prosiguió indagando sobre la superficie total operada por el “pool” o la “unión transitoria de empresas” en cuestión. Tomando como indicador el estrato de superficie en que se encuentra cada explotación los citados de Obschatko, Ganduglia y Román han estimado la superficie total ocupada por ambos tipos de asociaciones en 1.079.410 hectáreas para la región pampeana, esto es, el 5,8% de la superficie total de la región (de Obschatko, Ganduglia y Román 2006, 89).

La otra información confiable disponible es la que se encuentra en los registros que tienen las Bolsas de valores locales de los Fondos Comunes Cerrados de Inversión (FCCI) y de los Fideicomisos Financieros (FF) que constituyen pooles de siembra, información que posteriormente es compilada por la Comisión Nacional de Valores. Dada la estructura jurídica de los FCCI y los FF, se estima que bajo este tipo se asociaciones se encuentran los pooles de siembra más grandes (de Obschatko, Ganduglia y Román 2006, 90, Barsky y Dávila 2009, 93, Fernández y Scalerandi 2009, 1, Fernández 2010b). Esta información está compuesta esencialmente por los planes de inversión iniciales y los balances contables anuales de cada uno de los pooles de siembra registrados. Pese a la riqueza de esta información, son relativamente escasos las investigaciones que la han sometido a análisis (Nava 2003, Fernández y Scalerandi 2009, Fernández 2010b) o la han considerado directamente aunque sea de manera parcial (Posada y Martínez de Ibarreta 1998, Bertolasi 2004). A los fines de la presente investigación esta información resulta particularmente relevante porque, al tratar de los capitales agrarios más grandes de la producción agraria pampeana, no sólo permite someter a análisis las formas más potentes que adoptaron las economías de escala habilitadas por las trasformaciones en el proceso de trabajo sino, además, porque permite evaluar hasta qué punto los capitales agrarios más grandes se asemejan al capital normal. A diferencia de los citados estudios que han utilizado esta información, esta es la primera vez que se realiza un análisis de todo el universo de los pooles de siembra constituidos como FCCI y FF.

Los registros de los FCCI y los FF indican que cada uno de estos instrumentos financieros funcionó en dos etapas históricas diferentes, los FCCI lo hicieron desde mediados hasta fines de la década de 1990 y los FF desde el año 2003 en adelante. Como se recordará, estas etapas coinciden con las dos etapas por las que, según se concluyó en el capítulo anterior, transcurrieron las transformaciones en el proceso de trabajo agrario. Por lo tanto, analizaremos de manera separada cada una de estas formas adoptadas por el capital agrario.

3. Los pooles de siembra constituidos como Fondos Comunes Cerrados de Inversión (FCCI)

Los fondos comunes de inversión surgen y se desarrollan en el país a partir de la ley 24.083 de Fondos Comunes de Inversión de mayo de 1992 y las modificaciones introducidas por el Título VIII de la ley 24.441 de Fideicomisos Financieros de diciembre de 1994. De acuerdo con esta jurisprudencia los fondos comunes de inversión no constituyen sociedades ni personas jurídicas, sino que son simples patrimonios compuestos por diferentes valores de capital pertenecientes a personas a las cuales se les reconocen derechos de copropiedad representados por cuotapartes. La constitución del patrimonio que forma el fondo se realiza a través de una oferta pública de sus cuotapartes, las cuales a su vez pueden ser posteriormente negociadas en el mercado de valores. Dado su objeto de inversión, los pooles de siembra se constituyen como fondos comunes de inversión de tipo cerrados (FCCI), esto es, que no permiten la ampliación de cuotapartes una vez lanzada la oferta pública. La dirección y administración del patrimonio constituido mediante la oferta pública queda a cargo de una “sociedad gerente” y su custodia a cargo de una “sociedad depositaria”, normalmente un banco. En el caso de los FCCI constituidos como pooles de siembra la “sociedad gerente” puede contratar a otra sociedad como “organizadora” u “operadora técnica” de la inversión productiva.[4] Veamos los pooles de siembra constituidos como FCCI a partir de la existencia de esta jurisprudencia. El siguiente cuadro sintetiza la información más relevante presentada en los prospectos de emisión de cada uno de estos FCCI.

Pooles de siembra bajo la figura Fondos Comunes Cerrados de Inversión. 1995-1999

Denominación

Año

Duración

Hectáreas proyectadas

Monto de la Oferta Pública

Operador Técnico

FAID 95/96

1995

1

45.000

$ 11.000.000

Cazenave & Asociados S.A.

FAID 96/97

1996

1

70.000

$ 20.000.000

Cazenave & Asociados S.A.

SFA 96/97

1996

1

20.000

$ 4.000.000

Drabble Cereal S. A. y otros

AGRIFUND 97/98

1997

1

26.871

$ 9.250.000

Prefinex S.A. y otros

CHACARERO I

1997

1

29.000

$ 6.700.000

Agrá Fond S.A.

FAID 97/98

1997

1

78.000

$ 25.000.000

Cazenave & Asociados S.A.

FAID 2003

1997

6

33.000 a 52.000*

$ 20.000.000

Cazenave & Asociados S.A.

FONDAGRO 97/98

1997

1

22.000

$ 6.900.000

Separ

PAIS 97/98

1997

1

18.543

$ 6.100.000

s/d

SEEDING I 97/99

1997

2

32.000

$ 11.600.000

SAF S.A.

SFA 97/99

1997

2

27.586

$ 10.000.000

Drabble Cereal S. A. y otros

VX AGRO 97/98

1997

1

26.000

$ 9.000.000

s/d

AGRARIUS I

1998

5

23.000

$ 8.000.000

Cosechar en Argentina S.A.

AGRIFUND 98/99

1998

1

42.000

$ 15.000.000

Prefinex S.A. y otros

CHACARERO II

1998

1

36.632

$ 12.000.000

Agrá Fond S.A.

FAID 98/99

1998

1

54.000

$ 15.000.000

Cazenave & Asociados S.A.

AGRARIUS II

1999

5

34.500 a 50.000*

$ 8.000.000

Cosechar en Argentina S.A.

Fuente: Elaboración propia sobre la base de documentos de la Comisión Nacional de Valores, el Boletín Oficial e información compilada por Nava (2003) sobre la base de documentos de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.* De forma progresiva con la sucesión de cada campaña.

Entre los años 1995 y 1999 se habilitaron para operar como FCCI 17 pooles de siembra, los cuales se concentraron en 9 operadores que repitieron en distintos años los mismos o similares pooles de siembra. El registro de estos FCCI tuvo un movimiento explosivo: luego de que en los años 1995 y 1996 se constituyeran 1 y 2 pooles de siembra respectivamente, en 1997 la cifra ascendió a 9, reduciéndose a 4 en 1998 y apenas 1 en 1999, año a partir del cual no se registraron nuevos pooles de siembra bajo esta forma jurídica. Dado el carácter plurianual de algunos de estos proyectos, su funcionamiento en simultáneo, si bien también tuvo un movimiento explosivo cuyo auge se situó en los años 1997 y 1998 con la operación simultánea de 9 pooles de siembra, durante los años 1999 y 2002 se promedió en los 4 por año. A partir de entonces, con la excepción de FONDAGRO que fue reconducido hasta 2010, desaparecieron los pooles de siembra constituidos jurídicamente como FCCI. El siguiente gráfico sintetiza estos movimientos:

Este movimiento de rápida expansión y contracción de los pooles de siembra está vinculado esencialmente con el movimiento de los precios de las mercancías agrarias. Los precios de los principales cultivos tienen una fuerte subida hacia el año 1996 y luego caen de modo abrupto, con algún retraso de la soja y el girasol, tal como se puede apreciar en el siguiente gráfico:

Fuente: Elaboración propia sobre la base de MINAGRI (2014). Precios FOB puertos argentinos. Se computa el promedio de los precios de los meses de cosecha para cada cultivo.

Así, estos pooles de siembra se constituyeron fundamentalmente bajo el estímulo de los precios extraordinarios que se alcanzaron en la campaña de 1995/96 y los que prometía la de 1996/97. Pero en la campaña 1997/1998, cuando la mayoría se encontraban efectivamente en funcionamiento, los precios habían bajado y las buenas lluvias de las campañas anteriores se habían convertido en inundaciones que pasarían a la historia. Para ese año los ejercicios contables de los pooles de siembra arrojaron un promedio de pérdidas del 41%. En el siguiente cuadro se presenta la situación de cada uno de ellos:

Perdidas de los FCCI en la campaña de 1997/98

AGRIFUND 97/98

-27%

CHACARERO I

-40%

FAID 97/98 y FAID 2003

-20%

FONDAGRO 97/98

-67%

PAIS 97/98

-47%

SEEDING I 97/99

-44%

SUPERFONDO AGRARIO 97/99

s/d

VX AGRO 97/98

s/d

Fuente: Elaboración propia sobre la base de documentos de la Comisión Nacional de Valores y la información compilada por Nava (2003) sobre la base de documentos de la Bolsa de valores de Buenos Aires.

La estocada final de los pooles de siembra organizados bajo la figura de FCCI llegó en el año 1998, cuando por decreto se obligó a todos los fondos comunes de inversión a pagar el impuesto a las ganancias, cuya exención hasta ese momento había constituido uno de los principales atractivos para los inversores. Desde entonces, los FCCI pasaron a pagar un impuesto del 33% sobre las ganancias netas totales obtenidas en el año fiscal (Decreto 194/98). Esta situación y, como veremos, el desarrollo posterior de los Fideicomisos Financieros, explican por qué desde fines de la década de 1990 no se volvieron a registrar FCCI como forma jurídica del pool de siembra.

El análisis de este movimiento de los pooles de siembra ya indica un carácter fuertemente oportunista y especulativo por su parte. Se trata de capitales que entran y salen de la producción de un año a otro y cuya tasa de ganancia es extremadamente fluctuante, con unos años de ganancias extraordinarias y otros de enormes pérdidas. Esta situación contrasta con el movimiento típico de los capitales normales, que se mantienen produciendo año tras año y con una tasa de ganancia estable, que acompaña los ciclos propios del conjunto de la economía.

Pasemos a considerar el tamaño del capital que ponen en acción estos pooles de siembra. El promedio del monto de las ofertas públicas realizadas por los FCCI fue de USD 11.620.588. Dentro de este conjunto se destacan por su magnitud los FCCI operados por Cazenave & Asociados S.A., cuyo promedio de ofertas públicas por FCCI fue de USD 18.200.000. Si dejamos a un lado estos FCCI, el promedio general de las ofertas públicas se sitúa en USD 8.879.167. En cualquier caso, si se considera que todo el valor de capital que constituyen estos capitales se encuentra todo bajo la forma de capital circulante, su tamaño se muestra particularmente grande en relación con la mayoría de los capitales que operan en la producción agraria, aunque no muy superior al de los capitales más grandes presentes en la misma. A falta de información estadística sobre el tamaño de los capitales agrarios del sector, puede servir a la comparación el número de hectáreas operadas. En el caso de los capitales agrarios que estamos analizando el promedio de hectáreas operadas por capital es de 37.375 y, otra vez, si aislamos a los FCCI operados por Cazenave & Asociados cuyo propio promedio se eleva a 57.900, el promedio general se sitúa en 28.824 hectáreas, con un nivel mínimo de 20.000 y un máximo de 42.000 hectáreas. Ciertamente, este número se aleja mucho de las 537 hectáreas que, según el CNA de 2002, constituyen la superficie promedio de las explotaciones agropecuarias en la región pampeana, pero no resulta tan lejano del tamaño de las 116 explotaciones de esta misma región que tienen más de 20.000 hectáreas y cuyo promedio se sitúa en las 35.436 hectáreas (CNA 2002). En este sentido, si bien los pooles agrarios expresan un salto en la escala del capital hasta aquí no aparecen como capitales extraordinariamente grandes.

En relación con el origen de los fondos un primer dato relevante es que los montos mínimos de suscripción de cuotapartes varían entre 10.000 y 50.000 dólares. Esto significa que cualquier pequeño ahorrista podía formar parte de los inversores. El caso más paradigmático en este sentido probablemente sea el de los pooles SUPERFONDO AGRARIO 96/97 y 97/99, ambos organizados por el Banco Santander Río, que estableció el fondo para ofrecer a todos sus clientes la participación en estos FCCI como una parte más de su oferta de inversiones, constituida por otros fondos comunes de inversión, acciones, bonos y plazos fijos. No obstante la cantidad y la facilidad para acceder al capital de pequeños ahorristas, buena parte del capital que constituían estos FCCI provenían de inversores institucionales de gran tamaño. De acuerdo con un informe de Secretaría de Desarrollo Social de la Nación, para la campaña de 1997/98, esto es, en la campaña en que funcionaban simultáneamente 9 pooles de siembra, el origen del capital que constituía al conjunto de estos pooles se distribuía de la siguiente manera:

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos provistos por un Informe de la Secretaría de Desarrollo Social de la Nación editado por International Cotton Advisory Committee (1998, 39).

Como se ve, el origen del capital resulta muy variado y atomizado. Y más variado y atomizado aún si se toma en cuenta que es altamente probable que el grueso de las personas físicas esté constituido por pequeños ahorristas. Esta composición contrasta con la composición típica de los capitales normales, donde hay una composición que le permite a un mismo propietario o grupo de propietarios tener la mayoría absoluta en la asamblea de accionistas. En el caso de estos capitales la existencia de una mayoría accionaria se justifica en la necesidad de mantener la unidad administrativa del movimiento del capital en el largo plazo. Al contrario, el hecho de que los FCCI se constituyan específicamente para la realización de proyectos de inversión limitados en el tiempo hace que los administradores no necesiten tener más poder de decisión que el correspondiente a la realización concreta de un plan de producción ya prestablecido. De hecho, la propia ley que regula los FCCI limita específicamente la participación y la capacidad de decisión sobre el movimiento del capital por parte de los administradores (artículo 7 de la ley). De ahí que, a diferencia del capital típicamente normal, en este tipo de capitales la personificación del movimiento del capital y la propiedad sobre el mismo queda absolutamente escindida. En este sentido, es probable que ocurra con los pooles de siembra lo que Marx señalaba para aquellos capitales que, al estar exclusivamente compuestos por inversiones de las cuales se espera sólo un interés, acaban por valorizarse no a la tasa general de ganancia sino a la tasa de interés vigente, esto es, capitales que a pesar de tener una magnitud relativamente grande se comportan como pequeños capitales (Marx 1894a, 307).

Consideremos, por último, los planes de producción de los pooles de siembra constituidos como FCCI. Estos planes presentan características muy similares. En primer lugar, con la excepción de FONDAGRO que opera exclusivamente en las provincias de Chaco y Formosa, todos operan de manera simultánea en varias provincias de la región pampeana y se extienden incluso a algunas provincias del NOA y el NEA. Esta diversificación geográfica tiene su contraparte en una importante diversificación productiva. Los pooles más grandes suelen sembrar hasta 9 cultivos diferentes mientras que los más pequeños y/o menos diversificados geográficamente suelen sembrar como mínimo 3. Sobra la base de una muestra de 5 FCCI Fernández y Scalerandi (2009) han estimado la distribución de cultivos de la siguiente manera:

Fuente: Elaboración propia sobre la base de Fernández y Scalerandi (2009)

El siguiente gráfico presenta, a título de ejemplo, la distribución geográfica y productiva del pool de siembra AGRIFUND I (no incluido en la muestra considerada por los citados autores):

Fuente: Elaboración propia sobre la base de información provista por Marcelo Alais, gerente del operador Cosechar en Argentina S.A. en el momento de la constitución de AGRIFUND I y II.

La diversificación geográfica y productiva se presenta en los planes de producción con un motivo manifiesto: reducir el riesgo climático.[5] La literatura especializada suele señalar a esta reducción del riesgo climático como una de las ventajas principales que tienen estos capitales agrarios frente a los pequeños capitales tradicionales del sector (Estefanell, y otros 1997, 67, Posada y Martínez de Ibarreta 1998, 125). Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la diversificación geográfica y productiva existió siempre como posibilidad en la producción agraria. Por tanto, esta característica de los pooles de siembra no puede explicar, por sí misma, el surgimiento de éstos. En otras palabras, si se sostiene que la causa principal de la aparición de los pooles de siembra reside en la ventaja competitiva que les da la reducción del riesgo climático merced a su diversificación geográfica y productiva, no se explica por qué no surgieron mucho tiempo antes. La ventaja real que significa esta reducción del riesgo climático a través de la diversificación geográfica y productiva tiene que sostenerse, por tanto, en otra característica de los pooles de siembra.

En los planes de producción también se destaca como estrategia de reducción del riesgo climático, a la vez que del riesgo de las fluctuaciones en los precios, la contratación de seguros y la realización anticipada del capital mercantil en mercados de futuros y opciones. Si bien es cierto que tanto la difusión masiva de los seguros como el desarrollo de los mercados de futuros y opciones son fenómenos característicos de las últimas décadas, su empleo por parte de los pooles de siembra no parece estar directa e inmediatamente asociada a las características que los distinguen de los pequeños capitales tradicionales del sector. En ambos casos, si bien su utilización no suele resultar una posibilidad para los capitales agrarios más pequeños, la escala de los capitales tradicionales más grandes del sector les basta para acceder tanto a los seguros como a los mercados de futuros y opciones. En este punto, la única diferencia con los pooles de siembra es la que puede surgir de la economía de escala en la contratación de los seguros. En cualquier caso, sin embargo, se trata de una ventaja que no parece hacer la diferencia; esto es, que en sí misma no parece explicar la aparición de los pooles de siembra. Por otra parte, hay que considerar que para esta época los seguros tienen fuertes limitaciones, al menos en comparación con los seguros multiriesgo que, como veremos, surgen a partir de la década del 2000.

De acuerdo con la literatura especializada otra ventaja característica de los pooles de siembra es la existencia de economías de escala en la producción, surgidas específicamente por la operación de las maquinarias agrícolas sobre grandes superficies (Basualdo y Arceo 2005, 93, de Obschatko, Ganduglia y Román 2006, 89). Sin embargo, una vez que se considera la diversificación geográfica y productiva que tienen los pooles de siembra, la cantidad de hectáreas correspondientes a la unidad técnica de producción se reduce sustancialmente. Por ejemplo, como se puede ver en el caso de AGRIFUND, las más de veinte mil hectáreas que lo componen se dividen en unidades técnicas de producción que, por lo menos, van de un mínimo de 300 hectáreas hasta un máximo de 5500 hectáreas, dependiendo de la zona y el tipo de cultivo. Como se ve, la magnitud de estas unidades no se diferencia de la que tienen las explotaciones medias del sector. En este sentido, se puede concluir que las economías de escala que pueden surgir del proceso inmediato de producción no constituyen, por sí mismas, una ventaja particular de los pooles de siembra y, por tanto, tampoco pueden explicar el surgimiento de los mismos.

Otra característica común de los planes de inversión es la contratación de las tierras y de las tareas vinculadas a la siembra, las labores culturales, la cosecha y el transporte de las mercancías agrarias. Como se adelantó más arriba, esta forma de apropiación de los elementos productivos torna al conjunto del capital adelantado en un capital enteramente circulante, una característica que es muy inusual en el capital industrial. Esta forma particular que adopta el capital adelantado aparece en la literatura especializada como una de las características distintivas de los pooles de siembra (Estefanell, y otros 1997, 66, Posada y Martínez de Ibarreta 1998, 123). Sin embargo, esta literatura no suele ahondar en el significado del fenómeno ni en considerar su razón de ser. Analicémoslo aquí con detenimiento.

Ante todo, se puede decir que la condición enteramente circulante del capital adelantado se ajusta al movimiento de capital de tipo especulativo, ya que le permite entrar y salir del proceso de producción según las perspectivas inmediatas de ganancias, un movimiento que, como hemos visto, ha caracterizado la evolución de los FCCI constituidos como pooles de siembra. Sin embargo, no es claro que esta capacidad para entrar y salir de producción constituya una ventaja de los pooles de siembra frente a los pequeños capitales tradicionales. Por una parte, si bien esta capacidad les permite ahorrarse las pérdidas de un período de bajos precios y/o malas condiciones naturales, por otra su carácter circunstancial les impide compensar las pérdidas de un año con las ganancias de otro.[6] Al mismo tiempo, hay que considerar que varios de los FCCI se constituyeron inicialmente por períodos de 6 y 5 años (FAID 2003, AGRARIUS I y II) y otros fueron reconducidos por 5 y hasta por 10 años (FAID 97/98 y FONDAGRO). En este sentido, la no fijación del capital productivo parece trascender el carácter circunstancial de la inversión. En consecuencia, la explicación del carácter enteramente circulante del capital debe residir en otra característica derivada de esta forma adoptada por el capital.

Si consideramos, en cambio, el caso de la contratación de tierras, encontramos claramente al menos dos ventajas importantes. La primera es que el alquiler de tierras permite engrosar el capital productivo. En efecto, como hemos visto en la primera parte de esta investigación, la compra de tierras resta del capital que se puede aplicar efectivamente al proceso de producción, limitando la escala del capital productivo. En este sentido, en un contexto de fuerte concentración del capital agrario, la compra de tierras por parte de los FCCI les impediría alcanzar las escalas de capital que permiten obtener ganancias extraordinarias desde el punto de vista del capital promedio del sector. La segunda ventaja, y que surge precisamente como contracara de no comprar la tierra, es que la disponibilidad de capital les permite a los FCCI pagar por adelantado los alquileres de las tierras y, como consecuencia, obtener mejores precios de los mismos. Así, en los planes de producción en los que se especifica la modalidad de contratación de tierras, prevalecen ampliamente los contratos de arrendamientos, seguidos por algunos casos de aparcería y unos pocos de mediería. Se trata, sin embargo, de una ventaja que sólo se efectiviza si los precios de las mercancías agrarias y de los alquileres se mantienen de un año a otro. Si, como sucedió en la campaña de 1997/98, los precios caen, el adelantamiento del pago del alquiler de la tierra implica que todas las pérdidas tienen que ser absorbidas por el pool de siembra. En este sentido, se vuelve a presentar una característica altamente riesgosa y especulativa por parte de este tipo de capital, que lo aleja del comportamiento típico de los capitales industriales más concentrados.

Con todo, notemos que esta característica de los FCCI implica una transformación sustantiva en la forma en que se resuelve la personificación del movimiento del capital y la propiedad de la tierra. En efecto, en vez de la tendencia a la unidad de la personificación del capital y de la propiedad de la tierra en un mismo individuo, encontramos aquí una tendencia a la separación de ambas personificaciones. En este sentido, la ampliación de la escala del capital, en la medida en que incluye la adopción exclusiva de la forma de capital circulante y, por tanto, el vínculo con la propiedad de la tierra a través del alquiler, implica una modificación en las formas en que históricamente se resolvió la llamada estructura social de la producción agraria pampeana.

La llamada “contratación de servicios” resulta también en una fuente de ganancias extraordinarias para los FCCI en cuestión. Ocurre que el precio de estos “servicios” no se encuentra determinado de manera simple por su precio de producción social sino por uno sustancialmente menor a éste, producto de la competencia entre una masa de pequeños capitalistas, los bien conocidos “contratistas de servicios”. En efecto, como hemos visto in extenso en la primera parte de este libro, cuando una parte de la producción social es realizada exclusivamente por pequeños capitales, la competencia entre los mismos por lo que para su propia condición constituye una ganancia extraordinaria hace caer los precios de mercado y deja dicha ganancia pendiente de apropiación. Y cuando estos capitales producen medios de producción, normalmente son los capitales que le compran los que se embolsan la masa de ganancia en cuestión. Tal es el caso, a mi entender, de la relación que establecen los FCCI los llamados “contratistas de servicios”. En este sentido, lejos de ser una nueva “forma de producción en red”, pienso que el surgimiento de este tipo de vínculos no es otra cosa que la reproducción del típico vínculo entre los capitales de distinto tamaño; el mismo vínculo, sin ir más lejos, que el que históricamente caracterizó la relación entre los pequeños capitales agrarios pampeanos y las grandes cerealeras.

En suma, la razón de ser de la existencia del capital de estos FCCI bajo una forma enteramente circulante reside, en esencia, en las ventajas competitivas específicas que le otorgan el alquiler de la tierra y la contratación de los servicios. Una vez más, sin embargo, se trata de ventajas que, en potencia, también estaban presentes con anterioridad a la presencia de los pooles de siembra. Por tanto, tampoco pueden ser estas ventajas competitivas las que expliquen la presencia de los pooles de siembra.

El análisis de los planes de producción nos ha permitido identificar una serie de importantes ventajas de los pooles de siembra frente a los pequeños capitales tradicionales del sector. Entre las más importantes se destacan la diversificación geográfica y de cultivos, la contratación de seguros y la vinculación con pequeños terratenientes y pequeños capitales contratistas de servicios. Sin embargo, como hemos visto, por muy profundas que sean estas ventajas, no alcanzan para explicar la presencia de los pooles de siembra recién a partir de mediados de la década de 1990. Para avanzar en esta cuestión, por ende, debemos ir más allá de lo que muestran los planes de producción en cuestión.

Una primera cuestión evidente que aparece en este sentido son las economías de escala que surgen de la comercialización de la producción. En efecto, cuantas más unidades productivas alcancen a replicar los pooles de siembra mayor será la cantidad de capital mercantil que tengan para realizar y, en consecuencia, mayor será el trabajo de circulación que se pueda ahorrar. Aunque, por supuesto, con el límite que impone el aumento del trabajo dedicado al transporte para reunir la producción que surge de la separación geográfica de dichas unidades productivas. En este sentido, la disminución de riesgos que surge de la diversificación geográfica choca con las economías de escala que surgen de la circulación del capital mercantil. Con todo, también estas economías de escala que surgen de la comercialización existían potencialmente con anterioridad a la aparición de los pooles de siembra. Por tanto, por mucho que resulten en ganancias extraordinarias para estos capitales tampoco pueden explicar la presencia de los pooles de siembra recién a partir de mediados de la década de 1990.

Como se señaló anteriormente, desde un punto de vista materialista, la transformación en la forma en que se acumula el capital debe surgir de un cambio en la materialidad del proceso de trabajo que el capital tiene a su cargo organizar. Y, por tanto, la respuesta a la cuestión de la aparición del pool de siembra a mediados de la década de 1990 debe residir en las transformaciones en el proceso de trabajo que analizamos en el capítulo anterior. En relación con los cambios en el tamaño del área de siembra motivados por la técnica de la siembra directa hemos vistos que los pooles de siembra, pese a tener una escala de operación relativamente grande, desde el punto de vista de las unidades técnicas que lo componen, no se distinguen del tamaño promedio de los pequeños capitales tradicionales del sector. Por tanto, no es en esta transformación que reside la explicación de su aparición. La otra transformación que hemos identificado en el capítulo anterior ha sido la expansión de los fitosanitarios y los fertilizantes consumidos por hectárea. Si consideramos que los pooles de siembra son, por lo menos, tan consumidores de este tipo de insumos como el promedio, tenemos que la magnitud de su operación en este caso sí redunda en una economía de escala. En concreto, al comprar en masa este tipo de insumos los pooles de siembra permiten ahorrar toda una serie de gastos de circulación y, en consecuencia, abaratar el precio de dichos insumos. Estrictamente hablando, como hemos visto, se trata de una economía en la escala de circulación del capital. En la literatura especializada, esta ventaja suele aparecer como parte de las ventajas competitivas que caracterizan al pool. Por ejemplo, Posadas y Martinez de Ibarreta incluso llegan a cuantificarla en un 20% del precio de los insumos a los que acceden los pooles de siembra (Posada y Martínez de Ibarreta 1998, 128). Sin embargo, en cualquiera de los trabajos que se detienen en esta cuestión, esta ventaja no se presenta como explicativa de la aparición de los pooles de siembra. Se recae así en el problema de presentar toda una serie de condiciones que en sí mismas no dan cuenta de por qué los pooles de siembra no surgieron con anterioridad a la década de 1990.

Para continuar con el análisis de los pooles de siembra consideremos ahora el caso de aquellos que se constituyeron como Fideicomisos Financieros.

4. Los pooles de siembra constituidos como Fideicomisos Financieros (FF)

Los FF están regulados legalmente a partir de la Ley Nº 24.441 de 1994. Sin embargo, no es hasta 2003 que se inscribe el primer pool de siembra bajo esta figura jurídica. En parte, esta situación está vinculada con el propio desarrollo de los FF como herramienta financiera más allá de su aplicación a la producción agraria que, según los registros disponibles, tiene un crecimiento muy pronunciado recién a partir de los primeros años de la década del 2000 (Fernández 2010b, 6-7). A esto se suma que es recién a partir de la devaluación del año 2002 y con la suba de precios de las mercancías agrarias de los años subsiguientes que la producción agraria vuelve a presentar una rentabilidad similar –sino superior– a la que la caracterizó a mediados de la década de 1990. Por su parte, lo que explica que esta mayor rentabilidad se busque captar a través de los FF y no de los FCCI es que, una vez consolidada como herramienta financiera, los FF se muestran superiores a los FCCI en al menos en dos cuestiones básicas. La primera y la más importantes es la exención del impuesto a las ganancias que beneficia a la figura del FF (Decreto 254/99) poco tiempo después de que, como se indicó más arriba, al FCCI se le quita este mismo beneficio (Decreto 194/98). La segunda es que, a diferencia del FCCI, las cuotapartes que conforman el FF no solamente están compuestas por certificados de participación sino también por títulos de deuda que rinden un interés periódico más allá del resultado final de la inversión, lo cual permite mayor flexibilidad a la hora de tomar capital. Veamos brevemente cómo funcionan los FF.

De acuerdo con la ley que lo regula, el contrato de fideicomiso consiste en la cesión por parte de una persona (fiduciante) de la propiedad fiduciaria de bienes determinados a otra (fiduciario), a quien se obliga a ejercerla en beneficio de una tercera persona (beneficiario) y a transmitirla al cumplimiento de un plazo al fiduciante, al beneficiario o al fideicomisario. Uno de los beneficios principales de este tipo de contrato es que la cesión de la propiedad fiduciaria no resulta en un aumento de la propiedad del fiduciario ni del beneficiario sino que la transforma en un patrimonio independiente y, en consecuencia, a resguardo de todo conflicto de los participantes con terceras personas. Lo que distingue a los FF de los fideicomisos ordinarios es que constituyen su propiedad fiduciaria a partir de una oferta pública regulada, donde se ofrecen como contrapartida de dicha propiedad una serie de títulos valores, y donde los individuos que se constituyen como fiduciantes lo hacen a su vez como beneficiarios. Del mismo modo que en el caso de los FCCI en todos los FF que se constituyen como pooles de siembra existe un operador técnico que se ocupa de planificar y llevar adelante el proceso de producción. El cuadro siguiente sintetiza la información más relevante de los prospectos de emisión de cada uno de los FF constituidos como pooles de siembra desde la inscripción del primero de ellos en el año 2003:

Pooles de siembra bajo la figura Fideicomisos Financieros. 2003-2011

Denominación

Año

Dura-ción

Hectáreas por campaña

Monto de la oferta pública

VDF A,B y C

CP

Ope-rador

FAID 2007

2003

4

41.000

$ 10.100.000

s/d

s/d

CA

AIF I

2004

1

3.000

$ 1.000.000

s/d

s/d

CL

AIF II

2005

1

2.043

$ 1.020.000

s/d

s/d

CL

GROBO I

2005

1

9.600

$ 3.450.000

$ 2.932.500

$ 517.000

GR

FIDEIAGRO 2009

2005

4

7.080 a 18.100*

$ 4.000.000

$ 3.980.000

$ 20.000

CA

GROBO II

2006

2

47.227 y 51.023

$ 12.000.000

$ 10.800.000

$ 1.200.000

GR

FICAR I

2006

2

3.890 y 5.000

$ 2.250.000

$ 2.250.000

$ 250.000

VI

CÓRDOBA I

2006

3

10.000

$ 4.200.000

$ 3.700.000

$ 500.000

VI

FAID 2011

2007

4

51.500 a 58.710*

$ 15.000.000

$ 15.000.000

$ 30.000

CA

AGD I

2007

1

40.000

$ 20.000.000

$ 19.000.000

$ 1.000.000

AG

CÓRDOBA II

2008

5

17.000

$ 7.000.000

$ 7.000.000

$ 0

VI

AGROPECUARIA

2008

1

6.000

$ 3.500.000

$ 1.500.000

$ 2.000.000

LA

FAID 2015

2011

4

35.916 a 43.581*

$ 15.030.000

$ 14.850.000

$ 3.150.000

CA

Fuente: Elaboración propia sobre la base de documentos de la Comisión Nacional de Valores, Boletín Oficial y la Bolsa de Comercio de Córdoba. * De forma progresiva con la sucesión de cada campaña.

Lo primero que llama la atención de esta información es que, a pesar de la profundización en los cambios en el proceso de trabajo que caracteriza a esta etapa, la cantidad de pooles de siembra constituidos a través de ofertas públicas, en este caso mediante FF, disminuyó en relación a la etapa anterior: pasó de 17 a 13. Y en igual sentido lo hizo la cantidad de operadores, que pasó de 9 a 6. El dato es más contrastaste aún si tomamos en cuenta los pooles de siembra que mantienen las escalas que eran características de la etapa anterior. Así considerado, su número se reduce únicamente a 5 pooles y a sólo 3 operadores. En el mismo sentido resulta igualmente llamativo que entre 2008 y 2014 se haya inscripto tan sólo un FF, el FAID 2015 en el año 2011. En suma, esta información muestra de manera contundente que, si bien el fenómeno de los pooles de siembra puede haberse desarrollado ampliamente en los estratos pequeños y medianos del capital agrario, no lo ha hecho en el caso de los estratos más grandes. Al contrario de como suele presentarse en alguna literatura y prensa contemporánea, la presencia de los pooles de siembra más grandes es cada vez más marginal dentro del sector agropecuario.[7]

Además de la heterogeneidad en la escala de los FF, otra diferencia respecto de los FCCI es que prevalecen los proyectos de inversión plurianuales. Tal como se señaló más arriba, y como consta en varios de los prospectos de emisión analizados, la razón del carácter plurianual de los pooles de siembra reside en la posibilidad de amortiguar las pérdidas ocasionadas en malas campañas con las ganancias generadas en las buenas. En este mismo sentido en el caso de algunos pooles se destaca, también en contraste con los FCCI, la utilización de seguros de riesgo más sofisticados, que combinan los rendimientos esperados con la diversificación de los cultivos. El caso más significativo es el de los seguros utilizados por el operador Cazenave & Asociados. En uno de sus prospectos de emisión se describe de la siguiente manera un seguro de este tipo:

Para disminuir aún más la incertidumbre climática, se ha desarrollado en los últimos años […] el ‘Seguro Climático’. Este seguro se diferencia del antiguo seguro contra granizo, en que cubre siete diferentes adversidades meteorológicas en lugar de una sola […] La suma asegurada es el monto total de la inversión programada y se cubre a través de los denominados rindes de indiferencia, que son entre el 80% y 90% de los rendimientos esperados al arrendar los campos. Es decir que si ‘en forma combinada’ los rindes obtenidos son menores a los de indiferencia por razones climáticas, el seguro cubre la diferencia con el monto asegurado. ‘En forma combinada’ quiere decir que el menor rinde de alguno de los granos se compensa con rindes superiores de los otros. […] La prima es del orden del 3.15% del monto invertido anual. (FAID 2007, 111)

A primera vista, el carácter plurianual y la operación con este tipo de seguros pareciera tornar a los pooles de siembra constituidos como FF en inversiones más estables, con tasas de ganancia más homogéneas y, en este sentido, en capitales con un comportamiento más cercano al de los capitales industriales en general. Sin embargo, el curso adoptado por el conjunto de los FF analizados no se distingue del adoptado por los FCCI en la década anterior. En primer lugar, al igual que éstos, los FF se expanden durante un breve período para luego entrar en un proceso de contracción, con la referida única excepción del FAID 2015 en el año 2011. El siguiente gráfico sintetiza este movimiento:

En segundo lugar, al igual que sucedía con los FCCI, este movimiento se correlaciona con el movimiento de los precios de los principales cultivos. En efecto, estos precios tienen una suba hasta 2008 y luego caen abruptamente repuntando recién en el año 2011, momento en que se constituye el último FF, tal como lo indica el siguiente gráfico:

Fuente: Elaboración propia sobre la base de MINAGRI (2014). Precios FOB puertos argentinos. Se computa el promedio de los precios de los meses de cosecha para cada cultivo.

En tercer lugar, así como la caída de precios del año 1997 que hizo colapsar a los FCCI estuvo acompañada por una serie de inundaciones que pasaron a la historia, esta baja en los precios que afectó a los FF se dio en simultáneo con una catastrófica sequía, la más grande desde la famosa del año 1952. Otra vez, pues, los pooles de siembra se encontraban con rendimientos marcadamente negativos, con pérdidas que promediaron más del 50%. En el siguiente cuadro se presenta la situación de cada uno de ellos:

Pérdidas de los FF en la campaña de 2008/09

CORDOBA I

-54%

AGROPECUARIA I

-75%

FAID 2011 y FIDEIAGRO 2009

-32%

CORDOBA II

s/d

Fuente: Elaboración propia sobre la base de documentos de la Comisión Nacional de Valores, Boletín Oficial y la Bolsa de Comercio de Córdoba.

Por último, al igual que en el caso de los FCCI, la desaparición de los FF con posterioridad a la crisis estuvo fuertemente ligada a la derogación de la principal exención impositiva que los privilegiaba hasta entonces, a la que ya hemos hecho referencia. A partir de entonces, el Decreto 1.207/08 del primero de agosto de 2008 obligó a este tipo de FF a pagar el 35% de sus ganancias netas totales. En suma, todo este movimiento de los FF los presenta con el mismo carácter oportunista y especulativo que caracterizó a los FCCI en la segunda mitad de la década de 1990.

Si se consideran las otras variables analizadas en el caso de los FCCI tampoco se encuentran mayores diferencias. En relación con el tamaño de los capitales, sea que se lo mida por el monto de las ofertas públicas o por la cantidad de hectáreas operadas, los FF más grandes se mantienen dentro del promedio de los FCCI más grandes, aunque ya sin los extremos que caracterizaban a estos últimos. Por su parte, en cuanto al origen de las inversiones, si bien no se pudo disponer de datos globales, algunas informaciones puntuales permiten suponer que tampoco ha variado esta situación. Por ejemplo, en el caso de FAID 2007 y FIDEIAGRO 2009 los montos de inversión van desde los USD 10.000 hasta los USD 3.000.000, con un promedio de USD 100.000 (Grondona 2006), lo cual permite deducir que buena parte de los socios del FF son pequeños ahorristas. En igual sentido, en el caso de GROBO II se encuentra que 138 de los 140 subscriptores son “minoristas” (Bertello 2007). Si imputamos a este tipo de inversores un monto entre 10.000 y 50.000 dólares, esto significa que su participación va desde un mínimo de 11,5% a un máximo de 57,5% del total de la oferta pública, con una mediana de 34,5%; es decir, una cifra muy cercana al 36% correspondiente a la participación de personas físicas en los FCCI. En relación con los inversores de mayor tamaño, se ha encontrado que las AFJP tuvieron una participación en GROBO II del 26% y en FIDEIAGRO de 25%. Asimismo, se encontró que, según registros de 2008, las AFJP tenían invertido en ese año cerca de USD 1.000.000 en AGD y USD 250.000 en FAID 2011 (WikiLeaks 2008, Bertossa y Salvucci 2008, 8). En suma, porcentajes similares a los que se encontraba en el caso de los FCCI. En conclusión, en este punto, tampoco los pooles de siembra constituidos como FF se diferencian esencialmente de los constituidos como FCCI.

En relación con la distribución geográfica, salvo el caso de los FF operados por Cazenave & Asociados que mantienen una distribución que abarca a toda la región pampeana, en el resto de los casos se encuentra una distribución geográfica acotada a una provincia con algunas excepciones que abarcan hasta dos provincias. Esta diferencia no hace variar, sin embargo, la cantidad promedio de hectáreas operadas por cada unidad técnica. Por ejemplo, según el caso de GROBO II que se detalla en el cuadro siguiente, aun suponiendo que cada zona corresponde a una unidad técnica de producción, la extensión máxima alcanza las 7117 hectáreas y la mínima 45 hectáreas.

Distribución geográfica y de cultivos del primer año de GROBO II

Zona Geográfica

Trigo

Girasol

Maíz

Soja 1º

Soja 2º

Zona Sudeste I: Tandil, Mar del Plata y Necochea

6158

2829

0

5810

3470

Zona Sudoeste: Darragueira / Guatrache

4262

907

45

1920

45

Zona Sudeste II: Tres Arroyos

4463

1984

0

2917

0

Zona Entre Ríos: Basavilbaso

2232

0

1136

7717

1332

Fuente: Elaboración propia sobre la base del prospecto de emisión de GROBO II

Como ya se puede advertir en este ejemplo, a diferencia de la distribución geográfica, la distribución de cultivos se mantiene igualmente diversificada que en el caso de los FCCI, con la sola diferencia de una mayor presencia de la soja, lo cual es consistente con la evolución de dicho cultivo durante el período, tal como se lo analizó en el capítulo anterior. Los siguientes gráficos sintetizan esta distribución para el conjunto de los FF:

Fuente: Elaboración propia sobre la base de documentos de la Comisión Nacional de Valores y la Bolsa de Comercio de Córdoba. No se incluyó la información de algunos FF que no precisan en sus planes de producción la cantidad de hectáreas dedicadas a cada cultivo (FICAR I y CORDOBA I) y de algunos FF de los que no se pudo obtener el plan de producción (FAID 2007, AIF I y II).

Por lo demás, al igual que en el caso de los FCCI, de los planes de producción de los FF también se deduce el carácter de enteramente circulante de todo el capital adelantado. En consecuencia, también se pueden apreciar en estos planes las ventajas que otorga el pago por adelantado del alquiler de la tierra y el vínculo con pequeños capitales proveedores de los servicios de siembra, laboreo de cultivos, cosecha y transporte de las mercancías.

En conclusión, del análisis de los pooles de siembra constituidos como FF no se desprende nuevas características de este tipo de capital. Para completar el análisis de los pooles de siembra consideremos, por último, el caso particular de Cazenave & Asociados.

5. El caso del organizador de pooles de siembra Cazenave & Asociados

Como hemos visto, el operador Cazenave & Asociados estuvo presente tanto en la etapa en que los pooles de siembra más grandes se constituían mediante la figura del FCCI como cuando lo hacían a través de la figura del FF. Más aún, si se considera el conjunto de sus pooles de siembra no hay ningún año en que haya desaparecido o suspendido sus operaciones. A su vez, los pooles de siembra armados por este operador se destacaron siempre del resto de los pooles por tener un tamaño particularmente grande. Parecería, por lo tanto, que detrás del carácter efímero y oportunista que presenta la figura de los grandes pooles de siembra se esconde un capital estable, presumiblemente grande, que se mantiene en el tiempo más allá de toda fluctuación en los precios y en las condiciones naturales; en suma, un capital que se asemeja por su forma y movimiento a un capital normal típico del sector industrial. De hecho, en la literatura especializada encontramos de manera permanente el caso de Cazenave & Asociados como ejemplo típico de las nuevas “grandes empresas agropecuarias” (Teubal 2008, 6-7, Manciana, Trucco y Piñeiro 2009, 37, Barsky y Dávila 2009, 100, Murmis y Murmis, 2011, 18). Analicemos, pues, el origen, la evolución y las características principales de este capital individual.[8]

Cazenave & Asociados nace en el año 1969 como una consultora de negocios vinculados a la producción agraria. En la práctica, se trata de un pequeño grupo de ingenieros agrónomos que ofrecen sus servicios de consultoría y administración de producciones agropecuarias bajo la figura formal de una empresa de servicios. En este punto, es relevante notar que no se trata de una empresa con larga tradición en la producción agraria; su historia no tiene en su origen su constitución como pequeño capital agrario tradicional ni como “gran terrateniente”. Hacia el año 1978 este grupo de ingenieros agrónomos arma su primer “pool de siembra”, probablemente el primero del país. Se trata de apenas 400 hectáreas sembradas con girasol en la provincia de Buenos Aires. Este nuevo negocio los lleva en el año 1982 a inscribir a Cazenave & Asociados como una sociedad anónima.[9] Desde entonces, la empresa tiene a la administración de pooles de siembra como principal actividad. Durante toda la década de 1980 y principios de la de 1990 Cazenave & Asociados se dedica a engrosar el tamaño de los pooles de siembra a través de aportes de familiares, amigos y una cadena cada vez más amplia de conocidos. Desde el punto de vista del tamaño del capital agrario que administra, se puede decir que alcanza tamaños similares al de un capital agrario de tamaño medio. Su rentabilidad es, como la de todo pequeño capital agrario, altamente fluctuante. “En esas épocas” recuerda un directivo, “hemos tenido ganancias superiores al 100% alternando con fuertes quebrantos” (Martinez 1996). Como se ve, el origen de Cazenave & Asociados está lejos de la imagen de un gran “empresa de agronegocios” vinculada a los grupos de poder de la Argentina, tal como lo presenta cierta prensa adepta a la tesis del gran poder terrateniente (Verbitsky 2009).

El salto en la escala del capital agrario que tenían a su cargo personificar llega recién en el año 1994 cuando alcanzan a formar el FIA 94/95, el primer pool de siembra de gran magnitud. Se trata de un proyecto de capitalización por USD 10.000.000 con la intención de sembrar 40.000 hectáreas durante la campaña 1994/95. Remarquemos que no se trata de un engrosamiento del capital de Cazenave & Asociados, producto de una acumulación originaria previa o de la venta de parte de su paquete accionario. Se trata, al igual que todos los pooles de siembra anteriores, de un proyecto formalmente independiente de la empresa, que se constituye incluso bajo la forma jurídica de una sociedad anónima independiente, y en el que Cazenave & Asociados participa sólo como operadora técnica de la inversión, esto es, como una empresa que presta los servicios de administración de la producción y cobra sus honorarios correspondientes. El resultado de este proyecto es un éxito: se alcanzan a sembrar 38.918 hectáreas y el balance contable arroja al final del ejercicio una tasa de ganancia del 20%.

Motivados por el éxito del FIA 94/95, y bajo el amparo de las modificaciones que introdujo la ley 24.441 de diciembre de 1994 a la ley de Fondos Comunes de Inversión, al año siguiente crean el FAID 95/96, el primer FCCI del país dedicado a la producción agraria. Como hemos visto, este proyecto realiza una oferta pública de USD 11.000.000 con la intención de sembrar unas 45.000 hectáreas. Una vez más, y tal como ya lo hemos visto más arriba, el FCCI en cuestión es formalmente independiente de Cazenave & Asociados. Se trata de una reunión de pequeños montos de capital, esta vez bajo auditorías técnicas y regulaciones de la Comisión Nacional de Valores, y Cazenave & Asociados no juega más papel que el de organizador y operador técnico del capital reunido. El plan de producción prevé una gran variedad de cultivos y zonas geográficas. Además de los cultivos tradicionales –girasol, maíz, trigo, soja– se siembran otros cultivos como el algodón y el poroto. Por su parte, también se trasciende el ámbito de la región pampeana y se siembra en algunas partes del noroeste del país. Al igual que el proyecto anterior, el FAID 95/96 resulta un verdadero éxito económico: se alcanza a reunir la totalidad del capital ofertado, se siembran 45.368 hectáreas, y se obtiene una tasa de ganancia del 15%. Hay que considerar que, para esos años, la tasa de ganancia del conjunto del capital industrial en la Argentina apenas alcanzaba el 10% y que tener tasas del orden del 15% y el 20% significaba, prácticamente, igualar a las que presentaban las corporaciones industriales de los Estados Unidos (Iñigo Carrera 2007b, 225 y 271).

El año 1997 mostró que el salto en el tamaño del capital agrario que significaron estos dos proyectos de inversión, no obstante sus potencialidades, no alcanzaba para enfrentar las fluctuaciones que caracterizan a la producción agraria. En efecto, como hemos visto, para la época de cosecha de la campaña 1996/97 los precios de, por lo menos, el trigo, el maíz y el sorgo ya se habían desplomado a la mitad del valor que tenían en el momento de la siembra. Para el caso del FAID 96/97, conformado en su momento bajo el auspicio de las buenas cosechas previas, esta abrupta caída de precios significó una rentabilidad negativa del 28%. En concreto, esto significa que aquellos que invirtieron USD 50.000 en una cuotaparte de ese pool de siembra, al terminarse el proyecto, apenas pudieron llevarse USD 36.000. La catástrofe que representó esta campaña llevó a Cazenave & Asociados a redefinir el negocio.

Con el objetivo explícito de evitar semejantes pérdidas de capital, la empresa lanzó para la campaña 1997/98 el primer pool de siembra plurianual del país, el FAID 2003, también bajo la forma jurídica del FCCI. Sin embargo, dado que se trataba de una prueba piloto, se decidió realizarlo en forma paralela al FAID 97/98, esto es, al pool de siembra anual que tan buenos resultados había dado en las campañas de 1994/95 y 1995/96. Pero las expectativas de ganancias ya eran otras y los dos proyectos en simultáneo implicaban una masa muy grande capital. Así, la oferta conjunta de USD 45.000.000 se cubrió apenas en un 63% y las más de 120.000 hectáreas planeadas se redujeron a 87.791 hectáreas. Como hemos visto, a los precios que siguieron en picada se sumaron a la campaña de 1997/98 una serie de inundaciones que atravesaron prácticamente todo el país. El resultado conjunto de los dos pooles de siembra arrojó para ese año otra vez pérdidas, esta vez de 20%.

En vistas de esta situación, en la campaña de 1998/99 la empresa decidió una serie de medidas concretas. En primer lugar, recondujo el FAID 97/98 por cuatro años más para los inversores que buscaran compensar la pérdida de la campaña anterior con ulteriores ganancias; esto es, transformaron el FAID 97/98 en un proyecto plurianual. En segundo lugar, eliminó las zonas y cultivos más volátiles. Así, concentró la siembra en la región pampeana y quitó del plan de producción a la zona del Noroeste del país y al algodón y al poroto como cultivos. En tercer lugar, sujetó parte de sus propios honorarios a los rendimientos anuales, es decir, dispuso que si la campaña agrícola arrojaba pérdidas, una parte de sus honorarios, concretamente el 20%, no se cobraría. Esto significaba que, desde entonces, Cazenave & Asociados ya no quedaba al margen de las inclemencias de las fluctuaciones características de la producción agraria. Y su turno no tardó en llegar. Esa misma campaña los resultados fueron negativos en un 10%. Por su parte, como hemos visto, en el año 1998 todos los FCCI pasaron a pagar el impuesto a las ganancias, lo cual también constituyó, desde el punto de vista de los cuotapartistas del pool de siembra, una masa de pérdidas sustancial.

Hacia mediados del año 2000 parecía que el FAID 2003 y el FAID 97/98 reconducido no tenían posibilidad alguna de acabar dando resultados positivos. La campaña de 1999/00 también había vuelto a arrojar pérdidas y la del 2000/01 no parecía muy prometedora. En suma, parecía que tampoco el carácter plurianual del fondo había podido evitar las pérdidas correspondientes a las fluctuaciones de los precios y las condiciones naturales que afectan a la producción agraria. La empresa decide entonces contratar para la nueva campaña un seguro multirriesgo. La adopción del seguro evitaba pérdidas extraordinarias, pero significaba menores ganancias potenciales. Por otra parte, en esa misma campaña la empresa introduce el acopio de la cosecha en silo bolsa, lo cual le permitía, por un lado, independizar la cosecha de la disponibilidad de camiones reduciendo los costos de transporte y, por otro lado, conseguir mejores condiciones de comercialización al poder regular el stock y especular con los precios.

Y entonces lo que a esa altura parecía imposible ocurrió. A partir de 2001 los precios empezaron a subir, las condiciones naturales mejoraron, y a inicios de 2002 la moneda se devaluó violentamente, alcanzando en los meses de las principales cosechas picos de hasta el 385%. El FAID 2003 y lo que quedaba del FAID 97/98 renacieron de las cenizas. Con ganancias del 16%, 23% y el 25% para las campañas de 2000/01 a 2002/03, los inversores alcanzaron a recuperar todo el capital que habían puesto y, si bien no tuvieron prácticamente ganancias en dólares, en pesos llegaron a alcanzar una tasa de ganancia del 200%. El siguiente gráfico sintetiza el movimiento de las tasas de ganancias obtenidas a lo largo de los 6 años que duró el FAID 2003 y los 5 años del FAID 97/98. Al mismo tiempo, se agregan las tasas de ganancia esperadas por la empresa al inicio de cada campaña.

Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Addenda III del prospecto de emisión de FIDEIAGRO 2009 provisto por la Comisión Nacional de Valores.

Como se ha ido señalando a través del análisis precedente, este movimiento dispar y altamente fluctuante de la tasa de ganancia, que a su vez implica un fuerte grado de imprevisibilidad, está dado por las fluctuaciones en los precios y en las condiciones naturales que afectan de manera particular a la producción agraria. El siguiente gráfico sintetiza cómo estas fluctuaciones han influido en el movimiento del capital agrario administrado por Cazenave & Asociados a través de la diferencia entre los precios y los rendimientos esperados y efectivamente realizados por la empresa para cada uno de los cultivos.

Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Addenda III del prospecto de emisión de FIDEIAGRO 2009 provisto por la Comisión Nacional de Valores.

Como se puede ver, la brutal caída en la tasa de ganancia de la campaña 1997/98 no está vinculada, para el caso de Cazenave & Asociados, con la disminución de los precios que, como se recordará, se operó durante esa campaña, sino, fundamentalmente, con la caída en los rendimientos de los cultivos. Se trata, en efecto, de las ya referidas inundaciones que afectaron la producción agraria durante esa campaña. Al contrario, las tasas de ganancia negativas de las campañas 1998/99 y 1999/00 se explican mayormente por una disminución de los precios. Las dos campañas siguientes presentan una relativa estabilidad en los precios y las condiciones naturales que, sumada a la devaluación de 2002, le permite a la empresa generar ganancias positivas. Por último, la campaña 2002/03 presenta tanto precios como condiciones naturales altamente favorables, lo cual le permite a la empresa alcanzar ese nuevo pico de la tasa de ganancia que, como hemos visto, salva la inversión inicial. En conclusión, como se puede desprender de este análisis, las medidas adoptadas por la empresa para evitar tasas de ganancia negativas o para amortiguarlas nunca alcanzaron para contrarrestar la determinación del movimiento fluctuante de los precios y las condiciones naturales. Fue esta determinación inherente a la producción agraria la que explicó las tasas negativas de los primeros tres años y también esta misma determinación la que explicó las tasas de ganancia positivas de los últimos tres años. En definitiva, el análisis de la historia particular de los pooles de siembra organizados por Cazenave & Asociados como FCCI muestra lo que ya habíamos visto en el análisis de los FCCI en general: el capital agrario que se pone en acción bajo la forma de pool de siembra tiene, a diferencia del capital industrial normal, una tasa de ganancia altamente fluctuante y que este carácter suyo le impide la obtención de una tasa normal de ganancia aun en el promedio de varios años, motivo por el cual acaba por tener un comportamiento fuertemente oportunista y especulativo. Consideremos ahora cómo le fue a Cazenave & Asociados durante el período de los FF.

Una vez terminado el FAID 2003, Cazenave & Asociados arma ese mismo año el primer FF del país que se constituye como pool de siembra, el FAID 2007, con una oferta pública de USD 10.100.000 y un plan de producción que contempla la siembra de 41.000 hectáreas por año durante 4 campañas agrícolas. De acuerdo con el relato oficial de la empresa el pasaje del FCCI al FF estuvo directamente vinculado con la exención del impuesto a las ganancias que regía para este último. El plan de producción inicial del FAID 2007 contempla la diversificación geográfica característica de los FAID anteriores, pero ahora la diversificación productiva empieza a mostrar, en consonancia con la tendencia general del sector, una mayor incidencia de la soja transgénica. Los resultados de las campañas 2003/04 y 2004/05 son excelentes. Con toda la oferta pública inicial cubierta y con promedio de más de 43.000 hectáreas, el FAID 2007 alcanza tasas de ganancia en torno al 15%. Bajo este impulso, en la campaña del 2005/06 Cazenave & Asociados arma un nuevo pool de siembra bajo la figura del FF, el FIDEIAGRO 2009. Aunque inicialmente se pensaba realizar una oferta pública por USD 10.020.000 para llevar adelante un plan de producción de 15.000 a 43.900 hectáreas en 4 campañas agrícolas, un cambio de perspectivas en la evolución de los precios de las mercancías agrarias (que como se puede ver más arriba en el año 2005 llegaron a su piso más bajo), llevó a la empresa a presentar una oferta pública de sólo USD 4.000.000 correspondientes a la siembra de 7.080 a 18.100 hectáreas en el curso de 4 años. Las campañas de 2005/06 y 2006/07 volvieron a arrojar ganancias positivas y, aunque esta vez bastante más modestas, alcanzaron para situar al FAID 2007 en el pool de siembra más exitoso llevado adelante por Cazenave & Asociados.

Para la campaña 2007/08, la empresa lanza el FAID 2011, el pool de siembra más ambicioso de la etapa de los FF, con USD 15.000.000 y un plan de producción que contempla la siembra de 51.500 a 58.710 hectáreas en 4 años. Los resultados del primer año son excelentes. Los precios realizados tras la cosecha duplican los esperados en el momento de la siembra y, pese a no ser la mejor campaña en cuanto a las condiciones naturales, esta situación le permite al FAID 2011 y a FIDEIAGRO 2009 alcanzar una tasa de ganancia por encima del 20%. A mediados de 2008, y con la victoria que había significado la eliminación de la posibilidad de que se aplicasen retenciones móviles a las mercancías agrarias, parecía que finalmente formar parte de un pool de siembra era el negocio ideal. Pero entonces llegó una caída de precios estrepitosa y una sequía como no se veía desde hacía más de 50 años. Ese año, los inversionistas de los dos pooles de siembra manejados por Cazenave & Asociados perdieron más de un tercio del capital invertido.

Los precios de las mercancías agrarias recién se recuperaron en 2011. Venían años de pérdidas mezclados con años de pequeñas ganancias. Cazenave & Asociados se limitó a la administración del FAID 2011 y a renovarlo a su vencimiento con un proyecto más modesto, cuya realización fue más modesta aún. En suma, a los pooles de siembra administrados por Cazenave & Asociados durante la década del 2000 les volvió a suceder lo mismo que en la década de 1990 cuando existían bajo la figura de los FCCI. Y, en definitiva, lo mismo que les había sucedido a los pequeños pooles de siembra que organizaban en la década de 1980. Como lo recordaban sus directivos, tuvieron años de pingües ganancias y años de fuertes quebrantos. El siguiente cuadro presenta una síntesis del capital administrado por Cazenave & Asociados desde la constitución de su primer gran pool de siembra en el año 1994.

Capital administrado por Cazenave & Asociados. 1994-2013

Campaña agrícola

Capital adelantado

Hectáreas sembradas

Tasa de ganancia

Proyecto

Forma jurídica

1994/95

$ 10.000.000

38.918

20%

FIA 94/95

S.A.

1995/96

$ 11.000.000

45.368

15%

FAID 95/96

F.C.C.I.

1996/97

$ 20.000.000

65.750

-28%

FAID 96/97

F.C.C.I.

1997/98

$ 28.300.000

87.791

-20%

FAID 2003 / FAID 97/98

F.C.C.I.

1998/99

$ 16.314.000

64.300

-10%

FAID 2003 / FAID 97/98

F.C.C.I.

1999/00

$ 10.666.000

55.700

-6%

FAID 2003 / FAID 97/98

F.C.C.I.

2000/01

$ 9.883.000

50.160

16%

FAID 2003 / FAID 97/98

F.C.C.I.

2001/02

$ 11.460.000

58.480

23%

FAID 2003 / FAID 97/98

F.C.C.I.

2002/03

$ 10.234.000

58.930

25%

FAID 2003

F.C.C.I.

2003/04

$ 10.100.000

45.484

16%

FAID 2007

F.F.

2004/05

$ 14.100.000

41.000

14%

FAID 2007

F.F.

2005/06

$ 14.100.000

56.000

6%

FAID 2007 / FIDEIAGRO 2009

F.F.

2006/07

$ 14.100.000

56.900

8%

FAID 2007 / FIDEIAGRO 2009

F.F.

2007/08

$ 19.000.000

68.300

27%

FAID 2007 / FIDEIAGRO 2009

F.F.

2008/09

$ 19.000.000

71.660

-32%

FAID 2007 / FIDEIAGRO 2009

F.F.

2009/10

$ 15.000.000

56.131

-6%

FAID 2011

F.F.

2010/11

$ 15.000.000

58.710

4%

FAID 2011

F.F.

2011/12

$ 15.030.000

35.916

-23%

FAID 2015

F.F.

2012/13

$ 15.030.000

38.106

-33%

FAID 2015

F.F.

Total

$ 278.317.000

1.052.785

1%

Fuente: Elaboración propia sobre la base de la Addenda III del prospecto de emisión de FIDEIAGRO 2009, Prospecto de emisión del FAID 2015 y Balances del FAID 2015, todos provisto por la Comisión Nacional de Valores. Del año 2005 al 2013 se computan el capital adelantado y las hectáreas planeadas. Entre el año 2005 y 2009 la tasa de ganancia corresponde a la tasa EBITDA, esto es, antes del pago de intereses e impuestos.

Al inicio de este análisis se planteaba la cuestión de si, en contraste con el carácter oportunista y especulativo de los pooles de siembra, la permanencia en el tiempo de Cazenave & Asociados no implicaba la existencia de un capital normal, oculto tras la figura de los pooles de siembra, tal como lo presentaba la literatura especializada. A lo largo del análisis fuimos encontrando que el capital que compone los pooles de siembra era por completo independiente de Cazenave & Asociados. En efecto, por mucho que los organizase formalmente y que tuviese a su cargo la realización del plan de producción, esta empresa no dejaba de ser, desde el punto de vista del capital agrario que constituye el pool de siembra, una prestadora de servicios más. Consideremos entonces cuáles son los resultados del movimiento del capital que estrictamente constituye Cazenave & Asociados. Para evitar cualquier tipo de subestimaciones tomemos el año 2008, cuando la empresa aún no había sufrido la catástrofe de la caída de precios y de la sequía del año 2009 y, a su vez, llevaba 8 campañas seguidas de gestionar pooles con ganancias positivas. Para ese entonces Cazenave & Asociados había manejado un capital de prácticamente USD 200.000.000 y sembrado cerca de 800.000 hectáreas, lo cual arrojaba un promedio de más de USD 14.000.000 y 55.000 hectáreas anuales. Sus activos, sin embargo, ese año apenas alcanzaban los USD 1.390.758 y su patrimonio neto los USD 344.709. Esto significa que si en el año 2008 Cazenave & Asociados decidía liquidar su capital y salir del negocio de la administración de pooles de siembra, sus oportunidades no pasaban de comprarse alguna buena maquinaria agrícola o bien, si quería pasarse al bando de los terratenientes, comprarse unas 26 hectáreas en Pergamino. En suma, por muy buen administrador que sea y por mucho capital que administre, Cazenave & Asociados no es más que un pequeño capital. Su imagen de “gran lobbista” transmitida por la prensa (Verbitsky 2009) así como la de “gran empresa agropecuaria”, transmitida por la literatura especializada (Teubal 2008, 6-7, Manciana, Trucco y Piñeiro 2009, 37, Barsky y Dávila 2009, 100, Murmis y Murmis, 2011, 18) quedan, pues, totalmente descartadas.

6. Conclusiones

El análisis de las trasformaciones recientes en el proceso de trabajo de la producción agraria pampeana nos condujo a la conclusión de que, si bien estas transformaciones no habían alcanzado a levantar las barreras que enfrentaba el capital normal a su entrada en el sector, habían sido lo suficientemente sustantivas como para que produzca un salto generalizado en la escala mínima con la que se aplica el pequeño capital agrario. Sobre esta base, nos preguntábamos, por un lado, si dicho aumento en la escala del capital había implicado alguna transformación en la forma general que históricamente adoptó la llamada estructura social de la producción agraria pampeana y, por otro, si las manifestaciones concretas de este mismo salto no contradecían el resultado general al que se arribó en la primera parte de la investigación, esto es, que la producción agraria es una rama colonizada por el pequeño capital y que lo seguirá siendo hasta que no se levanten las barreras existentes a la entrada del capital normal en ella. El análisis de las formas concretas que toma el proceso de concentración del capital que realizamos en este capítulo tomando el caso de los grandes pooles de siembra nos ha permitido dar un primer paso en la respuesta a estos interrogantes. Comencemos, pues, reordenando los resultados parciales de este análisis directamente en función de esta cuestión.

En primer lugar, hemos visto que, si bien las escalas con las que operan estos capitales son más grandes que las correspondientes a la media de los capitales del sector, no son extraordinariamente más grandes que las correspondientes a los capitales tradicionales más grandes del mismo. Por otra parte, la cantidad de grandes pooles de siembra que se han constituido durante todo el período analizado es relativamente pequeña, de modo que asimismo podemos afirmar que no expresan una forma generalizada de acumularse el capital. Si tomamos en cuenta que los grandes pooles de siembra aparecen como los capitales más grandes del sector, en este punto, podemos concluir que la ampliación de la escala mínima del capital ha sido más bien modesta y de alcance limitado en sus casos más potentes. Por supuesto, esto no significa que dicho aumento de la escala mínima del capital no haya tenido implicancias en el conjunto de los capitales del sector. Al contrario, este aumento de la escala mínima implicó la salida de producción de una masa enorme de pequeños capitales. Sin embargo, este hecho no significa en sí mismo que el salto en la escala haya sido extraordinario. La expulsión masiva de pequeños capitales agrarios se explica, más bien, por la enorme cantidad de capitales que alberga la producción agraria, donde cualquier movimiento en la escala mínima implica la desaparición de capitales por decenas de miles.

En segundo lugar, vimos que los grandes pooles de siembra presentan un movimiento altamente fluctuante y especulativo, con años de altas tasas de ganancia y otros de fuertes quebrantos. A su vez, concluimos que estas fluctuaciones en la tasa de ganancia están vinculadas a la fluctuación en los condicionamientos naturales y en los precios de las mercancías agrarias. Por otra parte, hemos visto que, el hecho de que el capital que constituye el pool de siembra esté normalmente compuesto por una masa de pequeños ahorristas y de grandes colocadores de capital a interés le otorga a este capital, al mismo tiempo, la forma de uno cuyo objetivo es la valorización a la tasa normal de interés. En suma, estos resultados muestran que los grandes pooles de siembra no sólo se diferencian del capital normal por su tamaño sino, al mismo tiempo, por la forma particular que adopta su movimiento y composición. Por último, hemos visto que el único caso en que podía parecer que estaba implicado un capital estable en el tiempo y no especulativo, esto es, el caso del administrador Cazenave & Asociados, constituía en realidad un pequeño capital proveedor de servicios.

En tercer lugar, hemos visto que los pooles de siembra se distinguen de los pequeños capitales tradicionales del sector. En primer lugar, por centrar su expansión en la replicación de las unidades técnicas de producción en distintas áreas geográficas y, en segundo lugar, por el carácter enteramente circulante que toma su capital adelantado. En relación a la replicación de unidades técnicas de producción hemos concluido que esto les permite a estos capitales distribuir el riesgo y, fundamentalmente, acceder a economías de escala a través de la compra de insumos. En este punto, hemos encontrado que es la transformación operada en la cantidad de insumos que demanda el proceso de trabajo lo que explica la aparición de los pooles de siembra y no la transformación operada en el tamaño de la unidad de operaciones de la maquinaria agrícola. Por su parte, en relación al carácter enteramente circulante que toma el capital adelantado por los pooles de siembra, hemos concluido que tiene dos razones fundamentales. Por un lado, es la forma que les permite captar el plusvalor que dejan pendiente de realización los pequeños capitalistas contratistas de servicios al vender sus mercancías por debajo del precio de producción. Por otro lado, es la forma en que consiguen disponer de más capital para extender la producción y, al mismo tiempo acceder, a menores costos de arrendamiento.

De estas características distintivas de los pooles de siembra se desprenden al menos dos consecuencias para la conformación de los sujetos sociales que corresponden la producción agraria pampeana. En primer lugar, se desprende que por su escala de operaciones las figuras del capitalista y el trabajador no están representadas por un mismo individuo. Aunque ciertamente esto ya podía estar presente en el caso de los capitales tradicionales más grandes del sector, el aumento en la escala de operaciones del capital agrario que expresa el pool de siembra constituye un paso adelante manifiesto en esta separación. En segundo lugar, se desprende por su vínculo con la propiedad de la tierra que las figuras del capitalista y el terrateniente tampoco están representadas por un mismo individuo. En este sentido, aun estando lejos de constituirse como un capital normal, el pool de siembra tiene la particularidad de determinar la distribución de los tres sujetos sociales básicos de la sociedad capitalista en distintos individuos. Notemos, sin embargo, que se trata de una separación que surge de características específicas de los pooles de siembra y, en ese sentido, no pueden ser generalizadas al conjunto de la producción agraria.

Los pooles de siembra no constituyen el único fenómeno novedoso en la acumulación de capital de la producción agraria pampeana de las últimas décadas. Junto a ellos existen una serie de capitales que también se distinguen por su carácter reciente y por su magnitud; son las llamadas “grandes empresas agropecuarias”. En consecuencia, para finalizar nuestro análisis sobre las formas concretas que adoptó la concentración del capital agrario a partir de las trasformaciones operadas en el proceso de trabajo tenemos que analizar asimismo estos capitales. A este análisis se aboca el próximo capítulo.


  1. Una versión reelaborada de este capítulo fue publicada en Caligaris (2015a y 2017b).
  2. La principal limitación que tiene el Censo Nacional Agropecuario es que su unidad de análisis no es ni el capital individual ni la propiedad de la tierra sino la “explotación agropecuaria”, la cual no necesariamente coincide con el capital ni con la propiedad de la tierra. Sobre las limitaciones generales de los censos nacionales agropecuarios para captar las transformaciones en la llamada estructura social de la producción agraria véase Barsky (1997). Sobre las limitaciones específicas para captar los procesos de concentración y centralización del capital véase el excelente trabajo de García, Fiadone y Ferriello (2007). En este trabajo, los autores sugerían avanzar en la identificación del movimiento del capital mediante el registro del número de CUIT de las empresas a cargo de las explotaciones, registro que hasta el año 2002 no era de carácter obligatorio. El Censo Nacional Agropecuario del año 2008 incorporó este registro dentro de las preguntas obligatorias, pero la intervención del INDEC a partir de 2007 y lock out de 2008 impidieron que el censo se lleve a cabo. Según información a la que se ha accedido en esta investigación el próximo censo también incluirá el registro del CUIT como información obligatoria.
  3. En especial en el caso de los pooles más pequeños, uno o más propietarios del capital que constituye el pool de siembra pueden ser ellos mismos terratenientes y/o contratistas de servicios y aportar sus “tierras” o sus “servicios” al conjunto del capital que se adelanta. Sin embargo, desde el punto de vista del movimiento del capital que constituye el pool de siembra, se trata de capitales formalmente ajenos a sí mismo, con los que se relaciona tal como lo hace con cualquier otro capital que lo provee de insumos. Desde el punto de vista formal, pues, los terratenientes y los contratistas que son socios del pool obtienen una renta o una ganancia correspondiente a sus “tierras” y sus “servicios” y, por otra parte, una ganancia como socios del pool.
  4. En la práctica a menudo sucede a la inversa, el operador es el que motiva la constitución del FCCI y para llevarlo adelante crea o se vincula con una “sociedad gerente”. En ningún caso se registró que un operador funcione para más de una sociedad gerente. Por este motivo, en el análisis que sigue se toma como referencia del pool de siembra al operador técnico.
  5. En rigor, no solamente el riesgo climático sino también el riesgo de la aparición de plagas y enfermedades locales.
  6. Así, por ejemplo, lo destaca AGRARIUS II para el caso de la fluctuación en los precios: “El carácter plurianual del Fondo”, sostiene en su prospecto, “permite estimar una atenuación, en promedio, de la volatilidad de los precios que podría producirse en el breve período de una campaña individual. ” (AGRARIUS 1999, 6). Por su parte, el FAID 2003 destaca otro conjunto de ventajas que resultan de la inversión plurianual:
    El fondo agrícola plurianual es un nuevo negocio que presenta ventajas frente a los fondos anuales: – La permanencia en los campos arrendados por más de un ciclo agrícola permite un mejor conocimiento de los lotes, de su historia de manejo y de malezas. En FAID 2003 FCCI la permanencia promedio fue de 2 años para el 24% de los campos, de 3 años para el 25% de los campos, de 4 o más años para el 23% de los campos y de un año para el restante 29%. – La tecnología de siembra directa permite un plus de rendimiento que se obtiene sólo con el transcurso de varias campañas de incorporada la misma. -La compensación entre las distintas campañas permite, junto con la diversificación entre zonas y cultivos, disminuir la volatilidad de los precios, estabilizando los resultados. -Los gastos se pueden amortizar en varias campañas, disminuyendo los costos de estructura. -También puede producir su propia semilla de trigo y soja, con el pago de las regalías correspondientes, a partir de la segunda campaña. (FIDEIAGRO 2004, 4).
  7. La sobredimensión de la presencia de los pooles de siembra se expresa en algunos casos en la inclusión de FF que, si bien están vinculados al sector agropecuario, no son pooles de siembra sino FF dedicados a proveer de créditos a un conjunto de pequeños capitales agrarios. Por ejemplo, de Obschatko, Ganduglia y Román (2006, 96, 46n), incluyen erróneamente como pool de siembra a CERES TOLVA, y Beltrán (2007, 8) hace lo mismo con GARANTIZAR y AVAL RURAL. Tal como lo especifica Fernández (2010b) este tipo de FF tiene como objeto, no la producción agraria en sí misma, sino “la cesión de préstamos para las campañas de PyMEs”. Estas empresas, continúa el autor “toman el rol de fiduciantes, fideicomitiendo parte de sus ingresos futuros, mediante letras de cambio a la vista, créditos emergentes de la venta de lo producido. Aparecen en estos contratos las firmas industrializadoras y exportadoras de granos, que suelen ejercer el papel de seleccionadoras de las empresas que recibirán los fondos, y se estipula que serán los agentes de exportación de lo producido. Vale decir que es una de las formas en que estructuran su red de proveedores subordinados. Participan de esta forma Louis Dreyfus, el grupo Glencore, Nidera, Vicentín, Molinos y Bunge. Comprende el 43% de los fondos que mediante este sistema se volcaron al agro entre 2004 y 2008.” (Fernández 2010b, 9-10). En suma, de acuerdo con la perspectiva de la presente investigación, este tipo de FF expresa simplemente una forma renovada de apropiación por parte de los capitales normales del plusvalor liberado por los pequeños capitales agrarios tradicionales del sector.
  8. Salvo en las partes en que se lo especifique la información que nutre el análisis siguiente proviene exclusivamente de los prospectos de emisión y de las respectivas addendas de los FCCI y FF presentados por Cazenave & Asociados, otra información institucional provista por la empresa, y entrevistas públicas realizadas a sus directivos.
  9. La sociedad originalmente fue inscripta bajo la denominación “Fronteras para el Desarrollo Agropecuario”. El cambio de denominación por su actual fue inscripto en 1996.


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