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Epílogo

Estudios policiales patagónicos: un breve estado de la cuestión

Los estudios sobre las fuerzas de seguridad en la Patagonia aun requieren de más y mayores investigaciones para reponer sus trayectorias, cambios y continuidades desde su existencia. A pesar de los avances notorios y significativos en las últimas décadas, este campo de estudios evidencia vacancias. Quizás sea por la dificultad de introducirse en las fuentes o la contradicción entre lo accesible y transparente que el estado debería ser y lo secreto y oculto que, en especial, las policías resultan ser, que las policías están perdiendo interesadas/os en su historia. El propósito de este breve estado de la cuestión es entonces, sin ánimos de ser exhaustivos, recorrer los trabajos ya realizados, identificar vacíos y temas que potencialmente se vuelvan objeto de nuevas y renovadas preguntas en torno a las fuerzas que operaron en La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego y las regiones del sur de Chile.

Comenzaremos por los diferentes enfoques teóricos e historiográficos que se han propuesto desde la literatura vinculada a la historia policial. En primer lugar, tenemos aquellas propuestas que en general resultan de la pluma de policías retirados o del financiamiento de la propia institución para recordar, celebrar y honrar el trabajo policial. Estas historias oficiales y/o apologéticas según como nos posicionemos- instalan una versión casi heroica del trabajo policial. Entre ellas podemos mencionar el trabajo de Dumrauf (1994) para la policía de Chubut; el de Ríos (1973) para Neuquén; Funzalinda (1971) para los personajes policiales memorables del sur de Chile. No obstante, algunas policías carecen de estas narraciones como la rionegrina que ya hemos mencionado previamente. Finalmente, otras se cuelan entre las historias provinciales como en Santa Cruz (Lenzi, 1972). Estos relatos romantizados del desempeño policial sopesan, en general, en primer lugar las duras condiciones del ser policía en los primeros periodos de existencia de las mismas -es decir, en las últimas décadas del siglo XIX grosso modo– debido a escasas y malas condiciones de trabajo, sumado a la inclemencia de los territorios patagónicos y en segundo lugar, con la acción heroica de los antecesores de la fuerza, ya sea destacando algunos de sus jefes o reconociendo la labor de los policías subalternos.

Una segunda línea de trabajos, tanto para la Patagonia chilena como para la argentina, ha indagado en la práctica policial a partir de su vinculación con el mundo del delito y del bandolerismo. Estos trabajos llegan a las policías ingresando por el estudio de bandas y crímenes (reales o denunciados mediáticamente). Entre otros trabajos podemos mencionar los de Rafart (2008) para la nor-Patagonia, Maggiori (2004 a y b) para la zona cordillerana de Chubut y Río Negro; Gaviratti (1999) para Chubut y noroeste de Santa Cruz. Salomón Tarquini (2008) para La Pampa. Para el caso chileno están los trabajos de León Solís (2005), Girón Zúñiga (2011) y en una línea diferente de abordaje del tema Brangier Peñailillo (2012). Estos trabajos difieren en la forma de analizar y pensar el bandolerismo, sin embargo, nos interesa destacar que necesariamente llegan al estudio de las fuerzas de seguridad que compiten o bien se organizan a partir de la persecución de los mismos.[1]

Otros estudios, más que analizar la policía a partir de sus otros antagónicos, lo hacen a partir de seguir las relaciones de poder que se construyen dentro de una sociedad nueva, producida después y a partir del control militar de los territorios con las llamadas Conquista del desierto y Pacificación de la Araucanía. Entre estos podemos destacar los trabajos de Argeri y Chía (1993); Argeri (2005) y Suarez (2003, 2005 y 2008) en Río Negro; de L. Pérez (2012) en Chubut; de Navas (2008) para Santa Cruz y de Harambour (2016) para la Patagonia Austral –Santa Cruz, Tierra del Fuego y Magallanes. Dentro de esta línea de trabajo surge una pregunta difícil y debatida en torno al estado. Cómo caracterizamos al estado en términos teóricos redundará en diferentes propuestas para pensar la práctica policial en el periodo que va desde la incorporación forzada y definitiva de la Patagonia a los estados nacionales. Si pensamos comparativamente estos trabajos existe una clara divisoria de operativas y políticas estatales entre el norte de la Patagonia y el sur –especialmente la zona austral de Tierra del Fuego y Magallanes-. Mientras que en el norte poca, deficiente y necesitada las policías son entendidas como parte de un estado débil o en ciernes, para el sur las policías son producto de la delegación del monopolio de la fuerza sobre el territorio –en términos weberianos- hacia las compañías de tierras inglesas y comerciantes ganaderos de larga estirpe en nuestros países.

Una cuarta línea de estudios se propone entonces profundizar doblemente tanto el desarrollo institucional de las policías –persiguiendo datos “duros” como cantidades de efectivos, destacamentos y comisarias y sus respectivas distribuciones- con la pregunta que devuelve el “rostro humano” al decir de Bohoslavsky y Soprano (2010) a quienes fueron concretamente los policías y cuales fueron las condiciones de sus prácticas. Entre estos trabajos podemos, y siempre a riesgo de ser esquemáticos e injustos, encuadrar para La Pampa las investigaciones de Flores (2007) y Fernández Marrón (2013). Para Neuquén los numerosos trabajos de Bohoslavsky (2004 y 2010). Para el sur chileno Palma Alvarado (2015 y 2017), Cárdenas Muñoz (2013) y Martinic y Duncan (2010) para Magallanes. Para Chubut se destacan los trabajos de Carrizo (2010).

Finalmente, una última línea de trabajos que se nutre de todas las antecesoras y busca también pensar al estado es en donde inserto mis propias investigaciones y que podríamos sintetizar en la idea de “hacer la policía” (Pérez 2015, 2016, 2017 y 2018). En este “hacer la policía” se involucran tanto la idea de reconstruir el desarrollo institucional sin dejar por fuera las practicas concretas encarnadas en los hombres que hacen a la institución sino además incorporar la dimensión de la experiencia social de la acción policial. Esta tercera dimensión se incorpora para salir de las preguntas vinculadas al estado en términos de “debilidad” o “ausencia” y mas bien apunta a reconstruir históricamente cual es el estado que se materializa a partir de lo que las políticas de seguridad evidencian. En suma esta dimensión experiencial del estado busca analizar la larga duración de las practicas y costumbres de policiamiento a ras de suelo (Palma Alvarado 2017) y los efectos producidos como ordenadoras del espacio social. Es decir, como las policías operaron en la jerarquización y estratificación de la población patagónica. Esta línea de trabajo se nutre especialmente de preguntas y métodos de trabajo que provienen del campo de la antropología y la geografía.

Hasta aquí hemos hecho un recorrido de publicaciones que tienen como denominador común el recorte del periodo historiográfico que va desde la década de 1880 hasta la de 1950. Este recorte responde a varios motivos, comenzaré con los de tipo metodológico para avanzar también sobre las fuentes de la historia.

Como ya ha expresado Abrams (1988), las instituciones de seguridad forman parte del secreto estatal, esta contradicción que evidencia la politicidad de la máscara del estado, también las convierte en un objeto difícil de asir. Sumado a esto, están nuestros propios prejuicios y fantasías en torno a las policías que por supuesto tienen su fundamento en un conocimiento tácito de que las policías están relacionadas tanto al mundo político y jurídico como al criminal (Dewey, 2015). Este lugar común varia según clase, género, edad y color de la piel de cada ciudadano. Por otra parte, acceder a las instituciones de seguridad y sus archivos representa siempre un desafío mayor que al de cualquier otra institución burocrática, con guardianes mejor posicionados para controlar quien y que se busca investigar.

En este sentido es más simple –y familiar para las y los historiadores- acceder a los archivos históricos de las policías que en general se encuentran fuera de la institución. Todos los archivos históricos provinciales de la Patagonia atesoran gran parte del fondo “jefatura de policía” del territorio nacional. Estos fondos contienen, entre otras series y documentos- ordenes del día de la jefatura, cuadernos y copiadores diarios de notas de comisarias, intercambio epistolar entre la jefatura y otras áreas de dependencia, copiadores de notas confidenciales y reservadas, etc (véase para La Pampa: Lluch et al 2004 y para Río Negro: Suarez 2004). Estos archivos pueden, y suelen ser complementados, por archivos nacionales, particularmente por fondos documentales que se encuentran en la Dirección de Archivo Intermedio del Archivo General de la Nación. Aquí se encuentran, por ejemplo, legajos del personal de los territorios, además de un sin número de expedientes generales que forman parte de la relación entre cada territorio y el ministerio del interior. Finalmente, en algunas provincias parte de los archivos históricos se encuentran bajo la guarda de la propia institución, como en Chubut y Neuquén (ambos archivos se encuentran dentro de los museos policiales). Este es el caso en Chile en relación a carabineros que tienen su propio museo y archivo desde mediados del siglo XX.

Sin embargo nadie que se disponga a trabajar lo policial debería reducir su conformación del corpus a estos archivos, ya que la historia de las policías se entrelaza con otras agencias estatales. En particular, con las justicias y de hecho gran parte de las narraciones históricas ante citadas recurren a este fondo documental.

Otra base documental notable para reconstruir historias policiales son las publicaciones de la prensa. Entre ellas contamos con diarios y periódicos regionales y nacionales -de distintos periodos de existencia, propietarios, tirada y circulación (Prislei 2001); revistas producidas por las policías como por ejemplo, la Revista Policial de Chubut (1930-1938); La Revista Policial del Neuquén (1936-1937); Prontuario. Crónicas policiales de la Patagonia (1984); Vientos de Historia (1996) en Río Negro; Revista de los Carabineros de Chile (1927 y 2010-en adelante); y finalmente, mencionaremos la Revista de Policía publicada en Buenos Aires, con enorme influencia en Sudamérica (desde 1882 y con numerosas apariciones durante el siglo XX).

A las publicaciones propias de la institución podemos sumarles los libros de memorias policiales, ya sean aquellas relatadas por sus protagonistas a terceros (como el caso del Sargento Tello a Casamiquela 1981); como aquellas escritas para recordar policías como el jefe de la policía de Santa Cruz Juan José Albornoz (1879-1929) por Ordoñez (circa 2005) o las varias publicaciones sobre el capitán Trizano en Chile (Lara 1936 y Salas 1932-1933); finalmente, aquellas escritas por hombres de la institución como “Memorias de un policía” de León Yarará (circa 1930). También existen análisis de la institución producidos por intelectuales policiales como por ejemplo Juan S. Álvarez con su “Policía desamparada” (1940) y Waldo Urzua en Chile (1936).

Finalmente, cabe destacar que se ha explorado mucho menos el campo de la memoria social en torno a las policías patagónicas. Tanto la reconstrucción etnográfica para reponer procesos de violencia policial (véase Blanco 2015 en Chubut; y Alfieri 2014 en Neuquén para situaciones de clase y violencia urbana y Pérez y Cañuqueo 2018 en Río Negro en contexto rural) como de aquellos que habilitan los propios ámbitos como los de la formación (Puebla Morón 2017) hasta la cotidianeidad de la práctica policial.[2] Los trabajos que abordan esta estrategia de análisis suelen reconstruir procesos de las últimas décadas del siglo XX y primeras del siglo XXI. En parte es la objeción disciplinar de la historia sobre las fuentes orales o de la memoria social la que opera desestimando esta fuente central en muchos casos para dar cuenta de la complejidad y dimensiones del objeto de estudio. La complementariedad con otras disciplinas, como la antropología, han desestimado categóricamente los pruritos montados a estas fuentes (Delrio, 2005).

Nos referíamos algunos renglones más arriba al recorte temporal que marca los estudios de las policías patagónicas y nos detendremos ahora en los faltantes, ausencias y temas aun por trabajar e indagar. Decíamos, que hay periodos como los de los territorios nacionales que tienen una literatura histórica, luego de décadas de esfuerzos individuales y proyectos colectivos, que reponen con mas o menos detalle e incluso permitiendo comparaciones entre territorios una periodización, un relato con debates e información. En especial para los estudios del norte de la Patagonia y para las ultimas dos décadas del siglo XIX y hasta 1930. Luego, y en tiempos mas recientes, tenemos trabajos que reconstruyen parcialmente el rol de las policías durante la última dictadura en Argentina (Scatizza 2016 para la región Comahue; R. Suarez 2017 para Río Negro).

No obstante es llamativa la falta de trabajos sobre los periodos provinciales y la segunda mitad del siglo XX respecto del rol de las fuerzas policiales. Más notoria debería ser esta ausencia dado que es el periodo de conformación y organización de las policías que actualmente operan sobre estos territorios. No se encuentran relevadas ni los proyectos, ni las reglamentaciones de sus leyes orgánicas. Así como tampoco datos objetivos o cuantitativos de su crecimiento numérico, distribución espacial, ramificación en áreas de especialización. No hay seguimientos sobre los hombres, y ahora también mujeres que conformaron estas fuerzas y que a su vez van construyendo una cultura y familia policial en cada región y provincia.

Otra ausencia dentro de las investigaciones son las prestaciones y conflictos de territorios entre fuerzas de seguridad. La llegada y superposición de fuerzas tanto en periodos territorianos, como la gendarmería nacional, como aquellos en gobiernos de facto –como el desembarco de militares durante los golpe de estado- trajeron conflictos entre las fuerzas. Pero también existieron periodos de colaboración, como durante las huelgas patagónicas de 1920, o las prestaciones internacionales entre policías en las primeras décadas del siglo XX y también durante las últimas dictaduras en Chile y Argentina.

Por otra parte, faltan trabajos que piensen comparativamente las fuerzas. Ya sea entre aquellas de los territorios nacionales del norte y del sur. En algunos casos actuaron allí las mismas fuerzas (gendarmería y policías fronterizas por ejemplo) pero con competencias diferenciadas y modos de actuar arraigados a los diferentes modos de pensar la población. O bien que comparen las policías provinciales con las territorianas. Esto podría nutrir ampliamente las preguntas y debates de unas y otras investigaciones. Finalmente, adolecemos de propuestas que comparen la Patagonia norte con la austral en donde los avances demuestran puntos de diferenciación significativos, basados en las políticas estatales, modos de inserción del capitalismo, características de la población, etc.

Finalmente, nos detendremos en pensar las formas de conocer lo policial, sus alcances y su presencia en nuestra cotidianeidad. Estamos rodeados de formas de conocer y percibir la policía, desde los medios masivos de comunicación, las series televisivas, el cine y la literatura. Incluso desde las mismas circunstancias en que la policía se entrecruza en nuestras vidas. Sin embargo, muy poco de esta diversidad se piensa a la hora de analizar la institución, sus relatos, su desempeño presente y las formas esperables para la misma. Sin embargo, la “seguridad” (o inseguridad, según que perspectiva se tome) es un tema de enorme poder para torcer opiniones y encuestas.

Son muchas las preguntas que nos debemos para pensar las policías y a partir de ellas instalar proyectos de investigación que tengan más o menos urgencia. En primer lugar, se vuelve necesaria la apertura al trabajo entre disciplinas que con enfoques, lecturas y metodologías diferentes nos permitan avanzar sobre el conocimiento que tenemos de las fuerzas. Por ejemplo, indagar en las posibilidades que brinda la geografía para trazar las cartografías de lo policial, su circulación y patrullajes; a la reconstrucción etnográfica o incluso el relato biográfico desde dentro de la fuerza. Introducirnos en los debates sobre la ruralidad y lo urbano; desarmar los grupos estereotipados tanto de policías como de “pibes”; trazar procesos de larga duración que nos permitan historizar las fuerzas (enfocar sus cambios y continuidades en prácticas, personas, etc). Por otra parte, existe una necesidad imperiosa de identificar, resguardar y trabajar archivos policiales que se encuentran al borde de la destrucción o pérdida definitiva. Así como de aquellos que si bien están resguardados no son siquiera visitados ante la duda sobre el acceso. En suma, nos falta aun ejercitar estas preguntas y problemas para poder entender la fuerza policial, pensarla, proyectarla y cambiar todo aquello que nos somete y limita.


  1. Estamos aquí circunscribiendo el campo de estudios a la Patagonia, sin embargo, no podemos dejar de mencionar desde estudios folclorizados del bandolerismo (Chumbita 2000) hasta los trabajos que indagan una línea de larga duración en zonas rurales como los de Fradkin (2006).
  2. Para otras experiencias nacionales contamos con trabajos pioneros como los de Tiscornia (2004 a y b); sobre formación policial Sirimarco (2009) y mas recientemente sobre territorialidades Pita y Pacceca (2017) y cotidianeidad de la practica policial (Frederic et al 2014) entre otros.


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