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5 Lucas

El 10 de agosto último Lucas salió a la calle, calzó la gorra, la del Pato, no la otra. El frío persistente de la ciudad cordillerana no le hizo ni mella. Recorrió las calles de la ciudad, en los postes de luz, en las paredes encontró carteles y pintadas que hablaban de la narcopolicía, que escrachaban a sus superiores, pensó que algo raro estaba pasando. Pasó por una vidriera de la Onelli, el local estaba vacío pero se quedó parado mirando. Había una silueta hecha en esténcil, era él. Su rostro se multiplicaba en remeras, carteles, pintadas. Era su rostro el que veía en la pintada, una imagen sin reflejo. ¿Yo? Un pibe común y corriente, pensó. Un pibe de pueblo, un cana más. De pronto todo fue acomodándose en su recuerdo. A un año de la aparición de su cuerpo sin vida, Lucas presente. Ahora y siempre.

El voceo es un ejercicio de demanda y denuncia habitual en la Argentina. No sé bien desde cuándo pero en mi recuerdo siempre estuvo vinculado a los desaparecidos. Las víctimas del terrorismo de estado. Las personas que hoy son familia de todos las y los argentinas/os. Este último capítulo repasa los pedidos de justicia, la denuncia y la lucha contra el silencio y el olvido del pueblo por Lucas. ¿Cómo un reclamo familiar es apropiado por el colectivo? ¿Qué tensiones trae a las organizaciones, mandatarios, militantes, a los que se callan y a los que, a pesar de todo, toman la calle? En este capítulo nos detenemos en los símbolos que se disputan y ponen en juego y las trayectorias de lucha que se conjugan frente a un nuevo pedido de justicia. Nos detenemos en Lucas, el de la remera, el esténcil, la pintada de la ruta, el estandarte.

Calle Onelli, Bariloche, diciembre 2016

Foto de la autora.

A reclamar justicia a la calle

La familia de Lucas se enteró el mismo 14 por la noche que Lucas no regresaba a su casa. Sin dudarlo se vinieron a Bariloche. A partir de su llegada comenzó una presión visible y constante para encontrar al policía desaparecido. La noticia tomó en poco tiempo alcance nacional. Los desganados responsables, como el comisario Elizondo y Hernández, se encontraron fuertemente interpelados. La familia marchaba para sorpresa de los locales por rutas que habitualmente no siguen las marchas. Por ejemplo del Centro Cívico a la Catedral. Para un pueblo con cultura de marchas y que últimamente está semanalmente en la calle demandando, defendiendo y luchando por nuestros derechos, estos cambios no eran menores, pero nos empezamos a sumar. “Es que no son de acá” nos decíamos para entender.

Otra cosa que nos descolocaba eran las personas en las marchas. Los que salimos todas las veces que podemos y respetamos fechas en las que sin duda estamos en la calle nos dábamos cuenta de varias cosas. Cosa de pueblo.

Primero que había organizaciones que no estaban. Banderas ausentes, personajes reconocidos o militantes aguerridos -incluso de esos que se declaran contra la represión policial. Después, que mucha de la gente que sí estaba, no era de andar en marchas. Señoras, que casi pedían permiso. Otros que se acercaban a saludar a la familia y capaz tenían parada la marcha un buen rato. Un nuevo ceremonial en nuestras calles.

Mucha gente del pueblo, del alto y de la Línea. Parientes de policías. Incluso apareció una bandera que nos sorprendió a más de uno, Unión de policías de Río Negro (UNIPOLRN). Una demanda policial histórica por la sindicalización. [1] Algunos policías retirados también estaban. Algunos policías de tránsito dejaban sus puestos y se acercaban a saludar a la familia. Respeto, respeto.

Las marchas reclamando la aparición de Lucas eran flacas, poca gente pero de fierro. En parte el invierno no ayudaba, decían. Como si la desaparición de una persona pudiera esperar a que mejoraran las condiciones climáticas, pero ponele. Otro factor que escuché en las marchas era el miedo. Estábamos cuestionando a la policía y a ninguno de los que estábamos ahí se nos escapaba que nos estaban marcando.

Una señora me contó cómo, en un episodio que nada tenía que ver con las marchas pero que involucró que ella dialogara con un policía, el cana la miró y le dijo “yo sé quién es usted. Usted va a las marchas de Muñoz”. Otras contadas similares aparecieron con un poco menos de cercanía. El rumor estaba operando el miedo de la gente. Aun de aquellos que pensaban que era terrible lo que estaba pasando con ese chico. Muchas mujeres mayores en la marcha.

El miedo opera sobre la gente que lo transita y sobre los que se quedan escondidos en sus casas. El miedo de un policía desaparecido con involucramiento de la fuerza se hace sentir en la fuerza -de forma tácita y explícita, por medio de aprietes- y en la sociedad en general que se siente desprotegida frente al hecho.

Esto no pasaba así en otros lugares de la provincia, en Viedma o en Roca, donde la movilización era más participativa. Donde las organizaciones de derechos humanos e incluso algunas instituciones, como la Universidad Nacional de Río Negro, se manifestaron claramente por la “aparición con vida”. Doloroso y conocido lema de lucha social.

Cuando el cuerpo de Lucas apareció en un descampado, la población de Bariloche estalló. Esa marcha fue multitudinaria. De a poco en las marchas empezaron a aparecer militantes de organizaciones, algunos de manera individual y otros con sus banderas. Los centros de estudiantes de las universidades. Pero sobre todo muchos carteles hechos a mano. El reclamo en esta ocasión se juntó con el de Micaela Bravo, las fotos de Lucas y Micaela en un solo cartel fueron la imagen predominante. Esta marcha fue seguida por el emotivo funeral que comenzó con unas horas de velorio en Bariloche y luego la caravana que se encaminó por la Ruta provincial 23.

Tozudamente, como quien sabe que esta es la real salida, la familia Muñoz tomó las calles, en Viedma y en Bariloche. Las marchas no vienen pre-formateadas. La gente acompaña con respeto y cantos la dinámica que la familia le va dando. “Yo sabía, yo sabía que a Lucas lo mató la policía, ¡asesina!”

Luego del funeral, sumaron un megáfono y una sirena. La sirena que sonaba a la entrada de cada pueblo de la Línea para anunciar el paso del cortejo. Por el megáfono nos iban contado a todos, tanto los que marchábamos, como los que desde su trabajo, desde la vereda, desde la feria se asomaban a saludar, dar aliento y escuchar las novedades. Por el megáfono, tanto Javier Muñoz, como su tía, narraban las novedades del caso. Hacían denuncias públicas. Pedían información para quebrar el silencio.

Lucas no tiene que ser uno más del montón y la justicia tiene que llegar y para eso tenemos que reclamar de forma pacífica como lo venimos haciendo. Esta lucha la empezamos nosotros y la vamos a terminar entre todos.

Afirmó Javier Muñoz.[2] En las palabras de Javier, todos somos parte de la lucha. Por eso Lucas es de todos.

Los símbolos

Siempre me impacta escucharla a Hebe de Bonafini, madre de Plaza de Mayo, contar todos los caminos que siguieron en su lucha. Las cosas disparatadas que hicieron esas mujeres que en su gran mayoría eran amas de casa que ni se pensaron que un día iban a volverse líderes internacionales por la defensa de los derechos humanos. Entre las cosas que cuenta Hebe dice que en un momento en el que muchas madres no se animaban a salir, en donde ya se habían no solo llevado a sus hijos, sino chupado a otras madres, discutieron si tenían que seguir pidiendo cada una por su hijo/a desaparecido/a o si tenían que pedir por todos.

Ese debate universalizó los pañuelos blancos como símbolo de lucha. Los desaparecidos no son solamente algo que les pasó a ciertas familias, son algo que nos pasó a todos. Este paso nos coloca en la dimensión política de esta lucha y esa lucha implica que nunca más queremos vivir bajo un terrorismo de estado. Porque el terrorismo de estado nos atraviesa a todos y eso es lo que no vamos a permitir, nunca más, que nos atraviesen con terror. Que nos arranquen las posibilidades por miedo. Ni que nos coloquen como participes en una tensa red de silenciar/nos por miedo.

Todas estas expresiones se sintetizan en símbolos. ¿Qué nos importan los símbolos? Mucho. Porque cuando tocan un símbolo, nos están tocando algo que hace a nuestra identidad, a nuestro afecto, a las bases sobre las que nos criamos. A su vez son una estrategia instantánea para convocar, reunir, y sumar.

En Bariloche, como en otros lugares del país, hay algunos símbolos que están en disputa. Y otros de los cuales ni se habla. Me voy a referir a dos de los que sí están en disputa. El monumento al expresidente argentino, Julio A. Roca, situado en la plaza del Centro Cívico, y los pañuelos que recuerdan a los desaparecidos, en la misma plaza.

Cada 11 de octubre en los últimos 20 años organizaciones y militantes de la causa mapuche han elaborado miles de formas creativas diferentes para manifestar el total repudio a Roca, como ideólogo y ejecutor de la Conquista del Desierto, el genocidio fundante del estado nación argentino. En mi recuerdo, la estatua fue vestida como la parca, tapada con un kultrum gigante, grafiteado con frases que dicen “genocida”, y manchado con pintura roja, que simula ser sangre, y cuantas cosas más. Esto produce la inmediata reacción de una importante parte de la población que reivindicando la imagen frente al turismo, el patrimonio histórico y el respeto a los símbolos de la patria denostan las acciones.

En una línea similar se inscribe el debate sobre los pañuelos pintados en la plaza en que está emplazado Roca -que casi le carcomen las patas a su caballo. La pintada de pañuelos es una actividad de reflexión lúdica en la que muchos padres aprovechamos a llevar a nuestros hijos para contarles qué significan. Se realiza los 24 de Marzo por la mañana como parte de la actividad del feriado, y es un ejercicio impulsado por gremiales y organizaciones y militantes de derechos humanos.

¿Es el pedazo de cemento o la estatua lo que está en disputa? Solo en la apariencia. ¿Es un vandalismo destinado a afear los símbolos de la ciudad? No. Es un ataque a todo lo que Roca significa, es el lugar más visible para recordar la presencia de los mapuche muertos y los desaparecidos, es también el efecto de esa historia, para evitar que se olvide y es la relación entre el presente y el pasado. Por qué estamos en esta sociedad desigual, por este pasado –el de la Conquista y el de la dictadura- que nos marca y nos limita en el presente y para pensar un futuro.

En las marchas donde se reclama justicia por Lucas están presentes los símbolos de otras luchas que nos educaron, que hacen a nuestra cultura y a nuestro futuro. Está el voceo “Lucas Muñoz”, “presente”, “Lucas Muñoz”, “presente”, “Lucas Muñoz”, “presente”, “Ahora”, “y siempre” repite el coro del pueblo. Las siluetas pintadas sobre el asfalto que remiten a los muertos de todos. El escrache realizado en afiches que identifica con nombre y apellido a los responsables, a los implicados, que informan a la calle. Esta estrategia de lucha que en gran medida la organización Hijos e hijas por la identidad y la justicia contra el olvido y el silencio (H.I.J.O.S.) instaló en los 90 cuando el menemismo indultó a todos los genocidas que salieron a la calle con total impunidad. Los bombos y redoblantes de toda marcha.

Sobre estos símbolos, también se suman unos nuevos. La sirena que recuerda el funeral de Lucas, que trae a la Línea Sur a las calles asfaltadas de la ciudad. Los Muñoz instalan una disputa sobre las fechas celebratorias también (así como el 11 de octubre refiere al último día de libertad para repudiar el 12 de octubre). El 8 de diciembre pasado, día de la virgen y de la policía de Río Negro, la familia Muñoz no fue invitada al habitual festejo de la institución. Pero la familia convocó a salir a las calles marcando el abismo entre la “narcopolicía” -referencia en carteles con la gráfica de Juntos Somos Río Negro- y la otra policía, la laburante que tiene familia propia que la defiende. Ese día la voz del megáfono era la de la tía de Lucas,

Nosotros como madres entregamos a nuestros hijos a las instituciones para que ellos sean alguien. Y miren el caso de Lucas cómo lo recibimos. Lo vinimos a recibir en un cajón. La sirena que veníamos trayendo nos recordaba ese momento que nos trae a la memoria cuando Lucas regresó a su pueblo natal, cómo llegó, con ese dolor tan grande como familia que todavía lo llevamos y lo llevaremos por toda la vida. Por eso hoy estamos aquí reclamando justicia y no bajaremos los brazos. Por eso, como tía de Lucas, estoy apoyando a sus padres y no bajaré los brazos (…). Y seguiremos diciendo ‘Lucas presente’ porque lo tenemos en cada uno de nuestros corazones, con el gran dolor que llevamos como familia, que lo llevaremos por siempre sabiendo que entregamos nuestro hijo a la parte de la policía de Río Negro para que trabajara para la sociedad, para que sean alguien que cuidaran a la sociedad y donde a nosotros nos lo entregaron en un cajón. Por eso, ¿de qué podemos estar hablando?, ¿cómo está la policía de Río Negro?, ¿qué es lo que le enseñan si no le enseñan a cuidar a sus mismos compañeros?

Comisaría 2 en el Centro Cívico de Bariloche. Con la imagen de Lucas abanderado, su padre, Benjamín Muñoz

Foto de la autora.

“Que no se quede mi pueblo dormido”

Hace poco la municipalidad de Bariloche decidió bajar la placa que conmemora a Diego, Nino y Sergio. “Es una cuestión temporaria” manifestaron. Aunque dice, el rumor municipal, que la intención es crear un “pasillo de la memoria” donde podamos colgar nuestros muertos. ¿Un pasillo? ¿Cabe allí todo lo que tenemos para reclamar? ¿Quién transitará por ese pasillo? Mi papá suele llamar este tipo de iniciativas como las de generar un lugar para manifestaciones y así evitar los cortes de calle, “protestódromos”. Este sería un protestódromo de la memoria. Hay propuestas que uno tiene que tratar de hacer razonable con mucho, pero mucho, esfuerzo.

En tanto este proyecto andaba rebotando entre los que nos enteramos, la sola idea de que Lucas estuviera incorporado en este pasillo –que nadie nunca visitaría, si es que alguno se enteraba que allí estaba- trajo expresiones de desprecio entre militantes de organizaciones sociales. Esto me llamó la atención. De nuevo, no todas las víctimas tienen la misma jerarquía. Algunas no tienen cabida ni para el pasillo del municipio, ni motiva a algunas orgas de la ciudad. Al “transa” no lo queremos, justifican.

Estas ausencias en las marchas generan debates internos en las organizaciones, problemas difíciles de resolver. “La policía pega, cómo haces para defender a un policía”. Aunque parezca casi el espejo de “los pibes son chorros, yo no defiendo esos guachos”, un razonamiento tatuado en el barilochense medio –y argentino también- que estas mismas organizaciones repudian tenazmente. Esto es lo que escuche. “¿Cómo defender a quienes son el brazo armado del poder?” A veces las explicaciones simples no terminan de hacernos entender. Y si no entendemos difícilmente podamos patear el tablero. ¿En qué personas encarna el mal, el ser el brazo armado del poder? En personas conscientes de ser serviles a otros que viven y tienen mucho más de lo que nunca soñarían. O en personas que no tienen capacidad de entender en qué juego están involucrados por la “obediencia debida”. O en personas que se meten a policía porque no les queda otra en la vida. O en traidores a su clase que quieren pegar el salto y ser diferentes. Ninguna de estas opciones suele ser la que dicen los aspirantes. Capaz algunos la ven más clara que otros.

Hace un año escuché una noticia de un policía local que denunciaba a sus compañeros que lo habían violado en el contexto de una borrachera. La noticia desapareció rápidamente y no escuché nada más al respecto. De esa institución estamos hablando. La que disciplina por la fuerza, educa en la tortura y marca a su gente. También la que le da muerte a sus miembros poco deseados y da vuelta la cara a las familias. ¿No es represión policial? ¿No es justamente el mecanismo que se aplica hacia adentro y afuera, el uso regulado y consentido de la violencia?

Tenemos otras lecturas posibles. Contra el intento de olvido, de ensuciar a la víctima y de volver a poner el foco en la injusticia y así luchar por los derechos de todos, puso su máxima artillería un grupo de docentes de la Línea Sur. Es decir, pusieron sus símbolos máximos, el guardapolvo y el pizarrón, para recordar a Lucas.

Afiche de la jornada organizada por docentes y estudiantes
de la UNRN 10/08/2017

JORNADA LUCAS (1)

También aparecieron otras expresiones que no habíamos escuchado por estos lados todavía. UNIPOLRN y la mutual policial. El sindicato de policía y la mutual que reúne las necesidades de las y los policías. Organizaciones sociales combatidas por varios frentes internos y externos. A su vez expresan también diferentes formas de pensar las fuerzas de seguridad, otras vías de relación con lo civil y la sociedad en general. Capaz que algunos desde adentro no son ni quieren ser el brazo armado de ningún poder que oprima al pueblo, del que son parte. Como dicen las y los amigos de Lucas en las marchas “que no se quede mi pueblo dormido”.

El escenario es la calle

En especial cuando la justicia o las políticas de estado no defienden ni responden por las demandas de la ciudadanía, la calle habla. En momentos de máxima opresión, como las dictaduras, las calles decían mucho. Tras el golpe de estado en Chile una forma de mostrar la resistencia a la dictadura de Pinochet estaba en las pintadas de las calles, en los murales que se cubrían y que se recuperaron en años recientes. Esos murales cuentan la historia de Chile desde un lugar que la historia oficial negó. Relatan los abusos que se hicieron por esas mismas calles. Fueron un recordatorio y una compañía para aquellos que se exiliaban hacia adentro, para los que les tocaba convivir con los torturados y desaparecedores en las comunidades. Para las mujeres a las que les robaron sus compañeros sus propios vecinos. La calle las acompañaba, no las dejaba solas.

Nadie espera estatuas ni placas oficiales. Hay tiempos en los que estas también llegan y se recuerdan personas queridas, para su pueblo, y que ya no están. Digo la calle no espera para marcar lugares de la memoria, que son pintadas, afiches, murales. Lucas está en las calles de Bariloche, en la Ruta 23, en los paredones de Viedma. Hay otros rostros que también están en la calle para no olvidar, Jorge Julio López, Daniel Solano y tantos más. Lucas se volvió, sin esperarlo, como nos puede pasar a vos o a mí, uno de esos rostros.

Las marchas son una puesta en escena. Son obras de teatro que inundan las ciudades, se destinan a un público amplio y diferente cada vez. Se recrean hacia adentro. Son un lugar de encuentro para los que creemos en la política como forma de pensar futuros posibles, consensos y cambios. Una experiencia muy común para los argentinos. También en la Patagonia. Cada marcha tiene su propia impronta, sus propias luchas hacia adentro, pisos comunes que negociar y audiencia con la que conversar.

Algunos docentes e investigadores de la Universidad Nacional de Río Negro organizamos una jornada conmemorativa a un año del asesinato de Lucas Muñoz (10/08/2017). El país atravesado por un nuevo proceso de violencia, la desaparición forzada de Santiago Maldonado, según la carátula judicial, a manos de la Gendarmería Nacional en el marco de una represión contra la lof mapuche “Pu Lof en Resistencia Cushamen” en la cordillera de Chubut. Una intensa jornada donde Lucas volvía una y otra vez como ejemplo para pensar la seguridad, la policía, las víctimas, los victimarios y nuestra sociedad. Sobre el final la familia de Lucas tomó la palabra y tanto Noelia como Javier Muñoz contaron quien era su hermano, como era su familia, las decisiones de vida que Lucas tomó producto de esa conjugación entre el deseo y lo que se puede. “Hoy Lucas es de todos” asumieron sus hermanos con la voz firme de quien atraviesa el duelo a conciencia.

Ante la pregunta del coordinador de la mesa, Javier desmintió las supuestas verdades que se revelaban en algunos medios. La cuenta de Lucas quedó congelada, sus hijos nunca recibieron nada de su último sueldo. La autopsia indicó que no consumía ningún tipo de estupefacientes. La policía nunca se comunicó con la familia durante su desaparición. “Nos enteramos de su desaparición como de la aparición de su cuerpo por facebook”.

Diálogo entre Javier Muñoz y el informante que identifica dónde está el cuerpo de Lucas

Del facebook de Javier Muñoz,10 de agosto del 2017.

La marcha comenzó en Onelli y 25 de Mayo, desde la iglesia Santo Cristo avanzó la columna pequeña con la familia, gente de la Línea que viajó con ellos para darles fuerza. Como otras veces se denunció al gobernador y esta vez también al juez Campana. Dos grandes muñecos, Campana y Weretilneck, vestidos de negro sobresalían entre la gente. Cómplices y encubridores. También había carteles reclamando justicia, panfletos que escrachaban a “Juntos somos la narcopolicía”, las siluetas con el nombre de Lucas. Esta vez llevaron petardos que aunque están expresamente prohibidos en Bariloche hicieron detonar en un cielo que oscurecía en gris. “No queremos que Lucas sea un caso más que quede en impunidad”. La familia organiza por marcha consignas sobre las que hacen énfasis. Vi a un grupo de camaradas de la policía que estaban en las esquinas que se escondían hacia la mitad de la cuadra evitando enfrentar a la marcha, ni siquiera con la mirada.

Al pasar por la puerta de la residencia de Moreno y Frey, desde donde salió Lucas por última vez, algunos familiares entraron y trajeron globos celestes y blancos con los que armaron una corona a medida que la columna avanzaba. El frío calaba los huesos de madres que iban con sus hijos dormidos en andas al ritmo de la marcha. Entre la gente se pasaban mate, algo para comer, se fumaba, y se escuchaba atentamente las denuncias que relataban Javier y la tía.

Al llegar al Centro Cívico se rodeó la plaza, a la manera del paseo que se hace en los pueblos, hasta la comisaría Segunda, que está dentro de un edificio histórico del Centro Cívico. La familia prendió antorchas y velas y frente a la comisaría le recordó a los efectivos de la policía “ustedes tres con uniforme podrían ser Lucas”. Desde el interior de la comisaría se veía a varios efectivos asomados detrás de los postigos. Uno se desprendió de la marcha y entró en la comisaría por una puerta lateral. Nada que la familia y todos los presentes no supiéramos. En ese momento se largó una espesa lluvia que esperó ese momento. “Esta lluvia es Lucas” nos dijo su tía. Como el día que apareció en el descampado, el cielo lloró sobre nosotros.


  1. El debate por la sindicalización o no policial tiene una larga data. Recientemente, en abril del 2017, un fallo de la corte suprema de justicia rechazó el pedido de sindicalización en la provincia de Buenos Aires. Este fallo es un pésimo antecedente para el resto de las provincias, no obstante, es un camino que aun tiene mucho por construir y debatir socialmente. ¿Qué significa pensar a la policía como trabajadores?
  2. Fines de agosto del 2016 https://bit.ly/2R7HecE.


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