Otras publicaciones:

12-3048t

9789871867745_frontcover

Otras publicaciones:

9789877230741-frontcover

12-2210t

Introducción

Solo hay mundo donde hay lenguaje (Heidegger).

El lenguaje y las lenguas han sido estudiados desde antiguo; sin embargo, a lo largo de la historia han surgido muy diversas visiones sobre ellos y, en la actualidad, coexisten variados enfoques en el estudio de los fenómenos lingüísticos. No todas estas perspectivas son inconmensurables, sino que varias de ellas pueden ponerse en contacto con el fin de optimizar las indagaciones lingüísticas que se realicen. En otras palabras, la inspección de los hechos de la lengua se optimiza si se realiza complementando diversos ángulos y disciplinas.

Este libro se basa en la tesis doctoral de su autora, presentada en el año 2018 y defendida en 2019 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, que fue aprobada en la defensa oral y pública con la nota sobresaliente (Gonzalez, 2018). En la tesis, se parte del principio de que existe una retroalimentación entre lengua y habla, así como una fuerte interrelación entre los diversos estratos lingüísticos (Geeraerts, 2006). En efecto, son abundantes los casos en los que el estudio de un aspecto específico de la lengua demanda tener en cuenta la interfaz entre los diversos niveles lingüísticos; por otra parte, siempre exige la atención al aspecto pragmático (Gallegos Shibya, 2014: 118).

Por otro lado, el análisis de las características de la lengua no puede ir separado de la consideración de los procesos cognitivos de los hablantes. Es necesario conocer qué significados o conceptualizaciones manifiestan estos a través de sus diversos usos del lenguaje para ampliar el conocimiento que se posee sobre el modo de funcionar de la mente humana.

Esta investigación aborda el fenómeno gramatical de la nominalización como una instancia que permite reconstruir la relación intrínseca que existe entre dos nociones importantes en el pensamiento y, en particular, en el lenguaje, que no se han tratado en comunicación estrecha en la literatura especializada: la recategorización léxica, por un lado, y la metáfora y metonimia, por otro.

Se considera que la inspección de esta relación y su caracterización sitúan esta investigación como apropiada y significativa dentro de los estudios lingüísticos. En efecto, la metáfora se ha constituido esencialmente como un tópico de la filosofía del lenguaje, la retórica y la semántica cognitiva, pero no como un factor crucial en la generación de cambios gramaticales. Como podrá apreciarse en la exposición de los antecedentes sobre el tema del cambio lingüístico, la metáfora ha sido considerada como una más de las motivaciones del cambio lingüístico junto a la búsqueda de economía, las necesidades de procesamiento, la frecuencia de uso y los factores pragmáticos. El único autor que la ha señalado su prominencia sobre los demás cambios es Bréal (1900 [1897]).

La metáfora es un tema que ha sido estudiado como recurso retórico y cuya consideración lingüística como mecanismo cognitivo ha surgido con fuerza a partir de los años ochenta. El abordaje de este fenómeno se ha centrado en su potencial semántico a nivel discursivo; no se ha insistido (si bien Halliday lo advirtió) en su injerencia en los cambios gramaticales.

Por su parte, la nominalización, que ha sido analizada principalmente desde la gramática y la semántica de rasgos, presenta un enorme potencial en lo que concierne a sus bases conceptuales, que puede desarrollarse mediante sucesivos estudios de interfaz gramática-semántica cognitiva. Las investigaciones sobre este asunto se han centrado en las nominalizaciones deverbales por ser las más prototípicas y se han enfocado en el detalle de los significados particulares que manifiestan los diferentes sufijos de formación de nombres deverbales. De los procesos conceptuales que dan lugar a las nominalizaciones, el que se ha detectado con claridad es el de la reificación, sin caracterizar en profundidad su base metafórica, sino más bien desde una base lógica, y sin ahondar en los tipos de reificaciones posibles. En lo que se refiere a la base metonímica de determinadas clases de nominalizaciones, no se han hallado antecedentes importantes.

En cuanto a la conjunción que se ha llevado a cabo en este trabajo entre metáfora-metonimia y recategorización, solo ha sido señalada de modo escueto por diversos autores (Lakoff y Johnson, 1980; Lakoff, 1987; Halliday; 1994, Fernández Colomer, 2003; Hopper y Thompson, 2008; Cinto, 2009), pero no ha sido puesta en su real valor y, en consecuencia, no ha recibido el desarrollo exhaustivo que merece.

Prestando atención a los aspectos menos explorados de esta laguna de investigación, con este trabajo se pretende dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿qué relación existe entre la recategorización de las palabras y los procesos conceptuales de la metáfora y la metonimia?, ¿son estos procesos conceptuales los mecanismos que operan para dar lugar a estos intercambios categoriales?, ¿cuál(es) son los procesos cognitivos que realizan los hablantes de lengua española para recategorizar palabras de diversas clases (verbos, infinitivos, adjetivos, participios, entre otras) como sustantivos? Dicho de otro modo: ¿cuál es el origen o cuáles son las motivaciones de los procesos de nominalización en español? Finalmente, ¿qué restricciones o particularidades manifiestan en el uso esos procesos?, ¿hay una especialización de la metáfora en algunos tipos de nominalizaciones y de la metonimia en otros?

La hipótesis que guía la indagación es que ciertas operaciones conceptuales de tipo metafórico y metonímico producen intercambios categoriales. Por lo tanto, estos mecanismos son los que darían origen a las nominalizaciones. En particular, se parte del supuesto de que en las nominalizaciones deverbales y de infinitivo operan metáforas reificadoras y en el resto, metonimias referentes a la cualidad y a la relación.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, este estudio busca promover un abordaje holístico de los hechos lingüísticos, que unifique aportes de diversas disciplinas: gramática, semántica, pragmática, psicolingüística, filosofía del lenguaje, entre otras[1]. Además, busca contribuir al ámbito científico de los estudios diacrónicos y sincrónicos sobre los cambios léxico-semánticos, con el desarrollo de una teoría de la metáfora y la metonimia como factores primarios de recategorización léxica.

En cuanto a los objetivos particulares de esta investigación, se apunta a los siguientes fines: (a) caracterizar teóricamente la recategorización léxica como un tipo de cambio lingüístico, y la metáfora y la metonimia como los procesos conceptuales que lo originan, (b) demostrar la pertinencia de estos conceptos en el análisis de unidades léxicas extraídas de corpus que hayan sufrido un proceso de nominalización, (c) elaborar una metodología de análisis de este tipo de unidades en discurso que explicite los procesos conceptuales que las producen y (d) establecer una relación entre los dos procesos en cuestión, la recategorización léxica y la metáfora y metonimia.

Los capítulos de teoría de este libro (1 al 4) responden al objetivo de caracterizar teóricamente la recategorización léxica y las operaciones conceptuales de la metáfora y la metonimia, y al de establecer una relación entre los dos procesos en cuestión. No constituyen un mero repaso de antecedentes, sino que responden a la meta de vincular diversas tramas interpretativas en orden a producir como resultado una síntesis teórica original.

El capítulo 5, destinado a detallar la metodología de la investigación, el análisis de corpus y sus resultados, cumple con el objetivo de demostrar la pertinencia de estos conceptos en el análisis de unidades léxicas extraídas de corpus que hayan sufrido un proceso de nominalización, y con el propósito de elaborar una metodología de análisis de este tipo de unidades en discurso que explicite los procesos conceptuales que las producen. Por supuesto, también apunta a establecer una relación entre los dos procesos en cuestión (recategorización léxica y metáfora-metonimia).

Como se indicó previamente, este texto se basa en una tesis doctoral (Gonzalez, 2018). La tesis es es el resultado de una indagación teórica y aplicada. La indagación es teórica porque se ha basado en la interpretación y sistematización de diversos materiales bibliográficos focalizados en una temática determinada y porque presenta un modelo teórico explicativo del problema de investigación. El trabajo posee también un carácter aplicado porque interrelaciona los constructos teóricos de la metáfora y la metonimia con el concepto de nominalización para desentrañar o reconstruir el proceso de formación de nominalizaciones y elaborar una metodología de análisis de las nominalizaciones en discurso que explicite sus operaciones conceptuales de base.

Debido a que la intención de esta investigación es comprobar que efectivamente los fenómenos de la recategorización y la metáfora-metonimia están fuertemente relacionados, se lleva a cabo el análisis de un corpus de textos. El corpus está compuesto por 80 textos periodísticos (cartas del lector, columnas de opinión y editoriales), extraídos de los siguientes diarios online de la prensa argentina: UNO, Los Andes, La Nación, Clarín y MDZ. El análisis se basa en la identificación de nominalizaciones en el corpus y en la explicación, sustentada a través de los mecanismos cognitivos de la metáfora y la metonimia, del cambio categorial sufrido por ellas.

El tipo de diseño de esta investigación es no experimental porque se observan los fenómenos tal y como se producen en su contexto natural. Por otra parte, esta investigación pretende establecer una relación causal entre dos variables (metáfora-metonimia y cambio categorial), por lo cual tiene un alcance “correlacional/causal” (Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio, 2006: 98; Tamola, Sacerdote y Zani, 2011: 129).

Por otro lado, este estudio es tanto cuantitativo como cualitativo, esto es, “mixto” (Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio, 2006: 33, 40), debido a que toma en cuenta tanto categorías teóricas surgidas de la reflexión lingüística como datos cuantitativos extraídos de emisiones reales. Se trata de una investigación cualitativa porque se fundamenta en un proceso inductivo basado en explorar y describir la formación de determinadas nominalizaciones para luego generar una perspectiva teórica coherente con el problema examinado. Es cuantitativa porque mide con precisión determinadas variables en una muestra representativa, con el fin de describir, explicar y predecir fenómenos.

En resumen, la indagación cualitativa se complementa con datos de índole cuantitativa, como el conteo de ocurrencias, el cálculo del porcentaje de metáforas, metonimias y nominalizaciones presentes en el corpus. El método de trabajo utilizado en el análisis del corpus ha consistido en describir y explicar los cambios categoriales hallados en las unidades extraídas de él, empleando categorías conceptuales de la Gramática y Semántica Cognitivas y del análisis del discurso.

Esta investigación utiliza un “enfoque cognitivo-funcional” (Nuyts, 2004)[2]. El análisis de cualquier uso lingüístico desde lo que Nuyts (2004) ha llamado enfoque pragmático-cognitivo o cognitivo-funcional postula que las estructuras lingüísticas están motivadas por el conocimiento conceptual, la experiencia corporal y las funciones comunicativas de los discursos (Gibbs, 1996: 27). Esta perspectiva de estudio de los fenómenos lingüísticos, más conocida como Lingüística Cognitiva[3], busca examinar los contenidos específicos –y no solo la arquitectura– de la cognición humana (Gibbs, 1996: 29). En efecto, se asienta sobre la convicción de que debe prestarse atención tanto a la dimensión funcional del lenguaje como a la cognitiva “simultáneamente y de un modo integrado” (Nuyts, 2004: 135), ya que, si bien se relacionan con aspectos diferentes, ambas dimensiones son inherentes a la lengua, son como dos caras de una misma moneda.

En la actualidad, esta mirada de los hechos de la lengua constituye un enfoque asentado de los fenómenos lingüísticos con un amplio desarrollo, que “recontextualiza” el lenguaje (Geeraerts, 2006: 25-27). Desde este punto de vista, toda emisión refleja una particular conceptualización de la experiencia entre muchas otras posibles, que se manifiesta en diversos aspectos, desde la elección de las desinencias flexivas hasta la estructura de la oración[4]. Partiendo de estos postulados teóricos, busca dar respuesta a las preguntas sobre cuál es la relación que existe entre lenguaje, pensamiento y experiencia y qué restricciones tiene esa relación[5].

Para la Lingüística Cognitiva, los cambios en la lengua tienen una motivación semántico-pragmática determinada, que lleva a comunicar las ideas a través de diversas configuraciones lingüísticas. En otras palabras, las distintas maneras de formar los enunciados responden a diferentes funciones comunicacionales. Desde esta postura funcionalista, la Lingüística Cognitiva considera que “los hechos de la gramática tienen en su origen una motivación funcional, pero después se extienden, generalizan, rutinizan y pueden incluso llegar a perder su función originaria. Se hacen, en definitiva, convencionales” (Elvira, 2009a: 73). El resultado de estos procesos pueden ser nuevas piezas léxicas o nuevas estructuras gramaticales. De allí que “una gramática suele ser definida como la rutinización, la cristalización del uso” (Company Company, 2003: 16).

Por lo antedicho, en este trabajo se aborda la nominalización como un fenómeno gramatical que se produce por ciertas condiciones pragmáticas, con base en la noción de construcción (Goldberg, 1995, 2006), pues las restricciones semánticas y gramaticales implicadas en el fenómeno lingüístico de la nominalización se asocian de un modo más feliz con la construcción como un todo que con un lexema nominalizado en particular[6]. En este sentido, la gramática y la semántica deben ser gramática y semántica de la construcción y deben basarse en construcciones reales de corpus en uso, pues estas constituyen instanciaciones de las restricciones mencionadas[7].

Entre los hallazgos de esta investigación se encuentra la confirmación de la hipótesis de trabajo. En otras palabras, se comprobó que determinadas operaciones conceptuales de tipo metafórico y metonímico producen nominalizaciones. Otro resultado es que las nominalizaciones deadjetivales en el corpus superan a las deverbales en porcentajes de aparición. Esto es atribuido al recorte del estudio, que consistió en analizar solo nominalizaciones producidas por conversión o sustitución de vocal temática, y permite inferir una especialización del proceso de conversión en la formación de nominalizaciones del tipo deadjetival y, por lo tanto, una especialización del proceso de la derivación en la nominalización deverbal.

Los resultados también muestran que, además de su función de reificación de eventos, la nominalización tiene un enorme potencial reificador de propiedades y relaciones. La presentación de estos hallazgos permite afirmar que se ha logrado extender, de modo exitoso, algunos planteos del enfoque cognitivo-funcional de los usos lingüísticos y que se han dado los primeros pasos hacia una “teoría de la base metafórico-metonímica de la recategorización léxica”.

A continuación, se detalla la estructura del libro –que sigue la de la tesis en la que se basa (Gonzalez, 2018). El texto ha sido dividido en dos partes. En la primera parte, se lleva a cabo un acercamiento genérico al tema de investigación. Se describen los mecanismos del cambio lingüístico (capítulo uno) y se priorizan la metáfora y la metonimia como los principales procesos conceptuales que lo originan (capítulo dos). El tema de la metáfora y la metonimia se aborda a través de la revisión de las principales visiones que se han sucedido históricamente sobre estos procesos. Se pone el foco en la noción de metáfora y metonimia como operaciones conceptuales que se vinculan estrechamente y, en ocasiones, se combinan.

La segunda parte se dirige al ámbito específico al que se ciñe esta investigación: la nominalización. Para ingresar al tema se revisan las clases de palabras diferenciadas según un criterio funcional (sintáctico) y uno semántico (capítulo tres). A continuación, se indica el marco conceptual en el que se inserta el tipo específico de cambio categorial que se estudia aquí; este marco está constituido por las categorizaciones y recategorizaciones léxicas (capítulo cuatro).

En el tramo final del capítulo cuatro se trata la nominalización como un punto de encuentro entre la metáfora, la metonimia y la recategorización. Se define la nominalización y se la caracteriza. Además, se distingue entre nominalización funcional y nominalización léxica, se desarrolla la estructura del sintagma nominal (SN) y sus principales significados según las fuentes consultadas (‘evento’ y ‘resultado’)[8]. Por último, se analiza la nominalización como recurso de cohesión textual. En relación con este último punto, se tratan los conceptos de metáfora conceptual y metáfora gramatical, que resaltan la preponderancia de la metáfora y la metonimia como las principales causas de las nominalizaciones.

El quinto capítulo demuestra la pertinencia de los conceptos desarrollados teóricamente a través del análisis de datos. En esta sección se establecen las bases metodológicas de la investigación, se desarrolla el análisis del corpus y se exponen y discuten los resultados de la investigación. En el análisis se distinguen y relacionan entre sí las variables de la investigación (recategorización léxica y metáfora-metonimia), se determinan las unidades de análisis (nominalizaciones léxicas), se identifican y tipifican los procesos conceptuales (las diversas clases de metáforas y metonimias) y se cuantifican los resultados del análisis.

Por último, se realiza el cierre del libro con una conclusión que repasa el camino recorrido, reúne los aspectos más importantes de la investigación y destaca sus hallazgos más novedosos. También se indica qué aspectos o resultados son susceptibles de ser investigados en mayor profundidad o desde enfoques no considerados aquí. Adicionalmente, se proponen algunos ámbitos de aplicación práctica o implementación de lo investigado. Finalmente, se indican las referencias de las fuentes consultadas y se presenta un anexo, que contiene los casos estudiados en el corpus.

Antes de dar inicio a la revisión de los antecedentes sobre el tema de estudio de la investigación y, paralelamente, a la conformación de su marco teórico, se harán algunas consideraciones sobre las categorías metodológicas de antecedente y marco teórico, en vistas a explicar por qué ambas categorías se textualizan en paralelo[9].

El denominado “marco teórico o de referencia de una tesis”, como indican Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio (2006: 64), conforma el sustento teórico de cualquier exploración científica. Consiste en “exponer y analizar las teorías, las conceptualizaciones, las perspectivas teóricas, las investigaciones y los antecedentes en general, que se consideren válidos para el correcto encuadre del estudio (Rojas, 2002)”. En este sentido, dichos autores afirman lo siguiente:

El marco teórico proporciona una visión de donde se sitúa el planteamiento propuesto dentro del campo de conocimiento en el cual nos “moveremos”. En términos de Mertens (2005), nos señala cómo encaja la investigación en el panorama (big picture) de lo que se conoce sobre un tema o tópico estudiado (Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio, 2006: 64).

En efecto, el marco teórico es denominado por algunos estudiosos “revisión de la literatura”, pues incluye el “compendio escrito de artículos, libros y otros documentos que describen el estado pasado y actual del conocimiento sobre el problema de estudio. Nos ayuda a documentar cómo nuestra investigación agrega valor a la literatura existente” (Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio, 2006: 64).

Con base en los planteos precedentes, se decidió que las teorizaciones que sustentan la investigación se fueran abordando a lo largo de la revisión de los antecedentes sobre las temáticas que involucra: el cambio lingüístico, la metáfora y la metonimia, las clases de palabras, su categorización y recategorización y, dentro de este proceso, la nominalización. Se vio la necesidad de construir el estado de la cuestión y el marco teórico a la par porque para poder desarrollar este último es necesario conocer qué investigaciones previas se han efectuado sobre cada una de las temáticas en cuestión, analizar cómo se han desarrollado dichas indagaciones, valorarlas y extraer los aspectos que sean relevantes para este trabajo.

Para que, al llegar el momento, sean identificadas claramente, se detallarán a continuación, brevemente, las principales teorías, conceptos, ideas y consideraciones previas que enmarcan este estudio o, en otras palabras, que permiten responder a sus interrogantes de forma exhaustiva y adecuada.

En primer lugar, se examina el tema del cambio lingüístico a partir de elementos de la teoría de la gramaticalización y lexicalización (Bréal, 1900 [1897], Company Company, 2003; Traugott y Dasher, 2002; Elvira, 2009a, 2009b). Dentro de esta teoría, se destaca la consideración del cambio lingüístico como un hecho motivado, funcional, que responde inicialmente a estrategias discursivas con una clara motivación pragmática (Company Company, 2003; Traugott y Dasher, 2002). Además, es de importancia el uso de la teoría de los prototipos para explicar el cambio lingüístico (Company Company, 2003) y las nociones de gramaticalización y lexicalización como procesos de fijación diacrónica de formas que constituían variaciones sincrónicas (Elvira, 2009). Por último, una teorización sobre el cambio lingüístico muy apropiada para este estudio es la que ubica la metáfora y la metonimia como mecanismos que operan para dar lugar a los cambios (Bréal, 1900 [1987]; Penny, 2001).

En segundo lugar, respecto del tema de la metáfora y la metonimia, se siguen principalmente dos teorías, que se consideran combinables: la de la metáfora conceptual (Lakoff y Johnson, 1980) y la de la metáfora gramatical (Halliday, 1994). En cuanto a la primera, conforma la primera sistematización completa que permite observar la metáfora y la metonimia de un modo novedoso, pues las comprende como mecanismos conceptuales, amplía su alcance desde las palabras hasta las emisiones completas, las sitúa en el ámbito del habla cotidiana y bucea en sus diversos tipos y en su funcionamiento (sistematicidad, niveles metafóricos, característica de revelar a la vez que ocultar).

Otro aspecto digno de destacar de esta teoría es que se incluye en la Lingüística Cognitiva, que constituye el marco teórico-metodológico general de todo este trabajo. Esta perspectiva de acercamiento a los fenómenos lingüísticos ya ha sido presentada arriba. Solo se hará una enumeración sintética de sus principales postulados en orden a completar el panorama teórico.

Desde esta plataforma cognitivo-funcional, se entiende que hay maneras particulares de estructurar los significados. La estructuración del contenido depende de la perspectiva del sujeto hablante, es dinámica (cambia) y es enciclopédica y experiencial (no autónoma)[10]. Otros postulados de la Lingüística Cognitiva son: (a) gramática y léxico constituyen un continuum[11]; (b) el modelo de gramática no debe ser prescriptivo, sino basado en el uso, en corpus reales; (c) las categorías conceptuales no se definen por propiedades necesarias y suficientes, sino por prototipos[12]; (d) la metáfora es un proceso conceptual utilizado en el habla de todos los días y no se restringe a un ítem léxico (i. e., puede ser expresada por construcciones y sintagmas completos).

La teoría de Halliday (1994) sobre la metáfora resulta relevante para este estudio porque apunta a explicar un uso gramatical como el de la nominalización a través de procesos metafóricos. Establece que la “metáfora gramatical” con función ideacional implica un remapeo entre elementos, secuencias y figuras en la gramática. La metáfora gramatical es la que expresa procesos y cualidades como si fueran entidades.

Varias otras construcciones teóricas han aportado ideas a la sistematización de Lakoff y Johnson (1980) y a la de Halliday (1994), que son de utilidad para este trabajo. En este apartado, se las menciona brevemente, si bien se desarrollarán luego. En primer lugar, se encuentran las ideas de Aristóteles sobre la metáfora como recurso de uso cotidiano y su comprensión amplia, que incluye en este recurso otros como la metonimia y la analogía. En segundo lugar, de la visión retórica de la metáfora y la metonimia se rescata su apreciación como recursos argumentativos y de gran expresividad estética. En tercer lugar, se aprovecha la mirada de la metáfora como interacción, tensión y proyección entre los elementos que involucra (Richards, 1936; Black, 1954-1955, 1962; Ricoeur, 1980 [1975]; modelos psicolingüísticos).

De los modelos psicolingüísticos de la metáfora, el más revelador para este estudio es el de inclusión de clases (Glucksberg y Keysar, 1990; Glucksberg McGlone y Keysar, 1992; Thomas y Mareschal, 2001), en particular, la idea de que la metáfora y la categorización operan en conjunto. De los modelos pragmáticos, la idea más fértil para esta investigación es el hecho de que las metáforas, como todo acto de habla, implican la consideración del contexto y permiten realizar implicaturas particulares. Por último, la teoría del blending (Fauconnier y Turner, 1998, 2002) vuelve su mirada a la diversidad de procesos que involucra la proyección metafórica, su complejidad interna y sus usos, entre los cuales se encuentra la categorización.

La perspectiva teórica desde la cual se indagó la temática de las clases de palabras es la teoría de los prototipos (Rosch y Mervis, 1975; Rosch et al., 1976; Rosch, 1978). Uno de los aspectos teóricos básicos que sustentan el abordaje de las similitudes y diferencias de las categorías léxicas es el alegato de diversos autores de que, si bien la palabra no es una unidad claramente definible, su existencia es experiencialmente patente en el español y es posible establecer algunos criterios para delimitarla (Barrenechea, 1963; González Calvo, 1982; Kovacci, 1990; Almela Pérez, 2003).

Por otra parte, en cuanto a la etiqueta “categorías léxicas” o “clases de palabras”, se toma la notación de autores como Albano y Giammateo (2006) y Rodríguez Espiñeira (2008: 12). Para desplegar las características de estas unidades lingüísticas, se hace referencia a algunos desarrollos de estas autoras, además de los de Bosque (2015). Para clasificarlas, no se sigue un criterio único, sino que se combinan varios. Las clases con las que se opera en este trabajo resultan del entrecruzamiento de estos distintos criterios y de algunas investigaciones gramaticales (entre ellas, las de Barrenechea, 1969; Kovacci, 1990; Albano y Rodríguez Espiñeira, 2004, 2008: 12; Giammateo, 2006; Bosque, 2015).

Para la discusión sobre el tema de la categorización y recategorización de las palabras, como se indicó al introducir las clases de palabras, se siguen la teoría de los prototipos (Rosch y Mervis, 1975; Rosch et al., 1976; Rosch, 1978; Geeraerts, 1996; Company Company, 2003) y diversas indagaciones sobre el asunto llevadas a cabo por lingüistas de la corriente cognitivo-funcional (Langacker, 1987; Lakoff, 1987).

En cuanto al proceso de la recategorización, se lo refiere con ese nombre siguiendo el criterio de Rodríguez Espiñeira (2008). Dentro de este mecanismo, se ubica la nominalización, sobre la cual se profundiza a través de la revisión de los estudios gramaticales de diversos autores, entre ellos, Alcina y Blecua (1975), Francis (1986), Hallebeek (1987-1988), Downing (1991), Iturrioz Leza (1985, 2000-2001), Picallo (1999), Gallegos Shibya (2003), Hopper y Thompson (2008 [1984]), Palazón (2008), Cinto (2009), Cuñarro (2011), Peris Morant (2012), López Samaniego (2013) y Bosque (2015). En el examen de estos contenidos se rescatan los aspectos que son compatibles con un enfoque cognitivo-funcional.

Por su parte, la nominalización es concebida como punto de encuentro entre las dos variables que se manejan en este trabajo: la metáfora y la metonimia, por un lado, y la recategorización, por otro. Este punto en particular se enfatiza a lo largo del escrito y se justifica desde las afirmaciones de diversos autores (Lakoff y Johnson, 1980; Lakoff, 1987; Shen, 1992; Halliday, 1994; Fernández Colomer, 2003; Hopper y Thompson, 2008; Cinto, 2009).

Los antecedentes sobre las temáticas especificadas, las opciones teóricas para su tratamiento y la construcción conceptual que sobre ellos se lleva a cabo se despliegan a continuación. En el próximo capítulo, se revisará, en particular, el cambio lingüístico.


  1. En la misma línea, Müller (2009: 7) propone “promover un abordaje de la gramática que parta del significado y del contexto funcional, cognitivo y comunicativo”; y analizar los fenómenos gramaticales con “una mirada intra e interdisciplinaria que tenga en cuenta la relación de la gramática con la semántica cognitiva, la pragmática, el análisis del discurso y los estudios sobre las bases neurológicas del lenguaje”.
  2. Algunos otros referentes de este enfoque de los fenómenos lingüísticos son Borzi (2017), Cuenca y Hilferty (1999), Croft y Cruse (2008), Dirven y Verspoor (2004), Fauconnier (1994), Fauconnier y Turner (1998, 2002), Fillmore (2006 [1982]), Geeraerts (2006, 2010), Geeraerts y Cuyckens (2007), Gentner (1983), Gibbs (1992), Goldberg (1995, 2006), Ibarretxe-Antuñano (2013), Lakoff (1987), y Taylor (1995), Langacker (2008, 2009) y Müller, Miñones y Barbeito (2012).
  3. Obsérvese que se habla de Lingüística Cognitiva, con mayúsculas. Esta distinción responde a la realizada por Geeraerts (2006: 3). El uso de las mayúsculas señala un enfoque de estudio de la lengua que incluye varias teorías lingüísticas como la de los prototipos y la de los marcos semánticos, reunidas bajo una perspectiva común y que nació en la segunda mitad del siglo veinte. En el segundo caso, se hace una alusión más genérica a cualquier estudio de la lengua como un fenómeno mental. Dentro de este segundo grupo, estaría ubicada, por ejemplo, la gramática generativa. Hay un término más genérico que estos: ciencias cognitivas, que hace referencia a un nuevo programa de investigación nacido en la segunda mitad del siglo veinte, que integra la psicología, las neurociencias, la lingüística, la inteligencia artificial y la filosofía (Escudero, 2012a: 174; 2012b: 293).
  4. Desde la Lingüística Cognitiva, resulta más apropiado hablar de “conceptualización” que de “conceptos”, pues esta última denominación transmite una idea de estaticidad. La conceptualización implica que el significado no es algo ya establecido y fijo en la mente, sino que se va completando con percepciones, esquematizaciones e interacciones sociales (Langacker, 2008: 30).
  5. Croft y Cruse (2008: 105), por ejemplo, afirman: “La conceptualización constituye un aspecto principal del lenguaje y de su relación con el pensamiento; sin embargo, se encuentra restringida tanto por la convención como por la propia experiencia” (Croft y Cruse, 2008: 105).
  6. Traugott y Dasher (2002: 11) apoyan esta idea de que la mayoría de los cambios semánticos se originan en y son motivados por el hilo asociativo del discurso: “We see semantic change (change in code) as arising out of the pragmatic uses to which speakers or writers and addressees or readers put language, and most especially out of the preferred strategies that speakers/writers use in communicating with addressees […]. ‘Regularity’ is to be understood as typical change, or frequent replication across time and across languages”.
  7. Del mismo modo en que Geeraerts diferencia la lingüística cognitiva de la Lingüística Cognitiva, y considera esta última como un archipiélago, hace la siguiente distinción: “since there are various forms of construction grammar, Construction Grammar is a family of theories rather than a single well-defined approach” (Geeraerts, 2006: 15).
  8. Estas significaciones serán enfocadas de un modo particular en el análisis del corpus dado que este se retrotrae al proceso metafórico o metonímico que da origen a las nominalizaciones en su dinamismo originante. Esta aproximación va a dar como resultado la distinción de los significados de reificación de ‘acción’, ‘estado’, ‘proceso’, ‘cualidad’ y ‘relación’ para las nominalizaciones.
  9. Esto se ha hecho así para respetar, en la medida de lo posible, el hilo histórico de la aparición de las diversas teorías, conceptos o ideas sobre los temas de este estudio. De todos modos, no será difícil distinguir los fragmentos que tratan acerca del estado de la cuestión de los que destacan las nociones que conforman el marco teórico. Se los irá señalando visiblemente en cada caso.
  10. Para más detalles, cfr. Geeraerts (2006: 4-8).
  11. En palabras de Langacker (2008: 22): “Where does lexicon stop and grammar begin? The point, of course, is that there is no particular place. But this is not to say that no distinction can be drawn. The key parameter is specificity. To the extent that symbolic assemblies are specific, they would tend to be regarded as lexical, both traditionally and in CG. To the extent that they are schematic, they would generally be considered grammatical. Thus lexicon can be characterized as residing in fairly specific symbolic assemblies, and grammar in more schematic ones. Toward the two extremes are clear cases unequivocably identifiable as lexical or grammatical (e.g. dog vs. a pattern for forming relative clauses). In between lie many structures…”.
  12. Este tema se desarrolla ampliamente en el apartado 1.2.1.


Deja un comentario