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1 Introducción

Presentación y justificación del problema de estudio

Durante los últimos treinta años, el sistema educativo argentino fue sometido a sucesivas reformas que llevaron a su descentralización y desfinanciación (Gentili et al., 2013) y a un fuerte deterioro en las condiciones de trabajo docente (Migliavacca, 2009), que reconfiguró su propia identidad laboral (Donaire, 2017). Ante estas circunstancias, el sector sindical docente estatal manifestó una gran capacidad de resistencia y se posicionó como un actor colectivo de relevancia (Chiappe y Spaltenberg, 2010; Gindin, 2013). Su elevada conflictividad ante el Estado lo destacó en relación con otros gremios, de modo que las alianzas políticas y las formas de oposición que llevó a cabo sirvieron como modelo para otros sindicatos estatales y privados.

Tras la devaluación de 2002, la Argentina comenzó un período de recomposición capitalista (Bonnet, 2015) que tuvo su correlato en los indicadores laborales (Delfini, 2016). Algunos trabajos indican que se inauguró, en una primera etapa, un «nuevo régimen de empleo» (Palomino y Trajtemberg, 2006; Senén González y Del Bono, 2013), signado por la negociación colectiva, políticas salariales activas y cambios en el marco legal laboral. Sin embargo, investigaciones recientes dan cuenta de los contenidos flexibilizatorios en los convenios de trabajo y del predomino de la negociación colectiva descentralizada que presentaron continuidades desde la década de 1990 (Campos et al., 2015; Marticorena, 2014).

Asimismo, desde 2003, se observó una creciente intervención de las cúpulas de las principales centrales sindicales (Confederación General del Trabajo [CGT] y Central de Trabajadores Argentinos [CTA]) en la negociación salarial con el Estado (Etchemendy y Collier, 2008). Esto configuró la denominada «revitalización sindical»[1] (D’Urso, 2018; Senén González y Haidar, 2009). Sin embargo, de modo paralelo, se incrementó el activismo de base que, en forma independiente de las direcciones sindicales y, a veces, en oposición, reorganizó las comisiones internas y los cuerpos de delegados (Lenguita y Varela, 2010; Varela, 2016). Parte de la oposición a este planteo expresa que las experiencias de sindicalismo «de base» (Cotarelo, 2007) conformarían un proceso más general de activación del sindicalismo «en la base» (Spaltenberg, 2012). A su vez, en algunos ámbitos, se verificó un proceso de «autonomización» a partir de la creación de sindicatos paralelos o disidentes a uno central, que respondieron a estrategias vinculadas a prácticas o tradiciones previas de los trabajadores (Cresto, 2010).

En el campo del sindicalismo docente estatal, las relaciones ambivalentes de las dirigencias de las centrales con un Gobierno que impulsó reformas —aunque limitadas— en el ámbito educativo (Rossi, 2011) enfrentaron a los sindicatos con el dilema de acompañar o de abrir el conflicto frente a estas políticas, respondiendo a las demandas de los sectores más combativos de las bases. La reconversión de las estrategias a nivel nacional (Confederación de Trabajadores de la Educación Argentina [CTERA], Unión Docentes Argentinos [UDA], Confederación de Educadores Argentinos [CEA], Asociación de Maestros de Educación Técnica [AMET]) y en la provincia de Buenos Aires (Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires [Suteba], Federación de Educadores Bonaerenses [FEB] y otros sindicatos docentes) implicó la apertura y consolidación de espacios de diálogo, negociación y disputa con el Gobierno. De esta forma, los sindicatos docentes adquirieron un reconocimiento ante el Estado, y su participación se situó progresivamente en los engranajes clásicos de la negociación colectiva.

Sin embargo, en el caso de la provincia de Buenos Aires, la conflictividad docente fue elevada, y se intensificaron las medidas de lucha en diferentes períodos, fundamentalmente en instancias distritales y por establecimientos educativos. De esta manera, surgieron procesos de sindicalismo docente en contradicción u oposición con sus conducciones regionales y provincial (Blanco, 2010), como sucedió en Suteba, y en múltiples establecimientos escolares que se constituyeron como espacios de organización de la protesta, ante el empeoramiento de las condiciones salariales y de infraestructura.

El caso del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires de Bahía Blanca (en adelante, Suteba BB) representa un ejemplo de esta caracterización, mediada por un conjunto de tradiciones políticas sindicales que se remontan a la década de 1980. A partir de la posconvertibilidad, este sindicato constituyó un caso arquetípico de seccional disidente a Suteba central, tanto por su política opositora a la conducción provincial como por su posición de intransigencia ante las negociaciones salariales. El estudio de las prácticas y estrategias de esta organización en particular revelan la transformación en los repertorios de acción de una parte del sector docente estatal, y resulta crucial para comprender el proceso de disputas en el interior del sindicato y las alianzas políticas dentro de un entramado de conflictividad más amplio.

La presente investigación aborda el estudio de las estrategias sindicales generadas por los trabajadores[2] de la educación agrupados en Suteba BB entre 2003 y 2015[3]. Estas se expresaron en hechos de conflictividad y explican la dinámica en los distintos niveles de organización, tanto en los lugares de trabajo como en el interior del gremio, y en las esferas relacionales con el movimiento obrero. La tesis aborda la noción de estrategias para pensar las formas en que se organizan los sindicatos de acuerdo a las coyunturas que enfrentan, recomponiendo sus prácticas y estableciendo distintos repertorios de lucha.

Este estudio se propone entonces criticar a los enfoques que vinculan el alto nivel de conflictividad docente con la carencia de canales de mediación institucional para resolverla. De este modo, se pretende generar un aporte reflexivo a la comprensión de los mecanismos de discusión (a nivel intrasindical) sobre la negociación colectiva, el rol del Estado y las formas de enfrentamiento en sindicatos de menor jerarquía, para proponer un esquema analítico conceptual que vincule las relaciones internas y externas en los procesos de constitución de las organizaciones sindicales como modos de construcción de experiencias políticas en disputa.

Pensar la conflictividad como indicador teórico metodológico del proceso de lucha de clases implica a su vez retomar variables analíticas cualitativas que surgen de las estrategias y prácticas sindicales, que no siempre resultan lineales ni adaptativas a las coyunturas históricas.

A su vez, las experiencias recuperadas consideradas como parte del sindicalismo de base (Varela, 2010) presentan una serie de debates en torno a los procesos de subjetivación radical de las bases, el rol de la militancia de izquierda y los liderazgos, y sobre la influencia directa del sindicato para la activación de la clase en sus lugares de trabajo.

Objetivos e hipótesis principales

El objetivo principal de esta tesis consiste en caracterizar y analizar las estrategias y practicas sindicales de Suteba BB, para comprender sus experiencias de conflictividad y su organización como oposición política al Estado provincial y al sindicato a nivel central durante el período 2003‑2015. Los objetivos específicos giran en torno a tres ejes analíticos: 1) las formas en que se construyen esas experiencias y prácticas como fenómenos de participación dentro y fuera del sindicato; 2) las relaciones sociopolíticas del sindicato bajo estudio con otros gremios, movimiento sociales[4] y el Estado, dentro de un entramado de fuerzas sociales en pugna; 3) los cambios en los repertorios de conflictividad del sindicato y su relación territorial con la comunidad educativa.

Las principales preguntas que orientaron la investigación fueron las siguientes: ¿cuáles fueron las estrategias de acción sindical y los hechos de conflictividad de Suteba BB en relación con las disputas en el campo de políticas estatales en educación en el período bajo estudio? ¿De qué manera se expresó la oposición hacia Suteba central y qué procesos de reconfiguración internos se llevaron a cabo? Asimismo, cabe preguntarse acerca de cuáles han sido las prácticas que surgieron en Suteba BB y de qué forma marcaron la tendencia hacia un tipo de modelo sindical. Por su parte, es importante indagar sobre cómo se generaron instancias de construcción gremial en los lugares de trabajo (los establecimientos educativos) y cuál ha sido el rol de la conflictividad en la legitimidad de las reivindicaciones y demandas. Los interrogantes expuestos implican recuperar y repensar la noción de estrategia y prácticas sindicales y suponen, a su vez, una revisión crítica de los estudios que la relacionan con los recursos de estas organizaciones, en un contexto de «revitalización sindical».

Nuestra principal hipótesis plantea que el sindicato elegido como caso de estudio, que adquirió significatividad social por su alto grado de conflictividad y de organización de una fracción importante del sector docente estatal, refleja la conformación de un conjunto de estrategias en cuanto prácticas, experiencias y discursos situados en un momento específico de las relaciones de fuerza del ámbito educativo, lo ubican como un sector de oposición político-sindical de relevancia a nivel local y regional.

La construcción de las estrategias estuvo mediada por el uso del conflicto y la movilización social con el objeto de ampliar la base de reivindicaciones del sindicato. Estas permitieron generar un armado político de alianzas locales y provinciales que se opusieron a un tipo de modelo sindical, con una lógica contestataria y ligada al sindicalismo de base. De este modo, se proponen distintas dimensiones de análisis para pensar el conflicto laboral del sector y los repertorios de protesta, con el objeto de comprender el entramado de relaciones intrasindicales y con la clase trabajadora docente, bajo una determinada lógica de construcción de poder sindical.

A continuación, se reseñan los antecedentes en la literatura sobre sindicalismo y conflictividad docente. Posteriormente, se exponen las principales categorías teóricas y las estrategias metodológicas que estructuran y orientan la investigación. Finalmente, se presenta la lógica del capitulado.

Acerca de los estudios sobre sindicalismo y conflictividad docente

En esta sección, se recuperan los aportes de diferentes líneas de investigación sobre sindicalismo docente, con el objeto de reconocer las características principales del campo de estudio y analizar sus limitaciones y potencialidades. A continuación, se retoman las contribuciones de distintos estudios sobre conflictividad laboral docente, para avanzar en el análisis de algunos aspectos inherentes a la formación de las estrategias sindicales en ese sector.

Sindicalismo docente

En sus inicios, las investigaciones sobre sindicalismo docente estuvieron vinculadas a las experiencias históricas de constitución del gremialismo entre fines del siglo xix y mediados del siglo xx (Ascolani, 2013), y a la articulación con el Estado como trabajo regulado (Murillo, 1999). Estos estudios surgieron de manera paralela a la conformación de los sistemas educativos modernos y a las discusiones pedagógicas libradas en su interior, con un impacto concreto en los procesos de institucionalización y organización educativa.

En América Latina, tales investigaciones surgieron en la década de 1980 vis à vis los cambios estructurales que estaban operando sobre el trabajo docente. En la última década del siglo xx, se enfocaron sobre dos procesos en particular: las grandes movilizaciones docentes en el retorno a la democracia y sus procesos de organización; y la posición de los sindicatos docentes frente a la agenda de reformas educativas, con énfasis en la movilización, sus modos de resistencia y su identificación como «trabajadores de la educación» (Gindin, 2008; Palamidessi, 2003; Tiramonti y Filmus, 2001).

Por otra parte, continuó la tendencia a privilegiar el abordaje de la relación entre los sindicatos, las políticas educativas y la negociación laboral con el Estado. También surgieron análisis sobre el funcionamiento sindical y sus demandas en torno a la política educativa, y sobre la reconfiguración de las organizaciones gremiales docentes en la definición de esas políticas, con presencia en los colectivos de derechos ciudadanos. De esta última línea, se derivaron investigaciones sobre la conflictividad laboral docente.

A su vez, diversos trabajos de la Argentina, México, Brasil, Colombia, Chile, entre otros países de Latinoamérica y el Caribe, abordaron las particularidades del sindicalismo docente describiendo sus rasgos más salientes, con un predominio de la descripción histórico‑política (Loyo, 2001; Murillo, 2001; Nuñez, 2001). Por su parte, surgieron estudios comparativos entre Brasil, la Argentina y Chile donde el abordaje de estas organizaciones (desde 1970 hasta 2010) retoma la cuestión de las formas de conflictividad y las relaciones con otros ámbitos de trabajadores (Gindin, 2015).

Las críticas a la literatura sobre sindicalismo docente en Latinoamérica apuntan principalmente contra los trabajos que realizan generalizaciones sin contar con suficiente evidencia empírica y los análisis para contextos muy específicos que no se inscriben en un marco de investigación más amplio (Gindin, 2009). Asimismo, se señala la escasez de estudios orientados a conocer el rol de los sindicatos docentes en el diseño e implementación de las políticas educativas, así como su incidencia en los procesos de transmisión escolar y sus articulaciones en la conformación del currículum oficial.

En la Argentina, a comienzos de la década de 1990, surgieron diversos estudios sobre las organizaciones sindicales docentes que tuvieron como objetivo comprender su papel ante las transformaciones impulsadas por las políticas neoliberales (Gutiérrez Aguilar, 2015). Algunos ejes comunes a dichos trabajos son las relaciones entre Estado, economía y sociedad; los modelos de enseñanza; el lugar de la escuela en las políticas educativas y sociales; y los procesos de exclusión social y su impacto en la escolaridad (Braslavsky, 1996; Carranza et al., 1999; Filmus, 1996; Gentili et al., 1997; Puiggrós, 1999). Estudios más recientes examinan la incidencia de los diseños y programas curriculares y su influencia en las regulaciones laborales, pedagógicas y administrativas (Ezpeleta, 2004; Terigi, 2007).

En los últimos años, surgió una producción historiográfica sobre sindicalismo docente impulsada por los mismos gremios acerca de sus procesos de desarrollo histórico, conflictos puntuales o reivindicaciones generales[5], con el fin de promover espacios de formación o de consolidación identitaria.

Los estudios más recientes pueden clasificarse en al menos cuatro categorías, de acuerdo a sus abordajes de la problemática docente:

  1. Acerca del proceso identitario docente, retomando el desarrollo histórico del trabajo docente, y su relación con la posición social, como determinantes de la actividad sindical y sus prácticas (Alliaud, 2004; Ascolani, 1999; Donaire, 2012; Gindin, 2015). En este sentido, se analizan las identidades docentes en los procesos de movilización sindical y en contextos sociopolíticos particulares.
  2. Investigaciones sobre el desarrollo y consolidación de distintas experiencias históricas asociativas, gremiales y confederales de trabajadores de la educación. En esta línea se inscriben los estudios sobre la heterogeneidad de los gremios y sus dimensiones internas, sus tensiones y contradicciones que realizan un aporte histórico a la comprensión del sindicalismo (Ascolani y Gindin, 2018; Balduzzi y Vázquez, 2000; Donaire, 2007; Perazza y Legarralde, 2007). Otros trabajos abordan la construcción de las estructuras internas profesionalizantes en la docencia y el carácter que han tenido los sindicatos en las provincias y territorios nacionales (Acri, 2012), así como las diferencias entre los gremios en función de sus tradiciones políticas (Nardacchione, 2014).
  3. El rol del sindicalismo en los procesos pedagógicos de implementación, diseño o gestión de políticas educativas (Diker, 2005; Dussel, 1997; Puiggrós, 2009). También se inscriben aquí los estudios sobre las reformas tecnocráticas desde los noventa hasta la actualidad (Feldfeber, 2011; Feldfeber y Gluz, 2021; Gentili, 2013; Ivanier et al., 2004; Jaimovic et al., 2004).
  4. Por último, los estudios que analizan al sindicato docente como un actor dentro del sistema político que negocia o confronta con el Gobierno, y caracterizan sus procesos históricos de movilización y su relación con movimientos sociales diversos (Blanco y Migliavacca et al., 2012; Casiello y Petruccelli, 2011; Migliavacca, 2009; Petruccelli, 2005). En esta línea se inscriben también las investigaciones que caracterizan las identidades docentes en relación con sus posicionamientos en el entramado de la lucha de clases (Donaire, 2009, 2012).

En este último subgrupo pueden incluirse, además, una serie de trabajos que describen históricamente la formación de determinados sindicatos bonaerenses y sus formas de conflictividad. Entre ellos, cabe mencionar los trabajos de Lafiosca (2008, 2014), que enfatizan el surgimiento tanto de la FEB como de Suteba, sus experiencias de organización y relaciones con el movimiento obrero; el trabajo de Gaiada (2014), que contrapone la noción de burocracia y base en las experiencias de los llamados «Sutebas recuperados» desde 2000 hasta 2010, para caracterizar a distintas organizaciones y listas que reclaman un sindicalismo clasista; y, por último, los trabajos de Migliavacca (2013) y Blanco (2010), que retoman las experiencias de configuración de organizaciones de trabajadores de la educación, sus procesos culturales y formativos en las últimas décadas, y que muestran la existencia de una fuerte tradición clasista dentro del ámbito educativo, rescatando los posicionamientos históricos del movimiento obrero más revolucionario y la conformación de agrupaciones sindicales docentes más amplias.

A nivel local, el mundo del trabajo y de las organizaciones sindicales en Bahía Blanca ha sido objeto de estudio de diversos trabajos que describen y analizan la construcción histórica general y la situación de los trabajadores y las industrias, a través de la utilización de fuentes documentales y orales. Estas investigaciones se caracterizan por priorizar la naturaleza política y cultural del conflicto obrero, y utilizan una metodología principalmente cualitativa (Cernadas y Marcilese, 2012; Heredia Chaz, 2018).

En relación con el objeto de estudio de la presente investigación, algunos trabajos recientes dan cuenta de los procesos de organización y lucha docente. Entre ellos, se destaca el estudio de Romero Wimer (2003) sobre el Escuelazo y su relación con las resistencias de trabajadores y desocupados en la ciudad de Bahía Blanca; el trabajo de Canali (2014), que realiza una periodización de la experiencia histórica de Suteba BB desde 2001 hasta 2014, y que destaca el entramado político y estratégico que tejió la conducción del sindicato durante esos años y su relación con el movimiento obrero organizado, retomando los posicionamientos antagonistas internos; los trabajos sobre movimientos estudiantiles, como el de Monforte y Grasso (2009), que analizaron la lucha de los estudiantes universitarios de Bahía Blanca ante la implementación de la Ley de Educación Superior, proceso que generó alianzas entre los sectores estudiantiles y docentes de distintos niveles para organizar la resistencia, hasta llegar a las huelgas en los años 1999‑2001 (Romero et al., 2008); y el trabajo de Rosario Fernández (2019a, 2019b) sobre activismo estudiantil secundario a mediados de la década de 1990. Por su parte, Tejada Gómez (2021) ha profundizado en el análisis del proceso del Escuelazo, rastreando la conflictividad docente desde la década de 1990 y visibilizando la estructura de organización sindical de Suteba y sus líneas de disputas interna.

El autor de esta tesis también analizó las formas de organización y experiencias de lucha del movimiento de trabajadores desocupados en la ciudad de Bahía Blanca en el período 1995‑2003 (Becher, 2018a) en las que se destaca el proceso de lucha de los docentes, su rol de enlace con otros trabajadores y de actor dinamizador de la conflictividad obrera en la ciudad (Becher, 2017). A su vez, en un trabajo sobre la militancia docente, se analizaron los procesos de politización que inducen a los docentes a involucrarse en las demandas sindicales, visibilizando sus diversas percepciones como sujetos trabajadores o profesionales (Becher, 2018b).

La presente tesis se enmarca en la línea de investigación que sitúa al sindicalismo docente como un actor relevante en las disputas con el Estado durante la posconvertibilidad (Chiappe, 2011; Gindin, 2013). En este sentido, se discute que el rol central de estas organizaciones sea únicamente la negociación colectiva de las condiciones de compra y venta de la fuerza de trabajo, para profundizar en las relaciones de poder entre sindicatos y el Estado (Darlington, 2014; Hyman, 1981). En el sector docente, esta vinculación implica legitimar el accionar sindical con las demandas de las bases docentes y de las comunidades educativas. Por lo tanto, se propone un análisis de la configuración de las prácticas y estrategias con relación al posicionamiento estructural y al poder sindical, que se derivan de distintas dimensiones externas (como el contexto político‑económico, las acciones del Estado y la posición estratégica del sector) e internas (estructura del sindicato, rol de la conducción y los delegados, las formas de lucha y la participación de la clase).

Conflictividad docente

Desde los análisis de políticas públicas, se vincula la conflictividad laboral docente con el proceso de descentralización del sistema educativo (Falleti, 2004; Tiramonti, 2001) o con su exposición a variables políticas (Murillo y Ronconi, 2004). En esta línea, se inscriben los estudios que relacionan las políticas públicas con las estrategias de los sindicatos, dentro de una mirada más institucionalista (Chiappe y Spaltemberg, 2010; Narodowski, 2008; Palamidessi y Legarralde, 2006).

Por su parte, el estudio de Palamidessi y Legarralde (2006) clasifica los hechos de conflictividad según su naturaleza y sus demandas en a) económicos corporativos (laborales, salariales, estatutos etc.), b) político‑corporativos (participación en el proceso de decisión en las políticas educativas) y c) político‑ideológicos (de acuerdo a los lineamientos de la política).

En cambio, otros análisis vinculan la alta conflictividad del sector docente y la centralidad que adquirió durante las reformas estructurales de carácter neoliberal (Gentili et al., 2013; Suárez, 2003) en relación con los cambios en el repertorio de protesta, poniendo al docente como «actor de vanguardia» en esos procesos de lucha (Petruccelli, 2005). Siguiendo con esta lógica, diversos autores analizan la repercusión de las reformas educativas sobre la organización del trabajo y la carrera profesional docente, y muestran que la conflictividad se combinó con la implementación de los nuevos programas y la precariedad en los procesos de enseñanza (Mango y Vázquez, 2003; Suárez, 2005). Estas investigaciones resultan una base fundamental del presente estudio, ya que permiten discernir las relaciones de poder que atraviesan a los hechos de conflictividad en el marco más general del enfrentamiento de los trabajadores docentes, y sus sindicatos, con el Estado.

Los trabajos sobre huelgas docentes resultan significativos para comprender cómo fueron gestándose diversas formas de conflictividad durante la historia de la organización gremial docente (Balduzzi y Vázquez, 2000; Gindin, 2007). Durante la década de 1990, las luchas docentes estuvieron caracterizadas por una dinámica de confrontación constante, con distintas y variadas propuestas y acciones en cada lugar del país proponiendo un enfrentamiento político con los gobiernos de turno (Chiappe, 2010). Para Suárez (2005), durante ese período se observó una renovación en las formas de protesta social de los docentes, con nuevas modalidades de gestión, expresión y difusión de los conflictos. La principal tendencia fue la de articular las disputas sindicales con las demandas económicas buscando un alcance más cualitativo de la protesta.

A partir de 2003, se abre una nueva etapa para el sindicalismo docente. Según Chiappe (2011), la alta tasa de conflictividad docente a nivel nacional guarda algunas diferencias con el tipo de protestas del período anterior, orientándose como objetivo principal a recomponer el poder de los salarios, antes que manifestarse contundentemente contra el orden político. La autora destaca el arbitraje del Estado en las disputas docentes laborales y la alianza de las centrales sindicales con el proyecto de financiamiento y centralización de la paritaria nacional, aunque persisten demandas docentes particulares en varias provincias. Este abordaje resulta de interés para nuestra tesis, ya que expone la postura de las centrales sindicales docentes, diferenciando su posicionamiento en tres momentos coyunturales distintos (menemismo, Alianza y kirchnerismo), pero no identifica la conflictividad docente en las provincias y, concretamente, en los distritos con sindicatos no oficialistas (como Bahía Blanca), con una tradición más combativa frente a la negociación colectiva.

Por su parte, Migliavacca (2010) estudia el surgimiento de los docentes autoconvocados de la provincia de Buenos Aires durante la década de 1990. La autora considera que estas experiencias emergieron como parte de la dinámica constitutiva del sindicalismo docente en la Argentina y como instancias de protesta no institucionalizadas que demarcaron su autonomía respecto del sindicato oficial. Estos movimientos intentaban incrementar la actividad asamblearia en las escuelas y la discusión en torno a la construcción de un proyecto sindical alternativo. Este estudio permite reflexionar sobre la idea de modelos en disputa y los conflictos internos para comprender las relaciones entre la base y los lineamientos de la conducción en un determinado sindicato.

Continuando con la misma línea, Gindin (2011) relaciona las transformaciones de las acciones de conflictividad del sector docente con su vinculación con el Estado a partir de 2003. Destaca que los sectores disidentes y autoconvocados generaron la mayor cantidad de conflictos docentes —en general, con reivindicaciones económicas y políticas— en el período 2006‑2010, interpretando este dato en el marco de las tradiciones de lucha de los sectores de base en la década de 1990.

Narodowski, Moschetti y Alegre (2013) analizan las huelgas docentes y jornadas no trabajadas a nivel nacional en el período 2006‑2012 a partir de un índice de conflictividad docente (ICD) que surge del cociente entre el número de jornadas no trabajadas en el sector educativo y la matrícula para cada jurisdicción en cada año. El estudio muestra la amplitud de las huelgas en el sector de gestión estatal y concluye que no existe evidencia empírica que correlacione significativamente los días de huelga con el aumento de la matrícula privada.

Por último, se rescatan tres estudios que se detienen en la importancia del conflicto educativo con diferentes perspectivas teóricas que resumen algunas implicancias importantes y discutibles sobre el rol del trabajador docente en la lucha sindical más general. En primer lugar, Cyunel y Montenegro Loewy (2015), a través del análisis de distintos casos, describen las características de las disputas vinculadas a la estructura y los procesos políticos en el interior y en el exterior de los gremios docentes. Resulta interesante su abordaje sobre las disputas internos en las propias seccionales (entre listas gremiales) o la seccional contra la dirigencia provincial: aquí cobra protagonismo la cuestión del pluralismo gremial y las estrategias de representación, lo que permite visibilizar las rupturas, contradicciones y marco de legitimidad de las acciones sindicales.

Como segundo estudio de interés, Marmissolle (2012) reconstruye las condiciones, dispositivos, formas y procedimientos de apaciguamiento de los sindicatos magisteriales agrupados en el Frente Gremial Docente Bonaerense (FGDB), y los enfrentamientos con el Gobierno en el período 2007‑2011. El autor analiza los procesos de conflictividad, y específicamente la situación en la provincia de Buenos Aires. Su perspectiva enfatiza el uso de la teoría del actor red (TAR), entendiendo el conflicto distributivo desde la agencia de los sujetos.

Por último, Mulcaby (2014) analiza la conflictividad docente en la provincia de Buenos Aires entre 2000 y 2007, las interacciones entre las dos organizaciones sindicales docentes mayoritarias —Suteba y FEB— y el Gobierno provincial. La autora revela que los actores sindicales adoptaron distintas estrategias en función del impacto de factores exógenos al sector educativo (las variables económicas, la relación entre el nivel nacional y provincial de gobierno, entre otros) y propios de tales organizaciones (identidades políticas, constitución de alianzas, participación en distintos campos de acción y estilos de liderazgo político) que operaron sobre el comportamiento de los actores, acrecentando o disminuyendo el nivel de conflictividad y el poder de negociación.

Estos antecedentes resultan relevantes para la investigación, ya que dialogan con aspectos claves para el abordaje de la propuesta. Sin embargo, entre sus limitaciones, debe destacarse la falta de conexión entre los conflictos y las estrategias sindicales. En líneas generales, se analiza el proceso histórico de construcción a partir de un enfoque institucional, donde el abordaje de las disputas políticas aparece sesgado o dimensionado como un factor externo. Asimismo, se equipara a los sindicatos con las organizaciones de la sociedad civil, sin reflejar las caracterizaciones y enfrentamientos de clase que la atraviesan ni el posicionamiento estructural de la docencia estatal.

Otro aspecto soslayado en los estudios relevados se refiere a las relaciones internas y externas de los sindicatos, tanto de vección horizontal (entre listas internas) como de vección vertical (entre seccional y central o con el Estado). En este trabajo, se examinan los mecanismos de acción relacionados con los sentidos y experiencias de los actores sobre el sindicalismo y las posibilidades de trabajo político‑gremial en determinadas estructuras. Estos elementos —presentes en algunos estudios sobre relaciones laborales (Frege y Kelly, 2003; Hyman, 1981; Upchurch y Mathers, 2012) — requieren pensar en los distintos niveles de representatividad y en las formas en que se construye el poder sindical (Marticorena y D’Urso, 2021; Wright, 2000).

Además de ofrecer una descripción histórica del proceso de construcción del caso de estudio y sus experiencias de conflictividad, esta tesis cuestiona la forma en que los estudios previos abordan las relaciones entre estrategias, prácticas sindicales y repertorios de protesta. Más allá del carácter «novedoso y circunstancial» de las acciones de conflictividad, se encuentra una continuidad con las tradiciones obreras y con la línea ideológica que atravesó diferentes hitos históricos (grandes huelgas y otros acontecimientos en la década de 1990) en la historia reciente del sindicalismo docente bahiense.

A su vez, se ponen en discusión las líneas de análisis basadas en factores de corte institucionalista o instrumentalistas, que le otorgan una prevalencia a los recursos materiales del sindicato o asimilan el desarrollo de una acción con el fin último de obtener beneficios o resultados inmediatos en materia económica. En nuestra investigación, se analizan otras relaciones basadas en la conformación de una subjetividad política, donde las alianzas de esta fracción de clase trabajadora buscan legitimar su discurso y su accionar con la lucha social ampliada (con la comunidad educativa y la sociedad en general). En este sentido, se recompone la lógica de inserción territorial del sindicato, y se introducen en el análisis las estrategias propias del Estado como actor que regula, condiciona y favorece determinadas prácticas sindicales.

Las estrategias y las prácticas sindicales desde la perspectiva de la lucha de clases

Una de las particularidades que tienen las relaciones sociales en el capitalismo es la separación entre las esferas económicas y políticas, donde el rol del Estado es fundamental (Meiksins Wood, 2000). Si bien la política está presente en la organización y en el control de la producción del capital sobre el trabajo, las relaciones de producción son visibilizadas como relaciones económicas. Esta diferenciación tiene como consecuencia la disociación entre las luchas políticas y las económicas. En este sentido, las disputas salariales o por condiciones laborales en el ámbito de la producción tienden a asumir un carácter netamente economicista que invisibiliza u oculta el conflicto político inherente entre trabajo y capital. En este sentido, esta tesis recupera los estudios que, desde el marxismo, plantean la naturaleza contradictoria en la que se desarrolla la acción sindical y cómo sus enfrentamientos asumen un carácter político (Hyman, 1978).

El estudio de las estrategias y la conflictividad, que constituye el cuerpo principal de la tesis, tiene relación con el enfrentamiento entre clases y fracciones en el cual se encuentra subsumido el movimiento de trabajadores en general (Marín, 1995; Pérez Álvarez, 2019). La teoría de la lucha de clases (Nievas, 2016) es el marco teórico elegido para analizar este estudio de caso. De acuerdo a esta tradición teórica, esta se da en tres direcciones articuladas entre sí: la económica, la teórica y la política (Engels, 2009). Con el primer concepto, se alude a la lucha práctica alrededor de objetivos económicos (Lenin, 1902/1969). La lucha teórica es la que se da en el plano de las ideas y tiene por objetivo instalar una determinada visión del mundo. En el interior de los sindicatos, resultan las distintas posiciones acerca de los objetivos tácticos y las estrategias. La lucha política es la que se da para incidir sobre la direccionalidad de las acciones del Estado. Estos diferentes tipos de lucha se analizan de manera articulada a lo largo de toda la investigación desarrollada y permiten comprender la conformación de distintas fuerzas sociales y alianzas entre sí (Bonavena, 2008).

Por su parte, las experiencias de los colectivos obreros no se encuentran supeditadas únicamente a sus conflictos, sino también a sus condiciones objetivas de trabajo, sus expresiones culturales y a las representaciones sociales que se generan colectivamente (Thompson, 1989). La experiencia como categoría analítica permite pensar las acciones de los sujetos junto con sus posiciones económicas y sociales como un constructo relacional (Montes Cató y Ventrici, 2015).

Respecto del concepto de estrategia, para el presente caso de estudio, interesa retomar la perspectiva de algunos autores en particular. Iñigo Carrera (2011) señala que la clase obrera puede plantearse metas y objetivos políticos y constituirse en una fuerza social, producto del desarrollo de los enfrentamientos entre las alianzas de clases sociales. Siguiendo los postulados de la teoría clásica de la guerra[6], las estrategias se hacen observables a partir del ordenamiento de las acciones de lucha y de las distintas formas que adquiere la conciencia de clase. De esta manera, el «sentido general del proceso de lucha» puede ser pensado entonces como una estrategia general objetiva de la clase, que se encuentra atravesada, además, por varias o múltiples otras particulares, subjetivas de los grupos. En la expresión de estas proyecciones y tendencias se encuentra la lógica de las alianzas sociales entre clases o fracciones que intentan llevar a cabo un programa común (Jacoby, 1978). Iñigo Carrera piensa en este sentido, en la estrategia de la clase en general y en que siempre hay una disputa por la conducción política.

Al considerar este concepto, se deben tener en cuenta la compleja relación entre las posiciones políticas y las alternativas de acción que tiene la clase obrera (Cambiasso, 2014). El ordenamiento de los enfrentamientos de un determinado proceso de lucha define claramente una parte de las estrategias que elabora una fuerza sindical, ya que no focaliza la atención en acciones aisladas, sino en la interrelación de experiencias y de la conflictividad más general (Marín, 2009). Las orientaciones estratégicas que surgen como opciones políticas dentro de las organizaciones sindicales revelan los entramados de lucha y las tensiones internas entre distintas corrientes, el carácter heterogéneo en cualquier formación sindical y la influencia de los partidos políticos.

Contrastando con esta perspectiva, aparece una de las nociones de estrategia en el marco de las teorías de la acción colectiva y los movimientos sociales que se encuentra asociada a la lógica racional de un actor social que elige determinadas opciones y realiza acciones de demanda de acuerdo a medios y fines basados en costos y beneficios. Los movimientos producen estrategias que describen objetivos, metas y formas de acción de manera pragmática respecto del contexto dado. En muchos casos, no se analizan las estructuras sociales, y no se problematiza el lugar de las clases como constitutivas de la sociedad.

John Kelly (1998), con su «teoría de la movilización», dio cuenta de una serie de categorías analíticas interrelacionadas para explicar la transformación de los individuos en actores colectivos: interés, organización, movilización y formas de acción. Más adelante, Frege y Kelly, en «Union Revitalization Strategies in Comparative Perspective» (2003), utilizaron el concepto de estrategia para referirse puntualmente a las diversas acciones que llevan adelante los «movimientos sindicales» desde una interpretación relacionada con el enfoque del «strategic choice», que basa su idea en que los actores pueden tomar distintas opciones estratégicas (Senén González y Haidar, 2009).

Continuando esta lógica, vinculada, a su vez, a la teoría de las estructuras de oportunidades políticas (EOP) (Tarrow, 1997), Levesque y Murray (2004), Robinson (2000) y Bensusán (2000) reconocen otras fuentes o recursos de poder sindical y que existen determinados incentivos y posibilidades para explicar sus estrategias: el compromiso de los trabajadores; la amplitud y cantidad de afiliados trabajadores que representa y las redes políticas que establecen con otros actores sociales (partidos políticos, movimientos sociales, intelectuales, proyección del sindicato a nivel internacional, etc.); y la estructura institucional.

Estos recursos generan diversas capacidades: de movilización (acciones, compromiso de sus afiliados con sus demandas medido por el tiempo dedicado), de coordinación (articulación de los niveles para organizar sus acciones, de forma vertical u horizontal), estratégica (capacidad del sindicato de comprender el ambiente, identificar sus oportunidades con base en sus recursos y su capacidad intelectual), discursiva (comunicación con el entorno y posibilidad de plasmar un proyecto) y política (capacidad de alianzas políticas). Aparece en este sentido una contribución referida al poder sindical como concepto relacional que se vincula a las formas en que un determinado actor puede inducir a otro a efectuar una acción que no aceptaría bajo otras condiciones, y que persuade o influye determinantemente en la toma de decisiones del otro (Robinson, 2000).

De esta forma, se plantea una aproximación al concepto de estrategia sindical como las prácticas que despliegan estas entidades para llevar a cabo sus objetivos de representación de los trabajadores. Esto incluye poseer las capacidades necesarias para desplegar sus recursos de poder a la hora de presionar o influir sobre los restantes actores (Estado y empresarios) de las relaciones laborales a través de la negociación o el conflicto (Pontoni, 2014).

Esta noción contrasta con el planteo de estrategia sostenido por la presente investigación. La definición que realizamos sobre estrategia permite pensarla como las orientaciones generales que se constituyen a partir de las decisiones, discursos y acciones dentro de un sindicato en un contexto particular. A su vez, se considera al poder sindical como un concepto distinto del poder de los trabajadores, diferenciando entre sindicato y clase, aunque observando sus articulaciones. Por otro lado, además de los determinantes estructurales de la clase y su poder asociativo (Silver, 2005; Wright, 2000), se afirma que la construcción del poder sindical se encuentra relacionada con otros factores que exceden los recursos materiales de que dispone la organización, su capacidad de negociación o su densidad afiliatoria. Estos factores son las prácticas organizativas hacia la fracción de clase que representa y su composición generacional (observada, a su vez, en términos de interseccionalidad de clase, género y étnica); la capacidad de movilización y de ampliación de la base social del conflicto; el tejido de alianzas políticas y sociales, así como los aspectos subjetivos, discursivos y simbólicos. Pero, fundamentalmente, se asocia al repertorio de conflictividad del sindicato.

En este estudio, el concepto de estrategia es utilizado en forma relacional con las prácticas sindicales, entendidas estas últimas como el conjunto de disposiciones, acciones, saberes y sentidos compartidos que definen una determinada actividad, asimilada y construida a través de la experiencia laboral y la formación político- sindical (Gindin, 2011; Hyman, 1981)[7]. De esta manera, se permite abordar concretamente los procesos de construcción de la representación gremial y la formación de los colectivos obreros reivindicativos (Soul, 2012).

Por último, el concepto de experiencia retomando a E. P. Thompson (1989) se comprende como la mediación entre las presiones determinantes de las relaciones de producción y el proceso histórico de formación de la clase, entendido como los sentidos, saberes y vivencias acumulados y compartidos que forman parte de una clase o fracción de clase en particular y que se vinculan a sus propias prácticas e intereses.

Coincidimos en que las estrategias de construcción gremial están constituidas por aquellas prácticas y dispositivos (institucionalizados o no) a través de los cuales las organizaciones sindicales procuran la consecución de uno de sus objetivos: afianzarse como referentes de los trabajadores en sus relaciones con las diferentes instancias de la organización estatal o empresarial. En este sentido, las estrategias sindicales se encuentran vinculadas a prácticas y relaciones dentro de un campo de fuerzas sociales, cuya dinámica se expresa en las relaciones entre diferentes actores y sujetos.

En particular, para este estudio, resultan relevantes las cuatro dimensiones contextuales que desarrollan Soul y Gindin (2005) para comprender las estrategias gremiales, a partir de procesos sociales concretos: 1) los procesos de trabajo y la situación laboral de conjunto; 2) la situación política, con las instituciones estatales en el centro de la escena, que objetivan determinadas regulaciones y relaciones; 3) las experiencias históricas de organización y acción colectiva de los trabajadores, incluidas las tradiciones gremiales actuales; y 4) las proyecciones y alineamientos político‑sindicales a nivel nacional y de sus organizaciones de segundo y tercer grado, que resultan claves para comprobar las determinaciones institucionales en los procesos de construcción de estrategias gremiales, a través del análisis de aspectos como el grado de autonomía de los sindicatos locales y los procesos de control y centralización política.

Las acciones de conflictividad de los trabajadores se articulan con la experiencia obrera inmediata y de reproducción, los procesos macrosociales (como la dinámica económica y política, la cultura social, entre otros) y los que remiten al desarrollo del movimiento obrero como movimiento social más general. Por tal motivo, las dimensiones contextuales se relacionan con la formación de determinadas experiencias sociales y permiten comprender la inscripción del sindicalismo docente dentro del proceso histórico del desarrollo del capitalismo y el Estado, y de las disputas entre clases antagónicas.

En este trabajo, se distinguen diversas «tradiciones políticas sindicales» y sus combinaciones, entendidas como procesos sociales activos que implican prácticas y concepciones acumuladas en consonancia con las luchas del presente (Cambiasso et al., 2017).

Uno de los modelos más significativos en Suteba BB se asoció al sindicalismo de base (Lenguita, 2011; Varela, 2013) en la construcción de determinadas prácticas gremiales. En este sentido, la observación sobre los procesos de la acción sindical en los lugares de trabajo resulta fundamental (Upchurch y Mathers, 2012), y la relación con el sindicalismo político radical (Connolly y Darlington, 2012) permite recuperar la vinculación de la militancia con la clase. Por su parte, los aportes de Gramsci (1991) a los estudios marxistas sobre estas entidades resultan centrales en cuanto sitúan la mirada en la organización en el lugar de trabajo, específicamente, en las características que presentan los consejos de fábrica[8]. En este sentido, resulta significativa la organización de los trabajadores en sus ámbitos laborales, ya que contiene una potencialidad disruptiva en cuanto espacio de desarrollo de una politización obrera que puede exceder los reclamos económicos‑corporativos (Gilly, 1990). En esta tesis, se recupera esta perspectiva para reflexionar sobre las escuelas como lugares de trabajo en los que se revelan las relaciones de explotación y de organización del conflicto por parte del trabajador docente.

A su vez, el análisis de Gramsci (1998) sobre relaciones de fuerza y los diversos grados de conciencia de la clase subalterna permite comprende con mayor claridad los horizontes del accionar sindical. Grasmci distingue diversos niveles que va tomando la conciencia política colectiva: el primero y más elemental es el económico–corporativo, el segundo es el de la toma de conciencia de la solidaridad de intereses entre todo el grupo social, pero aún en el plano meramente económico, y el tercero es el de la superación de los intereses corporativos y la toma de conciencia política (Gramsci, 1998, p. 57). Estos niveles de la conciencia política colectiva no se presentan en forma evidente ante el observador, sino que deben ser comprendidos a partir de la investigación de los procesos de luchas. En la presente tesis, el estudio de las diferentes estrategias sindicales se ubica mayoritariamente en el nivel económico corporativo[9]. Sin embargo, la perspectiva que esta lucha económica presenta, estará signada por la orientación político‑ideológica que asuman las prácticas y discursos tanto del sindicato como de la clase a la que representa.

La dinámica del Estado y sus políticas en materia educativa imponen condiciones y límites a la realización de las prácticas construidas en y por los procesos de organización gremial (Soul, 2012). Por tal motivo, entre los objetivos fundamentales de las estrategias gremiales, se encuentran la construcción de procesos de representatividad (Drolas, 2004) que sean efectivos y actuantes, fundados en la experiencia organizativa que atraviesa al sindicato y en las herramientas con las que cuenta en función de su posicionamiento frente al Estado[10].

Metodología de trabajo

Para abordar este estudio de caso (Stake, 1994), se utilizaron diversas técnicas, fuentes empíricas y perspectivas metodológicas, en una estrategia mixta de análisis cualitativo y cuantitativo para la aproximación al objeto de estudio (Hernández Sampieri et al., 2003; Vasilachis de Gialdino, 2007, 2009). Para comenzar, se analizó la estructura objetiva (cantidad de establecimientos y matrícula docente y estudiantil, por niveles) de la rama educativa de gestión estatal en Bahía Blanca a partir del análisis de estadísticas oficiales (censos docentes CENPE 2004 y 2014; datos de Jefatura Distrital y SAD), actas sindicales relevadas y datos aportados por el Consejo Escolar (CE) local. La clasificación y sistematización de esta información permitió identificar el posicionamiento estructural de los docentes y describir sus condiciones de trabajo en la ciudad de Bahía Blanca.

Teniendo en cuenta que las estrategias sindicales de la fracción docente surgen de los procesos de conflictividad, se utilizó un abordaje de carácter cualitativo-cuantitativo a partir de la construcción de una base de datos de conflictividad en el sector educativo local. Para ello se utilizó la metodología elaborada por el Observatorio de Conflictividad Social del Grupo de Estudios Sociales y Marítimos (GESMAR). Las acciones conflictivas que constituyen el insumo de dicha base fueron extraídas de los reportes en el diario local La Nueva Provincia (LNP)[11]. El conjunto de hechos de conflictividad se sistematizó en una escala diacrónica desde 2003 a 2015, utilizando diversas categorías descriptivas y ponderativas-cualitativas[12]. Esta metodología generó datos comparables y cuantificables acerca del repertorio de protesta y las relaciones de alianza del sindicato con otras organizaciones sindicales y políticas.

En general, los trabajos que utilizan bases de datos de conflictos laborales se multiplicaron en las últimas décadas tanto a nivel latinoamericano como nacional (Sorribas, 2010). La necesidad común de relevar acciones de conflicto llevó a la compilación y difusión de diversas series estadísticas, con la consecuente discusión sobre sus limitaciones metodológicas (Ghigliani, 2009).

Para esta investigación, la base de datos se realizó sobre el universo de acciones conflictivas seleccionadas, editadas y publicadas por el diario local. Éste reseña y señala elementos que le resultan importantes, resalta detalles, expone noticias que nunca dejan de ser valorativas y expresa intervenciones intencionales con el objetivo de recrear un sentido común (Binder, 2012). Aun así, los periódicos poseen algunas ventajas como fuentes, como la estandarización y la información cotidiana de los hechos. En general, presentan las noticias con un mínimo de argumentos verosímiles y permiten la conservación y observación temporal de los hechos debido a su periodización continua, ya que recaban y sintetizan gran cantidad de noticias. Por una parte, es posible considerar que la prensa escrita se ha convertido en un medio estandarizado de una gran masa de información de todo tipo, lo que la convierte en una fuente de saberes indispensables para el estudio de lo social (Izaguirre y Aristizábal, 2002). A su vez, los periódicos suplen la ausencia de fuentes documentales alternativas para el análisis de la conflictividad (por ejemplo, de motines y disturbios callejeros).

No obstante, la prensa ofrece dificultades relacionadas especialmente con su carácter «intencional» o «ideológico» y suele, en muchos casos, desviarse en las interpretaciones que ofrece sobre las motivaciones o las causas reales del hecho (Artese, 2009). Atendiendo a la problemática mediática del uso del discurso, se debe llevar a cabo una constante vigilancia epistemológica y metodológica de las fuentes de prensa consultadas para evitar el sesgo en los datos (Benente, 2011; Río, 2008).

Las variables seleccionadas para describir los hechos permitieron identificar sus rasgos estructurales y coyunturales, así como cuantificar ciertas características. Entre estas variables, se destacan la temporalidad del hecho; el tipo de acción conflictiva; las organizaciones que participan; los objetivos y demandas; y, por último, la localización. Aun así, el análisis unilateral de variables descriptivas puede traducirse en una visión que cuantifica los hechos reconstruidos de una forma parcial (Laitano, Rabino y Nieto, 2015). En este sentido, la lucha de clases no se mide en términos cuantitativos a partir de un conjunto de datos, sino como un proceso histórico complejo que no asimila contabilización a la medición como operaciones estadísticas iguales (Maañon y Nievas, 2003).

La otra vía de abordaje de las problemáticas ha sido a través de la metodología cualitativa (Vasilaschis de Gialdino, 2007). Esta comprende un conjunto de prácticas interpretativas, enfoques y orientaciones que responden a tradiciones particulares de las ciencias sociales y permiten la producción del conocimiento por medio de la inmersión y participación del investigador en un contexto dado, a partir del cual se procura acceder a las estructuras de significados. Esta perspectiva otorga gran importancia a la hermenéutica y la inducción analítica, desde los datos empíricos hacia la teoría (Vasilaschis de Gialdino, 2009). Los métodos cualitativos facilitan la construcción de conocimientos sobre cómo el mundo es comprendido, experimentado y producido, qué interacciones se generan y qué sentidos le otorgan a la realidad los actores sociales.

Dentro de las técnicas propias de esta metodología, se han seleccionado dos: las entrevistas semiestructuradas y el análisis interpretativo de fuentes documentales y archivos, producto del trabajo heurístico y hermenéutico en distintos repositorios documentales, sobre fuentes éditas e inéditas escritas y orales, audiovisuales, de dirigentes, trabajadores, militantes y referentes de organizaciones políticas y sindicales. En total, fueron analizados 714 documentos de agrupaciones político‑sindicales (balances, volantes, cartas, actas de organizaciones, documentos partidarios y programáticos, etc.), 1.516 páginas de actas de asambleas de Suteba BB, 497 páginas de actas de Comisión Directiva (CD), 215 páginas de cuadernos de delegados (divididos en cuatro cuadernos entre 2013 y 2015) y 1013 archivos personales de diversos actores claves (diarios personales, documentos y archivos, registros de actividades, apuntes escritos a mano y fotografías). A su vez, se tuvo acceso a 14 archivos audiovisuales (2003‑2015) cedidos por el ex‑Secretario de Comunicación de Suteba BB entre 2009 y 2013.

Las actas sindicales son documentos jurídicos, escritos y firmados a mano por sus responsables, que, obligatoriamente, deben ser presentados al Ministerio de Trabajo provincial y que se encuentran en libros foliados, donde se detallan las mociones, acciones y discusiones realizadas en las instancias de discusión de la entidad. Se revisaron 7 libros de actas asamblearias y 5 libros de actas de Comisión Directiva (con un faltante en 2008). Las actas asamblearias realizadas entre 1988 y 2003 están escritas con un estilo descriptivo que hace énfasis en los aspectos legales y dan cuenta muy brevemente de las discusiones que tuvieron lugar. Desde fines de 2003 hasta 2015 inclusive, estas actas asamblearias muestran una lógica distinta de redacción: se describe con mayor detalle el discurso de cada orador, transcribiendo fragmentos textuales. Con un alto nivel descriptivo, estos escritos contribuyen a comprender el fenómeno de manera más completa e históricamente situada. Los registros de las actas asamblearias resultan instrumentos importantes para comprender las disputas, sentidos y planteos de las acciones desarrolladas por el sindicato, verificando, además, prácticas gremiales por parte de los docentes que participaban. Los registros de cuerpos de delegados aparecen a partir de 2013 en cuadernos confeccionados por los propios delegados en los turnos mañana y tarde.

Los archivos personales a los que se tuvo acceso fueron clasificados en documentos de balances y programas, volantes, actas de reuniones, correos electrónicos y afiches[13]. Estas fuentes que perduraron en el tiempo se encontraban dispersas, en manos tanto de referentes de la conducción como de las agrupaciones disidentes que intervinieron en el sindicato.

Los periódicos revisados para el racconto histórico fueron seis: La Nueva Provincia, Eco Días[14], Ático (de la ciudad de Bahía Blanca)[15], Página/ 12, La Nación y Clarín (periódicos nacionales). La lógica de reconstrucción implicó el abordaje comparativo y relacional de cada uno de ellos, correlacionado con los discursos de las entrevistas.

Desde una perspectiva constructivista, la entrevista es una relación social de construcción de saberes donde se muestran los repertorios de eventos metacomunicativos de las comunidades de hablantes[16]. Se la considera como una de las técnicas más pertinentes para acceder a la significación de los actores en su contexto (Guber, 2001). La entrevista posibilita el habla y revela valores; normas; símbolos; condiciones estructurales; representaciones de grupos determinados en condiciones históricas, socioeconómicas y culturales específicas (Souza Minayo, 1997). La memoria se transforma en un registro escrito, muchas veces transcripto provisoriamente, abierto y parcial, donde las expresiones colocan en tensión lo que el otro narra y lo que el investigador analiza, lo que produce una nueva reflexividad (Becher y Fernández Hellmund, 2020).

Para el desarrollo de este trabajo, se tuvieron en cuenta las cualidades que brinda la entrevista no directiva, que permite aplicar una perspectiva antropológica a la historia oral. Esta «técnica» se funda en el supuesto de la reflexividad en el trabajo de campo, donde se descubren e incorporan temáticas, conceptos y valoraciones del universo del entrevistado. Para esto, la entrevista etnográfica se vale de tres procedimientos: la asociación libre del informante, la categorización diferida y la atención flotante del investigador (Guber, 2001). Sin embargo, esta práctica, que comenzó en 2018, se vio interrumpida por la pandemia de Covid‑19 y el Decreto 297/20 de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) desde el 20 de marzo de 2020 hasta el 17 de julio de 2021, lo que imposibilitó la realización de entrevistas presenciales y obligó al uso de plataformas virtuales y a la grabación de llamadas telefónicas, entre otras estrategias alternativas.

Las entrevistas realizadas pueden clasificarse dentro de un tipo particular, relacionado con aquellas de tinte político, militante, sindical y, específicamente, como resultado de la memoria colectiva de la clase obrera. Estas contienen características propias que las diferencian de las entrevistas a otros actores sociales. Por empezar, el abordaje sobre lo político contribuye a entablar un diálogo con individuos que señalan su pertenencia a un espacio colectivo, donde existen expresiones concretas y acciones específicas que los identifican (Pozzi, 2012). De esta forma, se expresan relaciones de carácter orgánico e instrumental propias de las organizaciones, donde la conceptualización del sentido de su accionar deviene de un marco teórico a veces consciente y otras veces no. A su vez, estos relatos de vida contienen un lenguaje particular que se relaciona con expresiones típicas, como lucha, militancia, organización, clasismo, entre otras, y que identifican patrones de conducta similares y propios de individuos ligados a relaciones de poder.

La estructuración de las entrevistas partió de un cuestionario básico y flexible que se llevó por escrito a cada instancia. Las preguntas se agruparon en torno a cuatro ejes: 1) la trayectoria biográfica y política, en particular el ingreso en la militancia sindical; 2) la mirada del individuo acerca de los procesos de históricos de construcción del sindicato desde los noventa y su recorrido como partícipe de esos procesos desde 2003 en adelante; 3) la especificidad de la organización de Suteba BB, sus posicionamientos y prácticas; y 4) una caracterización y reflexión final, a modo de balance, de lo que entiende por sindicato y por sindicalismo. Para el caso de los funcionarios públicos relacionados con la educación, se instrumentaron ejes similares, enfatizando en las políticas educativas, la implementación de programas y proyectos, la cuestión reglamentaria del mundo docente (sanciones, normativas, supervisión y control del trabajo docente, entre otras), las finanzas y el uso de fondos educativos, y, por último, su relación con los sindicatos docentes en general. Además, se tomaron los siguientes datos de los entrevistados y las entrevistadas: 1) edad y género (condicionantes del marco interpretativo que tienen los entrevistados); 2) ocupación laboral en el período bajo estudio y en la actualidad; 3) posición con relación a la disposición de las fuerzas sociales en disputa; y 4) organización a la que pertenecía o en la que era participante indirecto y su lugar «jerárquico» dentro de esta[17].

Los informantes seleccionados surgieron de la lectura de fuentes documentales (que hacían referencia a quienes habían participado de las acciones de conflictividad o que intervinieron en los procesos organizativos del sindicato) y, en muchos casos, fueron sugeridos por otros entrevistados. Se realizaron un total de 47 entrevistas entre 2018 y 2020 a personas que fueron actores concretos de diferentes fracciones políticas, docentes de base y exfuncionarios. Del total, 15 se realizaron por plataformas virtuales; y, en una de ellas, participaron dos personas simultáneamente.

La creación de las fuentes orales a partir de los testimonios (Contreras y Pettiti, 2017) fue definida en torno al objeto de investigación e implicó la participación de referentes sindicales, docentes, exdirectoras de escuelas, inspectores (distritales y de área) y consejeros escolares que participaron de los procesos históricos analizados. El tamaño de la muestra no fue establecido a priori, sino que quedó delimitado por la saturación de la temática propuesta, es decir, cuando comenzaron a repetirse las descripciones de las mismas acciones y observaciones. Para ello se utilizó la técnica de «bola de nieve» (snowball), que permitió el contacto con informantes que resultaron claves para acceder a las personas que finalmente fueron entrevistadas, y que, a su vez, ofrecieron otros contactos.

Los lugares fueron elegidos por los entrevistados, salvo en el caso de las plataformas digitales y algunas entrevistas que se realizaron en el lugar de trabajo del investigador (la universidad). La mayoría propuso su vivienda o la sede de Suteba BB. Para colaborar con la entrevista, se apeló a la visualización de recuerdos, utilizando fragmentos de publicaciones en diarios, panfletos, fotografías, videos y otros elementos. Esta tarea en paralelo a la entrevista permitió la reconstrucción de hechos y la descripción de los conflictos sociales, facilitando al entrevistado la rememorización de sus experiencias, que, lejos de permanecer cristalizadas, se encuentran en permanente construcción y dinamismo (Jelin, 2002).

Estructura del trabajo

La presente investigación contiene una introducción, cinco capítulos y una conclusión general. Además, se incluyen las referencias bibliográficas, un anexo metodológico y otro documental.

En el capítulo 1, titulado «Las políticas educativas durante el kirchnerismo y el posicionamiento estructural de los docentes en la ciudad de Bahía Blanca», se sintetizan las políticas educativas durante los gobiernos kirchneristas (2003‑2015), retomando sus antecedentes históricos y explicando sus principales características e implicancias sobre los docentes en actividad. El objetivo del capítulo es presentar sintéticamente los principales datos estadísticos sobre las condiciones objetivas del trabajo docente en la provincia de Buenos Aires y en la ciudad de Bahía Blanca, a fin de verificar posteriormente su relación con la conflictividad en el período bajo estudio.

El capítulo 2, «Caracterización sociohistórica de Suteba: antecedentes de la construcción gremial (1988‑2003)», propone un repaso por la historia de Suteba BB destacando sus antecedentes de constitución, la conflictividad docente en la década de 1990 y la evolución de su composición a partir de las fracciones políticas en disputa. El objetivo de esta revisión histórica es exponer las relaciones entre las prácticas sindicales y la tradición cultural de izquierda que se remonta a procesos del clasismo de la década de 1970, que vinculó a los docentes con las luchas obreras de su contexto.

El capítulo 3, «El conflicto educativo y las estrategias de acción de Suteba BB (2003‑2015)», describe los principales procesos que atravesaron al sindicato desde 2003, año que coincide con la asunción de una nueva conducción en Suteba BB, hasta 2015, cuando se produce un cambio de gobierno a nivel provincial y nacional. Se analiza la trayectoria diacrónica de la organización a partir de la selección y periodización de un conjunto de hechos de conflictividad que resultan esenciales para comprender diversas dimensiones del análisis de las estrategias sindicales: tipo de acciones predominantes, organizaciones que las llevan a cabo, tipo de demandas, territorialidad del conflicto, temporalidad del hecho, entre otras. Por su parte, se identifican y explican las principales acciones estatales en el marco del conflicto educativo desde tres instituciones representativas del Gobierno de la provincia de Buenos Aires.

En el capítulo 4, «Las prácticas sindicales de Suteba BB en relación con los procesos de lucha», se exponen las principales formas de intervención sindical a partir de las prácticas realizadas por Suteba BB en el período mencionado, la relación con la organización y los lugares de trabajo, la conflictividad y las alianzas sindicales. Este capítulo contribuye a complementar el análisis de las acciones sindicales desde el plano de lo organizativo y a comprender a los sujetos intervinientes desde sus propias prácticas sociales.

Por último, el capítulo 5 se titula «Las estrategias de las fracciones políticas sindicales de Suteba BB». Se describe aquí el desarrollo de diferentes fracciones políticas en Suteba BB, sus procesos de formación y las principales líneas de intervención y debate dentro de la entidad. De esta manera, se analizan los modos en que las «otras estrategias» modelan e influyen en la estrategia general llevada adelante por la conducción del sindicato, y se explica cómo se disputan distintos modelos de sindicalismo al interior de Suteba BB.

En las conclusiones generales, se sintetizan las rupturas, continuidades y contradicciones del proceso histórico analizado, y se presentan los principales hallazgos de la investigación en términos de la relación entre las estrategias y prácticas sindicales y la conflictividad de Suteba BB como caso particular de estudio.

Finalmente, se incluyen dos anexos, uno documental y otro metodológico. El primero expone las citas periodísticas, las fuentes documentales de organizaciones sindicales y los archivos personales que aportaron a la investigación. En el anexo metodológico se explican las dimensiones y variables de la metodología cuantitativa utilizada para clasificar los hechos de conflictividad y las entrevistas realizadas. A partir de esta estructuración, el presente trabajo de tesis pretende analizar el recorrido histórico de un sindicato de características particulares, con sus disputas y demandas, la conformación de estrategias y prácticas sindicales y las tensiones inherentes que se formalizan en la construcción de un gremio para revelar su riqueza, complejidad y experiencias de lucha.


  1. En Gran Bretaña y en los Estados Unidos, en el marco de una reorganización laboral y una creciente movilidad del capital a mediados de la década de 1970, la preocupación sobre la crisis de la representación sindical adquirió relevancia en los estudios sobre relaciones laborales, y apareció el término «revitalización», con la idea de significar las nuevas estrategias que promovían los sindicatos a fin de fortalecer su estructura y capacidad de movilización (Haidar, 2009).
  2. En este libro opté por dejar la forma genérica de la lengua castellana, marcada por el masculino, sin adoptar señalamientos textuales de la inclusión de la diversidad para facilitar la fluidez de la lectura. Sin embargo, cabe aclarar que los sujetos deben ser leídos incluyendo a las y los trabajadores y trabajadoras que aparecen en cada uno de los procesos señalados en este estudio, sin pretender el ocultamiento de las relaciones de poder que se encuentran intaladas en el lenguaje.
  3. Suteba constituye uno de los sindicatos docentes provinciales con mayor cantidad de afiliados y de relevancia político-sindical por su incidencia en el proceso de negociaciones paritarias a nivel nacional. La seccional Bahía Blanca también resulta altamente representativa del sector docente de gestión estatal, superando con poco margen a la CEB, asociado a la FEB. Los demás sindicatos (Udocba- AMET) no llegan al 10% del total docente.
  4. Se comprende por movimientos sociales (más allá de considerar la heterogeneidad de enfoques) a los sujetos colectivos que, enmarcados en una organización en particular, pugnan por demandas particulares, atravesados por redes informales, identidades comunes y procesos de acción colectiva (Diani, 2015). Desde una mirada marxista, estos movimientos surgen por las relaciones entre fuerzas sociales en disputa (Becher, 2019). En la ciudad de Bahía Blanca, estos movimientos estuvieron relacionados principalmente con organizaciones de trabajadores desocupados, aunque también socioambientales y de derechos humanos (Derechos Humanos).
  5. Las producciones de los equipos de investigación de la CTERA y de Suteba ofrecen información relevante sobre el proceso de conformación de estas entidades y su participación en los intentos de articulación de demandas y reivindicaciones, así como de constitución de alianzas en función de la lucha sindical en un plano provincial o nacional.
  6. Retomando algunas definiciones de Von Clausewitz (1832/2016), «Se derivan de aquí dos actividades distintas: preparar y conducir individualmente estos encuentros aislados, y combinarlos unos con otros para alcanzar el objetivo de la guerra. La primera de estas actividades es llamada táctica, la segunda se denomina estrategia […]. Por lo tanto, siempre de acuerdo con nuestra clasificación, la táctica constituye la enseñanza del uso de las fuerzas armadas en los encuentros, y la estrategia, del uso de los encuentros para alcanzar el objetivo de la guerra […] traza el plan de la guerra y añade la serie de actos que conducirán a ese propósito» (pp. 106‑107).
  7. Para Julián Gindin (2011), son siete los elementos estructurantes de las prácticas sindicales docentes: 1) relación política con el Estado, 2) expansión y desarrollo del sistema educativo, 3) realidad de los lugares de trabajo, 4) trabajo y empleo docente, 5) reclutamiento de los docentes, 6) género de los integrantes del gremio y 7) imagen social de la escuela pública y del trabajo del magisterio. Algunos de ellos serán recuperados en el capítulo 4 de esta tesis.
  8. El autor establece una distinción entre el sindicato y los consejos en cuanto formas de representación de la clase trabajadora. Así, de acuerdo a Gramsci, mientras que los primeros organizaban a los trabajadores como vendedores de fuerza de trabajo, los consejos lo hacían como productores directos. Imbricado en la conformación de los soviets, Gramsci (1991) identificó en los consejos de fábrica un potencial para construir un cuerpo orgánico del cual germinaría un nuevo Estado obrero.
  9. La noción de corporativo es utilizada para indicar la forma orgánica de definir y desarrollar los intereses en una sociedad capitalista, de tal manera que no vulnere el sistema de dominación. Lo corporativo reúne intereses particulares como suma de intereses individuales, en cuanto intereses de ciudadanos. Lo corporativo es la manera de organizarse de la burguesía, y, en las organizaciones gremiales, implica una lucha desde lo económico sin cuestionar el orden establecido (Marín, 2009, p. 54).
  10. Ana Drolas (2009) caracteriza el sistema de relaciones laborales en la Argentina y señala que las estrategias de los sindicatos pueden ser miradas desde ejes contrapuestos que privilegian la política como dimensión crucial del análisis. Estos ejes son autonomía‑heteronomía (en la relación que se establece con el Estado como institución), confrontación‑compromiso (relación que mantiene el sindicato con la política gubernamental de turno y su actitud frente al conflicto) y centralización‑descentralización (que remite a la estructuración del proceso de toma de decisiones y de los mecanismos de participación). Para la autora, los tres ejes se relacionan, y su mayor o menor presencia en la vida de un sindicato configura distintos modelos.
  11. Diario tradicional de Bahía Blanca que tuvo su nacimiento en 1898 y perteneció a la familia de Enrique Julio y Massot (posteriormente vendido a Gustavo Elías, empresario del transporte). Con una tirada de gran alcance y el monopolio en el servicio de medios audiovisuales, ha generado información local y regional replicando el carácter conservador y marcadamente antipopular de otros periódicos nacionales. Su elección estuvo basada en el registro sistemático y diario de los hechos.
  12. La metodología a partir de datos periodísticos no está exenta de dificultades y problemáticas (Sorribas, 2010). Sin embargo, estos procesos de análisis de conflictividad tienen una enorme potencialidad para describir y explicar las formas en que se desenvuelve el movimiento de la sociedad y la dinámica laboral (Ghigliani, 2009). Para más información, puede consultarse la página del Observatorio de Conflictividad Social de Mar del Plata (2022), entre otras redes y asociaciones.
  13. Véase Anexo Documental al final de la tesis.
  14. Eco Días es una publicación periodística quincenal que surgió en el 2000 como un proyecto comunicacional «para generar una ciudadanía participativa y responsable», según sus editores. Representaba a un sector crítico del periodismo con reivindicaciones para la economía social, la solidaridad con los sectores empobrecidos y el cuidado del medio ambiente, entre otros temas, generando posibilidades de voz a diversas organizaciones sociales, políticas y culturales. Su elección estuvo mediada por su capacidad de síntesis y análisis de los hechos históricos.
  15. Ático es un periódico nacido de un sector del periodismo independiente bahiense en 2008 que luego formó parte de Bahía Multimedios. De tirada quincenal, su propuesta era de carácter cultural y social, aunque sus planteos políticos se fueron acentuando en el tiempo, apelando a un estilo mordaz y sarcástico.
  16. Como las entrevistas fueron transcriptas de la oralidad, se mantuvieron los rasgos y las elecciones discursivas de cada persona entrevistada. Tampoco se modificó ni la sintaxis ni la repetición de términos con los que se expresaron. 
  17. Véase anexo metodológico, nota 1, donde se detallan algunas de las características principales de los entrevistados y las entrevistadas. Se sustituyeron los nombres reales por nombres o iniciales de fantasía a fin de resguardar las identidades de los informantes.


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