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Conclusión general

La conclusión general que surge de la presente investigación es que la llamada heterogeneidad de la estructura social de la producción agraria pampeana se explica por la colonización de esta rama de la producción por parte del pequeño capital. A su vez, esta colonización se explica por el hecho de que la forma material particular que adopta el proceso de trabajo agrario levanta barreras específicas a la entrada del capital normal en la producción agraria. En consecuencia, la transformación de esta heterogeneidad depende exclusivamente de que se realice una revolución en las formas materiales del proceso de trabajo agrario que elimine dichas barreras.

Esta conclusión contradice dos concepciones ampliamente difundidas en nuestro ámbito. La primera es la concepción tradicional según la cual la producción agraria está dominada por “grandes terratenientes y/o grandes capitalistas”, muchos de los cuales son los mismos “grandes capitalistas” que están presentes en otras ramas de la producción social. La segunda es la concepción según la cual en los últimos años han aparecido un conjunto de grandes empresas en la producción agraria que no se distinguen esencialmente de las que están presentes en otras ramas de la producción social. A los fines de precisar esta conclusión y los contrapuntos existentes con las concepciones dominantes, a continuación se presenta una síntesis de los principales resultados que fueron conduciendo a la investigación a esta conclusión general.

El punto de partida de esta investigación ha sido el reconocimiento de los sujetos sociales que están presentes en la producción agraria pampeana como personificaciones de mercancías y, por tanto, como vehículos de realización de una relación social enajenada y automática. Este reconocimiento resulta en una perspectiva que, en vez de centrarse en el comportamiento inmediato que presentan dichos sujetos sociales, se centra en el movimiento de las mercancías que éstos tienen a su cargo personificar en la unidad del proceso de acumulación de capital.

En el análisis del movimiento del capital hemos visto que, en el proceso de la formación de la tasa general de ganancia, el capital individual se diferencia en diversas especies: el capital normal, el pequeño capital, el capital potenciado y el capital productor de innovación. El reconocimiento de la existencia de diversos tipos de capitales y de la relación que se establece entre los mismos permite, ante todo, entender la complejidad de la trama de capitales que están al interior y en los lindes de la producción agraria. Un caso característico de esta trama es el de la existencia de las grandes cerealeras que compran la producción de pequeños capitales agrarios sin pasar nunca a ocupar el lugar de éstos. En la literatura especializada en esta cuestión tanto la diferenciación de los capitales como los vínculos que se establecen entre los mismos suelen explicarse por las relaciones de poder que surgen en el proceso de circulación. En cambio, el desarrollo que se realizó aquí ha ofrecido una explicación de estos fenómenos que es consistente con los fundamentos de la crítica marxiana de la economía política y, por consiguiente, con la condición de personificaciones que tienen los sujetos sociales en la sociedad capitalista.

En el análisis de la propiedad de la tierra hemos concluido, en primer lugar, que ni la propiedad de la tierra ni la forma económica que la caracteriza –la renta de la tierra– implican una barrera a la acumulación del capital normal en la producción agraria. Este resultado se contrapone a varias interpretaciones clásicas y contemporáneas que explican la heterogeneidad de la llamada estructura social de la producción agraria puntualmente por el papel que juega de la propiedad de la tierra en dicha producción. Más importante aún, en este mismo análisis hemos puesto al descubierto que, desde el punto de vista de la crítica de la economía política desarrollada por Marx, existe tanto un límite máximo al tamaño de la tierra que se tiene en propiedad como puro terrateniente. Como es manifiesto, en particular el hecho de que exista un límite económicamente dado a la cantidad de tierra que se posee, contradice de plano todas las interpretaciones que postulan la existencia de “grandes latifundios” y de procesos de “concentración de la propiedad” paralelos a los procesos de concentración del capital. A su vez, hemos puesto de manifiesto que la existencia actual de propietarios territoriales que albergan un conjunto extraordinariamente grande de tierras, como es el caso de CRESUD, no contradice esta conclusión. En concreto, se ha mostrado que en el caso de este tipo de capitales el sentido de su valorización no está dado por la captación de una renta de la tierra sino por la captación del plusvalor que surge la re-venta de las tierras previamente transformadas. Considero que, en este punto, la investigación ofrece una perspectiva novedosa para encarar el análisis del fenómeno reciente conocido como “land grabbing” (Borras, y otros 2011).

Al analizar el proceso de acumulación de capital en la producción agraria de manera específica, se arribó a la conclusión de que la forma particular que adopta el proceso de trabajo agrario impone toda una serie de barreras a la acumulación del capital normal en la producción agraria y que, como consecuencia, dicha producción queda en manos de pequeños capitales. Por su parte, el análisis del vínculo entre el pequeño capital agrario y la propiedad de la tierra permitió concluir que existe una tendencia a la representación unitaria de ambos, esto es, a su personificación por parte de un mismo individuo. En su unidad, ambos resultados permiten explicar el carácter fuertemente heterogéneo que distingue a la llamada estructura social de la producción agraria. En concreto, desde el punto de vista de este resultado, dicha heterogeneidad se explica por la presencia conjunta de capitalistas, trabajadores, terratenientes, capitalistas-terratenientes, capitalistas-trabajadores y capitalistas-terratenientes-trabajadores. Tal como se ha destacado, esta explicación permite superar las debilidades e insuficiencias de las explicaciones clásicas y contemporáneas sobre este fenómeno. Al mismo tiempo, permite juzgar las perspectivas históricas de estos sujetos sociales, no por las tendencias de sus comportamientos, sino por las causas que los generan, esto es, por las formas concretas que toma la acumulación de capital dada las formas materiales particulares que adopta el proceso de trabajo.

El análisis del proceso nacional argentino de acumulación de capital que media en la realización de las relaciones sociales mostró que, lejos de modificar la base sobre la que se desarrolla la organización social de la producción agraria en la sociedad capitalista, la especificidad que toma la acumulación de capital en la Argentina la agudiza. Como es evidente, este resultado contrasta con las concepciones que encuentran en la producción agraria nacional a “grandes terratenientes” y/o “grandes capitalistas”. En este punto, resulta interesante resaltar el contraste con aquellas concepciones que explican la especificidad del proceso nacional argentino de acumulación de capital precisamente por la existencia de este tipo de sujetos, en particular de los “grandes terratenientes”. En efecto, como se procuró cuando se analizó este proceso, el curso real de la determinación es precisamente el inverso: es la unidad del proceso mundial de acumulación de capital la que explica las características específicas que adopta una forma nacional como la Argentina y, a su turno, son estas características específicas las que explican la existencia de determinados sujetos sociales.

El análisis de las transformaciones recientes en el proceso de trabajo agrario de la producción agraria pampeana mostró, ante todo, que las mismas no alcanzaron para eliminar las barreras que encuentra el capital normal a su acumulación en esta rama de la producción. Este resultado permite concluir que en la producción agraria pampeana no está presente, ni está entrando, el capital normal y que, en consecuencia, su llamada estructura social no tiene perspectivas de cambiar esencialmente, al menos hasta que no se opere una transformación sustantiva en el proceso de trabajo agrario. Este primer resultado contrasta en particular con las interpretaciones que vinculan a estas trasformaciones –aunque como hemos visto de manera muy imprecisa– con la aparición de capitales que, según como se los presenta, no se diferenciarían esencialmente de los capitales más concentrados que se acumulan en el resto de las ramas de la producción social.

El análisis de las formas concretas que ha ido adoptando la concentración del capital agrario en la región pampeana en virtud de las trasformaciones recientes operadas en el proceso de trabajo agrario mostró, en el caso de los grandes pooles de siembra, que el aumento en la escala mínima con la que se aplica el capital fue restringido. Vale decir, que si bien hubo aumentos de escala lo suficientemente grandes como para desplazar a un importante número de pequeños capitales, el aumento de la escala en cuestión no implicó la existencia de tamaños de capital extraordinariamente grandes respecto de los capitales tradicionales más grandes del sector. Por otra parte, este análisis mostró que los grandes pooles de siembra están lejos de constituir capitales normales. Asimismo, mostró que Cazenave & Asociados, el principal administrador de grandes pooles de siembra que la literatura especializada suele incluir dentro de las “grandes empresas agropecuarias” es, por donde se lo mire, un pequeño capital. Por último, este análisis mostró que, dada su escala y fundamentalmente su estrategia particular de valorización, los grandes pooles de siembra expresan una forma de acumulación de capital que determina la separación de la personificación del capital, la fuerza de trabajo y la propiedad de la tierra. Sin embargo, dado el carácter marcadamente marginal que tienen en la actualidad dentro del conjunto de los capitales del sector, no es posible generalizar esta situación al conjunto de la producción agraria pampeana. En este punto, es interesante señalar que, de generalizarse este tipo especial de capitales en la producción agraria pampeana, la llamada estructura social de esta producción podría superar la heterogeneidad que históricamente la caracterizó. Sería un caso especial donde, aun estando colonizada por pequeños capitales, la producción agraria desarrollaría sujetos sociales similares a los existentes en otras ramas de la producción social. La desaparición de los grandes pooles de siembra en los últimos años, sin embargo, parece indicar que esta posibilidad está lejos de realizarse.

Como hemos visto, los estudios existentes sobre las llamadas “grandes empresas agropecuarias” muestran que este otro tipo de capitales también es marginal dentro del conjunto de los capitales del sector. En este sentido, al igual que en el caso de los pooles de siembra, cualquiera sea el tipo de sujetos sociales que determinen, no es posible realizar una generalización al conjunto del sector. Sin embargo, en este punto es interesante notar que, a diferencia de los grandes pooles de siembra, estas empresas no necesariamente tienen una estrategia de valorización que implica la separación del capital y la propiedad de la tierra. Más aún, dado su condición de pequeños capitales y su estabilidad en la producción, de acuerdo con las conclusiones a las que se arribaron en esta investigación, es esperable que en el largo plazo tiendan a combinar el capital con la propiedad de la tierra.

Para completar la argumentación de que la producción agraria pampeana continúa en la actualidad colonizada por el pequeño capital y que, en consecuencia, su llamada estructura social no porta la potencialidad inmediata para transformarse esencialmente, hemos evidenciado que los capitales que aparecen teniendo escalas de producción extraordinariamente más grandes que las que tiene el conjunto de los capitales del sector, incluyendo los grandes pooles de siembra, no son capitales agrarios normales. Más específicamente, se ha argumentado que, o bien se trata de capitales especulativos, o bien si son capitales normales no lo son en cuanto capitales agrarios. Como es evidente, este resultado se contrapone directamente con la concepción generalizada tanto en la prensa como en la literatura especializada que presenta a estas empresas como capitales agrarios normales.

A lo largo del análisis que se ha realizado de las formas concretas que adopta el proceso de concentración del capital agrario en la producción agraria pampeana se ha tomado como referencia del capital normal a los capitales industriales más concentrados de la economía. Sin embargo, tal como se concluyó en la primera parte de esta investigación, un capital individual se constituye como normal al valorizarse sostenidamente a la tasa general de ganancia. En este sentido, para juzgar con precisión el tipo de capital que se analiza es necesario, ante todo, considerar su tasa de ganancia al tiempo que la tasa general de ganancia de la economía. No obstante, la medición de ambas tasas de ganancia comporta una serie de problemas que es necesario superar mediante el procesamiento de varios datos (Iñigo Carrera 1996, 2007b), con lo cual implican un trabajo de investigación en sí mismo. En el caso de la medición de la tasa de ganancia del capital individual los principales problemas surgen de las distintas formas que toma la rotación del capital adelantado (Iñigo Carrera 1996). Por este motivo, a pesar de disponer de los balances de la mayoría de los capitales individuales analizados, en esta investigación sólo se ha considerado la tasa de ganancia de los grandes pooles de siembra debido a la forma enteramente circulante y al ciclo anual que de manera natural tiene el capital adelantado por estos capitales. En consecuencia, esta investigación también puede servir de base para avanzar en el análisis de los capitales agrarios individuales a través de la medición de sus tasas de ganancia.



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