Otras publicaciones:

12-3772t

9789871867523-frontcover

Otras publicaciones:

9789877230284-frontcover

9789871867882-frontcover

Mujeres rurales latinoamericanas y trabajo reproductivo

Debates actuales, hallazgos y problemáticas en discusión

María Florencia Linardelli y Daniela Pessolano

Introducción

El debate sobre el trabajo reproductivo, que tuvo centralidad en los feminismos por las décadas del setenta y del ochenta, ha recobrado su protagonismo en las agendas políticas y académicas latinoamericanas en tiempos relativamente recientes, junto con la economía feminista (Esquivel, 2011). En línea con el resurgimiento de este núcleo de intereses, nos proponemos desarrollar una revisión de antecedentes científicos, a escala latinoamericana, sobre trabajo reproductivo, doméstico, no remunerado y/o de cuidados realizado por mujeres rurales, trabajadoras agropecuarias y campesinas.

Distintos motivos sostienen esta investigación. En principio, no podemos pensar los procesos de reestructuración productiva del agro regional sin considerar que estos movilizaron una reestructuración reproductiva (Linardelli, 2020), pues la producción de bienes y servicios es indisociable de las formas que asume la reproducción de la vida humana, cruce donde se juegan las grandes tensiones de los trabajos de las mujeres (Rodríguez Enríquez, 2019). Además, el trabajo reproductivo es tan histórico y geográficamente situado como el trabajo productivo. Aunque parezca una obviedad, la naturalización del trabajo que realizan las mujeres ha sido moneda corriente en distintos campos de estudio, dada su directa asimilación con su capacidad de gestar, parir y amamantar. Finalmente, partimos del supuesto de que pese al aumento –que celebramos– de los estudios feministas sobre el trabajo de cuidados, la atención que se presta a las mujeres y territorios rurales continúa siendo incipiente y rezagada.

En términos metodológicos el trabajo se apoya en una estrategia conceptual, orientada a explorar categorías y debates que han tenido lugar en un campo del conocimiento y período determinado (Maletta, 2009). Realizamos una revisión documental mediante la técnica de rastreo bibliográfico desplegada en diferentes bases de divulgación científica, relevantes en Latinoamérica: Redalyc, Scielo, Clacso, Dialnet, Google Académico y Jstor, que dio por resultado un corpus de 24 documentos entre los cuales encontramos principalmente artículos científicos pero también tesis de grado y posgrado, ponencias, capítulos de libro y un libro. La búsqueda de antecedentes se focalizó entre el año 2000 y la actualidad, período de crecimiento de las discusiones sobre estos temas. En cuanto a los criterios de selección bibliográfica, escogimos investigaciones realizadas en países latinoamericanos y publicadas en portales de acceso abierto, en cuyo título y/o palabras clave se hallase al menos uno de los siguientes términos de cada categoría: 1) trabajo reproductivo, cuidado/s, trabajo doméstico y/o trabajo no remunerado; 2) mujeres rurales, espacios/territorios/ámbito rural/agrario/agropecuario[1]. El análisis interpretativo del corpus de textos se orientó a identificar tendencias y vacíos, como también a sugerir preguntas futuras de investigación.

En las páginas que siguen presentamos, primero, un breve recorrido conceptual acerca del tema en discusión; luego, una sistematización de los hallazgos de las investigaciones disponibles, según la identificación de núcleos temáticos. Para finalizar, las conclusiones señalan tendencias, vacíos y desafíos para comprender, mesurar y valorar el trabajo reproductivo que realizan las mujeres rurales de América Latina.

Mujeres, economía y trabajo reproductivo. Breve recorrido conceptual e hipótesis de trabajo

Las preguntas sobre la participación económica y laboral de las mujeres se remontan cuanto menos a los estudios sobre las diferencias salariales entre hombres y mujeres de 1930 en Gran Bretaña. Cabe mencionar los desarrollos de Jacob Mincer acerca de las razones de la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo y aquellos otros del reconocido economista Gary Becker en los años 60, cuando crece el interés de la economía ortodoxa por el funcionamiento de la unidad doméstica (Benería, 2005).

Sin embargo, son los debates sobre el trabajo doméstico que se desenvuelven en la década de 1970 (Esquivel, 2011) los que van a marcar un antes y un después en los estudios feministas y de género en la temática, pues es en este momento, y en vínculo estrecho con la tradición marxista, que pensadoras de Europa Occidental y Estados Unidos reflexionan deliberadamente sobre la invisibilización del trabajo de las mujeres y su concentración en tareas reproductivas y no remuneradas (Benería, 2005). Algunas de sus principales exponentes (Molyneux, 1979; Gardiner, 1975; Dalla Costa, 1972; Federici, 1976) protagonizaron un debate de carácter estructural, que buscaba comprender la relación entre el capitalismo y la división sexual del trabajo (Esquivel, 2011). En este recorrido, pusieron en cuestión la noción restringida de trabajo (trabajo = trabajo asalariado) y pugnaron por el reconocimiento –en algunos casos, salarial– de la labor realizada por las mujeres en sus hogares, que, al tiempo que reproducía la fuerza de trabajo presente y futura, aseguraba la perpetuación del sistema capitalista en su conjunto (Esquivel, 2011).

Aunque fructíferas, estas discusiones presentaron grandes limitaciones. Benería y Sen (1982) señalaron que los debates sobre el trabajo doméstico cuadraban bien para las sociedades urbanas e industrializadas, donde la familia nuclear era la forma básica de organización doméstica y donde el trabajo asalariado constituía la fuente principal de subsistencia familiar. Sin embargo, no eran adecuados para comprender la realidad de las mujeres de los países periféricos, en particular, de las mujeres campesinas (Benería y Sen, 1982 en Pessolano, 2018). Pues, como señala Arizpe (1986), para América Latina la división sexual del trabajo podía adoptar distintas formas según el tipo de economía agrícola de la que se tratara (haciendas, plantaciones y comunidades campesinas corporativas), y con ellas variaba la participación económica de las mujeres.

En vínculo con lo anterior, una parte importante de los grupos domésticos rurales en los 80 eran campesinos, lo que imprimía –y sigue imprimiendo– diferencias sustanciales con las familias urbanas –más aún de países industrializados–. En este sentido, el trabajo doméstico o reproductivo asume características distintivas, que dificultan diferenciar procesos productivos y reproductivos claramente (Benería y Sen, 1982). Según Benería y Sen, dicho trabajo en las economías de subsistencia no solo se aboca a la transformación de bienes para el consumo, sino que se orienta también a producirlos sin la intermediación mercantil, y genera así una diferencia sustancial con otras formas de trabajo doméstico que dependen exclusivamente del salario para la provisión de materias primas.

En la década de 1980 se desenvolvió un debate, mucho menos conocido, acerca de la mujer de América Latina y el Caribe (León, 1982), que se abocó a reflexionar sobre las trabajadoras del agro. Si bien no refiere específicamente al trabajo reproductivo, constituye un antecedente relevante, puesto que refleja las preocupaciones acerca de la división sexual del trabajo en el contexto agropecuario regional.

En estas latitudes, la emergencia de los estudios de la mujer/género se caracterizó por ser relativamente reciente, coincidiendo –no casualmente– con el retorno a las democracias luego de las dictaduras militares, y por presentar un vínculo estrecho con las políticas de desarrollo y los organismos internacionales (León, 2007). En este sentido, las investigaciones que compila León (1982) tratan acerca de las mujeres rurales y las economías campesinas, y sobre la participación femenina en el mercado laboral –principalmente– agrícola (Roldán, 1982; Young, 1982; Deere y León, 1982; Campaña, 1982 y Aranda Baeza, 1982). Estas pesquisas brindaron evidencia de las contribuciones económicas de las mujeres y de que el desarrollo no constituye un proceso unilateral y progresivo (Appendini, 2002). Asimismo, priorizaron analíticamente las categorías “mujer” y “clase social” y se focalizaron en la relación entre procesos y actividades productivas y reproductivas (León, 1982).

Recién a comienzos del nuevo milenio, luego de una década larga de políticas neoliberales, que tendieron –mediante los procesos de ajuste estructural– a depositar de manera cada vez más profunda los costos de la reproducción en los hogares, y dentro de estos, en las mujeres (Benería, 2005), en nuestra región va a reinstalarse la problemática específica del trabajo reproductivo no remunerado. Con la economía feminista como gran impulsora, se incrementan los estudios sobre el trabajo de cuidados y la economía de cuidados, tributarios de los debates setentistas sobre el trabajo doméstico (Esquivel, 2011; Rodríguez Enríquez, 2005 y 2015), pero desanclados ya totalmente del concepto marxista de trabajo (Carrasco, 2009).

De la revisión teórica y de los años que llevamos estudiando mujeres campesinas y asalariadas agrícolas migrantes en nuestro país, intuimos que el revivir de este interés por el trabajo de cuidados reproduce a su manera algunas limitaciones presentes en los debates sobre el trabajo doméstico, y relegan las realidades de las mujeres trabajadoras agropecuarias que residen en ámbitos rurales. Esto, que constituye nuestra hipótesis de trabajo, nos llevó a preguntarnos: ¿qué cantidad de producciones latinoamericanas tienen como objeto específico de estudio el trabajo reproductivo en territorios rurales o agrarios? ¿En qué países localizamos mayor cantidad de investigaciones? ¿Qué metodologías utilizan? ¿Qué ejes temáticos profundizan? ¿Cuáles son sus hallazgos más relevantes?

Resultados. Una aproximación al trabajo reproductivo en zonas rurales según fuentes disponibles

En términos globales, la búsqueda realizada localizó escasa bibliografía, en comparación con las producciones disponibles sobre trabajo reproductivo no circunscritas al medio rural. Este aspecto indica que es una temática poco explorada en la actualidad. Argentina es el país con mayor cantidad de producciones sobre el tema, seguida por Brasil y México.

Las estrategias metodológicas utilizadas con más frecuencia son cualitativas y acotadas a un territorio, una población o un tipo de producción agropecuaria. Son menos habituales los abordajes cuantitativos y los estudios de escala nacional o regional. El primer antecedente es del año 2004 y la gran mayoría de los trabajos son posteriores a 2010. Los hallazgos fueron agrupados en seis núcleos temáticos generales, que serán presentados a continuación, y que buscan sistematizar los principales intereses por los que discurren los estudios analizados[2].

Particularidades del trabajo reproductivo en ámbitos rurales/agropecuarios

Las características del trabajo reproductivo se definen en el seno de procesos económicos y culturales que no son idénticos en las ciudades y los ámbitos rurales, razón que impide extrapolar linealmente los análisis de unas a otros (Farah, 2004). La relación que las mujeres tienen con estas tareas, los recursos de los que disponen para su desempeño y la carga de trabajo que suscitan es variable social e históricamente y demanda análisis situados. En ese sentido, un trazo distintivo del medio rural es la difusa diferenciación entre tareas productivas y reproductivas, cuyas delimitaciones físicas y simbólicas suelen ser ambiguas y poco claras.

Al considerar la situación de mujeres campesinas y agricultoras familiares, vemos que la producción, la residencia y el consumo se desenvuelven en un continuo espacial. Muchas tareas que ellas realizan pertenecen a distintas esferas de la vida y durante una misma jornada deben intercalar de manera irregular y fraccionada actividades productivas y reproductivas (Torres, 2004; Logiovine, 2017). La proximidad entre unas y otras tareas termina por confundirlas o por presentar las actividades productivas realizadas por las mujeres como si fuesen una extensión de las actividades domésticas, lo que oculta la importancia de los aportes económicos femeninos (Boni, 2005). Debido a esta difusa separación, algunas autoras afirman que los términos “trabajo productivo” y “trabajo reproductivo” no son adecuados para los medios rurales. Herrera (2016, 2019) afirma que las agricultoras familiares diferencian sus tareas espacialmente y las clasifican según se realicen dentro o fuera del hogar, y consideran que todo lo que hacen en su vida diaria es trabajo, independientemente de la naturaleza de la actividad en cuestión.

Para las asalariadas agrícolas las fronteras entre producción y reproducción también son porosas, aunque de un modo diferente. Las obreras rurales, cuando realizan tareas estacionales en diferentes localizaciones geográficas, suelen residir en los predios de trabajo o acudir al espacio laboral junto a sus hijos/as por la falta de alternativas de cuidado. Aunque en este caso la diferenciación entre labores productivas y reproductivas puede ser más nítida, por cuanto las primeras son aquellas por las que reciben pago, ambas actividades son realizadas de manera simultánea. Las trabajadoras cocinan, amamantan y cuidan de sus hijos/as mientras cosechan, deshojan, podan, seleccionan frutos, aran la tierra o conducen el riego (Linardelli, 2018).

Otro asunto relevante es que las actividades domésticas requieren mayor dedicación temporal y esfuerzo físico en las zonas rurales, por cuanto los procesos de subsistencia se encuentran menos mercantilizados. El trabajo doméstico rural suele implicar la producción para consumo familiar que demanda el mantenimiento de huertas, la cría de animales pequeños y el abastecimiento de bienes básicos, como agua y leña (Torres, 2004; Herrera, 2016; Farah, 2004; Logiovine, 2017). Además, las obligaciones de cuidado, el acompañamiento de la escolaridad de niños/as y las actividades orientadas a cuidar de la salud familiar insumen tiempos y costos más elevados por la distancia con las instituciones educativas y sanitarias (Logiovine, 2017; Rojas, 2018). El trabajo reproductivo también se ve modelado por una mayor precariedad de los entornos rurales, que disponen de menos servicios públicos (como agua corriente, electricidad, caminos y transportes) y habitualmente carecen de tecnologías domésticas (Alberti-Manzanares et al., 2014).

La ambigua delimitación de esferas productivas y reproductivas, junto con la intensa carga que suponen las labores domésticas y de cuidado en los medios rurales, demanda complejas estrategias para sostener estas exigencias. Tanto para las campesinas como para las asalariadas del agro, el solapamiento temporal y espacial de actividades productivas y reproductivas implica una intensificación del esfuerzo y una extensión de su jornada de trabajo (Farah, 2004; Linardelli, 2018; Sifuentes Ocegueda, Rivera Flores y Sifuentes Ocegueda, 2018; Herrera, 2019).

Cambios productivos en ámbitos rurales/agropecuarios y su incidencia en la reproducción cotidiana

El trabajo reproductivo no constituye la contracara ni lo opuesto del trabajo remunerado, sino su cimiento, por cuanto produce y reproduce la fuerza de trabajo (Federici, 2013). Una parte de los estudios analizados explora esta relación de mutua determinación entre las actividades de producción y las de reproducción, comprendidas como esferas de la realidad profundamente integradas. Se trata de investigaciones que describen las peculiaridades de este vínculo de acuerdo con los rasgos distintivos de la producción agropecuaria y la domesticidad rural.

Hay estudios focalizados en los cambios del trabajo de las mujeres vinculados con las profundas transformaciones económicas, sociales y culturales de la ruralidad latinoamericana a partir de los años setenta (Farah, 2004). Este proceso –denominado por algunos/as autores/as como “nueva ruralidad”– supuso una “nueva domesticidad” entre algunos grupos rurales, atravesada por la reconfiguración espacial de lo doméstico, cierta incorporación de tecnología y las modificaciones en las relaciones comunitarias (Amariles y López, 2019). Entre productores familiares relativamente capitalizados (tamberos/as en Argentina, por ejemplo), la incorporación de tecnología y la creciente mercantilización dejaron de lado el carácter artesanal de muchas tareas domésticas y generaron mayor disponibilidad de tiempo para las mujeres, que permitió una dedicación creciente al trabajo productivo (Pardías, 2017). No obstante, se mantuvo intacta la tradicional división sexual del trabajo que les asigna las responsabilidades domésticas.

Los estudios también señalan que los cambios tecnológicos de las actividades agropecuarias inciden en la inserción productiva femenina. Mientras las producciones permanecen poco tecnificadas, orientadas al autoconsumo y con ingresos limitados, son tradicionalmente sostenidas por mujeres y sus hijos/as (Farah, 2004). El caso de la producción lechera en el litoral argentino o las agroindustrias familiares del sur de Brasil muestran que la refuncionalización, mecanización y reorientación comercial de las actividades agropecuarias las masculiniza, o supone que las decisiones productivas y el manejo del dinero queden en manos de los varones (Boni, 2005; Pardías, 2017). A la inversa, cuando las actividades productivas habitualmente asignadas a los varones pasan a ser realizadas por mujeres (porque emigran ellos, por ejemplo), disminuye su valor social, lo que las convierte en una extensión del trabajo reproductivo (Vizcarra-Bordi et al., 2013).

Otras investigaciones destacan que la asignación de las mujeres al trabajo de cuidados redunda en una posición desvalorizada en el empleo, palpable en el hecho de que las asalariadas rurales ocupan las inserciones laborales más precarias, temporales e inestables (Farah, 2004; Mingo, 2016). Por una parte, los roles tradicionales que desempeñan en lo doméstico les provee un cúmulo de saberes valiosos para ciertas etapas de la producción, pero cuya naturalización y falta de reconocimiento social impiden considerarlos una cualificación laboral. Concebir las tareas de las mujeres como poco calificadas es una de las razones detrás de los bajos salarios que perciben. Por otra parte, por ser las responsables principales de los cuidados, se justifica su contratación durante ciclos cortos como un “beneficio” que les permite sostener la doble presencia (Mingo, 2016).

Las investigaciones situadas en diversas localidades rurales latinoamericanas evidencian que las transformaciones de la estructura productiva agropecuaria y la búsqueda de alternativas de subsistencia de las familias rurales descansan en el trabajo de las mujeres. Precariedad laboral, desigualdades de género en la división de las tareas domésticas, invisibilidad del trabajo de las mujeres y falta de reconocimiento de sus contribuciones económicas resultan rasgos sobresalientes de la ruralidad en la región (Sifuentes Ocegueda et al., 2018; De Moura, 2019).

En el marco de acentuados constreñimientos económicos, las mujeres rurales combinan ocupaciones agrícolas y no agrícolas, ocultan embarazos a sus empleadores para evitar ser despedidas, salen y regresan periódicamente al empleo asalariado y despliegan alternativas de autoempleo. Para sostener las tareas reproductivas, seleccionan sus trabajos remunerados según la posibilidad de complementarlos con los cuidados y establecen acuerdos solidarios con otras mujeres, entre los que tienen preponderancia los arreglos intergeneracionales familiares o los lazos solidarios con allegadas de sus comunidades (Mingo, 2016; Rojas, 2018; Linardelli, 2018, Sifuentes Ocegueda et al., 2018).

Significados y percepciones sobre el trabajo reproductivo de las mujeres rurales

Una de las aristas relevantes del debate feminista sobre el trabajo reproductivo radica en identificar percepciones y significados contradictorios y en tensión de las propias mujeres sobre dicho trabajo. Las investigaciones aquí analizadas, enfocadas en trabajadoras agropecuarias y campesinas, presentan resultados divergentes y ciertas coincidencias.

Algunos estudios acentúan la desvalorización de las tareas desarrolladas por las mujeres, junto con su consideración como menos relevantes, más livianas y poco exigentes respecto a las realizadas por varones (D’Angelo, 2011; Salva, 2013). Aunque ellas se desempeñan tanto en la producción agrícola como en la esfera doméstica, persiste la banalización de los trabajos que realizan. Según el estudio de Salva (2013), los varones consideran que las tareas domésticas son livianas y poco exigentes, razón que explicaría su asignación a las mujeres. Para ellas, las tareas domésticas son una imposición que resulta ineludible, pero aburrida y menos importante, en cuanto produce bienes y servicios que no duran. Por otra parte, sus actividades productivas son estimadas –especialmente por los varones– como una ayuda al trabajo del productor principal o como tareas sencillas y menores, aunque las mujeres trabajan en las chacras a la par de sus compañeros. El escaso reconocimiento de su participación económica las excluye del control del proceso productivo (Salva, 2013).

La percepción del trabajo doméstico como atributo de las mujeres comienza a construirse en la temprana infancia en los medios rurales. En escenarios donde el trabajo de niños/as es habitual, suele repetirse el patrón tradicional de división sexual del trabajo. Existe una mayor proporción de niños que trabajan en el mercado agrícola asalariado, pero las niñas están presentes activamente en el trabajo a domicilio. Los niños participan en las tareas domésticas y de cuidado solo cuando son los hijos mayores y en ausencia de sus madres o hermanas, siempre con menor intensidad de participación que las niñas. Para ambos/as, el trabajo reproductivo es parte de las obligaciones de género que las niñas deben sostener (Caro, 2018).

Otros estudios reconocen sentidos contradictorios atribuidos al trabajo reproductivo. Si bien las mujeres identifican la sobrecarga de trabajo y sus efectos limitantes (falta de tiempo libre, afectación del autocuidado y de la realización personal), paralelamente conciben estas tareas como un don y un medio para la demostración de amor, profundamente ligado al género femenino (Amariles y López, 2019; Herrera, 2019).

Hay quienes señalan que las percepciones sobre el trabajo de las mujeres rurales se modifican de la mano de procesos de organización social. Las mujeres que forman parte de organizaciones comunitarias de la agroecología en Brasil conciben su trabajo cotidiano (doméstico y extradoméstico) como algo productivo, integrado a la dimensión económica de los espacios rurales y, por lo tanto, digno de derechos. Además, perciben al trabajo doméstico y de cuidados como una práctica que trasciende la lógica mercantil, no se focaliza en la retribución económica, sino que ubica en el centro el bienestar de las personas (De Moura, 2019). En vínculo con lo anterior, el núcleo doméstico rural es percibido como el lugar donde se desarrollan las partes más importantes de la vida cotidiana, relacionadas con intereses y necesidades que van más allá de la participación en el mercado. Se percibe que las tareas de cuidados realizadas por las mujeres –dirigidas a atender las necesidades de las personas, las plantas y los animales– no persiguen una lógica lucrativa, sino que la intención es proporcionar a los seres vivos una mejor calidad de vida (Herrera, 2019).

En debate con las perspectivas que consideran los cuidados únicamente como una carga, una investigación postula que los repertorios de cuidados de mujeres rurales pueden ser considerados como prácticas sociopolíticas (Kunin, 2018). El estudio destaca que las mujeres construyen nociones émicas de cuidado y maternalistas, que las habilitan a participar en espacios colectivos. Su ingreso en ciertos ámbitos públicos se facilita al esencializar y reforzar su lugar de “mujeres que cuidan”. Sin resistir las marcaciones tradicionales de género, la posición de madres y cuidadoras les permite desplegar una agencia relacional, que no se dirige a generar cambios progresistas, sino a lograr continuidad y estabilidad, aspectos relevantes para mujeres que han sido modeladas por tradiciones no liberales.

Los hallazgos evidencian la relevancia de indagar en los significados que tienen las tareas reproductivas para las mujeres rurales, por cuanto su extendida desvalorización resulta una arista central de la permanencia de la división sexual del trabajo y contribuye a opacar los aportes económicos que ellas realizan. Lo dicho no debe soslayar que los sentidos construidos en torno a estas tareas son diversos e incluyen, en algunos casos, el reconocimiento de la importancia que tienen las mujeres y sus trabajos para la reproducción doméstica y comunitaria.

La medición y valoración del uso del tiempo en los espacios rurales latinoamericanos

Un conjunto de autores/as desarrolla investigaciones enfocadas en la medición y/o valorización del uso del tiempo, según diferencias género-sexuales, en ámbitos rurales.

Quienes llevan adelante estudios locales (es decir, circunscritos territorialmente) y construyen información primaria recurren a categorías que buscan dar cuenta de los volúmenes reales de trabajo, como carga global de trabajo (Batthyány, 2011; Gallardo, 2016) y/o jornada de trabajo total (Dos Santos et al., 2020) y con ello establecen relaciones directas y de interdependencia entre trabajo productivo y trabajo doméstico y de cuidado. En particular, el artículo de Alberti-Manzanares et al. (2014) se caracteriza por trascender la medición y otorgar a las horas de trabajo doméstico y de cuidados un valor dinerario, buscando mostrar la participación de este trabajo no remunerado en el PBI nacional.

Estos/as investigadores/as recurren a encuestas de uso del tiempo nacionales y estaduales de sus países de referencia y/o de otros países de la región, con la finalidad de contextualizar sus datos empíricos acotados y ponerlos a dialogar. Sin embargo, dejan traslucir que se trata de un tipo de información estadística poco relevada en la región[3], en particular para los espacios rurales. Batthyány (2011) y Peña y Uribe (2013) argumentan que son pocos los estudios que indagan en zonas rurales las desigualdades de género en la dedicación horaria al trabajo no remunerado y sus consecuencias para las mujeres.

Esta última investigación citada recoge fuentes secundarias de información sobre tres casos de estudio (México, Colombia y Uruguay), con el propósito de identificar los avances en la valorización y visibilización del trabajo no remunerado de las mujeres rurales, principalmente jóvenes. Destacan que los métodos utilizados dificultan medir el trabajo no remunerado de las mujeres rurales en relación con la misma medición en mujeres urbanas. En principio, informan que, si bien es usual que porciones de la producción agrícola sean utilizadas para el consumo familiar, se contabilizan como producción de mercado. Luego, no se mide adecuadamente la producción autoconsuntiva que constituye un componente significativo del trabajo no remunerado de las mujeres, por ejemplo, los huertos familiares, la cría de animales de granja, los tejidos y la provisión de combustible y de agua (Peña y Uribe, 2013).

Finalmente, estimar la simultaneidad de las actividades es un problema que también se agudiza y complejiza más para mujeres rurales, puesto que en el ámbito doméstico las fronteras entre tareas productivas y reproductivas, entre producción para el consumo y la venta, son difíciles de discriminar.

Ortega Carpio y Méndez Anchaluisa (2017), a partir de un estudio mixto cuanti-cualitativo, sugieren una serie de modificaciones para la Encuesta de Uso del Tiempo de Ecuador (2012), a fin de compatibilizarla con las realidades de las mujeres rurales. Para captar la simultaneidad de las tareas proponen incorporar la variable multitrabajo, especialmente relevante en territorios campesinos “[…] donde es muy frecuente que las tareas agrícolas para autoconsumo (cosecha, desgranar, moler granos, ordeñar vacas) estén acompañadas de actividades de cuidado y supervisión de los hijos (amamantar, supervisar el esparcimiento de los hijos) […]” (Ortega Carpio y Méndez Anchaluisa, 2017: 58).

Asimismo, evalúan conveniente ampliar las unidades de análisis más allá de la familia nuclear, incorporando redes de relaciones más amplias, como el hogar ampliado, el hogar compuesto y la organización comunitaria. Sugieren también cambios que demandarían el rediseño de la encuesta, como ampliar los rangos etarios para contabilizar la contribución al trabajo productivo y reproductivo de las y los niños de entre 6 y 12 años, que en el ámbito rural es destacado (Ortega Carpio y Méndez Anchaluisa, 2017).

En síntesis, la mayoría de los y las autoras recuperan mediciones del tiempo destinado al trabajo, remunerado y no remunerado, para los siguientes países: México (2009), Colombia (2007), Ecuador (2008, 2012), Brasil (2008, 2015) y Uruguay (2007). Y si bien los datos se analizan de forma comparativa, advierten que no se aplica en todos los casos una clasificación de actividades equivalente, ni el mismo tipo de cuestionario y método de contabilización (Batthyány, 2011; Peña y Uribe, 2013). Aun así, a partir de estos, establecen tendencias generales que develan principalmente la brecha de género en el uso del tiempo, pero también brechas por lugar de residencia.

En todos estos países las mujeres tienen cargas globales de trabajo superiores a los varones tanto en el medio rural como en el urbano. La brecha de género en Uruguay (2007), por ejemplo, alcanza en zonas urbanas las 23 horas de trabajo por semana, y en zonas rurales, las 34 horas (Batthyány, 2011). De todas formas, al desglosar dichas cargas de trabajo identifican que los varones (en la totalidad de los casos) concentran gran parte de las horas de trabajo remunerado y las mujeres, por otro lado, asumen las mayores cargas de trabajo no remunerado.

Nos interesan particularmente las brechas que se producen por lugar de residencia, pues mujeres de ámbitos rurales y urbanos no presentan las mismas cargas de trabajo. De los cinco países referenciados más arriba, se registran mayores cargas en las mujeres rurales en México, Colombia y Uruguay[4] (Batthyány, 2011; Peña y Uribe, 2013). Asimismo, quienes construyen sus datos estadísticos primarios con base en estudios de caso identifican en esos ámbitos rurales una división sexual del trabajo conservadora y tradicional, lo que se ve reflejado en cifras (Dos Santos et al., 2020; Batthyány, 2011; Alberti-Manzanares et al., 2014).

Cambios y continuidades en el trabajo reproductivo según procesos migratorios nacionales y/o trasnacionales

Estos antecedentes observan el trabajo reproductivo a la luz de los procesos migratorios. Sostienen que las migraciones pueden profundizar inequidades de género preexistentes (Sifuentes Ocegueda et al., 2018), producen impactos diferenciales en las zonas de origen según se trate de procesos feminizados o masculinizados (Vizcarra-Bordi et al., 2013) e incrementan significativamente las responsabilidades y trabajos de las mujeres que se quedan cuando los migrantes son los cónyuges varones (Vizcarra-Bordi et al., 2013; Kral, 2006).

En la región costera de Nayarit (México) las familias migran para el corte y ensarte de tabaco, en un contexto de alta precariedad. Las jornaleras, además de trabajar en los cultivos de sol a sol, “emigran con la responsabilidad de los trabajos de cuidados a cuestas” (Sifuentes Ocegueda et al., 2018: 121), pues deben “armar un hogar” en las parcelas, albergues o patios de los contratantes, donde puedan cocinar, cuidar a sus hijos/as y enseñarles el oficio de jornalero/a, al que también contribuyen con su trabajo (Sifuentes Ocegueda et al., 2018).

La extensa experiencia de migración mexicana a los Estados Unidos ha creado una cultura de la migración, que involucra a las comunidades rurales (Kandel y Massey, 2002 en Kral, 2006). Las autoras que estudian la migración internacional hacia dicho país y Canadá indican que son predominantemente masculinas y que obtienen como resultado la intensificación del trabajo femenino, particularmente el incremento del trabajo reproductivo (Kral, 2006; Vizcarra-Bordi et al., 2013).

En las comunidades indígenas mazahuas del Estado de México, la ausencia de los varones induce a las mujeres a asumir las actividades productivas que ellos realizaban, “[…] pero al trasladarse al dominio femenino […] se integran a la lista de actividades domésticas no remuneradas” (Vizcarra-Bordi et al., 2013: 212). En efecto, se adicionan el cobro de remesas y su gestión, el cuidado de la parcela y las responsabilidades que los varones contraen habitualmente a nivel comunitario, en el contexto de una sociedad patrilocal donde cada movimiento y conducta de las mujeres está sujeta a un estricto control y vigilancia por parte de los/as familiares del marido. Esto mismo es identificado también por Kral (2006) en Rancho Chihuahua (frontera norte de México)[5].

Kral destaca, particularmente, la acentuación del trabajo de parentesco como parte del trabajo reproductivo, orientado a fomentar y mantener los vínculos entre parientes biológicos y políticos, pues los procesos de migración trasnacionales demandan el fortalecimiento de las relaciones sociales y la creación de una red de apoyo para emigrantes, que se traduce en el mantenimiento activo de la comunicación (cartas, llamadas telefónicas), en reunir a los/as parientes en festividades y celebraciones y en intercambiar favores de transporte y cuidado de niños/as, entre otros (Kral, 2006).

Las mujeres identifican que su rol en la familia y en la comunidad es importante (Kral, 2006); sin embargo, dadas las concepciones tradicionales de género, muchas de ellas dependen económicamente de las remesas –que no siempre alcanzan o son enviadas–, no les es permitido desarrollar trabajos remunerados libremente y se encuentran muy controladas (Vizcarra-Bordi et al., 2013; Kral, 2006). Sus cónyuges, al tiempo que delegan en ellas muchas responsabilidades, se esfuerzan por mantener su autoridad como jefes de hogar (Vizcarra-Bordi et al., 2013).

Respecto de los procesos de migración femenina en búsqueda de trabajo productivo, tanto Vizcarra-Bordi et al. (2013) como Kral (2006) indican que las mujeres se dirigen a otras localidades cuando son jóvenes, luego se casan y vuelven a las comunidades a desempeñarse en papeles domésticos y de cuidado familiar. En las comunidades mazahuas, particularmente, la migración femenina ha mostrado un leve incremento, y se caracteriza por activar una serie de apoyos también femeninos para el cuidado de hijos e hijas y por un mayor compromiso de las mujeres migrantes con sus familias de origen, en cuanto a sus responsabilidades económicas y de cuidados (Vizcarra-Bordi et al., 2013).

Incidencia del trabajo productivo-reproductivo en la salud de las mujeres rurales

Como vimos, para las mujeres rurales producción y reproducción se entremezclan en la vida diaria y sus fronteras resultan difíciles de trazar, razón por la cual la incidencia del trabajo en su salud debe abordarse en las circunstancias de un trabajo continuo y deben considerarse los riesgos derivados tanto del empleo como del trabajo doméstico (Medel y Riquelme, 1995).

Los pocos estudios disponibles sobre el tema en medios rurales destacan las extensas jornadas, los exigentes ritmos de trabajo y los intensos esfuerzos físicos que demanda la conjunción del trabajo agrícola y el reproductivo, caracterizada como una carga excesiva generadora de diferentes padecimientos. Algunas autoras destacan el estrés, asociado a la falta de tiempo libre y recreación, como también una acumulación de dolencias y síntomas señalados por las trabajadoras como “gajes del oficio” (Logiovine, 2017).

Entre los malestares psíquicos provocados por las tareas reproductivas se destaca que, en cuanto se las considera como atributo propio de las mujeres y como una obligación de género, si no se realizan “de forma correcta”, las mujeres vivencian sentimientos de culpabilidad, ira, frustración, estrés e incertidumbre sobre el rol de cuidadoras asumido. Adicionalmente, puesto que cuidar se presenta como una responsabilidad inherente a las mujeres, es poco habitual que puedan manifestar abiertamente el desagrado o inconformidad que estas tareas les provocan (Amariles y López, 2019).

Otros trabajos (Linardelli, 2018) señalan que el solapamiento y la tensión entre obligaciones productivas y reproductivas sostenidas por las asalariadas agrícolas produce una morbilidad laboral específica, que combina enfermedades dermatológicas y respiratorias debido al uso de agrotóxicos y pesticidas, dolores posturales por la intensa demanda física del trabajo, recurrentes accidentes laborales y malestar emocional por la intensidad y extensión de la carga global de trabajo. Además, el limitado acceso a los servicios de salud, vinculado con la residencia rural y las precarias condiciones de trabajo, obliga a las trabajadoras a postergar la búsqueda de atención médica hasta límites que ponen en riesgo su integridad física.

En conjunto, se verifica que la carga de tareas domésticas y de cuidados de las mujeres rurales, junto a la forma particular en que estas se combinan con las exigencias productivas, exhibe acusados procesos de afectación de la salud. Sin embargo, la investigación disponible aún resulta incipiente para señalar resultados categóricos.

Reflexiones finales

La revisión bibliográfica nos permitió identificar 24 escritos científicos en América Latina que indagan sobre el trabajo reproductivo en zonas rurales como parte de su principal objeto de análisis. Aun cuando se trató de una búsqueda acotada y en gran medida exploratoria, logramos detectar ciertas tendencias y hallazgos relevantes.

En una primera y rápida observación advertimos que el corpus es reducido, es decir, son pocos los antecedentes científicos recabados. Para nosotras esto es indicativo de un aspecto fundamental: el resurgimiento del interés por el trabajo reproductivo (o de cuidados) de los estudios de género y/o feministas no aplica significativamente a los espacios rurales/agrarios. Asimismo, esta escasez nos lleva a interrogarnos acerca de la poca presencia que el tema tiene en los estudios sociales agrarios, campo de conocimiento que podría involucrarse en estas discusiones. No es casual que una parte considerable de las investigaciones citadas manifiesten una preocupación por contribuir a visibilizar y valorizar el trabajo productivo y reproductivo de las mujeres rurales. Dicha finalidad refleja, primeramente, la vocación de destacar la participación de las mujeres en la vida social, frente al dominio histórico del androcentrismo científico; luego, el incipiente estado de conocimiento sobre el tema, que demanda con insistencia hacer visible lo invisible.

Otras inquietudes transversales se relacionan con generar conocimiento para contribuir a las políticas públicas y de desarrollo rural, y con mostrar las implicancias que las cargas de trabajo tienen para las mujeres en términos subjetivos, en su salud, en su posición social y en sus oportunidades económicas, formativas, recreativas y de organización política. Además, de fondo, estas investigaciones ponen en evidencia (aunque no lo expresan en estos términos) que reiteradamente el trabajo de las mujeres funciona como variable de ajuste sobre la que descansan cambios productivos, de los modelos de desarrollo y de los procesos de acumulación.

Con la revisión temática identificamos estudios que aportan a: 1) conocer aspectos característicos del trabajo reproductivo en el medio rural, 2) examinar las interacciones y mutuas modificaciones entre trabajo productivo y reproductivo, 3) comprender la manera en que dicho trabajo es significado y percibido por las mujeres, 4) medir y valorizar el uso del tiempo a partir de la comparación de las cargas de trabajo de mujeres y varones en zonas rurales, y la revisión de los instrumentos de medición, 5) conocer los cambios que inducen los procesos de migración en el trabajo reproductivo y 6) determinar la incidencia que tiene el trabajo productivo-reproductivo en la salud de las mujeres rurales.

Debemos mencionar que esta forma de organizar la información tiene algunas limitaciones. La construcción de ejes temáticos permitió un acercamiento exploratorio e identificar temas o procesos relevantes; sin embargo, en esa búsqueda se diluyen algunas diferencias relevantes que existen entre las mujeres rurales, vinculadas con la clase social, la relación con la tierra, las desigualdades raciales y la condición migratoria. Nuestra intención no es presentar una aparente homogeneidad, sino reconocer posibles desafíos y problemáticas comunes, que planteamos a continuación.

El trabajo de las mujeres rurales guarda especificidades que exigen realizar análisis singulares y no extrapolar la situación de las ciudades. Uno de los trazos distintivos del medio rural es la difusa delimitación –física y simbólica– entre tareas productivas y reproductivas, hecho que oculta la importancia de los aportes económicos de las mujeres y su carga global de trabajo, al tiempo que intensifica y extiende las labores que ellas sostienen. La domesticidad rural, además, requiere una ardua dedicación debido a la menor mercantilización de la subsistencia y la mayor precariedad de los entornos rurales. Este escenario demanda a las mujeres complejas estrategias para responder a las exigencias productivas y reproductivas, con repercusiones profundas en su salud, que sugieren la existencia de una morbilidad laboral específica asociada con la doble presencia.

En cuanto a los y las autoras que estudian el trabajo reproductivo desde un enfoque estadístico, indican que en las zonas rurales las brechas de género en el uso del tiempo son significativas, pero también lo son para algunos países las brechas por lugar de residencia (rural o urbano). Marcan, asimismo, las dificultades metodológicas que este tipo de instrumentos tiene para captar las particularidades del medio rural.

Los significados construidos sobre trabajo reproductivo evidencian las contradicciones que su ejecución suscita en las mujeres. Junto a la habitual desvalorización de estas tareas y la identificación de las limitaciones que imponen, surgen sentidos sobre la contribución que realizan al bienestar de las personas, los animales y las plantas, como también la centralidad que tienen para la calidad de vida en el mundo rural. Las significaciones en tensión revelan un cierto reconocimiento de la carga y el valor de estas labores. Por ejemplo, en el caso de los “hogares partidos” (Kral, 2006) por motivos de migración del cónyuge, las mujeres que se quedan expresan ser los pilares de la familia, e incluso de la comunidad, pero también sienten que deben asumir obligaciones excesivas sin poder elegir. Pues la migración de este tipo, además de depositar en las mujeres las tareas que realizaba su cónyuge, incrementa el trabajo reproductivo del que ya eran responsables.

Para finalizar queremos destacar que el predominio de estrategias cualitativas y de estudios de escala local, aunque brindan información profunda y relevante, evidencia un cierto desbalance en el tipo de conocimiento disponible. Consideramos necesario producir datos agregados e información comparativa que ofrezca un panorama más amplio, identifique tendencias nacionales/regionales e indique núcleos problemáticos extendidos. La carencia de relevamientos estadísticos periódicos y sostenidos, que impide conocer la evolución temporal de la carga de trabajo reproductivo y realizar comparaciones entre países, es otro asunto que requiere ser subsanado. Atender estas vacancias y explorar la diversidad de situaciones en que trabajan las campesinas, agricultoras familiares, mujeres indígenas y migrantes que pueblan los territorios rurales de América Latina son desafíos futuros para profundizar el conocimiento existente.

Bibliografía citada

Alberti-Manzanares, Pilar; Zavala-Hernández, Mirna; Salcido-Ramos, Blanca y Real-Luna, Natalia (2014). “Género, economía del cuidado y pago del trabajo doméstico rural en Jilotepec, Estado de México”. Agricultura, sociedad y desarrollo, 11(3), 379-400.

Amariles Padilla, Verónica Alexandra y López Moreno, Marhal Gesselle (2019). Cuidados y nueva ruralidad: aportes para la política pública de mujer y género en el municipio de Chía, Cundinamarca (Tesis en Trabajo Social). Universidad de La Salle, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Bogotá, Colombia.

Appendini, Kirsten (2002). “La perspectiva de género en la teoría económica y en los estudios de desarrollo”. Umbrales, 11, 131-162.

Aranda Baeza, Ximena (1982). “El díptico campesina-asalariada agrícola”. En Deere (Ed.), Debate sobre la mujer en América Latina y El Caribe: discusión acerca de la unidad producción-reproducción (pp. 161-178). Bogotá: ACEP.

Arizpe, Lourdes (1986). “Las mujeres campesinas y la crisis agraria en América Latina”. Nueva Antropología, VIII(30), 57-65.

Batthyány, Karina (2011). “Uso del tiempo y trabajo remunerado: división sexual del trabajo y contratos de género. Un estudio de caso en el medio rural familiar”. En Piñeiro, Vitelli y Cardeillac (Coords.), Relaciones de género en el medio rural uruguayo: inequidades “a la intemperie” (pp. 81-206). Montevideo: Universidad de la República.

Benería, Lourdes (2005). “Los estudios sobre la mujer y el género en la economía: una visión histórica”. En Benería (Ed.), Género, desarrollo y globalización. Por una ciencia económica para todas las personas. Barcelona: Hacer Editorial.

Benería, Lourdes y Sen, Gita (1982). “Acumulación, reproducción y el papel de la mujer en el desarrollo económico: una revisión de Boserup”. En Deere (Ed.), Debate sobre la mujer en América Latina y El Caribe: discusión acerca de la Unidad Producción-Reproducción (pp. 23-38). Bogotá: ACEP.

Boni, Valdete (2005). Produtivo ou Reprodutivo: O trabalho das mulheres nas agroindústrias familiares-um estudo na região oeste de Santa Catarina (Tesis de maestría). Universidad Federal de Santa Catarina. Florianópolis: Brasil.

Campana, Pilar (1982). “Mujer, trabajo y subordinación en la Sierra central de Perú”. En Deere (Ed.), Debate sobre la mujer en América Latina y El Caribe: discusión acerca de la unidad producción-reproducción. Las trabajadoras del agro (vol. II, pp. 143-160). Bogotá: ACEP.

Caro-Molina, Pamela (2018). “Infancia rural y trabajo productivo y reproductivo en el Valle de Aconcagua. Una mirada de género”. Revista Austral de Ciencias Sociales, 34, 169-191.

Carrasco, Cristina (2009). “Tiempos y trabajos desde la experiencia femenina”. Revista PAPELES de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, 108, 45-54.

Dalla Costa, Mariarosa (1972). “Las mujeres y la subversión de la comunidad”. En Dalla Costa y James, El poder de la mujer y la subversión de la comunidad. México: Siglo XXI.

De Moura Varanda, Ana Paula (2019). “Gênero, trabalho doméstico e comunitário: Um debate a partir das organizações econômicas de mulheres rurais da zona da mata mineira (mg, Brasil)”. Finisterra, LIV(112), 131-144.

D`Angelo, Lucía Florencia (2011). “El vínculo entre trabajo productivo y reproductivo en las trayectorias de mujeres jóvenes rurales”. Intersticios. Revista sociológica de pensamiento crítico, 5(2).

Deere, Carmen Diana y León, Magdalena (1982). “Producción campesina, proletarización y la división sexual del trabajo en la Zona Andina”. En Deere (Ed.), Debate sobre la mujer en América Latina y El Caribe: discusión acerca de la Unidad Producción-Reproducción. Las Trabajadoras del Agro (vol. II, pp.105-132). Bogotá: ACEP.

Dos Santos, Jordan Brasil; Bohn, Liana y Almeida, Helberte João França (2020). “O papel da mulher na agricultura familiar de Concórdia (SC): O tempo de trabalho entre Atividades produtivas e reprodutivas. Textos de Economia, 23(1), 1-27.

Esquivel, Valeria (2011). La economía del cuidado en América Latina: poniendo a los cuidados en el centro de la agenda. El Salvador: Procesos Gráficos.

Farah, María Adelaida (2004). “Algunos elementos de análisis sobre el trabajo rural remunerado y no remunerado en América Latina desde una perspectiva de género”. Revista de Fomento Social, 59, 801-821.

Federici, Silvia (1976). “Salario contra el trabajo doméstico”. Debate feminista, 22, 52-61.

Federici, Silvia (2013). Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Madrid: Traficantes de Sueños.

Gallardo, León Jesús (2016). Aporte de las mujeres a la reproducción económica y social y los contenidos sociales y culturales de la distribución del trabajo no remunerado: estudio comparativo entre población indígena rural, afro-ecuatoriana y mestiza urbana (Informe Final de Investigación de licenciatura). Universidad Central del Ecuador, Quito.

Gardiner, Jean (2005 [1975]). “El trabajo doméstico de las mujeres”. En Rodríguez y Cooper, El debate sobre el trabajo doméstico. Antología. México: UNAM.

Herrera, Karolyna (2016). “Da Invisibilidade ao Reconhecimento: mulheres rurais, trabalho produtivo, doméstico e de care”. Política & Sociedade, 15, 208-233.

Herrera, Karolyna Marin (2019). A jornada interminável: a experiência no trabalho reprodutivo no cotidiano das mulheres rurais (Tesis doctoral). Universidad Federal de Santa Catarina, Florianópolis: Brasil.

Kral, Karla (2006). “Somos todo aquí y allá: trabajo reproductivo y productivo de mujeres en una comunidad transnacional en Chihuahua, México”. La ventana, 24, 406-439.

Kunin, Johana (2018). “Prácticas de cuidado, mujeres y agencia en el interior rural de Buenos Aires”. Perifèria: revista de recerca i formació en antropologia, 23(2), 43-69.

León, Magdalena (2007). “Tensiones presentes en los estudios de género”. En Arango y Puyana (Comps.), Género, mujeres y saberes en América Latina. Entre el movimiento social, la academia y el Estado. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

León, Magdalena (1982). Debate sobre la mujer en América Latina y El Caribe: discusión acerca de la unidad producción-reproducción. Vol. I, La Realidad Colombiana; Vol. II, Las Trabajadoras del Agro; Vol. III, Sociedad, Subordinación y Feminismo. Bogotá: ACEP.

Linardelli, María Florencia (2018). “Entre la finca, la fábrica y la casa: el trabajo productivo y reproductivo de trabajadoras agrícolas migrantes en Mendoza (Argentina) y su incidencia en la salud-enfermedad”. Salud Colectiva, 14, 757-777.

Logiovine, Sabrina (2017). División sexual del trabajo y ruralidades: abordaje psicosocial sobre el uso del tiempo y trabajo no remunerado en mujeres rurales. En IX Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología. Facultad de Psicología-Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

Maletta, Héctor (2009). Epistemología aplicada: Metodología y técnica de la producción científica. Perú: CIES, CEPES, Universidad del Pacífico.

Medel, Julia y Riquelme, Verónica (1995). “La estacionalidad del empleo y la salud de las temporeras de la fruticultura en Chile”. En Lara Flores (Coord.), Jornaleras, temporeras y bóias-frias: el rostro femenino del mercado de trabajo rural en América Latina (pp. 147-162). Caracas: Nueva Sociedad.

Mingo, Elena (2016). “Asalariadas en el sector agroindustrial: pensar el lugar de responsabilidad colectiva en el trabajo de cuidado”. Revista de Ciencias Sociales, 29(39), 35-56.

Molyneux, Maxine (2005 [1979]). “Más allá del debate sobre el trabajo doméstico”. En Rodríguez y Cooper, El debate sobre el trabajo doméstico. Antología. México: UNAM.

Pardías, Silvina (2017). “Mujeres tamberas: transformaciones en el trabajo productivo y reproductivo en establecimientos lecheros familiares de Entre Ríos, Argentina”. Antropologías del Sur, 4(7), 179-198.

Peña Ximena y Uribe, Camila (2013). Economía del cuidado: valoración y visibilización del trabajo no remunerado. Documento de Trabajo 191, IEP, Lima: Nuevas Trenzas.

Ortega Carpio, Sandra Patricia y Méndez Anchaluisa, Jorge Ivan (2017). Análisis del trabajo reproductivo y de cuidado de las mujeres de zonas rurales a través de un estudio de caso, un enfoque de la organización comunitaria (Informe Final de Investigación de Licenciatura). Universidad Central del Ecuador, Ecuador.

Pessolano, Daniela (2018). Puesteras, economía de la vida y persistencia campesina en territorios no irrigados. Un estudio de caso en el este de Mendoza (Tesis de doctorado). Universidad Nacional de Cuyo, Argentina.

Rodríguez Enríquez, Corina (2005). Economía del cuidado y política económica: una aproximación a sus interrelaciones. En Trigésima octava reunión de la Mesa Directiva de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe CEPAL. Mar del Plata, Argentina.

Rodríguez Enríquez, Corina (2015). “Economía feminista y economía del cuidado. Aportes conceptuales para el estudio de la desigualdad”. Revista Nueva Sociedad, 256, 30-44.

Rodríguez Enríquez, Corina (2019). “Trabajo de cuidados y trabajo asalariado: desarmando nudos de reproducción de desigualdad”. Revista THEOMAI, 39, 78-99.

Rojas, Johana Rocío Maribel (2018). “Mujeres jóvenes rurales, sus estrategias laborales y la economía del cuidado en la provincia de San Juan, Argentina”. Revista Latinoamericana de Antropología del Trabajo, 2(4).

Roldán, Marta (1982). “Subordinación genérica y proletarización rural: un estudio de caso en el noroeste mexicano”. En Deere (Ed.), Debate sobre la mujer en América Latina y El Caribe: discusión acerca de la unidad producción-reproducción. Las trabajadoras del agro (vol. II, pp. 75-102). Bogotá: ACEP.

Salva, María Cristina (2013). Horticultoras, madres y cuidadoras: mujeres y subjetividad en espacios rurales. En IV Congreso Internacional de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata, La Plata.

Salvador, Soledad (2015). “La valoración económica del trabajo no remunerado”. En Batthyány (Ed.), Los tiempos del bienestar social. Género, trabajo no remunerado y cuidado en Uruguay. Montevideo: InmujeresMides.

Sifuentes Ocegueda, Ema Lorena, Rivera Flores, Karla Yanin y Sifuentes Ocegueda, Ana Teresa (2018). “Tiempos de vida de las mujeres en el medio rural. Trabajos de cuidados y opciones productivas en Nayarit, México”. Género. Revista de investigación y divulgación sobre los estudios de género, 23, 105-138.

Torres, Graciela (2004). “Mujer campesina y trabajo. Su rol en la actividad productiva y reproductiva de los Valles Calchaquíes”. Andes, 15.

Vizcarra-Bordi, Ivonne; Lutz, Bruno y Ramírez-Hernández, Roque (2013). “El mismo fogón: migración y trabajo reproductivo femenino en comunidades mazahuas”. Convergencia, 20(61), 193-218.

Young, Kate (1982). “Formas de apropiación y la división sexual del trabajo: un estudio de caso de Oaxaca, México”. En Deere (Ed.), Debate sobre la mujer en América Latina y El Caribe: discusión acerca de la unidad producción-reproducción. Las trabajadoras del agro (vol. II, pp. 55-74). Bogotá: ACEP.


  1. Somos conscientes de que el recorte planteado excluye información pertinente que brindan investigaciones sobre el trabajo en general de las mujeres rurales, o de manera más específica, sobre su trabajo productivo/asalariado, pues al hablar del trabajo femenino rural las/os autores/as usualmente se refieren al trabajo reproductivo. Este recorte se explica en el marco de nuestros intereses, que buscan relevar los estudios que tienen como principal objeto de análisis el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
  2. No obstante esta clasificación, algunos textos realizan aportes a más de un eje temático.
  3. El estado incipiente de la medición y valorización del uso del tiempo es corroborado por autoras referentes en la temática (Salvador, 2015).
  4. En Ecuador las autoras que recuperan esta información presentan datos distintos. Unas registran mayores cargas de trabajo en las mujeres rurales (Peña y Uribe, 2013) y otras en las mujeres urbanas (Batthyány, 2011).
  5. Esta zona es ganadera, por lo que, además, se hacen cargo de la ganadería en ausencia de sus cónyuges.


Deja un comentario