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2 Francisco José Trianes: “segunda línea” e intelectual lencinista[1]

Andrés Abraham

Introducción

El lencinismo constituye un caso singular dentro de la pléyade de gobiernos radicales provinciales del período que tuvo lugar entre la sanción de la ley Sáenz Peña y el golpe de septiembre de 1930. Al igual que el cantonismo sanjuanino, se trató de un movimiento de amplio arraigo en los sectores populares, encabezado por líderes carismáticos munidos de una prédica obrerista y antioligárquica[2].

Tanto la tensa relación personal de sus máximos líderes con Hipólito Yrigoyen, como su estilo político y de gobierno, hicieron mella en su vinculación con el radicalismo personalista, provocando su alineamiento a nivel parlamentario con el Antipersonalismo y su configuración como un partido provincial independiente. Adoptó, así, caracteres propios que respondieron a las vicisitudes políticas y a rencillas personales que acompañaron el proceso de gestación del radicalismo como la primera fuerza política moderna, de alcance nacional, con presencia en todas las provincias (Persello, 2007, pp. 63-68).

El presente capítulo procura aportar una reconstrucción, análisis y caracterización de la trayectoria política y pública del abogado Francisco José Trianes (1894-1981), en el marco de la articulación de la elite dirigente del lencinismo durante las décadas de 1920 y 1930. Se trata de un personaje que integró la primera plana partidaria desde el gobierno de Carlos Washington Lencinas, ocupando diversos cargos, y cuya labor ha sido escasamente estudiada hasta el momento. La propuesta permite ilustrar desde un caso paradigmático las formas del reclutamiento y desempeño posterior de funcionarios y dirigentes del período de la profesionalización incipiente de las burocracias estatales, como así también las carreras políticas de jóvenes cuya acción se desenvolvió en el marco del proceso de ampliación de la participación política que siguió a la adopción de la ley Sáenz Peña a nivel nacional y del acceso al poder del lencinismo a nivel provincial (Ansaldi, 2000; Lacoste, 1994).

Se plantea como hipótesis que este dirigente forma parte de las “segundas líneas” del liderazgo lencinista: un elenco de figuras que ocuparon diversos puestos y roles –tanto partidarios como en la función pública–,y sirvieron de intermediarios con las bases de apoyo político y también de usina de ideas, proyectos, acciones proselitistas y de políticas públicas que fueron fundamentales para la marcha del gobierno y el éxito político-electoral de los gobiernos de José Néstor Lencinas, Carlos W. Lencinas y Alejandro Orfila.

Por otro lado, el abordaje de los pormenores de la carrera política y profesional de una figura poco conocida como la de Trianes constituye una vía no convencional de aproximación a la vida interna del lencinismo como fuerza política, en relación con su actuación como oficialismo provincial, pero también respecto de sus vinculaciones con los gobiernos y la escena partidaria nacionales bajo las sucesivas coyunturas económicas y políticas de Mendoza y el país entre 1918 y 1937.

En los últimos años, los estudios sobre el Estado “desde adentro” han puesto el foco en los itinerarios vitales de los agentes y funcionarios de las burocracias estatales, invitando a darles “rostro humano” y personalizarlos, analizando para ello las formas en que llevaron adelante sus tareas en las fases iniciales de su construcción y consolidación del Estado en sus distintos niveles, además de indagar –entre otros aspectos– en sus orígenes, en sus derroteros personales, educativos y burocráticos, en las formas de legitimación de sus posiciones, en las redes de interacción que articularon y en los núcleos de poder donde se insertaron durante su desempeño en la función pública (Bohoslavsky y Soprano, 2010, p.15). De forma similar, Plotkin y Zimmermann plantean la necesidad de reconstruir las particularidades de las carreras de los “expertos” en la gestación de las burocracias estatales y las condiciones en que se llevó adelante la modernización del Estado en las primeras décadas del siglo XX, a partir de las formas de configuración, legitimación e institucionalización del conocimiento sobre la sociedad (Plotkin y Zimmermann, 2012a y 2012b).

Si bien no se trata de un funcionario de carrera, pues el personaje en cuestión participa como agente de la burocracia estatal en forma esporádica –“entra y sale” de la función pública según se le requiere desde su partido–, las indagaciones propuestas por esta línea de trabajo permiten reconstruir y analizar la relación que los dirigentes que ocuparon cargos de alta jerarquía del Estado mendocino entablaron con la sociedad por esos años. En efecto, a partir de un capital simbólico y saberes específicos –muchas veces sustentados en un título profesional, como el de abogado en este caso– estas figuras dotaron de legitimidad su posición política y sus funciones en la vida pública.

Para el caso de Mendoza, estudios recientes han profundizado en la cuestión relativa a las trayectorias, saberes y capitales simbólicos con los que se gestó una burocracia provincial especializada en un contexto político complejo como el de los gobiernos lencinistas. Entre otros aspectos, se verifica para los años veinte la progresiva incorporación de especialistas mulifacéticos en áreas estratégicas como la vitivinicultura (Rodríguez Vázquez y Barrio, 2014, 2016), pero también la acción en tales ámbitos de dirigentes políticos con fuerte identificación partidaria, lo que permite plantear interrogantes sobre la variedad de funciones y actividades que llevaron adelante los dirigentes de la primera plana partidaria reclutados por entonces. Esta dualidad, presente en el caso de Trianes, hace que su figura sea de interés para abordar las formas de gestación de las carreras políticas de la elite dirigente del lencinismo, en el marco del proceso de entrada de las masas a la vida política desenvuelto durante los años veinte.

De igual modo, esos estudios recuperaron los itinerarios de personajes públicos que integraron los elencos políticos y contribuyeron desde su desempeño como funcionarios a la profesionalización del Estado provincial durante la década de 1920, y cuya acción había sido olvidada o sólo se conocía parcialmente. Se han reconstruido las trayectorias de figuras como Leopoldo Suárez o Arminio Galanti, destacando sus aportes a la modernización socioeconómica durante los años del lencinismo (Barrio y Rodríguez Vázquez, 2014 y 2016; Rodríguez Vázquez y Raffa, 2016, pp.19-42 y Mateu e Iriart Gabrielli, 2018).

Igualmente, en relación con las agencias, Richard-Jorba analizó el origen y la evolución posterior del Departamento General del Trabajo en Mendoza en esa época. Estas investigaciones aportaron una nueva imagen de los gobiernos lencinistas, a partir de la constatación de que más allá de los reclutamientos centrados en las dinámicas político-partidarias propias del radicalismo, se gestaron también los núcleos formativos de una burocracia estatal local integrada por especialistas y abocada a la formulación de diagnósticos y políticas de mediano y largo plazo en diversas áreas (Richard-Jorba, 2016; Rodríguez Vázquez y Raffa, 2016).

Para el caso de Trianes resulta además de utilidad remitir a los diversos estudios sobre el rol desempeñado por los abogados en la incipiente profesionalización de las burocracias estatales que tuvo lugar bajo los gobiernos radicales[3]. Dicho grupo profesional contribuyó a poblar los planteles estatales en expansión y –continuando las notas propias de los elencos dirigentes decimonónicos–, acercó a la escena pública a sujetos dotados de conocimientos, credenciales y un capital simbólico de gran importancia para una carrera política.

Por último, remitimos a la idea de las “segundas líneas”, trayendo a colación la sugerente propuesta de análisis desarrollada por Ranaan Rein para el peronismo, cuyos principales postulados presentaremos en la primera parte del capítulo.

En este trabajo nos proponemos entonces reseñar los rasgos biográficos de Trianes y reconstruir su trayectoria en la función pública y en la vida política provincial, para luego reconsiderar su importancia en diálogo con las propuestas teóricas y los campos de estudio antes citados. Comenzamos con el abordaje su derrotero en dos momentos clave: sus inicios en la administración pública –etapa que incluye la intendencia de la Capital y la intervención de una agencia vitivinícola–, su desempeño como docente y abogado y los cargos legislativos ocupados en el segundo lustro de la década del veinte –senaduría provincial y diputación nacional–. Finalmente, en el último apartado se rescata el itinerario del mencionado dirigente en la década de 1930 y la reorientación de sus actividades con motivo de la grave crisis interna que afectó al lencinismo desde 1929, y luego bajo el nuevo escenario político nacional y provincial que siguió al golpe del 6 de septiembre de 1930.

Cabe aclarar que el personaje presenta un itinerario discontinuo en la función pública, que se explica por el contexto de crisis político-institucionales del lencinismo, cuyo desempeño como oficialismo se vio interrumpido por las intervenciones federales que dejaron truncos sus tres gobiernos[4]. En el tiempo que duraron esas intervenciones, dicha fuerza tuvo actuación político-partidaria y electoral, pero quedó fuera del Estado provincial y sus dirigentes debieron volver al llano, lo mismo que durante la intervención de Eudoro Vargas Gómez (septiembre de 1920 a febrero de 1922). A pesar de estas interrupciones, cuando el partido ocupó el “sillón de San Martín”[5], Trianes pudo desarrollar su carrera ascendente como dirigente político y funcionario, ocupando cargos de creciente jerarquía, hasta llegar a la diputación nacional en 1928, puesto que no se vio afectado por la intervención de Carlos Borzani.

Entendemos asimismo que el caso de Trianes debe enmarcarse en el proceso de reclutamiento de dirigentes partidarios nóveles que se desarrolló en el proceso de evolución de las élites políticas propio del período que sigue a la sanción de la ley Sáenz Peña, puesto que el personaje presenta un itinerario sui generis en el que se suceden y/o coexisten diversos roles como el de abogado, periodista, dirigente político, funcionario público y legislador. Esta diversidad de tareas marca una continuidad con la política de los notables previa a 1912, pero en su caso trae como novedad que el ejercicio de tales funciones se realiza invariablemente de cara a las bases de apoyo del lencinismo, en el marco de la nueva “política de masas” que se abre camino por entonces. Estas acciones le permiten insertarse exitosamente en el núcleo estrecho de colaboradores y consejeros del poder lencinista –en la época en que dicho partido ocupó la gobernación–, y refugiarse luego en el rol de intelectual y de outsider hacia los años treinta, cuando el movimiento fue excluido de la escena política.

La “segunda línea” en la articulación del populismo

En sus estudios sobre el peronismo, el historiador israelí Ranaan Rein recurre al concepto de populismo para definir al movimiento político que construyó Juan Domingo Perón entre 1946 y 1955, pero a la vez cuestiona la idea del lazo directo entre el líder carismático y las masas. Señala que dicha relación estuvo mediada por otras figuras que facilitaron tal vínculo con acciones de diversa índole, principalmente políticas e institucionales. Plantea, así, como hipótesis la existencia de “segundas líneas” del liderazgo populista:

Los integrantes de esta “segunda línea” ofrecieron ideas, experiencia, capacidad de gobierno, vinculaciones con el mundo político, gremial y empresario, y habilidad para promover apoyos destinados al líder naciente. Estos “hombres detrás del Hombre” eran portadores de prestigio personal –y elementos que daban legitimidad al movimiento– que tradujeron, con mayor o menor suerte, en una labor que contribuyó sustancialmente al ascenso y consolidación de aquel […] (Rein y Panella, 2013, p. 8).

Las segundas líneas estarían integradas por un núcleo de figuras diversas con una presencia relativamente nueva en la función pública y la vida política. Su rol como intermediarios o negociadores entre el gobierno y los actores sociales en pugna en torno al Estado se torna indispensable para el éxito del liderazgo carismático: se trata de funcionarios y dirigentes que actuaron como correa de transmisión de directivas superiores a la vez que supieron ser voceros de las demandas de las bases al poder político (Rein y Panella, 2013, p.10).

Esta línea de trabajo propone un abordaje de tales intermediarios y un análisis de la forma en que acumularon poder al amparo de los líderes que encabezaron los movimientos políticos triunfantes en el marco de ampliación de la participación política (Rein, 1998, p. 33). Para ello se plantea como necesario indagar tanto sobre su capital cultural y social previos al momento de su reclutamiento, como sobre las formas de acceso a cargos en el gobierno, sus tareas de gestión, las lealtades y la relación que construyeron con las “fuerzas vivas” y los factores de poder desde su nueva experiencia en la función pública.

En este punto, el planteo de Rein habilita también la reflexión sobre los procesos de dotación de funcionarios, formación de las políticas públicas y toma de decisiones gubernamentales en el marco de las agencias estatales y las estructuras burocráticas que sustentan la acción de los liderazgos carismáticos populistas. Estos sujetos a la sombra de los líderes fueron gestores de ideas, planes, proyectos y acciones que contribuyeron a la marcha de sus gobiernos y a la definición de su impronta en materia política, económica y/o social.

En relación con el lencinismo, los trabajos clásicos sobre el tema (Rodríguez, 1979; Lacoste, 1994) no abordaron la elite dirigente, sus formas de reclutamiento, su vinculación con la sociedad ni sus carreras en la función pública o en cargos políticos. Constituyen una excepción los mencionados estudios recientes sobre Leopoldo Suárez o Arminio Galanti, pero resta indagar qué otros personajes ocuparon los principales cargos en los gobiernos lencinistas y cómo sus itinerarios políticos individuales permiten ilustrar las particularidades de la configuración de los elencos dirigentes y el liderazgo político en dicho período histórico.

La propuesta de Rein resulta entonces asequible para hacer foco en la trayectoria de Francisco José Trianes durante las décadas de 1920 y 1930, en vinculación con los estudios sobre la formación de la burocracia estatal mendocina en los años veinte, y reconsiderar a partir de estas herramientas los diversos roles que el personaje ocupó en las sucesivas coyunturas políticas. Todo ello en vistas a poner en valor el desempeño en la escena pública de un dirigente que integra el elenco de figuras clave que conformaron la primera plana del partido lencinista y fueron actores clave en la estructura de gobierno y sostén político de los liderazgos carismáticos de dicha fuerza.

Francisco José Trianes: de inmigrante a dirigente lencinista

Francisco José Trianes nació en Huelva (España), el 9 de febrero de 1894, y falleció el 25 de febrero de 1981, en la ciudad de Mendoza. Su padre, José Trianes Díaz, fue un reconocido empresario vitivinícola español descendiente de una familia nobiliaria de la región española de Andalucía, con una larga tradición en la elaboración de vinos blancos (figura 1). Los Trianes arribaron a Mendoza hacia 1904 con motivo de la epidemia de filoxera que atacó duramente los viñedos españoles[6]. Gracias a sus conocimientos y experiencia, José fue contratado como Administrador General de Bodegas Giol –una de las más importantes de la provincia– pasando a residir con su familia en un chalet de dicha bodega en el departamento de Maipú. Integró diversas entidades de la colectividad española y se destacó como promotor de la vitivinicultura local a través de diversas publicaciones, llegando incluso a proponer al gobierno provincial en 1911 la realización de festejos con motivo del fin de la cosecha como forma de visibilizar el progreso de la industria[7].

Figura 1: Hoja membretada perteneciente a los establecimientos
de José Trianes Díaz en Huelva

Fuente: Archivo personal del autor.

Luego de haber cursado estudios primarios en el colegio de los Escolapios de Huelva, Francisco José comenzó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Mendoza, graduándose de bachiller en 1912. Como estudiante se destacó en las letras y en dibujo, y fundó la revista gráfica El Jockey, donde hizo sus primeras experiencias con el periodismo (Morales Guiñazú, 1943, p.100). También colaboró como redactor y dibujante del periódico La Tarde[8].

Al finalizar sus estudios se trasladó a Buenos Aires para comenzar la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires, que cursó durante un año[9]. Pero optó finalmente por la carrera de Abogacía en la misma universidad, la cual concluyó como alumno libre en el plazo de dos años y obtuvo con honores su título de abogado en 1917[10]. En forma simultánea continuó colaborando como periodista en la prensa local de Mendoza y en periódicos de la ciudad de Buenos Aires como La Verdad y La Gaceta de Buenos Aires.

Figura 2: Francisco Trianes, graduado de abogado a sus 23 años

Fuente: La Palabra, 28 de enero de 1918, p. 1.

A su regreso a Mendoza en enero de 1918 instaló su oficina en el estudio jurídico del Dr. Aníbal Cabrera[11], donde ejerció como abogado particular, y retomó su labor como periodista local en el órgano lencinista La Palabra, función desde la cual se acercó a dicha fuerza política. Luego ocupó la jefatura de la 2° Fiscalía del Crimen de Mendoza entre 1920 y 1922, tarea en la que hizo sus primeras armas como funcionario y donde dio sus primeros pasos frente al foro local y ante la opinión pública.

Los primeros pasos en la administración pública

Intendencia de la Capital

El 4 de febrero de 1922 asumió la gobernación Carlos Washington Lencinas e inmediatamente nombró a Trianes como intendente de la capital mendocina (LP, 6 de febrero de 1922, p. 2)[12]. El aludido diario La Palabra destacó sus cualidades para el cargo y celebró el acceso al puesto de su joven colega y colaborador por sus aptitudes[13]. Entre sus primeras medidas estuvo la reposición en “un lugar preferente en la sala de la intendencia” del retrato del ex gobernador José Néstor Lencinas –retirado por orden de la intervención federal–, como “homenaje a su memoria” (Los Andes –en adelante LA–, 7 de febrero de 1922, p. 5); la sanción de un decreto para regular la celebración de las fiestas de carnaval en la ciudad y una resolución por la cual dejaba sin efecto descuentos a las tasas y patentes municipales propiciados por su antecesor, el intendente interventor Gaudencio Magistocchi (LP, 8 de febrero de 1922, p. 5).

En el plano cultural Trianes promovió –entre otras iniciativas– la creación de un “cinematógrafo ambulante”, que consistía en la dotación de un automóvil con implementos para la proyección de películas, el cual recorría distintos puntos de la ciudad para brindar funciones de cine gratuitas. En la disposición de esta medida destacaba el joven intendente razones “de orden cultural y de expansión espiritual en la clase pobre que habita en los barrios excéntricos”, la cual quedaba excluida de las actividades culturales aranceladas. Asimismo, se instaló otro cinematógrafo en la calle San Martín, arteria principal de la ciudad, que dio lugar a quejas de los vecinos[14]. En la misma línea de fomento de las actividades de esparcimiento, el gobierno comunal dispuso la creación de un elenco de teatro infantil para brindar funciones en las plazas públicas de la ciudad (LP, Suplemento especial, abril 1922).

Figura 3: Caricatura de Francisco Trianes cuando asumió como intendente de la Ciudad de Mendoza

Descripción: Descripción: C:UsersAndresDesktopPROYECTO INVESTIGACIÓN TRIANES2018 Proy. Barrio - TrianesBiografía Trianescaricatura trianes - la palabra 22 abril 1922.JPG

Fuente: La Palabra, 22 de abril de 1922 (portada).

En lo que respecta a las obras públicas, se destaca la elaboración de un plan de renovación edilicia de la ciudad que incluyó la construcción de baños públicos en la “ciudad vieja” (concretamente en una parte del terreno que ocupaban las ruinas del templo de San Francisco, derrumbado por el terremoto de 1861), y cuyos principales beneficiarios fueron los pobres que habitaban en los conventillos y casas de esa zona del ejido municipal. O bien la realización de un estudio para la pavimentación de la Avenida Sarmiento, arteria que unía el centro con el Parque del Oeste (actual parque San Martin). Otra obra concebida por Trianes fue la remodelación de la Plaza Pellegrini (hoy Plaza España), adonde proyectó instalar elementos para ejercicios físicos –tal como ya se usaba en “las grandes ciudades del mundo”– (figura 4). De modo similar, dispuso la remodelación de la plaza Buenos Aires (hoy Sarmiento), buscando dar nuevos aires a la transitada zona que comunicaba a la ciudad vieja con las poblaciones del vecino departamento de Guaymallén (LP, suplemento especial, abril 1922).

Figura 4: Proyecto de refacciones a la Plaza Pellegrini, presentado durante la intendencia de Trianes

Fuente: La Palabra, 22 de abril de 1922.

Pero la obra de mayor proyección y envergadura de su gestión fue la concesión y el inicio de la construcción del Matadero Frigorífico Regional (figura 5), cuyo radio comercial abarcaría a la ciudad de Mendoza y a los departamentos aledaños (Guaymallén, Las Heras, Luján y Godoy Cruz). El objetivo era asegurar la provisión de carne a un precio adecuado a los habitantes del radio delimitado y garantizar las condiciones sanitarias mínimas de los productos que se vendían en los mercados públicos. A fines de abril 1922 se dio a conocer el contrato de construcción y concesión por treinta años al empresario Felipe Francisco Mosso. La instalación debía ajustarse a las “prácticas modernas de faenamiento” y reemplazaría al antiguo matadero emplazado en la ciudad vieja, señalado por las autoridades sanitarias como un foco de infección para la población (Provincia de Mendoza, 1924, p. 118)[15].

La pericia legal de Trianes se puso en juego en dicha ocasión para la elaboración del pliego del contrato, de 18 artículos en total, procurando minuciosamente que la concesión no implicara la delegación de atribuciones que eran potestad del municipio. El apoyo a la medida por parte del ministro de Industrias y Obras Públicas (ingeniero Leopoldo Suárez) y del gobernador fue suficiente para la ratificación del contrato en la Legislatura, mediante ley 786, de septiembre de 1922 (Provincia de Mendoza, 1925, tomo 13, pp. 4966 y ss.). El matadero se comenzó a construir en un terreno de 20 hectáreas expropiado a la Sociedad Anónima El Globo, en el departamento de Godoy Cruz[16]. El edificio principal reflejó las innovaciones de la arquitectura moderna y la visión higienista predominante en la época para este tipo de instalaciones (figura 5), y marcó un contraste con la lúgubre imagen del matadero municipal existente en la “ciudad vieja”. Con motivo de la inauguración, el 23 de septiembre de 1923 el ministro Suárez rescató la gestión de Trianes y destacó que supiera “defender con ahínco los intereses de la comuna, salvaguardando ampliamente sus derechos” (Provincia de Mendoza, 1924, p. 131).

Figura 5: Vista del Frigorífico Matadero Regional Mosso Hermanos

Descripción: G:PROYECTO INVESTIGACIÓN TRIANESlibro BANZATOEdificio del Matadero Frigorífico Regional, departamento de expedición de carnes. (año 1922) Memoria MinInd p 113.JPG

Fuente: Provincia de Mendoza, 1924.

En su gestión como intendente, Trianes gozó de amplia libertad en tanto tenía plena confianza del gobernador y el poder legislativo comunal no se hallaba constituido debido a su disolución por la intervención federal. Pero con la normalización del gobierno provincial en febrero de 1922, Lencinas convocó a elecciones para integrar los concejos deliberantes municipales de toda la provincia[17]. El Concejo Deliberante de la ciudad de Mendoza se constituyó el 19 de agosto, compuesto por diez ediles del oficialismo y cinco del Partido Socialista (LA, 20 de agosto de 1922, p. 5)[18]. A partir de entonces, comenzó a crecer la tensión entre el joven intendente y los nuevos ediles –incluso los oficialistas– quienes procuraron poner cortapisas a su impetuosa acción.

Uno de los primeros cruces se dio en torno a la prórroga de la concesión del mercado de abasto La Pirámide, que era señalado por la prensa como un “foco de infección”, una “pocilga” y un peligro por su estado edilicio deplorable[19]. Mediante un convenio ad referendum del Concejo Deliberante, Trianes dispuso prorrogar el contrato al beneficiario Antonio De Leo, con la condición de que demoliera el edificio existente y construyera uno nuevo. Pero algunos dueños de puestos del mercado elevaron sus quejas y recibieron el apoyo de la bancada socialista del Concejo, que cuestionó al intendente por la medida. Finalmente, en sesión plenaria, el órgano legislativo dispuso no prestar acuerdo a la prórroga y ordenó la realización de un nuevo llamado a licitación, disposición a la que debió atenerse Trianes finalmente (LP, 11 y 30 de setiembre de 1922, p. 1).

Los roces con el Concejo quedaron en evidencia también respecto del abastecimiento de la carne, cuyo encarecimiento afectaba por entonces a los sectores más pobres. Esto llevó a Trianes a proponer al cuerpo la pronta sanción de una ordenanza para que el municipio tomara a su cargo el expendio de la carne en todos los mercados públicos de la ciudad, como forma de terminar con la especulación. Sin embargo, los ediles rechazaron la medida por entender que tales menesteres no eran tarea propia de la intendencia. Sostenía por entonces el funcionario al fundamentar el proyecto:

Es preciso que el hogar del proletario reciba los beneficios de las instituciones que contribuye a crear y sostener, y es necesario que las leyes que sus representantes dictan y las ordenanzas que sus delegados municipales sancionan se cumplan para el definitivo y justiciero bienestar de aquellos hogares. Si hay algún trust de abastecedores que ya establece un precio desproporcionado de venta de carne al consumidor, […] si hay quien pospone hasta el más íntimo sentimiento de equidad y justicia a los intereses comerciales y al afán de lucro, y si hay leyes que sabia y previsoramente castigan ese fraudulento consorcio, que caiga sobre ellos la vindicta social (LP, 15 de setiembre de 1922, p. 5).

El celo del intendente en relación con la problemática del abastecimiento de carne se manifestó también en la instalación de un instituto para la tuberculinización de vacas de tambos y puestos de ganado de todo el radio capitalino, para garantizar condiciones de salubridad mínimas[20].

Otras escenas conflictivas entre Trianes y los ediles se desataron en relación con el Teatro Municipal. La primera fue con motivo del vencimiento de la concesión del teatro ya que la voluntad del intendente fue extender el plazo al poseedor de la misma, mientras que el Concejo pedía llamar a una nueva licitación (LP, 26 de setiembre de 1922, p. 1). La segunda tuvo lugar cuando el Concejo aprobó a regañadientes una contratación inconsulta hecha por Trianes al pianista francés Max Risler para brindar conciertos en el teatro, pero rechazó rotundamente el pedido del intendente para que se lo facultara a posteriori a contratar en forma directa artistas e intelectuales “a precios populares”, arguyendo que el pedido era demasiado amplio y estaba fuera de sus atribuciones (LP, 30 de setiembre de 1922, p. 1).

Tiempo después el concejal socialista Jacinto Pichetto pidió informes al ejecutivo municipal en virtud de una compra directa de varios muebles con destino a la intendencia y el recinto del Concejo Deliberante en la casa Maple & Cía. de la ciudad de Buenos Aires (LA, 25 de octubre de 1922, p. 5).

La relación se tensó aún más cuando Trianes envió un proyecto para disponer la estabilidad laboral de los empleados municipales. Incluida en un proyecto de estatuto para el personal municipal, se especificaban condiciones de acceso a los puestos, lineamientos para la gestión del personal, sanciones y montos de sueldos mínimos. En el debate –que ya reconocía antecedentes a nivel nacional[21]–, Trianes recibió un fuerte respaldo de los empleados municipales (LP, 4 de noviembre de 1922, p. 1)[22], pero a pesar de ello el cuerpo tampoco aprobó la propuesta.

Figura 6: Facsímil del diploma de honor entregado por los empleados municipales a Trianes en agradecimiento por su proyecto de estabilidad de empleados públicos

Fuente: La Palabra, 4 de noviembre de 1922, portada.

Pero el enfrentamiento decisivo entre Trianes y el Concejo Deliberante se desató a partir de la compra directa de cuatro camiones regadores y de carga que hizo el intendente, también sin consulta previa al cuerpo de ediles. El edil socialista Castromán solicitó en sesión del 22 de noviembre de 1922 tratar sobre tablas un proyecto de resolución sobre amonestación del funcionario por excederse de sus funciones, debido a que no había respondido tampoco a los pedidos de informe del cuerpo en el plano financiero[23]. Gracias a la acción evasiva del edil lencinista Carlos Stoppel la cuestión fue pospuesta para la sesión siguiente, pero el día 23 de noviembre Trianes renunció al cargo (LP, 24 de noviembre de 1922, p. 1). Fue reemplazado interinamente por el presidente del Concejo Deliberante hasta el nombramiento de un nuevo intendente titular en febrero (LP, 1 de febrero de 1923, p. 5).

Si bien no se evidenciaron públicamente los motivos de la renuncia, queda claro que el intendente perdió apoyo partidario necesario para seguir en acción, ya que el modus vivendi institucional entablado con el poder concejil había afectado también su relación con el bloque oficialista del cuerpo. Incluso, su estilo impetuoso de gestión no era visto como acorde a la dinámica republicana y la rectitud de procedimientos que ella exige.

Trianes en la Dirección de Industrias

Luego de su salida de la intendencia, el siguiente cargo de relevancia que ocupó Trianes durante el gobierno de Carlos Washington Lencinas fue el de interventor de la Dirección General de Industrias –dependencia del Ministerio de Industrias y Obras Públicas encargada de la inspección agrícola, vitícola y enológica–[24]. Su gestión se extendió desde octubre de 1923 hasta la llegada de la intervención federal de Enrique Mosca, que desplazó a Lencinas y sus funcionarios de la gobernación, el 12 de octubre de 1924. El origen de este nombramiento fue una crisis política interna en el ministerio por un enfrentamiento entre el ministro Leopoldo Suárez y el director titular de la repartición, el enólogo Arminio Galanti, quien fue relevado de sus funciones en junio de 1923[25].

La designación de Trianes entró en contradicción con una normativa sancionada durante el primer gobierno lencinista: la ley 740, de 1919, estipulaba que los cargos técnicos de la administración pública relacionados con la industria vitivinícola serían desempeñados por especialistas (ingenieros agrónomos o enólogos). Esto incluía el cargo jerárquico de director de la repartición, a quien en el organigrama se lo señalaba como “Director Diplomado”. Pero desde el gobierno provincial se justificó públicamente la intervención en la necesidad de realizar un estudio detenido de la legislación vitivinícola y de todos los decretos y reglamentos existentes en materia comercial e industrial, en vistas a la presentación de un proyecto para una nueva ley de vinos. Pero en realidad su nombramiento se debió al difícil contexto político y económico –signado por una grave crisis fiscal[26]–, y por la necesidad de que la dependencia fuera dirigida por una figura política que pudiera encarar los distintos frentes de conflicto que se abrían con actores del sector, que fuera incondicional a los lineamientos del ministro del ramo y del gobernador, y que tuviera iniciativa para contrarrestar la parálisis administrativa de la agencia. En efecto, en el corto lapso de su gestión, Trianes se abocó a cinco cuestiones: el estudio de la legislación vitivinícola; las acciones policiales sobre sustancias prohibidas; la adecuación de los instrumentos administrativos a la nueva legislación impositiva; la prohibición de utilizar azúcar en los vinos, y la colaboración con las autoridades nacionales en el control de fraudes en bebidas alcohólicas.

El estudio de la legislación le permitió a Trianes poner en valor su experticia jurídica y lograr un detallado diagnóstico, fundamentado en información estadística sobre la situación general de la industria vitivinícola y sobre el comercio del vino en particular. Si bien el resultado esperado era la sanción de una nueva ley vitivinícola provincial, ello no se logró, probablemente en virtud de los problemas políticos en que se hallaba el gobierno.

La cuestión de la introducción de sustancias prohibidas –tanto el ácido sulfúrico como los azúcares y mieles– es donde Trianes mostró su mayor celo y dispuso medidas de control que le permitieron mostrar resultados. La acción fiscalizadora se enmarcó en la normativa vigente y buscó perseguir fraudes vínicos que eran comunes en épocas de bonanza, cuando los industriales procuraban obtener mayor rédito económico mediante el “estiramiento” o “desdoblamiento” de los caldos con las sustancias señaladas[27]. Diversos casos de fraude fueron detectados y reprimidos severamente, teniendo amplia difusión las acciones de la agencia en la prensa local.

Pero quizás la mayor contribución de Trianes como funcionario al gobierno provincial y a su escasez de fondos fue la implementación de medidas administrativas para incrementar la recaudación impositiva en el sector vitivinícola. Junto con la ley de presupuesto para el año 1924, el Poder Ejecutivo dispuso mediante la ley 866 el aumento del impuesto al vino y la creación de un nuevo impuesto a la uva, buscando volcar su voracidad fiscal sobre el sector, que vivía un período de expansión económica (Rodríguez, 1979; Barrio, 2018). En forma inmediata los bodegueros y los viñateros manifestaron su descontento por los gravámenes y llevaron incluso su protesta a los medios y al gobierno nacional, pero Lencinas se mantuvo firme en su postura. En este contexto, Trianes dispuso inspecciones obligatorias previas al inicio de la elaboración anual de vino en cada bodega, y además exigió que cada industrial presentara declaraciones juradas exhaustivas indicando cantidades y procedencia de la uva a vinificar, al igual que un detalle de todos los productos químicos que habría de utilizar. Con estas medidas logró –además de limitar el desdoblamiento vínico– precisar aún más la información disponible y el control sobre el proceso de elaboración, y mejorar la recaudación impositiva[28]. Las dificultades logísticas y la escasez de personal de la repartición lo llevaron, sin embargo, a suavizar la aplicación de las medidas de inspección, disminuyendo así las quejas de los bodegueros.

Finalmente, en el marco de las funciones de la agencia, Trianes prestó asidua colaboración a las autoridades nacionales en relación con el control del expendio de bebidas alcohólicas, principalmente en contextos en los que se detectaron fraudes con alcoholes metílicos nocivos para la salud.

En forma paralela a su desempeño como Director de Industrias, Trianes siguió atendiendo en su estudio jurídico por no existir incompatibilidad funcional[29] y retornó al cargo de profesor en el Colegio Nacional de Mendoza (Boletín Oficial de la República Argentina –en adelante BORA–, 17 de noviembre de 1924, p. 45).

Docencia y acción en la corporación profesional

Luego de su alejamiento de la función pública municipal, Trianes comenzó a trabajar en  el Colegio Nacional de Mendoza[30] –como profesor de “Ciencias y Letras”[31]– y desde abril de 1923 volvió a ejercer la abogacía en la ciudad capital[32].

Meses después, un episodio acaecido en el Colegio de Abogados evidenció su lealtad al partido lencinista y al gobierno provincial por encima de la adscripción profesional[33]. En septiembre de 1923 la Legislatura dispuso un jury de enjuiciamiento contra el juez civil local Jorge Vera Vallejo y decidió suspenderlo en sus funciones. El Directorio del Colegio de Abogados convocó a una asamblea extraordinaria de socios y se pronunció contra la medida. En ella, Trianes hizo uso de la palabra y sostuvo que el jury no era motivo de interés para el Colegio. Ante una moción contraria, se decidió integrar una comisión que proyectara una resolución, designando a Guillermo Cano, Alberto Day (conservadores) y a Trianes. En virtud de los desacuerdos hubo dos dictámenes y finalmente en la votación triunfó el de Cano y Day, que postulaba un pronunciamiento contra el jury, aprobaba el envío de quejas formales a autoridades nacionales y dictaba un voto de censura a Alejandro Orfila (socio del Colegio, y por entonces senador lencinista e integrante del jury por el oficialismo). Al día siguiente Trianes firmó un telegrama enviado por abogados oficialistas a Buenos Aires y presentó su renuncia como socio del Colegio, manifestando no estar de acuerdo con las decisiones adoptadas (LA, 6 de octubre de 1923, p. 5).

Desde entonces, varios dirigentes lencinistas quedaron enfrentados a la entidad profesional y esta se pronunció en diversas oportunidades en contra del gobierno, principalmente por presiones contra magistrados y por temas fiscales, convirtiéndose en caja de resonancia de los reclamos de la oposición y de los grandes actores de la industria vitivinícola. El Colegio cumplió un rol de oposición en el plano político en la crítica coyuntura de 1924, siendo una de las entidades que se dirigió al gobierno nacional para solicitar el envío de una intervención federal al gobierno de Lencinas por el problema financiero que habían generado las letras de tesorería.

En julio de 1925, cuando la intervención Mosca se disponía a finalizar su misión y llamar a elecciones para gobernador, un juez ordenó detener al exgobernador Lencinas por una causa de malversación de fondos, originada en investigaciones de irregularidades dispuestas por el comisionado federal a su llegada. Trianes se hizo cargo como abogado de la defensa de Lencinas y obtuvo con celeridad la liberación de este, quien en un mitin celebrado frente a las instalaciones del diario La Palabra le agradeció públicamente y pidió para el letrado el aplauso de la multitud[34].

Asimismo, tiempo después, las diferencias políticas incidieron en una división de la corporación profesional, lo que evidencia la importancia que tuvieron los alineamientos partidarios por sobre la confraternidad y la solidaridad profesionales. En septiembre de 1926 Trianes promovió la creación de una nueva corporación, la Asociación de Abogados de Mendoza, con el objetivo de nuclear allí a los letrados del foro enfrentados al Colegio local. Junto a Jorge Albarracín Godoy y Ciro Higginson, Trianes redactó un proyecto de estatuto y convocó a una reunión inicial en uno de los salones de la Legislatura provincial, en la cual se conformó la Comisión Directiva y se lo eligió presidente (LA, 16 de noviembre de 1926, p. 5). Desde ese rol se pronunció públicamente en cuestiones políticas, judiciales y relativas al ejercicio de la profesión, manifestando una posición favorable al lencinismo y a los letrados que simpatizaban con esa fuerza, además de polemizar con los portavoces del Colegio y sus posiciones en el debate político.

Entre los contrapuntos desatados entre las dos entidades se destaca uno que tiene origen en dos memoriales que ambas elevaron en 1929 a las autoridades nacionales, con motivo de reorganización del Poder Judicial que dispuso la intervención federal de Borzani, enviada por el gobierno de Yrigoyen a Mendoza en diciembre de 1928. Mientras la asociación que comandaba Trianes cuestionó duramente las designaciones interinas de jueces hechas por la intervención –por considerarlas atentatorias de la división de poderes, de la autonomía del poder judicial y de principios constitucionales nacionales y provinciales–, el Colegio hizo caso omiso a esas consideraciones y sólo se limitó a solicitar al ministro del Interior que los nuevos planteles de jueces se organizaran preferentemente con letrados reclutados en la provincia[35]. Tal pedido no se cumplió, pues los cargos se completaron con abogados provenientes en su mayoría de provincia y ciudad de Buenos Aires (Lencinas, 1929, p.61)[36].

Los cargos legislativos

Senador provincial

En enero de 1926 hubo elecciones para gobernador y legisladores provinciales, en las cuales triunfó la Unión Cívica Radical Lencinista con la fórmula Alejandro Orfila-Carlos Saa Zarandón. Trianes fue electo senador provincial junto a Carlos Washington Lencinas, Leopoldo Suárez y el ex vicegobernador Bautista Gargantini (h). Al designar la cámara sus autoridades, pasó a ocupar la presidencia de las comisiones de Presupuesto y Legislación, y en las sesiones de 1927 sumó la vicepresidencia segunda del cuerpo[37] y secundó a Lencinas que ocupaba la vicepresidencia primera. Su mandato se extendió hasta su elección como diputado nacional a principios de 1928.

En el marco de la tensión que caracterizó la relación de la bancada lencinista con los senadores de la oposición –signada en buena parte por la relación numérica favorable al gobierno (ocho oficialistas sobre seis opositores) –, se sucedieron diversos cruces y disputas en las que Trianes supo poner en juego su saber jurídico y sus dotes políticas, convirtiéndose en un alfil del lencinismo en el recinto legislativo.

A poco de asumir, Trianes fue denunciado por un senador opositor por incompatibilidad de funciones, en virtud de figurar como asesor letrado del Banco de la Provincia, aunque luego de una investigación, en la sesión del 14 de abril, se emitió una declaración donde se daba por resuelta la cuestión absolviendo al acusado (LA, 14 de abril de 1926, p. 5)[38].

Como presidente de la Comisión de Presupuesto, Trianes defendió varios pedidos de ampliación de partidas presupuestarias del gobierno provincial realizados en el difícil contexto de crisis financiera creada por el problema de las letras de tesorería y que el gobierno de Orfila se dispuso a resolver[39]. En mayo de 1926 promovió el voto favorable de la cámara a los proyectos de Orfila sobre unificación de la deuda y la emisión de nueva deuda por 40 millones de pesos para saldar la cuestión de las letras (LA, 15 de mayo de 1926, p. 4)[40]. Meses después, presentó un proyecto para garantizar por ley la inembargabilidad de los nuevos títulos de deuda que el gobierno había lanzado al mercado, procurando facilitar su colocación en el mercado financiero[41].

En materia social, Trianes promovió junto con el senador lencinista Ricardo Encina una reforma a la ley provincial 732 sobre salario mínimo, a partir de su experiencia como abogados en pleitos laborales donde observaban el incumplimiento de buena parte de la legislación laboral existente. Por eso procuraron incluir en la ley algunas cláusulas “que responden al laudable propósito de defender siempre al obrero de las asechanzas y malas artes de los patrones, en cuanto al cumplimiento de las relaciones contractuales”, entre ellas la creación de un registro de contratos sobre aparcería agrícola (LA, 21 de abril de 1926, p. 5). La reforma se corporizó en la ley 922, el 21 de julio de 1927, que estipuló un incremento del salario mínimo de obreros y empleados de comercio, y reguló el trabajo de mujeres en situación postparto y de menores, incorporando también el mencionado registro de aparcería. De modo similar, procuró un dictamen favorable para un proyecto del Poder Ejecutivo sobre las condiciones mínimas que debían reunir las viviendas para obreros que se ubicaban en los establecimientos agrícolas e industriales (LA, 12 de mayo de 1926, p. 5).

Otra iniciativa importante fue retomar el proyecto de estabilidad del empleado público que había pergeñado cuando era intendente, para hacerlo extensivo a todos los empleados provinciales, añadiendo la propuesta de aumentar el salario de los empleados casados que tuvieran dos o más hijos menores de edad. A fines de septiembre de 1926, empleados públicos de diversas dependencias se movilizaron para pedir al Senado la sanción de ambos proyectos de ley, y señalaron la “enorme trascendencia” de tales propuestas en materia de legislación social (LA, 21 de setiembre de 1926, p. 5).

Desde la Legislatura provincial, Trianes secundó también iniciativas del gobierno de Alejandro Orfila relativas a la industria vitivinícola, entre las que se encuentran un proyecto del senador Leopoldo Suárez y del vicegobernador Bautista Gargantini sobre incremento de penas por la utilización de ácido sulfúrico y otras sustancias no permitidas en la elaboración de vino. Antes del tratamiento del proyecto por parte de los legisladores, Trianes propuso a sus colegas invitar al ministro de Industrias y Obras Públicas al recinto para participar del debate y hacer las aclaraciones pertinentes (LA, 5 de mayo de 1926, p. 5 y 12 de mayo de 1926, p. 5). La propuesta quedó sancionada como ley bajo el número 917, de enero de 1927.

También se destaca el impulso –junto al ministro de Industrias y Obras Públicas, en septiembre de 1926– de un proyecto de ley que disponía la creación por parte del Estado de almacenes generales y depósitos de vinos y frutos en Buenos Aires y otros puntos clave del país, en vistas a facilitar el acceso de los viñateros y pequeños bodegueros en forma directa al mercado de consumo (Trianes, 1938, p.17). El proyecto surgió a partir de los estudios y de una propuesta realizada por José Trianes Díaz, padre del legislador, quien había diagnosticado que la alta cotización del vino en los mercados de consumo y el bajo precio que recibían los productores se debía al alto costo de traslado y a las ganancias de los intermediarios comerciales[42]. La propuesta fue convertida finalmente en ley 919 (Provincia de Mendoza, 1938, tomo 1, pp. 249-256).

Asimismo, para contrarrestar la crítica situación fiscal de la provincia, Trianes promovió en octubre de 1926 un proyecto para determinar la tributación del impuesto al vino de acuerdo con su grado alcohólico, para evitar así el desdoblamiento o “estiramiento” de los caldos vínicos. La iniciativa no prosperó (Trianes, 1935; 1938, p.134; Barrio, 2018, p.16), pero dio lugar a un álgido debate con los actores de la vitivinicultura y con los legisladores de la oposición, e incluso con figuras del propio partido lencinista, como el caso del senador Bautista Gargantini (h), quien en su carácter de bodeguero discrepó con la imposición de nuevos gravámenes a la industria del vino en solidaridad con sus pares empresarios y presentó la renuncia a su banca, la cual no le fue aceptada por el cuerpo, a pedido expreso del propio Trianes[43].

Otro de los frentes de acción de Trianes que tuvo gran relevancia para el oficialismo lencinista fueron los intentos de garantizar el normal funcionamiento de las cámaras legislativas. Desde fines de 1926 se hizo más difícil la convivencia parlamentaria entre el gobierno y la oposición, encabezada por el Partido Liberal. Esta fuerza decidió no dar quórum al oficialismo fuera de las sesiones ordinarias del período legislativo o frente a proyectos cerrados al debate, como el de los nuevos impuestos al vino. En ocasión de solicitar autorización legislativa para un empréstito que alivianara la crisis fiscal y de otras cuestiones consideradas urgentes, el gobernador Orfila dispuso a fines de 1926 prorrogar las sesiones extraordinarias durante enero de 1927, pero la oposición se negó a asistir, aduciendo la ilegalidad de la medida, y con ello hizo fracasar varias sesiones por falta de quórum reglamentario[44].

La negativa de la oposición a asistir –por considerar finalizadas las sesiones ordinarias– llevó al oficialismo lencinista a un cambio de estrategia, en virtud del cual adujeron que no se convocaba nuevamente a “sesiones extraordinarias” sino que se trataba de una prórroga de las “sesiones ordinarias”. Ofuscados por tal decisión, los legisladores opositores advirtieron que no asistirían a ninguna de las sesiones de las cámaras que fueran convocadas a posteriori porque eran ilegales (LA, 18 de noviembre de 1927, p. 5).

El 27 de noviembre de 1927 volvió a reunirse el Senado sólo con presencia de legisladores oficialistas, pidiendo Trianes que las autoridades de la Cámara integraran también las comisiones para suplir la ausencia de los parlamentarios opositores. En esa ocasión, el legislador manifestó haber sido designado asesor ad honorem del Departamento General de Irrigación, y pidió autorización a sus pares para desempeñar tales funciones mediante votación nominal, la cual le fue concedida por unanimidad de los cinco senadores oficialistas presentes (LA, 27 de noviembre de 1927, p. 5).

En las sesiones de diciembre –también celebradas en “minoría”– Trianes fue nuevamente solícito a las necesidades financieras del gobierno y promovió la modificación de leyes relativas a cánones y concesiones de agua. También prestó su experticia jurídica a la articulación de un proyecto de reformas a la Caja Obrera para la pensión de la Vejez y la Invalidez, las cuales se propusieron en vistas a garantizar su sustentabilidad financiera. Los cambios tuvieron que ver con la inembargabilidad de las pensiones y la forma de su financiamiento. Además, se ratificaba la estructura orgánica de la entidad y se disponían causales de caducidad de los emolumentos (LA, 8 de diciembre de 1927, p. 5).

Finalmente, Trianes coadyuvó a la aprobación de las leyes de Sanidad Pública y de Presupuesto para el año 1928[45]. El presupuesto provincial se aprobó a fines de diciembre –como ley 933–, con el voto favorable de los siete senadores lencinistas que sesionaron en minoría. La norma preveía un aumento del 35% del gasto público y para ello elevaba el impuesto al vino y reorganizaba el impuesto a la uva, gravámenes que resultaron problemáticos a posteriori para el sector en virtud de la caída del precio y de las exportaciones a partir de 1928 (Barrio, 2018, p.21).

Por otra parte, en el plano político-partidario acompañó las iniciativas políticas del lencinismo y fue promotor de la fórmula Leopoldo Melo-Vicente Gallo por el radicalismo antipersonalista camino a las presidenciales de 1928, ocupando además un lugar en las listas para diputados nacionales de la UCRL. En forma paralela a su acción como legislador continuó su desempeño profesional como abogado particular, hasta su elección como Diputado Nacional en abril de 1928.

La diputación nacional

En las elecciones nacionales del 1 de abril de 1928 fue electo Diputado Nacional en representación de la Unión Cívica Radical Lencinista por el período 1928-1932. Su partido logró la banca de la minoría: resultaron electos por la mayoría los candidatos de la Unión Cívica Radical que respondía al Comité Nacional yrigoyenista, Isidro D. Maza y el ex gobernador Rufino Ortega (hijo). Se trató de una elección legislativa coincidente con la votación presidencial, siendo el lencinismo derrotado por el arrastre de la fórmula encabezada por Yrigoyen. En virtud de la amplitud del triunfo, el yrigoyenismo pasó a contar con mayoría numérica en Diputados y ello hizo que buena parte de las iniciativas de los legisladores antipersonalistas –como era el caso de Trianes–, cayeran en saco roto.

Su tarea más ardua comenzó a fines del mes de julio, cuando enfrentó en soledad la defensa del gobierno de Orfila, sobre el cual pendía una amenaza de intervención federal. Debió responder las duras críticas del diputado socialista independiente Héctor González Iramain, del conservador mendocino Julio Raffo de la Reta, del radical mendocino Isidro Maza y del liberal puntano Modesto Quiroga, sobre la situación mendocina y sobre supuestos atropellos al erario público, a las instituciones y a las libertades públicas que se le atribuían al lencinismo desde su primer gobierno[46].

En la defensa de sus correligionarios, Trianes cuestionó la falta de fundamentos para la intervención, relativizó acusaciones sobre corrupción y violencia política en Mendoza, impugnó anticipadamente el voto de las bancadas radical y socialista por parcialidad, refutó con argumentos jurídicos la intervención como mecanismo institucional –remitiéndose a debates previos sobre el tema y a la percepción popular de estos gobiernos como una “invasión”– e hizo un repaso de la relación entre el predominio conservador y la industria vitivinícola hasta 1918. En ese marco, reivindicó la vocación obrerista de los gobiernos lencinistas y las medidas tomadas en favor de los sectores populares[47].

Pero la intervención fue aprobada en la Cámara de Diputados con el voto de la mayoría personalista el día 2 de agosto de 1928 –retirándose de la sesión todos los diputados antipersonalistas, excepto Trianes–. Finalmente, el 22 de septiembre quedó sancionada la ley 11.460, que dispuso la intervención federal a la provincia de Mendoza. El 4 de diciembre el Poder Ejecutivo Nacional dictó un decreto que designaba al dirigente radical bonaerense Carlos Borzani como interventor en Mendoza.

Otra de las acciones destacadas de Trianes fue la presentación, el 23 de agosto de 1928, de un proyecto de creación de una universidad nacional con sede en Mendoza y con proyección regional, que constituye uno de los antecedentes de la Universidad Nacional de Cuyo, fundada en 1939[48]. La nueva institución, que se denominaría “Universidad Nacional de Cuyo”, debía enmarcarse en la Ley 1.597[49]. Se preveía dotar a la institución de cuatro facultades: “Ciencias Económicas”, “Ciencias Agrícolas, Ganadería e Industrias afines”, “Ciencias Educacionales” y “Química Industrial”. Las tres primeras, tendrían como núcleos organizadores entidades de educación ya existentes en Mendoza y San Juan[50].

En la fundamentación que acompañaba al proyecto, Trianes destacó la importancia del desarrollo económico equilibrado del país y la necesidad de incentivar el progreso intelectual de los habitantes de las provincias de Cuyo. De igual modo planteó la necesidad de un mejor aprovechamiento de los recursos naturales locales y las dificultades financieras de la mayoría de los habitantes de la región para acceder a una “educación profesional”, siendo los estudios universitarios “un privilegio de los adinerados”.

El proyecto no prosperó, probablemente por la pertenencia de Trianes al bloque Antipersonalista, por el rechazo que generaba el lencinismo en la opinión pública a nivel nacional y también por las discrepancias con la propuesta manifestadas por los representantes de la Federación de Estudiantes Secundarios de Cuyo. Esta entidad había presentado un proyecto alternativo un año antes –bajo la denominación de “Universidad Económica-Industrial de Cuyo”–, que consideraban “usurpado” por Trianes y además entendían que, en ese momento, la iniciativa del legislador era inconducente en virtud del contexto político[51].

Trianes también se vinculó en los proyectos y las votaciones al bloque de la Unión Cívica Radical Antipersonalista y en agosto de 1929 fue uno de los 44 diputados opositores que firmó un manifiesto “en defensa de la democracia amenazada” (Lacoste, 1994, p. 127)[52]. En el Congreso la condición minoritaria de su bloque y la coyuntura política general del país le impidieron tener una actuación legislativa relevante, situación que queda en evidencia además por los diversos pedidos de licencia que registra en su haber[53]. A pesar de ello, debe mencionarse la presentación de un proyecto de ley para la construcción de un puente carretero sobre el Río Mendoza (HCDN.PL, Exp. 762-D-1928, 13 de septiembre)[54], para comunicar el distrito de Costa de Araujo (Departamento Lavalle) con el de Tres Porteñas (Departamento San Martín).

Desde su llegada a principios de diciembre de 1928, la intervención federal de Borzani dispuso investigar a los ex funcionarios del gobierno de Orfila, aplicó pronto la represión policial contra el lencinismo y persiguió duramente a sus dirigentes por “causas reales o imaginarias” (Rodríguez, 1979, p. 307), además de recurrir a la violencia política, a detenciones sin derecho de defensa y a la tortura a varios de los presos políticos lencinistas (Lacoste, 1994, pp. 96-100). Con el correr del tiempo se comprobó que el objetivo de fondo de la intervención federal era erradicar al lencinismo del escenario político mendocino, y frente a ello Trianes utilizó su cargo legislativo para alzar su voz en distintos ámbitos y tribunas periodísticas –aunque sin demasiado éxito– contra los atropellos cometidos por la intervención sobre dirigentes y simpatizantes lencinistas.

El mandato legislativo de Trianes se desenvolvió así en un contexto que se fue tornando sumamente adverso para la fuerza política que integraba. Esto se reflejó también en la situación padecida por exgobernador Carlos Washington Lencinas, la figura más prominente del partido y senador nacional electo por la Legislatura provincial mendocina, a quien se le rechazó definitivamente su diploma en septiembre de 1929[55].

En medio de un clima enrarecido y de amenazas cruzadas, Lencinas fue asesinado en noviembre de 1929 en un confuso episodio mientras daba un discurso en el Círculo de Armas luego de su arribo de Buenos Aires. Esto desató una crisis irreversible en el partido lencinista[56], debido a la atomización de las bases y al comienzo de una lucha intestina por la sucesión del liderazgo partidario entre los dos hermanos supérstites de la familia Lencinas (José Hipólito y Rafael) y otros dirigentes que habían formado parte de los elencos políticos del partido en los años veinte, sin que se lograra reconstituir un liderazgo fuerte unificado que fuese aceptado por todos los grupos internos[57].

Con el golpe del 6 de septiembre de 1930 se profundizó la crisis del partido lencinista. En un primer momento sus dirigentes apoyaron el golpe septembrino, tanto por la inquina hacia el yrigoyenismo como porque creyeron ver en él la oportunidad para su retorno al poder (Lacoste, 1994, p.118). Sin embargo, pronto quedó en evidencia que las calamidades sufridas durante la intervención Borzani continuarían –con otro cariz– bajo la égida de un nuevo interventor, José María Rosa (hijo), que asumió el 12 de septiembre designado por el gobierno provisional de Uriburu.

Finalmente, con la clausura del Congreso decretada por el gobierno provisional en diciembre de 1930, Trianes perdió su cargo legislativo y la protección que este le otorgaba. Como otros dirigentes del partido, se retiró de la escena política y se recluyó en actividades profesionales y académicas.

Los años treinta: crisis partidaria y refugio en tareas intelectuales

A fines de 1930 el interventor Rosa dispuso el inicio de investigaciones sobre el accionar de varios exfuncionarios lencinistas por parte de una Comisión Investigadora. Esta dio a conocer una lista de 45 expedientes girados a la justicia caratulados como “presunción de irregularidades” administrativas, correspondiendo uno de ellos a Trianes[58]. Asimismo, en mayo de 1931 el ministro de Instrucción Pública Guillermo Rothe “reorganizó” el Colegio Nacional de Mendoza, desplazó a su rector y cesanteó a 25 profesores, entre los que se encontraba Trianes (BORA, 9 de marzo de 1932, p. 2). Por reclamos de docentes no cesanteados y huelgas estudiantiles fueron reincorporados luego sólo tres de ellos, pero no Trianes, quien por otro lado ya había decidido irse de la provincia. Si bien no se incluyen en el decreto los motivos que provocaron el cese, es probable que el mismo se vinculara con la inclusión de su nombre en la mencionada lista de la comisión investigadora creada por el gobierno de Rosa[59].

El alejamiento de Trianes tuvo que ver en gran parte con la coyuntura política, sumamente adversa para el lencinismo. Bajo la intervención Rosa dicha fuerza padeció medidas proscriptivas que impidieron su participación electoral, además del acecho judicial y policial sobre dirigentes y militantes[60]. En dicho contexto resultó inevitable el repliegue de Trianes de la vida política, concretado en su caso con la realización de viajes a Europa y la residencia itinerante entre París, Niza y Buenos Aires. A pesar de ello, el personaje no se desvinculó totalmente de la escena provincial y siguió informado acerca del día a día político, brindando algunas notas y comentarios críticos, en especial sobre temas vitivinícolas. Por ejemplo, en noviembre de 1932, apenas regresado de uno de sus viajes a Europa, se pronunció respecto de un nuevo proyecto de impuesto al vino que presentó el gobierno nacional, en una entrevista del diario Crítica. Allí rememoraba su frustrado proyecto impositivo presentado 1926 –cuando era Senador provincial–, orientado a la imposición de gravámenes según la graduación alcohólica de los vinos, y sostenía que la imposición de tal gravamen era potestad de los gobiernos provinciales, a contramano de la unificación de los impuestos internos que se comenzaba a debatir por entonces y que se corporizó hacia 1934 en una ley[61].

Sin embargo, con el correr del tiempo la tormenta política que se cernía sobre el lencinismo se fue aplacando y Trianes volvió a la escena política, aunque sin involucrarse por completo como antaño. En el marco de una ruptura interna que sufrió el partido, en 1934 participó en la creación de una nueva agrupación política, denominada UCR Federalista[62]. Cumplió allí las funciones de tesorero, redactor de la Carta Orgánica, miembro de la Junta Electoral, miembro de la comisión de Asuntos Políticos y vicepresidente, además de ser nominado candidato a Senador Provincial por el segundo distrito para las elecciones de marzo de 1936[63]. En 1937, luego de una fusión con un núcleo partidario encabezado por Virgilio Sguazzini que decidió volver al redil lencinista, los federalistas pasaron a integrar una nueva agrupación, bajo el nombre “Unión Cívica Radical Junta Reorganizadora Nacional”, la cual quedó identificada como la fracción local de la UCR Antipersonalista. Desde ese lugar, Trianes cuestionó al gobierno provincial (del Partido Demócrata Nacional) tanto por su accionar político como por sus medidas económicas; apoyó las políticas del presidente Justo; participó como convencional en la Convención Nacional de la UCR Antipersonalista y respaldó la candidatura de Roberto M. Ortiz para las elecciones de 1937, llegando a tener entrevistas y encuentros con el candidato presidencial.

Junto con la actividad política, Trianes se abocó a la publicación de libros y folletos en los que daba a publicidad sus opiniones sobre la cuestión vitivinícola –en boga por entonces luego de la creación de la Junta Reguladora de Vinos en 1935– y de la presentación de un proyecto de ley nacional de vinos por parte de los diputados demócratas mendocinos Adolfo Vicchi y Rodolfo Corominas Segura[64]. Uno de estos libros fue publicado en 1936 en los talleres J. A. Weiss de la Ciudad de Buenos Aires, bajo el nombre “Alrededor de la legislación del vino”. Se trata de una recopilación en la que Trianes reconstruía –mediante la reproducción parcial de notas y comentarios publicados con anterioridad– el mencionado proyecto de impuesto al vino de 1926, posicionándose como autor de la “primera iniciativa” en tal materia y cuestionando buena parte del proyecto de los demócratas. El libro también criticaba el diagnóstico, las propuestas y la acción de la Junta Reguladora a través de la inclusión de una nota de su hermano Rafael Trianes y otras tres más de su autoría del año 1936. Por último, incorporaba un artículo publicado por Ricardo M. Setaro, sobre la importancia de dotar de una denominación de origen de los vinos a partir de los nombres propios de las localidades mendocinas[65].

Pero la publicación de mayor envergadura de Trianes sobre la cuestión vitivinícola fue el libro “La Viña bajo la Tormenta”, lanzado en Buenos Aires por editorial El Ateneo, en 1938 (figura 7)[66]. En él volvía al tema de Junta Reguladora Vitivinícola. El hilo conductor de su análisis era una severa crítica a lo que denominaba “economía dirigida”, al accionar ineficiente de los organismos regulatorios, al problema de la centralización y a la dependencia cada vez mayor de los sectores productivos respecto del esquema regulatorio y financiero de los estados nacional y provincial. Cuestionó la ineptitud y corrupción de los funcionarios de la Junta –designados a su entender por criterios políticos o por responder a los sectores concentrados de la industria y no por probidad técnica–, y también las falencias funcionales y la ineficiencia de las medidas de la entidad frente a la crisis vitivinícola. Su análisis apuntaba también a los clivajes sociales que permeaban las acciones de la entidad, pues los favoritismos que acompañaban su accionar generaron profundos antagonismos entre zonas productoras, clases sociales y entre los mismos actores del sector productivo. Por otro lado, denunció la connivencia y el vínculo preexistente entre los encargados de la política regulatoria y la “oligarquía vitivinícola”, a la cual atribuía un gran “afán prebendario” (Trianes, 1938, p. 84)[67]. Por último, sobre el final de la obra enunciaba una suerte de programa a cumplir para lograr un restablecimiento del sector vitivinícola, donde retomaba medidas propuestas por él o sus familiares en los años precedentes.

Figura 7: Tapa del libro de Trianes publicado en 1938

Desde su rol de outsider pero bajo un claro intento de reivindicación de su trayectoria y de posicionarse en el debate público, Trianes reclamó en sus publicaciones la necesidad de la intervención reguladora del Estado en pos de la restauración del equilibrio de la vitivinicultura argentina –duramente golpeada por una de sus recurrentes crisis–, pero proponía una acción guiada por expertos, centrada en la racionalidad y alejada de acciones tutelares que favorecían a los grandes industriales en detrimento de los actores más débiles, principalmente viñateros sin bodega y los trabajadores vitivinícolas. En este sentido, reivindicó la tónica intervencionista que signó los gobiernos lencinistas, los cuales tendieron a favorecer a los eslabones más débiles de la industria. Si bien su obra no tuvo impacto directo en la formulación de una política pública alternativa en materia vitivinícola, ni tampoco en la rectificación de los errores cometidos por la Junta, la denuncia le permitió posicionarse en el debate ante la opinión pública en la vereda de enfrente de sus adversarios políticos demócratas.

Por entonces se abocó también a escribir sobre temas jurídicos. Publicó las siguientes obras: “El artículo 1627 del Código Civil. Esbozo sintético de una interpretación” (Buenos Aires, s/d, 1938); “Desocupación, Burocracia, Prodigalidad” (Buenos Aires, Ediciones de “Eco”, 1939) y “El trabajo en el Código Civil Argentino, con un desarrollo de la doctrina llamada del enriquecimiento sin causa” (Buenos Aires, Editorial El Ateneo, 1939). Estas obras no denotan como finalidad exclusiva la formulación de doctrina en el plano académico o el debate con otros juristas especialistas en Derecho Civil, sino que adoptaban un sentido didáctico práctico, que servían de guía para el ejercicio profesional, y evidenciaban también una crítica a las rigideces de la legislación cuando ésta perdía de vista el sentido social y su rol de ordenamiento razonable de la convivencia en la vida cotidiana.

La actividad intelectual constituyó un refugio para Trianes en esos años, junto con su desempeño esporádico en el foro. En el marco de sus frecuentes estadías en Francia, continuó sus estudios jurídicos e integró el Instituto de Derecho Comparado de París y el Instituto Internacional de Historia Constitucional de París, al cual que se incorporó como miembro extranjero en septiembre de 1939 (Morales Guiñazú, 1943, p.101). Es probable, además, que en dichas instituciones Trianes haya pronunciado conferencias sobre temas jurídicos puntuales. La última membresía fue destacada por Los Andes, por tratarse de una “alta distinción” en una entidad cuyo número de miembros era muy limitado (LA, 15 de noviembre de 1939, p. 5).

Hacia 1941, la revista Temas Económicos –en adelante TE–, editada en Buenos Aires, publicó una entrevista a Trianes en la que se lo interroga sobre la inmigración. Allí se sindica al personaje como un “abogado de nota” de Mendoza y se destacan sus cualidades intelectuales:

[…] el Doctor Francisco J. Trianes es un espíritu estudioso, culto, hecho al diapasón de las disciplinas intelectuales. Sin dudas es también el Dr. Trianes una de las reservas mentales de Cuyo, destinada seguramente a cobrar impulso en cuanto transcurra el cuarto de hora de confusionismo político que en la actualidad vive el país […] (TE, febrero, 1941, pp. 4-5).

En las décadas siguientes se retiró de la escena política, pero continuó con su labor como abogado y realizó nuevas publicaciones, entre ellas como el libro “El papel sellado ante las finanzas, la Constitución y las Leyes” (editorial “Eco” de Buenos Aires, 1943 en LA, 30 de mayo de 1943, p. 5). Otro de sus libros, también de 1943 pero editado en Mendoza, estuvo dedicado a la memoria de su padre José Trianes Díaz, y en él reconstruyó la mencionada propuesta de la primera fiesta de la vendimia, hacia 1911[68]. Finalmente, cabe mencionar la obra “La inhabilitación del profesional jubilado” (Mendoza, s/d, 1971), publicada varias décadas después y con una temática motivada probablemente por la propia coyuntura personal del retiro de la actividad profesional.

Figura 8: Los Andes destacó el reconocimiento recibido por Trianes en Francia

Fuente: Los Andes, 15 de septiembre de 1939, p. 4.

Epílogo: el lencinismo visto desde la trayectoria de una de sus segundas líneas

Una trayectoria variopinta y sus momentos

La actuación de Francisco J. Trianes como dirigente político, funcionario y legislador evidencia la paulatina inserción de un joven de origen extranjero dentro del círculo estrecho de la elite dirigente del partido lencinista y la construcción de una carrera política desde la cual tuvo participación directa o indirecta en los momentos clave de la evolución de dicha fuerza política en las décadas de 1920 y 1930. El análisis de su trayectoria permite entonces revisitar y correlacionar los distintos momentos de su derrotero vital con las etapas de ascenso, hegemonía y finalmente declive y disgregación del lencinismo, como así también con el marco histórico nacional.

A partir de lo planteado en este trabajo, surgen algunos interrogantes relativos a las modalidades de construcción política y de reclutamiento de dirigentes y funcionarios con que se articuló el partido lencinista, a las formas en que desenvolvió su acción de gobierno, al discurso gestado frente a los sectores que sustentaban su base electoral, a la relación con la oposición y los sectores concentrados de la economía y a los clivajes que debió enfrentar en virtud de su enemistad con el personalismo a nivel nacional. No pretendemos responder a la totalidad de las cuestiones planteadas, pero sí a algunas de ellas.

A efectos de una caracterización más cabal, resulta entonces pertinente distinguir al menos tres fases en el derrotero de Trianes, para aprehender las particularidades de su desempeño y comprender las sucesivas posiciones que ocupó en la vida política y partidaria conforme a las diversas coyunturas y a su actuación individual: una primera fase de reclutamiento, una segunda fase en el ejercicio de la función pública y de cargos legislativos con el lencinismo como oficialismo provincial y una tercera fase cuando dicha fuerza quedó desalojada del poder y se vio perseguida e inmersa en una profunda crisis.

Respecto de la primera fase, es fundamental la elucidación de los factores que favorecieron la llegada de Trianes a la política y a la función pública, para ello el foco alumbra sobre la modalidad de su reclutamiento en las huestes lencinistas. Sin duda, esta etapa lo muestra como un joven abogado multifacético que incursionó en el periodismo partidario y logró luego acceso a distintos cargos en la función pública gracias a su título universitario, a su rol de polemista en el diario La Palabra, a su temprana identificación con el lencinismo y a sus nexos con el círculo íntimo de amistades de Carlos Washington Lencinas[69].

Trianes presenta así un cursus honorum abierto, polivalente y ascendente propio de buena parte de los elencos que entran en política en los años veinte. Provenía de una familia de inmigrantes con buena posición económica y desde un principio mostró tener grandes ambiciones políticas, con las que supo abrirse espacio en el contexto de la ampliación democrática que signó el acceso del radicalismo al poder. Su camino resulta diferente entonces a las trayectorias características de la política de “notables”, donde los lugares de reclutamiento eran los clubes políticos u otros ámbitos de sociabilidad de la elite local. Cabe destacar, sin embargo, que persisten en su caso algunas de las notas típicas de dicha política –por ejemplo, el requisito de formación académica en una carrera tradicional (preferentemente el campo jurídico); la combinación del periodismo con la militancia política activa, la docencia en instituciones de renombre o la vinculación con entidades profesionales, sociales o culturales–.

Los estudios que reconstruyen la dinámica gubernamental a nivel nacional evidencian que el caso de Trianes no está fuera de los parámetros generales de la época y de las modalidades que adoptó el partido radical en su acción política y de gobierno. Según Ansaldi (1992, p. 35), la UCR durante los veinte propició el reclutamiento de dirigentes jóvenes y provenientes de familias de inmigrantes, que lograron iniciar carreras políticas ceñidas a los aparatos partidarios, en el marco del juego electoral competitivo abierto con la ley Sáenz Peña[70]. En el decurso de los lustros que siguen, estas figuras se irán convirtiendo paulatinamente en políticos profesionales, aquellos que viven “de” y “para” la política y que intervienen sobre la esfera pública en el marco de una burocracia racionalizada, conforme al tipo ideal weberiano (Persello, 2001, p.122)[71].

También para Losada (2009, p. 217), una de las características de la vida política luego de la ley Sáenz Peña fue el ingreso a escena de figuras nuevas, provenientes de familias “prominentes” de extracción social diversa, que compartían una buena posición económica y ámbitos de sociabilidad con las antiguas élites, pero tenían comúnmente origen migratorio. Es plausible pensar, entonces, en un marco transicional para los gobiernos radicales, donde la lealtad y la militancia prolongada en el seno partidario pasaron a ser criterios clave para la selección de las candidaturas a cargos electivos o de la función pública dentro del espectro radical, lo que dio preponderancia a muchos dirigentes jóvenes y ambiciosos que reunían a su vez algunas de las condiciones de reclutamiento propias de la política finisecular de notables, pero también con atributos académicos o simbólicos, capacidades y experiencias favorables a la racionalización de las burocracias estatales y al contacto directo con las masas, devenidas desde 1912 en árbitros de la lucha electoral.

Si consideramos la segunda fase, relativa al desempeño de Trianes en la función pública y legislativa, se reafirma el carácter polivalente de su trayectoria y la coexistencia de diversos roles y ámbitos de acción: su tarea de militante y dirigente lencinista, el rol de periodista de vocación, su afán progresista como intendente o la faceta de poseedor de saberes específicos del mundo vitivinícola –que pone en juego en los períodos en que es interventor en la Dirección de Industrias, como legislador provincial y luego en sus publicaciones en la década de 1930–. Todo esto junto al ejercicio de la abogacía –que continúa usufructuando mediante el desempeño profesional a medio tiempo–, actividad que amplía sus inquietudes intelectuales y coadyuva a su capital simbólico, retroalimentando su renombre en el foro y en la opinión pública, su trayectoria como dirigente, sus vínculos con el poder y su posicionamiento en la lucha política.

Mediante esta sucesión o ejercicio paralelo de funciones de gobierno y sus tareas como profesional independiente, Trianes logra ubicarse en puestos importantes de la función pública y pone en juego tanto sus dotes políticas y saberes como sus vínculos sociales y su identificación partidaria plena con el oficialismo lencinista, convirtiéndose así en un dirigente y actor clave de dicha fuerza.

Pero, más allá de la lealtad partidaria, cabe plantear que la solidez de su perfil como funcionario y como político radicó en tres aspectos vinculados a las formas de circulación de saberes de la época: sus saberes académicos, sus vínculos familiares y la ductilidad que le otorgó la praxis política –tanto en su faceta de militante como en la experiencia acumulada en cada cargo que fue ocupando–.

En primer lugar, el saber jurídico académico –ratificado por un título de abogado obtenido con honores en la Universidad de Buenos Aires–, gozaba de un prestigio tradicional extra considerando que la provincia no contaba por entonces con una universidad que dictara dicha carrera. Ello le aseguró la posesión de saberes específicos en materia legislativa y de administración que eran de interés en el contexto de gestación de burocracias y de reformas en el estado promovidas por entonces[72].

Sin duda la formación jurídica era favorable a la participación en la escena política, y en este sentido sus funciones fueron similares a las que atribuye Marcela Ferrari a muchos abogados que se insertaron en la esfera estatal durante los gobiernos radicales: dotar de ideas y proyectos a la política, ser capaces de afrontar correctamente los asuntos públicos en virtud de su entrenamiento para el debate y sancionar leyes sustentadas en sus conocimientos jurídicos previos (Ferrari, 2008, p.136). Además, como vimos, se supo vincular a entidades profesionales en el ámbito local, donde se mostró dispuesto a defender a sus correligionarios y a las posiciones partidarias cuando el lencinismo era gobierno. Su “jerga” y su profesión –junto con las redes sociales que articuló y su actividad política– se fueron imbricando favorablemente y le sirvieron para facilitar su acceso y desempeño en diversos cargos en la función pública y en la actividad legislativa.

En segundo lugar, mencionamos los conocimientos sobre vitivinicultura adquiridos por vía familiar desde su niñez. Esta cuestión –analizada en trabajos recientes (Gargiulo, 2017; Abraham, 2017)– remite a la relación directa de la familia de Trianes con el mundo del vino, condición que le permitió acceder a un “saber experto” de primera mano sobre cuestiones trascendentales para un sector productivo que estaba en pleno proceso de expansión en Mendoza, que constituía la principal fuente de ingresos para el erario provincial. El hecho de que su padre un fuera enólogo y empresario vitivinícola –dotado de saberes y experiencia el mercado de vinos europeo– y que su hermano Rafael se desempeñara como intermediario comercial de bodegueros trasladistas y como propagandista de innovaciones para el sector, incidió sin duda en forma decisiva en sus conocimientos de primera mano sobre el tema. Asimismo, sus frecuentes viajes a Francia le permitieron adquirir además un conocimiento directo de los progresos de una industria que era la vanguardia europea en la materia.

Por otro lado, un capital clave para su desempeño público lo constituyó su trayectoria política ascendente y la experiencia política adquirida en los distintos cargos que fue ocupando, en los cuales mostró aptitudes para la gestión, lealtad al partido y capacidad para formular y ejecutar proyectos. A ello se añade su rol militante en el plano partidario y también el capital simbólico obtenido por medio de la docencia en el Colegio Nacional y sus acciones como polemista en distintas tribunas periodísticas y en las asociaciones profesionales –como en el mencionado contrapunto en el Colegio de Abogados o su labor posterior desde la Asociación de Abogados de Mendoza–[73]. Estas experiencias en los distintos cargos, en el foro y en la tribuna partidaria fueron retroalimentando sus conocimientos prácticos sobre la actividad política y lo posicionaron en el círculo del oficialismo lencinista como un alfil del gobierno, dispuesto a dar las batallas que fueran necesarias y a entablar vínculos directos y acciones de lobby frente a actores de la economía o la sociedad.

Por último, se vislumbra una tercera fase en la trayectoria del personaje, coincidente con el declive de su partido –inmerso en una crisis interna agravada por la muerte de su máximo líder en 1929 y luego por la adversa coyuntura política nacional y local desde el golpe de 1930–. La salida del poder del lencinismo y su posterior desarticulación en un contexto de pujas internas y embates de los gobiernos demócratas en los años treinta implicaron para dicho partido la pérdida del manejo directo de recursos económicos y de protagonismo en la escena pública, obligando a sus dirigentes a articular una estrategia de supervivencia política para sostener su predicamento entre las bases y el electorado.

Esta etapa muestra a Trianes como un político en retirada, que se aleja de la provincia –asentando su residencia en forma itinerante entre Buenos Aires y Francia– y se refugia en tareas intelectuales y profesionales. La posibilidad de realizar viajes a Europa, de retornar a las tareas propias de su profesión y de vincularse con entidades académicas del mundo jurídico evidencian la singularidad de su caso en relación con la situación de otros dirigentes de la elite dirigente lencinista, que –ya sea por decisión propia o por no tener otra forma alternativa a la política para ganarse la vida– permanecieron en la provincia y debieron padecer la persecución policial y judicial de la intervención Rosa y luego las diversas cortapisas dispuestas en su contra por los gobiernos del Partido Demócrata Nacional.

Pero a pesar de su alejamiento de la provincia y de la escena política, destacamos que Trianes no se desvinculó totalmente de las actividades partidarias, de los vínculos con sus correligionarios ni de las polémicas de la tribuna periodística. Continuó informándose y colaborando políticamente con el lencinismo a través de algunas tareas esporádicas, participó en la creación de la UCRF luego del cisma lencinista de 1933 y se manifestó en la prensa cuando fue consultado, principalmente sobre cuestiones relativas a la política vitivinícola.

La caracterización de su trayectoria como “segunda línea”: profesional, político e intelectual

De las fases analizadas en el apartado anterior se puede colegir que en su trayectoria el personaje cumplió diversos roles en forma sucesiva o paralela. Esto permite caracterizarlo en primer lugar como un “profesional”, dotado de una expertise legal que combina exitosamente con su vocación política y los distintos roles que ocupa en la función pública, donde pone en juego sus saberes académicos de índole jurídica. Asimismo, también en relación con esos roles, muestra ser poseedor de saberes específicos sobre la industria vitivinícola, lo que habilita identificarlo como un “experto” en tal ámbito, aunque no tenga formación académica en el mismo. Por último, en sus acciones como polemista en la tribuna pública y en su etapa de outsider en los años treinta nos hallamos ante un “intelectual” que busca incidir en la esfera pública y en la agenda de gobierno con sus opiniones sobre determinados asuntos.

La identificación como “profesional” tiene asidero en su formación académica y en su desempeño como abogado –que continúa a lo largo de su carrera política en forma paralela a esta–, siendo el campo jurídico el ámbito de donde proviene y donde desarrolla primordialmente su expertise profesional. Tal como señalamos, la pertenencia a la profesión jurídica[74] es común en buena parte de la dirigencia de la época, por tratarse de una formación académica que facilita a los sujetos el establecimiento de lazos y relaciones directas con la sociedad civil, al igual que su incorporación a las agencias estatales aportando saberes y prácticas específicas que coadyuvan al ejercicio de la dominación estatal por medio de sus procedimientos administrativos.

Cabe considerar, en este sentido, que sus saberes en materia jurídica fueron “más allá” del mero asesoramiento legal y se pusieron en juego de diversas maneras y con gran asertividad, conforme a los requerimientos de las coyunturas políticas y los cargos ocupados como funcionario en distintas instancias y agencias. Esto se vislumbra en nuestro análisis en la forma en la que enfrentó algunos problemas puntuales y encaró soluciones con creatividad desde la gestión pública.

Sin duda sus conocimientos jurídicos le permitieron dotar de legitimidad a las propuestas y acciones que llevó adelante como funcionario de los gobiernos lencinistas, a lo largo de su carrera política y también en sus libros y escritos sobre vitivinicultura o sobre temas jurídicos puntuales. Por otro lado, el personaje se mostró como un profundo conocedor de la legislación extranjera y de diversas acciones llevadas adelante en otros países, y supo poner todo ello en juego, junto con los saberes familiares y su conocimiento del mundo, a la hora de proyectar varias de sus medidas.

Asimismo, como señalan Rodríguez y Soprano (2018, p. 14), el carácter de “profesional” estriba también en la autopercepción que se tiene del ejercicio de un oficio o actividad como “vocación” y con atribución de un sentido moral a dicho ejercicio, más allá del repertorio de conocimientos y certificaciones que lo amparan. Esto último se percibe para el caso de Trianes en la continuidad de su ejercicio profesional en forma paralela a la acción pública y político-partidaria, en su participación activa en las entidades corporativas que agrupaban a los abogados locales y en la participación en asociaciones jurídicas a nivel internacional, el dictado de conferencias y la publicación de libros con los que buscaba posicionarse en el mundo académico o entre los letrados del foro.

Sin embargo, a diferencia de los letrados que sólo asesoraban en materia jurídica en distintos niveles de las incipientes burocracias locales o que se inclinaban por la docencia, Trianes quedó identificado políticamente con el partido gobernante y fue convocado en virtud de ello a tareas donde se le requerían sus conocimientos jurídicos, a la par que su identificación partidaria, sus vínculos sociales y su experiencia política (por ejemplo en las propuestas para encabezar asesorías como abogado en el Banco Provincia o el Departamento de Irrigación). Esto último permite colegir que su identificación política coadyuvaba al ejercicio profesional y que la elección de su perfil para tales cargos no se circunscribía solamente a sus saberes jurídicos, pues era un “político” con todas las letras, que manifestaba su lealtad y consecuencia para con el credo lencinista, participaba de los conciliábulos de altos dirigentes del partido, cumplía funciones formales en los organigramas partidarios, supo ocupar candidaturas y fue referenciado en la prensa partidaria como uno de los dirigentes notables del lencinismo.

En segundo lugar, amén de su rol profesional, Trianes suma a los saberes privativos del área jurídica un “saber experto” sobre vitivinicultura, que provenía de su red familiar. Esto se evidencia tanto cuando ejerce sus tareas en la Dirección de Industrias y de legislador provincial, como así también en sus obras sobre vitivinicultura en los años treinta. Tales conocimientos no estuvieron certificados por un trayecto formativo técnico o académico formal, lo que impide que cataloguemos al personaje como un “experto”[75]. Sin embargo, su posesión adquirida de segunda mano le permite convertirlos en un recurso técnico y un capital simbólico para su acción política en general y para ejecutar en forma asertiva reformas administrativas o propuestas de acción de gobierno con fundamento legal, que contribuyeron a dar solución a problemáticas puntuales del sector. Esto puede verse en el caso de las propuestas para la industria vitivinícola, la reorganización del funcionamiento administrativo de la Dirección de Industrias, las disposiciones para mejorar el cobro del impuesto al vino, o bien en su actuación como senador provincial, en su propuesta de creación de Almacenes de Vinos.

Finalmente, la nota de “intelectual” está presente a lo largo de toda la carrera política de Trianes. Desde el comienzo evidencia tener inquietudes intelectuales: se forma en el periodismo y continúa con esta actividad esporádicamente, traduce obras del francés y se interesa por temas de los más variados; asimismo, escribe obras en forma de ensayo y notas periodísticas en las que plantea sus ideas sobre la cuestión vitivinícola, replica noticias de otras latitudes y suscita contrapuntos con funcionarios y otros dirigentes políticos y actores de los sectores productivos. Sin embargo, no se separa de los lineamientos políticos o doctrinarios del lencinismo ni esquiva verse identificado con este movimiento, algo que lo alejaría del rol del intelectual crítico, necesariamente equidistante de las posiciones partidarias absolutas.

Ahora bien, en el contexto particular de los años treinta, consideramos que la figura de Trianes toma ribetes de “intelectual de provincia”, en el sentido planteado por Martínez (2013): interviene en debates relevantes para el ámbito local de distintos modos –principalmente desde la tribuna periodística–, apoyándose en saberes adquiridos y validados por la experiencia, de los que hace alarde por vías y espacios alternativos a los elegidos por la cultura “oficial” del momento. Aquí podemos ubicar sus obras académicas sobre temas jurídicos y también sus ensayos sobre vitivinicultura –cuya publicación gestiona en forma particular, asumiendo su costo en editoriales de la ciudad de Buenos Aires–, o bien sus entrevistas en medios especializados, relativas a debates sobre la industria. Con todo ello procura un impacto en el plano político y mediático concreto que lo posicione ante la opinión pública y derive en posibles consecuencias en las redes interpersonales que debe entablar por entonces para mover influencias políticas, dada su calidad de outsider político.

Tal como se planteó, el tono de los ensayos sobre la vitivinicultura de esos años evidencia un interés más bien político que académico, lo cual no sucede en las obras que versan específicamente sobre cuestiones jurídicas. Estas últimas poseen un sentido práctico-didáctico –que amén de la discusión doctrinaria– muestran su interés por posicionarse como referente intelectual en el plano profesional a nivel nacional. Todo ello evidencia que la posición económica y la vocación intelectual de Trianes, junto con los lazos académicos tejidos a nivel internacional y la posibilidad que le brindan sus viajes frecuentes a Europa, le permitieron ir más allá de la escena política local y sustraerse de la lucha desde el llano que debió llevar adelante el lencinismo, frente a las acciones proscriptivas de los oficialismos nacional y provincial.

Por otro lado, la publicación de folletos o libros autogestionados y su vinculación con entidades jurídicas de renombre internacional contribuyen a retroalimentar el capital simbólico del personaje y promueven su identificación por parte de la opinión pública como un “intelectual” local, que en las cuestiones relativas a su provincia se posiciona en forma crítica –tanto en la prensa como en la arena política– frente a las políticas del gobierno de Justo y de los gobiernos demócratas provinciales. Al respecto, como bien expresa Altamirano (como se citó en Soprano y Rodríguez, 2018, p.25), los intelectuales se distinguen de los académicos porque inscriben su acción en diferentes arenas, siendo la principal de ellas el debate cívico, mediante producciones discursivas y creaciones culturales que son esenciales en su práctica como tal.

Cabe pensar, entonces, que, al verse expulsado de la arena política por la coyuntura totalmente desfavorable para el lencinismo, Trianes se volcó a tareas intelectuales y a la participación en debates importantes respecto de los creía tener conocimientos y experiencia suficientes para pronunciarse públicamente, en virtud de sus saberes y de sus experiencias como exfuncionario, pero procurando una defensa de la acción de gobierno del lencinismo siempre que lo creía útil y le era posible.

Trianes y la “segunda línea” del lencinismo

En la sucesión y/o coexistencia contemporánea de los roles de profesional, dirigente político, funcionario dotado de un “saber experto” e intelectual se vislumbra claramente la persistencia del trasfondo político que guía la acción de Trianes: sus acciones como dirigente, legislador, polemista y funcionario van de la mano de su pertenencia política al lencinismo, situación de la que no reniega y desde la cual retroalimenta su acción profesional, su capital simbólico y su posición social. Por otro lado, como ya mencionamos, Trianes no hace una carrera lineal restringida a los planteles burocráticos. Amén del ya señalado problema generado por las intervenciones federales en los años veinte, no hay en su caso un cursus honorum con un destino prefijado, sino que más bien “entra y sale” de la función pública conforme le es requerido por el partido y sus líderes cuando están en el gobierno, y se aboca a diversas tareas o funciones en forma paralela, según las distintas coyunturas.

En este marco, consideramos que referir a Trianes como segunda línea facilita la comprensión de la variedad de roles y cargos ocupados: se trata de un dirigente polivalente, que es ubicado por la alta jerarquía lencinista en diversos puestos públicos en virtud de su formación académica y su identificación incondicional con el partido, pero también de su capital simbólico, el “saber experto” de origen familiar que posee, la experiencia que va adquiriendo en diversas funciones y sus estrechos vínculos con los máximos líderes del partido.

Por otro lado, esta calificación permite una aprehensión más cabal de los itinerarios de diversas figuras dentro del elenco dirigente lencinista y en la escena política a lo largo de todo el período analizado, resultando en el caso de este personaje útil para reconsiderar algunas cuestiones relativas a las fases de reclutamiento y desempeño público pero también para resignificar la noción del vínculo entre el liderazgo carismático y las masas que constituyeron su soporte electoral y político durante los gobiernos de la UCRL.

En primer lugar, la categoría enunciada por Rein permite reflexionar respecto de las formas de reclutamiento de dirigentes y funcionarios. El carácter de inmigrante y de advenedizo que evidencia Trianes en la arena política local permite identificarlo como un “recién llegado”, lo que reafirma la diversidad de extracciones sociales en torno a las cuales se gestó la dirigencia lencinista, en el mencionado momento transicional de ampliación de la participación política y de superación de los ámbitos de “notables” como fuente para el reclutamiento de dirigentes y funcionarios.

Cabe pensar entonces que su llegada a la esfera pública como outsider se enmarca en la novel articulación de vínculos políticos entre el lencinismo y su electorado desde el lazo “populista”, que tuvo al liderazgo carismático de José Néstor y Carlos Washington Lencinas como sustento principal[76]. Pero su ingreso a la alta política se vincula también con los intentos de profesionalización de la burocracia estatal y de especialización y jerarquización de las funciones de gobierno que procuró dicha fuerza política desde su ascenso al poder en 1918. En este sentido, el personaje evidencia una nota propia de las segundas líneas, relativa a la incorporación como funcionarios en puestos clave de personalidades recién llegadas a la política –poco antes del ascenso al poder del líder populista– y que intervienen proactivamente en las agendas y las acciones de diversas agencias gubernamentales luego de que éste asume el mando.

En segundo lugar, respecto de la fase correspondiente a su desempeño en la función pública, la labor de Trianes desde la gestión como intendente –y luego como legislador provincial– evidenció un afán progresista y un constante interés de acercamiento a los empleados públicos y a las necesidades de los sectores populares –principalmente en materia de fomento cultural y de abastecimiento de productos básicos–, entablando con ello una vía de movilización de apoyo al movimiento político en el que se enrolaba.

Por otro lado, hemos visto cómo desde la Dirección de Industrias –agencia clave para el devenir de la industria vitivinícola y la fiscalidad provincial– supo posicionarse como intermediario y negociador entre el gobierno y diversos actores sociales y políticos. Su acción apuntó principalmente a la mediación con entidades del sector vitivinícola en un contexto conflictivo y permitió que en una coyuntura fiscal adversa como la de 1923-1924 el gobierno sorteara los frentes de tormenta que planteaba la tensa relación con los industriales. En este sentido, cabe pensar que Trianes encarnó –junto con Leopoldo Súarez– la “vía reformista intermedia” a la que alude Rein (1998, p. 27), pues las acciones de ambos buscaron apuntalar a los eslabones más débiles de la vitivinicultura en perjuicio de los grandes bodegueros y viticultores, aunque sin propiciar por ello medidas socializantes de los medios de producción.

Por último, en su desempeño legislativo supo poner en juego sus saberes académicos, efectuar una defensa política y jurídica de los proyectos de ley del oficialismo y apuntalar la mayoría legislativa mediante su desempeño en los debates parlamentarios y con su propuesta de reforma del reglamento de la cámara que integraba para garantizar el funcionamiento del cuerpo. Pero plasmó también sus ideas en proyectos de diversa índole, muchos de ellos vinculados a la legislación social que caracterizó al lencinismo y a propuestas innovadoras en materia vitivinícola en vistas a los objetivos sociales y políticos de la fuerza que representaba. Entonces las acciones políticas e institucionales de Trianes en general –ya sea como funcionario o legislador– apuntaron a dotar de ideas y capacidad de gestión a los gobiernos lencinistas, además de tejer vinculaciones con el mundo empresario y de promover apoyos de los sectores populares a los liderazgos de Lencinas o de Orfila, en sintonía con lo señalado por Rein y Panella (2013, p. 8). De igual modo, su actuación en el plano partidario muestra a Trianes abocado a la defensa incondicional de las acciones y lineamientos del lencinismo, con amplia flexibilidad para desempeñarse en diversos ámbitos de la función pública donde fuera requerido, o bien en la arena parlamentaria y el debate público en torno a cuestiones políticas e institucionales polémicas.

Como señala Rein, el éxito del liderazgo carismático responde en buena parte a la acción mediadora de las segundas líneas, que con sus aportes logran incidir en el debate político o en la agenda estatal y con ello atraen apoyos concretos –traducibles en votos pero también en sustento político– al líder que encabeza el gobierno. Como segunda línea del liderazgo lencinista, Trianes contribuyó a la hegemonía de esa fuerza política en la plenitud de su poder, haciendo diversos aportes en la escena política y en la función pública desde un rol de intermediario con diversos sectores de la sociedad. Acompañó también a sus huestes en la etapa de persecución y declive de los años treinta, en un intento por recuperar el terreno perdido frente a sus adversarios conservadores.

Por último, consideramos que la categoría resulta de utilidad para reconsiderar y poner en valor la trayectoria del personaje analizado en este trabajo, frente a los itinerarios y roles de otros actores que acompañaron a los cuadros dirigentes del lencinismo en su proyecto político y de gobierno, contribuyendo a la consolidación de su hegemonía política y aportando ideas, proyectos y apoyos del electorado y de diversos actores a nivel institucional. La exploración –por medio de estudios específicos– de las trayectorias y el desempeño de otras figuras clave del lencinismo –como Bautista Gargantini (h), Ricardo Encina, Manuel Molina, Carlos M. Puebla, Ciro Higginson, Carlos Gallegos Moyano, Carlos Saá Zarandón, Egidio Casnati, Virgilio Sguazzini o Manuel Zuloaga– puede resultar clarificadora tanto para una caracterización sociológica de la elite dirigente mendocina del período, o bien para una delimitación de sus roles y jerarquías mediante un estudio de redes, como también para identificar sus aportes y trayectorias como “segundas líneas” en la articulación político-partidaria de tinte populista gestada por el lencinismo.

Conclusión

El presente capítulo contribuye a los estudios sobre el lencinismo y sus aportes a la profesionalización de la política en los años veinte, en el marco de las vicisitudes de la democracia mendocina y su reorientación con el ascenso del radicalismo al poder. En la imbricación entre los estudios sobre el Estado, la historia política mendocina y la propuesta teórica de las “segundas líneas” buscamos reconsiderar los hitos principales de dicha fuerza política, a partir de la reconstrucción y estudio de la trayectoria de uno de sus personajes clave, prácticamente desconocido hasta el momento.

Sin duda la reconstrucción de la trayectoria política y pública Trianes durante las décadas de 1920 y 1930 permite dar continuidad en el análisis del derrotero del lencinismo en su evolución como partido de gobierno y luego en su retorno al llano. En relación con lo primero, echa luz sobre las formas de articulación de los elencos dirigentes y la importancia que tuvieron la construcción y el sostenimiento de vínculos entre el liderazgo carismático y las bases de apoyo político que sustentaron a los primeros gobiernos “populistas” que tuvo la provincia de Mendoza[77] con anterioridad al peronismo, y cuyas filas fueron tributarias de este último. En lo que respecta a los años treinta, se vislumbra la “diáspora” y la dispersión de los de dirigentes lencinistas en el marco de disolución de la fuerza, donde confluyeron la falta de gestación de un liderazgo fuerte equiparable al de sus máximas figuras fallecidas, el rumbo errante que su dirigencia tomó luego del golpe de 1930 y la recia persecución que padecieron por parte de la intervención Rosa y luego de los gobiernos demócratas.

Las distintas fases propuestas para analizar la trayectoria de Trianes facilitan una correlación de sus acciones individuales con el marco histórico y con las diversas coyunturas que vivió el lencinismo en el periodo aludido. Se entabla así un diálogo con las obras clásicas que han reconstruido la trayectoria de dicha fuerza política (Rodríguez, 1979 y Lacoste, 1994) pero resignificando su sentido y evidenciando aspectos solapados de los acontecimientos y procesos que signaron la vida de la agrupación a partir de la biografía del personaje. Asimismo, tanto las etapas de reclutamiento y de labor en la función pública o los cargos legislativos, como la fase posterior de reclusión en tareas intelectuales en los años treinta, evidencian particularidades que son propias de la figura, pero que en un ejercicio plausible de proyección analítica hacia los planteles de dirigentes del partido permitirían abordar las características de los elencos de transición propios de la etapa de ampliación de la participación política y su evolución, frente a las sucesivas coyunturas políticas y económicas que signaron la vida del lencinismo en el escenario político local y nacional por esos años.

Respecto de su desempeño en la función pública, se vislumbra que Trianes ejercitó diversos roles y acciones, mostrándose siempre vinculado incondicionalmente al aparato partidario lencinista. Se destaca ante todo su formación como abogado y los saberes profesionales que aporta a su actuación leal como dirigente político y funcionario. Pero, tal como hemos demostrado, su faceta profesional y su carácter “militante” por sí solos no explican la variedad de roles, la asertividad política de sus acciones ni de su función como intermediario. En toda su trayectoria pública y política el personaje supo poner en juego su cintura política, sus saberes académicos junto a los no académicos y su retórica favorable a los sectores populares, coadyuvando con su acción polivalente al vínculo carismático gestado por los liderazgos lencinistas.

En ese sentido, la propuesta analítica de las “segundas líneas” viene a echar luz sobre tal carácter polifacético y sobre la importancia de las acciones que llevaron adelante las figuras de la elite dirigente que rodeó a los líderes del lencinismo, contribuyendo a su capital simbólico y a su predicamento político mediante acciones de diversa índole –tanto en el plano institucional como en la opinión pública– que fueron más allá de la mera lealtad política.

Sin duda la falta de estudios sobre la elite dirigente de este partido –más allá de los mencionados en relación con el caso de Suárez– obstaculiza un ejercicio comparativo de la trayectoria de Trianes con la de otras figuras, en vistas a dilucidar si su caso constituye un derrotero típico o atípico dentro de las carreras políticas de la dirigencia lencinista. Por ello la prosecución de estudios en torno a otras figuras de dicho elenco a partir de la propuesta de las “segundas líneas” esbozada en este trabajo, permitiría reconsiderar también la cuestión de la configuración de la elite partidaria desde un análisis sociológico. En relación con esto último, trabajos como el ya aludido de Ferrari (2008), que analizaron en forma comparativa trayectorias políticas de distintos dirigentes políticos representativos del período para los casos de Córdoba y Buenos Aires pueden servir de vía aproximativa al análisis, ilustrando las ventajas de estudiar otras figuras para poder dar cuenta cabal del panorama en el caso mendocino.

En definitiva, la reconstrucción de la trayectoria política y pública de Trianes durante las décadas de 1920 y 1930 constituye una vía alternativa de conocimiento de la etapa lencinista en el plano político, del desempeño de dicho partido como oficialismo provincial y luego como fuerza política desplazada y perseguida. Sin duda, el abordaje del derrotero del personaje permite reconstruir nuevas aristas de las diversas problemáticas y clivajes que se gestaron por entonces, y plantear nuevos interrogantes en torno a las figuras que protagonizaron la escena política durante los años veinte y treinta, coadyuvando a una mejor comprensión de las vicisitudes y vaivenes de los momentos iniciales de la democracia mendocina y de sus actores clave.

Fuentes

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  1. Investigación desarrollada en el marco del PIP CONICET: Agentes estatales, trabajadores y empresarios en las transformaciones políticas, económico-sociales y territoriales en la provincia de Mendoza entre el lencinismo y los albores del peronismo; y del proyecto El Estado regulador durante la década de 1930: crisis vitivinícola, diversificación productiva, conocimiento técnico y obras de infraestructura, subsidiado por la UNCu.
  2. El lencinismo fue un movimiento político hegemónico en la provincia de Mendoza durante los años veinte. Surgió a partir de una facción de la Unión Cívica Radical nucleada torno a la figura de José Néstor Lencinas, quien fue uno de sus fundadores y ocupó la gobernación entre 1918 y 1920. A su muerte su hijo Carlos Washington tomó las riendas del partido y definió en 1921 su conformación independiente como Unión Cívica Radical Lencinista (UCRL), llegando a ser gobernador entre 1922 y 1924, y erigiéndose como su principal figura hasta su asesinato en 1929. El último gobernador lencinista fue Alejandro Orfila (1926-1928), quien vio su mandato interrumpido –al igual que las dos gobernaciones previas de dicha fuerza– por una intervención federal enviada desde el gobierno nacional. Con esa intervención y luego con el golpe de 1930, el lencinismo sufrió la persecución política y se hundió en un proceso de crisis interna que aceleró su declive como fuerza política y electoral hasta su desaparición a fines de los años cuarenta (Cf. Rodríguez, 1979; Lacoste, 1994; Bragoni y Mellado, 2012; entre otros).
  3. Ferrari (2008) analiza cómo los abogados se insertaron exitosamente en la esfera estatal durante los gobiernos radicales, ocupando un rol protagónico en los planteles de dirigentes, parlamentarios y funcionarios de los elencos de gobierno de provincias como Córdoba o Buenos Aires. Por su parte Zimmermann (2010) señala que abogados y juristas fueron actores centrales en el proceso de creación institucional y ocuparon buena parte de las posiciones en los tres poderes del Estado, haciendo de esta profesión la “elite estatal” casi por antonomasia. De modo similar, Buchbinder (2012) explora las relaciones entre la universidad y el sistema político –entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX– y destaca la importancia que la carrera de Derecho tuvo por entonces en la formación de grupos dirigentes para su desempeño en el ámbito estatal.
  4. Se trata de las intervenciones federales de Tomás de Veyga y Perfecto Araya al gobierno de José Néstor Lencinas (febrero a julio de 1919), de Enrique Mosca al gobierno de Carlos W. Lencinas (octubre de 1924 a febrero de 1926) y de Carlos Borzani al gobierno de Alejandro Orfila (diciembre de 1928 a septiembre de 1930). Para un análisis del tema, cf. Micale, 1995.
  5. Alusión en la jerga local a la gobernación provincial.
  6. La filoxera (Dactylosphaera vitifoliae) es una enfermedad provocada por la acción de un pulgón que ataca las hojas y los filamentos de las raíces de la vid. Apareció en Europa hacia 1863 proveniente de Estados Unidos y llegó a España hacia 1878, causando graves daños a la industria del vino en ese país. A partir de 1890 comenzó su difusión por la zona de Huelva, donde la familia Trianes tenía sus viñedos (cf. Piqueras, 2005).
  7. Tanto José como su hijo Rafael publicaron diversos libros y folletos fomentando los debates sobre la industria vitivinícola en la provincia y en Buenos Aires. El primero propuso realizar en 1911 una celebración por la cosecha reconocida como el primer antecedente de la actual Fiesta Nacional de la Vendimia. Por su parte Rafael promovió la creación de una escuela de sommelier para mejorar la comercialización del vino, además de ser nombrado agente oficial de propaganda vitivinícola en Buenos Aires por el gobierno provincial (Gargiulo, 2017). La prédica progresista y la visión de negocios de ambos procuraba asimilar la vitivinicultura mendocina a las condiciones de producción y comercialización de los países europeos más avanzados por esos años, como España, Italia y Francia.
  8. La Tarde –en adelante LT– fue un periódico mendocino fundado de 1910 por Alberto Castro, Pedro Ibarra y Lucio Funes, que se editó hasta 1972 (Oviedo, 2010, p.157 y p. 269). Tuvo una orientación liberal, y en su primera década fue órgano de prensa del conservador Partido Popular, manteniéndose luego cercano a las distintas variantes y denominaciones del conservadurismo mendocino hasta los años treinta.
  9. Información obtenida a partir de entrevista con la señora Ana María Trianes, hija de Francisco José.
  10. Su graduación fue anoticiada en Mendoza por La Tarde, que destacó sus calificaciones: “[…] Con una constancia y un ahínco ejemplares, ha cursado en Buenos Aires la carrera de abogado, como estudiante libre, en sólo dos años, mereciendo la clasificación de diez, el más alto título en todas las asignaturas” (LT, 27 de diciembre de 1917, p. 5). También lo hizo el periódico La Palabra –en adelante LP–, que publicó una foto del graduado (figura 2) y resaltó los méritos de “este joven, casi un niño, que en dos años y con las más altas clasificaciones, ha realizado una carrera que la generalidad lleva a cabo en seis o siete” (LP, 28 de enero de 1918, p. 1).
  11. Cabrera era un prestigioso abogado radical, que en 1916 fue elegido diputado provincial y cumplió funciones de secretario de la Convención Provincial y presidente del Comité Provincia de la UCR. Luego del triunfo de Lencinas padre, en marzo de 1918 fue electo diputado nacional, junto con Carlos Gallegos Moyano. Entre otras iniciativas, en septiembre de 1918 presentó junto Francisco Rubilar un proyecto de ley nacional de vinos. Crítico del estilo político de José Néstor Lencinas por su accionar contra el vicegobernador Álvarez, en octubre de 1919, luego de la destitución de este último, Cabrera se distanció definitivamente del gobernador y se enroló con el radicalismo no lencinista –llamado “intransigente”–, cuya figura principal fue Ricardo Báez.
  12. El nombramiento del intendente capitalino se hacía por entonces mediante designación del Gobernador con acuerdo del Senado, según disponía la carta magna provincial de 1916 (artículo 199, inciso 1). Cabe destacar que el flamante intendente de la Capital tenía tan solo 28 años, en sintonía con la juventud del nuevo gobernador, que contaba con 33 años.
  13. Sus colegas periodistas realizaron un banquete en su homenaje y celebraron su nombramiento en las páginas del periódico destacando su juventud, su inclinación hacia el “estilo americano de gobierno” y sus cualidades de hombre llano, sencillo, accesible y democrático. La nota fue acompañada de una caricatura donde el dibujante lo traza con perfiles de “lord” inglés (figura 3).
  14. La instalación provocaba cortes de tránsito, insultos entre asistentes y conductores de vehículos y daños a los jardines aledaños. Señalaba un cronista: “Somos partidarios de que al pueblo se le proporcionen gratuitamente cuantas distracciones sean posibles, pero en lugares donde el tráfico ni los intereses de la comuna resulten perjudicados. La instalación de cinematógrafos al aire libre en los extramuros de la ciudad, donde radica un vecindario populoso y carente de medios para asistir a los salones, será siempre un propósito plausible. Pero hacerlo en un lugar como el que nos ocupa es, bajo todo punto de vista, inadmisible” (LA 17 de enero de 1922, p.5).
  15. Se reconocía como antecedente una ley propiciada por el mismo Suárez y aprobada por la Legislatura en diciembre de 1919 fijando una concesión similar que no se llevó finalmente a cabo por el fallecimiento de José Néstor Lencinas en enero de 1920 y la salida de Suárez del gobierno.
  16. El matadero funcionó en manos de la empresa Mosso hasta el año 1953, cuando con motivo del vencimiento de la concesión por treinta años el gobernador peronista Carlos Evans dispuso su estatización. Desde la oposición conservadora se cuestionó el plazo y las facilidades de la concesión, dando a entender con suspicacia que existía un entendimiento o un arreglo previo del oficialismo con la empresa.
  17. La postergación fue dispuesta a nivel provincial por ley 775, promulgada el 29 de abril de 1922, que suspendió por única vez el artículo 50 de la ley electoral provincial 771 y el artículo 9 de la Ley Orgánica de Municipalidades (n° 702), que reglaban la fecha de convocatoria a elecciones y la cuestión del padrón de extranjeros.
  18. El socialismo tuvo por esos años en la comuna de Capital su principal bastión político, sustentado en buena parte por el apoyo de los inmigrantes extranjeros a los cuales podían inscribir en los padrones y movilizar para las elecciones de nivel municipal. Para un panorama de la trayectoria de este partido en la época, cf. Lacoste, 1993.
  19. El mercado había sido creado en 1891, estaba emplazado en el extremo sur del paseo de la Alameda y era uno de los tres grandes mercados de la ciudad, junto con el Mercado Central y el Mercado Abasto Reina y Hermano. Cf. Mateu, 2004.
  20. Cf. LA, 24 de setiembre de 1922, p. 5. La entidad se instaló en los terrenos de la ex Escuela Normal Agropecuaria e Industrial Alberdi, que ocupaba un predio de 8 hectáreas al norte del Parque del Oeste. Dicha institución se había creado en 1915 para la formación de maestros normales rurales, pero fue cerrada en 1919, luego de que una fuerte inundación destruyera sus instalaciones y el gobierno de Lencinas manifestara la imposibilidad de reconstruirla, por falta de fondos. La tuberculinización se trata de la inyección intravenosa de una sustancia (tuberculina) como medio de diagnóstico animal de infección con tuberculosis.
  21. La cuestión de la estabilidad de los empleados públicos se discutía a nivel nacional en la Cámara de Diputados desde 1915 en virtud de un proyecto de los entonces diputados Arturo M. Bas y Marcelo T. de Alvear. A principios de la década de 1920 se presentaron otros proyectos, motorizados por los diputados Julio Costa (1921), Amancio González Zimmermann (1921) y Adrián Escobar (1922) (Cf. Persello, 2001, pp. 146-147).
  22. Los empleados le obsequiaron una medalla de oro, un reloj-cadena y un diploma (figura 6), además de organizar un multitudinario acto en señal de apoyo.
  23. El proyecto de Castromán ordenaba al intendente “abstenerse de efectuar cualquier pago que se refiera a la compra de camiones celebrada por dicho funcionario con la Compañía Latel, por intermedio del Sr. Mauricio Le Bourg sobre la cual se han pedido informes al D. Ejecutivo de parte de este Honorable Concejo, hasta tanto este cuerpo resuelva al respecto”. Según el edil se hallaba próximo el vencimiento de dos obligaciones por $20.400, y a su entender la tesorería municipal debía interrumpir el pago hasta tanto el Concejo se pronunciara por la “legalidad” de la compra conforme a los procedimientos administrativos usuales para tales casos (LA, 23 de noviembre de 1922, p. 3).
  24. Analizamos la trayectoria del personaje en esta agencia en un trabajo anterior (Abraham, 2019a).
  25. El conflicto entre Suárez y Galanti ha sido reconstruido en Rodríguez Vázquez y Raffa (2016). El primero de estos personajes puede identificarse también como una segunda línea del lencinismo, en el sentido propuesto por el presente trabajo, siendo su rol más destacado y conocido que el de Trianes por el rango ministerial que logró en los dos primeros gobiernos lencinistas y también por sus importantes aportes como doctrinario y funcionario a la modernización de la economía mendocina y la diversificación productiva (Cf. Rodríguez Vázquez y Barrio, 2014).
  26. El gobierno de Lencinas debió enfrentar una situación financiera crítica, en virtud del mal manejo del problema de las letras de tesorería –títulos públicos emitidos por el gobierno provincial que fungieron como cuasi-monedas–. Esta cuestión le valió a Lencinas el pedido de intervención federal que terminó desplazándolo del poder en 1924 (cf. Barrio, 2018).
  27. Los fraudes apuntaban a la obtención de mayor cantidad de vino para volcar al mercado, sin necesitar mayor cantidad de uva para vinificar. Desde principios de siglo había legislación que perseguía esta práctica; la acción de Trianes apuntó a incrementar la vigilancia estatal y agravar las penas (Cf. Barrio, 2010 y Abraham, 2019ª).
  28. Por entonces el sector vitivinícola era no sólo el más dinámico de la provincia sino el que más aportaba a las arcas fiscales. En ese sentido, y en relación con el balance fiscal de 1924, Barrio señala que la política impositiva del gobierno resultó un éxito, dado que se recaudó un 20% más de lo previsto y un 83 % más que en 1923, año de gran evasión. En esta performance recaudatoria sin duda fue clave el rol de Trianes al permitir la precisión de los instrumentos de control (Barrio, 2018, p.11)
  29. Por ejemplo, un aviso señala que su horario de atención es de 15 a 18 (LA, 29 de febrero de 1924, p. 7).
  30. El colegio era la institución educativa de mayor nivel e importancia de la provincia, y su plantel docente había estado integrado desde fines del siglo XIX por grandes intelectuales y figuras de renombre de la escena mendocina, como Agustín Álvarez, Julio Leónidas Aguirre, Luis Lagomaggiore o Julián Barraquero (Cf. Hurtado, 2017).
  31. La denominación curricular es genérica y responde a criterios administrativos de la época, para diferenciarla de las horas de idioma extranjero, educación física, estética u otras materias especiales. No hemos logrado identificar qué cátedra o materia/s concretas tenía a su cargo.
  32. Un aviso publicitario pago –que se destacaba en la página del tabloide–, señalaba que Trianes “atiende nuevamente asuntos judiciales en su estudio jurídico”, ubicado en calle 9 de Julio 917 de la capital (LA, 29 de abril de 1923, p. 7).
  33. La entidad fue creada en 1917 y entre sus autoridades y directorio predominaron desde un comienzo los letrados vinculados al conservadurismo (Cf. AAVV, 2018).
  34. Señala el cronista: “En efecto, el doctor Trianes ha bien ganado el homenaje que se le tributara. A su celo e inteligencia se debe que los trámites de excarcelación no tuvieran demora y que el jefe del lencinismo se halle hoy en condiciones de reanudar nuevamente su acción […]” (LP, 14 de julio de 1925, p. 5).
  35. El Colegio, presidido entonces por el exjuez Jorge Vera Vallejo y con Edmundo Correas como secretario, manifestó públicamente su solidaridad para con la gestión del interventor, posicionándose en la misma línea que el Partido Liberal (Cf. La Libertad, Mendoza, 13 de diciembre de 1928, p. 4).
  36. El nombramiento de jueces por la intervención Borzani dio lugar a un contrapunto judicial suscitado en el marco del recurso de hábeas corpus presentado a favor del gobernador desplazado –Alejandro Orfila–, que llegó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La sentencia del tribunal estableció que el interventor tenía atribuciones para ello en virtud de haberse declarado caducos los tres poderes provinciales y sentó jurisprudencia en materia de intervenciones federales (Cf. Corte Suprema de la Nación, 1929, tomo 154, p. 102).
  37. Cf. Morales Guiñazú, 1943, p.101; y LA, 16 de mayo de 1926, p. 5 y 20 de mayo de 1927, p. 5.
  38. La nota se tituló “La situación del Senador Sr. Trianes”. El acusante era el senador conservador José Ángel Godoy.
  39. Para un análisis de la cuestión de las letras de tesorería y de las leyes 885, 866 y 903, cf. Barrio, 2018.
  40. Las propuestas quedaron sancionadas como leyes provinciales 885 y 886.
  41. La propuesta se aprobó en la sesión del 27 de septiembre de 1926. Trianes presidió la misma por ausencia de las demás autoridades pero, ante los cuestionamientos al proyecto del senador opositor Raffo de la Reta, abandonó la presidencia para volver a su banca y terciar en el debate, logrando la aprobación de dicho proyecto con el voto de la mayoría oficialista (LA, 28 de setiembre de 1926, p. 5).
  42. La propuesta ya se hallaba esbozada en dos folletos de Trianes Díaz publicados en 1916: “El caso de Mendoza” y “El problema de Mendoza y cómo puede solucionarse”, donde planteaba un diagnóstico y diversas soluciones plausibles para la crisis de la vitivinicultura mendocina, tomando como ejemplo la legislación europea de la época.
  43. A propuesta de Trianes, se decidió posponer el tratamiento de los nuevos impuestos invitando a representantes de entidades vitivinícolas al recinto a presentar verbalmente sus observaciones. Además, se dispuso a conceder licencia a Gargantini, luego de que la mayoría del Senado le rechazara la renuncia (cf. LA, 26 de noviembre de 1926, p. 5).
  44. En vistas a dar solución al problema de la caída de las sesiones, Trianes propuso en junio de 1927 una modificación del reglamento interno de la Cámara de Senadores, y estableció la posibilidad de iniciar una sesión legislativa sin el quórum mínimo luego de 3 convocatorias sucesivas a los parlamentarios. Se trataba de una solución con visos de juridicidad, a partir de una interpretación de la Constitución provincial. Pero la propuesta no llegó a tratarse.
  45. Cf. LA, 8 de diciembre de 1927, p. 5 y 24 de diciembre de 1927, p. 5. La ley 926 reorganizó los servicios médico-asistenciales y promovió la atención de la salud para los sectores populares y la asistencia alimentaria para madres y niños. Se amplió, así, la órbita de actuación de la Dirección General de Salubridad (Provincia de Mendoza, 1938, tomo I, pp. 286-303).
  46. Cf. LA, 27 de julio de 1928, p. 3 y Fontana de García, 1987, p. 88.
  47. En uno de los pasajes de su defensa en que cuestionaba a los gobiernos conservadores afirmó que “nadie como nosotros se ha acercado al pueblo trabajador”. Entre las medidas del lencinismo que ensalzó se encuentran la Caja de Pensión a la Vejez e Invalidez, la ley sanitaria, la construcción de escuelas y hospitales y el aumento de la producción vitivinícola (Cf. Cámara de Diputados de la Nación. 1928, pp. 695-705).
  48. Cf. Archivo de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación. Patrimonio Legislativo (en adelante HCDN.PL), Expediente (Exp.) 578-D-1928, p. 541. La propuesta reconoce a su vez como antecedente otro proyecto de creación de una “Universidad Nacional de Cuyo”, de fuerte orientación industrial y con títulos intermedios, presentado en la Cámara de Diputados en julio de 1921 por el radical bonaerense Ricardo Davel, con aval de los diputados radicales Marcial Quiroga (San Juan) Diógenes Taboada (San Luis) y Carlos Gallegos Moyano (Mendoza), y los conservadores Juan P. Tierney (San Juan) y Julio César Raffo de la Reta (Mendoza). La iniciativa de Davel habría recibido apoyo de la juventud partidaria del lencinismo e incluso del propio Carlos W. Lencinas, por entonces Diputado Nacional. Pero no fue apoyado por la Federación de Estudiantes Secundarios de Mendoza, entidad que motorizaba su propio proyecto desde 1921.
  49. Dicha norma es la Ley Avellaneda, de 1885, que reglaba el funcionamiento de las universidades nacionales por entonces existentes en nuestro país (Córdoba, Buenos Aires, Litoral, Tucumán y La Plata).
  50. Se trata de la escuela provincial de Comercio de Mendoza Martín Zapata, la Escuela de Vitivinicultura de Mendoza, la Escuela de Minería de San Juan y la Escuela Normal Mixta de Mendoza (denominada por entonces Nicolás Avellaneda, hoy Tomás Godoy Cruz).
  51. Cf. Fontana de García, 1987. Para esta autora, amén de canalizar una aspiración pública común del estudiantado y de la opinión pública de su provincia, el proyecto de Trianes retomaba una legítima aspiración del lencinismo, sancionada en dos congresos de la Juventud de dicho partido, en los cuales es posible que el dirigente haya tenido una participación activa.
  52. Para Macor (2001, p. 58) este documento condensaba las críticas de los sectores conservadores hacia la democracia, clausurando cualquier posibilidad de negociación con el gobierno y justificando la necesidad de la intervención de las Fuerzas Armadas en la vida política. El apoyo de Trianes al documento se explica a partir del alineamiento del lencinismo con el Antipersonalismo en la Cámara de Diputados, pero no desde el plano ideológico, pues el lencinismo fue blanco por parte de los conservadores mendocinos de críticas equivalentes a las que padeció Yrigoyen respecto de la desnaturalización de la democracia y su conversión en “demagogia”.
  53. El 22 de agosto de 1928 solicitó -mediante telegrama enviado desde Mendoza- un permiso para ausentarse a 4 sesiones por razones de salud; el 20 de septiembre de 1928 pidió licencia por cinco sesiones sin brindar motivo; el 11 de mayo de 1929 solicitó licencia hasta el 28 de junio mediante un “cablegrama” enviado desde la ciudad de París; el 26 de junio de 1929 pidió –desde la misma ciudad– prorrogar la misma hasta el 15 de septiembre de 1929; el 5 de diciembre de 1929 registra un pedido de licencia de dos meses para cuidar de un familiar. Finalmente, el 1 de septiembre de 1930 solicitó licencia para ausentarse de las sesiones de dicha semana por hallarse enfermo (HCDN.PL, Expedientes varios).
  54. En su defensa, Trianes sostenía que dicha obra favorecería la comunicación y el desarrollo agrícola de la región, además de prevenir muertes en la época de verano cuando la crecida del río hacía que la zona de Lavalle quedara incomunicada, haciendo que muchas personas se lanzaran igualmente al cruce del río, dando lugar a numerosas desgracias y siniestros.
  55. El exgobernador había sido elegido senador nacional por la mayoría lencinista de la Legislatura mendocina en marzo de 1926, para reemplazar al conservador Benito Villanueva, quien había finalizado su mandato. Ante las dilaciones en la aprobación de su diploma, Lencinas renunció a la nominación. Pero tal como mencionamos, la Asamblea Legislativa en septiembre de 1927 le rechazó la renuncia, aunque sin lograr rubricar el acta correspondiente, por falta de quórum legal para sesiones posteriores. Todo ello dio lugar a un viacrucis judicial y parlamentario para el dirigente, que se extendió hasta el rechazo final del diploma en el Senado Nacional.
  56. Sobre el trasfondo del asesinato de Lencinas y la crisis que este hecho desató en las huestes partidarias, cf. Rodríguez, 1979 y Lacoste, 1994. La reconstrucción de las hipótesis del asesinato ha sido realizada por Ceverino, 1996.
  57. Se vislumbra aquí la dificultad que tuvo la UCRL para lograr lo que Weber llama la “rutinización del carisma”. Según Panebianco (1990), al cesar el carisma fundacional, el partido carismático puede disolverse, gestar un nuevo liderazgo carismático aglutinante o bien lograr su burocratización en una estructura impersonal. Ninguna de estas alternativas se dio en el caso del lencinismo, que inició su proceso paulatino de disolución y faccionalismo ante la imposibilidad de articular un nuevo liderazgo carismático (cf. Panebianco, 1990 y Abraham, 2019b).
  58. Cf. LA, 2 de noviembre de 1931, p. 5. No se dieron mayores detalles sobre las irregularidades, al punto de que el cronista de este diario señala que las acusaciones sobre los dirigentes lencinistas resultaban imputaciones “graves pero imprecisas”. Una situación similar se había dado en 1924, al asumir la intervención federal de Enrique Mosca (Rodríguez, 1979, p.272) e igualmente el interventor Borzani había detenido procesado en 1928 a Orfila, a Carlos Washington Lencinas y a otros funcionarios de la primera plana lencinista con pretextos diversos (Lencinas, 1929).
  59. La cesantía de profesores del Colegio Nacional es analizada por Fontana, 2001.
  60. Para una caracterización del derrotero del lencinismo en los años treinta, cf. Lacoste, 1994 y Abraham, 2019b.
  61. Cf. LA, 4 de noviembre de 1932, p. 1. La nota se tituló “Sobre el nuevo impuesto al vino en Mendoza formuló declaraciones desde Buenos Aires el doctor Francisco Trianes”. También, LA, 6 de noviembre de 1932, p. 1.
  62. La UCR Federalista fue una nueva agrupación, formada a partir de una fracción lencinista escindida, presidida por los hermanos Rafael y José Hipólito Lencinas. Estos se enfrentaron desde 1933 con otros dirigentes que habían cuestionado su conducción por personalista y verticalista. Este último grupo obtuvo a fines de ese año reconocimiento de su personería por la Junta electoral local, quedándose con el sello de la UCRL. A principios de 1934 la Junta reconoció también a los primeros pero los obligó a buscar un nombre alternativo a la sigla original. Si bien en las elecciones para diputados de ese año los radicales “federalistas” salieron segundos y obtuvieron una banca de diputado nacional –que fue ocupada por Rafael Lencinas–, en las siguientes elecciones sus contrincantes los sobrepasaron en votos (Lacoste, 1994, pp.135-146).
  63. La plataforma electoral de esta agrupación se pronunciaba en contra del fraude que se perpetraba a nivel provincial y postulaba, entre otras cosas, un retorno inmediato al marco electoral de la ley Sáenz Peña, la autonomía municipal y la restauración de la legislación social de los gobiernos lencinistas (LA, 29 de febrero de 1936, p. 5).
  64. Cf. HCDN.PL, Exp. 224, 10 de julio de 1935.
  65. Ricardo Manlio Leonidas Setaro (1903–1975) fue un periodista y escritor mendocino, integrante del grupo Martín Fierro y corresponsal del Diario Crítica en los años treinta. En la época de la Segunda Guerra Mundial se lo vincularon con la inteligencia soviética.
  66. El libro fue ampliamente publicitado en medios gráficos mendocinos y nacionales, con comentarios y reseñas, además de ser sus fragmentos públicamente leídos en reuniones en los comités de la facción federalista del lencinismo (Abraham, 2017).
  67. Predominan en la crítica un tono y una retórica militantes que retoman los tópicos esbozados por el lencinismo durante los años veinte en su prédica antioligárquica (Rodríguez, 1979). No se vislumbra una denuncia o caracterización detallada de quiénes la integran a fines de los años treinta esa “oligarquía”, y si es posible distinguir matices o intereses disímiles dentro de ella. Cabe pensar que subyace una intención política o declamatoria en la escritura del libro, antes que fines académicos o de incidencia en la formulación de políticas públicas para el sector.
  68. El libro se tituló La fiesta de la vendimia en la obra de José Trianes Díaz.
  69. Fuera de la cercanía etaria, Trianes y Carlos W. Lencinas solían compartir viajes a Chile en época estival y a lo largo del año, lo que permite inferir que existía una amistad entre ambos personajes. El dato se obtiene de las informaciones de las listas de pasajeros del tren trasandino -que se publicaban asiduamente en la prensa periódica–, donde pueden relevarse los nombres de ambos como viajeros frecuentes al país vecino.
  70. Como expresa Offerlé (2011, pp. 87-88), en todo contexto de ampliación de la participación política lo electoral se vuelve fundamental y la política se gesta de cara a los votantes. Los notables locales, los agentes de la administración y los “recién llegados” se organizan en partidos políticos, inventan las campañas electorales y las tácticas de conquista del sufragio. Asimismo, el corolario de este proceso es una transformación de los partidos, ligada a las formas de burocratización de los Estados y al grado en que los políticos pueden utilizar los recursos estatales que permitan recompensar a sus partidarios. Son estos “recién llegados” los que motorizan este este cambio e institucionalizan el “oficio político”, y aunque al principio no fueron todos políticos a tiempo completo, con el tiempo se convirtieron en ello.
  71. Conforme a este tipo ideal, es posible contraponer la política de “profesionales” –que se asocia también con los “partidos de masas” que surgen por entonces–, con la política llevada a cabo por “notables” o “aficionados”, en sistemas de partidos que se hallan en un estadio menos desarrollado o burocratizado (cf. Weber, 1919 y Panebianco, 1990).
  72. La carrera jurídica fue una de las que quedaron altamente vinculadas al Estado en la creación de una serie de competencias burocráticas que signaron los perfiles profesionales y contribuyeron a hacer efectiva la dominación legal-racional por parte del Estado (Frederic, Graciano, Soprano, 2010, p. 25. Cf. también Zimmermann, 2010 y Buchbinder, 2012).
  73. Las acciones de Trianes en el marco de estas entidades ratifican la idea de que los partidos no son la única galaxia donde se desenvuelve “lo político”: también en ámbitos como el sindicalismo, los clubes sociales o deportivos o las asociaciones profesionales se construyen vínculos y posicionamientos que retroalimentan el capital político de quienes desarrollan una carrera política, e incluso allí pueden gestarse tendencias, listas o facciones partidarias, además de acciones proselitistas que posicionan a los actores de la vida política y fortalecen su capital político desde arenas o ámbitos que a simple vista son no partidarios (Tissot, 2004, p. 10-12).
  74. Frederic, Graciano y Soprano (2010) señalan como “profesión” la adscripción sostenida en el tiempo de un sujeto a un conjunto de idea de saberes y prácticas científicas, disciplinarias o técnicas especializadas, que dan lugar a la configuración de grupos profesionales o asociaciones que reconocen al sujeto como parte de tales entidades y que lo dotan además de competencias socialmente reconocidas y valoradas como superiores en su singularidad, además de gozar de un reconocimiento institucionalizado de su estatus social.
  75. Morresi y Vommaro (2012) entienden por expertise un tipo particular de intervención sobre las relaciones sociales, que supone la producción de bienes materiales, discursos y un capital simbólico que remiten a un saber validado y técnicamente fundado (ligado en principio a una disciplina científica o un campo profesional asentados), pero que en su ejercicio moviliza otros recursos técnicos y habilidades por fuera de ese saber. Se trata así de una conjunción de saberes, recursos, experiencias y credenciales que permiten la imbricación entre conocimiento académico-científico, técnica, comunicación y política. En este sentido, entendemos que Trianes no es propiamente un “experto”, pero que tiene un acercamiento por vía familiar al mundo vitivinícola y se apropia asertivamente de tales conocimientos para llevarlos a la práctica de la mano de su probada expertise jurídica. Con esto matizamos la categórica catalogación de estudios como el de Mateu e Iriart (2018), que señalan al personaje como un “experto y militante”, acotando así la complejidad de su trayectoria.
  76. En un sentido similar, Losada (2009, pp. 221-222) atribuye como novedad al “populismo yrigoyenista” el reclutamiento como funcionarios de “hombres nuevos”, surgidos en el marco de la movilidad social y la ampliación de la participación política, alterando las formas de conducción política y propiciando la especialización y profesionalización de la actividad. Destaca, también, que bajo ese marco “populista” el partido político reemplazó al “club” y a otras formas pretéritas de sociabilidad como plataforma clave para el acceso y el ascenso en las carreras políticas.
  77. Esta caracterización ha sido esgrimida –aunque con diversos sentidos– por Rodríguez, 1979; Lacoste, 1994 y Richard-Jorba, 2013 y 2014.


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