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Capítulo 1: el cambio lingüístico

1.1. Introducción

En este capítulo, se desarrolla el tema del cambio lingüístico, pues este estudio busca estimar el peso que poseen la metáfora y la metonimia como causas de un cambio en particular: la nominalización. En ese sentido, es esencial conocer qué han sostenido los estudiosos del tema sobre el modo en que se producen y cuáles son los factores que influyen en los cambios lingüísticos. Es importante, además, establecer cómo se concibe el fenómeno desde la Lingüística Cognitiva.

En primer lugar, se definirá el cambio lingüístico y se enumerarán sus principales motivaciones. En segundo lugar, se explicará cómo se producen los cambios en la lengua, i. e., los principales mecanismos que subyacen al cambio semántico y gramatical: la extensión a partir de prototipos, la gramaticalización y la lexicalización. La metáfora y metonimia, por ser los principales mecanismos de cambios en la lengua –y los que interesan en este trabajo– solo serán enunciadas, pues exigen una explicación in extenso, que se llevará a cabo en el capítulo dos. Por último, se hará una síntesis de los aspectos abordados.

1.2. El cambio lingüístico y sus motivaciones

Company Company (2003: 13) señala que la esencia de las lenguas es su dinamismo, pues cambian constantemente y, en muchos casos, de manera gradual e imperceptible. Agrega: “De ahí que preguntarnos qué es un cambio lingüístico y cómo y por qué cambian las lenguas son planteamientos fundamentales en el estudio y conocimiento de cualquier lengua”. Además, señala que estas preguntas son transversales a las diversas disciplinas lingüísticas y que se vienen formulando desde hace poco más de un siglo, y de manera insistente en los últimos años.

El cambio lingüístico consiste en “una transformación, un microquiebre funcional, un reajuste en un sistema dado que garantiza que la lengua siga manteniendo su función básica comunicativa” (Company Company, 2003: 21). Se puede producir en diversos niveles: fonológico, semántico, gramatical, léxico. En el ámbito de la gramática, los cambios comportan siempre variaciones semánticas (Company Company, 2003: 13).

El fenómeno del cambio lingüístico puede ser estudiado diacrónica y sincrónicamente. Para que se produzcan los cambios diacrónicos en la lengua es imprescindible que exista sincrónicamente la posibilidad de elección entre dos o más formas (según la motivación del hablante, el registro que utiliza, el área geográfica donde se encuentra, su edad, etc.). Company Company (2003: 14) explica la interacción entre la variación sincrónica y el cambio diacrónico:

El cambio puede residir bien en que una de las estructuras o formas contendientes se generalice y la otra reduzca o pierda su aplicabilidad, bien en que las dos formas modifiquen su distribución hacia ámbitos muy distintos, o bien, mucho más raro, en que las dos estructuras se pierdan. La frecuencia relativa de uso de una de las formas vs. la otra es el síntoma de cómo se está moviendo el sistema lingüístico.

En el caso del tema principal de este trabajo, la nominalización, se trata de un cambio que opera en los dos ámbitos: el de la sincronía y el de la diacronía. Por un lado, se encuentran las “nominalizaciones funcionales o de habla” (Hallebeek, 1987-1988: 30), que consisten en el uso de palabras de otras clases como sustantivos, de manera ocasional; se trata de un cambio o variación lingüística sincrónica. Cuando unidades léxicas que originalmente pertenecían a otra categoría, pero empezaron a utilizarse como sustantivos, se lexicalizan y pasan a ostentar las propiedades típicas de los sustantivos, se trata de una “nominalización de lengua” y se está ante un cambio lingüístico diacrónico. La distinción entre nominalización sincrónica y diacrónica se retomará en la sección 4.4.1.

Como señala Elvira (2009a: 67-71), el tema del cambio lingüístico puede ser abordado desde dos posturas: se lo puede considerar como aleatorio o como un hecho motivado, i. e., orientado hacia cierta dirección. La segunda postura es la llamada funcionalista (y evolutiva). Los autores que la sostienen afirman que “los hechos de la gramática tienen en su origen una motivación funcional, pero después se extienden, generalizan, rutinizan y pueden incluso llegar a perder su función originaria. Se hacen, en definitiva, convencionales” (Elvira, 2009a: 73)[1].

Por ello, es posible afirmar que “la sintaxis es no solo el resultado de la operatividad de reglas automáticas, sino que es en gran parte resultado de elegir o poner en relieve, de perfilar, como se conoce en gramática cognitiva, ciertos rasgos semánticos y pragmáticos contra otros” (Company Company, 2003: 16). Es por esto que “una gramática suele ser definida como la rutinización, la cristalización del uso” (Company Company, 2003: 16).

En cuanto a las motivaciones de los cambios en el lenguaje, Penny (2001, 273-281) –con base en Ullmann (1962)– realiza un listado de las causas del cambio semántico, que es el que suele preceder al cambio formal en las lenguas. Estas pueden ser de diversas clases: (a) lingüísticas (v. gr., influencia de una palabra sobre otra basada en que ambas aparezcan juntas en variados contextos), (b) históricas (v. gr., el reanálisis del artículo al como parte de las palabras, que se observa en las palabras del español como alfiler, derivadas de expresiones del árabe), (c) sociales (v. gr., la generalización del uso de vocabulario técnico proveniente de grupos particulares), (d) psicológicas (v. gr., los eufemismos y disfemismos), (e) influencias extranjeras (v. gr., préstamos semánticos) y (f) la exigencia de nuevos nombres para conceptos nuevos en una determinada comunidad lingüística[2].

Para Penny (2001), la metáfora y la metonimia (dentro de la cual se incluye la sinécdoque) constituyen tipos de cambios semánticos y no causas propiamente dichas. De todos modos, estas operaciones presentan un papel preponderante porque son ellas junto a dos procedimientos más, los que conducen el cambio. Los otros dos procedimientos son la etimología popular y la elipsis, como puede apreciarse en el siguiente cuadro, tomado de Penny (2001: 281):

Tabla 1. Tipos de cambio semántico
(Roudet, 1921; Ullmann, 1962; Penny, 2001)

Cambio basado en:

Asociación de sentidos

Asociación de formas

Semejanza

Metáfora

Etimología popular

Contigüidad

Metonimia

Elipsis

En la tabla 1 se grafica cómo se distingue entre los cambios que se producen por asociación de sentidos y los que se derivan de la asociación de las formas de las palabras y la oposición que se establece entre los que responden a una semejanza (de sentido o de forma) y a una contigüidad (de sentido o de forma). Es oportuno resaltar el hecho de que, si bien la metáfora y la metonimia ocupan dos de los cuatro casilleros, los otros dos procesos responden o a una semejanza o a una contigüidad en la forma, que –según la visión de este estudio– implican igualmente un nivel de metaforización/metonimización.

Por su parte, Elvira (2009a) desarrolla las siguientes motivaciones del cambio lingüístico: (a) motivación icónica, (b) motivación económica, (c) necesidades de procesamiento, (d) motivación discursiva y (e) frecuencia de uso. La motivación icónica (a) consiste en el hecho de que la forma lingüística busque parecerse a su referente.

La motivación económica (b), por su parte, es la preferencia de los hablantes por formas cortas y simples en lugar de otras complejas. Dentro de este fenómeno se incluye la existencia de formas no marcadas a la par de otras marcadas, como sucede en el español con los morfemas de singular y plural, respectivamente.

Las necesidades de procesamiento (c) hacen referencia a los procedimientos de organización de la gramática que tienden a reducir la complejidad del procesamiento lingüístico. Este principio, por ejemplo, predice que los constituyentes más cortos de la frase verbal tenderán a aparecer antes que los más pesados[3]. Por otro lado, la motivación discursiva (d) incluye variadas actuaciones de los hablantes, entre las cuales se encuentra la progresión de la información (organización tema-rema) de los enunciados.

Por último, la frecuencia de uso (e) influye en el individuo porque tiene diversas repercusiones sobre la lengua. Mientras más se repitan unas determinadas expresiones, más regulares se harán ciertas representaciones mentales y categorizaciones gramaticales. Elvira (2009a: 80) señala: “Lo mismo ocurre con las acciones repetidas (preparar el desayuno, ducharnos, lavar los platos, escribir con el ordenador, etc.), que generan rutinas y comportamientos automáticos, frente a la mayor concentración que requieren actividades insólitas o infrecuentes”.

Como apunta el autor, estas nociones sobre las diversas motivaciones del cambio lingüístico pueden enriquecer el concepto tradicional de lengua como un código común de una sociedad. “Una lengua es un conjunto (o una población) de enunciados (Croft, 2000), continuamente reiterados en diferentes contextos y situaciones y proferidos en una comunidad compacta social y geográficamente. Estos enunciados son producidos por diferentes individuos y remiten a principios de codificación (gramáticas) similares, pero nunca totalmente coincidentes” (Elvira, 2009a: 86).

El último autor que se va a considerar es cronólogicamente el pionero en los estudios del significado (Štrbáková, 2007: 73; Traugott y Dasher, 2002: 20, 52-60). Se trata de Bréal (1900 [1897]: 60-77). Este autor postuló leyes (entendidas como tendencias) y mecanismos generales del cambio lingüístico. Las causas del cambio lingüístico que postuló son las siguientes: (a) evasión de una dificultad de expresión, (b) búsqueda de una mayor claridad (eliminación de la ambigüedad), (c) enfásis en una antítesis o una similitud, (d) pérdida de contenido semántico[4] y (e) factores externos de tipo sociocultural.

Todos estos factores pueden ser incluidos dentro del esquema planteado posteriormente por Elvira (2009a), como puede observarse en la fig.1, en la cual se colocan en azul las causas postuladas por Elvira (2009a) y en rojo las que podrían ser consideradas sus paralelos en Bréal (1900 [1897])[5].

Figura 1. Motivaciones del cambio lingüístico en Bréal (1900 [1897]) y Elvira (2009a)

Para este trabajo, lo que interesa destacar es la afirmación del autor de que “la metáfora motiva todos los demás cambios” (Bréal, 1900 [1897]: 122)[6], pues –a diferencia de las otras causas, que actúan en el tiempo lentamente– la metáfora es un cambio instantáneo[7]. Bréal (1900 [1897]: 125) señala, además, que el número de metáforas en el lenguaje es enorme, pues impregna todo tipo de expresiones, poéticas y cotidianas. En efecto, “la metáfora y la metonimia son probablemente los dos mecanismos más importantes del cambio semántico” (Espinosa Elorza, 2009: 170).

Por último, en un abordaje del cambio lingüístico no puede quedar sin tratar el fenómeno de la subjetividad. Aunque no ahonde en ella, ya Bréal la menciona como una característica esencial de la lengua. Traugott y Dasher (2002: 20) apuntan que la subjetividad entra en escena con los estudios de Bréal (1900 [1897]), pero es desarrollada a partir de Benveniste (1966 [1958]), que remarcó que tanto el hablante como el oyente son sujetos y que entre ellos se establece una relación de intersubjetividad en el intercambio comunicativo.

En el ámbito de la subjetividad, se enmarcan desarrollos teóricos diversos:

  1. la subjetividad como se entiende en la teoría de la enunciación (Benveniste, 1966 [1958]; Kerbrat-Orecchioni, 1986, 2009 [1999]), que hace referencia a la emergencia del locutor en la instancia discursiva a través de diversas formas lingüísticas. Las formas que primariamente permiten la instalación de la subjetividad son los pronombres personales; en relación con ellos, también subjetivan los demostrativos (deícticos), la temporalidad y los subjetivemas evaluativos y afectivos.
  2. la subjetivización e intersubjetivización como son comprendidas en la Teoría de la Gramaticalización, esto es, como tendencias de los hablantes al uso sincrónico de marcadores del estatuto o de la actitud del hablante en la emisión, que se gramaticalizan en diacronía y generan cambios perdurables en la lengua (Traugott y Dasher, 2002: 89-96).
  3. la subjetivización a partir de la teorización de Langacker (2008: 77-89), que explica el fenómeno como una operación de perspectiva, esto es, relacionada con un construal basado en una especie de movimiento abstracto, en el que el conceptualizador establece ciertas relaciones con su objeto concepcional y el ground del construal (situación comunicativa, participantes, lugar, tiempo).

Desde la teoría de la enunciación, la objetividad se relaciona con las oraciones asertivas, en las que el punto de vista del hablante no aparece explícitamente codificado. También con el uso de pasivas, nominalizaciones y otros mecanismos sintácticos. La subjetividad, en cambio, se relaciona con el uso de pronombres en primera persona, adjetivos valorativos y otros “subjetivemas” (Kerbrat-Orecchioni, 1986).

Desde la teoría de la gramaticalización, se resalta la importancia del concepto de subjetivización porque pone de manifiesto que el significado pragmático puede llegar a gramaticalizarse o lexicalizarse, y convertirse en una construcción convencional de una lengua (Company Company, 2004)[8]. El significado pragmático que se codifica puede ser subjetivo (v. gr., la perspectiva, evaluación y valoración epistémica del hablante sobre su dictum)[9] o intersubjetivo (v. gr., la interacción y distancia entre los hablantes).

Uno de los recursos de la intersubjetividad es la identificación o diferenciación del sujeto del enunciado en relación con el sujeto sintáctico (cfr. yo hablé vs. ella habló). Otros procedimientos son el uso de pronombres (v. gr., eso es mío, no tuyo) y marcadores discursivos (v. gr., probablemente, es verdad), la deixis (v. gr., hoy compré esta mesa) y la topicalización (v. gr., es por eso que te llamo).

En la actualidad, la consideración tradicional de la subjetividad y la subjetivización ha sido puesta en discusión, pues se reparó en la idea de que los hablantes siempre representan (por presencia o ausencia de formas) su visión acerca de un asunto y del estatus factual de lo que dicen de él, como lo indica Maldonado (2010: 67):

Langacker (1990) ha definido la subjetividad como un problema de realineamiento del eje objetivo al subjetivo, es decir, un cambio de configuración en que el conceptualizador se incorpora en el evento. Más tarde (1999), redefinió el concepto al reconocer que el conceptualizador está siempre presente, de manera tal que la subjetividad debe ser entendida como el hecho de que la relación objetiva se diluye en favor de una en la que el conceptualizador gana prominencia.

¿Cómo gana prominencia el sujeto? El sujeto es, para Langacker, un lugar implícito de conciencia o un punto de perspectiva. Está presentado con máxima subjetividad cuando permanece implícito y fuera de escena, inherente al proceso mismo de conceptualización, sin ser su objetivo. Es decir, la subjetividad está asociada con participantes del evento comunicativo que no están perfilados, expresados, puestos en escena. Traugott y Dasher (2002: 97) presentan un ejemplo de la explicación que da Langacker sobre este asunto:

(1) a. Vanesa saltó sobre la mesa.

(1) b. Vanesa está sentada sobre la mesa desde Verónica.

(1) c. Vanesa está sentada sobre la mesa desde mí.

(1) d. Vanesa está sentada sobre la mesa.

(Langacker, 1990: 17-20)[10].

Como se puede apreciar, se presentan ejemplos de enunciados que van desde lo más objetivo a lo más subjetivo. En (1) a. se presenta el movimiento sin tomar una perspectiva que parta de la ubicación del hablante ni del oyente. En (1) b. se puede apreciar la subjetividad en que el conceptualizador produce un movimiento abstracto que se origina en un punto de referencia seleccionado por él: Verónica. En (1) c. el hablante se coloca como punto de referencia y en (1) d. se halla más subjetividad aún porque el hablante como punto de referencia es sobreentendido y no precisa aclarar su posición de observador. Traugott y Dasher (2002:97) lo explican así: “(36a) [1a, aquí] es máximamente objetivo de acuerdo con Langacker porque sobre perfila el movimiento sin importar la posición del hablante-oyente, (36b, c) [1b, c] más subjetivo porque el conceptualizador (hablante) traza un camino mental para ubicar la trayectoria con respecto a un punto de referencia, y (36d) [1d] más subjetivo debido a que el punto de referencia cero (fuera de escena) es el hablante”[11].

Esta visión novedosa del fenómeno de la subjetividad e intersubjetividad está presente en Rodríguez Espiñeira (2010: 14), que entiende los términos subjetivo y objetivo como etiquetas creadas para los procesos que producen cambios de uno a otro polo: subjetivación y objetivación. Agrega que “en la medida en que son emitidos por un enunciador, todos los discursos están impregnados de subjetividad” (Rodríguez Espiñeira, 2010: 242), pero aclara que existen zonas más subjetivas dentro de la modalidad (v. gr., la epistémica frente a la deóntica)[12].

Para cerrar el tema de este apartado, se señala que en los estudios actuales acerca del cambio lingüístico puede observarse –como indican Traugott y Dasher (2002: 3)– que el énfasis ha sido puesto en su unidireccionalidad y regularidad (asunto tratado en el apartado 1.2.2.)[13]; además, en su motivación en la semántica (estrategia icónica), en las implicaturas (una estrategia indicial y metonímica, que se explicará en el apartado 2.8.) y en la subjetivación[14].

1.3. Caracterización del cambio lingüístico

1.3.1. Teoría de los prototipos

Desde la teoría de los prototipos, se afirma que los cambios en las categorías lingüísticas “no afectan a todos los miembros de una categoría por igual ni al mismo tiempo. Ello es prueba de que la conformación interna de las categorías no es homogénea y de que, por lo tanto, no es posible establecer una misma caracterización, ni sintáctica ni semántica, para todos sus integrantes, más bien, las formas lingüísticas constituyen un continuum categorial tanto entre categorías como al interior de estas” (Company Company, 2003: 16-17). Esta última afirmación es importante para este trabajo, pues versa sobre los cambios entre categorías gramaticales; en particular, el paso de palabras de diversas categorías a la de sustantivo, procedimiento denominado nominalización.

La teoría de los prototipos se basa en los conceptos de foco y periferia, nociones provenientes de los estudios de Rosch (1973) y de Rosch y Mervis (1975). En esta construcción teórica, las categorías son radiales; son como círculos en el centro de los cuales se encuentran los prototipos. A medida que se recorre el radio alejándose del centro de la categoría se hallan sus miembros periféricos. El prototipo es el mejor ejemplar de una categoría. Por ejemplo, en la categoría ‘muebles’ es mejor ejemplo silla que radio (Rosch y Mervis, 1975: 573). Los casos que presentan una correspondencia solo parcial con el prototipo reciben el estatuto de miembros periféricos[15]. El foco de una categoría es el miembro prototípico de esta.

El debilitamiento o cambio categorial se da a medida que un uso lingüístico se aleja del foco de una categoría para dirigirse a la periferia. Company Company (2003: 17-18) ejemplifica esto en el asunto que interesa a esta investigación: “en la categoría ‘sustantivo’ llenan el prototipo las entidades que pueden caracterizarse como concretas, visibles, tangibles, determinables y descomponibles en partes (Langacker Nouns and verbs, Company La extensión [sic]): mesa, silla, zapato, árbol, mientras que sustantivos como esperanza, amor o salida están más alejados del foco y son ‘peores’ ejemplos de la categoría”[16].

Es también digna de ser destacada la aseveración de que un efecto de la categorización en prototipos son los conceptos de jerarquía (entre los miembros de la categoría) y marcación, i. e., una mayor cantidad de contextos posibles para el prototipo y un uso marcado del miembro periférico (Company Company, 2003: 19). Estas características de la categorización por prototipos se estudian en profundidad más adelante, en el apartado 4.2.

1.3.2. La gramaticalización

La gramaticalización es –como su nombre lo indica– el proceso de creación de gramática. Elvira (2009a: 154) la define como el “proceso por el cual una expresión o unidad léxica adquiere valor gramatical, o bien aquel proceso que lleva a una unidad gramatical a incorporar nuevos valores gramaticales”. Sin embargo –como el mismo autor señala– no hay que olvidar que las fuentes a partir de las cuales se genera gramática son variadas: el léxico, la fonología, el discurso; no solo el léxico.

Un elemento, al integrarse en una construcción, pierde autonomía tanto en el plano formal (se integra en una estructura acentual más amplia), como en el semántico (la información que aporta puede estar restringida) y en el plano sintáctico (pierde combinación sintáctica y distribucional) (Elvira, 2009a: 155). Las gramaticalizaciones consisten en una pérdida gradual de especificidad semántica y en una incorporación de nuevos rasgos de significado más abstractos o gramaticales.

A través del proceso de gramaticalización, ciertas expresiones complejas dejan de ser analizadas en función de sus componentes y terminan almacenándose en la mente como unidades globales. Elvira (2009b: 1) afirma: “La frecuencia de uso es uno de los principales desencadenantes de este tipo de procesos, que se caracterizan también por una pérdida acentuada de transparencia y de composicionalidad sintácticas”. Un ejemplo de pérdida de transparencia sintáctica señalado por el autor es el de los adverbios en-frente y en-cima, que fueron anteriormente sintagmas preposicionales, pero en la actualidad ya no son percibidos como tales. En cuanto a la pérdida de composicionalidad semántica, esta significa que la expresión lexicalizada tiene un significado global, no predecible desde la suma de los significados de sus partes, como sucede con el adjetivo descarado.

En este sentido, Traugott y Dasher (2002: 40) han sugerido que la gramaticalización es un cambio por el cual a un material léxico en un contexto pragmático y morfosintáctico altamente constreñido se le asigna el estatus de categoría funcional de tal modo que el significado léxico del ítem se transforma en construccional. En otras palabras, el cambio lingüístico suele involucrar una creciente abstracción o, mejor dicho, una creciente pérdida de significado léxico en virtud de una ganancia de significado gramatical (Company Company, 2004: 4-8).

Langacker (2008: 7) ubica los estudios con base en la teoría de la gramaticalización dentro de la Lingüística Cognitiva. Esto habilita a relacionar esta teoría con otra como la de los prototipos, presentada arriba. Desde esta perspectiva, la gramaticalización se entiende como un movimiento escalonado en un continuo que va de lo más léxico a lo más gramatical, o de lo menos gramatical a lo más gramatical (Elvira, 2009a: 156).

En concreto, las características que posee el signo que se gramaticaliza son las siguientes: (a) pérdida de autonomía (fónica, sintáctica, etc.)[17], (b) paradigmatización (i. e., incorporación del signo en una clase léxica más cerrada)[18], (c) fijación del orden de sus miembros y (d) reducción de su ámbito sintáctico.

Elvira (2009a: 162) presenta como ejemplo de reducción del ámbito sintáctico de las formas gramaticalizadas el caso del futuro imperfecto del español, que actualmente no acepta –como sí lo hacía previamente– la coordinación de los infinitivos que lo conforman. A diferencia de la construcción he de comer y beber, en la cual es gramatical la coordinación de los infinitivos, en los futuros sintéticos (comeré y beberé) no se coordinan los infinitivos por separado (*comer y beber he).

No obstante, hay casos de gramaticalización por subjetivación en los cuales se produce una ampliación del alcance sobre la predicación. Esto sucede con los marcadores discursivos que actúan como modificadores del núcleo oracional (Kovacci, 1992: 29-37), razón por la cual “las formas gramaticalizadas por efecto de un proceso de subjetivización suelen situarse lo más a la izquierda posible del enunciado” (Company Company, 2004: 6).

Es una afirmación tradicional que la gramaticalización es unidireccional y de carácter irreversible. Esta dirección se comprende de la siguiente manera: discurso > sintaxis > morfología > morfofonémica > cero (Traugott y Dasher, 2002: 86). Hay investigadores que no aceptan esta idea (Campbell, 2001: 124; Janda, 2001: 294; Newmeyer, 1998: 103, 2001; Lightfoot, 1999: 220–225, Lass, 2000, entre otros)[19] y han puesto en duda la posibilidad de constatarla empíricamente; afirman que la unidireccionalidad de la gramaticalización solo puede observarse en casos aislados.

Otra vía de refutación de la unidireccionalidad la constituye la postulación del fenómeno inverso a la gramaticalización, que algunos autores –como Newmeyer (2001: 205)– denominan desgramaticalización. Elvira (2009: 190) se muestra escéptico ante esta hipótesis. Afirma: “La mayoría de los pretendidos casos de desgramaticalización no resisten un análisis serio y reciben normalmente otras interpretaciones más razonables”. El autor español sostiene que expresiones como (los) ismos o (el) porqué no constituyen desgramaticalizaciones, sino sustantivaciones, debido al traslado de la unidad a un contexto sintáctico nuevo.

Elvira (2009) acude a datos cuantitativos para descalificar la hipótesis de la desgramaticalización o bidireccionalidad de la gramaticalización: “Haspelmath (1999a: 1046) considera que la desgramaticalización ocurre en una proporción 1:100 con respecto a la gramaticalización. El propio Newmeyer (1998a: 276), por su parte, establece una ratio más moderada de 1:10” (Elvira, 2009: 194).

Por su parte, Traugott y Dasher (2002) defienden la postura de que existen caminos bastante probados de gramaticalización (v. gr., temporal > concesivo) que son tendencias en la lengua, pero no absolutos, pues los resultados de la codificación de subjetividad e intersubjetividad en los intercambios comunicativos son impredecibles[20].

La gramaticalización trae como consecuencia cambios cualitativos en el sistema de la lengua, en diversos niveles[21]. El que importa para este trabajo es la recategorización, que será tratada en el capítulo cuatro. Aquí solo se enunciará que las categorías léxicas, a través de un proceso de gramaticalización, han sufrido históricamente cambios hacia categorías gramaticales. Es lo que sucedió, por ejemplo, con algunas preposiciones[22].

En relación con las causas de la gramaticalización, solo se dirá que esta está asociada a cambios semánticos de naturaleza metafórica o metonímica con una fuerte motivación pragmática. Esta apreciación se comprenderá mejor con la lectura del apartado 4.4.7., en el que se tratan la metáfora y la metonimia como principales factores de cambios gramaticales y léxicos.

1.3.3. La lexicalización

Según se explicó en el apartado anterior, la gramaticalización es el proceso por el que un elemento con valor léxico adquiere valor gramatical o funcional. La lexicalización puede ser situada en el dominio de la producción de expresiones: es el proceso por el cual una expresión, que previamente se obtenía por medios gramaticales, se archiva como un bloque en la memoria y se usa de manera global, sin necesidad de análisis previo (Elvira, 2009: 217).

Elvira (2009: 233) señala: “No es exacto afirmar que uno de estos dos procesos es la inversión del otro”. El proceso inverso a la gramaticalización sería el que convirtiera una expresión funcional en una léxica. La lexicalización hace referencia a la transformación en lexemas de construcciones discursivas, simplemente[23].

Son variadas las causas de lexicalización. Elvira (2009: 222-230) señala tres factores, a saber, (a) la reinterpretación contextual, (b) la fosilización por retroceso de reglas gramaticales y (c) la pérdida de elementos originarios. En cuanto a la reinterpretación contextual, se trata de la frecuencia alta de uso de un elemento en un determinado contexto discursivo. Es la causa de la mayoría de los marcadores discursivos. La fosilización hace referencia a lo que sucede cuando los principios gramaticales que regían la combinación de los elementos de una locución desaparecen (v. gr., cual cosa quier > cualquier cosa). Por último, la pérdida de elementos originarios consiste en la desaparición de un elemento original de la locución sin afectar al significado de la expresión (puede ser que > puede que).

1.4. Síntesis

El cambio lingüístico es un tema central en los estudios sobre el lenguaje. El proceso del cambio en las lenguas subyace a todo estudio filológico y a las investigaciones de las más diversas disciplinas lingüísticas (morfología, sintaxis, semántica, pragmática, sociolingüística, psicolingüística, etc.), porque opera en todos los niveles de la lengua.

Como pudo observarse, desde una perspectiva cognitivo-funcional, se considera que los cambios en la gramática son motivados por un deseo de perfilar ciertos aspectos del referente, y que estos usos luego se extienden y pueden perder su función originaria, haciéndose convencionales.

Según lo expuesto en este capítulo, las motivaciones que provocan cambios en la lengua pueden ser de diversas clases: (a) motivación icónica, (b) motivación económica, (c) necesidades de procesamiento, (d) motivación discursiva y (e) frecuencia de uso (Elvira, 2009).

Los mecanismos que actúan en el cambio lingüístico, i. e., que producen gramaticalizaciones y lexicalizaciones, por su parte, son la extensión a partir de prototipos, y la metáfora y metonimia. La extensión a partir de prototipos, que fue explicada sucintamente, será retomada luego en el capítulo dedicado a la categorización de las palabras. La metáfora y la metonimia, por constituir el mecanismo principal de cambio lingüístico y el que interesa en este trabajo, serán explicadas detalladamente en el capítulo siguiente.


  1. Así lo expresan Croft y Cruse (2008: 104-105): “Cuando una estructura gramatical se usa por primera vez para conceptualizar una experiencia, influye en el modo en que los hablantes piensan dicha experiencia. Pero cuando la extensión de aquella expresión a nuevas experiencias la vuelve convencional (es decir, la convierte en el modo normal o incluso en el único modo de verbalizar la experiencia), la conceptualización original no condiciona ya el modo en que los hablantes piensan aquella experiencia”.
  2. Todas estas causas son reducidas a tres por Espinosa Elorza (2009: 167-169): (a) sociohistóricas (necesidad de designar nuevas realidades, cambios socioculturales e influencia de otras lenguas), (b) psicológicas (tabú, ironía) y (c) lingüísticas (expresividad, eficiencia).
  3. Las necesidades de procesamiento no solo hacen referencia a la cantidad de forma del input, sino también a su relevancia, que facilita la dirección de la atención hacia él. Para más detalles sobre las necesidades de procesamiento en relación con la relevancia de los enunciados, cfr. Echeverría Arriagada (2012: 568).
  4. Un ejemplo claro de esto es la duplicación del objeto indirecto mediante le (v. gr., a Martín le dijeron que no se presentara).
  5. Avanzando en este camino, se puede afirmar que todas las motivaciones del cambio semántico son, en última instancia, discursivas. Por ejemplo, la búsqueda de evitar la dificultad responde a la intención del hablante de configurar su texto del modo más claro posible para su interlocutor. La misma gramaticalización responde a la fijación de estrategias discursivas, que conduce a determinadas formas a perder contenido referencial y a ganar significados gramaticales, más abstractos (a este respecto, revísense las consideraciones que se hacen más adelante sobre Traugott y Dasher, 2002). Sin embargo, aquí no se pretende llegar tan lejos, pues lo que interesa es ahondar en los mecanismos del cambio lingüístico y postular la metáfora y la metonimia como los más básicos, que operan en los cambios de categorías léxicas. La motivación última de los cambios categoriales será, como es de esperar en todos los demás cambios, siempre discursiva.
  6. Cfr. Štrbáková (2007: 73) y Traugott y Dasher (2002: 59).
  7. En cuanto a la concepción de la metáfora del francés, Traugott y Dasher (2002: 57) afirman: “for Bréal metaphor is associated with images, and languages are full of metaphors. Indeed, he says ‘Indo-European languages are condemned to figurative speech’ (1964 [1900]: 3) (presumably also other languages)”. Esto puede observarse en la siguiente afirmación de Bréal (1900 [1897]: 128): “all languages may in this way make their museum of metaphors”. Nótese la afinidad de la metáfora subyacente a la idea de museo con la que manifiesta la expresión metáforas fósiles de Lakoff y Johnson (2001 [1980]: 11-12). De hecho, el filólogo francés hace primero la diferenciación entre metáforas nuevas y las otras (Bréal, 1900 [1897]: 128-131).
  8. El término “subjetivización” en el ámbito de la gramaticalización designa el “fenómeno gradual por el cual formas y construcciones que expresan significados concretos, léxicos y objetivos, paulatinamente van adquiriendo a partir de su uso reiterado en determinados contextos sintácticos, en forma creciente, funciones abstractas, pragmáticas, interpersonales y centradas en el hablante” (Ferrari, 2009: 17). “La subjetivización en la gramaticalización (Traugott, 1995) supone el proceso por el cual los significados que expresan la actitud del ha­blante hacia la proposición se identifican gramaticalmente. Esta teoría se muestra como una perspectiva útil y productiva para explicar los sistemas modales en las diferentes lenguas” (Ferrari, 2009: 9).
  9. Cfr. Ferrari (2009: 7).
  10. Traducción propia. Versión original: “(a) Vanessa jumped across the table; (b) Vanessa is sitting across the table from Verónica; (c) Vanessa is sitting across the table from me; (d) Vanessa is sitting across the table”.
  11. Traducción propia. Versión original: “(36a) is maximally objective according to Langacker because across profiles movement without regard to speaker–hearer position, (36b, c) more subjective because the conceptualizer (speaker) traces a mental path to locate the trajector with respect to a reference point, and (36d) most subjective because the (off-stage, i.e. zero) reference point is the speaker”.
  12. Esto, básicamente por dos razones: (a) la modalidad epistémica es egocéntrica y la deóntica, aunque tiene como origen al hablante se dirige a una meta y (b) solo en la primera el hablante califica su propia actitud frente a la declaración.
  13. En cuanto a la regularidad del cambio semántico, Traugott y Dasher (2002: 3) señalan: “It has long been recognized that phonological change is regular in the sense that certain changes can probabilistically be expected to recur across languages, depending on the phonetic properties in question […]. Work on grammaticalization over the last two decades has shown that morphosyntactic change is regular in a somewhat similar sense” (Traugott y Dasher, 2002: 3). No obstante, los autores aclaran que en todos los casos de cambios lingüísticos las regularidades no son absolutas.
  14. A este respecto, puede citarse la “Invited Inferencing Theory of Semantic Change” (Traugott 1999) citada por los mismos autores (Traugott y Dasher, 2002: 5), que sostiene que en la conversación se dan inferencias por parte de los hablantes, que pueden cristalizarse si se hacen de uso comunitario y frecuente a lo largo del tiempo. Esta idea tiene su correlato en la afirmación de Company de que existen “patrones o pautas de lexicalización […]. Aquello que es semántica y pragmáticamente importante en una comunidad lingüística encuentra codificación o manifestación gramatical explícita […]. Las lenguas siguen vías o pautas de lexicalización propias, que les son esenciales, con las cuales muestran lo que me atrevo a denominar las ‘obsesiones’ gramaticales de la lengua en cuestión” (Company Company, 2003: 20).
  15. A este respecto, resultaría conveniente revisar la noción de “parecido de familia” de Wittgenstein (1999 [1953]: 66-67). Este concepto se halla explicado también en Rosch y Mervis (1975: 575), que prueban que –si bien actúan otros principios (saliencia perceptual, social y de memoria)– la semejanza de familia es uno de los principales factores de formación de categorías con prototipos.
  16. En la teoría de los prototipos no solo se habla de categorías en el sentido de clases de palabras, sino en un sentido más genérico. Una categoría puede estar constituida por la convivencia e interacción entre los significados antiguos y los nuevos de una misma palabra, conocida como polisemia. No debe dejarse de lado la homonimia, pues si bien los homónimos se caracterizan por poseer significados no emparentados, estos pueden converger con el tiempo a causa de la denominada etimología popular.
  17. Esto se manifiesta con frecuencia en el nivel fónico como una pérdida de sustancia fonológica sumada a una fusión del signo gramaticalizado con otros elementos contiguos en el sintagma. En cuanto a la pérdida de autonomía sintáctica, esta puede observarse en que se hace difícil insertar un elemento ajeno entre los miembros de un sintagma gramaticalizado.
  18. “En la medida en que una expresión se gramaticaliza, las opciones alternativas se reducen y su uso tiende a hacerse obligatorio” (Elvira, 2009a: 159-160).
  19. Citados en Elvira (2009a: 190) y en Traugott y Dasher (2002: 22).
  20. Los autores defienden la tesis de la unidireccionalidad de la gramaticalización afirmando lo siguiente: “Despite century-old taxonomies that suggest that meaning changes are bidirectional, e.g. generalization and narrowing, metaphor and metonymy, when we trace the histories of lexemes cross-linguistically we in fact repeatedly find evidence for unidirectional changes” (Traugott y Dasher, 2002: 22). Para un mayor detalle de la refutación que los autores hacen de la argumentación de los detractores de la hipótesis de la unidireccionalidad, cfr. Traugott y Dasher (2002: 86-90).
  21. Los efectos de la gramaticalización son los siguientes: (a) recategorización; (b) especialización, generalización y retención; (c) escisión; (d) estratificación. Para un desarrollo de estos puntos, cfr. Elvira (2009a: 198-206).
  22. En general, el proceso en las preposiciones atraviesa las siguientes etapas: (a) cambio de significado (de uno más concreto a uno más abstracto), (b) extensión del significado a otros ámbitos, (c) cambios sintácticos (restricciones de orden y combinación, pérdida de flexión) y (d) reducción fónica (Elvira, 2009a: 199-201).
  23. Con respecto a las distinciones terminológicas en el ámbito de los estudios de la gramaticalización, es interesante la posición que toma Company Company (2004: 3): “Todo proceso de cambio que arroje formas o construcciones en una lengua sería una gramaticalización, independientemente del grado de rigidización sintáctica de la forma o construcción en cuestión. Una gramaticalización, a su vez, tal como la entiendo, siempre impactaría en el léxico de una lengua, en tanto que sería necesario especificar en el léxico el significado y comportamiento sintáctico de esas nuevas formas ‘creadas’ mediante una gramaticalización […]. Emplearé gramaticalización como un término de cobertura, que engloba tanto gramaticalizaciones, morfologizaciones, lexicalizaciones y pragmatizaciones”.


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