Otras publicaciones:

9789877230055_fullcover

DT_Roudinesco_Dagfal_13x20_OK

Otras publicaciones:

12-3772t

9789871867950_frontcover

Conclusiones

Para dar cierre a este trabajo, se resumirán los ejes temáticos más significativos, se destacará la relevancia de la investigación, se retomarán la hipótesis y los objetivos en función de los resultados obtenidos y se detallarán los corolarios más importantes. En primer lugar, se especificará la estructura del libro, el camino recorrido.

Se partió de una visión panorámica sobre el tema del cambio lingüístico, que se ha posicionado como central en los estudios sobre el lenguaje y como el ámbito genérico en el que se enmarca la tesis que se expone aquí (Gonzalez, 2018). Se efectuó una revisión de algunos de sus aspectos más relevantes, especialmente desde una perspectiva cognitivo-funcional.

Se observó que la metáfora y la metonimia ocupan un lugar preponderante dentro de los mecanismos que producen el cambio lingüístico. Además, se exploraron otras características del cambio lingüístico, como el hecho de que responde a una categorización basada en prototipos o efectos prototípicos, y su realización a través de procesos de gramaticalización y lexicalización.

Del examen de los distintos enfoques sobre la metáfora y la metonimia a lo largo de su historia, se propuso una sistematización temática basada en una serie de definiciones por equivalencia: (a) la metáfora es la ephiphora (movimiento traslaticio) de un nombre, (b) la metáfora es una figura retórica o adorno que sustituye al nombre propio, (c) la metáfora es una anomalía del lenguaje, (d) la metáfora es un acto de habla, (e) la metáfora es interacción, (f) la metáfora es tensión, (g) la metáfora es pensamiento (“metáfora conceptual”) y (h) la metáfora es una mezcla conceptual.

La explicación más revolucionaria de la metáfora y la metonimia, que surgió en el seno de la Lingüística Cognitiva, es la de Lakoff y Johnson (1980). Por su importancia y porque constituye una parte sustancial del marco teórico de esta investigación, esta visión se desarrolló en profundidad. Se destacó el hecho de que Lakoff y Johnson (1980) instauraron la noción de “metáfora conceptual”, se definió esta noción y se la caracterizó (se explicaron el mecanismo de proyección de dominios, los tipos de metáforas y sus niveles de generalidad y de cristalización, la sistematicidad de las metáforas y la base corporal de las proyecciones metafóricas, entre otras características). Por otra parte, se la vinculó estrechamente con la metonimia por tratarse en ambos casos de mecanismos proyectivos del pensamiento.

Por otro lado, se explicaron las razones por las que el concepto de metáfora conceptual se consideró armonizable con el de “metáfora gramatical” de Halliday (1994), por lo cual se desarrolló también esta segunda teorización. Este autor establece una estrecha relación entre la metáfora –prototípicamente ubicada en el ámbito de la semántica léxica y proposicional– y el fenómeno de las recategorizaciones léxicas. Efectivamente, uno de los objetivos de este estudio fue el de profundizar en el amplio horizonte de investigación que hay para explotar en la teoría de la metáfora en lo que concierne a su relación con el cambio gramatical y léxico.

La presente investigación se introdujo en el ámbito de los procedimientos de formación de las clases de palabras. Se detalló cómo en ellos es posible observar el modo de categorizar de la mente humana. Primeramente, se hicieron las siguientes consideraciones sobre la noción de palabra, para establecer las fronteras de la unidad lingüística que se iba a clasificar: se reparó en las dificultades que hay para definirla de manera unívoca; sin embargo, se señaló que se trata de una unidad distinguible en español de modo intuitivo y con la ayuda de ciertos criterios (permutabilidad e intercalabilidad de los elementos constituyentes).

A continuación, se señalaron las limitaciones de las clasificaciones de las palabras según un criterio meramente semántico o exclusivamente sintáctico. Se concluyó que los criterios de división de las categorías léxicas deben ser tanto gramaticales (morfológicos y sintácticos) como semántico-pragmáticos. Desde esta plataforma, se llevó a cabo una clasificación completa de las palabras y se prestó atención a las situaciones de relaciones entre ellas que existen en el español y a sus puntos de encuentro. Estos puntos de encuentro incluyen categorías híbridas, semejanzas de comportamiento funcional (entre sustantivos y adjetivos, entre adjetivos y adverbios, y entre otras categorías léxicas), complementos comunes a categorías léxicas diversas, potencial de significación compartido (v. gr., la capacidad de predicar en verbos, sustantivos y adjetivos) y categorías morfológicas compartidas (v. gr., género y número en el sustantivo y adjetivo, persona y número en el sustantivo y el verbo).

Seguidamente, se revisaron las nociones de categorización y recategorización de las palabras, con el fin de arribar a la explicación de un tipo especial de cambio categorial que pondría en juego todos los elementos desplegados antes (cambio lingüístico, metáfora y metonimia, clases de palabras): la nominalización. Se comenzó por definir la categorización. Posteriormente, se diferenciaron las dos principales posturas que existen sobre el tema, a saber, la teoría de las condiciones necesarias y suficientes y la teoría de los prototipos o efectos prototípicos. La segunda teoría, que responde mejor a los planteos de la Lingüística Cognitiva, se explicó y discutió ampliamente.

En cuanto a la recategorización, se precisaron las diversas denominaciones que recibió el fenómeno a lo largo del tiempo (traslación, transposición, transferencia, metábasis, transcategorización, reclasificación, recategorización) como un modo de acercamiento particular a la realidad de los cambios de clases de palabras. Luego, se seleccionaron dos modos de referirse a él: recategorización léxica y cambio de categoría léxica, según la propuesta de Rodríguez Espiñeira (2008). Se consideró que esas etiquetas eran las menos ambiguas en su significación y alcance.

Sobre la recategorización léxica se repasaron algunos aspectos fundamentales, como el hecho de que implica un proceso doble de descategorización y recategorización, su posibilidad de constituir un cambio funcional (discursivo) o lexicalizado y la inclusión de las entidades híbridas como exponentes de este procedimiento.

Un tipo especial de cambio categorial constituyó el foco de este estudio: la nominalización. Habiendo introducido el tema del cambio léxico, se pasó a este cambio específico. Se lo definió y caracterizó, se detallaron sus interpretaciones posibles y sus funciones discursivas básicas. Seguidamente, se procedió al análisis del corpus y se sintetizaron sus principales hallazgos, que reafirmaron las afirmaciones del marco teórico sobre el papel protagónico de la metáfora y metonimia en el cambio lingüístico, en particular en el ámbito de las nominalizaciones. Los resultados del análisis del corpus validaron la hipótesis de la investigación, i. e., proveyeron de sostén a la aseveración de que las operaciones conceptuales que producen las nominalizaciones son de tipo metafórico y metonímico.

Finalmente, se evaluó el trabajo realizado y se presentaron algunas sugerencias sobre vías posibles para continuar la investigación en los aspectos que no se han revisado aquí o que son susceptibles de mayor profundización. Culminada ya la descripción del camino transitado, se despliegan a continuación los aspectos teóricos más importantes.

Desde un enfoque cognitivo-funcional (Nuyts, 2004), el cambio lingüístico es concebido como motivado. Las motivaciones de los cambios en la lengua pueden ser lingüísticas o de otros tipos (históricas, sociales, etc.). En el fondo, sean estas cuales fueren, operan en todas ellas procesos de asociación de sentidos o de formas, i. e., metáforas y metonimias. La importancia de estos procesos no ha sido suficientemente destacada en el campo de estudio del cambio en las lenguas.

La metáfora, y con ella la metonimia, son fenómenos del lenguaje que han sido estudiados desde la Antigüedad Clásica. La metáfora en un sentido amplio ha sido abordada desde diversas disciplinas, que la han comprendido de diferentes maneras a lo largo de la historia. La teorización aristotélica destacó un amplio espectro de características de la metáfora, la concibió en su vasta amplitud. Las teorizaciones posteriores, en cambio, limitaron el fenómeno a la palabra y lo entendieron como sustitución o desvío. Estos modelos desarrollaron a fondo un aspecto significativo de la metáfora: el retórico-literario.

Hacia mediados de los años ochenta la metáfora volvió a transformarse en el foco de atención con preguntas filosóficas por su modus operandi y su ámbito de alcance (Richards, 1936; Black, 1954; Ricoeur, 1975). La obra crucial para la especie de “giro metafórico”[1] que se produjo fue, sin lugar a dudas, la de Lakoff y Johnson (1980).

La visión de la metáfora y la metonimia que presentaron Lakoff y Johnson (1980) retomó los planteos de Aristóteles y recogió desarrollos como los de Ricoeur, entre otros autores. Esta teorización fue continuada por variadas investigaciones posteriores en el marco de la psicolingüística, entre las que se destacaron el “modelo del desequilibrio de saliencia” (Ortony, 1979), el “modelo de la proyección estructural” (Gentner, 1983) y el “modelo de inclusión de clases” (Glucksberg y Keysar, 1990). Una teoría que desarrolló los planteamientos filosóficos de la teoría de la metáfora conceptual sin alejarse demasiado de su núcleo duro es la del blending (Fauconnier y Turner, 1998).

Esta investigación cimentó sus bases teóricas en la teoría de la metáfora conceptual porque busca explicar las bases metafóricas de un cambio gramatical que se produce cotidianamente y que ha dado lugar a unidades léxicas que constituyen una parte importante de nuestro repertorio lingüístico: la nominalización. Como se ha expresado, se consideró que esta concepción de la metáfora se avenía con la teoría de Halliday (1994), que buscó explicar el modo en el que operaba la metáfora en el ámbito gramatical (a través de patrones realizacionales atípicos de las ideas). En particular, esta avenencia resultó útil en este estudio, que versa sobre un cambio gramatical al que se le atribuyen causas metafóricas y metonímicas.

La noción de la metáfora que se presentó en este trabajo concibió al fenómeno como una proyección de un dominio conceptual fuente sobre un dominio meta. Lo que se proyecta puede ser un elemento, la estructura básica del dominio fuente e incluso una mera similitud perceptiva. Cuando las proyecciones se realizan dentro de un mismo dominio se está ante un proceso metonímico (metonimia o sinécdoque). Los procesos de la metáfora y la metonimia son tratados desde una perspectiva cognitivista como estrechamente relacionados, por lo cual aquí no se puso el énfasis en lo que los separa, sino más bien en lo que los une.

El ámbito de acción de las metáforas y metonimias, como se ha podido observar, es vasto. Este tipo de mecanismos conceptuales opera en todos los niveles de la lengua, no solo en el ámbito de la semántica léxica. Por otra parte, no se restringe a la palabra, sino que puede actuar en enunciados e incluso estructurar textos completos. En el nivel gramatical, interviene tanto en la creación de palabras como en su recategorización o cambio de categoría, proceso al que se ciñe este estudio.

Los conceptos de categorización y recategorización son comprendidos desde un enfoque cognitivista como mecanismos básicos del pensamiento humano. Hacen referencia al recorte de la realidad en clases que el ser humano lleva a cabo constantemente. Esto no significa que en la realidad misma se presenten estas diferenciaciones tal como las realiza o percibe la mente humana, sino que el hombre efectúa estas distinciones a partir de ciertos criterios e identifica en el continuum de las cosas grupos de elementos con un “parecido de familia” (Wittgenstein, 1999 [1953]).

En este sentido, la categorización se comprendió desde la teoría de los prototipos, la cual postula que existen grados de prototipicalidad en las categorías. Esto significa que las clases organizan sus elementos en torno a un prototipo (o conjunto máximo de efectos prototípicos) y, a medida que se pierden propiedades prototípicas, se arriba a la periferia de la clase, donde se ubican los miembros periféricos o más marcados de la categoría (conjuntos con menos efectos prototípicos).

En las clases de palabras se aprecia este modo de categorizar de la mente humana, pues es común hallar casos de adscripción categorial dudosa o “palabras de doble categoría”. Estos híbridos son el resultado de un proceso de descategorización y recategorización, que se basa en el empleo de una palabra perteneciente a una clase para funciones distintas de las prototípicas de su propia categoría (Rodríguez Espiñeira, 2008). Dicho empleo puede ser ocasional (recategorización funcional) o puede reflejar algún nivel de lexicalización (recategorización léxica).

La lexicalización se produce a medida que una palabra va perdiendo algunas o muchas de sus propiedades categoriales para adquirir las de los elementos prototípicos de la “categoría meta” (características fonológicas, morfológicas, ciertas particularidades discursivas, etc.). Este funcionamiento flexible de las categorías es posible porque se encuentran organizadas como un continuum en la mente humana.

El cambio categorial que interesó en esta investigación fue la nominalización, la cual consiste en el proceso de formación de sustantivos a partir de palabras pertenecientes a otras categorías léxicas. Ciertamente, la clase de los nombres es una de las más amplias (Delbecque, 2008: 20). En ella ingresan todo tipo de innovaciones (neologismos y préstamos); además, admite las formas más largas. Las palabras de muy diversas categorías pueden recategorizarse como nombres.

Se denomina nominalización tanto al proceso en cuestión como a su resultado. Los principales mecanismos de formación de nominalizaciones son la conversión, la derivación y la composición. Las nominalizaciones se caracterizan por expresar aspecto y modo, por tener el potencial para tomar argumentos y por poder adscribirse a la voz activa o pasiva; por otra parte, en general llevan determinantes al igual que los nombres. Diversos estudios han señalado, desde un punto de vista lógico-semántico, que las nominalizaciones producen una transición de la proposición al concepto, que se denomina “reificación” (Porzig, 1930) o “abstracción sustantiva” (Iturrioz Leza, 1985).

Existen dos interpretaciones básicas de las nominalizaciones: la lectura eventiva y la resultativa. En los textos puede resultar difícil establecer límites definidos entre ambas lecturas, en parte debido al desconocimiento de la información semántica y sintáctica intraléxica de las nominalizaciones (que se debe, en muchos casos, a su lexicalización). La pérdida de explicitación de los datos argumentales en las nominalizaciones es aprovechada como un recurso de elisión en los textos.

La expresión nominal de los eventos da como resultado un participante manipulable por el discurso, pues produce un desanclaje temporal y espacial de los eventos, y facilita la incorporación de modificadores. En cuanto a la expresión de los adjetivos como sustantivos, este proceso aprovecha las posibilidades de la lengua de manipular como participantes del discurso las cualidades que poseen las entidades y las relaciones que estas establecen con lo externo a ellas.

El uso de nominalizaciones en los textos –sobre todo en los que pertenecen al registro técnico (por ejemplo, el discurso jurídico), a los discursos académico-científicos y al ámbito periodístico– cumple las siguientes funciones: (a) marcar el desconocimiento de datos argumentales, (b) omitir información con alguna intención ideológica, (c) lograr un efecto de objetividad y (d) actuar como catáfora o anáfora. Dentro de las funciones anafóricas de la nominalización se encuentran: (a) mantener un referente y, a la vez, reificarlo; (b) perfilar una instancia concreta del tipo de proceso y (c) resumir un fragmento anterior de considerable extensión, lo que se ha dado en llamar “anáfora resumitiva” (cuya función ha sido catalogada como economía lingüística o condensación). Es posible establecer una función más de la nominalización: la metalingüística (Gonzalez, 2015).

La relación entre los cambios lingüísticos y la metáfora y metonimia ha sido identificada por algunos autores (Bréal, 1900 [1897]; Penny, 2001; Halliday, 1994; Espinoza Elorza, 2009), pero no ha sido lo suficientemente fundamentada ni desarrollada in extenso. Aquí, se caracterizó esta vinculación como causal mediante la hipótesis de que la metáfora y la metonimia son factores primarios de recategorizaciones léxicas.

Este trabajo apuntó a revisar todos aquellos aspectos de las diversas teorizaciones sobre la metáfora y la metonimia, el cambio lingüístico, las clases de palabras y las recategorizaciones léxicas que permitieran afianzar dicha relación, con una referencia particular a la nominalización como punto de encuentro entre las nociones de cambio categorial y metáfora y metonimia. Esta investigación, además, se orientó a constatar la operatividad de esta relación y distinguir sus valores en corpus.

El análisis del corpus permitió arribar a algunas conclusiones. En primer lugar, se constató que las nominalizaciones son utilizadas muy frecuentemente en los textos de la prensa. En trabajos futuros, los hallazgos de este estudio se pueden complementar con indagaciones sobre textos académico-científicos y especializados, o acerca de otros tipos de discursos.

En segundo lugar, se comprobó la hipótesis de trabajo. En otras palabras, se corroboró que, efectivamente, hay una relación intrínseca entre la recategorización y la metáfora y la metonimia. En las recategorizaciones operan procesos conceptuales metafóricos y metonímicos. En otras palabras, en las nominalizaciones operan metáforas y metonimias. Como se anticipó, las primeras dan lugar a nominalizaciones deverbales y de infinitivo y las segundas, al resto de las nominalizaciones.

En tercer lugar, se observó que las nominalizaciones deadjetivales superaban a las deverbales, lo cual resultó sorpresivo porque pareciera que en todos los casos las deverbales priman sobre las demás clases de sustantivaciones. No se ignora que las nominalizaciones deverbales producidas a través del añadido de sufijos no entraron en consideración aquí. Estas disquisiciones han puesto de manifiesto una especialización del proceso de conversión en la formación de nominalizaciones del tipo deadjetival y, por lo tanto, han permitido inferir una especialización del proceso de la derivación en la nominalización deverbal.

Tradicionalmente, los estudios sobre las nominalizaciones se han centrado en las deverbales y, en consecuencia, en la reificación de eventos y en la especificación de los sufijos de formación de sustantivos deverbales. Este trabajo ha mostrado que los estudios actuales sobre el tema encontrarían un horizonte investigativo más amplio si su foco de interés se dirigiera hacia las nominalizaciones deadjetivales y atendiera a sus metonimias de base o, en otras palabras, a la reificación de propiedades y relaciones. En particular, la reificación de la relación ha cobrado relevancia en el corpus analizado en este trabajo.

Las nominalizaciones de participio constituyeron un porcentaje bastante significativo del total de casos, lo cual se relacionó con la existencia de un paralelo con las deadjetivales en la mente de los sujetos hablantes, pues siguen patrones sintácticos similares a los de estas y, de hecho, poseen igualmente metonimias de base. Casi la totalidad de las nominalizaciones de participio tuvo como operación conceptual de base la metonimia la relación por el ente. La única excepción fue el caso de malvivido. Su particularidad se explicó afirmando que la palabra posiblemente recibió una interferencia con malviviente y que se halla actualmente en proceso avanzado de gramaticalización.

Respecto de los infinitivos, sus usos nominales fueron significativamente menores que sus usos verbales. En los infinitivos nominales predominó la metáfora el estado es sustancia. Teniendo en cuenta esta especificación de las metáforas que proyectan los estados en sustancias para la clase de los infinitivos nominales, el resto del corpus puso de manifiesto una preponderancia de la metáfora la acción es sustancia. La metáfora menos frecuente fue el proceso es sustancia.

En lo que concierne a las metonimias, la metonimia la relación por el ente obtuvo una presencia abrumadora por sobre los otros dos grupos (metonimia la cualidad por el ente y metonimia el vocativo por el ente). Esto se corresponde con la reveladora mayoría de adjetivos relacionales sustantivados presentes en el corpus, en comparación con los calificativos, cuya cantidad fue menor. Además, este predominio responde al hecho de que se ubicaron otras clases de palabras como categorías de origen en este conjunto semántico metonímico: los participios, los adverbios y algunos pronombres.

Sintetizando los significados que la nominalización reificó, estos fueron los de ‘acción’, ‘estado’, ‘proceso’, ‘cualidad’, ‘relación’ y ‘vocativo’. El significado ‘vocativo’ no alcanzó representatividad en la muestra, pero puede tenerse en cuenta para estudios posteriores focalizados exclusivamente en este aspecto.

Todas estas consideraciones reforzaron la idea de que al cambiar palabras de otras categorías léxicas a la de los nombres se proyecta el dominio de las entidades concretas sobre el de otras más abstractas como los eventos, las propiedades y las relaciones. Este realineamiento gramatical permite manipular más fácilmente dicha realidad en el discurso como un participante más, al que se le pueden hacer nuevas atribuciones. En adición, se puede hacer que este participante forme parte de diversas acciones, estados o procesos, además de hacerlo ingresar con facilidad en nuevas relaciones.

Finalizando este trabajo, es oportuno volver sobre sus objetivos. Sus propósitos generales fueron los siguientes: (a) promover un abordaje holístico de los fenómenos lingüísticos que unifique los aportes de diversas disciplinas (gramática, semántica, pragmática, psicolingüística, filosofía del lenguaje, entre otras) y (b) contribuir al ámbito científico de los estudios sobre el cambio lingüístico con el desarrollo de una teoría de la metáfora y la metonimia como factores primarios de recategorización léxica.

En particular, se apuntó a lo siguiente: (a) caracterizar teóricamente la recategorización léxica como un tipo de cambio lingüístico, y la metáfora y la metonimia como los procesos conceptuales que lo originan, (b) demostrar la pertinencia de estos conceptos en el análisis de unidades léxicas extraídas de corpus que hayan sufrido un proceso de recategorización (en particular, de nominalización), (c) elaborar una metodología de análisis de este tipo de unidades en discurso que explicite los procesos conceptuales que las producen y (d) establecer una relación entre los dos procesos en cuestión, la recategorización léxica y la metáfora y metonimia.

Los resultados de la construcción teórica y el análisis de corpus han permitido dar respuesta a las preguntas de investigación planteadas, las cuales se pueden resumir en las siguientes: ¿qué relación existe entre la recategorización léxica y los procesos de la metáfora y la metonimia?, ¿son estos procesos los mecanismos que operan para dar lugar a estos intercambios categoriales?, ¿esto se verifica en la nominalización?, ¿hay una especificación de la metáfora en algunos tipos de nominalizaciones y de la metonimia en otros?

Las respuestas respectivas a las preguntas de investigación se pueden enunciar así: (a) existe una fuerte relación entre la recategorización de las palabras y los procesos conceptuales de la metáfora y la metonimia, (b) la metáfora y la metonimia son los mecanismos que operan para producir intercambios entre categorías léxicas, (c) lo cual fue confirmado por el análisis de un corpus de nominalizaciones léxicas, (d) las nominalizaciones deverbales y de infinitivo son producidas por metáforas y el resto (deadjetivales, de participio, de preposiciones, de pronombre, de interjección), por metonimias. Las metáforas operantes son la acción es sustancia, el proceso es sustancia y el estado es sustancia. Las metonimias que dan lugar a las nominalizaciones son la cualidad por el ente, la relación por el ente y el vocativo por el ente.

Por haber respondido a estas cuestiones, se puede aseverar que la tesis que se ha expuesto en este libro (Gonzalez, 2018) ha realizado un aporte valioso para los estudios de la interfaz semántica-gramática-pragmática y ha dado los primeros pasos hacia la construcción de una teoría de la base metafórico-metonímica de la recategorización. Como se ha indicado, esta teoría ha surgido del hecho de haber detectado la carencia de una teorización lingüística sistemática y completa que diera cuenta del fenómeno. Los especialistas en el tema apenas lo han señalado; algunos simplemente lo han dado por sentado sin probar su alcance por medio de una aplicación teórica a corpus textuales.

En esta indagación se insiste específicamente en el hecho de que el fenómeno gramatical de la nominalización responde a significados básicos metafóricos y metonímicos, lo cual constituye una prueba más de que el estudio de la gramática es esencialmente un estudio del significado y de las motivaciones del hablante, postulado ampliamente defendido por el enfoque cognitivo-funcional (Nuyts, 2004) y la Lingüística y Gramática Cognitivas (Langacker, 1987: 12; Geeraerts, 2006: 4).

Se estima que este estudio ha logrado avanzar sobre un horizonte de investigación no suficientemente explorado y que ha trazado un sendero que puede continuarse con augurios de hallazgos valiosos para el campo de la investigación en lingüística en general y en el de la gramática en particular; e incluso para la actividad práctica de los docentes y otros profesionales de la palabra.

Se considera que se ha logrado un abordaje holístico e interdisciplinar de los usos lingüísticos relacionados con los cambios gramaticales. Además, se pudo elaborar una metodología de análisis de este tipo de unidades en discurso que explicita los procesos conceptuales que las producen, lo cual se concretó en el análisis de una muestra de unidades léxicas nominalizadas extraídas de corpus.

Estudios posteriores pueden centrarse en establecer con mayor precisión cuáles son los cambios categoriales basados en metáforas fosilizadas y cuáles en metáforas vivas. Por otra parte, este análisis se puede extender a otros tipos de cambios de clases léxicas (v. gr., adjetivaciones, adverbializaciones, “verbalizaciones”) e incluso salir del nivel léxico para indagar en el nivel proposicional. También podría resultar interesante que se replicara en lenguas diferentes del español con fines comparatistas.

En fin, abundando en metáforas, se puede aseverar que en esta investigación se ha recorrido un camino enriquecedor, a lo largo del cual se han ido recogiendo variados aportes teóricos, que se han sistematizado con una mirada original y crítica, y se han situado como punto de partida para emprender nuevos trayectos o continuar transitando por la misma senda.


  1. No se hace referencia con este concepto a lo que Beardsley (1962) denomina metaphorical twist. Con esa expresión, el autor describe la estructura de significado de la metáfora en sí misma. Su explicación comprende el fenómeno como oposición lógica entre un significado central-denotativo y los periféricos o connotativos potenciales para una palabra, más la resolución de esta oposición. Aquí, con el término “giro metafórico” se realiza un paralelo con la expresión “giro lingüístico”, explicada al comienzo del capítulo dos.


Deja un comentario