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Introducción

En la noche del 9 de mayo del 2012, la Plaza del Congreso ubicada en el centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se vio sacudida por los festejos de las organizaciones de travestis, transexuales, transgénero, trans, lesbianas, gays, bisexuales y feministas con sus simpatizantes, allegados y allegadas. Había sido aprobada la Ley de Identidad de Género argentina, la primera en el mundo que permitió acceder al cambio de nombre y sexo en el documento nacional de identidad y a los tratamientos médicos de construcción corporal sin pasar por procesos de diagnóstico médico ni autorizaciones judiciales. La Ley 26.743 establece que los tratamientos médicos sean realizados solo si las personas así lo solicitan y, en su artículo 11º, dispone su cobertura por parte del sistema público de salud, obras sociales y planes de medicina prepagos. Por tratarse de una política púbica destinada a la población de la “diversidad sexual”, lograda gracias al accionar militante de las organizaciones de travestis, transexuales, transgéneros y trans, su sanción guarda continuidad con la Ley 26.618 de Matrimonio Igualitario aprobada dos años antes. A diferencia de aquella, el proceso de demanda y sanción de la Ley de Identidad de Género no provocó el debate público y mediático ni la movilización social -tanto de apoyo como de rechazo- en la escala que aquella suscitó.

La Ley de Identidad de Género fue tratada en dos sesiones parlamentarias en las que primó el discurso de la corrección política. Su aprobación marcó un antes y un después en varios aspectos: a partir de su sanción, en Argentina cualquier persona mayor de dieciocho años puede modificar su nombre de pila, sexo e imagen en su documento nacional de identidad presentándose ante cualquier oficina del registro civil con su partida de nacimiento. A su vez, los/as profesionales de la salud pueden indicar y realizar intervenciones quirúrgicas genitales sin tener que contar con una autorización judicial para ello. De este modo, las categorías legales de varón o mujer quedaron escindidas de los mecanismos médico-legales de asignación sexo-genérica ligados a la genitalidad de las personas. Asimismo, su aprobación representó el momento de mayor permeabilidad del Estado a las demandas de las organizaciones de travestis, transexuales, transgéneros y trans locales. Estas se conformaron en la década de 1990 cuando aún regían figuras contravencionales que penalizaban, por ejemplo, el hecho de “vestir con ropas del sexo opuesto” y las cirugías genitales se encontraban prohibidas por el Código Penal y la Ley Nacional de Ejercicio de la Medicina salvo que estuvieran clínicamente justificadas.

Es posible afirmar que el concepto de derecho humano a la identidad de género que la Ley condensó se compone de dos dimensiones interconectadas: la legal y la sanitaria. Su aspecto sanitario no se encuentra subordinado al legal, ya que no es necesario realizar el cambio registral para acceder a los tratamientos médicos de construcción corporal. Esta característica no representa un hecho menor. Travestis, transexuales, transgéneros y trans pueden intervenir sus cuerpos a fin de construir una imagen corporal acorde a su identidad. Dichas intervenciones pueden ser temporales o permanentes, pueden ser realizadas de forma autoagenciada o medicalizada, de modo legal o –con anterioridad a la sanción de la Ley de Identidad de Género- clandestino. Muchas de estas prácticas también son llevadas a cabo por las personas cisgénero[1] para construir su propia imagen corporal. Sin embargo, al ser practicadas por personas trans, desafían no sólo las normas sexuales sino también las normas de género, las que acarrean una dimensión corporal y pública ineludible.

En esta tesis indago en los modos de regulación social de los tratamientos médicos de construcción corporal trans antes de la aprobación de la Ley de Identidad de género y las reconfiguraciones emergentes a partir de su sanción. Específicamente, hago foco en los tratamientos hormonales y quirúrgicos. Utilizo el término trans en un sentido que engloba una amplia gama de posibilidades identitarias y de construcción corporal que desafían el régimen binario de género. A su vez, sostengo que el deseo de modificar aquellos aspectos de la corporalidad ligados culturalmente a la sexualidad o al género puede corresponderse o no con el uso de las categorías identitarias del travestismo, la transexualidad, la transgeneridad o lo trans.

Describo, analizo y comparo cuatro discursos públicos en los que se producen y disputan sentidos alrededor de los procesos de construcción corporal trans en Argentina: el médico, el judicial, el activista y el parlamentario. Abordo el período comprendido entre 1966 y 2015, con énfasis en los años más recientes. En 1966 fue producido el primero de los fallos analizados en la tesis y en 2015 el Poder Ejecutivo Nacional aprobó el Decreto Nº 903/2015 que reglamentó el artículo 11º de la Ley de Identidad de Género. En los casi cincuenta años que abarco en la tesis, los tratamientos médicos de construcción corporal pasaron de ser entendidos como intervenciones mutilantes o a lo sumo una forma indicada para paliar el sufrimiento psíquico causado por una un trastorno de la identidad, a expresiones de autonomía de la voluntad y decisión sobre el propio cuerpo que requieren de intervenciones médicas, cuyos riesgos deben ser evaluados y sopesados.

Sostengo que las prácticas de construcción corporal trans que precisan del conocimiento y las tecnologías médicas son un objeto en disputa cuya regulación no le compete exclusivamente al campo médico, sino que se construye en base a los discursos producidos en los cuatro escenarios que abordo en la tesis.

Las preguntas que guían este recorrido son: ¿De qué modos el escenario médico, judicial, activista y parlamentario, con sus reglas específicas de producción discursiva, configuran las coordenadas de lo decible y lo pensable en torno a los tratamientos médicos de construcción corporal trans y las condiciones para su acceso en Argentina en el período abordado?¿Cómo se establece y reconfigura la correlación de fuerzas entre los distintos escenarios discursivos analizados?¿Qué debates públicos moldean las posibilidades de reconocimiento de la autonomía corporal de las personas trans? Respondo dichos interrogantes analizando los discursos desplegados por profesionales de la salud, jueces/zas, activistas y legisladores/as nacionales alrededor de los tratamientos médicos de construcción corporal trans con anterioridad a la sanción de la Ley de Identidad de Género y las discusiones en torno al vínculo entre los y las trans y los saberes y prácticas médicas que emergieron a partir de su aprobación.

En el recorrido de la tesis argumento que el régimen contemporáneo de gobierno de los cuerpos trans se despliega en una interfaz de interacción dinámica entre los distintos espacios sociales en los que se producen discursos sobre los cuerpos. Identifico las afinidades, acoplamientos, disputas y contradicciones entre estos discursos y sus definiciones de lo bueno, lo deseable, lo inapropiado o lo riesgoso para las personas en relación con sus cuerpos y las posibilidades de transformación de los mismos ofrecidas por las tecnologías médicas.

Sostengo que los cambios normativos condensados en la Ley de Identidad de Género cristalizaron el desarrollo de mutaciones en las formas de gobierno de los cuerpos trans. La sanción de la Ley de Identidad de Género produjo las condiciones para la conformación de un escenario de carácter híbrido en el que los discursos expertos de la medicina se vieron interpelados por las demandas de los y las trans, cuyas acciones y discursos adquirieron las características de las demandas de biociudadanía. Las formas instituidas de autoridad médica y relación médico-paciente se vieron tensionadas por las prácticas de autogobierno y de gestión individual de los riesgos de los tratamientos por parte de los y las trans.

Resulta pertinente aclarar que toda investigación implica un recorte. Los procesos de regulación de los cuerpos trans o disidentes de las normas binarias de género podrían haber sido ser indagados desde la historia oral, la literatura, los registros mediáticos o audiovisuales, entre tantos otros posibles. Me centro en estos cuatro discursos públicos para, tangencialmente, indagar en el proceso de demanda y sanción de la Ley de Identidad de Género, sus condiciones discursivas de posibilidad, los debates sociales en los que se enmarcó y las nuevas formas de regulación que la misma habilitó. Esto implicó poner el foco en los grandes discursos de la medicina y del Estado en desmedro de discursos locales que podrían dar cuenta de las resistencias y agencias de los sujetos a los discursos reguladores de la medicina o las instituciones estatales. Pero tanto en los documentos de medicina legal que abordo en la tesis como en los fallos judiciales y en los discursos del activismo es posible rastrear las huellas de esa agencia y las formas capilares no necesariamente intencionales de resistencia.

En lo que sigue de esta introducción, presentaré los antecedentes y aportes de la tesis, las coordenadas teóricas que sustentan el planteo de la investigación y la estrategia metodológica centrada en el análisis de los escenarios discursivos.

Antecedentes[2]

Las producciones académicas que abordan las experiencias de tránsito de lo masculino a lo femenino y de lo femenino a lo masculino coinciden en afirmar que las mismas se encuentran presentes en una multiplicidad de culturas a lo largo de la historia. Su definición, vivencia y/o politización por medio de las categorías del travestismo, la transexualidad, la transgeneridad o lo trans constituyen al “fenómeno trans” como un hecho moderno y occidental (Lamas, 1990). Es fruto de la instalación, a partir de fines del siglo XVIII, de un sistema de clasificación del sexo que sustenta la oposición entre lo femenino y lo masculino (Laqueur, 1994). Dicho sistema permitió cifrar como pecado, crimen o patología cualquier experiencia que desafiara la noción de masculinidad y feminidad establecida en base a una relación lineal con la genitalidad, leída esta en términos binarios y dicotómicos. Como expone Michel Foucault (2007) al introducir el diario de Herculine Barbin, el estatus médico-jurídico del sexo requirió la búsqueda y definición del sexo verdadero por parte de miradas expertas. En el contexto latinoamericano, su configuración, control y regulación estuvo atravesada por procesos de colonización, mestizaje, modernización y globalización (Herdt, 1996; Miano Borruso, 2003; Campuzano, 2009).

Los antecedentes de esta tesis son trabajos teóricos y empíricos producidos en Argentina, Brasil, Colombia, España, Estados Unidos, México y Perú desde distintas disciplinas y perspectivas: estudios de género, sociología, antropología, derecho, historia y teoría queer. Aquellos que hicieron foco en el vínculo entre las experiencias trans y la corporalidad lo hicieron a partir de tres ejes problemáticos: la construcción de identidades y grupos, el campo médico como dispositivo de sujeción y subjetivación y el discurso jurídico-legal como espacio de definición de los requisitos corporales para el ejercicio de los derechos. A continuación, sintetizo los principales resultados de un conjunto de investigaciones que abordaron estos tres ejes. Los mismos serán retomados y discutidos en los diferentes capítulos de la tesis.

En lo que refiere al primer eje, la construcción de identidades y grupos, distintos trabajos abordaron los procesos de construcción corporal y subjetiva trans desde la antropología cultural y feminista. Estos focalizaron en los procesos de construcción de las identidades travesti, transexual, transgénero o trans, en un comienzo tomando exclusivamente las experiencias femeninas. Estos trabajos se preguntaron, entre otras cosas, en qué medida dichas experiencias contribuían a reforzar el sistema binario de género o bien lo ponían en crisis. Los abordajes que sostenían lo primero destacaron el modo en los que en sus discursos las trans retomaban los pares significantes de cuerpo e identidad, estático y dinámico, esencia y apariencia, oposiciones consideradas centrales para el sostenimiento del régimen binario de género vigente (Raymond 1994; Vendrell Ferré, 2012). Aquellos trabajos que afirmaron que lo ponían en crisis, retomaron los planteos de Judith Butler (2001), quien sostiene que las experiencias trans desafían las bases del sistema binario de género ya que ponen de manifiesto lo contingente de la relación entre cuerpo e identidad y expresan de modo ejemplar que el género no tiene esencia. Algunos de estos trabajos focalizaron en los sentidos que las trans les asignaban a sus prácticas de construcción corporal. Desde la teoría queer afirmaron que estas prácticas podían representar apropiaciones subversivas de las herramientas biotecnológicas de regulación de los sexos y los géneros (Preciado, 2008; 2009). Otros trabajos afirmaron que se trataba de prácticas precarias de construcción corporal que profundizaban su vulnerabilidad (Silva, 1993; Kulick, 1998; Benedetti, 2000; Pelúcio, 2009; García Becerra, 2010; Figueredo, 2011).

En Argentina y Brasil, estos desarrollos trazaron puentes entre los procesos de construcción corporal e identitario travesti y las diferentes situaciones de vulnerabilidad y violación de los derechos humanos basadas en la identidad de género: expulsión familiar, escolar y laboral, ejercicio de la prostitución como exclusivo medio de subsistencia, estigmatización social, persecución policial, alta prevalencia del VIH y precoz mortalidad (Berkins y Fernández, 2005; Berkins, 2007; Barreda e Isnardi, 2008). Otras perspectivas abordaron el modo en que esas mismas experiencias de exclusión social se constituyeron como puntapié para la conformación de grupos que politizaron la experiencia travesti y transexual (Álvarez, 1998; Berkins, 2003; Fernández, 2004; Raffo, 2006; Carvalho y Carrara, 2013; Cutuli, 2015). Analizaron los modos en los que el cuerpo travesti –que expresaría de modo consciente la ambivalencia y ambigüedad de los géneros (Modarelli, 2004; Barreda, 2012)- logró ubicarse como locus del discurso y la acción política. En un marco legal restrictivo para la circulación pública de travestis, transexuales y transgéneros, la exposición pública de sus cuerpos, el festejo y el carnaval constituyeron la estrategia política del escándalo, cuyo objetivo fue la visibilización de las necesidades del colectivo y la reivindicación de la identidad travesti por fuera de marcos discursivos estigmatizantes (Fernández, 2004; Cutuli, 2015).

La mayoría de estos estudios abordaron las feminidades trans. Aquellos que focalizaron en las masculinidades trans establecieron cruces entre los estudios de masculinidad y los estudios trans propiamente dichos. Un primer conjunto de trabajos analizó el modo en que la masculinidad era construida y experimentada en cuerpos que no fueron inscritos al nacer dentro de la masculinidad según los parámetros médico-legales (Califia, 1996). A su vez, abordó las diferencias y continuidades entre las masculinidades lésbicas y las identidades trans masculinas (Califia, 1996; Halberstam, 1998). Un segundo grupo de trabajos abordó los procesos de construcción identitaria y conformación de espacios de sociabilidad específicos. Señalaron que estos se encontraban atravesados por dos dinámicas: la indiferenciación inicial respecto a los espacios y experiencias lésbicas y, una vez afirmada la identidad masculina, la invisibilización respecto a la masculinidad hegemónica (Green, 1997; Almeida, 2012; Nunes Ávila, 2014). Otros trabajos expusieron críticas a las políticas públicas y a las lógicas inherentes a la producción académica en humanidades y ciencias sociales en torno a las masculinidades trans. Sobre las políticas públicas con perspectiva de género -específicamente las de salud sexual y reproductiva-, expusieron el modo en que estas omitían en sus discursos y objetivos las necesidades de las masculinidades trans en lo que refiere a su salud sexual, sus proyectos reproductivos y su necesidad de acceso al aborto legal. Sobre los espacios de producción académica, criticaron el modo en que sus identidades se encontraban incluidas como objetos de estudio pero excluidas como sujetos de conocimiento (Radi, 2012; 2013a, 2014a, 2014b; Maud-Yeuse, Espineira y Alessandrin, 2013).

En la tesis retomo estos desarrollos para abordar la trayectoria del activismo trans en Argentina y las formas en las que sus organizaciones se interrogaron sobre el carácter reproductor o desestabilizador del binario de género de los tratamientos de construcción corporal de cara a la formulación de demandas de derechos frente al Estado.

El segundo eje refiere a producciones que abordaron los modos en que el campo médico se consolidó como dispositivo de producción de las subjetividades trans. Un trabajo pionero en la temática fue la obra de la feminista Janice Raymond (1994), publicada en 1979. Raymond se proponía denunciar la complicidad entre las personas transexuales -categoría creada por el campo médico en la década de 1960 para referir a las personas cuya identidad de género no se condice con la asignada al nacer- y el imperio médico para socavar las iniciativas del feminismo dirigidas a erradicar los estereotipos sexuales. Afirmaba que, a través de los tratamientos de reasignación de sexo, el sistema médico cimentaba los estereotipos de género en los que se basaba el sistema patriarcal y que, al encarnarlos, las mujeres transexuales reforzarían la dominación sexual y la opresión de las mujeres por la institución médica. Otros trabajos de teóricas trans contribuyeron al análisis de la articulación entre el sistema médico y el orden patriarcal, pero criticaron el modo en que Raymond entendía las experiencias trans, ya que no consideraban que estas operaran en connivencia con el sistema patriarcal (Stone, 1991; Stryker, 1993).

Abordajes realizados desde el marco de los estudios de género y la antropología médica abonaron a la conceptualización del poder performativo del discurso médico y el carácter regulador de sus categorías y prescripciones (Hausman, 1995; Bento, 2003; Soley-Beltrán, 2003). Afirmaron que estas operaban naturalizando una mirada ideologizada de la anatomía, la misma que justificaba y sustentaba las intervenciones sobre bebés que, en base a esos mismos criterios, poseerían una genitalidad ambigua o no clasificable (Maffía y Cabral, 2003; Leite, 2008). Dichos trabajos se interrogaron sobre la capacidad de agencia y las condiciones para el ejercicio de la autonomía de las y los trans en su tránsito por los dispositivos clínicos (Bornstein, 1994; Califia, 1997; Nieto, 1998, 2008).

Algunos trabajos describieron los mecanismos normalizantes a los que los y las trans debían someterse para ingresar a los tratamientos. Consideraban que en el marco de la vigencia de rígidos protocolos de atención, la agencia subjetiva se veía profundamente menguada (Hausman, 1995; Dellacasa, 2013). Otros abordajes sostuvieron que las personas trans eran coproductoras de los protocolos cuando demandaban acceso a las tecnologías hormonales y quirúrgicas para modificar sus cuerpos, aunque el campo médico estableciera los criterios normativos de ingreso, evolución y resultados esperados (Meyerowitz, 2002). Expusieron los usos estratégicos de las categorías diagnósticas y las posibilidades de negociación con profesionales de salud en la gestión del diagnóstico y el tratamiento (Bento, 2006; Butler, 2006; Teixeira, 2013). Otros trabajos abordaron las complejas y multidireccionales relaciones entre la medicina, los movimientos sociales y los sujetos en la elaboración y redefinición de las categorías sociales, clínicas y de autoidentificación (Barbosa, 2015), así como los modos en que la crisis de paradigma en la atención médica y las demandas de colectivos activistas tuvieron efectos en la atención de la salud de la población trans (Coll Planas, 2010; Suess, 2010; Martínez-Guzmán y Montenegro, 2010; Murta, 2013). Mostraron que la noción de autonomía esgrimida para promover estos cambios se sustentó en la idea de libre elección, entendida como consumo indiscriminado e individual de servicios médicos. Señalaron que el desafío para las instituciones de salud era el de promover y respetar la autonomía de decisión de las personas sin dejar de ejercer las tareas de cuidado médico requeridas (Butler, 2006; García Becerra y Missé, 2010; González-Polledo, 2010; Martínez-Guzmán y Montenegro, 2010).

En la tesis estos trabajos son retomados para analizar los sentidos con los que profesionales de la salud comenzaron a realizar tratamientos de construcción corporal en el contexto local y sus reformulaciones o dislocamientos en base a las demandas de los colectivos activistas, así como para abordar las modificaciones en las políticas públicas que, formalmente, reconocen y se proponen garantizar el ejercicio de la autonomía de decisión de las personas trans sobre sus cuerpos y sus vidas.

Un tercer y último eje refiere al conjunto de trabajos que analizó desde el derecho, la historia y la sociología los modos en los que lo corporal intercede en el ejercicio de los derechos. A partir del análisis del discurso jurídico-legal abordaron las formas de regulación estatal de las experiencias trans. Analizaron las operaciones discursivas por medio de las cuales –en el caso argentino, antes de la aprobación de la Ley de Identidad de Género- el derecho hizo jurídicamente inteligibles los pedidos de cambio de nombre y sexo registral y las solicitudes para acceder a tratamientos médicos de construcción corporal (Cabral, 2003; Viturro, 2003; Zambrano, 2003; Petracci y Pecheny, 2007; Litardo, 2010; Ventura, 2010; Sabsay, 2011). Afirmaron que los discursos elaborados por el campo judicial reactualizaban la matriz cultural del binarismo de género, cristalizaban nociones tradicionales en torno a la diferencia sexual y los roles de género, producían efectos en las subjetividades y reafirmaban el orden cultural dominante (Cabral, 2003; Viturro, 2003). Las narrativas elaboradas en respuesta a dichos pedidos consolidaron una interfaz entre el campo médico y el judicial, ya que pusieron en práctica mecanismos periciales orientados a constatar el diagnóstico de “Trastorno de la identidad de género” (cuya asignación requería corroborar la angustia y sufrimiento originada por la contradicción entre la propia identidad de género y aquella legalmente asignada) acorde a los criterios definidos en los manuales diagnósticos y los protocolos médicos (Ventura, 2010). Estos trabajos afirmaron que a partir de esa imbricación, el campo judicial construyó su propia noción de transexualidad. También instaló una narrativa estereotípica y estandarizada de las experiencias trans a partir de la cual las personas podían ejercer el derecho modificar sus datos en los registros oficiales o acceder legalmente a las cirugías genitales (Litardo, 2010). En la mirada de estos trabajos, el campo judicial se presentó como un terreno de disputa, debido al modo en que dichas intervenciones eran cifradas jurídica y culturalmente: en base a las narrativas diagnósticas o bien bajo los lineamientos de los derechos constitucionales, los derechos humanos o el principio de igualdad y la no discriminación (Zambrano, 2003). No obstante, también señalaron que muchas de las legislaciones y decisiones judiciales que avanzaron en esta última corriente promovieron una reontologización del individuo liberal e impusieron nuevas formas de regulación socio-sexual, ya que fijaron el carácter indefinido e indeterminado de las identidades sociales en base a las exigencias de estabilidad del derecho. Es decir, también normalizaron y normativizaron lo diferente (Barrancos, 2009; Sabsay, 2011).

Estos textos constituyen un insumo fundamental para el análisis del escenario judicial y el abordaje de las transformaciones en las economías discursivas y andamiajes legales que dieron lugar a las solicitudes de autorización de cambio registral y realización de los tratamientos médicos de construcción corporal a partir de mediados de la década de 1990 y hasta la sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012.

Finalmente, un conjunto de trabajos abordó el proceso de sanción de la Ley de Identidad de Género argentina y sus implicancias para el orden de género. Expusieron las condiciones que posibilitaron su aprobación: el marco jurídico habilitante, el rol desempeñado por las organizaciones trans, el activismo jurídico y la efectividad política de los discursos de las víctimas durante el debate en el Congreso Nacional (Cabral, 2012; de Mauro, 2015). Otros desarrollaron críticas a la Ley desde perspectivas teóricas antiesencialistas de la identidad. Se preguntaron cómo garantizar los derechos de las personas trans sin instituir una distinción entre experiencias trans legítimas e ilegítimas (Figari, 2012a). También abordaron la ambivalencia de la Ley en lo que refiere a su carácter reproductor o subversivo del binarismo de género. Si por un lado el contenido de la Ley se asentó en los mecanismos jurídico-legales que reproducían el orden social (la Ley de identidad de género mantiene las categorías de varón o mujer como las únicas dos opciones de identificación legal), por otro eliminó los requisitos corporales para habitar dichas categorías, instituyendo un binario desencarnado y ambivalente (Litardo, 2013; Radi, 2013b).

El recorrido bibliográfico recién expuesto resulta enriquecedor en varios sentidos. En primer lugar, estos trabajos desarrollan muchas de las herramientas conceptuales utilizadas en esta tesis, especialmente las que analizan los dispositivos médico-jurídicos de producción y regulación de lo trans. Segundo, algunos de ellos aportan miradas críticas e interrogantes potentes sobre las transformaciones recientes en el campo de la medicina, el derecho y las políticas públicas. En la tesis retomo la pregunta sobre los márgenes de agencia y autonomía de las personas trans en un marco de vulnerabilidad corporal y necesidad de atención de su salud. Entiendo que las condiciones para el ejercicio de la autonomía se definen en la interrelación con diferentes esferas, por ello no me centro en el estudio de una de ellas en particular y abordo los diálogos y tensiones entre esferas más allá del vínculo entre el campo médico y el judicial. Lo extiendo al ámbito activista y parlamentario ya que asumo que es en la interrelación entre todas ellas en la que se definen las condiciones para el ejercicio de la autonomía, sus fronteras y sus límites.

Coordenadas teórico-analíticas: el cuerpo en las tramas del poder

Los ejes teóricos-analíticos que convergen en la tesis son los de la sexualidad como campo de poder y el vínculo entre corporalidad y ciudadanía. El punto de partida de la tesis es la perspectiva que afirma el carácter histórico, social y cultural de la sexualidad y su imbricación con relaciones de poder, normas, representaciones, categorías e identidades sexuales (Rubin, 1989; Foucault, 1990; Halperin, 1993; Vance 1997; Weeks, 1998). Desde esta mirada, la sexualidad es un campo definido por el entrecruzamiento de una variedad de discursos y prácticas (religiosas, morales, médicas, jurídicas, científicas, entre otras) que instituyen mediante mecanismos de saber y poder aquello entendido como sexualidad (Foucault, 1990). En Europa, hasta el siglo XVIII dicha configuración estaba regida por reglas que dividían lo lícito de lo ilícito en términos penales. Comenzó a instalarse entonces una lógica reguladora y normalizadora de las sexualidades, fruto del entrecruzamiento de distintos discursos: la justicia penal, la medicina y la psiquiatría. La superposición entre ley y disciplina médica implicó dejar de penalizar las acciones concebidas como desviadas e instaurar, a cambio, unas técnicas de búsqueda y fijación de sexualidades periféricas. En las sociedades modernas y occidentales, la sexualidad es minuciosamente observada por una variedad de instituciones: la escuela, el hospital, el ejército. El control es ejercido sobre las prácticas sexuales consideradas normales (conyugales, monogámicas y orientadas a fines reproductivos) y sobre la variedad de deseos y prácticas que se apartan o contradicen la norma heterosexual instituida. Distintos discursos confluyeron e instalaron la creencia moderna de que detrás del sexo se ubican las verdades más profundas y esenciales de los individuos, sobre los que recae el imperativo de conocerse a sí mismos mediante su indagación (Foucault, 2007). La sexualidad es incitada discursivamente con el objetivo de conocerla y regularla, es decir, gobernarla.

Desde la perspectiva desarrollada por Michel Foucault, la medicalización es una de las principales estrategias de gobierno o producción biopolítica de los cuerpos. La medicina los produce como objeto de saber, blanco de poder y campo de intervención (Foucault, 1999). Al mismo tiempo, la sexualidad constituye un campo con lógicas propias de desigualdades y formas de opresión: las relaciones sociales de sexualidad. Es decir, jerarquías de valor sexual[3] y de fronteras móviles de definición de las sexualidades legítimas e ilegitimas, sostenidas a través de leyes, prácticas sociales e ideologías (Rubin, 1989).

Abordar mis interrogantes desde estas teorías me permite aprehender el proceso por el cual durante buena parte del siglo XX la producción de sentidos sociales en torno a los cuerpos trans estuvo hegemonizada por el campo médico. Las instituciones estatales retomaron los principios etiológicos, de diagnóstico y tratamiento elaborados por este campo para establecer regulaciones sobre los cuerpos y deseos disidentes de la norma heterosexual y el binarismo genérico. En este sentido, la definición de los límites legales para que las personas trans dispongan de su cuerpo y lo construyan por medios biotecnológicos muchas veces estuvo en consonancia con las definiciones elaboradas por el campo médico. La proliferación de discursos de crítica al aparato medicalizador de los cuerpos a partir de mediados del siglo XX provocó mutaciones en la hegemonía médica sobre los cuerpos trans. Se dio entonces un paulatino pasaje de un modelo de regulación basado en categorías y protocolos médicos a otro que disputa esa heteronomía e incorpora la producción de sentidos por parte de los propios sujetos en torno la autonomía de decisión sobre sus cuerpos y sus vidas.

Para comprender dichas transformaciones utilizo el concepto de gobierno, focalizando en aquellos aspectos que atañen al cuerpo y la sexualidad. Foucault define al gobierno como el “dominio que se puede ejercer sobre uno mismo y sobre los otros, y sobre el cuerpo, pero también sobre el alma y la manera de obrar” (2006: 149). El concepto de gobierno focaliza en el “conjunto de técnicas y saberes que habilitan la inteligibilidad y por ende la construcción de comportamientos, fenómenos, procesos y cualidades en problemas, válidos como objetos de pensamiento (y acción)” (Aguilar, 2014: 24). Para Mitchell Dean (2010), toda práctica de gobierno se asienta en una racionalidad específica que demarca objetos de intervención, saberes, tecnologías, problemáticas y formas de resolución. Estas prácticas poseen una dimensión moral: se anclan en definiciones de lo bueno, lo virtuoso y lo apropiado para los individuos que son objetos de la acción de gobierno.

Esta perspectiva me permite comprender el modo en que en el período que aborda la tesis un conjunto heterogéneo de acciones individuales y colectivas promovieron mutaciones en la definición los cuerpos trans como objeto de intervención, producción de saberes, definición de problemáticas y formas de resolución. Entre esas acciones se encuentran los pedidos individuales o colectivos de atención médica no protocolizada, las demandas a la justicia por acceder a los tratamientos por fuera de las exigencias del diagnóstico, la adhesión y participación de campañas globales por la despatologización trans, y la presentación y apoyo de proyectos de Ley de Identidad de Género despatologizantes, entre otras. Articulo la perspectiva teórica sobre la sexualidad con trabajos que desarrollan los modos en que el cuerpo se vincula con la demanda y ejercicio de los derechos. Propongo que los procesos de construcción corporal trans medicalizados se emplazan en un terreno de indeterminación y disputa, en virtud de los discursos de crítica a la hegemonía médica sobre los cuerpos y a las posibilidades éticas y políticas desplegadas por los propios sujetos frente a sí mismos y frente a las instituciones. A su vez, entiendo que dichas acciones en su conjunto constituyen expresiones de ciudadanía. Retomando a Elizabeth Jelin (1994), entiendo a la ciudadanía como

Una práctica conflictiva vinculada al poder, que refleja las luchas acerca de quiénes podrán decir qué en el proceso de definir cuáles son los problemas comunes y cómo serán abordados (…) Tanto la ciudadanía como los derechos están siempre en proceso de construcción y de cambio (Jelin, 1994: 8).

Retomo la perspectiva histórica y dinámica que propone Jelin para pensar la ciudadanía, teniendo en cuenta que en Argentina las demandas de los colectivos de travestis, transexuales, transgéneros y trans al Estado y al campo médico forman parte de un movimiento mayor de demanda de derechos sexuales y (no) reproductivos[4] iniciado a partir de la última reapertura democrática[5]. Estos grupos y organizaciones cuestionan públicamente una idea de ciudadanía universal que encubre e invisibiliza las situaciones corporales e identitarias que impiden o condicionan el ejercicio de los derechos. Sus planteos se encuentran en sintonía con la teoría feminista del derecho que señala que la ciudadanía liberal opera en base a una idea pretendidamente abstracta de ciudadano, equiparándolo a un sujeto heterosexual masculino y promoviendo una idea universal de lo humano a imagen y semejanza de dicho modelo (MacKinnon, 1984; Pateman, 1995; Maffía, 2001; Moreno, 2002).

Siguiendo a Petracci y Pecheny (2006), en Argentina la transición de la dictadura cívico-militar (1976-1983) a la democracia permitió la discusión pública de asuntos que anteriormente habían sido cifrados como pertenecientes al ámbito íntimo o privado. Ello permitió poner en cuestión el ideario biologicista sobre la sexualidad instalado en los discursos y prácticas públicas desde la conformación misma del Estado en el siglo XIX (Ben, 2000; Figari, 2009). El proceso tuvo como resultado la implementación de un conjunto de derechos y políticas públicas destinadas a grupos sociales definidos por su orientación sexual o vivencia del género, siendo el discurso de los derechos humanos una de las principales herramientas utilizadas para ese fin (Meccia, 2006; Pecheny, 2009). Estas legislaciones y políticas públicas se sustentaron en la definición de sus destinatarios como víctimas: víctimas de políticas institucionales represivas, de condiciones de vulnerabilidad corporal y social, de la imposibilidad real del ejercicio de los derechos básicos, etc. Siguiendo a Pecheny (2009), los asuntos públicos en materia de géneros y sexualidades experimentan mutaciones en función de los contextos históricos e institucionales, los repertorios culturales disponibles en torno al cuerpo y la sexualidad, así como la definición y contenido programático de las demandas elaboradas por los grupos y sus alianzas y articulaciones con otros actores del campo social.

Complemento esta visión de la ciudadanía como arena de disputa de sentidos centrada en lo institucional con la perspectiva de Amuchástegui y Rivas (2008), quienes afirman que la ciudadanía afecta y es afectada por los modos en los que los propios sujetos se posicionan frente a las instituciones, sus propios cuerpos y su sexualidad.

En el recorrido de la tesis el vínculo entre cuerpo y ciudadanía se presenta bajo dos modalidades. En primer lugar, el cuerpo se ubica como límite para el ejercicio de los derechos. Por ello, el objeto de las primeras organizaciones trans fue disputar el contenido y definición de los derechos básicos (salud, trabajo, vivienda, educación) para que los cuerpos disidentes de las normas de género dejaran de ser obstáculo para su ejercicio. En otro sentido, el cuerpo se expone como el objeto de aquellas demandas focalizadas en el acceso a las tecnologías médicas de construcción corporal. Estas se fundamentan en el discurso del derecho a la autonomía de decisión sobre el propio cuerpo. A fin de abordar esta última dimensión, retomo aquellos desarrollos que analizan los modos en que el cuerpo se ubica como núcleo de las demandas de derechos (Rabinow, 1996; Fassin, 2003; Rose, 2012).

Utilizo el concepto de ciudadanía biológica (Rose, 2012), que refiere a las demandas de grupos de individuos que poseen experiencias corporales comunes. En su aspecto individualizante, la ciudadanía biológica implica una definición de la identidad ligada a lo corporal, en la que las nociones de riesgo, sufrimiento y vulnerabilidad tienen un rol preponderante. Incluye las creencias, representaciones, actitudes y prácticas cotidianas desarrolladas por los sujetos frente a sí mismos, frente a otros/as y frente a las instituciones en base a una condición biológica específica. En su aspecto colectivizante, refiere a grupos que demandan políticas públicas a los Estados y al campo médico. Pueden exigir la creación de nuevas categorías diagnósticas que contemplen sus experiencias de vulnerabilidad corporal o bien enfrentarse a ellas y discutirlas. En el caso de las experiencias trans, no se trata de personas que compartan la vivencia de un rasgo somático común. Sí comparten la experiencia del estigma social cuyas bases ideológicas se encuentran en el dispositivo patologizante de las sexualidades que desafían el régimen binario de género. Aquellas que desean intervenir sus cuerpos a través de las herramientas ofrecidas por el campo médico comparten dudas, expectativas y demandas comunes al campo médico. En este aspecto, el concepto resulta útil para entender tanto la politicidad de la agencia individual como las acciones y discursos llevados adelante por colectivos u organizaciones sociales que demandan derechos para la comunidad trans. La ciudadanía biológica permite pensar tanto las prácticas individuales de construcción corporal como las actitudes éticas y las productoras de nuevos sentidos en las instituciones estatales y de salud.

Finalmente, retomo la perspectiva teórica de la performatividad de género según la cual la cultura moderna occidental necesita de la estabilidad y linealidad entre los conceptos de sexo-género-deseo para hacer inteligibles los cuerpos. El vínculo entre cuerpo y ciudadanía se ve afectado por el modo en que los distintos dispositivos que intervienen en las dinámicas de gobierno de los cuerpos trans conciben la materialidad corporal. Desde esta perspectiva, la materialidad del cuerpo sexuado es resultado de acciones performativas que le otorgan al cuerpo la ilusión de sustancia inmodificable (Butler, 2001). El sexo adquiere un efecto naturalizado en base a las prácticas discursivas reiteradas que estabilizan su carácter abierto a la significación indefinida. Ello no implica negar el carácter material de los cuerpos, que deben cumplir con ciertas funciones biológicas imprescindibles a fin de sobrevivir. El sufrimiento, el dolor y el placer corporal existen, pero se encuentran atravesados y moldeados por categorías culturales y prácticas discursivas que los hacen culturalmente inteligibles. Retomo la idea de que lo corporal, antes que materia, es “un proceso de materialización que se estabiliza a través del tiempo para producir el efecto de frontera, de permanencia y superficie que llamamos materia” (Butler, 2005: 28). Es decir, un proceso de construcción corporal del que participan distintos discursos y prácticas sociales. Esta perspectiva me permite analizar el modo en que lo corporal, en particular su aspecto sexuado, se constituye como terreno de disputa. A lo largo del período en estudio, los discursos circulantes sobre los cuerpos trans se asentaron y al mismo tiempo construyeron distintas nociones sobre la materialidad corporal en general y la materialidad sexuada en particular.

A fin de analizar el modo en que se construye discursivamente la interfaz médica, legal, activista y parlamentaria de gobierno de los cuerpos trans, la propuesta de la tesis se encuentra guiada por el concepto de escenario discursivo. Entiendo cada uno de los espacios discursivos abordados en la tesis como un escenario con reglas propias que les imprimen características particulares a los discursos allí producidos. Me baso en las perspectivas teóricas de Marc Angenot (2010) y Michel Foucault (1987) sobre los discursos sociales. Angenot (2010) propone entender los discursos como hechos sociales históricamente situados, cuyo funcionamiento social excede el uso o la intencionalidad de individuos singulares. Entiende por discurso social “las reglas de encadenamiento de enunciados que en una sociedad dada, organizan lo decible –lo narrable y opinable- y aseguran la división del trabajo discursivo” (2010: 21). En dicha división del trabajo ubico a los escenarios con sus reglas de producción discursiva específicas, tanto internas como externas. Retomando a Foucault (1987), en la dimensión interna de significación el sentido está dado por el encadenamiento sistemático y coherente de sus enunciados y por las reglas de formación del discurso. Estas reglas refieren a los tipos de enunciados admitidos, las formas rituales de distribución de la palabra y las condiciones necesarias para que ciertas palabras tengan validez. La dimensión externa refiere a la forma en que ese discurso circula socialmente y a sus efectos en la constitución de un campo de objetos y unas subjetividades particulares. Podemos sumar a dicha dimensión los acoplamientos a los discursos provenientes de otros escenarios discursivos y las tendencias de poder más globales. Prestando atención a estas conceptualizaciones, a lo largo de los capítulos me propongo hacer inteligibles los discursos analizados prestando atención a su escenario de producción específico, pero también al modo en que se inscriben y reconfiguran en una economía discursiva global de gobierno de los cuerpos trans.

En base a estas formulaciones, a continuación expongo la perspectiva metodológica adoptada en la tesis.

Estrategia metodológica

Enfoqué el proceso de realización de la tesis desde un paradigma constructivista y adopté una estrategia metodológica cualitativa. Triangulé tres estrategias de construcción de datos: relevamiento y análisis de documentos, observaciones semiestructuradas y entrevistas en profundidad. Siguiendo a Okuda y Gómez (2005), la triangulación consiste en “dilucidar las diferentes partes complementarias de la totalidad del fenómeno y (…) aumenta(r) la visión del panorama de un fenómeno humano estudiado” (2005: 121-124). Cada una de las técnicas adoptadas aporta especificidad al abordaje del problema estudiado y articula con la herramienta de los escenarios discursivos.

Relevamiento y análisis de documentos

Se relevaron cinco tipos de fuentes para el periodo analizado: a) fallos judiciales emitidos por tribunales argentinos, b) proyectos de ley presentados en el Congreso Nacional que proponían regular el cambio de nombre y sexo registral y/o el acceso a tratamientos hormonales y cirugías; c) versiones taquigráficas de sesiones en comisiones parlamentarias y de tratamiento sobre tablas de proyectos de Ley de Identidad de Género en sesiones parlamentarias ordinarias, d) publicaciones científicas en revistas argentinas de medicina sobre la temática; y e) documentos producidos por organizaciones activistas locales e internacionales y notas periodísticas que recogían sus demandas.

La búsqueda documental se realizó a través de buscadores en reservorios digitales y fue complementada con la realización de trabajo de archivo. Tanto en los motores de búsqueda jurisprudenciales como en los de las revistas de medicina y medios gráficos utilicé las palabras claves “travestismo”, “transexualismo”, “transexualidad”, “cambio de sexo”. Para los fallos, utilicé además las expresiones “identidad de género” e “identidad sexual”.

La etapa de relevamiento y análisis documental se dividió en dos momentos. Entre 2010 y 2012, recolecté un conjunto amplio de fallos judiciales de pedidos de autorización para los cambios de nombre y sexo legal y/o realización de cirugías genitales. Accedí a los fallos a través del centro de consultas de jurisprudencia de Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, el centro de documentación de la Editorial “La Ley” y la base de datos “El Dial”. Para ello me dirigí varias veces a la Facultad de Derecho y solicité la orientación de su personal administrativo para desarrollar mi búsqueda jurisprudencial. Hallé 29 fallos producidos por tribunales de diferentes niveles y jurisdicciones del país entre 1966 y 2011. Aquellos reseñados en la tesis fueron seleccionados por su relevancia en la consideración de la temática abordada en la arena judicial.

Asimismo, recabé los proyectos de ley que proponían regular los procedimientos de cambio de nombre y sexo legal y/o acceso a cirugías genitales a través de los buscadores de proyectos de la Cámara de Diputados y la de Senadores disponibles online. Para acceder a los proyectos que no estaban disponibles online me dirigí personalmente a los archivos del Congreso Nacional. Relevé un total de 12 proyectos. El primero data de 1995, hecho que da cuenta que la temática tuvo presencia en el Congreso Nacional desde esa fecha hasta la sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012.

Entre 2013 y 2015, inicié una segunda etapa de relevamiento documental. Me aboqué a la búsqueda de las versiones taquigráficas de debates parlamentarios desarrollados en comisiones y en recinto en los que se debatieron los proyectos de la Ley de Identidad de Género en el período 2011-2012. A ellos accedí a través de los sitios web de ambas cámaras. Relevé 4 documentos, correspondientes a la discusión de los proyectos en las Comisiones de Legislación General y Justicia de la Cámara de Diputados y las Comisiones de Legislación General y Población y Desarrollo de la Cámara de Senadores y a los debates y votación de los dictámenes en las Cámaras de Diputados y Senadores.

A su vez, realicé una búsqueda de artículos publicados en revistas argentinas de medicina a través de la biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. La búsqueda no pretendió relevar en forma exhaustiva la producción de discursos médicos sobre las identidades que desafían el régimen de la heterosexualidad obligatoria y el binarismo de género en Argentina -objetivo que excede a esta tesis y que fue examinado en investigaciones previas (Salessi, 1995; Ramacciotti y Valobra, 2008; Gemetro, 2011, 2012; Figari, 2012b)- sino dar cuenta de las formas en que la temática fue tratada por los círculos médicos locales en el período abordado. Los artículos fueron tomados a modo ejemplificador de los sentidos presentes en el campo médico al responder a las demandas de acceso a tratamientos de construcción corporal en diferentes momentos. Este abordaje fue complementado con entrevistas a profesionales que iniciaron su realización de forma legal en Argentina.

Por último, relevé distintos documentos producidos por organizaciones locales y globales de activismo trans, así como entrevistas y notas periodísticas de medios gráficos y virtuales (Suplemento Soy de Página/12, Diario Tiempo Argentino, portal de noticias “Infojus” y portal de noticias “Comunicar Igualdad”) producidos entre 2009 (año en que los colectivos activistas cobraron presencia en el espacio público alrededor de la demanda de la Ley de Matrimonio Igualitario) y 2015. A través de estos documentos –al igual que en las entrevistas- se registraron los discursos y debates al interior del activismo en torno al vínculo entre la identidad de género y la construcción corporal, así como las distintas estrategias delineadas en pos de lograr la sanción de la Ley de Identidad de Género.

Los fallos y proyectos de ley recabados fueron entendidos como manifestaciones textuales de las políticas estatales reconocidas formalmente por las propias instituciones y de las iniciativas de personas o grupos a fin de acceder a las cirugías genitales o bien de lograr el ingreso de sus demandas a la agenda público-parlamentaria. El análisis de las transcripciones taquigráficas me permitió indagar en las coordenadas del debate sobre el rol que debe asumir el Estado frente a las posibilidades de transformación de los cuerpos trans por medio de las herramientas ofrecidas por el campo médico y las posturas oficiales que asumieron los distintos partidos políticos mayoritarios. En el caso de los artículos publicados en revistas de medicina, asumí que los mismos condensaban la transformación de los discursos del campo médico sobre los tratamientos médicos de construcción corporal trans. También me permitieron abordar la forma en que se enlaza lo moral y lo técnico en dicho escenario discursivo. El análisis de los artículos periodísticos me permitió complementar la información recabada en las entrevistas realizadas a activistas trans para indagar en los debates desarrollados al interior de sus organizaciones en el período previo y posterior a la sanción de la Ley de Identidad de Género argentina.

Observaciones

Entre 2010 y 2015, observé distintos tipos de situaciones públicas en espacios académicos, activistas, médicos y parlamentarios. Consistieron en actividades de presentación y discusión de los proyectos de Ley de Identidad de Género, sesiones parlamentarias en los que se trataron los mismos y actividades de difusión del contenido de la Ley con posterioridad a su sanción.

Durante 2010 y 2011, observé charlas y debates enmarcados en el proceso de presentación de distintos proyectos de Ley de Identidad de Género. Se trató de la charla debate titulada “Hacia una Ley de Identidad de Género” organizada por el Grupo de Estudios de Sexualidades (GES) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires desarrollada el 5 de noviembre de 2010 de la que participaron referentes de las principales organizaciones trans junto con académicos y académicas, y la presentación del “Proyecto de Ley de Identidad de Género” (Expediente N° 8126) por parte del Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género en el Congreso Nacional el 11 de noviembre de 2010. En dichas observaciones me propuse identificar las discusiones, expectativas y posturas de las organizaciones activistas que demandaban su sanción. A su vez, el 18 de agosto del 2011 observé el tratamiento de los proyectos legislativos por parte de las Comisiones de Legislación General y Justicia de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional y el 30 de noviembre de ese mismo año estuve presente en el debate parlamentario que llevó a la obtención de la media sanción por parte de la misma cámara.

Durante 2014, presencié otros eventos públicos: una iniciativa activista para promover la reglamentación de del artículo 11º de la Ley de Identidad de Género y una jornada hospitalaria organizada por un equipo interdisciplinario de atención de personas trans. Se trató, más específicamente, de la presentación del documento “Aportes para pensar la salud de personas trans” del colectivo Capicúa en la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación el 17 de octubre del 2014 y la “Jornada Interdisciplinaria de Salud Transgénero” desarrollada en el Hospital General de Agudos Dr. Carlos Durand el 20 de noviembre del 2014.

Estas observaciones me permitieron registrar las interacciones entre los distintos actores, sus posicionamientos y las discusiones desarrolladas en torno al vínculo entre las políticas públicas y el rol de los/as profesionales e instituciones médicas frente a las demandas de atención de los y las trans. Las mismas fueron registradas a través de notas de campo realizadas durante o con posterioridad a los eventos y las exposiciones orales de sus participantes fueron registradas, desgrabadas y posteriormente codificadas.

Entrevistas

Por último, entre 2014 y 2015 entrevisté dos tipos de informantes clave: activistas y profesionales de la salud con experiencia en la realización de tratamientos de construcción corporal trans. Entrevisté a 5 activistas y 6 profesionales. La selección de la muestra de entrevistados/as fue intencional, y en uno y otro caso la selección de informantes estuvo guiada por los objetivos de la tesis.

Para el primer grupo me contacté con referentes de organizaciones trans de Argentina que participaron activamente de la demanda de la Ley de Identidad de Género y que luego llevaron adelante actividades o iniciativas para su implementación en el ámbito sanitario. Entrevisté activistas cuyo trabajo hacía hincapié en la despatologización y el acceso a la salud de las personas trans en el Área Metropolitana de Buenos Aires, en el resto de las provincias del país y/o a nivel internacional.

El segundo grupo se compuso de profesionales de la salud de las especialidades de cirugía urológica, cirugía plástica, psiquiatría y endocrinología que trabajaran en la atención de la población trans en el Área Metropolitana de Buenos Aires. La selección de informantes buscó cubrir profesionales pioneros/as de las diferentes especialidades involucradas en los tratamientos de construcción corporal trans, así como profesionales que los iniciaron posteriormente.

Elaboré dos guías de entrevistas diferenciadas estructuradas en base a tres ejes. En las entrevistas con activistas indagué en su trayectoria activista, sus percepciones sobre los límites y posibilidades para la implementación de la Ley de Identidad de Género en el ámbito sanitario y sus experiencias y concepciones sobre los procesos de construcción corporal. En las entrevistas realizadas a profesionales de la salud exploré las características de su trayectoria formativa y profesional, los cambios identificados en la demanda y forma de atención a partir de la sanción de la Ley de Identidad de Género y sus percepciones sobre el contenido de la misma y el paradigma despatologizante.

Las entrevistas tuvieron una duración aproximada de cuarenta y cinco minutos, fueron grabadas con previo consentimiento oral y a lo largo de la tesis mantengo la confidencialidad de los datos personales de los/as entrevistados/as. Las grabaciones fueron trascriptas, codificadas manualmente y analizadas.

Estrategia de análisis

Para el análisis del corpus utilicé la técnica del análisis de contenido cualitativo y los lineamientos de la teoría fundamentada –Grounded Theory– de Strauss y Corbin (2002). Según Jaime Andréu Abela (1998), el análisis de contenido se basa en la lectura como instrumento de recogida de información que, a diferencia de la lectura común, debe ser sistemática con el fin de obtener indicadores que permitan “la inferencia de conocimientos relativos a las condiciones de producción/recepción (contexto social) de estos mensajes” (Andréu Abela, 1998: 3). El término “teoría fundamentada” refiere a una metodología general de análisis vinculada a una recopilación de datos que utiliza la aplicación sistemática de métodos para generar una teoría inductiva. Su objetivo no es producir una representación exhaustiva del fenómeno, sino elaborar una teoría pertinente y anclada en los datos que lo explique (Raymond, 2005).

Para la etapa de análisis dividí el corpus según el escenario discursivo a abordar. En un primer momento analicé manualmente y por separado el material asignado a cada escenario de modo inductivo. El abordaje del escenario judicial se basó exclusivamente en el análisis documental. Para el análisis del escenario médico, activista y parlamentario, por el contrario, se analizaron varios tipos de fuentes. Posteriormente, realicé un análisis de conjunto de todo el material a partir de las categorías construidas para la primera instancia de análisis y las emergentes. Las categorías finales fueron: tipo de discurso (médico, judicial, activista, parlamentario), nociones utilizadas para referir a las experiencias trans (desviación, inversión, enfermedad, trastorno, travestismo, transexualismo, transexualidad, transgeneridad, trans), caracterización de las personas trans (sujetos peligrosos, victimas, minorías, sujetos de derecho, activistas, pacientes, usuarios/as de los servicios de salud), discursos que inhabilitan el acceso a los procedimientos de construcción corporal (violación de las normas naturales, morales o legales, reproducción de las normas binarias de género, derechos de niños, niñas y adolescentes), discursos que habilitan el acceso a los procesos de construcción corporal trans (clínico, bioético, derechos humanos, derecho a la no discriminación, derechos personalísimos, derecho a la salud integral), discursos sobre la noción de riesgo asociado a las intervenciones de construcción corporal (riesgo para la sociedad, para los/as profesionales de salud, para los sujetos, para el Estado).

Para finalizar esta introducción, a continuación expondré los intereses a partir de los cuales tracé los interrogantes que desarrollo a lo largo de la tesis y el modo en que me impliqué con su elaboración.

Sobre el proceso de investigación

Una investigación es rigurosa desde el punto de vista metodológico si explicita las decisiones tomadas a lo largo del diseño de investigación y es correcta desde un punto de vista ético si logra comunicar desde dónde, con qué aspiraciones, intereses y objetivos fue realizada (Pecheny, 2008). En este caso, dicha explicitación posee una relevancia adicional. Quienes investigamos en el campo de las sexualidades nos vemos permanentemente interpelados/as -en jornadas académicas, charlas, debates públicos, conversaciones e incluso en las redes sociales- a explicitar nuestro posicionamiento cuando escribimos sobre otros y otras desde el lugar de privilegio que nos otorga la academia. En esos intercambios se señalan con insistencia los capitales necesarios para acceder al espacio universitario y académico (económico, simbólico, cultural y corporal) y el modo en que los sujetos de estudio muchas veces son excluidos de la misma como agentes de conocimiento pero incluidos como objeto de análisis. Por ello, considero necesario explicitar mis intereses y deseos al realizar la investigación que da origen a esta tesis.

En esta tesis doctoral me propuse profundizar las líneas de análisis planteadas previamente en mi tesis de maestría (Farji Neer, 2017a)[6]. Ese proyecto había sido el resultado de mi interés por los estudios de género y los estudios de sexualidad, creciente en los últimos años de mi tránsito por la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires. Dicho interés se potenció tras mi incorporación a un grupo de lecturas de la Carrera de Antropología de Facultad de Filosofía y Letras en 2008, que luego se transformaría en el Colectivo Antroposex. Entre las lecturas realizadas habían llamado mi atención las reflexiones sobre las experiencias y las corporalidades trans. El travestismo interpeló mi propia construcción corporal femenina. Me enfrentó con su carácter ficcional, que también parodia y emula un ideal inalcanzable. Por más que una base somática “acompañe” -según la ideología binaria vigente- mi identidad femenina, me veo constantemente empujada a domesticarla, moldearla y construirla a través de un sinnúmero de tecnologías estéticas, somáticas y de representación más o menos “invasivas” para que otros y otras puedan codificarla como tal. El principal tribunal, no obstante, es mi propia mirada escrutadora.

En base a mis intereses teóricos y personales, al culminar la carrera de grado decidí orientarme profesionalmente hacia la carrera académica. Elaboré un proyecto para solicitar una beca de investigación en el que propuse analizar las políticas públicas en torno al travestismo. Tenía aún presente el conflicto entre los colectivos de travestis y legisladores y legisladoras en 2004 en el marco de las modificaciones al Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires y los proyectos de Ley de Identidad de Género presentados en el Congreso Nacional a partir del 2007. El proyecto de investigación tuvo como resultado la elaboración de mi tesis de maestría, en la que analicé las transformaciones en la regulación estatal del travestismo, la transexualidad y la transgeneridad en Argentina entre 1932 y 2012 (Farji Neer, 2017a).

Durante el tratamiento parlamentario de la Ley de Matrimonio Igualitario, mi interés teórico y político se posó en la posibilidad de aprobación de la Ley de Identidad de Género en base a las iniciativas del activismo. Como integrante del colectivo Antroposex colaboré con el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género, una de las organizaciones que demandaron su sanción, así como con otras iniciativas elaboradas desde el activismo trans[7]. Durante ese proceso tuve el privilegio de conocer a tres activistas que marcaron el recorrido del movimiento trans argentino y de las políticas públicas del país en materia de identidad de género: Claudia Pía Baudracco, Diana Sacayán y Lohana Berkins. Al momento de escribir esta introducción lamentablemente ellas ya no están físicamente presentes, pero la elaboración de este y otros trabajos académicos es tributaria de su incansable lucha por los derechos de los y las trans.

Una vez aprobada la Ley, el sentido del trabajo académico se vio reconfigurado y tomó un cariz más analítico que político. Para la investigación doctoral incorporé al corpus observaciones y entrevistas. Este cambio acarreó para mí un desafío adicional. La estrategia del análisis documental desarrollada para la elaboración de la tesis de maestría me había resguardado de implicarme emocional y éticamente con las vicisitudes el del “cara a cara” que ahora me veía obligada enfrentar.

Comencé entrevistando profesionales que habían iniciado el desarrollo de los tratamientos en Argentina. Las primeras dos entrevistas las realicé con una colega cuya investigación doctoral guarda puntos de contacto con esta tesis. Tras charlas, encuentros y lecturas compartidas, elaboramos una amplia guía de entrevista que permitió abordar los puntos de interés de ambas. Nos embarcamos entonces en el ingreso al campo. Los/as profesionales fueron contactados/as por mail y tuvieron buena predisposición al diálogo y el intercambio. Las siguientes entrevistas las realicé por mi cuenta. Elaboré un cuestionario propio y contacté a los/as profesionales por la misma vía. El contacto con los/as activistas fue menos lineal. A algunos/as los/as había conocido durante la demanda de sanción de la Ley de Identidad de Género. Otros/as fueron contactados/as por las redes sociales o bien por intermedio de colegas y amigos/as que hicieron de nexo para que yo pueda acceder y realizar las entrevistas.

En el transcurso de las entrevistas con los dos grupos de informantes hubo momentos de incomodidad, desacuerdo, confusión y dudas. También de comprensión, interés, motivación, distracción y risas. Hubo momentos de equilibrio y comprensión mutua y momentos de conflicto. Si bien el encuentro siempre estuvo motivado por mi iniciativa, nunca siguió el derrotero lineal de los puntos de mi guía de entrevista.

Los interrogantes que aborda la tesis se originan en experiencias e inquietudes personales pero tienen como horizonte los debates públicos que ubican en su centro la autonomía de decisión sobre el propio cuerpo. Preguntarse por los límites y posibilidades para el ejercicio de la autonomía y su relación con las políticas públicas, las instituciones de salud y sus profesionales guarda afinidades con el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo y con los derechos de los/as usuarios/as frente al sistema de salud en sentido amplio. Apuesto entonces a que muchas de las aristas de discusión abordadas en esta tesis puedan abonar a discusiones públicas sobre la compleja interrelación entre las aspiraciones individuales y colectivas en torno a los cuerpos, los discursos públicos y las prácticas del sistema médico. La tesis aborda las regulaciones sociales puestas en práctica en torno a experiencias corporales e identitarias que no viví y probablemente no experimentaré. Desde los debates sobre la autonomía que expongo en la tesis, visualicé que la dificultad no reside en apoyar intervenciones corporales que yo misma podría o desearía realizar, sino reconocer la voluntad del otro o la otra como legítima en toda situación. No tengo por qué compartir dichas decisiones, pero me unen al otro o la otra porque son tomadas a partir del deseo en un marco de incertidumbre, como todas las decisiones (e indecisiones) corporales que yo misma tomo. Considero, no obstante, que siempre deben garantizarse las óptimas condiciones sanitarias para su realización.

El problema que abordo en esta tesis, la regulación social de los cuerpos, signa mi experiencia cotidiana como la de cualquier persona: experimento el mundo a través de un cuerpo marcado como “femenino”, categoría definida por el sistema médico-legal de la que me apropio subjetivamente. Desde mi carnadura de mujer cisgénero transito por la vida, por las instituciones públicas, educativas y médicas, y también realicé la presente investigación. Ingresé a archivos, bibliotecas y al Congreso Nacional, solicité ayuda al personal administrativo de dichos archivos, entrevisté profesionales de salud y activistas trans, participé como oyente de distintos eventos activistas y médicos. Este recorrido no hubiera sido el mismo desde otra corporalidad. Sus resultados son fruto de los límites y condiciones vigentes para la circulación de los cuerpos sexuados y generizados en los distintos espacios sociales que en su mayoría aún están gobernados por varones cisgénero. En definitiva, esta tesis expone un recorte particular, corporal y subjetivamente situado, entre muchos otros posibles.

Estructura de la tesis

La tesis se organiza del siguiente modo: en el primer capítulo realizo un recorrido por las transformaciones en las categorías y protocolos de la medicina moderna asociados al travestismo y la transexualidad. En los siguientes cinco capítulos describo las reglas de producción discursiva de cada uno de los escenarios abordados y expongo los principales hallazgos en base a los objetivos y preguntas de investigación.

En el capítulo 1, describo la emergencia y transformación de las categorías del travestismo y la transexualidad en Europa y Estados Unidos desde fines del siglo XIX y principios del XX, y expongo el modo en que el campo médico latinoamericano las adoptó y reformuló. Luego, abordo el desarrollo e institucionalización de los protocolos médicos de atención de la transexualidad y su estructura tripartita: psicoterapia, terapia hormonal y cirugía genital, y describo el proceso de incorporación de las demandas del activismo global por la despatologización por parte de las instituciones médicas referentes en la temática.

En el capítulo 2, abordo la emergencia y desarrollo de discursos y prácticas médicas desplegadas alrededor de los deseos de las personas trans por modificar su corporalidad mediante las herramientas ofrecidas por el campo médico en Argentina. En virtud de su prohibición legal, expongo que la medicina legal fue la primera en producir conocimiento en asociación con los dispositivos policiales de control del espacio público. Sostengo que una vez que las intervenciones comenzaron a ser autorizadas por parte del escenario judicial, se configuró una interfaz médico-jurídica de regulación de los cuerpos trans que sentó las bases para el desarrollo de una práctica y un saber específico por parte de un conjunto acotado de profesionales que se invistieron como pioneros profesionales y morales.

En el capítulo 3, abordo los modos en los que el escenario judicial co-configuró, junto con el campo médico, los sentidos oficiales en torno a los tratamientos médicos de construcción corporal solicitados por los y las trans. Describo y analizo las respuestas judiciales a los pedidos para acceder a las intervenciones quirúrgicas genitales y analizo los cambios en las voces, los argumentos y discursos presentes en las mismas.

En el capítulo 4, abordo las transformaciones en las reivindicaciones de las organizaciones de travestis, transexuales, transgéneros y trans desde su emergencia en la década de 1990 y las discusiones desarrolladas en este escenario en torno a los procesos de construcción corporal y su carácter reproductor o bien desestabilizador del régimen binario de género. Analizo las estrategias desplegadas para lograr la aprobación de una Ley de Identidad de Género que legalizara las intervenciones médicas de construcción corporal sin imponer como requisito certificación diagnóstica ni autorización judicial.

En el capítulo 5, abordo el proceso de ingreso de la demanda de la Ley de Identidad de Género al escenario parlamentario. Describo y analizo los distintos proyectos de ley presentados desde 1995 y los sentidos forjados y disputados por legisladores y legisladoras nacionales en torno a los procesos de construcción corporal trans, su regulación y cobertura.

En el capítulo 6, último capítulo, desarrollo que tras la sanción de la Ley de Identidad de Género dieron las condiciones para la conformación de un escenario de carácter híbrido en el que los discursos expertos de la medicina se vieron interpelados por las demandas de los y las trans. Sostengo que dichas demandas tienden a poner en crisis la autoridad médica y generan como respuesta un reforzamiento de la jerarquía médico-paciente por parte de los/as profesionales de la salud.

En las conclusiones recapitulo y discuto los hallazgos alcanzados y dejo planteadas líneas de indagación a futuro.


  1. Personas que se identifican con el género que les fue asignado al nacer.
  2. Partes de este apartado fueron publicadas en Farji Neer (2020a).
  3. “Según dicho sistema, la sexualidad `buena´, `normal´ y `natural´ sería idealmente heterosexual, marital, monógama, reproductiva y no comercial. Sería en parejas, dentro de la misma generación y se daría en los hogares. Excluye la pornografía, los objetos fetichistas, los juguetes sexuales de todo tipo y cualesquiera otros papeles que no fuesen el de macho y hembra. Cualquier sexo que viole estas reglas es `malo´, `anormal´ o `antinatural´. El sexo malo es el homosexual, promiscuo, no procreador, comercial o el situado fuera del matrimonio. Será la masturbación, las orgías, el encuentro sexual esporádico, el cruce de fronteras generacionales y el realizado en `público´ o al menos en los arbustos o en las baños públicos. Utilizará la pornografía, los objetos fetichistas, los juguetes sexuales o roles distintos a los tradicionales” (Rubin, 1989: 21).
  4. Concepto acuñado por Josefina Brown (2014).
  5. El proceso de conformación de las organizaciones de travestis, transexuales, transgéneros y trans locales y su vínculo con el espectro de organizaciones sexo-políticas será abordado en el capítulo 4.
  6. La tesis fue realizada en el marco de la Maestría en Investigación en Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Se tituló “Fronteras discursivas: travestismo, transexualidad y transgeneridad en los discursos del Estado argentino, desde los Edictos Policiales hasta la Ley de Identidad de Género”.
  7. Otra de ellas fue la creación de un Bachillerato Popular Trans “Mocha Celis”, una escuela secundaria pensada desde la perspectiva de la educación popular para que travestis, transexuales, transgéneros y trans terminen sus estudios secundarios, del que participé como parte del equipo docente.


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